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Los logros de una huelga en el metal que ha durado más de dos meses

Por: Fermín Grodira

Ha durado más de dos meses. La huelga en el Grupo Aeronáutico Zona Centro (GAZC), una compañía dedicada a la fabricación y montaje de piezas con sede central en Getafe (Madrid) y tres centros de trabajo en La Rinconada (Sevilla), finalizó el pasado 16 de diciembre con un acuerdo entre la empresa y la sección sindical de CNT que la convocó.

Según el texto, el pacto incluye una mejora en el plus de nocturnidad, una subida a 19 trabajadores de su categoría profesional y un aumento en la elección de la fecha de los días de vacaciones, de ocho a diez. Además, según CNT, se han firmado derechos para la representación sindical y mecanismos para tener un clima de diálogo y negociación, indica el comunicado de CNT Sevilla.

Para la empresa, “la huelga ha sido una experiencia dura y negativa para todas las partes implicadas”, que “no ha aportado soluciones duraderas y ha deteriorado el clima de trabajo”. El paro ha acabado sin “vencedores”, destacan, habiendo “perdido todos”. GAZC Sevilla destaca a La Marea que “quiere pasar página, aprender de lo ocurrido y seguir apostando por el diálogo, el respeto y la estabilidad laboral como base del futuro”.

La sección sindical de CNT, creada en mayo en GAZC, convocó el paro al margen del comité de empresa, representado por UGT, tras “meses de incumplimientos del convenio colectivo, recortes ilegales y represión sindical creciente”, según denunció. Sus principales reivindicaciones fueron el reconocimiento de las categorías profesionales que realmente ejercen sus trabajadores, el fin de la imposición unilateral de las vacaciones y días de libre imposición, un pago correcto de las vacaciones según el convenio colectivo, una remuneración “justa” del plus por la turnicidad y nocturnidad y la readmisión de ocho trabajadores despedidos afiliados al anarcosindicato, uno de ellos durante la huelga, según CNT.

Según GAZC Sevilla, el despido se produjo “por hechos graves ajenos al ejercicio del derecho de huelga y anteriores al inicio del conflicto”. Y respecto a los despidos previos a la huelga, la empresa afirma que se debieron a “causas económicas, debidamente acreditadas y ajenas a cualquier motivación sindical” de forma previa a la creación de la sección sindical y sin que la empresa tuviese conocimiento de su constitución.

“No se ha entablado ninguna comunicación con el comité de empresa con respecto a la situación en la empresa para negociarla. De buenas a primeras se convocó huelga indefinida por un sindicato que no está instaurado en la empresa. No son formas”, señaló el secretario general de UGT FICA Sevilla. Tras el fin de la huelga, UGT afirma: “El acuerdo no llega ni al 40% de los que han estado en huelga porque no hay turnos de noche para muchos de ellos. La cuantía económica es muy inferior a lo que pretendían. El comité de empresa estaba negociando mejoras por encima de lo conseguido para toda la plantilla y no para un colectivo solo”, valora Ponce.

“No es lógico ni normal” un acuerdo así tras más de 70 días de huelga, destaca. “Acuerdos así logramos en UGT día sí y día no sin hacer huelga. El populismo y hacer las cosas por las bravas sin negociar no es la mejor estrategia sindical para los trabajadores y trabajadoras”, concluye el sindicalista de la UGT. Desde CNT consideran que la UGT los «ha abandonado”.

Entre los clientes de GAZC están Airbus, Boeing, Gulfstream y Bombardier. La compañía afirma tener una facturación de más de 30 millones de euros y una plantilla de más de 300 trabajadores. La empresa está administrada por Jesús Huerta de Mora y David San José Villa. Los datos de CNT indican que 39 trabajadores de una plantilla de unos 150 han secundado la huelga indefinida, la más longeva en el sector en la provincia de Sevilla según fuentes sindicales. Los huelguistas aguantaron más de dos meses sin sueldo gracias a la caja de resistencia que lanzó el sindicato.

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Las asociaciones de ucranianos en España luchan por la integración local y contra el olvido de la invasión 

Por: Fermín Grodira

Febrero de 2022 es un mes que ningún ucraniano olvidará. La invasión total de Rusia, tras anexionarse de forma ilegal Crimea y apoyar a los separatistas prorrusos en el este del país en 2014, marcó de por vida a sus habitantes, no solo a aquellos que viven en las zonas más cercanas al antiguo imperio. Algunos recalaron en España. El número de empadronados en el país subió de 110.977 a 1 de enero de 2022 a 199.200 a 1 de junio de 2022, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Antes de la guerra, la mayoría vivían en Madrid, Barcelona, Alicante, Málaga, València y Murcia. La provincia que más población ucraniana ha acogido desde 2022 ha sido Alicante. A raíz del conflicto bélico total, en Galicia un grupo de españoles y ucranianos fundó la Asociación Gallega de Ayuda a Ucrania, con sede en A Coruña. Con 615 socios, según indican a La Marea, han lanzado el proyecto ‘Apoyo integral a ucranianos’, que incluye acceso a terapia psicológica con terapeutas de origen ucraniano para evitar la barrera lingüística, clases de castellano con profesoras nativas ucranianas y orientación laboral y administrativa.

Esta asociación destina el 90% de su presupuesto y “esfuerzo para ayudar en territorio ucraniano”. Se centran en dar asistencia sanitaria como comprar audífonos, una necesidad creciente por la pérdida auditiva causada por las bombas y misiles. La Diputación de A Coruña les otorgó 100.000 euros para equipamiento médico destinado a un centro de sangre en Odesa, una de las ciudades más afectadas por la guerra y puerto esencial en el esfuerzo bélico. Desde Galicia también mandan camiones con conservas, ropa nueva térmica y ropa para niños. Llevan un total de 34 vehículos enviados a Ucrania, según indica la organización.

El dinero que gestiona la Asociación Gallega de Ayuda a Ucrania viene principalmente de capital privado por donaciones directas o a través de cenas y conciertos benéficos. También ingresan por cuotas de socios, además de “algo muy residual de dinero público mediante convenios nominativos”, aclaran. Denuncian que Ucrania no está en la lista de países principales de los planes directores de cooperación al desarrollo, sino que queda limitado a emergencia humanitaria, lo que reduce el acceso a convocatorias públicas.

Para mantener el vínculo de los menores con su país natal, la asociación gallega organiza espectáculos en su idioma natal para mantener “las tradiciones y el folklore”. La prioridad es que sus madres aprenden la lengua local porque es la clave para “su incorporación al mercado laboral”. Ellas son quienes más sufren a nivel psicológico en su nueva casa. “Muchas madres no logran encajar del todo por la barrera del idioma, y la convalidación de títulos profesionales es lenta y complicada. Las oportunidades laborales quedan reducidas casi siempre a trabajos precarios, mientras que el acceso a una vivienda digna se ha convertido en una auténtica odisea”, añaden.

“La situación se ha vuelto muy difícil después de más de tres años. Los ucranianos no terminan de estar plenamente integrados en España, pero tampoco pueden volver a su país. El acogimiento inicial de 2022 fue muy generoso, pero ahora los dramas se concentran en el día a día”, concluye la asociación: “Es una situación muy dura que no debemos dejar de visibilizar».

Antes de la guerra

Otras asociaciones son previas a la agresión rusa. En 2007 nació la Asociación de Ucranianos de Cantabria (Oberig) con el objetivo de ayudar a ciudadanos de la antigua Unión Soviética a adaptarse a su nuevo hogar. Los datos recogidos en la página web de la Embajada de Ucrania en España contabilizaban 26 asociaciones en 2012. La presidenta de Oberig, Mariya Kurnytska, indica a La Marea que en España hay ya más de 50 grupos o asociaciones ucranianas, 31 de las cuales están registradas en la embajada.

La llegada de la crisis económica de 2008 cambió la función de Oberig. Entonces pasó a ayudar en el regreso y adaptación de los ucranianos que volvieron a su país. Su función fue asistirles en la búsqueda de trabajo y en facilitar que sus hijos se adaptasen a ir al colegio en un nuevo idioma: el ucraniano o ruso. Pero la violencia desatada tras el Euromaidán y la guerra soterrada de Rusia desde 2014 cambió el sentido migratorio de la población ucraniana. Y por tanto, la ayuda que ofrecen desde entonces.

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