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España y los Piratas del Índico: Sobrepesca Subvencionada con Dinero Público

Por: Pepe Galindo
Barco de guerra defendiendo a un pesquero
Barco de guerra defendiendo a un pesquero

«La armada española mata a un pirata somalí». Es una noticia que estremece a cualquiera con un mínimo de sensibilidad. Pero luego hay que preguntarse ¿por qué? ¿qué hace la armada española en el océano Índico? ¿estamos en guerra allí tan lejos? Para responder, no os perdáis el vídeo que hay más abajo (unos 20′ en dos partes), y este artículo sobre los otros piratas.

En resumen:España está sobrepescando en los mares de todo el mundo, y tiene la mayor flChiste de piratas somalíes y derechos humanosota en tonelaje de toda la UE. Nuestros barcos viajan miles de kilómetros para pescar en las costas y en aguas que debieran ser protegidas (reservas marinas), o bien explotadas por países con una crisis mayor que la nuestra (Somalia, por ejemplo… que ellos sí saben lo que es crisis).

El negocio de la PESCA, principalmente de atún, es tan lucrativo que “justifica” que se defienda incluso cUno de los últimos atunes sangrando por la codicia humanaon nuestra armada y la de otros países: Es la llamada Operación Atalanta, en la que España paga con dinero público más de 6 millones de euros al mes, a lo que hay que sumar la mitad de la “seguridad privada” que llevan los pesqueros, que también se paga con dinero público. Y hasta modificaron las leyes para que esa seguridad pudiera llevar armas de guerra (estupenda noticia para la industria armamentística española).

Bandera de pesca pirataAnte este despilfarro e injusticia, hay dos cosas muy evidentes:

  1. Nuestros barcos no deberían estar pescando tan lejos, y encima en aguas que aunque sean internacionales deberían respetarse para países cercanos que tienen crisis alimentarias (ya lo dijo el economista De Jouvenel en 1976 en uno de sus libros que no me canso de recomendar).
  2. Nuestros militares no deberían estar para defender intereses privados. Este es otro gasto extravante más, a incluir en la lista de despilfarros de nuestros sucesivos gobiernos.

Algunos datos extra:

  1. La flota de bajura española supone el 80% de los barcos, con el 13% de las capturas y bajo impacto ambiental. Sin embargo, la flota de altura tiene un enorme impacto ambiental y sólo supone el 20% de los barcos, que se llevan el 87% de la pesca y, encima, recibe más ayudas. Recientemente, la pesca de arrastre, recibió enormes subvenciones por destrozar los fondos marinos. GreenPeace lo denunció resaltando que los subsidios europeos financian actividades pesqueras insostenibles.
  2. Al menos el 77% de las poblaciones de peces están sobreexplotadas, y cada vez se demanda más pescado. El atún rojo y el bacalao, por ejemplo, están al borde de su extinción comercial (aquí tienes otros pescados que no deberíamos comer).
  3. Sólo está protegido el 1% de los océanos, lo que conlleva una rápida pérdida de biodiversidad marina (únete a la petición de una red global de reservas marinas).
  4. GreenPeace ya expuso varias propuestas para modificar la PPC y garantizar unos mares llenos de vida.
    1. Durante años, la basura nuclear de distintos países ricos de Europa se ha estado tirando al Índico, y el tsunami de 2004 llevó muchos barriles a las costas de Somalia. Nadie se ha responsabilizado de esa basura nuclear. Al menos España ya no tiene motivos para tirar allí nuestra basura nuclear, pues nuestro gobierno ha regalado (con dinero de todos) un ATC a la industria nuclear… lo cual no es buena inversión.

Pero lo más importante… no os perdáis este vídeo no apto para gente sensible:

NOTA FINAL: Evidentemente este artículo no debe entenderse como una defensa de ninguna actividad pirata.

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Repensar nuestra relación con la naturaleza

Por: invitadoespecial

El modelo actual de “sostenibilidad” es insuficiente. Durante las últimas décadas se ha producido un avance indudable en la conciencia ambiental. Hoy hablamos de biodiversidad, de cambio climático, de límites planetarios, de huella ecológica y de economía circular con una naturalidad impensable hace cincuenta años. Este esfuerzo colectivo ha tenido un mérito enorme: ha conseguido que la destrucción del planeta deje de ser invisible.

Sin embargo, ese mismo éxito ha traído consigo una paradoja inquietante: cuanto más hablamos de sostenibilidad, más se intensifica la degradación de la Tierra. La crisis ecológica no se ha frenado. La pérdida de especies continúa. Los ecosistemas siguen fragmentándose. Y el consumo global no deja de crecer.

Esto obliga a plantear una pregunta incómoda: ¿Estamos cambiando de verdad o solo estamos maquillando el mismo modelo?

El problema no es solo técnico; es cultural y ético

La mayor parte de los discursos ambientales actuales se centran en cómo producir mejor: energías renovables, eficiencia, reutilización, reciclaje, productos “eco”, neutralidad de carbono, compensaciones, certificaciones verdes… Todo esto es necesario, pero no suficiente, porque el núcleo del problema no está solo en la tecnología, sino en la mirada con la que entendemos el mundo natural.

Seguimos viendo a la Tierra como un conjunto de recursos que deben gestionarse bien para que el sistema continúe funcionando. Seguimos preguntándonos cómo crecer sin destruir demasiado. Seguimos colocando al ser humano en el centro (antropocentrismo) y al resto de la vida como soporte de ese centro (especismo). Este enfoque, por muy verde que se pinte, mantiene intacta la lógica que nos ha traído hasta aquí.

La naturaleza no es un “servicio”, es una comunidad viva

Cuando decimos que los bosques “producen oxígeno”, que los ríos “prestan servicios ecosistémicos” o que los animales “tienen valor ambiental”, en realidad estamos traduciendo la vida a un lenguaje económico. Lo  hacemos, por ejemplo, con el lobo. Esto es útil para convencer, pero peligroso como visión de fondo. Porque así la naturaleza solo merece protección cuando es rentable, provechosa o funcional para nosotros. Y todo lo que no encaja en esa utilidad queda en riesgo.

Un humedal no es valioso porque filtre agua. Un lobo no es importante porque regule poblaciones. Un ave no merece vivir porque polinice. Son valiosos por sí mismos, porque forman parte de una comunidad viva de la que dependemos y a la que pertenecemos. Cuando olvidamos esto, la sostenibilidad se convierte en una herramienta para optimizar la explotación, no para transformar nuestra relación con la Tierra.

Crecimiento “sostenible”: una contradicción incómoda

En un planeta finito, el crecimiento infinito es imposible. No es una opinión ideológica, es una realidad física. Sin embargo, seguimos hablando de “crecimiento verde” como si bastara con cambiar la fuente de energía para que todo pueda seguir aumentando sin consecuencias.

Más producción implica más materiales. Más infraestructuras implican más suelo ocupado. Más consumo implica más extracción, más residuos y más presión sobre los ecosistemas. Podemos hacer ese crecimiento menos destructivo, pero no inocuo.

Aceptar los límites no es pesimismo, es madurez ecológica. Significa reconocer que el bienestar humano depende de respetar los ritmos y la integridad de la biosfera, no de forzarla indefinidamente.

La verdadera transición es un cambio de lugar, no solo de tecnología

La transición ecológica no consiste solo en sustituir combustibles fósiles por renovables. Consiste en recolocarnos dentro del sistema vivo del que formamos parte. Esto implica, por ejemplo:

  • Reducir de verdad el consumo material, no solo hacerlo “más eficiente”.
  • Priorizar economías locales y circulares (sin greenwashing) frente a cadenas globales hipertensivas (o multinacionales de alto riesgo).
  • Reparar, reutilizar y alargar la vida de los objetos en lugar de reemplazarlos constantemente por otros nuevos.
  • Defender la biodiversidad; no como un lujo, sino como la base de toda estabilidad futura.
  • Potenciar una educación ambiental completa y continuada.
  • Y, sobre todo, aceptar que no todo lo que es técnicamente posible es ecológicamente deseable.

Conclusión: Proteger la Tierra es cambiar nuestra forma de estar en ella

No basta con hacer sostenible el modelo actual. Hay que transformarlo desde la raíz. Esto no significa renunciar al bienestar humano, sino entender que nuestro bienestar depende de la salud del conjunto del planeta.

La Tierra no es una fábrica que debamos optimizar; es una comunidad viva de la que somos una pequeña parte. Cuando comprendamos esto de verdad, la sostenibilidad dejará de ser un eslogan y empezará a ser una forma honesta de habitar el mundo.

David Orgaz Barreno
Bloguero en El rincón ecocéntrico

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Repensar nuestra relación con la naturaleza

Por: invitadoespecial

El modelo actual de “sostenibilidad” es insuficiente. Durante las últimas décadas se ha producido un avance indudable en la conciencia ambiental. Hoy hablamos de biodiversidad, de cambio climático, de límites planetarios, de huella ecológica y de economía circular con una naturalidad impensable hace cincuenta años. Este esfuerzo colectivo ha tenido un mérito enorme: ha conseguido que la destrucción del planeta deje de ser invisible.

Sin embargo, ese mismo éxito ha traído consigo una paradoja inquietante: cuanto más hablamos de sostenibilidad, más se intensifica la degradación de la Tierra. La crisis ecológica no se ha frenado. La pérdida de especies continúa. Los ecosistemas siguen fragmentándose. Y el consumo global no deja de crecer.

Esto obliga a plantear una pregunta incómoda: ¿Estamos cambiando de verdad o solo estamos maquillando el mismo modelo?

El problema no es solo técnico; es cultural y ético

La mayor parte de los discursos ambientales actuales se centran en cómo producir mejor: energías renovables, eficiencia, reutilización, reciclaje, productos “eco”, neutralidad de carbono, compensaciones, certificaciones verdes… Todo esto es necesario, pero no suficiente, porque el núcleo del problema no está solo en la tecnología, sino en la mirada con la que entendemos el mundo natural.

Seguimos viendo a la Tierra como un conjunto de recursos que deben gestionarse bien para que el sistema continúe funcionando. Seguimos preguntándonos cómo crecer sin destruir demasiado. Seguimos colocando al ser humano en el centro (antropocentrismo) y al resto de la vida como soporte de ese centro (especismo). Este enfoque, por muy verde que se pinte, mantiene intacta la lógica que nos ha traído hasta aquí.

La naturaleza no es un “servicio”, es una comunidad viva

Cuando decimos que los bosques “producen oxígeno”, que los ríos “prestan servicios ecosistémicos” o que los animales “tienen valor ambiental”, en realidad estamos traduciendo la vida a un lenguaje económico. Lo  hacemos, por ejemplo, con el lobo. Esto es útil para convencer, pero peligroso como visión de fondo. Porque así la naturaleza solo merece protección cuando es rentable, provechosa o funcional para nosotros. Y todo lo que no encaja en esa utilidad queda en riesgo.

Un humedal no es valioso porque filtre agua. Un lobo no es importante porque regule poblaciones. Un ave no merece vivir porque polinice. Son valiosos por sí mismos, porque forman parte de una comunidad viva de la que dependemos y a la que pertenecemos. Cuando olvidamos esto, la sostenibilidad se convierte en una herramienta para optimizar la explotación, no para transformar nuestra relación con la Tierra.

Crecimiento “sostenible”: una contradicción incómoda

En un planeta finito, el crecimiento infinito es imposible. No es una opinión ideológica, es una realidad física. Sin embargo, seguimos hablando de “crecimiento verde” como si bastara con cambiar la fuente de energía para que todo pueda seguir aumentando sin consecuencias.

Más producción implica más materiales. Más infraestructuras implican más suelo ocupado. Más consumo implica más extracción, más residuos y más presión sobre los ecosistemas. Podemos hacer ese crecimiento menos destructivo, pero no inocuo.

Aceptar los límites no es pesimismo, es madurez ecológica. Significa reconocer que el bienestar humano depende de respetar los ritmos y la integridad de la biosfera, no de forzarla indefinidamente.

La verdadera transición es un cambio de lugar, no solo de tecnología

La transición ecológica no consiste solo en sustituir combustibles fósiles por renovables. Consiste en recolocarnos dentro del sistema vivo del que formamos parte. Esto implica, por ejemplo:

  • Reducir de verdad el consumo material, no solo hacerlo “más eficiente”.
  • Priorizar economías locales y circulares (sin greenwashing) frente a cadenas globales hipertensivas (o multinacionales de alto riesgo).
  • Reparar, reutilizar y alargar la vida de los objetos en lugar de reemplazarlos constantemente por otros nuevos.
  • Defender la biodiversidad; no como un lujo, sino como la base de toda estabilidad futura.
  • Potenciar una educación ambiental completa y continuada.
  • Y, sobre todo, aceptar que no todo lo que es técnicamente posible es ecológicamente deseable.

Conclusión: Proteger la Tierra es cambiar nuestra forma de estar en ella

No basta con hacer sostenible el modelo actual. Hay que transformarlo desde la raíz. Esto no significa renunciar al bienestar humano, sino entender que nuestro bienestar depende de la salud del conjunto del planeta.

La Tierra no es una fábrica que debamos optimizar; es una comunidad viva de la que somos una pequeña parte. Cuando comprendamos esto de verdad, la sostenibilidad dejará de ser un eslogan y empezará a ser una forma honesta de habitar el mundo.

David Orgaz Barreno
Bloguero en El rincón ecocéntrico

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✇Conciertos en Albacete

Concierto de Marcelo Criminal en Albacete

Por: Discos Ruidosos

 

Marcelo Criminal

+ Claramente

Sábado 17 de enero, 22:00 h

Sideral

Entradas: anticipada 10€ / taquilla 12€

 


Marcelo García es un joven murciano que lleva desde 2016 subiendo sus canciones a internet, bajo el nombre de Marcelo Criminal podemos encontrar un sonido lo-fi de canciones que nos hablan de lo cotidiano, sin pretensiones mayores ni poses de manual. Sus referentes musicales son muy diversos, aunque el propio músico sabe que su música viene más bien del sonido de Daniel Johnston, Teen Suicide o La estrella de David.

Estos últimos años los ha dedicado a presentar en sociedad su último disco titulado 'La Última Casa de Apuestas', el cual le ha llevado por salas y festivales de todo el país.

Claramente es una cantautora, multi-instrumentista y productora independiente de Albacete. Su música, con raíz indie y toques de pop y folk alternativo, se caracteriza por letras íntimas que conectan con quien la escucha. La joven artista de 22 años explora diferentes matices en su sonido, conservando la esencia dulce y cercana con la que se expresa.

 

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ENERGÍA NUCLEAR Y RESIDUOS NUCLEARES: ¿Una Historia Interminable?

Por: invitadoespecial

Originalmente las centrales de energía nuclear se crearon dentro de un plan de estrategia energética, debido a la gran dependencia que existía hasta esa fecha, de los combustibles fósiles. Así, tras la creación, en la antigua URSS, del primer reactor de energía nuclear en 1954, sobrevino un periodo de edad dorada nuclear, entre 1960 y 1988, cuando se pasó de apenas 16 centrales de energía nuclear a 416.

Acontecimientos como el ocurrido en la central nuclear americana de Three Mile Island en 1979, o el de Chernóbil en 1986 supusieron un alto a una mayor implantación de este tipo de modelo energético. De hecho, desde entonces apenas se ha construido una central nuclear al año en todo el mundo.La muerte sobre Chernobil y Fukushima

El terremoto y posterior tsunami ocurrido el pasado 2011 en Japón derivó en otra catástrofe nuclear, cuya magnitud eclipsó a la del propio terremoto y volvió a recordarnos los peligros de la actividad nuclear. La alarma social creada llevó a políticos de todo el mundo a hacer promesas, más o menos comprometidas con los movimientos antinucleares, especialmente en aquellos países que más dependen de la energía nuclear. Y es que actualmente, debido a la inversión y el desarrollo de sistemas de generación energética a partir de fuentes renovables, es el momento de traer a primer plano de la actualidad la discusión sobre la necesidad de las plantas de energía nuclear a fin de conseguir compromisos políticos aprovechando el momento de sensibilidad social.

En este contexto, y quizá debido a él, en Europa el pasado año se aprobó el llamado “Paquete Nuclear” de directivas sobre seguridad nuclear y tratamiento de residuos nucleares, en un intento de comprometer a los Estados Miembros, no ya con la seguridad en las plantas de energía nuclear, sino sobre todo, con el tratamiento de los residuos generados por el combustible consumido en los reactores. Así en las directivas se compromete a los Estados Miembros para el desarrollo, en el ámbito nacional, de plantas de almacén final para residuos nucleares.

Y es que tras más de 50 años utilizando energía nuclear para uso civil, es necesaria la generación de lugares de almacenamiento final de residuos procedentes del combustible empleado en las centrales nucleares. Actualmente la mayoría de los residuos de combustible nuclear se encuentran en las piscinas de los reactores nucleares, pues se necesitan entre 40-50 años para que estos residuos puedan ser manipulados en unas condiciones de seguridad permisibles. Aunque hay distintos tipos de tratamiento del combustible nuclear, ninguno de ellos puede ser considerado como definitivo. Por lo que durante todo este tiempo se ha utilizado y se sigue usando la energía nuclear, sin saber exactamente qué hacer con los residuos que se ella se derivan.

Dadas las características de los residuos, en muchos países se ha optado por la creación de almacenes en espacios geológicos a gran profundidad, en los que gracias a una superposición de barreras naturales y artificiales se quiere aislar al máximo la radiación para evitar daño a las personas y el medioambiente. El almacén consistiría en túneles o cavernas en las que se depositarían los residuos empaquetados. En algunos casos los contenedores de residuos serán rodeados por material como cemento o arcilla para proveer otra barrera. Las opciones de contenedor varían según el tipo de residuo y la naturaleza geológica del lugar. La profundidad de estos lugares varía desde 250 a 1000 m. Sin embargo debido a la gran duración de la radiactividad de estos residuos (del orden de decenas o centenas de miles de años) es imposible pronosticar la total efectividad de las medidas.

Un antecedente conocido, y sobre el que se han realizado multitud de estudios que sirven de base para plantear este tipo de almacenes, ocurrió hace 2 millones de años, cuando por las condiciones naturales, en una zona del oeste de África rica en uranio, se produjo una serie de reacciones nucleares. La actividad se prolongó durante 500.000 años, y actualmente los residuos que quedan no presentan radioactividad.Artículos sobre Energía Nuclear: Símbolo de radiactividad

Según recomendaciones de la Agencia Internacional para la Energía Atómica, estos lugares de almacenaje de residuos nucleares deben garantizar el aislamiento de los residuos nucleares de forma pasiva, es decir sin que sean necesarias medidas de control o mantenimiento a generaciones futuras. Por lo que todo empleo generado en la región será temporal, mientras que la contaminación será para siempre o al menos durante decenas de miles de años, en el mejor de los casos.

Aún hay controversia a nivel internacional sobre si estos espacios geológicos a gran profundidad deben ser cerrados y sellados completamente, lo que mejoraría en la medida de lo posible el aislamiento de los residuos; o si debe permitirse la posibilidad de recuperar los residuos por si en el futuro el posible utilizarlos nuevamente como fuente de energía. En la actualidad no existe en el mundo ningún almacén final de residuos nucleares. El único ejemplo es una planta piloto en EEUU donde se almacenan desde 1999 residuos nucleares derivados de la actividad investigadora y de la industria bélica.

Quizá haya llegado el momento de echar tierra sobre la energía nuclear, o quizá veamos florecer en los próximos años más plantas de energía nuclear alrededor del mundo (ante el problema del pico del petróleo… pero tengamos en cuenta que los costes previstos de construir y desmantelar centrales nucleares, y guardar sus residuos en ATCs se calculan teniendo en cuenta precios del petróleo asequibles, como los actuales, lo cual puede durar no mucho). En todo caso, ya que la tecnología nos ha llevado hasta aquí, esperemos seguir progresando y encontrar soluciones, aunque sean para problemas generados en el pasado.

Francisco J. López
Voluntario Greenpeace (grupo local de Málaga)

Más información:

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Conciertos de Mente Devil y Näcken en Caudete

Por: Discos Ruidosos

 

Mente Devil

Näcken 

Sábado 13 de diciembre, 23:30 h

Morgul Rock Bar, Caudete

Entrada: 7€ con consumición

 


Descarga de Punk-metal y Hardcore de los grupos Mente Devil y Näcken.

 

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Directamente Flamencas en Almansa

Por: Discos Ruidosos

 

Directamente Flamencas

Viernes 5 de diciembre, 20:00 h

Teatro Regio, Almansa

Entradas: 15€

 

 

Directamente Flamencas es un espectáculo de flamenco que rinde homenaje a la tradición de este arte español a través de la lente de la experiencia femenina.


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Libro El puente donde habitan las mariposas, de Nazareth Castellanos (resumen)

Por: Pepe Galindo

La vida es un viaje en el que siempre hay que atravesar caminos difíciles.

La neurocientífica Nazareth Castellanos nos enseña en este libro (Siruela, 2025) que podemos «encontrar una mejor versión de nosotros mismos» con solo una condición: proponérselo, querer mejorar.

Según ella, más del 90 % de las personas viven sin intención de mejorarse. Eso, unido a que el 70 % de la población ha padecido tormentas potencialmente traumáticas, hace que la probabilidad de ser alguien, o encontrarse con alguien, que sufre o que hiere sea muy alta. Para que quede claro: «Todos vamos a sufrir por hábitos que se podrían haber evitado, si nos lo hubiéramos propuesto. Todos vamos a sufrir por los bandazos que otros podrían haber evitado si se lo hubieran propuesto (…). Reconocer (…) nuestro impacto sobre los demás y el de los demás en nosotros nos invita a seleccionar a quién nos acercamos y de quién nos alejamos».

La doctora Castellanos utiliza el término biosofía para referirse a la sabiduría que se extrae del estudio de la vida o del estudio del organismo. Para ello —y para la necesaria divulgación científica— considera esencial el uso de la filosofía y reclama recuperar la relación entre ciencias y humanidades que, en algún momento, se perdió. Con esa base, el libro pretende traducir en términos biológicos el ensayo Construir Habitar Pensar de Heidegger (1951).

Construir

Cuando se reconstruye una ciudad destruida siempre se pretende conservar lo bueno y conseguir algo mejor. De similar manera, los humanos nos vamos construyendo a nosotros mismos día a día. A veces, construimos muros para defendernos, y otras, puentes para cuidarnos. Podemos cultivar fortalezas, miedos, agresividad… Los momentos duros de la vida suelen ser buenos para madurar. Aunque los podemos utilizar para atrincherarnos en lo conocido, para sentirnos víctimas, también se puede mirar con humildad y honestidad hacia dentro y evaluar si hay algo que cambiar.

Lee también un resumen de este apasionante libro: Viaje al centro de la mente, de D.J. Siegel.

Lee también un resumen de este apasionante libro.

Ante una ciudad —o persona— destruida, podemos evaluar cómo se ha llegado a esa situación siendo conscientes de la influencia del contexto y de los ancestros. Si encuentras hábitos o creencias que te causan dolor, será más sensato destruirlas que reconstruirlas. Se trata de madurar y moldear nuestra vida. La autora lo resume en una frase: «Somos lo que hacemos con nosotros».

Se sabe que el cerebro es un órgano que se ha adaptado a las condiciones actuales (luz, gravedad terrestre, etc.) y que, además, se adapta ante cambios en esas u otras condiciones. La salud psicológica está influenciada por multitud de aspectos, como la presencia o no de zonas verdes en nuestro lugar de residencia. Un simple paseo entre árboles aporta múltiples beneficios mentales, lo que permite a Castellanos concluir que podemos construir nuestra salud y que «tenemos a la naturaleza como aliada».

Aunque estamos ligados a nuestro ADN (genética), nuestro estilo de vida y el entorno pueden activar o desactivar ciertos genes (es lo que se conoce como epigenética). Más aún, recientes estudios apuntan a que las condiciones de vida, igual que un hecho traumático o un cuidado amoroso de los padres, no solo influyen en la persona afectada, sino también en su descendencia.

Una de las propiedades intrínsecas del cerebro es que se trata de un «sistema que ha evolucionado para cambiar». No es algo estático. Es un órgano que evoluciona. Si a una persona le tapas los ojos durante unos pocos días, el cerebro experimenta cambios en las áreas visuales, fortaleciendo funciones para compensar esa pérdida. La llamada aMCC (siglas en inglés de la corteza cingulada media anterior) es una región cerebral que evalúa el esfuerzo necesario para conseguir ciertas metas (controla la fuerza de voluntad). «Prácticas como la meditación, el ejercicio físico, alimentar la curiosidad intelectual o las técnicas de respiración ayudan a reforzar esta estructura cerebral». «La acción de la aMCC es muy evidente cuando realizamos un esfuerzo cuyos beneficios se observan a corto plazo. El problema reside en aquellas empresas cuyos frutos maduran a medio o largo plazo».

Estudios recientes señalan que los humanos tendemos a subestimar el esfuerzo de las tareas y cuánto más lejana esté la meta, mayor es el error cometido. El cerebro aprende cuántos beneficios obtiene por cada acción en comparación a lo esperado. Para ello, mide el placer, la dopamina. Si algo es placentero, apostamos por reiterarlo; y si en algo no vemos resultados, lo evitamos. De ahí que, las acciones con beneficios a largo plazo (como estudiar una carrera) sean rechazadas por muchas personas. Conociendo esto, lo inteligente es plantearnos «metas a corto plazo y expectativas realistas». En vez de pensar en acabar un grado universitario, es mejor centrarse en aprender una lección concreta de una asignatura. Controlar el pensamiento, nos facilita alcanzar metas a corto y largo plazo. Además, se ha descubierto algo magnífico: «la tenacidad engendra más tenacidad».

Habitar

Las personas suelen mostrarse reticentes a efectuar una introspección, el acto de observarnos a nosotros mismos para mejorar. A veces, hay mucho dolor que se prefiere ocultar y se usan excusas, se culpa a otros o nos mantenemos ocupados (hiperactividad). Todo para evitar sentarnos en silencio y con calma ante nosotros mismos. «Nuestras partes oscuras tienen mucho que contarnos».

La introspección requiere tranquilidad y reflexión. Además, «la calma mental es la antesala indispensable de una buena acción». Practicando la calma (con técnicas de respiración, por ejemplo) se propicia la aparición en el cerebro de ondas alpha (lentas), las cuales ayudan a tomar buenas decisiones y contrarrestan la tendencia a la divagación mental. El obstáculo más grande es, por curioso que parezca, nuestra propia indiferencia.

Cuando el cerebro está en modo consciente, concentrado en una tarea, consume más energía que cuando está en el llamado «modo por defecto cerebral». Este último sirve para cosas como la consolidación de la memoria o la regulación emocional. Existe también un modo híbrido: «somos capaces de realizar una tarea de forma automática, sin ser conscientes de ella». «Mantenernos en piloto automático nos ahorra mucha energía, pero el precio es alto. Cuanto más tiempo transitemos en ese estado, mayor será la sensación de insatisfacción vital».

Castellanos nos dice que su área preferida del cerebro es la corteza cingulada anterior (ACC), porque se asocia al bienestar y la calma y, además, se puede activar de una forma extraordinariamente simple: observar nuestra respiración. Es ahí donde esta científica sitúa la paz y el recogimiento adecuados para lo que entiende por «habitar».

«Dedicamos pocos esfuerzos a estar bien, porque nuestra visión sanitaria sigue apoyándose más en un enfoque curativo que preventivo», lamenta la doctora Castellanos mientras nos alerta de la influencia de la alimentación y del vivir con prisas.

Los problemas mentales son frecuentes, se hable o no de ellos y se traten o no de forma directa. Y atención: afectan a todos los rangos de edades. Para ello, sugiere mejorar la educación con el objetivo de enseñar a cuidar de nuestra mente y de estudiarnos a nosotros mismos. Ahorraríamos mucho en sufrimiento y en dinero.

Esta neurocientífica afirma que «la falta de calma o nerviosismo conlleva confusión». Y lo explica así (resumidamente): en una situación difícil, el cerebro libera glucocorticoides (familia de hormonas a la que pertenece el famoso cortisol) que preparan nuestro cuerpo para la lucha, y da igual que las batallas sean sin violencia física. El cortisol aumenta el azúcar en sangre y con ello el ímpetu físico, lo cual es positivo en caso de lucha. En cambio, el cortisol tiene multitud de efectos secundarios negativos, tales como actuar como un inmunosupresor (atenúa el sistema inmune), ralentizar la digestión o reducir la capacidad de memoria, la de aprendizaje y la coordinación entre neuronas. Entre otras consecuencias, también está la de potenciar recuerdos negativos. Todo ello, junto, conlleva una percepción sesgada de la situación, que no solo impide encontrar soluciones reales, sino que, encima, favorecen el combate. Conclusión: en situaciones de estrés, ansiedad, miedo, ira, etc., la percepción es errónea y las decisiones difícilmente serán las mejores. En estos estados se produce una respiración acelerada (hiperventilación) que reduce el nivel de dióxido de carbono en sangre, lo cual baja la producción de vitamina D, cuyo impacto en la salud mental está bien documentado. Las personas con peores índices de bienestar, muestran una mayor duración de la apnea (fase entre la exhalación y la siguiente inhalación).

Esta respuesta del cerebro es automática, pero no inevitable. Se puede detener de forma voluntaria. Se sabe que una respiración rítmica tranquiliza al cerebro. En cambio, una respiración irregular genera estrés. Escuchar a nuestro cuerpo, es otra recomendación del libro.

En la salud cerebral también influye la salud de la microbiota intestinal (bacterias, virus, hongos…) y, en esto, un ingrediente clave es lo que comemos.

Un ejercicio simple que propone es permanecer sentados, en cualquier lugar y postura, siempre que se mantenga la espalda recta y, entonces, concentrarse en la respiración sin alterarla. En menos de media hora se consigue un crecimiento de las conexiones neuronales, aumenta el bienestar y se alejan los problemas mentales. «La actividad del cerebro es mayor cuando la mirada se dirige hacia dentro que cuando observamos lo ajeno». La respiración es un lugar seguro que siempre tenemos con nosotros, y que nos protege de una vida estresante. Practicar este ejercicio de forma regular ayuda a responder mejor ante situaciones indeseadas.

Ponernos como espectadores de nosotros mismos, abandonar nuestro teatro, resulta de gran ayuda. Al hacerlo, notaremos que el cerebro se va involuntariamente a otras tareas. Estos despistes hay que tratarlos como algo natural. Al detectarlos, simplemente, hay que felicitarse por haber tomado conciencia de la distracción, y volver a la respiración.

Otras investigaciones han revelado que respirar lento no solo nos lleva a la calma, sino que reduce los dolores. Se pueden contar los segundos al inspirar y espirar en el doble de tiempo. Poco a poco, podemos aumentar esos segundos conforme mejoremos nuestra práctica. La ciencia está demostrando los enormes beneficios de la meditación que proponen las filosofías y religiones orientales (budismo, hinduismo…). Aquí te dejamos un ejemplo de meditación por los bosques.

Pensar

Diversos estudios han concluido que «no nos gusta estar a solas con nuestra propia mente». Es decir, preferimos hacer cualquier cosa antes que simplemente pensar. Y esto es así en todas las edades, niveles educativos o ingresos económicos. Controlar la mente es algo incómodo. Y ahora, las redes sociales dan entretenimiento a raudales, excusas para no pensar, pero, entre los adolescentes hay una fuerte correlación entre usar redes sociales y padecer ansiedad. Más aún, el estrés que transmiten los medios se contagia a nuestro comportamiento, que será más alocado y menos reflexivo, incluso aunque culpemos a otras causas.

Leer noticias negativas aumenta la producción de cortisol y esto dificulta un buen comportamiento. Por otra parte, las mujeres parecen ser más sensibles a este impacto. Para contrarrestar el efecto tóxico de las noticias negativas, en Blogsostenible ponemos mucho empeño en recopilar y divulgar buenas noticias ecoanimalistas. Te recomendamos que las leas y las disfrutes.

Con respecto al pensamiento, nos indica que puede estar en múltiples niveles que oscilan entre el dirigido o plenamente consciente; y los pensamientos automáticos, no elegidos a voluntad. El nivel más bajo es el sueño. Entre estos extremos, está el antes aludido «piloto automático», el diálogo interior que repite nuestra narración del mundo, preocupaciones involuntarias (como la tristeza) o cuestiones sensoriales (dolor o necesidades fisiológicas). «Una mente divagante es una mente infeliz». Por eso, se aconseja tener nuestra mente lo más consciente posible. Que la mente divague puede dar frutos creativos, pero también debilita la fuerza para estar de forma consciente.

El monólogo interior, con uno mismo, es espontáneo, molesto a veces, con una lógica de realismo mágico, desobediente… pero ejerce un gran poder en nuestras vidas. Hay que tener presente que este diálogo interior refleja lo que hemos visto en el hogar y en el colegio y no es algo estático, sino que hay técnicas para —con voluntad— mejorarlo.

Por ejemplo: intentar no pensar en algo es la mejor forma de pensar sobre ello. Por el contrario, para evitar un pensamiento obsesivo resulta más útil reconocer con humildad nuestra incapacidad de eliminarlo y aceptar ese pensamiento o, incluso, dedicarle tiempo en exclusiva. Por otra parte, un pensamiento repetitivo puede tender a modificar la realidad y a construir recuerdos falsos.

Lo que nosotros nos decimos «se traduce en la química del cuerpo». Cuando nuestro monólogo es de ánimo a nosotros mismos, se consiguen mejores resultados que cuando adopta un tono pesimista y duro. Otra técnica es darnos sugerencias como si fuésemos otra persona, porque aconsejar a otro siempre es más fácil.

Cuando cometemos un error debemos reflexionar para mejorar y corregir nuestros actos, pero no ayuda abusar de una «autocrítica dañina», excesivamente dura y que podría generar trastornos, tales como por ejemplo: valorar como erróneas conductas que no lo han sido, exceso de culpabilidad, tendencia a la inseguridad e inhibir la conducta (censura). Por el contrario, se puede cultivar la compasión, lo cual mejora la empatía y evita conflictos. Las personas que no son amables consigo mismas sospechan de la amabilidad de los demás; y los ven como amenazas.

Ante la realidad de cambiar nuestra mirada, nuestras palabras y nuestras sensaciones, Nazareth Castellanos nos alienta: «Qué coraje hay que llevar dentro para dejar de ser quien se fue. Todos deberíamos experimentar ese renacer en el que comenzamos a caminar con amor en la mirada; un amor y un cuidado dirigidos hacia dentro». Se puede haber tenido un pasado duro, doloroso o turbio; pero lo que cuenta es el futuro y saber que «no hay mayor aliado que la intención».

Concluyendo

Todos tenemos la capacidad de transformarnos, de moldear y de adaptar nuestro cerebro. Santiago Ramón y Cajal decía: «Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo en vez de aprovecharlo». Muchos inician su transformación en profundidad cuando sufren un episodio dramático o cuando ven cerca el final de su vida. Pero es mejor hacerlo en el día a día, tanto ante buenos como ante malos momentos. Al permitir —con conciencia— que existan los malos pensamientos es más fácil que se disuelvan: «respirando la emoción», explica Castellanos.

La autora nos recuerda la importancia también de cuidar el cuerpo: dieta, ejercicio, respiración… Al igual que es bueno hacer ejercicio físico, también lo es el ejercicio mental. Y curiosamente, la práctica del yoga une ambos aspectos.

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🌳 ¿Por qué NO reducir los atascos ni la contaminación en las ciudades?
🌳 Jane Jacobs: la inspiración de las ciudades vivas.
🌳 Libro «Viaje al centro de la mente» de D.J. Siegel (resumen): cómo la empatía y conexión con los demás seres influyen en tu salud y felicidad.
🌳Upanishad, Bhagavad Gîtâ, yoga, tantra, meditación, iluminación y mucho más.

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Lee también un resumen de este apasionante libro: Viaje al centro de la mente, de D.J. Siegel.

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Libro El puente donde habitan las mariposas, de Nazareth Castellanos (resumen)

Por: Pepe Galindo

La vida es un viaje en el que siempre hay que atravesar caminos difíciles.

La neurocientífica Nazareth Castellanos nos enseña en este libro (Siruela, 2025) que podemos «encontrar una mejor versión de nosotros mismos» con solo una condición: proponérselo, querer mejorar.

Según ella, más del 90 % de las personas viven sin intención de mejorarse. Eso, unido a que el 70 % de la población ha padecido tormentas potencialmente traumáticas, hace que la probabilidad de ser alguien, o encontrarse con alguien, que sufre o que hiere sea muy alta. Para que quede claro: «Todos vamos a sufrir por hábitos que se podrían haber evitado, si nos lo hubiéramos propuesto. Todos vamos a sufrir por los bandazos que otros podrían haber evitado si se lo hubieran propuesto (…). Reconocer (…) nuestro impacto sobre los demás y el de los demás en nosotros nos invita a seleccionar a quién nos acercamos y de quién nos alejamos».

La doctora Castellanos utiliza el término biosofía para referirse a la sabiduría que se extrae del estudio de la vida o del estudio del organismo. Para ello —y para la necesaria divulgación científica— considera esencial el uso de la filosofía y reclama recuperar la relación entre ciencias y humanidades que, en algún momento, se perdió. Con esa base, el libro pretende traducir en términos biológicos el ensayo Construir Habitar Pensar de Heidegger (1951).

Construir

Cuando se reconstruye una ciudad destruida siempre se pretende conservar lo bueno y conseguir algo mejor. De similar manera, los humanos nos vamos construyendo a nosotros mismos día a día. A veces, construimos muros para defendernos, y otras, puentes para cuidarnos. Podemos cultivar fortalezas, miedos, agresividad… Los momentos duros de la vida suelen ser buenos para madurar. Aunque los podemos utilizar para atrincherarnos en lo conocido, para sentirnos víctimas, también se puede mirar con humildad y honestidad hacia dentro y evaluar si hay algo que cambiar.

Lee también un resumen de este apasionante libro: Viaje al centro de la mente, de D.J. Siegel.
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Ante una ciudad —o persona— destruida, podemos evaluar cómo se ha llegado a esa situación siendo conscientes de la influencia del contexto y de los ancestros. Si encuentras hábitos o creencias que te causan dolor, será más sensato destruirlas que reconstruirlas. Se trata de madurar y moldear nuestra vida. La autora lo resume en una frase: «Somos lo que hacemos con nosotros».

Se sabe que el cerebro es un órgano que se ha adaptado a las condiciones actuales (luz, gravedad terrestre, etc.) y que, además, se adapta ante cambios en esas u otras condiciones. La salud psicológica está influenciada por multitud de aspectos, como la presencia o no de zonas verdes en nuestro lugar de residencia. Un simple paseo entre árboles aporta múltiples beneficios mentales, lo que permite a Castellanos concluir que podemos construir nuestra salud y que «tenemos a la naturaleza como aliada».

Aunque estamos ligados a nuestro ADN (genética), nuestro estilo de vida y el entorno pueden activar o desactivar ciertos genes (es lo que se conoce como epigenética). Más aún, recientes estudios apuntan a que las condiciones de vida, igual que un hecho traumático o un cuidado amoroso de los padres, no solo influyen en la persona afectada, sino también en su descendencia.

Una de las propiedades intrínsecas del cerebro es que se trata de un «sistema que ha evolucionado para cambiar». No es algo estático. Es un órgano que evoluciona. Si a una persona le tapas los ojos durante unos pocos días, el cerebro experimenta cambios en las áreas visuales, fortaleciendo funciones para compensar esa pérdida. La llamada aMCC (siglas en inglés de la corteza cingulada media anterior) es una región cerebral que evalúa el esfuerzo necesario para conseguir ciertas metas (controla la fuerza de voluntad). «Prácticas como la meditación, el ejercicio físico, alimentar la curiosidad intelectual o las técnicas de respiración ayudan a reforzar esta estructura cerebral». «La acción de la aMCC es muy evidente cuando realizamos un esfuerzo cuyos beneficios se observan a corto plazo. El problema reside en aquellas empresas cuyos frutos maduran a medio o largo plazo».

Estudios recientes señalan que los humanos tendemos a subestimar el esfuerzo de las tareas y cuánto más lejana esté la meta, mayor es el error cometido. El cerebro aprende cuántos beneficios obtiene por cada acción en comparación a lo esperado. Para ello, mide el placer, la dopamina. Si algo es placentero, apostamos por reiterarlo; y si en algo no vemos resultados, lo evitamos. De ahí que, las acciones con beneficios a largo plazo (como estudiar una carrera) sean rechazadas por muchas personas. Conociendo esto, lo inteligente es plantearnos «metas a corto plazo y expectativas realistas». En vez de pensar en acabar un grado universitario, es mejor centrarse en aprender una lección concreta de una asignatura. Controlar el pensamiento, nos facilita alcanzar metas a corto y largo plazo. Además, se ha descubierto algo magnífico: «la tenacidad engendra más tenacidad».

Habitar

Las personas suelen mostrarse reticentes a efectuar una introspección, el acto de observarnos a nosotros mismos para mejorar. A veces, hay mucho dolor que se prefiere ocultar y se usan excusas, se culpa a otros o nos mantenemos ocupados (hiperactividad). Todo para evitar sentarnos en silencio y con calma ante nosotros mismos. «Nuestras partes oscuras tienen mucho que contarnos».

La introspección requiere tranquilidad y reflexión. Además, «la calma mental es la antesala indispensable de una buena acción». Practicando la calma (con técnicas de respiración, por ejemplo) se propicia la aparición en el cerebro de ondas alpha (lentas), las cuales ayudan a tomar buenas decisiones y contrarrestan la tendencia a la divagación mental. El obstáculo más grande es, por curioso que parezca, nuestra propia indiferencia.

Cuando el cerebro está en modo consciente, concentrado en una tarea, consume más energía que cuando está en el llamado «modo por defecto cerebral». Este último sirve para cosas como la consolidación de la memoria o la regulación emocional. Existe también un modo híbrido: «somos capaces de realizar una tarea de forma automática, sin ser conscientes de ella». «Mantenernos en piloto automático nos ahorra mucha energía, pero el precio es alto. Cuanto más tiempo transitemos en ese estado, mayor será la sensación de insatisfacción vital».

Castellanos nos dice que su área preferida del cerebro es la corteza cingulada anterior (ACC), porque se asocia al bienestar y la calma y, además, se puede activar de una forma extraordinariamente simple: observar nuestra respiración. Es ahí donde esta científica sitúa la paz y el recogimiento adecuados para lo que entiende por «habitar».

«Dedicamos pocos esfuerzos a estar bien, porque nuestra visión sanitaria sigue apoyándose más en un enfoque curativo que preventivo», lamenta la doctora Castellanos mientras nos alerta de la influencia de la alimentación y del vivir con prisas.

Los problemas mentales son frecuentes, se hable o no de ellos y se traten o no de forma directa. Y atención: afectan a todos los rangos de edades. Para ello, sugiere mejorar la educación con el objetivo de enseñar a cuidar de nuestra mente y de estudiarnos a nosotros mismos. Ahorraríamos mucho en sufrimiento y en dinero.

Esta neurocientífica afirma que «la falta de calma o nerviosismo conlleva confusión». Y lo explica así (resumidamente): en una situación difícil, el cerebro libera glucocorticoides (familia de hormonas a la que pertenece el famoso cortisol) que preparan nuestro cuerpo para la lucha, y da igual que las batallas sean sin violencia física. El cortisol aumenta el azúcar en sangre y con ello el ímpetu físico, lo cual es positivo en caso de lucha. En cambio, el cortisol tiene multitud de efectos secundarios negativos, tales como actuar como un inmunosupresor (atenúa el sistema inmune), ralentizar la digestión o reducir la capacidad de memoria, la de aprendizaje y la coordinación entre neuronas. Entre otras consecuencias, también está la de potenciar recuerdos negativos. Todo ello, junto, conlleva una percepción sesgada de la situación, que no solo impide encontrar soluciones reales, sino que, encima, favorecen el combate. Conclusión: en situaciones de estrés, ansiedad, miedo, ira, etc., la percepción es errónea y las decisiones difícilmente serán las mejores. En estos estados se produce una respiración acelerada (hiperventilación) que reduce el nivel de dióxido de carbono en sangre, lo cual baja la producción de vitamina D, cuyo impacto en la salud mental está bien documentado. Las personas con peores índices de bienestar, muestran una mayor duración de la apnea (fase entre la exhalación y la siguiente inhalación).

Esta respuesta del cerebro es automática, pero no inevitable. Se puede detener de forma voluntaria. Se sabe que una respiración rítmica tranquiliza al cerebro. En cambio, una respiración irregular genera estrés. Escuchar a nuestro cuerpo, es otra recomendación del libro.

En la salud cerebral también influye la salud de la microbiota intestinal (bacterias, virus, hongos…) y, en esto, un ingrediente clave es lo que comemos.

Un ejercicio simple que propone es permanecer sentados, en cualquier lugar y postura, siempre que se mantenga la espalda recta y, entonces, concentrarse en la respiración sin alterarla. En menos de media hora se consigue un crecimiento de las conexiones neuronales, aumenta el bienestar y se alejan los problemas mentales. «La actividad del cerebro es mayor cuando la mirada se dirige hacia dentro que cuando observamos lo ajeno». La respiración es un lugar seguro que siempre tenemos con nosotros, y que nos protege de una vida estresante. Practicar este ejercicio de forma regular ayuda a responder mejor ante situaciones indeseadas.

Ponernos como espectadores de nosotros mismos, abandonar nuestro teatro, resulta de gran ayuda. Al hacerlo, notaremos que el cerebro se va involuntariamente a otras tareas. Estos despistes hay que tratarlos como algo natural. Al detectarlos, simplemente, hay que felicitarse por haber tomado conciencia de la distracción, y volver a la respiración.

Otras investigaciones han revelado que respirar lento no solo nos lleva a la calma, sino que reduce los dolores. Se pueden contar los segundos al inspirar y espirar en el doble de tiempo. Poco a poco, podemos aumentar esos segundos conforme mejoremos nuestra práctica. La ciencia está demostrando los enormes beneficios de la meditación que proponen las filosofías y religiones orientales (budismo, hinduismo…). Aquí te dejamos un ejemplo de meditación por los bosques.

Pensar

Diversos estudios han concluido que «no nos gusta estar a solas con nuestra propia mente». Es decir, preferimos hacer cualquier cosa antes que simplemente pensar. Y esto es así en todas las edades, niveles educativos o ingresos económicos. Controlar la mente es algo incómodo. Y ahora, las redes sociales dan entretenimiento a raudales, excusas para no pensar, pero, entre los adolescentes hay una fuerte correlación entre usar redes sociales y padecer ansiedad. Más aún, el estrés que transmiten los medios se contagia a nuestro comportamiento, que será más alocado y menos reflexivo, incluso aunque culpemos a otras causas.

Leer noticias negativas aumenta la producción de cortisol y esto dificulta un buen comportamiento. Por otra parte, las mujeres parecen ser más sensibles a este impacto. Para contrarrestar el efecto tóxico de las noticias negativas, en Blogsostenible ponemos mucho empeño en recopilar y divulgar buenas noticias ecoanimalistas. Te recomendamos que las leas y las disfrutes.

Con respecto al pensamiento, nos indica que puede estar en múltiples niveles que oscilan entre el dirigido o plenamente consciente; y los pensamientos automáticos, no elegidos a voluntad. El nivel más bajo es el sueño. Entre estos extremos, está el antes aludido «piloto automático», el diálogo interior que repite nuestra narración del mundo, preocupaciones involuntarias (como la tristeza) o cuestiones sensoriales (dolor o necesidades fisiológicas). «Una mente divagante es una mente infeliz». Por eso, se aconseja tener nuestra mente lo más consciente posible. Que la mente divague puede dar frutos creativos, pero también debilita la fuerza para estar de forma consciente.

El monólogo interior, con uno mismo, es espontáneo, molesto a veces, con una lógica de realismo mágico, desobediente… pero ejerce un gran poder en nuestras vidas. Hay que tener presente que este diálogo interior refleja lo que hemos visto en el hogar y en el colegio y no es algo estático, sino que hay técnicas para —con voluntad— mejorarlo.

Por ejemplo: intentar no pensar en algo es la mejor forma de pensar sobre ello. Por el contrario, para evitar un pensamiento obsesivo resulta más útil reconocer con humildad nuestra incapacidad de eliminarlo y aceptar ese pensamiento o, incluso, dedicarle tiempo en exclusiva. Por otra parte, un pensamiento repetitivo puede tender a modificar la realidad y a construir recuerdos falsos.

Lo que nosotros nos decimos «se traduce en la química del cuerpo». Cuando nuestro monólogo es de ánimo a nosotros mismos, se consiguen mejores resultados que cuando adopta un tono pesimista y duro. Otra técnica es darnos sugerencias como si fuésemos otra persona, porque aconsejar a otro siempre es más fácil.

Cuando cometemos un error debemos reflexionar para mejorar y corregir nuestros actos, pero no ayuda abusar de una «autocrítica dañina», excesivamente dura y que podría generar trastornos, tales como por ejemplo: valorar como erróneas conductas que no lo han sido, exceso de culpabilidad, tendencia a la inseguridad e inhibir la conducta (censura). Por el contrario, se puede cultivar la compasión, lo cual mejora la empatía y evita conflictos. Las personas que no son amables consigo mismas sospechan de la amabilidad de los demás; y los ven como amenazas.

Ante la realidad de cambiar nuestra mirada, nuestras palabras y nuestras sensaciones, Nazareth Castellanos nos alienta: «Qué coraje hay que llevar dentro para dejar de ser quien se fue. Todos deberíamos experimentar ese renacer en el que comenzamos a caminar con amor en la mirada; un amor y un cuidado dirigidos hacia dentro». Se puede haber tenido un pasado duro, doloroso o turbio; pero lo que cuenta es el futuro y saber que «no hay mayor aliado que la intención».

Concluyendo

Todos tenemos la capacidad de transformarnos, de moldear y de adaptar nuestro cerebro. Santiago Ramón y Cajal decía: «Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo en vez de aprovecharlo». Muchos inician su transformación en profundidad cuando sufren un episodio dramático o cuando ven cerca el final de su vida. Pero es mejor hacerlo en el día a día, tanto ante buenos como ante malos momentos. Al permitir —con conciencia— que existan los malos pensamientos es más fácil que se disuelvan: «respirando la emoción», explica Castellanos.

La autora nos recuerda la importancia también de cuidar el cuerpo: dieta, ejercicio, respiración… Al igual que es bueno hacer ejercicio físico, también lo es el ejercicio mental. Y curiosamente, la práctica del yoga une ambos aspectos.

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🌳 Libro «Viaje al centro de la mente» de D.J. Siegel (resumen): cómo la empatía y conexión con los demás seres influyen en tu salud y felicidad.
🌳Upanishad, Bhagavad Gîtâ, yoga, tantra, meditación, iluminación y mucho más.

✇Conciertos en Albacete

Concierto de Claramente en Albacete

Por: Discos Ruidosos

 

Claramente

Viernes 7 de noviembre, 18:00 h

le première

Entradas: 8€ 

 

 

Claramente tocará en Albacete.

La artista indie albaceteña ha comenzado su primera gira, presentando su próximo álbum "Mensajes Sin Enviar", algunos de sus temas anteriores, y covers sorpresa.


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Meditar, una de las cosas más sostenibles. Meditación por los bosques del planeta

Por: Pepe Galindo

Meditar bajo los árbolesUna de las cosas más respetuosas con la naturaleza es no hacer nada, a ser posible, ni siquiera pensar. Solo observarse a uno mismo es un ejercicio sano y sostenible. Se puede llamar meditar.

Si vas por la vida corriendo, frena. Si nunca te detienes, detente ahora. Si crees que tú no dañas a la naturaleza, escucha tu mente. Si crees que estás despierto, cierra los ojos un momento.

El escritor Yuval N. Harari descubrió la meditación por casualidad y, tras muchos intentos fracasados, quedó fascinado. En uno de sus libros explica que la meditación no tiene que asociarse a ninguna religión y que, en definitiva, la meditación es cualquier método de observación directa de nuestra propia mente. Es muy útil porque el origen del sufrimiento está en la propia mente. Cuando deseamos que ocurra algo y no ocurre, generamos sufrimiento. Es una reacción de la mente. Es la mente la que provoca el sufrimiento. “Aprender esto es el primer paso para dejar de generar más sufrimiento”. Los humanos somos máquinas de generar sufrimiento, empezando por nosotros mismos, y parar esto es más fácil de lo que pueda parecer.

El místico indio Deepak Chopra dejó escrito: “Actualmente, la felicidad de las personas depende de que otro sea infeliz (por pobreza, explotación, guerra, crimen y división de clases), o bien de que cerremos los ojos ante la fragilidad de la felicidad actual frente a un cambio en el futuro”. Y daba una salida: “Una antigua manera de ser feliz ha llevado al mundo al borde del abismo; una nueva manera de ser feliz puede salvarlo (…). La contribución más importante que puedo hacer para la sanación de nuestro planeta es ser feliz. Al propagar esa felicidad allá donde vaya, suscito una respuesta sanadora. Es fundamental comprender que nada de esto exige hacer algo especial (…). Mientras más intensa sea tu felicidad, mayor será su efecto sanador” (cfr. La receta de la felicidad).

Decía Pablo d’Ors en su Biografía del silencio, que vivimos muy dispersos y que la meditación nos ayuda a recuperar la niñez perdida. Los niños saben vivir el presente, especialmente cuando juegan. Para este sacerdote, uno de los efectos de la meditación es que “no quieres hacer daño a nada ni a nadie porque te das cuenta de que en primera instancia te dañarías a ti mismo”. Meditando aprendemos a ser más indiferentes a nuestros apegos y a nuestras aversiones, eso que nos agrada o nos desagrada. Conseguiremos aceptar mejor la realidad y dejar de manipular lo externo para intentar acomodarlo a nuestros gustos e intereses. Para él, meditar no es dejar la mente sin pensamientos, sino contemplarlos y ver cómo vienen y van mientras tú eres otra cosa. Otras frases sobre la meditación de este último libro son:

  • “Casi todos los frutos de la meditación se perciben fuera de la meditación”. Esos frutos son, por ejemplo, una mayor aceptación de la vida tal cual es, más serenidad y benevolencia, más felicidad, más madurez, “capacidad de asumir las propias responsabilidades”… y también “un superior aprecio a los animales y a la naturaleza”.
  • Cuanto menos somos, más queremos tener. La meditación enseña, en cambio, que cuando no se tiene nada, se dan más oportunidades al ser. Es en la nada donde el ser brilla en todo su esplendor. Por eso, conviene dejar de una vez por todas de desear cosas y de acumularlas; conviene comenzar a abrir los regalos que la vida nos hace para, acto seguido, simplemente disfrutarlos. La meditación apacigua la máquina del deseo y estimula a gozar de lo que se tiene”.
  • “Todo lo que haces a los demás seres y a la naturaleza te lo haces a ti”.
  • “El mejor modo de ayudar a los demás es siendo uno mismo”.
  • “Gracias a la meditación se aprende a no querer ir a ningún lugar distinto a aquel en que se está (…) [y] la verdadera dicha es algo muy simple. (…) No hay que inventar nada, sino recibir lo que la vida ha inventado para nosotros; y luego, eso sí, dárselo a otros. Los grandes maestros son, y no hay aquí excepciones, grandes receptores”.
  • “Más de un ochenta por ciento de nuestra actividad mental —y es probable que me haya quedado corto en esta proporción— es totalmente irrelevante y prescindible, más aún, contraproducente”.

¡Qué razón tiene al decir que el principal de los ídolos del ser humano es el bienestar! Nos obsesionamos por vivir bien, por nuestra comodidad, por huir del sufrimiento… y nos perdemos vivir. “La tristeza y la desgracia están ahí para nuestro crecimiento”, para aprender a no resistirnos a la realidad y ser, así, felices con las cosas como son.

En definitiva, hay muchos motivos para meditar, pero lo mejor es no esperar nada, y dejarse sorprender por el silencio. Si esperas algo concreto, seguramente quedarás defraudado.

Para terminar, recomendamos el libro El puente donde habitan las mariposas en el que Nazareth Castellanos nos empuja a buscar nuestra mejor versión; y también proponemos esta extraña meditación por los bosques. Es extraña porque no se debe meditar “por” nada, ni “para” nada, pero aún así, la transformación sucede:

♥ Nota: Lee otras citas de los grandes personajes aludidos en este artículo (y de otros).

♥ Transcripción de la meditación por los bosques:

Siéntate o túmbate relajadamente… Adopta una postura cómoda, con la espalda recta. Cierra tus ojos suavemente. Visualiza cómo tu cuerpo se relaja empezando por los dedos de los pies… La relajación va subiendo por los tobillos, espinillas, rodillas, muslos, caderas, abdomen, tórax, brazos, manos, cuello, mandíbula inferior… hasta la cabeza completa.

Ahora vamos a iniciar un camino transformador… Imagina que estás en un bosque. Hay una brisa apacible… vas caminando por un sendero y los árboles te transmiten su fuerza, su energía, su paz, su calma… Aumenta ahora tu capacidad de observación. Fija tu atención en un árbol concreto. Examínalo en detalle: su tronco, sus raíces que asoman parcialmente entre la tierra, sus ramas, sus hojas… tal vez sus flores o frutos… ¿No notas algo extraño? Sí, estas sintiendo también su tristeza… y te preguntas por qué.

Te acercas y sientes que está llorando… son lágrimas de resina. No es solo una herida física… es pena por todo lo que sufren los árboles y los bosques.

El lugar sigue siendo tranquilo… Con plena paz, decides contactar con un árbol majestuoso para que te cuente el motivo de su tristeza. Lo miras y sientes una especial conexión con él. No necesitas abrazarlo, pues solo estar junto a él te transmite su calma, pero también su tristeza. Y tú le preguntas… ¿por qué lloras?

Y él contesta muy tranquila y pausadamente:

—Lloro por todo lo que sufren mis hermanos los bosques y mis hermanos los animales. Por todo el mundo el ser humano está arrasando los bosques, talándolos o quemándolos, para hacer campos de cultivo, carreteras, edificios… El ser humano no necesita plantar tanto. Casi toda esa comida la usa para alimentar ganado que, como esclavos, viven encerrados hasta que engordan lo suficiente para morir. También se pierden bosques porque los humanos comen muchos productos procesados con aceite de palma. Se eliminan bosques para plantar palmeras, y desaparece así el hogar de animales tan escasos como el orangután. No es solo eso —sigue diciendo el árbol—, en las ciudades también se maltratan a los árboles: algunos se talan sin pensar en todo lo que aportan a la ciudad, otros se podan en exceso sin pensar en el daño que se le hace al árbol. Las ciudades serían más acogedoras con muchos árboles. Se respiraría mejor, habría menos ruido, más salud…

Un silencio largo suspende la explicación…

El árbol te mira y siente también tu tristeza, pero también intuye que quieres saber más, por lo que continúa hablando:

—Se pierden bosques también para plantar eucaliptos, un cultivo para la industria papelera. En los cultivos se pierde biodiversidad, se pierden muchas especies… Personas que vienen a disfrutar de los bosques, dejan su basura, sus latas, sus plásticos… contaminando así el suelo, los ríos y los mares. También contaminan los cazadores con sus balas y su ruido. Matar a un animal salvaje no es respetar la vida. Es un atentado contra la Naturaleza, salvo que no tengas otra cosa que comer. Los animales no son trofeos para adornar o para presumir. Amigo… también se pierden bosques extrayendo del subsuelo materiales que los humanos quieren: oro, petróleo, minerales…

Te sientes en comunión con ese árbol, y con todo el bosque… Y todo el bosque siente tu compromiso para ayudarles:

  • Decides no comprar más carne, porque ahora sientes el impacto directo en los bosques del mundo.
  • Decides comprar menos cosas, porque para fabricar casi todo se emplea petróleo y minerales. Evitaremos también las cosas con plástico de usar y tirar.
  • Decides no cazar y no comer nada que provenga de la caza.
  • Decides no comprar alimentos con aceite de palma o sus derivados.
  • Decides gastar menos productos de papel, incluyendo cosas como papel higiénico.
  • Decides defender los árboles en las ciudades y pedir que se planten más.
  • Decides entender que casi todo lo que hacemos influye en los bosques y en los árboles, cercanos o lejanos.

El bosque ha entendido tu compromiso y deja de llorar… Empieza a sonreír. Lo sientes y tú también dibujas una suave sonrisa mientras te despides.

Abre los ojos lentamente, cuando te parezca bien… Siente en tu corazón una transformación especial que no tienes que explicar ni definir. Algo ha cambiado. Tú has cambiado y te sientes bien con el cambio. Te sientes más fuerte, con más energía y con más motivación para llevar una vida feliz y respetuosa con los bosques y con los animales.

♣ Más sobre bosques y árboles:

  1. Bosques, siempre sorprendentes.
  2. Libro Los árboles te enseñarán a ver el bosque, de Joaquín Araújo (resumen).
  3. Costa Rica, un ejemplo a seguir: renovables, bosques, autobuses eléctricos…
  4. ¿Sabías que los BOSQUES curan? — 4 reportajes cortos que no puedes perderte.
  5. Giono y los Árboles (inspiradora historia).
  6. Breve guía para plantar árboles.
  7. Los árboles nos miran y no nos entienden.
  8. Podar los árboles acorta su vida.
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