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Cuadro de Mando Integral y RSE (2/2): Una Perspectiva Medioambiental para Mejorar tu Empresa

Por: Pepe Galindo

La sociedad está cambiando. Los consumidores ahora saben que hay cosas que se esconden detrás de los anuncios de publicidad, y las redes sociales amplían nuestras fuentes de información. La gente va sabiendo que hay niños explotados en plantaciones de cacao, o corrupción exagerada en empresas de electricidad, por citar dos graves ejemplos, y muchos no están dispuestos a apoyar ni directa ni indirectamente tales barbaridades. Por eso, la reputación de tales empresas cae, sus inversores se alejan, y sus beneficios o posibilidades de mejorarlos también.

En un artículo anterior dábamos un resumen del Cuadro de Mando Integral (CMI, o BSC), de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), y de su importancia. La utilidad del CMI quedó clara para cualquier organización (y no sólo para empresas, donde hasta ahora tiene más éxito). El CMI ayuda a conseguir los objetivos de una organización, pero no vale hacerlo a cualquier precio, es preciso usar la ética: no sólo porque lo requiere la ley o los intereses financieros, sino porque evitaremos riesgos reputacionales que nos mermarán la capacidad de alcanzar nuestros objetivos (incluyendo ahí, por supuesto, los financieros). También ampliaremos activos tangibles e intangibles, y conseguiremos mayor felicidad personal y corporativa.

Pero es preciso que los directivos entiendan que la RSE no es sólo para quedar bien (greenwashing), sino que ahorra riesgos de gastos (por errores, multas… ), riesgos en la reputación, además de mejorar los intangibles. Si se incorpora como norma en la organización, la RSE evita problemas cada vez que hay que modificar algún proceso (por demandas externas, por leyes, por los inversores, por protestas ciudadanas…). La RSE siempre sale rentable, pero no siempre podemos cuantificarla económicamente.

Un ejemplo: El Banco Santander financia a la papelera APRIL, implicada en la destrucción de la selva tropical de Indonesia. En 2014, el Santander lo supo y no hizo nada. En 2015, cuando la ONG GreenPeace denunció y publicó el caso recogiendo casi 200.000 firmas, decidió actuar y cumplir sus compromisos firmados de RSE. ¿Cuántos clientes u operaciones perdió por esa mala imagen? Sin duda, hubiera sido mejor atajar el problema en cuánto se supo, ya que ahora es un ejemplo que aún mancha su mala imagen. Otro ejemplo lo vimos en la primera parte de este artículo, donde vimos cómo no querer adaptarse a los nuevos tiempos con energía renovable, está acabando con el negocio de algunas empresas de electricidad, pues están perdiendo clientes masivamente a favor de empresas de electricidad renovable.

Entonces, «empresa responsable» no es sólo aquella que paga por un informe de RSE, sino que es la que consigue que la RSE esté en todos los ámbitos de la empresa (ver vídeo). Hay que unir RSE a lo largo de toda la cadena del CMI (o mapa estratégico). Sin ánimo de ser exhaustivos, aquí vamos a dar algunas ideas para cada perspectiva, aunque los detalles concretos dependerá del tipo de organización, y de su sector de trabajo.

Algunos expertos proponen crear una perspectiva ambiental en el CMI, para darle la importancia que, sin duda, merece. Esta perspectiva ambiental estudiaría el impacto de la organización en el planeta, y la influencia del medio ambiente en la organización. Pero también se pueden conservar las 4 perspectivas tradicionales, y estudiar en cada una de ellas el tema ambiental:

  1. Perspectiva VITAL/Financiera: Es preciso aquí clarificar para qué existe la empresa u organización, cuáles son sus objetivos más importantes, y sus valores. Por supuesto, si es una empresa normal, tendrá que ganar dinero y ese será uno de sus objetivos. Eso es bueno. Lo malo es cuando ese es el único objetivo, y no hay otros valores. Por tanto, hay que meter otros objetivos fundamentales y pensar en cómo medir si los logramos o no.
    • Ejemplos de indicadores en esta perspectiva pueden ser: Además de objetivos financieros, es preciso colocar otros objetivos, como por ejemplo que nos permitan medir cómo conecta la organización con las necesidades sociales de la población local, o cómo contribuye a la sociedad en su conjunto (mejoras ambientales, sociales, huella ecológica…). Deben tenerse en cuenta también las inversiones en sectores éticos, y las operaciones en banca ética: una empresa ética no puede trabajar con un banco tradicional. Indicadores que midan la satisfacción de empleados y clientes pueden colocarse aquí o en otras perspectivas, pero es fundamental medirlo de alguna forma.
  2. Perspectiva del Beneficiario (o del cliente): Consiste en ver la organización a través de los ojos de las personas que se benefician de ella. En las posibles encuestas, será preciso medir el interés en temas ambientales de los mismos. Desde un punto de vista práctico, aquí lo más importante es la satisfacción del beneficiario o cliente. Pero tener clientes satisfechos no implica estar haciendo las cosas bien y eso puede suponer un riesgo reputacional que nos genere problemas en el futuro. El objetivo será minimizar los daños ambientales de los clientes, para conseguir la plena sostenibilidad.
    • Ejemplos de indicadores: Se pueden medir las facilidades que la empresa ofrece a los clientes para arreglar sus averías, o para reciclar sus residuos (aparatos antiguos, por ejemplo).
  3. Perspectiva de Procesos Internos: En el apartado quizás más importante hay que evaluar los riesgos: de accidentes laborales a nuestros trabajadores, de contaminación ambiental… Un vertido o el anuncio de una actividad mala para el medioambiente o para la sociedad, podría tener más pérdidas en clientes presentes y futuros que en indemnizaciones. Algunas empresas no valoran su impacto ambiental (huella ecológica) porque piensan que es caro, sin ni siquiera hacer estudios que miren los costes, la calidad final, y sus relaciones con la comunidad (imagen, reputación, intangibles…). Por ejemplo, la empresa Shell reduce sus beneficios, cada vez que se publica algo de su contaminación y abusos en Níger o de su destrucción en el Ártico. La contratación de electricidad de origen renovable es un factor que muchas empresas utilizan para reducir sus huellas (ecológica, hídrica…), y mejorar su reputación. Es obvio que es preciso también ser exigentes con los proveedores, para no externalizar los impactos negativos. La deslocalización es un proceso por el que algunas empresas sitúan sus centros de trabajo (o subcontratan a otras empresas) en países donde la mano de obra es más barata, o la legislación no es tan estricta (laboral, ambiental, de seguridad…). Un grave accidente en Bangladesh destapó el abuso a mujeres por prestigiosas marcas de ropa, como Zara. Entre las muchas ideas de sostenibilidad, podemos encontrar algunos indicadores interesantes.
    • Ejemplos de indicadores: Tasa de reducción en CO2 u otros tóxicos, tasas de reciclaje, eficiencia energética y material, evaluación de calidad y durabilidad de los productos elaborados (evitar obsolescencia), proyectos o iniciativas sociales/ambientales o de eco-innovación, evaluaciones de impacto ambiental efectuadas, informes de RSE, inversiones en sectores no éticos (armas, energías fósiles…), huellas y otras medidas (de la organización, y de sus suministradores), implantación de energías renovables (autoconsumo solar), número de riesgos ambientales/sociales en nuevos/viejos productos o servicios (multas, o incumplimientos de la normativa interna), y a qué población y extensión afectan, proveedores con informe de RSE positivo, desarrollo de la ley de las 3 erres, sustitución de ingredientes o componentes perjudiciales o de producción lejana (transgénicos, aceite de palma, productos de soja, grasas trans…), auditoría energética (consumo en standby)… Como puede verse, la lista de posibles indicadores ambientales es inmensa.
  4. Perspectiva de Aprendizaje y Crecimiento: Aquí hay que estudiar si es preciso hacer cambios para conseguir mejorar los indicadores y objetivos de las anteriores perspectivas. ¿Están los empleados bien formados? ¿Es la maquinaria adecuada? ¿Estamos usando procedimientos correctos? ¿Hay un clima de trabajo agradable? Para todo esto, las encuestas a los empleados son muy importantes, y que ellos sepan que sus opiniones son escuchadas.
    • Ejemplos de indicadores: Medir la satisfacción de los empleados, y su conciencia ambiental, huella ecológica por cada puesto (o por empleado), acceso de los empleados a información sobre sostenibilidad y al informe RSE de la organización… Por otra parte, la reposición de máquinas mejores (menos contaminantes, más eficientes…) puede ser un buen indicador, pero a veces puede ser engañoso.

Los resultados económicos miran parcialmente el pasado de la empresa, pero el CMI y la RSE predicen y conducen el futuro. La RSE no es cosa sólo de directivos, sino que hay que implicar a toda la empresa, y mejorar la comunicación, en todas las direcciones. La Responsabilidad Social Individual, marca la diferencia, y este vídeo seguro que te va a gustar:

Más información:

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#RSE y #GreenWashing: Las empresas que dicen ser responsables… ¿a quiénes benefician?

Por: Pepe Galindo

RSE y Greenwashing pueden confundirse pero es fácil distinguirlas¿Para qué sirve la RSE (Responsabilidad Social Empresarial)? Dos científicos españoles, Fernández-Guadaño y Sarria-Pedroza, han publicado un estudio en el que pretenden responder a la pregunta de si la RSE de una empresa genera valor o ventajas para sus accionistas, sus empleados, sus acreedores y para el Estado.

Los autores dicen que recientemente las empresas y las instituciones han realizado esfuerzos importantes para desarrollar políticas de RSE con el objetivo de mejorar los resultados de la compañía y contentar a los inversores y a otros grupos de interés o stakeholders (clientes, empleados, suministradores…). La RSE debe ir más allá de contentar a unos pocos, debe servir de guía para establecer relaciones equilibradas con todos. Es razonable que las empresas se centren en sus stakeholders, pero han de saber que eso no es suficiente.

¿Qué es la RSE?RSE y Cuadro de Mando Integral: Dos herramientas para mejorar cualquier organización: pública, privada, ONG, fundaciones...

Según la Comisión Europea, la RSE es la responsabilidad de las empresas con sus impactos en la sociedad. Pero sin embargo, la mayoría de los estudios solo se centran en uno de esos stakeholders, el accionista o inversor, como si fuera el único que se ve afectado por la empresa. La RSE (o RSC, Corporativa) significa cumplir con unos principios que Wood dividió en tres áreas:

  1. Legitimidad: las empresas deben satisfacer las demandas y expectativas tanto de sus stakeholders como de la sociedad.
  2. Responsabilidad pública: las empresas son responsables de resolver problemas que hayan causado por sus operaciones e intereses comerciales.
  3. Directivos éticos: los gerentes tienen la responsabilidad de ejercer su buen juicio y hacer ‘lo correcto’.

Durante muchos años ha prevalecido en las empresas la gestión orientada hacia los beneficios económicos, es decir, hacia el accionista (shareholder government), pero hoy va ganando interés la gestión orientada hacia todos los grupos de interés en la empresa (stakeholder governance).

Aunque hay muchos estudios que afirman que la RSE afecta positivamente a los resultados de la compañía, esta relación causa-efecto todavía no está clara, ya que el éxito económico depende, en realidad, de muchos factores.

Índices de sostenibilidad y GreenWashing

El estudio compara las empresas socialmente responsables según el índice español de sostenibilidad FTSE4Good, con las compañías listadas en los otros índices de la familia Ibex. Según dicen, los criterios para figurar entre las empresas de FTSE4Good son trasparentes y se desarrollan a través de un amplio proceso de consulta (incluyendo agencias gubernamentales, ONG, consultores, académicos, empresarios e inversores). El estudio incluye 40 empresas medianas y grandes, y resulta llamativo que la mayoría de las grandes compañías (88.46%) estén incluidas en el índice de sostenibilidad ya que, según otras visiones, las grandes empresas son difícilmente buenas en sostenibilidad. Por otra parte, el porcentaje de empresas medianas incluidas en el índice de sostenibilidad es bastante menor (42.85%). Según los autores, en España los informes de sostenibilidad están bien establecidos en las grandes empresas, pero deben introducirse de forma más amplia en las pequeñas y medianas empresas.

Sin embargo, el estudio no habla de temas importantes:

  • Las grandes empresas tienen más medios para hacer informes de RSE y podrían fácilmente rellenar cuantas páginas desearan.
  • Hacer un informe de RSE no significa que ese informe sea correcto, sea cierto o sea tomado en serio por la organización. Un ejemplo de ello es la empresa Naturgy (antigua Gas Natural) que a pesar de sus informes de RSE, es una de las empresas con menos ética social y ambiental del Ibex. Como detalle, esa empresa cuenta con Antonio Fuertes como “responsable de Reputación y Sostenibilidad“, lo cual demuestra que ellos ven la sostenibilidad como algo útil en la medida en que afecta a la reputación. Es decir, lo que les importa a muchas grandes empresas es su reputación, no la sostenibilidad.
  • Las grandes empresas pueden permitirse todos los costos que suponga que te incluyan en un índice de responsabilidad. No decimos que sobornen a gestores o auditores, sino que podrían permitirse gastos inmensos para beneficiar su reputación, como costosas campañas publicitarias.
  • Las empresas más contaminantes de España también están en el índice DJSI (Dow Jones Sustainability Index), el índice de sostenibilidad de la bolsa de Nueva York, un índice, a todas luces, sospechoso de ser una estafa en toda regla.
  • No se debe hablar de RSE sin medir, de alguna forma, cuánto de greenwashing hay en dicha RSE. Hay siete cuestiones para identificar las empresas que se pintan de verde sin desearlo de verdad.

Algunos estudios señalan que la RSE de una empresa es para sus empleados uno de los factores más importantes de la reputación. Aquí se incluye prestar atención a las políticas de recursos humanos, tales como la participación de los trabajadores en la toma de decisiones, la posibilidad de participar en el capital, la flexibilidad laboral, la seguridad jurídica y las relaciones sindicales. Otros grupos de interés se fijan en otras cuestiones que también afectan a la reputación empresarial, como por ejemplo, pagar los préstamos puntualmente, garantizar la calidad del producto o servicio o no usar paraísos fiscales (pagar impuestos en el país donde la empresa hace negocios y contribuir así al desarrollo social del país).

Resultados del estudio

Independientemente del tamaño de las empresas estudiadas, la RSE no tiene, según este estudio concreto, impacto en la creación de valor para los accionistas, pero sí para el estado de forma positiva y para los empleados de forma negativa. Por tanto, aunque muchas empresas buscan países con escasa legislación ambiental o social, los datos muestran que la RSE tiene impacto positivo para los países, por lo que legislar para obligar a las empresas a ser “responsables” implica mejoras para la sociedad, lo cual es bastante intuitivo, pero es bueno que quede demostrado con este tipo de estudios.

Los propios autores indican que estos resultados no coinciden con otros estudios anteriores y que habría que considerar más indicadores. Por otra parte, un problema existente es que no está claro cómo medir adecuadamente las ventajas para los diferentes stakeholders, salvo para el accionista, para el que lo más importante suele ser la ganancia económica.

Para cualquier persona medianamente ética es evidente que la RSE aporta solo ventajas. Sin embargo, medir la influencia de la RSE no es fácil porque ni siquiera se sabe bien qué ventajas debemos considerar. No obstante, para el empresario la RSE debería ser una declaración sobre qué es lo importante o, en otras palabras, sobre si el dinero es más importante que la vida.

Más información:

Agradecimientos: A Josefina Fernández-Guadaño por sus comentarios a este artículo y por sus aclaraciones.

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25 cumbres para mejorar algo que no deja de empeorar (#COP25): ¿Quién está fallando?

Por: Pepe Galindo

Cartel de la manifestación La cumbre climática COP25 empezó mal. Primero, por un cambio de lugar en el último momento de Chile a España, debido a unas revueltas contra el gobierno chileno cuyo presidente fue incapaz de resolver. Luego están las emisiones de CO2. Tras 25 cumbres del clima, el CO2 no ha dejado de aumentar, llegando a máximos históricos (407,8 ppm en 2018). Por tanto, las cumbres climáticas COP han sido un clamoroso fracaso (incluyendo el protocolo de Kioto firmado en la tercera cumbre y el Acuerdo de París de la COP21). Por si fuera poco, Trump ha sacado a EE.UU. del Acuerdo de París y, más grave aún, a todos los niveles no cesan de surgir datos que demuestran que vamos por mal camino. Por ejemplo, acabamos de saber que España ha generado un 13% más de basura de plásticos en dos años. Las grandes empresas contaminantes con plástico y Ecoembes están contentos con los consumidores.

Aún hay más: las empresas más contaminantes de España (Endesa e Iberdrola) se han sumado a patrocinar la COP25, en un ejercicio de greenwashing sin complejos de culpabilidad. Por su parte, el Banco de Santander también patrocina la cumbre mientras aumenta la financiación de empresas sucias (nada menos que carbón).

El colmo del esperpento, del greenwashing y de la cara dura lo protagoniza el ayuntamiento de Madrid (PP+Cs) en dos actos. Primero, días antes de la cumbre, Madrid se auto proclama Green Capital de forma falsa. Ese título lo concede la Comisión Europea y en España solo lo tiene la ciudad de Vitoria. En segundo lugar, el propio alcalde de Madrid ha presumido de que Madrid Central está funcionando muy bien, a pesar de sus feroces críticas anteriores y de que en campaña electoral prometió que eliminaría ese sistema para reducir las emisiones (sistema creado por el anterior equipo de gobierno, el de la alcaldesa Carmena). Hay que tener en cuenta que Madrid Central está entre los sistemas más eficientes de Europa. El ridículo hecho por el alcalde le ha costado recibir algunos insultos.

Greta Thunberg, un icono en la lucha climática que está molestando bastante a los que contaminan y a los que no quieren sentirse culpablesPor si fuera poco, han surgido muchas críticas hacia Greta Thunberg, desde las más inocentes a las más absurdas (algunas desde el PP). Critican a una niña cuyo mensaje principal es que escuchemos lo que dicen los científicos. Critican al mensajero porque no les interesa que hablemos de su mensaje. Es una vuelta de tuerca más al “cuñadismo climático“. Greta Thunberg está molestando bastante a los que contaminan y a los que no quieren sentirse culpables por no hacer nada.

Entonces… ¿qué sentido tienen las Cumbres del Clima?

Las cumbres climáticas no están funcionando. Sin embargo, peor sería si no existieran. Al menos, la comunidad internacional reconoce el problema y reconoce que es urgente actuar (aunque no se actúe).

La ONU se queja de la “falta de voluntad política” para detener “la guerra contra el planeta” y denuncia que las empresas que más contaminan no están haciendo su parte. Es necesario establecer castigos para los que no cumplan los acuerdos climáticos, sean empresas o países.

Está claro que las conferencias COP son necesarias, está claro que no son efectivas, está claro que se despilfarran muchos recursos en su organización (viajes en avión, comidas…), y está claro que hay mucho donde mejorar. Para empezar, estas cumbres deberían fomentar las videoconferencias para evitar los contaminantes viajes en avión. Además, no deberían utilizar agua mineral ni permitir que las cumbres se aprovechen para que las empresas más contaminantes laven su imagen (greenwashing).

Entonces… ¿qué tenemos que hacer?

El calentamiento en todo el planeta, y en particular en España, es demasiado evidente. Si el calentamiento global no te preocupa, al menos debería preocuparte la contaminación, la sequía, las inundaciones, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la subida del nivel del mar, la pérdida de bosques, etc. Quédate con este dato: solo la contaminación atmosférica en España mata a unas 27.000 personas cada año.

Para alumbrar el camino futuro podemos fijarnos en otras luchas sociales de la Historia. Por ejemplo, hace no muchos años las mujeres no podían votar en España y los negros no podían votar en Estados Unidos. ¿Cómo consiguieron ejercer su derecho al voto? Su derecho a votar no lo consiguieron por el buen corazón de los que ostentaban el poder. Tampoco lo consiguieron exclusivamente con la fuerza de sus argumentos. Tener razón no implica convencer a los que no quieren ver la verdad.

El sufragio universal se consiguió a base de protestas constantes, manifestaciones continuas, argumentos sólidos, debates filosóficos y también gracias a personas incansables —como Clara Campoamor en España o Martin Luther King en Estados Unidos— y a todas las personas que apoyaron esas protestas y a esos líderes.

De la misma forma, la justicia climática (o la sostenibilidad) no se va a conseguir porque tenemos razón. Si se consigue será a fuerza de perseverar y de convencer. Y si no se consigue por las buenas, se conseguirá por las malas, porque toda nuestra sabiduría y nuestra tecnología jamás nos permitirá incumplir las leyes de la termodinámica. Greta Thunberg tiene toda la fuerza que le damos los que apoyamos su mensaje.

Terminará la COP25 y llegará la COP26, la COP27… y seguiremos sin esperar mucho de las COP, porque tampoco esperamos mucho de nosotros mismos.

Los grandes contaminadores están contentos de patrocinar las cumbres del clima: ellos se encargan de que los acuerdos sean papel mojado, porque ellos fabrican productos tóxicos y saben que nosotros se los vamos a comprar.

Cuando una parte sustancial de nosotros dejemos de comprar a los que contaminan y a los que abusan, las cumbres climáticas tendrán auténtico sentido.

Más información:

  1. Si quieres luchar contra el Cambio Climático te sugerimos primero 5 acciones simples y muy efectivas, y luego más ideas, todas factibles.
  2. Cuñadismo climático: un podcast con Jesús Nácher (presentador), Vicente Juan Nácher (jubilado y estudioso) y Pepe Galindo (de Blogsostenible).
  3. AnimaNaturalis exige que COP25 declare el consumo de carne como principal causa del Calentamiento Global.
  4. La COP21, nada serio: Si los líderes han fallado, ¿Cambiaremos de líderes?
  5. Libro “Ciencias Ambientales: Ecología y Desarrollo Sostenible” por Nebel/Wrigth (Resumen).
  6. Medidas alternativas al desastroso PIB: el Crecimiento Económico no implica Crecer en Bienestar.
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🐮Comprar cuero es maltratar animales

Por: Pepe Galindo

Nuestra sociedad (en general) se indigna cuando surgen noticias de maltrato animal (especialmente hacia perros, gatos o caballos). Sin embargo, convivimos con el maltrato animal a diario y la sociedad no lo ve, tal vez porque no quiere verlo. Un ejemplo es el uso generalizado de cuero. El cuero es piel de un animal que vivió —casi con seguridad— en condiciones indeseables: sufrió durante su vida y durante su muerte.

En un bolso, unos zapatos o un cinturón de cuero, también podemos ver los ojos de un animal pidiendo que no mercadeemos con su piel. Estamos éticamente obligados a preguntar por los componentes de cada objeto antes de comprarlo.

El cuero suele ser piel de vaca, pero también lo hay procedente de otros animales (cerdos, ovejas, cabras, caballos, avestruces, reptiles… incluso perros y gatos en China para productos baratos que se venden por todo el mundo). Una vez arrancada la piel del animal, se pierde la pista de su origen. Antes de venderla hay que curtirla para evitar su putrefacción. En todo el proceso hay, al menos, tres graves problemas:

  1. Impacto ambiental: Aquí tenemos que incluir dos aspectos inseparables.
    1. Impacto de la ganadería en su conjunto (cría, transporte y sacrificio): Esta es una de las industrias más conflictivas del planeta, provocando deforestación, contaminación de tierras, consumo excesivo de agua, grandes emisiones de gases contaminantes (especialmente metano), contaminación de acuíferos, de ríos y de mares, pérdida de hábitats, extinción de especies, etc. Reduciendo la ganadería se reduciría la contaminación y tendríamos tierras y agua para alimentar y vestir a muchas más personas (lo dice la ciencia). Se estima que la ganadería:
      • Es la responsable del 18% de las emisiones contaminantes de GEI.
      • Ocupa más del 30% de las tierras cultivables del planeta.
      • Consume más del 50% del agua que usan los humanos.
    2. Impacto del curtido: Se usan productos químicos muy contaminantes, como cromo, arsénico o cianuro, además de grandes cantidades de agua, lo que eleva la huella hídrica de los productos de marroquinería.
  1. Condiciones de los trabajadores: Entre los trabajadores del curtido hay mucha incidencia de cánceres (especialmente cáncer de páncreas), problemas respiratorios y cutáneos. Los salarios y las condiciones laborales suelen ser malas, incluso permiten el trabajo de menores (en Pakistán, por ejemplo, uno de los grandes exportadores de cuero). El trabajo en mataderos es, obviamente, indeseable para la mayoría de las personas. Suelen trabajar allí los que no tienen otras alternativas.
  1. Maltrato animal: Hasta usar lana es una forma de esclavizar animales y en su cría se les provoca mucho dolor y sufrimiento invisibilizado (como el desconocido proceso de mulesing). Por tanto, con más motivo el cuero es algo éticamente rechazable. Es imposible producir cuero de forma ética para los animales.

La industria del cuero no es ajena a sus problemas y por eso aplica técnicas de greenwashing para confundir a los consumidores. Cuatro de estas estrategias son:

  1. Algunos presumen de ser “libres de cromo” (chrom-free), pero evitan mencionar que usan otros productos químicos y, por supuesto, no hacen nada respecto a los demás problemas mencionados.
  2. Otros alegan sellos de “bienestar animal” diciendo que sus animales se han criado en “semilibertad y ecológicamente”. Aunque unos animales pueden vivir mejor que otros, se están usando de forma egoísta, simplemente por el beneficio para los humanos y, por supuesto, al final todos los animales son sacrificados (incluso los de granjas supuestamente ecológicas).
  3. Otro argumento es que la humanidad lleva usando pieles desde la prehistoria. Un argumento absurdo que no justifica hoy todos los problemas que hemos expuesto, más aún cuando tenemos muchas alternativas disponibles. En todo caso, el consumo en la prehistoria no amenazaba la estabilidad planetaria. En la prehistoria no había macrogranjas, ni se producía soja deforestando el Amazonas para alimentar ganado a miles de kilómetros.
  4. Los defensores del cuero alegan que es un subproducto de la industria de la carne. El argumento no sirve porque la industria ganadera también gana dinero vendiendo la piel y podría alegarse que la carne es un subproducto de la industria del cuero. Lo mismo se puede decir con los huesos de los animales con los que se fabrican cosméticos, gelatinas y golosinas, por ejemplo. Tanto si compras carne como si compras gelatina, golosinas o cuero estás dando dinero a esa industria, la cual te agradece tu contribución y tu apoyo directo.

Es imposible descubrir el origen del cuero de un producto: nunca lo pone en la etiqueta. Tampoco se indica nunca la especie del animal del que procede esa piel. Si es algo barato, muy posiblemente es piel de perro. Muchas veces el cuero viene de lejanos países donde las leyes sobre bienestar animal son laxas o inexistentes. Un curioso caso es el de India: dado que allí la vaca es un animal sagrado está prohibido matarlo en casi todos los estados. Lo que hacen es matarlas clandestinamente o transportarlas a países o estados donde es legal su sacrificio. Hasta las vacas sagradas mueren para alimentar el comercio internacional.

Lo mejor de todo es que hay alternativas vegetales y no son caras. El nailon es una alternativa plástica, pero no es recomendable porque produce micro y nanoplásticos que contaminan el planeta. Solo tenemos que buscar esas alternativas vegetales y elegir con conciencia planetaria. A veces es imposible saber si un producto tiene elementos de origen animal porque ni siquiera lo saben los vendedores. En ese caso, para estar seguros debemos acudir a marcas y tiendas que garanticen ser veganas.

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¿Cuánto cuesta tener principios?

Por: Pepe Galindo

Chiste de El Roto.Es más fácil ser negacionista —o relativista— que actuar con responsabilidad medioambiental. Ahora, la moda es apoyar medidas ecologistas, pero de forma superficial, sobre el papel, con acciones tipo greenwashing: coche eléctrico, reciclaje, una supuesta economía circular o con bonitos lemas verdes. Por ejemplo, hoy todos apoyan las renovables (no se entendería no hacerlo), pero algunos siguen defendiendo la nuclear con argumentos falaces (como que evitaría el omnipresente riesgo de apagones).

Dejémoslo claro con un caso histórico. No generó turbación ni malestar general que el presidente de un gobierno defendiera el consumo de carne diciendo que un chuletón al punto es «imbatible». Lo que sí levantó la controversia fue visibilizar el enorme problema que tenemos por conseguir carne en el modo y la cantidad que lo hacemos (a nivel global, pero también a nivel europeo o español). Y no importa que sea de ganadería extensiva. Si te atreves a decir que la carne y el pescado deberían ser más caros, te machacarán si eres importante y te ningunearán si no lo eres.

¿Tiene algo que decir la ciencia en este tipo de debates? Por supuesto que sí. Ya lo ha hecho y su conclusión es muy clara en multitud de estudios, como el de Ripple et al., el de Kozicka et al., el de Pieper et al., el de Berkhout et al., el de Wynes et al. o el manifiesto firmado por más de 15.000 científicos. Pero, ¿de qué sirve realizar estos estudios —casi siempre financiados con dinero público— si no se atienden sus conclusiones?

La sociedad prefiere seguir danzando al ritmo de la música en la cubierta del Titanic. ¿Ignorancia? ¿Comodidad? ¿Egoísmo? ¿Confianza en el más allá, en dioses, en políticos, en el tecnooptimismo…? ¿Tal vez un poco de todo?

Si cumplir con tus principios no te cuesta dinero, ni críticas ni tu comodidad —las tres cosas—, es que son principios muy flojos.

Ser coherente con tus valores necesita, para empezar, un poco de sosiego y reflexión crítica para establecer tales principios con cierta consistencia y no porque lo dice «mi cuñao» o el «líder político de mi partido» (aunque ambos sepamos que son volubles y chaqueteros). Por otra parte, podemos asegurar que todo el mundo tiene principios éticos, más o menos fundamentados, procedentes de sus vivencias y de su formación (religiosa, cultural, mediática, política, etc.). Y a pesar de todo, sostener esos principios ha de ser costoso.

Principios para mitigar el colapso

El colapso es inevitable porque la alta dependencia de la tecnología requiere de muchos materiales y energía (y las alternativas no pueden sostener la complejidad actual). Las ciudades son aún más vulnerables por su dependencia de todo tipo de recursos externos. «No hay tiempo para una transición ordenada que pueda esquivar el colapso» (cfr. Fernández et al.). La transición energética requiere décadas y, encima, no se dan las condiciones políticas ni culturales. Algunas razones para esto son: el consumismo, el individualismo, el antropocentrismo, la irracionalidad humana o la comodidad en sí misma.

Este colapso, aunque sea inevitable, puede desacelerarse. Los científicos alegan que lo peor puede evitarse con medidas tan bien conocidas y aplicables como poco empleadas.

Defender los derechos sociales (vivienda, respirar aire limpio, derecho a migrar, etc.), señalar los desmanes de los mega ricos y sus paraísos fiscales, o denunciar la desigualdad imperante no es suficiente. En la era de las redes sociales, creíamos que la libertad de expresión sería mayor. En cambio, de nuevo, los intereses económicos han vuelto a ganar la partida, maximizando su libertad de expresión (léase de manipulación). Polarizan a la sociedad para que tengamos miedos que maximicen sus ganancias (en dinero o en votos). Demasiadas veces ha pasado ya en la historia.

Para algunos, la empatía hacia el pobre, hacia el necesitado, está bien para una foto, pero no para una película de larga duración y menos, subvencionada con dinero público recortando gastos en defensa.

♦ Propuestas inquietantes:

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