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Pregoneros sin piedad

Por: Antonio Avendaño

Como hace el gran Manuel Vicent publicando cada vez que llegan las fiestas de San Isidro un artículo ferozmente antitaurino, desde hace ya algunos años procuro, mal que bien, seguir los pasos del maestro haciendo lo mismo con los pregones y pregoneros de la Semana Santa de Sevilla. En las corridas de San Isidro, la víctima es el toro; en los pregones de la Semana Santa sevillana suele serlo la literatura: taurinos y pregoneros tienen en común su escalofriante falta de piedad, de compasión, de empatía, unos con los pobres astados y otros con la malhadada poesía, de la que Sevilla ha dado al mundo nombres de un talento tal que veo a los pobres poetas del pasado revolviéndose en sus tumbas cada vez que el Consejo de Hermandades y Cofradías anuncia, inconmovible, el siguiente pregón de Pasión.

Y no solo la poesía: tampoco la teología más severa suele salir bien parada en estos lances a la vista del mal disimulado y más bien herético politeísmo que, coincidiendo con el sentir popular, despliegan los pregoneros, pues para un auténtico cofrade sevillano el dogma central de su fe no es ni mucho menos, pongamos por caso, la Santísima Trinidad, como pretende la teología oficial, sino, por supuesto, la Esperanza de Triana, la Virgen de la Iniesta, el Gran Poder o El Cachorro, ¿estamos o no estamos?

Imagen del Infierno

Imagino el Infierno, improbable lector, como un tenebroso teatro donde, bien amarrado a la butaca y sin posibilidad alguna de escapar, el único espectador soy yo mientras sobre las tablas van desfilando uno a uno, con su gavilla criminal de folios bien sujeta bajo el sobaco, los ochenta y tantos pregoneros que ha tenido Sevilla desde el año fatídico de 1937 en que se inventó esta entrañable tradición, seguramente para reafirmar los valores de la nueva España en cuyo nombre habían sido sido pasados por las armas miles de sevillanos, no pocos de ellos por cierto tan cofrades como sus asesinos.  

Empezando por el primero, que fue el escritor José María Pemán, y acabando por el último, que ha sido el periodista José Antonio Rodríguez, la rueda infernal de pregoneros saldría al escenario a declamar histriónicamente sus textos trufados de ripios y de no menos de una hora y media de duración ninguno de ellos. A la primera ronda de pregones le seguiría otra y luego otra y otra más, y así hasta que el condenado, entre amargas lágrimas de arrepentimiento y golpes de pecho retumbando por la platea, pidiera perdón por los artículos publicados en vida haciendo burla de los santos varones que se estrujaron la mollera para destilar aquellas interminables tiradas de octosílabos que tanto los autores como los cronistas consideraron en su día poco menos que inmortales. 

Y decimos bien al decir varones, pues solo ha habido una mujer pregonera, en 2019. Sin dejar de ver en tan llamativa ausencia una muestra más de discriminación machista, me consuela pensar que quizá se deba también a que hay más sentido común y menos fastidioso narcisismo en las mujeres, sean o no cofrades, que en los hombres.

Impúdicos elogios

Huelga, por lo demás, recordar los desmedidos elogios con que la prensa local suele reseñar cada año el pregón. Leyendo esas crónicas tan impúdicamente zalameras, cualquiera diría que Sevilla está de Premios Nobel de Literatura a reventar. ¿Es sincero tanto ditirambo? Seguramente sí, mas sepa el paciente lector que el hecho de que tales crónicas sean tan invariablemente encomiásticas da pábulo a la sospecha, bastante generalizada entre la Sevilla descreída, de que el sueño secreto, y aun no tan secreto, de todo periodista cofrade es ser algún día designado él mismo pregonero, un anhelo sin duda acrecentado por lo sucedido este año, en que al pregonero lo sacaron, literal, ¡¡¡a hombros de la Maestranza!!! (del teatro, no de la plaza, aunque pudiera haber sido al revés). Como diría José Mota: no digo que me lo mejores, solo iguálamelo.

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Papá, ¿por qué te hiciste político?

Por: Antonio Avendaño

Uno. El clima

Muchos lectores recordarán el anuncio o habrán oído hablar de él. Ante sus horas más bajas, el Atlético de Madrid puso en circulación a principios de la década de 2000 un ingenioso spot en el que se veía a un niño y su padre circulando por unas calles de Madrid atestadas de madridistas celebrando los triunfos de su equipo mientras los colchoneros acababan de hundirse en el pozo de la Segunda División. El anuncio terminaba con el niño formulando esta pregunta, mitad enternecedora, mitad letal: “Papá, ¿por qué somos del Atleti?”

Viendo el envenenado clima político del país y escuchando las cosas tremendas que los políticos, aunque ciertamente unos mucho más que otros, se dicen entre sí, cabe imaginar a ese mismo niño yendo en el coche con su padre alcalde, concejal, consejero o ministro; concluido el noticiario radiofónico que ambos acaban de escuchar, el hijo del alto cargo preguntaría lo mismo que el hijo del colchonero: “Papá, ¿por qué te hiciste político?”. 

Dos. Cretino, capullo, mentiroso

Los medios de izquierdas contabilizaron en su día los siguientes insultos proferidos desde las derechas contra Pedro Sánchez desde que es presidente del Gobierno: inmoral, irresponsable, cretino, capullo, hijo de puta, indecente, traidor, tirano, populista, corrupto, déspota, caudillista, ególatra, felón y sectario. Y ahí va ahora la relación de epítetos proferidos desde la izquierda contra Alberto Núñez Feijóo que recopilaron los medios de derechas: vago, mentiroso, populista, incompetente, extremista, cínico, insolvente y extremista. 

Es obvio que la derecha insulta más y mejor que la izquierda, aunque huelga decir que, para ser verdaderamente exhaustivas, ambas recopilaciones deberían haber incluido los dicterios, injurias y ofensas contra esos mismos políticos que eran cosecha exclusiva de los propios medios. Al fin y al cabo, políticos y periodistas son los dos principales colectivos que administran el espacio público: si, como viene sucediendo, tal espacio se envilece hasta el punto en que lo está ahora, la responsabilidad no puede ser exclusiva, como solemos pretender los periodistas, únicamente de los políticos. 

Tres. Piedras en el tejado

La política es el único oficio donde es costumbre, cuando no obligación inexcusable, tirar incesantemente piedras contra su propio tejado, contra el tejado mismo de la política, compartido por apedreadores y apedreados. No es raro, sin embargo, que suceda así: el modelo de organización y conducta en que se inspira la política es la guerra, y los políticos son vistos por sus adversarios no como ciudadanos particulares, personas de carne y hueso con hijos, padres, esposas, maridos, sino como combatientes uniformados de un ejército enemigo o, en el mejor de los casos, como estereotipados especímenes de un colectivo odiado, detestado o simplemente menospreciado.

Cuatro. Si nos pincháis, ¿no sangramos?

Bien pensado, los profesionales de la política, tan vilipendiados en general, deberían en no pocas ocasiones despertarnos más compasión que ira, más indulgencia que severidad. Recuerdan un poco a aquel Sylock que se lamentaba de que sus vecinos venecianos lo vieran como un maldito judío y no como un hombre con manos, órganos, cuerpo, sentimientos, afectos, pasiones, calentado por el mismo sol y enfriado por el mismo invierno que ellos. Si mañana Sánchez, Feijóo, Abascal, sí, sí, ¿por qué no Abascal? salieran a escena interpelando a sus adversarios con las preguntas, enternecedoras y letales, del pobre Sylock, –si nos pincháis, ¿no sangramos?; si nos hacéis cosquillas, ¿no nos reímos?; si nos envenenáis, ¿acaso no nos morimos?– serían el hazmerreír de sus oponentes, la vergüenza de sus correligionarios, el blanco predilecto de las impías mofas de la prensa.

Cinco. Respuesta correcta pero parcial

“Papá, ¿por qué te hiciste político?”. A la pregunta de su hijo, recién terminado el boletín de noticias, el alcalde, el concejal, el ministro le darían la respuesta políticamente correcta, no necesariamente falsa pero sí parcial: “¿Que por qué estoy en política? Para hacer una sociedad más justa, naturalmente, para hacer progresar el país y mejorar la vida de la gente, hijo mío”. Como el pequeño atlético del anuncio, el niño se quedaría dudoso, pensativo, intentando en vano cohonestar en su mente atónita las remotas proclamas de fraternidad y los insultos del noticiario todavía resonando en sus oídos, las promesas de justicia y la práctica incesante de la mezquindad y la doblez. Un minuto después, los altos cargos más íntegros y sinceros, vagamente compungidos, secretamente avergonzados, quizá añadirían para sí mismos: “Y también por fatuidad, por egolatría, por jactancia, por una buena nómina, también por todo eso, hijo mío”.  

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Los fachas y el jurado número 12

Por: Antonio Avendaño

Este artículo forma parte del dossier ‘Obreros de ultraderecha’. Puedes conseguir la revista y suscribirte en el kiosco de ‘La Marea’.


En apenas una década, han pasado de darnos risa a darnos miedo: en las elecciones de 2005 sacaron 58.114 votos y cero diputados y en las de 2023 sumaron 3.031.308 votos y 33 diputados, que en la próximas, según las encuestas, superarán los 60. La cantidad ha modificado la cualidad: de ¡¡¡pobres fachas!!! a ¿fachas pobres? a ¿¿¿pero de verdad hay fachas pobres??? Un buen número de gente modesta, y con una elevada proporción de jóvenes en ella, se ha vuelto facha. ¿Qué hacer para que dejen de serlo? ¿Cómo combatir la forma en que la ultraderecha pesca en este nuevo caladero? «Hay que atajar la compra de vivienda por parte de fortunas extranjeras. La clase media está desvalijada», dice el portavoz de Vivienda de Vox, Carlos Hernández Quero, intentando exprimir –como han hecho con otros temas– la emergencia habitacional.

¿Se frenará este ascenso cuando la vivienda vuelva a ser un bien asequible para los jóvenes? Vale, sí, razones tienen de sobra. Según el INE, el precio se ha encarecido un 70% en la última década. Esto es verdad. Pero ni en el mejor de los casos se parará a la ultraderecha si seguimos dejando campar a sus anchas las mentiras. ¿Se frenará combatiendo los bulos? Puesto que somos periodistas y no ministros de Vivienda, vayamos a ello.? ?Pertrechado con las gotas de verdad que suele contener, el bulo tiene a su favor la verosimilitud: en él la apariencia de verdad devora a la verdad. Alcanzar la verdad requiere cierto tiempo y esfuerzo; abrazar la verosimilitud, casi ninguno. Las cosas que los jóvenes creen sobre la inmigración, la delincuencia, la okupación, el franquismo, el feminismo o las ayudas sociales no son verdaderas pero sí verosímiles: el problema es que destruir su verosimilitud requiere un tiempo de escucha o lectura que los crédulos no están dispuestos a perder.

Los fachas y el jurado número 12
Henry Fonda en una escena de 12 hombres sin piedad (1957). FILMIN

Los nuevos fachas, los fachas pobres operan ante la realidad como aquellos 11 jurados de 12 hombres sin piedad que habrían condenado al pobre chico que parecía haber matado a su padre de no haber intervenido el jurado número 12 –Henry Fonda en el cine, José María Rodero en la televisión– para demostrarles que aquello que a todos les había parecido verdadero, en realidad era solo verosímil. Los 11 jurados que, aun de buena fe, estaban en el error rectificaron su posición porque dedicaron un tiempo prudencial a escuchar las razones del jurado número 12. De no ser por este, el chico inocente habría sido condenado: él convenció a los otros 11 de que había más cosas entre el cielo y la tierra de las imaginadas por sus miedos, sus prisas, sus prejuicios, su ignorancia o su pereza. Y ahí está la dificultad de estos tiempos: encontrar ese jurado número 12 todos los días para que los otros 11 puedan cambiar su veredicto en las urnas.

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Cosas oídas en un taxi en Barcelona una noche de febrero de 2026

Por: Antonio Avendaño

Fue en Barcelona, hace solo unos días. El trayecto en taxi duró unos veinte minutos, quizá veinticinco. Fue subirnos al vehículo y el conductor empezó a hablar, primero con prudencia, como tanteando el terreno que pisaban sus clientes, para inmediatamente después, tras informarse de que procedíamos de España española, tomar aire, ganar confianza y deslizarse imparable por una pendiente discursiva que, incontenible, no cesaría hasta llegar a nuestro ansiado destino. 

El hombre al volante rondaba el medio siglo, y de su franco, desinhibido y detallado discurso podía colegirse que su existencia venía transcurriendo desde mucho tiempo atrás por los desolados arrabales del fracaso vital y profesional. Escuchándole se llegaba pronto a la conclusión de que nuestro inesperado speaker debía ser, aunque él nunca lo explicitó así, votante de Vox. Confesó sin amargura visible ganar 1.200 euros al mes, no lamentaba la precariedad de su sueldo: su obsesión era España y cómo estaba menguando el número de quienes se decían españoles.

Sin saberlo, nos impartió una lección magistral de sociología electoral que, en un contexto académico y dictada por un experto en demoscopia, bien habría podido titularse ‘Perfil psico-sociológico de un asalariado que vota a la extrema derecha’. Bien pensado, y a la vista de la magnitud de la derrota existencial que su relato dejaba entrever, la franqueza descarnada del mismo despertaba en los viajeros inermes más piedad que ira, más compasión que enojo

En estos términos, y con un marcado acento vasco, habló nuestro hombre:  

“¿De Sevilla? Buen sitio Sevilla, allí tendría que irme yo, soy aragonés pero he vivido muchos años en Euskadi, he tenido allí buenos jefes, gente seria ¿eh?, pero que si podía engañarte con el finiquito, te engañaba, lo malo es que allí, si no eres euskaldún, pues no prosperas, ya te digo, así de claro, y eso que el PNV mucho hablar pero bien que estaban con Franco, los de ETA salieron de allí, una escisión del PNV, y Euskadi sur la fundó don Diego López de Haro, que era de La Rioja, hay que estudiar un poco de Historia para que no te engañen, pero luego pasa lo que pasa, que ya no hay españoles, aquí ya nadie dice que es español, dice soy catalán, soy madrileño, soy andaluz, y a mí lo que me importa es España, yo soy español, y lo digo así, que soy español, tal cual… aquí en Barcelona me va bien, me defiendo, se puede vivir, aunque en Euskadi ganaba más, aquí salgo por 1.200 euros al mes, más el mes de vacaciones, ahora tengo la jornada de ocho horas, porque este mes es malo y no vale la pena cogerse el horario de 12 horas, para estar todo el día haciendo tiempo y sin que lleguen clientes, pues que no compensa, ¿entienden?

Y ahora pago 500 por una habitación, pero he tenido suerte con el piso, sí, bastante suerte, y eso que en otra habitación hay una pareja con su niña, son moritos o como se diga, que a mí me da igual, y no paran de usar la cocina, vas a hacerte algo y allí está la madre cocinando no sé qué para la niña, joder, pero bueno… de Euskadi ya me despedí, aunque mi hermano sigue allí y le va bien, lo que pasa es que lleva ya dos matrimonios y dos divorcios, mi hermano es que tiene un carácter fuerte, pero no es un abusón ¿eh?, no, solo que no le gusta que le digan lo que tiene o no tiene que hacer, y eso hoy en día…

En cambio yo nunca me casé, antes quería formar una familia y tener hijos y que mi padre, que en paz descanse, tuviera nietos, pero nada, y con 51 años ya sé que no va a poder ser, ya me he olvidado de eso, y tampoco quiero estar siempre aquí en Barcelona, yo soy español, no me gusta cómo va España, con Franco no era todo bueno, había cosas malas pero también cosas buenas, los pantanos, la Seguridad Social, y luego había cosas malas que algunos dicen que hacía, pero quienes las hacían eran los que tenía alrededor, la camarilla, no él, hay que estudiar un poco de historia para saber las cosas y que no te engañe cualquiera, aunque yo creo que Franco apoyaba más a la clase media alta que a los pobres, eso sí…”.

Llegamos a nuestro destino. Acaba de caer la noche sobre Barcelona. Nos alojamos en la zona alta de la ciudad. Vista desde las últimas laderas que la aprisionan, la ciudad resplandece y centellea como lo hacía en la edad no siempre dorada de mis veinte años. Abajo sigue el tráfago de coches, tiendas, turistas, idiomas, calles cortadas, vagones atestados, improperios contra Renfe.

No es la Barcelona de mi juventud, pero sigue siendo Barcelona. Tampoco los asalariados de hoy son los de entonces, pero siguen siendo asalariados: aunque hayan dejado de llamarse obreros a sí mismos; aunque piensen, al contrario que los de entonces, que Franco también hizo cosas buenas; aunque sepan o crean saber mucha historia y la patria menguante les preocupe más que ese sueldo de mierda que el partido al que votan nunca menciona.

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¡Vaya hostia! El 8-F de Aragón en 9 claves

Por: Antonio Avendaño

1. El gol del honor

“¡Vaya hostia!”. Es lo que le salió del alma herida a Susana Díaz Pacheco aquella aciaga noche de 2017 en que perdió ante Pedro Sánchez las primarias del partido. Lo mismo podría haber dicho anoche la exministra y candidata socialista a la Presidencia de Aragón, Pilar Alegría. Lo mismo, en realidad, podría haber dicho anoche toda la izquierda aragonesa, cuya humillante derrota a manos de las derechas apenas quedó maquillada por esos seis diputados de la Chunta Aragonesista que venían a ser como el gol del honor de las izquierdas al término del que sin duda fue uno de sus peores partidos de la temporada. En casos así en el fútbol, los dueños del equipo suelen echar al entrenador. Con los partidos es más complicado porque el propietario y el entrenador suelen ser la misma persona.

2. Perder ganando, ganar perdiendo

Los datos crudos de las elecciones aragonesas de ayer son estos: el PP suma 26 escaños, aunque pierde dos; el PSOE se queda en los huesos con 18, que son cinco menos que en 2023; Vox engorda hasta lograr 14, el doble que en las anteriores autonómicas; Chunta Aragonesista da también la campanada pasando de tres a seis diputados; Aragón Existe tenía tres y se queda en dos; Izquierda Unida-Sumar conserva el que tenía y Podemos, que ya estaba semidesaparecido, desaparece. La mayoría absoluta son 34 escaños y las derechas suman 40, aunque con sensaciones muy distintas en cada uno de los dos partidos: el PP gana pero pierde y Vox pierde pero gana. Como en Extremadura. 

3. Sudor y tinta

Jorge Azcón no necesitará comprar tinta para recargar la pluma con que firmará su primer decreto como presidente de Aragón: tendrá de sobra con la que le hará sudar Vox. Parafraseando a aquella profesora de danza de la serie Fama, Santiago Abascal ya tiene preparada la frase que le dirá a Alberto Núñez Feijóo la próxima vez que lo vea: “Buscas el poder, pero el poder cuesta; y aquí es donde vas a empezar a pagar… con sudor”. O con tinta. Jorge Azcón en Aragón y María Guardiola en Extremadura adelantaron elecciones siguiendo las órdenes de Génova y el Señor los ha castigado a ambos haciendo mayor su dependencia de la ultraderecha. Sánchez está más débil que ayer, pero ellos también.

4. ¡Muerte al ‘Perro’!

El PP logra su objetivo táctico de debilitar a Pedro Sánchez, pero no su objetivo estratégico de liberarse de Vox. Anoche, los francotiradores de Génova se apresuraron nuevamente a dar por muerto al ‘Perro’, pero el maldito chucho se resiste a morir pese a los dos tiros que ya lleva en la barriga: el tiro extremeño y el tiro aragonés. El tercer disparo será el castellano y el cuarto el andaluz. Demasiado plomo para que el bicho llegue vivo al verano de 2027. Y sin embargo… Sánchez se aparece en las pesadillas de Feijóo como ese personaje de las películas que el espectador da por muerto tras haber recibido varios disparos, pero que en el último momento logra empuñar su arma desde el suelo y descerrajarle a su agresor un tiro certero entre ceja y ceja. En el PP no pueden dejar de preguntarse cuánto plomo hay que meterle al ‘Perro’ para que expire de una maldita vez. 

5. El espectro de Ohio

Como los de Ohio en Estados Unidos, ¿los resultados de Aragón anticipan los de España en las legislativas que el PP querría ver convocadas ya mismo? Todo indica que sí. Difícilmente podrá Sánchez cumplir el calendario prometido de no celebrar elecciones hasta el verano de 2027. Cuando el mes que viene se abran las urnas en Castilla y León y de nuevo las izquierdas muerdan el polvo, ¿acaso los presidentes autonómicos y alcaldes socialistas no redoblarán la presión sobre Ferraz para que haga coincidir las generales con las andaluzas de junio de este año? A la ministra y candidata María Jesús Montero le vendría bien. No querrá ser una Pilar Alegría 2: en unas autonómicas en solitario la participación será baja y la factura de esa abstención la pagarán las izquierdas. 

6. El hombre del tren

Lo bueno de la coincidencia de generales y andaluzas es que haría subir sensiblemente la participación y mejoraría las expectativas del voto progresista. Lo malo, que muy probablemente PP y Vox sí lograrían esta vez la mayoría absoluta del Congreso que acariciaron en 2023. Por eso parece poco probable que Sánchez adelante los comicios: porque ningún gobernante, y mucho menos él, lo hace si cree que va a perderlos. Y porque el presidente sigue confiando en el efecto movilizador de la pinza gobernante PP-Vox en un electorado de izquierdas que a lo largo de este 2026 iría viendo los temibles efectos de la irrupción ultra, ya sea en los programas de gobierno, ya sea en los gobiernos mismos. ¿Le saldrá la jugada, como ya le salió en julio de 2023? Veremos. No es probable. Sánchez se asemeja al fugitivo al que sus enemigos rastrean dentro del tren donde viajan perseguidores y perseguido. Sánchez pasa de vagón en vagón dejando atrás a sus acosadores, pero el número de coches que tiene el tren es limitado: vagón Extremadura, vagón Aragón, vagón Castilla y León, vagón Andalucía. Estación término: España.

7. ¿Quién refuerza a Vox?

Se acusan mutuamente socialistas y populares de reforzar a Vox con sus estrategias de desgaste, al precio que sea, del adversario. No parece que tengan razón ni el uno ni el otro, salvo en el sentido de que la erosión de la institucionalidad y la centralidad que ambos practican al demonizar sistemáticamente al otro favorece el crecimiento de formaciones antisistema como la de Abascal. Lo malo, lo peor del ascenso de Vox es que parece producirse por generación espontánea: sus votos crecen en el electorado como las setas en el bosque cuando caen cuatro gotas. Los ultras crecen en España, en Francia, en Alemania, en Italia, en Hungría, en Holanda, en Dinamarca, en Noruega, en Chile, en Argentina, en Estados Unidos… Se diría que son imparables. Nadie sabe muy bien qué diablos hacer para frenarlos. ¿Un cordón sanitario? ¿Un pacto de no agresión o incluso de colaboración de PP y PSOE? ¿Génova y Ferraz firmando la paz? Imposible tal entendimiento entre quienes están embelesados contemplando las tempestades provocadas por los vientos que tan irresponsablemente han sembrado durante años. 

8. Ideas y emociones

Es cierto que la Chunta ha salvado el honor de las izquierdas no socialistas, pero los partidos no viven de honor sino de votos. Los partidos han nacido para gobernar, no para ponerse estupendos. Y los votos no dejan de menguar debido a la proverbial división que reina en esa franja ideológica que la demoscopia cifra en torno a un 15% del electorado. Lo paradójico de tal división es que sus causas son más personales que propiamente ideológicas: si milagrosamente mañana desaparecieran de la escena pública Yolanda Díaz, Mónica García, Ione Belarra, Irene Montero o Pablo Iglesias, quizá sería posible armar un Podemos de nuevo unificado, pues en rigor no hay diferencias ideológicas significativas entre Sumar y los morados; no los dividen las ideas, los dividen las emociones: la ira, el resentimiento, la soberbia, el afán de revancha…

9. Dos en uno

El PSOE no tiene, ciertamente, los problemas de la otra izquierda. Aparece como un partido unido, pero su cohesión está en gran medida sustentada en el hecho de estar gobernando. El día que Pedro caiga habrá lío interno, como, por otra parte, siempre lo ha habido cuando el líder ha dejado de ser presidente del Gobierno. Hoy, la contestación interna en el PSOE es casi anecdótica, se diría que orgánicamente inviable. ¿Despertará esa contestación si Feijóo llega a la Moncloa? A principios de los 90 el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra entró en crisis: Felipe se ocupaba del Gobierno y Alfonso del partido, pero aquel tándem se quebró tras una década de Gobierno. Hoy no cabe quiebra alguna porque Pedro Sánchez es a la vez Guerra y González, manda en el partido y manda en el Gobierno. Inimaginable un Pedro enemistándose con Sánchez o un Sánchez rompiendo con Pedro. En Aragón no ha perdido su ministra, ha perdido él. 

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