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[Guía] La ganadería del futuro, aquí y ahora

Por: Agroecología

Comemos todos los días. Este acto cotidiano y fundamental, sin embargo, esconde una realidad menos evidente: el modelo agroalimentario, la manera en que producimos y consumimos, es determinante para nuestra salud y para la vida del planeta. Desde Ecologistas en Acción llevamos años criticando el sistema agroalimentario insostenible impuesto en las últimas décadas y, al mismo tiempo, construyendo y visibilizando propuestas y alternativas que ya son una realidad. Esta guía es fruto de ese trabajo colectivo.

Conscientes de que el modelo de ganadería industrial intensiva es el predominante, consideramos urgente y necesario plantear una transición posible, que incluya y apoye a quienes ya trabajan en el campo. Creemos en una evolución de los manejos agroganaderos que ponga en el centro el cuidado de la vida: de las personas, los ecosistemas, la biodiversidad, el territorio y los animales.

La producción de alimentos nunca ha sido una actividad neutra. Históricamente, la relación de las sociedades con la tierra y los animales ha moldeado paisajes, culturas y economías. Sin embargo, el desarrollo acelerado de la ganadería industrial ha transformado de forma profunda, y a menudo irreversible, esta relación. La concentración de animales en macroinstalaciones, la desconexión entre producción y territorio, y la lógica productivista han intensificado impactos ambientales, sociales y sanitarios que ya no pueden ignorarse.

Frente a este modelo hegemónico, en el Estado español coexisten cientos de iniciativas ganaderas que demuestran que otra forma de producir es posible: profesional, económicamente viable, ecológicamente respetuosa y socialmente justa. Son proyectos diversos, extensivos, ecológicos, de razas autóctonas, venta directa, pastoreo regenerativo o impulsados por redes de mujeres ganaderas que, desde realidades distintas, trazan caminos hacia un cambio imprescindible.

En un mundo cada vez más urbanizado y desconectado de los procesos naturales, la ganadería suele reducirse, en la imaginación colectiva, a una etiqueta en un envase. Para gran parte de la población, la producción de alimentos de origen animal es una caja negra: desconocemos cómo ha vivido el animal, qué ha comido, cómo se ha tratado el territorio del que proviene o en qué condiciones han trabajado las personas que lo cuidaron. Esta guía nace con la vocación de abrir esa caja negra para mostrar luz: prácticas, manejos y proyectos que ya están ofreciendo alternativas reales y esperanzadoras.

Ecologistas en Acción quiere visibilizar a quienes manejan ganaderías sostenibles desde una perspectiva ecosocial. Aspiramos a inspirar a otras personas ganaderas, a informar a la ciudadanía y a las administraciones, y a conectar a consumidores con proyectos responsables.

Somos conscientes de que esta guía es incompleta; es imposible reflejar todas las iniciativas valiosas que existen. No obstante, hemos procurado una selección equilibrada en cuanto a manejo, geografía y composición social. Agradecemos a todas las iniciativas colectivas cuyos informes, guías y mapas previos han nutrido este trabajo.

En estas páginas no hay teorías abstractas, sino ejemplos concretos. Son historias de personas que han elegido un camino más complejo, pero profundamente coherente. Ganaderas y ganaderos que cuidan del monte mientras pastorean, recuperan razas autóctonas, venden directamente a su comunidad, se agrupan en redes, cooperan y entienden su labor no como una mera actividad económica, sino como un servicio ecosocial.

Un apunte necesario sobre el consumo de carne

Desde Ecologistas en Acción defendemos un modelo agroecológico que cuide a las personas, al territorio, a la naturaleza y a los animales. En ese modelo, la ganadería tiene cabida, pero no cualquier ganadería: defendemos aquella que se aleja de la industrialización, la financiarización y la especulación; la que permite una vida digna en los pueblos, custodia el territorio y garantiza el bienestar animal. A la vez, reconocemos que nuestra sociedad occidental puede —y debe— avanzar hacia una dieta más equilibrada, con mayor presencia de alimentos vegetales y menor dependencia de la proteína animal. Reducir aquí el consumo de carne y otros productos de origen animal es reducir el desperdicio alimentario, el cambio climático, la pérdida de suelo, la deforestación. Y cuando se consuma carne, priorizar la procedente de modelos sostenibles como los aquí presentados —extensivos, ecológicos, regenerativos, trashumantes, de razas autóctonas, con venta directa y con liderazgo de mujeres—, es un paso coherente hacia ese horizonte.

Guía en formato PDF en varios idiomas: [Aragonés] [Castellano] [Catalán] [Euskera]

 

Esta guía nace para dar voz a quienes ya están construyendo ese futuro. No es solo un catálogo: es una herramienta para inspirar, conectar y educar; una invitación a conocer alternativas reales y a fortalecerlas. Y quiere reforzar un mensaje central de Ecologistas en Acción: una transición agroecológica justa y ecosocialmente sostenible no solo es necesaria para garantizar vidas dignas, sino que también es plenamente posible y está ya en marcha.

Mapa con las ganaderías del futuro que hay en la guía

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Ecologistas en Acción presenta una guía con 30 experiencias exitosas de ganadería respetuosa con el entorno y las personas

Por: Agroecología
  • Esta guía es el resultado de un trabajo colectivo para construir y visibilizar proyectos que ya están en marcha y que cuidan la vida: la de las personas, la de los animales y la de los ecosistemas. 
  • Recoge 30 iniciativas ganaderas que demuestran que es posible producir alimentos desde una perspectiva ecosocial, clave para la transición necesaria en este contexto de emergencia ecológica.
  • Pajaretillo en Andalucía, Ecofes en Aragón, La Jara en Canarias, Pasturabosc en Catalunya, Las Lucías en Extremadura o Casa de Fonte en Galiza son algunos de los ejemplos que se incluyen en la guía.
  • Todas las experiencias pueden encontrarse también en este mapa interactivo

Ecologistas en Acción ha publicado “La ganadería del futuro, aquí y ahora”, una guía que contiene 30 experiencias reales sobre prácticas ganaderas que buscan construir un modelo más justo y ecológico, y poner en el centro a quienes manejan ganaderías sostenibles “con coherencia, compromiso y arraigo territorial”.

Esta publicación no incluye un listado completo de experiencias, sino una selección que busca el equilibrio en cuanto modelos de manejo, territorios y composición social. Nace con varios objetivos interconectados: inspirar a otras personas ganaderas, informar a la ciudadanía, orientar a las administraciones públicas y facilitar el vínculo entre consumidoras y consumidores con proyectos responsables.

En sus páginas se exponen historias concretas: ganaderas y ganaderos que cuidan el monte mientras pastorean, que recuperan razas autóctonas, que venden directamente a su comunidad, que se organizan en redes y cooperativas, que entienden su labor no como una mera actividad económica sino como un servicio ecosocial. En palabras de Nacho Escartín, portavoz de Ecologistas en Acción, “personas que han elegido un camino más complejo, pero profundamente coherente”.

Para la organización ecologista, la transformación del sistema agroalimentario no es solo un reto técnico sino un proyecto político, cultural y comunitario. “Requiere recursos y voluntad, pero también reconocer que la transición ya está ocurriendo. En pueblos y territorios diversos, hay personas que sostienen día a día un modelo basado en la justicia social, la salud de los ecosistemas y el bienestar animal”, añade Escartín.

 

 

Mosaico de una transición que ya está en marcha

Ecologistas en Acción ha seleccionado 30 experiencias que son, cada una de ellas, “una muestra viva de que otra forma de producir alimentos existe, es diversa y funciona; una prueba de que la transición hacia otro modelo alimentario ya está en marcha. Estos son algunos de los ejemplos que aparecen en la guía:

Pajaretillo (San José del Valle, Cádiz). Ganadería extensiva ecológica de vacas, con manejo regenerativo que mejora la fertilidad de la tierra y se comercializa mediante venta directa. En esta finca de 475 ha se gestionan un rebaño de vacas nodrizas (mestizas: retinta, limousin y fleckvieh) sin fertilizantes ni piensos externos.

Ecofes (Aínsa, Huesca). Ganadería ecológica de vacuno de raza Pirenaica, adaptada al clima y pastos del Pirineo, que se comercializa directamente a las personas consumidoras.

La Jara (Arafo, Tenerife). Finca pionera en la producción ecológica en Canarias, liderada por una mujer que pastorea cabras y ovejas de razas autóctonas. También cría pollos y gallinas al aire libre, con un manejo regenerativo del paisaje y fomentando la soberanía alimentaria en la isla.

Pasturabosc (Gaüses, Girona). Proyecto de pastoreo de cabras en paisajes donde contribuyen a la prevención de incendios y se produce leche ecológica y quesos artesanos, que venden de forma directa y en puntos de venta locales.

Las Lucías (Navatrasierra, Cáceres). Granja familiar agroecológica de ovejas, cabras, vacas y aves de corral, criados en libertad, en un proyecto que fomenta la biodiversidad y la educación ambiental.

Casa da Fonte (Mañente, Lugo). Granja de ganadería extensiva y ecológica de vacas, cerdos, pollos y gallinas, que favorecen suelos y pastos, conectan con la vida rural tradicional y la regeneración ambiental.

La publicación de esta guía se acompaña de un mapa interactivo con información básica de cada experiencia.

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Nos Plantamos, el movimiento por la soberanía alimentaria, celebra su III Encuentro por la agroecología y un mundo rural vivo

Por: Agroecología
  • Del 13 al 15 de marzo el movimiento por la soberanía alimentaria Nos Plantamos, del que forma parte Ecologistas en Acción, organiza su encuentro anual en San Lorenzo de El Escorial (Madrid).
  • Más de 50 personas se darán cita para construir una agenda colectiva que impulse y apoye modelos de agricultura, ganadería y consumo agroecológicos.
  • La reciente escalada bélica, el acuerdo UE-Mercosur y las políticas de desregulación de la Unión Europea formarán parte de los debates del movimiento. 

Este fin de semana, del 13 al 15 de marzo, decenas de colectivos y organizaciones del ámbito alimentario, agrario, científico, académico y activista, preocupados por la situación del medio rural y el modelo agroalimentario actual en un contexto como el de la guerra de Irán, se reúnen con el fin de dar fuerza al movimiento y buscar soluciones a la precariedad del sector agrario y el mundo rural.

Los últimos acontecimientos políticos con la guerra de Irán, la aprobación del acuerdo UE-Mercosur y las políticas de desregulación europeas —que amenazan los logros conseguidos, las salvaguardas para la salud de la ciudadanía y de los territorios— marcarán la agenda del encuentro de Nos Plantamos. “En el terreno estatal e internacional el auge de la extrema derecha no deja ver el bosque, sin embargo, el campo y el mundo rural están llenos de personas diversas que buscan una vida digna en entornos saludables”, afirman las organizaciones convocantes.

La soberanía alimentaria y la agroecología campesina son los cimientos de este movimiento que pretende dar una respuesta conjunta a las necesidades del campo desde una perspectiva de justicia social y ambiental. El movimiento alimentario construirá propuestas de acción a la par que denunciará  los impactos territoriales de la agricultura y la ganadería industriales: “La reciente aprobación del tratado comercial UE-Mercosur refuerza un modelo agroalimentario depredador que hace peligrar la vida en el campo y que conlleva graves consecuencias en ambas regiones, principalmente para el clima, la biodiversidad y los derechos humanos”.

Los estudios muestran cómo el número de personas dedicadas a la agricultura y ganadería familiares desciende a la vez que aumenta la superficie de las explotaciones industriales de gran tamaño. Esta es una de las consecuencias del modelo agroindustrial imperante en España: el predominio de una “agricultura sin agricultores”. Según el movimiento Nos Plantamos, se trata de un modelo agroalimentario dominado por la agroindustria, orientado al mercado global, sujeto a movimientos especulativos y que no tiene entre sus prioridades alimentar a la humanidad; un modelo que despuebla, desertiza y desertifica, que destruye infraestructura clave para la soberanía alimentaria y la sustentabilidad, que genera indefensión, inestabilidad e incluso hambre.

En este contexto de industrialización agraria, las organizaciones por la soberanía alimentaria denuncian los discursos de la extrema derecha que se quieren hacer oír como única voz del campo y que intentan dirigir el malestar no contra la raíz del problema, sino contra las políticas ambientales y laborales, e incluso contra la democracia y las libertades en general. Por eso, desde Nos Plantamos insisten: “El problema del campo viene de la especulación agroindustrial, del negacionismo climático y de quienes dominan a su antojo lo que se produce, distribuye, vende y consume, llámese Mercadona, Danone, Lactalis, El Pozo, BASF, Bayer y tantos otros nombres”.

Las consecuencias del ataque de Israel y EEUU a Irán ya empiezan a notarse en el sector agroalimentario. El aumento del precio de los combustibles y derivados del petróleo no tardará en impactar en toda la cadena de producción, transformación y comercialización de alimentos. Ante esta situación, el movimiento por la soberanía alimentaria resalta que “no nos podemos permitir el lujo de dejar de lado  al modelo agroalimentario en la transición ecológica. Necesitamos abordar urgentemente una transición agroecológica que relocalice el sistema y lo haga menos dependiente de los combustibles fósiles”.

En esta transición, las organizaciones que forman parte de Nos Plantamos apuntan a la la agricultura familiar y social basada en la agroecología: “Es la que da cohesión social y vida a las zonas rurales, la que cuida de la biodiversidad agraria que produce alimentos sanos y sostenibles, y la que se desarrolla bajo un modelo agroalimentario socialmente justo y sostenible, con perspectiva feminista y asentado en bases de economía social y solidaria. Sobre ese modelo de producción y consumo debe centrarse el desarrollo de sistemas alimentarios, para que realmente sean sostenibles y resilientes ante la crisis ecosocial, climática y de biodiversidad que sí está causando los verdaderos problemas del campo”.

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Alerta por la posible contaminación por metales pesados en productos agrícolas de Cartagena

Por: Agroecología
  • Ecologistas en Acción denunció hace unos días a la consejera de Agricultura de la Región de Murcia por negar la existencia de un informe que demuestra niveles preocupantes de metales pesados en Mar Menor Sur.
  • Las sospechas de que podría haber transferencia a productos agrícolas se han hecho más fuertes tras conocerse los resultados y advertencias de una tesis doctoral de 2022, entre ellas, la acumulación de plomo y cadmio en lechugas cultivadas en suelos agrícolas contaminados.
  • La organización ecologista tacha de “muy irresponsable” el silencio y la falta de transparencia que mantienen las autoridades de la Región de Murcia que “no hacen más que aumentar la incertidumbre y las sospechas”.

Ecologistas en Acción de la Región Murciana denunció hace unos días a la consejera de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca, Sara Rubira Martínez, por la posible comisión de un delito al intentar ocultar la existencia de un estudio de suelos agrícolas de la Universidad Politécnica de Cartagena que revelaba niveles alarmantes de metales pesados en algunas áreas del sur del Campo de Cartagena.

A principios de febrero de este año, se destapó que Rubira negó el acceso al estudio “Diagnóstico de la calidad de los suelos agrícolas del campo de Cartagena: uso y manejo sostenible para su conservación y pautas para su recuperación”, alegando que no existía. Desde entonces, la organización ecologista denuncia que no han parado de sucederse las versiones contradictorias y el empeño en mantener el estudio oculto. A todo ello se ha sumado la revelación de una tesis doctoral de 2022 que demuestra transferencia de metales pesados a productos de consumo, lo cual ha hecho saltar las alarmas.

Para la organización ecologista, la secuencia de acontecimientos es clave, ya que revela una opacidad y silencio inusitados en torno a un asunto que genera gran alarma por sus posibles consecuencias en la salud pública:

  • En noviembre de 2023, la Consejería de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca encargó a un equipo de investigación de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) la realización del estudio “Diagnóstico de la calidad de los suelos agrícolas del campo de Cartagena: uso y manejo sostenible para su conservación y pautas para su recuperación”, por el que se otorgó una subvención directa de 293.035 €.

El Grupo de Investigación Gestión, Aprovechamiento y Recuperación de Suelos y Aguas (Garsa), liderado por el investigador Ángel Faz, fue el encargado de realizar dicho trabajo.

  • En mayo de 2025, según confirmó la propia UPCT, el trabajo fue concluido, entregado y justificado a la Consejería, sin que haya trascendido que en ese momento se realizara ningún requerimiento de subsanación.
  • En junio de 2025, en el marco de un procedimiento judicial, Tragsa entregó en el Juzgado nº1 de Cartagena un informe llamado “Caracterización de tecnosuelos del depósito minero El Lirio–Los Belones (Cartagena)”. Este informe, elaborado por el mismo grupo de investigación de Ángel Faz, utiliza referencias a su propio estudio de diagnóstico de suelos agrícolas, aportando datos y una serie de mapas del mismo. Los mapas de distribución de metales muestran en algunas áreas concentraciones por encima de lo legal para suelos agrícolas.
  •  En octubre de 2025 se solicitó a la Consejería el acceso al estudio “Diagnóstico de la calidad de los suelos agrícolas del campo de Cartagena: uso y manejo sostenible para su conservación y pautas para su recuperación”.
  • El 4 de febrero de 2026 la Consejería negó el acceso al documento, y argumentó que el estudio no existía y que se iba a iniciar un procedimiento para pedir a la UPCT la devolución de la subvención.
  • — A partir de ese momento, la noticia saltó a los medios de comunicación y, cuando la consejera Rubira fue consultada, inició una serie de cambios de versión: primero negó la existencia del estudio, luego aludió a un incumplimiento de los objetivos de la subvención, y finalmente fijó un plazo de 15 días para que el equipo investigador de la UPCT subsanara documentación, tras casi un año de estar concluido, entregado y justificado el estudio.
  • A fecha de 2 de marzo de 2026, el estudio “Diagnóstico de la calidad de los suelos agrícolas del campo de Cartagena: uso y manejo sostenible para su conservación y pautas para su recuperación” sigue sin hacerse público.

Pedro Luengo, portavoz de Ecologistas en Acción, lo resume con estas palabras: “Se está intentando evitar el acceso a un informe de una universidad pública, pagado con dinero público, y del que solo conocemos unos datos preocupantes de contenido en metales en suelos agrícolas así como unos mapas bastante impactantes que se aportan en el informe sobre tecnosuelos y que se presentaron en el juzgado”.

Acumulación de plomo y cadmio en lechugas cultivadas

Luengo destaca que, “en medio de esta situación de ocultación y con la posibilidad de que estos metales estén siendo absorbidos por algunos cultivos y puedan llegar a consumidoras y consumidores, hemos sabido que en marzo de 2022 se publicó una tesis doctoral de la UPCT, dirigida por el mismo investigador Ángel Faz, y que precisamente analizaba la transferencia de metales pesados desde los depósitos mineros abandonados de la Sierra Minera hacia suelos forestales, agrícolas, zonas urbanas y medio marino”.

Para Ecologistas en Acción, lo más preocupante de esa tesis es que advierte de la acumulación de plomo y cadmio en lechugas cultivadas con suelos agrícolas contaminados del Arco Sur. Al mismo tiempo, aconseja a las autoridades un seguimiento por el “riesgo de incorporación a la cadena trófica por consumo de los productos cultivados en zonas agrícolas influenciadas por la actividad minera”, debido al peligro para la salud humana que esto supone, especialmente en un consumo frecuente.

La organización ecologista afirma que la situación es insostenible:“Han negado la existencia de un estudio que advierte de niveles preocupantes, algunos ilegales, de metales pesados en suelos agrícolas y, por si eso fuera poco, lo hacen cuatro años después de conocer una tesis doctoral que demuestra la incorporación de estos metales a partes comestibles de lechugas”. A su vez, señala que desde las autoridades competentes no ha trascendido ninguna actuación preventiva al respecto en todo este tiempo.

“Que a día de hoy se siga intentando ocultar la información sobre este asunto, y no haya una aclaración inmediata y suficiente de las medidas de control adoptadas por las autoridades competentes, no hace más que sembrar la sospecha de que algo no va bien; se trata de un silencio totalmente insostenible e impropio de un Estado democrático en pleno siglo XXI”, ha añadido Luengo.

Por todo ello, Ecologistas en Acción ha anunciado que en los próximos días solicitará información sobre las actuaciones de la Administración regional en cuanto a protección de la salud pública, y no descarta que se puedan derivar nuevas acciones judiciales.

Mapa Cobre

Mapa Plomo

Mapa Cadmio

Mapa Zinc

 

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Biocombustibles: ¿solución climática o desastre ecológico?

Por: Agroecología

La imagen que nos vendieron

Cuando se escucha la palabra biocombustibles, a muchas personas les viene a la cabeza una escena casi mágica: Doc cargando el DeLorean con restos orgánicos en ‘Regreso al futuro’. Basura convertida en energía limpia. Economía circular en estado puro. O a lo mejor nos viene a la mente este anuncio de Repsol que nos asegura llenar tanques con aceite de cocina usado procesado y recogido de restaurantes de la península (cuando en realidad en su mayoría se importa desde Malasia como denuncia esta investigación de Climate Home)

La promesa parecía sencilla: utilizar aceite de cocina usado, residuos agrícolas y otros desechos para producir combustible y dejar de depender del petróleo.

Pero la realidad es bastante menos ecológica y local…

La realidad: cultivar para quemar

Hoy, los biocombustibles más utilizados en Europa siguen procediendo en gran medida de cultivos agrícolas como la soja y la palma. Aunque los vínculos a la deforestación de esta última fueran reconocidos por la Comisión Europea y se obligue a su eliminación como biocombustible para 2030, uno de los residuos de palma más utilizados en Europa es el POME (efluentes de molino de aceite de palma, por sus siglas en inglés). Los datos analizados en un informe de T&E indican que se están declarando más residuos de aceite de palma de los que realmente es posible generar, lo que sugiere una alta probabilidad de fraude. Los riesgos de deforestación asociados a la palma aceitera en Malasia e Indonesia están muy documentados. Tanto el POME como el aceite de cocina usado importados de estos países tienen grandes riesgos de no ser realmente residuos, sino aceites de palma virgen etiquetados como residuos. Además, estos residuos no son infinitos. Se tratan de residuos limitados, donde un aumento de la demanda de estas materias primas puede derivar en la incentivación indirecta de expansión de cultivo de palma.

Es decir, se dedican millones de hectáreas de tierra cultivable a producir combustible. Cuando el mercado recurre a cultivos dedicados, ahí comienza el verdadero conflicto climático y social. Se calcula que más de una década de políticas de fomento de biocombustibles arrasaron con un área de bosques del tamaño de los países bajos.

El problema no es tecnológico, es estructural: no existe suficiente residuo sostenible para cubrir los ambiciosos objetivos de combustibles renovables en transporte terrestre, marítimo y aviación. Solo en España se consumieron 55 millones de toneladas de gasolina y gasóleo en 2025. Pretender sustituir una parte sustancial con aceite de cocina usado o subproductos es materialmente inviable. En este informe de Ecologistas en Acción se analiza el por qué los biocombustibles pueden convertirse en una falsa solución climática y sobre la urgencia de reducir la demanda energética del transporte como eje central de una descarbonización realmente sostenible.

¿Cuáles son las materias primas problemáticas que se utilizan para producir ‘combustibles renovables’?

Ecologistas en Acción revisa en un infome y un webinario los riesgos ambientales de las principales materias primas que se utilizan en la UE y España, para cumplir los objetivos de energías renovables en el transporte.

El documento titulado “Excluir los biocombustibles de soja y de otras materias primas de alto riesgo de la normativa de fomento de combustibles renovables para reforzar las salvaguardas ambientales” examina los riesgos ambientales y climáticos de los biocombustibles fabricados a partir de materias primas como la soja, los residuos de la palma, de cultivos intermedios y en tierras severamente degradadas, el biogás etc. En sus páginas se muestra cómo, pese a presentarse como soluciones sostenibles, pueden impulsar la deforestación, los cambios indirectos en el uso del suelo, la inseguridad alimentaria, el aumento de insumos agrícolas y el fraude, sin garantizar una reducción real de las emisiones.

Actualmente el Real Decreto de impulso a la descarbonización del transporte y fomento de los combustibles renovables está en proceso de revisión antes de ser implementado y es por ello que estamos ante un momento clave para establecer la hoja de ruta que refuerce las salvaguardas ambientales.

La soja y el riesgo de cambio indirecto de uso del suelo (ILUC)

Tras más de dos años y medio de retraso, la Comisión Europea ha publicado recientemente la actualización del Reglamento Delegado (EU) 2019/807, que desarrolla los criterios sobre biocombustibles con alto riesgo de cambio indirecto en el uso de la tierra (ILUC).

Ecologistas en Acción ha valorado positivamente esta revisión y ha participado en la reciente consulta pública, expresando su preocupación por el retraso de más de dos años y medio en su publicación. Las actualizaciones regulatorias deben cumplir con los plazos requeridos para mantener la coherencia con la evidencia científica más reciente y con los compromisos climáticos.

Los hallazgos técnicos confirman que el cultivo de soja es un importante motor de la deforestación, un fenómeno impulsado por dinámicas globales de mercado. Ya el modelo GLOBIOM de la UE había mostrado quelos biocombustibles derivados de soja podían generar hasta el doble de emisiones de gases de efecto invernadero que los combustibles fósiles cuando se contabilizan los impactos indirectos sobre el uso del suelo.

Más allá del clima, la expansión de la soja está asociada con la deforestación, la conversión de ecosistemas ricos en carbono y la pérdida de biodiversidad. La expansión de los monocultivos implica un aumento en la presión sobre los recursos hídricos, un mayor uso de fertilizantes sintéticos y pesticidas peligrosos. Además de acaparamiento de tierras y vulneraciones de derechos humanos en países productores.

Un contexto geopolítico que agrava el riesgo

El reciente acuerdo entre la UE y Mercosur podría incentivar aún más la expansión de la producción de soja, aumentando la presión sobre el uso del suelo. Esto refuerza la necesidad de mantener salvaguardas sólidas contra el cambio de uso de la tierra y la deforestación asociada.

Además, el nuevo Reglamento europeo contra la deforestación (EUDR) no cubre algunos biomas de alto valor ecológico como el Cerrado o el Gran Chaco, y son de los más afectados por la expansión de monocultivos de soja. Por eso, debilitar el marco ILUC del Reglamento Delegado 2019/807 abriría un vacío peligroso en la protección climática.

Sin salvaguardas robustas en la Directiva de Energías Renovables existe el riesgo de que materias primas ambientalmente dañinas sigan accediendo al mercado europeo bajo etiquetas de “sostenibilidad” que no reflejan sus impactos reales.

El riesgo de sustitución: de la palma a la soja

En un contexto donde los biocombustibles de palma han sido progresivamente eliminados, existe el riesgo de sustitución por soja.

En España, los biocombustibles derivados de soja aumentaron significativamente en 2024, representando el 5,81 % del total de biodiésel consumido y vendido, frente al 0,75 % en 2023, revirtiendo la tendencia descendente de años anteriores.

No podemos olvidar que España es el tercer mayor importador y procesador de soja de la UE, con una capacidad anual de trituración de 3,5 millones de toneladas. La rentabilidad del sistema depende del valor conjunto del aceite y la harina: afirmar que el aceite de soja (que es lo que se utiliza para fabricar biocombustibles) es solo un subproducto y que lo que realmente impulsa la industria de la soja son los piensos producidos a partir de la harina, ignora la realidad económica del mercado. La expansión del cultivo es viable porque ambas fracciones sostienen su rentabilidad.

Externalización de impactos

Tanto la soja como el POME o el aceite de cocina usado son en gran parte materias primas importadas. La transición energética europea no puede basarse en trasladar sus impactos ambientales y sociales a terceros países.

Deforestación en Sudamérica, pérdida de territorios indígenas, degradación de suelos y contaminación de aguas para alimentar los depósitos europeos bajo la etiqueta de “renovable” es una contradicción evidente.

No se puede descarbonizar el transporte sustituyendo un problema por otro.

Vigilancia ante nuevas expansiones: el caso de la caña de azúcar

Ecologistas en Acción también advierte sobre la expansión prevista de bioetanol de caña de azúcar en América del Sur y Asia. El informe actualizado de Guidehouse muestra un aumento significativo de la expansión de la caña en áreas de alto riesgo ILUC (del 5 % al 16,1 %, antes de aplicar factores de productividad).

Aunque el etanol de caña pueda ofrecer reducciones limitadas de emisiones en determinadas condiciones, su expansión a gran escala implica riesgos considerables de cambio de uso del suelo, estrés hídrico y degradación de biodiversidad.

La UE debe vigilar detalladamente estas dinámicas globales para evitar que nuevas materias primas reproduzcan los mismos errores.

¿Es esta la hoja de ruta correcta?

Los agrocombustibles no deberían convertirse en la pieza central de la descarbonización del transporte. Apostar masivamente por ellos implica riesgos para la seguridad alimentaria; ampliación de la frontera agrícola; más fertilizantes, agua y pesticidas; y pérdida de biodiversidad. Además de agravar la crisis climática a través de emisiones ocultas asociadas al cambio indirecto de uso del suelo.

La Comisión ha propuesto una actualización necesaria del Reglamento Delegado (UE) 2019/807. Ahora es fundamental que la UE la adopte e implemente sin más retrasos. El Gobierno estatal no tiene por qué esperar a su implementación a nivel europeo para aplicar su eliminación lo antes posible en la implementación del Real Decreto de fomento de combustibles renovables.

Reforzar las salvaguardas ambientales es esencial para abordar simultáneamente la crisis climática y la crisis de biodiversidad, y para evitar que la Directiva de Energías Renovables termine impulsando, de forma indirecta, la deforestación que dice combatir.

Porque la descarbonización del transporte no puede basarse en externalizar los costes ambientales de Europa al resto del mundo.

No puede tratarse solo de cambiar el combustible. Se trata de no repetir los mismos errores con etiqueta verde.

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