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El PNV con el apoyo del PSE en Ayuntamiento y Gobierno Vasco pueden llevar al desmantelamiento de un importante recurso comunitario para las vecinas de los barrios de Bilbao.
Capitalismo gore, políticas snuff, necroscopía, régimen live. La filósofa Sayak Valencia crea conceptos para nombrar y describir la violencia institucionalizada y estandarizada.
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Las mujeres supervivientes, representadas bajo el paraguas de la asociación Desterradas Hijas de Eva, han asistido al acto que el Gobierno ha organizado esta mañana para reconocer como víctimas a 53 mujeres que fueron encerradas en el Patronato de Protección a la Mujer.
En sus discursos, las supervivientes Consuelo García del Cid, Paca Blanco y Pilar Dasi han mostrado su satisfacción por este primer paso imprescindible para entrar en la Ley de Memoria Democrática, y han solicitado al ministro de Justicia que asuma la responsabilidad para continuar el camino hacia la justicia y la reparación.
Ecologistas en Acción se suma a la celebración y a las reivindicaciones de las mujeres víctimas, entre las que se encuentra Paca Blanco, integrante de la organización ecologista, activista antinuclear y por el derecho a la vivienda.
El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución franquista, creada en 1941 y clausurada en 1985, que encerró y torturó a miles de mujeres jóvenes por contravenir la moral sexual del nacionalcatolicismo. Hoy, 53 de sus supervivientes han recibido, de parte del Gobierno de España, el reconocimiento de víctimas de la dictadura, un paso por el que lleva trabajando más de una década la asociación Desterradas Hijas de Eva.
En el acto de homenaje –organizado por los ministerios de Política Territorial y Memoria Democrática; Igualdad; y Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes; junto a la Comisionada para la celebración de los 50 años de ‘España en Libertad’– han participado tres de las mujeres víctimas y representantes de la asociación que tiene tiene como objetivo exigir a la Iglesia Católica Española y al Gobierno de España medidas de reparación y memoria histórica. Denuncian el olvido de las Administraciones y de las instituciones religiosas durante más de cuarenta años, y exigen medidas de reparación para las miles de mujeres de entre 16 y 25 años que durante el franquismo y los diez primeros años de democracia estuvieron recluidas sin juicios, delitos, sentencias ni pruebas.
Además de mostrar su satisfacción por esta medida porque “es muestra de que estamos avanzando después de estar tantos años en el olvido” y de celebrar “un paso previo exigible para entrar en la Ley de Memoria Democrática”, las mujeres víctimas reclaman que se ponga en marcha cuanto antes una comisión de investigación a la que el ministro de Justicia, Félix Bolaños, se ha comprometido.
Desde Desterradas Hijas de Eva solicitan que en dicha comisión –que debe ser de composición mixta, interdisciplinar y con dotación económica– estén presentes tres investigadoras integrantes de su asociación, Belén López Cillero, Maria Palau Galdon, Marta García Carbonell. Su trabajo resulta necesario para contribuir en la labor de rescatar expedientes a manos de las congregaciones religiosas que sostuvieron el Patronato, los libros de contabilidad con información sobre los talleres y todos los datos que puedan arrojar algo de luz para recuperar la memoria histórica.
Consuelo García del Cid, presidenta de la asociación de víctimas, ha abierto su discurso agradeciendo a la ministra de Igualdad, Ana Redondo, el reconocimiento y recibimiento, y solicitando al ministro de Justicia que asuma la responsabilidad ya que el Patronato dependía de su ministerio. También ha relatado algunos de los horrores vividos en estos reformatorios en los que se vulneraron los derechos humanos, se robaron bebés y en los que muchas de las mujeres encerradas se quitaron la vida, y ha remarcado la importancia de dar más pasos.
“Es tan necesaria como urgente una comisión de investigación. Pero no se demoren en el tiempo, porque somos todas muy mayores, y en este largo camino de lucha que se ha prolongado 15 años, hemos perdido a tres grandes supervivientes que lucharon con nosotras hasta el final: Encarna Hernández Clotet, Majo Ortigosa y Raquel Castillo”, ha declarado García del Cid.
Por su parte,Pilar Desi, ha manifestado que “todas y todos tenemos el deber de ir más lejos, fundamentalmente porque venimos de un silencio muy largo”. En su discurso ha explicado que las palabras “verdad, justicia y reparación” no son un mero eslogan sino una apuesta política. Para ello, ha destacado el valor de los testimonios de las mujeres que pasaron por el Patronato, porque “tienen valor documental y ponen voz a las víctimas”. Además, ha apuntado que “lo que no se resuelva, se repite” y que estos testimonios “permiten cernir una parte de nuestra historia reciente”
La última de las mujeres víctimas en hablar ha sido Paca Blanco, también superviviente y activista de Ecologistas en Acción, quien ha hecho hincapié en que no puede haber justicia si no se reconocen los delitos y no hay responsables y ha señalado medidas claras para una reparación del daño: “Que a ninguna de nosotras las falte un techo donde vivir; que tengamos una pensión digna que nos permita comer y pagar el alquiler; que podamos pagar los recibos, los medicamentos, los especialistas, fisioterapeutas y psicólogos que, muchas veces, no cubre la seguridad social; que podamos pagar gafas, audífonos, tratamientos dentales, rehabilitación, andadores o sillas de ruedas cuando lo necesitemos”.
Del olvido al reconocimiento
El homenaje del Gobierno a las víctimas del Patronato de la mujer ha llegado después de “una década en la que Consuelo García del Cid ha luchado contra viento y marea para sacarnos del olvido, contactar con todas las mujeres y organizarnos”, ha afirmado Paca Blanco.
Un punto de inflexión en este camino tuvo lugar el 10 de junio de 2025 cuando la Conferencia Española de Religiosos realizó un acto de reconocimiento y petición de perdón a las supervivientes del Patronato. Un acto que las mujeres supervivientes celebraron pero consideraron insuficiente ya que, más que perdón, lo que exigen es “verdad, justicia y reparación”. Un acto, también, cuyo enfoque les pareció insuficiente porque no se reconocía como víctimas a la totalidad de mujeres que fueron encerradas y porque se limitaron a hablar de excesos del franquismo y de algunas personas, no de toda la institución.
A pesar de ello, el perdón de la Conferencia Española de Religiosos sirvió “para dar visibilidad y notoriedad a esta lucha”, en palabras de Blanco. En los últimos meses, la asociación Desterradas Hijas de Eva ha incrementado su actividad pública y su trabajo de incidencia política y sensibilización, especialmente con charlas en institutos y centros educativos.
“No fue sólo la dictadura franquista. La democracia también nos robó 15 años. Queremos salir de ese olvido, que la comisión de investigación empiece ya a trabajar y que se reconozca lo ocurrido para poder reparar el daño causado. Porque después de todo lo que hemos vivido, lo mínimo es poder vivir nuestros últimos años con dignidad”, ha concluido Paca Blanco.
Virginia Imaz Quijera descubrió el feminismo y el clown al mismo tiempo, hace más de 35 años. Su camino es reírse de sí misma y ofrecer esa risa como un espejo; se toma el humor muy en serio y sabe cuándo reír y cuándo no.
Ante el rearme de la blanquitud en todo el espacio político, también en espacios aliados, feministas y de izquierdas, nos reorganizamos para la refundación de otros mundos posibles. Ni nuestros territorios ni nuestros conocimientos deben seguir siendo objeto de expolio.
Más allá de las herramientas protocolizadas que pueden facilitar profesionales psi en consulta, los activismos locos desarrollan materiales personalizables que ayudan a atravesar posibles crisis de salud mental.
Eva Hache abrió el camino hace 20 años. Henar Álvarez lo ha retomado en La 2 y ahora cambia a La 1. Entre medias, escasos ejemplos. Las mujeres siguen siendo excepción en un territorio dominado por ellos: el 'late night'.
Pasó el 8 de Marzo y las movilizaciones feministas, de las que damos buena cuenta en el programa de hoy. Pero también en la acratorial de hoy echamos una mirada al anti-feminismo y sus corrientes de extrema agresividad contra las mujeres y cualquier mirada organizativa feminista especialmente. Por otro lado es inevitable hablar de la […]
El perfil de agresor sexual fuera de la pareja más común no es un encapuchado. Dos de cada tres de estas agresiones las comete un amigo o conocido; una de cada cuatro, un familiar. Los relatos sobre el peligro sexual buscan expulsar a las mujeres del espacio público.
En 'El sexo de las madres’, Sonia Encinas atiende el contexto social que limita la vivencia de la sexualidad antes, durante y después del parto, pero también visibiliza la potencia erótica que aparece cuando las mujeres tienen el espacio y el acompañamiento necesarios.
El discurso idealizado de la amistad entre mujeres ha dejado invisible y carente de relato su dimensión dolorosa. Igual que se hizo con el desamor (de pareja), darle existencia discursiva y material a la desamistad es una urgencia política. Lanzamos unas primeras reflexiones para intentar pensar colectivamente algunas dimensiones de la desamistad. Aquí hemos elegido tres que nos permiten tensionar el discurso dominante de la amistad romantizada: el (no) acceso a amigas, las amistades dañinas y las rupturas y los duelos.
La asociación recuerda a la juventud lo que significa carecer de los derechos feministas fundamentales
Los derechos feministas alcanzados en la actualidad son fruto de las luchas y los sacrificios de las mujeres del pasado
El área de Ecofeminismo de Ecologistas en Acción de Extremadura cree que las mujeres, en este 8M de 2026, nos enfrentamos a un reto que no esperábamos que se diera en este cuarto del siglo XXI, la posible pérdida de derechos adquiridos ante el avance de la ultraderecha y con ella el capitalismo más despiadado con el planeta y con todos los seres vivos que lo habitamos.
Este 8M podríamos ir rescatando del olvido a tantas mujeres que hicieron posible los derechos que hoy disfrutamos, pero hoy, en particular, queremos recordar a todas aquellas diputadas de la transición española, de derecha o de izquierda, que de forma inteligente supieron aliarse para poder sacar adelante leyes como la Reforma del Código Civil (Ley 14/1975, de 2 de mayo) que eliminó la “licencia marital”, lo que permitió a las mujeres casadas abrir cuentas bancarias, solicitar pasaporte, trabajar, comprar inmuebles y comparecer en juicios sin la autorización de su marido; así como que en la Constitución española se reconozca en su artículo 14 derechos de la mujer que se habían ignorado hasta ese momento, como por ejemplo el derecho al aborto, la ley del divorcio y, en general, otras reivindicaciones que allanaron el camino para llegar a las leyes de igualdad de género. https://eacnur.org/es/blog/historia-derechos-de-la-mujer-en-espana Fue una alianza transversal que caló en las diferentes clases sociales para ganar libertades que nunca antes habíamos tenido.
Ilustración: Teresa Vichez
Así, en este 8M de 2026 el área de Ecofeminismo de Ecologistas en Acción de Extremadura apela a todas las mujeres que conocen la historia que ha sufrido la mujer, de vejaciones por falta de derechos, a que comiencen su batalla personal y transversal. Creemos que es tiempo de hablar, contar, recordar todo aquello que esta democracia, siempre mejorable en muchos aspectos, nos ha traído con la alianza de todas las mujeres que estuvieron en las Cortes Españolas en la etapa de la transición. Ellas supieron ver por encima de sus ideologías. Nosotras, desde hoy, debiéramos hacer lo mismo, sin olvidar a la juventud, ellas también deben saber y nosotras debemos contarles qué ha pasado y a qué nos podemos enfrentar si no tenemos esas altas miras que nos afectan a todas.
Tenemos que hablar, es urgente que la juventud tome conciencia de qué significa carecer de los derechos que les protegen hoy y con los que no contábamos ayer, pero que en otros países comienzan a ser eliminados:
Los DDHH se eliminan por ser emigrante en algunos países occidentales.
Los derechos laborales, en Argentina, están retrocediendo a la Primera Revolución Industrial con: jornadas de más de 12 horas y restricción del derecho a las vacaciones, por ejemplo.
El derecho al aborto en Estados Unidos y también en la comunidad de Madrid de Ayuso está puesto en la picota.
Ante el avance de la ultraderecha y el capitalismo, que en su huida hacia adelante, destruye, destroza y asola territorios y hasta países si lo ve necesario para sus intereses; ante su visión mecanicista del mundo con la que aún no acaba de entender que somos parte del sistema orgánico, del espacio en el que vivimos, que somos interdependientes en este planeta; la naturaleza ha comenzado a rebelarse ante nuestros ojos, en nuestras vidas, contra nuestra forma de actuar contra ella con: danas, vientos huracanados, lluvias torrenciales, sequías pertinaces,…
Tenemos que hablar, intentemos dialogar con todas-os para que una visión más holística del mundo que habitamos sea mejor conocida, porque nos importa en entorno, el espacio que vivimos, porque en él están los seres que amamos y cuidamos.
Ya hemos puesto en valor los cuidados invisibles, comenzamos a valorarlos más. Comenzamos a ver cómo los tejidos sociales, familiares, de amistades, vecindad, nos salvan la vida ante los avatares a los que ya nos enfrentamos. Sigamos tejiendo esos lazos de solidaridad, de empatía y ayuda desinteresada. Sigamos poniendo en valor todo aquello que no se ve y que nos nublan los medios de comunicación, sabemos los nombres de los jugadores de fútbol, de creadores de contenido,… y no los de aquellas personas que nos salvan, que nos sanan, como a las personas que investigan el cáncer, aquellas que cuidan a las personas ancianas, a las personas enfermas,… aquellas que ponen en riesgo sus vidas para salvar los bosques y la biodiversidad de un incendio, … y que algunas decisiones políticas han mermado su capacidad de hacer, de actuar.
El sistema capitalista pone en valor el gasto en la industria del armamento, en la guerra, en la minería, el enfrentamiento con la fuerza… Es otra forma de pensar, de actuar.
El área de Ecofeminismo de Ecologistas en Acción de Extremadura creemos que tenemos que hablar, transmitir, y recordar, también es hora de elegir al lobo negro o al lobo blanco de la Leyenda Cherokee: “¿qué lobo ganará?”… “Aquel al que alimentes”.
Ecologistas en Acción y Greenpeace España firman una tribuna conjunta en la que apuestan por un 8-M antifascista que señale «los grandes proyectos del capital como promotores de este proceso de destrucción» de la Tierra, los derechos y la igualdad.
Hechos que creíamos ya asumidos por el grueso de la población, como la existencia de una crisis climática; demandas que parecían ampliamente respaldadas, como las reivindicaciones feministas; normativas internacionales que se suponían de consenso o valores que pensábamos formaban ya parte del sentido común, como los derechos humanos, están siendo contestados por una parte inesperada de la población. No sólo por los sujetos privilegiados sino también por personas en situación de precariedad. Las reacciones de perplejidad, la incomprensión, el enfado o la descalificación han ocupado parte de nuestras conversaciones y han puesto en riesgo nuestra confianza en el activismo y en la fuerza de los movimientos emancipatorios.
Tras varias décadas de políticas neoliberales, de despojo intenso de los sures, vivimos un entretejido de crisis materiales, políticas y culturales y el desmoronamiento de los sistemas de protecciónallí donde existían. La tierra ya no es lo que era; el futuro tampoco. Nos hemos percatado abruptamente de las falsas promesas del desarrollo. Este difícil contexto genera las condiciones oportunas para que se dé una tormenta perfecta del ascenso de los autoritarismos.
En un marco de precariedad y desigualdad crecientes se hacen hueco fácilmente dinámicas que reorientan la frustración hacia la búsqueda de culpables. Y señalan no hacia arriba, hacia las grandes fortunas, sino a aquellos colectivos más vulnerabilizados y próximos como las personas migrantes, las mujeres o las personas en situación de pobreza. Incluso las políticas de protección ambiental llegar a ser identificadas como enemigos.
Un orden político sumiso a los poderes económicos, que necesita contener el desorden social que podría desatar esta frustración, aprovecha esta situación y hace soñar con el regreso a un pasado que nunca existió, donde “cada cosa estaba en su sitio”, y plantea la falsa promesa de poder cumplir nuestras más deseadas aspiraciones. Un mundo en el que las mujeres ocupaban amablemente su lugar en la casa, las disidencias sexuales debían esconderse de puertas hacia dentro, se explotaban los recursos naturales sin limitaciones o las personas extranjeras eran turistas exóticos. Una imagen que esconde la realidad y el futuro que las propuestas fascistas preparan para los colectivos que consideran subalternos.
Pero esa ficción a la que se entrega una parte de la población precaria esconde miedos, dolores, necesidades y deseos. Y es desde ahí donde debemos intentar hacer camino. Nos toca ahora respirar hondo y tratar de comprender, para reorganizar nuestra rabia y nuestra acción. Nos toca escuchar, repensar y reaprender para comprender qué queremos cambiar realmente. Los ecofeminismos integran propuestas que necesitamos para responder a la complejidad de conexiones, opresiones e imaginarios que se entrelazan en el contexto en el que nos encontramos. Parten del reconocimiento de la vulnerabilidad de los seres vivos y de la tierra, pero también de la capacidad de los vínculos para construir y sostener vida. Reconocen los miedos, las dificultades, la fragilidad, y desde ellos construyen mundos posibles.
No se trata solo de luchar contra el autoritarismo, el imperialismo o el individualismo patriarcales, de desmontar argumentos o desenmascarar mentiras. Se trata de construir pedazos de mundos habitables que respondan a otras reglas, aquellas que priorizan el respeto a todas las vidas. Son las pautas que sostienen muchas comunidades campesinas, edificios comunitarios, cooperativas de trabajo, asociaciones en defensa de la salud o grupos de vecinas en los barrios.
Se trata por lo tanto de politizar la frustración, de convertirla en fuerza de cambio real. Tenemos que hablar menos (menos es menos, no es dejar de hablar de) de emisiones de dióxido de carbono, mixes eléctricos o curvas de extracción de combustibles y más de alimentación, de hogar, de dignidad, de vecindad, de tierra, de igualdad. De los elementos que conforman condiciones para que las vidas se puedan desarrollar en plenitud.
Se trata de recentrar el conflicto, deconstruir al enemigo cercano y señalar con claridad a los grandes proyectos del capital como promotores de este proceso de destrucción que cada vez deja fuera a más personas y a más territorios vivos. Se trata de atender, en palabras de Yayo Herrero, todas las urgencias polisémicas, la climática y también la de Gaza y tantas otras.
Se trata –no es fácil– de llegar a ese motor del deseo y de las aspiraciones para construir imaginarios y expectativas compatibles con un mundo vivo y justo. Se trata de crear vínculos y alianzas.
Una de las claves ecofeministas de mayor potencia es la de entender la transición ecosocial no como un punto de llegada, sino un camino a recorrer, como un horizonte de sentidos comunes contrahegemónicos que dé vida a presentes que permitan imaginar mejores futuros. En ocasiones nos embarga el desánimo por el desequilibrio existente entre poderes y nos cuesta poner el foco en esas acciones transformadoras que ya se están llevando a cabo. Ejemplos como el Foro Social Más Allá del Crecimiento o la Asamblea Catalana per la Transició Ecosocial nos muestran la importancia de llevar a cabo la gran conversación y de seguir generando espacios de poder colectivo que sean capaces de cambiar las cosas, como Altri Non o como la paralización del Guggenheim en Urdaibai, por nombrar dos grandes victorias recientes.
Dice Flora Partenio que es momento de sostener presencia, resistir y reconstruir. Este 8 de marzo nos encontraremos en las calles, y después, en los infinitos espacios colectivos que sostenemos e inventamos cada día para hacer propuestas de transición ecosocial justa, para todas las personas. Nos va la vida en la construcción de opciones antifascistas. Sacamos fuerza de la alegría de vivir y de estar juntas. Somos muchas, somos más.
“Mujeres de alto valor. No dejaremos que el pasado avance”. Este es el lema de la campaña institucional del Gobierno para este 8-M, Día Internacional de las Mujeres, que vuelve marcado por los cada vez más largos tentáculos de la ultraderecha. Ese poder se ha empezado a notar también en el voto, un ámbito bastante a salvo, hasta ahora, entre las mujeres.
Según un reciente estudio del investigador Javier Carbonell, director del Future Policy Lab, se está produciendo una ultraderechización de las jóvenes en España y en Europa ligada a la falta de futuro, a la situación económica y aupada por ese pasado idealizado que venden partidos como Vox. La curva no es tan elevada ni va tan rápida como en el caso de los jóvenes, pero existe, como constata el estudio de Carbonell, titulado Una habitación propia es todo lo que puedes permitirte: por qué las mujeres jóvenes se mudan a la extrema derecha. Así lo expresa el investigador en este artículo: “Los partidos de extrema derecha en toda Europa están erosionando lo que alguna vez fue una división de género pronunciada en sus electorados”.
La campaña del Gobierno, protagonizada por la actriz Ángela Molina, se centra en fenómenos potenciados a través de las redes sociales como el de las tradwives, las jóvenes que aspiran a ser tratadas como princesas, o las que se han denominado mujeres de ‘alto valor’, que promueven una feminidad ligada a la sumisión, a la vuelta de las mujeres a la órbita doméstica y a la dependencia económica del hombre.
En este contexto, la violencia digital contra las mujeres se presenta no como un fenómeno marginal, sino estructural: el 70% de las denuncias en canales especializados corresponden a este tipo de violencia, que incluye cualquier acto cometido, asistido o amplificado por TICs que causa daños físicos, sexuales, psicológicos o políticos, según la definición de ONU Mujeres. El mecanismo de agresión se articula a través de la «manosfera» y se amplifica mediante algoritmos que premian la polarización.
“Este fenómeno afecta desproporcionadamente a mujeres con voz pública –políticas, periodistas y activistas– con una finalidad disciplinadora orientada a su silencio y a la erosión de la calidad democrática”, recoge un informe elaborado por el Ministerio de Igualdad. De ese grupo, las periodistas representan el colectivo más atacado, con el 73%. Según el mismo estudio, el 80% de las mujeres jóvenes en España ha sufrido acoso en las redes sociales, una de cada cinco niñas sufre violencia sexual en línea y, a escala internacional, el 70% de las mujeres ha experimentado alguna forma de violencia online.
Muchas de las manifestaciones que hoy recorrerán España –con convocatorias diferentes en las mismas ciudades, como viene siendo habitual en los últimos años– salen a la calle también con la idea de poner freno al retroceso y recordar conceptos básicos puestos en la diana como el mismo término feminista. Así, por ejemplo, el lema de Comunicadoras Granada, es: Soy feminista. “Con esta iniciativa, buscamos visibilizar aquellos gestos cotidianos que construyen igualdad y desmontan los prejuicios y la imagen distorsionada que a menudo recae sobre el feminismo”, explican en una nota.
Desde la Comisión 8M del Movimiento Feminista de Madrid, muy crítica con el Ministerio de Igualdad y su reciente cambio de terminología para referirse a los feminicidios –asesinatos machistas por homicidios– reivindican la trayectoria histórica del feminismo, comenzando por la lucha contra el franquismo. Su lema este año es: Feministas antifascistas. Somos más en todas partes. Y critican el profundo neoliberalismo en un duro manifiesto:
“Nos enfrentamos a un puñado de mierdas tristes que va a quemar el planeta para ganar aún más dinero y poder, que trata la vida como un videojuego. Son hueco, carencia, codicia. Y son cutres. En lugar de cuidar la tierra, sueñan con vivir en Marte o en un búnker. Con toda la tecnología en sus manos, lo que diseñan es un filtro para desnudar mujeres. Pudiendo reducir la pobreza, montan Quirones y Riberas”.
“Gobiernan para inaugurar chiringuitos, para dar medallas o para vender gorras. Invaden y masacran para especular con complejos vacacionales. Colonizan lo que creen que pueden explotar: los cuerpos trabajadores y los cuerpos enfermos. Las tierras, las mujeres, las personas migrantes. Atacan lo que saben que no pueden controlar: a las mujeres que decidimos sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas, a las disidencias que desafiamos su binarismo, a las neurodivergencias que desafiamos su normalidad. Desechan lo que no pueden rentabilizar. Pero somos más. En todas partes”.
Desde Libres y combativas, organizaron el pasado 28 de febrero un acto específico en el que recordaron la lucha de las mujeres trabajadoras: «La historia lo demuestra. Frente al nazismo, frente al fascismo, frente al franquismo… miles de mujeres se organizaron, resistieron y lucharon. No fueron víctimas pasivas: fueron combatientes, militantes, organizadoras, sindicalistas, milicianas y referentes políticas. En el Estado español, mujeres vinculadas a la izquierda obrera y al movimiento antifascista defendieron la libertad frente al golpe militar y la dictadura franquista. En Alemania, Italia y otros países, las mujeres jugaron un papel decisivo en la resistencia contra el nazismo y el fascismo».
Y añaden: «Hoy, cuando vemos cómo partidos como Vox difunden discursos machistas, racistas y reaccionarios, cuando se cuestionan derechos fundamentales conquistados con décadas de lucha obrera, es más necesario que nunca recuperar esa memoria y convertirla en fuerza organizada».
Un artículo conjunto de las áreas de Ecofeminismos de Ecologistas en Acción y Greenpeace España.
Hechos que creíamos ya asumidos por el grueso de la población, como la existencia de una crisis climática; demandas que parecían ampliamente respaldadas, como las reivindicaciones feministas; normativas internacionales que se suponían de consenso o valores que pensábamos formaban ya parte del sentido común, como los derechos humanos, están siendo contestados por una parte inesperada de la población. No sólo por los sujetos privilegiados sino también por personas en situación de precariedad. Las reacciones de perplejidad, la incomprensión, el enfado o la descalificación han ocupado parte de nuestras conversaciones y han puesto en riesgo nuestra confianza en el activismo y en la fuerza de los movimientos emancipatorios.
Tras varias décadas de políticas neoliberales, de despojo intenso de los sures, vivimos un entretejido de crisis materiales, políticas y culturales y el desmoronamiento de los sistemas de protecciónallí donde existían. La tierra ya no es lo que era; el futuro tampoco. Nos hemos percatado abruptamente de las falsas promesas del desarrollo. Este difícil contexto genera las condiciones oportunas para que se dé una tormenta perfecta del ascenso de los autoritarismos.
En un marco de precariedad y desigualdad crecientes se hacen hueco fácilmente dinámicas que reorientan la frustración hacia la búsqueda de culpables. Y señalan no hacia arriba, hacia las grandes fortunas, sino a aquellos colectivos más vulnerabilizados y próximos como las personas migrantes, las mujeres o las personas en situación de pobreza. Incluso las políticas de protección ambiental llegar a ser identificadas como enemigos
Un orden político sumiso a los poderes económicos, que necesita contener el desorden social que podría desatar esta frustración, aprovecha esta situación y hace soñar con el regreso a un pasado que nunca existió, donde “cada cosa estaba en su sitio”, y plantea la falsa promesa de poder cumplir nuestras más deseadas aspiraciones. Un mundo en el que las mujeres ocupaban amablemente su lugar en la casa, las disidencias sexuales debían esconderse de puertas hacia dentro, se explotaban los recursos naturales sin limitaciones o las personas extranjeras eran turistas exóticos. Una imagen que esconde la realidad y el futuro que las propuestas fascistas preparan para los colectivos que consideran subalternos.
Pero esa ficción a la que se entrega una parte de la población precaria esconde miedos, dolores, necesidades y deseos. Y es desde ahí donde debemos intentar hacer camino. Nos toca ahora respirar hondo y tratar de comprender, para reorganizar nuestra rabia y nuestra acción. Nos toca escuchar, repensar y reaprender para comprender qué queremos cambiar realmente. Los ecofeminismos integran propuestas que necesitamos para responder a la complejidad de conexiones, opresiones e imaginarios que se entrelazan en el contexto en el que nos encontramos. Parten del reconocimiento de la vulnerabilidad de los seres vivos y de la tierra, pero también de la capacidad de los vínculos para construir y sostener vida. Reconocen los miedos, las dificultades, la fragilidad, y desde ellos construyen mundos posibles.
No se trata solo de luchar contra el autoritarismo, el imperialismo o el individualismo patriarcales, de desmontar argumentos o desenmascarar mentiras. Se trata de construir pedazos de mundos habitables que respondan a otras reglas, aquellas que priorizan el respeto a todas las vidas. Son las pautas que sostienen muchas comunidades campesinas, edificios comunitarios, cooperativas de trabajo, asociaciones en defensa de la salud o grupos de vecinas en los barrios.
Se trata por lo tanto de politizar la frustración, de convertirla en fuerza de cambio real. Tenemos que hablar menos (menos es menos, no es dejar de hablar de) de emisiones de dióxido de carbono, mixes eléctricos o curvas de extracción de combustibles y más de alimentación, de hogar, de dignidad, de vecindad, de tierra, de igualdad. De los elementos que conforman condiciones para que las vidas se puedan desarrollar en plenitud.
Se trata de recentrar el conflicto, deconstruir al enemigo cercano y señalar con claridad a los grandes proyectos del capital como promotores de este proceso de destrucción que cada vez deja fuera a más personas y a más territorios vivos. Se trata de atender, en palabras de Yayo Herrero, todas las urgencias polisémicas, la climática y también la de Gaza y tantas otras.
Se trata –no es fácil– de llegar a ese motor del deseo y de las aspiraciones para construir imaginarios y expectativas compatibles con un mundo vivo y justo. Se trata de crear vínculos y alianzas.
Una de las claves ecofeministas de mayor potencia es la de entender la transición ecosocial no como un punto de llegada, sino un camino a recorrer, como un horizonte de sentidos comunes contrahegemónicos que dé vida a presentes que permitan imaginar mejores futuros. En ocasiones nos embarga el desánimo por el desequilibrio existente entre poderes y nos cuesta poner el foco en esas acciones transformadoras que ya se están llevando a cabo. Ejemplos como el Foro Social Más Allá del Crecimiento o la Asamblea Catalana per la Transició Ecosocial nos muestran la importancia de llevar a cabo la gran conversación y de seguir generando espacios de poder colectivo que sean capaces de cambiar las cosas, como Altri Non o como la paralización del Guggenheim en Urdaibai, por nombrar dos grandes victorias recientes.
Dice Flora Partenio que es momento de sostener presencia, resistir y reconstruir. Este 8 de marzo nos encontraremos en las calles, y después, en los infinitos espacios colectivos que sostenemos e inventamos cada día para hacer propuestas de transición ecosocial justa, para todas las personas. Nos va la vida en la construcción de opciones antifascistas. Sacamos fuerza de la alegría de vivir y de estar juntas. Somos muchas, somos más.