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A Alice Cooper hay que quererlo a muerte

Por: Fran G. Matute

La espontánea conmoción provocada por la muerte de un personaje como Ozzy Osbourne, quien pocos días antes se había despedido a lo grande de los escenarios (junto a los miembros originales de Black Sabbath, su primera y mítica banda), debería llevarnos a reflexionar sobre el poder que aún posee la música popular en el imaginario colectivo, en especial el de un género tan denostado artísticamente como ha sido siempre el heavy metal. Ocurrirá igual (espero) con Alice Cooper (Detroit, 1948), luminaria del shock rock, amén de uno de los músicos más cultos del pop. Porque si Henry Rollins ha pasado a la posteridad por decir que «uno solo puede fiarse de los seis primeros discos de Black Sabbath», yo mismo sería capaz de afirmar que «uno solo puede fiarse de los cinco primeros discos de Alice Cooper producidos por Bob Ezrin».

Matícese en cualquier caso que hablamos aquí no del solista sino de la banda Alice Cooper, esta es, la formada por el propio Cooper, Glen Buxton, Michael Bruce, Dennis Dunaway y Neal Smith, aquella que operó entre 1969 y 1975, una formación que ahora ha vuelto (oh, sorpresa) con el soberbio The Revenge of Alice Cooper (publicado por el sello EarMusic). Del conjunto destacan un buen puñado de composiciones, todas originales, entre ellas «Black Mama» (con la colaboración estelar de Robby Krieger, el mítico guitarrista de The Doors), «Up All Night», «Blood on the Sun» (épica pieza de seis minutos con tintes grunge), «Crap that Gets in the Way of Your Dreams» (fantástico título, ¿verdad?), «What Happened to You» (con cameo guitarrístico inédito de Glen Buxton, fallecido en 1997) o «See You on the Other Side», y ojo a la reedición que se marcan del «I Ain’t Done Wrong» de los Yardbirds, en claro homenaje a Jeff Beck, a quien Cooper siempre ha considerado el mejor guitarrista de todos los tiempos.

Alice Cooper: queriéndolo a muerte
© EarMusic

La grabación conserva así la furia y el tono de los espectaculares discos clásicos de la formación, con sus guitarras limpias y contundentes, sus melodías oscuras pero pegadizas, todo compactado gracias a una producción enérgica en la que la voz de Alice Cooper sobresale increíblemente fresca, retrotrayéndonos al esplendor de una época en la que el grupo facturaba simple y llanamente el mejor rock and roll del mundo. Quede claro ya que esta «venganza» seguramente no guste a los metaleros. Atrás quedaron las serpientes y los maquillajes, las guillotinas y los sombreros de copa. Ningún pollo ha sido sacrificado durante las sesiones de grabación. Pero a Alice Cooper hay que quererlo a muerte (Love it to death!) haga lo que haga. Incluso si viene envuelto en una portada tan horrible.

Este artículo sobre Alice Cooper se publicó originalmente en El Periscopio, el suplemento cultural de La Marea. Puedes descargar gratuitamente la revista aquí o suscribirte para seguir apoyando el periodismo independiente.

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