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✇El Digital de Albacete

PAC 2028-2034: Castilla-La Mancha fija la mirada en el futuro de sus agricultores

Por: El Digital de Albacete

El consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural, Julián Martínez Lizán, ha mantenido esta mañana una reunión con los presentantes de las principales organizaciones profesionales agrarias de Castilla-La Mancha, ASAJA y UPA y con Cooperativas Agroalimentarias, con quienes ha intercambiado impresiones para seguir avanzando en una posición común sobre la Política Agraria Común (PAC) después …

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‘Queendom’: viaje al mundo lésbico del girls love tailandés

Por: Sandra Carmona

Las historias de 'girls love' en las series del país asiático son solo la punta del iceberg de un fenómeno mucho mayor. Beam Tawan y Linn Mashannoad son directora y actriz de la serie 'Queendom' y nos hablan del fenómeno y esta serie que sí ha pensado en las lesbianas.

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Decálogo para la transformación del territorio agroalimentario

Por: J. Marcos

Las ecotopías imaginan otros mundos posibles aquí y ahora. Surcos que se abren caminando, los pies en la tierra y la cabeza en el cielo.

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Albacete suena a talento: arranca el concurso que marca el futuro de estas promesas del piano

Por: El Digital de Albacete

La concejala de Cultura, Elena Serrallé, ha dado esta mañana la bienvenida oficial, en el salón de plenos del Museo Municipal, a los participantes del XLV Concurso Nacional de Jóvenes Pianistas “Ciudad de Albacete”, una cita consolidada como referente nacional en la promoción del talento musical joven. Durante su intervención, Serrallé ha destacado el firme compromiso del …

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✇Diario De Vurgos (Burgos)

Presentación del poemario “La Zurramba” en la Biblioteca La Maldita

Por: editor

El próximo viernes 17 de abril la Biblioteca La Maldita dará cobijo a la presentación de La Zurramba, un poemario ilustrado que ve la luz gracias al proyecto editorial Cimarrón y que persigue parar, respirar y volver a lo importante. La presentación dará comienzo a partir de las 20:00 horas y correrá a cargo del autor de la obra. Como de costumbre, la entrada en la Biblioteca La Maldita, ubicada en el número 17 de la calle Pablo Casals de Gamonal, es libre y gratuita hasta completar el aforo.

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‘La empresa de sillas’: todo tiene un sentido (o no)

Por: Ignacio Pato

Nada más comenzar La empresa de sillas, la magia tarda apenas dos minutos en romperse. Una familia estadounidense de las que hemos solido ver siempre en pantalla, de esas que en la mesa se sienta erguida, habla por turno de palabra y nunca mezcla la guarnición con la carne, cena en un restaurante. Entonces una presencia, la de la camarera en pleno brindis por el logro laboral del padre, desemboca en una conversación que se va enrevesando hasta enseñarnos los dos ingredientes principales de la serie: el carácter obsesivo del personaje encarnado por Tim Robinson y, derivado de ello, la intención de generar escenas que causen incomodidad al espectador. Robinson, en su momento guionista de Saturday Night Live y creador de la comedia de sketches I Think You Should Leave, es un maestro en eso. Aquí encarna a Ron Trosper, al mando del proyecto de un nuevo centro comercial –algo ya medio extemporáneo si recordamos que existe la expresión dead malls para esas naves hoy poco transitadas o derruidas gracias al comercio online, pero capaces de evocar cierta nostalgia por ser un lugar de concentración de energía humana– cuando un accidente le mete de cabeza en la aventura de su vida.

Establecida esa premisa, y con la escena introductoria del restaurante, La empresa de sillas confirma que no va a solicitar de nosotros la manida empatía con el protagonista, sino que va a caminar un paso por delante de nuestra intuición. Porque sí, puede que el subtexto de esta serie nos hable de ese arquetipo de individualismo que, cuando queremos jugar a sociólogos de barra de bar, tanto nos gusta asociar al estadounidense medio. La elección del personaje de Ron Trosper invita a ello, pues es un hombre blanco de mediana edad con familia feliz y buen sueldo que habita en uno de esos suburbios en los que te reciben con una fiesta de bienvenida que es también la firma de un pacto de vigilancia mutua. Sin embargo, lo más interesante es que es un rasgo de ese capitalismo atomizador de lo que se sirve esta historia para avanzar. Ni más ni menos que la afrenta personal que Trosper siente, y que es incapaz de canalizar en sociedad, más bien al contrario, tomando casi una doble vida como detective privado. Y es ahí, cuando ya no podemos sino acompañarle, sin darnos cuenta, en su vorágine conspiranoica, metidos del todo en ese conmigo no se juega, cuando asistimos al acierto definitivo de este impredecible guion. Cuando no sabemos si lo que está ocurriendo es real o está en la cabeza de un atribulado Ron que, en el fondo, solo está practicando eso que hacemos a diario: intentar darle sentido a todo.

La empresa de sillas’ puede verse en la plataforma HBO Max.

Esta reseña se ha publicado originalmente en El Periscopio, el suplemento cultural de La Marea. Puedes conseguir la revista aquí o suscribirte para seguir apoyando el periodismo independiente.

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La mujer falangista que estudió en la Residencia de Señoritas y quiso llamarse Juan Carlos: nadie sabe por qué lo hizo

Por: Guillermo Martínez

Todavía nadie sabe por qué aquel 5 de enero de 1939 decidió inscribirse en el Registro Civil con el nombre de Juan Carlos Beese Rodríguez. Esa es la gran incógnita que aún sobrevuela a la hora de hablar de la que siempre se dio a conocer, firmó y se refirió a ella misma con el nombre de Margarita Juana. La periodista Andrea Momoitio, convertida durante tres años en buscadora de la respuesta que nunca llegó y biógrafa accidental de una historia que estaba por contar, publica Farsante. Una historia queer en la Falange (Libros del KO, 2026). 

A caballo entre su Santa Cruz de Tenerife natal y Madrid, capital de su educación y desmanes, Margarita deja tras de sí una juventud repleta de mentiras que transitó entre la Residencia de Señoritas, su adhesión y predicamento a favor de la Falange, la cárcel y una muerte que llegó en Alemania bajo las bombas aliadas.

La investigadora Yanira Hermida Martín fue la primera que indagó en la vida de Margarita. Momoitio tomó su testigo y todavía ahora fantasea con que aparezca una tercera persona que pueda reconstruir un hilo desvencijado por el paso del tiempo, el silencio y el estigma. “Todo lo que nos queda por saber tiene que ver con su intimidad, y de eso no queda rastro. A mí ya se me acabó la imaginación”, acepta la periodista.

La más que entendible resignación que se apodera de Momoitio ante la falta de respuestas no impide vislumbrar toda una obra repleta de información. Sí sabemos que Margarita nació el 24 de junio de 1896, en el número 27 de la calle Duggi, en la finca de don Bruno, su padre, alemán. “Si no fuera porque no puede ser, creeríamos que no tuvo infancia”, escribe en su libro sobre Margarita la también autora de Lunática (Libros del KO, 2022). A los 19 años, en octubre de 1915, la tinerfeña ya firmaba en la prensa.

Una conservadora en el Madrid efervescente

Sus ansias de formación la llevaron a recalar en Madrid por primera vez a finales de abril de 1920. Al año siguiente, ya formaba parte de la Residencia de Señoritas bajo la tutela de la pedagoga y humanista María de Maeztu. “Procedía de una familia de nuevos burgueses. No venía de una familia rica de cuna. Lo que querían era tenerla controlada”, explica Momoitio. Fue en esos años donde comenzó a mentir, farsear su vida, para conseguir saborear la capital un tiempo más allá del que quería su familia. Allí coincidió con compañeras como Victoria Kent, la misma que diseñaría la cárcel en la que llegaría a estar presa casi tres meses en 1940.

Pero para eso todavía quedaban numerosas vicisitudes que experimentar en su biografía incompleta. Por ejemplo, formar parte de un movimiento feminista que entonces también se encontraba dividido. “Ella defendió la corriente que apostaba por promover el acceso de las mujeres a algunos derechos, pero enmarcados en la educación. El objetivo era estar más formadas para ser mejores esposas y madres, no para desarrollar sus propias vidas, intereses y carreras profesionales”, explica Momoitio. Vinculada a la fe católica, se opuso al sufragio femenino.

En la CNT por miedo, en la Falange por convicción

Margarita ingresó en el cuerpo de Correos en 1922 y la guerra civil estalló cuando se encontraba destinada en Málaga. Mientras tanto, se había convertido en la directora de la revista Héroes, cargo que ocupó apenas unos meses. Materializó su adhesión a la Falange en mayo de 1934, seis meses después de que José Antonio Primo de Rivera la fundara en el Teatro de la Comedia de Madrid. 

Momoitio no tuvo nada fácil cerciorarse de que esto era cierto. Solo lo hizo cuando en el archivo de Correos encontró una carta de la mismísima Pilar Primo de Rivera en la que pedía al jefe de Margarita que le otorgara un mes de permiso sin empleo y sueldo. “Dijo que era una camarada y que quería que trabajara para ella en Salamanca”, añade la periodista. Sucedió en diciembre de 1937.

Su militancia en la Falange la llevó a ser la delegada femenina del Sindicato Vertical en Málaga. Su objetivo era promover la sindicación de otras mujeres. Para conseguirlo, Margarita y otras como ella daban mítines en los que dejaban claro el papel secundario que deberían tener las mujeres, en el sindicato y en la sociedad en general. 

Para entonces ya había superado el expediente de depuración iniciado por los sublevados contra ella. Se percataron de que, durante un tiempo, engrosó las filas del anarcosindicalismo con el carné de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Se defendió. Temerosa de que Málaga cayera bajo el “dominio rojo”, lo hizo para no tener represalias, testimonió en su momento.

Un delito penado con años de cárcel

La documentación analizada por Momoitio indica que Margarita hizo todo lo posible por escapar de su trabajo en Correos. Con una baja médica, recaló de nuevo en Santa Cruz de Tenerife a finales de 1938. La víspera de Reyes del año siguiente, decidió ir al Registro Civil para remendar el error cometido por sus progenitores al nacer: no haberla inscrito. Sin embargo, decidió hacerlo bajo el nombre de Juan Carlos Beese Rodríguez. La detención llegó el 10 de mayo. Durante seis días, el tiempo que su padre necesitó para conseguir la fianza, durmió en la prisión santacruceña de mujeres.

Ella aseguró en un primer momento que el cambio de nombre respondía a su afán de ir al frente de guerra en Alemania. Es decir, dar hasta su vida por los nazis. El fiscal lo advirtió desde el principio de la causa judicial: “Porque ser hombre o mujer da lugar a distintos derechos y obligaciones y distinto trato en las relaciones sociales”. 

Las exploraciones médicas atestiguaron que no estaba claro que los caracteres sexuales secundarios y terciarios pertenecieran a un individuo de sexo femenino. “La voz, piel y el vello manifiestan una tendencia intermedia y algunos, francamente varoniles”, dejaron por escrito los médicos. Lo mismo sucedía con su aspecto psíquico. Clasificaron a Margarita como pseudohermafrodita o intersexual. Al mismo tiempo, cuestionada la propia Falange sobre si Margarita aparecía en sus listas, el partido joseantoniano renegó de su vástago.

Una penúltima huida

Nada evitó su condena, que llegó en abril de 1940. La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife determinó una pena de dos años, cuatro meses y un día de prisión por un delito de falsedad en documento público. También tuvo que pagar 2.500 pesetas de multa y parte de las costas del juicio. Pero el viaje no había terminado. En el tiempo que transcurrió hasta que la condena se hizo firme, Margarita marchó a la península sin autorización judicial para ello. “Dijo que nunca quiso eludir a la justicia y que lo hizo para cambiar de abogado”, explica Momoitio. Su padre, don Bruno, lo denunció.

La orden de búsqueda y captura pronto llegó a la capital. El 19 de octubre superó la puerta de la cárcel de Ventas, ideada por su antigua compañera de la Residencia de Señoritas Victoria Kent, para estar en ella 82 días. El 9 de enero de 1941, dos años después del intento fraudulento a ojos de la justicia de su inscripción en el Registro Civil, Margarita ya estaba de vuelta en Tenerife.

La escritora y periodista desconoce si Margarita realmente sentía cierta pulsión a socializar como un varón o su movimiento respondió a otros intereses. Nadie sabe ahora qué versión creerse: si realmente quería ir a luchar con la División Azul del lado de los nazis o se sentía un hombre y las personas se burlaban de ella, como también argumentó durante el procedimiento judicial. “Las mujeres falangistas de alguna manera se sentían por encima de la categoría general de mujeres. Yo creo que pretendía acceder a derechos o posibilidades que no tenía”, comenta Momoitio. A pesar de los recovecos que quedan en blanco en esta historia, la biógrafa se inclina por pensar que estamos ante una mujer cis, lesbiana, falangista y muy ambiciosa.

Muerta tras bombardeo aliado

En abril de 1943 cumplió la pena. Al final, consiguió marchar hacia Alemania. Recaló en un hospital psiquiátrico fundado en 1877 en la ciudad de Ahrweiler y en posesión del doctor Ehrenwall. Trabajó como enfermera. El 29 de enero de 1945, unas 200 bombas arrasaron la zona. Más de dos docenas de ellas fueron a parar a la clínica. Margarita murió, y con ella todo rastro a la respuesta todavía por descubrir: por qué decidió inscribirse en el registro como Juan Carlos. 

En abril de ese año, don Bruno publicó la esquela de su hija en la prensa local de Santa Cruz de Tenerife. Su cuerpo reposa en el cementerio de esta ciudad alemana. Una placa con su nombre y el de las demás enfermeras fallecidas durante el bombardeo sirve de homenaje. 

Momoitio asegura en su libro que nunca va a cansarse de conocer a esta farsante, a pesar de las contradicciones. “Ella pertenecía a ese grupo de personas que ganó la guerra e invadió el Estado español de represión y miseria”, apunta más adelante. Juan Carlos o Margarita inscriben así su nombre en los anales de las pequeñas historias, aquellas que nos construyen como sociedad, incluso alrededor de un círculo que, por el momento, no se ha cerrado. Preguntada una vez más Momoitio sobre el por qué de la decisión de la tinerfeña, concluye: “Vete tú a saber”.

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✇Diario De Vurgos (Burgos)

El anarcocomunismo frente a la teoría de juegos

Por: diario

Kropotkin soñó con anarquismo y ciencia. Probablemente influenciado por su tiempo y su profesión, la de naturalista. Kropotkin quería demostrar con las herramientas científicas la tendencia cooperativa de las sociedades mientras señalaba al anarcocomunismo de manera científica como la mejor forma de organización política.

¿Puede la ciencia demostrar esto? Probablemente no, o al menos no de forma contundente, nuestras sociedades tienen un marcado carácter de aleatoriedad y son impredecibles. Pero la ciencia tal vez pueda dar argumentos científicos y racionales para fortalecer nuestras orientaciones políticas. Más aún ¿pueden ayudar las matemáticas o dar razones para creer que el anarcocomunismo es la mejor forma de organizarnos?. Sigamos la estela de Kropotkin aunque el ejercicio sea demasiado osado. Lo haremos basándonos en la teoría de juegos.

¿Qué es la teoría de juegos?

Muy resumido. La teoría de juegos es una rama de las matemáticas que estudia la estrategia. Plantea problemas para estudiar las interacciones entre los “jugadores” y sus resoluciones. Esta rama de las matemáticas ha sido utilizada en ciencias políticas, economía, sociología… Es tremendamente interesante y entenderla te puede ayudar mucho en la toma de decisiones y las negociaciones.

Un poco de historia

La teoría de juegos ha sido aplicada con buenos resultados en economía liberal y conflictos bélicos. Conceptos como el minimax o el maximin, el óptimo de pareto o los equilibrios de Nash son muy útiles cuando estamos negociando o tenemos un conflicto y debemos decidir, ayuda mucho a plantear estrategias. De aquí que el mundo liberal o el de las finanzas se hayan aprovechado de esta rama enormemente y se nota que han contribuido también enormemente en ella. Muchos de los textos y de las ideas entorno a la teoría de juegos tratan desde una perspectiva individualista, liberal y económica de mercado que busca las ganancias y maximizar los beneficios.

La llegada de John Forbes Nash

Nash cambió la teoría de juegos para siempre, desde el punto de vista matemático dejo un legado incuestionable pero también desde el punto de vista social y personal. Hay demasiada literatura y filmografía sobre su vida como para pararnos en la historia de esta “mente prodigiosa”. De todos los conceptos que nos dejó Nash hay muchos que han contribuido a los sueños de liberales y economistas pero hay otros que cuestionaron los conceptos de la economía clásica. Nash dejó claro que en los juegos no cooperativos el mejor resultado no proviene de que cada individuo busque su propio beneficio, como teorizó Adam Smith, la mejor estrategia ese buscar el beneficio propio y el del grupo.

Nash revolucionó tanto la visión que el ideal de la feroz competencia capitalista ha ido tornando al capital en hegemónicos oligopólios. Si colaborar da mejor resultado, esa colaboración se ha terminado imponiendo a nivel empresarial. Ahora las empresas no siempre compiten, muchas colaboran pese a ser competencia.

El dilema del prisionero

Muchas de las conclusiones de Nash se explican partiendo de problemas sencillos de la teoría de juegos. Uno de los ejemplos más famosos es el dilema del prisionero. Vamos a cambiar los protagonistas del dilema del prisionero por el dilema de personas huelguistas.

Dada una empresa de dos trabajadores, estos trabajadores son conscientes de la posibilidad de obtener mejoras salariales y se plantean dos opciones ir o no ir a la huelga. Si uno de los dos decide no ir a la huelga, la huelga será fallida ya que el otro no cobrará y tendrá mala reputación pero el esquirol obtendrá más beneficio de la dirección. Si los dos van a trabajar ninguno obtendrá una subida salarial, la matriz de decisiones queda tal que así:

Huelga 1 Trabajar 1
Huelga 2 2 / 2 3 / -1
Trabajar 2 -1 / 3 0 / 0

El incentivo del esquirol es poder obtener mayor subida siempre y cuando su compañero decida ir a la huelga. Pese a que ser esquirol es una estrategia ganadora en el ámbito individual la mejor ganancia para el grupo es asociarse para ir a la huelga. Lo racional es que alguna persona intente ser una esquirol de primeras, ese es el primer equilibro de Nash. Pero ¿qué pasa si se juegan más convocatorias de huelga?. Primará la desconfianza y es probable que la conducta del esquirol se castigue. Con varios juegos sin ganar lo racional sería pensar en otro equilibrio de Nash. El esquirol desistirá y terminará haciendo la huelga ya que es la única forma de obtener beneficio, surgirá la cooperación.

Trabajadores

Otro de los ejemplos míticos sobre Nash es una conversación son sus amigos que explicaremos de la siguiente manera: Un grupo de trabajadores se dirigen a la plaza de su pueblo para buscar el tajo del día. Por el camino todos quieren ir con un único patrón, es el que mejor paga y el trabajo no es duro. Pero saben que si todos acuden a él competirán entre ellos y el buen patrón puede bajar las buenas condiciones además de quedarse sin tajo ese día. El trabajador que leyó a Nash les advierte que competir entre ellos es muy mala estrategia, lo mejor es que colaboren y no acudan a la plaza cada uno por su lado. Pueden turnarse al buen patrón además de adecuar las elecciones del tajo a sus intereses personales.

La vida real

El juego de los huelguistas es simple cuando existen tan sólo 2 trabajadores, pero cuando la empresa tenga 200 trabajadores las combinaciones darán 40000 resultados posibles. Si a esto le sumamos que no todos los trabajadores son iguales, que hay trabajadores no cualificados, cualificados, mandos y personal más cercano a la administración, la cooperación en un entorno competitivo se empieza a tornar tremendamente difícil. Además los valores no son equitativos un trabajador cualificado puede obtener más beneficio traicionando a sus compañeros y un mando puede ser coaccionado con recibir represalias mayores de la dirección. Sin olvidar que no siempre somos racionales. En situaciones como estas el equilibrio de Nash tiende a la existencia de esquiroles pese a que es una estrategia perdedora tanto para el grupo como para muchas de las opciones individuales, el equilibrio es muy frágil.

El problema de la huelga tiene estrategias ganadoras históricas de los trabajadores. Por ejemplo los trabajadores pueden usar las asambleas para entender las estrategias individuales de los trabajadores y organizarse en una estrategia común. Además pueden usar los piquetes para ser la excusa de huelguistas con miedo y coaccionar a esquiroles. A su vez hay escenarios de división, la competencia entre trabajadores es una ventaja indispensable para la empresa. La empresa procurará sembrar el desconcierto con promesas individuales o manejando a los representantes sindicales. Una figura importante aquí es el representante sindical que desde el punto de vista de la teoría de juegos es un factor limitante de los trabajadores, ya que normalmente no beneficia la cooperación si no que la dificulta y la empeora en su representación de los mismos.

La vida real es un juego no cooperativo imposible de medir.

Cuando Pior Kropotkin conoció a John Forbes Nash

Pior Kropotkin estaba influenciado por un contexto cienticifista, como les pasó a muchos marxistas de su tiempo, el tan criticado determinismo es buen ejemplo de ello. Se cree y probablemente sea cierto que Kropotkin intentó demostrar que el apoyo mutuo es un factor tan determinante en la evolución como la competición entre individuos. Además lo intento demostrar desde un prisma científico basándose en el método “inductivo-deductivo” y en sus conocimientos como naturista. Si Kropotkin hubiese leído las definiciones formales de la tesis de Nash “Non-Cooperative Games” estoy seguro que su enfoque hubiese sido mucho más contundente y categórico, la cooperación es más importante que la competición. El problema es que la cooperación es mucho más complicada de poner en práctica mientras que la competición es trivial y promoverla resulta no ser beneficioso.

Sistemas como el anarcoindividualismo o el liberalismo no fomentan para nada la cooperación, tampoco el socialismo que se apoya en los líderes y desigualdades sociales en función de la valía y la competición entre individuos para ascender en la escala social. El anarcocolectivismo pese a no tener líderes da a los individuos el derecho a poder obtener mayores recursos en función se su contribución social. Aunque pueda sonar tremendamente simple una sociedad igualitaria, al menos en lo económico, maximiza la ganancia para el grupo.

Kropotkin intentó no sólo explicar si no demostrar a los socialistas y a otras ramas del anarquismo que el apoyo mutuo es una estrategia ganadora en el complicado juego no cooperativo de la vida. Ese apoyo mutuo es pilar fundamental del anarcocomunismo, que no contempla individuos con más recursos que otros. Como pasó con Nash muchas mentes brillantes que han ayudado y ayudan a otros a enriquecerse no verán nada de todos esos recursos acumulados pese a su incalculable contribución. La sociedad incluso puede darles la espalda, como le pasó también a Nash una época de su vida.

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Un canto a las raíces, a los afectos y a los futuros

Por: Azahara Palomeque


Azahara Palomeque escucha en Pueblo blanco azul las historias que guardan las casas y los olivares, y nos devuelve esas voces ausentes que hablan de amores desafiantes, viajes liberadores y de las lealtades y traiciones que rigen un pequeño mundo.

 

El barbudo, llegándose a mis proximidades, se mesó la melena que le tapaba medio busto y sonrió en diagonal, de modo que únicamente le asomase el colmillo derecho. ¿Va a responderme usted o ha venido a titubear? Cualquiera diría que ha estudiado tanto, se burló. Se me reajustaron las sinapsis y expresé: buenas tardes, ¿señor…? No tengo el placer. Mi nombre es Elaia, significa «olivo» en griego. Andaba a la procura de la tumba de Francisco Torres Rojano, el tío de mi abuelo Antonio. Me observó desafiante mientras se sacudía en el bolsillo un manojo de llaves. Así que va a ser verdad, te noto bien informada. ¿Trabajas para algún organismo de la memoria histórica ahora?, inquirió, esta vez tuteándome. No, señor… Ramón, como el de la poda de tu árbol, hay que joderse, espetó. Ramón, encantada. Realizo una investigación independiente destinada a la escritura de una novela, pura ficción; no tengo patrocinadores, simplemente me gustaría saber más sobre mi familia; Ramiro Merino me aseguró que usted era muy eficiente. ¿La tumba de Torres Rojano? Soy consciente de que lo asesinaron durante la guerra y, a partir de ahí, le pierdo la pista. Agradecería cualquier aclaración o detalle por su parte. El libro de los muertos lo guardo en el casetón, ven, me dijo. Introdujo el filo dentado de una llave en una vitrina y agarró una especie de manual, grueso, donde figuraba el registro que yo anhelaba: Torres Rojano, fusilado el 3 de agosto de 1939 a la edad de cuarenta y dos años; su sobrino Antonio iba a cumplir quince. No te puedo decir más. Pero…, rechisté, ¿un rastro físico, una placa, algo? Me retumbó en el oído la carcajada, y por fin asistí al espectáculo integral de su dentadura: el flanco molar izquierdo brillaba ennegrecido como consecuencia de los empastes. Mira, niña, si caminas hacia el lado opuesto de donde has iniciado tu «investigación», allí, allí, exacto, en las inmediaciones del paredón, vas a notar que ni cipreses, ni sauces, ni olivos, ni leches crecen, mero descampado, y que la tierra se mueve cuando la pisas, claramente porque está infestada de mil orificios, cuidado, creerás que se trata de una llanura seca, pero está escalonada abajo, ve con tiento, no te confíes; bueno, pues allí hay magulladuras de bala sobre la tapia, los casquillos los barrió mi padre y, a lo que iba, el terreno desnivelado y ahuecado dice cosas, no es preciso ser forense, tú ya me entiendes, pero… que no te nublen los sentidos las aventuras novelescas: la fosa común y lo que se conoce aquí como «patio de los ahorcados» son la misma superficie inestable; es decir, fiambres no cristianos. Pega la oreja, realiza tus ritos satánicos, extiende la ouija o rásgate las vestiduras, mientras no montes una escandalera a las autoridades competentes les importa un pimiento, y yo hago la vista gorda; tú te das tu paseo, recolectas impresiones para tu libro y aquí paz y después gloria, ¿de acuerdo?

(…)

En un alarde de valor, me aventuré a explorar lo que ya sabía un dédalo inquietante. Dicen que la tierra se arrogó un núcleo magnético y, apegadas a ella, nuestras vísceras imantadas configuran la ley de la gravedad. Incliné un poco el cuello hacia las entrañas hueras del sitio. Francisco, ¿me oyes? ¿Seremos del mismo metal? He venido a reconciliarte con la historia, perdóname la arrogancia. ¿Qué manjares comes en las profundidades? ¿Lombrices, polvo enamorado, cobre? ¿Qué sentías mientras te estabas muriendo? ¿Hizo un calor sofocante y te descerrajaron la cabeza? ¿Dejaste mujer e hijos? ¿Por qué formaste parte de la defensa del pueblo sin ser anarquista? ¿Consideraste exiliarte? ¿Con quién compartes el habitáculo estrecho de la zanja? ¿O es grande como un salón de baile? ¿Te gustaría que te irguiesen un monolito donde no figure la bandera republicana? ¿Vale la pena rescatar un ideal pútrido, si la materia orgánica ya no se pudre porque carece de microorganismos? Pero tu muerte llegó antes que la ubicuidad química. Entonces tropecé con una ranura por la que comenzó a brotar humo; la tierra se hendía lentamente en besanas irregulares, capilares que emulaban el lecho de un río resquebrajado, a lo que se sumaba mi percepción de estar pisando los arrebatos de un géiser, pues notaba una energía inaudita latiendo debajo de mis suelas,  balanceándome mientras a duras penas intentaba levantarme, al menos adoptar una postura sedente, no de rodillas.

(…)

Me puse de pie y salí corriendo de aquel lugar totalmente falta de orientación, pero movida por un instinto que pronto me devolvió al llano Jesús; de soslayo, divisé el hospital, un convento adosado a su derecha, y acompasé mi taquicardia a una velocidad que despertó la curiosidad de las gentes acodadas en el bar Manolo; bajé la calle Alta, dejando atrás sus comercios y casas señoriales, a las vecinas que murmuraban qué hace la periodista loca yendo así, va a arrollar a algún chiquillo, o bien, la va a pillar un coche, se va a partir la crisma y, finalmente, aparecí frente a la iglesia Madre de Dios, tan insignificante, tan pequeña en su esquina, apenas un garbanzo cuya planta trapezoidal en su día devanó los sesos de los más agudos historiadores —que si fueron dos ermitas cruzadas, que si antes hubo una mezquita—, y me paré en seco. Sólo entonces caí en la cuenta de que aún aprisionaba entre los dedos el ramito de amapolas que había cortado allá en lo alto. Lo miré. ¿Para quién sería mi ofrenda? Ni siquiera había tenido el coraje de llorar frente a la tumba de mis abuelos.  

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✇El Digital de Albacete

El pueblo de Albacete que será clave para el reservorio genético de biotipos autóctonos de variedades de vid

Por: El Digital de Albacete

La primera fase del proyecto ‘Selección de biotipos autóctonos de variedades de vid castellanomanchegas’ ha concluido después de tres años de intensa labor de monitorización, identificación, análisis y creación de parcelas de investigación encaminada a la recuperación y selección de biotipos autóctonos de vid en Castilla-La Mancha. Dichos trabajos se están llevando a cabo en …

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Rosalía: una noche en la ópera

Por: Fran G. Matute

Con la eterna sensación de que nos estamos perdiendo algo, nos acercamos a Lux, el último y aclamado álbum de la siempre inquieta Rosalía (Barcelona, 1992). El salto de calidad-madurez dado entre este y su anterior disco, el muy sobrevalorado Motomami (2022), es sin duda grande, aunque no tanto si tenemos en cuenta que en canciones como «Hentai» o «GR N15» se nos dejó ya ver por dónde podían ir los tiros. Es cierto que estamos ante una obra más rompedora (sonora y conceptualmente hablando), aunque solo sea por lo inesperado que ha supuesto su envoltorio clásico (vía la London Symphony Orchestra y el coro de la Escolanía de Montserrat), un envoltorio por otro lado tan asfixiante, por su impronta, por su protagonismo, que ha terminado por uniformar en exceso el conjunto, lo que quizás afee su escucha completa y continuada.

Rosalía
Portada de Lux. COLUMBIA

El disco apabulla en cualquier caso, sobre todo en una primera cata, gracias a una producción tan imponente como arriesgada, que logra dar cuerpo y belleza incluso a las composiciones más enclenques. Por fuera, Lux es sin duda la obra de una artista en estado de gracia que rechaza doblegarse ante su condición de estrella mainstream para seguir experimentando y reinventando su particular propuesta, pero por dentro, esto es, analizando canción por canción, alguna que otra costura se puede ver.

Ciertas letras flojean, por más que giren sobre temas trascendentes como la reconstrucción personal y el reencuentro con la fe. La voz de Rosalía puede ser también a veces cansina, sobre todo cuando abusa del melisma. La vocación internacionalista del disco, con letras en 14 idiomas y guiños al flamenco, al fado y a la canción francesa, sabe en ocasiones a pastiche. Algunas baladas lúgubres se hacen a menudo plúmbeas, por grandilocuentes. Por eso Lux brilla sobre todo cuando más radical y festivo se muestra. Prueba de ello son sus dos primeros singles, «Berghain» (rompedora composición de cámara amadrinada por la mismísima Björk) y «La Perla» (con precioso y delicado acompañamiento a cargo de Yahritza y Su Esencia, en choque frontal con la punzante mala baba que respira la canción), dos pequeñas joyas capaces por sí solas de desmontar a todo aquel que pensara que Rosalía no era más que un producto reggaetonero.

Lux no será perfecto, ni falta que hace, pues es un disco innegablemente osado e imaginativo, también importante, si así lo queremos ver. Eso sí, no abusen de él.

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The Motherhackers cap.4

Por: Radio Almaina
Sesion de blues del dia 22 de marzo desde el espacio creativo La Chistera, esta sesion conto con la participacion de: Fernando Beiztegui, Guitarra y voz. Adrian Jimenez, Armonica y voz. Guille Nother, Bateria. Javi Rodriguez, Bajo electrico.

Radio Almaina - The Motherhackers cap.4

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El cine como herramienta antifascista: el poder de la imagen contra los discursos totalitarios

Por: Guillermo Martínez

La política está en la mirada, en la construcción de la secuencia, la inclusión de una música, en la decisión de qué se queda fuera de la cinta. Lo saben bien todos aquellos cineastas que se decantan por relatar una memoria antifascista, conscientes de que los numerosos obstáculos que encontrarán intentarán cercenar el pensamiento crítico que sus trabajos provocan en el público. En tiempos en los que el autoritarismo arrastra adeptos en todas las capas sociales y la imagen se convierte en vehículo principal a nivel comunicativo, la cultura comprometida con la justicia social y la memoria democrática se yerguen como un faro que ilumina el camino. 

En momentos en los que se impone la violencia, la represión, el genocidio, lo primero que destrozan es la cultura”, adelanta Eva Aladro Vico, catedrática de Teoría de la Información en la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Esta especialista en comunicación, discurso mediático y estructuras de poder en los sistemas informativos fue una de las participantes de Cultura contra la barbarie: el cine como instrumento de resistencia antifascista

La mesa, celebrada en el Teatro del Barrio este 24 de marzo, día en que se conmemoraron los 50 años del golpe de Estado en Argentina, e impulsada por el colectivo Atado y Bien Atado, estuvo presentada por la periodista y politóloga Irene Zugasti, quien planteó debates sobre la batalla cultural, el momento político actual y el cine social.

Del entretenimiento político a la cultura-anestesia

Amparo Climent, artista multidisciplinar y autora del documental Dolores Ibárruri. Pasionaria, galardonado con la Biznaga de Plata en Málaga en 2026, defiende que, para el fascismo, “la cultura es un elemento considerado subversivo al plantear una mirada completamente diferente”. La puntualización que realiza Vicent Monsonís, productor, guionista y director cinematográfico que acaba de estrenar la película de ficción La invasión de los bárbaros, marca el devenir de la mesa: “Yo no soy tan idealista. Hablamos de la cultura como término genérico, pero los fascistas también hacen cultura”.

Sustenta su afirmación en la experiencia propia. “Yo vengo de un territorio periférico como València, con gobiernos ultraconservadores durante décadas, y hacer cultura no era imposible. Era imposible para gente como nosotros, con cierto criterio, que defendíamos algunas posiciones y nos ubicábamos contra el poder”, dice el cineasta.

Monsonís opina que la idea tan arraigada de que el cine es únicamente entretenimiento procede de Estados Unidos. Lo plantea como si esta cultura-anestesia escondiera tras de sí otros objetivos también políticos. “Nos vendieron una industria en la que cuanto más entretenida parece una película, menos comprometida es. Pero no es así. Su carga ideológica es muy superior que aquellas que te apelan de forma directa y de una manera ideológica”, sostiene.

Por su parte, Climent, quien preside la Asociación Cultural Arte y Memoria, acepta que no tiene muy claro cómo diferenciar arte de entretenimiento. “Todo lo que se hace, absolutamente todo, tiene un objetivo político. No es solo la mirada que ponemos al escribir un guion. Hay muchas cuestiones que realmente están inclinando esa mirada hacia distintos lugares”, añade.

Del cine social al cine socializante

Ante la mirada impertérrita de las casi 20 fotografías de Olmo Calvo que forman la exposición Artículo 47 y que abordan la lucha por la vivienda digna en el Teatro del Barrio, las participantes también charlaron sobre el cine social, con nombres como Ken Loach y Passolini como referencias. “Nosotras hacemos cine y que cada uno lo catalogue como considere. Yo soy militante de la memoria democrática de las mujeres, que está absolutamente olvidada y perdida”, sostiene Climent al respecto.

Sin embargo, existen productos culturales que abandonan la neutralidad para hacer del espectador una persona más ignorante, sobre todo si no abordan un tema vinculado directamente a lo ideológico. Así lo explica Aladro, quien se decanta por arrebatar el título de “cultura” a ese tipo de artefactos. Por otro lado, define como “fundamental y crucial” el cine social: “Te vincula con cosas que desconocías y que puedes llegar a sentir para entender las injusticias”. No hace falta irse a títulos grandilocuentes fuera de las fronteras españolas. Ahí queda la película de Los santos inocentes, que siempre nos enseñará quiénes son y qué hacen los señoritos.

Monsonís intenta profundizar en la cuestión con sus palabras. Además de pretender hacer cine social, como ocurre con La invasión de los bárbaros, también persigue realizar un cine socializante. Más allá de aquellos trabajos cinematográficos etiquetados como memorialistas pero centrados en biografías concretas, el cineasta valenciano asegura que prefiere dejar algo más de lado los personajes y centrarse en la sociedad. “Así toda la gente se siente interpelada y no piensan que han visto una historia ajena, sino que le hemos contado su propia historia”, señala antes de recalcar que echa de menos más películas que ayuden a crear vínculos y construir sociedad.

Un asesinato que no deja sangre

Aladro procede de la Facultad de Ciencias de la Información de la UCM, donde Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y líder de un Gobierno con políticas que empobrecen la universidad pública, fue nombrada Alumna Ilustra en enero de 2023. El claustro no fue lo suficientemente fuerte como para forzar que no se produjera el nombramiento. “Hay interés en hundir a la universidad pública a través de informaciones periodísticas que publican medios con intereses en la educación privada”, asegura la docente. Y exclama: “Vivimos en un mundo de ilusiones de espectros que controlan absolutamente el sistema”.

En torno a la cuestión puramente cultural y memorialista, la catedrática señala: “La memoria es lo que nos mantiene vinculados con el pasado y nos proyecta al futuro. La cultura, cuando te la cargas, no deja huellas, es un asesinato que no deja sangre”. Asiente Monsonís con la cabeza, pero también con las palabras. Tal y como finaliza: “El cine es la herramienta más potente que tiene la cultura para expresarse, y eso es algo que los Estados Unidos saben bien, por eso llevan 100 años colonizándonos con su cine”.

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Las otras voces del campo (y 2)

Por: Miguel Ángel Fernández

Latifundistas tiránicos, precariedad laboral, migrantes esclavizados, acoso sexual, falta de sindicalismo… Los males del campo español (como vimos en el capítulo anterior) son muchos, sobre todo para quienes trabajan la tierra, cuyas voces casi nunca son oídas en los medios de comunicación. Pero lejos de esas prácticas depredadoras se encuentran casos como el de Marinaleda, donde más de 1.250 hectáreas son trabajadas de forma cooperativa desde que, en 1991 y gracias a la intensa agitación social y las ocupaciones promovidas por el antiguo Sindicato de Obreros del Campo (SOC), la Junta de Andalucía expropió la finca al duque del Infantado para ceder su uso al pueblo con la condición de que se constituyeran cooperativas agrarias encargadas de gestionar colectivamente la explotación.

Esa realidad colectiva ha llevado a Marinaleda a ser el pueblo con menos desempleo de toda Andalucía. El caso de Marinaleda no es el único en la región, pues existen experiencias cercanas como La Zarza o la Cooperativa Campo de Tejada. Y aunque sin llegar al modelo político-social de Marinaleda, otras grandes cooperativas agrupan a productores para gestionar tierras y productos de manera conjunta, como Acor en Castilla y León.

En España, las cooperativas agrarias facturan más de 30.000 millones de euros anuales, con más de un millón de socios, y se han convertido en un motor fundamental del sector. Pero, a pesar de esas cifras, el impacto del cooperativismo agrario sigue siendo más bien escaso en la actualidad informativa: Marinaleda, por ejemplo, solo aparece en los medios para recordarnos que siempre ha gobernado el mismo partido bajo diferentes siglas, obviando su realidad sociolaboral.

“El mundo rural en general y el campo en particular no son cultura mainstream desde el momento en el que ni a nivel poblacional ni de poder adquisitivo son interesantes para la industria cultural o de la información. Al no ser cliente sujeto, cuando son reflejados lo son en tanto que mercancía-objeto y, por consiguiente, con la expectativa del urbanita medio, que demanda y adquiere esa cultura”. Son palabras de Gonzalo Palomo, presidente de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología (SEAE), creada en Cáceres en 2024. “Más allá de haberse convertido en cauce de compra-venta, el impacto de las cooperativas es limitado. En algunas comarcas ha sido crítico para dar garantías de estabilidad al sector, eso está claro, pero ha perdido el sentido fundacional de Rochdale”. Palomo se refiere a la Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, fundada en Inglaterra en 1844 por trabajadores textiles y considerada la primera cooperativa de consumo moderna.

Gonzalo es militante del cooperativismo agrario e impulsor de numerosas iniciativas, como la de ACTYVA, cooperativa de tipo integral y sin ánimo de lucro creada en Extremadura hace más de 10 años como respuesta a la última crisis financiera. “Viene del movimiento de las cooperativas integrales, cuya cara más visible fue Enric Durán, desde Catalunya. Participamos en todo aquel movimiento, que poco a poco se ha ido desinflando un poco en esta parte de la península, pero no así en Portugal. Allí ahora mismo hay una quincena de cooperativas integrales organizadas en una red en la que nos hemos integrado, y también lo ha hecho Estraperlo”.

La cooperativa fue una de las entidades encargadas de organizar el XV Congreso Internacional de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica y Agroecología en 2024 y su propuesta va más allá de “hacer cooperativismo agrario, de trabajo asociado, de consumo o cualquiera de las clases de cooperativas que recogen nuestros estatutos”. Además de todo eso, busca “romper la cosificación a la que somos sometidos como productores/consumidores, pasando a ser sujetos político-económicos plenos, con capacidad de decisión sobre los mayores aspectos posibles de nuestro día: alimentación, vivienda, vestido… Desde la libertad y la responsabilidad que implica un modelo en el que no hay personas empleadas sino emprendedoras”. ACTYVA, además de su departamento agrario cuenta con otros nodos, como BBBFarming, centrado en comunicación, investigación y desarrollo para el sector agroalimentario.

Las otras voces del campo
Esquilado de ovejas merinas negras (raza en peligro de extinción) en la montaña de Cáceres, un proyecto ganadero de ACTYVA Cooperativa. BBBFARMING

A la cooperativa extremeña le están saliendo espejos como Xuntanza Campesina, que se presentó en 2024 en Asturias coincidiendo con el Día de las Luchas Campesinas, o el guipuzcoano Amillubi, un proyecto de reciente creación que nace con el objetivo de “convertir la tierra que nos sostiene en un bien colectivo” gracias a un movimiento agroecológico cuyo objetivo es “proteger la tierra, para que las personas que se dedican a la agricultura tengan tierras que cultivar y la ciudadanía alimentos saludables”.

Pese a habitar en esas zonas oscuras que no gozan de la atención habitual de los focos, se hace necesario escuchar las voces de Mihaela, Germinal (protagonistas de la primera parte de este reportaje), Gustavo, Ana o Gonzalo, para seguir completando el complejo caleidoscopio que conforma el mundo rural, mucho más rico y plural de lo que habitualmente nos cuentan los medios generalistas.

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Tendencia Utópica T01P08

Por: Radio Topo

En nuestro octavo programa empezamos el tratamiento radiofónico con varios textos antiimperialistas (“Apuntes sobre la mundialización de la guerra y las resistencias de los pueblos”) y el manifiesto del 40 aniversario de la entrada de España en la OTAN. En el prospecto, que os compartimos debajo de la descripción, encontraréis los enlaces a todos los […]

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Las otras voces del campo (1)

Por: Miguel Ángel Fernández

No falla. Ya sea con el acuerdo Unión Europea-Mercosur, las consecuencias económicas de la guerra de Irán o las elecciones en cualquiera de nuestras comunidades con peso rural, cada vez que los medios se preguntan por los “problemas del campo” acaban dando voz casi exclusivamente a las asociaciones profesionales de agricultores y ganaderos – a veces calificados erróneamente como “sindicatos agrarios”– ASAJA, COAG, UPA… cuando no directamente a Abascal, a caballo y disfrazado de integrante de la familia real británica en una jornada de la caza del zorro. Pero la realidad en el campo es mucho más diversa y cuenta con otras voces que raramente gozan de eco mediático. Aquí van algunas de ellas.

Gustavo Sánchez es jornalero cordobés y hasta hace nada organizador sindical de CNT en el sector agrario. Aunque actualmente trabaja en la Administración, dedicó décadas de su vida laboral a faenar en las campañas agrícolas de la vendimia manchega y la aceituna de la sierra cordobesa. Para Gustavo, los medios “olvidan de manera premeditada a las personas jornaleras migrantes y nativas, y se da una imagen del campo español como la de un sector levantado por propietarios emprendedores que se sirven sólo de su fuerza de trabajo y la de su familia; una imagen completamente falsa”.

“En Andalucía y otros territorios de latifundio, la inmensa mayoría de las propiedades son heredadas, desde los Alba, los Domecq o los duques del Infantado, hasta los medianos o pequeños propietarios (entendiendo por pequeños a extensiones considerables de olivos, viñas, campos de frutos rojos, ganadería…)”, continúa Gustavo. “No estoy hablando de agricultores de pequeñas explotaciones, ni cooperativas que trabajan día a día y que son también las grandes olvidadas, junto a jornaleras y migrantes temporeras. Además, estos últimos no reciben, en su mayoría, subvenciones de la PAC, mientras medianos y grandes propietarios reciben una millonada por extensión de terreno, incluso por tierras no cultivadas”.

“El mundo jornalero no ha desaparecido. Se ha transformado y es más diverso. Hace 30 años había todavía muchas personas de los pueblos andaluces que se dedicaban a tareas relacionadas con el campo, que también salían al extranjero para campañas en Francia o Bélgica. Hoy día los pueblos están vacíos ante la falta de expectativas laborales, y en buena medida esa mano de obra es suplida por personas migrantes de diversas procedencias: África subsahariana, Marruecos, Rumanía, América Latina…”. Con un alto porcentaje de mujeres, además: “En la recogida de los frutos rojos, proceden de Marruecos en su mayoría, pero también de Rumanía, países del Este o Latinoamérica. Hay que poner el foco también en esa realidad, que además suele ser muy precaria”.

El “mar de plástico”

El Poniente almeriense alberga la mayor concentración de invernaderos de toda Europa y cuenta con más de 25.000 hectáreas de cultivo bajo plástico, siendo el núcleo productivo más importante de nuestro continente. Genera, junto con las zonas limítrofes, alrededor de 110.000 puestos de trabajo directos e indirectos. El “mar de plástico” es vital para la agricultura nacional, liderando la exportación de hortalizas durante el invierno y representando una de las mayores fuentes de ingresos y empleo del sector agroalimentario.

En paralelo a la creciente mano de obra, se extiende también un ecosistema de precariedad y explotación laboral: “Llevo muchos años, unos veinte, en invernaderos y también en el manipulado, y las condiciones son de mucha explotación: estamos obligadas a trabajar diariamente nueve horas, más horas extras que deberían ser pagadas, pero que en realidad no lo son; y si protestas te echan. Lo mismo si te coges una baja: te echan. No tienes vacaciones y hay muchísima gente con depresión. Y luego está el tema del salario: teóricamente se paga lo pactado, 50 euros por día, pero si no estás asegurado te quitan 5. Y si quieres tener todo el mes cotizado tienes que pagar al jefe 18 euros al día. Él te cotiza solo 10 días; si quieres más lo pagas tú. Bueno, se lo tienes que dar tú para que cotice por ti”. Quien denuncia el abuso patronal es Mihaela [nombre figurado], trabajadora de origen rumano que lleva varias décadas en España.

Sus palabras son corroboradas por Germinal [nombre figurado], trabajador de una explotación agraria de la zona: “Hay que partir del hecho de que no se respetan el convenio provincial ni las horas estipuladas; en el mejor de los casos, se trabajan ocho horas al día toda la semana, es decir, sábados incluidos, pero es muy común trabajar nueve. Una cosa es lo que pone en nómina y otra lo que se cobra. El salario más común son 45 o 50 euros por día, pero un trabajador puede perfectamente tener una nómina de 400 euros un mes, pese a haber trabajado todos los días menos los domingos, cobrando el resto en negro. Así la empresa se ahorra cotizaciones y seguros sociales. De hecho, está muy extendido cotizar 10 o 12 días, cometiendo fraude a la Seguridad Social. Por supuesto nada de vacaciones, todo lo más 10 o 15 días, y nada de pagas extra, ni días de asuntos propios. Eso, cuando existe un contrato, porque luego está la confianza de la empresa; no se le hace contrato a cualquiera. Es habitual tener personal sin contrato para situaciones excepcionales, o no tan excepcionales, de aumento de producción”.

Las personas con las que hemos hablado coinciden de manera repetida en el abuso empresarial que se sufre en el sector. ¿Causas? Germinal apunta algunas: “Por aquí, el pico de producción se da en los meses de octubre, noviembre, diciembre y enero, y ante la escasez de mano de obra local, se recurre a trabajadores migrantes en su mayor parte. En esos meses puede haber fácilmente un 20 o 25 por ciento sin papeles, principalmente subsaharianos y magrebíes. Estas personas necesitan, entre otras cosas, un contrato de trabajo que varía, según nacionalidad, entre 4 meses y un año”.

Se dan pues condiciones de extrema precariedad que hace que el colectivo migrante se encuentre sometido a la total arbitrariedad del contratador: “Es habitual que un trabajador empiece a trabajar recién llegado a España y esté tres años sin contrato intentando demostrar que es un trabajador de confianza y que se ha ganado el ansiado documento de trabajo”.

La situación del campo en España dista de la realidad que Gustavo ha observado en otros países europeos: “En la vendimia en Francia, mi experiencia ha sido totalmente diferente: condiciones de trabajo, salario y estancias son mucho mejores; los ritmos de trabajo diferentes, e incluso la actitud patronal, ya que aquí la cultura empresarial viene del franquismo y busca esquilmar al máximo al trabajador. Allí hay otra mentalidad. No quiero decir que no haya explotación, pero se notan las diferencias. Como en las nóminas, que se cumplen a rajatabla tanto en las percepciones, horas extras, festivos, desplazamientos, cotizaciones… Eso aquí no ocurre en la mayoría de los casos”.

Sindicatos en el campo

A la precariedad a la que se ven sometidas las personas migrantes, se une la dificultad de representación sindical en el sector. Germinal afirma que “los sindicatos de concertación no existen aquí, no quieren saber nada de precarios ni de inmigrantes, y mucho menos de inmigrantes precarios. La única presencia que se hace notar en la agricultura intensiva bajo plástico es la del SAT, con presencia en El Ejido y Níjar y en explotaciones grandes. Y algo menor, la de CNT. Aquí las explotaciones son relativamente pequeñas: la mayoría de tres o cuatro hectáreas. También existen de 50 hectáreas, pero no es lo habitual. Y el número de trabajadores, relativamente bajo: dos por hectárea en época normal y de cuatro a cinco en épocas de mucha producción”. En esas condiciones se hace difícil desarrollar una implantación sindical efectiva, y hacer un seguimiento de todas las irregularidades se convierte en una tarea titánica.

Mihaela y Germinal, coinciden en que la denuncia por parte del trabajador implica normalmente el señalamiento y la amenaza de despido. A veces incluso acompañada de una respuesta violenta. Lo que no impide, como afirma Gustavo, que las personas migrantes empiecen a organizarse “para conseguir viviendas dignas”, ya que muchas se encuentran en asentamientos de chabolas e infraviviendas, algo habitual en Huelva o Almería. Y de igual manera, para mejorar sus condiciones de trabajo, “como en el caso de las trabajadoras de la fresa en Huelva, con alianzas entre temporeras andaluzas y migrantes luchando juntas”.

El exjornalero incide en las dificultades por las que atraviesa el sindicalismo por hacerse un hueco en el sector: “El sindicalismo tradicional de clase ha perdido un poco la influencia en el campo y por eso están surgiendo asociaciones y colectivos de trabajadores migrantes que suplen esa carencia. En Andalucía, el SAT se mantiene en ciertos pueblos, pero se ha reducido mucho la afiliación”. También influye la temporalidad y la falta de conexión entre jornaleras de diferentes procedencias: “Creo que el sindicalismo de clase tiene que trabajar estos temas y no dejar olvidado el campo, porque, si no, será la extrema derecha la que capitalice el descontento”.

Agresiones sexuales

“Hay que tener presente el internacionalismo como seña de identidad del sindicalismo y de las luchas obreras y jornaleras”, continúa Gustavo. A su juicio, no es conveniente desentenderse del terreno agrícola para que la extrema derecha levante un argumentario falso sobre lo que es el campo y quién lo trabaja. “Hay que dar a conocer la realidad en las explotaciones rurales y cómo sin las personas migrantes sería imposible mantenerlas”, sentencia. “Y hay que hablar de las mujeres, que son invisibilizadas, de las cooperativistas, los cuidados en las zonas rurales o las trabajadoras migrantes que son explotadas en campañas como la fresa o en los invernaderos y se ven sometidas a abusos y agresiones continuas, incluso sexuales”, añade.

Y es que la explotación laboral no es el único desvelo al que tienen que enfrentarse las mujeres migrantes. El colectivo se ve sometido, en no pocas ocasiones, al acoso sexual, tal y como reconoce Mihaela: “Hay muchos casos de acoso, e incluso agresiones sexuales, por ser extranjera. Porque entre ellos se conocen y no van a acosar a una muchacha del pueblo, ¿no? Conocen a los padres, se puede enterar no sé quién… Pero nosotras venimos de fuera, no tenemos familia, no tenemos a nadie y se creen que no tenemos ningún apoyo y que pueden hacer con nosotras lo que les da la gana. Suele pasar más en el campo que en los almacenes del manipulado, donde también existe, aunque es más leve. Pero en los invernaderos se ven casos realmente fuertes”.

Nuevas experiencias

Al igual que en el Poniente almeriense, el cultivo de frutos rojos en Huelva es un pilar estratégico del sector agrario español: concentra el 98% de la producción nacional de berries (fresa, arándano, frambuesa, mora) y cerca del 30% de la Unión Europea. Representa el 11,5% del PIB provincial y genera más de 100.000 puestos de trabajo. Y al igual que en el caso almeriense, viene acompañado de una situación de explotación en el que destaca el colectivo migrante. La realidad ha llegado a ser denunciada por Philip Alston, relator especial sobre la extrema pobreza y los derechos humanos de la ONU, que en 2020 declaraba que las personas del campo onubense vivían “como animales”.

Las otras voces del campo
Chabolas al lado de los invernaderos donde trabajan los temporeros. ANA PINTO

Precisamente una de las nuevas experiencias que intentan hacer frente a la situación es la de la asociación Jornaleras de Huelva en Lucha. Así nos lo cuenta Ana Pinto, una de sus portavoces, que además nos comparte la buena nueva de que acaban de constituir la Sindical Obrera Andaluza: “Tenemos por un lado la asociación, y por otra hemos creado el sindicato, que es la herramienta necesaria para poder luchar por los derechos laborales de la gente que trabaja en la zona, que es de una gran diversidad: no todos estamos en las mismas condiciones. La mitad de la gente es de aquí, de Andalucía, pero la otra mitad viene de fuera, aunque con diferente perfil: está quien viene de Europa del Este, del espacio Schengen, quien viene de fuera de ese espacio, de América Latina, del continente africano… Y luego existe otro perfil, el de la gente sin papeles, que malvive en asentamientos chabolistas a los cuales se les vende el empadronamiento y es el perfil más vulnerable debido a las leyes de extranjería”.

Para las jornaleras, la lucha tiene que ser antirracista y desde ese punto de vista, una de sus prioridades es la regularización del colectivo migrante; también pelear por una sensibilización “que ayude a acabar con los discursos del odio”. El sindicalismo que proponen tiene un objetivo integral, no solo laboral: “Es que además está el hecho de la zona donde vivimos, que es una zona de sacrificio donde tenemos de todo: desde la contaminación por fosfoyesos, fertilizantes, pesticidas, etc… que lleva décadas vertiendo Fertiberia en una ría totalmente contaminada; tenemos el Polo Químico y la refinería de crudo, y justo al lado, los invernaderos”.

Las otras voces del campo
La llamada «zona de sacrificio»: invernaderos en Huelva con el Polo Químico al fondo. ANA PINTO

Ana nos va desgranando el sistema de monocultivo intensivo del que forma parte el agronegocio en Huelva: “Explotación de la tierra al máximo, producción basada en agroquímicos, en la explotación de las personas, agotamiento del agua… La problemática ambiental que tenemos es enorme. Por eso nuestra lucha es transversal, no entendemos el sindicalismo de otra manera. Es lucha por nuestra vida y la de los pueblos, que la gente pueda quedarse; y que tengamos agua cuando abrimos el grifo”.

El relato de la situación laboral en la zona parece sacado de épocas pretéritas: “En muchos casos te prohíben hasta hablar con compañeros… O lo que me comentaba el otro día una compañera, que por ponerte unos cascos con música le han castigado tres días de empleo y sueldo. Y luego, la lista de productividad, te llaman la atención si no has hecho tanto como otras, te castigan de empleo y sueldo. Te dicen que si no te espabilas te echan. Todo el día corriendo, todo el día gritando, que no te rías o no hables, que no muevas las manos. Tremendo. Y con la gente contratada en origen ya ni te cuento. Estamos hablando con compañeras a las que no se les ha llevado al médico, vulnerando derechos sanitarios; personas que están firmando despidos, que no saben siquiera que son despidos, porque, aunque la ley obligue, no suelen ponerlo en su idioma”.

Y otra vez, las agresiones sexuales: “Bueno, es el patriarcado y el sistema machista. Hay compañeras que están viviendo en los mismos lugares donde trabajan, o sea, fincas alejadas de los pueblos, a veces hasta 15 kilómetros. A menudo sin cobertura de teléfono y sin vehículo. Y si quieren acercarse al pueblo tienen que ir andando. Y claro, toda esa exposición, toda esta vulnerabilidad… Encima, cuando denuncias, te encuentras con que la justicia sigue siendo igual de machista, igual de patriarcal. Y te dicen que las mujeres están denunciando porque se quieren quedar aquí y tener papeles. Si encima no tienes testigos, algo fundamental para demostrar una causa judicial, pues imagínate”.

De momento ya existe una denuncia judicial por parte de algunas temporeras marroquíes contra un encargado de una explotación en Moguer y otra ante la Audiencia Nacional de otras diez temporeras a la empresa Doñana 98por explotación laboral, acoso y agresiones sexuales.

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Silvia Pérez Cruz, o la reivindicación de la intensidad

Por: Alberto Senante

“De la mesa al cristal / De la madera al metal / Del canto colectivo / Al canto introspectivo / Del fondo de los mares a los sueños celestiales / De los soles y las madres a los mares abisales”. 

Con estos versos presentó este martes Silvia Pérez Cruz su nuevo disco en un Teatro Real de Madrid abarrotado y entregado desde el primer minuto. Y más que un poema, las palabras funcionaron como una declaración de intenciones de la artista y un adelanto de lo que se viviría en las dos horas siguientes.

Silvia Pérez Cruz durante el concierto de presentación de su nuevo disco en el Teatro Real de Madrid. A. S. 
Silvia Pérez Cruz durante el concierto de presentación de su nuevo disco en el Teatro Real de Madrid. A. S. 

La intensidad y la sencillez, lo íntimo y lo colectivo, lo sublime y lo cotidiano, se dan la mano y se confunden en este “disco dual”, como lo describe la autora, formado por 15 nuevas canciones en las que sigue fiel a su estilo de entrelazar ritmos e idiomas. Por ejemplo en Moreno, uno de los temas ya publicados donde se cruzan el bolero y los ritmos brasileños, Silvia nos invita a cuidarnos como “el acto más revolucionario” que podemos hacer en estos tiempos de odio y conflictos. Pero eso sí, en la presentación aclara que también en las relaciones debemos hacer caso al consejo que dan en los aviones: para ayudar a los demás primero hay que ponerse la mascarilla una misma… “Hay que amarse, hay que amar / Acompañar y acompañarse”. 

Puede que de tanto cantarle, a Pérez Cruz se le haya pegado la capacidad de García Lorca de meter todo un mundo en apenas dos versos. “Yo quisiera ser agua / Para regarte las flores y los amores”, nos susurra en su Líquido. Y como si componer y cantar no fuera suficiente, sobre el escenario la artista de Palafrugell toca la guitarra, dirige a sus músicos y a un coro compuesto por mujeres, interactúa con el público como una monologuista, y mueve sus brazos –otra mezcla– por momentos como una bailaora y a ratos como un hincha de fútbol argentino.

Silvia nos invita a escuchar su música como parte de una cadena de mujeres que han cantado, y dice orientarse gracias a un “mapa de madres” del que a la vez se siente parte. Por eso también resulta natural que al final se apropie de canciones de otros, como Hymne a l’amour de Edith Piaf, Gallo Rojo, gallo negro, de Chicho Sánchez Ferlosio, o su ya clásico Cucurrucucú Paloma. Y que quiera hacerle un homenaje a Gino Paoli cantando Senza fine apenas unas horas después de saberse su muerte. 

El éxito se ha instalado en la carrera de Silvia: Premio Nacional de Músicas Actuales, tres Goyas, un Latin Grammy, cientos de miles de reproducciones, entradas agotadas en sus conciertos… Pero parece que ella sigue sin darlo por hecho, así que a lo largo del concierto presume dos veces de haber cumplido su sueño infantil de actuar en el Olympia de París

Con esa intensidad gozosa, con esa defensa de la emoción, con esa voz a punto de quebrarse pero que siempre sigue adelante, Silvia reivindica, y predica con el ejemplo, una mujer que no solo sea “sirena” sino “también capitana”. Musa y arquitecta, cuidadora y disfrutona, sabia e inocente. Y viendo las caras del público al aplaudirle, lo que quizás no sabe es que ya se ha convertido -una dualidad más– en una diosa cercana.

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¿Existe la cancelación en el sector cultural?

Por: Deva Mar Escobedo

Eduard Cortés o Carlos Vermut son ejemplos recientes de hombres prominentes de la cultura que guardan un perfil bajo tras ser acusados de agresiones sexuales. Lo que sabemos de otros casos nos señala que la única cancelación que existe es la de la salud mental o carrera de las denunciantes.

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Matthew Remski: “Trump no tiene ningún interés real en la espiritualidad, es completamente cínico”

Por: Guillem Pujol

En los últimos años ha emergido un fenómeno difícil de clasificar que mezcla espiritualidad alternativa, teorías de la conspiración y discursos políticos cada vez más radicalizados. En Conspiritualidad (Capitán Swing), Matthew Remski analiza ese cruce entre el universo New Age, la cultura digital de las conspiraciones y la creciente influencia de la extrema derecha. El resultado es un ecosistema donde la crítica difusa a las élites convive con el rechazo a la ciencia, la desconfianza hacia las instituciones y una promesa de “despertar” espiritual que promete explicar el mundo entero.

Remski (como Derek Beres y Julian Walker, coautores del libro) sostiene que este fenómeno no puede entenderse solo como una excentricidad marginal de Internet. A su juicio, expresa tensiones más profundas de la modernidad tardía. La sensación de alienación frente a las instituciones, la crisis de autoridad del conocimiento experto y la precariedad social producida por el capitalismo contemporáneo crean el terreno donde prosperan estas narrativas. La conspiritualidad, dice, ofrece una crítica intuitiva al sistema sin llegar nunca a enfrentarlo realmente.

En esta conversación hablamos del origen histórico de estas corrientes, de su relación con el pensamiento conspirativo, del uso político que actores como Donald Trump hacen de ese imaginario y del papel ambiguo de las instituciones en una época donde la transparencia documental convive con una creciente desconfianza pública.

Para empezar con algo sencillo para quien no haya leído el libro, ¿cómo definirías el término “conspiritualidad”? ¿Qué intentáis captar con ese concepto?

La conspiritualidad es un movimiento social que hoy se desarrolla sobre todo en Internet, donde se mezclan teorías de la conspiración y espiritualidad, especialmente del tipo New Age. Aunque también analizamos la influencia del fundamentalismo cristiano y, más recientemente, del sionismo fundamentalista. Todo eso se combina en una mezcla de dinámicas casi sectarias, promoción de pseudociencia y una deriva hacia posiciones de extrema derecha.

Las personas que se ven envueltas en este entorno llegan a convencerse de algo que en parte es cierto, pero sin herramientas para afrontarlo. Están convencidas de que ocurren cosas terribles en el mundo y que están provocadas por élites malvadas. Pero la respuesta que encuentran es pensar que basta con tomar conciencia de ello. Esa conciencia se convierte en una especie de virtud espiritual. No surge del análisis de las condiciones materiales ni de la comprensión del capitalismo, sino de ideas como la luz espiritual contra la oscuridad, casi como si estuviéramos en Star Wars.

Pero en un marco ultracapitalista

Sí, ciertamente. Creen que el despertar espiritual individual es el camino para sanar el mundo, pero a partir de ahí aparece también un elemento de mercado: se consumen productos de meditación, suplementos, se rechazan las vacunas por una ética de la purificación, se escuchan tarotistas o canalizadores. Y además se cree que todas las instituciones humanas –gobierno, educación, medicina, periodismo– no solo están corruptas, sino que existen precisamente para bloquear el crecimiento espiritual auténtico.

De algún modo, la conspiritualidad utiliza impulsos religiosos para criticar el orden capitalista sin enfrentarse realmente a él. Eso la hace muy poderosa, porque los ataques del orden capitalista solo van a intensificarse. A veces pienso en la conspiritualidad como un mecanismo amortiguador frente a la necesidad real de reconocer que es el capitalismo el que produce muchas de estas crisis.

Eso es difícil de asumir para quien está formado en la espiritualidad New Age, que se basa en una promesa infinita. Incluso más que el cristianismo tradicional. No exige sacrificio. Básicamente pide que perfecciones tu narcisismo y lo conviertas en un proyecto virtuoso.

¿Convertir, de algún modo, el narcisismo en virtud?

Exacto. En el cristianismo, al menos en algunos momentos, el sufrimiento se convierte en sabiduría. Pero la espiritualidad New Age funciona de otro modo.

¿Hasta qué punto ves una continuidad entre esa ética individual que describe Max Weber y esta forma contemporánea de espiritualidad?

Sí, sería como una etapa nueva más. Y además divorciada de la historia y del conflicto, porque surge en el periodo neoliberal, donde existe una especie de creencia casi espiritual en la tesis de Fukuyama: el fin de la historia. Hemos llegado al final de la historia y ya no hay nada que hacer salvo realizar el propio estado de iluminación personal.

La conspiritualidad parece contener una paradoja: desconfía radicalmente de las instituciones, pero al mismo tiempo deposita una fe absoluta en narrativas cerradas que prometen dar sentido total a la realidad. ¿Es una crisis de autoridad o una mutación de la autoridad?

Tiene todo que ver con la autoridad. Y en parte hay buenas razones para ello. Los aspectos más comprensibles de la conspiritualidad nacen de una percepción de alienación.

Si retrocedemos unos 150 años, muchas personas empiezan a percibir intuitivamente lo que Foucault describirá más tarde como la frialdad del espacio clínico que produce el sujeto moderno. Aparece la sensación de que el sistema médico patologiza y separa a quienes no encajan en la reproducción capitalista, con elementos incluso eugenésicos.

También se produce un cambio respecto a la medicina folclórica anterior, donde el cuidador podía conocerte personalmente y recoger las hierbas de tu propio jardín para curarte, funcionasen o no. Surge entonces esa sensación profunda, presente también en la literatura romántica, de que el mundo moderno ha roto nuestra conexión orgánica con la realidad.

Alexander Pope decía: “Asesinamos para diseccionar”. La ciencia moderna separa al ser humano de su realidad orgánica. Ahora expertos nos dicen qué ocurre dentro de nuestros cuerpos, cuando antes eso solo lo interpretaban sacerdotes o se descubría en la relación personal con Dios.

Todo eso genera una pregunta: ¿qué significa convertirse en sujeto moderno, cuya realidad está mediada por grandes instituciones estatales? Y la respuesta es que se siente extraño, alienado.

Por eso dentro del New Thought, de la espiritualidad New Age o de muchas prácticas de bienestar nacidas en el siglo XIX existe la idea de que uno debería recuperar autoridad sobre su propio cuerpo y su mente. Hay algo razonable en eso. El problema es que también aleja a la gente del conocimiento generado colectivamente por instituciones científicas.

Es decir, ¿crees que forma parte de una demanda del sujeto por recuperar autonomía en su vida?

Sí, hay una fragilidad enorme alrededor de la pregunta de quién tiene autoridad para decirme qué ocurre con mi cuerpo o con mi vida. Pero también conectaría esto con la lógica del colonialismo y la blancura. Muchos practicantes contemporáneos del bienestar y el turismo espiritual buscan culturas que sienten que ellos no tienen. Es parte de la herida imperial. Cuando te conviertes en el centro de la jerarquía de los cuerpos, también pierdes el sentido de origen.

En ciudades del norte global, rodeadas de personas con vínculos culturales claros con sus lugares de origen, muchos occidentales sienten que ellos no tienen esa raíz. Por eso en los años sesenta y setenta hubo una enorme ola de viajes al sur global: India, Tailandia, Birmania… Buscaban una cultura que pareciera intacta, auténtica, no completamente homogeneizada por el capitalismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo expediciones nazis a las montañas cercanas a Barcelona, en Montserrat. Las SS creían que había objetos espirituales importantes allí.

Sí, los nazis también estaban desarraigados culturalmente. Intentaban reconstruir una cultura alemana premoderna. Pero lo hacían como un pastiche. Al mismo tiempo estudiaban yoga, leían el Bhagavad Gita o se interesaban por el ocultismo.

En España, durante el franquismo, uno de los lemas de los golpistas era “Muera la inteligencia”. Y hay algo curioso: muchos conspiracionistas actuales se ven a sí mismos como pensadores críticos. No quieren ser parte de una masa obediente como en el fascismo clásico. Quieren verse como individuos únicos.

Sí, es un antiintelectualismo que nace de una ansiedad frente a la jerarquía del conocimiento. Si alguien puede decirle a Himmler que está inventando la historia de la India, él no quiere escuchar a esa persona. Si alguien dice a Trump que el calentamiento global afectará a la temporada de huracanes, quiere despedirlo.

El rechazo a la intelligentsia, a la autoridad científica o histórica, es central en los proyectos fascistas. Pero deja un vacío. No puedes negar la historia sin inventar otra.

Por eso es interesante que mencionaras a Foucault. Él trataba de descentralizar las figuras de autoridad mostrando cómo se construyen, pero la conspiritualidad parece adoptar esa crítica y llevarla directamente a sus propias conclusiones.

Exacto. Ese lenguaje foucaultiano –la idea de que el Estado produce sujetos mediante vigilancia, clasificación o la mirada médica– es usado muy eficazmente por conspiracionistas contemporáneos.

Quizá tenga que ver con el propio anticomunismo de Foucault. Porque lo que queda fuera es la pregunta de por qué ocurre esa categorización. Se pierde la explicación material: que esas estructuras sirven a la acumulación capitalista.

Así todo el mundo acaba pensando que el Estado es violento o deshumanizador, pero nunca se aborda para qué sirve realmente.

Hay algo curioso con la idea de “despertar”, pues muchos de estos grupos se declaran despiertos, pero al mismo tiempo son profundamente antiwoke (woke significa, literalmente, “despierto/a”).

Sí, tienen que marcar muy bien la diferencia entre woke y awakening (‘despertar’). Si eres woke, según ellos, has hecho lo contrario de despertar. Significa que has identificado fallos estructurales del capitalismo y te has obsesionado con cosas como raza, género o clase. Para ellos, despertar significa darse cuenta de que esas categorías no importan realmente y que lo que importa es una especie de purificación espiritual del orden internacional.

Hablemos de política: Trump se presenta a menudo como alguien que lucha contra un deep state. ¿Ves paralelismos entre ese lenguaje y la conspiritualidad?

Trump no tiene un interés real por la espiritualidad. Es completamente cínico. Es una persona de televisión. Su atención se dirige a aquello que capta audiencia. Cuando vio que QAnon generaba mucho engagement mediático, empezó a amplificar cuentas relacionadas con ese movimiento. Pero nunca se comprometió realmente con esas ideas.

También busca ser reconocido por la derecha cristiana. Cuando va a reuniones de oración y deja que los pastores recen sobre él, entiende el papel que está interpretando. Y lo utiliza. Después de los intentos de asesinato dijo que Dios lo había mantenido con vida para cumplir una misión. Sabe que ese lenguaje funciona con su base electoral.

¿Crees que estos movimientos conspirativos están organizados por la extrema derecha para desmovilizar a la gente, o más bien que la extrema derecha aprovecha narrativas que ya existen?

Creo que muchas explicaciones conspirativas sobre esto repiten el mismo problema. Por ejemplo, hay gente que dice que Jeffrey Epstein estuvo detrás del origen de QAnon. Es una historia atractiva, pero con muy poca evidencia. Parte de la premisa de que los cambios políticos se producen porque un pequeño grupo de actores malvados lo decide. Pero QAnon tiene un origen mucho más amplio.

Es más plausible pensar que jóvenes deprimidos y precarizados empezaron a producir historias nihilistas que se convirtieron en memes y acabaron fuera de control. Después actores políticos astutos –Steve Bannon sería un ejemplo– supieron aprovechar esos movimientos. Nadie podría haber diseñado QAnon desde arriba. Es demasiado caótico.

Hace unos días se publicaron documentos sobre el intento de golpe del 23-F en España. Algo parecido a lo que ocurrió con los documentos de JFK. Se liberan archivos, pero nadie sabe qué hacer con ellos, pues se pueden seleccionar fragmentos que confirmen casi cualquier relato. ¿Hasta qué punto las propias instituciones contribuyen a este clima de sospecha al publicar documentos incompletos?

Una de las cosas más desorientadoras del paisaje informativo contemporáneo es la ausencia de responsabilidad institucional. Cuando se publican documentos parcialmente censurados o fragmentarios, la gente sin recursos tiene que reconstruir historias por su cuenta. Añaden detalles, especulan, rellenan los huecos.

La publicación de esos documentos responde a una necesidad contemporánea de exposición total. Existe la sensación de que todo puede encontrarse en Internet, que basta con localizar el enlace correcto.

El problema es que esa publicación parece transparencia. Parece honestidad. Pero está basada en la premisa liberal de que exponer un error o un crimen automáticamente lo corrige. Y eso rara vez ocurre.

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