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La brecha de género tras el consenso sobre prostitución y pornografía en España

Por: Ana Ordaz / Democráter

Actualmente, en la sociedad española existen amplios consensos sobre la percepción de la prostitución y la pornografía. Como que la mayoría de la población considera que la primera supone una forma de violencia hacia las mujeres, y que la segunda la fomenta. Así se desprende de un reciente estudio del Ministerio de Igualdad elaborado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS).

La encuesta sobre la percepción de la prostitución en España arroja gran cantidad de información y revela que existe una sensibilidad y una conciencia social sobre esta realidad. Por ejemplo, la ciudadanía percibe la prostitución como un fenómeno estrechamente vinculado a la vulnerabilidad socioeconómica y a la violencia. Sin embargo, al analizar los datos por sexos y comparar las respuestas de hombres y mujeres, aparecen los matices.

Amplio consenso, pero con matices

Es el caso de la batería de preguntas relacionadas con la percepción de la pornografía. A nivel general, el 43,5% de la población está «muy de acuerdo» con que la pornografía fomenta la violencia hacia las mujeres –esta cifra asciende al 72% si se suman a quienes respondieron estar «bastante de acuerdo»–; sin embargo, hay más de 18 puntos de diferencia entre la respuesta de los hombres (un 34%) y la de las mujeres (un 52%).

Algo similar ocurre al preguntar si la pornografía es una forma saludable de explorar la propia sexualidad: la negativa a esta afirmación es contundente; pero mientras que el 64% de las mujeres declara estar «nada de acuerdo» con esta afirmación, esta cifra en hombres cae al 44%, 20 puntos porcentuales menos.

La población se divide casi en un 50-50 a la hora de valorar si la pornografía transmite que violar a una mujer puede ser excitante, pero las percepciones por género varían notablemente. Más de la mitad de las mujeres (el 55%) está muy o bastante de acuerdo con esta afirmación, pero en hombres esta proporción cae 11 puntos, hasta el 44%. La distorsión es aún más llamativa si nos fijamos sólo en quienes responden «muy de acuerdo»: el 37% de las mujeres frente al 23% de los hombres.

Brecha de género en las respuestas

Lo mismo ocurre en la batería de preguntas sobre la prostitución. Por ejemplo, parece existir consenso social en que la prostitución es una forma de violencia contra las mujeres (así lo afirma el 69% de la población). Y, aunque existe un 21% de mujeres que declara estar poco o nada de acuerdo con esta afirmación, este porcentaje es del 35% entre los hombres: es una diferencia de 14 puntos porcentuales.

En la misma línea, el 28% de los hombres considera que la prostitución es un trabajo como otro cualquiera, una percepción que sólo comparte el 17% de las mujeres. Por otro lado, un 23% de los hombres entiende que prostituirse es una forma de ejercer la libertad sexual, frente al escaso 13% de las mujeres que están muy de acuerdo o bastante de acuerdo con esta idea. Como en el gráfico anterior, todas las respuestas se pueden consultar al detalle a continuación.

Otra divergencia llamativa entre las repuestas de hombres y mujeres la encontramos a la hora de valorar que un hombre de nuestra familia pague por sexo. En general, la sociedad española muestra un rechazo mayoritario: al 63% le parecería mal frente a un residual 2% que se mostraría de acuerdo, si bien un tercio de la población se mostraría indiferente.

Pero, al analizar los datos por sexos, encontramos que mientras que al 71% de las mujeres les parecería mal que un hombre de su familia pagase por mantener relaciones sexuales, los hombres se muestran más tolerantes, y este rechazo es del 54%: no es una desviación menor, se trata de una diferencia de 17 puntos.

Tampoco coinciden las percepciones de hombres y mujeres sobre las razones por las que los hombres pagan por sexo. Las respuestas aportadas al CIS revelan que, mientras que los hombres consideran mayoritariamente que lo hacen «para satisfacer sus necesidades sexuales» (43%), casi la mitad de las mujeres (el 49%) opinan que es «para realizar prácticas o cumplir fantasías que otras mujeres no aceptan».

Del mismo modo, los hombres aluden que «no conocen a mujeres que quieran tener sexo con ellos» en un 30% de las respuestas, frente al 21% de las mujeres que esgrimen este motivo. Pero, sin duda, una de las mayores disonancias la encontramos en la razón «para sentir que dominan la relación sexual»: sólo el 12% de los hombres menciona este motivo, pero es señalado por el 26% de las mujeres.

Prostitución 2.0

También encontramos interesantes brechas de género en las respuestas relativas a las plataformas digitales de contenido íntimo y sexual. El 65% de los hombres conoce plataformas como OnlyFans o JustForFans, 10 puntos porcentuales más que las mujeres. Y, sin embargo, el 10% de las encuestadas conoce a alguien de su entorno que se dedica a la creación de este tipo de contenidos, frente al 6% de los hombres.

En cuanto a si pagar por contenidos íntimos y sexuales en este tipo de plataformas puede considerarse prostitución, de nuevo encontramos una respuesta generalizada (el 71% de la población considera que sí), pero con matices por sexos: el 78% de las mujeres afirma que se trata de una forma de prostitución; en hombres, esta respuesta es del 63%. Una diferencia de 15 puntos porcentuales.

A la vista de las respuestas ofrecidas por los encuestados a lo largo del estudio, podría deducirse que, en general, la sociedad española ha progresado en su percepción, conciencia y sensibilidad hacia las complejas realidades de la prostitución y la pornografía. Sería muy interesante contar con series históricas a través de la cuales estudiar dicha evolución, así como con otras encuestas con las que poder comparar los datos. Lamentablemente, no existen demasiadas fuentes actualizadas sobre el tema.

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Perseguir al trabajo sexual es racista y colonial

Por: Florencia Brizuela González

La política del Ministerio de Igualdad se traduce en imponer su proyecto civilizatorio como moneda de cambio para que las entidades puedan conseguir financiación.

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¿Es ética y ecológica la gestación subrogada? ¿Y la fecundación in vitro?

Por: Pepe Galindo

Una mujer no puede tratarse como una máquina de traer niños al mundo.Traer hijos al mundo es un acto poco ecológico. Se ha demostrado científicamente, aunque el problema no es traer hijos, sino traerlos en una sociedad insostenible y enseñarles a vivir de forma insostenible. Dicho esto, cualquier cosa que fomente la natalidad hay que cuestionarla seriamente y examinarla con un riguroso filtro ético.

La gestación subrogada consiste en que una mujer soporta la gestación de un niño durante los nueve meses, pero renuncia a ser la madre legal del mismo. Esta técnica, también llamada vientres de alquiler, se está poniendo de moda entre los ricos que quieren tener hijos. Esto está expresamente prohibido en muchos países, como en España, por lo que algunos deciden contratar el vientre en países que lo permitan. El Parlamento Europeo condenó esta práctica en 2015 porque  “socava la dignidad humana de la mujer” al ser utilizado su cuerpo y sus funciones reproductivas “como una mercancía” (o sea, algo similar a la prostitución).

El embarazo, el parto y el postparto es un proceso largo y costoso, que socava la salud de la madre. Por eso, para que una mujer acepte hacerlo y renuncie a su hijo, es obvio que su situación económica debe ser precaria. Prueba de ello es que en los países en los que es legal hacerlo de forma altruista (sin pagar), como Reino Unido o Canadá, la mayoría de la gente se va a otros países en los que sea legal hacerlo pagando. En Ucrania es legal previo pago de 40.000 euros como mínimo. Curiosamente, Ucrania no da la nacionalidad a los niños nacidos por esta técnica.

Como decía la periodista Sandra Sabatés, todos podemos tener el deseo de ser padres, pero ese deseo no es un derecho, y no puede conseguirse pisoteando los derechos de las mujeres más vulnerables. Además, a los propios niños se les trata como objetos comerciales. A veces, incluso se puede elegir, como en un catálogo, a la madre que hará la gestación o incluso si se quiere niño o niña.

Los que piden que esta práctica sea legal, están pidiendo que se elaboren leyes para que sea legal la explotación de las mujeres, como se hace, por ejemplo, con los animales en las granjas de cría. Se debería regular para evitar los trucos (legales o no) que usan algunos para saltarse la prohibición. Algunos de los que pretenden usar esos trucos y se han ido al extranjero a contratar la gestación subrogada, luego se quejan de los problemas para inscribir al niño como hijo suyo. El fraude está en que el niño no es un hijo fruto del vientre de la supuesta madre (aunque puede que sí sea un hijo genéticamente hablando de al menos uno de ellos, lo cual habría que demostrar). A eso se unen los casos de parejas estafadas y los pagos en paraísos fiscales por esta práctica (es decir, fraude fiscal). Por otra parte, no es raro que las mujeres que prestan su vientre se arrepientan.

No es razonable que el niño sufra por los errores de aquellos que pagaron por su gestación, pero tampoco es razonable que por el hecho de que el niño ya está en el mundo, sus compradores sean absueltos de cometer un delito que en España está penado. El artículo 221 del Código Penal castiga con penas de prisión de 1 a 5 años y de inhabilitación especial para el ejercicio del derecho de la patria potestad, tutela, curatela o guarda por tiempo de 4 a 10 años, penas que se extienden “a la persona que lo reciba y el intermediario, aunque la entrega del menor se hubiese efectuado en país extranjero”.

La gestación subrogada es como la prostitución, al menos en tres aspectos: nace de una falta de ética y conciencia, explota el cuerpo de una mujer por parte de quien puede pagarlo, el cual se beneficia de la necesidad económica de la mujer. Puede haber excepciones, pero son eso, excepciones.

Mención aparte merece considerarse cuando los padres sean de avanzada edad. Su pasión de ser padres quedará llena, pero su hijo quedará sin padres a temprana edad. Algo de egoísmo hay.

La fecundación in vitro no tiene tantos problemas éticos, pero es otro mecanismo para traer hijos al mundo; a un mundo en el que 8.500 niños mueren de hambre CADA DÍA. Ya no es solo por la dignidad de las mujeres o por cuestiones ecológicas, sino que es mucho más humano fomentar las adopciones, por delante de la gestación subrogada, la fecundación in vitro e incluso de la propia gestación.

Por supuesto no decimos que se prohíba tener hijos, sino que se piense bien, como parte de una paternidad responsable. El proceso de adopción no puede ser un trámite de 5 minutos, pero en un mundo con tantos niños faltos de cariño no podemos permitir que los procesos de adopción sean excesivamente largos.

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