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A TAPAR LA CALLE 26/3/26 GRUPO DE CUIDADOS

Por: Radio Topo

Bienvenides al programa de radio de les niñesde la Gusantina “A TAPAR LA CALLE”. Un espacio que invita a jugar, participar, ocupar, opinar, reír, soñar, trastear, divertirnos… Un espacio donde pequeñes y adultes afinamos nuestra oreja verde. ¡Hoy es un día muy especial! ¡Celebramos la Contada de cuentos de la Gusantina! Y por eso os […]

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Valorar lo pequeño, para valorar lo grande

Por: Pepe Galindo

Si no valoras lo pequeño, lo grande será pequeño (siempre puede haber algo más grande). Esto puede ser una crisis de valores.

Un estudiante estadounidense de 14 años se ha hecho famoso en todo el mundo por su estudio para el colegio en el que concluye que el tipo de letra “Garamond” gasta menos tinta y por tanto podría ahorrar mucho dinero al gobierno de su país, hasta 370 millones de dólares. El segundo tipo de letra en ahorro es Courier (ver ranking), pero la que más tinta ahorra es la conocida como Ecofont, que es una variante de cualquier tipo de letra que incluye pequeñísimos agujeros en cada letra, de forma que ahorra mucha tinta, sin cambiar el estilo de letra, ni apenas su legibilidad. Lo malo es que no es una opción por defecto en los programas habituales, y hay que comprarla.

La económica letra Garamond tiene una legibilidad aceptable, aunque puede que aún algunos sigan prefiriendo la famosa Times, porque el ahorro es poco, o porque lo que más tinta ahorra es no imprimir (además del evidente ahorro en papel).

Valorar lo pequeño es básico en el ser ecologista. El tipo de letra es cuestión de gustos, pero lo importante es destacar que lo pequeño es importante. Que pequeños cambios, pueden suponer grandes cambios. Que necesitamos soñar con grandes cambios, y actuar con los pequeños. Lástima que haya pastillas para dormir, pero no para soñar…

Y no te importe ser raro, porque todas las personas lo somos de alguna forma, y porque en un mundo con tanto horror, ser raro es un buen indicio.

Volviendo al ejemplo inicial, ahorrar en tinta es malo para los fabricantes de tinta. “El negocio de la tinta debe crecer” (dicen las élites políticas y económicas)… ¿Cuando aprenderemos que “crecimiento económico” HOY, significa gastar más recursos de las siguientes generaciones?

Para cualquier compra… No es ecológico, si no es importante (en comparación con sus efectos). El mundo de la moda nos ofrece buenos ejemplos (como la tragedia de Bangladesh, la contaminación por tóxicos, o el desastre del mar Aral)… cuando la moda más ética es no ir a la moda.

Una economía ecológica es lo mejor para la sociedad. Pero no interesa a algunas élites políticas y económicas. Sin embargo… ¡Somos MAYORÍA! Y podemos demostrarlo actuando cada día, en nuestras compras, y en nuestra forma de ver el mundo… y también votando con conciencia en cada votación, como por ejemplo en las próximas elecciones europeas del 25 de Mayo, en la que se presentan algunos partidos muy interesantes, como la coalición Primavera Europea (que incluye a EQUO, y que supone una apuesta clara por la economía ecológica), el Partido Animalista contra el Maltrato Animal (PACMA, que su nombre lo dice todo), o Escaños en Blanco (el partido con el programa electoral más breve, que pide el voto en blanco computable y promete dejar vacío su escaño, con el consiguiente ahorro en sueldo a políticos). Tu voto lo eliges tú, pero elige bien, que nos afecta a todos.

Más información:

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¿Qué pasaría si en los países ricos trabajásemos menos? (Hacia una economía sostenible)

Por: Pepe Galindo

El Roto, un humorista que hace pensar.Puede que sea algo complicado de entender, pues nuestros más eminentes políticos tienen problemas para entender dos simples soluciones para reducir la crisis: gastar y trabajar MENOS. Parece que solo entienden lo de “gastar” menos, pero lo entienden mal. Hay que recortar gastos, pero no de cualquier sitio, ni de cualquier forma. La idea de los recortes tiene que ser simplemente porque en una política sensata (sostenible, decrecer en algunos sectores), no se puede gastar lo que no se tiene (aprendamos de la Naturaleza). Eso de gastar pidiendo dinero prestado solo es razonable si es poca cantidad, pocas veces, y para un fin muy justificado (no vale para construir obras faraónicas, AVES, autovías, escudos antimisiles, absurdos aeropuertos como el de Ciudad Real, etc.). En España sigue habiendo mucho despilfarro.

Por otra parte, si nos fijamos en los países de nuestro entorno, aquellos que han gastado más en lo social, resulta que han sufrido menos problemas en la crisis, con menor pérdida de empleos (caso de los países del norte de Europa). El caso contrario lo vemos en los países del Sur: Grecia, España, Italia, o Portugal, por ejemplo. Entonces… ¿donde recortar? Pues ya lo dijimos, en los múltiples gastos extravagantes del Estado (¿saben lo último del senado? Una institución prácticamente inútil se ha gastado 417.000 euros en cuadros,y se gasta 12.000 euros en cada sesión por traducir idiomas entre gente que tiene un idioma común: el español).

Con respecto a la segunda solución, en Alemania, las empresas están reduciendo las horas de trabajo en vez del número de trabajadores. Se gana menos, pero nadie pierde su empleo. Téngase siempre presente que los avances tecnológicos tienden a reducir el trabajo humano y generan más daños ambientales que empleo. Y… ¿quién se está beneficiando de esas ventajas de forma más directa? ¿No debería beneficiarse de ello la sociedad en su conjunto? Entonces, tiene máximo interés responder a esta pregunta:  ¿Qué pasa si se reduce la jornada laboral y se fomenta el trabajo a tiempo parcial? Pasan muchas cosas:

  1. Se repartiría mejor el trabajo que ya hay, lo cual implica menos paro, y mejores condiciones laborales. Téngase en cuenta que existen poderosos grupos que no quieren el pleno empleo para que los empresarios puedan pagar menos e imponer peores condiciones laborales. No todos los empresarios quieren eso, pero… ¿Por qué se siguen contratando a inmigrantes sin papeles?
  2. Menos ingresos por persona (no necesariamente por familia, pues podrían trabajar otros miembros). Por supuesto, si la reducción es de pocas horas por semana, el salario se debe mantener sin ninguna reducción. Así se ha hecho en multitud de países y empresas concretas.
  3. Los menores ingresos implican menor consumo (especialmente en lujos). Esto implica que habrá menos demanda (trabajo) especialmente en los sectores más contaminantes (tales como la industria automovilística, viajes en avión, joyas, publicidad…). Pero habrá un crecimiento de otros sectores básicos (alimentación, atención de necesidades sociales, protección ambiental, cultura, educación…).
  4. Repartir el trabajo implica reducir las diferencias sociales, algo que beneficia a la sociedad en su conjunto.
  5. El menor consumo implica menos explotación de la Naturaleza.
  6. Menos trabajo por persona implica posiblemente menos estrés y más salud. Al menos, lo que es seguro es que se tiene más tiempo libre para disfrutar. El objetivo del ser humano no es trabajar.
  7. La sociedad se beneficia, en su conjunto, de los avances tecnológicos, los cuales tienden a reducir el trabajo humano. Esto demostraría por qué la reducción del salario no debe proporcionalmente menor a las horas que se dejan de trabajar.
  8. Trabajar menos facilita la conciliación de la vida laboral y personal y la igualdad de género.
  9. Repartir el trabajo existente es la mejor fórmula para aumentar el empleo, sin aumentar la producción (léase explotación y contaminación del planeta).

Algunos puntos pueden calificarse como “subjetivos” o “culturales” por los críticos. Pero es preciso un cambio del punto de vista, un cambio cultural, pues los problemas globales y ambientales no se van a resolver con pautas neoliberales egocéntricas, sino que es preciso la colaboración de la comunidad mundial, y fomentar la solidaridad, empezando por repartir un poco el trabajo entre la abundante mano de obra. Al menos, se puede empezar por permitir a los trabajadores que lo deseen que reduzcan voluntariamente su jornada laboral para poder donar parte de su trabajo a quien no lo tiene.

«Todos los planes elaborados en todos los países del mundo tienden a incrementar la demanda de recursos naturales; la gran aspiración común a todos es economizar trabajo, cuando el factor hombre se hace cada vez más abundante, y no se piensa apenas en economizar los recursos naturales, que sin embargo son limitados» – Bertrand De Jouvenel (1976).

Por supuesto, reducir la jornada laboral perjudicaría a algunos sectores, pero sospecho que serán principal y precisamente aquellos sectores más nocivos para una sociedad sostenible. Para terminar, una rápida entrevista a Carlos Taibo, un economista sensato que seguro que no llegará a Ministro de Economía (a los de arriba no les interesa la sensatez, sino la inmediatez). No os perdáis el ejemplo de los cuchillos nuevos en una tribu amazónica:

♦ Lecturas recomendadas:

  1. Algunos datos de este artículo han sido extraídos de un libro que algunos no quisieron que se publicara, “Hay Alternativas”, cuyos autores han permitido su difusión gratuita en PDF a través de internet.
  2. Los países con mayor número de horas trabajadas coinciden con los que están sufriendo más la crisis: Portugal, Grecia, Irlanda y España: Jornada laboral: La reducción a 35 horas.
  3. Trabajar menos para vivir mejor ¿21 horas?, y otros artículos relacionados del blog de Florent Marcellesi.
  4. Máquinas y robots nos quitan el empleo, pero mejoran nuestra vida.
  5. Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral.
  6. Una microrreducción de la jornada laboral para salvarlo todo.
  7. Aprendamos de Portugal: Energías renovables, reducción de la jornada laboral, respeto a los animales y mucho más.
  8. Libro Megamenazas, de Nouriel Roubini (resumen).
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Sergio C. Fanjul: “El tiempo, tal como está pensado, no tiene que ver con nuestro cuerpo físico ni con la forma en la que deberíamos vivir”

Por: Carlos Madrid

Nada más terminar la conversación que ha dado cuerpo a este artículo, el periodista Sergio C. Fanjul da las gracias a un servidor por el tiempo invertido. Estas palabras, que en otra entrevista quizá son pura cordialidad, aquí tienen mucho sentido: Fanjul sufre de cronofobia, término que se usa para nombrar el miedo al paso del tiempo y que también ha dado título a su nuevo libro, publicado en la editorial Arpa. 

En este ensayo reflexiona sobre todo lo que implica el tiempo, desde un intento por describirlo hasta su perspectiva más social. De esta manera, muestra la relación problemática que tenemos con él; cómo nos organizamos con respecto al trabajo, los cuidados o el ocio; lo que pensamos del futuro y del pasado; la prisa con la vivimos hoy en día; y un largo etcétera de cuestiones más. Una entrevista que, esperemos, no te haga perder el tiempo.

¿Qué es la cronofobia?

Como su nombre indica, es el miedo al paso del tiempo. Yo empecé a sentirla a los 14 años y desde entonces la arrastro. Ahora que he sacado el libro hay mucha gente que me dice que la comparte también. Y, aunque tenga ese nombre feo y amenazante, creo que es algo connatural al ser humano. De hecho, la mayoría de las filosofías, religiones y espiritualidades se han peleado con este concepto y con qué va a venir después. Algo que sucede porque es una cosa que pasa a través de nosotros, que no sabemos lo que es y que no podemos controlar. 

Estamos rodeados de él, lo manejamos en el día a día. Pero, ¿qué es exactamente? ¿Cómo podemos tener control sobre él? 

Es la gran pregunta filosófica. Ya Agustín de Hipona dejó dicho que notaba el tiempo, sabía lo que era, pero que si le preguntabas sobre él no podía explicarlo. A nosotros nos pasa igual, algo que también nos ocurre con palabras como amor o arte. Con respecto al tiempo, podemos diferenciar varios conceptos: desde eso que nos sirve para ordenar las cosas, para medir duraciones, para concertar citas, está el tiempo objetivo (el del reloj) y el subjetivo (cómo lo percibimos), etc.

Un tiempo que cada vez está más acelerado. ¿Por qué?

Uno de esos tiempos de los que hablaba antes es el que rige el planeta, que se crea a finales del s. XIX con sus usos horarios. Uno que es fundamental que sea igual en todas partes porque es lo que permite que funcionen los medios de comunicación, que lleguen los transportes de mercancías, que haya transacciones financieras, etc. Todo depende de él. El problema es que es un tiempo al que los seres humanos tenemos que adecuarnos, además con la lengua fuera, y que no tiene nada que ver con cómo somos cada uno. 

¿Cómo afecta esto a los cuidados?

El tiempo, tal como está pensado, no tiene que ver con nosotros: ni con nuestro cuerpo físico y ni en la forma en la que deberíamos vivir. Algo que se ve muy bien en la conciliación con la crianza, la pareja, el ocio o el autocuidado. Por ejemplo, yo tengo una niña de cuatro años que exige una temporalidad completamente diferente a la que se propone laboralmente. Los niños necesitan la atención constante de sus padres, algo que el trabajo no permite, por lo que tenemos que externalizar los cuidados. Pero esto ni muchas veces sirve: cuando se habla de conciliar, de lo que se habla es de cómo tener algún sitio donde almacenar a los hijos para trabajar, no en cómo adaptar el trabajo a la crianza.  

«Cuando se habla de conciliar, de lo que se habla es de cómo tener algún sitio donde almacenar a los hijos para trabajar, no en cómo adaptar el trabajo a la crianza».

¿La lucha por el tiempo debería de ser una de las principales luchas políticas?

Totalmente. Desde Sumar han estado muy preocupados con esto y han intentado reducir la jornada laboral. Cuando trabajas ocho horas en una oficina sientes que te están succionando la vida, porque es eso literalmente lo que hacen: el tiempo es la esencia de la existencia. La política tiene que meterse ahí y, aunque no haya salido por culpa de las derechas, tiene que seguir peleándose. Ahora que el término libertad está tan instrumentalizado por la derecha –desde una perspectiva muy malentendida y muy egoísta–, debería empezar a ser enarbolada por la izquierda para defender una idea de la libertad de disponer del propio tiempo. No hay libertad más grande.

Dejando de lado el aspecto laboral, ¿qué necesitamos para ralentizarlo?

Otro factor que ha supuesto una aceleración del tiempo es la tecnología, sobre todo por el teléfono móvil: un aparato que nos está pidiendo atención todo el rato, lo que se traduce en tiempo. Una forma de luchar contra ello es intentar tener un uso razonable de las redes, si es que esto es posible. Ni yo predico con el ejemplo. 

«No hay libertad más grande que disponer del propio tiempo».

Ligado con esto, el otro día leía una entrevista en la que un científico decía que el scroll infinito y la conexión constante hacen que el tiempo pase más rápido no solo porque reclaman nuestra atención, sino porque son un chorro continuo sin momentos que se abran y se cierren. Es decir, no hay hitos que cortan el tiempo ni lo almacenan, como si la vida fuera un churro y no distinguiéramos nada en ella.  Aparte de eso, hay otra forma que han repetido desde diferentes lugares a lo largo de la historia que sirve también para ralentizar el tiempo: el estar presente en el ahora. Cada cosa en su momento y su lugar hace que la experiencia del tiempo sea más lenta y menos agobiante.

¿Cómo se relacionan tiempo y memoria?

El cerebro tiene diferentes formas de entender el tiempo. Hay algunas partes, como la amígdala o el hipotálamo, que se dedican a uno más presente. La memoria, por su parte, es una forma de organizar el tiempo pasado. Nos sirve sobre todo para entenderlo a largo plazo, cuando hablamos de nuestra vida en general. Por eso nos permite recordar cuando íbamos al colegio, cuando éramos pequeños… Ahí radica nuestra identidad. De esta manera, la memoria es lo que somos y a la vez el tiempo pasado: somos lo que hemos sido. Por eso cuando una persona sufre demencia o alzhéimer, pierde su identidad.

Dos conceptos que tienen su vertiente en la nostalgia y, actualmente, en la corriente más reaccionaria.

Hace unos años se empezó a discutir si la nostalgia era revolucionaria o no, si se podía ser nostálgico de un mundo que no respetaba las minorías y, por lo tanto, que era peor. Yo defiendo que hay que diferenciar de qué tipo de nostalgia hablamos, porque quizá se es nostálgico de los movimientos culturales del pasado o de la niñez, cuando la vida, al menos en términos generales, suele ser mejor.

«Quizá se es nostálgico de los movimientos culturales del pasado o de la niñez, cuando la vida, al menos en términos generales, suele ser mejor».

En el libro, además, explico la diferenciación entre dos tipos de nostalgia que hace la pensadora Svetlana Boym. La primera, la restaurativa, es una que quiere volver al mundo anterior y materializarlo, como intenta la extrema derecha. Pero esto no tiene mucho sentido porque no es posible recuperar el pasado en los mismos términos y seguramente se corresponda con uno que no es tan esplendoroso como se piensa. La otra nostalgia es la reflexiva, una más amable que suele estar vinculada al arte: no quiere volver al pasado, sino que se alegra de que haya tenido lugar. Es una alegría por haber vivido y a la vez triste porque ya pasó.

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Máquinas y robots nos quitan el empleo pero mejoran nuestra vida

Por: Pepe Galindo

En 1948, Norbert Wiener, considerado padre de la cibernética, advirtió ya el conflicto entre tecnología y empleo, sugiriendo indemnizar a los ciudadanos [14]. Recientemente, Paul Mason decía que en 30 años “entre el 40 y el 50% de los trabajos desaparecerán y serán automatizados, sobre todo en el comercio y en trabajos de oficina” [11]. Otros informes reflejan cifras similares [1, 3, 9]. En todo caso, es obvio que en el mundo actual el trabajo se está automatizando y gran parte del que no se puede automatizar se lleva a países con una regulación laboral o ambiental menos exigente o donde la mano de obra y los impuestos son más baratos.

Las máquinas en general (ordenadores, robots, máquinas industriales o agrícolas…)  aumentan la productividad en todos los sectores, e inevitablemente, se pierden empleos. Si seguimos así, viviremos en una sociedad en la que hay que trabajar poco, pero en la que la miseria y el desempleo socavarán la calidad de vida y la convivencia pacífica. ¿Sabremos adaptarnos para conseguir las ventajas y evitar los inconvenientes de la automatización?

La informática se aplica a todo pero destruye más empleo del que crea

La mecanización agrícola acabó con muchos puestos de trabajo en el campo pero creó muchos otros en las ciudades. Sin embargo, en la actualidad se supone que sólo los robots destruirán 3,5 empleos por cada uno que consigan crear.

En España, por ejemplo, hay algunos datos preocupantes que podrían estar relacionados entre sí: es el país de la OCDE con más desigualdad entre ricos y pobres y, por otro lado, el sector de la banca lleva ocho años echando a 200 empleados a la semana. Obviamente, la banca no es un sector en crisis, por lo que los recortes son principalmente debidos a la automatización: las operaciones se hacen por Internet con coste casi cero para la banca.

Cientos de profesionales ven cada día cómo sus trabajos son realizados por robots o por empresas de Internet con muy pocos ordenadores y empleados. Ejemplos de esto son agencias de viajes, editoriales o el sector del taxi, sustituidos por simples webs o Apps, telefonistas sustituidos por programas para chatear (bots), u obreros industriales reemplazados en todos los sectores, como los robots albañiles (que ponen más del doble de ladrillos por hora que el mejor albañil). También se pierden empleos por la obsolescencia programada y por la bajada de precios, debida en parte también a la automatización (ese es el caso de relojeros, zapateros o reparadores de electrodomésticos).

En la docencia, por ejemplo, si los profesores publican en Internet vídeos de sus clases, los alumnos podrían cursar las asignaturas desde sus casas, repitiendo el vídeo cuantas veces quieran. Así, podrían ir al centro de estudios sólo para clases prácticas (o simplemente para socializar y jugar, en el caso de los más pequeños). Hasta las dudas podrían resolverse por chat o videoconferencia. Además de un simple vídeo pueden usarse otros mecanismos informáticos que captan mejor la atención del alumno (programas con animaciones, documentales, ejercicios o juegos). Por otro lado, esos cambios conllevarían que con menos profesores se podría atender a una mayor cantidad de alumnos.

El avance más descomunal, de hecho, no está en las máquinas (hardware), sino en el software, usando técnicas de “Inteligencia Artificial“: sistemas expertos, reconocimiento facial o de voz, coches autoconducidos… El oxímoron “Inteligencia Artificial” incluye un conjunto de técnicas que imitan el comportamiento humano. No es propiamente inteligencia, pero lo parece y en muchos casos funciona mejor que la inteligencia humana. Ello es debido, entre otros factores, a la gran memoria y velocidad de cálculo de los procesadores electrónicos y también a una objetividad de la que a veces los humanos carecen. Incluso, hay técnicas en las que el objetivo no es decirle a la máquina lo que tiene que hacer, sino dejar que lo descubra y que aprenda por sí misma (machine learning). Aunque hay mucho por hacer, los avances en esta materia son espectaculares (toma de decisiones en medicina o en economía, comprensión de textos… y muchas más).

Opciones para evitar lo peor

Cambios como los anteriores pueden no percibirse como algo brusco. Sin embargo, esos cambios llevan a Mason a afirmar que el capitalismo está a punto de desaparecer como lo conocemos, lo cual puede provocar, según él, el caos o, al menos, el fin del trabajo en su forma actual.

Ahora y siempre, para conseguir empleo es importante la formación, pero actualmente no sólo tienen valor los conocimientos, sino que vale mucho más la creatividad, la especialización y la capacidad de aprender nuevas cosas en un mundo tan cambiante (son los llamados «nómadas del conocimiento» o knowmads). Pero aunque consigamos para el futuro una sociedad mejor formada, el problema de la automatización no se resuelve, pues en el futuro harán falta menos personas para trabajar. Si no hacemos nada, la automatización podrá beneficiar a la sociedad, pero aún así, muchos perderán sus empleos, con todo lo que ello implica.

Si estamos de acuerdo en que una sociedad desigual no beneficia a la mayoría y es fuente de injusticias, entonces algo hay que hacer. Autores como Keynes, McAfee o Meyer han hecho propuestas en este sentido:

  1. Fomentar el trabajo a tiempo parcial, para repartir mejor el empleo existente.
  2. Reducir la jornada laboral, por ejemplo, a cuatro días semanales para compensar la reducción en el trabajo disponible [6]. Keynes pronosticó 15 horas semanales para 2030 [1].
  3. Instaurar una Renta Básica Universal [6, 7] (aunque sea muy básica) que complemente los salarios (bajos por trabajar pocas horas o nulos) y controlando que esto no haga descender los salarios [1]. Podría justificarse esta renta en el hecho de que todo ciudadano de un país tiene derecho a poseer los recursos naturales y económicos públicos. Donde se ha probado, se ha demostrado que no desincentiva trabajar. Próximamente se va a probar en Barcelona y otras ciudades europeas [4].
  4. Tratar a ordenadores y robots como empleados de las empresas y que paguen impuestos (o sea, que no sea tan rentable usar máquinas a costa de despedir empleados).
  5. Convertir al Estado en “empleador de última instancia para evitar desempleados de larga duración [12].
  6. Dar valor a tareas ahora no remuneradas, como voluntariado, cuidado de niños o de mayores, etc. Estas actividades podrían pagarse con algún tipo de beneficio.
  7. Evitar la deslocalización y el abuso de las multinacionales de los países ricos exigiéndoles el mismo comportamiento legal y ético en todos los países en los que actúen [8] (respetando las leyes ambientales y de seguridad laboral, como si estuvieran en su propio país).
  8. Evaluar el impacto de cada tecnología, pues es evidente que no vamos a renunciar a todos los avances tecnológicos, pero tampoco debemos asumirlos todos, pues algunos tienen impactos muy considerables.

Conclusiones

Bertrand De Jouvenel dijo [2]: “Todos los planes elaborados en todos los países del mundo tienden a incrementar la demanda de recursos naturales; la gran aspiración común a todos es economizar trabajo, cuando el factor hombre se hace cada vez más abundante, y no se piensa apenas en economizar los recursos naturales, que sin embargo son limitados”. Tal vez, si reducimos el número de horas que un humano puede trabajar, entonces, el trabajo humano tendrá más valor.

Que la tecnología destruye puestos de trabajo, lo recordó hasta el Papa Francisco [5]. Pero nuestra sociedad ensalza el trabajo remunerado tanto como la tecnología, y cuando son, aparentemente opuestos, nos negamos a elegir entre uno u otro. Nadie debería quejarse de que las máquinas trabajen, si lo hacen mejor, más barato, sin cansarse y disponibles a cualquier hora, pero tenemos que establecer mecanismos para que esas ventajas generen beneficios para todos y nos permita una sociedad más equitativa.

Hasta la generación de electricidad con renovables requiere menos puestos de trabajo por cada megavatio [10], lo cual es otra gran ventaja de una sociedad renovada.

La tecnología pone en nuestras manos un gran poder, y ello implica una gran responsabilidad, pero… ¿estamos siendo suficientemente responsables? ¿Somos responsables siquiera en conseguir de forma ética los materiales con los que construimos nuestras máquinas? (pensemos en el coltán, por ejemplo).

Si no hacemos nada, se consumará, como dijo Marta Tafalla [13], nuestro fracaso como ser racional.

Referencias

  1. Lidia Brum, “Robots y Trabajo” (CC.OO. Perspectiva, 2017).
  2. Bertrand De Jouvenel, “La Civilización de la Potencia: De la Economía política a la Ecología política” (1976). Libro resumido aquí.
  3. David Fernández, “La inteligencia artificial obliga a redefinir la economía“: La productividad podría aumentar el 40%, mientras se pierden el 47% de los empleos (El País, 2017).
  4. Sergi Franch, “La Unión Europea elige Barcelona para testar cuatro modelos de Renta Básica con 1.000 vecinos” (Eldiario.es, 2017).
  5. Papa Francisco, encíclica “Laudato Si” (2015). Libro resumido aquí.
  6. José Galindo, “¿Qué Pasaría si en los Países Ricos Trabajáramos Menos? (Hacia una Economía Sostenible)” (Blogsostenible, 2011).
  7. José Galindo, “Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral” (Blogsostenible, 2015).
  8. José Galindo, “Lista de empresas que deben ser multadas y boicoteadas” (Blogsostenible, 2017).
  9. José Galindo, “¿Qué fuente de energía requiere menos empleo? (Empleos por Megavatio)” (Blogsostenible, 2017).
  10. Gary Marcos, “Will a robot take your job?” (The New Yorker, 2012): En 90 años desaparecerán el 70% de los empleos.
  11. Paul Mason, “Postcapitalism: a guide to our future” (Allen Lane, 2015).
  12. Henning Meyer, “No hace falta una renta básica: cinco medidas para afrontar la amenaza del desempleo tecnológico” (Ctxt, 2017).
  13. Marta Tafalla, “Crisis ecológica, conocimiento y finitud: Fracaso del ser humano como ser racional” (Blogsostenible, 2016).
  14. Norbert Wiener, “Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine” (The MIT Press, 1948).

NOTA: Este artículo ha sido publicado algo más breve en Crónicas del Intangible, un espacio de divulgación sobre software y ciencias de la computación (blogs de EL PAIS, Junio 2017).

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Club de lectura FEMUBA: “John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía”

Por: Discos Ruidosos

 

“John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía”

Lunes 19 de enero, 19:00 h

Popular Libros

 


Club de lectura FEMUBAJohn Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía.

XI edición del Festival de Música Barroca de Albacete (FEMUBA). Coordinado por: Andrés Alberto Gómez.

Dentro de las actividades organizadas por FEMUBA - XI edición del Festival de Música Barroca de Albacete para conmemorar el 400 aniversario de John Dowland, os invitan a participar en este encuentro literario. Analizarán la obra: John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía, de Alberto Álvarez Calero publicado por la editorial Fórcola.

 

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Danza: "El triunfo del tiempo y del desengaño"

Por: Discos Ruidosos

 

El triunfo del tiempo y del desengaño – FEMUBA 2026

Domingo 18 de enero, 12:30 h – 13:30 h

Plaza de la Constitución, Albacete

 


La coreógrafa y directora albaceteña Cecilia Jiménez, junto a su compañía local el Taller Coreográfico, pone en escena mediante el lenguaje de la danza barroca y contemporánea, pasajes de la obra “El triunfo del tiempo y del desengaño”, del compositor Georg Friedrich Händel. Una pieza con gran dinamismo visual y concebida como espectáculo de calle, ofreciendo un punto de vista actualizado sobre las modificaciones que ejerce el tiempo en los elementos. Una pugna entre diversos personajes alegóricos: la Belleza, el Placer, el Desengaño, el Tiempo y la Verdad.

 

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A TAPAR LA CALLE 13/11/25 GRUPO DE PEQUES

Por: Radio Topo

Bienvenides al programa de radio de les niñes de la Gusantina “A TAPAR LA CALLE”. Un espacio que invita a jugar, participar, ocupar, opinar, reír, soñar, trastear, divertirnos… Un espacio donde pequeñes y adultes afinamos nuestra oreja verde. ¡Ya estamos aquí con el último programa de A tapar la calle recién subido a la web! […]

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1602. Cambio climático

Por: Listo Entertainment

✇El Listo

1590. Pestañas

Por: Listo Entertainment

✇Sinergia sin control

677 - eficientemente optimizado

Por: Ender Wiggins


síiii, ya sé que había prometido una tira más larga, pero es que el perro se comió el guión*


*yo y mi caos, que había extraviado el guión y lo he encontrado después de hacer una tira corta. Pa la próxima semana ya sí que sí.


P.D: Os recuerdo que la familia de Tom EXISTE, que salió en la saga "el golpe" (no en el arco principal, pero sí en las consecuencias):


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