La ONG noruega Iran Human Rights reporta un nuevo número de muertos en la represión que está llevando a cabo el régimen iraní contra las protestas populares que recorren el país: al menos son 648 los manifestantes asesinados por las fuerzas del orden. Pero la organización avisa de que la cifra real podría ser exponencialmente mayor. La agencia Reuters, que ha podido contactar con un funcionario iraní, eleva esa cifra a 2.000 personas, miembros de seguridad del Estado incluidos. El apagón de Internet impuesto por el gobierno está dificultando la verificación de esa cifra.
Países de todo el mundo han reaccionado condenando la brutalidad ejercida por las autoridades iraníes. Entre los más vehementes están los europeos. De hecho, la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, está impulsando nuevas sanciones contra el régimen teocrático, a imagen y semejanza de lo aplicado contra Rusia tras la invasión de Ucrania (una iniciativa que contrasta con la ausencia de medidas reales contra Israel por el genocidio en Gaza). En este sentido, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que aplicará un arancel del 25% a los países que comercien con Irán.
Entre las voces más contundentes contra la violencia ejercida contra los y las manifestantes está la del canciller alemán, Friedrich Merz, quien ha vaticinado que el poder de los ayatolás llegará a su fin en los próximos «días o semanas». Ante la avalancha de críticas, el Gobierno de Irán ha llamado a consultas a los embajadores de Francia, Alemania, Italia y el Reino Unido para quejarse formalmente por su apoyo a los manifestantes y para convencerles del carácter violento de las protestas.
En clave interior, el gobierno de Irán también ha organizado manifestaciones de apoyo al régimen y algunas de ellas han registrado una asistencia masiva. Además, la televisión iraní informa de la detención de «grupos terroristas» vinculados a Israel que entraron por la frontera este del país. Los supuestos terroristas cargaban armas y material explosivo estadounidense y estarían planeando atentados y sabotajes.
La retórica del gobierno iraní contra sus enemigos ha subido de decibelios en las últimas horas. «¡Venid a arder en el fuego de los defensores de Irán! Será una lección inolvidable para los crueles dirigentes de Estados Unidos», arengaba el presidente del parlamento, Mohammad Baqer Qalibaf. En la misma línea se expresó el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi en Al Jazeera: «Si Washington quiere probar la opción militar, estamos preparados».
El lenguaje bélico del régimen intenta tapar las razones de fondo por las cuales el pueblo iraní salió a manifestarse hace dos semanas: una inflación del 40%, una devaluación colosal de la moneda local (hasta el 95% desde 2018 respecto al dólar) y la carestía de los productos básicos. Las condiciones de vida de los iraníes se han degradado, además, por una sequía y una crisis energética que están provocando continuos cortes de agua y electricidad.
Las manifestaciones, que comenzaron en el bazar de Teherán, donde muchos comerciantes cerraron sus persianas y se lanzaron a la calle, se extendió por todo el país y son ya las más multitudinarias de la historia reciente. Pero el régimen de los ayatolás tiene experiencia a la hora de manejar este tipo de crisis: lo demostraron en 2009, cuando la gente se manifestó contra la victoria electoral de Mahmud Ahmadineyad, sospechosa de fraude; en 2019, contra la subida del combustible; y en 2022, cuando la joven kurda Mahsa/Zhina Amini murió en dependencias policiales tras ser golpeada por llevar mal puesto el velo.
Estas últimas manifestaciones siguen vivas en el recuerdo de muchas mujeres iraníes; entonces quemaban sus velos en la calle y hoy, ya sin él, se sienten identificadas con una imagen que contiene una gran carga simbólica: la de una mujer encendiendo un cigarrillo con una foto ardiendo del líder supremo, Alí Jamenei.
En esta línea, la pakistaní Malala Yousafzai, premio Nobel de la Paz en 2014 por defender el derecho de las niñas a la educación, ha mostrado su apoyo a las manifestaciones en Irán. «Las protestas en Irán son inseparables de las restricciones impuestas por el Estado desde hace tiempo a la autonomía de niñas y mujeres en todos los aspectos de la vida pública, incluida la educación», ha escrito Yousafzai en su cuenta de X. «Las niñas iraníes, como las niñas de todo el mundo, exigen una vida digna».
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