Los partidarios del “pensamiento positivo y de la ley de la atracción” opinan que es mejor estar “a favor” de algo, que estar en contra de su opuesto, aunque no hay fundamento científico real al respecto. Según eso, es preferible estar “a favor” de las energías renovables, que “en contra” de las energías sucias. Pero ante el tema de la energía nuclear hay que situarse, aunque ya está casi todo dicho.
La energía nucleares “razonablemente segura”. Eso está demostrado con los “pocos” accidentes que ha habido en la historia. En ese argumento no miramos la opinión de los que murieron, o tienen cáncer, o deformaciones de nacimiento… La cuestión es que muchos pensamos que las centrales nucleares son un RIESGO innecesario. Aunque la central de Fukushima (Japón) hubiera resistido… ¿Quien nos asegura que no vendrá un terremoto más grande en un periodo de miles de años?
Recordemos que los residuos nucleares y las centrales nucleares (aunque se cierren) son contaminantes durante miles de años (el Plutonio-239 tiene 24000 años de vida media). Lo cual nos lleva a lo CARÍSIMO que es “guardar” residuos nucleares durante miles de años: ESTAMOS USANDO ENERGÍA HOY, Y HASTA NUESTROS TATARANIETOS… TENDRÁN QUE PAGAR LA FACTURA… Estaremos pagando mucho más tiempo que la vida de una central nuclear que debería tener una vida máxima de apenas unos 50 años, siempre si se mantiene bien y se parchean los desperfectos… No quiero que mis descendientes paguen por la electricidad que usamos AHORA. Y eso, sin contar el altísimo riesgo de guerras, atentados terroristas o desastres naturales durante esos miles de años.
Si alguien tiene la indecencia de afirmar que la energía nuclear no es cara, que ponga precio a lo que están pasando la multitud de japoneses desplazados de sus casas, enfermedades… Nadie va a pagar por eso. No hay seguro que lo cubra.
La energía nuclear es MUY CARA, INJUSTA y PELIGROSA. No necesitamos accidentes para asegurar que es peligrosa: los riesgos son evidentes y duraderos. Unos científicos estadounidenses hicieron un estudio sobre la energía nuclear en este estupendo libro: Ciencias Ambientales. Si es tan cara… ¿por qué se usa esta energía? Muy fácil: Porque está subvencionada por los gobiernos y porque gran parte de los costos no los pagamos ahora, sino que los pagarán otros en el futuro.
La industria nuclear y los que ganan dinero con esto suponen que las medidas de seguridad son suficientes, pero la vida demuestra que nos equivocamos (y más si se ahorran gastos en seguridad y no siguen las recomendaciones de los expertos, como la del sismólogo japonés Ishibashi Katsuhiko, quien avisó de los riesgos…). Chernóbyl existió, pero si no hubiera habido Chernóbyl, los que estamos en contra, seguiríamos en contra de esta energía porque los dos únicos argumentos a favor de la energía nuclear son muy pobres y egoístas.
El lobby nuclear argumenta siempre diciendo que los accidentes son escasos, sin importarles cuán graves puedan ser. Nos da igual que los accidentes sean escasos, porque la basura nuclear no desaparece y los accidentes y desastres naturales ocurren. En cientos de años… volverá a pasar, tarde o temprano. Dicen que el lobby nuclear paga a gente para que opine a favor de esta energía en los foros sociales y blogs de internet.
NOTA: La segunda parte de este artículo se titula
“¿Son Defendibles las Centrales Nucleares?” (la lotería nuclear)
(Hay argumentos a favor de las centrales nucleares,
y en los comentarios pondremos noticias interesantes).
Nota: En un comentario más abajo se han puesto datos nuevos tras 15 años del atentado. Son aterradores y se incluye el artículo completo de donde salen esos datos.
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.
El informe Los límites del crecimiento(1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.
Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:
En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores…
La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
La tecnología más moderna será solo para las élites.
Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).
Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.
Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.
No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.
No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.
El informe Los límites del crecimiento(1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.
Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:
En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores…
La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
La tecnología más moderna será solo para las élites.
Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).
Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.
Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.
No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.
No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?
La sociedad está cambiando. Los consumidores ahora saben que hay cosas que se esconden detrás de los anuncios de publicidad, y las redes sociales amplían nuestras fuentes de información. La gente va sabiendo que hay niños explotados en plantaciones de cacao, o corrupción exagerada en empresas de electricidad, por citar dos graves ejemplos, y muchos no están dispuestos a apoyar ni directa ni indirectamente tales barbaridades. Por eso, la reputación de tales empresas cae, sus inversores se alejan, y sus beneficios o posibilidades de mejorarlos también.
En un artículo anterior dábamos un resumen del Cuadro de Mando Integral (CMI, o BSC), de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), y de su importancia. La utilidad del CMI quedó clara para cualquier organización (y no sólo para empresas, donde hasta ahora tiene más éxito). El CMI ayuda a conseguir los objetivos de una organización, pero no vale hacerlo a cualquier precio, es preciso usar la ética: no sólo porque lo requiere la ley o los intereses financieros, sino porque evitaremos riesgos reputacionales que nos mermarán la capacidad de alcanzar nuestros objetivos (incluyendo ahí, por supuesto, los financieros). También ampliaremos activos tangibles e intangibles, y conseguiremos mayor felicidad personal y corporativa.
Pero es preciso que los directivos entiendan que la RSE no es sólo para quedar bien (greenwashing), sino que ahorra riesgos de gastos (por errores, multas… ), riesgos en la reputación, además de mejorar los intangibles. Si se incorpora como norma en la organización, la RSE evita problemas cada vez que hay que modificar algún proceso (por demandas externas, por leyes, por los inversores, por protestas ciudadanas…). La RSE siempre sale rentable, pero no siempre podemos cuantificarla económicamente.
Un ejemplo: El Banco Santander financia a la papelera APRIL, implicada en la destrucción de la selva tropical de Indonesia. En 2014, el Santander lo supo y no hizo nada. En 2015, cuando la ONG GreenPeace denunció y publicó el caso recogiendo casi 200.000 firmas, decidió actuar y cumplir sus compromisos firmados de RSE. ¿Cuántos clientes u operaciones perdió por esa mala imagen? Sin duda, hubiera sido mejor atajar el problema en cuánto se supo, ya que ahora es un ejemplo que aún mancha su mala imagen. Otro ejemplo lo vimos en la primera parte de este artículo, donde vimos cómo no querer adaptarse a los nuevos tiempos con energía renovable, está acabando con el negocio de algunas empresas de electricidad, pues están perdiendo clientes masivamente a favor de empresas de electricidad renovable.
Entonces, «empresa responsable» no es sólo aquella que paga por un informe de RSE, sino que es la que consigue que la RSE esté en todos los ámbitos de la empresa (ver vídeo). Hay que unir RSE a lo largo de toda la cadena del CMI (o mapa estratégico). Sin ánimo de ser exhaustivos, aquí vamos a dar algunas ideas para cada perspectiva, aunque los detalles concretos dependerá del tipo de organización, y de su sector de trabajo.
Algunos expertos proponen crear una perspectiva ambiental en el CMI, para darle la importancia que, sin duda, merece. Esta perspectiva ambiental estudiaría el impacto de la organización en el planeta, y la influencia del medio ambiente en la organización. Pero también se pueden conservar las 4 perspectivas tradicionales, y estudiar en cada una de ellas el tema ambiental:
Perspectiva VITAL/Financiera: Es preciso aquí clarificar para qué existe la empresa u organización, cuáles son sus objetivos más importantes, y sus valores. Por supuesto, si es una empresa normal, tendrá que ganar dinero y ese será uno de sus objetivos. Eso es bueno. Lo malo es cuando ese es el único objetivo, y no hay otros valores. Por tanto, hay que meter otros objetivos fundamentales y pensar en cómo medir si los logramos o no.
Ejemplos de indicadores en esta perspectiva pueden ser: Además de objetivos financieros, es preciso colocar otros objetivos, como por ejemplo que nos permitan medir cómo conecta la organización con las necesidades sociales de la población local, o cómo contribuye a la sociedad en su conjunto (mejoras ambientales, sociales, huella ecológica…). Deben tenerse en cuenta también las inversiones en sectores éticos, y las operaciones en banca ética: una empresa ética no puede trabajar con un banco tradicional. Indicadores que midan la satisfacción de empleados y clientes pueden colocarse aquí o en otras perspectivas, pero es fundamental medirlo de alguna forma.
Perspectiva del Beneficiario (o del cliente): Consiste en ver la organización a través de los ojos de las personas que se benefician de ella. En las posibles encuestas, será preciso medir el interés en temas ambientales de los mismos. Desde un punto de vista práctico, aquí lo más importante es la satisfacción del beneficiario o cliente. Pero tener clientes satisfechos no implica estar haciendo las cosas bien y eso puede suponer un riesgo reputacional que nos genere problemas en el futuro. El objetivo será minimizar los daños ambientales de los clientes, para conseguir la plena sostenibilidad.
Ejemplos de indicadores: Se pueden medir las facilidades que la empresa ofrece a los clientes para arreglar sus averías, o para reciclar sus residuos (aparatos antiguos, por ejemplo).
Perspectiva de Procesos Internos: En el apartado quizás más importante hay que evaluar los riesgos: de accidentes laborales a nuestros trabajadores, de contaminación ambiental… Un vertido o el anuncio de una actividad mala para el medioambiente o para la sociedad, podría tener más pérdidas en clientes presentes y futuros que en indemnizaciones. Algunas empresas no valoran su impacto ambiental (huella ecológica) porque piensan que es caro, sin ni siquiera hacer estudios que miren los costes, la calidad final, y sus relaciones con la comunidad (imagen, reputación, intangibles…). Por ejemplo, la empresa Shell reduce sus beneficios, cada vez que se publica algo de su contaminación y abusos en Níger o de su destrucción en el Ártico. La contratación de electricidad de origen renovable es un factor que muchas empresas utilizan para reducir sus huellas (ecológica, hídrica…), y mejorar su reputación. Es obvio que es preciso también ser exigentes con los proveedores, para no externalizar los impactos negativos. La deslocalización es un proceso por el que algunas empresas sitúan sus centros de trabajo (o subcontratan a otras empresas) en países donde la mano de obra es más barata, o la legislación no es tan estricta (laboral, ambiental, de seguridad…). Un grave accidente en Bangladesh destapó el abuso a mujeres por prestigiosas marcas de ropa, como Zara. Entre las muchas ideas de sostenibilidad, podemos encontrar algunos indicadores interesantes.
Ejemplos de indicadores: Tasa de reducción en CO2 u otros tóxicos, tasas de reciclaje, eficiencia energética y material, evaluación de calidad y durabilidad de los productos elaborados (evitar obsolescencia), proyectos o iniciativas sociales/ambientales o de eco-innovación, evaluaciones de impacto ambiental efectuadas, informes de RSE, inversiones en sectores no éticos (armas, energías fósiles…), huellas y otras medidas (de la organización, y de sus suministradores), implantación de energías renovables (autoconsumo solar), número de riesgos ambientales/sociales en nuevos/viejos productos o servicios (multas, o incumplimientos de la normativa interna), y a qué población y extensión afectan, proveedores con informe de RSE positivo, desarrollo de la ley de las 3 erres, sustitución de ingredientes o componentes perjudiciales o de producción lejana (transgénicos, aceite de palma, productos de soja, grasas trans…), auditoría energética (consumo en standby)… Como puede verse, la lista de posibles indicadores ambientales es inmensa.
Perspectiva de Aprendizaje y Crecimiento: Aquí hay que estudiar si es preciso hacer cambios para conseguir mejorar los indicadores y objetivos de las anteriores perspectivas. ¿Están los empleados bien formados? ¿Es la maquinaria adecuada? ¿Estamos usando procedimientos correctos? ¿Hay un clima de trabajo agradable? Para todo esto, las encuestas a los empleados son muy importantes, y que ellos sepan que sus opiniones son escuchadas.
Ejemplos de indicadores: Medir la satisfacción de los empleados, y su conciencia ambiental, huella ecológica por cada puesto (o por empleado), acceso de los empleados a información sobre sostenibilidad y al informe RSE de la organización… Por otra parte, la reposición de máquinas mejores (menos contaminantes, más eficientes…) puede ser un buen indicador, pero a veces puede ser engañoso.
Los resultados económicos miran parcialmente el pasado de la empresa, pero el CMI y la RSE predicen y conducen el futuro. La RSE no es cosa sólo de directivos, sino que hay que implicar a toda la empresa, y mejorar la comunicación, en todas las direcciones. La Responsabilidad Social Individual, marca la diferencia, y este vídeo seguro que te va a gustar:
Si no valoras lo pequeño, lo grande será pequeño (siempre puede haber algo más grande). Esto puede ser una crisis de valores.
Un estudiante estadounidense de 14 años se ha hecho famoso en todo el mundo por su estudio para el colegio en el que concluye que el tipo de letra “Garamond” gasta menos tinta y por tanto podría ahorrar mucho dinero al gobierno de su país, hasta 370 millones de dólares. El segundo tipo de letra en ahorro es Courier (ver ranking), pero la que más tinta ahorra es la conocida como Ecofont, que es una variante de cualquier tipo de letra que incluye pequeñísimos agujeros en cada letra, de forma que ahorra mucha tinta, sin cambiar el estilo de letra, ni apenas su legibilidad. Lo malo es que no es una opción por defecto en los programas habituales, y hay que comprarla.
La económica letra Garamond tiene una legibilidad aceptable, aunque puede que aún algunos sigan prefiriendo la famosa Times, porque el ahorro es poco, o porque lo que más tinta ahorra es no imprimir (además del evidente ahorro en papel).
Valorar lo pequeño es básico en el ser ecologista. El tipo de letra es cuestión de gustos, pero lo importante es destacar que lo pequeño es importante. Que pequeños cambios, pueden suponer grandes cambios. Que necesitamos soñar con grandes cambios, y actuar con los pequeños. Lástima que haya pastillas para dormir, pero no para soñar…
Y no te importe ser raro, porque todas las personas lo somos de alguna forma, y porque en un mundo con tanto horror, ser raro es un buen indicio.
Volviendo al ejemplo inicial, ahorrar en tinta es malo para los fabricantes de tinta. “El negocio de la tinta debe crecer” (dicen las élites políticas y económicas)… ¿Cuando aprenderemos que “crecimiento económico” HOY, significa gastar más recursos de las siguientes generaciones?
Para cualquier compra… No es ecológico, si no es importante (en comparación con sus efectos). El mundo de la moda nos ofrece buenos ejemplos (como la tragedia de Bangladesh, la contaminación por tóxicos, o el desastre del mar Aral)… cuando la moda más ética es no ir a la moda.
Una economía ecológica es lo mejor para la sociedad. Pero no interesa a algunas élites políticas y económicas. Sin embargo… ¡Somos MAYORÍA! Y podemos demostrarlo actuando cada día, en nuestras compras, y en nuestra forma de ver el mundo… y también votando con conciencia en cada votación, como por ejemplo en las próximas elecciones europeas del 25 de Mayo, en la que se presentan algunos partidos muy interesantes, como la coalición Primavera Europea (que incluye a EQUO, y que supone una apuesta clara por la economía ecológica), el Partido Animalista contra el Maltrato Animal (PACMA, que su nombre lo dice todo), o Escaños en Blanco (el partido con el programa electoral más breve, que pide el voto en blanco computable y promete dejar vacío su escaño, con el consiguiente ahorro en sueldo a políticos). Tu voto lo eliges tú, pero elige bien, que nos afecta a todos.
Andrés Montesinos Campos, @Andres_SomE
Portavoz del Grupo Local de Som Energia Valencia
Presidente de la Sección Territorial Valencia de Som Energia
Frente a las energías renovables, y para impedir su avance, están en España las grandes compañías energéticas que forman el conocido oligopolio eléctrico, es decir, Endesa, Iberdrola, Gas Natural-Fenosa, Viesgo y EDP. En España siempre han estado contra el fomento de las renovables, y lo estarán hasta que los echemos por la fuerza de la razón y con la ley en la mano.
Como brazo ejecutor de sus políticas empresariales, donde el único objetivo es la maximización del beneficio, hay algunos partidos políticos que, desde el gobierno, han convertido sus instrucciones en leyes que debemos acatar. Hasta ahora, los principales han sido PSOE y PP, por su responsabilidad en los diferentes gobiernos de España, aunque otros muchos participan por activa o por pasiva en el mantenimiento de los privilegios de estas empresas. No hay más que ver el enorme listado de políticos “giratorios” de los que se nutren sus consejos de administración y los sueldos que perciben por ello (y por cierto, no son sólo políticos de esos dos partidos, y no se colocan sólo en las citadas empresas, sino que el sector energético tiene otras empresas involucradas).
quiebra del sector de las renovables, que fue puntero en España y que representa la mejor energía del presente, y que será mejor aún en el futuro como única alternativa a la decadencia de las fuentes fósiles y nucleares,
y un largo etcétera de sinsentidos (impuesto al sol, hachazo a las renovables…).
Cabe destacar, aunque no en un sentido exclusivo, ese regalo que se ha dado en llamar la posverdad (la cual se basa en que lo importante es que algo aparente ser verdad, aunque no lo sea). ¿No me creéis? Pues solo tenéis que ver en televisión esos anuncios de pretendidas empresas eléctricas “responsables”. Algunas dicen que te regalan electricidad o que te avisan si tu tarifa se puede mejorar para que ahorres el máximo posible. Algunas se venden como si su energía fuera verde, cuando sólo es renovable una pequeña parte.
En este contexto de la posverdad, nos quieren hacer creer que por el monte corren las sardinas, pero es mentira y es fácil de demostrar, a través de la información. Lástima que los grandes medios de comunicación, se encuentren comprados por parte de estas grandes compañías mediante publicidad y regalos a periodistas. Los medios son propiedad de grupos editores que no desobedecerán las indicaciones de tanto político en nomina.
Las noticias pueden, o no, cambiar el foco de atención de la ciudadanía, cambiar su punto de vista, hacerles partícipes del camino que tomamos como civilización dependiente de la energía, o mantenerlos en el placido sueño de los ignorantes. Frecuentemente son muchas las noticias que echo en falta cuando repaso los medios, y frecuentemente me escandaliza su parcialidad y su sumisión a la línea editorial.
Ahora, en plena tarea por alargar la vida útil de las centrales nucleares españolas, podría ser un buen momento para llamar a las cosas por su nombre, y frente a esa pretendida energía limpia y barata que proviene de la quema del combustible nuclear, mirar hacia ese Chernóbil a cámara lenta que es Fukushima. Un accidente que comenzó hace seis años y continuará por muchos más sin visos de solución, visto el estrepitoso fracaso de las medidas adoptadas hasta el momento.
El error de Fukushima era previsible y nos puede servir de revulsivo frente al discurso de esas compañías que construyen posverdad al mismo ritmo que beneficios multimillonarios. Mientras ellas se auto califican de verdes, poseen un parque nuclear obsoleto, y altamente peligroso, que basa sus beneficios en unos precios que bajarían por la entrada de más energía renovable al sistema eléctrico. Eso lo reconoce ya, hasta la Secretaría de Estado de Energía, y hasta el dimitido ministro Soria (el más antirenovables de la historia de España, por ahora).
Más aún, mientras estas grandes empresas se califican de “sostenibles”, también tienen centrales de carbón y de ciclo combinado, donde queman carbón y gas, algo claramente insostenible. Y todas estas tecnologías, incluso la hidroeléctrica, les permiten manipular los precios de mercado (ya que España tiene un sistema injusto y el gobierno se niega a una auditoría para conocer realmente porqué pagamos tan cara la electricidad).
Son también estas mismas empresas las que, mientras se autocalifican de responsables, se oponen a medidas que puedan paliar la pobreza energética en nuestro país.
Pensadlo bien. Mientras estas empresas marquen la agenda política, mientras controlen los medios de comunicación, mientras sigan abrazando las energías sucias con toda la intensidad de que son capaces, seguirán frenando el avance de las energías renovables para sacarle más partido a sus viejas y sucias centrales. El cambio de modelo energético que tan desesperadamente necesitamos, se verá obstaculizado.
Tomemos consciencia, comencemos a cambiar las cosas.
El autoconsumo de electricidad consiste en generar electricidad para utilizarla en el mismo sitio donde se genera y por el mismo usuario. Muchos negocios y particulares están ya usando paneles solares fotovoltaicos. En todos los países ya es rentable. Si tienes espacio y un puñado de euros, no te lo pienses más.
Un reciente informe del Observatorio de la Sostenibilidad propone para España un millón de tejados solares en 2025, que producirían 15.400 GWh para abastecer una población de 7,5 millones de personas (un sexto de la población española). Así, se generarían 15.532 empleos, se evitarían 4,2 millones de toneladas de CO2 y las inversiones se recuperarían en solo 5,7 años.
Otro estudio de la Fundación Renovables resalta que cuatro de cada diez municipios de más de 10.000 habitantes ofrecen descuentos del IBI por autoconsumir energía. Además esa fundación ayuda a todos con el papeleo.
Los paneles solares son un electrodoméstico que ahorra electricidad en vez de consumirla y que en vez de estar dentro de casa está fuera. La electricidad se consume en el momento en el que los paneles la generan. Si se necesita más electricidad, se usará la de la red, como de costumbre. Si se produce más de la que se emplea, la electricidad sobrante se vierte a la red —no se pierde— y te genera un ahorro en tu factura eléctrica. Cualquier empresa instaladora podrá explicarte los detalles de la legislación, pero independientemente de las leyes, es algo tan barato que compensa, especialmente a pequeña escala (instalaciones de menos de 10kw).
En este artículo pretendemos hacer balance de las ventajas del autoconsumo frente a las energías sucias. Junto con los dos estudios anteriores, esperamos que este artículo aúne la fuerza necesaria para que más de uno se anime a instalar sus propios paneles fotovoltaicos (aunque sea solo uno).
Seis graves inconvenientes de la electricidad procedente de energías sucias
Contaminación y afecciones a la salud: Se emiten gases perjudiciales (CO2 y otros tóxicos), que provocan problemas sanitarios y cambio climático, con todas sus serias consecuencias. Hay que sumar la contaminación de transportar y extraer esos combustibles, sus vertidos, desastres de la minería, etc. La contaminación de la industria nuclear es aún peor, por ser residuos tóxicos de altísima duración.
Pérdida de valiosos recursos no renovables: Quemar petróleo nos hace perder esa materia prima para otros usos.
Dependencia energética del país: Importar energías sucias hace que el país dependa del exterior, lo cual es malo para la balanza de pagos.
Dependencia de los ciudadanos: Gracias a la energía fotovoltaica los ciudadanos no tienen que depender al 100% de empresas productoras de electricidad. Eso no significa desconectarse de la red eléctrica (lo cual sería más caro y contaminante por las baterías). El autoconsumo de electricidad es como plantar tus propios tomates en tu ventana, lo cual no te impide comprarlos en la frutería de tu barrio (mejor que en el supermercado).
Pérdidas en el transporte: El sistema de producción centralizada tiene mayor pérdida de energía en las líneas de transporte de electricidad, lo cual requiere grandes inversiones.
Quita espacio a la naturaleza y reduce la biodiversidad: No solo se ocupa el espacio donde se instalan las centrales y donde se almacenan sus residuos (cenizas, basura nuclear…), sino también toda la extensión que requieren las líneas eléctricas. A eso hay que sumar la gran cantidad de aves que mueren electrocutadas. Algunos parques eólicos también requieren ocupar mucho terreno y también provocan daños a las aves.
Ahorra dinero con poca inversión. El coste depende de factores como la potencia a instalar, pero la rentabilidad es estupenda tanto para empresas como para particulares. Podemos resumir diciendo que invertir en energía fotovoltaica es más rentable que cualquier plan de pensiones. La amortización está asegurada, pero calcular el plazo es complejo (como lo es calcular en cuántos años se amortiza un vehículo comparado con el transporte público), pues depende de la potencia, del lugar de la instalación, de si te lo instalas tú mismo, de nuestros hábitos de consumo, de la evolución de los precios de la electricidad, del tipo de paneles, de las subvenciones que se reciban, etc.
La instalación es simple. No se requieren obras y se instala en pocas horas. La empresa instaladora se encargará del papeleo técnico.
La electricidad que sobre se vierte a la red y te genera dinero. En España y en muchos países las compañías eléctricas están obligadas a descontar dinero en la factura eléctrica por esa electricidad vertida. Esto hace que la rentabilidad sea mayor. Nuestro país dependerá un poco menos del exterior y estaremos avanzando hacia la sostenibilidad.
Para potenciar el autoconsumo, en todo el mundo hay muchos países que han regulado el “balance neto” o sistemas similares.
El autoconsumo es clave para poner fin a la crisis energética. Por supuesto que las energías renovables no son la solución a todos los problemas ambientales, pero si conseguimos sociedades sostenibles será gracias a dos aspectos esenciales: reducir el consumo de energía y hacer la transición hacia energías solo renovables.
El autoconsumo reduce muchos gastos de nuestra sociedad: Se reduce la necesidad de nuevas centrales y nuevas líneas. Al reducir la contaminación, se ahorran también muchos gastos sanitarios.
El autoconsumo es una actitud de exigencia de libertad y sostenibilidad. Es un gesto de economía, pero también de rebeldía ante quienes se lucran con la contaminación.
Facilitar el autoconsumo de electricidad es gratis para el Estado, porque lo pagan aquellas personas y empresas que lo deseen. Solo pierden unas pocas empresas energéticas que se lucran contaminando el planeta.
El futuro de la producción energética es descentralizado: pequeños generadores distribuidos son mejores que grandes centrales eléctricas. De la misma forma, el futuro de la producción de alimentos es también descentralizado: pequeños huertos urbanos (en tu balcón, por ejemplo) son mejores que grandes campos de agricultura intensiva, pero ese es otro tema.
El gobierno de España desprecia el sol. No hagamos nosotros lo mismo. La ley debe cambiar pronto, pero incluso aunque no cambie, merece la pena instalar unos pocos paneles solares pues no hay “Impuesto al Sol” para menos de 10 Kw.
Sin duda, el nuevo panorama político hará cambiar la ley para favorecer el autoconsumo solar. El actual gobierno de España es contrario al autoconsumo solar, porque es una fuente de energía cuya materia prima es GRATIS y ACCESIBLE para todos. Aprovechar el sol tiene inmensas ventajas para España (aunque no sea rentable para sus amigos de las grandes eléctricas), como son: mayor eficiencia de la red eléctrica (el 14% de la energía se pierde en su transporte), menores costos en generar la energía y en crear y mantener redes de transporte, menor dependencia de energías fósiles exteriores, menor contaminación, más salud…
¿Qué implica poner paneles solares en mi vivienda o negocio?
La instalación de paneles solares es muy simple y relativamente barata (depende de cuánta potencia queramos instalar). Si tienes tejado o un espacio soleado, poner unos paneles es fácil y empezarás a ahorrar electricidad desde el primer día. Los paneles solares producen electricidad y la inyectan en tu instalación eléctrica para que la consuma tu casa, sin depender del suministro exterior.
Si en algún momento produces más de la que necesitas, puedes almacenarla en baterías pero éstas son costosas y poco rentables en general, salvo que vivas aislado de la red eléctrica. Con una instalación sin baterías, si hay un día soleado y estás fuera de casa, es posible que los paneles solares produzcan en algún momento más electricidad de la que consume el hogar. Con la ley actual, ese exceso se vierte a la red en forma de regalo. Cuando esté aprobado el Balance Neto (debería estarlo pronto) la energía que se vierta podrá ser recuperada más tarde cuando el hogar la necesite (de noche, por ejemplo). El Balance Neto está aprobado en países como Alemania, Holanda, Portugal, Grecia, Italia, Dinamarca, Japón, Australia, Estados Unidos, Canadá y México, entre otros. En España no.
¿Merece la pena instalar paneles solares?
El autoconsumo solar ya es rentable para una casa o negocio. El Balance Neto sólo hará que los paneles solares sean más rentables aún.
El famoso “Impuesto al Sol” es una barbaridad ética y ambiental. Pero la ley NO establece ningún “Impuesto al Sol” para instalaciones pequeñas, de menos de 10 Kw. Por tanto, el que quiera poner unos pocos paneles no tiene más que pagar lo siguiente:
Paneles, microinversor e instalación: El precio depende de la potencia que se desee instalar, pero los precios han bajado muchísimo en poco tiempo. El microinversor se instala entre los paneles y la red eléctrica. La instalación es sencilla para alguien con mínimos conocimientos de electricidad.
Verificación: En una instalación legalizada, la empresa de distribución eléctrica (no la comercializadora de electricidad) ha de verificar la instalación y configurar el contador eléctrico. En esto se tardan 10 minutos pero cobran unos 200 euros.
Otros temas: La empresa instaladora puede cobrar algo si se encarga del papeleo para registrar la instalación (y puede ser dinero bien empleado porque el sistema está pensado para que no sea fácil). Algunos ayuntamientos exigen pagar un permiso de obra. Suele ser un permiso reducido, ya que instalar un panel solar es lo más alejado al concepto de “obra” que se pueda imaginar. También puede haber subvenciones, dependiendo del momento y del lugar donde vivas. Normalmente, las empresas instaladoras saben si hay alguna convocatoria abierta y se encargan de todo el papeleo.
La garantía suele ser de 25 años al 80% (es decir, que tus paneles seguirán produciendo un 80% de su potencia, en el año 2042). Tienes más información sobre el autoconsumo y los trámites en la web del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital.
¿Qué pasa si no legalizo mi instalación?
La ley es tan absurda que contempla multas de hasta 60 millones (el doble de lo que se penaliza un escape nuclear). La instalación es tan simple que la mayoría de las pequeñas instalaciones no están registradas y nadie ha sido multado. No obstante, lo correcto es registrar nuestra instalación para que el sistema eléctrico cuente con ella (para predicciones de consumo, por ejemplo).
Por otra parte, los nuevos contadores, mal llamados “inteligentes”, pueden contar erróneamente como energía consumida de la red la energía que te sobre de tu instalación. O sea, si el contador no está bien configurado puede que pagues por la energía que regales. Esto lo hacen para penalizar las instalaciones no registradas, y para evitar que se instalen paneles (si instalas muchos paneles, será más fácil que te sobre electricidad en algún momento). Si tienes un contador antiguo, cuando regales electricidad solar el contador intentará ir hacia atrás, pero un mecanismo se lo impedirá. En ese caso no pagarás por lo que regales.
Otras soluciones son instalar menos potencia solar de la que gaste tu vivienda en el menor momento del día, o usar sistemas de “inyección cero” (mecanismos que evitan que la electricidad salga de la vivienda: desconectando la instalación solar cuando no haya suficiente consumo en el hogar o aprovechándola para otros fines, como calentar agua).
Entender el contador de tu casa
Si el contador es tipo Enel (los más habituales) podrás ver estos códigos en el display:
Código 1.18.1: Cuando se visualiza este código, a la derecha se muestran los kilovatios hora consumidos (energía activa). Ese valor es el que aparece en la factura y es el que se usa para saber cuánto se ha consumido cada mes. Si tienes una tarifa de Discriminación Horaria (2.0DHA y 2.1DHA), este código muestra el consumo en el periodo caro (punta o P1)
Código 1.18.2: Si tienes una tarifa de Discriminación Horaria este código muestra el consumo en el periodo barato (valle o P2). En el display se visualizan alternativamente este código y el anterior.
Código 1.28.1 (y 1.28.2 si tienes Discriminación Horaria): Si exportas energía activa, este código te dirá cuánta energía ha salido de tu instalación. Pero este código no se muestra directamente, sino que hay que usar el botón amarillo que hay junto al display del contador. Hay que dar una pulsación larga, una corta, dos largas y varias cortas:
Display en reposo → PL (Pulsación larga) hasta que aparece el texto: “Modo de lectura” → PC (Pulsación Corta): “L1 CTTO1” → PL: “Actual” → PL: “1.18.1” → Luego, dar varias PC hasta llegar al código “1.28.1” (y el siguiente será el 1.28.2, si procede).
Ver nota al final para más detalles de los códigos del contador.
¿Por qué el gobierno no fomenta el autoconsumo?
El ministro de energía Álvaro Nadal ha cometido ya demasiadas barbaridades, como por ejemplo, apoyar el “Impuesto al sol” o afirmar que los españoles se tendrán que acostumbrar a pagar más por la electricidad. Es sorprendente que el ministro prefiera que los ciudadanos nos acostumbremos a pagar más, en vez de hacer políticas que reduzcan el precio de la electricidad, tales como favorecer las renovables y recuperar para el Estado las hidroeléctricas (las cuales cobran un 600% más que sus costes usando un recurso público como es el agua).
Nadal y su ministerio presentaron un informe sobre autoconsumo incompleto, sin rigor y claramente falto de objetividad. En palabras de Frederic Andreu, el informe de la Secretaria de Estado de Energía “intenta de manera desvergonzada demostrar el sobrecoste económico que el autoconsumo supone para las arcas del Estado”. Otros estudios concluyen que el gobierno miente por más de 200 millones de euros.
La triste realidad es que el gobierno no tiene como prioridad defender los derechos de los ciudadanos, ni reducir la contaminación. Resulta evidente que este gobierno está más interesado en que las empresas eléctricas ganen mucho. Las puertas giratorias giran a favor de los miembros del gobierno y de sus amigos, que se van colocando en empresas energéticas. Pero la gente está cansada de todo eso. El clamor del pueblo por el Balance Neto y por las renovables dará sus frutos.
Los tres números de los códigos del contador significan, respectivamente: Contrato (por si hubiera varios), Concepto y Periodo (habrá dos en caso de discriminación horaria y aparece marcado con un asterisco el periodo actual). Además de los dos conceptos comentados, hay otros muchos tales como el exceso de potencia (12), maxímetro (16), energía reactiva (58), potencia contratata (135)…
Este artículo se publicó originalmente en El Salmon Contracorriente, y tuvo algunos comentarios interesantes.
La cumbre climática COP25 empezó mal. Primero, por un cambio de lugar en el último momento de Chile a España, debido a unas revueltas contra el gobierno chileno cuyo presidente fue incapaz de resolver. Luego están las emisiones de CO2. Tras 25 cumbres del clima, el CO2 no ha dejado de aumentar, llegando a máximos históricos (407,8 ppm en 2018). Por tanto, las cumbres climáticas COP han sido un clamoroso fracaso (incluyendo el protocolo de Kioto firmado en la tercera cumbre y el Acuerdo de París de la COP21). Por si fuera poco, Trump ha sacado a EE.UU. del Acuerdo de París y, más grave aún, a todos los niveles no cesan de surgir datos que demuestran que vamos por mal camino. Por ejemplo, acabamos de saber que España ha generado un 13% más de basura de plásticos en dos años. Las grandes empresas contaminantes con plástico y Ecoembes están contentos con los consumidores.
Aún hay más: las empresas más contaminantes de España (Endesa e Iberdrola) se han sumado a patrocinar la COP25, en un ejercicio de greenwashingsin complejos de culpabilidad. Por su parte, el Banco de Santander también patrocina la cumbre mientras aumenta la financiación de empresas sucias (nada menos que carbón).
El colmo del esperpento, del greenwashing y de la cara dura lo protagoniza el ayuntamiento de Madrid (PP+Cs) en dos actos. Primero, días antes de la cumbre, Madrid se auto proclama Green Capitalde forma falsa. Ese título lo concede la Comisión Europea y en España solo lo tiene la ciudad de Vitoria. En segundo lugar, el propio alcalde de Madrid ha presumido de que Madrid Central está funcionando muy bien, a pesar de sus feroces críticas anteriores y de que en campaña electoral prometió que eliminaría ese sistema para reducir las emisiones (sistema creado por el anterior equipo de gobierno, el de la alcaldesa Carmena). Hay que tener en cuenta que Madrid Central está entre los sistemas más eficientes de Europa. El ridículo hecho por el alcalde le ha costado recibir algunos insultos.
Por si fuera poco, han surgido muchas críticas hacia Greta Thunberg, desde las más inocentes a las más absurdas (algunas desde el PP). Critican a una niña cuyo mensaje principal es que escuchemos lo que dicen los científicos. Critican al mensajero porque no les interesa que hablemos de su mensaje. Es una vuelta de tuerca más al “cuñadismo climático“. Greta Thunberg está molestando bastante a los que contaminan y a los que no quieren sentirse culpables por no hacer nada.
Entonces… ¿qué sentido tienen las Cumbres del Clima?
Las cumbres climáticas no están funcionando. Sin embargo, peor sería si no existieran. Al menos, la comunidad internacional reconoce el problema y reconoce que es urgente actuar (aunque no se actúe).
La ONU se queja de la “falta de voluntad política” para detener “la guerra contra el planeta” y denuncia que las empresas que más contaminan no están haciendo su parte. Es necesario establecer castigos para los que no cumplan los acuerdos climáticos, sean empresas o países.
Está claro que las conferencias COP son necesarias, está claro que no son efectivas, está claro que se despilfarran muchos recursos en su organización (viajes en avión, comidas…), y está claro que hay mucho donde mejorar. Para empezar, estas cumbres deberían fomentar las videoconferencias para evitar los contaminantes viajes en avión. Además, no deberían utilizar agua mineral ni permitir que las cumbres se aprovechen para que las empresas más contaminantes laven su imagen (greenwashing).
Entonces… ¿qué tenemos que hacer?
El calentamiento en todo el planeta, y en particular en España, es demasiado evidente. Si el calentamiento global no te preocupa, al menos debería preocuparte la contaminación, la sequía, las inundaciones, la pérdida de biodiversidad, la contaminación y la subida del nivel del mar, la pérdida de bosques, etc. Quédate con este dato: solo la contaminación atmosférica en España mata a unas 27.000 personas cada año.
Para alumbrar el camino futuro podemos fijarnos en otras luchas sociales de la Historia. Por ejemplo, hace no muchos años las mujeres no podían votar en España y los negros no podían votar en Estados Unidos. ¿Cómo consiguieron ejercer su derecho al voto? Su derecho a votar no lo consiguieron por el buen corazón de los que ostentaban el poder. Tampoco lo consiguieron exclusivamente con la fuerza de sus argumentos. Tener razón no implica convencer a los que no quieren ver la verdad.
El sufragio universal se consiguió a base de protestas constantes, manifestaciones continuas, argumentos sólidos, debates filosóficos y también gracias a personas incansables —como Clara Campoamor en España o Martin Luther King en Estados Unidos— y a todas las personas que apoyaron esas protestas y a esos líderes.
De la misma forma, la justicia climática (o la sostenibilidad) no se va a conseguir porque tenemos razón. Si se consigue será a fuerza de perseverar y de convencer. Y si no se consigue por las buenas, se conseguirá por las malas, porque toda nuestra sabiduría y nuestra tecnología jamás nos permitirá incumplir las leyes de la termodinámica. Greta Thunberg tiene toda la fuerza que le damos los que apoyamos su mensaje.
Terminará la COP25 y llegará la COP26, la COP27… y seguiremos sin esperar mucho de las COP, porque tampoco esperamos mucho de nosotros mismos.
Los grandes contaminadores están contentos de patrocinar las cumbres del clima: ellos se encargan de que los acuerdos sean papel mojado, porque ellos fabrican productos tóxicos y saben que nosotros se los vamos a comprar.
Andrés Montesinos Campos, @Andres_SomE
Portavoz del Grupo Local de Som Energia Valencia
Presidente de la Sección Territorial Valencia de Som Energia
Mis amigas y amigos de Ecooo y su Revolución Solar vuelven a la carga con un nuevo proyecto, y ya pierdo la cuenta de las veces que lo han hecho y lo han conseguido.
No sé cuánto tiempo de sus vidas dedicarán, en esa cocina experimental de mentes inquietas que forman, a preparar y condimentar con esmero ideas y soluciones posibles. Ignoro los ingredientes, aunque intuyo que hay grandes conocimientos y experiencia técnica hábilmente maridada con imaginación, ilusión y la inteligencia necesaria para que todo esto se transforme en realidades palpables que nos benefician a todas. Y cuando digo a todas, hablo de personas. Sí, a ti también, aunque jamás hayas oído hablar antes de Ecooo y su trabajo en pro de las energías renovables.
Estas buenas gentes llevan doce años como empresa sin ánimo de lucro cuyos beneficios se destinan a informar, sensibilizar y educar para conseguir un nuevo modelo energético, trabajando y creciendo de forma colaborativa y cooperativa, en contraposición al modelo actual imperante de competitividad, ineficaz para satisfacer las necesidades de la gente, a la par que nos conduce directamente al colapso.
Doce años en los que han alumbrado 107 instalaciones fotovoltaicas sobre tejados, consiguiendo que mas de 2.600 personas pudiesen participar y se beneficiasen económicamente de la producción obtenida. Lo que antes estaba solamente al alcance de inversores con cierta capacidad económica, Ecooo lo ha hecho posible para toda la población, fraccionando estas inversiones en paquetes de 100 euros, sin que por ello varíe la tasa de interés que percibe quien invierte.
En los últimos años han socializado 70 plantas fotovoltaicas, algunas mediante “Recupera el Sol” en colaboración con los Grupos Locales de Som Energia en Madrid, Valencia, La Rioja y Navarra. Estas plantas, tras los recortes y eliminación de primas, pasaban por dificultades económicas, con el riesgo de caer en manos de fondos buitre, o de bancos que carecían de los medios técnicos y del más mínimo interés por mantenerlas en funcionamiento.
Lo que Ecooo ha hecho es pagar por las plantas un precio justo y ponerlas a disposición de la ciudadanía, que puede adquirir participaciones y beneficiarse de su producción, manteniéndolas en funcionamiento y aportando todas las ventajas de la energía sostenible. Al contrario de lo que durante mucho tiempo se nos ha intentado hacer creer, las renovables no solo evitan contaminación y gases de efecto invernadero (hasta la fecha, más de 21,700 toneladas de CO2 dejadas de lanzar a la atmósfera por esta iniciativa), sino que también abaratan el precio de la electricidad, lo cual beneficia directamente a toda la población independientemente de su grado de implicación o conocimiento sobre el tema.
En este tiempo, no solo se ha generado una energía de 25.000 MWh (y los que todavía quedan gracias a la larga vida de los paneles solares instalados) sino que ha fluido y esperemos que fluya durante mucho tiempo, otro tipo de energía igual de especial y positiva. Me refiero a la energía entre las personas, porque Ecooo ha trabajado muy activamente en la economía del bien común y se ha fundido con el mercado social, poniendo en práctica su visión de una economía al servicio de las personas y no una economía depredadora de recursos naturales y sociales, que esclaviza en pos de la competitividad y los beneficios accionariales.
Iniciativas como Ecooolocal, están ayudando a varios ayuntamientos de toda España a reducir su factura energética, reproduciendo el modelo desarrollado en el municipio de Rubí. Estos municipios no solo actúan desde un punto de vista técnico para reducir las emisiones y aumentar la eficiencia y el ahorro, sino que reducen la partida de gastos municipales involucrando directamente a las personas, lo cual ha demostrado ser tremendamente efectivo.
Hoy me sorprenden otra vez con una nueva, y desde mi punto de vista, brillante idea: la llaman “Oleada Solar”. Una campaña en la que buscan cien familias con tejados propios que deseen instalar en sus casas autoconsumo solar pese a las trabas que impone el denominado “impuesto al sol” (el cual es sólo para instalaciones superiores a 10 kw).
Cien familias en cuarenta y cinco días, ese es su reto, para conseguir mediante una compra colectiva de los materiales y la instalación de sus paneles, una reducción del 30% sobre el precio habitual de mercado.
¿Y ya está? Para una empresa de nuestro actual sistema económico esto sería más que suficiente, pero ya dije que son mentes inquietas, y la visión de una responsabilidad social corporativa va siempre un paso más allá e incluye al resto de la sociedad, también a quienes no participamos. Además de las ventajas de formar parte de la Comunidad Oleada Solar, al alcanzar las cien participaciones se pondrá en marcha un “Generador Solar Solidario”. Este consistirá en una instalación solar fotovoltaica sobre el tejado de la organización social que decidan libremente las participantes del proyecto.
Así, con ideas y optimismo van trabajando, van sumando, van construyendo un futuro sostenible junto a las personas y para las personas.
Enhorabuena a todas quienes hacen posible este nuevo modelo.
Seguramente sabías que la luz, el humo o el ruido son formas de contaminación. Pero te animamos a que hagas una pausa en esta lectura para reflexionar, primero en qué es contaminar; y segundo, en cuántos tipos de contaminación puedes enumerar. Luego, sigue leyendo y déjanos un comentario con tus conclusiones.
Según la RAE, contaminar es “alterar nocivamente la pureza o las condiciones normales de una cosa o un medio por agentes químicos o físicos”. Pues bien, no son pocas las personas que al pensar en contaminación solo evocan agentes químicos, como pueden ser los vertidos de petróleo en el mar, de aguas residuales en los ríos, o el uso de plaguicidas. Sin embargo, son también muy importantes los perjuicios de los agentes más físicoscomo la luz, el calor, la radiactividad, el ruido, los genes o el turismo.
Tipos de contaminación
1. Contaminación lumínica: El exceso de luz es un tipo de contaminación muy desconocido. Es muy frecuente encontrar sistemas de alumbrado ineficientes, excesivos, mal diseñados, o con un horario de apagado mal programado (farolas encendidas de día o a horas que no son útiles). También afecta la luz publicitaria, la de monumentos, las luces navideñas, etc. Es un problema cada vez más extendido a pesar de las crisis climática y energética. El inconveniente no es solo un sobreconsumo absurdo; o que no se puedan ver las estrellas; sino que afecta negativamente a la fauna, especialmente a las aves migratorias y a los insectos. Alicia Pelegrina es una científica que hace monólogos de humor y una de sus pasiones es divulgar los problemas de la luz. Como ella dice, la luz se ha asociado a cosas buenas y no siempre es así. La iluminación LED tiene buena fama porque ahorra dinero, aunque sin embargo, aumenta la contaminación del cielo. Recomendamos su monólogo ¡Queremos ver las estrellas! (sobre las bombillas LED y el efecto rebote que producen).
2. Contaminación acústica: Un ruido emitido no perdura en el tiempo, pero la exposición prolongada a ruidos tiene efectos negativos para la salud humana y de los ecosistemas. Todo sonido no deseado es contaminación acústica y las fuentes principales son las actividades humanas, tales como el transporte —el tráfico y sus motos—, la construcción, las industrias, y también inventos como las sopladoras de hojas, la música excesivamente fuerte o las motos acuáticas. Ni siquiera bajo el mar hay silencio. El tráfico marítimo, la minería y las prospecciones marítimas producen excesiva contaminación acústica, lo cual afecta a la vida marina, especialmente a los cetáceos.
3. Contaminación turística: Dependiendo de su comportamiento, una única persona puede dañar un ecosistema. Imaginad el daño que producen miles de personas invadiendo ecosistemas naturales, como por ejemplo las playas en verano (sí, una playa es antes un ecosistema que un lugar de ocio). El turismo puede ser altamente contaminante, especialmente si se viaja en avión y sin unas normas básicas de responsabilidad. También puede afectar a otros aspectos, tales como el paisaje, la explotación laboral, la destrucción de ecosistemas o el abuso de recursos como el agua. Un caso evidente es el turismo de campos de golf cuando infecta territorios donde el agua es escasa, como el Sur de Europa. Un poco más lejos, en África, los turistas acosan a los animales para verlos de cerca (no te pierdas este vídeo con lo que pasa cuando unos guepardos consiguen cazar).
4. Contaminación informativa: Este desorden abarca tanto el exceso de información como su falsedad. Las redes sociales facilitan la exposición a demasiados datos, lo cual puede generar estrés y saturamiento. Muchos grupos políticos tienen deseos de divulgar información falsa (bulos) para polarizar a la población, confundirla o desviar la atención de ciertos problemas. Por ejemplo, en España, la dirigente Isabel Díaz Ayuso (del PP) es una experta en levantar polvareda informativa, falsa y conflictiva. Un bulo o una polémica puede generarse en diez segundos, mientras que desmentirlo puede requerir semanas, si es que se logra. Además, que un líder haga el ridículo no cambia significativamente la tendencia de voto de sus votantes. Los errores políticos suelen justificarse con cualquier muletilla. Es obvio que hay que escuchar a todo el mundo con espíritu crítico. Dentro de esta categoría podríamos incluir una educación deficiente, porque tan malo es educar de forma errónea como insuficiente. Y por ejemplo, la educación ambiental es asombrosamente deficiente.
5. Contaminación visual o estética: Se refiere al abuso de elementos que alteran la estética del entorno o el paisaje. Pueden ser carteles publicitarios, cables, chimeneas, antenas, edificios, molinos eólicos, centrales de energía solar (como estas)… Este tipo de contaminación puede afectar a la salud de los individuos, en especial la psicológica. Los molinos de viento no solo pueden afectar al paisaje, sino que también son la causa de grandes mortandades de aves y murciélagos.
6. Contaminación textil: La producción de telas y calzados es responsable de la contaminación del agua y de emisiones de gases de efecto invernadero. Hasta la ropa de segunda mano tiene un impacto oculto, en el que muchos no piensan. Pero aquí queremos resaltar que la ropa en sí misma puede estar contaminada con productos tóxicos procedentes de los procesos de limpieza o estampado. Al estar en contacto con tu piel estarían intoxicando tu cuerpo. La ropa vieja, al haber sido lavada muchas veces, tendría menos problemas en este sentido.
7. Contaminación térmica: Cambiar la temperatura de un ecosistema puede tener efectos negativos. Por ejemplo, las centrales nucleares necesitan estar cerca de grandes fuentes de agua para su funcionamiento y vierten al medio agua caliente sobrante. El aumento en la temperatura del agua afecta negativamente a la biodiversidad, reduce la solubilidad de oxígeno y aumenta el metabolismo de los animales acuáticos, lo cual los lleva a consumir más alimento, reduciendo los recursos del ecosistema. El efecto contrario se produce en las plantas regasificadoras de gas. Estas plantas reciben gas líquido (GNL) y lo devuelven a su estado gaseoso. Para ello, usan agua (normalmente del mar) y la devuelven más fría. ¿Podría considerarse el calentamiento global un tipo de esta contaminación?
8. Contaminación electromagnética: Los equipos electrónicos, torres de alta tensión, transformadores, antenas de telefonía móvil, electrodomésticos, routers, etc. producen campos electromagnéticos que pueden afectar a la salud. Aunque la ciencia no ha demostrado efectos adversos, es cierto que hay personas en las que son muy notables sus perjuicios (hipersensibilidad electromagnética).
9. Contaminación genética: La difusión de genes de forma incontrolada es un problema imposible de cuantificar o de evaluar. Los genes pueden ser de organismos artificiales (transgénicos, OMG) o naturales, y se pueden contaminar tanto cultivos como poblaciones salvajes. Por ejemplo, si se planta maíz transgénico en un terreno, no se puede plantar maíz ecológico a decenas de kilómetros, porque el polen viaja por el viento y contamina las plantas, sus frutos y sus descendientes. Las consecuencias pueden permanecer desconocidas para siempre. Liberar un organismo vivo —como una semilla— en un ecosistema del que no procede es contaminación genética, pues dicho organismo podría transmitir sus genes (por reproducción o hibridación). Es un problema grave para la biodiversidad y tan inconmensurable que dispara la imaginación literaria.
10. Contaminación espacial: Orbitando alrededor de la Tierra hay toneladas de basura: satélites viejos, partes de cohetes, fragmentos de pinturas, tornillos… El principal problema no es estético, sino ético y práctico. La basura cae regularmente a la Tierra y puede causar serios problemas, ya que es complicadísimo predecir el lugar de caída. Además, las colisiones pueden romper satélites útiles y producir más basura espacial (síndrome de Kessler). En 2008, había 2000 satélites activos. Ahora hay más del doble. Y se siguen lanzando más. Los científicos piden que la órbita baja de la Tierra sea un ecosistema protegido.
11. Contaminación del suelo: Es un tipo de contaminación química. Lo más usual es la presencia de pesticidas de la agricultura (que también contaminan acuíferos y mares). El suelo también puede contaminarse por múltiples otras causas, tales como por invasión del agua marina (al abusar de los acuíferos costeros), por purines de la ganadería, o por basuras urbanas o industriales. No es raro que la extracción de hidrocarburos, su procesamiento y su almacenamiento acaben contaminado el suelo en donde se llevan a cabo todas esas actividades.
12. Contaminación hídrica o del agua: Aunque los vertidos de petroleros son muy impactantes, el origen principal de esta contaminación está en la ganadería, la agricultura, las industrias y las ciudades que no depuran bien sus aguas negras. La pesca es otro enorme foco de contaminación para el mar (aparejos y redes se pierden o se abandonan). Tal vez, la pesca de arrastre sea la más responsable en contaminación de plásticos, metano y CO2, pero otros artes de pesca —como el palangre— también tienen un impacto desmedido. Otra fuente de contaminación es la salmuera que vierten al mar las plantas desaladoras de agua. Esta agua eleva la salinidad y la temperatura de las aguas circundantes al punto de descarga, afectando negativamente a especies como la Posidonia. Por otra parte, la desalación tiene otros impactos ambientales. Una fuente de contaminación del agua de la que se habla poco son las lavadoras, por la enorme cantidad de detergentes y fibras que liberan a las aguas residuales y que las depuradoras no pueden eliminar. Lavar menos la ropa, con menos detergente y usar ciclos cortos ayuda a reducir este tipo de vertidos. La UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) estimó que la mayoría de los microplásticos en el océano provienen de lavar la ropa (34,8%).
13. Contaminación atmosférica o del aire: Junto con la contaminación hídrica, es posiblemente la más conocida. El ser humano vierte a la atmósfera toneladas y toneladas de gases contaminantes, desde el conocido dióxido de carbono (CO2) a otros gases como los óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno, metano, ozono, etc. Algunos son tóxicos para la salud. Otros producen el cambio climático o la lluvia ácida. Abandonar los combustibles fósiles y reducir el consumo de lácteos y carne ahorraría millones de vidas. En este apartado también se incluye la contaminación por partículas (lo cual es directamente cancerígeno) y la innombrable contaminación de interiores: muchos piensan que en su casa están a salvo de la contaminación, cuando son ellos mismos los que ensucian el aire que respiran con limpiadores, barnices, pinturas, desinfectantes, ambientadores… o tabaco.
14. Contaminación radiactiva o nuclear: La presencia no deseada de sustancias radiactivas en el entorno es algo altamente peligroso para la salud y casi imposible de eliminar. Es uno de los motivos por los que las centrales nucleares deberían ser cerradas de forma urgente. Esta contaminación normalmente afecta al suelo, al aire y al agua. Es una de las llamadas “nuevas entidades“.
15. Contaminación postal: El envío de paquetes ha crecido enormemente por las ventas online. Esto dispara la otros tipos de contaminación especialmente para transportar el paquete en los últimos kilómetros (hasta tu casa). El colmo es el tráfico de las devoluciones. Muchas empresas no tienen capacidad de tratar esas devoluciones y acaban tirando a la basura sus productos. Los efectos secundarios de esta contaminación son el cierre de comercios de barrio, el consumo compulsivo, la destrucción de productos no vendidos o devueltos, la venta de datos personales a otras empresas y la destrucción de los embalajes. Por eso, ya se ha propuesto que los paquetes sean devueltos vacíos para ser reutilizados.
16. Contaminación del cuerpo: Introducir sustancias nocivas en nuestro propio cuerpo es contaminarnos. Puede ser de forma voluntaria en forma de malos hábitos alimenticios (como los excesos de azúcar, de grasas animales, de sal, etc.) o de drogas como el tabaco o el alcohol, entre otras. También puede ser de forma involuntaria, por ejemplo al respirar o ingerir productos contaminados. Por concretar en ejemplos concretos, casi todas las bebidas están contaminadas con microplásticos y gran parte del pescado está contaminado por mercurio (particularmente el atún y otros peces carnívoros) y, sin embargo, la mayoría de la población lo desconoce.
Podríamos haber puesto en epígrafes independientes algunos tipos de contaminación incluidos en los anteriores, tales como la contaminación por plásticos, o por aparatos electrónicos. En todo caso, es fundamental que, cada uno, desde nuestro lugar, actuemos diligentemente contra todo tipo de contaminación. Simplemente hablar de esto, es un gran avance. Otra cosa es comprometerse a votar a formaciones comprometidas.
Pregunta: ¿Qué imagen o tipo de contaminación te ha impactado más? (puedes contestar en nuestros comentarios de abajo)
Muchos bancos y fondos de inversión están retirando dinero de las petroleras (incluyendo muchas universidades). La llamada desinversión está calando fuerte, bien por motivos ecológicos o económicos. El negocio del petróleo se está hundiendo. Sabemos que lo peor está por llegar y que no tardará. Pero la conciencia ambiental nos pide dar un paso más: no invertir en esas industrias y tampoco aceptar dinero de ellas. Por eso, los principales museos y centros culturales de Ámsterdam no aceptan dinero de las industrias más contaminantes y renuncian al patrocinio de las energías fósiles.
¿Qué pasa con los museos españoles?
Desgraciadamente, una rápida investigación por sus webs revela que hay mucha industria sucia lavando su imagen con patrocinios culturales. Veamos unos pocos ejemplos:
Museo Thyssen-Bornemisza: Museo de propiedad pública desde 1993, acepta como patrocinadores algunas de las empresas más conflictivas o contaminantes de España: Endesa, Iberdrola, BBVA o Coca-cola.
Museo del Prado: también recibe dinero de Endesa, Iberdrola y BBVA.
Museo Nacional Reina Sofía: tiene como “amigos benefactores” o “protectores” a Repsol, Banco de Santander, BME, Casino de Juego Gran Madrid, Casino.es, BBVA, Iberdrola, o Zara.
Museo Guggenheim: tiene como “patronos estratégicos” a Iberdrola y BBVA.
Si no tienes claro el porqué citamos las empresas anteriores como negativas te recomendamos leer esta lista de empresas tóxicasy esta crítica a casi todas las empresas del IBEX-35. Es bien sabido que Endesa es la empresa más contaminante de España y, al parecer, también es la que más dinero dedica en lavar su imagen. Sus clientes aún ignoran que hay empresas más baratas que venden electricidad 100% renovable y que cambiarse es muy fácil, sin ningún inconveniente.
Dan ganas de no ir a esos museos, pero no es eso lo que recomendamos. Sugerimos protestar de forma que se enteren: reclamar en persona, por mail, por teléfono o usar las redes sociales para visibilizar nuestra enérgica protesta. Menciona sus cuentas y enlaza este artículo. Si nos mencionas en Twitter, te haremos RT.
¿Se puede tener coche y estar contra las petroleras?
Tengas o no coche, estar contra las petroleras es lo único sensato. Lo que no es sensato es permitir que industrias tan contaminantes sigan comportándose como si el planeta fuera exclusivamente suyo.
En las manifestaciones por el clima o contra las petroleras se puede criticar a los manifestantes que acuden viajando en coche. Es una crítica legítima, pero poco consistente. Esos manifestantes preferirían, sin duda alguna, no tener que manifestarse aunque ello implicara no poder usar su vehículo privado.
Estar en contra de algo no nos obliga a ser 100% coherentes (aunque eso sería lo ideal). Casi todo el mundo está en contra del maltrato animal y, sin embargo, el porcentaje de veganos es aún muy bajo. ¿Ignorancia? ¿Comodidad? No lo sabemos.
Sugerimos seguir visitando museos, pero os invitamos a informarse sobre los patrocinadores y solicitar que, al menos, no sean las industrias más contaminantes.
El museo @MuseoThyssen acepta como patrocinadores a las empresas más contaminantes de España: Endesa Iberdrola Coca-cola… Otros museos de Europa desprecian el dinero sucio de empresas sucias:https://t.co/XBNAC2b9Ru
Para algunos la difícil situación global en la que nos encontramos sólo es la oportunidad perfecta para beneficiarse. Élites extractivas que gestionan el mundo a su antojo, irresponsables del daño que producen. No me refiero a la coyuntura económica, ni al futuro laboral que nos proponen de contratos precarios por horas (fíjense en Alemania, motor en paupérrimos contratos basura). Me refiero a la élite parecida al triunvirato romano basado en el poder político, energético y bancario; dejando un poco de lado a los otros poderes históricos el militar y el religioso. Ya el pobre militar ahonda en la crisis con unos recortes de un 25% en los 4 últimos años, los soldados juegan felizmente a una guerra virtual en simuladores, con el consecuente ahorro económico y energético que no hacer prácticas reales supone.
Estos señores elitistas avanzan por un camino desorientado para nosotros, estratégicamente delineado para ellos. No hay solo que mirar las últimas concesiones absurdas del ministro de industria, Sr. Soria, al gigante energético REPSOL. En menos de un año de mandato hizo del problema con Argentina por el expolio de sus recursos un enfrentamiento diplomático casi a vida y muerte, vistiendo a toda España de la camiseta de REPSOL. Las cosas no son así. La expulsión de la multinacional REPSOL YPF de Argentina no es el problema nacional. Yo no me pongo esa camiseta con una empresa que gestiona y da dividendos a directivos de distintos países y continentes. Seamos razonables ¿Usted se imagina que algún iluminado político español hubiese vendido los derechos del jamón ibérico? Entiendo que a falta de recursos energéticos propios, el jamón podría ser, de hecho lo es, un producto codiciado por otros países. Por muchos contratos que hayan firmado ese jamón es de aquí, tanto como los recursos argentinos son de allí.
Otra extraña concesión es el tema de las prospecciones aprobadas en nuestra costa española (Canarias y Málaga). Empeñados de que hay gas, puede que haya gas, seguro a pequeña escala. Más seguro es que hay sol, aire y mar. Lo digo por las energías limpiasaparentemente olvidadas en los presupuestos. Si hay gas, se encuentra a más de 1000 metros de profundidad. Recuerdo el desastre que supuso el fallo de unas válvulas en el accidente de la petrolera BP en el golfo de México en abril del 2010 por estar a estas profundidades: Millones de litros de crudo vertidos al mar en un desastre ecológico con precedentes. Cosas que pasaron, pasan y pasarán si no ponemos remedio. Todo les da igual: que el pueblo se oponga, o que los ecologistas se tiren de los pelos. Hasta el propio alcalde de Mijas hizo unas declaraciones desesperadas rechazando los pozos en la costa por sus graves consecuencias. Y eso que este alcalde es del mismo partido que el gobierno que aprueba las prospecciones.
Es absurdo que el ministro canario se la juegue de esta manera, a no ser que se fije en el camino seguido de muchos ex políticos, como el ex presidente Felipe González consejero de de Gas Natural, o el ex presidente José Mª Aznar de Endesa. O lo poco que tardó, 3 meses, la ex ministra Salgado en llegar a Endesa. Y es público que el ministro de medio ambiente, el Sr. Arias Cañete, tiene acciones en petroleras, además de muchos otros contratos de los que hoy no voy a hablar. Es, en resumen, muy llamativa la conexión político-energética, y me da qué pensar sobre el trato de favor del ministro Soria a susodicha compañía petrolera.
Estas élites extractivas no sólo detraen rentas de la población por impuestos, sin crear riquezas, para el beneficio propio. También favorecen el negocio de algunas empresas, en este caso las energéticas, para que una vez acabado tu mandato en la política les contraten como asesores con sueldos escandalosos. Encuentro absurdas e infundadas las excusas de que atraerían más turismo a la zona… no existen “Viajes turísticos a las plantas de extracción de gas”. Esta claro que estas decisiones no benefician ni al pueblo ni al planeta: Los beneficios son para unos pocos, los riesgos y los daños para muchos, como ya vimos en el desastre de BP en el golfo de México. Hay soluciones para la crisis energética, como presenta Greenpeace en su informe “Energía 3.0” (además de otras soluciones aportadas por BlogSOStenible)La batalla energética está servida, y las prospecciones en nuestro litoral no son la solución, y tendrán un grave impacto en un ecosistema ya deteriorado.
Volar ha sido un sueño del ser humano. Ahora lo podemos hacer a buen precio. Es barato (en dinero). Pero tiene, al menos, cuatro costes ocultos que pagamos todos (los que vuelan y los que no vuelan). El primer coste oculto es el de la contaminación, el segundo son las ayudas públicas, el tercero es la masificación turística y el cuarto coste oculto es la precariedad laboral.
1. Contaminación por correr y volar
Los viajes de bajo costo han multiplicado el número de vuelos y están convirtiendo a las compañías de bajo coste, como Ryanair o EasyJet, en las empresas más contaminantes, adelantando incluso a las empresas que queman carbón. Si viajar en avión contamina demasiado, aumentar el número de vuelos multiplica los efectos de la crisis climática. Sobre los efectos de los vuelos en avión recientemente hemos publicado un resumen con este vídeo breve.
2. Dinero de todos para las empresas que contaminan
Los aeropuertos que no son rentables reciben dinero público. También reciben dinero público las compañíasaéreas. Ryanair ha recibido al menos 236 millones de dinero público (y se investiga si son ayudas ilegales). Es imposible saber cuánto dinero se destina a fomentar este tipo de vuelos, porque las ayudas las dan los gobiernos a todos los niveles (local, autonómico y estatal).
Se ha denunciado que las subvenciones a los vuelos desde Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla son un “chollo” para las aerolíneas, a costa de todos los españoles. La gente más rica es la que más se aprovecha de estos vuelos subvencionados, porque los ricos son los que más viajan. Se subvenciona hasta el 75% del precio, pero solo se benefician las aerolíneas y los que vuelan. ¿Y si ese dinero se destinara a sanidad, educación o crisis climática? ¿No sería más rentable y lo disfrutaría más gente?
También reciben subvenciones las empresas constructoras de aviones comerciales. El auténtico negocio de esas empresas está en los aviones militares (que paga el contribuyente, aunque no los quiera) y en las subvenciones directas (que también pagas tú, vueles o no) o indirectas (a través de contratos militares).
Por último, también se subvenciona el combustible de los aviones. La gasolina para los coches tiene muchos más impuestos. Un reciente estudio concluye que “las ayudas a la aviación son en parte responsables del rápido crecimiento de las emisiones de efecto invernadero del sector” que ha crecido a más del doble en los últimos años. Es una contradicción firmar acuerdos ambientales (como el Acuerdo de París) y subvencionar viajes en avión.
3. Turismo masivo e insostenible
El turismo y todo lo que implica (vuelos, regalos, recuerdos, aire acondicionado de los hoteles, gasolina…) es responsable de casi el 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero, lo cual llega hasta el 80% en algunos países. Para un turismo responsable hay que cumplir ciertas normas, y entre las más básicas está la de NO viajar en avión.
El turismo genera empleo y riqueza. Sin embargo, si se hace a costa de destruir nuestro futuro y el de las siguientes generaciones, entonces eso NO es riqueza, aunque el maldito PIB diga lo contrario. Por otra parte, un turismo masivo es muy molesto para los ciudadanos y no es extraño que surja la turismofobia.
4. Si vuelas barato, abusas de los trabajadores
Los empleados low cost de las compañías de bajo coste son los modernos esclavos que se ocultan detrás de un viaje barato: sueldos precarios, horarios imposibles, medios y preparación insuficientes, lesiones laborales, trabajo temporal, derechos mínimos, amenazas… Todo eso y más es lo que se fomenta volando barato.
Las compañías de bajo coste recortan gastos absurdos, pero también gastos esenciales en una sociedad justa. Por supuesto, es responsabilidad del gobierno controlar esos abusos, pero cuando el gobierno no lo hace… ¿hasta dónde es responsabilidad de los que viajan barato y saben las consecuencias?
Conclusiones
Sorpréndete: Pincha aquí para ver un vídeo breve sobre las implicaciones que tiene volar en avión.
Si queremos hacer cierto el lema que proclama que “el que contamina, paga”, tenemos que aumentar los precios de volar y de hacer turismo. Eso es algo que no gusta a nadie (a los ecologistas también les gusta hacer turismo), pero si queremos la sostenibilidad tenemos que actuar.
Dedicar dinero público o privado a sectores contaminantes como la aviación es insostenible desde el punto de vista ambiental. Mientras el sistema colapsa, algunos se están forrando a costa de todo(s) lo(s) demás. Una cosa es cierta: los viajeros de los vuelos low cost son felices en su ignorancia o en su indiferencia.
«Gris que te quiero verde pretende ser un mapa para esquivar la crisis ecológica y el colapso de nuestra sociedad civilizada»
El objetivo del libro es tremendamente ambicioso (como el de Blogsostenible). Lo que está en juego no es (probablemente) el fin de la vida en la tierra, ni el de nuestra propia especie. Lo que podría perderse es lo que permite a nuestras sociedades avanzar. Nos hemos industrializado demasiado y ahora, avanzar significa decrecer. Tal vez, los que menos cambios notarán serán las sociedades menos industrializadas. Si no hacemos nada, los países ricos podrían perder no solo su hegemonía, sino también sus fronteras, sus derechos y su bienestar.
Este libro de Europa Ediciones (2023), con su lenguaje sencillo y directo podría ser parte de un punto de apoyo en el que hacer palanca para aumentar la fuerza en la dirección necesaria.
La epidemia del COVID y el calor del verano han sido pequeños avisos de lo que puede pasar cuando se toquetean a lo loco los controles planetarios. Podemos decidir seguir ignorando lo que dicen científicos y ecologistas. Es una opción, pero también podemos optar por tomar acciones contundentes, aunque ello suponga sacrificios (principalmente a los más acomodados, a los que menos esfuerzo les debiera suponer que, en muchos casos, son también los que más se niegan a perder sus abundantes privilegios). Esos millonarios deben aprender que su impacto ambiental es sencillamente intolerable y que reducir la desigualdad crea sociedades más seguras para ellos, más éticas y, por supuesto, más felices. La ecología y la solidaridad son partes irrenunciables de un camino hacia el mejor futuro posible.
En los 13 años de Blogsostenible se han publicado más de 750 entradas, casi todas ellas por el autor de este libro. Se ha intentado dar una visión resumida y razonada de los distintos temas que debieran preocupar a nuestra sociedad: energía, alimentación, transporte, crisis climática, consumo, economía, bienestar animal, personajes especiales, ecofilosofía, buenas noticias y buenas prácticas… y también libros resumidos que pueden propiciar el cambio que necesitamos hacer. De todo ese material, hemos seleccionado 152 artículos para este libro, 351 páginas en papel reciclado y a letra grande para que sea fácil de leer a cualquier edad. Además, el autor donará todos los beneficios por este libro a proyectos tanto ambientales como humanitarios.
Podrán reprocharnos muchas cosas, pero nosotros intentamos que el mensaje llegue claro y fundamentado, con la fuerza que tenemos y con la que nos prestáis todos nuestros lectores, simpatizantes, fans y curiosos. Gracias por seguirnos también por las redes.
Presentación del libro en Málaga:
Fecha: Miércoles, 22 de noviembre de 2023, a las 18 horas.
Lugar: Salón de actos del centro Plaza Montaño, C/ Dos aceras, 23 (junto al vivero de Aulaga, Málaga).
Noruega ha prohibido los coches de gasolina y diésel a partir de 2025. Las restricciones hacen que ya no compense comprar un coche nuevo de ese tipo, ya que pronto no podremos acceder con ellos a muchos países o ciudades. Noruega también ha prohibido la deforestación de bosques.
Islandia replanta a toda prisa los bosques arrasados por los vikingos. El calentamiento global hace que allí los árboles crezcan más rápido. También reducirán en 40% sus emisiones de GEI para 2030, para lograr los compromisos de la COP21.
El Colegio de Biólogos declara que la caza no es sostenible y es un riesgo para la fauna: Si la caza fuera una actividad de conservación, ecologistas y biólogos la apoyarían sin reservas. En cambio, ambos colectivos tienen claro que la caza es contraria al bienestar de los animales y de los ecosistemas por múltiples motivos. El lobo, la codorniz y la tórtola son especies que requieren moratorias de caza para garantizar su conservación. Es otro punto en el que ecologistas y animalistas coinciden. La caza es contraria a la conservación, cosa que se demuestra porque en muchos cotos de caza tienen que liberar especies salvajes criadas artificialmente, debido a que apenas hay individuos a los que disparar.
Victoria animalista en Almadén: Ese ayuntamiento iba a soltar conejos en la plaza de toros para que los perros los descuartizaran. La movilización de la ciudadanía ha conseguido que se paralice esa salvajada.
Rechazo al museo de caza: Un rico cazador quería exponer sus cientos de animales abatidos y disecados, pero la oposición masiva lo ha impedido. La sociedad entiende que matar animales no es un acto para presumir.
Buenas noticias para los cetáceos: Desde la libertad de algunas de las orcas y belugas de la famosa cárcel de ballenas rusa, a la prohibición de mantener cetáceos en cautividad en Canadá o a la prohibición de nadar con delfines en el mar en Nueva Zelanda, terminando con el santuario para delfines en Bali (Indonesia). España es el país de la Unión Europea con más cetáceos cautivos y muchos mueren cada año.
El informe más demoledor contra la energía nuclear: ni es limpia ni económicamente viable. Recientes estudios confirman lo que los ecologistas llevan años diciendo. El informe concluye que ninguna de las más de 600 centrales nucleares construidas en el mundo ha sido competitiva: han funcionado y continúan operando solo porque los gobiernos las han subsidiado de forma generalizada. “La energía nuclear nunca fue diseñada para la generación de electricidad comercial: estaba dirigida a las armas nucleares”.
España declara el estado de emergencia climática: A pesar del único voto en contra del partido Vox, la lista de declaraciones similares no para de crecer y ya son miles, desde países (como Irlanda, Canadá, Francia o Argentina) hasta instituciones de todo tipo (como universidades). La ciencia habla, pero aunque el cambio climático fuera mentira la realidad es tozuda y no hace falta ser científico para ver que nos estamos pasando de contaminación y destrozo medioambiental. Es obvio que los políticos de Vox saben que el cambio climático es real, pero lo niegan por intereses políticos/económicos que no van a revelar. ¿Su plan es seguir contaminando sin sentimientos de culpa?
Suspendida cautelarmente la recogida nocturna en olivares “superintensivos” para salvar miles de aves: Aunque la medida es temporal, esperamos que los estudios aclaren si debe hacerse definitiva. Las organizaciones ecologistas como SEO y WWF han mostrado su alegría ante esta medida.
Rusia ha protegido 300.000 hectáreas de bosque virgen en Dvinsky: El bosque primario de Dvinsky ocupaba más de 1.150.000 hectáreas en el año 2000. Ahora solo quedan 700.000. Es decir, la zona protegida no llega ni a la mitad de lo que queda. Hay que agradecer a Greenpeace y a WWF su contribución a este logro. La mejor forma de agradecerlo es hacerse socio de estas ONG.
La UE parece decidida a plantar cara a la obsolescencia programada: Acortar la vida de los aparatos para forzar a que los consumidores compren aparatos nuevos será controlado. Los aparatos deben tener piezas de recambio durante al menos 7 ó 10 años, según cada caso. Esta medida ahorra agua, CO2, materiales y mucha energía. La norma es mejorable pero es un primer paso para que la industria tome nota. Las averías “sospechosas” deben desaparecer, pues generan muchos residuos que aún no sabemos/queremos tratar adecuadamente. Se estima que alargando 1 año la vida de aparatos electrónicos se ahorran 4 millones de toneladas de CO2. Por ejemplo, muchas cafeteras se diseñan para que no se puedan abrir y así, averías que se repararían de forma cómoda y barata implican tirar el aparato. Recomendamos este breve documental.
Endesa se rinde ante las críticas y ante las renovables: Cerrará sus centrales de carbón, empezando por la de León (Compostilla) y la de Teruel (llamada Andorra). También ha solicitado cerrar la central de As Pontes (A Coruña) y la de Carboneras (Almería), la más contaminante de Andalucía. En esta última central quería quemar residuos de invernadero en sustitución del carbón. Quemar basura puede ser barato pero jamás será “ecológico”. Pensemos que solo ha solicitado el cierre de estas centrales, lo cual no implica que se vayan a cerrar. La presión en la calle y la pérdida de clientes a favor de empresas de renovables, está haciendo el cambio.
El TC confirma que la Red Natura 2000 no es urbanizable: El Tribunal Constitucional deja claro que la Ley del Suelo de Extremadura es inconstitucional. Por tanto, el complejo urbanístico Marina Isla Valdecañas es ilegal. Tras 12 años y 3 sentencias a favor de los ecologistas se debe restaurar lo dañado para dejarlo en su estado original. Queda claro que los poderes públicos no están respetando la legalidad y esperemos que no ocurra en este caso como el hotel Algarrobico de Almería.
Europa, el primer continente en declarar la “emergencia climática”: El Parlamento Europeo lo tiene claro, aunque algunos partidos han votado en contra. Los únicos representantes españoles en votar en contra han sido los diputados de Vox. La declaración no implica acciones concretas pero empuja claramente a un cambio de modelo económico/energético, pese a quien pese.
Las familias veganas piden menús escolares libres de crueldad: Los nutricionistas y las organizaciones científicas lo tienen claro: «cualquier persona, de cualquier edad, puede llevar una dieta 100% vegetal». Las familias se están uniendo para pedir comprensión y una mayor sostenibilidad. Los niños veganos no quieren comer “animales muertos”. Por su parte, los padres tienen derecho a educar a sus hijos en la cultura del respeto a los animales. Cada vez es más frecuente encontrar gente vegana, vegetariana o flexitariana. ¿Sabes sus motivos?
Financiación ética O peto(web en gallego): Una entidad financiera de microcréditos a proyectos sociales, culturales y apoyando a gente en riesgo de exclusión.
Fabricar vaqueros con antiguos vaqueros Back to Eco (Barcelona): Reducir el consumo de materiales y de energía es el objetivo, pero lo más eficiente es usar la ropa hasta el final y evitar desechar ropa rápidamente.
Productos locales y ecológicos desde Mijas (Málaga): Pretenden mucho más que eso (recuperar semillas antiguas, biodiversidad, recuperar herramientas tradicionales, fomentar la economía local…).
Reparar y vender bicicletas (Zaragoza): Además del dar más vida a las bicicletas, esta cooperativa tiene mensajería en bicicleta, donación de bicicletas y tienda de ropa de segunda mano.
Difundir las noticias ambientales (entre amigos, en las redes sociales…) tiene un gran impacto positivo. Si las noticias son buenas, el impacto es aún mayor. Gracias por difundir nuestros artículos.
Un ecosistema es un sistema biológico constituido organismos vivos y el medio físico donde se relacionan. Algunos ecosistemas son reconocidos y la opinión general es que deberían conservarse. Así ocurre con los arrecifes de coral, las selvas tropicales o las sabanas africanas. En cambio, hay otros ecosistemas que son sistemáticamente maltratados y no hay conciencia de que sean ecosistemas valiosos. A veces, es triste constatar que se defienden verbalmente los ecosistemas lejanos mientras se maltratan los paraísos cercanos. Veamos unos ejemplos:
Bosque: Para algunos, si no está protegido no tiene valor
Unas 12.000 hectáreas de bosque ardieron en Huelva (septiembre 2020), un clásico punto negro de incendios en Andalucía. El gobierno local (PP) dijo literalmente en boca de su consejera de Desarrollo Sostenible que esos árboles “no tienen mucho valor ecológico“. Es cierto que unas 1.600 hectáreas eran de eucaliptos de la empresa papelera Ence y, aunque los eucaliptos son tal vez mejores que los naranjos, no dejan de ser cultivos y no bosques. No obstante, las palabras de la consejera indignaron a mucha gente que se sentía incomprendida ante la pérdida de un patrimonio natural inmenso, pues también ardieron dehesa de encinar, pinares, pastos y monte bajo.
La incultura ambiental es grande en la clase política. Lo vemos cada día. Por eso es importante proteger los ecosistemas con alguna de las muchas figuras de protección que existen: Parque Nacional, Parque Natural, Red Natura 2000, ZEPA… porque para algunos lo que no está protegido, no es valioso. Para otros, incluso aunque esté protegido sigue sin ser valioso (véanse las agresiones a Doñana o el caso de El Algarrobico almeriense, por citar solo dos ejemplos). Para evitar el colapso ambiental deberíamos, como mínimo, proteger el 50% del planeta y no destrozar el resto.
Río y cloaca son sinónimos en muchas ciudades
Llevamos tantos años sin bañarnos en los ríos principales que creemos que eso es lo normal, pero no. Los ríos no son solo el lugar más cómodo para tirar lo que nos sobra. Los ríos son ecosistemas y de su buen estado depende nuestra calidad de vida. La incultura ambiental es tan grande que aún hay algunos que piensan que el agua de los ríos se tira al mar y no entienden ni lo más elemental del ciclo del agua.
Algo estamos haciendo muy mal mientras no podamos bañarnos con seguridad en todos los ríos y en cualquier tramo. España es el peor ejemplo: la falta de depuradoras lleva a España a pagar la mayor multa de su historia a la UE. Ya hemos pagado 32,7 millones de euros por incumplir una directiva de hace 29 años, y la multa sigue subiendo, porque la directiva sigue sin cumplirse. Un ejemplo clásico es Nerja en Málaga que no deja de echar aguas residuales al río Chíllar y al mar. El río Cega (Segovia) es solo otro río más contaminado por los agricultores. ¿A qué clase de políticos elegimos en España?
Una playa es un ecosistema, no un centro de ocio
En las playas hay mucha biodiversidad, aunque algunos solo ven las moscas, cuando les molestan. Las playas son ecosistemas muy valiosos y cada vez más, debido a que están desapareciendo las pocas playas “naturales” que quedan. Se llenan de casas, de turismo, de espigones, de puertos deportivos, de piscinas y de campos de golf. Regenerar playas artificialmente con arena es también una mala inversión económica y ambiental.
Las tortugas se quedan sin lugar donde desovar y las aves se tienen que ir a otros lugares, al menos durante el verano. ¿Consentiríamos que los mejores bosques fueran invadidos por turistas en masa? Por eso, proponemos que al menos el 10% de todas las playas (todas) sea acordonado y no se invada nunca, ni en verano. Perderemos zona de baño, pero ganaremos en educación ambiental y compartiremos espacio con nuestras hermanas las tortugas, las aves… y las moscas.
Un desierto no es algo muerto
Todos hemos escuchado alguna vez eso de que en el desierto teníamos que poner paneles solares. Las renovables son una punta de lanza del ecologismo, pero no siempre las renovables son ecológicas. En los desiertos hay mucha biodiversidad, aunque no todo el mundo la vea ni la valore. Llenar el desierto con paneles solares no es ecológico y menos aún cuando tenemos millones de hectáreas sin paneles solares en todas las ciudades. La ocupación de territorio por paneles solares también puede ser problemática en otros ecosistemas. En Extremadura, por ejemplo, han denunciado que el boom de la energía fotovoltaica está eliminando suelo agrícola y amenazando la conservación de especies amenazadas y en peligro.
El paraíso puede no tener árboles
También se desprecian ciertos ecosistemas solo por no tener árboles: humedales, pastizales, matorrales, turberas, praderas, tundras… Un ejemplo andaluz lo tenemos en la herriza o brezal mediterráneo, unecosistema marginado del Parque Natural de los Alcornocales. Posee una gran biodiversidad y un gran valor ecológico y paisajístico, pero ha sido injustamente despreciado por no tener árboles.
El ser humano no es propietario de todos los ecosistemas. Les debemos un respeto a las especies que allí viven, por ecologismo, por animalismo, por ética y por puro egoísmo, porque necesitamos la naturaleza para vivir y porque nos gusta la estética de sus paisajes.
Destruir ecosistemas genera dinero y trabajo para unos pocos, pero destruye algo valioso a largo plazo para la humanidad. Las generaciones más jóvenes se están quejando y se quejarán por lo que están haciendo sus padres hoy. Sin educación ambiental, vamos mal. Y así vamos.
Este artículo es largo, pero merece la pena leerlo hasta el final.
Naomi Klein (periodista canadiense, 1970-) ha escrito tres libros que han conseguido cambiar la percepción de la sociedad. Sus anteriores libros son “No logo” (1999) y “La doctrina del shock” (2007).
En “Esto lo cambia todo” (2015) se propone hablar de un tema incómodo y que muchos eluden (como corrobora Leonardo DiCaprio en su documental “Before the flood“, verlo entero aquí). Naomi Klein expone los mitos y las realidades del Cambio Climático, sin caer en tópicos ni en la desesperación, ofreciendo datos, caminos y opciones que debemos transitar.
Naomi Klein reconoce que ella misma negó el cambio climático cuando “sabía que estaba pasando”. No lo negaba como Donald Trump diciendo que mientras exista el invierno el cambio climático es mentira. Pero lo ignoraba, como mucha gente, mirando para otro lado sin querer ser consciente de la realidad o confiando en milagros tecnológicos o políticos. “El cambio climático es así: es difícil pensar en él durante mucho tiempo. Practicamos esta forma de amnesia ecológica intermitente por motivos perfectamente racionales. Lo negamos porque tememos que, si dejamos que nos invada la plena y cruda realidad de esta crisis, todo cambiará. Y no andamos desencaminados”: “El cambio climático lo transformará todo en nuestro mundo”. Esto implica “cambiar cómo vivimos y cómo funcionan nuestras economías, e incluso cambiar las historias que contamos para justificar nuestro lugar en la Tierra. La buena noticia es que muchos de esos cambios no tienen nada de catastróficos. Todo lo contrario: buena parte de ellos son simplemente emocionantes”.
Naomi Klein constata que es posible que la lucha contra el cambio climático requiera invertir dinero, pero el dinero se puede conseguir. Como muestra, resalta que las autoridades sacaron “billones de dólares hasta de debajo de las piedras” para salvar la banca y han hecho “pagar a la ciudadanía la factura dejada por los bancos” que ocasionaron la crisis. “El cambio climático, sin embargo, no ha sido nunca tratado como una crisis por nuestros dirigentes”, pero “si un número suficiente de todos nosotros dejamos de mirar para otro lado y decidimos que el cambio climático sea una crisis (…) no hay duda de que lo será y de que la clase política tendrá que responder”, porque “no basta con que lo mitiguemos o nos adaptemos a él. Podemos aprovechar esto para reactivar economías locales, “recuperar nuestras democracias de las garras de la corrosiva influencia de las grandes empresas”, “recobrar la propiedad de servicios esenciales como la electricidad y el agua, reformar nuestro enfermo sistema agrícola y hacer que sea mucho más sano”, respetar los derechos indígenas y las migraciones climáticas, y “poner fin a los hoy grotescos niveles de desigualdad existentes”:
La Doctrina del Shock: Lee un resumen de este libro, también de Naomi Klein.
“La emergencia misma del cambio climático podría constituir la base de un poderoso movimiento de masas”.
Muchas veces se han aprovechado las crisis para imponer medidas que enriquecen a una reducida élite (España es un claro ejemplo): suprimiendo regulaciones, recortando gasto social, forzando privatizaciones, regulando a favor de ciertas empresas, limitando los derechos civiles (la “ley mordaza” en España), regalando dinero a los bancos, etc. El cambio climático es una crisis que podría aprovecharse, una vez más, para beneficiar a los ricos “en vez de para incentivar soluciones motivadoras (…) que mejoren espectacularmente la vida de las personas”: “El cambio climático representa una oportunidad histórica”.
Naomi Klein critica a la ONU porque, a pesar de tener la misión de prevenir que se alcancen en el mundo niveles peligrosos de cambio climático, no solo no ha realizado progresos, sino que ha permitido que se retroceda. Tal vez, lo mejor que ha conseguido es que se hable del cambio climático. Lo peor que puede ocurrir es que se ignoren los problemas: olas de calor brutales, sequías, inundaciones, plagas, huracanes, incendios, aumento del nivel del mar, desplazamiento de millones de personas, contaminación atmosférica, lluvia ácida, enfermedades viajeras, pérdidas de cosechas… problemas que se unen a otros como las pesquerías diezmadas o el aumento mundial de la demanda de carne. Klein afirma que ante un panorama así “cuesta ciertamente imaginar qué quedaría sobre lo que sustentar una sociedad pacífica y ordenada”.
La climatóloga Lonnie G. Thompson dijo: “Casi todos los científicos y científicas del clima estamos ya convencidos de que el calentamiento global representa un peligro inminente para la civilización“. Lo curioso es que “disponemos de las herramientas técnicas para desengancharnos de los combustibles fósiles” y aunque, haya que tomar medidas extraordinarias, el ser humano es capaz de hacerlo. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial se redujo el uso de automóviles por placer en el Reino Unido. También en EE.UU. y Canadá aumentó el uso del transporte público y se cultivaron los llamados “huertos de la victoria”. Y aún hoy sacrificamos nuestro bienestar cuando nos lo piden en nombre de la austeridad y del crecimiento económico (reducción de pensiones, aumento de la edad de jubilación, pérdida de derechos laborales, reducción de las prestaciones públicas… o cosas como salvar las autopistas en España).
“Estamos atascados porque las acciones que nos ofrecerían las mejores posibilidades de eludir la catástrofe –y que beneficiarían a la inmensa mayoría de la población humana– son sumamente amenazadoras para una élite minoritaria que mantiene un particular dominio sobre nuestra economía, nuestro proceso político y la mayoría de nuestros principales medios de comunicación”. Y esto se demuestra en lo que llama los “tres pilares de las políticas de esta nueva era“: “privatización del sector público, desregulación del sector privado y reducción de la presión fiscal a las empresas” (o permitir que defrauden en paraísos fiscales).
Todo esto demuestra que “nuestra economía está en guerra con múltiples formas de vida sobre la Tierra, incluida la humana”, pero “podemos transformar nuestra economía”. Estamos ante una “dura elección: permitir que las alteraciones del clima lo cambien todo en nuestro mundo o modificar la práctica totalidad de nuestra economía”. La autora dice que “el cambio climático es una batalla entre el capitalismo y el planeta (…) y el capitalismo la está ganando”: Más que esperar nuevas tecnologías, “tenemos que pensar de manera distinta” y aplicar las tecnologías que ya tenemos.
Los alces de Canadá están muriendo envenenados por beber agua contaminada por las toxinas de las arenas bituminosas de la industria de las energías sucias (Shell). Este es sólo un ejemplo de los millones que se podrían poner. Si queremos preservar nuestro planeta “tendremos que renunciar a ciertos lujos”. Ello conllevaría la desaparición de industrias enteras. Veremos desastres “hagamos lo que hagamos”. Aún así no es demasiado tarde para evitar lo peor.
Psicología del cambio climático
Diversos estudios sostienen que la ideología o «cosmovisión» personal influye en la opinión sobre el cambio climático más que ninguna otra cosa (más que la edad, la etnia, el nivel educativo o la afiliación a un partido). Así, las personas con cosmovisiones «igualitaristas» (caracterizadas por la inclinación hacia la acción colectiva y la preocupación por la desigualdad y la justicia social) aceptan el consenso científico sobre el cambio climático. Por el contrario, las personas que tienen visiones del mundo «jerárquicas» e «individualistas» (marcadas por su oposición a la ayuda a las minorías y a la pobreza, apoyo fuerte a la empresa privada y convencidos de que todos tenemos más o menos lo que nos merecemos) rechazan ese mismo consenso científico.
Dan Kahan, profesor en Yale, llama «cognición cultural» al proceso por el que, con independencia de nuestras ideologías políticas, aceptamos una información nueva sólo si confirma nuestra visión, pero si supone una amenaza a nuestro sistema de creencias, entonces nuestro cerebro se pone de inmediato a producir “anticuerpos intelectuales destinados a repeler esa invasión”. Es decir, “siempre es más fácil negar la realidad que permitir que se haga añicos nuestra visión del mundo”. Y resulta que “algo tiene la cuestión del cambio climático que hace que ciertas personas se sientan muy amenazadas”.
Ejemplo de esto es que en las regiones más dependientes de la extracción de combustibles fósiles se niega más el cambio climático (independientemente de la ideología política, tanto en EE.UU. como en Canadá). Los mismos científicos sufren este efecto: Mientras el 97% de los científicos opina que una causa importante del cambio climático somos los humanos, ese porcentaje cae al 47% entre los científicos que se dedican a estudiar formaciones naturales para extraer sus recursos. “Todos nos sentimos inclinados a la negación cuando la verdad nos resulta demasiado costosa (emocional, intelectual o económicamente)”.
Upton Sinclair dijo: «¡Qué difícil es conseguir que un hombre comprenda algo cuando su sueldo depende de que no lo comprenda!».
Los negacionistas tienen razón en algo
El negacionismo climático (liderado por el Instituto Hertland, Koch Industries y Exxon-Mobil), sabe que admitir el cambio climático supone aceptar también que hay que planificar nuestras sociedades de otra forma, y eso implica que no podemos dejar las cosas a la libertad del mercado (como propugna el liberalismo). “Muchos negacionistas reconocen con toda franqueza que su desconfianza ante las tesis científicas sobre el tema creció a partir de un temor muy profundo a las catastróficas implicaciones políticas que tendría para ellos el hecho de que el cambio climático fuese real”. El cambio climático no supone el fin del mundo, pero reducir las emisiones como sugiere la ciencia sí sería “el fin de su mundo”. Y para algunos conservadores supone también una amenaza a su absurda creencia de que el hombre está aquí para someter y dominar el planeta (desmentida por el Papa Francisco por ejemplo) o de que que nuestras diferencias con otros animales no son sólo cuestión de grado (desmentido por múltiples evidencias y hasta por Darwin).
Lo curioso es que los negacionistas, como el Instituto Heartland, “están completamente equivocados en lo que respecta a la versión científica de los hechos, pero en lo referente a las consecuencias políticas y económicas de esos resultados científicos (…) no podrían tener los ojos más abiertos”. Casi todos los científicos que presentan sus trabajos en el Instituto Heartland están descaradamente “empapados en dólares del sector de los combustibles fósiles”. Algunos incluso, en vez de negarlo, buscan ventajas al cambio climático como afirmar que vendrán momentos muy duros para países que son amenazas para EE.UU.
Como también dijo Carl Sagan, las compañías de seguros están realmente asustadas con el cambio climático. Tienen hasta equipos de climatólogos para prepararse para los desastres. Sin embargo, no han presionado apenas para que se pongan en práctica políticas climáticas agresivas.
El cambio climático, que debería unirnos a la humanidad, podría también dividirnos más aún. “La razón real por la que no estamos reaccionando a la altura de lo que exige el momento climático actual es que las acciones requeridas para ello ponen directamente en cuestión nuestro paradigma económico dominante (capitalismo desregulado combinado con la austeridad en el sector público)”.
Promover el comercio local debe ser prioritario
En muchos países se están promoviendo acuerdos comerciales que impiden el desarrollo de la industria local. Este libro denuncia que la OMC ha interferido en muchas ocasiones para evitar acciones contra el cambio climático (en Canadá, por ejemplo) para favorecer los intereses del comercio. También se critica que la OMC nunca ha hecho nada para que las compañías de combustibles fósiles reciban menos subvenciones o que paguen algo por “el privilegio de tratar nuestra atmósfera compartida como un vertedero gratuito de sus residuos” (que muera gente parece ser irrelevante).
Klein apunta a unos culpables claros: “Si los países ricos consumiesen menos, todo el mundo estaría más seguro”. Y señala al sector alimentario como uno de los sectores clave, pues representa entre un 19 y un 29% de las emisiones mundiales de GEI (Gases de Efecto Invernadero). No es justo que los países sean sólo responsables de la contaminación que generan dentro de sus propias fronteras y no de la que se produce al fabricar bienes que se fabrican para llevarlos a su territorio. Además, la contaminación de los buques portacontenedores no se atribuyen formalmente a ningún país. “Cuando China se convirtió en la fábrica del mundo también pasó a ser la chimenea del mundo”. No hay control para que las multinacionales no abusen de la mano de obra en los países más pobres, ni los contaminen o exploten sus recursos naturales: “Cuando las fábricas se marcharon hacia China, también se volvieron acusadamente más sucias”. “La explotación de los trabajadores y la del planeta forman, por lo que parece, un pack de oferta: dos por el precio de uno”.
Ilana Solomon, analista para el Sierra Club, decía que tenemos que “reflexionar sobre qué estamos comprando y cómo lo estamos haciendo, y sobre cómo se produce lo que compramos”. Pero Klein sugiere que “el hecho de que el clima de la Tierra cambie hasta extremos caóticos y desastrosos es más fácil de aceptar que la idea de transformar la lógica fundamental del capitalismo, fundado sobre el crecimiento”. Si esperamos que la tecnología lo arregle todo avanzaremos poco y tarde. Lo urgente es “consumir menos, desde ya”, pero para los políticos resulta difícil animar a la población a consumir menos. Aunque hay mucha gente que intenta reducir su consumo, no podemos permitir que todo dependa de un grupo de urbanitas concienciados. Necesitamos que las opciones bajas en carbono sean accesibles para todos, transportes públicos baratos, viviendas asequibles y de elevada eficiencia, fomento de la bicicleta… y todas las clásicas demandas ecologistas que hasta el Papa Francisco ha apoyado tan claramente. Y resulta gratificante que esas políticas, además de reducir los GEI, fomenten el fortalecimiento de las comunidades locales, aire y agua más limpios, reducción de la desigualdad, etc.
Klein también pide una “reordenación” del PIB, para que no sea una medida tan nefasta del desarrollo de un país. También propone: aumentar los “impuestos sobre el lujo” (ya que los ricos consumen y contaminan más), jornadas laborales más cortas, una renta básica (para compensar el hecho de que “el sistema no puede facilitar puestos de trabajo para todos”), “regulación estricta de la actividad empresarial”, “dar marcha atrás en privatizaciones de empresas y servicios fundamentales” y garantizar “que todo el mundo tiene cubiertas sus necesidades básicas: sanidad, educación, alimento y agua limpia”. En definitiva, “las medidas que debemos tomar (…) chocan frontalmente a todos los niveles con la ortodoxia económica”.
Defendiendo lo público se cuida del bien común
Más de 200 regiones en Alemania (como Hamburgo) han decidido devolver al control municipal sus redes de electricidad, gas y calefacción. Resulta interesante constatar que “existe una relación clara y manifiesta entre la propiedad pública y la facilidad de las comunidades locales para abandonar la energía sucia”. Pero además, es que esa energía sucia, que beneficia sólo a empresas privadas, es muy inestable en precio y suministro.
Privar de recursos al sector público (la mal llamada “austeridad”) choca con la realidad del calentamiento climático y la toma de decisiones importantes para todos, especialmente para los más vulnerables. En EE.UU., es común el “racismo medioambiental”, por el que las industrias tóxicas instalan sus fábricas y sus almacenes de residuos contaminantes en zonas donde viven personas de color.
Ya en 1979, el presidente estadounidense Jimmy Carter, instó a los americanos a reducir su consumismo: «Cualquier acto de ahorro de energía es algo más que de sentido común: yo os digo que es un acto de patriotismo». Sin embargo, algunos consideran que ese discurso fue una de las razones por las que Carter perdió las siguientes elecciones ante Reagan. Hoy, posiblemente, “cualquier político que pida al electorado que se sacrifique para resolver una crisis medioambiental se estará embarcando en una misión suicida”. Pero el problema no es económico: “el problema es que nuestra clase política no tiene voluntad alguna de buscar el dinero”.
El cambio necesario
El libro nos cuenta casos como el de una fábrica de recambios para coches de Ontario que, cuando cerró por la crisis, fue reabierta por los empleados para producir equipos de energía solar. A los que dicen que esta conversión es cara hay que decirles que más caro será no hacerla. Además, Klein dice que los bancos que fueron rescatados deberían ser los encargados de financiar ese tipo de cambios, para devolver el favor a la ciudadanía.
Esa transición necesaria será un gran generador de empleo si se hace bien. Se trata de generar empleo sostenible aunque a veces sea necesario nacionalizar servicios básicos. Un sondeo británico reveló que una mayoría apoya la nacionalización de la energía y el ferrocarril. Pone el ejemplo de Alemania, donde la mitad de las instalaciones de energía renovable están en manos de agricultores, organizaciones ciudadanas y unas 900 cooperativas energéticas. También Dinamarca va en esa línea. España también.
La agricultura es un sector esencial, y no sólo por sus altas emisiones contaminantes, sino porque puede contribuir a disminuir la pobreza y ayudar a la autosuficiencia, además de que “los métodos agroecológicos superan en rendimiento al uso de fertilizantes químicos” en entornos desfavorables. Pero el hambre lo provoca la pobreza y no la falta de comida.
También se repasa el desastre del fracking o de las arenas bituminosas, que en Alberta están destrozando grandes extensiones: “La tierra, despellejada viva”, emitiendo además entre 3 y 4 más GEI (especialmente metano y CO2) que el petróleo convencional. Por tanto, concluye que “la necesidad de que recortemos nuestras emisiones radicalmente no es compatible con la continuidad de una de las más lucrativas industrias del mundo” (la de los combustibles fósiles). Aunque el estado de Noruega es propietario de una de las empresas que está desgarrando el área de las arenas bituminosas de Alberta, también hace cosas bien: Estocolmo tiene un 74% de residentes que van a sus trabajos a pie, en bicicleta o en transporte público.
Critica también el fenómeno de las Puertas Giratorias (que no sólo ocurre en España, sino también en EE.UU., Reino Unido…) y el “capitalismo desregulado”. El “libre comercio (…) ha sido exactamente la carrera hacia el abismo que tantos alertaban que seria”. Pero Klein levanta una bandera de optimismo: “El cambio climático confronta lo que el planeta necesita para mantener la estabilidad con lo que nuestro modelo económico necesita para sostenerse a sí mismo”. Miya Yoshitani dijo también: “Estamos todos unidos en esta batalla, que no es una batalla solamente para conseguir una reducción de las partes por millón de CO2 en la atmósfera, sino también por transformar nuestras economías y reconstruir un mundo que queremos hoy”. Pensemos también que “las migraciones humanas están cada vez más vinculadas al clima”.
Klein también critica a la ciudadanía en general cuando dice, por ejemplo, que los manifestantes que salen a las calles para protestar por los fallos del sistema, olvidan el cambio climático, cuando éste “podría representar el verdadero golpe de gracia para esas estructuras que denuncian”. La misma crítica va también para políticos como Alexis Tsipras que, a pesar de ser de izquierdas, no aprovechan el cambio climático para impulsar sus demandas.
Extractivismo: Extraer recursos de la Naturaleza como si fuera infinita
En el siglo XVIII se empezó “a tratar la atmósfera como si fuera un vertedero”, pero no es sólo de la atmósfera de lo que hemos abusado. Klein cuenta el dramático caso de la isla de Nauru donde sus minas de fosfato de calcio han sido explotadas como abono, hasta destrozar la isla y hacerla prácticamente yerma. Luego, se convirtió en paraíso fiscal. “Pocos lugares en la Tierra encarnan más gráficamente que Nauru los resultados suicidas de haber basado nuestras economías en la extracción contaminante”. Por último, Nauru cobra para que Australia lleve allí a sus inmigrantes y sobrevivan en tan mal estado que ha sido denunciado por Amnistía Internacional.
Francis Bacon dio permiso para “acosar a la naturaleza” y James Watt inventó la máquina de vapor que aumentó el poder para hacerlo. Pero ya hoy eso debería estar superado. Los combustibles fósiles destruyen la vida en todas partes. “Cuando se deja en su sitio, el carbón es muy útil, porque mantiene capturado no solo el carbono que las plantas sustrajeron del aire millones de años atrás, sino también toda clase de toxinas adicionales”. Y por eso Klein pide que dejemos de ser “una sociedad de ladrones de tumbas”.
El Club de Roma publicó “Los límites del crecimiento” (1972) y sus advertencias se están cumpliendo casi completamente, pero donde más acertó fue en los límites de los “sumideros”. Es decir, el ser humano no ha encontrado cómo ampliar la capacidad de la Tierra para absorber la contaminación.
Klein critica a algunas organizaciones ecologistas en EEUU que realmente no están interesadas en la conservación de la biodiversidad y cita varios casos, como el de la organización Nature Conservancy que, por ejemplo, extrajo petróleo de una zona que custodiaba para la conservación del pollo de las praderas de Attwater, llevándolo a su extinción en dichos terrenos. También denuncia, como hizo Galeano, que en este «mundo al revés» “el sector de los combustibles fósiles son invitados a las cumbres del clima de la ONU en calidad de «socios» clave”. Es cierto que EE.UU. y casi todos los países han aprobado muchas leyes ambientales, pero la realidad demuestra que no han sido suficientes. Algunas empresas gastan más dinero en promocionar el Día de la Tierra que en reformar sus actividades a fondo. Por otra parte, el comercio internacional de derechos de emisiones ha sido un fracaso estrepitoso y así lo demuestran algunos de los ejemplos que se incluyen en el libro, como una empresa india cuyo 93% de ingresos procedía de la venta de créditos de carbono, empresas que fabrican potentes gases GEI para luego cobrar por reducirlos, campesinos e indígenas que no pueden usar los bosques porque son sumideros de carbono, bosques que permiten que se contamine más en otra parte, técnicas para que las empresas que contaminan ganen más, etc.
Soluciones demasiado simples: La «ignorancia arrogante» (hibris)
Muchos millonarios se han propuesto salvar el planeta, como Jeremy Grantham, Warren Buffett, Michael Boomberg, Bill Gates, Tom Steyer y T. Boone Pickens. Pero todos ellos lo han hecho de forma superficial e interesada, incluso invirtiendo en el sector del petróleo a la vez. Un caso paradigmático es el de Richard Branson, magnate de las aerolíneas Virgin, que anunció que dedicaría sus beneficios a la lucha contra el cambio climático, pero cuyo objetivo parece ser más bien retrasar las medidas regulatorias anti-cambio climático. Su éxito consiste en haber conseguido que vuele más gente que antes, y con la conciencia tranquila pensando que dicha compañía hace algo para mitigar el cambio climático. ¿Será Leonardo DiCaprio otro farsante?
Para Klein, pensar que el capitalismo, y solo el capitalismo, puede salvar al mundo es claramente absurdo, y esos bienintencionados magnates sólo están explotando nuestra infundada creencia de que la tecnología va a salvarnos del gran problema que ella misma ha creado.
La geoingeniería pretende dar soluciones simples para el gran problema del cambio climático, incluyendo ideas tan extrañas o descabelladas como fertilizar los océanos para que asuman más carbono, recubrir desiertos con sábanas blancas, poner espejos en órbita, tapar el sol (GRS/SRM) echando, por ejemplo, gases sulfurosos en la atmósfera (Opción Pinatubo)… Pero es imposible validar esas ideas, ni probarlas, ni implementarlas a la escala necesaria. Además, esas ideas no contribuyen a cambiar la causa raíz, sino que se limitan a tratar un único síntoma, sin tener en cuenta los efectos secundarios: acidificación de océanos, la imprevisible reacción de la biosfera… y hasta cambios climáticos peores que sin GRS, como la alteración de precipitaciones que arriesgarían el alimento de millones de humanos. Por otra parte, esas soluciones harían ganar mucho dinero a algunos de esos ideólogos. Entre los detractores están, por citar algunos, Greenpeace, Sallie Chisholm, Alan Robock, o Vandana Shiva, quien afirma que los métodos agroecológicos permitirían capturar grandes cantidades de carbono, reducirían las emisiones y potenciarían la seguridad alimentaria.
Blockadia: Los pueblos bloqueando grandes compañías fósiles
Las compañías de combustibles fósiles o las empresas mineras se están encontrando cada vez con más oposición a todos sus proyectos (almacenamiento de gas, prospecciones, extracciones, fracking,minas de uranio, de oro, de cobre…). En muchos casos, esta oposición es de pueblos que no se dejan sobornar porque defienden su forma de vida tradicional, que al ser ajena a la extracción no depende de esos sucios negocios.
Esta férrea oposición a las compañías extractivas se ha visto y se está viendo por todo el planeta. El libro repasa algunos casos en Grecia, Rumanía, Canadá, Reino Unido, Rusia (contando el caso de los activistas de Greenpeace detenidos), Australia, China, EE.UU., Francia… aunque uno de sus mayores orígenes fue en Nigeria contra la empresa Shell, en la que se llegaron a ahorcar legalmente a los ecologistas que se opusieron. Aún hoy, en el delta del Níger, se vierte cada año una marea negra como la del Exxon Valdez, envenenando peces, animales terrestres y personas. Ante tanta injusticia, el vandalismo contra los oleoductos no cesa. El pueblo ogoni y el ijaw no dejan de sufrir las consecuencias de un gobierno corrupto y una empresa extranjera, Shell, que se lleva sus recursos naturales porque en los países ricos siguen repostando en sus gasolineras sin enterarse de las consecuencias.
Un caso muy llamativo es el del oleoducto Keystone XL entre Canadá y EE.UU., para dar salida a las altamente contaminantes arenas bituminosas de Alberta. Miles de aves han muerto allí al posarse en las inmensas balsas de desecho tóxico. Tantas aves mueren que se ven obligados a disparar unos cañonazos cada pocos minutos para espantar a las pobres aves migratorias que buscan lo que otrora fue un bosque. Por supuesto, esas balsas no son perfectas y tienen escapes y filtraciones. “Los médicos tienen miedo cuando se trata de diagnosticar afecciones relacionadas con la industria del petróleo y el gas”, declara un médico canadiense de la zona. Esas balsas proceden del inmenso consumo de agua que requiere este tipo de minería (2.3 barriles de agua por cada barril de petróleo, mientras que el crudo convencional requiere hasta 0.3 barriles). El fracking requiere aún más cantidad de agua y una vez utilizada queda tóxica y radiactiva.
La industria extractiva nunca ha sido segura y siempre ha precisado zonas de sacrificio para contaminarlas, cuando no se trata de contaminar la atmósfera. Los que sufren más la contaminación son, no por casualidad, los más pobres. Pero resulta que “ahora todos estamos en la zona de sacrificio” y los riesgos de hoy son “sustancialmente más elevados” que los de antes, debido a que ya sólo quedan los yacimientos más costosos, más profundos y en zonas más valiosas. El desastre de BP en el golfo de México (más de tres meses manando petróleo) o el vertido por la rotura de un oleoducto en Michigan (el mayor vertido en tierra de EE.UU.) son pruebas de ello y de que las industrias fósiles prefieren ganar más dinero a costa de aumentar los riesgos para otros, sostiene Naomi Klein, quien también denuncia la corrupción en EE.UU. a la hora de controlar a este tipo de industrias.
En algunas zonas, las empresas que envenenan consiguen más poder, ya que los únicos empleos son precisamente en la industria que envenena sus tierras (y hasta esos empleos son de mala calidad, aunque estén bien pagados). Pero en otras zonas, donde hay más diversidad empresarial y laboral, hay “personas dispuestas a pelear muy duro por proteger modos de vida que consideran intrínsecamente incompatibles con la extracción tóxica”. Klein dice que “cuando aquello por lo que se lucha es una identidad, una cultura, un lugar querido […] nada pueden ofrecer las empresas como contrapartida”.
Los éxitos son insuficientes, pero muy importantes. Francia, por ejemplo, gracias a las protestas ha aprobado una moratoria nacional contra la fracturación hidráulica o fracking. También hay moratorias en Bulgaria, Países Bajos, Chequia, Sudáfrica y algunos estados de EE.UU. Además, este último país ha descendido su producción eléctrica con carbón por la presión ciudadana, entre otros motivos. Costa Rica ha prohibido la minería a cielo abierto en todo el país. India tiene centrales térmicas a medio construir porque se paralizó su construcción ante las protestas. En China también se han paralizado centrales de carbón por las protestas, pues allí la contaminación es espectacular y supone un experimento de lo que ocurre cuando es el progreso lo que más importa: Pekín alcanza a veces los 671 microgramos de partículas en suspensión (las PM2.5) cuando la OMS fija el límite máximo en 25. Las actividades al aire libre se suspenden si se superan los 450.
Otra batalla con gran éxito es la de la desinversión, apoyada por la organización 350.org, por la que se pretende que todo tipo de organizaciones y fondos de inversión dejen de apoyar a las industrias de los combustibles fósiles. El Banco Mundial ha anunciado que no apoyará más proyectos de prospección o extracción de carbón y hay miles de organizaciones más que ya están retirando su apoyo y su dinero a las industrias sucias.
A veces, cuando una empresa no puede extraer el combustible por un cambio en la legislación, alega cláusulas de protección de los inversores de acuerdos de libre comercio. Pero estas demandas tienen el poder que los gobiernos quieran, pues ninguna empresa puede interferir en la libertad de un pueblo en defender su territorio de la degradación ambiental. El problema no son los acuerdos comerciales sino los gobiernos que no defienden correctamente el bien común. No obstante, Klein afirma que esos acuerdos comerciales tienen hoy mayor debate público que antes, como lo demuestra el caso del TTIP en Europa. Pero hay que estar muy atentos, porque si nos descuidamos, los intereses del capital financiero y de la industria energética estarán por delante del bien común: Un claro ejemplo es España, donde los bancos son empresas privilegiadas y las industrias energéticas dictan las leyes.
Cuando fallan los gobiernos nacionales y los organismos internacionales, muchos ayuntamientos se deciden a actuar en la acción climática. Son las llamadas «comunidades de transición» nacidas en Totnes (Reino Unido), que pretenden actuar en lo local para conseguir un cambio hacia economías de bajo carbono.
¿Derechos para los pueblos indígenas?
En Canadá y en otros muchos países, los indígenas no han cedido nunca sus tierras para su explotación petrolera. Como mucho, han aceptado compartirlas mientras no se socaven sus derechos a vivir, pescar, recolectar… pero no se puede compartir “si una de las partes se dedica a alterar irrevocablemente y a envenenar esa tierra compartida“.
Algunos de los pueblos indígenas amenazados por la sed de petróleo son los haida, los nez percé, los cheyenes, los lummi, los ogoni, los ijaw, los lakota, los tunebos, los chipewyan (ayudados por el rockero Neil Young del acoso de Shell), los tsilhquot’in, los cree del lago Beaver (“las personas más marginadas de mi país”, Canadá, en palabras de Klein)… Muchos pueblos indígenas carecen de recursos para que se respeten sus derechos, aunque los tengan claramente otorgados. En 2007 se firmó la Declaración de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y los únicos países que votaron inicialmente en contra fueron Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Finalmente, aceptaron esa declaración que proclama que los «pueblos indígenas tienen derecho a la conservación y protección del medio ambiente», así como a la reparación de las tierras confiscadas, ocupadas o dañadas. Que la incidencia de cáncer suba en todas las tribus canadienses afectadas por las arenas bituminosas no parece hacer desistir a la petrolera Shell.
“Mientras los abogados argumentan y debaten en los tribunales sobre las complejidades de la titularidad de la propiedad de la tierra, las sierras mecánicas siguen talando árboles que son cuatro veces más viejos que nuestros países, y los fluidos tóxicos de la fracturación hidráulica continúan filtrándose hacia las aguas subterráneas”.
Las energías renovables son “no extractivas” en dos sentidos: El veneno y el carbono no se extraen del subsuelo y el dinero no se extrae de la comunidad (las petroleras extraen recursos de un sitio y extraen el dinero de otro).
Ecuador (y los cheyenes de norteamérica) ha pedido ser compensado por mantener sus combustibles fósiles en el subsuelo porque «la manera más directa de reducir emisiones de CO2 es dejando los combustibles fósiles en el subsuelo donde ya están» (en palabras de Esperanza Martínez, de Acción Ecológica). Esto es lo que se conoce como «deuda climática» reconocida (al menos indirectamente) en la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático indicando que hay unas «responsabilidades comunes pero diferenciadas» ya que los países que más han contaminado deben ser los primeros en reducir sus emisiones.
Al hablar de «deuda climática» muchos habitantes de los países ricos argumentan que no son responsables de lo que hicieron sus antepasados. Sunita Narain, directora general del Centre for Science and Environment, responde claramente: «Vuestra riqueza actual guarda relación con cómo la sociedad ha explotado la naturaleza» (ya dijo De Jouvenel que nuestra riqueza procede de explotar la Naturaleza). Naomi Klein concluye: “Los países ricos no solo tienen que ayudar al Sur Global a encaminarse por una senda económica de bajas emisiones porque eso sea lo correcto, sino que necesitamos hacerlo así porque de ello depende nuestra supervivencia colectiva”. Y por supuesto, añade que igual que haber sufrido un atraco no da derecho a atracar, tampoco hay fundado derecho a contaminar por parte de los países pobres. Por tanto, es evidente que los ricos deben ayudar a los pobres a conseguir un desarrollo más limpio. Esto traerá mayor bienestar y empleo, lo que evitaría las enormes tasas de inmigración que hay y que, si no lo remediamos, habrá.
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Conclusiones
Naomi Klein asegura que no se tienen en consideración suficientemente los efectos de tanta contaminación sobre la fertilidad y sobre los animales no adultos, incluyendo niños. Por ejemplo, en zonas de fracking aumentan las probabilidades de problemas cardíacos en bebés, abortos involuntarios, altos niveles de PCB… El caso de Mossville es tristemente famoso por el “racismo medioambiental”: La población pobre debe soportar altos niveles de contaminación de las industrias petroquímicas con frecuentes vertidos y explosiones. En Mossville son frecuentes las enfermedades respiratorias, el cáncer, defectos de nacimiento y las histerectomías en mujeres.
El informe de BP antes del desastre del golfo de México es de risa: por ejemplo, suponía que los moluscos sobrevivirían a un desastre huyendo o que supondría poco estrés para los mamíferos. El desastre demostró que nada puede restituir lo perdido: millones de larvas y los bebés de delfín murieron… La acidificación de los océanos hace que las larvas de ostras no puedan formar sus caparazones y mueran, y herbicidas como la atrazina afecta directamente a la esterilidad en anfibios, junto con defectos congénitos y abortos espontáneos en humanos, sin contar la amenaza sobre las abejas.
Pero sabemos hacer las cosas mejor. Ecuador, por ejemplo, en su constitución de 2008 reconoció a la naturaleza o Pachamama el derecho a que se respeten su existencia y sus ciclos vitales (art. 71). En las luchas contra el extractivismo hay un arma secreta: la unión heterogénea hace una gran fuerza: indígenas y no indígenas, jóvenes y mayores… todos unidos en una causa común.
Los cambios que hacen falta son importantes, pero tenemos experiencia. Los cambios sociales de los siglos XIX y XX, por ejemplo, supusieron un cambio profundo en la cultura dominante (cambios en los derechos civiles, de las mujeres, de los homosexuales, de grupos étnicos como el caso del apartheid de Sudáfrica o el racismo en EE.UU., pero también la instauración de la Seguridad Social o el seguro de desempleo). La abolición de la esclavitud obligó a ciertas élites a renunciar a prácticas que les resultaban muy lucrativas (tanto como la extracción de combustibles fósiles hoy en día). Pensemos por ejemplo, que en el siglo XVIII los negocios más lucrativos del imperio británico se basaban en la esclavitud (plantaciones de azúcar del Caribe, compra/venta de esclavos…) y en EE.UU. “la esclavitud fue el eje sobre el que giró la revolución mercantil”.
Naomi Klein es consciente de que hay que cambiar la cosmovisión global, lo que nos decimos del mundo y de nosotros. Y eso no es fácil, pero es posible y para ello propone no aspirar simplemente a cambiar leyes, sino a modificar pautas de pensamiento. Por ejemplo, dice que pedir un impuesto sobre el carbono puede ser menos útil que reivindicar una renta mínima garantizada, porque ésto segundo abre el debate sobre los valores y “sobre lo que nos debemos unos a otros sobre la base de nuestra condición humana”. Y sentencia que “tendremos que comenzar a creer de nuevo que los seres humanos no somos irremediablemente egoístas y codiciosos (que es la imagen de nosotros mismos que se nos ha vendido)“.
Muchas veces se plantea si frenar a las compañías de combustibles fósiles tiene influencia en el PIB, pero lo importante es pensar si el crecimiento económico tiene alguna importancia cuando el planeta esté convulsionado. Son las compañías las que tienen que demostrar que sus acciones y sus técnicas son seguras. Y nosotros debemos exigirlo, porque “nadie va a venir a salvarnos de esta crisis” y “la ideología del libre mercado ha quedado desacreditada tras décadas de desigualdad y corrupción crecientes”.
Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.
Diseñar una ciudad no es tarea para políticos, aunque tengan buenas intenciones. Hay que contar con información técnica, especialmente cuando el sentido común es escaso. Ya hemos comentado el caso del diseño de los carriles bici en Málaga, un desastre que, aunque va mejorando con parches, consigue que muchos ciclistas prefieran no usar los carriles bici.
Otro tema, pendiente en muchas ciudades, es estudiar la iluminación urbana y la contaminación lumínica. Pensemos que una de cada tres personas del mundo no ha visto nunca la Vía Láctea por la contaminación lumínica (en EE.UU. son aún menos). En esto también, Málaga es paradigma de lo que no se debe hacer, incumpliendo todos los puntos que se enumeran a continuación (ver galería de fotos más abajo):
Demasiada iluminación: Para ver si hay demasiada iluminación debemos aplicar la “regla del libro“, según la cual decimos que hay demasiada iluminación si de noche podemos leer un libro en la calle con comodidad. Es absurdo iluminar una ciudad para que pueda leerse un libro en todas sus calles a cualquier hora de la noche. Más que absurdo, es innecesario, caro y extremadamente contaminante. El problema se eleva hasta el éxtasis del despilfarro con motivo de la Navidad.
Las farolas son sólo para la noche: Algo que es elemental, pero sin embargo muchas ciudades encienden y apagan mal las farolas. Málaga es un ejemplo extremo pues todo el año se ven farolas encendidas cuando ya ha amanecido y mucho antes de que anochezca.
Las farolas no deben estar encendidas toda la noche: En zonas de poco tránsito no tiene sentido mantener todas las farolas encendidas toda la noche. Apagarlas (aunque fuera la mitad) de 1 a 6 de la madrugada ahorraría muchos megavatios-hora de energía, pero sobre todo ahorraría contaminación y gastos sanitarios.
Las farolas deben iluminar el suelo: La luz que se lanza al cielo no vuelve y nos impide ver las estrellas, además de ocasionar problemas de insomnio y graves efectos a la fauna. Esa es la contaminación lumínica. El tipo de farola es importante. Así, mientras hay modelos que permiten que la luz escape al cielo y que deberían estar prohibidos, también hay otros tipos de farolas que dirigen bien la luz al suelo, utilizan sólo energía solar o incorporan bombillas LED (que dicen que consumen menos de la mitad que las de sodio, aunque hay que tener en cuenta otras consideraciones).
Poner farolas más altas que los árboles no ilumina el suelo: Puede parecer elemental pero muchos “diseñadores urbanos” no piensan que las farolas deben estar por debajo de los árboles. Gastamos demasiado dinero en iluminar las copas de los árboles (no se pierdan las fotos más abajo).
Las farolas no deben estorbar: Tanto si vas caminando, en silla de ruedas, con un carro de bebé o con el carrito de la compra, una farola no debería estorbar. Si estorba, el fallo es de la persona que decidió colocarla ahí. Observe que las farolas nunca entorpecen el tránsito de coches (los reyes de la ciudad), pero sí estorban en aceras y carriles bici.
¿De verdad hay que iluminar tanto las circunvalaciones de las ciudades? En las autoescuelas se enseña que los conductores deben adecuar su velocidad a las condiciones existentes (tipo de vía, estado de la calzada, iluminación…). Pagamos demasiado dinero para que los coches puedan correr más de noche.
Algunos cambios hacia lo que necesitamos no dependen de los políticos, sino de la sociedad. Los políticos que emanan de esta sociedad están tan faltos de conciencia como la sociedad que les permite gobernar. Así pues, tenemos que hacer una autocrítica como sociedad, pero también debemos exigir que los políticos se tomen la molestia de intentar hacer las cosas bien, y no hacerlas sin pensar, cosa que queda clara en las siguientes fotos sobre iluminación urbana en Málaga… ¿En tu ciudad se hace mejor? (Déjanos un comentario).
Málaga: Demasiadas farolas encendidas de día en una calle de poco tránsito.
Málaga: Este es el peor tipo de farola, pues la iluminación escapa al cielo más que al suelo.
Málaga: Una farola por encima de los árboles ilumina sus copas y no el suelo. Una forma clara de perder dinero.
Málaga: El carril bici es desviado por una farola que podría haberse puesto en otro lugar.
Málaga: Despilfarro por iluminación excesiva, con cuatro filas de farolas en una calle de dos carriles y de poco tránsito.
Málaga: Las farolas iluminando la copa de los árboles son habituales.
Málaga: Otro tipo de farola poco eficiente (que genera gran contaminación lumínica y gasto energético).
Málaga: Farolas mal situadas y señales de tráfico que estorban el tránsito de peatones (al menos la señal podría ponerse sobre la farola para ahorrar costes y estorbos).
Málaga: La luz de las farolas ilumina las copas de los árboles y no a los peatones.
Málaga: Cuatro filas de farolas encendidas de día (un ejemplo de despilfarro).
Málaga: Si amplias la foto se aprecia la excesiva iluminación en zonas poco pobladas y en horario diurno.
Málaga: Otro ejemplo más de farola situada sobre los árboles, cuando lo que se quiere iluminar está debajo de ellos.