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“¿La Mezquita se puede vender, hipotecar, embargar? No. Porque es un bien de dominio público”

Por: Olivia Carballar

Llevan años investigando este asunto y llevan años dando el mismo argumento. “La que ha cambiado su versión varias veces ha sido la Iglesia”, dice Antonio Manuel Rodríguez, escritor, poeta, compositor, andaluz y tantas otras cosas bellas que compagina con su trabajo como profesor de Derecho Civil en la Universidad de Córdoba. Junto con el periodista Aristóteles Moreno, acaban de publicar El expolio de las inmatriculaciones de la Iglesia. La Mezquita de Córdoba y otros casos de libro (Akal), un ensayo en el que explican de manera pedagógica, sin eufemismos, por qué estamos ante un escándalo y por qué debería importarnos. “La Iglesia dijo primero que la Mezquita era suya porque en el año 1236 se consagró. Nosotros le respondimos: ‘Perdona, pero es que la consagración no es una forma de adquirir el dominio’. No vaya a ser que mañana venga un cura a tu casa, la bendiga y la inscriba a su nombre”, explica con sorna Antonio Manuel. 

“Entonces dijeron que la adquirieron por usucapión, por poseerla en el tiempo –prosigue el profesor–. Pero claro, uno adquiere por posesión en el tiempo lo que no es suyo. ¿De quién era antes? Así que vuelven a cambiar de versión. Fue una donación. ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Dónde está el documento? Recurren a la donación porque de esa manera convierten el bien en privado, una trampa jurídica”. 

El argumento de los autores y de los grupos que vienen peleando por la recuperación de esos bienes como patrimonio público no ha cambiado y, como explica Aristóteles Moreno, se apuntala todavía más con nuevos datos sobre el monumento cordobés incluidos en este libro: los bienes de la Iglesia siempre fueron bienes del Estado, nunca bienes privados. O, dicho de otra manera: la Mezquita siempre ha sido un bien de dominio público. Se puede decir de esta forma también: es una incongruencia jurídica, una inconstitucionalidad que, siendo un bien de dominio público, esté registrada a nombre de la Iglesia.

Comienzan el libro con una cita de Shakespeare: “Los hombres poderosos tienen manos que alcanzan lejos”. Porque, aunque hablamos de la Iglesia, aquí no hay dioses. ¿Estamos hablando de hombres que quieren dinero, que quieren poder? ¿Por qué hace esto la Iglesia? ¿De qué estamos hablando?

Antonio Manuel Rodríguez: Yo creo que en esa cita se condensan los dos pilares de este libro, que son hombres y que quieren poder. No tanto dinero. Pero sí poder. Estamos convencidos de que el acaparamiento de bienes inmuebles de incalculable valor se da para ser poderoso, para poder interactuar con otros poderosos de tú a tú, especialmente con el Estado. La jerarquía católica, compuesta de hombres, se ha apropiado de más del 80% del patrimonio histórico del Estado español. Eso significa que, cuando se sienta a negociar con el Estado, lo hace de tú a tú. Y eso se ha conseguido porque el Estado no ha hecho lo que tenía que haber hecho. Es decir, no declaró la inconstitucionalidad de una norma franquista en 1978. Desde entonces, hasta hoy. 

No hay eufemismos en este ensayo: el mayor expolio patrimonial de la historia de España, por un lado. Y, por otro, el Estado franquista y la Iglesia eran la misma cosa, que a veces se olvida.

Aristóteles Moreno: Realmente el libro pone de manifiesto un hecho histórico en este país: la Iglesia de tiempo inmemorial, del siglo XIII aproximadamente, ha sido un poder incrustado en el Estado y esa herencia se viene arrastrando hasta hoy. Yo creo que la Iglesia católica se apropia de todos esos bienes porque realmente sigue pensando y operando como si fuera un poder del Antiguo Régimen. Lo hace, además, usando un privilegio que, lamentablemente, ha quedado fosilizado en la legislación española, un privilegio que le ha atribuido la capacidad de autoridad pública. Y, a partir de ahí, ha logrado, con la pasividad sorprendente de la Administración moderna, inscribir a su nombre cientos de miles de bienes que, como digo, la Iglesia cree que son suyos. 

Porque es muy difícil que, de la noche a la mañana, una institución como la Iglesia católica, que ha sido un poder omnímodo durante tantos siglos, renuncie a esa posición dominante y hegemónica en nuestros días. De hecho, creo que toda la estructura jurídica, administrativa y política se lo ha permitido. ¿Qué ha ocurrido también? Que la modernidad en España, entendida como la secularización de la vida política, administrativa y social, ha llegado sin haber resuelto un problema de esta naturaleza, y lo sorprendente es que los gobiernos democráticos no reaccionen.

¿Cuál ha sido el fondo de ese problema? 

Antonio Manuel: El problema de fondo es que históricamente los bienes siempre han sido bienes del Estado. En el Antiguo Régimen, Iglesia y Estado eran la misma cosa. ¿Eso qué significa? Que los bienes de la Iglesia siempre fueron bienes del Estado. Cuando la Iglesia y el Estado se separan, como ocurrió con José Bonaparte, ¿qué hace la Iglesia? Se abraza al constitucionalismo de Cádiz solo para no perder sus bienes, porque en el momento en que regresa Fernando VII vuelve a ser absolutista. Cuando llega la Primera República, se separa la Iglesia del Estado y se resuelve el problema patrimonial de manera que los bienes que siempre habían sido del Estado sigan siendo del Estado. Lo mismo ocurre en la Segunda República. Así que hasta 1978, aunque nos sorprenda, los bienes de la Iglesia siempre han sido públicos, también en el franquismo”. 

Ha sido a partir del 78 cuando, separados Iglesia y Estado, la cuestión no se resuelve. Se queda en un limbo. Y claro, ese limbo es el que ha aprovechado la Iglesia, utilizando esa legislación franquista que le permitía registrar fincas como si fuera una administración pública y posteriormente la ampliación que da José María Aznar en 1998. Entonces, no estamos hablando de un problema del siglo XIII, no estamos hablando de un problema del siglo XIX. Es que estamos hablando de un problema del siglo XX que va a tener su enorme repercusión y su gran trascendencia histórica en el siglo XXI, porque, desde ya, ese 80% del patrimonio histórico del Estado no es que esté en posesión de la Iglesia, es que le pertenece con el mismo régimen que un piso o que un garaje. Y claro, es algo que nos estalla en la cabeza.

“No estamos hablando de un problema del siglo XIII. Estamos hablando de un problema del siglo XX que va a tener su enorme repercusión y su gran trascendencia histórica en el siglo XXI, porque, desde ya, ese 80% del patrimonio histórico del Estado no es que esté en posesión de la Iglesia, es que le pertenece con el mismo régimen que un piso o que un garaje”.

En conclusión, y por intentar ser lo más pedagógico posible, cuando nos preguntamos de quién es la Mezquita, nos equivocamos en la pregunta. Eso es una pregunta capciosa. La pregunta es ¿qué es la Mezquita? ¿La Mezquita se puede vender, la Mezquita se puede hipotecar, la Mezquita se puede embargar? No. ¿Por qué? Porque es un bien de dominio público. Si no, tendríamos que admitir que la Mezquita de Córdoba se puede vender.

De dominio público pero a la vez está inscrita en el registro de la propiedad. Una incongruencia.

Antonio Manuel: Claro, y eso es lo que no puede ser. Y lo mismo que le ocurre a la Mezquita de Córdoba, le ocurre a bienes de un extraordinario valor histórico y cultural al que además la Iglesia ha añadido cementerios, plazas, fincas, garajes… Por eso decimos sin reparo que esto es un escándalo patrimonial, un escándalo económico y un escándalo social. Es un escándalo jurídico. Y que eso ocurra bajo el paraguas de una Constitución que dice que estamos en un Estado de derecho, pues es realmente insostenible. Lo que estamos diciendo nosotros en absoluto es ni laicista ni anticlerical, nuestro discurso es de defensa de la legalidad democrática y de defensa del patrimonio público.

En la práctica, ¿qué puede hacer el Gobierno o el Estado para revertir esta situación?

Antonio Manuel: Más de una vez, aquí está Aristóteles, he dicho, «Cuando se haga una pregunta parlamentaria, que digan directamente, ‘oiga usted, ¿la Mezquita se puede vender? ¿La Mezquita se puede hipotecar? Dígamelo. ¿Se puede vender la Catedral de Santiago? ¿Puede usted vender la Catedral de Burgos? Cuando una norma es inconstitucional y la norma es anterior a la Constitución, no hace falta nada más que se declare que es inconstitucional. Simplemente la declaración. 

Te voy a poner un ejemplo que es muy fácil de entender. Imagínate que hay una norma franquista que prohíbe que las mujeres puedan ser periodistas. ¿Es necesario ir al Constitucional? ¿Es necesario que el Congreso de los Diputados se pronuncie diciendo que eso es inconstitucional? No, es que esa norma, aunque no esté derogada formalmente, está derogada por inconstitucionalidad sobrevenida. Pues bien, a partir del 78, ¿la Iglesia es una administración pública? No. ¿Los obispos son funcionarios públicos? No, luego esa norma es nula y todas las inmatriculaciones son nulas. Lo que tendría que hacer el Estado es redactar una norma en la que establezca en qué caso y con qué criterio un bien de extraordinario valor histórico y cultural debe pertenecer al dominio público y proceder a su inscripción. Y que la Iglesia entonces inscriba lo que crea que puede pertenecerle, pero demostrándolo igual que cualquier mortal. Es decir, aportando un título de dominio. Así se resolvería la cuestión. 

“Lo que tendría que hacer el Estado es redactar una norma en la que establezca en qué caso y con qué criterio un bien de extraordinario valor histórico y cultural debe pertenecer al dominio público y proceder a su inscripción. Y que la Iglesia entonces inscriba lo que crea que puede pertenecerle, pero demostrándolo igual que cualquier mortal”.

¿Y por qué ningún gobierno, ni siquiera los de izquierdas, lo ha hecho? ¿Tiene el Estado miedo a la Iglesia?

Antonio Manuel: Sí, se teme al poderoso. Y cuando se hace tanto acopio de poder, más miedo se tiene. Además, se da una paradoja: nunca como ahora las iglesias han estado tan vacías y, sin embargo, nunca como ahora sus arcas han estado tan llenas. Es decir, quizá nunca como ahora la Iglesia ha tenido tan bajo impacto social y, sin embargo, como garantía de supervivencia es tan poderosa.

Aristóteles: Yo creo que también se produce otra cosa. Históricamente en España, la derecha española es una derecha católica. Tiene incrustado el catolicismo en su propio ser y en su propia concepción de la vida y entiende a la Iglesia católica como un aliado político, social e histórico y nunca va a hacer nada para penalizarla porque, además, piensa que si está en manos de la Iglesia está en manos de la derecha.

En el caso de la izquierda, que no tiene ese origen o ese arranque o por lo menos ha tenido una posición histórica mucho más crítica con la Iglesia católica, yo quiero recordar que el Partido Socialista Obrero Español sacó dos proposiciones no de ley donde construía un argumento idéntico al nuestro sobre la naturaleza del dominio público de todos sus bienes. Y que Pedro Sánchez, cuando accede al poder en 2018, en su discurso de investidura, se compromete públicamente desde el estrado de las Cortes a poner en marcha modificaciones legislativas para acabar con ese privilegio y, sobre todo, para recuperar todos esos bienes. 

“Yo creo que al PSOE le pierde su enorme sentido del cálculo. No quiere abrir un nuevo frente de erosión o de discusión o de conflicto con una organización tan poderosa como la Iglesia católica”.

¿Qué es lo que ocurre? Bueno, yo creo que al PSOE le pierde su enorme sentido del cálculo. No quiere abrir un nuevo frente de erosión o de discusión o de conflicto con una organización tan poderosa como la Iglesia católica. Y prefiere decantarse por otros debates antes de abrir un nuevo frente.

La última cita del libro es de Cervantes, en alusión a quitarnos el miedo y adquirir una conciencia ciudadana para recuperar lo nuestro, lo común, lo público. Pero estamos en un momento en que la sanidad, la educación públicas, también están siendo expoliadas. 

Aristóteles: La Iglesia católica estaba tan incrustada en el Estado que durante muchos siglos fue una institución que tenía la capacidad de recaudar impuestos, que es una función pública. Y además, y este es un dato muy importante, recaudaba lo que se llamaban tercias de fábrica. Las tercias de fábrica eran la tercera parte del diezmo y se destinaban exclusivamente a sostener, mantener y construir templos. Es decir, la Iglesia católica tenía como un brazo administrativo dentro del Estado. El dinero venía de todos los españoles y españolas, que tenían la obligación de contribuir al sostenimiento del culto. Esto funcionó hasta 1837, cuando el gobierno liberal se dio cuenta de que eso no podía hacerlo la Iglesia si se quería construir un Estado moderno. Y lo abolió, pero como todavía seguía siendo un Estado católico, lo que hizo fue asumir esas competencias. Y se crea el Ministerio de Justicia y Culto. Es decir, que el Gobierno, el Estado, asumió esa competencia, un servicio público igual que la educación y la sanidad. Es decir, toda esa red que se crea está financiada con dinero público siempre. ¿Hasta cuándo? Hasta la República. Fue en la Segunda República cuando ya sí asume el marco de pensamiento liberal y se dice ‘oiga, esto es no es una función del Estado’. Y deja de financiarlo.

“En España ha habido una enorme confusión de funcionalidades y de competencias de las que se ha aprovechado la Iglesia católica. Por eso mucha gente piensa que si los bienes son católicos, tendrán que ser de la Iglesia. Oiga, no. Muchos bienes históricos son del acervo cultural que ha sido sostenido, pagado por todos los contribuyentes durante siglos, como la Mezquita de Córdoba”. 

Eso se lo carga Franco y vuelve a recuperar nuevamente la función estatal de proveer del culto católico a todos los españoles hasta la Constitución del 78. Francia lo resuelve muy bien en 1905 y dice ‘oiga, vamos a separar la Iglesia del Estado, pero todos estos bienes que han sido construidos con el esfuerzo comunitario durante siglos no se lo van a llevar los obispos. Va a quedar bajo el amparo de la administración pública’. Pero en España ha habido una enorme confusión de funcionalidades y de competencias de las que se ha aprovechado la Iglesia católica. Por eso mucha gente piensa que si los bienes son católicos, tendrán que ser de la iglesia. Oiga, no. Muchos bienes históricos no son de la Iglesia católica “sociedad anónima”, sino del acervo cultural que ha sido sostenido, pagado por todos los contribuyentes durante siglos, como la Mezquita de Córdoba. 

¿Pero cómo puede encajar la gente este escándalo de las inmatriculaciones, cómo lo puede entender y, sobre todo, enfrentar en un contexto de desesperanza como en el que vivimos?

Antonio Manuel: Yo suelo repetir muchas veces que la palabra ciudadano y político es la misma palabra en griego y en latín. Que ciudadano es el que pertenece a las civitas y el político es el que pertenece a la polis. Lo que creo es que ha habido una separación entre ambos conceptos y que el ciudadano ha delegado por completo su soberanía en el político. Y que si al contexto de individualismo feroz, de egoísmo insaciable le sumas la pérdida de lo conciencia de lo común, y le añades que tu enemigo, entre comillas, que no lo es, es una entidad con un enorme poder y con ese arraigo histórico, pues la ciudadanía prefiere mirar para otro lado y no entenderlo.

Pero también creo que en la época, por ejemplo, de las desamortizaciones, hubo una conciencia generalizada entre las clases populares y las incipientes clases liberales de que las manos muertas, es decir, de que los bienes en posesión de la Iglesia que no tributaban, que tenían que ser restaurados con dinero público y que no producían, provocaban un daño al Estado y al propio ciudadano. Y creo que llegará un momento en el que quizás se produzca eso. Es decir, llegará un momento en el que la ciudadanía diga «¿cómo es posible que yo lo esté pasando tan mal y, sin embargo, haya una institución que haya acaparado tantísimo poder? Pero, ¿qué ocurre? Que cuando eso pase, quizás sea demasiado tarde porque en las desamortizaciones, esa confianza ciudadana operó en un momento donde se tenía muy claro que esos bienes eran públicos. 

De hecho, si te fijas, cuando se producen las desamortizaciones de Mendizábal, la Iglesia no cobra un justiprecio cuando los bienes se venden. ¿Por qué? Porque no eran suyos. Eran bienes para el Estado. Así de sencillo. No se le estaba privando de nada porque no eran suyos. Con Madoz se le da un título de deuda, pero tampoco se le da un justiprecio. Es como decir ‘te voy a compensar por la posesión, pero no por la propiedad’. Y a partir de ahí todo se ha enmarañado y se genera muchísima confusión, muchísima oscuridad para que no se comprenda y al final caigamos en el simplismo, como decía Aristóteles, de que ‘hombre, pues si esto es una iglesia, pues será de la iglesia, ¿no?’.

“Llegará un momento en el que la ciudadanía diga «¿cómo es posible que yo lo esté pasando tan mal y, sin embargo, haya una institución que haya acaparado tantísimo poder? Pero, ¿qué ocurre? Que cuando eso pase, quizás sea demasiado tarde”.

El ser humano se queda quieto para sobrevivir al miedo, dice al final del libro. 

Antonio Manuel: Quizás cuando llegue un momento en el que tomemos conciencia de la enorme descapitalización que hemos sufrido y de que eso nos daña, en el momento en que nos duela, pues quizás tomemos conciencia. En el caso de la Mezquita, yo creo que a Córdoba le dolió mucho que le quitaran el nombre y le pusieran Catedral. Eso movilizó a muchísima gente.Yo creo que ahora la sensación es que no nos duele. Cuando yo perdí mi dedo, sufrí tanto dolor que no me dolía. Hasta que te das cuenta.

Aristóteles: Yo creo que todo el gran trabajo que estamos haciendo, no Antonio Manuel y yo ni muchísimo menos, sino muchísimos cientos de personas en toda España, es un trabajo que va a funcionar en el futuro. Posiblemente ahora, por el contexto parlamentario o sociopolítico en el que vivimos, no tenemos un gobierno lo suficientemente valiente para tomar decisiones serias y y sacar adelante estrategias jurídicas y legislativas que permitan acabar con todo este expolio. Pero yo creo que en el futuro sí lo habrá. Los sondeos indican que vivimos en un país que se está secularizando de una manera muy rápida y en algunas décadas seguramente la Iglesia no tendrá un apoyo social como el que tiene hoy. Por eso el debate que nosotros hemos puesto encima de la mesa será mucho más factible de resolver política y jurídicamente.

Ahora se ha investigado mucho, pero nos enteramos de este escándalo por una casualidad. La primera vez, con la iglesia de Tafalla (Navarra) en 2007. ¿Es posible que hoy siguiéramos sin saberlo?

Antonio Manuel: Una persona me preguntó en unas jornadas que de quién era la Mezquita. Y, te doy mi palabra de honor, que de broma le digo: ”Bueno, pues ve al registro y y pide una nota simple”. Bueno, pues la pidió y se dio, además, la paradoja de que en la carpeta del expediente ponía Mezquita. Muy gracioso. O sea, el registrador llama al expediente Mezquita, pero la inmatricula como Catedral. 

¿Es posible que hoy siguiéramos sin saberlo? La pregunta revela cómo se procedió: de manera opaca, a espaldas de la ciudadanía y a espaldas de las instituciones. Por eso no nos enteramos. Por eso nos enteramos por una casualidad. Si esos bienes son tuyos, ¿por qué lo ocultas? ¿Por qué no lo dices? ¿Por qué no se hace públicamente? ¿Por qué no lo haces de mano de la ciudadanía, de tus feligreses, del pueblo de Dios?

“La Iglesia actuó de manera opaca, a espaldas de la ciudadanía y a espaldas de las instituciones. Por eso nos enteramos por una casualidad. Si esos bienes son tuyos, ¿por qué lo ocultas? ¿Por qué no lo haces de mano de la ciudadanía, de tus feligreses, del pueblo de Dios?”.

Y esa opacidad continúa. Durante mucho tiempo, estando el PSOE en la oposición y luego en el Gobierno, recuerdo cómo hablaba de que esto era algo ocasional en Navarra, en la Mezquita, en pocos lugares más. Y cuando por presión de la ciudadanía se consiguió el listado –es fragmentario, desde 1998 a 2015–, se señalaba a Aznar como el culpable. Pero es que en otras comunidades autónomas, donde por lo menos se han movilizado para conocer el listado, por ejemplo, Cataluña, Navarra, Baleares, Euskadi, hay constancia de que hay más bienes inscritos antes del 98 que después del 98. Y hay comunidades autónomas como Andalucía donde cada vez que se intentó pedir, el propio PSOE boicoteó que conociéramos la lista. Porque estando gobernando el PSOE, se abstuvo y no se pudo conseguir el listado. 

Claro, conocemos cosas sueltas. Como cuando de repente Barbate va a ampliar el cementerio y se encuentra con que se han quedado con el cementerio; o cuando unos ciudadanos que van a jugar todos los días a una casa parroquial que habían construido con su dinero, en su suelo, se encuentran con que un día no los dejan entrar. O cuando un hombre que construyó una ermita con sus propias manos, que la repara él y que la ofrece al pueblo, descubre que se la han quitado.

Aristóteles: Hay que tener en cuenta, además, que la primera legislación patrimonial otorga al Estado un poder de tutela y vigilancia, más allá de la propiedad. Es decir, que sea propiedad privada es un bien que está condicionado legalmente en su uso. Y entonces el Estado tiene una obligación de vigilancia y de tutela por por ley, que en este caso no ha ejercido. Al cambiar la ley, José María Aznar, en vez de quitar un privilegio a la Iglesia católica, le añade otro. Y en ningún momento José María Aznar tiene la conciencia de que todos esos bienes, ya no es que fueran titulares o propiedad de dominio público, sino que el Estado tenía una tutela sobre ellos.

Antonio Manuel: Y ya no solamente se está incumpliendo el deber de tutela, como dice Aristóteles, es que el Estado está incumpliendo el deber de intentar recuperar lo que pudiera ser suyo, porque eso también es es una obligación que está establecida en la ley de patrimonio andaluz y la ley de patrimonio histórico del Estado.

¿Y podemos estar seguros de que la Iglesia no sigue apropiándose de otros bienes públicos?

Antonio Manuel: Sí, sí, lo está haciendo. Pero el procedimiento es distinto. Lo está haciendo a partir de expedientes de dominio, es decir, ahora hay una apariencia ya de legalidad. El expediente de dominio dice que, como los posee, son suyos, o sea, hace una trampa. Pero se hace públicamente. Y esto es más difícil de revertir. Porque hasta el año 2015, cuando se deroga el artículo de la Ley Hipotecaria pero no se declaran nulas, todas estas inmatriculaciones sí que pueden ser atacadas por inconstitucionalidad sobrevenida y bastaría, como te digo, una declaración formal. Por eso hace falta la norma base que diga que cuando un bien es de extraordinario valor histórico y cultural es de dominio público. Como eso no existe, se da por supuesto que es privado. 

Sin embargo, en Derecho hay una ley no escrita, pero que es muy fácil de comprender y es que aquello que no es de nadie es porque es de todos. Aquí es al contrario: si no se dice nada es privado. Hombre, pues será al revés, ¿no?

¿Creemos entonces en la movilización ciudadana?

Antonio Manuel: Hay que creer, porque, en el caso de la Mezquita, gracias a la movilización ciudadana tuvieron que cambiar el nombre. Gracias a la movilización ciudadana la han mantenido en un estado funcional como nunca hasta la fecha. Gracias a la movilización ciudadana estamos denunciando esa invasión católica del monumento. Es decir, a pesar del pesimismo, tenemos que pensar que con la movilización ciudadana se pueden conseguir muchas cosas. A nosotros como movimiento ciudadano ya nos merece la pena haber vivido por haber simplemente recuperado el nombre de la Mezquita. Porque las cosas existen cuando se nombran y cambiar el nombre era su demolición simbólica. El pueblo de Córdoba se opuso a la demolición física y se opuso a su demolición simbólica y lo hemos ganado. Es una victoria del pueblo. Y bueno, vamos a seguir creyendo en la utopía.

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Aquí creemos en Bruce Springsteen

Por: Olivia Carballar

La primera vez que supe de la existencia de este señor fue a través de una pegatina. Venía de regalo en un chicle de fresa. Y supongo que la tiré. Yo era una niña. Luego lo encontré en la carátula de algún disco que había por casa. Y terminé, ya con veintitantos años, acudiendo a una reventa en Barcelona para verlo en concierto por segundo día consecutivo. Aquellas dos noches, como habrá experimentado quien lo conozca, nos dejó exhaustos. Cuando parecía que se acababa, que era el último guitarreo de la enésima canción y que ya no podías saltar más, él volvía a empezar a golpe de batería.

En esta foto, Bruce Springsteen está serio. Corresponde a un momento de su actuación en el Light of Day Winterfest, en Red Bank, Nueva Jersey. Salió por sorpresa y dedicó The promise land a Renee Good, la mujer asesinada en Minneapolis:

«Escribí esta canción como una oda a los ideales y valores estadounidenses, que nunca han estado tan en peligro como ahora. Si crees en el poder de la democracia, si te enfrentas a tropas federales armadas y enmascaradas, que invaden una ciudad usando tácticas de la Gestapo, si crees que no mereces ser asesinado por ejercer tu derecho a protestar, entonces envía un mensaje a este presidente: ICE debería largarse». 

Ese «creer» al que apela Springsteen me lleva a la cinta Deliver me from nowhere, que cuenta cómo se forjó su disco Nebraska. El Boss pasó del eufórico The River a uno grabado en su cuarto de Nueva Jersey en mitad de una depresión. «En esta oficina creemos en Bruce Springsteen», avisó su mánager a la discográfica, que veía una locura publicar ese manojo de canciones sombrías. Hoy, el mundo suena bastante a Nebraska y quizá lo único que podamos hacer para no traicionarnos sea lo que siempre hizo y nos dice ahora aquel señor de la pegatina: creer en nosotros mismos.

Después del concierto de la foto, agentes del ICE tirotearon a Alex Pretti. Pero Springsteen, ya sabe quien lo conoce, siempre vuelve a empezar: “Escribí esta canción el sábado, la grabé ayer [martes 27 de enero] y la lanzo hoy en respuesta al terror estatal que se está viviendo en la ciudad de Minneapolis». Y aquí nos tiene de nuevo, exhaustos, bailando Streets of Minneapolis.

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Lucila Rodríguez-Alarcón: “Se ha ido consolidando la narrativa de que la regularización es indispensable, a pesar del ruido”

Por: Olivia Carballar

Tras varios años de lucha impulsada, desde el año 2020, por el movimiento estatal autoorganizado, migrante y antirracista Regularización Ya, el Gobierno ha aprobado esta semana el inicio de un proceso de regularización extraordinaria de personas migrantes que ya viven en España. Aquel año, la Fundación porCausa, que ha estado también entre las organizaciones promotoras de la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que se llevó al Congreso, elaboró una radiografía de esta situación: a finales de 2019, el número de inmigrantes que residían de manera irregular en España era de entre 390.000 y 470.000 personas.

Esta horquilla, según el informe, supone entre el 11% y el 13% de los inmigrantes extracomunitarios y alrededor del 0,8% de la población total que reside en España. Uno de cada dos trabajadores extracomunitarios está empleado en una de las ocupaciones consideradas esenciales por la Comisión Europea. Y los sectores principales son el de limpieza y asistencia (40%); la minería y construcción (20%); y los cuidados personales (12%).

“Fue la primera investigación en 16 años con los números de la irregularidad en España”, afirma la directora general de porCausa, Lucila Rodríguez-Alarcón. Entre sus investigaciones, la fundación ha puesto el foco principalmente en la industria del control migratorio.

La ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, lo ha calificado como “histórico”. ¿Por qué es un acuerdo histórico? 

Bueno, primero, no es un acuerdo. Es una decisión histórica. O, más bien, un proceso. Un proceso histórico. Y es histórico porque este Gobierno quería regularizar desde que llegó en el año 2020. Nosotros lo sabemos porque estuvimos con el gabinete del ministro de aquel entonces, José Luis Escrivá, justo cuando se acababa de hacer la investidura. Y, desde el principio, Escrivá sabía que necesitaba hacer un cambio en la estructura de la ley, de la legislación que rodeaba a extranjería, para mantener la parte económica de nuestro país. Es decir, no ya por una cuestión de derechos humanos, sino porque necesitaba cuadrar la entrada de fuerza migrante tanto económica como laboral para sostener el sistema. Lo tenía clarísimo. 

Pero han transcurrido seis años desde entonces. ¿Qué pasó en todo este tiempo?

Pasó, en primer lugar, que llegó el COVID. Esto genera una distorsión en la voluntad y también es verdad que había miedo. El equipo que trabajaba con Escrivá era muy consciente de que era un problema narrativo plantear la regularización. Pero, curiosamente, también pasó con el COVID que esa especie de cosa abstracta que era la regularización extraordinaria se convirtió y resurgió como una idea indispensable para la gente que no estaba implicada en el espacio de gobierno.

«La situación de la gente sin papeles cuando empezó el COVID era extrema y eso hizo que el movimiento de regularización se convirtiera en un clamor, en un ‘estamos hartos’».

Portugal e Italia, durante la pandemia, hicieron dos regularizaciones muy amplias, parciales pero muy amplias y extraordinarias. Y, claro, las personas migrantes vieron de repente que se encontraban trabajando en sectores esenciales con miedo a estar en la calle y que les pasara algo porque no tenían papeles, pero tenían que ir a trabajar a las residencias y a los supermercados. Hay familias que se quedaron encerradas, sin trabajo, en un piso… Es decir, la situación de la gente sin papeles en aquel momento era extrema y eso hizo que el movimiento de regularización se convirtiera en un clamor, en un ‘estamos hartos’.

¿Qué fue lo siguiente?

Desde PorCausa nos dimos cuenta de que el Gobierno no tenía datos suficientes para poder llevar a cabo la regularización o justificarla. Entonces lo que hicimos fue una investigación in extremis urgente para saber de qué estábamos hablando cuando hablábamos de regularización, de qué tipo de personas y en qué situaciones se encontraban, qué tipos de trabajos tenían y demás. Fue la primera investigación en 16 años con los números de la irregularidad en España.

Pero el proceso se para. ¿Por qué?

Hay muchos supuestos. Pero el hecho es que el proceso se bloquea no porque la sociedad española no lo quiera, sino porque ahí creo que el tema de los fondos europeos debió de jugar un rol importante. Pero el movimiento que pide que la regularización se lleve a cabo no se para. Y creo que eso es lo que es histórico. Porque esas personas migrantes que estaban en unas condiciones de una precariedad legal y económica bastante elevadas siguen alzando la voz y siguen autorrepresentándose cuando tienen riesgo de ser detenidas, hasta el punto de que inspiran todo lo demás, inspiran el movimiento de una población, de una sociedad civil nacional que, impresionada, les sigue. Y creo que eso es lo más bonito que ha pasado. 

La noticia ha traspasado fronteras, de hecho. Este miércoles la recogía, por ejemplo, The New York Times.

Sí, es histórico ahora mismo en Europa y también mundialmente con todo lo que está sucediendo. Porque es una muestra de generosidad por todas las partes, empezando por los movimientos de lucha, que también han aceptado ayuda y han dejado participar a un montón de gente. Además, hay que tener en cuenta que crear debates es muy complicado cuando la gente está trabajando y tiene precariedad. Es difícil poder quedar con ellas para organizarse. 

«El proceso de regularización es histórico ahora mismo en Europa y también mundialmente, en la misma semana en la que se está hablando prácticamente de golpe de Estado en EE. UU. con Trump y el ICE».

Aun así se logró, y la recogida de firmas para la ILP ha hecho que todas las personas que estuvieron involucradas se sientan parte del éxito de la regularización actualmente: si firmaron 700.000 personas, ¿cuántas habría involucradas? Unas 200.000. Es que es una barbaridad, fue una movilización increíble. Y, además, durante todos estos años se ha ido consolidando la narrativa de que la regularización es indispensable, a pesar del ruido. Hubo una respuesta contundente de ‘esto hay que hacerlo, esto está muy bien y esto es lo correcto’. 

La Conferencia Episcopal la ha apoyado y celebrado. Y el PP, que apoyó la tramitación, ahora dice que la denunciará en Europa. 

La Conferencia Episcopal era una de las asociaciones de la ILP. Y el PP votó a favor de la tramitación presionado por la Conferencia Episcopal o, si no, por Cáritas. En cualquier caso, Feijóo no tiene ninguna posibilidad tal y como está planteada la regularización. Se ha reformulado el texto original con el que se hizo la regularización en el año 2005, con el gobierno de Zapatero. Y eso era y es constitucional. Porque, además, para presentar una ILP, primero tienes que pasar por todos los tribunales nacionales.

«Lo que está haciendo Feijóo es intentar dar un golpe de efecto, porque sabe que no lo puede pasar por los tribunales nacionales y dice que irá a Europa».

Por eso Feijóo sabe que no lo puede pasar por los tribunales nacionales y dice que va a Europa. Y, por otra parte, el Pacto europeo no contempla quitar la soberanía para la regularización. Lo que sí impediría es regularizar a gente que no está ahora, o sea, que no está dentro del marco, gente que entra nueva al país. Por tanto, lo que está haciendo Feijóo es intentar dar un golpe de efecto. Y lo que está haciendo Vox es mentir. 

El PP, además, ha hecho varias regularizaciones. 

Sí, y de hecho esta es la regularización que Fátima Báñez no hizo. Rajoy estuvo dos legislaturas y él ya sabía que tenía que regularizar. Porque si tú tienes una ley que permite la entrada pero no permite la regularización de la gente cuando viene a trabajar, entonces la irregularidad se acumula y tienes que cambiar la ley para que todas las personas que vengan puedan venir con papeles. Porque el problema es que en España hay trabajo y lo que no hay es la posibilidad de obtener los papeles. Tú ahora no puedes prescindir de ese medio millón de personas. Aparte de que en ese medio millón hay más de 100.000 niños, que esa es otra. 

Es también un triunfo en mitad del contexto de discursos de odio en el que estamos inmersos, ¿no? 

Yo creo que es un paso adelante en un momento, en la misma semana en la que se está hablando prácticamente de golpe de Estado en EE. UU. con Trump y el ICE. Hay una rama de demócratas socialistas que lo que está pidiendo es democracia y sistemas justos y equitativos. Y creo que hay una demanda social absoluta para que esto sea así. Por eso ha sido una buena noticia para muchísimas personas en muchísimas partes del mundo. 

En La Marea acabamos de publicar un dossier sobre la ultraderechización del voto y una clave que aportan los especialistas es el factor inmigración.

Hay un estudio muy interesante que muestra cómo perciben las personas en España la migración. Y hay una parte que indica que para todas las personas, sean del género que sean, voten al partido que voten, su prioridad a la hora de enfrentarse con la migración es el orden y que las personas participen dentro del sistema productivo. En ese sentido, creo que la regularización extraordinaria alimenta el concepto de orden. Lo que pasa es que Vox quiere que no lo alimente. Y creo que, como personas que estamos contando esta historia, también hay que dar este argumento, porque hay mucha confusión.

«La regularización extraordinaria alimenta el concepto de orden. Y creo que, como personas que estamos contando esta historia, también hay que dar este argumento, porque hay mucha confusión».

¿Afectará, será un golpe esta regularización a la industria del control migratorio, investigada también en PorCausa?

Ojalá, pero no. Estaría muy bien, pero no. La industria se va a seguir blindando porque, en realidad, el Gobierno español juega con la doble narrativa del ‘te cierro la frontera y no te está entrando nadie por África, pero entonces yo regularizo a la gente porque tal y porque cual’. Son dos relatos que coexisten.

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Y como no teníamos suficiente, llegaron los elfos

Por: Olivia Carballar

Al principio, años atrás, era una cosa que solo sucedía en el cole. Así que por las tardes, en el parque, era habitual escuchar a los niños y niñas contar qué travesuras había hecho el elfo aquella mañana en la clase, mientras ellos jugaban en el recreo. ¡Ha puesto las sillas del revés! ¡Ha puesto todas las mochilas encima de las mesas! ¡Ha cambiado de sitio los libros del fondo! Ay, qué divertido. 

Pero este año, no sé cómo, algo sucedió –como suelen titularse las pelis mágicas de Navidad– cuando comprábamos unas cuantas luces para adornar el árbol. “Mami, pregúntale a la señora si estos elfos son los que hacen travesuras”. ¿Ehhh? «Sí, es que me ha dicho mi amigo M. que en su casa hay un elfo que hace travesuras y que el otro día llenó la habitación de papel higiénico”. Ahhh. 

En décimas de segundo, me vi picando piedras, remando en mitad de una tormenta, vi una montaña de camisetas con manchas imposibles de quitar, me vi tirada por los suelos, con ojeras (con más ojeras, quiero decir). Una nueva explotación, una tarea más en el día lleno-de-tareas que se mete, además, en la noche llena-de-tareas-inacabadas-del-día. Otra carga mental más. ¿Cuánto dinero había que llevar mañana para la excursión del cole? ¿A qué hora era la cita del médico? ¿Qué le pongo de cenar para que la dieta del día esté equilibrada? ¿He respondido a la última pregunta del hilo del hilo del grupo del trabajo? ¿Qué travesura hará esta noche el elfo? Todo eso pasó, como digo, en décimas de segundo por mi cabeza. 

Pero lo que ocurrió fuera, lo que ocurrió realmente, fue que yo misma acabé preguntando a la dependienta si aquellos elfos eran los que hacían travesuras. “Claro. ¡Muchas travesuras!”. ¡Y tanto! Esa misma noche el travieso elfo desparramó media librería por el suelo del salón. La misma que a la mañana siguiente, después de descubrir la que había liado el duendecillo y partirnos de la risa (ja-ja-ja), tuve que recolocar yo. 

Así que aquí nos tiene el capitalismo de nuevo, el consumismo de la Navidad, las inercias a las que una puede llegar a sucumbir cuando se va por la vida como si una ola te estuviera revolcando constantemente. Cuando no teníamos suficiente con los Reyes Magos, llegó Papá Noel. Y cuando no teníamos suficiente con ser excelentes trabajadoras, excelentes madres, excelentes hijas, excelentes parejas, excelentes amigas, excelentes lo que sea, llegaron los excelentísimos elfos para darnos un poquito más de trabajo. Perdón, de ilusión. Que luego te llaman Grinch y hay que afrontar el agotamiento y las preocupaciones con buena cara.

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“Victorina Durán nos hace pensar que no todo el mundo se exilió por motivos políticos. El ‘sexilio’ se sigue produciendo”

Por: Olivia Carballar

Antes de profundizar en Victorina Durán, una de las mujeres más olvidadas de las ya  olvidadas mujeres de la Generación del 27, conviene explicar quién ha escrito su biografía, publicada recientemente en la editorial Renacimiento. Porque tal vez sin Eva Moreno-Lago, la autora de Victorina Durán, una vida llamada teatro, no estaríamos hoy hablando de esta creadora madrileña que renovó la plástica escénica, especialmente en el ámbito del vestuario, tanto en el teatro español como en el argentino

Durán, para que nos hagamos una idea, participó en grandes obras, como la primera película de Bodas de sangre, de Lorca, en 1938, sin que su nombre saliera en los créditos; obtuvo dos medallas en la Exposición Internacional de Arte Decorativo e Industrial de París de 1925, una de las citas artísticas más importantes del mundo en aquel momento; ganó, frente a ocho hombres, la cátedra de Indumentaria del Real Conservatorio de Música y Declamación. Sobrevivió a las imposiciones y corsés de la época y de su propia familia para ser todo lo que quiso ser: escenógrafa, figurinista, dramaturga, guionista, directora de teatro, productora, docente, periodista, pintora, conferenciante, crítica de arte y de cine, escritora, poeta, fotógrafa, percusionista e incluso empresaria de un bar de copas. Y, entre otras cuestiones, tuvo que exiliarse por ser lesbiana

“Acercarnos a la vida de esta artista implica descubrir una red femenina integrada por mujeres (unas intelectuales y otras no) que, pese a la magnitud de su aportación a las artes y las letras, permanecen en su mayoría como grandes desconocidas para la historia”, escribe Moreno-Lago en el libro, una defensa, a su vez, de las investigaciones apasionadas, como ella misma las denomina. Que no es otra cosa que romper las costuras de la academia, anclada, según considera la autora y profesora de la Universidad de Sevilla, en «la lógica patriarcal y capitalista«. 

Eva Moreno-Lago se crió en Almadén de la Plata (Sevilla) hace 35 años. Nadie antes en su familia había estudiado una carrera. Su abuela, por ejemplo, no sabía leer ni había salido nunca de los confines de ese pequeño pueblo de la Sierra Norte sevillana. Ella sí, ella salió de ahí, un lugar que puede amarse y odiarse al mismo tiempo, cuando aún era una niña y observó que eran posibles otros mundos. Con sus vivencias, comprendió también que los otros mundos nunca llegarían a esos lugares remotos, a esas gentes, a esas otras mujeres como su abuela si no se traducían. Se dio cuenta de que no llegarían, por tanto, las Victorinas ni tantas otras mujeres referentes de vida y que tanto pueden cambiar las vidas de las demás. Por eso, cuenta, escribió este libro, para que todas, más allá de donde nazcamos, entendamos por qué nos pasan unas cosas y no otras.  

He leído que su madre, la de usted, era modista. ¿Puede que su madre, de alguna manera, le abriera el camino para encontrar a Victorina Durán? Es decir, de no haber sido su madre modista, ¿habría llegado a Victorina? ¿Cuánto hay en su investigación de lo que usted ha vivido personalmente? 

Mucho, y eso tiene que ver con haber encontrado a este personaje. Yo trabajo en la universidad y parece que tiene que haber una desconexión entre las experiencias personales y la investigación. Y yo creo que no. Yo creo que lo que nos conecta con una investigación apasionada, que es lo que yo reivindico, obviamente tiene que ver con nosotras, con nuestras experiencias, porque cuando a ti te remueve algo es porque lo conectas con tu vida. Y por eso esa investigación o ese referente, en este caso, te va a llenar más. Y creo, además, que no le tiene que quitar mérito a tu estudio. Las investigaciones no son objetivas, no pueden ser objetivas. Ni la mía, ni la de ningún investigador o investigadora. Uno hace unas elecciones y toma unas decisiones en su vida por muchos motivos, pero dentro de los motivos hay una experiencia personal que te lleva a que te gusten o no unas cosas u otras, a que tengas una inquietud, unas curiosidades. Y eso se tiene que poner también de relevancia, yo no lo quería ocultar. La investigación sin la pasión es imposible, y la pasión conecta con nuestras propias experiencias personales

¿Y esa pasión se traduce también a la hora de escribir la historia? 

Exacto. Yo defendí la tesis sobre la trayectoria de Victorina Durán en 2018 pero no la llegué a publicar porque había partes que quería sacar en la biografía, que al final no tiene nada que ver con la tesis porque el formato era infumable para el público general. En esta biografía de Victorina Durán he hecho todo lo contrario. Yo estoy muy acostumbrada a la escritura académica y he entendido que es una forma de hacer que la investigación quede solamente en una minoría. Y sí, tienes que adaptarte a ciertos estilos, dependiendo de dónde estés o dónde vayas a publicar, en revistas científicas especializadas, etc. Pero incluso ahí creo que estoy haciendo un trabajo de desencorsetar la forma rígida del lenguaje y de la academia. Porque, para mí, toda esa estructura rígida de la academia tiene una base muy patriarcal y capitalista, la del conocimiento por unos cuantos, de la autoridad, como el cultismo en el Barroco, para que solamente lo entiendan unos pocos.

«Toda esa estructura rígida de la academia tiene una base muy patriarcal y capitalista, la del conocimiento por unos cuantos, de la autoridad».

Y en esos pocos casi nunca están las mujeres, por cierto.

Yo tengo 35 años y llevo 11 años en la academia, pero parto de una base muy humilde. En algún momento, entiendes que tienes que seguir esas dinámicas, pero cuando estás en esas dinámicas casi que no te reconoces. Yo no he nacido en la academia, es decir, nadie en mi familia ha estudiado. Por tanto, de repente hay un choque, una crisis prácticamente identitaria, diría yo. Y te planteas: «A ver, si yo hago esto así, mi familia, por muy interesada que esté en el tema y otras personas, no se van a enterar”. El conocimiento tiene que ser accesible. Y no me refiero a que los artículos estén abiertos, que sí, que eso hace la ciencia abierta, sino a que tienen que poder leerse y entenderse bien.

Porque ocurre que, muchas veces, ni siquiera nuestro alumnado es capaz de entender ciertos discursos y ciertos artículos científicos. En cierto modo, ha sido también un desaprender, porque si tú quieres entrar en la academia, entras en estas dinámicas, pero cuando entras en la academia y a la misma vez abrazas los estudios de género, los estudios queer, etc. y partes de una base de una familia humilde como yo, ocurre esto.

«El conocimiento tiene que ser accesible. Y no me refiero a que los artículos estén abiertos, que sí, que eso hace la ciencia abierta, sino a que tienen que poder leerse y entenderse bien».

¿Quién fue Victorina Durán?

Victorina es un referente artístico, cultural, pero también vital y eso no pasa con otros artistas. Si pensamos en Picasso, por ejemplo, podemos adorar su obra, pero no lo podemos tener como un referente. Es decir, tenemos en la historia del arte y la literatura a grandes genios, pero no los podemos tener como referentes de vida. A Victorina sí. Y eso es lo que nos ayuda, es la aportación a la sociedad, una mujer que, con tantos obstáculos, empieza y termina su biografía diciendo: “He sido y soy feliz”.

Los obstáculos comienzan en su propia familia.

Sí, ella dice que quiere ser actriz y la familia no la deja y coge otro camino. Yo me tomo la licencia y reflexiono sobre ello, sobre cómo la vida muchas veces nos pone obstáculos, pasamos por momentos de frustración, pero encontramos otros caminos que no son los que teníamos previstos, que no son los que esperábamos, y que pueden ser incluso más maravillosos que los que nos habíamos planteado a priori. Ese es el aprendizaje que nos llevamos de los referentes, porque a nosotras mismas nos pasan cosas muy parecidas. 

Por eso, en muchos momentos en los que estamos perdidas, tener ciertos referentes nos da herramientas, y entendemos que hemos tenido una genealogía femenina bastante cercenada y mutilada, que no es algo que nos pase a ti o a mí en concreto, sino que es algo que nos pasa a nosotras. Empezamos a descubrir a otras mujeres que no son las que la literatura nos ha puesto como referentes, que siempre han sido o modelos de puta o de santa, todos estos binomios opuestos que nos han hecho tanto daño. Por eso creo que la biografía de Victorina o las de muchas de estas mujeres llegan tanto, porque te ves reflejada en un montón de momentos vitales. Es uno de los legados más bonitos que nos pueden dejar.

«Empezamos a descubrir a otras mujeres que no son las que la literatura nos ha puesto como referentes, que siempre han sido o modelos de puta o de santa, todos estos binomios opuestos que nos han hecho tanto daño».

Cuenta usted que en las memorias que Victorina Durán dejó escritas ya denunciaba toda la violencia que existía entonces y que sigue existiendo. Siguen siendo reflexiones actuales.

Ella denuncia, sobre todo, en las obras de teatro. En los años 40, por ejemplo, escribió una obra basada en un hecho real sobre el secuestro y la violación de niñas. Pero claro, esas obras son inéditas porque son temáticas muy fuertes. Incluso en el teatro contemporáneo no encontramos esas temáticas tratadas de una forma tan directa, una denuncia tan directa. Ella no lo hace solo con el objetivo de denunciar, sino también de crear referente porque entiende que las mujeres que aman a otras mujeres, lesbianas y bisexuales, tienen un sufrimiento particular, comenzando por el rechazo de familiares y amigos, como le ocurrió a ella, que tuvo una relación con María del Carmen Vernacci. Y eso lo vemos en sus escritos, una persecución social muy grande, familiar y eclesiástica. 

María del Carmen Vernacci y Victorina Durán, aún pareja, compartiendo una tarde de descanso en Don Torcuato (Buenos Aires), ca. 1937. MNAE.
María del Carmen Vernacci y Victorina Durán, aún pareja, compartiendo una tarde de descanso en Don Torcuato (Buenos Aires), ca. 1937. MNAE.

¿Por qué escribían estos temas si sabían que eran impublicables en aquella época?

Yo hablo de una escritura de la sanación, es decir, había ciertos temas que estas mujeres necesitaban escribir y les daba igual si se publicaban o no. La urgencia era otra. Muchas veces, sobre todo las mujeres, escriben sin una pretensión del éxito, de la fama, de la representación, del reconocimiento, y supone un contraste muy fuerte con la figura masculina, que vemos que, desde el exilio, se adaptan más a las exigencias comerciales. A estas mujeres, por el contrario, les importaba bien poco porque, como digo, había una necesidad más de desahogo, de entenderse las unas con las otras. En círculos más cerrados, leen sus producciones, porque en su agenda veo muchas veces cómo se reunían para leer obras de las amigas, y entiendo que es una dinámica.

«Yo hablo de una escritura de la sanación, es decir, había ciertos temas que estas mujeres necesitaban escribir y les daba igual si se publicaban o no. La urgencia era otra».

En el mismo círculo que ella en Buenos Aires estaba Elena Fortún, de quien también se quedaron inéditas Oculto Sendero y El pensionado de Santa Casilda por la temática, por la misma temática. Ellas saben que no pueden escribir eso para ganar dinero, hay otros motivos en la escritura. Y, obviamente, no tiene nada que ver con la calidad, porque ahora Oculto Sendero, por ejemplo, está teniendo un éxito increíble y nadie cuestiona la calidad. Pero es que la temática sobre la violencia de género y el secuestro te imposibilitaba la circulación de esa obra. Es que ni se les ocurría escribir a editoriales.

De todas las mujeres olvidadas del 27, Victorina Durán es quizás una de las más olvidadas. ¿Por qué?

Hay muchos motivos. Está el hecho de que las mujeres que se han recuperado eran escritoras o prioritariamente escritoras. Sabemos que ella fue escritora, pero no con publicaciones en vida. Tenemos siete obras de teatro, poesía, tenemos tres memorias, están saliendo guiones de cine… Pero todo es póstumo. Otro motivo del olvido es la poca estima que se le tenía a las mujeres que trabajaban en el teatro y que no eran actrices, y que participaron en la renovación teatral como ella. Victorina, sin embargo, es una pieza clave para entender la renovación teatral. En España no entenderíamos ahora mismo el diseño de vestuario como profesión sin Victorina. Sin otras muchas figuras también, pero se consolida en ese momento. El vestuario comienza a tener una connotación artística con las vanguardias. Y ella está en una profesión que no se valora desde el mismo teatro. La escenografía tal vez un poco más, pero ella decide entrar más en el vestuario porque necesitaba ese aporte teórico y a la misma vez práctico para que se produjera el cambio. Ahora hay un reconocimiento, pero en ese momento no. Hay muchas producciones en las que yo sé que participó y que hizo el diseño de vestuario pero no aparece en en el programa de mano ni en el cartel. No hay documentación, no hay reseñas que hablen de su trabajo artístico, que la mencionen. 

«Victorina, sin embargo, es una pieza clave para entender la renovación teatral. En España no entenderíamos ahora mismo el diseño de vestuario como profesión sin Victorina».

Por ejemplo, ella participó en Argentina en Bodas de sangre, que fue la primera adaptación cinematográfica de una obra teatral de Lorca, en 1938. Tenemos fotos, tenemos bocetos, tenemos el contrato que le hizo Margarita Xirgu… Pero llegamos a los créditos y no está su nombre. Ni el de ella ni el de ninguna diseñadora de vestuario. Las mujeres que más conocemos dentro del teatro son actrices, ni siquiera las dramaturgas. 

¿Y por ser lesbiana? 

Sí, las grandes mujeres de la Generación del 27 que nos han llegado, prácticamente cumplían un rol más o menos esperado: estaban casadas, les fue mejor o peor en los matrimonios… Pero ella era lesbiana y estaba muy lejos de la imagen feminizada que se esperaba de las mujeres. Victorina está muy masculinizada físicamente y eso ya crea un rechazo. Rompe todos los patrones, los roles, las imposiciones, y creo que era una estrategia para identificarse –ella nunca dijo ‘soy lesbiana’– y entrar, a su vez, en un mundo tan masculinizado como la escenografía, porque, al final, ella trataba con carpinteros, técnicos, diseñadores de luces. Era también una forma de sobrevivir en ese mundo tan masculinizado y evitar así que todo el rato te hicieran comentarios incómodos. Por encima de artistas, escritoras, literatas, pintoras, son mujeres frente a los ojos del resto de sus colegas contemporáneos, de los que necesitan aprobación para publicar en revistas, ser aceptadas en los círculos literarios.

Margarita Xirgu como el Estudiante en Otra vez el diablo de Alejandro Casona (Teatro Español, 21 dic. 1935), con vestuario diseñado
por Victorina Durán. Fotografía publicada en 'Estampa'.
Margarita Xirgu como el Estudiante en Otra vez el diablo de Alejandro Casona (Teatro Español, 21 dic. 1935), con vestuario diseñado por Victorina Durán. Fotografía publicada en ‘Estampa’.

Habla en la biografía del sexilio, otro motivo del exilio en la guerra civil poco estudiado también.

Sí. Dentro de los estudios del exilio, al menos del exilio republicano, no hay una mirada, no hay una recuperación desde este punto de vista. Seguramente tendremos un montón de muertos y muertas en las cunetas que no sabemos que fueron fusilados precisamente por eso, por su orientación sexual, porque hay una falta de información, nos faltan los expedientes o han desaparecido o son muy superficiales.

«Seguramente tendremos un montón de muertos y muertas en las cunetas que no sabemos que fueron fusilados precisamente por eso, por su orientación sexual, porque hay una falta de información».

Ella también es un referente en ello y nos hace pensar que no todo el mundo se exilió por motivos exclusivamente políticos, y eso nos habla también del hoy, cuando sigue habiendo personas que salen de sus países porque no hay una aceptación. Ahora ha salido una nueva normativa en Europa que insta a los Estados a reconocer los matrimonios igualitarios aunque no sean legales en sus países. Esto es un reflejo todavía de que este sexilio se sigue produciendo, aunque no se jueguen su integridad física, pero sí muchos derechos.

Recoge usted una frase suya que me llamó la atención por la actualidad que implica también. Decía que ya mayor no salía de casa porque consideraba que Madrid estaba insoportable. 

Sí, sí. Yo creo que lo decía en dos sentidos. Uno, en el sentido de la gentrificación. A ella le encantaba Ópera, su barrio en Madrid, y de repente vio que ya no podía salir ni pasear porque estaba lleno de turistas. Es también uno de nuestros grandes problemas actuales, es decir, estamos expulsando a los vecinos de sus barrios de toda la vida para poner por delante el turismo. Cerramos viviendas, echamos a la gente, ponemos alquileres insoportables…

Y dos, ella ya empezó a quejarse de algo que ha ido a peor y que actualmente es un gran problema nuestro, ahora que se han cumplido los 50 años del fallecimiento de este señor del bigote, como yo digo: cómo está la democracia. Tiene un poema muy sarcástico sobre ello, sobre cómo se pasó del franquismo a la democracia.

Ya hemos votao. Ya hemos votao
y algún panoli ni siquiera se ha enterao.

España y la Democracia
ay qué risa y ay qué guasa quién te ha visto y quién te ve. Se cambian la camiseta
le dan vuelta a la chaqueta
no quieren perder el tren.

El que comió a dos carrillos
besando el culo al Caudillo
hoy pide a gritos perdón.

Se proclama en la lista
con Carrillo o Albornoz […]”.

Victorina no creyó nunca en esa democracia, es decir, se burlaba del paso de la democracia. Somos de los pocos países que ha tenido una dictadura tan brutal y aquí no es delito hacer apología del franquismo. Lo que critica ella es que hubo un día en que muchas personas se acostaron franquistas y se levantaron demócratas. Eso es una falsedad, cambiarse la chaqueta, aquí no ha pasado nada, tú has cometido un montón de crímenes pero vas a seguir trabajando en el mismo país diciendo ahora que ya es libre, en el Gobierno y ocupando puestos de poder. Hubo ahí como un lavado de cara, nuestro país tiene una deuda con nuestra memoria histórica y por eso también hablaba de lo insoportable que estaba Madrid. Yo creo que ella vio allí una hipocresía muy gorda. 

«Lo que critica ella es que hubo un día en que muchas personas se acostaron franquistas y se levantaron demócratas. Eso es una falsedad, cambiarse la chaqueta, aquí no ha pasado nada».

Ella, además, donó su cuerpo a la ciencia, no hay una tumba, un lugar que diga que aquí yace Victorina Durán, lo que contribuye más al olvido, ¿no? 

Fue práctica hasta el final. Pero no hace falta que tengamos un cuerpo. Hace falta que dentro del urbanismo haya un reconocimiento, una placa que diga dónde nació. Eso no está y creo que va a tardar. La presencia de estas referentes en el urbanismo es muy importante, porque, no sé, nosotros paseamos y vemos continuamente nombres de hombres, y están ahí, nos resuenan, y sabremos más o sabremos menos sobre quiénes son esas figuras, pero están ahí, en nuestro imaginario y sabemos que son importantes. 

En Sevilla, por ejemplo, los referentes femeninos que tenemos en nuestro urbanismo son vírgenes y santas. Por eso, la ausencia de todas estas mujeres referentes, de esta genealogía femenina –y no solo hablo del 27– es algo que hay que revisar. Esa ausencia que hay en el urbanismo es grave.

Victorina, por cierto, ganó también la cátedra a ocho hombres.

Sí, yo creo que ella fue una gran pionera en un montón de aspectos, abrió muchos caminos a todas las mujeres que veníamos detrás. Ganó a ocho hombres que,  además, muchos de ellos eran familiares de los que conformaban el tribunal, sabiendo la endogamia que hay en este tipo de concursos. Victorina era consciente de ello. Y esto también nos sigue pasando ahora, que tenemos que ser mucho más buenas, tenemos que ser dos, tres o cuatro veces más buenas que los hombres para poder quedar las primeras o ser consideradas. Ella tenía un programa impresionante, una historia de la indumentaria fascinante. Y solamente así pudo ganar, porque si hubiera quedado más o menos igualada, no hubiera ganado la cátedra. Es decir, si hubiera sobresalido solo un poquito, hubieran cogido a un hombre. No tengo datos, no tengo pruebas, pero tampoco dudas, porque es algo que seguimos arrastrando hasta ahora. Eso hace también que nosotras tengamos una resiliencia mayor y una cultura del esfuerzo, del trabajo, mucho mayor.

«Victorina era consciente de ello. Y esto también nos sigue pasando ahora, que tenemos que ser mucho más buenas, tenemos que ser dos, tres o cuatro veces más buenas que los hombres para poder quedar las primeras o ser consideradas».

Se quedó ciega y aun así siguió creando hasta el final. 

Tenía una creatividad que no la podía parar, un mundo interior tan rico que necesitaba el arte para expresarse. No es extraño que al final de su vida pintara bailarines. Parece que ella diseña el escenario en el que nace y en el que muere como un escenario perfecto de su vida: nace en una familia de bailarines y muere pintando estas figuras danzantes. Y esto me recuerda también a mi abuela, que murió recientemente. Ya no hablaba y con lo único que reaccionaba en su última etapa era con la música. Le apasionaba la música y cantaba muy bien, pero le prohibieron cantar en público. ¿Qué es lo que aparece en estos últimos momentos de la vida de las personas? Lo que nos llena. Sin una investigación apasionada no es fácil verlo.

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Lo del CEO y los pacientes no rentables ya lo contó Netflix

Por: Olivia Carballar

La primera temporada de Respira, una serie de Netflix con un hospital público de València como epicentro de la trama, cierra con un capítulo en el que unas fuertes lluvias hacen estragos.

Cuando lo estás viendo estos días y no sabes en qué momento se ha rodado este producto de ficción, es bastante improbable pensar en otra cosa que no sea la dana del 29 de octubre de 2024, y que están, cómo no, recreando los efectos de las inundaciones que dejaron más de 200 víctimas mortales. Pero no. No es la dana por la que la justicia está investigando la gestión del gobierno de Mazón la que Netflix nos ofrece en pantalla, porque el capítulo, titulado Gota fría, se grabó antes de que aquella dana destrozara la vida de miles de familias.

“Primero te vuelves un poquito loco y dices: ¿esto es casualidad o qué? Pregunté de dónde salió la cifra que se mencionaba en la serie y, por lo que me dijeron, fue algo fortuito, una elección del director, David Pinillos, que pensó que reflejaba bien que había llovido mucho. Pero luego se produjo esa coincidencia y es muy loco”, dice Borja Luna, el actor que interpreta a un combativo sindicalista jefe de oncología, en una entrevista en El Periódico. Esa casualidad fue rodar algo que pasa pero que aún no había pasado.

Y en el fondo, lo que ocurre es que, pese a que nos sorprenda la coincidencia, no es una casualidad que las lluvias sean cada vez más torrenciales, como tampoco es una casualidad lo que cuenta la serie en su segunda temporada: las vidas que cuesta la privatización de un hospital

Estrenada a finales del pasado octubre, si la ves hoy, también se podría pensar que las órdenes que da el CEO de la empresa que gestiona este hospital público en la ficción son las mismas que ha podido dar el CEO del grupo Ribera, en la vida real, en el hospital público de Torrejón de Ardoz, según las grabaciones de una reunión a las que ha tenido acceso El País y cuya publicación ha supuesto lo que es: un escándalo.

Aitana Sánchez-Gijón, cirujana en la serie, junto Gustavo Salmerón, que interpreta al gestor privado del hospital. NETFLIX
Aitana Sánchez-Gijón, cirujana en la serie, junto Gustavo Salmerón, que interpreta al gestor privado del hospital. NETFLIX

Sin hacer espóiler, la serie, de manera muy resumida, viene a contarnos todo este negocio en el que se ha convertido el sistema sanitario desde hace tiempo: las políticas de una presidenta de derechas, representada por una genial Najwa Nimri, que desprecia la sanidad pública y que termina tratándose de un cáncer de mama en el hospital público que quiere privatizar. Para ello, pone al frente a un CEO que, para que le cuadren las cuentas de resultados –es decir, para que el beneficio sea cada vez mayor–, desbarata el servicio público y se vende a una gran farmacéutica. La letra pequeña, como siempre, acaba afectando a los débiles, a los pacientes, que son derivados a otros centros cuando sus informes clínicos dicen, como si fueran clientes, que no son rentables.

El empresario se pasea en chaqueta, con chaleco y corbata, por los pasillos de un hospital de profesionales quemados que han llegado a montar una huelga sin servicios mínimos; quita y pone a directores según le bailen el agua –enorme Aitana Sánchez-Gijón en su papel de cirujana implacable–; y mientras recorta en la limpieza de quirófanos con otra empresa –y hay que cerrarlos porque se infectan– y cierra las puertas de urgencias –porque “es un coladero” de gente enferma que no da dinero–, el CEO ficticio potencia otros servicios como la atención al parto, al que dota de las mejores instalaciones pensando, a la vez, en la rentabilidad de los tratamientos de fertilidad. Hace fotos al equipo, lo anuncia en una valla publicitaria. Quiere que las mujeres –con un parto sin complicaciones se gana bastante pasta, dice, las demás que se vayan a otro– elijan el Joaquín Sorolla, que así se llama el hospital ficticio. Y fíjense –qué coincidencia otra vez–, en el Hospital de Torrejón, la de maternidad y parto respetado es la primera unidad de referencia destacada en su página web.

No es que los guionistas sean adivinos. La ficción suele partir de la realidad, del contexto. Y por eso la serie, con sus buenas dosis de culebrón, parece adelantar cosas que aún no han pasado o cosas que pasan de las que no nos hemos enterado o querido enterar. Por cierto, en el capítulo final de la segunda temporada se celebran elecciones. Y sale el resultado.

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Homenajes sin fecha

Por: Olivia Carballar

No fue un gran acto –al menos, no fue lo que acostumbra a ser denominado como un gran acto– el día en que Antonio sintió que alguien escuchaba su historia, que podía contar que a su padre y a su madre los mataron cuando él era un niño de tres años, que no recordaba sus rostros, pero que quería, con todo su corazón, saber dónde estaban sus restos. Por eso, aquella mañana sin prensa, sin focos, sin políticos, como casi todos los últimos sábados de mes, Antonio, con una vieja foto pegada al pecho como única prueba física de la desaparición de quienes lo habían traído a este mundo, pedía, junto a otras víctimas del franquismo en la sevillana Plaza de la Gavidia, que alguien lo ayudara a buscar sus huesos.

No fue tampoco lo que se conoce como un gran acto el día en que Paqui y su amiga Isabel –con la misma determinación y alegría de una Thelma y una Louise que aceleran aun sabiendo que van a despeñarse– arrancaron el coche camino de un juzgado de Aracena a poner una denuncia por el hallazgo de una fosa. En menos de tres minutos fueron despachadas. Pero ellas hicieron lo que creían que tenían que hacer. 

Tampoco se considera un homenaje, en los términos habituales, el empeño de Manuel por honrar a sus bisabuelos Luisa y Antonio, y el amor inquebrantable que se profesaban y que un cura intentó separar cuando ya eran ancianos, en los últimos años de sus vidas. 

Cecilio Gordillo porta una fotografía de su familiar. RMHSA
Cecilio Gordillo porta una fotografía de su familiar. RMHSA

Por supuesto, no fueron grandes actos aquellas conferencias que, cualquier día de la semana, en cualquier pueblo, sin sillas con cartel de reservado, con frío, con calor, en cualquier aula, en la plaza más inesperada, dieron José María o José Luis o Pura o Ángel o Emilio o Susana. O Cecilio, siempre Cecilio. Puede que por no haber no hubiera ni mucha gente. Porque en estos actos, además, casi todo el mundo se conoce de esos mismos actos, ajenos a aniversarios y conmemoraciones protocolarias, que, por otro lado, no está mal que las haya. Todo lo contrario. 

Durante muchos años, las víctimas del franquismo, en estos formatos caseros, voluntariosos, altruistas, en los que muchas veces Lucía puso –y sigue poniendo– su música y su voz, han pedido ser reconocidas en público por el Estado, que durante esos mismos años –muchos años– ha mirado para otros lugares. 

Se han aprobado leyes, es cierto. Hay quien opina que se ha avanzado, también. Pero no es menos cierto que sola estaba Paqui cuando los restos de Queipo salieron de la Basílica de la Macarena. Solo estuvo José cuando, delante de la tumba de su padre en un pueblito de Portugal al que tuvo que exiliarse toda la familia, le dijo que por fin, después de tanto miedo y silencio, había adquirido la nacionalidad española. 

Solas han estado durante demasiado tiempo las víctimas del franquismo, también las de la Transición, que continúan –todas ellas– observando perplejas cómo se siguen celebrando actos fascistas de manera impune, cómo continúan sin juzgarse en este país unos crímenes de lesa humanidad o cómo las encuestas dan cada vez más apoyo a la ultraderecha entre los más jóvenes.   

Puede que los de este año, cuando se cumple medio siglo de la muerte del dictador Franco, ese número redondo que siempre invita a celebración, sean los que todo el mundo conoce como los grandes actos. Pero han sido todos esos pequeños eventos juntos, sin fecha, los que han permitido tejer la memoria de este país en los últimos tiempos, la de niños como Antonio, la primera persona mencionada en este artículo, que no logró encontrar a sus padres y que ya no vive para seguir buscándolos. En estos momentos de fastos, conviene no olvidarlo.  

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