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Un canto a las raíces, a los afectos y a los futuros

Por: Azahara Palomeque


Azahara Palomeque escucha en Pueblo blanco azul las historias que guardan las casas y los olivares, y nos devuelve esas voces ausentes que hablan de amores desafiantes, viajes liberadores y de las lealtades y traiciones que rigen un pequeño mundo.

 

El barbudo, llegándose a mis proximidades, se mesó la melena que le tapaba medio busto y sonrió en diagonal, de modo que únicamente le asomase el colmillo derecho. ¿Va a responderme usted o ha venido a titubear? Cualquiera diría que ha estudiado tanto, se burló. Se me reajustaron las sinapsis y expresé: buenas tardes, ¿señor…? No tengo el placer. Mi nombre es Elaia, significa «olivo» en griego. Andaba a la procura de la tumba de Francisco Torres Rojano, el tío de mi abuelo Antonio. Me observó desafiante mientras se sacudía en el bolsillo un manojo de llaves. Así que va a ser verdad, te noto bien informada. ¿Trabajas para algún organismo de la memoria histórica ahora?, inquirió, esta vez tuteándome. No, señor… Ramón, como el de la poda de tu árbol, hay que joderse, espetó. Ramón, encantada. Realizo una investigación independiente destinada a la escritura de una novela, pura ficción; no tengo patrocinadores, simplemente me gustaría saber más sobre mi familia; Ramiro Merino me aseguró que usted era muy eficiente. ¿La tumba de Torres Rojano? Soy consciente de que lo asesinaron durante la guerra y, a partir de ahí, le pierdo la pista. Agradecería cualquier aclaración o detalle por su parte. El libro de los muertos lo guardo en el casetón, ven, me dijo. Introdujo el filo dentado de una llave en una vitrina y agarró una especie de manual, grueso, donde figuraba el registro que yo anhelaba: Torres Rojano, fusilado el 3 de agosto de 1939 a la edad de cuarenta y dos años; su sobrino Antonio iba a cumplir quince. No te puedo decir más. Pero…, rechisté, ¿un rastro físico, una placa, algo? Me retumbó en el oído la carcajada, y por fin asistí al espectáculo integral de su dentadura: el flanco molar izquierdo brillaba ennegrecido como consecuencia de los empastes. Mira, niña, si caminas hacia el lado opuesto de donde has iniciado tu «investigación», allí, allí, exacto, en las inmediaciones del paredón, vas a notar que ni cipreses, ni sauces, ni olivos, ni leches crecen, mero descampado, y que la tierra se mueve cuando la pisas, claramente porque está infestada de mil orificios, cuidado, creerás que se trata de una llanura seca, pero está escalonada abajo, ve con tiento, no te confíes; bueno, pues allí hay magulladuras de bala sobre la tapia, los casquillos los barrió mi padre y, a lo que iba, el terreno desnivelado y ahuecado dice cosas, no es preciso ser forense, tú ya me entiendes, pero… que no te nublen los sentidos las aventuras novelescas: la fosa común y lo que se conoce aquí como «patio de los ahorcados» son la misma superficie inestable; es decir, fiambres no cristianos. Pega la oreja, realiza tus ritos satánicos, extiende la ouija o rásgate las vestiduras, mientras no montes una escandalera a las autoridades competentes les importa un pimiento, y yo hago la vista gorda; tú te das tu paseo, recolectas impresiones para tu libro y aquí paz y después gloria, ¿de acuerdo?

(…)

En un alarde de valor, me aventuré a explorar lo que ya sabía un dédalo inquietante. Dicen que la tierra se arrogó un núcleo magnético y, apegadas a ella, nuestras vísceras imantadas configuran la ley de la gravedad. Incliné un poco el cuello hacia las entrañas hueras del sitio. Francisco, ¿me oyes? ¿Seremos del mismo metal? He venido a reconciliarte con la historia, perdóname la arrogancia. ¿Qué manjares comes en las profundidades? ¿Lombrices, polvo enamorado, cobre? ¿Qué sentías mientras te estabas muriendo? ¿Hizo un calor sofocante y te descerrajaron la cabeza? ¿Dejaste mujer e hijos? ¿Por qué formaste parte de la defensa del pueblo sin ser anarquista? ¿Consideraste exiliarte? ¿Con quién compartes el habitáculo estrecho de la zanja? ¿O es grande como un salón de baile? ¿Te gustaría que te irguiesen un monolito donde no figure la bandera republicana? ¿Vale la pena rescatar un ideal pútrido, si la materia orgánica ya no se pudre porque carece de microorganismos? Pero tu muerte llegó antes que la ubicuidad química. Entonces tropecé con una ranura por la que comenzó a brotar humo; la tierra se hendía lentamente en besanas irregulares, capilares que emulaban el lecho de un río resquebrajado, a lo que se sumaba mi percepción de estar pisando los arrebatos de un géiser, pues notaba una energía inaudita latiendo debajo de mis suelas,  balanceándome mientras a duras penas intentaba levantarme, al menos adoptar una postura sedente, no de rodillas.

(…)

Me puse de pie y salí corriendo de aquel lugar totalmente falta de orientación, pero movida por un instinto que pronto me devolvió al llano Jesús; de soslayo, divisé el hospital, un convento adosado a su derecha, y acompasé mi taquicardia a una velocidad que despertó la curiosidad de las gentes acodadas en el bar Manolo; bajé la calle Alta, dejando atrás sus comercios y casas señoriales, a las vecinas que murmuraban qué hace la periodista loca yendo así, va a arrollar a algún chiquillo, o bien, la va a pillar un coche, se va a partir la crisma y, finalmente, aparecí frente a la iglesia Madre de Dios, tan insignificante, tan pequeña en su esquina, apenas un garbanzo cuya planta trapezoidal en su día devanó los sesos de los más agudos historiadores —que si fueron dos ermitas cruzadas, que si antes hubo una mezquita—, y me paré en seco. Sólo entonces caí en la cuenta de que aún aprisionaba entre los dedos el ramito de amapolas que había cortado allá en lo alto. Lo miré. ¿Para quién sería mi ofrenda? Ni siquiera había tenido el coraje de llorar frente a la tumba de mis abuelos.  

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¿En qué parte del embudo vives?

Por: José Ovejero

23 de marzo

Paso dos días en Olot, en el festival MOT, que este año gira alrededor del viaje. Por una vez, había decidido quedarme un poco más de lo que necesitaba para intervenir en mi acto, lo que me da la oportunidad de asistir de oyente a otros dos encuentros. Uno de ellos es una conversación con la escritora rusa Maria Stepánova (autora, entre otros libros, de En memoria de la memoria, que compro antes del encuentro). Stepánova se fue de Rusia tras el inicio de la guerra de Ucrania y después de que su Gobierno clausurase la revista que dirigía. «La poesía es un refugio», dice, y la afirmación se me queda dando vueltas en la cabeza. «La poesía es un refugio en llamas», me digo yo, y no sé que hacer con esta idea.


Durante mi conversación con Bibiana Candia, moderada por Iris Llop, ambos hacemos referencia al libro del otro. Aunque Azucre y Vibración, las dos novelas elegidas para pensar aspectos del viaje, son muy distintas, hay en ellas temas y enfoques que pueden dialogar bien entre sí y aprovechamos para hablar de ello. Luego me doy cuenta de que algunos oyentes pensaban que nos habíamos puesto de acuerdo previamente en hacerlo así. Es poco frecuente, me dicen, que un autor dedique tanto espacio a hablar del libro de su contertulio.

Es verdad que muchos de estos encuentros, aunque los llamen diálogos, están pensados para que cada uno hable de su libro. De todas maneras yo procuro leer algo de la persona con la que voy a estar en el escenario –si no la he leído ya– para tener una idea de quién es y qué nos une, si es que nos une algo. Yo no había leído la novela de Bibiana y Bibiana no había leído la mía, pero ambos tuvimos el reflejo de hacerlo antes de viajar a Olot. Es siempre más agradable que realizar dos monólogos sucesivos. Sobre todo porque puede dar pie a que surja alguna idea, algún descubrimiento en esa conversación. Al fin y al cabo, yo ya sé más o menos lo que voy a decir.


Esto no es del todo cierto: antes de un encuentro, aunque vaya a hablar de un libro del que he hablado cien veces, me doy un rato para pensar cómo lo voy a enfocar esa, dependiendo del contexto y del momento, que nunca son idénticos. En ocasiones, surge una idea nueva, y eludir la rutina del pensamiento me da la impresión de escapar de ese embudo, del que he hablado alguna vez, que puede ser la vida, en la que se tiende avanzar de la parte ancha, donde parece que las posibilidades son múltiples, a la más estrecha, en la que se va restringiendo cada vez más la libertad de movimientos.


26 de marzo

Se me ocurre ahora que la imagen anterior es propia de una persona joven, del hombre relativamente joven que era cuando la escribí. Sus connotaciones negativas son innegables si hablamos de que tus fuerzas pueden irse reduciendo, tu salud limitándote, también tu capacidad de elección, porque sabes imposible cumplir algunos de los sueños que tenías. Pero la «estrechez» también consiste en que has llegado a un cierto lugar por elección propia y no deseas moverte a otro. Hubo un tiempo en que de forma casi patológica deseaba vivir varias vidas, pero la que he ido eligiendo me parece ahora mismo la única que necesito: estoy con la mujer con la que quiero estar y no deseo otra, en el lugar y en la profesión que me satisfacen. Puede que las circunstancias me arrebaten el espacio construido, pero no siento que esté renunciando a mi libertad por estar donde estoy. No solo eso: lo que he ido consiguiendo me da posibilidades que no tenía de joven.


La imagen del embudo es también parcialmente errónea en lo que se refiere a la zona ancha: puede que en tu fantasía apenas tengas limitaciones y seas capaz de moverte libremente de un lado a otro, quizá creas allí que tu vida tiene posibilidades infinitas. Pero no es verdad: te limitan tu clase social, la educación recibida, tu capacidad creativa, tu valentía, la cantidad de apoyo que recibes de los demás; en resumen, dependes del contexto al que perteneces y de cómo ha influido en tu carácter.


Vivimos en una época en la que el capitalismo ofrece vidas infinitas en la parte ancha del embudo; el capitalismo es la serpiente que nos seduce para que mordamos la manzana del consumo con la promesa de que entonces seremos como dioses. Si quieres puedes, just do it. El epítome del engaño lo vemos en esos anuncios de todoterrenos con los que atravesar selvas y desiertos poniendo el mundo a tus pies: te venden la libertad absoluta, trazar tus propios caminos, pero olvidando, no solo que hoy hay caminos en todas partes y que a lo mejor para llegar a la selva tienes que soportar un embotellamiento, como toda esa gente que hace cola para adquirir la experiencia absolutamente única de escalar el Everest. También que para comprar ese magnífico todoterreno a lo mejor has tenido que endeudarte o que trabajar un año en una profesión que te desagrada. Tu todoterreno no te hará libre como tampoco seducirás a todo el que se cruce contigo por ponerte tal perfume o llevar tal prenda de ropa. Sabemos que es así, pero al mismo tiempo lo creemos porque, como la religión, nos ofrece el consuelo que necesitamos.

El capitalismo tiene ese poder de hacerte creer que eres quien no eres, vendiéndote el espejismo de vivir en un mundo sin paredes ni murallas para tu voluntad, cuando en realidad vives en una celda estrecha; a cambio, para que la magia funcione, no debes mirar lo que destruye para ofrecerte tus fantasías. Y, sobre todo, a cambio de que no te rebeles contra el engaño.

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Matthew Remski: “Trump no tiene ningún interés real en la espiritualidad, es completamente cínico”

Por: Guillem Pujol

En los últimos años ha emergido un fenómeno difícil de clasificar que mezcla espiritualidad alternativa, teorías de la conspiración y discursos políticos cada vez más radicalizados. En Conspiritualidad (Capitán Swing), Matthew Remski analiza ese cruce entre el universo New Age, la cultura digital de las conspiraciones y la creciente influencia de la extrema derecha. El resultado es un ecosistema donde la crítica difusa a las élites convive con el rechazo a la ciencia, la desconfianza hacia las instituciones y una promesa de “despertar” espiritual que promete explicar el mundo entero.

Remski (como Derek Beres y Julian Walker, coautores del libro) sostiene que este fenómeno no puede entenderse solo como una excentricidad marginal de Internet. A su juicio, expresa tensiones más profundas de la modernidad tardía. La sensación de alienación frente a las instituciones, la crisis de autoridad del conocimiento experto y la precariedad social producida por el capitalismo contemporáneo crean el terreno donde prosperan estas narrativas. La conspiritualidad, dice, ofrece una crítica intuitiva al sistema sin llegar nunca a enfrentarlo realmente.

En esta conversación hablamos del origen histórico de estas corrientes, de su relación con el pensamiento conspirativo, del uso político que actores como Donald Trump hacen de ese imaginario y del papel ambiguo de las instituciones en una época donde la transparencia documental convive con una creciente desconfianza pública.

Para empezar con algo sencillo para quien no haya leído el libro, ¿cómo definirías el término “conspiritualidad”? ¿Qué intentáis captar con ese concepto?

La conspiritualidad es un movimiento social que hoy se desarrolla sobre todo en Internet, donde se mezclan teorías de la conspiración y espiritualidad, especialmente del tipo New Age. Aunque también analizamos la influencia del fundamentalismo cristiano y, más recientemente, del sionismo fundamentalista. Todo eso se combina en una mezcla de dinámicas casi sectarias, promoción de pseudociencia y una deriva hacia posiciones de extrema derecha.

Las personas que se ven envueltas en este entorno llegan a convencerse de algo que en parte es cierto, pero sin herramientas para afrontarlo. Están convencidas de que ocurren cosas terribles en el mundo y que están provocadas por élites malvadas. Pero la respuesta que encuentran es pensar que basta con tomar conciencia de ello. Esa conciencia se convierte en una especie de virtud espiritual. No surge del análisis de las condiciones materiales ni de la comprensión del capitalismo, sino de ideas como la luz espiritual contra la oscuridad, casi como si estuviéramos en Star Wars.

Pero en un marco ultracapitalista

Sí, ciertamente. Creen que el despertar espiritual individual es el camino para sanar el mundo, pero a partir de ahí aparece también un elemento de mercado: se consumen productos de meditación, suplementos, se rechazan las vacunas por una ética de la purificación, se escuchan tarotistas o canalizadores. Y además se cree que todas las instituciones humanas –gobierno, educación, medicina, periodismo– no solo están corruptas, sino que existen precisamente para bloquear el crecimiento espiritual auténtico.

De algún modo, la conspiritualidad utiliza impulsos religiosos para criticar el orden capitalista sin enfrentarse realmente a él. Eso la hace muy poderosa, porque los ataques del orden capitalista solo van a intensificarse. A veces pienso en la conspiritualidad como un mecanismo amortiguador frente a la necesidad real de reconocer que es el capitalismo el que produce muchas de estas crisis.

Eso es difícil de asumir para quien está formado en la espiritualidad New Age, que se basa en una promesa infinita. Incluso más que el cristianismo tradicional. No exige sacrificio. Básicamente pide que perfecciones tu narcisismo y lo conviertas en un proyecto virtuoso.

¿Convertir, de algún modo, el narcisismo en virtud?

Exacto. En el cristianismo, al menos en algunos momentos, el sufrimiento se convierte en sabiduría. Pero la espiritualidad New Age funciona de otro modo.

¿Hasta qué punto ves una continuidad entre esa ética individual que describe Max Weber y esta forma contemporánea de espiritualidad?

Sí, sería como una etapa nueva más. Y además divorciada de la historia y del conflicto, porque surge en el periodo neoliberal, donde existe una especie de creencia casi espiritual en la tesis de Fukuyama: el fin de la historia. Hemos llegado al final de la historia y ya no hay nada que hacer salvo realizar el propio estado de iluminación personal.

La conspiritualidad parece contener una paradoja: desconfía radicalmente de las instituciones, pero al mismo tiempo deposita una fe absoluta en narrativas cerradas que prometen dar sentido total a la realidad. ¿Es una crisis de autoridad o una mutación de la autoridad?

Tiene todo que ver con la autoridad. Y en parte hay buenas razones para ello. Los aspectos más comprensibles de la conspiritualidad nacen de una percepción de alienación.

Si retrocedemos unos 150 años, muchas personas empiezan a percibir intuitivamente lo que Foucault describirá más tarde como la frialdad del espacio clínico que produce el sujeto moderno. Aparece la sensación de que el sistema médico patologiza y separa a quienes no encajan en la reproducción capitalista, con elementos incluso eugenésicos.

También se produce un cambio respecto a la medicina folclórica anterior, donde el cuidador podía conocerte personalmente y recoger las hierbas de tu propio jardín para curarte, funcionasen o no. Surge entonces esa sensación profunda, presente también en la literatura romántica, de que el mundo moderno ha roto nuestra conexión orgánica con la realidad.

Alexander Pope decía: “Asesinamos para diseccionar”. La ciencia moderna separa al ser humano de su realidad orgánica. Ahora expertos nos dicen qué ocurre dentro de nuestros cuerpos, cuando antes eso solo lo interpretaban sacerdotes o se descubría en la relación personal con Dios.

Todo eso genera una pregunta: ¿qué significa convertirse en sujeto moderno, cuya realidad está mediada por grandes instituciones estatales? Y la respuesta es que se siente extraño, alienado.

Por eso dentro del New Thought, de la espiritualidad New Age o de muchas prácticas de bienestar nacidas en el siglo XIX existe la idea de que uno debería recuperar autoridad sobre su propio cuerpo y su mente. Hay algo razonable en eso. El problema es que también aleja a la gente del conocimiento generado colectivamente por instituciones científicas.

Es decir, ¿crees que forma parte de una demanda del sujeto por recuperar autonomía en su vida?

Sí, hay una fragilidad enorme alrededor de la pregunta de quién tiene autoridad para decirme qué ocurre con mi cuerpo o con mi vida. Pero también conectaría esto con la lógica del colonialismo y la blancura. Muchos practicantes contemporáneos del bienestar y el turismo espiritual buscan culturas que sienten que ellos no tienen. Es parte de la herida imperial. Cuando te conviertes en el centro de la jerarquía de los cuerpos, también pierdes el sentido de origen.

En ciudades del norte global, rodeadas de personas con vínculos culturales claros con sus lugares de origen, muchos occidentales sienten que ellos no tienen esa raíz. Por eso en los años sesenta y setenta hubo una enorme ola de viajes al sur global: India, Tailandia, Birmania… Buscaban una cultura que pareciera intacta, auténtica, no completamente homogeneizada por el capitalismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo expediciones nazis a las montañas cercanas a Barcelona, en Montserrat. Las SS creían que había objetos espirituales importantes allí.

Sí, los nazis también estaban desarraigados culturalmente. Intentaban reconstruir una cultura alemana premoderna. Pero lo hacían como un pastiche. Al mismo tiempo estudiaban yoga, leían el Bhagavad Gita o se interesaban por el ocultismo.

En España, durante el franquismo, uno de los lemas de los golpistas era “Muera la inteligencia”. Y hay algo curioso: muchos conspiracionistas actuales se ven a sí mismos como pensadores críticos. No quieren ser parte de una masa obediente como en el fascismo clásico. Quieren verse como individuos únicos.

Sí, es un antiintelectualismo que nace de una ansiedad frente a la jerarquía del conocimiento. Si alguien puede decirle a Himmler que está inventando la historia de la India, él no quiere escuchar a esa persona. Si alguien dice a Trump que el calentamiento global afectará a la temporada de huracanes, quiere despedirlo.

El rechazo a la intelligentsia, a la autoridad científica o histórica, es central en los proyectos fascistas. Pero deja un vacío. No puedes negar la historia sin inventar otra.

Por eso es interesante que mencionaras a Foucault. Él trataba de descentralizar las figuras de autoridad mostrando cómo se construyen, pero la conspiritualidad parece adoptar esa crítica y llevarla directamente a sus propias conclusiones.

Exacto. Ese lenguaje foucaultiano –la idea de que el Estado produce sujetos mediante vigilancia, clasificación o la mirada médica– es usado muy eficazmente por conspiracionistas contemporáneos.

Quizá tenga que ver con el propio anticomunismo de Foucault. Porque lo que queda fuera es la pregunta de por qué ocurre esa categorización. Se pierde la explicación material: que esas estructuras sirven a la acumulación capitalista.

Así todo el mundo acaba pensando que el Estado es violento o deshumanizador, pero nunca se aborda para qué sirve realmente.

Hay algo curioso con la idea de “despertar”, pues muchos de estos grupos se declaran despiertos, pero al mismo tiempo son profundamente antiwoke (woke significa, literalmente, “despierto/a”).

Sí, tienen que marcar muy bien la diferencia entre woke y awakening (‘despertar’). Si eres woke, según ellos, has hecho lo contrario de despertar. Significa que has identificado fallos estructurales del capitalismo y te has obsesionado con cosas como raza, género o clase. Para ellos, despertar significa darse cuenta de que esas categorías no importan realmente y que lo que importa es una especie de purificación espiritual del orden internacional.

Hablemos de política: Trump se presenta a menudo como alguien que lucha contra un deep state. ¿Ves paralelismos entre ese lenguaje y la conspiritualidad?

Trump no tiene un interés real por la espiritualidad. Es completamente cínico. Es una persona de televisión. Su atención se dirige a aquello que capta audiencia. Cuando vio que QAnon generaba mucho engagement mediático, empezó a amplificar cuentas relacionadas con ese movimiento. Pero nunca se comprometió realmente con esas ideas.

También busca ser reconocido por la derecha cristiana. Cuando va a reuniones de oración y deja que los pastores recen sobre él, entiende el papel que está interpretando. Y lo utiliza. Después de los intentos de asesinato dijo que Dios lo había mantenido con vida para cumplir una misión. Sabe que ese lenguaje funciona con su base electoral.

¿Crees que estos movimientos conspirativos están organizados por la extrema derecha para desmovilizar a la gente, o más bien que la extrema derecha aprovecha narrativas que ya existen?

Creo que muchas explicaciones conspirativas sobre esto repiten el mismo problema. Por ejemplo, hay gente que dice que Jeffrey Epstein estuvo detrás del origen de QAnon. Es una historia atractiva, pero con muy poca evidencia. Parte de la premisa de que los cambios políticos se producen porque un pequeño grupo de actores malvados lo decide. Pero QAnon tiene un origen mucho más amplio.

Es más plausible pensar que jóvenes deprimidos y precarizados empezaron a producir historias nihilistas que se convirtieron en memes y acabaron fuera de control. Después actores políticos astutos –Steve Bannon sería un ejemplo– supieron aprovechar esos movimientos. Nadie podría haber diseñado QAnon desde arriba. Es demasiado caótico.

Hace unos días se publicaron documentos sobre el intento de golpe del 23-F en España. Algo parecido a lo que ocurrió con los documentos de JFK. Se liberan archivos, pero nadie sabe qué hacer con ellos, pues se pueden seleccionar fragmentos que confirmen casi cualquier relato. ¿Hasta qué punto las propias instituciones contribuyen a este clima de sospecha al publicar documentos incompletos?

Una de las cosas más desorientadoras del paisaje informativo contemporáneo es la ausencia de responsabilidad institucional. Cuando se publican documentos parcialmente censurados o fragmentarios, la gente sin recursos tiene que reconstruir historias por su cuenta. Añaden detalles, especulan, rellenan los huecos.

La publicación de esos documentos responde a una necesidad contemporánea de exposición total. Existe la sensación de que todo puede encontrarse en Internet, que basta con localizar el enlace correcto.

El problema es que esa publicación parece transparencia. Parece honestidad. Pero está basada en la premisa liberal de que exponer un error o un crimen automáticamente lo corrige. Y eso rara vez ocurre.

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William Wilson FINAL Y EL CUERVO Edgar Allan Poe: A un paso del Abismo

Por: Radio Almaina
Aloha, survivor of William Wilson. Esta noche, aparte del final del relato, también te traigo, por fin, su poema EL CUERVO de EDGAR ALLAN POE. Algunos se atreven a descalificar al autor porque ha perdido actualidad, porque su obra no… Leer más

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Una derrota tras otra

Por: José Ovejero

15 de marzo

Nueva debacle de los partidos situados a la izquierda del PSOE, esta vez en Castilla y León. No recuerdo qué candidato, ya antes de las elecciones, atribuía los malos pronósticos a la concentración del voto útil en el PSOE. Pero quizá debería preguntarse por qué tanta gente está empezando a ver como voto inútil el de Podemos, Sumar, etc.

Y por qué, a pesar de que políticas impulsadas desde la izquierda han beneficiado a tanta gente –en los ámbitos de la vivienda y del trabajo, por ejemplo–, las y los votantes han abandonado a los partidos que las defienden.

Lo que está claro es que la derecha y la extrema derecha, cada vez más difíciles de distinguir, están arrasando. Ojalá no haya elecciones anticipadas; no tengo el estómago preparado para lo que se avecina.


16 de marzo

Me deja perplejo el Oscar a la mejor película para Una batalla tras otra. Es cierto que no estoy muy cualificado para juzgarla porque solo aguanté unos veinte minutos. Las actuaciones me parecieron tan impostadas y torpes, los diálogos tan ridículos, la sexualización de la actriz principal con un erotismo tan barato, las situaciones tan absurdas y mal rodadas, que no tuve ganas de continuar viéndola. Por suerte, a Edurne le pareció lo mismo y nos pusimos a ver otra, que he olvidado; quizá no fuera tan memorable pero si menos ofensiva.

Es la segunda vez que me pasa con una película de Paul Thomas Anderson; la primera fue con Licorice Pizza. Esta no me irritó, pero sí me aburrió y tampoco terminé de verla.


17 de marzo

Leo un bluit del periodista Alberto Moyano en el que aparece un texto de la novela Elegía, de Philip Roth (Everyman, en el original inglés), en el que se habla del llanto. En una conversación de dos personajes, se lee:


…y empezó a sollozar con las manos en la cara–. Es tan vergonzoso.

–No tiene nada de vergonzoso.

–Sí, sí que lo tiene –insistió ella, llorosa–. No poder cuidar de ti misma, la patética necesidad de que te consuelen….


Le respondo que Elegía es, precisamente, uno de los pocos libros con los que he llorado. Al releer ahora este diálogo pienso que uno no llora necesariamente para ser consolado; llorar no supone un «otro» presente que debe reaccionar al llanto. Cuando lloré leyendo Elegía estaba solo, absurdamente sentado en un avión, y desde luego no habría deseado que me consolase mi compañero de asiento.

El llanto, como la literatura, a veces busca una respuesta, establece una relación; otras veces, es la mera expresión de un estado de ánimo o un pensamiento, con el cuerpo en un caso, con el texto en otro.


18 de marzo

Hace unos meses nos pusimos a ver una serie basada en la vida de George Sand, pero no la acabamos –últimamente dejamos a medias un número considerable de películas y series–. Nos pareció demasiado plana, más pedagógica que sicológica. Leo que, cuando George Sand dejó a su marido, se fue a vivir a París llevándose a sus hijos. Tendría que revisarla para estar seguro de lo que voy a decir, pero en mi recuerdo de la serie los niños están casi absolutamente ausentes en su primera etapa en París. Me pregunto si el sentido de esa omisión se debe al deseo de mostrar a una mujer independiente, empoderada, alejada del papel de madre para centrarse en su creación y su carrera.

Si es así, creo que hace un flaco favor a las mujeres. Sería mucho más impactante verla teniendo que lidiar con dos críos dependientes de ella –por mucho que tuviese ayuda de una cuidadora– y al mismo tiempo intentando abrirse paso en el mundo literario masculino. Lo que se ajusta más a la realidad de tantas mujeres, de su época y posteriores.


La que sí terminamos, aunque tuvimos que verla en dos veces porque estábamos cansados y son tres horas de película, es Andrei Rublev, de Tarkovsky. Qué maravilla de película, qué imágenes potentes. Aunque los subtítulos son a ratos incomprensibles, pero al final la historia te la está contando sobre todo a través de lo que ves, así que no es tan catastrófico.

Hacia el final de Andrei Rublev, un ejército ruso con sus aliados tártaros entra en una ciudad en la que saquean, asesinan, torturan y violan; las cosas no han cambiado tanto, pienso. Hace poco leíamos cómo la policía israelí asesinó a un matrimonio y dos de sus niños, sin razón ni excusa alguna, y probablemente sin tener que responder del crimen. Y oigo a una mujer de no sé que instituciones israelíes decir que si se ha empezado la guerra contra Irán habrá que acabarla y que el régimen iraní mataba a mucha gente. No dice, para qué, que Trump hablaba de devastar Irán, ni que la guerra empezó con el asesinato de más de cien niñas de un colegio y está costando, también en los países vecinos, miles de muertos. Seguro que los rusos y los tártaros del siglo XV encontrarían también un discurso para justificar sus masacres.

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Manuela Cantón: “En el ‘revival’ católico hay mucho de ‘new age’”

Por: Pablo Batalla Cueto

«Un viaje antropológico por las espiritualidades contemporáneas» promete la portada de La imaginación en llamas (editado por Ariel), de la antropóloga Manuela Cantón, y el libro cumple: proporciona al lector un aventurero y fascinante periplo que salta del Haití del vudú al México de la Santa Muerte, y de las iglesias evangélicas gitanas a los salones mediúmnicos. Charlamos con ella sobre alguno de esos temas y el valor de la antropología como ciencia social.

Manuela, quería empezar a preguntarte, no por los temas concretos del libro, sino por la disciplina desde la que se escribe, por la antropología, esa ciencia, dices, «empeñada en no dejarse irritar por lo que no le cuadra». En un mundo como este, en el que tantísimas cosas no cuadran con los cuadros tradicionales, cobra un renovado valor, ¿no es así?

Sí, la verdad. El relativismo cultural es la aportación más interesante de la antropología al conjunto de las ciencias sociales. Ha sido interpretado como un todo vale. El papa Benedicto decía en su momento que el relativismo es el reino del yo y del solipsismo; la anarquía, en definitiva. Pero no tiene absolutamente nada que ver. El relativismo cultural nos hace entender que toda acción y toda sociedad humana se sitúa en un contexto, y que si no entiendes el contexto, no entiendes la acción. Eso no equivale a justificar. La justificación es relativismo moral, que es otra cosa, y jamás la ha practicado la antropología. El relativismo, no moral, sino cultural, es lo que nos permite acercarnos a comportamientos que puedan no darnos la razón de lo que andamos buscando. Se trata de confrontar puntos de vista, de estudiar cosas que tienen poco que ver con lo normal y lo aceptable para tu propia vida. Y es un ejercicio magnífico para relativizar tus propias posiciones y entender que hay otras que son, no solo dignas de respeto, o de que las quieras para ti, sino maravillosas oportunidades de entender el mundo y al ser humano. La herramienta esencial de la antropología es el trabajo de campo por inmersión: largo, detenido, artesano, de día a día, de convertirte en una especie de nativo marginal que está ahí, que acaba siendo aceptado, que participa de las rutinas y que así puede entender cosas que, sacadas de contexto, son incomprensibles.

Has tenido experiencias de campo. De una en Centroamérica dices que es «lo más hermoso y sombrío» que te ha ocurrido jamás.

Estuve cinco o seis años yendo anualmente, varios meses, a Guatemala, sobre todo a algunos municipios y departamentos de Guatemala, y también a Chiapas. Quería comprobar el impacto de las minorías religiosas evangélicas en comunidades indígenas y no indígenas del mundo maya. Ese fue uno; y el segundo, ya más extenso, porque no tenía que cruzar el Atlántico, fue con iglesias gitanas. Ahí sí que fueron 20 años entrando y saliendo de las iglesias, porque las tenía cerca de casa.

¿Qué te atrajo de esta temática concreta de las espiritualidades no convencionales? ¿Qué te hizo tomártela en serio, cuando tanta gente no lo hace, considerando que solo merecen respeto las grandes religiones organizadas?

Manuela Cantón: «En el ‘revival’ católico hay mucho de ‘new age’»
Portada de La imaginación en llamas. ARIEL

Llevo 20 años escuchando comentarios jocosos incluso de colegas. Cuando trabajas con religiones, siempre estás bajo sospecha; siempre se sospecha que tienes un interés particular en alguna de ellas y que quieres legitimarlas o defenderlas. Yo no las defiendo, no estoy dentro de ninguna. Defiendo la capacidad de fascinarse, de maravillarse, por la imaginación humana. Lo que a mí me hizo fascinarme por mi objeto de estudio fue el azar, un tropezón del destino: un proyecto de investigación que le dieron a mi directora de tesis; un proyecto de un ministerio para trabajar sobre la expansión protestante en Centroamérica. Me preguntó si quería participar. Yo tenía 22 o 23 años. Acababa de terminar la licenciatura de Geografía e Historia, de historia de América. En aquella época no existía la antropología. Pero yo le dije a mi profesora: la religión no me interesa en absoluto, porque me considero atea, si lo digo bruscamente, o agnóstica, si lo digo amablemente; pero si se puede ir a América, yo voy a estudiar lo que sea. El destino jugó sus cartas e hizo que me quedara el resto de mi vida en esa temática. Que es maravillosa, no solo porque te permite asomarte a universos diferentes del tuyo, sino también experimentar con la elasticidad de la propia disciplina. Las ciencias sociales tienen, como ciencias, que enfrentarse con sistemas que son refractarios a lo científico, y eso te coloca en un dilema muy interesante y, desde mi punto de vista, hace crecer a la disciplina.

Hablas del vuduísmo afrohaitiano, una de las religiones más difamadas del mundo, apuntas. Señalas que quiere «hacer algo inteligible el mundo sensible y la traumática experiencia histórica del comercio de esclavos» y que se trata de un lenguaje que habla de la necesidad y la agonía de mantener a salvo dos almas, de evitar que otros se apropien de la identidad de los individuos… De enfrentarse al miedo a desaparecer prematuramente, o a morir y reaparecer como esclavo en una isla olvidada en la que la muerte es omnipresente. Una mirada de clase, al fin y al cabo.

Efectivamente. El vudú afrohaitiano y la figura del zombi, los propios procesos de zombificación, no se entienden sin la memoria esclava, sin el tráfico atlántico de esclavos. Esa metafísica del esclavo es la médula del vudú afrohaitiano. Y el vudú está detrás de la insurrección que hizo de Haití la segunda república independiente de América, después de Estados Unidos, y la primera en abolir la esclavitud. La última fue Brasil. El vudú proporcionaba el tipo de cohesión social que facilitaba eso. Religión de origen africano, pero mezclado con elementos católicos, cristianos, espiritistas, aborígenes… Todo lo cual llega a Estados Unidos. Allí, en Luisiana, en Nueva Orleans, hay mucho vudú debido a la ocupación estadounidense de Haití, que dura muchos años. Al pasar a Estados Unidos, pasa a la literatura y al cine, y eso es lo que nos ha llegado del zombi. Del que no sabríamos nada si no fuese una figura imprescindible del popcontemporáneo.

Se habla en los últimos tiempos de un resurgimiento de la religión y de la trascendencia. A veces parece un resurgimiento católico: he ahí a Rosalía reivindicando la mística. La Iglesia lo celebra en lo que tiene de celebrable, pero le preocupan algunas cosas: la voluntad de un catolicismo a la carta, por ejemplo, que no pase por el cura de tu parroquia y el obispo de tu diócesis; que sea un yo me lo guiso, yo me lo como a través de Internet. Tú abordas en el libro la figura del seeker, el buscador new age.

Hay mucho, digamos, de búsqueda neoeriana, mucho new age en ese revival católico, sí. El tipo de identidad que se acaba generando en esa búsqueda es una identidad en proceso, hecha de mezclas de muchos asuntos diferentes. Sobre esto de Rosalía y otras cosas, leo muchos artículos serios que acaban denostando el hecho de que se recupere la religión sin compromiso, sin asumir la tradición completa, de manera descontextualizada. Hay un componente claramente peyorativo en ese tipo de descripciones, y me encanta que eso lo haga gente que probablemente sea atea. Hay un subtexto de nostalgia de las religiones monoteístas, fuertes, opresivas de algún modo, una especie de nostalgia del látigo: un rechazo a que la gente busque a su modo y a que, cuando se aburra, busque otra cosa diferente. Según esa lógica, es mucho mejor que un sacerdote entre en tu casa a pegarte porque no lo quieres allí cuando te vas a morir, ¿no? Eso ocurría con aquellos espiritistas que eran cristianos, pero no clericales, y no querían curas en su casa…

Nostalgia del látigo. Sí, hay mucho de eso en el mundo actual.

Sí, pero esa recuperación de la religión, yo no creo que sea una recuperación en términos de institución y de regulación del espacio. Eso no está pasando en absoluto, y lo celebro. Es una búsqueda mucho más light, más acompasada a los tiempos en que vivimos, en los que hay una especie de secuestro de la atención por parte de las redes sociales y de alta volatilidad de todo lo que ocurre. Creo que en esto va a haber mucha volatilidad. Por otra parte, hay una vinculación, que me inquieta mucho, con el conservadurismo de ultraderecha, con valores muy retrógrados en términos sexoafectivos, familiares, morales… Eso me inquieta profundamente. Pero en términos personales, como antropóloga, mi tarea es entender lo que pasa. Mis hijos no están bautizados, ni comulgados, y van a colegios laicos. Después, que hagan lo que les dé la gana como mayores de edad: no voy a imponerles algo cuando no lo tengo. Pero la confluencia entre lo católico y la recuperación de una especie de apertura a lo espiritual, la celebro en el sentido de que desestigmatiza las creencias y las prácticas religiosas en un contexto tan anticlerical como el español (¡justificadamente!, por el pasado nacionalcatólico franquista).

El crecimiento del evangelismo es vertiginoso y se puede atribuir en parte a la preferencia de «la agilidad evangélica» sobre la lentitud de la logística católica, de su burocracia, apuntas en el libro.

Eso lo he estudiado de primera mano, y lo he visto con mis propios ojos. Lo he olfateado. He participado en cientos de cultos. Son cultos muy participativos, muy emocionantes, donde el milagro está presente. Todas las religiones eruditas están contra eso: tanto el espiritismo kardecista clásico, como el protestantismo clásico, como el catolicismo hegemónico están contra ese tipo de rapidez y contra esa agilidad también en la lectura de la Biblia. Se lee de otra manera, de un modo muy personalizado, a veces muy literal, sin excesiva interpretación o exégesis, sin mucha hermenéutica. No son religiones eruditas, sino muy emocionales. No sé qué criticar en ellos, salvo una hegemonía que ahora aplasta al contrario. Fueron aplastadas ellas, eran señaladas cuando yo empezaba mi trabajo de campo, a finales de los ochenta y durante los noventa. Pero ahora son ellas las que están fastidiando y persiguiendo al contrario. Y el contrario es todo lo que se mueve fuera de ellas, desde las religiones de origen africano hasta las religiones autóctonas aborígenes, indígenas, o las iglesias católicas, populares y no populares: todo lo que no sea evangelismo pentecostal. Hablamos de pentecostalismo, no de protestantismo en sentido amplio, sino de la rama más ágil, más rápida, más veloz del protestantismo, que son el pentecostalismo y el neopentecostalismo, lo que se conoce como iglesias evangélicas en general. Son muy proselitistas, y en consecuencia, a veces, muy agresivas.

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Nostalgia de la dictadura

Por: José Ovejero

8 de marzo

En el hotel en León. Un par de horas libres por delante hasta que tenga que irme a una charla en San Feliz de Torío, que aprovecho para leer Exilio, de Clara Obligado, con ilustraciones de Agustín Comotto. Me gusta enseguida el tono; Clara suele aunar las reflexiones profundas con un sentido del humor a veces afectuoso, a veces corrosivo. En este libro breve, C. O. va encadenando situaciones que parten del día que huye de Buenos Aires a Madrid para escapar de la dictadura que había comenzado a arrasar su país hacía poco. Enseguida queda claro que en este libro, que tiene la apariencia de lo autobiográfico, la narradora contradice un relato con otro: la misma situación se desarrolla de forma diferente en distintos relatos, y además de contarnos lo que le sucedió a ella y a su familia, también imagina lo que le podría haber sucedido.

Pero no se trata de un juego posmoderno similar al de la película Corre, Lola, corre. En ella la protagonista vivía tres aventuras diferentes dependiendo de un pequeño cambio en sus actos. Cada cambio podía llevar a un final trágico: game over. Lo bueno era que entonces podía empezar otra partida.

Una versión radical de cómo una decisión ligeramente distinta puede trastocar tu vida y llevarla a algo completamente inesperado es la novela Una vieja historia, de Jonathan Littell, uno de los ejercicios literarios más impresionantes que he leído en los últimos años: todas las narraciones empezaban igual, un hombre en una piscina, sale de ella, se adentra por un pasillo y entonces abre una puerta o no la abre, se asoma o no a otra, y se sumerge en una vida completamente distinta en cada caso. Este breve resumen no hace justicia a la novela –que va creando una atmósfera angustiosa a base de repeticiones y minúsculas alteraciones de detalles–, pero lo dejo aquí porque quería quedarme en Exilio.

Lo que me ha interesado de la obra de C. O. es, sobre todo, cómo su aparente juego de contar la misma situación con resultados diferentes, en los que por ejemplo la narradora, después de llegar a Madrid, se va a Londres con un hombre al que acaba de conocer, o a trabajar en la radio en un país africano, o no vuela a Europa sino que se queda viajando por varios países de América en una vida nómada y nunca segura. Eso, que parece un juego, un guiño, una travesura con la autoficción, creo que narra algo mucho más significativo: no es posible contar las consecuencias personales de una dictadura brutal, sobre quien se fue y sobre quien se quedó, usando solo la propia biografía. De hecho, convertirte en protagonista exclusiva por muy víctima de la barbarie que seas corre siempre el riesgo de caer en el exhibicionismo. La dictadura argentina arrasó la vida de miles de personas, y lo que a ti te sucedió es una parte minúscula del dolor causado; no solo eso, tus propias experiencias tienen algo casual; fueron esas, pero podrían haber sido otras, quizá por tan solo haber retrasado el viaje un día podrían haberte detenido, torturado, desaparecido; o elegiste quedarte en Uruguay en lugar de volar a España y te deportaron de vuelta a Argentina, y entonces también podrían haberte detenido, etc. O sí llegaste a España y una decisión encaminó tu vida de exiliada por un camino del que te arrepentirías siempre o a lo mejor encontraste una vocación –por ejemplo, escribir– que te sostuvo en ese lugar que nunca dejó de ser del todo ajeno para ti. También creo que nos dice que el daño en una dictadura es siempre compartido; no es que a todos les suceda lo mismo, que todos sean víctimas en igual medida, pero sí que el trauma atraviesa la sociedad entera: el trauma de la violencia, el de su amenaza, el del miedo, el del exilio, el de no volver a pertenecer nunca a un lugar.

No puedo saber si la autora estaba pensando en cosas como esta cuando escribía. Casualmente, me voy a encontrar con ella en el Festival Aldecoa de cuento, en Vitoria, en menos de una semana, así que se lo preguntaré y saldré de dudas.


10 de marzo

Cuántas veces hemos oído y leído ese cliché que dice que quien desconoce la Historia se ve abocado a repetirla. Lo trágico es que si la Historia se repite, con variaciones inevitables, no es por desconocimiento, sino porque mucha gente quiere que se repita. Cuando una mayoría vota a Milei no es porque no sepa lo que sucedió durante la dictadura de Videla; claro que lo sabe, pero le preocupan muy poco sus crímenes, siempre que traiga la paz, el progreso, la seguridad –o lo que quiera que sea que deseen– para una mayoría, o al menos para el grupo de población al que pertenecen.

Y cuando Von der Leyen afirma que los países no deben estar atados por las reglas –y aunque luego se desdiga está hablando del derecho internacional– no es porque no sepa que está apoyando a quien destruye las normas básicas de la civilización, pero le parece que merece la pena el sacrificio para obtener sus objetivos –de nuevo, los que quiera que sean–.

Se está generalizando la nostalgia de dictaduras de derechas; digo de derechas porque la izquierda parece ser más melancólica que nostálgica. Se lamenta de los derroteros por los que va el mundo, pero se ha quedado sin utopías que añorar. Que no digo que el pensamiento utópico sea necesario, pero estaría bien reconquistar la fe en poder detener la barbarie. Y aquí no sé si hablo de la sociedad, de la izquierda o de mí mismo.

Me fascina y me repele a la vez que los nostálgicos de las dictaduras de derechas sigan clamando por un líder con puño de hierro, cuando, a la larga, el puñetazo se lo lleva el propio país. Sus promesas de mano dura y orden y prosperidad en todas partes dejaron tras de sí un rastro de cenizas y escombros.

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Bibiana Collado: “Los mayores son los no escuchados. La gente mayor nunca está en el centro”

Por: Noelia Isidoro

A Bibiana Collado Cabrera se le ríen los ojos cuando habla de Marcelino, su nueva novela (editada por Pepitas de calabaza y Los aciertos). Dejan ver el cansancio –son más allá de las siete de la tarde, acaba de terminar otra entrevista y por la mañana ha dado clase en un instituto público valenciano–, pero también la alegría de quien ha parido palabras nuevas y quiere compartirlas. «Estoy nerviosa todavía, porque el libro está empezando y quiero ver qué pasa, pero estoy contenta», comenta sonriendo. De eso, también de eso, de palabras nuevas y de compartir, trata este libro. Pero Marcelino es, sobre todo, una historia del duelo protagonizada por un hombre mayor. Un hombre mayor de campo que busca palabras para entender y que habla de sexo. Se ha saltado un montón de barreras la escritora aquí, yéndose más allá del pueblo, a contar desde la mirada de un hombre –el mismo que da título al libro– cómo eran su deseo, su alegría y su pena negra.

Por una parte, puede ser inesperado después de Yeguas exhaustas, el título que publicó hace tres años y que sigue siendo un éxito gracias al boca oreja. Por otro, quien haya leído también sus poesías entiende que Bibiana Collado está siguiendo su camino. En su segundo poemario, El recelo del agua, el poema «Surcos» se cerraba así: «…cansada de producirme en símbolos ajenos / decido que la niñez es intransferible / y que tengo muchas cosas que explicarte», iluminando tal vez el recorrido natural de su literatura. «Es que pasan dos cosas. Por una parte, que, quien a lo mejor solo ha leído Yeguas exhaustas, quizá esperaba un libro similar o con una protagonista más parecida a una mujer de mediana edad, con sus problemas, sus preocupaciones. Y entonces se sorprenderá y dirá: “¿Pero esto qué es? Esto no tiene nada que ver, esto es otro espacio, esto es otra voz”. Pero, por otro lado, si miras un poquito desde arriba todos los libros, dices: “Pues es que forma parte del universo bibianesco”. Porque en todas partes está esa importancia por el campo, por los orígenes, por cómo conforma nuestra identidad, por relatar todas esas historias y darles protagonismo. Entiendo que habrá gente a la que le sorprenderá, pero para mí está conectado. En realidad, todos los poemarios y todos los libros están entrelazados, forman una galaxia. Para mí tiene todo el sentido este libro, en mi cabeza a Bibiana le pega hablar de un señor contando historias del campo».

Ese señor es Marcelino. La voz que narra y nos lleva de la mano a su vida desde su juventud. Un personaje que «sale de poner un poco la mirada atenta y los oídos atentos y recoger esas historias», explica la autora. «Me apetecía un montón darle voz a un hombre, para empezar. Para mí era un reto, tenía un gesto juguetón y casi provocador después de que ya hubiera hablado Beatriz [la protagonista de su novela anterior]. Quería además que fuera un hombre mayor, porque los mayores son los no escuchados. La gente mayor nunca está en el centro, nunca protagoniza series ni películas ni libros, no tiene un papel central en el arte. Me parecía importante que el protagonista fuera un hombre mayor de campo, que recogiera toda esa historia, todos esos orígenes. Ese campo es el lugar del que todos venimos. Y de alguna manera está presente este anclaje que yo tengo tan fuerte con la tradición oral. Mi familia, como tantas otras, libros no tenía, pero historias contaba muchísimas. Para mí, el lugar donde nacieron mis padres es Macondo. Es una especie de espacio mítico donde pasaban mil cosas, además con esta cosa juguetona que tiene la narración oral, en la que se mezclan realidad y ficción, pero da igual».

Da igual porque Marcelino, desde el capítulo que abre la novela nos presenta un nacimiento y con él nos abre un mundo, el de la España rural durante la posguerra, un territorio tan concreto como el chocolate que se comparte después de que nazca su sobrino y tan universal como la alegría de conocer vidas nuevas, de atravesar duelos por las que no serán, de enamorarse, de desear a lo bestia. «No quería que fuera un ejercicio de archivo documentalista o histórico, quería crear con esa voz, partir de ese oído del personaje y contar cosas que me interesaban». Entre ellas predomina el deseo sexual, algo prácticamente tabú en la vejez y que sin embargo vertebra todo el libro. Un deseo que va siempre de la mano de la ternura. «Ha sido un reto escribir esa voz masculina. Yo ya había creado otros personajes masculinos, como ese Pedro terrorífico de las Yeguas, y ahora quería adentrarme en la voz de un hombre que entrara en su vulnerabilidad, en su ternura, en su inseguridad, en su duelo y que a partir de ahí pudiéramos conectar con él, pensarnos con él y darle una entrada efectivamente a ese amor que pretende ser luminoso, al menos narrado desde la bondad».

Quien recibe todo ese amor inmenso de Marcelino es Encarna, una mujer arrojada, con carácter, que escucha sus preguntas y disfruta de placeres compartidos. Y lo hace con el cuerpo, porque esta novela es tremendamente corporal, tal y como señala Bibiana Collado: «Ligado con esta cosa tan corporal, tan física, tan telúrica, tan fuerte, y que no significa que esté exenta de conflictos, siempre hay un gesto de ternura en esos personajes. Incluso cuando están enfadados y no se pueden ni ver y no se entienden, ese no entenderse es desde la ternura». De hecho, hay un momento precioso en la novela cuando el protagonista se da cuenta de que cuida a su pareja incluso cuando fantasea: Hasta en las fantasías más arrogantes, yo no quería hacerle daño a mi Encarna. «Es como que por una parte está esa cosa tan de carne, tan de entraña, y por la otra ese cariño, esa intuición de que para sentir placer tiene que haber placer también en la otra persona», comenta la escritora.

Otro de los capítulos más emotivos llega cuando el tiempo ya ha pasado pero el deseo sigue latiendo y la pareja vuelve a disfrutar de su intimidad, reconociendo sus cuerpos ajados. “Sigo siendo yo”, dice ella. “Apenas nos movíamos. […] Sin embargo, qué momento tan hermoso. Tan nuestro, todavía”, nos cuenta él. «En mi casa se han cuidado abuelos y abuelas, madres, suegras, la tía que no tuvo hijos… Por eso lo que sí tenía en la cabeza es ese proceso último, más en este personaje, que había hablado tanto del cuerpo y de la sensualidad. Pensaba en qué quedaba de eso cuando tu pareja es un cuerpo al que tienen que lavar y al que embadurnan con crema, al que tratan prácticamente como si fuera un bebé. Por eso esa insistencia de Marcelino, “yo quería que Encarna siguiera siendo una mujer hasta el final. Yo quería ser un hombre hasta el final”. Por eso quería que la identidad erótica continuara», defiende.

Y así, mientras leemos el deseo de Marcelino escuchamos también las dudas de un hombre que quiere hablar, pero no puede. «Ahí hay varias cosas funcionando. Ese cerrazón del lenguaje, esa falta de construir un lenguaje del amor y de la bondad, y un lenguaje de la ternura, de la dulzura, esa falta de palabras literal que hemos tenido como sociedad y que han tenido en particular los hombres para denominar ciertas cosas. Por otra parte, hay algo también particular en ese Marcelino. Algo casi físico en ese poder decir. Empecé pensándolo como una metáfora y se me fue convirtiendo en algo material. A medida que avanzaba en la escritura me di cuenta de que estaba trabajando literalmente con un problema del lenguaje», explica Bibiana Collado.

No es que el protagonista sea un hombre sin mácula, pero sí que es alguien que quiere entender y acompañar el dolor (tanto el propio como el ajeno). En una época en la que había quien pretendía devolver a su mujer cuando no engendraba descendencia, Marcelino trata de encontrar también palabras para decir, para pensarse mientras llora despacito después de que su pareja tenga un aborto. «Es que para mí sobre todo ha sido una novela del duelo, de acompañar procesos y de replantearse y de pensar mucho en esa entrada masculina. En cómo se vive la maternidad desde otro lado. Porque las mujeres intentamos leer sobre el tema, pensamos mucho para construir nuestro lugar en ese proceso. Y ¿cómo es el lugar de él, qué es lo que se le está pasando por la cabeza, por el corazón? ¿Y qué derecho siente un hombre a tener un duelo o no ante un aborto no elegido?», cuenta la escritora. “¿Será que solo puedo construir cosas que / no llegan al afuera, como esa habla mía / a la que tanto le cuesta salir?”, se pregunta Marcelino en uno de los capítulos.

Y, sin embargo, siempre hay una grieta por la que entra la luz. Porque el pueblo puede ser un infierno grande, pero puede ser también red y tribu. Marcelinos cuidando. Mujeres amándose, primero desde el silencio y luego ya reconocidas como iguales, como les pasa en el libro a dos de sus personajes, Ángeles y Dolores. «Siempre hay fisura, hay lugares al final para ser, para desarrollar la propia identidad e incluso para celebrar», explica Bibiana Collado, que cuenta que una de ellas, Ángeles, es «la contracara de Marcelino, es su prima, pero también su amiga. El libro comienza con ella verbalizando que nunca podrá ser madre, pero su personaje me servía para ver como los espacios se abren camino, que hay brechas por las que se puede encontrar la vida. Creo que eso es muy hermoso, contar las complicaciones desde la alegría. Pero es que tenemos ya relatos planteando a esos personajes como víctimas y muy pocos celebrándolos. Ángeles y Dolores ha habido en todos los pueblos de España, muchas han contado con un reconocimiento tácito y han tenido su casita y su familia y su círculo, han podido celebrar también. Yo quería ofrecerles un espacio de alegría y de reconocimiento».

Marcelino
Portada de Marcelino. PEPITAS DE CALABAZA & LOS ACIERTOS

Y ese pueblo está contado aquí con la mirada a la altura de los ojos de los personajes, ni desde arriba ni desde la idealización. Quizá por eso Marcelino es una novela que huele, hay sudor, hay sangre, hay baile. Como en una matanza que se narra y aparece en uno de los capítulos como metáfora de la vida. «Es algo tremendo, pero es la fiesta por antonomasia, hay sangre, alimento, vida. Es una imagen simbólica maravillosa de toda una manera de entender el mundo, de toda una identidad y de que a pesar de lo duras que puedan ser las circunstancias hay espacio para la fiesta». Iba a ser la imagen de la portada, pero al final en ella aparece una flor silvestre rompiendo entre la tierra dura y seca. «La ternura en medio de toda esa dificultad». Otra vez los olores, lo sensorial impregnando el relato. «Para mí eran importantes los olores, la textura, ese efecto de lo desagradable que en realidad es celebratorio, lo de acostarse y revolcarse una y otra vez sin haber cambiado las sábanas». Otra vez la poesía, porque a Marcelino le faltan las palabras y su cuerpo se rebela y le duele la cabeza cuando no las encuentra, pero cuando da con ellas habla con un lenguaje poético. «Es que un libro es el lenguaje. Marcelino casi no habla y yo de repente le tengo que hacer decir todas esas palabras y jugar con imágenes que tienen que ver con el vocabulario rural, pero que van más allá y que transgreden algunas normas, porque la gente mayor también dice follar, pero siempre está la poesía, porque los géneros están interconectados. Y luego esa parte lúdica, de jugar con la disposición de las palabras».

Ese juego forma parte de la estructura de la novela, fragmentada en capítulos que son una cuenta atrás para acompañar el paso del tiempo del relato. Los primeros son más largos y conforme la lectura avanza se van haciendo más breves. «Se van abriendo espacios porque el lenguaje se va perdiendo, se va agujereando según avanza la enfermedad». Otra vez las palabras acompañando el proceso, señala Bibiana Collado: «El lenguaje se va deshaciendo a medida que se nos va deshaciendo Marcelino». Y en ese agujero la memoria se hace luz.

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[Libro] No existe dique capaz de contener al océano furioso. Potencia, alegría y anarquismo

Por: pegasus

El libro es una crítica al heroísmo, una defensa de la alegría y la potencia inmanente, una historia personal que atraviesa distintas ciudades, épocas e ideas radicales. Defiende una forma de vida colectiva. Este ensayo cuenta la historia de cómo conocí el anarquismo en mi adolescencia, mezclado con el punk y el skate. Revisa el machismo y el racismo que desde el comienzo han obstaculizado al movimiento anarquista en los debates, relatos y experiencias que sus pensadores clásicos tuvieron para luego tejer cómo todos esos fantasmas viajaron a América y le dan forma al activismo de nuestros días.

Este no es un libro académico, es un ensayo personal sobre la extrema izquierda con un estilo ameno, ágil, que habla de formas de vida. Es una autobiografía desde y hacia lo político que pasa por muchas otras cosas que pueden atraer a varios tipos de lectores. Es un ensayo sobre la adolescencia, la necesidad de pertenencia, el proletariado, los pueblos, las subculturas urbanas. Por eso está escrito en un tono poético y personal.

Escrito por Alf Bojórquez

Disponible en más formatos en: https://archive.org/details/no-existe-dique-digital/mode/2up

Y en formato papel en: https://viruseditorial.net/libreria/no-existe-dique-capaz-de-contener-al-oceano-furioso/ y https://traficantes.net/libros/no-existe-dique-capaz-de-contener-al-oc%C3%A9ano-furioso

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El eje del bien haciendo el mal

Por: José Ovejero

25 de febrero

Hace mucho que, en lugar de leer, estudio. Tengo ganas de volver al tiempo en que leía por placer y no para preparar un prólogo, una conferencia, un artículo.

En las últimas semanas, he leído o releído varias novelas de Dostoyevski para escribir un prólogo a la reedición de una de ellas. No es que no me produzca placer esa lectura, pero es un placer distinto. Por usar una imagen gráfica: no es lo mismo tumbarse en un prado con un perro al lado que salir de caza con él.

La diferencia es que no me gusta cazar pero sí estudiar.


1 de marzo

Hablaba con Edurne de todos esos libros que hemos leído y se han borrado de nuestra memoria. Aunque no pueda recordar ya nada de ellos ni reproducir una idea o una emoción de las que nacieron leyéndolos, creo que han influido en cómo pienso o, más en general, en quién soy. Probablemente somos tanto el resultado de lo que recordamos como de aquello que olvidamos pero actuó en nosotros en algún momento.

Más interesante aún: también puede influirme lo que no he leído. En el prólogo de Crimen y castigo he escrito precisamente que no hace falta conocer las obras de Freud, Einstein o Planck para que nuestra visión del mundo se haya visto influida por sus ideas y descubrimientos (por cierto, últimamente no hay película de ciencia ficción sin su pizquita de física cuántica); y lo mismo se puede decir cuando se trata no solo de científicos o pensadores que han transformado el conocimiento de la realidad; también escritores como Proust o Joyce o Kafka nos han cambiado, aunque hayan llegado a nosotros indirectamente, por medio de otros escritores que se dejaron influir por ellos, y porque sus ideas y su manera de contar la realidad se han ido convirtiendo no en lugares comunes, pero sí en parte del inconsciente colectivo. También Sor Juana, Beauvoir, Pardo Bazán, Sontag y tantas otras llegan a quienes jamás abrieron un libro suyo. ¿Y qué habría sido de mí –quién sería yo– sin mis años alemanes alimentados por Christa Wolf, Arno Schmidt, H. M. Enzensberger?


2 de marzo

Antes me resultaba difícil entender el ascenso de los totalitarismos, esto es, que tanta gente pudiera apoyar su brutalidad y su desprecio hacia la vida humana. Ahora que estoy siendo testigo de su nuevo auge, puedo ver día a día cómo encuentran cómplices por todas partes y por motivos muy diferentes: intereses económicos, conveniencia electoral, servilismo, cualquier otro tipo de utilitarismo cínico. Y veo cómo se justifica lo monstruoso con excusas tan absurdas que está claro que ni quien las pronuncia se las cree.

Justo ahora nos ponemos a ver La semilla de la higuera sagrada, película terrible que muestra a través de la vida de una familia la brutalidad del régimen iraní, en general pero muy en especial contra las mujeres. Brutalidad que los padres han interiorizado y asumido como necesaria, aunque sus certidumbres morales comienzan a agrietarse gracias a la mirada y la conciencia de las hijas. La historia de la represión de las jóvenes que aspiraban a un mínimo de libertad es absolutamente desoladora.

Pobres iraníes, que pasaron de un sátrapa a una dictadura religiosa y ahora además van a morir bajo las bombas de sus supuestos liberadores. Afirmar, como ha hecho el miserable Feijòo, que apoyar el ataque de Estados Unidos e Israel es estar del lado de la libertad, es repulsivo. Ni Trump ni Netanyahu están del lado de la libertad; tampoco el régimen de los ayatolas lo está. Y lanzar una guerra que se está extendiendo por los países vecinos no tiene ningún objetivo humanitario. Pero supongo que esto lo saben todos, así que ni merece la pena que intente argumentarlo.


Me acuerdo ahora de mi abuelo que, sentado en un sillón del que apenas se levantaba, no se perdía ni una vez las noticias y se las pasaba insultando a presentadores, políticos y, en general, a casi cualquiera que asomara a la pantalla. No he llegado tan lejos como él, pero voy por ese camino.


3 de marzo

Miren Elorduy, la librera de Mujeres & Compañía me envía Rey de gatos, un libro de cuentos de Concha Alós que andaba buscando pero estaba agotado. Me prometió intentar conseguírmelo y ha cumplido –estaba seguro de ello–. Acabo de terminar una recopilación de relatos de Luisa Carnés publicada por Hoja de Lata, que me gustó mucho, y paso ahora a este de Alós por recomendación de Clara Obligado. Si el cuento es un género que ha sido muy descuidado por la crítica en España –y por los lectores, y por los mismos escritores–, el escrito por mujeres ha sido doblemente ninguneado hasta hace poco.

Me llegó ayer, por cierto, Exilio, el último libro de Clara Obligado, ilustrado por Comotto, que se publica cuando se cumplen cincuenta años del golpe en Argentina. También aquél contó con las complicidades de países supuestamente democráticos. El eje del bien nunca deja de hacer el mal.

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Andrés Villena: “Si no te despiden de un medio o no te censuran, yo creo que algo no estás haciendo bien”

Por: Manuel Ligero

«Es imposible separar el presente democrático del pasado autoritario». Esta es la premisa del análisis que Andrés Villena Oliver, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense y doctor en Sociología, hace en su libro Las élites que dominan España: una historia alternativa desde 1939. Al frente del poder económico y, en paralelo, en la administración pública se repiten algunos apellidos desde los albores del franquismo hasta hoy. Era algo más o menos intuido, más o menos conocido, pero verlos desfilar, negro sobre blanco, a lo largo de las páginas de Villena aún provoca urticaria en determinados sectores de la sociedad española.

En principio, este libro iba a ser publicado por Ariel, un sello del Grupo Planeta. Incluso ya tenía portada, pero en el último momento, poco antes de que la imprenta se pusiera a girar, alguien decidió eliminarlo del calendario de publicaciones y del catálogo de Planeta. La razón oficial: no encajaba con la línea actual de la editorial. Por suerte, Libros del K.O. salió al rescate y evitó que la investigación de Villena se quedara en un cajón.

Veamos con un ejemplo práctico, tomando casi al azar un solo nombre de los muchos que aparecen en su estudio, qué es lo que ha podido molestar. «Antonio Garrigues Díaz-Cañabate se casó con la hija del presidente de la ITT, que es la empresa que está en el capital original de Telefónica», explica el autor en la presentación del libro en Madrid, en la librería Grant. Ese primer Garrigues fue embajador en Estados Unidos, procurador en Cortes, ministro de Justicia, presidente de la Citroën en España, de la Cadena SER y de otras muchas empresas, además de fundar uno de los despachos de abogados más importantes del país. Su hijo Joaquín Garrigues Walker, también abogado, fue ministro con la UCD y presidente de la Liga Financiera (una empresa constructora de autopistas). Otro hijo, Antonio, además de estar al frente de decenas de fundaciones, creó el Partido Demócrata Liberal, que estuvo en la génesis, junto a Florentino Pérez, de la Operación Roca, una apuesta centrista con Miquel Roca (CiU) a la cabeza que acabó en fracaso. El bufete familiar, a lo largo de los años, ha estado en permanente contacto con el poder político, también en la actualidad, con el gobierno de Pedro Sánchez. Pero, en realidad, no se trata sólo de familias, es algo más complicado.

«Aunque la gente muera, el apellido persiste –señala Villena– porque el apellido no deja de ser una institución. Que Ana Botín sea la nieta del fundador del Santander y que cuatro Botín se hayan sucedido al frente del banco no es solo endogamia familiar, es que las instituciones pesan más que las personas». Y las instituciones caen o se reforman o se crean otras nuevas, pero el modelo permanece.

En su libro, el economista se centra en esas sagas y en determinadas esferas de poder en las que el mundo empresarial se mezcla con el alto funcionariado del Estado hasta el punto de que, tras décadas y décadas de cohabitación, llegan a confundirse. No se trata sólo de las conocidas «puertas giratorias» –que también–, sino de un fenómeno más sutil y constante.

Andrés Villena: «Si no te despiden de un medio o no te censuran, yo creo que algo no estás haciendo bien»
Portada de Las élites que dominan España. LIBROS DEL K.O.

«Cuando los políticos llegan al gobierno, en especial los más reformistas, intentan cambiar esas dinámicas, intentan crear cuerpos administrativos nuevos, pero no consiguen modificar el statu quo impuesto por las viejas élites. El político que más cuerpos nuevos creó, entre ellos el de economistas del Estado, fue Laureano López Rodó, pero no pudo cambiar los modos de aquellas tribus de altos funcionarios, que tienen un punto de vista que tiende a ser conservador, no en el sentido ideológico sino práctico», ilustra Villena. Esto, a su juicio, no es un inconveniente excesivamente grave. ¿Por qué? Porque, en momentos de zozobra política, este funcionariado es garante de estabilidad y permite que el Estado eluda el caos y siga funcionando.

Estos altos funcionarios se agrupan en clanes, en gremios, en partidos aparentemente enfrentados, sea PP o PSOE, pero se sientan a la misma mesa desde hace 80 años. «Cuando el PP está en el poder, en la órbita del gobierno abundan los abogados del Estado. Cuando lo hace el PSOE, hay más diplomáticos, jueces y fiscales», explica el autor, que ve lógico que los políticos se rodeen de este tipo de perfiles. Después de todo, son los que más saben. Villena cuenta una anécdota para esclarecer este punto: «Había un diputado de Podemos, en sus años buenos, 2015 y 2016, que se lamentaba a micro cerrado: “No podemos con ellos, no podemos con ellos… Tendríamos que estudiar 12 horas al día para enfrentarnos a ellos. Cuando hacemos una propuesta, siempre sale un tío, probablemente asesorado por abogados del Estado, que nos dice que eso no se puede hacer porque contradice una ley o un precepto o se sale del presupuesto”. Esto, en el fondo, es bueno. Hay reglas, hay leyes, hay una Constitución, y esa es la mejor vacuna contra la tiranía».

Pero en esta eficiencia tecnocrática hay un peligro para las democracias (o para los «sistemas parlamentarios burgueses», como Villena prefiere llamarlas): «Hay determinadas personas jóvenes, no socializadas en el periodo de la Transición, que pueden acabar diciendo: yo la legitimidad se la otorgo a un gobierno de expertos y científicos que, ante las múltiples amenazas climáticas, tecnológicas y militares, sea capaz de tomar las decisiones adecuadas. Este es el mismo discurso del jefe de BlackRock, el fondo de inversión que posee el 5% de todas las empresas del mundo que cotizan en bolsa, y que dijo que lo que necesitamos es un líder… no dijo con dos cojones, pero ese era el sentido».

Esta inclinación es, por cierto, muy española. No en vano aquí acuñamos el concepto de «cirujano de hierro», un gran cerebro reformista capaz de cambiar el rumbo del país en momentos difíciles. Ocurrió en 1959 (cuando el Opus Dei le gana el pulso a Falange y España se abre a la inversión extranjera), en 1977 (con los Pactos de la Moncloa), en 1982 (con la victoria del PSOE), en 1996 (con la del PP), en 2010 (con la crisis económica)… En todas estas ocasiones, las élites (empresariales, políticas, administrativas) fueron capaces de sacar adelante sus planes doblegando cualquier oposición, frecuentemente materializada en forma de lucha sindical. Adoptó los nombres de «Plan de Estabilización» o de «reconversión industrial» o de «políticas de austeridad», pero los protagonistas y las maneras siempre fueron las mismas. Villena se propuso estudiar «cómo se organizan estas minorías para acceder al poder y permanecer en él».

El estudio de las élites es un tema que «no interesa a las revistas académicas, porque les parece que es un método de extracción de datos muy subjetivo, porque es muy difícil acceder a las fuentes primarias», explica el autor. «Este tipo de estudios concita rechazo, porque parece que quien se ocupa de ellos está intentando destapar algo, pero se trata simplemente de objetivar un conjunto de posiciones que son ventajosas, y que como son ventajosas tienden a mantenerse en el tiempo», dice Villena para defender el carácter factual, incluso aséptico, de su libro. «Parece que estoy haciendo propaganda contra mí mismo, pero yo en mi estudio no hago ningún descubrimiento. Lo que hago es una recopilación de hechos ya publicados, fragmentarios y muchas veces ignorados que, unidos y con contexto, cobran sentido como una nueva teoría para analizar lo que ha pasado desde 1939 hasta ahora».

«Cuando tú ves que uno de los mandatarios de Planeta es el número 2 de la Fundación Quirón Salud, te das cuenta de que ahí hay una articulación de las élites que va más allá del resultado económico», dice Villena para denunciar una «censura latente» que está presente en todos los grandes grupos de comunicación. «Si yo hablo mal de Quirón en un libro que va a ser publicado por una editorial que tiene fuertes relaciones con el grupo Quirón, pues ese libro no sale».

Aquel rechazo le provocó una «gran ansiedad», pero también «un cierto orgullo», confiesa. «Si no te despiden de un medio de comunicación o no te censuran, yo creo que hay algo que no estás haciendo bien. Eso es que te estás convirtiendo en sumiso».

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Proteger la Naturaleza y Vivir de Ella es Posible: Libro “Campos de Vida”

Por: Pepe Galindo

El libro “Campos de Vida demuestra que es posible la conservación de la biodiversidad y la explotación responsable de la Naturaleza. Las quince experiencias que se explican son variadas y recorren toda la geografía española.

Entre la gente entrevistada aparece Cándido Insúa impulsor de la Reserva Marina de Os Miñarzos (La Coruña), sobre la que ya recomendamos un corto documental en otra entrada de blogSOStenible. Cándido, pescador con más de cuarenta años de experiencia, reconoce que lo que quiere no es pescar más, sino menos, para garantizar el futuro a su hijo y para que en vez de estar pescando diez horas, sean cuatro con un salario digno.

También aparecen los campos de arroz ecológico en el delta del Ebro de Tarragona (www.rietvell.com y su eco-tienda online), la conservación de aves esteparias en Zamora, la Reserva Marina Isla de Tabarca (Alicante) y su protección de la Posidonia oceánica, la elaboración de quesos tradicionales conservando el quebrantahuesos en los Picos de Europa (www.pastoresdebiodiversidad.es), el respeto a aves nidificantes de los regantes en Navarra (www.lagunadeviana.es), la conservación de cultivos autóctonos sin fitosanitarios en Álava (www.circuitocorto.es) y La Rioja (www.elcolletero.org), las ventajas de la trashumancia en Cuenca, el olivar ecológico en Toledo y Ciudad Real, la ganadería ecológica en Menorca, la convivencia entre flora autóctona y viñedo ecológico en Lanzarote (www.losbermejos.com), el corcho FSC de Andalucía, la recuperación de canasteras y arbustos autóctonos en Murcia (www.asociacionanse.org), y la promoción de agricultura y ganadería ecológicas a lo largo del río Tajo (www.ecosdeltajo.org).Libro sobre sostenibilidad del autor de esta entrada: Problemas y soluciones factibles

Otros libros interesantes:

NOTA: Publicamos esta entrada un 22 de Abril, Día Mundial de Pachamama, Día de la Tierra… y víspera del Día del Libro… mira aquí otros días para reflexionar… y actuar.

✇Conciertos en Albacete

Presentación del libro “Tan flamencas” de Valeria Vegas

Por: Discos Ruidosos

 

Presentación de “Tan flamencas” de Valeria Vegas

Miércoles 25 de febrero, 19:00 h

Librería Popular

 


Valeria Vegas presenta Tan flamencas. Acompañada por José Alcolea.

Colabora: Asociación Sincronizadas Albacete.

Valeria Vegas reivindica en esta obra el legado de las grandes mujeres del folclore español, rescatándolas del injusto olvido y del estigma político que las rodeó durante décadas. Con una mirada irónica, emotiva y astuta, la autora explora las vidas vertiginosas de estas artistas que, pese a las limitaciones de su época, se convirtieron en pioneras internacionales y dueñas de su propio destino. El libro funciona como un acto de justicia histórica que nos recuerda que estas figuras volcánicas no solo son anécdota y bata de cola, sino piezas fundamentales y vanguardistas de nuestra identidad cultural más universal.


 

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Un libro de segunda mano a la venta

Contacto: discosruidosos@gmail.com

Título: “El peso de las sombras”

Autora: Ángeles Caso

Precio: 3

 
✇lamarea.com

Escritores insufribles

Por: José Ovejero

7 de febrero

Rebuscando en archivos antiguos, me encuentro con que anoté esta frase de Raymond Chandler, que había olvidado: «Supongo que los escritores que tienen éxito son los que pueden escribir mejor que sus lectores sin pensar mejor que ellos». No estoy seguro de que la primera parte siempre sea verdad.


Leo que conocidos políticos de la derecha y del centro portugués apoyan al candidato de izquierda –moderada– a la presidencia contra su rival de extrema derecha. Una situación impensable en España, donde la derecha está dispuesta no ya a pactar con la extrema derecha, también a asumir sus posiciones y sus tácticas. En realidad, aquí sucede lo contrario: viejas glorias del socialismo preferirían un Gobierno PP-Vox a uno del PSOE si este lo encabeza Pedro Sánchez.

Para cuando esto se publique, ya se sabrá el resultado de las elecciones en Portugal. Crucemos los dedos.


Que la edad es biológica pero también cultural, lo sabemos. Pero me llama la atención que en apenas un cuarto de hora de diferencia encuentro dos ejemplos: en El último día de un condenado a muerte, el narrador dice que no lamenta que su madre se quede en la misera al morir él y tener que pagar indemnizaciones, porque al fin y al cabo ella es muy vieja y morirá cualquier día: tiene sesenta y cuatro años.

Abro unos minutos más tarde La sumisa, de Dostoievsky, y me encuentro con que un excapitán del Estado Mayor, que ha pasado a regentar una casa de empeños, hace una alusión de contenido erótico a una joven que va allí a empeñar prendas misérrimas y aparenta catorce años… aunque ya tiene casi dieciséis.

Hoy no escribiríamos ninguna de las dos escenas con esa indiferencia.


Más adelante, el excapitán, que ya ha propuesto matrimonio a la joven, exclama: «…yo tenía cuarenta y un años y ella solo dieciséis. Esto me cautivaba. Esta sensación de desigualdad me resultaba muy dulce, dulcísima».


11 de febrero

Al final, el candidato de centro izquierda ha ganado en Portugal. Al menos una buena noticia.

En Aragón, sin embargo, crecimiento de la extrema derecha. Y la derecha utiliza a un difundidor de bulos para que la acompañe en su cierre de campaña para intentar competir por el voto más extremista. Sin éxito, como de costumbre.


La caída del PSOE y de la izquierda en general no deja de sorprenderme. A pesar de los datos económicos de paro, de crecimiento, de la cantidad de gente que ha salido beneficiada de sus políticas sociales, independientemente de lo imperfectas que sean, parece que nada de eso basta para enfrentar a la campaña de desgaste centrada en bulos, ataques que no se tienen en pie y por supuesto contra una corrupción que sin duda existe pero es por ahora más grave en la derecha.


Escribo estos renglones después de participar en el jurado del premio Tiflos de libros de relatos. Siempre me maravilla que un grupo de gente con conocimiento literario –editores, escritores, críticos– puedan llegar a conclusiones tan dispares sobre las obras presentadas. Lógicamente tiene que haber desacuerdos, pero a veces son extremos: uno aborrece una obra que a otro entusiasma, y viceversa. Aunque tiendo a pensar que puede haber cierta objetividad en el juicio sobre los valores de un texto, la realidad me desmiente una y otra vez.


Releyendo anotaciones tomadas durante años siempre me encuentro con cosas que me parecen nuevas aunque las haya pensado yo. También, y eso parece más lógico, con citas que ha apuntado y ya no recuerdo.

Sí recordaba un texto de Elias Canetti sobre Proust, Kafka y Joyce en el que hacía una distinción entre los escritores que se sentían en deuda con el mundo y los que no, señalando que estos últimos se sentían por encima de los demás y a menudo se reunían con otros de su inclinación para despreciar a otros. Si los primeros –y esto lo añado yo– pueden caer en un moralismo ingenuo, en un compromiso algo vacuo con el presente, los segundos me resultan insufribles; la arrogancia les lleva casi siempre a decir cualquier idiotez poco pensada que los eleve sobre el resto de los mortales. El editorial de El Periscopio de este último número trata de forma indirecta el tema.

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✇Todo Por Hacer

Editoriales antiautoritarias: Una herramienta necesaria para nuestra comunidad de lucha

Por: Todo Por Hacer

Vivimos en tiempos difíciles. La extrema derecha gobierna en varios países, Estados Unidos amenaza con invadir militarmente a países como Venezuela, Cuba o Groenlandia para satisfacer sus ansias imperialistas, asistimos a varios genocidios (sobre todo el palestino) apoyados por los Estados occidentales, los discursos racistas están a la orden del día, el feminismo se encuentra a la defensiva frente a los ataques coordinados por la manosfera y el conservadurismo, Europa se rearma y recorta sus Estados del bienestar, el individualismo y la atomización están en auge y, pese a nuestra pérdida de poder adquisitivo, los retrocesos en derechos laborales que venimos sufriendo y las dificultades en el acceso a la vivienda, la organización obrera se encuentra de capa caída.

Ante este desolador panorama, es más importante que nunca difundir alternativas al sistema, hacer ver que otro mundo mejor es posible. Y, para ello, la labor de las editoriales que corrigen, maquetan y distribuyen libros críticos, que nutren con teoría nuestros debates y nos aportan experiencias de lucha, son imprescindibles. Cobran, además, especial relevancia porque llegan hasta nosotras al margen de los algoritmos, diseñados por los señores feudales tecnológicos para priorizar la visión del mundo de la extrema derecha e invisibilizar los mensajes emancipadores. Por eso, queríamos aprovechar estas páginas para homenajear a algunas de las editoriales que han publicado los títulos que hemos recomendado a lo largo de los últimos años.

Virus Editorial (Barcelona)
Radicada en El Raval de Barcelona, esta editorial lleva 35 años de recorrido (fue fundada en 1991) y no se centran en una única temática. En su catálogo podemos encontrar ensayos de antropología, urbanismo, anarquismo, periodismo, cárceles, Transición, feminismo, etc., con una gran variedad de autoras y colectivos firmándolos. Probablemente se trate de la editorial cuyos títulos hemos reseñado con mayor frecuencia en nuestra sección de Recomendaciones. Sus obras forman parte de nuestro bagaje político y militante, fueron y siguen siendo sustento y apoyo en nuestro camino por un mundo mejor.
Podéis encontrar su catálogo en www.viruseditorial.net y aprender más sobre ellas en la entrevista que les hicimos (www.todoporhacer.org/virus-editorial)
Ochodoscuatro Ediciones (Madrid)
En el 2010, el Instituto Nacional de Estadística publicó que solo ese año fueron sacrificados más de 824 millones de animales en España destinados a alimentación humana (sin contar los peces). Este dato motivó el nombre “ochodoscuatro ediciones”, como un sencillo homenaje a todos ellos. Ochodoscuatro Ediciones es una editorial cuyo objetivo, en sus propias palabras, es “sacar a la luz el problema de la explotación animal, así como extender las ideas antiespecistas y las diferentes experiencias de lucha al respecto”. Entre sus títulos podemos encontrar ensayos acerca del veganismo, la explotación animal, la relación entre especismo y otras formas de discriminación, activismo animalista, santuarios, etc.
Podéis encontrar su catálogo en www.ochodoscuatroediciones.org y aprender más sobre ellas en la entrevista que les hicimos (https://www.todoporhacer.org/entrevista-ochodoscuatro)
Descontrol (Barcelona)
Afincada en el histórico espai comunitari i veïnal autogestionat de Can Batlló (Barcelona), se trata de una editorial que publica libros de lo más diverso: escriben sobre represión policial, la defensa de la tierra y sus recursos, la Transición, el Kurdistán, feminismo, pedagogía, etc., dando voz a distintos colectivos (Roses Negres, Disonancia, Sindicat de Llogateres, Proyecto UNA, etc) y a nuevos y antiguos referentes. En sus palabras, sus libros “representen els nostres esforços d’edició i publicació de tot allò que intuïm que contribuirà a les barricades de la memòria històrica, la transformació i la revolució social”.
Puedes encontrar su catálogo en su web www.descontrol.cat
La Neurosis o las Barricadas (Madrid y Zamora)
La Neurosis o Las Barricadas Ed es un proyecto asociativo y militante, no profesional, fundado en 2012 con la ambición de difundir las ideas y la historia del movimiento libertario. En estos catorce años han puesto en circulación diversos textos (algunos de los cuales se pueden descargar de forma gratuita en su web) que fomentan el debate, aportan novedades o desempolvan aspectos de interés y actualidad para la cultura anarquista. Son un auténtico referente.
Consulta sus títulos en www.laneurosis.net
Piedra Papel Libros (Madrid y Jaén)
Es una pequeña editorial independiente, fundada hace trece años, que edita ensayos de actualidad e históricos, poesía y novelas. Entre sus títulos más recientes podemos leer acerca de la Solidaridad Internacional Antifascista (SIA) durante la Guerra Civil, revolucionarios rusos amantes de Dostoyevski, la poeta anarquista griega Caterina Gogu o mujeres encerradas en asilos de dementes.
Puedes consultar todas sus obras en www.piedrapapellibros.com y aprender más sobre su proyecto en la entrevista que les hicimos hace tres años (www.todoporhacer.org/entrevista-piedra-papel-libros/)
Editorial Imperdible (A Coruña)
Se trata de una editorial activista sin ánimo de lucro, fundada gracias al impulso que les dio la activista anticarcelaria Pastora González Vieites. Con sus libros difunden historias humildes y hermosas, de lucha contra las cárceles (tanto físicas como mentales), el capacitismo, el colonialismo, el especismo y la resistencia queer contra el régimen heterosexual y el sistema capitalista que sustenta toda opresión. Más información en www.editorialimperdible.com
Pepitas de Calabaza (Logroño)
Esta editorial tiene más de 400 títulos a su espalda, que se dividen en dos líneas de trabajo: el ensayo (donde conviven tanto los documentos de la guerra social como esos documentos del conflicto individual que son los diarios) y la narrativa (en donde prestan especial atención a las vidas de individuos siempre únicos e irrepetibles, con muchos títulos abrazando el humor como vehículo de comunicación). Hay otras líneas, evidentemente, pero son más difusas, más sutiles.
Consulta su amplio catálogo en www.pepitas.net
Enclave (Madrid)
Enclave de Libros es una librería radicada en el madrileño barrio de Lavapiés que cuenta con una editorial propia que empezó su andadura en 2012. Su catálogo supera los sesenta títulos, todos orientados al ensayo crítico, tanto de pensadoras anarquistas y comunistas, como de investigadoras de los medios de comunicación, intelectuales feministas, movimientos sociales y grupos de afinidad, capaces de generar debate y conciencia crítica.
Más información en www.enclavedelibros.com

Existen muchas otras editoriales a las que, por cuestión de espacio, no podemos dedicar el espacio que se merecen, pero son igual de importantes para nosotras. Algunas de ellas se encuentran inactivas desde hace tiempo, pero en sus webs se puede descargar su catálogo y/o sus libros siguen en circulación. Desde aquí mandamos nuestro agradecimiento por su labor y un abrazo fraternal a las editoriales Abordaxe (Galiza), Acracia (Madrid), Aldarull (que además cuenta con una estupenda librería en el barri de Gràcia, en Barcelona), Altamarea Ediciones (Madrid), Anarcrítica (Perú), Antorcha (Madrid), Ardora Ediçons Anarquistas (Galiza), Aurora Negra (Albacete), Bastiana (Galiza), Bellaterra Edicions (Manresa), Caballito de Batalla (Barcelona), Calumnia (Mallorca), Cambalache (Asturies), Capitán Swing (Madrid), Comares (Granada), Continta Me Tienes (Madrid), Cuadernos de Contrahistoria (Madrid), Cuadernos de Negación (Rosario), DDT Liburuak (Bilbao), Decordel (Madrid), Dirección Única, Ediciones El Salmón (Alacant), Ediciones Fantasma (Málaga), Editorial Autodidacta (Chile), Editorial Gafas Moradas (Perú), El Garaje Ediciones (Madrid), Edicions Malcriàs (Gràcia, Barcelona), El Lokal (Barcelona), El Olivo del Buho (Granada), Eleuterio (Santiago de Chile), Fundación Salvador Seguí (Barcelona), Hoja de Lata (Xixón), Irrecuperables, Katakrak (Iruña), Klinamen (Madrid), La Felguera (Madrid), La Linterna Sorda (Madrid), La Malatesta (Madrid), La Torre Magnética (Madrid), La Tormenta (Madrid), Lazo Ediciones (Argentina), Levanta Fuego, Libros en Acción (Estado español), Tercero Incluido (Barcelona), Expandiendo la Revuelta (Buenos Aires), Consonni (Bilbao), Verso (Barcelona), Subtextos (Málaga), Pol-len Edicions (Catalunya), Hermanos Quero (Granada), Augulla Daurada (Catalunya), Acuarela, Al Margen, AKAL, Alikornio Ediciones, Anthropos Editorial, Atrapasueños, Bardo Ediciones (Barcelona), Cell Federica Montseny, Lo Diable Gros (Tarragona), Luz Negra, Milvus (Alcoi), Ménades Editorial, Pasado y Presente (Barcelona), Prometeo Ediciones (Barcelona), Tinta Limón (Argenina), Queimada Ediciones (Móstoles), Transmuros (recientemente inaugurada en Zaragoza), Traficantes Editorial (Madrid) y Volapük (Guadalajara). Pedimos perdón si se nos ha pasado por alto alguna.

Igualmente, aprovechamos estas líneas para reconocer el trabajo de las librerías, distribuidoras, encuentros del libro anarquista y bibliotecas que hacen posible que estos libros y fanzines lleguen a nuestras manos. Muchas de nosotras jamás habríamos empezado a militar si no fuera por los puestos políticos de Tirso de Molina (todos los domingos en El Rastro de Madrid) que vendían discos y libros, por biblios como la del Local Anarquista Magdalena que prestan libros de forma desinteresada o por eventos como el Encuentro del Libro Anarquista de Madrid, que aglutinan a muchas de estas editoriales y nos acercan sus materiales a un punto durante todo un fin de semana. Además, todos estos espacios y proyectos han sido, en buena parte, lo que sostenían al Todo por Hacer, distribuyendo nuestro periódico en distintas ciudades durante quince años.

En los tiempos que corren, el trabajo de estas editoriales y espacios activistas es más importante que nunca. Por eso hay que aprender, como dice Italo Calvino, a “buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar, y darle espacio”.

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Los chatbots de inteligencia artificial pueden copiar libros enteros, y las tecnológicas lo sabían

Por: Marco Dalla Stella

Cuando las grandes tecnológicas explican cómo funcionan sus sistemas de inteligencia artificial, recurren siempre a la misma metáfora: los modelos aprenden, como un estudiante que lee miles de libros y luego escribe con sus propias palabras. Esa imagen, cómoda y humanizadora, acaba de chocar contra una realidad incómoda: estos sistemas no solo aprenden, también copian. Y pueden hacerlo con una precisión que sorprende incluso a sus creadores.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford ha conseguido extraer libros prácticamente completos de los principales sistemas de IA del mercado. En el caso más llamativo recuperaron el 95,8% del texto de Harry Potter y la piedra filosofal del modelo Claude 3.7 Sonnet, desarrollado por Anthropic. Del mismo sistema extrajeron el 97,5% de El gran Gatsby, la célebre novela de F. Scott Fitzgerald.

Los hallazgos, publicados hace unos días, amenazan con dinamitar el argumento central que estas empresas han presentado ante los tribunales estadounidenses: que sus sistemas transforman creativamente el material con el que se entrenan, sin almacenar copias de las obras originales.

Una técnica sencilla

Lo más revelador del estudio no es solo lo que encontraron, sino cómo lo encontraron. En dos de los cuatro sistemas analizados –Gemini 2.5 Pro de Google y Grok 3 de xAI, la empresa de Elon Musk– ni siquiera fue necesario engañar al sistema. Bastó con pedirles que continuaran un fragmento inicial del libro. Los modelos, obedientes, siguieron recitando página tras página.

Con Claude de Anthropic y GPT-4.1 de OpenAI la cosa fue algo más complicada. Los investigadores Ahmed Ahmed y A. Feder Cooper tuvieron que utilizar una técnica conocida como Best-of-N: modificar repetidamente la instrucción –cambiando mayúsculas, añadiendo caracteres especiales– hasta encontrar una variante que sorteara las protecciones del sistema. Probaron hasta 10.000 variaciones.

El resultado: Claude reprodujo más del 94% de cuatro libros completos, incluyendo 1984 de George Orwell. GPT-4.1 de OpenAI se resistió más –tendía a detenerse tras el primer capítulo–, pero aun así los investigadores lograron extraer el 4% de Harry Potter. Gemini y Grok entregaron el 76,8% y el 70,3% respectivamente de la primera entrega de la saga de J.K. Rowling.

Comprimir, no aprender

Para entender por qué estos hallazgos son tan problemáticos, conviene abandonar la metáfora del aprendizaje. Los grandes modelos de lenguaje funcionan más bien como algoritmos de compresión, similar a cómo un archivo JPEG reduce el tamaño de una fotografía. La imagen comprimida no es idéntica a la original, pero conserva suficiente información para reconstruirla con alta fidelidad.

Cuando un modelo puede reproducir miles de palabras consecutivas de un libro –en algunos casos, capítulos enteros–, la explicación más plausible no es que haya aprendido conceptos abstractos, sino que ha almacenado literalmente fragmentos del texto en sus parámetros internos.

Mark Lemley, profesor de Derecho en Stanford que ha asesorado a empresas como Meta en casos similares, reconoce la complejidad del asunto. «No estoy seguro de si es preciso decir que un modelo contiene una copia de un libro, o si tenemos un conjunto de instrucciones que nos permite crear una copia sobre la marcha», explica a La Marea. Incluso la segunda interpretación, más benévola para las tecnológicas, podría considerarse problemática legalmente.

Ninguna de las cuatro empresas afectadas –Anthropic, Google, OpenAI y xAI– accedió a ser entrevistada para el estudio. Las tres primeras reconocieron haber recibido la notificación de los investigadores; xAI ni siquiera respondió.

Las declaraciones previas de estas compañías contrastan con los nuevos hallazgos. Google afirmó ante la Oficina de Derechos de Autor de Estados Unidos que «no existe copia de los datos de entrenamiento presente en el modelo mismo». OpenAI hizo declaraciones similares. Los estudios demuestran que tales afirmaciones son, en el mejor de los casos, imprecisas.

Las consecuencias legales

Según Lemley, estos hallazgos complican las narrativas que tanto demandantes como demandados han presentado ante los tribunales. La primera implicación es que los propios modelos de IA podrían considerarse obras derivadas de los libros que memorizan. En derecho de autor estadounidense, si un modelo codifica libros completos en sus parámetros, podría argumentarse que el modelo mismo es una copia ilegal, no solo lo que produce cuando se le pregunta.

La segunda es que resulta práctico generar copias infractoras. Los estudios muestran que es posible extraer contenido protegido de modelos comerciales, algo que probablemente constituye una infracción.

En Europa, el panorama legal ya está cambiando. Un tribunal alemán dictaminó recientemente contra OpenAI en un caso presentado por GEMA, una organización de licencias musicales, tras demostrar que ChatGPT podía producir imitaciones muy cercanas de letras de canciones. El juez comparó el modelo con archivos MP3 y JPEG que almacenan música y fotos en formatos comprimidos.

En Estados Unidos, dos casos recientes han determinado que el entrenamiento de modelos de lenguaje puede considerarse uso justo, una doctrina legal que permite ciertos usos de material protegido. Pero ambos jueces señalaron que los demandantes no habían aportado pruebas convincentes de que los modelos pudieran reproducir sus obras de forma casi literal.

Estos nuevos estudios llenan precisamente ese vacío.

El precio de la piratería

Extraer un libro completo de estos sistemas no es gratuito. Los investigadores gastaron aproximadamente 120 dólares para obtener Harry Potter y la piedra filosofal de Claude, aunque solo 2,44 dólares con Gemini. Como señala Feder Cooper, coautora del estudio: «Existen formas más fáciles y baratas de piratear un libro».

Pero el problema trasciende la piratería individual. Lo que está en juego es si estas empresas han construido imperios tecnológicos valorados en miles de millones de dólares sobre cimientos de material protegido por derechos de autor, sin pagar un céntimo a los autores.

«Independientemente de las perspectivas de los litigios en curso», concluyen los autores del estudio, «los hechos técnicos son claros: los modelos de lenguaje memorizan porciones de sus datos de entrenamiento, estos datos están codificados en los pesos del modelo y, como demostramos aquí, es posible extraer grandes cantidades de datos protegidos por derechos de autor de modelos comerciales».

Los investigadores esperaron 90 días –el protocolo estándar de divulgación responsable– antes de hacer públicos sus resultados. Al final de ese periodo, algunos de los sistemas probados seguían siendo vulnerables.

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📗Libro Gris que te quiero verde, de J. Galindo (celebración de los 13 años de Blogsostenible)

Por: Pepe Galindo

«Gris que te quiero verde pretende ser un mapa para esquivar la crisis ecológica y el colapso de nuestra sociedad civilizada»

Portada del libro ecologista GRIS QUE TE QUIERO VERDEEl objetivo del libro es tremendamente ambicioso (como el de Blogsostenible). Lo que está en juego no es (probablemente) el fin de la vida en la tierra, ni el de nuestra propia especie. Lo que podría perderse es lo que permite a nuestras sociedades avanzar. Nos hemos industrializado demasiado y ahora, avanzar significa decrecer. Tal vez, los que menos cambios notarán serán las sociedades menos industrializadas. Si no hacemos nada, los países ricos podrían perder no solo su hegemonía, sino también sus fronteras, sus derechos y su bienestar.

Este libro de Europa Ediciones (2023), con su lenguaje sencillo y directo podría ser parte de un punto de apoyo en el que hacer palanca para aumentar la fuerza en la dirección necesaria.

La epidemia del COVID y el calor del verano han sido pequeños avisos de lo que puede pasar cuando se toquetean a lo loco los controles planetarios. Podemos decidir seguir ignorando lo que dicen científicos y ecologistas. Es una opción, pero también podemos optar por tomar acciones contundentes, aunque ello suponga sacrificios (principalmente a los más acomodados, a los que menos esfuerzo les debiera suponer que, en muchos casos, son también los que más se niegan a perder sus abundantes privilegios). Esos millonarios deben aprender que su impacto ambiental es sencillamente intolerable y que reducir la desigualdad crea sociedades más seguras para ellos, más éticas y, por supuesto, más felices. La ecología y la solidaridad son partes irrenunciables de un camino hacia el mejor futuro posible.

En los 13 años de Blogsostenible se han publicado más de 750 entradas, casi todas ellas por el autor de este libro. Se ha intentado dar una visión resumida y razonada de los distintos temas que debieran preocupar a nuestra sociedad: energía, alimentación, transporte, crisis climática, consumo, economía, bienestar animal, personajes especiales, ecofilosofía, buenas noticias y buenas prácticas… y también libros resumidos que pueden propiciar el cambio que necesitamos hacer. De todo ese material, hemos seleccionado 152 artículos para este libro, 351 páginas en papel reciclado y a letra grande para que sea fácil de leer a cualquier edad. Además, el autor donará todos los beneficios por este libro a proyectos tanto ambientales como humanitarios.

Podrán reprocharnos muchas cosas, pero nosotros intentamos que el mensaje llegue claro y fundamentado, con la fuerza que tenemos y con la que nos prestáis todos nuestros lectores, simpatizantes, fans y curiosos. Gracias por seguirnos también por las redes.

♥ Presentación del libro en Málaga:

  • Fecha: Miércoles, 22 de noviembre de 2023, a las 18 horas.
  • Lugar:  Salón de actos del centro Plaza Montaño, C/ Dos aceras, 23 (junto al vivero de Aulaga, Málaga).
  • Organiza: Aulaga y Blogsostenible.

♥ Otras lecturas de interés:

Resumen de la contraportada del libro ecologista GRIS QUE TE QUIERO VERDE

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