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✇Ecologistas en Acción

Calculadora navideña: ¿cuánto aumenta el consumo de pescado y cuáles son las alternativas?

Por: Mar
  • Ecologistas en Acción alerta sobre el coste ambiental y social asociado al consumo disparado de marisco y pescado durante las fiestas de Navidad.
  • Para ello, ha analizado el consumo en los hogares españoles a lo largo de 2024 de cuatro especies especialmente presentes en las mesas navideñas: salmón, calamar, langostino y merluza.
  • Como alternativa, la organización ecologista publica sus recomendaciones para un consumo navideño responsable, dirigido a reducir la presión sobre los océanos.

Cada año, millones de hogares españoles celebran la Navidad con mesas repletas de pescado y marisco, desde salmón hasta langostinos, calamares o merluza. Esta tradición gastronómica está asociada a un alto coste ambiental y social. Con el objetivo de contribuir a que las festividades sigan siendo un espacio de encuentro y disfrute, pero también de sostenibilidad y justicia, Ecologistas en Acción ha analizado las tendencias de consumo en los hogares españoles de cuatro especies durante 2024, comparando la media anual con el consumo del mes de diciembre.

1. Salmón noruego: crecimiento exponencial y presión ambiental

El consumo de salmón noruego en España ha registrado un notable aumento en los últimos años. En 2024, el consumo global de este pescado se incrementó un 14 % respecto al año anterior, impulsado sobre todo por el salmón ahumado, que creció un 18 %, consolidándose como uno de los productos estrella de las comidas y cenas navideñas.

La producción intensiva de salmón tiene importantes impactos ambientales: contaminación de las aguas costeras, uso de antibióticos y antiparasitarios, escapes de salmones de cultivo desde las jaulas, propagación de enfermedades y alteración de ecosistemas marinos por el exceso de materia orgánica.

Además, la pesca de especies como la anchoveta para la producción de aceites y harinas de pescado en países como Mauritania, que luego alimentarán salmones en Noruega, con el transporte internacional que supone, genera una huella de carbono considerable, haciendo insostenible su consumo masivo durante las fiestas.

2. Calamar: omnipresente en comidas y cenas, desaparecido en el caladero de la Malvinas.

El Estado español es uno de los principales consumidores de calamar del mundo, con un consumo per cápita de aproximadamente 2,2 kg en 2024 y más de 80.600 toneladas anuales consumidas de calamar y pulpo 1.

Este patrón de consumo sostiene la actividad de flotas industriales que faenan en el Atlántico Sur, donde se explotan poblaciones de calamar patagónico (Doryteuthis gahi) para abastecer tanto el mercado español como el europeo.

La intensa presión extractiva ha llevado recientemente al colapso de la pesquería en aguas de las Islas Malvinas, con el cierre anticipado de la temporada tras estimaciones de biomasa por debajo de umbrales seguros. Este ejemplo evidencia cómo la combinación de una demanda elevada junto a una pesca industrial intensiva, puede comprometer incluso recursos considerados resilientes, con consecuencias negativas para los ecosistemas pelágicos y las comunidades pesqueras que dependen de ellos.

3. Langostino tropical: impacto social y ambiental

El langostino tropical está muy presente en las mesas navideñas y procede mayoritariamente de acuicultura intensiva en países como Ecuador, que abastecen al Estado español y al resto de Europa. Esta producción ha permitido cubrir la creciente demanda, pero genera impactos ambientales significativos, como la destrucción de manglares, contaminación de aguas, o conflictos con comunidades locales por el uso de la tierra y recursos naturales.

La alta demanda española en estas fechas de gambas y langostinos (se triplican las importaciones, así como el consumo)2, refuerza la presión sobre estas prácticas de producción, con efectos negativos sobre la biodiversidad, los ecosistemas tropicales y la sostenibilidad de un recurso que se produce con criterios exclusivamente comerciales y sin tener en cuenta, a menudo, sus consecuencias.

4. Merluza: dependencia de importaciones y presión sobre caladeros internacionales

En el Estado español se consumen grandes cantidades de merluza, principalmente importada de países como Namibia, Argentina o Sudáfrica. De hecho, menos del 10 % de la merluza consumida proviene de caladeros nacionales, lo que aumenta la presión sobre terceros países (como Chile, Namibia, Sudáfrica) y genera impactos ambientales adicionales por transporte y explotación de caladeros lejanos.

La situación de las poblaciones de merluza varía según la región: algunas poblaciones tradicionales, como las del Cantábrico o el Gran Sol, enfrentan restricciones de cuotas en los últimos años debido a la sobrepesca, lo que evidencia la necesidad de políticas de consumo responsable que prioricen stocks sostenibles gestionados de forma adecuada.

A la hora de analizar las causas y consecuencias, la organización ecologista declara que, “en conjunto, la presión que ejerce el Estado español sobre los recursos marinos durante las fiestas navideñas está ligada a los impactos globales de la pesca intensiva y refleja tendencias preocupantes, como la sobreexplotación de stocks en el Atlántico Sur, la destrucción de ecosistemas tropicales a nivel local, especialmente por la acuicultura intensiva de langostino, una elevada huella de carbono por transporte de productos importados y la alteración de cadenas tróficas y pérdida de biodiversidad por prácticas extractivas industriales”.

Reducir, diversificar, mirar la etiqueta y comprar local

Debido a que el consumo masivo de pescado durante las fiestas navideñas no es sostenible si no se acompaña de medidas de responsabilidad y gestión consciente,  Ecologistas en Acción publica sus recomendaciones para un consumo responsable, con el objetivo de reducir la presión sobre los océanos.

  1. Reducir el consumo de proteína animal, especialmente durante épocas de alta demanda como la Navidad, es fundamental para minimizar el grave impacto que la producción y el transporte de estos alimentos generan sobre los ecosistemas marinos y terrestres.
  2. Reducir la cantidad de pescado consumido, evitando raciones individuales excesivas, especialmente de especies en declive como el bacalao, la caballa, el rape o la cigala, o en estado crítico como la anguila (y su juvenil, la angula), que si no se cierra la pesquería y el comercio, pronto llevará a la extinción.
  3. Aprovechar el pescado en guisos, calderetas y platos compartidos, optimizando los recursos y minimizando desperdicio.
  4. Priorizar pescados y mariscos capturados con artes de pesca de menor impacto como cañas, redes de enmalle o nasas. Por ejemplo, elegir merluza al pincho y no merluza de lejanía o capturada con redes de arrastre; la chirla capturada con rastro y no con draga hidráulica; o el mejillón cultivado en las bateas de las rías gallegas.
  5. Priorizar el consumo local y de cercanía: comprar preferiblemente en lonjas y mercados;  preguntar por productos locales y frescos; evitar especies asociadas a impactos en caladeros lejanos como gambas y langostinos, calamares, pulpos, o merluza de importación.
  6. Diversificar el consumo hacia especies menos demandadas o de bajo impacto ambiental, reduciendo la presión sobre caladeros sobreexplotados. Se puede obtener esta información preguntando  en lonjas y pescaderías cuáles son estas especies que, además, suelen ser las más baratas.
  7. Informarse sobre el origen del producto, preguntar por la etiqueta favoreciendo proveedores que cumplan criterios de sostenibilidad y trazabilidad. La guía de Ecologistas en Acción, “Sin Mala Espina”, ofrece más información al respecto.

Ecologistas en Acción resume su propuesta con estas palabras: “El consumo responsable de pescado y marisco en Navidad es esencial para equilibrar tradición, gastronomía y sostenibilidad ambiental. Reducir la cantidad, priorizar productos locales y sostenibles y diversificar las especies consumidas permite proteger los ecosistemas marinos, apoyar a comunidades pesqueras locales y disminuir la huella ambiental asociada a la industria global de productos del mar. Solo así será posible mantener nuestras tradiciones culinarias sin comprometer el futuro de los océanos”.

 

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Varapalo ambiental al Puerto de Sevilla

Por: Andalucía

  • La Declaración de Impacto Ambiental confirma la inviabilidad ambiental del Puerto de Sevilla como puerto marítimo de gran calado.

La reciente Declaración de Impacto Ambiental (DIA) del proyecto Eurovía del Guadalquivir, promovido por la Autoridad Portuaria de Sevilla y publicada en el Boletín Oficial del Estado (BOE), supone un nuevo y contundente revés a las pretensiones del Puerto de consolidarse como puerto marítimo de alta capacidad a 90 kilómetros de la costa.

Desde Ecologistas en Acción de Andalucía se subraya que la resolución ambiental no es un mero ajuste técnico, sino una confirmación clara y reiterada de la inviabilidad ambiental del modelo portuario que la Autoridad Portuaria insiste en imponer. A juicio de la organización ecologista, la DIA vuelve a dejar en evidencia el intento del Puerto de Sevilla de mantener, cueste lo que cueste y le pese a quien le pese, su condición de puerto marítimo de gran calado en un estuario profundamente alterado y ecológicamente al límite, ignorando de forma sistemática las advertencias científicas y los impactos acumulados sobre el río Guadalquivir.

La resolución desaconseja de manera expresa los principales elementos que el Puerto presentaba como supuestamente novedosos para permitir la llegada de buques de mayor calado sin recurrir a un dragado de profundización. En particular, la DIA no autoriza la construcción de un muelle de parada intermedia que permitiría el acceso de grandes buques aprovechando dos mareas, debido a las incertidumbres existentes sobre los efectos ambientales del incremento del tráfico marítimo y de la propia infraestructura proyectada.

El proyecto planteaba además la realización de nuevos dragados y el vertido de una parte sustancial de los sedimentos extraídos —en torno a 500.000 metros cúbicos— en las márgenes del río. Las dudas sobre la estabilidad de dichas márgenes han llevado al órgano ambiental a exigir una reducción muy significativa de los volúmenes movilizados. Así, la DIA limita la actuación a poco más de 300.000 metros cúbicos, frente a los más de 800.000 contemplados en la propuesta inicial, dejando únicamente abierta la puerta a nuevos estudios que justifiquen futuras intervenciones.

Para Ecologistas en Acción de Andalucía, esta decisión vuelve a evidenciar que el Puerto de Sevilla choca una y otra vez con los límites ambientales del estuario, pese a los reiterados intentos de sortearlos mediante proyectos parciales y modificaciones sucesivas. No obstante, advertimos de que la DIA no cierra definitivamente el conflicto, ya que mantiene la posibilidad de que nuevos estudios permitan sostener el actual estatus de preponderancia de los intereses portuarios frente a los del resto de sectores económicos y frente a la salud ambiental del río.

Recordamos que el Puerto de Sevilla ha sido el principal agente de transformación del estuario del Guadalquivir en los últimos 200 años, mediante actuaciones de rectificación del cauce y sucesivas “cortas”. Entre ellas destaca la desconexión del brazo central del río respecto a sus dos brazos laterales —el del Este y el de la Torre— que delimitaban las islas Mayor y Menor, alterando gravemente el funcionamiento natural del estuario.

En este sentido, Ecologistas en Acción de Andalucía señala que la medida más importante para frenar esta política de hechos consumados fue la recomendación de la comisión de expertos creada tras el anterior proyecto de dragado de profundización, conocida como el legado de Miguel Ángel Losada. Dicho informe proponía la reconexión de los brazos históricos del río, especialmente el brazo de la Torre, una actuación ya prevista en el programa Doñana 2005 y aprobada por decreto, por lo que debería haberse ejecutado hace años.

El incumplimiento de esta obligación legal es, según nuestra organización, la clave del principal problema ambiental del estuario: la elevada turbidez del agua, causada por la resuspensión de sedimentos asociada a los dragados sistemáticos y al aumento de la fuerza de la marea en una ría cada vez más profunda. La recuperación de los brazos históricos permitiría equilibrar las entradas de marea con las salidas de agua dulce, reducir la erosión del fondo y avanzar hacia un estuario más transparente y biológicamente más productivo.

Ecologistas en Acción sostiene que, si se llevaran a cabo estas renaturalizaciones obligatorias, el Puerto de Sevilla se quedaría sin el caudal necesario para sostener sus actuales pretensiones y no tendría más opción que adaptar el tránsito de buques a calados sensiblemente menores. Lejos de suponer un retroceso, consideramos que este cambio abriría la puerta a un modelo más equilibrado y justo.

Un río limpio y vivo, concluimos, se traduciría en más pesca en en la Reserva de Pesca de la desembocadura del río Guadalquivir y todo el golfo de Cádiz, menos problemas para la agricultura y la acuicultura marismeñas y una regeneración de playas más eficaz, natural y económica, en beneficio del conjunto del territorio.

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