Cada año se producen en Asturias entre 1.000 y 2.000 incendios forestales, que queman entre 100 y 200 millones de metros cuadrados de monte.
Otra vez Asturias está ardiendo. Numerosos fuegos simultáneos repartidos por el territorio están destruyendo espacios de alto valor ambiental. Es un acontecimiento que se repite año tras año, a finales del invierno y principios del otoño, cuando se dan las condiciones adecuadas al llegar el viento sur. Una vez más se sospecha que sean incendios intencionados, no se han producido tormentas eléctricas o accidentes que hagan pensar lo contrario. Cada año se producen en Asturias entre 1.000 y 2.000 incendios forestales, que queman entre 100 y 200 millones de metros cuadrados de monte (10.000 o 20.000 ha).
El pasado verano padecimos numerosos incendios que calcinaron casi 6000 ha de la montaña asturiana. Esto lleva aparejado la pérdida de valiosos ecosistemas, con toda su flora y fauna asociada, agravado por el hecho de que en terrenos tan escarpados la degradación y pérdida de suelo puede hacer irreversible el daño. Los fuegos recurrentes no permiten la recuperación del hábitat, creando un terreno estéril donde antes hubiera vida. Hoy están ardiendo espacios que no se han podido recuperar de los anteriores incendios. Cangas de Onís, Amieva, Llanes, Piloña, Ponga, Lena, Laviana, Mieres, Pajares, San Martín del Rey Aurelio, Somiedo, Cangas de Narcea y Valdés son los concejos afectados.
Para evitar los incendios debemos buscar las causas, evitar que se inicie el fuego. En Asturias el 80% de los incendios son provocados intencionadamente. En un contexto de cambio climático, la práctica de quemar monte para generar pasto resulta muy peligrosa, tanto para la salud de las personas como para los ecosistemas, por lo que el Gobierno del Principado debería trabajar para desincentivarla.
En primer lugar, impidiendo la obtención de beneficio tras la quema. El Principado de Asturias en 2017 eliminó la prohibición del pastoreo en las zonas quemadas, los denominados acotamientos, por lo que desde entonces se puede aprovechar el terreno ganado con el fuego. Los acotamientos son una herramienta de gestión imprescindible para recuperar y regenerar las áreas afectadas por los incendios, así como para desmotivar el uso del fuego.
También es importante realizar labores de educación ambiental para que se comprenda la necesidad de modificar la cultura del fuego, ya que las condiciones ambientales y sociales han cambiado. Que se tome conciencia de que el monte produce bienes públicos que pertenecen a la colectividad, a toda la sociedad.
Reforzar el trabajo de las BRIPAS y de los Agentes del Medio Natural permitiría investigar e identificar a los responsables de los incendios. No suele encontrarse a los culpables y cuando se hace apenas hay condenas por estos delitos, es raro que el culpable pague por el mal causado. Hay que terminar con esta impunidad.
Los incendios son un problema social y ambiental al que hay que dar solución. Desde Ecoloxistes n’Aición d’Asturies defendemos un modelo de ganadería extensiva que permita una vida digna en el medio rural, pero al mismo tiempo contribuya a la conservación de la biodiversidad.
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