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El Canto de la Tripulación nº61: Solo he sabido elegir una cosa bien en la vida

Por: Radio Almaina
Te damos la bienvenida a un nuevo episodio del canto de la tripulación, una entrega en la que no te traemos poesía, y es que queremos revisarnos siguiendo el consejo de nuestro amigo Txinaski, fiel oyente que nos hace críticas… Leer más

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Crónicas desde Gaza #1: Una tienda, una mascarilla y el Ramadán de 2026 en Gaza

Por: Radio Almaina
Hassan Herzallah es un traductor y escritor palestino que vive y trabaja en Gaza. Colabora con varios periódicos internacionales, contando la vida cotidiana en la Franja. Se puso en contacto con Radio Almaina ofreciéndose a compartir con nosotrxs algunos de… Leer más

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Concierto por Gaza en Almansa

Por: Discos Ruidosos

 

Concierto por Gaza

Sábado 21 de febrero , de 17:30 a 21:00 h

Nave de ensayos de Bestia Sound. Polígono industrial de Almansa

Donativo: 5€. A la venta en la tienda Natureka. También se habilita una fila cero para quienes no puedan asistir, así como la posibilidad de realizar donaciones. 

 


Tres grupos se subirán al escenario de forma altruista para recaudar fondos. Todos los beneficios irán destinados íntegramente al proyecto Ollas para Gaza, de la organización SOS Refugiados, que proporciona comidas a la población gazatí.

Solidaridad y música se darán la mano con un Concierto por Gaza, organizado por la Plataforma Almansa contra el Genocidio junto a Bestia Sound, que reunirá a tres bandas, una procedente de Valencia y dos locales.

Los grupos que actuarán de forma altruista serán El Garaje de Blanca (rock, swing y pop), procedente de Valencia, y las bandas almanseñas Un Perro Manchego (rock) y Gusano Smith (punk y rock and roll).

 

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Arte para transformar la realidad. O la cuenta bancaria.

Por: José Ovejero

14 de febrero

Me gusta el cine de Wim Wenders desde que vi Alicia en las ciudades; me gusta incluso cuando hace películas que en conjunto me parecen fallidas, como ¡Tan lejos, tan cerca! o El hotel del millón de dólares. En todas encuentro momentos que me emocionan o interesan, quizá por su atención a detalles mínimos de lo humano que cobran relieve no solo por lo que dicen y hacen los personajes, sino también por la atmósfera –los encuadres, los colores, los silencios, la música– en la que discurre todo.

No me sorprende sin embargo su declaración sobre la postura de la Berlinale en cuanto al genocidio en Gaza. Al fin y al cabo, su obra apenas se acerca a asuntos sociales y políticos, mucho más centrada en cuestiones estéticas y de eso que, podríamos llamar, aunque sea simplificar un asunto complejo, la emoción individual.

Wim Wenders ha afirmado que la Berlinale debe mantenerse al margen de la política. Lo entiendo: un certamen internacional al que concurren películas de tantos países, de tantas culturas, de tantos sistemas y valores debe ser muy precavido a la hora de pronunciarse sobre cuestiones políticas, también por el riesgo de hacerlo a partir del sesgo de nuestras democracias liberales. Pero hay casos en los que mantenerse al margen de la política significa mantenerse al margen de la humanidad. Gaza es uno de ellos.


El final de la frase es importante. Quizá deberíamos preguntarnos por qué exigimos que festivales e instituciones se pronuncien sobre el genocidio en Gaza –y me parece muy bien que se haga, que nadie me malinterprete– pero no sobre el genocidio en Sudán. Y creo que tampoco se hizo con la misma intensidad cuando tuvo lugar el genocidio en Ruanda.

La respuesta obvia es que sabemos menos de esas zonas del mundo. Pero también podríamos preguntarnos por qué.


18 de febrero

Conversación en unos encuentros culturales. Una vez más sale el tema de la proliferación de escritores y escritoras que parecen más empresas de autopromoción y networking que creadores centrados en su obra. Me consuela que las críticas no vengan solo de gente de más de cincuenta años; también los hay más jóvenes y expresan su rechazo hacia una manera de concebir el arte en la cual este es secundario frente a la tarea de obtener el apoyo y la atención pública. Si no fuese por ellos, tendría la impresión de estar en un grupo de viejos refunfuñando sobre la siguiente generación. Cuento que en un papiro egipcio ya se menciona que los «jóvenes de hoy» no tenían respeto, tema que, cambiando levemente la crítica, ha atravesado los siglos y las civilizaciones.

Pero además sería injusto decir que el automarketing –puede que me acabe de inventar este palabro– y el me placement –venga, sigamos generando anglicismos de mercadotecnia– sean solo iniciativas de creadores jóvenes. Se me ocurre más de uno ya entrado en años que ha aprendido las técnicas con una agilidad sorprendente para su edad.


Por críticos que seamos con él, tendemos a apreciar más el mundo del que venimos que el que llega. Quizá porque hemos olvidado la mayoría de los miedos y malestares pasados –sabemos que los tuvimos, pero las sensaciones se han difuminado– y son más vívidos los que provoca un presente amenazante. Pero el presente siempre ha sido amenazante, en cada tiempo a su manera. La guerra fría, la guerra de Vietnam, la amenaza nuclear en los sesenta y setenta, la crisis del petróleo en los setenta, el desmantelamiento de los sindicatos y el inicio del imperio de un neoliberalismo feroz en los ochenta, las convulsiones en el Este y la guerra en la ex Yugoslavia en los noventa, el atentado contra las Torres Gemelas, guerras en Oriente Próximo, Chernóbil, Fukushima, crisis bancaria a principios de este siglo, y por supuesto los cambios de mentalidad que fue introduciendo la transición de los sistemas del bienestar a una mentalidad de competencia, individualismo y frío social.

Lo malo del presente es que su resolución es incierta, mientras que el pasado, para bien o para mal, ya ha cumplido sus promesas y sus amenazas.


No sé por qué entro en las redes a estas horas de la tarde con lo mal que me sienta. Hoy descubro a mi pesar un vídeo repulsivo de dos políticos de Vox hablando de lo que les gustaría hacer si llegan al poder. Cada vez que la extrema derecha habla del futuro, salen palabras como motosierra, buldócer, lanzallamas. Por sus metáforas los conoceréis.


19 de febrero

Durante un coloquio en Málaga sobre La ética de la crueldad, sale el tema de la insensibilización a la que nos somete la hiperviolencia en las pantallas. Y es verdad que la casquería se ha instalado en ellas de forma ya estomagante, pero pensemos que hace siglo y medio el público acudía a ejecuciones como entretenimiento.

¿Es eso lo que nos insensibiliza, asistir a la violencia en videojuegos, películas, informativos y redes sociales? ¿Es eso lo que nos vuelve indiferentes al dolor ajeno? Puede que todo ello no sea la causa sino el resultado de un sistema que nos empuja a romper los lazos de solidaridad, presentando al «otro» como enemigo, amenaza o, por lo menos, competidor. El arte de cada época refleja el inconsciente colectivo, con sus hegemonías y sus disidencias. Y aunque yo aún creo que el arte cambia la realidad, también creo que la realidad cambia más aún el arte.

La entrada Arte para transformar la realidad. O la cuenta bancaria. se publicó primero en lamarea.com.

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Nasser Abu Srour: “Desde el 7 de octubre, las cárceles se convirtieron en un frente más de la guerra contra Gaza”

Por: Patricia Simón

Nasser Abu Srour (Campo de refugiados de Aida, Cisjordania, 1969) es uno de los palestinos que más tiempo ha pasado preso en una cárcel israelí: 32 de sus 57 años. Durante su presidio escribió La historia de un muro, uno de los libros que mejor alumbra la fortaleza que puede llegar a tener el ser humano y un pueblo, el palestino. Mientras sufría hambre, torturas y violaciones, su obra fue traducida a siete idiomas, publicada en España por Galaxia Gutenberg y premiada con reconocimientos tan prestigiosos como el Premio de la literatura árabe 2025 del Instituto del Mundo Árabe de Francia. Pese a que acababa de ser liberado, no pudo viajar a la gala. Por ahora, solo puede salir de Egipto para instalarse en Brasil o Malasia.

En 1993, Abu Srour tenía 24 años y vivía en el campo de refugiados en el que había nacido, el de Aida, cerca de Belén. Allí estudió en la escuela de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para la población refugiada de Palestina en Oriente Próximo), que sigue garantizando el derecho a la educación a la infancia de este gueto, cercado por el muro del apartheid israelí. Cuando cursaba Literatura Inglesa en la Universidad de Al Quds se unió a las protestas de la primera Intifada. Fue detenido y condenado a cadena perpetua por participar presuntamente en el asesinato de un oficial de la inteligencia israelí.

El nombre de Abu Srour aparecía en los listados de los palestinos que debían liberarse según los Acuerdos de Oslo y en las negociaciones de Wafa al Ahrar de 2011, por las que Israel liberó a mil palestinos a cambio de un soldado israelí. Pero Tel Aviv no cumplió.

Finalmente, en octubre de 2025, 32 años después de su encarcalamiento, fue puesto en libertad junto a otros 154 secuestrados palestinos en un intercambio acordado por el Plan de Trump para la Franja de Gaza.

Su madre, Mayzour, que se había convertido en un referente de la defensa de los derechos de los secuestrados palestinos, había muerto 70 días antes. Esta periodista tuvo la oportunidad de conocerla en su casa gracias a la mediación de Lora Abuaita, quien también ha participado en esta entrevista como traductora. En aquel encuentro, Mayzour nos mostró su armario, donde guardaba por orden cronológico los vestidos que había tejido para visitar a su hijo a lo largo de su vida. Las autoridades israelíes le prohibieron recibir visitas durante los primeros siete años de presidio. Después, ella hacía viaje de dos y tres días por el desierto para que, a menudo, los carceleros israelíes la humillasen y cancelaran a última hora el encuentro. 

Su madre es el único tema del que Abu Srour ha preferido no hablar en esta entrevista que mantuvimos por videoconferencia durante más de tres horas. Una de las primeras que ha concedido a un medio de comunicación.

«En las cárceles dan de comer el mínimo de calorías necesario para que no nos muramos y así poder seguir golpeándonos hasta matarnos del dolor«

Nasser Abu Srour tras su puesta en libertad. IMAGEN CEDIDA.

¿Cómo cambió la vida para los palestinos secuestrados en las cárceles israelíes tras el 7 de octubre de 2023?

En los años previos, el movimiento de presos había conseguido que tuviéramos acceso a comida, libros, cuadernos y a un mínimo de información del exterior. Pero desde el 7 de octubre, las cárceles se convirtieron en un frente más de la guerra contra Gaza. Como ocurrió en Cisjordania, en el Líbano, en Yemen…

La misma noche del 7 de octubre desconectaron toda comunicación con el exterior. Los guardias se cambiaron los uniformes por unos con el rótulo en el pecho de «Guerreros». Desde entonces, en las cárceles dan de comer el mínimo de calorías necesario para que no nos muramos y así poder seguir golpeándonos hasta matarnos del dolor. En las celdas donde cabíamos dos o cuatro presos, metieron a doce. A diario nos torturaban, nos golpeaban, nos violaban. Antes de 2023 también lo hacían, pero a partir de entonces fue algo totalmente diferente. No había límites. Redujeron nuestra existencia a lo puramente animal, a respirar y pensar cómo sobrevivir. 

Nos quitaron los espejos para que no nos pudiéramos ver. Cuando llovía, buscábamos charcos en el patio para vernos. Yo perdí 12 kilos, pero porque ya estaba muy delgado. Hay presos que han perdido muchos más. Nos daban de comer apenas un vasito de café con arroz, cubierto de excrementos de ave porque los dejaban en el patio antes de distribuirlos. Y si no nos lo comíamos, nos pegaban hasta la muerte. Otras veces, nos dejaban sin comer como castigo colectivo. 

Tenían un plan con todo lo que querían experimentar con nosotros y lo llevaron a cabo. Antes del 7 de octubre, te podían golpear hasta partirte los huesos, pero luego te curaban para que siguieras vivo. Pero a partir de entonces, desapareció la atención médica. Han matado a muchos presos de hambre y de falta de medicinas.

El hacinamiento, la falta de higiene, las heridas y las enfermedades han generado una variante de la sarna que se come el cuerpo de los presos. Yo he llegado a verle los huesos a algunos. Muchos han muerto por eso.

En las prisiones pusieron una foto de la Franja destruida, de seis metros de largo, con el título «La nueva Gaza». Era una forma de tortura psicológica, de decirnos “no podéis hacer nada, esto es lo que está pasando allí afuera”. 

En las 48 horas previas a ponernos en libertad, la violencia aumentó muchísimo. Nos pegaron tanto que cuando llegamos a la frontera no podíamos siquiera caminar para cambiar de autobús, no teníamos fuerzas.

El otro muro
Grafiti con el rostro del escritor palestino Nasser Abu Srour cerca de su casa familiar, en Cisjordania. VLADIMIR GUREWICH

¿Cómo está ahora?

Es difícil explicarlo. Respiro, y eso está bien. Estoy comiendo, bebiendo, amando, y eso se supone que está bien. Puedo ver las calles, algo que no podía hacer desde hace 32 años. Y puedo hablar por teléfono con personas de la Palestina ocupada y eso está bien. Pero no estoy bien. De hecho, no sé si le puedo dar las gracias a Dios por nuestra liberación porque el precio ha sido que 80.000 personas hayan sido asesinadas en Gaza. Y en las cárceles siguen matando, humillando, degradando y violando a diario. Le he escrito una carta a uno de los amigos que siguen encarcelados en la que le pido perdón por cada vez que respiro porque les he dejado solos. 

En los dos últimos años pensé en suicidarme porque era tanta la violencia que no podía controlar mi cuerpo y no quería convertirme en un animal. Le decía a mi cuerpo que no tenía hambre, pero no podía controlarlo. Lo único que me permitió mantener un mínimo de valentía para sobrevivir fue la fe en que algún día viviría en libertad.

«En las cárceles israelíes siguen matando, humillando, degradando y violando a diario«

¿Convivió con las personas que secuestraban de Gaza durante el genocidio?

No, los llevaban a una sección distinta de las prisiones. Escuchábamos sus gritos, unos desgarros que no puedo describir. Nada de lo que vivimos nosotros es comparable a lo que hacen con los presos de Gaza.

¿Cómo fue la puesta en libertad?

Nos llevaron por el sur de la Franja y lo primero que hice cuando cruzamos la frontera de Rafah fue abrir la cortinilla del autobús. Era la ventana más grande que he visto en mi vida porque solo conocía las del campo de refugiados en el que nací y las de la cárcel. Cuando llegamos al hotel no sabía qué hacer. Era la primera vez en mi vida que estaba en uno. Salía de la habitación y tenía que volver cinco veces porque siempre se me olvidaba algo. Mis hermanos que viven en Estados Unidos vinieron a verme y me trajeron muchos regalos caros, como un Iphone. Yo no sabía qué hacer con él. 

No sabía ni siquiera dar ni recibir amor. Tuve que pedirles momentos de pausa a la familia porque no podía recibir ni dar tanto cariño. En un momento dado, mi hermana me iba a abrazar y le tuve que pedir que no lo hiciese, no podía. 

Tampoco consigo reconocerme con el tiempo ni el lugar. En prisión, vivía fuera del tiempo y en un no-lugar. Estoy aprendiendo.

Primero, les alojaron en un hotel en El Cairo. Al día siguiente, el panfleto sensacionalista Daily Mail publicó una noticia en la que criticaba que turistas británicos tuvieran que desayunar en la misma sala que ustedes. La titularon El hotel de Hamás. Entonces, les vuelven a meter en un autobús y les trasladan a un hotel en medio del desierto. ¿Cómo se sintió entonces?

Sentí que nos trasladaban a otra prisión. Nos dijeron que teníamos que recoger todo lo que nuestros familiares nos habían regalado y marcharnos rápidamente porque en esa noticia decían que éramos una amenaza para la vida de los turistas y para la seguridad mundial. 

Me revivió el trauma de cuando nos cambiaban de prisión: volví a tener dolor de estómago y ganas de vomitar como entonces. Primero nos llevaron a un hotel en una ciudad deportiva en el desierto y, después, cuando lo necesitaron para unas competiciones, a otro aún más lejos, junto al Mar Rojo.

Como escribió el pensador Al-Manfaluti si no cambias tu estado emocional, da igual que cambies de lugar: seguirás sintiéndote igual. Como nos trasladaron de manera forzada y nos seguían tratando como una amenaza, yo me seguía sintiendo en prisión.

¿Dónde vive ahora? 

Los presos que tenemos apoyo económico de nuestras familias hemos alquilado apartamentos en distintas partes de Egipto. Pero hay 150 presos que siguen viviendo en ese hotel aislado.

«Nada de lo que vivimos nosotros es comparable a lo que hacen con los presos de Gaza«

La condición para salir de prisión fue que no podía volver a Palestina. 

No, el sionismo no nos permite volver a Palestina a los presos liberados porque su objetivo siempre ha sido conseguir que sea una tierra sin pueblo. Y para ello emplea los asesinatos, los genocidios, las masacres y el exilio forzado.

¿Qué mensaje le gustaría enviarle a todo el mundo?

Que el mundo vea al pueblo palestino, que dejen de hacer como si los palestinos y palestinas fuésemos invisibles, víctimas sin ningún valor. El mundo tiene que entender que el pueblo palestino lleva 100 años sufriendo genocidio tras genocidio, no solo en los últimos dos años. Y también tiene que entender que sus gobiernos siempre han sido cómplices. 

Israel no habría podido ejecutar este genocidio, y menos durante tanto tiempo, sin la financiación, las armas y el apoyo de Estados Unidos y de países de la Unión Europea para masacrar a un pueblo entero. Necesitamos que cuando el mundo escucha que en Gaza se están muriendo de hambre, no lo escuche como si fuesen solo palabras. Porque no lo son.

Seguimos en el 48, la Nakba continúa. Israel no ha dejado de matar y de aplicar políticas de opresión desde entonces. Israel es cada vez más fuerte, más brutal a la hora de cometer las masacres y los genocidios. Y lo que está pasando en Gaza es la demostración de cómo se puede eliminar a un pueblo, arrasar un territorio hasta dejarlo plano, dejar a los supervivientes en la calle hambrientos para después abrir la frontera, dejar pasar a 10 personas después de haber asesinado a 80.000 y decir que eso es la paz. El mundo tiene que dejar de ser cómplice, no solo con la Franja de Gaza sino con toda la Palestina histórica.

«No sabía ni siquiera dar ni recibir amor«

Cuando usted aún estaba preso, el escritor español José Ovejero publicó una reseña sobre su libro en la que decía que si pudiera entrevistarle la primera pregunta habría sido: “¿Por qué, en lugar de mostrar la carne tumefacta y la herida, en lugar de volver la mirada hacia el verdugo, en lugar de hacer visible la reja y la celda miserable, ha decidido escribir sobre lo que no se ve?”. Ahora que está libre se la hago yo en su nombre.

El otro muro
Portada del libro ‘La historia de un muro’. GALAXIA GUTENBERG

El ser humano tiene cinco sentidos que nos ofrecen significados muy limitados. Puedes escuchar y quedarte solo con lo escuchado; mirar, y quedarte solo con lo visto. Pero lo que normalmente no hacemos los seres humanos es darle sentido y un significado a lo que sentimos. Y todo lo que hay a nuestro alrededor puede tener miles de ellos. Y para hacerlo, tienes que aplicarle la imaginación. Si yo veo la pared de la prisión y digo “No se puede cruzar, no se puede destruir, no va a desaparecer nunca”, voy a estar preso para siempre. Pero si utilizo la imaginación para ver y sentir lo que hay tras los muros, para imaginar una flor y oler su perfume, para viajar a Barcelona, para tener una cita con una mujer… Entonces voy a intentar sobrevivir. La ciencia está demostrando que hay muchas cosas que no vemos y que existen. Y en mi escritura utilizo la imaginación para dar sentido a lo que no se ve. 

¿Ha sido la imaginación lo que le ha permitido sobrevivir a 32 años de encarcelamiento?

Sí, desarrollé este mecanismo de defensa de dar otro significado a las cosas para olvidar que iba a vivir ahí toda la vida. He vivido una vida entera con este muro. Lo he besado, lo he abrazado, he hablado con él, me ha abierto muchas puertas… Ha sido muy bonito sorprenderme con lo que me ha enseñado. Sólo los niños -hasta los diez años- y los filósofos conservan la capacidad de sorpresa. Y eso lo que yo he hecho para dar sentido a seguir vivo junto a ese muro.

Escribe que uno de los dolores más fuertes que ha sufrido en prisión se lo provocó enamorarse.

Todos nacemos con un torrente de emociones que nos acompañan a lo largo de la vida. Y hay un dicho que dice que todos nacemos con unos lazos que nos unen a unas personas. Yo crecí con ese desbordamiento de amor y lo dirigía a la familia y a personas de mi alrededor. Hasta que la conocí. Cuando la vi la primera vez, a través del cristal, pensé «Pobres los muros» porque sentí que ella podía hacerlo todo, incluso, destruirlos. Era mi abogada y cuando llevábamos dos años de relación me di cuenta de que esa mujer de 27 años necesitaba alguien que la pudiera abrazar, darle un beso, vivir con ella. Y yo ni siquiera la pude tocar. No podía dejar de sentirme culpable, no la podía condenar a perderse todo eso. Cuando rompimos la relación, sentí que un grito de alivio resonaba entre las montañas porque aquella mujer podría por fin vivir. Esa mujer es mi prometida hoy, está aquí conmigo. Volvimos a estar juntos hace un par de años y nos vamos a casar.

«El mundo tiene que dejar de ser cómplice, no solo con la Franja de Gaza sino con toda la Palestina histórica«

¿Cómo fue sacando sus escritos de prisión a lo largo de estos años? He leído a sus editores que algunos los dictó por teléfono cuando podía hacer llamadas y que otros los sacaron algunas personas que le visitaron de manera clandestina. 

Sí, pero no puedo dar detalles para no comprometer a las personas que me ayudaron.

La madre de Abu Srour, Mazyuna, en la puerta de su casa en el campo de Aida durante la visita de esta esta periodista. ALEX ZAPICO.

Tras el 7 de octubre, le quitaron el papel y los bolígrafos y le prohibieron escribir. ¿Qué supuso para usted privarle de la escritura? 

En aquel momento lo único en lo que podía pensar, yo y el resto de los presos, era en sobrevivir un día más, en esconder un mendrugo de pan para el día siguiente, en encontrar un lugar donde no morirme de frío. La escritura dejó de existir, las palabras dejaron de existir, los pensamientos se esfumaron. En mi cabeza solo había una idea: sobrevivir. 

En el listado de países a los que inicialmente podría mudarse se encontraba España, además de Malasia, Qatar y Argelia, entre otros. ¿Sabe por qué España se cayó de esa lista? 

España se retiró, no sabemos por qué. También estaba Turquía, que recibió a algunos presos pero ya no recibe a nadie más. Ahora mismo podríamos mudarnos a Brasil o a Malasia. No hemos tomado la decisión porque no queremos estar lejos de las familias y tiene que ser un destino en el que nos puedan visitar. Además, quiero vivir en un país donde haya dolor. Siempre he convivido con el dolor y quiero seguir escribiendo sobre el dolor, pero para eso necesito entenderlo. Por eso necesito que sea un lugar que se parezca en algo a nuestra vida y para eso no basta que sea árabe porque hay ciudades árabes que no tienen espíritu, ni vida. No podría vivir en un sitio así. 

Usted escribe que los palestinos son solidarios con quienes se rebelan contra la injusticia y que apoyan a quienes no han triunfado. Estamos viendo cómo el movimiento internacional contra el genocidio de Gaza se ha convertido en la mayor movilización global no sólo en apoyo a Palestina sino también contra la ola antidemocrática liderada por Trump y Netanyahu, entre otros. ¿Se siente conectado con ese movimiento internacional de solidaridad con Palestina? 

Sí, siempre son los oprimidos, los derrotados y los débiles quienes tienen la razón. El punto de partida es la solidaridad con quienes pasan por la misma experiencia. En los últimos años, con lo ocurrido en Gaza, la cuestión palestina se ha convertido en el movimiento social más grande y efectivo a nivel mundial. Ojalá les pudiera dar las gracias personalmente a cada una de las personas que participan en este movimiento, que han sido golpeados cuando se manifiestan, echados de sus trabajos y secuestrados cuando vinieron en la flotilla.


«El sionismo no nos permite volver a Palestina a los presos liberados porque su objetivo siempre ha sido conseguir que sea una tierra sin pueblo»

Como sabe, tuve el privilegio de visitar en su casa a su madre, Mazyuna, una mujer excepcional que se convirtió en una lideresa del movimiento de apoyo a los presos palestinos. Tras una vida luchando por su liberación, murió 70 días antes de que usted saliera de prisión. ¿Cómo la describiría?

Lo siento mucho, pero no puedo responder a esta pregunta. Cada vez que toco su muerte me derrumbo. Hoy tengo un compromiso y no me lo puedo permitir. Lo siento. 

Nasser Abu Srour junto a su madre, Mazyuna, en una de sus visitas a prisión. ARCHIVO FAMILIAR.

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Mai Al Bayoumi: “Gracias al internacionalismo vamos a ver el final de un estado sionista”

Por: Itziar Abad

Para esta gazatí refugiada en el Estado español, “la lucha contra el imperialismo, el fascismo, el capitalismo y el racismo es una lucha común”.

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Francesca Albanese: “Como no se puede reformar, la ONU se está volviendo cada vez más irrelevante, y eso es peligroso”

Por: Patricia Simón

Suscríbete a La Marea y, además de la revista, te puedes llevar de regalo el nuevo libro de Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina, de Francesca Albanese.

Francesca Albanese (Italia, 1977) se ha convertido en un referente internacional de la defensa de los derechos humanos. Desde que comenzase el genocidio de Gaza, su trabajo incansable a través de informes, de la participación continua en el debate público mediante entrevistas, conferencias y las redes sociales denunciando no sólo los crímenes de Israel, sino también la responsabilidad de los gobiernos, empresas y medios de comunicación occidentales, la han convertido en una figura inspiradora para millones de personas de todas las generaciones. Y, también, en una de las más odiadas, atacadas y perseguidas por los Gobiernos de Israel y Estados Unidos, así como por el lobby sionista internacional. De hecho, la Administración Trump la ha llegado a sancionar por colaborar con la Corte Penal Internacional en su intento de juzgar a los responsables del genocidio.

Ahora, Albanese publica en España Cuando el mundo duerme. Historias, palabras y heridas de Palestina (Galaxia Gutenberg), un ensayo en el que cuenta la historia de la ocupación a través del derecho internacional, pero también de sus vivencias y reflexiones personales y de las de diez personas –la mayoría, amigos y amigas de Albanese– que protagonizan cada uno de los capítulos. Y lo escribe con la claridad, la precisión y la determinación que la han convertido en una de las voces más respetadas de la esfera pública. Y, también, compartiendo el sufrimiento, el dolor y el miedo que acarrea, a veces, estar en la primera línea de la “guerra contra los valores” que están sufriendo, en palabras suyas, quienes participan en el ‘efecto Palestina’, como llama a la nueva conciencia global que ha despertado el genocidio contra Gaza.

En su libro Cuando el mundo duerme cuenta la historia de Palestina, de la ocupación, del régimen de apartheid, del genocidio con rigor y datos, y, también, mediante sus vivencias. ¿Por qué decidió escribirlo desde esta perspectiva personal?

Primero, porque había planeado escribirlo un año antes, cuando salió mi primer libro en italiano, poco después del inicio del ataque contra Gaza en octubre de 2023. En aquel caso buscaba que el público italiano tuviese una especie de punto de referencia, porque allí, desde el principio de los ataques, la retórica y la propaganda fueron muy proisraelíes. Y lo digo sin negar el sufrimiento de los israelíes ni lo duro que fue lo que sufrieron el 7 de octubre. Yo sabía que el Gobierno israelí capitalizaría ese sufrimiento y que los líderes occidentales cederían para complacer y favorecer a Israel. Así que quería ofrecer una especie de glosario.

«En estos dos años he llegado a aceptar la vulnerabilidad de una forma en la que no lo había hecho antes»

Pero una vez que ese libro vio la luz, ya tenía en marcha este proyecto, en el que quería hablar sobre Palestina desde la perspectiva del derecho internacional, pero de una manera personal, humanizando esa historia y haciéndola accesible, especialmente para los más jóvenes.

En segundo lugar, también lo escribí así por mí. Fue un ejercicio muy catártico. Tuve que articular cómo había entrado en mi vida Palestina cuando llevábamos ya año y medio de genocidio y mientras trabajaba en el informe sobre la economía del genocidio.

Es un libro difícil de catalogar porque tiene mucho de historia, de ensayo, de derecho internacional, pero no es un libro de solo una de esas cosas. Tampoco una biografía ni autobiografía, aunque contiene muchas vidas. Pero creo que también eso es lo que hacemos las mujeres, mostramos quiénes somos sin ocultar nuestras debilidades. En estos dos años he llegado a aceptar la vulnerabilidad de una forma en la que no lo había hecho antes. Por eso me sentí atraída a escribir este libro, en el que me expongo y comparto tanto de mi viaje personal.

«Estamos en una especie de guerra contra los principios, contra los ideales puros. Y quienes luchamos en ella compartimos algo muy profundo»

El libro es también una carta de amor a la amistad, a los amigos palestinos, israelíes y judíos no israelíes que le han permitido comprender la realidad de Palestina. De hecho, lo comienza con una cita de Alisa Weise: “La solidaridad es una manifestación política de amor”. ¿Cómo describiría el papel de la amistad en su compromiso y en el movimiento internacional de solidaridad global con Palestina que ha surgido a raíz del genocidio?

Es interesante porque cuando leí el libro en octubre, meses después de su publicación en Francia, me di cuenta de que parecía deliberado que hubiese palestinos e israelíes, como si los quisiera reunir en una mesa. No fue así. Los elegí porque son mis amigos y porque me enseñaron muchas cosas. Alon Confino era probablemente el más israelí de todos, pero nunca pensé en él como un israelí porque era una persona universal.

Además, mi círculo de amigos ha crecido mucho a partir del genocidio. Personas que van desde el colegio de mis hijos al ámbito público, que me han apoyado siempre, que han querido estar cerca de mí cuando he sufrido los ataques más feroces. Como cuando el gobierno y los medios de comunicación de Italia, donde no son muy libres, empezaron a atacarme hasta por estornudar. Siento que estamos en una especie de guerra contra los principios, contra los ideales puros. Y quienes luchamos en ella compartimos algo muy profundo.

Para mí, la relación más profunda de la vida no es el amor que sientes por tu pareja, tus hijos, tus hermanos o tus padres: para mí, el valor más importante es la amistad. La amistad es la red que te mantiene unido, que no te deja caer en el aislamiento. Además, la amistad es un valor para el futuro. Necesitamos recuperar la humanidad en nuestras vidas, estamos demasiado aislados, somos demasiado individualistas, y la amistad, este vínculo que nos une a todos, es un buen camino.

Francesca Albanese. Foto cedida: FAROOQ ZAMIR.

«Palestina nos ha iluminado y nos está mostrando el camino para resistir, que no es solo resistencia, es también resiliencia»

Sostiene que el genocidio de Gaza ha despertado una nueva conciencia global a través del movimiento internacional de solidaridad con Palestina. ¿Cómo puede este movimiento contribuir a frenar la ola reaccionaria y antidemocrática que sufrimos?

Veo un movimiento que llamo una, como el plural en latín de unus (unidad), porque reúne tantas realidades individuales que se convierten en una colectividad. Se trata de un movimiento sin líderes, pero con valores muy fuertes, identificables, y con una primera línea. Siento que soy parte de esa primera línea con los palestinos, Greta Thunberg, Yanis Varoufakis, el movimiento BDS, las organizaciones de derechos humanos, los abogados, los periodistas que hablan a pesar de la censura… Llamo a este movimiento “efecto Palestina” porque Palestina nos ha despertado, nos ha mostrado la diferencia entre los valores y sus contrarios, como la luz y la oscuridad. Palestina nos ha iluminado y nos está mostrando el camino para resistir, que no es solo resistencia, es también resiliencia. Me gusta este concepto porque es resistencia y firmeza, la capacidad de adaptarse, transformar, repensar. Y es un movimiento que no se puede vivir individualmente, tiene que ser colectivo para sea transformador; una elección ética que concierne a todo: al medio ambiente, a los animales, a los seres humanos. Y esto es, en definitiva, lo que Palestina representa para mí.

El “efecto Palestina” es despertar, unir y movilizar, con un espíritu de hermandad, como estamos viendo. Y la relación de amistad que hemos creado personas que, en un principio, éramos camaradas es más fuerte que la que tengo con algunas personas que han formado parte constante de mi vida. Luchamos y, aunque no sepamos cuándo veremos el final, nos vamos enriqueciendo al unirnos en torno a unos valores comunes.

Y al mismo tiempo que provoca esta reacción de admiración e inspiración, también genera mucho odio por lo que representa: la autoridad de la ley y los derechos de Palestina frente a la impunidad del poderoso Israel. En el libro explica que una de las razones por las que más odio ha recibido es por señalar que Israel es un proyecto colonial. ¿Por qué algo tan obvio genera tanta virulencia?

Si hubiéramos tenido esta discusión en la década de 1950 o incluso a principios de la década de 1960, nadie habría dicho ni una palabra porque entonces el colonialismo no era visto como la madre de todos los males, como sí ocurre hoy. Por eso entiendo que a los israelíes no les guste que los llamen pueblo colonial.

El proyecto del Estado de Israel precedió al Holocausto, y no hay duda de que el pueblo judío fue perseguido y que el proyecto nacional surgió para protegerlo. No era la única solución, también lo podría haber protegido donde estaban. Pero es cierto que las circunstancias hicieron que tuvieran que abandonar sus hogares en Europa y no había muchos países que los quisieran. Incluso supervivientes del Holocausto fueron rechazados por Gran Bretaña, Estados Unidos y Australia cuando huían como refugiados de Europa.

El caso es que podrían haber ido como refugiados a Palestina. Pero no, fueron como parte de un proyecto nacional colonial que cogía la tierra y los hogares de otras personas, de los pueblos indígenas. Entiendo que muchos creen o les gusta creer que Dios les dio esa tierra, pero Dios no es un agente inmobiliario y no le dio la tierra a nadie.

Hoy estamos gobernados por la ley e Israel no debería haber sido creado a expensas –no digo que no debería haber sido creado– sino que no debió crearse a expensas de casi un millón de palestinos, de los cuales unos 750.000 fueron expulsados y nunca se les permitió regresar. Además, Israel ha seguido comportándose como una colonia de colonos en lo que quedaba de la Palestina histórica, en el territorio palestino ocupado, en Gaza, Cisjordania o Jerusalén Este. Y lo presentan con la burbuja del origen divino de Israel, como si se tratase del pueblo judío regresando a su tierra. No digo que el pueblo judío no tenga vínculos con la Tierra Santa. Solo digo que lo que hicieron fue violento y que esa violencia perdura. Además, contar que es un proyecto colonial desmiente el mito de la tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra. Y claro, todo eso no les gusta.

«Estamos demasiado aislados, somos demasiado individualistas, y la amistad, este vínculo que nos une a todos, es un buen camino»

¿Qué debería hacer la Unión Europea con respecto a Israel si decidiese cumplir con el derecho internacional?

En primer lugar, al menos, debería suspender, o incluso derogar, el acuerdo de asociación de la UE con Israel. En segundo lugar, debería considerar permitir que los Estados puedan cumplir con la ley, porque eventualmente los Estados miembros utilizan a la Unión Europea como excusa para incumplir sus obligaciones internacionales, que imponen detener el comercio de armas, dejar de comprar armas a Israel y cortar los lazos económicos. Un embargo de armas es necesario, pero también cortar los lazos con la economía israelí, porque Israel está perpetrando los crímenes de apartheid y de genocidio. ¿Qué más tiene que hacer Israel para que la Unión Europea haga todo esto? La Unión Europea debería alentar a sus Estados miembros a cortar lazos con Israel y, también, debería dejar de financiar proyectos de investigación israelíes, especialmente en el sector militar y de vigilancia. Productos que han sido probados con los palestinos, tanto en el campo de batalla como en sistemas de seguridad, y que se han convertido en sofisticados equipos utilizados para matar o aterrorizar a toda una población durante los últimos dos años.

Comienza el libro con un capítulo dedicado a las violencias que Israel emplea contra la infancia palestina. ¿Cómo es posible que la Unión Europea y Estados Unidos hayan mantenido su apoyo a Israel, incluso después de que haya cometido un infanticidio en Gaza y de todos los asesinatos, encarcelamientos, torturas y otros crímenes que comete contra los niños y niñas palestinos de Cisjordania y Jerusalén?

Me gustaría recordar que Estados Unidos es el único país del mundo que no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño. Además, creo que los soldados israelíes y muchos sectores de la sociedad israelí no ven a los niños palestinos: solo ven a palestinos, a los que ven como posibles amenazas terroristas y a la seguridad. Existe una profunda deshumanización. Nunca he visto nada parecido al nivel de racismo institucionalizado y generalizado contra todo un pueblo que vive a tu lado. Y esa demonización no solo afecta a Israel, sino también a algunos de nosotros en el mundo global de minorías blancas privilegiadas.

Quizás sea una fantasía, pero imagino a gente yendo libremente a Gaza y ayudando a limpiar la zona. Me imagino que los seres humanos pueden ayudar a reconstruir la Franja y ayudar a los palestinos a sanar las heridas. Se requerirá mucha humanidad para contrarrestar la inhumanidad que han mostrado el Gobierno y los soldados israelíes, así como las sociedades occidentales.

Francesca Albanese. Foto cedida: MONA VAN DEN BERG.

«La Unión Europea debería alentar a sus Estados miembros a cortar lazos con Israel y, también, debería dejar de financiar proyectos de investigación israelíes, especialmente en el sector militar y de vigilancia»

Una de las consecuencias del genocidio ha sido la pérdida de la poca credibilidad que le quedaba a buena parte de los medios occidentales. ¿Cree que podrán ser juzgados por su responsabilidad en el genocidio?

Sí, aquellos que han sido apologistas del genocidio deberían ser juzgados. Y también deberían dejar de tener lectores y clientes. Pero le contaré más en unos meses porque esta es una de las investigaciones que estoy realizando.

TikTok acaba de cerrar la cuenta del periodista gazatí Bisan Ota y YouTube ha eliminado miles de vídeos subidos por soldados israelíes que publicaban sus propios crímenes de guerra. ¿Qué responsabilidad tienen las plataformas tecnológicas en el genocidio de Gaza y la ocupación de Palestina?

Muchas de ellos han silenciado, censurado y alterado contenido palestino y en solidaridad con los palestinos. Esto no es neutral, no respeta la libertad de expresión ni la primera enmienda –ya que la mayor parte de ellas están radicadas en Estados Unidos–. Estos medios y gigantes tecnológicos han elegido en qué parte de la historia han querido posicionarse y al menos yo, como abogada, deseo verlos investigados judicialmente.

Pero mientras eso ocurre, [estas plataformas] deberían perder a sus seguidores. Y espero que tenga éxito Upscrolled, creada por un empresario palestino como una versión libre de censura de TikTok. Tuvo un millón de descargas en un día y espero que siga creciendo a ese ritmo porque lo necesitamos. Mi temor es que se generen cámaras de eco y que TikTok siga siendo para los proisraelíes y los crédulos, mientras que el otro sea donde se divulgue la información. En cualquier caso, necesitamos alternativas.

¿Cree que lo sucedido con el genocidio podría ser una oportunidad para impulsar una reforma democratizadora de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad?

No sucederá. No sucederá a menos que se revisen los cimientos del sistema, basado en el privilegio o la dominación de algunos Estados. No creo que ocurra. Y como no se puede reformar, la ONU se está volviendo cada vez más irrelevante, y eso es peligroso.

Espero que países como los que integran el Grupo de La Haya se conviertan en actores importantes y que España juegue un papel importante dentro de él. Porque no solo el Gobierno español, sino el pueblo español, las universidades españolas y los medios de comunicación españoles han sido un gran ejemplo de compromiso positivo y ético. Por eso espero que el Gobierno de España se una al Grupo de La Haya pronto.

¿Qué medidas debe tomar la sociedad civil en esta nueva fase del genocidio de Gaza?

En primer lugar, apoyar los esfuerzos de quienes intentan lograr justicia, como la Fundación Hind Rajab –en España también hay abogados persiguiendo a las empresas [que participan en el genocidio]–. Debería investigarse más a los actores privados que han sido cómplices de los crímenes israelíes. Debe haber una presión continua para que las instituciones sigan haciendo lo correcto, porque no creo que el Gobierno español hubiera hecho lo que ha hecho sin el empuje del pueblo español. Y luego, el consumo ético –nadie debería vender productos relacionados con la ocupación israelí–, la banca ética –comprobar que sus bancos no tienen inversiones relacionadas con la ocupación–, y adherirse a la campaña de Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS).

La reclusión, la erradicación y la persecución del pueblo palestino siguen siendo el principal objetivo del gobierno actual de Israel. Y el horizonte es incierto porque es un plan que no tiene fin.

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¿Y por qué, hijo, quieres ser un fascista?

Por: La Marea

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Mientras cerrábamos el número 110 de la revista de La Marea, la policía migratoria de Donald Trump tiroteó al enfermero Alex Pretti en Minneapolis. Unos días antes, el ICE había matado ya a Renée Good. Las acciones del presidente de EE. UU. y la inacción de la comunidad internacional están dejando sin palabras a una sociedad que, paradójicamente, mira cada vez más a los líderes ultras. Lo hemos visto en Chile recientemente o, más cerca aún, en Portugal. En España, Ayuso se mueve con soltura y las encuestas pronostican también una amplia subida de Vox. Lo peor es que no es nuevo –ya buscamos en estas mismas páginas hace diez años antídotos de izquierdas–. Y lo aún peor es que va a más.

La Marea 110: Obreros de ultraderecha

Ahí tenemos siempre al Carnaval de Cádiz cantando las mejores crónicas: «Mamá, perdóname, pero yo de mayor quiero ser un fascista». En el dossier de nuestra última revista (con portada de Candela Sierra, premio Nacional de Cómic 2025) tratamos de dar respuesta a todas estas cuestiones, qué lleva a la clase obrera a votar políticas en contra de sus propios intereses. ¿Por qué hay cada vez más obreros de derechas o, como dice el pasodoble de Los hijos de Cádiz, más fascistas modernos? Por un lado, en un reportaje firmado por Guillermo Martínez, contamos con los testimonios de trabajadores y trabajadoras forjados en la izquierda que han terminado virando su voto en los últimos tiempos hacia opciones como Vox. Y, por otro, con entrevistas y análisis de especialistas (Pablo Batalla, Patricia Simón, Sebastiaan Faber, Olivia Carballar, Jorge Dioni López, Barbara Celis, Antonio Avendaño…) que interpretan las causas más profundas del contexto global en el que estamos inmersos. La conciencia de clase ya no es un factor clave en la elección del voto, avisan. Y ridiculizarlos tampoco es la solución.

La Marea 110: Obreros de ultraderecha

Y además…

En este número también nos hemos desplazado a la frontera entre Venezuela y Colombia para tomar el pulso a la doctrina Donroe, ese nuevo viejo orden impuesto desde la Casa Blanca y que sitúa a América Latina, con ánimos redoblados, como su «patio trasero».

Entrevistamos a Hernán Zin, cineasta y reportero con 20 años de experiencia en conflictos armados. Su última película, nominada al Goya, es el documental Todos somos Gaza. Es la segunda parte de Nacido en Gaza (2014) y en ella sigue los pasos, en mitad del genocidio, de tres de los niños (ya adultos) que aparecían en la primera entrega.

La Marea 110: Obreros de ultraderecha

Fieles a nuestra agenda, seguimos cerca del Sáhara Occidental. En esta ocasión nos acercamos a una paradójica realidad: alejados de su mar y de uno de los bancos de pesca más importantes del mundo, el pueblo saharaui cría pescado fresco en una piscifactoría situada en mitad del desierto, cerca de los campamentos de personas refugiadas de Tinduf (Argelia).

La Marea 110: Obreros de ultraderecha

Sin perder de vista la actualidad, tras el trágico accidente de Adamuz y el de Rodalies en Barcelona, ponemos el foco en el impacto que tiene el cambio climático sobre las infraestructuras dedicadas a la movilidad.

Por su parte, nuestro compañero Eduardo Robaina, coordinador de Climática, nos explica qué es y cómo nos afecta la calima, el polvo en suspensión procedente del desierto. En torno a este fenómeno meteorológico ha publicado un foto-libro con imágenes espectaculares.

La Marea 110: Obreros de ultraderecha

Y Bob Pop nos presenta a Víctor, alguien verdaderamente fascinante: recoge ropa de la basura y la reutiliza, con un ojo excelente para combinar prendas y un discurso político muy potente contra la moda del usar y tirar.

La Marea 110. Obreros de ultraderecha: ¿Y por qué, hijo, quieres ser un fascista?

Que no falte la cultura

Como siempre, llevamos temas muy interesantes en nuestra sección cultural, El Periscopio, que en esta ocasión cuenta con una preciosa portada diseñada por Sara Betula (sí, ahora que abundan las ilustraciones instantáneas generadas por IA, nosotras seguimos apostando, más que nunca, por las manos humanas).

Entrevistamos a la canadiense Sophie Deraspe, directora de Hasta la montaña, un bucólico alegato contra las prisas y las pantallitas que nos amargan la existencia. Analizamos el papel subalterno de las mujeres en las películas de romanos. Y publicamos fragmentos del diario personal de la artista Marta Cárdenas.

Como veis, la revista de enero-marzo viene cargada de temas actuales, profundos y sugestivos.

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Trivial

Por: Ana Carrasco-Conde

Este artículo se publicó originalmente en #LaMarea109. Puedes conseguir la revista aquí o suscribirte para recibirla y apoyar el periodismo independiente.

¿Es lo banal algo trivial? ¿Es el mal banal? ¿Y el daño? ¿Son triviales? ¿Qué hay de trivial en matar a alguien? ¿Es eso lo trivial? ¿Hemos naturalizado que el que haya bajas en la guerra sea «normal»? ¿Es eso lo que carece de valor o de interés? ¿Qué hace que un asesinato sea tolerable y otro intolerable? ¿El modo de matar o el modo de morir?

El adjetivo banal hace referencia a un vocablo francés que apunta a lo común de un pueblo que comparte la figura de un gobernante, de ahí bando. Tan común es que carece de importancia, ¿lo común no es importante? ¿Y si es precisamente lo más importante? ¿Y si a lo que debemos prestar atención es precisamente al modo en el que nuestras formas sociales de organizarnos normalizan ciertos actos que deberían causarnos un profundo rechazo? ¿Y si lo banal tuviera que ver con cerrar los ojos?

Entonces la banalidad del mal, según la conocida fórmula de Hannah Arendt, no sería aquella relacionada con la falta de reflexión, sino con la normalización de lo que en realidad va contra toda norma: atentar contra la vida de personas (y otros animales) inocentes. Entonces, ¿atentar contra la vida de culpables sí es lo normal? Con pesar, esta pregunta puede responderse afirmativamente. Ahora bien, ¿quién es culpable en una guerra y de qué? ¿Qué es una guerra? ¿Y qué una matanza? ¿Cuál es la diferencia entre matanza y genocidio?

Para responder a estas cuestiones, volvamos a la palabra trivial: ¿hay un mal trivial o hay un daño trivializado? Lo trivial es asunto intrascendente, elemental y sabido por todo el mundo. Es por ello objeto de conversación vacua y superficial, tema de ascensor o, como apunta el origen del término, de lo que se habla en el cruce de caminos en el que se encontraban viajantes y posadas (lat. trivium). Lo trivial sería, entonces, por un lado, lo común que todos saben y, por otro, tema fácil de conversación.

Desde esta perspectiva, cuando pensamos en una guerra, todo el mundo sabe que mueren personas y pueden darse expresiones circunspectas que dan cuenta de lo mal que está el mundo, como qué horror lo que sucede en la otra punta del planeta. Elemental. Desde este punto de vista, el genocidio en Gaza es trivial: tema de conversación en el que todos saben lo que sucede y todo el mundo opina.

Sin embargo, lo trivial es la conversación, no el asunto mismo, es decir, trivializamos algunas cosas cuando, en lugar de convertirlo en tema sobre el que pensar, lo convertimos en tema del que charlar. Esta sería una banalización del mal (el que se ejerce) y del daño (el que se experimenta). Para pensar en un tema sin trivializarlo es preciso profundizar en él y para ello, en lugar de buscar información que secunde lo que queremos pensar, escuchar también lo impensado por nosotros hasta el momento.

¿Qué hace de una matanza un genocidio? La planificación de la muerte. ¿Es lo acontecido en Gaza uno? Algunos dirán que no, que son víctimas de una guerra, de la que tan responsable es Hamás como Israel. Pero profundicemos un poco más. Tenemos matanzas masivas, torturas, guerras incesantes, prácticas brutales, conflictos de sangre y restos mortales, tenemos desaparición de cuerpos, descuartizamiento de personas, hambrunas por corte de suministro, guetos, caza de brujas, de mujeres, de personas por su identidad u orientación sexual. Hay donde elegir. ¿Todo esto es banal? ¿Todo ello se debe a la falta de reflexión? Afirmar tal cosa es no entender qué se afirma cuando se habla del mal banal o del daño trivializado.  

En otros lugares he señalado que no es cierto que el mal se repita, sino que es nuestra forma de abordarlo la que nos da sensación de ciclicidad y repetición. Decir que el ser humano es violento o malo, sea por naturaleza o a causa de la sociedad, es etiquetarlo y con ello ceder a la pereza de pensar y pensarnos. La etiqueta nos posiciona en un punto de vista que muchas veces es difícil abandonar. No se trata de juzgar, de opinar, de creer, sino de analizar, profundizar y comprender.

Si el ser humano es violento, ¿qué podemos hacer salvo quejarnos, darnos por vencidos, condenarnos o atarnos con leyes que nos protejan de los demás? Porque son los demás, según pensamos muchas veces, los que hacen daño, casi nunca nosotros. Una de las primeras acciones que podemos llevar a cabo es no trivializar el daño, esto es, convertirlo en objeto de una conversación vacua, en la que nos escandalizamos pero al poco tiempo, pasamos a otra cosa. Romper esta inercia a la que tendemos, incluso en la más inocente intención y sincera preocupación, es ya interrumpir el círculo de la repetición para abrir la posibilidad a otro modo de referirse a lo que a alguien le está sucediendo y alguien está realizando.

Ahora bien, ¿entonces cómo hablar de ello? ¿cómo pensarlo? Preguntándonos cómo hablamos de ello y en qué contexto, si se reduce a una conversación aunque sea preocupada o si pensamos en emprender acciones que vayan más allá de lo corriente y que alteren las lógicas de lo común de los modos del mal naturalizados, que no sea motivo de cháchara en encrucijadas de caminos, es decir, que no sea trivial en sentido literal, sino que lo sea en otro sentido: el de ponernos a nosotros mismos en la encrucijada, en el cambio de dirección y de sentido. Que no sea insignificante, digno de olvido, sino que signifique porque en sentido contrario nos significamos como personas superficiales incapaces de responder ante una situación y ejercer la libertad con conciencia. Saber de lo que hablamos es también saber cómo lo hablamos. 

Decía al comenzar que lo común es lo más importante. Por eso no hay que caer en la ceguera de lo corriente: para reconstituir y recomponer lo común. Aunque haya culpables en una guerra, no por ello se merecen la peor de las muertes. Ahora bien, los genocidios, aunque suelan darse en el contexto de una guerra, no son sinónimo de guerra. Son el resultado de todo un mecanismo planificado de exterminio de quien solo es culpable de ser. Asesinar a miles por tener en común la cualidad de ser de una determinada manera. Eso sería un genocidio. Habrá que pensar entonces en el modo en el que lo común de ellos es también lo común que tenemos con ellos.

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Yaqeen, la niña que informaba desde Gaza, muere en un ataque aéreo israelí

Por: Paula Gonzalo

“No quiero que el mundo nos olvide”, decía Yaqeen Hammad frente a la cámara de un teléfono móvil mientras entregaba juguetes a otros niños en un campo de desplazados. Tenía 11 años y una determinación poco común para su edad. Esta semana, su voz se apagó tras un ataque aéreo israelí que impactó la zona de al-Baraka, en Deir al-Balah, en el norte de la Franja de Gaza, según confirmó The Guardian.

Yaqeen no era periodista profesional. Era una niña con una cuenta de Instagram y el propósito de mostrar al mundo cómo sobrevivían los menores en medio del conflicto. Junto a su hermano Mohamed, voluntario en una ONG humanitaria, recorría campos de refugios improvisados repartiendo ayuda y grabando vídeos donde mezclaba esperanza, dolor y resistencia.

Israel mata a Yaqeen Hammad, de once años.
La activista más joven de G*za.
En redes sociales compartía vídeos que documentaban su trabajo voluntario en escuelas, comedores sociales y organizaciones benéficas.
Más de 17.000 niños asesinados por Israel. pic.twitter.com/3GdebM8YfW

— Almudena Ariza (@almuariza) May 28, 2025

La joven formaba parte del colectivo Ouena, una ONG palestina que ofrece asistencia directa a personas desplazadas por el conflicto. En su corta vida, participó en numerosas campañas humanitarias, llevó ropa y alimentos a familias vulnerables y compartió consejos para sobrellevar la guerra. Entre sus vídeos podemos descubrir: cómo protegerse durante un bombardeo, cómo conservar alimentos o cocinar sin electricidad.

Su historia, aunque desgarradora, es también un recordatorio del poder del periodismo ciudadano. En escenarios donde los medios internacionales tienen acceso limitado o no pueden verificar lo que ocurre en tiempo real, las voces de la ciudadanía son vitales. Personas como Yaqeen —niñas, madres, médicos, voluntarios— se convierten en cronistas de lo que otros no pueden ver o no quieren contar.

Desde el inicio de la ofensiva militar en Gaza en octubre de 2023, más de 16.000 niños han muerto, según datos del Ministerio de Salud de Gaza recogidos por Al Jazeera. La cifra da cuenta de la dimensión del horror, pero también subraya la urgencia de escuchar las voces que siguen resistiendo desde dentro.

Yaqeen formaba parte del colectivo Ouena, una organización sin ánimo de lucro dedicada a brindar asistencia a las familias desplazadas en Gaza. Junto a su hermano, entregaba alimentos, ropa y juguetes, llevando alivio a quienes lo habían perdido todo. Su presencia en redes sociales, donde acumulaba más de 100.000 seguidores, se convirtió en una fuente de inspiración y consuelo para muchos.

La pérdida de Yaqeen no es solo la muerte de una niña: es la pérdida de una narradora de su tiempo, de una testigo que decidió, aún con miedo, informar desde la primera línea. Su memoria nos obliga a reflexionar sobre la responsabilidad de proteger y amplificar esas voces ciudadanas que, en los márgenes de la guerra, sostienen el derecho a saber.

Para conocer más sobre la labor de Ouena y cómo apoyar sus iniciativas, se puede visitar su sitio web oficial aquí.

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Resumen Anual 2024: Celebrando el Poder del Contenido Generado por los Usuarios

Por: Equipo PC

Como cada año, en Periodismociudadano.com, realizamos un resumen de las noticias más destacadas que reflejan el compromiso y la dedicación de informadores voluntarios en todo el mundo. Este repaso anual vuelve a poner de relieve la importancia del contenido generado por el usuario para visibilizar realidades silenciadas y defender los derechos humanos. Además, destacamos la crucial necesidad de proteger a los periodistas ciudadanos, quienes arriesgan su seguridad para informar y empoderar a sus comunidades, así como la importancia de luchar contra la desinformación.

A continuación, presentamos el ranking cronológico de las 10 noticias más destacadas publicadas durante el último año:

1-Vertido de Pellets en las Costas Gallegas y su Gestión con Mapas Colaborativos

Un contenedor con  26,3 toneladas de pellets de plástico vertió su carga en las costas de Galicia, Asturias y Cantabria. Se implementaron  mapa colaborativos para rastrear y gestionar la limpieza, contando con la participación de la asociación ecologista Noia Limpa y diversas organizaciones que impulsan una petición para cambiar la normativa y prevenir futuros vertidos. Los mapas han sido esenciales para coordinar jornadas de limpieza y recopilar datos a través de la colaboración ciudadana.

2-Julian Assange fue liberado bajo fianza tras doce años de confinamiento.

Tras este interminabla confinamiento Julian Assange, fundador de WikiLeaks, era liberado bajo fianza por el Tribunal Superior de Londres.

 Su liberación marca un hito significativo en su prolongada batalla legal de la que os hemos hablado en numerosas ocasiones en PC. Tras su liberación se inició una campaña para recaudar los 520,000 dólares destinados a cubrir su vuelo a Saipan y asegurar su bienestar y recuperación. Organizaciones defensoras de la libertad de prensa y múltiples personalidades celebraron la noticia, esperando que esta decisión marque un precedente positivo para la protección de los derechos de los periodistas y la libertad de expresión a nivel mundial.

3- Corte Suprema Impulsa la Protección de los Periodistas Ciudadanos tras el Caso de Priscilla Villarreal («La Gordiloca»)

La Corte Suprema de Estados Unidos anulaba un fallo que bloqueaba la demanda de Priscilla Villarreal, conocida en redes como «La Gordiloca», una periodista ciudadana de Texas. Villarreal, arrestada en 2017 por publicar información no pública sobre un suicidio en su página de Facebook, ahora ve reabierto su caso. Esta victoria no solo es importante para ella, sino quese convierte en un precedente decisivo  que sienta las bases para una mayor protección de los periodistas ciudadanos que se enfrentan a represalias y a toda clase de riesgos al realizar su trabajo. En contexto represivos y frente al auge de la desinformación, figuras como Villarreal han emergido como referentes informativos para sus comunidades, utilizando plataformas como Instagram y Facebook para compartir noticias con miles de seguidores. La Corte Suprema ordenaba al Quinto Circuito que reconsiderase la demanda presentada por Villarreal, lo que podría ampliar las protecciones legales para todos los periodistas ciudadanos.


4-Witness Gana el Premio Peabody Global Impact por su Defensa de los Derechos Humanos

Witness, (@witness_es), una organización cofundada por el músico y activista Peter Gabriel, era galardonada con el prestigioso Peabody Awards, Global Impact por su incansable labor en la defensa y protección de los derechos humanos a través de la tecnología y el vídeo. Desde sus inicios en 1992, Witness ha proporcionado equipos de vídeo y capacitación a activistas de todo el mundo, apoyando el derecho de la ciudadanía a documentar violaciones de derechos humanos. Su reconocimiento en la 84ª edición de los premios anuales Peabody Awards, destacaba la importancia del periodismo ciudadano y el contenido generado por el usuario para visibilizar desigualdades e injusticias sociales que de otro modo permanecerían silenciadas. En su discurso de agradecimiento, Sam Gregory, Director Ejecutivo de Witness, reconoció a los periodistas ciudadanos y a los millones de testigos en primera línea que defienden sus derechos y documentan abusos en todo el mundo.

5-Récord de Asesinatos en Pakistán: La Heroica Resistencia de Periodistas Profesionales y ciudadanos

En los primeros seis meses de 2024, Pakistán registró un récord de siete asesinatos de periodistas, incluyendo tanto a profesionales como a reporteros ciudadanos. Este aumento resalta la peligrosa situación para los medios en el país y la necesidad urgente de proteger a quienes informan sobre corrupción y conflictos locales. Organizaciones como Reporteros Sin Fronteras subrayan que Pakistán es uno de los países más peligrosos del mundo para los periodistas, con impunidad generalizada para los perpetradores. En la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa se situaba en el puesto 152 de 180 países.

6-Amazondas: Mejor Podcast Experimental en los Premios Ondas

Los podcast de Amazondas (@amazondas_), fue galardonado este 2024 en la 3ª edición de los premios Ondas del Podcast como mejor Podcast Experimental. Este reconocimiento destaca la creatividad y el impacto social de la producción, que empodera a comunidades indígenas de la selva peruana a través de relatos sonoros innovadores. El equipo detrás de Amazondas, liderado por Fátima González Donado,  (@fgdonado), ha logrado combinar voces auténticas con una producción profesional, creando una experiencia sonora que ha cautivado a audiencias locales e internacionales.

7-La Guerra en Gaza: Periodistas Ciudadanos Informan del Conflicto

En medio del conflicto en Gaza, periodistas ciudadanos como Motaz Azaiza,  Bisan Owda Plestia Alaqad han jugado un papel crucial, proporcionando información en tiempo real a través de redes sociales y colaborando con medios internacionales para ofrecer una perspectiva auténtica y humana del conflicto. El trabajo de informadores como Motaz Azaiza, (@azaizamotaz9), del que os hemos hablado en PC, ha permitido una visión directa de la guerra, alterando la percepción convencional del conflicto y ofreciendo una perspectiva humana que los medios tradicionales a menudo no pueden capturar.

En este contexto de crisis que ya se vivió en conflictos similares como fue la guerra en Siria, medios como la CNN señala: «Los palestinos han conseguido abrir una ventana a la guerra» a través de sus redes sociales, convirtiéndose en un elemento crucial que permite seguir el conflicto a través de sus testimonios:


A través de sus publicaciones en Instagram, X y otras plataformas, estos periodistas ciudadanos le están poniendo rostro al conflicto.

8-Mansour Shouman: El Valor del Periodismo Ciudadano en Gaza

Mansour Shouman, (@ShoumanMansour), periodista ciudadano palestino-canadiense, ha documentando la vida de los palestinos en Gaza, proporcionando testimonios esenciales y colaborando con medios internacionales. Su trabajo resalta la importancia del periodismo ciudadano en contextos de alta peligrosidad, permitiendo que las voces de los civiles palestinos sean escuchadas globalmente, a pesar de las amenazas y riesgos personales que enfrenta.

El periodismo ciudadano que Shouman representa pone en valor la capacidad de los individuos para generar contenido de gran valor en circunstancias límites, denunciando injusticias y ofreciendo visibilidad a las voces silenciadas. (Si quieres apoyar el trabajo de Shouman puedes visitar esta web).

9-Climate Optics: Lucha contra la Crisis Climática en Pakistán

La Organización para el Desarrollo Social Sostenible (SSDO), (@SSDOPakistan), ha lanzado la iniciativa Climate Optics, (@ClimateOpticsPK), con el objetivo de combatir los crecientes desafíos climáticos de Pakistán. La iniciativa Climate Optics, promueve el periodismo ciudadano para enfrentar los desafíos climáticos en Pakistán. Empodera a los jóvenes para liderar acciones sostenibles y fomenta la colaboración internacional para mejorar la resiliencia climática del país. A través de la documentación y difusión de eventos climáticos, Climate Optics ayuda a visibilizar las necesidades de las comunidades afectadas y promueve el activismo desde la base.

10-Inundaciones de la DANA en Valencia: Información Ciudadana Clave para visibilizar la magnitud del desastre

Una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) fue la responsable de las terribles inundaciones sufridas en Valencia a finales de año. La información generada por ciudadanos a través de redes sociales y plataformas colaborativas fue crucial para visibilizar la magnitud de lo ocurrido, informar de zonas afectadas y gestionar el mapa de las zonas más afectadas, demostrando nuevamente el valor del periodismo ciudadano frente a los desastres naturales. También es importante descatar la gran cantidad de desinformación que se generó por ciertos grupos para generar caos y confusión social. Desde Maldita, organización centrada en la verificación de contenido hablaba de: «Cómo internet puede oscurecer aún más una tragedia: desinformación, redes sociales, influencers, inteligencia artificial y timos en la DANA en España».

Desde ABC nos explicaban cómo los bots colapsaron la plataforma X de Elon Musk para sembrar el caos en el peor desastre natural español del siglo.

Frente a la desinformación es importante también destacar cómo la rápida difusión de información permitió una mejor coordinación de las respuestas de emergencia y una mayor conciencia pública sobre la magnitud del desastre. En este caso vimos como las redes se convierten en un gran elemento para canalizar la solidaridad ciudadana, coordinar mensajes de apoyo y dfundir información sobre los desaparecidos.

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Mansour Shouman: El valor del periodismo ciudadano en Gaza

Por: Paula Gonzalo

El periodismo ciudadano vuelve a convertirse en una herramienta crucial para mostrar la masacre del pueblo palestino a través de informadores voluntarios. En PC os hemos hablado del trabajo de Motaz Azaiza, (@azaizamotaz9), premio TRT World Citizen Communicator, Bisan Owda Plestia Alaqad. Todos ellos han abierto una ventana directa a la realidad del conflicto en Gaza a la que ahora se suma el periodista ciudadano palestino-canadiense, Mansour Shouman, (@ShoumanMansour).

La suya ha sido una voz crucial durante el conflicto entre Israel y Hamás, documentando la vida de los palestinos en Gaza desde el 7 de octubre de 2023. Shouman, que trabajaba como consultor en la región, decidió usar su posición para informar al mundo sobre la crisis humanitaria en curso, conectando con millones de angloparlantes a través de redes sociales y colaborando con medios de comunicación internacionales.

Desde sus redes sociales, ha denunciado también lo que considera «una limpieza étnica en Gaza, Cisjordania y ahora en el sur del Líbano» por parte de Isrrael.

Israel is pushing an ethnic cleansing in Gaza, the West Bank, and now Southern Lebanon. Netanyahu’s moves are performative—he’s targeting anyone who stands with Palestinians.

How is bombing of a sovereign country okay? Over 500 dead in Lebanon, and it’s the same playbook as Gaza pic.twitter.com/UbIXAPmdQM

— Mansour Shouman (@ShoumanMansour) September 27, 2024

Mansour Shouman is a Palestinian Canadian who suddenly found himself becoming a citizen journalist in Gaza. Along with documenting the war, he’s risked his life on several occasions trying to help Palestinians and even went missing twice. Asked if he’d go back to Gaza, the answer… pic.twitter.com/bGaJwP2FUt

— Mansour Shouman (@ShoumanMansour) April 3, 2024

«Sentí que, desde una perspectiva humanitaria y religiosa, era crucial que alguien contara lo que estaba sucediendo», señala Shouman en declaraciones a The Globe and Mail. Al ver la falta de cobertura y de personas con la habilidad para usar redes sociales o hablar inglés, asumió la responsabilidad de dar visibilidad a la situación de los palestinos. Sus reportajes y vídeos han expuesto las atrocidades y el sufrimiento diario en Gaza.

Shouman ha sido testigo de bombardeos, cadáveres y rescates en hospitales, situaciones en las que no solo documentaba, sino que también ayudó a salvar vidas. «Ves bombardeos, cadáveres y gente bajo los escombros. No tienes tiempo para estar triste o enfadado, solo para movilizarte y ayudar», dijo, describiendo cómo la vida bajo el conflicto se ha normalizado poco a poco.

Durante el conflicto, Shouman fue considerado desaparecido en dos ocasiones, lo que incrementó el temor por su seguridad. Pese a ello, continuó documentando y difundiendo, poniendo en riesgo su vida para exponer la realidad de Gaza. Su compromiso con el periodismo ciudadano ha sido clave para transmitir la voz de los civiles palestinos en un momento en que la prensa internacional ha tenido un acceso limitado. «Las historias que ocurren en el terreno deben cubrirse, especialmente por voces neutrales, para que se escuchen las voces de la población civil que está sufriendo», señaló Shouman, subrayando la importancia del contenido generado por usuarios en zonas de conflicto.

La desaparición de periodistas y el asesinato de comunicadores como sucedió con el hijo de Wael Dahdouh, uno de los periodistas más destacados de Al Jazeera, a quien Shouman conocía personalmente, pone de relieve los riesgos que enfrentan los reporteros locales. Sin embargo, Shouman insiste en que estas historias deben contarse, aunque sea a costa de la propia vida.

El periodismo ciudadano que Shouman representa pone en valor la capacidad de los individuos para generar contenido de gran valor en circunstancias límites, denunciando injusticias y ofreciendo visibilidad a las voces silenciadas. (Si quieres apoyar el trabajo de Shouman puedes visitar esta web).

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La Guerra en Gaza en Primera Persona: ciudadanos palestinos informan del conflicto en sus redes sociales

Por: Paula Gonzalo

En medio del conflicto en Gaza, los periodistas ciudadanos han vuelto a convertirse en informadores cruciales en un contexto de especial dificultad, poniendo en valor el contenido generado por los usuarios. En PC os hemos hablado del trabajo de informadores como Motaz Azaiza, (@azaizamotaz9), el joven fotógrafo palestino de 24 años, convertido en uno de los informadores más destacados de los ataques del ejército israelí contra la población civil de Gaza y otras regiones de Palestina ocupadas.

Desde que se inició del asedio, el pasado 7 de octubre, han fallecido más de 34 periodistas. Reporteros sin Fronteras lo califica como «El más mortíferos desde el año 2.000». A esta situación se suma la prohibición de la entrada de periodistas a la franja de Gaza, de ahí que la situación de los reporteros  que quedaban sobre el tereno sea aún más peligrosa.

En este contexto de crisis que ya se vivió en conflictos similares como fue la guerra en Siria, medios como la CNN señala: «Los palestinos han conseguido abrir una ventana a la guerra» a través de sus redes sociales, convirtiéndose en un elemento crucial que permite seguir el conflicto a través de sus testimonios:


A través de sus publicaciones en Instagram, X y otras plataformas, estos periodistas ciudadanos le están poniendo rostro al conflicto.

El poder de los informes de estos periodistas ciudadanos nos ofrece una visión directa de la guerra, alterando la percepción convencional del conflicto tal y como la conocemos. A través de imágenes desde el lugar de los hechos y vídeos de gran crudeza, muestran la amenaza constante de las explosiones y los desplazamientos y la verdad que se vive en las calles proporcionando una perspectiva auténtica y humana que ya vimos durantes los conflictos de la primavera arabe.

A igual que Azaiza, Bisan Owda, una joven gazatí de 25 años, documenta con su teléfono móvil la situación que se vive en la Franja de Gaza. Bisan, siempre inicia sus vídeos diciendo: “Soy Bisan, de Gaza, y sigo viva”, como una forma de dar gracias por haber superado otro día.

“Soy Bisan, de Gaza, y sigo viva”, la joven de 25 años documenta el día a día en la Franja de Gaza. pic.twitter.com/Jb5GN5ogcB

— AJ+Español (@ajplusespanol) January 8, 2024

La narrativa de la guerra en Gaza ha vuelto a poner el foco en los creadores de contenido, muchos convertidos por la extrema crudeza de la situación en periodistas ciudadanos. Azaiza, Bisan Owda, Plestia Alaqad han abierto una ventana directa a la realidad desde el lugar de los hechos. Su valiente trabajo ha forjado fuertes conexiones emocionales con audiencias de todo el mundo.

Plestia Alaqad es otra periodista ciudadana palestina conocida especialmene a raíz de comenzar a relatar en su cuenta de Instagram la situación en Gaza durante la conflicto. Su cuenta paso de tener el 3 de noviembre de 2023 2,1 millones de seguidores a los casi 5 millones que tiene actualmente. Sus vídeos han sido fundamentales para medios profesionales como ABC, BBC, Business Today, The Independent,​ The New York Times The Washington Post, confirmando una vez más la necesidad de colaboración entre periodistas profesionales y ciudadanos.

Si bien es cierto que, como señala Enan López de Freitas, socio y CMO de The White Rabbit, en PR Noticias: “en el contexto de conflictos bélicos, la difusión de información veraz y precisa se convierte en una cuestión de suma importancia. Sin embargo, las redes sociales también se han convertido en canales propicios para la proliferación de fake news y desinformación”, en estos contextos de crisis el contenido generado por el usuario es funtamental así como las labores de verificación de los periodistas profesionales que deben tener a su alcance las herramientas y criterios indicados para separar el ruido de la información. En el caso de Bisan lo último que nos cuenta en su Instagram es la destrucción de su lugar de trabajo, creado por ella para informar sobre la situación de su país. Su trabajo ha llegado hasta medios internacionales tan prestigiosos como The Guardian:

@guardian

“I’m still alive” is how Bisan Owda, 25, begins many of the videos she films to share with others about her experience living through war in Gaza. @wizard_bisan1 – a youth worker and film-maker – posts as regularly as she can, with very limited electricity and Internet, to share the grim realities that face Palestinians right now. This is part of her story. Tap the link in bio to read our coverage in full.

♬ original sound – The Guardian

Estos periodistas ciudadanos han experimentado un crecimiento exponencial en sus seguidores, evidenciando la demanda de historias auténticas contadas con la fuerza de estos informadores. Motaz Azaiza, que tenía alrededor de 25,000 seguidores antes de octubre de 2023, ahora cuenta con más de 18 millones. Bisan Owda que el 20 de noviembre de 2023, contaba con dos millones de seguidores supera los 4.3 Millones de seguidores en Instagram. Sus vídeos han sido compartidos por medios internacionales tan destacados como ABC News, Al Jazeera, la BBC o Le Monde.

A medida que las redes sociales se llenan de mensajes de apoyo, también surgen llamados a la acción. La conexión global con estos periodistas ciudadanos ha llevado a un aumento en protestas y manifestaciones, así como a un cambio en las opiniones públicas sobre la situación en Gaza. La esperanza reside en que esta conciencia sostenida pueda presionar a los líderes mundiales para buscar una solución pacífica y poner fin al sufrimiento en la región, sin olvidar que la muerte de todos estos informadores se convierte en una violación del artículo 79 de la Convención de Ginebra en el que se establece que: “los periodistas en zonas de guerra deben ser tratados como civiles y protegidos como tales, siempre que no participen en las hostilidades”. 

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