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Decálogo para la transformación del territorio agroalimentario

Por: J. Marcos

Las ecotopías imaginan otros mundos posibles aquí y ahora. Surcos que se abren caminando, los pies en la tierra y la cabeza en el cielo.

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Cultivos con fondos públicos

Por: Mª Ángeles Fernández

Extremadura es la mayor productora de tabaco en Europa. Una planta, receptora de ayudas comunitarias, que sostiene la vida de dos comarcas en las que se evita hablar de los problemas de salud que supone fumar.

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Lo negarán hasta cuando lo vean

Por: Pepe Galindo
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

♦ Más sobre (de)crecimiento:

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Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

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Lo negarán hasta cuando lo vean

Por: Pepe Galindo
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

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HERMENEUS: Un proyecto de consumo responsable

Por: Pepe Galindo

Actualmente, el gran volumen de intermediación que existe en el sector de la alimentación hace que los pequeños productores independientes se encuentren en una posición de debilidad. Estos productores ven cómo se agranda cada vez más la brecha entre el precio que ellos cobran por los productos y su precio final en los comercios (aplicando márgenes por encima de un 1000% a alimentos cotidianos). Además, una incorrecta gestión de la logística y el transporte, conlleva un daño medioambiental mayor del que podemos imaginar.

El Consumo Responsable es una forma de consumir pensando en lo que ese consumo conlleva, tanto para la naturaleza como para la humanidad.

Hace más de un año se puso en marcha el proyecto hermeneus.es que fomenta la concienciación hacia la necesidad de cuidar el medioambiente y la economía local, mediante un consumo sostenible. Hermeneus.es, a través de su plataforma web, facilita herramientas de comunicación y comercio electrónico a los profesionales del sector de la alimentación para generar un mercado transparente, en el que productor y consumidor están en contacto directo.

Hermeneus.es pone en contacto a profesionales de la alimentación y consumidores por toda la península. De esta forma el consumidor sabe dónde se han producido los alimentos que consume diariamente, y la trazabilidad de los mismos hasta su origen. Al no haber ningún intermediario ni comisiones por venta en las operaciones, se evita que se incremente el precio final de los productos.

Por otra parte, al incentivar el consumo local, las rutas de los transportistas se acortan, por lo que se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Hermeneus cuenta con 5 compromisos sociales, que constituyen los pilares sobre los cuales se basa su actividad:

  • Apoyar al comercio local.
  • Generar información transparente y neutral.
  • Minimizar las emisiones de CO2.
  • Mejorar hábitos y costumbres alimentarias.
  • Favorecer el acceso a nuevas tecnologías y potenciar el desarrollo rural.

El proyecto ha tenido muy buena acogida. Cuenta ya con más de 8.000 usuarios registrados, y más de 130 profesionales de la alimentación, cada uno ofreciendo diferentes productos desde verduras, frutas y hortalizas, hasta queso o jamón, pasando por aceite de oliva, o miel. Esperemos que cada vez más personas sean conscientes de la importancia de practicar un consumo que, además de apoyar a los productores locales, fomente unas prácticas más justas para estos profesionales y más beneficiosas para el medioambiente. Podéis encontrar más información en su web: www.hermeneus.es.

Hermeneus no es una ONG, ni cobra comisiones por las ventas. Los profesionales pagan una cuota fija de 25 euros mensuales, para acceder a todas las herramientas de comunicación, promoción y venta. El beneficio que obtenga cada profesional es íntegramente suyo.

Iria González, hermeneus.es

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Convertir tu coche en eléctrico no debería ser caro

Por: invitadoespecial
Conversión de una camioneta a eléctrica en USA
Conversión de una camioneta a eléctrica en EE.UU.

Probablemente, si estás leyendo esto, serás un apasionado de los coches o de la movilidad eléctrica. Si además eres, como yo, un “común mortal”, es decir, una persona que se gana la vida trabajando, te parecerá que el precio de los coches eléctricos es sumamente elevado.

Pero ¿por qué son tan caros? La respuesta es evidente: no interesa a los fabricantes convencionales ni a las petroleras, ergo, no hay voluntad de venderlos. Pero aunque se acaba el tiempo de los coches fósiles, debemos también cambiar el enfoque: Siempre partimos de la base de “comprar”, pero ¿y si partimos del reciclaje?

Esto nos lleva al concepto de “conversión” de un coche convencional en uno eléctrico, que además sirve para reciclar y reutilizar, términos de “moda” (aunque realmente lo que deberíamos hacer es decrecer).

¿Y cómo vamos a hacer eso? Pues con “voluntad política” porque ahora mismo en España, esto es casi inviable, porque resulta que una conversión, por ejemplo, de un Citroën Saxo (poniendo tú el coche) sale por unos 12.000€, igual que uno nuevo con motor de explosión. A eso hay que sumar la homologación a la que te obliga la Ley, que puede costar sobre unos 3.000€ y un par de meses. El precio es excesivo, incluso sin homologación, debido a que en España no hay muchos que lo hagan, mientras que en otros países sale por unos 6.000, homologación incluida.

La homologación está pensada en España para el gran fabricante. Por eso es tan cara. Si un fabricante quiere vender un modelo nuevo de coche, debe homologarlo, es decir, homologar un modelo concreto le permitirá vender infinitos coches de ese modelo con una sola homologación. Evidentemente, esto no está pensado para los particulares que se ven abocados a comprar un coche nuevo.

Hablaba de “voluntad política” porque simplemente cambiando la legislación se podría facilitar que los talleres hicieran las conversiones. Se exigiría un “carnet de instalador autorizado” (ahora debe ser un ingeniero industrial colegiado) que obligue a unos mínimos estándares de seguridad y luego todo ello refrendado por una ITV (50€) que certifique que todo está correcto.

Conversión “casera” de un clásico VW “escarabajo”
Conversión “casera” de un clásico VW “escarabajo”

Por unos 6.000€ podrías re-estrenar tu coche, en lugar de gastarte 15.000€ en uno nuevo diésel o en uno eléctrico de segunda mano (como el Nissan Leaf). Con la crisis actual, ese precio no estaría nada mal. Incluso serviría para dotar de nueva vida a coches clásicos. Esto se hace así de simple en Alemania o EE.UU., es decir, que no es nada “descabellado” y además ofrece las siguientes ventajas:

  • Reducimos la contaminación: el humo del diésel es cancerígeno al mismo nivel que el amianto según la OMS.
  • Reutilizamos los recursos al aprovechar un coche ya existente (todo menos el motor).
  • Aumentamos la eficiencia: un motor eléctrico es mucho más eficiente, además de recuperar la energía en las frenadas.
  • Dinamizamos la economía y creamos empleo con alta cualificación en los talleres ya existentes, animando a más gente a renovar su viejo coche.
  • Daría el impulso definitivo a las energías renovables para la creciente demanda de recargar el coche “gratis” (con tus propios paneles solares).
  • Reduciríamos drásticamente la contaminación acústica en las ciudades, haciéndolas más habitables y reduciendo enfermedades relacionadas con el estrés.

Por último, también podemos decantarnos por comprar uno eléctrico de segunda mano. En ese caso hay que tener en cuenta que las baterías no son nuevas, mientras que si electrificas tu coche las baterías las eliges tú. En conclusión, actualmente en España no sale rentable convertir vehículos en eléctricos por las trabas burocráticas, cosa que no ocurre en Alemania o EE.UU. Esto debe acabar, ya que todo son ventajas, pero sobretodo, porque es el futuro. Sinceramente, no me veo en casa utilizando una aspiradora con petróleo… 😉

 Jorge García, Twitter: @jorgejabali
Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Valencia

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Obsolescencia Programada: Consumir, desechar y destruir

Por: invitadoespecial

Rafael Toro Ruiz (@RToruiz), estudiante de periodismo

La generación de residuos tecnológicos destruye ecosistemas y recursos naturales.

Consumismo y obsolescencia programada: Dos términos que van de la mano. Dos tendencias perjudiciales para los ecosistemas mundiales. La sociedad se está convirtiendo en cómplice de un sistema engañoso que incita al consumo severo de todo tipo de productos, con la intención de ver aumentados los beneficios económicos de las grandes empresas multinacionales, empresas que, de la mano de la globalización, son hoy las encargadas de dictar las reglas del juego.

Un chaval que decide cambiar habitualmente su teléfono móvil, una empresa que decide renovar los ordenadores de sus oficinas, un instituto que decide adquirir nuevas impresoras de mayor calidad o una familia que decide comprar electrodomésticos nuevos para su hogar. Estas situaciones son ejemplos de cómo se producen cada año millones de toneladas de residuos tecnológicos y basura peligrosa. Y nuestro sistema es cómplice de ello.

La “obsolescencia programada” se refiere a adelantar por parte de las empresas el fin de la vida útil de un producto para que el consumidor se vea obligado a comprar otro. La sociedad aún no es plenamente consciente de que el consumismo de tecnología, unido al acortamiento de la vida útil de los productos, conducen a una contaminación cada vez mayor del medio ambiente, incluyendo la destrucción de ecosistemas en los países del tercer mundo, tanto por la extracción masiva de los diferentes recursos naturales necesarios para la fabricación, como por su desecho final.

Nuestro sistema actual, con las grandes empresas y los medios de comunicación como actores destacados, pretende hacer pagar al consumidor muchas veces en su vida por un mismo producto con modificaciones ínfimas o innecesarias. Pero, realmente, ¿este hecho es nuevo? Rotundamente no. Antecedentes de todo tipo explican el nacimiento y la consolidación de esta tendencia tan perjudicial. La obsolescencia programada es fruto de la revolución comercial, la acumulación del capital y los avances tecnológicos, así como, de la aparición del capitalismo financiero y del liberalismo económico. El “American way of life” nacido en EE.UU., poco a poco, se adentró en la sociedad. La felicidad y el bienestar basado en el consumismo eran ya reglas básicas en los años 60.

No te pierdas este breve documental animado sobre la obsolescencia programada y percibidaLa obsolescencia programada es una práctica demasiado habitual en la industria actual y sabemos que las autoridades la toleran: “Son los consumidores los que deberían exigir que se pongan multas a las empresas para evitar esta forma de fabricar productos”, expresa con preocupación el colectivo malagueño Aulaga. Todo esto conlleva un beneficio económico para la industria, aunque tiene un impacto muy negativo sobre los recursos disponibles y los ecosistemas mundiales. “Esto no tiene en cuenta la realidad de nuestro planeta finito en el que ni los recursos ni la energía son infinitos”, afirma Fran Pérez, de Ecologistas en Acción. La obsolescencia programada bebe hoy del sistema capitalista, que usa como pozo sin fondo los recursos de los países empobrecidos. Una vez que el primer mundo disfruta de dichos recursos, estos vuelven al tercer mundo en forma de basura contaminante: “Esto perpetua una gran rueda de miseria, problemas de salud, económicos y ambientales”, expresa Fran Pérez.

Según la ONU, generamos unos 50 millones de toneladas de residuos electrónicos al año, la mayor parte de ellos producidos en Occidente, que van a parar a países en vías de desarrollo, donde se apilan sin control. Esta basura electrónica se reparte entre dos grandes vertederos: Ghana (África) y Guiyu (China). La primera y más impactante consecuencia de esto es la destrucción de los ecosistemas. La basura sustituye a la fauna y a la vegetación. La riqueza ambiental se ve sumergida en millones de residuos apilados sin control, provocando desde la contaminación de aguas subterráneas con metales pesados y otros tóxicos, hasta la contaminación del aire en caso de que estos residuos se quemen, pasando por la extracción severa de recursos y la destrucción de ecosistemas.

Es necesario sumar a lo anterior la generación de residuos no biodegradables. Si bien, muchos de los componentes que se usan para fabricar los diferentes productos electrónicos no son tóxicos cuando el aparato es útil, esto cambia radicalmente cuando el aparato se desecha. Esto pasa principalmente con plásticos, vidrios, baterías o pantallas LCD, elementos perjudiciales tanto para la salud como para el medio ambiente, por contener productos químicos tóxicos cuando se liberan al medio.

Pero, sin duda, la consecuencia número uno de la obsolescencia es el abuso extremo de los recursos naturales. Teniendo en cuenta la baja tasa de reciclado, el sistema de producción se convierte en una “extracción continua y desenfrenada”, definido así por Fran Pérez. La mayoría de productos tecnológicos necesitan para su fabricación la extracción de metales y minerales como cadmio, cromo, mercurio o coltán, entre otros, recursos considerados no renovables.

Cuando se habla de obsolescencia programada, lo que más chirría en la actualidad es la dudosa voluntad de la UE para solventar el problema, así como el desconocimiento generalizado de la sociedad, que toma en muy pocas ocasiones la iniciativa para exigir a sus dirigentes cambios a este respecto. El caldo de cultivo de todo esto es que los gobiernos occidentales, más allá de tomar medidas o no para parar la obsolescencia programada y de velar por el interés general de la ciudadanía, en demasiadas ocasiones “se decantan más por favorecer los intereses de las empresas multinacionales”, afirma Aulaga.

En octubre de 2014 un país europeo mostró sus primeros deseos de luchar contra este fenómeno. El parlamento francés aprobó, dentro de la Ley de Transición Energética, multas de hasta 300.000 euros y penas de cárcel de hasta dos años para todos aquellos fabricantes que programaran de manera consciente el fin de la vida útil de sus productos. Esta normativa se convertiría en la primera legislación europea que reconocería, de manera abierta y sin tapujos, la existencia de la obsolescencia programada. Pero el intento fue en vano. Las medidas asomaron pero, rápidamente, volvieron a esconderse y nadie ha sido condenado aún. Dos años después de la aprobación de esta medida francesa, el resto del continente sigue prácticamente igual, España incluida.

Como afirman diferentes asociaciones ecologistas, en nuestro país hubo un momento en el que la sociedad parecía ser consciente del problema. Todos querían imitar la nueva normativa surgida en Francia pero, pese a que todo indicaba que España sería otro de los países en controlar de manera férrea a las empresas “tramposas”, llegamos a 2016 sin una normativa en este sentido. Hay voces, pequeños colectivos que lo intentan, aunque una vez más queda en evidencia la falta de firmeza de nuestro gobierno en este aspecto. “Para parar la destrucción de ecosistemas debemos comenzar deteniendo la rueda consumista de la obsolescencia programada. «El mejor residuo es el que no se genera» debería ser el eslogan de una humanidad coherente con sus actos y empática con el medio que la rodea”, afirma Fran Pérez.

Teniendo en cuenta el plan llevado a cabo por Francia, en los últimos meses se ha dejado ver alguna intención para fomentar la lucha contra la obsolescencia programada. Recortes Cero–Los Verdes fue una de las pocas candidaturas ecologistas que se presentó a las elecciones generales en España en 2016. En su programa reservó un espacio donde aboga por conseguir una “España ecológica y socialmente justa”. Esta candidatura incorpora la propuesta de legislar para “prohibir por ley la obsolescencia programada”. Pretenden así poner en marcha un nuevo modelo de mercado centrado en la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.

Todavía son pasos insuficientes y voces demasiado débiles. La obsolescencia programada genera innecesariamente cientos de miles de residuos que podrían evitarse. España es uno de los países con mayor protagonismo, pues sus 800.000 toneladas anuales de residuos electrónicos no pasan desapercibidas. Las soluciones no llegan y el reloj corre en contra de la sociedad y del medio ambiente.

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Cuadro de Mando Integral y RSE (2/2): Una Perspectiva Medioambiental para Mejorar tu Empresa

Por: Pepe Galindo

La sociedad está cambiando. Los consumidores ahora saben que hay cosas que se esconden detrás de los anuncios de publicidad, y las redes sociales amplían nuestras fuentes de información. La gente va sabiendo que hay niños explotados en plantaciones de cacao, o corrupción exagerada en empresas de electricidad, por citar dos graves ejemplos, y muchos no están dispuestos a apoyar ni directa ni indirectamente tales barbaridades. Por eso, la reputación de tales empresas cae, sus inversores se alejan, y sus beneficios o posibilidades de mejorarlos también.

En un artículo anterior dábamos un resumen del Cuadro de Mando Integral (CMI, o BSC), de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), y de su importancia. La utilidad del CMI quedó clara para cualquier organización (y no sólo para empresas, donde hasta ahora tiene más éxito). El CMI ayuda a conseguir los objetivos de una organización, pero no vale hacerlo a cualquier precio, es preciso usar la ética: no sólo porque lo requiere la ley o los intereses financieros, sino porque evitaremos riesgos reputacionales que nos mermarán la capacidad de alcanzar nuestros objetivos (incluyendo ahí, por supuesto, los financieros). También ampliaremos activos tangibles e intangibles, y conseguiremos mayor felicidad personal y corporativa.

Pero es preciso que los directivos entiendan que la RSE no es sólo para quedar bien (greenwashing), sino que ahorra riesgos de gastos (por errores, multas… ), riesgos en la reputación, además de mejorar los intangibles. Si se incorpora como norma en la organización, la RSE evita problemas cada vez que hay que modificar algún proceso (por demandas externas, por leyes, por los inversores, por protestas ciudadanas…). La RSE siempre sale rentable, pero no siempre podemos cuantificarla económicamente.

Un ejemplo: El Banco Santander financia a la papelera APRIL, implicada en la destrucción de la selva tropical de Indonesia. En 2014, el Santander lo supo y no hizo nada. En 2015, cuando la ONG GreenPeace denunció y publicó el caso recogiendo casi 200.000 firmas, decidió actuar y cumplir sus compromisos firmados de RSE. ¿Cuántos clientes u operaciones perdió por esa mala imagen? Sin duda, hubiera sido mejor atajar el problema en cuánto se supo, ya que ahora es un ejemplo que aún mancha su mala imagen. Otro ejemplo lo vimos en la primera parte de este artículo, donde vimos cómo no querer adaptarse a los nuevos tiempos con energía renovable, está acabando con el negocio de algunas empresas de electricidad, pues están perdiendo clientes masivamente a favor de empresas de electricidad renovable.

Entonces, «empresa responsable» no es sólo aquella que paga por un informe de RSE, sino que es la que consigue que la RSE esté en todos los ámbitos de la empresa (ver vídeo). Hay que unir RSE a lo largo de toda la cadena del CMI (o mapa estratégico). Sin ánimo de ser exhaustivos, aquí vamos a dar algunas ideas para cada perspectiva, aunque los detalles concretos dependerá del tipo de organización, y de su sector de trabajo.

Algunos expertos proponen crear una perspectiva ambiental en el CMI, para darle la importancia que, sin duda, merece. Esta perspectiva ambiental estudiaría el impacto de la organización en el planeta, y la influencia del medio ambiente en la organización. Pero también se pueden conservar las 4 perspectivas tradicionales, y estudiar en cada una de ellas el tema ambiental:

  1. Perspectiva VITAL/Financiera: Es preciso aquí clarificar para qué existe la empresa u organización, cuáles son sus objetivos más importantes, y sus valores. Por supuesto, si es una empresa normal, tendrá que ganar dinero y ese será uno de sus objetivos. Eso es bueno. Lo malo es cuando ese es el único objetivo, y no hay otros valores. Por tanto, hay que meter otros objetivos fundamentales y pensar en cómo medir si los logramos o no.
    • Ejemplos de indicadores en esta perspectiva pueden ser: Además de objetivos financieros, es preciso colocar otros objetivos, como por ejemplo que nos permitan medir cómo conecta la organización con las necesidades sociales de la población local, o cómo contribuye a la sociedad en su conjunto (mejoras ambientales, sociales, huella ecológica…). Deben tenerse en cuenta también las inversiones en sectores éticos, y las operaciones en banca ética: una empresa ética no puede trabajar con un banco tradicional. Indicadores que midan la satisfacción de empleados y clientes pueden colocarse aquí o en otras perspectivas, pero es fundamental medirlo de alguna forma.
  2. Perspectiva del Beneficiario (o del cliente): Consiste en ver la organización a través de los ojos de las personas que se benefician de ella. En las posibles encuestas, será preciso medir el interés en temas ambientales de los mismos. Desde un punto de vista práctico, aquí lo más importante es la satisfacción del beneficiario o cliente. Pero tener clientes satisfechos no implica estar haciendo las cosas bien y eso puede suponer un riesgo reputacional que nos genere problemas en el futuro. El objetivo será minimizar los daños ambientales de los clientes, para conseguir la plena sostenibilidad.
    • Ejemplos de indicadores: Se pueden medir las facilidades que la empresa ofrece a los clientes para arreglar sus averías, o para reciclar sus residuos (aparatos antiguos, por ejemplo).
  3. Perspectiva de Procesos Internos: En el apartado quizás más importante hay que evaluar los riesgos: de accidentes laborales a nuestros trabajadores, de contaminación ambiental… Un vertido o el anuncio de una actividad mala para el medioambiente o para la sociedad, podría tener más pérdidas en clientes presentes y futuros que en indemnizaciones. Algunas empresas no valoran su impacto ambiental (huella ecológica) porque piensan que es caro, sin ni siquiera hacer estudios que miren los costes, la calidad final, y sus relaciones con la comunidad (imagen, reputación, intangibles…). Por ejemplo, la empresa Shell reduce sus beneficios, cada vez que se publica algo de su contaminación y abusos en Níger o de su destrucción en el Ártico. La contratación de electricidad de origen renovable es un factor que muchas empresas utilizan para reducir sus huellas (ecológica, hídrica…), y mejorar su reputación. Es obvio que es preciso también ser exigentes con los proveedores, para no externalizar los impactos negativos. La deslocalización es un proceso por el que algunas empresas sitúan sus centros de trabajo (o subcontratan a otras empresas) en países donde la mano de obra es más barata, o la legislación no es tan estricta (laboral, ambiental, de seguridad…). Un grave accidente en Bangladesh destapó el abuso a mujeres por prestigiosas marcas de ropa, como Zara. Entre las muchas ideas de sostenibilidad, podemos encontrar algunos indicadores interesantes.
    • Ejemplos de indicadores: Tasa de reducción en CO2 u otros tóxicos, tasas de reciclaje, eficiencia energética y material, evaluación de calidad y durabilidad de los productos elaborados (evitar obsolescencia), proyectos o iniciativas sociales/ambientales o de eco-innovación, evaluaciones de impacto ambiental efectuadas, informes de RSE, inversiones en sectores no éticos (armas, energías fósiles…), huellas y otras medidas (de la organización, y de sus suministradores), implantación de energías renovables (autoconsumo solar), número de riesgos ambientales/sociales en nuevos/viejos productos o servicios (multas, o incumplimientos de la normativa interna), y a qué población y extensión afectan, proveedores con informe de RSE positivo, desarrollo de la ley de las 3 erres, sustitución de ingredientes o componentes perjudiciales o de producción lejana (transgénicos, aceite de palma, productos de soja, grasas trans…), auditoría energética (consumo en standby)… Como puede verse, la lista de posibles indicadores ambientales es inmensa.
  4. Perspectiva de Aprendizaje y Crecimiento: Aquí hay que estudiar si es preciso hacer cambios para conseguir mejorar los indicadores y objetivos de las anteriores perspectivas. ¿Están los empleados bien formados? ¿Es la maquinaria adecuada? ¿Estamos usando procedimientos correctos? ¿Hay un clima de trabajo agradable? Para todo esto, las encuestas a los empleados son muy importantes, y que ellos sepan que sus opiniones son escuchadas.
    • Ejemplos de indicadores: Medir la satisfacción de los empleados, y su conciencia ambiental, huella ecológica por cada puesto (o por empleado), acceso de los empleados a información sobre sostenibilidad y al informe RSE de la organización… Por otra parte, la reposición de máquinas mejores (menos contaminantes, más eficientes…) puede ser un buen indicador, pero a veces puede ser engañoso.

Los resultados económicos miran parcialmente el pasado de la empresa, pero el CMI y la RSE predicen y conducen el futuro. La RSE no es cosa sólo de directivos, sino que hay que implicar a toda la empresa, y mejorar la comunicación, en todas las direcciones. La Responsabilidad Social Individual, marca la diferencia, y este vídeo seguro que te va a gustar:

Más información:

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Valorar lo pequeño, para valorar lo grande

Por: Pepe Galindo

Si no valoras lo pequeño, lo grande será pequeño (siempre puede haber algo más grande). Esto puede ser una crisis de valores.

Un estudiante estadounidense de 14 años se ha hecho famoso en todo el mundo por su estudio para el colegio en el que concluye que el tipo de letra “Garamond” gasta menos tinta y por tanto podría ahorrar mucho dinero al gobierno de su país, hasta 370 millones de dólares. El segundo tipo de letra en ahorro es Courier (ver ranking), pero la que más tinta ahorra es la conocida como Ecofont, que es una variante de cualquier tipo de letra que incluye pequeñísimos agujeros en cada letra, de forma que ahorra mucha tinta, sin cambiar el estilo de letra, ni apenas su legibilidad. Lo malo es que no es una opción por defecto en los programas habituales, y hay que comprarla.

La económica letra Garamond tiene una legibilidad aceptable, aunque puede que aún algunos sigan prefiriendo la famosa Times, porque el ahorro es poco, o porque lo que más tinta ahorra es no imprimir (además del evidente ahorro en papel).

Valorar lo pequeño es básico en el ser ecologista. El tipo de letra es cuestión de gustos, pero lo importante es destacar que lo pequeño es importante. Que pequeños cambios, pueden suponer grandes cambios. Que necesitamos soñar con grandes cambios, y actuar con los pequeños. Lástima que haya pastillas para dormir, pero no para soñar…

Y no te importe ser raro, porque todas las personas lo somos de alguna forma, y porque en un mundo con tanto horror, ser raro es un buen indicio.

Volviendo al ejemplo inicial, ahorrar en tinta es malo para los fabricantes de tinta. “El negocio de la tinta debe crecer” (dicen las élites políticas y económicas)… ¿Cuando aprenderemos que “crecimiento económico” HOY, significa gastar más recursos de las siguientes generaciones?

Para cualquier compra… No es ecológico, si no es importante (en comparación con sus efectos). El mundo de la moda nos ofrece buenos ejemplos (como la tragedia de Bangladesh, la contaminación por tóxicos, o el desastre del mar Aral)… cuando la moda más ética es no ir a la moda.

Una economía ecológica es lo mejor para la sociedad. Pero no interesa a algunas élites políticas y económicas. Sin embargo… ¡Somos MAYORÍA! Y podemos demostrarlo actuando cada día, en nuestras compras, y en nuestra forma de ver el mundo… y también votando con conciencia en cada votación, como por ejemplo en las próximas elecciones europeas del 25 de Mayo, en la que se presentan algunos partidos muy interesantes, como la coalición Primavera Europea (que incluye a EQUO, y que supone una apuesta clara por la economía ecológica), el Partido Animalista contra el Maltrato Animal (PACMA, que su nombre lo dice todo), o Escaños en Blanco (el partido con el programa electoral más breve, que pide el voto en blanco computable y promete dejar vacío su escaño, con el consiguiente ahorro en sueldo a políticos). Tu voto lo eliges tú, pero elige bien, que nos afecta a todos.

Más información:

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El descubrimiento de Chaplin en Bali

Por: Pepe Galindo

En 1932, Charlie Chaplin quería alejarse de la civilización. Su hermano Sydney le sugirió ir a Bali, porque aún no había sido «contaminada por la sociedad occidental», y ambos se embarcaron hacia esta isla, actualmente perteneciente a Indonesia. Allí quedó fascinado por sus gentes y sus tradiciones; y rodó con su cámara a los balineses en sus actividades cotidianas, danzas y ceremonias. De sus bailes, también sacó inspiración para su mímica universal.

Pero lo más importante fue que Bali le dio otra visión de la vida, y contribuyó a posicionarse aún más fervientemente contra el capitalismo y contra el colonialismo. El estilo de vida balinés —respetuoso con la naturaleza— le llamó la atención y exclamó: «¡Qué fácil es para el hombre volver a su estado natural!».

Chaplin constató que allí no había gente triste y concluiría: «no son nada codiciosos (…) por eso son felices. (…) En nuestras grandes ciudades tan solo verás almas hostigadas, derrotadas. En la mayoría se percibe agotamiento y desesperación. En cambio, los ojos de los balineses solo transmiten tranquilidad. Sus valores son diferentes a todo lo que yo haya visto. Creo que me podría quedar aquí para siempre. ¡Qué lejos me siento ahora del resto del mundo!».

También es consciente de que los balineses trabajan duro cuando hay que hacerlo y de que algunos viven en la pobreza, en gran medida por la administración colonial holandesa que controlaba la isla desde 1908 y que contaminó el paraíso con la occidentalización. Según Chaplin, en Bali sabían el auténtico sentido de la vida: trabajar y jugar.

Chaplin en Bali, con los aborígenas y un amigoChaplin fue consciente de que el contacto con los occidentales estaba cambiando a los balineses: se cubrían más sus cuerpos y muchos incluso invirtieron los ahorros de su vida en comprarse automóviles, para darse cuenta después del alto precio de la gasolina. Arruinados, dejaron los coches aparcados en los patios traseros, convertidos en gallineros. Tal vez ese sea el futuro de gran parte de los coches que se venden hoy para uso privado, pues no es sostenible (ni siquiera los eléctricos; y todo lo que no es sostenible, es insostenible).

Como tantos otros, Chaplin no solo constató que se puede ser feliz con poco, sino que es más fácil ser feliz con poco. En las sociedades modernas queremos, en masa, tener muchas cosas, muchas comodidades, y eso tiene un coste que se desglosa en distintos epígrafes: coste en felicidad, coste económico, coste ambiental, etc.

A su regreso del viaje, Chaplin planificó una película, su primera hablada, en la que pretendía dar voz a los balineses y satirizar a las potencias coloniales. En ella, los balineses se quejarían de los impuestos que les exigían los holandeses a cambio de carreteras que no necesitaban, y se mofarían de la ambición por el oro de los occidentales. En cierta forma, esto recuerda los discursos sobre los blancos en el considerado como primer documento antiglobalización, Los Papalagi (lectura recomendada). Es posible que Chaplin no llegara a conocer esos discursos en los que un jefe samoano se dirige a su tribu tras viajar por Europa y ver las miserias de la vida en las ciudades.

Chaplin ve el colonialismo como una extensión del capitalismo y lo desprecia descaradamente. La película Flor de Bali no se llegará a terminar, a pesar de tener gran parte del guion preparado. Chaplin se centraría en otros proyectos, como escribir su autobiografía y rodar la película Tiempos modernos, en la que ridiculiza la mecanización y los lujos de la vida “moderna”, seguramente inspirado por su experiencia en Bali.

A los 4 años volverá a Bali y se decepcionará al ver más bicicletas y más coches. «Todo es más comercial» —dejará escrito—. «Navego en un mar de contradicciones. Y no tengo una filosofía de vida a la que aferrarme. Podemos ser sabios o insensatos, pero todos nos las vemos y deseamos para salir adelante en la vida. Solo sé que en este perverso mundo no hay nada permanente. Ni siquiera nuestros pesares».

♦ En la misma línea:

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Coincidea: “Primera Compra Colectiva Nacional de Productos Ecológicos”

Por: invitadoespecial

Coincidea, red social de consumo colaborativo y ecológico

A la voz de “quiero productos ecológicos asequibles” da comienzo esta campaña en la Red Social del Consumo Colaborativo: coincidea.com. Aquí ha nacido un Grupo donde nos congregamos los consumidores de toda España de productos ecológicos, vegetarianos, “bio”… junto a sus comerciantes.

Con la unión en masa de los consumidores es posible crear un mercado más justo. ¿Cómo? Apoyando al comerciante ecológico y agrupándonos para generar una gran demanda que permita precios asequibles.

Coincidea es la red social de los Grupos de Consumo Colaborativo (libre y gratuita). El encuentro entre consumidores y comerciantes, donde cualquier usuario puede crear un Grupo de Consumo para convocar a los que estén interesados y hacerse fuertes. Ahora nos estamos uniendo aquellas personas que tenemos una firme conciencia ecológica. Aquellos que creemos que no hay evolución posible sin un desarrollo ecológico de la sociedad. Unidos por una idea: en la unión de los consumidores reside una fuerza soberana capaz de cambiarlo todo, en conjunción con los comerciantes y hacia una conciencia colectiva.

El sistema es muy simple: reunir online a consumidores interesados en adquirir productos ecológicos, junto a comerciantes, distribuidores o productores, impulsando así una gran alianza por el consumo ecológico. De esta forma, los comerciantes harán sus ofertas con el precio y la cantidad mínima a vender para que se mantenga ese precio. De todas estas ofertas, cada consumidor se apunta a la que más le guste (o a ninguna si nada le interesa). Una vez apuntado a una oferta puede abandonarla sin penalización siempre que ésta no se haya activado todavía. La oferta se activa cuando alcanza su cantidad mínima, la que haya estipulado el comerciante. Una vez  se activa la oferta el consumidor debe hacer el pedido. Si no lo hace, recibirá una penalización que quedará visible en su perfil, indicando así que no es una persona comprometida con el sistema. La relación es directa entre consumidor y ofertante, y es este último quien establece el procedimiento de compra.

Coincidea es una red social en la que no hay intermediarios y no nos llevamos ningún porcentaje por las compras. No es una web de compras.

Porque sumar es poder: Súmate a la unión en masa para adquirir productos ecológicos. Accede directamente al grupo (registrándote o haciendo login si ya eres usuario/a). Entra, mira, y si te gusta, participa.

Y de paso… imagina todo lo que puedes hacer.

Javier Cózar Zabaleta.
Presidente de Coincidea, en Twitter @Coincidea

Para saber más:

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Hambre que provoca HAMBRE (sobre la crisis alimentaria y sus causas)

Por: Pepe Galindo
Precios de los alimentos según la FAO (en 2011 se superan hasta los precios de 2008)
Precios de los alimentos según la FAO (en 2011 se superan hasta los de 2008)

No es la primera vez que hablamos del hambre, de la comida, o de los pobres, pero resulta curioso el contador de hambrientos que el Banco Mundial tiene en su web sobre el precio de los alimentos. El contador no para de aumentar (a fecha de hoy), y se acerca a los 940 MILLONES. En Febrero, la FAO dijo que los precios de los alimentos básicos alcanzaron otro record histórico (ver gráfico), más que en la crisis alimentaria de 2008, la cual fue más comentada en los medios… ¿acaso nuestra crisis de juguete nos impide hablar de otras crisis?

Las causas de esta “nueva” crisis alimentaria son diversas, y todos los que lean esto tendrán en su mano actuar, de alguna forma, en algún sentido:

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El único riesgo de la energía renovable es la lentitud en su implantación

Por: invitadoespecial

Andrés Montesinos Campos, @Andres_SomE
Portavoz del Grupo Local de Som Energia Valencia
Presidente de la Sección Territorial Valencia de Som Energia

Frente a las energías renovables, y para impedir su avance, están en España las grandes compañías energéticas que forman el conocido oligopolio eléctrico, es decir, Endesa, Iberdrola, Gas Natural-Fenosa, Viesgo y EDP. En España siempre han estado contra el fomento de las renovables, y lo estarán hasta que los echemos por la fuerza de la razón y con la ley en la mano.

Como brazo ejecutor de sus políticas empresariales, donde el único objetivo es la maximización del beneficio, hay algunos partidos políticos que, desde el gobierno, han convertido sus instrucciones en leyes que debemos acatar. Hasta ahora, los principales han sido PSOE y PP, por su responsabilidad en los diferentes gobiernos de España, aunque otros muchos participan por activa o por pasiva en el mantenimiento de los privilegios de estas empresas. No hay más que ver el enorme listado de políticos “giratorios” de los que se nutren sus consejos de administración y los sueldos que perciben por ello (y por cierto, no son sólo políticos de esos dos partidos, y no se colocan sólo en las citadas empresas, sino que el sector energético tiene otras empresas involucradas).

Recientemente, una extraña maniobra del partido Ciudadanos apoyó el veto del PP a una proposición de ley que ellos mismos habían presentado a favor del autoconsumo.

5 cosas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo
5 cosas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo

Como resultado de todo esto tenemos una política energética en España que llega al absurdo:

  • precios de la electricidad entre los más caros de Europa,
  • desprecio absoluto por las medidas de ahorro y eficiencia,
  • contaminación desbocada,
  • altas emisiones de CO2 y basura nuclear,
  • pobreza energética,
  • perdida de competitividad empresarial,
  • quiebra del sector de las renovables, que fue puntero en España y que representa la mejor energía del presente, y que será mejor aún en el futuro como única alternativa a la decadencia de las fuentes fósiles y nucleares,
  • y un largo etcétera de sinsentidos (impuesto al sol, hachazo a las renovables…).

Cabe destacar, aunque no en un sentido exclusivo, ese regalo que se ha dado en llamar la posverdad (la cual se basa en que lo importante es que algo aparente ser verdad, aunque no lo sea). ¿No me creéis? Pues solo tenéis que ver en televisión esos anuncios de pretendidas empresas eléctricas “responsables”. Algunas dicen que te regalan electricidad o que te avisan si tu tarifa se puede mejorar para que ahorres el máximo posible. Algunas se venden como si su energía fuera verde, cuando sólo es renovable una pequeña parte.

En este contexto de la posverdad, nos quieren hacer creer que por el monte corren las sardinas, pero es mentira y es fácil de demostrar, a través de la información. Lástima que los grandes medios de comunicación, se encuentren comprados por parte de estas grandes compañías mediante publicidad y regalos a periodistas. Los medios son propiedad de grupos editores que no desobedecerán las indicaciones de tanto político en nomina.

Las noticias pueden, o no, cambiar el foco de atención de la ciudadanía, cambiar su punto de vista, hacerles partícipes del camino que tomamos como civilización dependiente de la energía, o mantenerlos en el placido sueño de los ignorantes. Frecuentemente son muchas las noticias que echo en falta cuando repaso los medios, y frecuentemente me escandaliza su parcialidad y su sumisión a la línea editorial.

Ahora, en plena tarea por alargar la vida útil de las centrales nucleares españolas, podría ser un buen momento para llamar a las cosas por su nombre, y frente a esa pretendida energía limpia y barata que proviene de la quema del combustible nuclear, mirar hacia ese Chernóbil a cámara lenta que es Fukushima. Un accidente que comenzó hace seis años y continuará por muchos más sin visos de solución, visto el estrepitoso fracaso de las medidas adoptadas hasta el momento.

El error de Fukushima era previsible y nos puede servir de revulsivo frente al discurso de esas compañías que construyen posverdad al mismo ritmo que beneficios multimillonarios. Mientras ellas se auto califican de verdes, poseen un parque nuclear obsoleto, y altamente peligroso, que basa sus beneficios en unos precios que bajarían por la entrada de más energía renovable al sistema eléctrico. Eso lo reconoce ya, hasta la Secretaría de Estado de Energía, y hasta el dimitido ministro Soria (el más antirenovables de la historia de España, por ahora).

Más aún, mientras estas grandes empresas se califican de “sostenibles”, también tienen centrales de carbón y de ciclo combinado, donde queman carbón y gas, algo claramente insostenible. Y todas estas tecnologías, incluso la hidroeléctrica, les permiten manipular los precios de mercado (ya que España tiene un sistema injusto y el gobierno se niega a una auditoría para conocer realmente porqué pagamos tan cara la electricidad).

Son también estas mismas empresas las que, mientras se autocalifican de responsables, se oponen a medidas que puedan paliar la pobreza energética en nuestro país.

Pensadlo bien. Mientras estas empresas marquen la agenda política, mientras controlen los medios de comunicación, mientras sigan abrazando las energías sucias con toda la intensidad de que son capaces, seguirán frenando el avance de las energías renovables para sacarle más partido a sus viejas y sucias centrales. El cambio de modelo energético que tan desesperadamente necesitamos, se verá obstaculizado.

Tomemos consciencia, comencemos a cambiar las cosas.

Te gustará:

PP, C's y PSOE no acabarán con las puertas giratorias: https://t.co/CEetLhHu0S
IMAGEN QUE NO QUIEREN QUE SE DIFUNDA: pic.twitter.com/gMWBOf0Y2t

— BlogSOStenible ツ (@blogsostenible) October 1, 2016

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La anomalía humana y el mito del derecho a dominar

Por: invitadoespecial

El mayor error no ha sido industrial.
No ha sido tecnológico.
No ha sido económico.
Ha sido ontológico.

Hemos asumido que tenemos derecho a existir por encima del resto.

No simplemente a existir —que es algo que compartimos con cualquier cosa— sino a hacerlo con prioridad, con privilegio, con supremacía moral. Hemos convertido nuestra presencia en argumento suficiente. Nuestra inteligencia en justificación. Nuestra capacidad técnica en permiso.

Y desde ahí todo se vuelve posible. Se destruye un bosque porque “hace falta”. Se seca un río porque “es necesario”. Se desplaza una especie porque “no queda alternativa”.

La palabra cambia. El fondo no.

Lo que subyace siempre es la misma convicción silenciosa: que nuestra continuidad vale más.

El espejismo del desarrollo sostenible

Se habla de desarrollo sostenible como si fuera una fórmula neutral, casi matemática. Como si bastara con ajustar variables: menos emisiones, más eficiencia, mejores tecnologías… Pero hay una pregunta que rara vez se formula: ¿Puede ser sostenible una especie que se ha declarado superior?

El problema no es la técnica. Es la jerarquía. Mientras el ser humano se sitúe fuera del sistema vivo y se otorgue el papel de gestor, árbitro o salvador, cualquier modelo seguirá siendo extractivo, aunque lo pintemos de verde (greenwashing). Cambiar combustibles no cambia la lógica. Cambiar etiquetas no cambia la estructura mental.

Si el objetivo sigue siendo mantener el mismo volumen de expansión, el mismo nivel de intervención y la misma escala de control, no hay transformación real. Solo optimización del impacto. Y optimizar el daño no es lo mismo que dejar de causarlo.

La idea del derecho

Hablamos constantemente de derechos humanos, pero casi nunca hablamos del derecho del bosque a seguir siendo bosque; del derecho del río a fluir sin canalización; del derecho del territorio a no ser fragmentado. ¿Por qué?

Porque en el fondo seguimos creyendo que los demás existen en función de nosotros. Que su valor es condicional. Que su continuidad depende de nuestra evaluación.

Eso no es convivencia. Es administración. Y la administración siempre implica poder.

La anomalía

Durante millones de años, la vida en la Tierra se organizó sin jerarquías morales entre especies. Depredación, cooperación, equilibrio, colapso y regeneración formaban parte de un mismo tejido dinámico. Ninguna especie necesitó declararse superior para sobrevivir.

Solo una ha construido un sistema entero basado en esa idea. Eso nos convierte en una anomalía. No por existir, sino por haber roto la proporcionalidad.

La naturaleza no funciona bajo el principio de supremacía. Funciona bajo el principio de equilibrio dinámico. Cuando una población crece por encima de la capacidad del entorno, el sistema corrige. No por castigo, no por moralidad, sino por ajuste.

Siempre ha sido así. Pensar que estamos fuera de esa ley es una ilusión reciente. Y peligrosa.

Corrección

La Tierra no necesita que la salvemos. No necesita nuestra compasión ni nuestra gestión. Los sistemas vivos tienden a reorganizarse. A veces con nosotros. A veces sin nosotros.

El equilibrio no es una promesa amable. Es una consecuencia.

Si una especie altera demasiado el conjunto, el conjunto responde. No desde la venganza, sino desde la física básica de la vida. Negar esto no nos protege.

Aceptar que no tenemos derecho a existir por encima del resto no es autoflagelación ni misantropía. Es recuperar la proporción. Es entender que formar parte no significa dominar.

La verdadera ruptura no fue la industrialización. Fue el momento en el que decidimos que nuestra continuidad justificaba cualquier coste externo. Ahí empezó la desconexión.

Y mientras sigamos llamando progreso a la expansión ilimitada de una sola especie, el conflicto no será técnico. Será estructural. No se trata de odiar lo humano. Se trata de abandonar la idea de excepción.

No somos propietarios del planeta. No somos su finalidad. No somos su razón de ser. Somos una parte. Y cualquier parte que olvida eso termina siendo corregida. No por ideología. Por equilibrio.

David Orgaz Barreno
Bloguero en Voces de la tierra sagrada

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invitadoespecial

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Por: invitadoespecial

El mayor error no ha sido industrial.
No ha sido tecnológico.
No ha sido económico.
Ha sido ontológico.

Hemos asumido que tenemos derecho a existir por encima del resto.

No simplemente a existir —que es algo que compartimos con cualquier cosa— sino a hacerlo con prioridad, con privilegio, con supremacía moral. Hemos convertido nuestra presencia en argumento suficiente. Nuestra inteligencia en justificación. Nuestra capacidad técnica en permiso.

Y desde ahí todo se vuelve posible. Se destruye un bosque porque “hace falta”. Se seca un río porque “es necesario”. Se desplaza una especie porque “no queda alternativa”.

La palabra cambia. El fondo no.

Lo que subyace siempre es la misma convicción silenciosa: que nuestra continuidad vale más.

El espejismo del desarrollo sostenible

Se habla de desarrollo sostenible como si fuera una fórmula neutral, casi matemática. Como si bastara con ajustar variables: menos emisiones, más eficiencia, mejores tecnologías… Pero hay una pregunta que rara vez se formula: ¿Puede ser sostenible una especie que se ha declarado superior?

El problema no es la técnica. Es la jerarquía. Mientras el ser humano se sitúe fuera del sistema vivo y se otorgue el papel de gestor, árbitro o salvador, cualquier modelo seguirá siendo extractivo, aunque lo pintemos de verde (greenwashing). Cambiar combustibles no cambia la lógica. Cambiar etiquetas no cambia la estructura mental.

Si el objetivo sigue siendo mantener el mismo volumen de expansión, el mismo nivel de intervención y la misma escala de control, no hay transformación real. Solo optimización del impacto. Y optimizar el daño no es lo mismo que dejar de causarlo.

La idea del derecho

Hablamos constantemente de derechos humanos, pero casi nunca hablamos del derecho del bosque a seguir siendo bosque; del derecho del río a fluir sin canalización; del derecho del territorio a no ser fragmentado. ¿Por qué?

Porque en el fondo seguimos creyendo que los demás existen en función de nosotros. Que su valor es condicional. Que su continuidad depende de nuestra evaluación.

Eso no es convivencia. Es administración. Y la administración siempre implica poder.

La anomalía

Durante millones de años, la vida en la Tierra se organizó sin jerarquías morales entre especies. Depredación, cooperación, equilibrio, colapso y regeneración formaban parte de un mismo tejido dinámico. Ninguna especie necesitó declararse superior para sobrevivir.

Solo una ha construido un sistema entero basado en esa idea. Eso nos convierte en una anomalía. No por existir, sino por haber roto la proporcionalidad.

La naturaleza no funciona bajo el principio de supremacía. Funciona bajo el principio de equilibrio dinámico. Cuando una población crece por encima de la capacidad del entorno, el sistema corrige. No por castigo, no por moralidad, sino por ajuste.

Siempre ha sido así. Pensar que estamos fuera de esa ley es una ilusión reciente. Y peligrosa.

Corrección

La Tierra no necesita que la salvemos. No necesita nuestra compasión ni nuestra gestión. Los sistemas vivos tienden a reorganizarse. A veces con nosotros. A veces sin nosotros.

El equilibrio no es una promesa amable. Es una consecuencia.

Si una especie altera demasiado el conjunto, el conjunto responde. No desde la venganza, sino desde la física básica de la vida. Negar esto no nos protege.

Aceptar que no tenemos derecho a existir por encima del resto no es autoflagelación ni misantropía. Es recuperar la proporción. Es entender que formar parte no significa dominar.

La verdadera ruptura no fue la industrialización. Fue el momento en el que decidimos que nuestra continuidad justificaba cualquier coste externo. Ahí empezó la desconexión.

Y mientras sigamos llamando progreso a la expansión ilimitada de una sola especie, el conflicto no será técnico. Será estructural. No se trata de odiar lo humano. Se trata de abandonar la idea de excepción.

No somos propietarios del planeta. No somos su finalidad. No somos su razón de ser. Somos una parte. Y cualquier parte que olvida eso termina siendo corregida. No por ideología. Por equilibrio.

David Orgaz Barreno
Bloguero en Voces de la tierra sagrada

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✇pikara magazine

Fitnes: una herencia directa de la cultura militar

Por: Diana Eguía

Desde los años 60, la popularidad del fitnes no ha hecho más que crecer. Cuanto mayor es la sensación de crisis existencial, más nos volcamos en fortalecer individualmente nuestros cuerpos. Sin embargo, no todo ejercicio es saludable. Los entrenamientos más populares no cuentan con controles oficiales de calidad.

La entrada Fitnes: una herencia directa de la cultura militar se publicó primero en Pikara Magazine.

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¿Cada cuánto tiempo hay que lavar la ropa?

Por: Pepe Galindo

Internet está lleno de preguntas interesantes como esta. Más que responder, pretendemos provocar nuevas cuestiones.

Resulta obvio que a todos nos parece bien que la ropa esté recién lavada. Si no lo conseguimos, es por distintos motivos, como por comodidad. Pero además, hay otros condicionantes que debemos considerar. Entre lavar una prenda tras cada uso y no lavarla nunca, la respuesta siempre es «depende». ¿De qué depende?

Factores que influyen en la frecuencia de lavados

  • Tipo de prenda: no es lo mismo la ropa deportiva que la ropa de abrigo.
  • Nivel de sudoración (temperatura exterior).
  • Tipo de tejido.
  • Si presenta suciedad evidente.
  • Tiempo de uso.
  • Si la ropa se seca —o se ventila— entre usos.
  • Tipo de uso (nivel de exigencia). No es lo mismo ir a una fiesta que a trabajar a un huerto.

Antes de decidir cada cuánto tiempo lavar la ropa, tengamos en cuenta que esta acción es la principal fuente de microplásticos del mar, por delante incluso de las partículas del desgaste de neumáticos. Para reducir este problema, es importante evitar tejidos sintéticos cuando sea posible (poliéster, nylon, acrílicos), así como lavar menos y con programas suaves y de menor fricción.

Para lavar menos, es útil ventilar (secar) la ropa tras su uso. Las prendas usadas que no se vayan a lavar, especialmente las toallas, se deben situar en lugares ventilados para que se sequen del todo entre usos. Esto también alarga la vida de la prenda. Recuerda: muchas bacterias responsables del olor necesitan humedad y mueren al secarse la ropa.

Por su alto consumo energético, el peor método para secar la ropa es la secadora. Salvo que sea imprescindible, cualquier otra opción es mejor. Tender en el exterior es lo más típico, pero recuerda que el sol intenso puede provocar decoloraciones en las prendas. Si se tiende bien, la necesidad de planchar la ropa puede ser nula, por lo que nos ahorraremos esfuerzo y un buen pellizco de energía y CO2.

Recuerda que «low cost» significa que el coste se paga de otra forma. La ropa barata suele estropearse en unos pocos lavados y, aunque se pueda seguir usando, muchos usuarios prefieren deshacerse de esa prenda o arrinconarla en el armario, cosa que conviene evitar para ser eco. La mayor huella ambiental de la ropa está en su fabricación, no en el lavado. Por eso, alargar la vida útil es la acción más efectiva. Si necesitas comprar algo, tal vez puedas encontrar ropa barata y de calidad en mercados de segunda mano.

Lavar la ropa pensando en el medioambiente

Para maximizar nuestro respeto ambiental a la hora de lavar la ropa, además de lavar solo lo necesario, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • El lavado degrada fibras, colores y elasticidad. Es decir, acelera el envejecimiento.
  • Llena la lavadora a su capacidad máxima. Así ahorras agua, energía y detergente.
  • Usa agua fría (siempre que no haya ropa muy sucia).
  • Utiliza poco detergente comercial, pues provoca un impacto químico importante. El exceso de detergente contamina más y limpia peor (deja residuos). Y si es posible, opta por jabón casero.
  • Escoge el programa ECO de la lavadora (aunque sea más largo).
  • Evita usar suavizante. Es un producto químico innecesario y sus olores no benefician a la salud. Si para ti es importante, emplea alternativas ecológicas (bicarbonato, vinagre…).
  • Centrifuga a la menor velocidad. Esto ahorra energía y alarga la duración de los tejidos y de la lavadora.
  • Si tu ropa no tiene tintes que destiñan, no tendrás que separar por colores, ahorrando trabajo y recursos. La mayoría de la ropa no destiñe, al menos tras unos pocos lavados.

Recuerda que la ropa vieja tiene menos tóxicos que la nueva y que no hay respuesta simple a ninguna pregunta interesante, pero tampoco la necesitamos.

♦ Sobre las tareas domésticas:

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¿Cada cuánto tiempo hay que lavar la ropa?

Por: Pepe Galindo

Internet está lleno de preguntas interesantes como esta. Más que responder, pretendemos provocar nuevas cuestiones.

Resulta obvio que a todos nos parece bien que la ropa esté recién lavada. Si no lo conseguimos, es por distintos motivos, como por comodidad. Pero además, hay otros condicionantes que debemos considerar. Entre lavar una prenda tras cada uso y no lavarla nunca, la respuesta siempre es «depende». ¿De qué depende?

Factores que influyen en la frecuencia de lavados

  • Tipo de prenda: no es lo mismo la ropa deportiva que la ropa de abrigo.
  • Nivel de sudoración (temperatura exterior).
  • Tipo de tejido.
  • Si presenta suciedad evidente.
  • Tiempo de uso.
  • Si la ropa se seca —o se ventila— entre usos.
  • Tipo de uso (nivel de exigencia). No es lo mismo ir a una fiesta que a trabajar a un huerto.

Antes de decidir cada cuánto tiempo lavar la ropa, tengamos en cuenta que esta acción es la principal fuente de microplásticos del mar, por delante incluso de las partículas del desgaste de neumáticos. Para reducir este problema, es importante evitar tejidos sintéticos cuando sea posible (poliéster, nylon, acrílicos), así como lavar menos y con programas suaves y de menor fricción.

Para lavar menos, es útil ventilar (secar) la ropa tras su uso. Las prendas usadas que no se vayan a lavar, especialmente las toallas, se deben situar en lugares ventilados para que se sequen del todo entre usos. Esto también alarga la vida de la prenda. Recuerda: muchas bacterias responsables del olor necesitan humedad y mueren al secarse la ropa.

Por su alto consumo energético, el peor método para secar la ropa es la secadora. Salvo que sea imprescindible, cualquier otra opción es mejor. Tender en el exterior es lo más típico, pero recuerda que el sol intenso puede provocar decoloraciones en las prendas. Si se tiende bien, la necesidad de planchar la ropa puede ser nula, por lo que nos ahorraremos esfuerzo y un buen pellizco de energía y CO2.

Recuerda que «low cost» significa que el coste se paga de otra forma. La ropa barata suele estropearse en unos pocos lavados y, aunque se pueda seguir usando, muchos usuarios prefieren deshacerse de esa prenda o arrinconarla en el armario, cosa que conviene evitar para ser eco. La mayor huella ambiental de la ropa está en su fabricación, no en el lavado. Por eso, alargar la vida útil es la acción más efectiva. Si necesitas comprar algo, tal vez puedas encontrar ropa barata y de calidad en mercados de segunda mano.

Lavar la ropa pensando en el medioambiente

Para maximizar nuestro respeto ambiental a la hora de lavar la ropa, además de lavar solo lo necesario, es importante tener en cuenta lo siguiente:

  • El lavado degrada fibras, colores y elasticidad. Es decir, acelera el envejecimiento.
  • Llena la lavadora a su capacidad máxima. Así ahorras agua, energía y detergente.
  • Usa agua fría (siempre que no haya ropa muy sucia).
  • Utiliza poco detergente comercial, pues provoca un impacto químico importante. El exceso de detergente contamina más y limpia peor (deja residuos). Y si es posible, opta por jabón casero.
  • Escoge el programa ECO de la lavadora (aunque sea más largo).
  • Evita usar suavizante. Es un producto químico innecesario y sus olores no benefician a la salud. Si para ti es importante, emplea alternativas ecológicas (bicarbonato, vinagre…).
  • Centrifuga a la menor velocidad. Esto ahorra energía y alarga la duración de los tejidos y de la lavadora.
  • Si tu ropa no tiene tintes que destiñan, no tendrás que separar por colores, ahorrando trabajo y recursos. La mayoría de la ropa no destiñe, al menos tras unos pocos lavados.

Recuerda que la ropa vieja tiene menos tóxicos que la nueva y que no hay respuesta simple a ninguna pregunta interesante, pero tampoco la necesitamos.

♦ Sobre las tareas domésticas:

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Todos contra el plástico: los vecinos de Málaga actúan; el ayuntamiento no

Por: invitadoespecial

La conciencia ambiental anti-plástico está creciendo, pero aún no está cerca el día en el que se dejen de utilizar envases de usar y tirar. Los grandes problemas del plástico son que se consume masivamente, que su reciclaje no es rentable y que es un proceso con altos impactos ambientales (transporte, gestión, separación…). Todo ello hace que se abandonen todo tipo de residuos en la naturaleza, generando contaminación hasta el extremo de que el plástico ya está en nuestra comida más habitual.

La solución a este problema es bastante simple, empezando por obligar a reutilizar todos los envases, pero los gobiernos parecen estar amordazados por las grandes industrias. Al ciudadano corriente solo le queda dejar de comprar productos “plastificados”, protestar, separar bien los residuos y efectuar campañas de concienciación. En este último punto se enmarca una curiosa campaña.

El pez que sí come plásticos

En Málaga, la Asociación de Vecinos de El Palo, con la colaboración del Distrito Este y el Colegio Safa-Icet han colocado en la playa el “Pez come plásticos” (a la altura de calle Quitapenas, 69, el 3 de junio). Es un pez de 4 metros de largo con la leyenda “Este pez SÍ come plásticos”.

La estructura del pez la hicieron alumnos de FPO del colegio Safa-Icet que desde el comienzo de esta aventura se ofrecieron a participar entusiastamente. Se pretende llamar la atención de los ciudadanos sobre la importancia de no tirar plásticos en la playa ni en la calle, porque pueden acabar en el mar.

Uno de los mayores problemas es el mercadillo que funciona los sábados. Los comerciantes dejan nuestras playas llenas de plásticos. Hemos hecho reuniones con los interesados y el ayuntamiento para explicarles la importancia que tiene que tiren los plásticos en los contenedores correspondientes. Han pasado tres años de esa iniciativa y los comerciantes no han cambiado su conducta. El ayuntamiento mira para otro lado, al igual que la policía que debería estar controlando la zona. Es otro dato que demuestra el poco compromiso ambiental del Ayuntamiento de Málaga.

El ayuntamiento habla de su compromiso con los objetivos de desarrollo sostenible, los ODS, dentro de la agenda 2030, lo cual queda muy bonito, PERO… hay que pasar a los hechos, a las acciones. La realidad es que la playa se llena de plástico ante la inacción del ayuntamiento, sin tener en cuenta que el mar se contamina. Así, es habitual encontrar plásticos en el agua.

Entonces, decidimos pasar a la acción y comenzamos por las noches de San Juan y algo hemos logrado revertir. La campaña #ElPalo0plásticos marca nuestro propósito. Podemos conseguirlo con la colaboración de todos. En esa noche especial unos 20 voluntarios recorren las playas explicando la importancia de no ensuciar la playa. Volvemos a pasar varias veces hasta las 2 de la mañana, cuando miramos que esté todo bien recogido. Con pequeñas acciones, se puede hacer mucho.

Estos dos últimos años nuestras playas aparecen esa noche limpias de plásticos y restos de basuras. Nos hemos de felicitar todos por esto. El nuevo desafío es lograr que las personas reciclen lo que llevan a la playa. Todo se andará.

Graves consecuencias del plástico

Debido a que el plástico es muy persistente y se dispersa fácilmente, podemos encontrar plásticos en todos los rincones del planeta, desde el Ártico hasta la Antártida. Una vez los objetos de plástico llegan al mar pueden ser ingeridos por la fauna marina y acumularse en su interior, pueden quedarse en suspensión o flotando en la superficie, o bien hundirse y permanecer en el fondo marino, o incluso pueden quedar atrapados en el hielo del Ártico. Ya se han encontrado plásticos hasta en las zonas más profundas, a más de 10.000 metros de profundidad.

En las costas y el litoral también se pueden encontrar altas concentraciones de plásticos, especialmente en regiones con altas poblaciones costeras, con sistemas de gestión de residuos inadecuados, pesquerías intensivas, o turismo elevado, como ocurre en nuestra ciudad.

En el Mediterráneo también encontramos una gran cantidad de microplásticos, similar a las de las “sopas” de plásticos. De hecho, entre un 21% y 54% de todas las partículas de microplásticos del mundo se encuentran en la cuenca del Mediterráneo. Durante las investigaciones que Greenpeace llevó a cabo en 2015, se recogieron una media de 320 objetos de basura por cada 100 metros de playa muestreada en España, siendo el 75% de estos residuos objetos de plástico. Cada día se siguen abandonando 30 millones de latas y botellas de plástico en España, que pasan a contaminar nuestro entorno terrestre, costero y marino.

Una vez los objetos de plástico llegan al medio marino tardan entre décadas y cientos de años en degradarse. El tiempo de degradación depende del tipo de plástico y de las condiciones ambientales a las que se expone (luz solar, oxígeno, agentes mecánicos…). En el caso de los océanos, la radiación UV procedente de la luz solar es el principal agente que degrada el plástico. La acción del oleaje acelera este proceso y como resultado los fragmentos más grandes se van rompiendo en trozos más pequeños, generando microplásticos y nanoplásticos.

Es difícil estimar el tiempo que tarda en biodegradarse el plástico en los océanos, pero se considera que es mucho más lento que en tierra. Una vez que el plástico queda enterrado, pasa a la columna de agua o queda cubierto por materia orgánica o inorgánica (lo que es muy frecuente en el medio marino) queda menos expuesto a la luz solar, y disminuyen las temperaturas y el oxígeno, lo que retrasa su degradación.

Durante todo este tiempo hasta que se degraden, todos los objetos de plástico que llegan al mar pueden causar graves daños a la fauna marina. Actualmente, unas 700 especies de organismos marinos se ven afectados por este tipo de contaminación. Cada año, más de un millón de aves y más de 100.000 mamíferos marinos mueren como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar (Informe de Greenpeace).

Reflexiones de los jóvenes

Para finalizar os dejamos algunas reflexiones entrañables de los alumnos del Colegio Safa-Icet.

  • Canción elaborada por alumnos:

Yo no tengo pa darte una estrella,
pero aquí te dejo mi botella.
Para darte yo tengo poquito,
pero es fácil coger plastiquitos.

Yo no tengo pa llenar tu malla,
pero si dejar limpia mi playa.
Y aunque es poco lo que yo te ofrezco, con orgullo,
¡¡¡TODO MI PLASTICO ES TUUUYOOO!!!

  • “Este pez SÍ come plástico” vídeo realizado por Paco Valentín.
  • Los niños del colegio Safa-Icet han llamado al pez Safacito y estos son los 10 compromisos que han asumido:
    1. Infantil. Me comprometo a usar las tres “R”, Reducir, Reutilizar y Reciclar (por este orden).
    2. 1º primaria. Me comprometo a comprimir botellas, plásticos y bolsas para que haya más espacio para otros residuos.
    3. 2º Primaria. Me comprometo al uso de productos biodegradables (garantizando que lo sean).
    4. 3º Primaria. Me comprometo a cuando vaya al supermercado llevar mis propias bolsas de tela o cartón.
    5. 4º Primaria. Me comprometo a hacer uso de un consumo responsable de electricidad y agua.
    6. 5º Primaria. Me comprometo a donar ropa, libros y juguetes en buen estado.
    7. 6º Primaria. Me comprometo a contar este proyecto a mi familia y amigos para que colaboren conmigo.
    8. 1º ESO. Me comprometo a recoger los plásticos que vea en la arena para con ellos alimentar a nuestro pez.
    9. 2º ESO. Me comprometo a una compra responsable, comprando lo que vayamos a usar y necesitar para no desperdiciar.
    10. 1º Bachillerato. Me comprometo a vivir en coherencia con estos compromisos y así desde SAFA-ICET cambiar mi parte del mundo, para hacer de él un sitio mejor para todos y todas.

Asociación de Vecin@s de El Palo.

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