🔒
Hay nuevos artículos disponibles. Pincha para refrescar la página.
✇Portal Libertario OACA

Un monstruo te golpea la puerta y misiles por TV

Por: pegasus

«Mi mamá siempre decía que no había monstruos, no hay monstruos reales, pero los hay».

Frase pronunciada en la película Aliens: El regreso, por Rebecca “Newt” Jorden.

Tirando de internet y de textos viejos para arrancar: sí, repetidos… ¿y qué?

Las noticias no solo informan, sino que construyen activamente la realidad social al seleccionar, jerarquizar y enmarcar hechos, actuando como intermediarios entre el acontecimiento y la audiencia. Estas plataformas crean y definen temas relevantes e influyen en la interpretación del mundo, a menudo priorizando enfoques emocionales, sensacionalistas o sesgados por sobre la objetividad. Este aspecto clave en la construcción de la noticia funciona como un proceso dinámico y continuo que, en la era digital, es amplificado por las redes sociales, transformando la percepción de los hechos y la participación: aparecen foros y encuestas.

Hace un tiempo ya que venimos mordiéndonos las uñas con la avalancha de noticias, llamemos “blanqueadas”, que generan cierta irrupción en la gente como masa consumidora: mire, lea y, lo mejor de todo, asómbrese, aterrorícese y entre por el tubo de lo que le venden como “realidad”.

Ese frenesí es de trayectoria corta, por eso el periodismo hace de la noticia un mapa: recorta, amplifica, ensaya hipótesis, convoca a expertos en el tema; algún osado menciona, medio en clave, nombres importantes; muestran imágenes borrosas, surgen nuevos documentos; el periodista, en la primera línea de defensa, se mete en el barro, con calor y lluvia intensa.

Ya es medio al pedo decir que la mayoría de los medios de comunicación son de los grandes capitales, empresarios sin escrúpulos, con amigos y favores hacia el poder y bla, bla… En fin. La cuestión es que, luego de masticar por algunos días, la noticia sale del radar para dar paso a otra bomba o, si la cosa estaba complicada, generar algo que se ponga de moda para tapar lo anterior.

¡Sí! Nos atan a la silla como en La naranja mecánica, gotas en los ojos y enchufan imágenes; estamos manipulados y nos encanta. Una parte nuestra quiere ser el depredador, el que arrasa cuerpos. Si no es así, ¿cómo se explica que tanto hijo de puta ande suelto, sostenido por sistemas verticales entre el poder y el dinero? ¿Cómo soportamos tanta injusticia y tanta violencia? Nos domestican como a las gallinas, nos meten placebos y, lo peor, es que nos gusta. El monstruo vive y es alimentado por nosotros.

Mundo oscuro

Hace poco tiempo se volvió a mencionar el nombre de Jeffrey Epstein. La cosa es que salieron a la luz una andanada de fotos, documentos y videos de gente vinculada y partícipe de fiestas sexuales y demás con Epstein, proporcionados por los paladines de la justicia que presionaron al FBI para que largue prenda. Acá es donde tendríamos que pararnos, separar por un instante todo el paquete que se nos presenta arriba de la mesa y preguntar: ¿cómo llegamos a esto? ¿Quién creó esta red perversa de criaturas? Desde empresarios hasta religiosos, académicos, políticos, deportistas, príncipes: todo un combo de figuras con peso e influencia. ¿Tendremos algo que ver nosotros con estas aberrantes creaciones?

Vamos a mal definir monstruos:

Dicen que proviene del latín monstrum… comenzó con el “desarrollo”, palabra medio de mierda esta. Bueno, con el desarrollo de las culturas, fueron descritos como seres fantásticos, deformes, cargados de mitología, maldad y, en fin, todo lo extraño que los separara de las especies conocidas. Dando un salto —bastante brusco— en el tiempo, el cine y la cultura pop, esa de hacer cosas para divertirnos, popularizó una serie de estos individuos sacados de la literatura… Hasta acá el asunto remite a algo más allá de la comprensión, que escapa a las reglas de convivencia, y entre horror y fascinación se movía la cosa.

El tema es cuando la línea de esa fantasía, ensoñación y demás variantes empieza a golpear lo que podríamos llamar “realidad”, que por ahí necesita cierta definición, pero la dejamos de deberes, y vamos a delimitar lo que todos normalizamos y pactamos para convivir, digamos, de una forma un poco más tranquila de andar en el mundo.

Y hablando un poco más sobre cine, en un momento determinado, y cómo este impulsa la industria a ocupar otro nicho en la producción de personajes, los guionistas comenzaron a darle a los humanos una importancia crucial, directamente vinculada con la crueldad. No por su forma exterior, física si viene al caso; más bien se pone en juego la psique del individuo. Él pasa a ser el protagonista y queda catalogado directamente como monstruo.

…esta vez, esta buena gente del campo produjo un error de la naturaleza, una aberración, un monstruo. ¿Eso soy para ti, un monstruo?”

Diálogo de los personajes principales en la película Best Seller (1987).

El monstruo ya no necesita maquillaje, es más cercano. Ahí es donde, capaz, habría que frenar un poco, no quedarse solo con los nombres y titulares sobre islas y anomalías, sino mirar la estructura.

Por ahí no es una anomalía, es el resultado. El monstruo no aparece de golpe, se fabrica. Sale de dinámicas que no solo dejamos pasar, sino que muchas veces premiamos. Lugares donde el poder compra silencio, donde la plata ordena todo, donde la visibilidad decide qué escándalo dura… y qué se olvida.

…¡Están golpeando la puerta!

Misiles por la TV

…un misil en mi placard, en mi placard

un modelo para armar, pero nunca para desarmar…”

Soda Stereo — Gustavo Adrián Cerati

Ha comenzado otra guerra de esas que ya nos tienen acostumbrados, sobre todo los yanquis, que duermen con un misil en el culo por las dudas y están listos para inmolarse como buenos patriotas. En esta guerra se suma Israel, con su cerebro de mosquito; nada bueno puede salir de esta alianza. La cosa es contra Irán, un país que tiene sus líos internos, sobre todo la represión constante, brutal y violenta hacia las mujeres. ¡Ojo! No es por este motivo que los atacantes quieren liberar al país; los temas son otros, tienen que ver con la geopolítica, presente y futura.

En el medio, la humanidad, esa entidad medio extraña, con un ojo en las bombas y otro en el mundial de fútbol que se viene. Cada día nos invade un nuevo capítulo del conflicto: amenazas, algún asesinato selectivo de los servicios secretos, y no tanto de Israel; daños colaterales que se hacen presentes pero no parecen frenar demasiado la maquinaria, llamados a la paz por conveniencia y reparto de territorios.

Las empresas armamentistas hacen caja; venían de años medio de capa caída, no salían de vender algunos rifles de asalto a grupos rebeldes del mundo, pero de golpe comenzaron a comer con aceite de oliva: Ucrania, Rusia, Pakistán e India tirándose cosas en la frontera; los conflictos africanos, esos que a nadie le importan una mierda; Siria; la supuesta guerra que nos quieren vender entre Israel y Palestina, que en el fondo es exterminio, genocidio y todo lo horrible que implica.

La Unión Europea se hace la distraída, pero también deja caer lágrimas por algunos asesinados que no estaban en los planes. No hay multinacional que no se frote las manos para luego reconstruir lo que se destruye. En este panorama nos atrapan sin dejarnos escapar, mostrando fragmentos, escenas de escombros, luces que surcan cielos y rezongos si nos portamos mal y salimos a plantar cara. El NO a la guerra se hace urgente, igual que el NO al sistema que la sostiene; porque, en definitiva, ese es el fondo de la cuestión: pocos mandan, muchos obedecen.

…¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?

¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que ese es nuestro destino?…

— Eduardo Galeano sobre la guerra

Rosalino Rodríguez

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 0 Promedio: 0)
✇pikara magazine

Decálogo para la transformación del territorio agroalimentario

Por: J. Marcos

Las ecotopías imaginan otros mundos posibles aquí y ahora. Surcos que se abren caminando, los pies en la tierra y la cabeza en el cielo.

La entrada Decálogo para la transformación del territorio agroalimentario se publicó primero en Pikara Magazine.

✇Portal Libertario OACA

Apuntes sobre la mundialización de la guerra y las resistencias de los pueblos

Por: Kiko Pavonic

 Introducción: Mirar hacia el abismo, reconocer la vida.

Comprender el presente se hace cada vez más difícil, la teoría está siempre por detrás de la coyuntura. Pero esa separación se hace gigantesca en la medida en que el caos informativo generado por las redes sociales y los medios tradicionales nublan nuestra mente y normalizan la violencia. Cómo dice Roberto Bolaño: “la rutina matiza todo horror”[1].

Así, los acontecimientos que han marcado este inicio de año no sólo revelan cuán catastrófico es el presente que nos toca vivir, sino también dan cuenta de la incapacidad generalizada por comprender la catástrofe como algo más que sólo un ruido de fondo que no llega del todo a interrumpir el común curso de nuestras vidas. Cómo suele decirse: “mañana igual tendremos que levantarnos a trabajar”.

Mientras que el imperialismo estadounidense muestra su versión más desatada en Venezuela, Groenlandia y ahora recientemente Cuba e Irán; a nivel nacional la ultraderecha electa, se preparó con bombo y platillo para asumir el poder, con un gabinete conformado entre “exorcistas”, estafadores y dos ex-concertación, estos fenómenos, en su acepción denostativa ilustran crudamente un proceso global del cual Chile se termina de poner al día: el avance del neoconservadurismo y el triunfo de la sinrazón. Al mismo tiempo que la derecha chilena vive su mejor momento en décadas, el progresismo experimenta su derrumbe ideológico y la deslegitimación de su proyecto político. La absolución de Claudio Crespo gracias a la Ley Naín-Retamal, se suma al sucidio de David Gómez Valenzuela y de Jorge Salvo, como constataciones del rol del gobierno de Gabriel Boric en consolidar la política de la impunidad, que no sólo protege a quiénes cegaron y mutilaron a compañerxs durante el 2019 y 2020, sino que será aplicada en contra de todos los futuros intentos de levantarse contra el próximo gobierno. Los nuevos administradores del modelo celebraron por lo alto, mientras que el sur de Chile se volvió a incendiar bajo crecientes sospechas de intervención y del beneficio de proyectos mineros.

Nuestras intenciones con este texto se pueden resumir en intentar encontrar sentido en medio de todo este caos disociativo de la realidad, pensar el periodo actual como parte de un proceso global. Un esfuerzo por revelar los engranajes y piezas que se esconden detrás del humo y de la ceniza. “El abismo se ha abierto, y no servirá de nada intentar ignorarlo. Hay que mirar al abismo, medir su extensión y profundidad. Hay que cartografiarlo, mientras caemos en él de manera inexorable[2]. Y en ese ejercicio, reconocer la vida; mirar esos otros engranajes que entre las cenizas se levantan, resisten, crean otras, nuevas y viejas formas de luchas para habitar la tierra. Resistencias que se enfrentan a este sistema de muerte y levantan alternativas como luciérnagas que iluminan entre tanta oscuridad.

1. Chile: Guerra por la vía “democrática”.

La guerra es una de las características definitorias de nuestra época, desde distintos sectores y análisis de los fenómenos bélicos que nos atraviesan, se sostiene que estamos en la tercera guerra mundial. La intensificación de este proceso global en el territorio chileno se puede ubicar en antagonismo a la revuelta popular de octubre de 2019. La estrategia del poder en ese entonces, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, se ejecutó el 15 de noviembre del 2019, con el Pacto por la Paz, que agrupó a gran parte del Partido del Orden, desde la derecha hasta el progresismo. Un gran acto de unidad del poder, inaugurando un proceso de contrainsurgencia que abrió camino para el escenario actual, bajo dos cursos de acción complementarios, por un lado la conducción de la revuelta hacia los márgenes institucionales; y la consolidación del estado policial, brindando todas las herramientas necesarias a las fuerzas represivas para mantener el orden y proteger la propiedad privada.

Estas modalidades, no se limitaron a ser aplicadas durante los momentos de mayor radicalidad de la revuelta social, sino que se instalaron permanentemente dentro de las políticas de gestión gubernamental, mientras que el gobierno progresista que le siguió no hizo más que profundizarlas. No por nada, el gobierno de Gabriel Boric fue el que más leyes represivas generó durante su mandato, entregándole en bandeja al nuevo gobierno de Kast, las herramientas jurídicas para la gestión y represión de la población, reafirmando en todo momento su compromiso con la misión contrainsurgente. Ley Anti tomas (21.633), nueva Ley Antiterrorista (21.732), Ley Naín-Retamal (21.560), esta última, teniendo un papel fundamental en institucionalizar la impunidad para los efectivos policiales que se encarguen de acabar con aquellos que representen una amenaza para el orden.

Un gobierno progresista como el del Frente Amplio y el Partido Comunista, fue la condición necesaria para poder terminar de consolidar un Estado Policial sin resistencia en las calles, para que luego fuera la derecha quien continúe esa misión. Así como en 1990, Pinochet le entregaba la banda presidencial a Aylwin, institucionalizando así la dictadura para los siguientes años; este 11 de marzo de 2026, el progresismo le entregó la banda presidencial a los herederos de Pinochet, continuando así, la guerra por la vía democrática. En algunos lugares atacan con drones y misiles, en otros con intervenciones y secuestros, en Chile atacan con incendios forestales, devastación ambiental, infiltración en manifestaciones y organizaciones, prisión política, desapariciones forzadas, o lo que sea necesario con tal de asegurar la reproducción del capital y la acumulación de poder.

En la democracia chilena, en menos de 2 meses detuvieron a Nicolás Piña, absolvieron a Claudio Crespo, levantaron un montaje para inculpar a la familia de Julia Chuñil por su desaparición, desalojaron la toma de San Antonio; aprobaron en el senado la ley de conmutación de pena para violadores de DD HH, femicidas y abusadores; y no han parado de atacar a las comunidades del Wallmapu. El recrudecimiento del actuar del poder, no es más que la antesala de cómo será el nuevo periodo que enfrentaremos con Kast, quien ya ha sostenido reuniones con sus pares Bukele, Milei y Trump. El ciclo de luchas que se abre en el actual escenario de guerra, no da cabida a nostalgias que intenten repetir Octubre de 2019, sino que nos interpela a sacar las lecciones oportunas, de ese y otros procesos, para enfrentar con mayor organización y estrategia los desafíos que nos atraviesan, los que además se vislumbran más complejos, violentos y globales. Ahí la urgencia de desplegar una lucha internacionalista, con arraigo en los territorios y las experiencias comunitarias de organización de la vida.

2. Sobre la guerra global y sus formas.

La multiplicación de focos de conflicto en el mundo en los últimos años, pueden comprenderse dentro de una tendencia del capitalismo hacia la mundialización de la guerra en sus distintas formas. Sin embargo, esta tendencia es contradictoria. En la historia del capitalismo, la guerra responde a la necesidad de este por asegurar las condiciones mínimas para su reproducción por medio de la destrucción, el disciplinamiento y el exterminio. Permitiéndole al capitalismo superar sus límites inmediatos al provocar la desvalorización de la enorme masa del capital existente y posteriormente su regeneración. Por lo que podemos entender que el desarrollo del capitalismo está unido al perfeccionamiento y expansión de la guerra, pero en la medida que la potencia técnica de la guerra ha alcanzado la escala planetaria (a través de la energía nuclear), una guerra que movilice a las principales potencias del mundo no producirá la regeneración de las condiciones para la reproducción del capital, sino que paradójicamente podría producir la destrucción tanto del capital como de la vida. He ahí la contradicción que se oculta a la vista en el binomio capital-guerra. Cómo acertadamente comprende Robert Kurz, “la guerra simplemente se convierte en un catalizador de la crisis, acelerando la crisis gradual del capital, tanto a nivel regional como global”[3].

Al tratar de esquivar una situación de no retorno, la mundialización de la guerra en un primer momento toma una forma distinta a las de las guerras mundiales del siglo pasado. En tanto, se evita el enfrentamiento directo entre las principales potencias imperialistas, su disputa indirecta es representada a través de la multiplicación de distintos focos de conflictos simultáneos por los que se pone en juego las zonas de control de las respectivas potencias. Al mismo tiempo, que las innovaciones técnicas y estratégicas de las guerras mundiales son aplicadas de manera transversal como parte de las modalidades comunes de gestión, disciplinamiento y exterminio que despliegan los Estados dentro de sus propios territorios, indistintamente de la forma del Estado.

En este sentido podemos referirnos a la globalización de la guerra como una tendencia intrínseca del capitalismo, pero cuya expresión había estado parcialmente constreñida por las circunstancias históricas y la madurez del modo de producción capitalista. Por ello, este fenómeno se experimentó de una manera gradual, mientras se preparaban los prerrequisitos necesarios para que se expresara a gran escala. Nos referimos al proceso de dominación real de la tecnología y la destrucción de la infraestructura social del movimiento obrero, permitiendo la asimilación por este de los valores burgueses y su explotación sin resistencias. Esto no quiere decir la ausencia de la guerra hasta hoy, sino que la guerra se efectuaba de forma dispersa y fuera de foco, hasta el punto de poder ser negada formalmente. Mientras, la ideología liberal-progresista protegió y justificó la guerra, al menos hasta ahora que el capitalismo ya no necesita de ella y la guerra puede expresarse abiertamente por lo que es.

Así, cada acto de barbarie que enmarca el actual momento histórico encuentra su antecedente directo en los campos de exterminio judíos, el apartheid racial, los bombardeos a Hiroshima o las matanzas obreras. Pensar en los nazis al observar los corredores de muerte en Palestina o las detenciones a migrantes en Estados Unidos no es una asociación aleatoria, son los destellos de una conciencia acerca de cómo sobreviven las formas características de la guerra y el exterminio del  pasado en el presente.

2.1. La guerra contra el enemigo interno y la gestión fascista de la población sobrante.

Bajo esta lógica, la caza de migrantes por agentes de ICE (Control de inmigración y aduanas) es un dramático ejemplo sobre cómo la guerra se despliega dentro del propio Estado-nación y es justificada a partir de la producción de un “enemigo interno”[4]. Un agente patógeno que urge ser expulsado del cuerpo social. Este enemigo, ya sea en la forma de lxs migrantes,  “terroristas”, cuerpos disidentes e históricamente lxs judios, es representado como una amenaza omnipresente, siempre inminente, cuya mera existencia contradice la ficción de homogeneidad social y racial sobre la cual se funda el Estado-nación.

“La figura del migrante condensa hoy una tensión central del sistema: es a la vez cuerpo excedente, fuerza de trabajo potencial y sujeto que desborda los dispositivos estatales de contención. Esta figura encarna lo que puede denominarse un régimen de supervivencia sin garantías, donde la vida se sostiene no por el Estado, sino a pesar de él, bajo condiciones impuestas por la desposesión violenta, la movilidad forzada y el control biopolítico”[5].

Si en la actualidad la situación de las personas migrantes racializadas, en su mayoría mujeres, es tan particular, es porque tanto su expulsión del país migrado, como las condiciones que lo forzaron a emigrar a él, son dos respuestas complementarias a un mismo fenómeno: la incapacidad del capitalismo por asegurar la reproducción social. Para hacer frente a los crecientes flujos migratorios, la política antimigratoria y proteccionista adoptada por Estados Unidos se impone como estrategia modelo para la gestión de esta población. Sin embargo, mientras el ecocidio planetario continúa y las guerras se intensifican, aumentan los flujos migratorios desde las zonas periféricas hacia el Norte Global, y entre Sures, en donde los efectos ecológicos y económicos de la crisis todavía no se hayan expresado del todo. Asociado a esto, el Estado propicia la movilización de enormes sectores de la población civil dispuestos a actuar como soldados y colaboradores para la subordinación y exclusión selectiva de migrantes, refugiades y la población “sobrante” local. No es sólo miedo por las consecuencias de no colaborar lo que les mueve, es el anhelo de sentirse parte de aquellos que ejercen la violencia, aún cuando ellos mismos no pertenezcan racial ni socioeconómicamente a ellos.

Con el reciente asesinato a Renee Nicole Good y posteriormente a Alex Pretti (ambos ciudadanxs estadounidenses), la represión se ha extendido hacia cualquiera que se oponga al ICE. Los escuadrones de muerte característicos del fascismo, encuentran su forma en Estados Unidos por medio de los propios aparatos del Estado. Según datos oficiales, para hacer frente al Millón de deportaciones que se tiene como meta ICE contaría con 12.000 nuevos agentes en menos de un año de campaña de reclutamiento. Esta campaña estuvo caracterizada por el uso de canciones y eslóganes supremacistas como la frase “America for Americans” popularizada por el Ku Klux Klan durante el siglo pasado y referencias a literatura neonazi[6]. La campaña parece enfocarse específicamente hacia extremistas de derecha, militantes de MAGA y policías insatisfechos.

En retrospectiva, podemos encontrar una continuidad lógica al interior de la historia de exterminio y esclavitud estadounidense, que une los programas raciales hacia los indígenas americanos y el disciplinamiento de la población esclava con las políticas de deportaciones de migrantes en la actualidad. No es de extrañar que las acciones de ICE no sólo hagan recordar a las prácticas del fascismo histórico, sino que también reactiven la memoria sobre los procesos históricos de desposesión y dominación sobre los que se fundaron las bases de Estados Unidos. Así, el ICE parece una modernización de la máquina de guerra interna estadounidense, que bebe al mismo tiempo de la experiencia de los Slave Patrols, —milicias que durante más de un siglo estuvieron encargadas de retener a los esclavos en las plantaciones, evitar levantamientos y dar caza a los esclavos fugitivos—, como también de los clásicos escuadrones fascistas de Alemania e Italia. Por otro lado, que encuentre en el Estado y sus aparatos su forma de operar, y no en organizaciones extralegales —como las que surgieron durante el primer y segundo mandato de Trump— responde a la asimilación de las innovaciones históricas del nazi-fascismo cómo modalidades comunes o potenciales de todo Estado moderno.  

Por otro lado, no podemos responsabilizar únicamente al Trumpismo de generar una forma singular de conciencia reaccionaria, ni  que se experimente la corrosión de las relaciones comunitarias y la profundización de la enemistad entre ciertos grupos identitarios. La colaboración de civiles con los aparatos represivos, su apoyo público e ingreso masivo a sus filas, no se tratan de  simples fenómenos aislados, por el contrario, se trata de una mutación antropológica, de la que el caso estadounidense es sólo su estado más maduro. Está mutación se comprende como la predisposición de la sociedad hacia la guerra social, la producción de una comunidad nacional, dispuesta a matar y morir por el capital[7]. Invirtiendo la asociación inicial, el movimiento reaccionario global que encabeza Trump, puede existir en este momento a causa de décadas de un proceso de desmantelamiento de las estructuras sociales que permitían la solidaridad y la organización de los pueblos. Es el resultado final de la globalización del capitalismo y consigo, la imposición de la “competencia (es decir, la guerra social) en el principio universal de las relaciones humanas”[8].

2.2. La generalización de la guerra y su necesidad.

La característica más importante de la Guerra en el presente, es probablemente que ya no necesita terminar. La paz pierde su significado mientras que la guerra se expande como una realidad social sobre toda la tierra; la globalización de la guerra como reflejo a la de los mercados. Tanto Netanyahu en Israel como Zelensky en Ucrania necesitan de la movilización permanente de sus aparatos bélicos para ocultar las contradicciones sociales al interior de sus propios países. La existencia de un enemigo es tanto la excusa con la que aseguran más tiempo en el poder, como también la narrativa a través de la cual proyectan una sociedad idílica, racial y socialmente homogénea, unida gracias a este enemigo común. El fin de la guerra no es deseable. Cuando tiene lugar, lo hace sólo formalmente, para luego regresar bajo formas distintas, pero cumpliendo el mismo propósito.

Tanto para el EZLN como para el pueblo Kurdo, el presente es interpretado como el curso de una nueva Guerra Mundial. Para los primeros, estas guerras tienen como una de sus constantes la conquista de territorios y su reorganización geográfica[9]. Aspecto en el cual las guerras contemporáneas no son una excepción. La búsqueda estadounidense de anexionar nuevos territorios por medio de la fuerza y las amenazas es coherente con aquello. Tanto lo sucedido en Venezuela, como la disputa por territorios en África y el medio oriente corresponden a las expresiones más acabadas del actual reordenamiento geopolítico en el mundo. Para el movimiento de liberación en Kurdistán, la tercera guerra mundial en curso se está disputando el poder imperialista, “las potencias hegemónicas se alían o enfrentan según sus intereses, ya no hay un frente de batalla claro, los únicos dos frentes son las fuerzas que luchan por la hegemonía y por el otro lado el pueblo, los movimientos en resistencia[10]”.

En medio oriente somos testigos de cómo los imperios se pelean la hegemonía mundial; las protestas en Irán[11] han cobrado más de dos mil vidas; y los ataques a la Revolución de las Mujeres en Rojava ha desplegado a toda la resistencia Kurda en defensa del proyecto de vida que ha levantado el confederalismo democrático. En África, se crean nuevos Estados títeres como Somalilandia y los gobiernos panafricanistas como el de Burkina Faso resisten a intentos de golpes de Estado e intervención extranjera. En Estados Unidos se realiza una enorme limpieza étnica avalada por el Partido gobernante, junto a un importante sector de la población, a la vez que surgen cuadrillas de autodefensa en las calles, y millones de personas resisten a las bajas temperaturas y la represión fascista de Trump. En el resto del continente, la intervención estadounidense sobre Venezuela a comienzos de año, la posible anexión de Groenlandia y los recientes bombardeos coordinados junto a Israel hacia Irán que cobraron cientos de vidas de civiles constatan la disolución de las viejas concepciones de soberanía y el derecho internacional: la ley pertenece a quienes ostentan el poder.

2.3. Las nuevas tecnologías al servicio de la muerte.

¿Pero qué es lo que diferencia la guerra en el presente con las anteriores guerras mundiales? La respuesta fácil son las nuevas tecnologías (entre las que destaca la inteligencia artificial). Las guerras en este siglo han servido como ensayos para probar la eficacia de estas nuevas tecnologías en futuros conflictos a mayor escala. Hoy estamos en ese punto. La guerra ya no es un tema de seres humanos únicamente, sino de máquinas, algoritmos y redes digitales. Sistemas operativos autónomos identifican a los objetivos, trazan las coordenadas, ordenan el bombardeo y recopilan los datos para optimizar la operación militar. La tecnología está al servicio de la guerra y la humanidad podría perecer  por ella.

La tecnología ha logrado facilitar más que nunca la muerte a gran escala, transformándola en un acto impersonal y automatizado. Con la integración de las máquinas inteligentes se ha emancipado a la guerra de su limitaciones orgánicas y psicológicas, el asesinato se vuelve una tarea que no se ve interrumpida por la sensibilidad humana y el desgaste físico. En cambio, se reduce a una tarea repetitiva, maquínica de manera literal. Una prueba de ello, ocurrió en los días 17 y 18 de septiembre del 2024. La apodada Operación Grim Beeper se trató de la fabricación de miles de beepers y walkie-talkies intervenidos por la agencia de inteligencia israelí (Mossad) para ser detonados a distancia. Luego de que miembros de Hezbolá en el Líbano y Siria comenzarán a hacer uso de estos dispositivos como un intento de evitar la vigilancia de la inteligencia israelí, estos dispositivos se activaron simultáneamente en distintos puntos del Líbano y de Siria, resultando en el asesinato de al menos 40 personas (entre ellas 2 niños) y dejando heridas a cerca de 3000 personas. Esta operación requirió de al menos 5 meses de preparación, y su resultado demostró tanto la absurda superioridad técnica de la máquina de guerra genocida israelí, cómo también la capacidad que entrega la tecnología para ampliar el frente de esta guerra genocida a cualquier otro territorio.

En esta línea, el acuerdo del pasado sábado 28 de febrero entre el Departamento de Guerra de Estados Unidos y OpenAI, —una de las empresas de inteligencia artificial más grandes del mundo—, es un paso más en el proceso de automatización de la guerra a gran escala y la vigilancia masiva por medio de la implementación de modelos de inteligencia artificial. El acuerdo, anteriormente propuesto a Anthropic por quién fue rechazado, permite al gobierno estadounidense el “uso legal total” de la tecnología de OpenAI. Un límite legal que nada significa en un momento donde los Estados aparecen desprovistos de sus velos democráticos, para en cambio, ser afirmados únicamente como un enorme aparato represivo.

Pero la tecnología no se hace sola. El objetivo inmediato de la guerra es la conquista de recursos fósiles y tierras raras, ambas necesarias para que la guerra continúe siendo eterna y cada vez más optimizada. Esta lógica autodestructiva impulsa como una tendencia estructural la degradación ecológica global, el suicidio de la especie como consecuencia final del capital. Si bien, no podemos asegurar que los gobiernos deseen acabar con el mundo con una guerra abierta (aunque los hechos nos puedan llevar a afirmarlo), sí podemos asegurar que la preparación tanto ideológica como tecnológica para la guerra es un terreno cómodo para que distintos sectores empresariales[12] se enriquezcan (desde empresas de ciberseguridad y vigilancia como Palantir, a los dueños de proyectos extractivistas y el conjunto de la enorme industria armamentística).

3. Guerra contra la Tierra, las mujeres y los cuerpos disidentes.

Desde voces feministas, se sostiene que parte del carácter de la guerra en curso, en sintonía con lo que plantean las compañeras Zapatistas y Kurdas, es primero una guerra Colonial, por la ocupación de la tierra y territorios según intereses económicos y políticos. En Abya Yala, se han alzado diversas comunidades y organizaciones a enfrentarse a proyectos mineros, empresas, narcos y gobiernos; son cientos de personas, principalmente mujeres, que defienden los territorios, sus comunidades, sus bosques, sus aguas, sus ciclos. El poder, actuando con máxima crueldad, ha respondido sistemáticamente con asesinatos y desapariciones. Sólo el 2024 se registraron 146 casos. En nuestro territorio cargamos con los casos de Nicolasa Quintremán (2013), Macarena Valdés (2016), Emilia Bau (2021), y la reciente desaparición forzada de Julia Chuñil Catricura (2024), cuya familia hoy sufre un montaje judicial burdo, colonial y racista por parte del estado chileno.

La guerra global tiene un especial foco en la restitución del rol subordinado de  las mujeres, del binarismo y del régimen heteropatriarcal, invirtiendo cuantiosas sumas en estrategias dirigidas a correccionarnos, reeducarnos, e inmovilizarnos. La avanzada de las luchas por la liberación de las mujeres y disidencias —y/o luchas feministas—, ha generado en la última década importantes procesos de movilización que anticiparon revueltas tanto en Abya Yala, como en África y Medio Oriente, liderando proyectos emancipatorios importantes, como la Revolución de las Mujeres en Rojava – Kurdistán[13].

Son las mujeres quienes sostienen las comunidades, quienes reproducen la vida, quienes organizan los pueblos y quienes han ido delineando nuevas formas y paradigmas para librar las luchas del hoy. La opresión de las mujeres es una pieza fundamental del capitalismo, reproducen la mano de obra, cuidan y sostienen a las sociedades, y son la pieza principal del mercado más poderoso del mundo, el mercado sexual. Es por eso, que cualquier proyecto que se plantee la emancipación de las mujeres, se vuelve una amenaza profunda al patriarcado capitalista y colonial, he ahí el esmero, que durante todos estos años han desarrollado para restituir el orden y sus mandatos, teniendo a su haber las armas de manipulación global como las redes sociales y medios de comunicación; religiones y fundamentalismos; esoterismo y filosofías varias, mercado y academia.

Las mujeres y disidencias siempre hemos estado en guerra” es una consigna que se levanta desde las luchas feministas. La violencia sexual como una de sus aristas, es parte del repertorio bélico que las sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales ofrecen a sus vidas. No obstante, en el actual período histórico, esta realidad se agudiza, se reinstala la cultura de la violación, y se hacen visibles los estado-nación como perpetradores -aunque siempre lo han sido-. Aún en ausencia de guerras entre países enemistados, la concepción deshumanizante del “enemigo interno” valida las violaciones, los femicidios, y los crímenes de odio contra la comunidad LGTBIQ+ como una práctica necesaria por parte de las fuerzas represivas, pues todo medio es razonable con tal de acabar con el enemigo. En Estados Unidos, son cientos los informes que incluyen relatos de “abortos espontáneos, negligencia infantil y abusos sexuales (hacia la población migrante) en centros de detención del ICE en docenas de estados”[14]. Mientras que en el contexto del genocidio en Gaza, la violencia sexual y reproductiva es aplicada por Israel como una “estrategia de guerra para controlar y destruir al pueblo palestino”[15]. “Las formas específicas de este tipo de violencia, como la desnudez pública forzada, el acoso sexual, incluidas las amenazas de violación, así como la agresión sexual, son «parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas de seguridad israelíes frente a los palestinos«[16].

Esta revalidación ideológica del patriarcado es mucho más peligrosa que la tendencia al retroceso de algunos derechos civiles conquistados, aunque pareciera ser lo más visible de las acciones de los gobiernos conservadores. Lo que busca es realmente que las mujeres vuelvan al mundo privado por tanto dejen de organizarse, de pensar, de llevar a los pueblos a las condiciones necesarias para luchar. El riesgo de la restitución de las ideas conservadoras del patriarcado respecto a nuestras vidas y cuerpos, es mucho más que el riesgo de perder unos cuantos derechos fijados y controlados por la supremacía masculina. No obstante, es preciso reconocer cómo se comportan los gobiernos de ultraderecha, frente a su fijación en lo que han llamado “ideología de género”. Hasta ahora se ha observado la re-patologización de la transexualidad y de la disidencia sexo-genérica; en el caso peruano con el decreto supremo n.º 009-2024-SA[17] (publicado en 2024); la disolución del Ministerio de la mujer en Argentina (también en 2024); y más recientemente la desfinanciación de programas de salud sexual y reproductiva en todo el mundo como consecuencia de la congelación de fondos estadounidense destinados al desarrollo internacional (USAID), cuyas contribuciones constituían casi el 40% de la totalidad de la ayuda humanitaria mundial. Los cuerpos disidentes y proletarios precarizados quedan abandonados a su suerte, mientras que las organizaciones sociales que pueden prestar ayuda son perseguidas y desarticuladas. Con la reducción de las funciones sociales del Estado, este permanece únicamente como aparato de control y de represión. La austeridad no es mera reducción del gasto: es una arquitectura de violencia selectiva, donde la reproducción de la vida se vuelve objeto de gestión, control y castigo.

En la medida en que la sociedad en su conjunto es determinada por la Guerra, como un hecho global, se da lugar a un saqueo y colapso irracional de la tierra y sus ecosistemas; un re-disciplinamiento a las mujeres -subordinación a la matriz jerárquica de la familia y del patriarcado en su forma capitalista-; y rechazo y persecución a las diversidades sexogenéricas, en tanto su mera existencia supone una incoherencia con el orden cisheteronormativo y sus roles.         

4. Estrategia imperialista: Venezuela e Irán.

El actual escenario evidencia la incapacidad de las potencias por asegurar su control geopolítico por medios económicos no-bélicos. A las bombas de racimo y metrallas se les suman los aranceles y bloqueos como una guerra económica. La política no puede ser entendida si no es por medio de la guerra. Cómo comprenden compañerxs desde México: “pensar la guerra económica como excepción es no entender que ya no hay economía sin guerra[18].

La política exterior adoptada por las principales potencias del mundo, no tiene que ver únicamente con la extravagante personalidad de sus gobernantes, sino de la necesidad histórica por asegurar las condiciones mínimas de existencia del modelo por cualquier medio posible en un momento particular, donde dichas condiciones son cada vez más difíciles de asegurar. Hace más de un siglo atrás Rosa Luxemburgo describió el imperialismo como producto de un determinado grado de madurez del capitalismo global, en donde los Estados por medio de la vía militar conquistaban las condiciones para la acumulación. El imperialismo y sus guerras, según Luxemburgo, destruyen los velos de la sociedad burguesa, sus ilusiones de paz y progreso, para mostrarla tal cual es. Los acontecimientos mundiales que estamos experimentando, dan cuenta no únicamente de que el imperialismo nunca dejó el campo de juego, sino que sobre todo revela los rasgos distintivos del capitalismo en su fase actual frente a su crisis de legitimidad.

Aquello explica el proceso de contra-insurgencia de carácter global que despliega la guerra en sus diversas modalidades. Las acciones de Estados Unidos e Israel en el mundo, funcionan como un perfecto ejemplo de esta lógica imperialista, donde la guerra se vuelve un medio por el que se oculta la fragilidad del capitalismo. La invasión a Venezuela se convierte en un acontecimiento fundamental en el marco descrito, ya que con esto, la olvidada Latinoamérica ingresa abiertamente a la disputa militar interimperialista. Venezuela no sólo fue invadida por un mero interés económico inmediato (el petróleo[19]) o ideológico, sino que, por el valor geopolítico y estratégico que tiene Venezuela en sudamérica. Esto lo demuestra la continuación del régimen chavista, pese a la captura de Nicolás Maduro. Para Estados Unidos es más beneficioso aprovechar la infraestructura burocrática existente, llegando a acuerdos con facciones del régimen que derrocar por completo al chavismo y comenzar una reconstrucción desde 0.

Algo similar ocurre con el bombardeo coordinado entre Estados Unidos e Israel hacia Irán. A ninguna de las dos potencias nombradas les importan las horribles condiciones materiales en las que sobrevive la población iraní bajo el régimen del Ayatolá. Las acciones militares de Occidente sobre los regímenes totalitarios de medio-oriente y sudamérica, no liberarán a sus respectivos pueblos, más bien estos son ocupados como excusa para legitimar estas acciones militares. El asesinato en masa como medio para detener las manifestaciones masivas contra el gobierno durante enero de este año, no es una acción exclusiva del gobierno islamita, sino el modus operandis tipico de cualquier Estado capitalista en crisis. Y de esto son bien conscientes las minorías revolucionarias iraníes.

«Lo que está ocurriendo hoy en Irán es la forma desnuda del dominio capitalista en un momento de peligro. El régimen islámico, como la forma dominante actual del poder capitalista, defiende un orden cuya supervivencia está ligada a la explotación de la fuerza de trabajo y a la represión constante, mediante el corte de comunicaciones, la instauración práctica de la ley marcial y el disparo directo contra el pueblo. Esta violencia no es una excepción ni una desviación; es la lógica natural del capital en crisis”[20].

Las manifestaciones en Irán que han cobrado decenas de miles de muertos hasta la fecha dicen mucho sobre las formas contradictorias por las que la revuelta social surge no a pesar, sino que a partir de la guerra y la crisis. No se puede reconocer las semillas de la revolución donde las haya, sin comprender al proletariado (en su sentido más amplio) como una sujeto imperfecto y en constante cambio, lo que permite que actúe tanto a favor o como en contra de su propia opresión. En la medida en que la negación al capitalismo y sus distintas formas de opresión (patriarcal, militar, etc.) surge de las contradicciones del capital, los portadores de esta negación son así mismo, una contradicción viviente. De la misma forma, las contradicciones internas del Estado iraní (crisis ecológica, deslegitimación del gobierno, disputas internas) que generaron estos levantamientos, también sirvieron como una señal para actuar tanto para los remanentes pro-monárquicos que hasta el momento se habían fortalecido en las sombras del régimen, como para las potencias occidentales que hoy les bombardean.

A partir de esta situación el campismo (es decir, la defensa de uno de los bloques imperialistas en guerra) sólo es capaz de escoger el mal que creen menor, justificándose en la ridícula lógica de que el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Así, el campismo disuelve la guerra de clases que sucede en Irán en una defensa del Estado-nación y su derecho de autodeterminación, matizando el autoritarismo del régimen bajo ropajes antiimperialistas[21]. Una primera mirada apuntaría a que los intereses occidentales sobre el territorio tienen que ver en forzar un cambio de régimen a uno que Estados Unidos e Israel puedan controlar (Reza Pahlavi, príncipe exiliado de Irán parece ser el favorito a encabezar la nueva gestión). Cosa que aunque cierta, esconde detrás algo más profundo. Más bien, el actual escenario es la expresión más pura de la lógica del capitalismo en crisis que es perfectamente encarnada por Estados Unidos e Israel: hacer de la guerra su medio de supervivencia. La contradicción del capital convertida en una pulsión de muerte global.

4.1. La carrera por los recursos naturales y la renovación de la Doctrina “Donroe”.

Para que los imperios capitalistas sobrevivan necesitan hacerse con los recursos naturales que serán determinantes para la transición energética y la revolución tecnológico industrial en los siguientes años, sin estos el sistema capitalista alcanzará mucho antes sus límites físicos. El abandono de la diplomacia y el derecho internacional parte de esta necesidad urgente del capitalismo para hacerse de las condiciones mínimas para su reproducción. Por lo mismo, cuando Estados Unidos justifica sus acciones por el bien de la seguridad nacional no miente del todo, su política está fundada en la protección del capitalismo a cualquier costo. O como expresa Marx: Los intereses del capitalismo se presentan “como los fines últimos del Estado”[22]

Esta disputa por los recursos entre los distintos bloques imperialistas, como no podía suceder de otra manera, se lleva a cabo a través del uso de la fuerza, tanto económica, financiera, como militar, arrastrando al resto del mundo en el proceso. Al mismo tiempo que Estados Unidos se hace de recursos naturales, debe bloquear el suministro de estos desde el hemisferio occidental hacia China y Rusia, por medio del control de rutas comerciales, aranceles e intervenciones militares. Para estos fines, aliados estratégicos como Israel o Japón tienen una enorme importancia, al encontrarse en ubicaciones geográficas cercanas a las de sus rivales comerciales. Mientras que la estrategia adoptada por Estados Unidos en su patio trasero puede dividirse en dos cursos de acción posibles:

  • La intervención militar o cuanto menos su amenaza hacia los países que ideológicamente no se alinean a sus intereses, como en los casos de México, Cuba, Colombia y Brasil. La presión económica, bloqueos, desestabilización interna y el apoyo a una facción de la clase burguesa local son algunas de las prácticas a utilizar.
  • Y el apoyo público hacia candidatos que simpaticen con la política estadounidense. Este es el caso de Kast en Chile o de Milei en Argentina. Ambos países pertenecen al denominado “triángulo del Litio”[23], que es completado por Bolivia con quiénes Estados Unidos reanudó relaciones tras la elección de Rodrigo Paz Pereira.

Estos acontecimientos se suman a la serie de acciones militares imperialistas en Ucrania, Nigeria, Kurdistán, Gaza, Irán, Líbano, Taiwán, que también dan cuenta de los intereses de cada potencia y la defensa de sus respectivas zonas de dominio. En la práctica se van estableciendo las líneas rojas de EE.UU conforme a la actualización de su estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre de 2025. Su zona de control estratégica es todo el continente americano. Para ello se establecen acciones que neutralizan a competidores “no hemisféricos” (Rusia y sobre todo China) y se reclutan liderazgos serviles a los intereses políticos, económicos e ideológicos yanquis. Esto último se ha evidenciado públicamente con el apoyo político y económico explícito de Trump a Nasry Asfura, presidente electo de Honduras[24], a la elección de Milei o la de Kast.

Podemos aventurarnos a pensar la política exterior de Donald Trump como un intento de forzar un equilibrio momentáneo y un reconocimiento entre las potencias que hoy amenazan su hegemonía, por medio de la confrontación directa y la extorsión, un regreso primitivo pero efectivo a la ley del más fuerte. Estos son los pilares de la denominada por Trump como la “Doctrina Donroe”, —que actualizaría la vieja Doctrina Monroe resumida en la frase: “América para los americanos”—. “En su deseo de rentabilizar directamente la violencia de Estado, esa doctrina es también testimonio de la debilidad definitiva de un imperio hemisférico que no se basa en el desarrollo, la colaboración o la paz —ni siquiera en la explotación en su sentido ordinario—, sino en la extorsión y el saqueo en su expresión más insolente”[25].

5. ¿Volveremos a las calles?

Tanto la nueva ola de gobiernos conservadores en el mundo, alineados con Estados Unidos; como las luchas por la soberanía nacional o autonomía de los pueblos en oriente medio y África, son parte del proceso de disputa de la hegemonía mundial. El neoliberalismo como fórmula de gestión capitalista impulsada por los Chicago Boys en Chile, y posteriormente extendida al resto del mundo, parece estar siendo llevada a su límite. Las características compartidas por las mayores potencias del mundo en la gestión del capital se encapsulan en lo que algunos han denominado como Posneoliberalismo o Fascismo neoliberal[26].

 El capitalismo está revelando su rostro más salvaje: las guerras se expanden, la democracia es deslegitimada y el planeta es quemado a voluntad. No obstante, es en momentos como este en que el orden abre nuevas posibilidades de ruptura. La desesperada defensa de las categorías básicas del sistema, debe comprenderse como la reacción violenta de un animal herido y no como la prueba del carácter imbatible de este. No debemos dejarnos convencer por el ánimo de derrota. La experiencia de los anteriores ciclos de lucha (el más reciente entre 2018 y 2022) no debe de pesar sobre nosotros como una constatación de la inminencia del fracaso.

El recuerdo de la revuelta social del 2019 ha sido falseado, y en su lugar se ha instalado una percepción negativa que se puede resumir en que “no logramos nada”. Pero, esta imagen ideológicamente reaccionaria se puede despedazar en segundos. Basta con volver a experimentar la comunidad espontánea que se genera en las calles y plazas, volviendo a sentir colectivamente la rabia y el rechazo hacia el estado de las cosas. El papel compartido por los gobiernos que le siguieron a las revueltas sociales fue el violento desmantelamiento de esta comunidad, y de cualquier recuerdo de que esta existió. Sin embargo, estos intentos terminan siendo siempre inútiles, la larga lucha de los pueblos se vuelve a reencaminar en la medida en que el mismo sistema genera nuevos focos de lucha. Esa es la contradicción del sistema, es ontológicamente incapaz de eliminar sus amenazas, generando por el contrario la posibilidad para su propia superación.

Las manifestaciones multitudinarias que encendieron las calles de Madagascar, Nepal, Marruecos y Laos durante el 2025, y las recientes protestas en Bolivia que frenaron el decreto que buscaba eliminar los subsidios a los combustibles, son prueba de que aún podemos volver a levantarnos. La desmovilización y el pesimismo es el interludio de una lucha mayor. Que el periodo revolucionario más importante en la historia haya tenido lugar entre crisis estructurales y guerras no es una casualidad[27]. Es a partir de estos períodos en que las convulsiones del capital se intensifican, donde se abre la posibilidad para diversas prácticas de resistencia y de fuga a las relaciones sociales que fundan el capitalismo.

Por lo mismo, las luchas migrantes y activistas contra las deportaciones masivas encabezadas por el ICE, así como los actos de insubordinación y deserción militar de los ejércitos ucranianos, rusos e israelíes, son de crucial interés para nosotrxs. Son la demostración de que la guerra de clases sigue latente aún en el corazón de los imperios. Sin embargo, sería un error esperar que cada protesta actual o futura, genere un desenlace radical que nos acerque a la revolución. Es preciso aprender de los procesos de lucha anteriores, que han demostrado que el asalto del poder político o el cambio de administración de los estado-nación no garantizan las transformaciones radicales que necesitamos los pueblos, sino que por el contrario, se han transformado en agentes que administran el monopolio económico, represivo y cultural del poder. Las luchas se fundan de las contradicciones y antagonismo del sistema, pero al mismo tiempo quiénes llevan a cabo estas son portadores de las mismas contradicciones, he ahí la urgencia en la construcción de fuerzas y autonomías hoy, no pensarlas al día siguiente de la “revolución”, sino que forjarlas en el presente, como ejercicios anticipatorios a nuevas sociedades no capitalistas, no patriarcales y no coloniales.

La historia de la lucha de clases nos enseña otro de los límites en la lucha revolucionaria, que está presente tanto en las oleadas de levantamientos de este siglo, como en las experiencias de autogestión territorial que sobreviven hasta hoy a las amenazas de los Estados, véanse los zapatistas en Chiapas y de lxs Kurdos en Rojava. Nos referimos a los límites del marco nacional y del localismo. Las protestas de este siglo se extinguen rápidamente en la medida en que no son capaces de extenderse hacia otros territorios. Focalizar la lucha en un territorio delimitado geográficamente (aún cuando se hable en términos de continente) obstaculiza la revolución como posibilidad. Pues, del mismo modo que el capitalismo y el patriarcado, como forma social son globales, la revolución debe de serlo también. Ese es el motivo por el que Chile no podía ser la “tumba del neoliberalismo”. Aún cuando lograse sacar a Piñera del poder, el neoliberalismo como fenómeno no sería superado como tal hasta que las condiciones que permiten su existencia sean borradas en todas partes.

La rearticulación del sector revolucionario, así como el intercambio de experiencias y aprendizajes con otros territorios, y la creación de organizaciones internacionalistas, que agrupe sectores de los distintos territorios en lucha, son claves para impulsar la expansión territorial de las revueltas que rechace los discursos nacionalistas y estatistas al interior del movimiento. Lo anterior encaminaría la construcción de “…una red internacional que equipe a los futuros levantamientos de una logística adecuada para hacer frente a situaciones de represión y de exilio, así como de la escalada de las luchas”[28].

La construcción de autonomía, la articulación de la lucha y rearticulación del sector revolucionario son principios estratégicos que permitirán elaborar las herramientas materiales y organizativas necesarias para evitar la muerte prematura de estos focos de lucha en nuestras comunidades y pueblos. El balance de las revueltas de este siglo nos muestra un primer el doble obstáculo a superar: la trampa del reformismo y la represión estatal (sin excluir nunca una de la otra). Basta de seguir oxigenando la democracia electoral, ecocida, femicida y genocida; y seguir pensando la revolución como un hito o jaque mate al poder; la revolución es la reafirmación permanente de la insurrección y de la construcción cotidiana de otros mundos posibles.

  

¡Es hora de acabar con siglos de explotación y dominación,

con todas las fuerzas de la historia, hasta alcanzar la victoria!

 

En memoria de todos los nombres y rostros

que nos acompañan en cada paso.

Centro de Estudios Populares Luz y Vida.

Marzo 2026

Antofagasta, Desierto de Atacama

[1] R. Bolaño, Nocturno de Chile.

[2] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano, ed. Tinta Limón, 2025. p. 17.

[3] T. Konicz, A guerra como catalisador de crises. Marzo 2026.

[4] La conceptualización de este enemigo, es determinada en términos de raza, género y clase. Mientras que para la alemania nacional-socialista este enemigo se construyó como judio y obrero, en Estados Unidos durante el siglo pasado, lo hizo como afrodescendiente, nativo americano, migrante no blanco, etc. Según M. Lazzarato: “La «raza» no se limita a definir al enemigo, sino que constituye, junto con el patriarcado y la heterosexualidad, el terreno de la subjetivación fascista e identitaria”. E. Alliez y M. Lazzarato, Guerra y Capital, ed.Traficante de sueños, 2021, p. 326.

[5] Editorial Conatus, Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, junio de 2025.

[6] Como el libro Which Way Western Man? de William Gayley Simpson. Léase: J. Montpetit, “ICE nodding to far-right extremists in recruitment posts, experts say”, enero de 2025.

[7] Ten questions on the policies of the Trump government, International Perspective, diciembre 2025.

[8] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza, 2025.

[9] ¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?, enlacezapatista, 2003.

[10] Sistematización “Reflexiones y aprendizajes de la jornada formativa con el MMK-Abya Yala”.

[11] Al respecto recomendamos leer: Z. Baheer, The Iranian uprising is at a very crucial stage, organize!, enero de 2026.

[12] Cómo por ejemplo, con los pagos multimillonarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas a empresas privadas de vigilancia para la localización y vigilancia de migrantes.

[13] Para el Movimiento de Mujeres del Kurdistán, y para el PKK, la liberación de las mujeres es un pilar central de su proyecto político -el Confederalismo Democrático-, y hoy lo conectan con experiencias de lucha de mujeres de todo el mundo.

[14] D. Cameron, Hay cientos de informes por abuso físico y sexual en los centros de detención de migrantes del ICE, wired, agosto de 2025.

[15] El uso sistemático de la violencia sexual por parte de Israel es “más de lo que el ser humano puede soportar”, Noticias ONU, marzo de 2025.

[16] Ibid.

[17] Al respecto recomendamos leer: B. Pfeil y C. Pfeil, Metamorfoseando el anarquismo: por trans-anarquías monstruosas, Colapso y Desvío, diciembre del 2025.

[18] Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, Editorial Conatus, junio de 2025.

[19] “Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, superando a países como Arabia Saudita e Irán. Por lo tanto, posee un inmenso potencial para la exploración petrolera, y no es casualidad que este sector represente el mayor porcentaje del PIB venezolano —alrededor del 12,3% del mismo— en comparación con otros sectores individualmente”. H. Alves, A Agressão Contra a Venezuela e a Política Estratégica de Dominação dos EUA, Critica Desapiedada, enero 2025.

[20] Guerra de clases en Irán 2026, Proletarios revolucionarios, enero 2026.

[21] El campismo ignora la relación indisociable entre el Estado y el capitalismo, confundiendo al imperialismo como la conducta específica de sólo algunas potencias y siempre occidentales. Por el contrario: “Todos los Estados sin excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que, con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—, compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros, repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del planeta”. Precisiones sobre la guerra de clases y el internacionalismo proletario en el actual contexto de guerra imperialista y revueltas, Proletarios revolucionarios, febrero 2026.

[22] K. Marx, El capital, ed. Akal, 2000, libro III, t.8, p. 227.

[23] Zona geográfica que concentra aproximadamente el 60% reservas del litio a nivel mundial.

[24] Quién ganó las elecciones con una diferencia menor al 1% de los votos. Tras las críticas al conteo de votos, Trump amenazó con duras “consecuencias” si se intentaba revertir las elecciones ganadas por su candidato.

[25] A. Toscano, Imperio de la extorsión, communispress, enero de 2025.

[26] Léase al respecto: M. Lazzarato, El capital odia a todo el mundo, ed. Eterna Cadencia, 2019.

[27] Nos referimos a México: 1910-1917, Rusia: 1917-1921, Alemania 1919, etc.

[28] Nueva Icaria, La revuelta global y sus impasses históricos, Colapso y Desvío, octubre de 2025.

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 1 Promedio: 5)
✇lamarea.com

¿En qué parte del embudo vives?

Por: José Ovejero

23 de marzo

Paso dos días en Olot, en el festival MOT, que este año gira alrededor del viaje. Por una vez, había decidido quedarme un poco más de lo que necesitaba para intervenir en mi acto, lo que me da la oportunidad de asistir de oyente a otros dos encuentros. Uno de ellos es una conversación con la escritora rusa Maria Stepánova (autora, entre otros libros, de En memoria de la memoria, que compro antes del encuentro). Stepánova se fue de Rusia tras el inicio de la guerra de Ucrania y después de que su Gobierno clausurase la revista que dirigía. «La poesía es un refugio», dice, y la afirmación se me queda dando vueltas en la cabeza. «La poesía es un refugio en llamas», me digo yo, y no sé que hacer con esta idea.


Durante mi conversación con Bibiana Candia, moderada por Iris Llop, ambos hacemos referencia al libro del otro. Aunque Azucre y Vibración, las dos novelas elegidas para pensar aspectos del viaje, son muy distintas, hay en ellas temas y enfoques que pueden dialogar bien entre sí y aprovechamos para hablar de ello. Luego me doy cuenta de que algunos oyentes pensaban que nos habíamos puesto de acuerdo previamente en hacerlo así. Es poco frecuente, me dicen, que un autor dedique tanto espacio a hablar del libro de su contertulio.

Es verdad que muchos de estos encuentros, aunque los llamen diálogos, están pensados para que cada uno hable de su libro. De todas maneras yo procuro leer algo de la persona con la que voy a estar en el escenario –si no la he leído ya– para tener una idea de quién es y qué nos une, si es que nos une algo. Yo no había leído la novela de Bibiana y Bibiana no había leído la mía, pero ambos tuvimos el reflejo de hacerlo antes de viajar a Olot. Es siempre más agradable que realizar dos monólogos sucesivos. Sobre todo porque puede dar pie a que surja alguna idea, algún descubrimiento en esa conversación. Al fin y al cabo, yo ya sé más o menos lo que voy a decir.


Esto no es del todo cierto: antes de un encuentro, aunque vaya a hablar de un libro del que he hablado cien veces, me doy un rato para pensar cómo lo voy a enfocar esa, dependiendo del contexto y del momento, que nunca son idénticos. En ocasiones, surge una idea nueva, y eludir la rutina del pensamiento me da la impresión de escapar de ese embudo, del que he hablado alguna vez, que puede ser la vida, en la que se tiende avanzar de la parte ancha, donde parece que las posibilidades son múltiples, a la más estrecha, en la que se va restringiendo cada vez más la libertad de movimientos.


26 de marzo

Se me ocurre ahora que la imagen anterior es propia de una persona joven, del hombre relativamente joven que era cuando la escribí. Sus connotaciones negativas son innegables si hablamos de que tus fuerzas pueden irse reduciendo, tu salud limitándote, también tu capacidad de elección, porque sabes imposible cumplir algunos de los sueños que tenías. Pero la «estrechez» también consiste en que has llegado a un cierto lugar por elección propia y no deseas moverte a otro. Hubo un tiempo en que de forma casi patológica deseaba vivir varias vidas, pero la que he ido eligiendo me parece ahora mismo la única que necesito: estoy con la mujer con la que quiero estar y no deseo otra, en el lugar y en la profesión que me satisfacen. Puede que las circunstancias me arrebaten el espacio construido, pero no siento que esté renunciando a mi libertad por estar donde estoy. No solo eso: lo que he ido consiguiendo me da posibilidades que no tenía de joven.


La imagen del embudo es también parcialmente errónea en lo que se refiere a la zona ancha: puede que en tu fantasía apenas tengas limitaciones y seas capaz de moverte libremente de un lado a otro, quizá creas allí que tu vida tiene posibilidades infinitas. Pero no es verdad: te limitan tu clase social, la educación recibida, tu capacidad creativa, tu valentía, la cantidad de apoyo que recibes de los demás; en resumen, dependes del contexto al que perteneces y de cómo ha influido en tu carácter.


Vivimos en una época en la que el capitalismo ofrece vidas infinitas en la parte ancha del embudo; el capitalismo es la serpiente que nos seduce para que mordamos la manzana del consumo con la promesa de que entonces seremos como dioses. Si quieres puedes, just do it. El epítome del engaño lo vemos en esos anuncios de todoterrenos con los que atravesar selvas y desiertos poniendo el mundo a tus pies: te venden la libertad absoluta, trazar tus propios caminos, pero olvidando, no solo que hoy hay caminos en todas partes y que a lo mejor para llegar a la selva tienes que soportar un embotellamiento, como toda esa gente que hace cola para adquirir la experiencia absolutamente única de escalar el Everest. También que para comprar ese magnífico todoterreno a lo mejor has tenido que endeudarte o que trabajar un año en una profesión que te desagrada. Tu todoterreno no te hará libre como tampoco seducirás a todo el que se cruce contigo por ponerte tal perfume o llevar tal prenda de ropa. Sabemos que es así, pero al mismo tiempo lo creemos porque, como la religión, nos ofrece el consuelo que necesitamos.

El capitalismo tiene ese poder de hacerte creer que eres quien no eres, vendiéndote el espejismo de vivir en un mundo sin paredes ni murallas para tu voluntad, cuando en realidad vives en una celda estrecha; a cambio, para que la magia funcione, no debes mirar lo que destruye para ofrecerte tus fantasías. Y, sobre todo, a cambio de que no te rebeles contra el engaño.

La entrada ¿En qué parte del embudo vives? se publicó primero en lamarea.com.

✇pikara magazine

Sayak Valencia: “Debemos salir del gueto del género y del sexo como únicas demandas para el feminismo”

Por: Sonia Herrera Sánchez

Capitalismo gore, políticas snuff, necroscopía, régimen live. La filósofa Sayak Valencia crea conceptos para nombrar y describir la violencia institucionalizada y estandarizada.

La entrada Sayak Valencia: “Debemos salir del gueto del género y del sexo como únicas demandas para el feminismo” se publicó primero en Pikara Magazine.

✇lamarea.com

Fabio Fernández Batista: “Hay cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee”

Por: Patricia Simón


LA HABANA // El profesor de Historia de la Revolución cubana Fabio Fernández Batista se define como reformista del sistema cubano, lamenta que muchos de sus compatriotas crean que “el capitalismo solucionará sus problemas cuando el que le toca a Cuba es el capitalismo subdesarrollado periférico dependiente, como el de República Dominicana, Guatemala u Honduras” y considera que su país sufre una “crisis espiritual que ha provocado que haya cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee”.

A su llegada a la entrevista, explica la razón de su retraso: se ha encontrado una protesta en la entrada de la Universidad de La Habana cuando ha ido a hacer unas fotocopias. Al día siguiente, la concentración aparecerá en buena parte de la prensa internacional. Una treintena de estudiantes pedían facilidades para poder seguir las clases a distancia después de que el Gobierno cubano dictara el cierre de las aulas por la falta de combustible. Los continuos apagones eléctricos también acarrean caídas de Internet, cuya conexión ya resultaba inasequible para el estudiantado que no recibe apoyo económico de la diáspora. Una manifestación más de la crisis sistémica que sufre el pueblo cubano desde hace décadas, agravada por el cerco energético dictado por la Administración Trump –un castigo colectivo prohibido por el derecho internacional–.

¿Cuál es su análisis de la situación que atraviesa Cuba en la actualidad?

En Cuba hay una crisis estructural provocada por una economía renqueante desde hace mucho, que todavía acusa el golpe que significó el fin del campo socialista y que, al mismo tiempo, está golpeada por una política hostil norteamericana. Tenemos un modelo económico que tiene grandes deudas en materia de eficiencia, eficacia, productividad y todo lo que sigue en esa lista. Todo esto ha provocado una fractura del consenso político en el marco de una sociedad cada vez más plural y no han existido mecanismos para canalizar ese disenso de forma participativa.

También se ha producido un cambio del liderazgo histórico de Fidel y Raúl Castro al de Díaz-Canel, cuyo capital simbólico sería su capacidad para gestionar con eficiencia el país. Y eso no ha ocurrido. Además, tras el impacto económico de la pandemia de COVID-19 se llevó a cabo una reforma que desestructuró aún más la economía del país. Y por último, Trump ha reforzado la hostilidad contra Cuba con el bloqueo petrolero y con la presión que ha puesto en diferentes países para que corten la colaboración con Cuba en materia de exportación de servicios de salud.

Al mismo tiempo, hemos sufrido un éxodo migratorio de más de un millón de personas en un país que ha envejecido a un ritmo que no es funcional para la nación. Y añadiría que tenemos un tejido nacional lesionado, marcado por múltiples carencias y frustraciones por las que tenemos una crisis espiritual que ha provocado que haya cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee.

¿El Gobierno cubano podría hacer ahora las reformas que no ha hecho las últimas décadas?

El margen de maniobra se ha ido estrechando incluso en el ámbito interno. Se han perdido dos momentos fundamentales para hacerlo. En los años noventa, Fidel Castro tenía suficiente capital político para haber transitado a un modelo como el vietnamita o el chino. En el primer lustro de los 2000, se creó la alianza con la Venezuela boyante de Chávez pensando que podía sustituir a una reforma integral del modelo económico. Después llegó Raúl Castro, que colocó la reforma en el centro de la acción política, planteando que el socialismo debía entenderse desde una conexión más orgánica con las economías de mercado, pero no terminó de llevarla a la práctica por lo que yo llamo el síndrome de la perestroika: había miedo a que, al abrir el juego, se desencadenasen cambios políticos. Y también se aplicaron reformas que beneficiaron sólo a sectores puntuales, como la construcción hotelera, en detrimento de los intereses generales del país.

¿Y ahora?

Ahora se están impulsando transformaciones como las alianzas empresariales público-privadas, pero el margen es estrecho. Reformas que se pudieron haber hecho antes se tienen que hacer ahora en un país semiparalizado porque no hay combustible. Se debería haber aprovechado el proceso de normalización con el gobierno de Obama, pero entonces ganaron los sectores más conservadores.

Tras el estallido social de 2021, ¿qué peso tienen las reclamaciones democráticas entre el alumnado universitario?

Tanto en los estudiantes como en la ciudadanía en general hay un afán por cambiar dinámicas en el sistema político para que haya más participación, más mecanismos de control popular, lo que no quiere decir necesariamente asumir los presupuestos de la democracia liberal. Claro que en Cuba hay gente que quiere lógicas económicas propias de la democracia liberal, pero también hay quienes estarían dispuestos a participar en maneras distintas de entender el funcionamiento democrático del país.

La mayor inconformidad de la gente en Cuba es con su economía diaria. Si el gobierno fuese capaz de resolverlos, habría una reducción importante de los niveles de inconformidad. En las protestas sobre todo hay gente reclamando servicios básicos como la electricidad y el agua, poder llenar la despensa… Pero desde el extranjero se suele subrayar el matiz político de la protesta.

¿Qué cree que va a pasar en las próximas semanas?

Eso nadie lo sabe. Hay una gran incertidumbre en torno a las negociaciones entre el gobierno de Cuba y el de los Estados Unidos. Defiendo que haya puntos de contacto entre ambos, de hecho es una política histórica de los gobiernos nacidos de la revolución cubana, pero no estoy de acuerdo con que impliquen una lesión en la soberanía del país. Por ejemplo, que se hable de que una línea roja es la del presidente de Cuba, es decir, que se decida en Washington quién es nuestro presidente. No me gusta el modelo venezolano en el que el chavismo ha asumido una lógica de supeditación a los mandatos de Trump.

Me gustaría una negociación en la que podamos llegar a acuerdos desde una defensa de la soberanía. No se puede olvidar que a Estados Unidos no le interesan ni los derechos humanos ni la democracia en Cuba, sino que tiene una proyección imperial, que Cuba se mueva al ritmo que le interesa.

También cabe la posibilidad de que no haya acuerdo y de que haya una profundización en la política hostil de los Estados Unidos hacia Cuba. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Una agresión quirúrgica como la que hicieron en Venezuela? Quirúrgica… pero con un montón de muertos. ¿Quizás un bombardeo como el que están haciendo en Irán o una agresión militar tipo desembarco de Normandía? Cuba está muy cerca de Estados Unidos, por lo que cualquier escenario de desestabilización puede incidir también en su territorio. Por otra parte, hay que tener en cuenta cómo le saldrán las cosas a Trump en Irán. Un empantanamiento puede limitar su capacidad de acción contra Cuba o lo contrario: apostar por hacer algo que pueda vender como un éxito.

¿Y a nivel interno?

Hay que ver en qué medida las carencias múltiples en un país semiparalizado pueden generar una protesta social y que se mezcle la demanda política explícita con la situación económica.

Cuba
Imagen de una calle de La Habana. ALEX ZAPICO

Pero al margen del agravamiento del bloqueo con el sitio energético que ha dictado Trump, los apagones graves llevan afectando de forma regular a la población más de dos años, las desigualdades entre las clases sociales son hoy exacerbadas y muy evidentes, hay una minoría que todo el mundo ve moviéndose en coches de lujo, comiendo en restaurantes caros y comprando lo que necesita en las innumerables tiendas que se han abierto con productos importados y en las que se paga en dólares… Mientras, la mayoría social no se puede permitir siquiera comprar pollo una vez al mes ni jubilarse y dejar de trabajar porque cobra pensiones que no les dan para comer. ¿Sin el factor Trump, el Gobierno cubano habría aplicado alguna reforma?

Si quitamos la agresión más reciente de Trump, el país seguiría estando en una situación muy compleja. Ojo, el bloqueo existe y es estructural. Trump solo ha escalado en grado sumo la política de sanciones de Estados Unidos. Y los problemas de Cuba son un acumulado de cosas que no han hecho bien este gobierno y los anteriores, así como de las políticas hostiles de los Estados Unidos.

Pero al margen de Trump, hay una demanda social clara de que el país lleve a cabo una apertura económica que permita una mejoría general, que no solo beneficie a un segmento. Es decir, abrir la economía pero manteniendo políticas públicas que atiendan a la ciudadanía en su conjunto, especialmente a la más vulnerable. Por ejemplo, se habla de que en abril se modificará la libreta de racionamiento.

Pero si ya apenas entregaban nada por la libreta, hay gente que hace meses que no recibe nada.

Y aun así sigue siendo importante para algunas familias. El Estado no tiene que subvencionar el arroz a un hombre como Silvio Rodríguez, que no lo necesita, pero sí a una viejita pensionada. También tiene que ayudar a que mi amigo tenga un negocio próspero y crear mecanismos fiscales que permitan al Estado redistribuir recursos, a que la educación y la sanidad públicas sean solventes…

¿Y por qué no lo han hecho hasta ahora?

No se ha trabajado con la celeridad necesaria, lo que ha agudizado los problemas. Y hay que garantizar un escenario de bienestar, aunque sea modesto, porque es una de las conquistas más importantes de la revolución.

Cuando los cubanos se quejan de que los sistemas de salud y educación no funcionan los están comparando con los éxitos que la revolución cubana alcanzó. Hay medios que construyen un relato engañoso en el que pareciera que los cubanos añoran un capitalismo maravilloso que Fidel Castro y sus barbudos destruyeron y que nos llevó a la noche más oscura. Eso es una estafa intelectual e histórica. Claro que los cubanos tienen el referente del capitalismo que han visto cuando han viajado o por las series y películas que ven; claro que hay una visión del capitalismo que forma parte de los imaginarios cubanos, pero una parte importante de los reclamos ciudadanos en Cuba conectan con la memoria histórica de un país que, en los marcos del socialismo, funcionaba mejor que el actual. Así pues, el Estado tiene la misión importante de abrir la economía para sostener de mejor manera la educación y la salud públicas.

¿Cómo debería hacerlo?

Soy reformista, me siento conectado con los valores fundacionales de la revolución cubana, tengo una proyección de vida anticapitalista. No creo que el capitalismo sea un sistema justo. Creo que la revolución cubana avanzó por caminos alternativos frente al reino del capital y que habría que rescatar mucho de ese espíritu primigenio. Fue una revolución que tuvo mucha luz y, también, sombras desde el principio: lógicas demasiado verticalistas, burocráticas, con elementos importantes de autoritarismo… Creo que hay que refundar un proyecto de contenido socialista desde el que repensar la economía, la democracia, nuestro lugar en el escenario geopolítico.

Hay gente que ve con buenos ojos la idea de una Cuba de democracia liberal, que está muy romantizada porque tiene muchos elementos antidemocráticos.Y mucha gente que piensa que el capitalismo cubano sería como el español, el sueco, el suizo, que no son perfectos, pero que tienen colchones de bienestar. Pero el capitalismo que le toca a Cuba es el capitalismo subdesarrollado periférico dependiente, como el de República Dominicana, Guatemala, Honduras…

¿Existe realmente todavía el socialismo en Cuba? Un capitalismo exacerbado domina plenamente las vidas diarias y cotidianas de los cubanos y cubanas…

Esa es una muy buena pregunta. Yo creo que quedan lógicas en las prácticas sociales como en los imaginarios..

Por supuesto que hay una influencia de lo que representaron la revolución y sus logros en la conciencia colectiva, pero los cubanos ya viven sometidos a un capitalismo periférico, con diferencias de clase abismales, pobreza extrema y excluyente…

Hay varios expertos que dicen que Cuba se ha latinoamericanizado, que cada vez nos parecemos más al continente que tenemos al lado y al que pertenecemos. Yo creo que las lógicas del capital no imperan plenamente en Cuba. Quedan bolsas de resistencia: con todos sus defectos, sigue habiendo una apuesta por la salud pública gratuita, una educación gratuita universal, un conjunto de bienes sociales que nos pertenecen a todos…

Pero es cierto que en Cuba hace años que no hay revolución. La revolución arrancó en el 59 y se cerró a mediados de los 70. A partir de entonces, vivimos en una sociedad posrevolucionaria que ha ido evolucionando con los cambios de la vida y con las reformas impulsadas por las estructuras de poder. Y ahora vivimos otra revolución –entendida como cambio estructural de sus dinámicas–: el paso de la apuesta que fue el socialismo a una en la que vuelve el capitalismo.

Quiero pensar que el pueblo cubano encontrará mecanismos que nos lleven a un socialismo remozado más que al capitalismo, pero yo puedo ser la expresión de una minoría. Mucha gente en Cuba ha comprado el sueño de que el capitalismo nos llevará a un lugar mejor. Yo creo que es un sueño equivocado, pero el ideario de izquierda está muy golpeado. En Cuba hay un proceso de articulación progresiva y potente de fuerzas de derechas, algunas vinculadas con el fundamentalismo religioso evangelista. Hay una idea de que el Estado es un obstáculo, de que es ineficiente, de que la propiedad privada y la privatización de los servicios públicos es la respuesta a todo. Hoy, en Cuba, la palabra comunista se puede utilizar como un calificativo despectivo. Eso tiene que ver con una comprensión estrecha de lo que es el comunismo y una identificación de las políticas gubernamentales con el comunismo, cuando en la práctica no hay muchas que puedan considerarse así, sino que es todo lo contrario, hay una apertura al capitalismo.

En España también tenemos una sanidad y una educación públicas en el marco de una democracia liberal. Teniendo en cuenta que las políticas cubanas no son comunistas, ¿que Cuba se convirtiese en un Estado del bienestar socialdemócrata sería el peor o el mejor de los escenarios?

Muchos cubanos tienen una imagen del capitalismo que se mueve en códigos socialdemócratas, pero yo tengo muchas dudas de que el capitalismo cubano del futuro fuese socialdemócrata: más bien sería el latinoamericano neoliberal. Si tú me dices que el capitalismo cubano va a ser el de España o Noruega, casi me atrevo a abjurar de mi vocación marxista y me lanzo a la piscina. Pero Cuba es periferia y no hay demasiados ejemplos en los que el capitalismo socialdemócrata se haya consumado en la periferia.

Además, puede darse el caso de que tenga unos indicadores macroeconómicos extraordinarios, con una vitalidad aparente tremenda, y que debajo de todo eso subyazcan problemas estructurales graves.

La entrada Fabio Fernández Batista: “Hay cubanos que creen que el mejor camino para Cuba pasa por que San Trump nos bombardee” se publicó primero en lamarea.com.

✇pikara magazine

En defensa de los feminismos

Por: Redacción Pikara Magazine

Frente a la reacción patriarcal que se da incluso desde la izquierda, reivindicamos las prácticas feministas en tiempos de ofensiva reaccionaria.

La entrada En defensa de los feminismos se publicó primero en Pikara Magazine.

✇pikara magazine

La banca o la vida

Por: Mª Ángeles Fernández

La guerra es un negocio del que se lucran las principales entidades financieras del Estado español, que no han cortado sus vínculos con Israel. El presupuesto público militar aumenta cada año, en una apuesta bélica que pasa por encima del acuerdo internacional.

La entrada La banca o la vida se publicó primero en Pikara Magazine.

✇pikara magazine

‘Recuperan’ una vivienda turística para llamar a la huelga general en Euskal Herria

Por: Teresa Villaverde

La mayoría sindical navarra y vasca convoca huelga general el 17 de marzo para exigir un salario mínimo de 1.500 euros. Los colectivos sociales que se adhieren a la jornada convocan manifestaciones por la tarde por el feminismo, el antirracismo y para exigir medidas contra la especulación inmobiliaria.

La entrada ‘Recuperan’ una vivienda turística para llamar a la huelga general en Euskal Herria se publicó primero en Pikara Magazine.

✇ATTAC España

El decrecimiento económico no promete, propone

Por: Nuria

El capitalismo actual necesita de la escasez, haciendo de ella algo intrínsecoEl capitalismo actual necesita de la escasez, haciendo de ella algo intrínseco

Artículo original publicado en ethic.es por Fernando Valladares

«El decrecimiento económico es una oportunidad única y brillante no solo para evitar los escenarios más distópicos en lo social, en lo ambiental y en lo económico, sino para poner la vida en el centro de las decisiones urgentes que debemos ir tomando», afirma Fernando Valladares, profesor de investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

A una sociedad habituada a considerar el crecimiento en todos los ámbitos y especialmente en el económico como una señal de éxito, se le puede atragantar una apremiante pieza de actualidad: en un planeta finito en el que la humanidad ha rebasado 7 de los 9 límites físicos para su propia seguridad, el decrecimiento en la producción y el consumo es de las pocas cosas de las que podemos estar seguros que van a ocurrir. Nos guste o no, tengamos las opiniones e informaciones que tengamos, el decrecimiento, especialmente en el Norte Global, es solo cuestión de tiempo. Nuestra inteligencia ahora se puede poner al servicio de mantener la ilusión del crecimiento perpetuo o bien al servicio de garantizar el bienestar humano en convivencia con otros seres vivos y en armonía con las leyes de la física y de la química.

En el artículo «La falsa promesa del decrecimiento», Manuel Alejandro Hidalgo defiende que el crecimiento económico es la herramienta más eficaz para el progreso humano, citando la manida reducción de la pobreza extrema del 35% al 8,5% en las últimas décadas. Sin embargo, su propuesta colisiona, ni más ni menos, con los límites planetarios, es decir, con las condiciones físicas, químicas y biológicas para que el ser humano tenga cabida en el planeta. Tanto Hidalgo como un gran número de economistas convencionales afirman que la solución al dilema del crecimiento perpetuo es el «desacoplamiento absoluto», donde la economía crece mientras el consumo de recursos, la contaminación y las emisiones de gases de efecto invernadero disminuyen.

Aunque varios países desarrollados han logrado reducir un poco sus emisiones de CO2 mientras sus economías crecen, no lo hacen al ritmo suficiente para mantenerse dentro de los márgenes de seguridad climática. En la mayoría de países y regiones, y durante amplios periodos de tiempo, los crecimientos económicos se acompañan indefectiblemente de un incremento en impactos y emisiones. Algo que la eficiencia y la tecnología, que el crecimiento verde y la circularización de la economía (recordemos que la economía circular no existe) solo logran amortiguar en parte. De hecho, cada vez más científicos de ámbitos tan dispares como la física, las matemáticas, las ingenierías, la filosofía, la antropología, la economía y la sociología cuestionan la posibilidad real de desacoplar del crecimiento económico no solo las emisiones, sino también el uso de materiales, biomasa y agua, al ritmo necesario para no seguir adentrándonos en zona insegura habiendo rebasado ya la mayoría de los límites planetarios.

La humanidad ha rebasado 7 de los 9 límites físicos para su propia seguridad

Es habitual argumentar, como hace Hidalgo, que imponer el decrecimiento es una forma de imponer «colonialismo» y «austeridad ecológica», algo que negaría a los países en desarrollo el acceso a necesidades básicas como el agua potable, la salud y la educación. El error de este argumento radica en entender el decrecimiento como una propuesta que afectaría por igual a todos, cuando las teorías de decrecimiento proponen una reducción planificada para las economías ricas, de forma que se liberara espacio ecológico para el Sur Global. Plantear una distribución equitativa de los recursos parecería ignorar las dificultades de implementación de algo así, dificultades que chocan con los intereses del sector privado y que derivarían en grandes tensiones sociales. Pero, en realidad, al plantear esta equitatividad se pone en evidencia que la continuación del modelo de crecimiento económico actual en naciones opulentas acelera el agotamiento de recursos de los que dependen tanto los países más vulnerables, con lo que las tensiones irían en aumento, como los más ricos, con lo que se aceleraría el colapso de las actividades económicas más atractivas y rentables y del propio sistema capitalista convencional que las impulsa y de las que depende.

Es interesante constatar que el colapso del capitalismo no es una amenaza futura. Ni una leyenda propia de los antisistema. Es una realidad constatada ya, y con gran preocupación, por las principales entidades aseguradores: ante los impactos del cambio climático, el sistema actual de seguros se hace financieramente inviable. Sin el sector seguros, podemos olvidarnos de préstamos e inversiones, la base de nuestro modelo económico. Esta inviabilidad financiera real y presente ya en el mundo bajo el nuevo clima en el que vivimos, con la fractura fundamental del capitalismo que implica, la confesaron los consejeros delegados (CEO) de las compañías aseguradoras más grandes del mundo en una amplia entrevista del periódico The Guardian, publicada el 3 de abril de 2025. Esta entrevista se publicó tan solo dos meses después del escándalo de la cancelación de 90.000 pólizas de seguros del hogar poco antes de los catastróficos incendios de California en enero de 2025. Una cancelación que dejó sin nada a miles de familias y que planteó la necesidad de un debate nacional e internacional sobre la insolvencia del sistema de seguros ante el nuevo clima.

Mientras que ante la implacable realidad ambiental y geopolítica, el capitalismo avanza en lo que viene a llamarse «necroeconomía» (conjunto de prácticas económicas y políticas que generan rentabilidad a partir del dolor, la desgracia, la injusticia o la muerte, incluyendo la manipulación de datos económicos y la mentira política, y que se apoyan en herramientas como los cat bonds o bonos catástrofe), el decrecimiento plantea una alternativa luminosa, aunque difícil de implementar por las inercias y los conflictos de interés.

El capitalismo actual necesita de la escasez, haciendo de ella algo intrínseco

Inquieta a muchos que hacer hincapié en el decrecimiento institucionalizaría la escasez, alimentando movimientos populistas y regímenes autoritarios. Para la economía convencional, el crecimiento es la única forma de evitar el conflicto social al no tener que repartir la riqueza económica global. En primer lugar, esta riqueza global se apoya en la ficción del dinero como préstamo con interés y no basado en riqueza real. Algo que impulsa la degradación ambiental por sí mismo y que constantemente empuja ciclos de profunda inflación y crisis económica. En segundo lugar, esta riqueza está cada día más amenazada por la sobreexplotación, la contaminación y el cambio climático. Por lo tanto, el conflicto que se busca evitar es inevitable, especialmente a medida que nos acercamos a un colapso de los sistemas naturales. De hecho, el conflicto, bajo el modelo extractivista actual, tiende a crecer y las perspectivas son aciagas. Basta con leer el informe anual del Foro Económico Mundial sobre las amenazas a la economía.

El riesgo en la gestión de la contracción económica ha sido muy estudiado y siempre se han desarrollado soluciones concretas para resolverlo coyuntural y no estructuralmente. Pero además de esta dificultad práctica para resolver esas contracciones «que acontecen», dentro del sistema económico imperante se ignoran o minimizan los riesgos de inestabilidad social y también económica derivados de unas crisis ambientales que son cada vez más extremas. El decrecimiento económico no solo no trae escasez, sino que es un modelo diseñado para reducirla. Por el contrario, el capitalismo actual necesita de la escasez haciendo de ella algo intrínseco. Los 12 millones de personas que mueren de hambre son necesarios para el funcionamiento de un sistema alimentario global basado en este modelo, no son una disfunción del mismo, como nos gustaría (y tranquilizaría) a todos creer. El decrecimiento económico promueve la abundancia radical, ya que abre la oportunidad para que abunden convenios, seguros y garantías que permitan consolidar los derechos humanos en cada vez más regiones del planeta. Mientras el capitalismo requiere de la incertidumbre, la desconfianza, la inseguridad, el individualismo, el unilateralismo, la competencia y el conflicto, el decrecimiento económico propone un marco para reducir todo esto en aras de la solidaridad, la confianza y la colaboración.

También inquieta mucho que el decrecimiento pueda desincentivar la innovación y la inversión en I+D al contraer los mercados. Esta inquietud se apoya en la idea de que la innovación solo puede prosperar en un entorno de expansión de mercado. Esta inquietud se desvanece cuando la innovación se reorienta y, en lugar de trabajar en la eficiencia para producir más (lo que a menudo lleva al efecto rebote o paradoja de Jevons), se enfoca en la suficiencia y la regeneración. Este enfoque fortalece la creación de empleo y permite crecer en numerosos ejes sociales que no tienen huella ecológica.

La propuesta de un crecimiento inteligente y sostenible suena bien, pero depende enteramente de la fe en la tecnología para resolver la contradicción entre un sistema económico infinito y un planeta con límites físicos finitos. Se trata de una contradicción que nadie termina de resolver sin recurrir a la promesa, aquí si que hablamos de promesa, de un desacoplamiento total. El artículo de Hidalgo se apoya en la visión tradicional de que el crecimiento es la única vía para el progreso, pero la literatura científica actual sugiere justo lo contrario.

El análisis histórico y la simulación matemática de distintos escenarios socioeconómicos revela que el capitalismo perpetúa la desigualdad imperial, juega «sucio» con la ciencia de las emisiones al confiar en tecnologías no probadas y subestima el deseo de la población de transitar hacia un sistema que priorice el bienestar de la sociedad sobre la riqueza de las élites, y la integridad del ecosistema sobre el PIB. Cuando se habla de falta de aceptación del modelo de decrecimiento económico no se tiene en cuenta la realidad que muestran las encuestas: aunque el nombre no despierta apoyo, cuando el decrecimiento se presenta como una propuesta completa (sin ceñirse a la etiqueta), el 72% de la población en países consumistas como Estados Unidos y el 82% en países europeos como el Reino Unido la apoyan. Existe la tendencia a equiparar el decrecimiento con una recesión prolongada o una crisis económica no planificada. Mientras que una recesión en el capitalismo es desastrosa y genera desempleo, el decrecimiento se propone como una transformación democrática y planificada para mejorar el bienestar reduciendo solo la producción no esencial.

El rechazo inicial a la palabra decrecimiento parece basarse en prejuicios y en impresiones superficiales, como la del miedo a perder el empleo o a que disminuyan los ingresos. Una vez que la población comprende los principios de bienestar y servicios públicos universales asociados al decrecimiento, así como la sostenibilidad a largo plazo del modelo frente a la inestabilidad creciente del capitalismo, el apoyo se mantiene alto, lo que sugiere que la propuesta decrecentista tiene potencial para ser adoptada democráticamente.

El decrecimiento económico no promete, propone. El aval histórico del economista y matemático Nicholas Georgescu-Roegen y el filósofo francés Serge Latouche, al que se han ido uniendo otros como los filósofos Kohei Saito y Jorge Riechmann, los economistas Joan Martínez Alier y José Manuel Naredo, el ingeniero Miguel Valencia y numerosos científicos de la talla de Jason Hickel, Giorgos Kallis, Tim Jackson, Peter A. Victor, Kate Raworth, Juliet Schor, Julia K. Steinberger, Diana Ürge-Vorsatz o el mismísimo Johan Rockstrom, principal impulsor del concepto y la cuantificación de los límites planetarios, hace que el decrecimiento económico, llamémoslo como lo llamemos, es una oportunidad única y brillante no solo para evitar los escenarios más distópicos en lo social, en lo ambiental y en lo económico, sino para poner la vida en el centro de las decisiones urgentes que debemos ir tomando.

La entrada El decrecimiento económico no promete, propone se publicó primero en ATTAC España | Otro mundo es posible.

✇ATTAC España

El poder que no votamos

Por: Nuria

Decenas de personas durante la cadena humana por la sanidad pública, en la Puerta del Sol, a 7 de abril de 2024, en Madrid. Matias Chiofalo / Europa PressDecenas de personas durante la cadena humana por la sanidad pública, en la Puerta del Sol, a 7 de abril de 2024, en Madrid. Matias Chiofalo / Europa Press

Fotografía: Decenas de personas durante la cadena humana por la sanidad pública, en la Puerta del Sol, a 7 de abril de 2024, en Madrid. Matias Chiofalo / Europa Press

Artículo original publicado en espacio-publico.com por Paco Cantero

Durante décadas se nos ha repetido que vivimos en democracias consolidadas. Votamos, elegimos representantes, cambiamos gobiernos. Sin embargo, mientras la política se reducía progresivamente a un ritual electoral, el poder real se desplazaba hacia otros espacios: los mercados financieros, las infraestructuras digitales, los centros de datos, los algoritmos que organizan la economía y la vida cotidiana. Hoy, muchas de las decisiones que determinan cómo vivimos ya no pasan por parlamentos ni por urnas, sino por estructuras privadas que nadie ha votado.

Este desplazamiento no es nuevo. Comenzó con la financiarización de la economía, cuando el capital financiero empezó a imponer límites estrictos a la política democrática. Lo que sí es nuevo es la aparición de un actor que no se conforma con condicionar la democracia, sino que aspira a reemplazarla: el capitalismo tecnológico libertario. Su irrupción no elimina el poder financiero tradicional, pero lo acelera, lo reconfigura y lo lleva a un nuevo estadio, donde la política deja de ser necesaria incluso como mediación.

De la financiarización al tecnolibertarismo

Durante años, el poder financiero vació de contenido a los Estados sin necesidad de destruirlos. Bastaba con imponer disciplina fiscal, desregular los mercados y convertir la economía en un espacio técnico inaccesible para la ciudadanía. Hoy, el capitalismo tecnológico libertario va más allá: no necesita Estados debilitados, sino Estados irrelevantes.

Este proyecto se apoya en una corriente filosófica donde la democracia no es un logro que perfeccionar, sino un error histórico; la igualdad, un error catastrófico; y la deliberación colectiva, un obstáculo para la eficiencia.

En lugar de ciudadanía propone usuarios. En lugar de leyes debatidas, reglas inscritas en código informático. En lugar de política, sistemas de gestión privada. El ideal no es el autogobierno, sino la optimización; no el conflicto democrático, sino la administración técnica de la sociedad por élites que se consideran más capacitadas.

No se trata de mejorar la democracia, sino de cerrar el paréntesis democrático abierto en los últimos dos siglos.

La demolición institucional como método

Este proyecto no puede imponerse en sociedades con instituciones sólidas y legitimidad pública. Para sustituir la política por sistemas automáticos de decisión es necesario, antes, debilitar la confianza en lo común. Por eso necesita gobernantes que actúen como agentes de demolición: líderes dispuestos a erosionar desde dentro aquello que dicen gobernar.

El patrón se repite: ataques a la justicia, a la ciencia, a la prensa, a la administración pública; degradación deliberada del debate político; polarización permanente; crisis constantes que paralizan la acción colectiva. No se trata de incompetencia ni de caos accidental, sino de una estrategia. Cuando las instituciones dejan de funcionar, la ciudadanía se vuelve más receptiva a soluciones autoritarias o tecnocráticas presentadas como inevitables, aunque anteriormente las habría rechazado.

El colapso institucional no es un efecto secundario: es una condición necesaria. Allí donde la política se percibe como inútil, la tecnología aparece como neutral y eficiente. Pero no lo es: responde a intereses concretos y concentra poder en manos privadas.

Trump como operador político de un proyecto ajeno

En este marco se entiende mejor el papel de figuras como Donald Trump. No son los arquitectos intelectuales del proyecto, sino sus ejecutores políticos. Su función no es construir alternativas, sino romper normas, desacreditar mediaciones y convertir la política en un espectáculo continuo que impide cualquier respuesta colectiva coherente.

El episodio de Groenlandia ilustra bien este mecanismo. Presentado como una extravagancia personal, respondía en realidad a intereses estratégicos de sectores tecnológicos. El Ártico ofrece condiciones óptimas para centros de datos: clima frío, energía relativamente barata, aislamiento geográfico y marcos jurídicos difusos desde los que operar lejos del control democrático. Trump no diseñó esa estrategia; simplemente la hizo visible.

Finanzas privadas: la gran victoria silenciosa

Mientras el ruido político ocupaba el espacio público, el capitalismo tecnológico libertario avanzaba en uno de sus frentes más decisivos: el control del dinero. La expansión de las finanzas distribuidas (DeFi) y de las stablecoins, presentadas como herramientas de libertad individual, tiene un impacto político profundo.

Estas tecnologías desplazan la creación y regulación del dinero desde los Estados hacia plataformas privadas gobernadas por código informático. El dinero deja de ser un instrumento de política pública y se convierte en una infraestructura corporativa. Sin soberanía monetaria, la democracia pierde uno de sus pilares fundamentales.

Una alianza funcional con la extrema derecha

Este proyecto no avanza solo. Ha encontrado en la extrema derecha un aliado eficaz. Aunque sus discursos difieran en apariencia, comparten un enemigo común: cualquier forma de control democrático que limite al capital.

La relación es funcional. Las élites tecnológicas aportan capital, infraestructuras digitales y control del espacio informativo. Las extremas derechas aportan polarización, ruptura institucional y bases sociales movilizadas contra la propia democracia. Juntas generan el clima perfecto para justificar la sustitución de la política por sistemas de control privado.

El agotamiento de la democracia representativa

El resultado es una democracia cada vez más vacía de contenido. La ciudadanía vota, pero no decide. Participa, pero no influye. La política se percibe como un teatro sin consecuencias, mientras las decisiones reales se toman en espacios inaccesibles.

La pregunta ya no es solo quién gobierna, sino dónde puede todavía ejercerse el gobierno democrático.

Biorregiones: devolver la política a la vida cotidiana

Es en este punto donde el concepto de biorregión cobra sentido político. La idea fue formulada originalmente en los años setenta por activistas como Peter Berg, que defendían la necesidad de reconectar la cultura, la economía y la organización social con los sistemas naturales que sostienen la vida.

No se trata de una nueva frontera ni de un proyecto identitario, sino de un espacio donde coinciden ecología, economía y vida cotidiana. Allí donde se organizan el agua, la energía, los alimentos, los cuidados o la movilidad, la política vuelve a tener suelo. La democracia deja de ser una abstracción institucional y se convierte en una práctica ligada a interdependencias materiales reales.

Las biorregiones no sustituyen al Estado ni niegan la escala global, pero anclan la democracia en territorios habitados, frente a la lógica tecnocrática que separa la toma de decisiones de sus consecuencias.

Asambleas con mandato temporal y sorteo ciudadano

Un elemento clave para que las biorregiones no reproduzcan élites locales ni nuevas burocracias es la forma en que se organiza su deliberación. Las asambleas biorregionales no estarían compuestas por representantes permanentes ni por militancias profesionales, sino por ciudadanos y ciudadanas seleccionados por sorteo, con mandatos temporales, claros y no renovables.

El sorteo no es un gesto simbólico, sino una antigua y eficaz herramienta democrática. Reduce la captura por intereses organizados, impide la profesionalización del poder y garantiza que la diversidad social real esté presente en la toma de decisiones. Los mandatos breves aseguran que nadie pueda convertir la asamblea en una carrera política ni en una posición de influencia estable.

Estas asambleas no sustituyen a las instituciones existentes ni gobiernan en abstracto. Intervienen en decisiones estratégicas concretas —energía, suelo, agua, vivienda, infraestructuras o uso de fondos públicos— con capacidad de supervisión, corrección o veto. Su función no es administrar, sino devolver control democrático allí donde las decisiones tienen consecuencias directas sobre la vida cotidiana.

El poder que se ejerce

El proyecto que busca sustituir la democracia avanza apoyado en la demolición institucional, la privatización de las infraestructuras y la alianza entre capital tecnológico y autoritarismo. Frente a él, las biorregiones y sus formas de deliberación no son una utopía, sino una corrección democrática concreta: una forma de devolver el poder a los lugares donde la vida ocurre.

El poder que no se ejerce se ocupa. Y hoy, ejercerlo empieza cerca. En lo común. En lo cotidiano. En los espacios donde todavía es posible decidir juntos.

La entrada El poder que no votamos se publicó primero en ATTAC España | Otro mundo es posible.

✇pikara magazine

Berta Cáceres, del crimen prevenible y tolerado por el Estado a la siembra de su lucha

Por: Mª Ángeles Fernández

Un exhaustivo informe auspiciado por Comisión Interamericana de Derechos Humanos concluye que el asesinato de la defensora hondureña se produjo en un “contexto de tolerancia, encubrimiento y omisión por parte de agentes estatales y financistas internacionales”. Diez años después del crimen, su recuerdo sigue impulsando resistencias y exigiendo justicia.

La entrada Berta Cáceres, del crimen prevenible y tolerado por el Estado a la siembra de su lucha se publicó primero en Pikara Magazine.

✇Portal Libertario OACA

Sobre el mal funcionamiento de los recursos asistenciales de la Comunidad de Madrid

Por: Kiko Pavonic

[Romper la rutina derrotista y pasar a la ofensiva]

Todo lo relacionado con la estructura del estado del bienestar está podrido. Es una cuestión estructural del sistema capitalista. Para un trabajador, cuando desarrolla su actividad profesional en un recurso asistencial público o privado, el hecho de implicarse un poco más de la cuenta en conseguir una mejora estructural o de calidad de vida de los usuarios o de los propios trabajadores, deriva en estrellarse contra un muro de hormigón. Al final, las únicas opciones que tiene es pasar del tema y cumplir la jornada por el salario correspondiente con la única implicación de realizar su actividad profesional, o darse de baja y cambiar de profesión. Y no estamos hablando de una implicación en el terreno emocional, sino de cuestiones tan básicas como respetar los derechos reconocidos a usuarios y trabajadores, tal y como vienen recogidos en la legislación.

Para los anarquistas, «la dignidad de las personas y los derechos que les son inherentes», tal y como se mencionan en la Constitución, no son meras cuestiones simbólicas que deban estar únicamente plasmadas en un escrito jurídico, como no lo fueron en su día para los liberales. Queremos dar un paso más allá en nuestra acción política con la clase trabajadora, y no esperar alguna concesión del poder político para seguir sumidos en la derrota constante. No creemos que la ejecución de políticas parciales que tanto gusta a la socialdemocracia vaya a solucionar los problemas de la clase trabajadora. Tampoco creemos en el uso de la retórica posmoderna para lavar la cara de este u otro líder para mantener las estructuras de poder y autoridad, pilares de la desigualdad social. Es el mercado capitalista y el Estado los que llevan a que los recursos del «estado del bienestar» acaben podridos. A que unos pocos se beneficien a costa de la necesidad de usuarios y trabajadores. La auténtica dignidad para la clase trabajadora pasa por poseer capacidad política propia al margen de las instituciones del Estado y de los partidos políticos, y en construir socialismo a través de la libre federación de productores y consumidores basada en el trabajo asociado y cooperativo.

La precariedad laboral en la administración

Los trabajadores movemos el mundo. Todo recurso asistencial necesita de trabajadores para realizar cualquier tarea. En muchas ocasiones, a pesar de la diferencia jurídica entre trabajadores (interinos, fijos, funcionarios, eventuales), la producción sale adelante sin necesidad de jefes, políticos, etc. Y aquí es donde reside el auténtico potencial de la clase trabajadora: llevar adelante la producción sin necesidad de mandos, jerarquías, políticos, etc.
Para las instituciones del Estado y la lógica neoliberal del mercado capitalista, se hace necesario dividir y aislar a los trabajadores, para impedir que se entiendan y se organicen. Así, las políticas neoliberales de la Comunidad de Madrid conllevan:

– Contratación precaria a través de contratos encadenados de pocos meses.
– Abuso de la interinidad.
– Introducción de empresas privadas en la gestión pública.

Pocos trabajadores y divididos con distintas situaciones administrativas o, lo que es lo mismo, fuerza de trabajo barata, flexible y reemplazable: esa es la receta del éxito para el desmantelamiento y la privatización de los recursos públicos.

El corporativismo es una de las principales estrategias de la administración entre grupos y subgrupos de trabajadores. Los de por la mañana contra los de la tarde, el personal de servicios contra los técnicos de enfermería, etc., cada uno sintiéndose especial en su zona de poder imaginada, considerándose diferente y agredido por sus propios compañeros de trabajo. Otra forma de división simbólica de una clase trabajadora ya bastante fragmentada por el mercado.

Las gestoras sindicales acrecientan esta división. Su papel no deja de ser el de mantener la división, individualizar la problemática común, y disolver cualquier movimiento de lucha colectiva. En la firma del último Convenio colectivo único para el personal laboral al servicio de la Administración de la Comunidad de Madrid (2025-2028) se vulneraron derechos tan básicos para los trabajadores como el de huelga, manifestación, libertad sindical, etc., se introducen represalias por ejercer el sindicalismo y se ataca a los interinos.

El papel de los mandos intermedios también deja mucho que desear. No solo por la pasividad con las políticas de fragmentación y privatización, sino por el hecho de asumir el papel de «jefe mediocre», negando, entorpeciendo o bloqueando los derechos básicos de los trabajadores en cuestiones como el descanso, la conciliación, el suministro de EPI y la prevención de riesgos laborales.
Al poder político y económico le resulta esencial que los trabajadores compitan en un contexto caótico. El divide y vencerás de siempre que hace que seamos más pasivos, manipulables, etc.

Externalización de los servicios públicos, una cuestión ideológica

Dentro de la retórica dialéctica del poder político se nos intenta hacer creer que un partido privatiza más que el otro, o que un partido defiende lo público frente a otros, que unos son malos por eso y que otros no lo son tanto. Nada está más lejos de la realidad, todos los partidos que ocupan el poder político ejercen políticas de privatización y desmantelamiento de lo público. Estén en el gobierno central, las comunidades autónomas o los ayuntamientos. A lo sumo, unas administraciones son más agresivas que otras en estos aspectos, pero todos los distintos partidos políticos los llevan a cabo.
El gobierno de PSOE-SUMAR ha aumentado la licitación del concierto sanitario de MUFACE en más de un 40 %. La Comunidad de Madrid ya da cobertura sanitaria de accidentes de trabajo a todos los empleados públicos a través de FREMAP, que anteriormente gestionaba directamente la Comunidad a través de la Unidad de Prestaciones Asistenciales Médicas. Todo ello con el beneplácito de las gestoras sindicales.

«Colaboración público-privada» no es más que un eslogan de una facción política concreta sobre una práctica que lleva décadas recogida en la legislación.
Las consecuencias de que los servicios públicos se dejen en manos privadas se reflejan en lo ocurrido en el Hospital de Torrejón. No solo aumentan los costes para las administraciones, sino que se incrusta la lógica de mercado para los que más tienen, en detrimento de la clase trabajadora. Mientras tanto, se cierran los servicios de urgencias, faltan médicos o pasan muchos meses para que te manden a un especialista de un hospital público, reduciendo el tiempo de espera si se trata de uno concertado.
En los recursos asistenciales de la Comunidad de Madrid se lleva tiempo viendo la externalización del servicio de lavandería, denunciándose públicamente la falta de toallas y pijamas, o que la ropa vuelve sucia. Además, esto trae consigo el desmantelamiento de la maquinaria, tirando a la basura cientos de miles de euros e impidiendo que el servicio se pueda recuperar. Otro problema en estos recursos es la falta de cocineros y el cierre de cocinas en favor de los servicios de catering, los cuales dan problemas por la pésima calidad de la comida y las consecuencias directas, como problemas de desnutrición.
La privatización y el progresivo desmantelamiento de los servicios públicos nos afectan directamente a la clase trabajadora, aumentando la precariedad en nuestra vida y el riesgo de exclusión social, con el progresivo aumento de la desigualdad.

El desmantelamiento del «estado del bienestar» es una cuestión ideológica. Tanto la Iglesia como muchos empresarios necesitan vivir del dinero público a través de conciertos. La exclusión social es un negocio rentable, al igual que lo es la educación. Pero ni Isabel Díaz Ayuso, ni Pedro Sánchez, ni ningún cura o empresario están día a día sacando adelante los centros asistenciales y trabajando para los usuarios. Somos los trabajadores los que movemos el mundo y los que hacemos que las cosas funcionen. Romper con la dicotomía diaria es necesario tanto para los usuarios como para nosotros. Por eso necesitamos estar organizados y dar el paso a una acción sindical que rompa la rutina derrotista y pase a la ofensiva para defender nuestros derechos y los de los usuarios, con vistas a una transformación radical de nuestras condiciones materiales y la superación del poder político y del sistema económico capitalista.

Grupo Tierra

¡Haz clic para puntuar esta entrada!
(Votos: 1 Promedio: 5)

✇BlogSOStenible··· – – – ··· – – – ··· – – – ··· – – – ··· «Otras» noticias, y «otra» forma de pensar…

El descubrimiento de Chaplin en Bali

Por: Pepe Galindo

En 1932, Charlie Chaplin quería alejarse de la civilización. Su hermano Sydney le sugirió ir a Bali, porque aún no había sido «contaminada por la sociedad occidental», y ambos se embarcaron hacia esta isla, actualmente perteneciente a Indonesia. Allí quedó fascinado por sus gentes y sus tradiciones; y rodó con su cámara a los balineses en sus actividades cotidianas, danzas y ceremonias. De sus bailes, también sacó inspiración para su mímica universal.

Pero lo más importante fue que Bali le dio otra visión de la vida, y contribuyó a posicionarse aún más fervientemente contra el capitalismo y contra el colonialismo. El estilo de vida balinés —respetuoso con la naturaleza— le llamó la atención y exclamó: «¡Qué fácil es para el hombre volver a su estado natural!».

Chaplin constató que allí no había gente triste y concluiría: «no son nada codiciosos (…) por eso son felices. (…) En nuestras grandes ciudades tan solo verás almas hostigadas, derrotadas. En la mayoría se percibe agotamiento y desesperación. En cambio, los ojos de los balineses solo transmiten tranquilidad. Sus valores son diferentes a todo lo que yo haya visto. Creo que me podría quedar aquí para siempre. ¡Qué lejos me siento ahora del resto del mundo!».

También es consciente de que los balineses trabajan duro cuando hay que hacerlo y de que algunos viven en la pobreza, en gran medida por la administración colonial holandesa que controlaba la isla desde 1908 y que contaminó el paraíso con la occidentalización. Según Chaplin, en Bali sabían el auténtico sentido de la vida: trabajar y jugar.

Chaplin en Bali, con los aborígenas y un amigoChaplin fue consciente de que el contacto con los occidentales estaba cambiando a los balineses: se cubrían más sus cuerpos y muchos incluso invirtieron los ahorros de su vida en comprarse automóviles, para darse cuenta después del alto precio de la gasolina. Arruinados, dejaron los coches aparcados en los patios traseros, convertidos en gallineros. Tal vez ese sea el futuro de gran parte de los coches que se venden hoy para uso privado, pues no es sostenible (ni siquiera los eléctricos; y todo lo que no es sostenible, es insostenible).

Como tantos otros, Chaplin no solo constató que se puede ser feliz con poco, sino que es más fácil ser feliz con poco. En las sociedades modernas queremos, en masa, tener muchas cosas, muchas comodidades, y eso tiene un coste que se desglosa en distintos epígrafes: coste en felicidad, coste económico, coste ambiental, etc.

A su regreso del viaje, Chaplin planificó una película, su primera hablada, en la que pretendía dar voz a los balineses y satirizar a las potencias coloniales. En ella, los balineses se quejarían de los impuestos que les exigían los holandeses a cambio de carreteras que no necesitaban, y se mofarían de la ambición por el oro de los occidentales. En cierta forma, esto recuerda los discursos sobre los blancos en el considerado como primer documento antiglobalización, Los Papalagi (lectura recomendada). Es posible que Chaplin no llegara a conocer esos discursos en los que un jefe samoano se dirige a su tribu tras viajar por Europa y ver las miserias de la vida en las ciudades.

Chaplin ve el colonialismo como una extensión del capitalismo y lo desprecia descaradamente. La película Flor de Bali no se llegará a terminar, a pesar de tener gran parte del guion preparado. Chaplin se centraría en otros proyectos, como escribir su autobiografía y rodar la película Tiempos modernos, en la que ridiculiza la mecanización y los lujos de la vida “moderna”, seguramente inspirado por su experiencia en Bali.

A los 4 años volverá a Bali y se decepcionará al ver más bicicletas y más coches. «Todo es más comercial» —dejará escrito—. «Navego en un mar de contradicciones. Y no tengo una filosofía de vida a la que aferrarme. Podemos ser sabios o insensatos, pero todos nos las vemos y deseamos para salir adelante en la vida. Solo sé que en este perverso mundo no hay nada permanente. Ni siquiera nuestros pesares».

♦ En la misma línea:

✇pikara magazine

Sarah Babiker: “Vernos atravesadas por situaciones estresantes de inseguridad inmobiliaria acentúa la violencia”

Por: Esmeralda R. Vaquero

El libro ‘La nada fértil’ conjuga relatos, trazos poéticos y análisis filosófico-feminista para mostrar cuerpos inmersos en la supervivencia y la productividad.

La entrada Sarah Babiker: “Vernos atravesadas por situaciones estresantes de inseguridad inmobiliaria acentúa la violencia” se publicó primero en Pikara Magazine.

✇lamarea.com

Trabaja, produce, enferma… y sigue trabajando

Por: Arantxa Tirado

 El pasado 15 de febrero supimos, a través de la prensa, que el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya prevé condicionar el presupuesto de los Centros de Atención Primaria (CAP) a la duración de las bajas médicas que concedan. La propuesta, comunicada a los CAP, implica una suerte de estímulo económico, calculado en el 5% de los recursos asignados, si los médicos de los centros evitan que las bajas de salud mental o de lesiones osteomusculares se prolonguen “más de lo debido”. Una medida que pone la presión en el colectivo médico, ya de por sí sometido a condiciones laborales estresantes que lo han llevado esta semana a convocar huelga en todo el Estado.

Este “más de lo debido” condensa toda la lógica de funcionamiento del capitalismo: la clase trabajadora no puede enfermarse “más de la cuenta” pues el tiempo es oro. El sistema necesita cuerpos sanos, fuertes, útiles para que la maquinaria de la producción siga funcionando, a costa de la salud –nunca mejor dicho– de quienes sólo tienen su fuerza de trabajo y, por tanto, su cuerpo y su mente, para poder subsistir en este sistema. 

Como se han encargado de recordarle estos días a la consellera Olga Pané, médico especialista en Medicina del Trabajo, máster en gestión hospitalaria por la Universitat de Barcelona, diplomada en gestión de hospitales por ESADE y responsable última de esta propuesta, la administración de un ente público, y mucho más de uno que tenga en sus manos la gestión de la salud de los ciudadanos, no debería guiarse bajo criterios empresariales de costo y beneficio. Sin embargo, esta propuesta, por lo demás de una Generalitat gobernada por el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), no es una decisión improvisada o un simple globo sonda. Supone una línea de continuidad en el Departamento de Salud, encabezado por Pané.

Ya en diciembre de 2025 la CGT Catalunya denunció la campaña iniciada por dicho departamento para que la clase trabajadora hiciera “buen uso” de las bajas médicas. Como explicaba el sindicato, la Generalitat no sólo criminalizaba a los más débiles, sino que trasladaba implícitamente la responsabilidad a los trabajadores enfermos y a los médicos, a la vez que desviaba la atención de las causas estructurales detrás de la enfermedad: las condiciones de vida y las condiciones de trabajo. 

CGT recordaba, por ejemplo, cómo el aumento del 20% en las bajas médicas de Catalunya se debía, en buena medida, a la salud mental. Y daba datos alarmantes sobre cómo la juventud trabajadora del Estado, con condiciones estructurales de precariedad laboral, con bajos salarios, 36% de sobre cualificación, contratos temporales y a tiempo parcial, concentraba el 32,5% de las bajas laborales, con un “incremento significativo de las bajas por problemas de salud mental, como estrés, ansiedad y depresión”. Una juventud trabajadora que ve cómo su formación –universitaria o no universitaria– no garantiza una inserción laboral que asegure unos ingresos mínimos para poder afrontar los precios desbocados de la vivienda, además. Pero la juventud trabajadora no es la única que padece la presión de un sistema enfocado a maximizar beneficios exprimiendo el tiempo, es decir, la vida, de la fuerza de trabajo. Estamos ante un problema que afecta a la clase trabajadora en su conjunto.

Si los cuerpos y las mentes jóvenes no aguantan una presión que no sólo es del ámbito laboral, pero que pasa por él, ¿qué se puede esperar de quienes llevan décadas de desgaste? Pues que se incrementen las enfermedades, en términos globales, pero que también, como muestran datos de la Encuesta de calidad y condiciones de trabajo 2025 de la Generalitat de Catalunya, el presentismo, esto es, el asistir a trabajar a pesar de estar enfermo, se imponga. Así, el 51,3% de la clase trabajadora catalana declara haber ido a trabajar enferma en los últimos doce meses. Un presentismo que tiene mayor incidencia entre mujeres y las personas con bajos niveles formativos, así como en sectores como la hostelería, educación, agricultura, servicios sociales o actividades sanitarias.

A pesar de ello, y de todos los mecanismos de presión que tiene la patronal en su relación de fuerzas asimétrica con la clase trabajadora para hacer que ésta anteponga los beneficios empresariales a su bienestar, los empresarios consiguen posicionar su queja sobre el aumento del absentismo laboral. La prensa nos recuerda que las empresas están introduciendo “cláusulas antiabsentismo” para dar incentivos a las personas trabajadoras que no hagan uso de su derecho a ir al médico y evitar así las ausencias en el centro de trabajo. Queda claro que la salud laboral es una molestia para los empresarios, un estorbo que les hace perder dinero, que es lo único que les importa al final

Pero también queda claro que, en esta ofensiva patronal, los empresarios presionan para echar por la borda derechos adquiridos por la clase trabajadora a lo largo de décadas de lucha, con la ayuda inestimable de sus amigos en los gobiernos que dicen ser de izquierda y que, paradójicamente, reciben el voto de esa clase trabajadora a la que venden cuando llegan a posiciones de poder.  

El punto del debate, por tanto, no es el absentismo laboral, ni las bajas que se extienden “más de lo debido”, sino por qué tantos trabajadores acaban yendo a trabajar, incluso enfermos, ante un sistema que los usa y los desecha cuando son inservibles. Por qué las administraciones públicas han permitido que exista un sistema de mutuas privadas decidiendo por la salud de la clase trabajadora, y organismos siniestros como el Instituto Catalán de Evaluaciones Médicas (ICAM), capaces de negar la incapacidad laboral a personas con cáncer metastásico. Y, no, no es un caso aislado. Plataformas como la PAICAM llevan años denunciando estos abusos en Catalunya. Una realidad que, por desgracia, no es exclusiva de este territorio pues atiende a una lógica capitalista global.

El mensaje que envía el capitalismo a la clase trabajadora es claro: trabaja, produce, enferma, sigue trabajando y muere. Pero no te enfermes antes de la cuenta, espérate a la jubilación. Si te mueres justo después de la jubilación mejor que mejor, es más, le haces un favor a las “arcas del Estado” porque ya sabemos que los jubilados viven a tutiplén a costa de los pobres jóvenes que no se pueden emancipar por su culpa, como nos repiten algunas jóvenes en los medios, la prensa y hasta en libros, en un mensaje que no sólo no cuestiona, sino que legitima, el orden del capitalismo.

Estamos en tiempos en que recordar cosas básicas se hace vital. La explotación en el trabajo y la precariedad laboral enferman. La clase trabajadora tiene derecho –al menos hasta ahora en el territorio en el que se escriben estas líneas– a no ir a trabajar si no está en condiciones de hacerlo. Por tanto, no hay un problema de absentismo laboral sino de trabajadores que enferman por culpa del trabajo y que, a pesar de ello, siguen yendo a trabajar.

Las bajas o incapacidades temporales, como puntualiza el abogado laboralista Vidal Aragonés, del Col·lectiu Ronda: “son el ejercicio de un derecho y de una obligación que suspende el contrato de trabajo y la relación laboral a efectos de que la persona trabajadora pueda recuperarse de una situación que justifica su ausencia en el trabajo”. Y el ejercicio de este derecho no debería ni cuestionarse ni limitarlo presionando, todavía más, a las personas trabajadoras y a los facultativos médicos. Tome nota, señora Pané, gracias.

La entrada Trabaja, produce, enferma… y sigue trabajando se publicó primero en lamarea.com.

✇pikara magazine

Fitnes: una herencia directa de la cultura militar

Por: Diana Eguía

Desde los años 60, la popularidad del fitnes no ha hecho más que crecer. Cuanto mayor es la sensación de crisis existencial, más nos volcamos en fortalecer individualmente nuestros cuerpos. Sin embargo, no todo ejercicio es saludable. Los entrenamientos más populares no cuentan con controles oficiales de calidad.

La entrada Fitnes: una herencia directa de la cultura militar se publicó primero en Pikara Magazine.

✇ATTAC España

Apostando por la biosfera

Por: Nuria

Apostando por la biosferaApostando por la biosfera

Artículo original publicado en sinpermiso.info por Ann Pettifor

Los hábitos de los mercados financieros mundiales tienen un impacto directo en el coste de la vida y en la crisis climática. Las sociedades y los gobiernos deben recuperar el control para evitar una catástrofe.

Durante más de veinte años, entre 1980 y 2016, Donald Trump construyó, saqueó y luego llevó a la quiebra un imperio de casinos —Trump Entertainment Resorts— a lo largo del emblemático paseo marítimo de Atlantic City. Sus casinos despojaron a los apostadores de sus ganancias ganadas con esfuerzo, arruinaron a los tenedores de bonos y a los inversores del mercado de valores, y terminaron siendo fracasos prolongados y costosos, incluso mientras enriquecían a Trump. «El dinero que saqué de allí fue increíble», declaró al New York Times. 

El presidente del casino era conocido por emitir acciones y bonos y pedir prestadas montañas de «bonos basura» para financiar sus casinos de Atlantic City, solo para despojarse de los activos y enriquecerse a sí mismo y a su familia. Las acciones se vendieron a personas crédulas y pronto se desplomaron; luego incumplió el pago de los bonos (promesas de pago); y los casinos quebraron, no una, ni dos, sino cinco veces. 

Al igual que Trump, Wall Street ha emitido, desde la gran crisis financiera, cantidades desconocidas de deuda en mercados privados y no regulados. Esto ha llevado a los analistas financieros a advertir sobre los crecientes problemas de deuda en los mercados de capital privado y de crédito privado, y sobre una repetición de la crisis financiera mundial de 2007. Los grandes bancos de Wall Street también están implicados: ya tienen 1,3 billones de dólares en préstamos al sector «bancario en la sombra», no regulado. Al igual que Trump, Wall Street ha utilizado la desregulación financiera para saquear la economía mundial, extraer y explotar la naturaleza, y ha enriquecido enormemente al 1 % más rico.

Del mismo modo, los grandes gigantes del sector tecnológico han creado «vehículos de propósito especial» para ocultar en sus balances 120 000 millones de dólares de préstamos destinados a financiar centros de datos. Tenemos motivos para preocuparnos por los riesgos financieros de la enorme apuesta de Wall Street por la inteligencia artificial. Los multimillonarios tecnológicos están apostando más de un billón de dólares por una tecnología —la inteligencia artificial general (AGI)— que aún no existe, pero que promete, literalmente, «el mundo». Su apuesta cuenta con el respaldo de grandes y pequeños especuladores que han invertido 5 billones de dólares en el éxito de esta apuesta.

El capitalismo siempre ha producido audaces creativos y apostadores, aquellos que soñaron, invirtieron y construyeron los ferrocarriles, las computadoras e Internet. Lo que es diferente hoy en día es que, a diferencia de los ferrocarriles, las computadoras e incluso Internet, la IGA no existeLa burbuja de la IGA puede ser solo un vasto juego de poder tecno-distópico, diseñado para poner a los jefes de Silicon Valley en control político y financiero sobre una vasta y debilitada fuerza laboral global. Se trata de una guerra de clases en su forma más brutal: una guerra de clases que ha sido posible gracias a un sistema financiero global fuera de control. 

Al igual que Trump, sus amigos de Wall Street y las grandes tecnológicas están enamorados de la «moneda» criminal que es la criptomoneda. En vísperas de su toma de posesión, el presidente del casino y su esposa lanzaron los memes digitales $TRUMP y $MELANIA, que añadieron millones a su fortuna combinada. A los dos días de asumir el cargo, la presidencia de Estados Unidos ya se había convertido en más lucrativa para Trump que para cualquier otro presidente de la historia del país, según el editor jefe de la revista Forbes. Y al igual que Trump, Wall Street y Estados Unidos se encuentran «una vez más en el centro de una vorágine fiscal y financiera global», como sostiene el distinguido columnista del Financial Times John Plender.

El casino global

Estos son los problemas de lo que yo denomino el casino global, que facilita las apuestas demenciales de los mercados financieros internacionales y el impacto directo de sus actividades en nuestras pensiones, nuestro pan de cada día, la energía y la vivienda, pero también en la biosfera. 

Los hábitos de juego de los mercados financieros globales son en gran medida invisibles para los no economistas y el público en general. La visión convencional del público sobre la relación entre la economía y la democracia es una ilusión, al igual que la visión convencional de que el clima era lo mismo que el tiempo atmosférico fue en su día una ilusión muy extendida. 

Nosotros, y las economías en las que vivimos, no estamos gobernados por políticos elegidos, dictadores y sus funcionarios públicos. En cambio, las decisiones políticas clave las toman los operadores del sistema financiero global, en gran medida desregulado.

El valor de la economía y de la moneda de una nación está determinado en gran medida por actores invisibles en los mercados financieros. Lo mismo ocurre con los tipos de interés de una nación, que a su vez determinan si los empresarios están dispuestos, o pueden permitirse, invertir en la economía nacional. El valor de nuestras pensiones y los precios de los alimentos, la energía y la vivienda son palancas económicas clave que en gran medida manejan financieros irresponsables y que no rinden cuentas, que operan en los mercados financieros y de materias primas internacionales. 

Aunque nuestros políticos electos pueden ser culpables, no podemos culparlos con toda sinceridad del fracaso y la volatilidad económicos. Junto con los tecnócratas de los bancos centrales, las decisiones y actividades de los banqueros globales, los gestores de activos, los propietarios de fondos de cobertura y los profesionales del capital privado —que nunca se presentan a las elecciones— tienen un impacto mucho mayor en nuestras economías, nuestras vidas y nuestros medios de subsistencia, de formas poderosas, aunque invisibles. Y, sin embargo, sus actividades y debates sobre el sistema se minimizan. Nos obsesionamos con las últimas cifras de inflación y desempleo, persuadidos por los economistas de que ambas son en gran medida el resultado de las decisiones tomadas por el Gobierno británico y el Banco de Inglaterra. 

A pesar de ello, el público no se deja engañar fácilmente. Aunque desconoce cómo se toman estas decisiones, es muy consciente de que los mercados dictan las políticas económicas y de que los políticos elegidos son relativamente impotentes frente a ellos. Sin embargo, su mejor comprensión del funcionamiento del sistema (para poder cambiarlo) se ve dificultada por una profesión económica que descuida en gran medida la cuestión del dinero y las finanzas, prefiriendo centrarse en lo tangible: las transacciones económicas nacionales y el comercio. 

Para la mayoría de los economistas convencionales, el enfoque de la economía es estrecho y terrenal, fijado en lo que se denomina el nivel micro: el individuo, el hogar y la empresa. Los microeconomistas tienden a pasar por alto el impacto del sistema internacional y a centrarse en los acontecimientos de «la economía cotidiana», que es precisamente el título de un libro de la ministra de Hacienda británica, Rachel Reeves. Reeves define «tres partes constitutivas de esta economía política: el trabajo y los salarios, las familias y los hogares, y los lugares locales a los que pertenecen las personas».

El enfoque nacional se basa en los supuestos de la microeconomía convencional. Es decir, que la demanda y la oferta de capital, bienes y servicios dependen de una multitud de tomadores de decisiones racionales que operan dentro de las fronteras de la nación y sus mercados competitivos nacionales. De hecho, la mayoría de esos tomadores de decisiones operan en rincones remotos de El casino global.

Al igual que el público ha aprendido a distinguir entre el tiempo y el clima, entre lo local y lo planetario, es esencial comprender mejor el sistema financiarizado, en gran medida invisible, si se quiere cambiar el sistema. La tarea es urgente. Las instituciones democráticas han sido vaciadas y despojadas de su poder por aquellos que ocupan los puestos más altos del sistema financiero mundial. Bajo el orden mundial actual, estamos gobernados de facto por actores ricos y poderosos de los mercados con sede en Silicon Valley, Wall Street, la Bolsa Mercantil de Chicago y la City de Londres. (A partir de ahora, englobaré a todos estos actores bajo el término «Wall Street»). 

El gobierno del dinero organizado se ha vuelto insoportable para la sociedad humana. Los mercados financieros que dictan precios elevados para servicios esenciales para la humanidad, como el agua, la vivienda, la energía, la salud y la educación, han desencadenado fuertes reacciones políticas. La sociedad ha recurrido a hombres fuertes, dictadores y autoritarios para que la «protejan» de los mercados. El razonamiento, como explicó Karl Polanyi en 1944, es sencillo: el gobierno de los mercados (es decir, el capitalismo) no podría existir durante mucho tiempo sin «aniquilar la sustancia humana y natural de la sociedad; habría destruido físicamente al hombre [sic] y transformado su entorno en un desierto».

Inevitablemente, la sociedad tomó medidas para protegerse, continuó. Pero cualquier medida que tomara la sociedad —por ejemplo, la elección de Donald Trump, que prometió protección frente a los mercados chino y mexicano— perjudicaba a esos mercados, desorganizaba la vida industrial y ponía en peligro a la sociedad estadounidense de otras maneras.

Cerrar el casino

El triunfalismo actual de los mercados financieros y las empresas desvinculados y autorregulados es una prueba del control privado del mercado sobre el sistema financiero internacional. Con demasiada frecuencia se pasa por alto la base sistémica del poder corporativo y se centra la atención en las personas que están al frente de las organizaciones o en sus actividades. Sin embargo, debemos centrarnos en el poder global de un sistema financiero internacional gestionado por autoridades privadas, no públicas, y reconocer que no será posible abordar la crisis ecológica hasta que el sistema internacional vuelva a estar gobernado por instituciones democráticas y públicamente responsables.

¿Puede otra lucha de los internacionalistas progresistas derrotar el poder y los nacionalismos fundamentales para el modelo actual de globalización financiarizada y rentismo? ¿O estamos condenados a soportar el inevitable efecto dominó del fracaso económico, el colapso de los sistemas terrestres y otra guerra mundial? 

Aunque el sector parece vasto e imparable, eso cambiará en caso de una catástrofe ecológica o financiera importante, o de algún otro acontecimiento transformador. En 2007-2009, la izquierda (en sentido amplio) no estaba preparada para la crisis financiera mundial. No había un «plan B», por lo que The Global Casino se consolidó —y ahora es aún más poderoso—, demasiado grande para quebrar y demasiado grande para ir a la cárcel. La sociedad debe desarrollar, debatir y defender un sistema alternativo, internacionalista y más estable al que recurrir. 

Para estabilizar el sistema financiero internacional basado en el mercado es necesario, en primer lugar, volver a comprender bien la naturaleza del dinero y sus posibilidades y limitaciones. Esa comprensión sigue estando fuera del alcance de la mayoría de los economistas convencionales y, por lo tanto, de muchos en el sector financiero. Pero puede revivirse. 

En segundo lugar, la intermediación bancaria y financiera debe volver a integrarse en el mundo democrático real de la regulación bancaria, si se quiere movilizar el crédito o la financiación necesarios para la transformación de la economía mundial.

Para hacer frente a la amenaza del colapso climático y la pérdida de biodiversidad es necesario, una vez más, subordinar los mercados de capitales a los intereses de la sociedad y el ecosistema, como Keynes y Roosevelt lograron en parte en los años treinta y cuarenta. Eso exige lo que Greta Thunberg denomina «pensamiento catedralicio». Para el cambio es fundamental la gestión de los flujos de capital transfronterizos, libres y no regulados. Es la movilidad del capital lo que permite a los ricos eludir los impuestos y trasladar sus beneficios a paraísos fiscales. Es la interrupción repentina de los flujos de capital lo que puede destruir una moneda. Y es la falta de regulación de los flujos de capital lo que dificulta tanto que el coste del dinero (el interés) se fije en función de los intereses de la economía nacional. 

Para restaurar la autoridad pública democrática sobre la economía, la prioridad de la izquierda debe ser gestionar —no «controlar»— los flujos de capital transfronterizos. Para ello será necesario ir más allá de los fundamentos: la necesidad de comprender la naturaleza del sistema que llamamos dinero. Los componentes importantes de una economía mundial más estable son una arquitectura o un marco internacional para la coordinación y la cooperación internacionales, sobre la gestión de la movilidad del capital mundial, los tipos de cambio, los tipos de interés, los tipos impositivos y la armonización normativa. El respetado funcionario sudamericano José Antonio Ocampo describe el actual acuerdo como «el (no) sistema monetario internacional». Un nuevo sistema comercial más estable puede basarse en el plan de Keynes para una Unión Internacional de Compensación, presentado por primera vez al mundo en abril de 1943, cuando Gran Bretaña propuso reformas monetarias globales. Ese plan sigue siendo relevante y está disponible para su adopción.

El tercer requisito es contar con políticas que generen y apoyen la inversión necesaria para ayudar a la transformación de la economía global, alejándola de su adicción a los combustibles fósiles y creando economías más sostenibles.

Un objetivo clave es reorientar la actividad hacia el impulso interno de la demanda interna, en lugar del externo, es decir, hacia el extranjero. En 1984, Richard Kahn, probablemente el guardián más fiable del legado de Keynes, reiteró la conclusión de este:

Si las naciones pueden aprender a proporcionarse pleno empleo mediante su política interna… no será necesario que existan fuerzas económicas importantes calculadas para enfrentar los intereses de un país con los de sus vecinos.

El mundo aún tiene que aceptar esta sencilla lección que nos enseñó Keynes. La única forma de domar el poder del casino global es que los flujos de capital se contengan dentro de «compartimentos» o estados, y que los estados trabajen de forma cooperativa para gestionar los flujos de capital libre y sus propios compartimentos de capital. 

Puede que este pensamiento parezca ilusorio ante los mercados de capitales actualizados, poderosos e irresponsables, incluido el sector bancario en la sombra, o como prefiere llamarlo el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB): el sector de intermediación financiera no bancaria, compuesto principalmente por fondos de pensiones, compañías de seguros y otros intermediarios financieros (OFI). Según informa el FSB, el sector bancario paralelo ha crecido más rápidamente que el sector bancario durante la última década, incluido 2019. Los activos financieros del sector NBFI ascendieron a 200,2 billones de dólares en 2019, lo que representa casi la mitad del sistema financiero mundial de ese año, frente al 42 % en 2008.

Pero, aunque el sector parece enorme e imparable, eso cambiará en caso de una catástrofe ecológica importante o de algún otro acontecimiento transformador. La sociedad debe entonces contar con un sistema alternativo, internacionalista y más estable al que recurrir. 

Hoy en día, el vasto sector bancario paralelo opera en lo que equivale a la estratosfera financiera; se dedica a los préstamos con garantía y utiliza acuerdos de recompra (repos) para aumentar (apalancar) la liquidez en los mercados de capitales. Este sector se ha desarrollado debido a una concepción convencional y errónea del dinero como medio de intercambio basado en garantías que facilita el suministro de bienes y servicios. Esa concepción errónea del dinero como una mercancía sujeta a las fuerzas de la oferta y la demanda también explica la explosión de los acuerdos de recompra en el sector bancario paralelo y el auge de las criptomonedas, incluido el bitcoin. 

Como ha argumentado Claudio Borio, jefe del Departamento Monetario y Económico del Banco de Pagos Internacionales:

Pocas cuestiones en economía han generado debates tan acalorados como la naturaleza del dinero y su papel en la economía. ¿Qué es el dinero? ¿Cómo se relaciona con la deuda? ¿Cómo influye en la actividad económica? La literatura económica dominante reciente es una desafortunada excepción. Salvo unos pocos que se han adentrado en estas aguas, la profesión macroeconómica ha permitido que el dinero se hunda. Y con poco o ningún remordimiento.

The Global Casino: How Wall Street Gambles With People and the Planet, de Ann Pettifor, se publicó el 27 de enero por Verso.

La entrada Apostando por la biosfera se publicó primero en ATTAC España | Otro mundo es posible.

✇pikara magazine

Las víctimas de clase obrera de Epstein

Por: Tatiana Romero Reina

Las víctimas de la red de tráfico sexual de Jeffrey Epstein eran, en su mayoría, chicas de clase obrera para las que la extorsión económica jugaba un papel esencial. Para la élite económica que abusaba de ellas, eran cuerpos intercambiables al alcance por poco dinero: 200 dólares, 45 minutos.

La entrada Las víctimas de clase obrera de Epstein se publicó primero en Pikara Magazine.

❌