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Sergio C. Fanjul: “El tiempo, tal como está pensado, no tiene que ver con nuestro cuerpo físico ni con la forma en la que deberíamos vivir”

Por: Carlos Madrid

Nada más terminar la conversación que ha dado cuerpo a este artículo, el periodista Sergio C. Fanjul da las gracias a un servidor por el tiempo invertido. Estas palabras, que en otra entrevista quizá son pura cordialidad, aquí tienen mucho sentido: Fanjul sufre de cronofobia, término que se usa para nombrar el miedo al paso del tiempo y que también ha dado título a su nuevo libro, publicado en la editorial Arpa. 

En este ensayo reflexiona sobre todo lo que implica el tiempo, desde un intento por describirlo hasta su perspectiva más social. De esta manera, muestra la relación problemática que tenemos con él; cómo nos organizamos con respecto al trabajo, los cuidados o el ocio; lo que pensamos del futuro y del pasado; la prisa con la vivimos hoy en día; y un largo etcétera de cuestiones más. Una entrevista que, esperemos, no te haga perder el tiempo.

¿Qué es la cronofobia?

Como su nombre indica, es el miedo al paso del tiempo. Yo empecé a sentirla a los 14 años y desde entonces la arrastro. Ahora que he sacado el libro hay mucha gente que me dice que la comparte también. Y, aunque tenga ese nombre feo y amenazante, creo que es algo connatural al ser humano. De hecho, la mayoría de las filosofías, religiones y espiritualidades se han peleado con este concepto y con qué va a venir después. Algo que sucede porque es una cosa que pasa a través de nosotros, que no sabemos lo que es y que no podemos controlar. 

Estamos rodeados de él, lo manejamos en el día a día. Pero, ¿qué es exactamente? ¿Cómo podemos tener control sobre él? 

Es la gran pregunta filosófica. Ya Agustín de Hipona dejó dicho que notaba el tiempo, sabía lo que era, pero que si le preguntabas sobre él no podía explicarlo. A nosotros nos pasa igual, algo que también nos ocurre con palabras como amor o arte. Con respecto al tiempo, podemos diferenciar varios conceptos: desde eso que nos sirve para ordenar las cosas, para medir duraciones, para concertar citas, está el tiempo objetivo (el del reloj) y el subjetivo (cómo lo percibimos), etc.

Un tiempo que cada vez está más acelerado. ¿Por qué?

Uno de esos tiempos de los que hablaba antes es el que rige el planeta, que se crea a finales del s. XIX con sus usos horarios. Uno que es fundamental que sea igual en todas partes porque es lo que permite que funcionen los medios de comunicación, que lleguen los transportes de mercancías, que haya transacciones financieras, etc. Todo depende de él. El problema es que es un tiempo al que los seres humanos tenemos que adecuarnos, además con la lengua fuera, y que no tiene nada que ver con cómo somos cada uno. 

¿Cómo afecta esto a los cuidados?

El tiempo, tal como está pensado, no tiene que ver con nosotros: ni con nuestro cuerpo físico y ni en la forma en la que deberíamos vivir. Algo que se ve muy bien en la conciliación con la crianza, la pareja, el ocio o el autocuidado. Por ejemplo, yo tengo una niña de cuatro años que exige una temporalidad completamente diferente a la que se propone laboralmente. Los niños necesitan la atención constante de sus padres, algo que el trabajo no permite, por lo que tenemos que externalizar los cuidados. Pero esto ni muchas veces sirve: cuando se habla de conciliar, de lo que se habla es de cómo tener algún sitio donde almacenar a los hijos para trabajar, no en cómo adaptar el trabajo a la crianza.  

«Cuando se habla de conciliar, de lo que se habla es de cómo tener algún sitio donde almacenar a los hijos para trabajar, no en cómo adaptar el trabajo a la crianza».

¿La lucha por el tiempo debería de ser una de las principales luchas políticas?

Totalmente. Desde Sumar han estado muy preocupados con esto y han intentado reducir la jornada laboral. Cuando trabajas ocho horas en una oficina sientes que te están succionando la vida, porque es eso literalmente lo que hacen: el tiempo es la esencia de la existencia. La política tiene que meterse ahí y, aunque no haya salido por culpa de las derechas, tiene que seguir peleándose. Ahora que el término libertad está tan instrumentalizado por la derecha –desde una perspectiva muy malentendida y muy egoísta–, debería empezar a ser enarbolada por la izquierda para defender una idea de la libertad de disponer del propio tiempo. No hay libertad más grande.

Dejando de lado el aspecto laboral, ¿qué necesitamos para ralentizarlo?

Otro factor que ha supuesto una aceleración del tiempo es la tecnología, sobre todo por el teléfono móvil: un aparato que nos está pidiendo atención todo el rato, lo que se traduce en tiempo. Una forma de luchar contra ello es intentar tener un uso razonable de las redes, si es que esto es posible. Ni yo predico con el ejemplo. 

«No hay libertad más grande que disponer del propio tiempo».

Ligado con esto, el otro día leía una entrevista en la que un científico decía que el scroll infinito y la conexión constante hacen que el tiempo pase más rápido no solo porque reclaman nuestra atención, sino porque son un chorro continuo sin momentos que se abran y se cierren. Es decir, no hay hitos que cortan el tiempo ni lo almacenan, como si la vida fuera un churro y no distinguiéramos nada en ella.  Aparte de eso, hay otra forma que han repetido desde diferentes lugares a lo largo de la historia que sirve también para ralentizar el tiempo: el estar presente en el ahora. Cada cosa en su momento y su lugar hace que la experiencia del tiempo sea más lenta y menos agobiante.

¿Cómo se relacionan tiempo y memoria?

El cerebro tiene diferentes formas de entender el tiempo. Hay algunas partes, como la amígdala o el hipotálamo, que se dedican a uno más presente. La memoria, por su parte, es una forma de organizar el tiempo pasado. Nos sirve sobre todo para entenderlo a largo plazo, cuando hablamos de nuestra vida en general. Por eso nos permite recordar cuando íbamos al colegio, cuando éramos pequeños… Ahí radica nuestra identidad. De esta manera, la memoria es lo que somos y a la vez el tiempo pasado: somos lo que hemos sido. Por eso cuando una persona sufre demencia o alzhéimer, pierde su identidad.

Dos conceptos que tienen su vertiente en la nostalgia y, actualmente, en la corriente más reaccionaria.

Hace unos años se empezó a discutir si la nostalgia era revolucionaria o no, si se podía ser nostálgico de un mundo que no respetaba las minorías y, por lo tanto, que era peor. Yo defiendo que hay que diferenciar de qué tipo de nostalgia hablamos, porque quizá se es nostálgico de los movimientos culturales del pasado o de la niñez, cuando la vida, al menos en términos generales, suele ser mejor.

«Quizá se es nostálgico de los movimientos culturales del pasado o de la niñez, cuando la vida, al menos en términos generales, suele ser mejor».

En el libro, además, explico la diferenciación entre dos tipos de nostalgia que hace la pensadora Svetlana Boym. La primera, la restaurativa, es una que quiere volver al mundo anterior y materializarlo, como intenta la extrema derecha. Pero esto no tiene mucho sentido porque no es posible recuperar el pasado en los mismos términos y seguramente se corresponda con uno que no es tan esplendoroso como se piensa. La otra nostalgia es la reflexiva, una más amable que suele estar vinculada al arte: no quiere volver al pasado, sino que se alegra de que haya tenido lugar. Es una alegría por haber vivido y a la vez triste porque ya pasó.

La entrada Sergio C. Fanjul: “El tiempo, tal como está pensado, no tiene que ver con nuestro cuerpo físico ni con la forma en la que deberíamos vivir” se publicó primero en lamarea.com.

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Máquinas y robots nos quitan el empleo pero mejoran nuestra vida

Por: Pepe Galindo

En 1948, Norbert Wiener, considerado padre de la cibernética, advirtió ya el conflicto entre tecnología y empleo, sugiriendo indemnizar a los ciudadanos [14]. Recientemente, Paul Mason decía que en 30 años “entre el 40 y el 50% de los trabajos desaparecerán y serán automatizados, sobre todo en el comercio y en trabajos de oficina” [11]. Otros informes reflejan cifras similares [1, 3, 9]. En todo caso, es obvio que en el mundo actual el trabajo se está automatizando y gran parte del que no se puede automatizar se lleva a países con una regulación laboral o ambiental menos exigente o donde la mano de obra y los impuestos son más baratos.

Las máquinas en general (ordenadores, robots, máquinas industriales o agrícolas…)  aumentan la productividad en todos los sectores, e inevitablemente, se pierden empleos. Si seguimos así, viviremos en una sociedad en la que hay que trabajar poco, pero en la que la miseria y el desempleo socavarán la calidad de vida y la convivencia pacífica. ¿Sabremos adaptarnos para conseguir las ventajas y evitar los inconvenientes de la automatización?

La informática se aplica a todo pero destruye más empleo del que crea

La mecanización agrícola acabó con muchos puestos de trabajo en el campo pero creó muchos otros en las ciudades. Sin embargo, en la actualidad se supone que sólo los robots destruirán 3,5 empleos por cada uno que consigan crear.

En España, por ejemplo, hay algunos datos preocupantes que podrían estar relacionados entre sí: es el país de la OCDE con más desigualdad entre ricos y pobres y, por otro lado, el sector de la banca lleva ocho años echando a 200 empleados a la semana. Obviamente, la banca no es un sector en crisis, por lo que los recortes son principalmente debidos a la automatización: las operaciones se hacen por Internet con coste casi cero para la banca.

Cientos de profesionales ven cada día cómo sus trabajos son realizados por robots o por empresas de Internet con muy pocos ordenadores y empleados. Ejemplos de esto son agencias de viajes, editoriales o el sector del taxi, sustituidos por simples webs o Apps, telefonistas sustituidos por programas para chatear (bots), u obreros industriales reemplazados en todos los sectores, como los robots albañiles (que ponen más del doble de ladrillos por hora que el mejor albañil). También se pierden empleos por la obsolescencia programada y por la bajada de precios, debida en parte también a la automatización (ese es el caso de relojeros, zapateros o reparadores de electrodomésticos).

En la docencia, por ejemplo, si los profesores publican en Internet vídeos de sus clases, los alumnos podrían cursar las asignaturas desde sus casas, repitiendo el vídeo cuantas veces quieran. Así, podrían ir al centro de estudios sólo para clases prácticas (o simplemente para socializar y jugar, en el caso de los más pequeños). Hasta las dudas podrían resolverse por chat o videoconferencia. Además de un simple vídeo pueden usarse otros mecanismos informáticos que captan mejor la atención del alumno (programas con animaciones, documentales, ejercicios o juegos). Por otro lado, esos cambios conllevarían que con menos profesores se podría atender a una mayor cantidad de alumnos.

El avance más descomunal, de hecho, no está en las máquinas (hardware), sino en el software, usando técnicas de “Inteligencia Artificial“: sistemas expertos, reconocimiento facial o de voz, coches autoconducidos… El oxímoron “Inteligencia Artificial” incluye un conjunto de técnicas que imitan el comportamiento humano. No es propiamente inteligencia, pero lo parece y en muchos casos funciona mejor que la inteligencia humana. Ello es debido, entre otros factores, a la gran memoria y velocidad de cálculo de los procesadores electrónicos y también a una objetividad de la que a veces los humanos carecen. Incluso, hay técnicas en las que el objetivo no es decirle a la máquina lo que tiene que hacer, sino dejar que lo descubra y que aprenda por sí misma (machine learning). Aunque hay mucho por hacer, los avances en esta materia son espectaculares (toma de decisiones en medicina o en economía, comprensión de textos… y muchas más).

Opciones para evitar lo peor

Cambios como los anteriores pueden no percibirse como algo brusco. Sin embargo, esos cambios llevan a Mason a afirmar que el capitalismo está a punto de desaparecer como lo conocemos, lo cual puede provocar, según él, el caos o, al menos, el fin del trabajo en su forma actual.

Ahora y siempre, para conseguir empleo es importante la formación, pero actualmente no sólo tienen valor los conocimientos, sino que vale mucho más la creatividad, la especialización y la capacidad de aprender nuevas cosas en un mundo tan cambiante (son los llamados «nómadas del conocimiento» o knowmads). Pero aunque consigamos para el futuro una sociedad mejor formada, el problema de la automatización no se resuelve, pues en el futuro harán falta menos personas para trabajar. Si no hacemos nada, la automatización podrá beneficiar a la sociedad, pero aún así, muchos perderán sus empleos, con todo lo que ello implica.

Si estamos de acuerdo en que una sociedad desigual no beneficia a la mayoría y es fuente de injusticias, entonces algo hay que hacer. Autores como Keynes, McAfee o Meyer han hecho propuestas en este sentido:

  1. Fomentar el trabajo a tiempo parcial, para repartir mejor el empleo existente.
  2. Reducir la jornada laboral, por ejemplo, a cuatro días semanales para compensar la reducción en el trabajo disponible [6]. Keynes pronosticó 15 horas semanales para 2030 [1].
  3. Instaurar una Renta Básica Universal [6, 7] (aunque sea muy básica) que complemente los salarios (bajos por trabajar pocas horas o nulos) y controlando que esto no haga descender los salarios [1]. Podría justificarse esta renta en el hecho de que todo ciudadano de un país tiene derecho a poseer los recursos naturales y económicos públicos. Donde se ha probado, se ha demostrado que no desincentiva trabajar. Próximamente se va a probar en Barcelona y otras ciudades europeas [4].
  4. Tratar a ordenadores y robots como empleados de las empresas y que paguen impuestos (o sea, que no sea tan rentable usar máquinas a costa de despedir empleados).
  5. Convertir al Estado en “empleador de última instancia para evitar desempleados de larga duración [12].
  6. Dar valor a tareas ahora no remuneradas, como voluntariado, cuidado de niños o de mayores, etc. Estas actividades podrían pagarse con algún tipo de beneficio.
  7. Evitar la deslocalización y el abuso de las multinacionales de los países ricos exigiéndoles el mismo comportamiento legal y ético en todos los países en los que actúen [8] (respetando las leyes ambientales y de seguridad laboral, como si estuvieran en su propio país).
  8. Evaluar el impacto de cada tecnología, pues es evidente que no vamos a renunciar a todos los avances tecnológicos, pero tampoco debemos asumirlos todos, pues algunos tienen impactos muy considerables.

Conclusiones

Bertrand De Jouvenel dijo [2]: “Todos los planes elaborados en todos los países del mundo tienden a incrementar la demanda de recursos naturales; la gran aspiración común a todos es economizar trabajo, cuando el factor hombre se hace cada vez más abundante, y no se piensa apenas en economizar los recursos naturales, que sin embargo son limitados”. Tal vez, si reducimos el número de horas que un humano puede trabajar, entonces, el trabajo humano tendrá más valor.

Que la tecnología destruye puestos de trabajo, lo recordó hasta el Papa Francisco [5]. Pero nuestra sociedad ensalza el trabajo remunerado tanto como la tecnología, y cuando son, aparentemente opuestos, nos negamos a elegir entre uno u otro. Nadie debería quejarse de que las máquinas trabajen, si lo hacen mejor, más barato, sin cansarse y disponibles a cualquier hora, pero tenemos que establecer mecanismos para que esas ventajas generen beneficios para todos y nos permita una sociedad más equitativa.

Hasta la generación de electricidad con renovables requiere menos puestos de trabajo por cada megavatio [10], lo cual es otra gran ventaja de una sociedad renovada.

La tecnología pone en nuestras manos un gran poder, y ello implica una gran responsabilidad, pero… ¿estamos siendo suficientemente responsables? ¿Somos responsables siquiera en conseguir de forma ética los materiales con los que construimos nuestras máquinas? (pensemos en el coltán, por ejemplo).

Si no hacemos nada, se consumará, como dijo Marta Tafalla [13], nuestro fracaso como ser racional.

Referencias

  1. Lidia Brum, “Robots y Trabajo” (CC.OO. Perspectiva, 2017).
  2. Bertrand De Jouvenel, “La Civilización de la Potencia: De la Economía política a la Ecología política” (1976). Libro resumido aquí.
  3. David Fernández, “La inteligencia artificial obliga a redefinir la economía“: La productividad podría aumentar el 40%, mientras se pierden el 47% de los empleos (El País, 2017).
  4. Sergi Franch, “La Unión Europea elige Barcelona para testar cuatro modelos de Renta Básica con 1.000 vecinos” (Eldiario.es, 2017).
  5. Papa Francisco, encíclica “Laudato Si” (2015). Libro resumido aquí.
  6. José Galindo, “¿Qué Pasaría si en los Países Ricos Trabajáramos Menos? (Hacia una Economía Sostenible)” (Blogsostenible, 2011).
  7. José Galindo, “Dos Erres URGENTES: Renta básica y Reducción de la jornada laboral” (Blogsostenible, 2015).
  8. José Galindo, “Lista de empresas que deben ser multadas y boicoteadas” (Blogsostenible, 2017).
  9. José Galindo, “¿Qué fuente de energía requiere menos empleo? (Empleos por Megavatio)” (Blogsostenible, 2017).
  10. Gary Marcos, “Will a robot take your job?” (The New Yorker, 2012): En 90 años desaparecerán el 70% de los empleos.
  11. Paul Mason, “Postcapitalism: a guide to our future” (Allen Lane, 2015).
  12. Henning Meyer, “No hace falta una renta básica: cinco medidas para afrontar la amenaza del desempleo tecnológico” (Ctxt, 2017).
  13. Marta Tafalla, “Crisis ecológica, conocimiento y finitud: Fracaso del ser humano como ser racional” (Blogsostenible, 2016).
  14. Norbert Wiener, “Cybernetics or Control and Communication in the Animal and the Machine” (The MIT Press, 1948).

NOTA: Este artículo ha sido publicado algo más breve en Crónicas del Intangible, un espacio de divulgación sobre software y ciencias de la computación (blogs de EL PAIS, Junio 2017).

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Club de lectura FEMUBA: “John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía”

Por: Discos Ruidosos

 

“John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía”

Lunes 19 de enero, 19:00 h

Popular Libros

 


Club de lectura FEMUBAJohn Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía.

XI edición del Festival de Música Barroca de Albacete (FEMUBA). Coordinado por: Andrés Alberto Gómez.

Dentro de las actividades organizadas por FEMUBA - XI edición del Festival de Música Barroca de Albacete para conmemorar el 400 aniversario de John Dowland, os invitan a participar en este encuentro literario. Analizarán la obra: John Dowland, la música inglesa en tiempos de melancolía, de Alberto Álvarez Calero publicado por la editorial Fórcola.

 

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Danza: "El triunfo del tiempo y del desengaño"

Por: Discos Ruidosos

 

El triunfo del tiempo y del desengaño – FEMUBA 2026

Domingo 18 de enero, 12:30 h – 13:30 h

Plaza de la Constitución, Albacete

 


La coreógrafa y directora albaceteña Cecilia Jiménez, junto a su compañía local el Taller Coreográfico, pone en escena mediante el lenguaje de la danza barroca y contemporánea, pasajes de la obra “El triunfo del tiempo y del desengaño”, del compositor Georg Friedrich Händel. Una pieza con gran dinamismo visual y concebida como espectáculo de calle, ofreciendo un punto de vista actualizado sobre las modificaciones que ejerce el tiempo en los elementos. Una pugna entre diversos personajes alegóricos: la Belleza, el Placer, el Desengaño, el Tiempo y la Verdad.

 

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A Contratiempo y el espectáculo "Suenan las zambombas, suenan los panderos"

Por: Discos Ruidosos

 

A Contratiempo  

"Suenan las zambombas, suenan los panderos"

Martes 23 de diciembre, 19:15 h

Plaza del Altozano

 


 

En la Plaza del Altozano, el grupo de baile A Contratiempo ofrecerá el espectáculo "Suenan las zambombas, suenan los panderos".

 

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Libro “Los árboles te enseñarán a ver el bosque” de Joaquín Araújo (resumen)

Por: Pepe Galindo

Posiblemente estamos ante el libro con la portada más bella o, al menos, la más original para los amantes de los árboles (Ed. Crítica, 2020). Es una portada desplegable con dibujos de Xavier Macpherson.

Se pueden decir muchas cosas del autor, Joaquín Araújo: naturalista, escritor de numerosos libros, columnista, realizador, guionista y presentador de series y documentales de televisión, presidente en España de Proyecto Gran Simio, colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente…, pero creemos que lo que más le gusta es sentirse campesino, poeta y plantador de bosques. Ha plantado tantos árboles como días ha vivido y en la dedicatoria a su nieto Adrián expresa su deseo de que pueda pasear por el bosque “que puso a crecer su abuelo”.

Joaquín Araújo es también un inspirador de retos ambientales. ¿Cuánta gente se ha pasado al lado verde de la vida por su culpa? De hecho, sin saberlo él es uno de los que animó a la creación de BlogSOStenible (y ya cumplimos más de diez años). La lectura de su libro Ecos… lógicos para entender la ecología nos inspiró al menos dos retos: difundir el libro y plantar árboles. Joaquín Araújo no solo habla de la importancia de los árboles, sino que la transmite como un sentimiento contagioso.

El libro que nos ocupa ahora puede ser aburrido para los que vayan con prisas. Se explica esto con un ejemplo: dedica varias páginas a explicar la caída de una hoja de tilo “paracaidista” en otoño. Se entiende así que el autor haga llamarse contemplador de lo espontáneo. Bajo el evocador título de “Nada levanta tanto como las hojas cayendo” también nos explica cómo los bosques viajan. “Viajan convertidos en el combustible de los nómadas del viento, es decir cualquiera de las aves migratorias que se alimentan de los frutos de las arboledas”.

“Somos como somos porque fuimos bosque”

“Todos los seres vivos son también el lugar donde viven”. Por lo cual, destruir el planeta es destruirnos a nosotros mismos: “La ya muy avanzada demolición de la Biosfera tiene como primer responsable a la ignorancia de lo que la Natura ha hecho y hace por nosotros”. Además, Araújo considera “dramáticamente contradictorio” que los bosques sean atacados “ferozmente por el modelo económico imperante”, porque son precisamente los bosques la mejor medicina para los grandes problemas de la humanidad (crisis ambiental, crisis climática, crisis del coronavirus…).

Para Araújo el primer gran problema del planeta es la crisis climática y el segundo la pérdida de biodiversidad. El bosque es “benefactor universal” y para ambos problemas es “antídoto”, pero avisa de que “el bosque es una medicina enferma. Dañada por todo lo que puede curar (…). Tenemos que curar a nuestro mejor medicamento gastando la menor cantidad posible de energía. Limitando el consumismo de lo superfluo. Caminando y pedaleando. Comiendo menos carne y siempre que sea posible productos de cercanía y temporada” y en definitiva, “con la medicina llamada austeridad“. En la misma línea van también nuestras cinco propuestas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo.

Caminando por el libro, asegura Araújo que “la condición humana se inició en la espesura de las frondas. De las que salimos pero de las que nunca hemos dejado de depender”. De los bosques recibimos “REGALOS” (todo en mayúsculas también en el libro) y aclara que no son “en absoluto servicios o recursos”.

Según el autor, somos como somos porque los humanos procedemos de los bosques. “Casi todas las destrezas físicas y no pocas fisiológicas fueron esculpidas en nuestro organismo por los seis/ocho millones de años en que nos mantuvimos emboscados”. Ejemplo de ello son el sistema auditivo, la comunicación sonora, la capacidad de manipulación, o la visión (con su estereoscopía y con los varios miles de tonalidades que distinguen nuestros ojos, lo cual “no está al alcance de nadie más” y es muy útil para medir el grado de maduración de los frutos).

El Homo sapiens es una especie que está sobre la tierra solo desde hace unos 200.000 años. Los árboles están aquí desde hace unos 400 millones de años. Los ginkos (biloba) aparecieron hace 270 millones de años, son uno de los seres vivos que se mantienen igual desde hace más tiempo, y algunos individuos sobrevivieron a la bomba atómica de Hiroshima. Con razón pide Araújo “el respeto debido a los mayores”, pero más aún “si tenemos en cuenta que están paliando buena parte de los peores efectos de las graves enfermedades ambientales que galopan por todos los paisajes”.

La comodidad mata, la prisa también

«La comodidad es un crimen» escribió René Char. Por su parte Araújo concreta: “La comodidad es un ecocidio”. Ya dijimos nosotros que “la búsqueda automática o instintiva de placer y comodidad genera no pocos daños” (y expusimos como ejemplo el absurdo caso de los sopladores de hojas). Araújo completa lo dicho añadiendo que es una “soberana estupidez” el “considerar molestos a los árboles porque dejan caer sus hojas en el otoño y haya que recogerlas”.

La forma de medir el tiempo de los árboles es distinta a la humana: “No tener que ir a parte alguna elude toda necesidad de hacerlo en menos tiempo. Nata tan ajeno, pues, al árbol que la prisa”. Sin embargo, su tiempo es creador: “El tiempo crea mucho más que destruye porque cuando se convierte en vida construye con lo que destruye. Justo lo contrario que hace esta civilización desertificadora”. Y es una “pavorosa paradoja” que los bosques convertidos en carbón sean utilizados para destruir lo que crearon; y que “la energía acumulada durante millones de años se volatilice en poco más de doscientos años”.

Plantar árboles y andar por los bosques

Presume Joaquín Araújo diciendo: “por donde vivo y miro también puedo prescindir de las dos peores creaciones de mi especie” (se refiere al reloj y al dinero). Luego añade a esa lista la “luz eléctrica”, contando que llevaba más de veinte años viviendo sin ella cuando dio una charla para Red Eléctrica Española que empezó diciendo: “Existe una relación directa entre la felicidad y no tener electricidad. Estar conectado a las redes de la vida y no a las eléctricas”. Suponemos, aunque no lo aclara, que tiene un puñado de paneles solares al menos para cargar el móvil y el ordenador para escribir, como dice, a la luz de las velas.

Se muestra de acuerdo con Christian Bobin cuando dijo: “Me gusta apoyar la mano en el tronco de un árbol, no para asegurarme de su existencia, sino de la mia”. Aconseja a niños y adultos trepar y abrazar a los árboles, seguro que sin abusar pues cuando un árbol es famoso puede morir de éxito (ya se han dado demasiados casos). A veces, ocurre lo contrario: el movimiento Chipko (abrazar) de la India ha salvado muchos árboles gracias a la multitud que se abrazó y encadenó a ellos. También cita el caso de Julia Butterfly Hill que pasó 738 días viviendo en una secuoya consiguiendo así salvar a muchas de ellas. Y sentencia: “Pocos inventos han sido más nefastos para la Natura en general que las motosierras”.

Lee aquí más citas de AraújoBrasil lidera la “macabra estadística” de personas asesinadas por defender la naturaleza. Honduras también está cerca (al menos 120 asesinatos en 15 años), como Colombia, México, Filipinas o gran parte de África. Joaquín Araújo nos dice que planta árboles para parecerse al otoño, su estación favorita, pero también planta árboles para recordar a personajes importantes para él: sus padres, su sobrina, su cuñado, y también famosos como Miguel Delibes, José Saramago, Labordeta, José Luis Sampedro, Forges, Chico Mendes, Berta Cáceres… Afirma: “que en colegios, insititutos y universidades se planten árboles me parece tan crucial como el que tengan bibliotecas”. Véase nuestra lista de ideas fáciles y baratas para centros educativos.

Poco, o nada, entristece tanto a Joaquín Araújo como que se quemen los bosques. El colmo es culpar a la “mal llamada suciedad” (hojarasca, matorrales, ramas caídas…) porque “un bosque, si queremos que lo sea, tiene que tener muchos acompañantes vivos y muertos”. Coincidimos también con él cuando expresa la importancia de acercarse al bosque andando en silencio y soledad, para dejarse inundar por las sensaciones de la naturaleza. Precisamente de ahí surge la propuesta de las estrellas verdes, la cual da un paso más: dormir en brazos de la naturaleza.

Perdemos unos 30 millones de árboles cada día

Se sospecha que solo conocemos el 20% de las especies vivas en la Tierra. Conocemos más de 60.000 especies de árboles y aún nos deben faltar algunas tropicales. Pero se está perdiendo territorio forestal y especies arbóreas: en dos siglos hemos perdido un tercio de los bosques que había. De ahí “la propuesta de la ONU de que cada humano plante 120 árboles para mitigar el calor desbocado que se nos viene encima”. En España, “la superficie que puede convertirse en bosque es prácticamente del 70%”.

Raíces, hojas, madera…

En el capítulo sobre las raíces las declara “la parte más importante de lo esencial de este mundo” y enumera algunas de sus múltiples utilidades, tales como enviar nutrientes, fijar minerales y sustancias tóxicas que el ser humano libera, así como emitir conducir y recibir información de otros árboles. “Seguramente nada hay más activamente pluriempleado como un aparato radicular de un árbol”. Se ha demostrado que los nutrientes pueden ser enviados a través de las raíces de unos ejemplares a otros más débiles. También habla de la simbiosis con las bacterias: las leguminosas y otros árboles, como los alisos, albergan bacterias en sus raíces que captan del aire el nitrógeno que el árbol necesita.

Los humanos solemos despreciar lo que desconocemos y lo que no vemos. Mucho más si ocurren ambas cosas, como es todo lo viviente que hay en las “más superficiales entrañas de la tierra” (hongos, bacterias, amebas, tardígrados, lombrices, nemátodos, escarabajos…). “Toda esa comunidad viviente pesaría unas nueve veces más que nosotros”.

Y sigue inspirando: “Para el botánico convencional Árbol es una planta… Para mí es agua erquida que come luz y produce futuros. Para conseguirlo no domina, ni explota, ni acapara. Todo lo contrario, pacta. La amistad es lo realmente esencial en este mundo. Infinitamente más que la discordia y la dominación”. “Lo básico del darwinismo está perfectamente instalado en la memoria de casi todo estudiante”, mientras “apenas nadie sepa que son mucho más frecuentes e importantes otras estrategias” (como dijo Lynn Margulis), tales como la simbiosis que hay en las micorrizas y que Araújo las califica de “el mejor diálogo de este mundo”.

Sobre las hojas cuenta su enorme variabilidad (en formas, tamaños, cantidades, colores…). “La disposición de las nervaduras evoca el diseño típico de las cuencas hídricas” así como de los sistemas circulatorio y nervioso. El 80% de las faunas son herbívoros estrictos y dependen directamente de las hojas. El restante 20% dependemos de lo mismo, al menos, indirectamente. También las hojas nos permiten pensar, porque el cerebro necesita glucosa que nos llega gracias a la fotosíntesis. Y por supuesto, las hojas tienen muchas otras utilidades (sombra, vestido, tejados, recipientes, instrumentos, camas…).

“Todos tenemos un paisaje esperándonos para casarse con nosotros”. Araújo cuenta cómo se enamoró de los paisajes de Castañar de Ibor y cómo por allí conoció un pastor que le enseñó la palabra atalantar (invitar, pero sobre todo CUIDAR) y de ahí nació su típica despedida: “Que la vida os atalante”.

Sobre la madera cuenta que es “la primera materia prima de la humanidad”. Nos cuenta cómo él se calienta quemando leña y que “cuando quemas leña que te ha hecho doblar la columna y unos cuantos callos en las manos no te excedes. Lo mejor de las energías renovables es que llevan implícitas pedagogías del ahorro” (cosa que no ocurre con todas las renovables por muchas ventajas que realmente tengan).

Diversidad, gestión del agua y comunicación

Este naturalista aprovecha cuando habla de la reproducción para defender la diversidad: “De lo múltiple mana la hermosura y esta sería imposible sin la reproducción sexual que lentamente fue creando varios centenares de millones de aspectos diferentes, es decir especies de seres vivos”. En cuestión de almacenamiento de información, nos recuerda que una humilde semilla “avergüenza” a las nuevas tecnologías (pendrive, ordenadores…). Esa capacidad de almacenamiento posibilita la gran diversidad que hace que las plantas ya han inventado “los equivalentes al avión, la hélice, el cañón, la catapulta, el paracaídas, la propulsión a chorro, el barco a vela, la balsa y la caída libre”. Todo para difundir sus semillas, además de usarnos a los animales. Por si fuera poco, muchas especies brotan de su raíz incluso aunque se haya quemado su parte externa y otras crecen de una rama clavada en el suelo (como los olivos, por ejemplo).

En invierno, “los árboles, como buenos budistas zen, son consecuentes con aquello de que no hay mejor empeño que no hacer nada”. Incluso los perennifolios reducen mucho su metabolismo. Deberíamos los humanos aprender de los árboles y entender cuántas veces menos es más. Tras cada duro verano trabajando “a destajo”, cada invierno el bosque tiene su descanso, un parón (parecido al confinamiento por la COVID-19, que tantas buenas lecciones nos quiso inculcar). También podríamos aprender de los árboles la buena administración que hacen del agua, guardándolo bien para el largo verano: “Una encina de dos siglos o un roble de la misma edad pueden transpirar hasta trescientos litros de agua al día” (lee aquí otras curiosidades de los árboles).

En el bosque hay mucha comunicación: algunos árboles, como las acacias de la sabana de África, cuando son atacados por herbívoros avisan con un mensaje químico a sus congéneres para que segreguen repelentes y conviertan en tóxicas sus hojas. Otros árboles, avisan a ciertas avispas de que están siendo atacadas por las orugas, para que las avispan se acerquen a comer. Araújo dice que “podemos eschuchar e interpretar el lenguaje de lo demás. La destrucción de la vivacidad de este mundo se debe, en primer lugar, a que no comprendemos los lenguajes de lo espontáneo”.

La muerte puede ser vida

“Vivimos el tiempo de las muertes prematuras. Prácticamente solo nosotros los humanos estamos aumentando la esperanza de vida. Habría que restar, por supuesto, esos seis millones de personas que se despiden antes de tiempo a causa de la contaminación de la atmósfera. Seguramente habría que multiplicar por diez si enfocamos directamente al cáncer pues, según algunas de las peores previsiones, pronto acabará afectando al 50% de los humanos. Las alergias, por su parte, demuestran que algo ha cambiado también en el panorama de nuestra propia salud, sobre todo si tenemos en cuenta que eran enfermedades excepcionales hace solo un siglo”.

Araújo califica de “torpes” las gestiones forestales que retiran los árboles muertos, porque ellos “se convierten en algo todavía más vivo que cuando estaban vivos” (líquenes, musgos, hongos, insectos xilófagos, hogar de reptiles y mamíferos…) y “además durante decenios”.

Los intercambios comerciales provocan incalculables destrozos y pérdidas económicas. Un ejemplo es la seca, una enfermedad sin cura de los árboles de las dehesas. Es un hongo que ataca a las raíces y que llegó a España por culpa del comercio de madera. Pero ese no es el único problema. “Todos los días son abatidos, quemados o mueren por enfermedades casi tantos árboles como personas viven en un país como el nuestro” (España, unos 40 millones). Eso supone 28.000 árboles perdidos cada minuto, lo cual califica de “manifiestamente invalorable”.

Un estudio valoró parcialmente solo cinco servicios de los bosques considerados cruciales: proveedores de agua, controladores de la erosión, fijadores de elementos químicos, sumideros de carbono y hogar para la biodiversidad. Valorando solo esos cinco aspectos, “cada hectárea de nuestros bosques valdría o nos ahorraría, en este último caso si tuviéramos que suplir esas funciones con sistemas artificiales, unos 352 € por ha y año. Más de 50.000 millones de euros anuales para la totalidad de la masa forestal española”. Eso supone que los bosques nos regalan, al menos, a cada español unos 1.100 euros cada año.

Joaquín Araújo aconseja pasear por los bosques, “sin largos desplazamientos. Hasta cualquier paseo por un parque urbano, aunque esté poco arbolado”, porque los bosques curan. Critica con acierto las “incitaciones al consumo superficial de viajes”, incluso aunque sean aparentemente naturalistas (lo normal es que la publicidad muestre solo una parte de la historia). A pesar de todo, nos describe unos cuantos lugares especiales por sus árboles: los cerezos del Jerte (Cáceres), Garajonay (Santa Cruz de Tenerife), Muniellos (Asturias), Irati (Navarra), Sabinar de Calatañazor (Soria), Cantalobos (Zaragoza), Valsaín (Segovia), lorera de la Trucha (Cáceres), alcornocal de Almoraima (Cádiz), olivar de Jaén, y las dehesas desde Cabañas del Castillo (Cáceres).

Araújo incluye el olivar y los cerezos del Jerte sabiendo que no son auténticos bosques sino cultivos, lo cual es muy diferente. Sin embargo, bien alega que el olivar es un aliado para detener el avance del desierto, a pesar de la mala gestión que tantas veces se hace con prácticas tales como cultivar en pendientes (que erosionan mucho), abusar de los herbicidas o regar los olivos, prácticas que por desgracia están promovidas por una PAC irresponsable.

“Somos amplia mayoría los que apreciamos los bosques y casi todo lo con ellos relacionado. (…) Y sin embargo las selvas se desvanecen”, a pesar de que todos reconocemos “lo que las selvas hacen por todos los seres vivos, humanos incluidos”. Hasta Platón se lamentó por la pérdida de árboles.

Araújo, comunicador de Naturismos

Araújo hace también un repaso por sus innumerables contribuciones en múltiples medios (artísticos, radio, televisión…). Por ejemplo, cita su especial cariño al programa El bosque habitado de Radio 3, donde los conmovidos por la naturaleza nos rebelamos. Puedes escucharlo los domingos a las 11 horas y en la web tienes todos sus programas.

Este libro incluye la carta de una encina, algunas poesías y haikus, así como aforismos sobre la natura, que el autor llama naturismos, y de los que escogemos estos pocos:

  • “Pocos, o ninguno, de los seres vivos saben mejor donde ir que los bosques que, por eso mismo, se quedan quietos donde están”.
  • “Están aterrorizados pero como no pueden huir nos parece que los árboles no sienten miedo, como casi todo el resto de lo viviente”.
  • “Como un consumidor que en parte se consume a sí mismo, el árbol es un doctor en economía pues aprendió la suprema destreza de no agotarse ni agotar”.
  • “Verde es la verdad más grande de este planeta —más del 90% de la vida es planta— y nada la ha levantado tanto como los árboles”.
  • Refiriéndose a los nacimientos de agua afirma: “Ver nacer a lo que a todo hace nacer tiene un especial significado”.
  • “Si no sabes estar solo, y disfrutarlo, nunca serás libre del todo”.

A pesar de su trabajo de comunicador, Joaquín Araújo nos hace una confesión peculiar: “He estado en silencio mucho más que la mayoría. Los bosques me han enseñado a escuchar”. Él es defensor del silencio y del sector primario, porque dice que no se reconoce su aportación y que “cultivar es sinónimo de cuidar” (tal vez eso sea otra aplicación de la regla del notario).

Triste conclusión: hemos creado una civilización biocida

También habla de la muerte cuando el autor se rebela “contra la torpeza de esta civilización que ha conseguido, sobre todo, que todo esté más muerto”. Por ejemplo con las carreteras y las autopistas, que “llevan a los humanos pero se llevan a la Natura”. Para cuando la naturaleza se lleva a los humanos, sugiere ser enterrado bajo un árbol. Aunque hay otras opciones de funerales ecológicos, a veces las leyes no lo ponen fácil.

Habla también de la muerte cuando habla del “descomunal disparate que supone haber hecho desaparecer la mayor parte de las arboledas ribereñas que además de ser verdaderos reservorios de vida controlan las avenidas, fijan las orillas y en consecuencia son activos defensores de las tierras de cultivo y pueblos”.

Araújo destaca “la deuda que la humanidad tiene con la vegetación, bosques en primer lugar”. Con respecto a la plantación de árboles sentencia algo muy claro: “si algo se debe hacer se puede hacer. Unos pocos lo estamos haciendo”.

Terminamos con las frases que inician el último capítulo: “Todos amamos nuestra propia existencia pero muy pocos al conjunto de la Vida. La mayoría de los nuestros dejan que la indiferencia conquiste cada día más su emoción y sus conductas. Algo que pasa fundamentalmente por no quererse completos y nadie lo está si ha excluido a la Natura, esa otra mitad de todos a la que conviene amar como a uno mismo”.

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Trabajo a Tiempo Parcial y Austeridad Voluntaria: Algo básico en Economía Sostenible

Por: Pepe Galindo
Más gente, trabajando menos, para más felicidad: No necesitamos trabajar un tercio de nuestra vida.
Más gente, trabajando menos, para más felicidad: No necesitamos trabajar un tercio de nuestra vida.

En las sociedades opulentas de los países ricos sus ciudadanos trabajan mucho… los que tienen trabajo, pues en todos los países hay siempre gente sin empleo (algunos dicen que el pleno empleo no interesa a ciertos sectores de la sociedad).

¿Necesitamos trabajar tanto?

La respuesta no es evidente. Depende de muchos factores: la cantidad de dinero que queramos ganar es sólo uno más. Pero si el trabajo es escaso (como lo es, y más aún en épocas de crisis), lo más sensato es repartir el trabajo, y repartir los ingresos de dicho trabajo.

Esto conlleva una reducción de los ingresos de unas personas, y un aumento de los ingresos de otras. Con esto la sociedad en su conjunto se beneficia: Unos podrán tener unos ingresos mínimos, mientras otros tendrán que aumentar algo su austeridad. La austeridad voluntaria es una corriente denominada también como minimalismo existencial (sin necesidad de extremos como los de algunos famosos filósofos ascetas).

Los motivos para consumir menos y aprovechar mejor lo que ya tenemos son ya evidentes ante la dos crisis: económica y ambiental. Muchos proponen experimentos minimalistas, para ir asimilando poco a poco que necesitamos poco.

Como ciudadanos podemos aumentar nuestra austeridad voluntaria (cuidando que no nos afecte el perverso efecto rebote), pero repartir el trabajo es algo complicado de hacer sin contar con la colaboración de una legislación adecuada. ¿Qué puede hacer el gobierno de un país para caminar hacia el pleno empleo, la sostenibilidad, y reducir las crisis económica y ambiental? Muy fácil:

  • Reducir la jornada laboral general. Podría empezarse en algunos sectores, para ir avanzando paulatinamente. Habría que explicar que esto es para repartir mejor el empleo y la riqueza, con evidentes ventajas para toda la sociedad.
  • Fomentar el trabajo a Tiempo Parcial: Al menos, que el trabajador que lo desee pueda voluntariamente reducir su jornada laboral, repartiendo parte de su trabajo y sueldo con tanta gente sin trabajo. Podría empezarse por los funcionarios públicos, pero habría que llevar esta filosofía a todas las empresas: Esto facilitaría la conciliación de la vida personal y laboral, y aumentaría el número de gente con empleo. Esto no es apostar por el empleo precario: No es lo mismo cobrar poco por hora, que trabajar menos horas. Como han hecho empresas en Alemania, ante la crisis es mejor trabajar menos horas, que despedir a empleados.
  • Condonar parcialmente algunas hipotecas: La gente que se atenga a trabajar a tiempo parcial debería ver reducidas sus hipotecas proporcionalmente, especialmente aquellas hipotecas concedidas de forma irregular o abusiva, por el tiempo o por la cuantía. Es evidente que los bancos han abusado mucho de su poder de crear dinero con abusivas hipotecas en las que concedían más dinero del legal (dando dinero para comprar un coche, amueblar el piso…). Más vale perdonar deudas parcialmente, que aumentar la morosidad de un país.

Aquella gente que piensa que cobra poco, puede no gustarle la idea de cobrar menos, aunque sea a costa de trabajar menos. Pero hay que pensar que otros que no cobran nada, pasarán a cobrar algo, y que algo es más que nada (hablamos de economía y de solidaridad). Y también deberían pensar en una reducción de su hipoteca, y en otras ventajas: una sociedad más sostenible, más ecuánime, con mayor igualdad, con menos estrés, más salud, más tiempo libre…

También es cierto que trabajar a tiempo parcial implica trabajar más años para jubilarse y también influye en la pensión. Hablamos de repartir solidariamente, hasta la pensión, teniendo en cuenta que o afrontamos la crisis con medidas posibles y efectivas o, aunque salgamos de ella parcialmente, será para meternos en la GRAN CRISIS. Desde luego, este tipo de medidas no son más que “parches” al auténtico problema. Si buscas una revolución mayor, tal vez la encuentres en una entrada anterior de este blog como invitación a la reflexión y a la revolución.

Más información:

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A TAPAR LA CALLE 13/11/25 GRUPO DE PEQUES

Por: Radio Topo

Bienvenides al programa de radio de les niñes de la Gusantina “A TAPAR LA CALLE”. Un espacio que invita a jugar, participar, ocupar, opinar, reír, soñar, trastear, divertirnos… Un espacio donde pequeñes y adultes afinamos nuestra oreja verde. ¡Ya estamos aquí con el último programa de A tapar la calle recién subido a la web! […]

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A TAPAR LA CALLE 20/3/25 GRUPO DE BANCO DE EMOCIONES

Por: Radio Topo

Bienvenides al programa de radio de les niñes de la Gusantina “A TAPAR LA CALLE”. Un espacio que invita a jugar, participar, ocupar, opinar, reír, soñar, trastear, divertirnos… Un espacio donde pequeñes y adultes afinamos nuestra oreja verde. ¡Ya estamos aquí de nuevo para compartir con el mundo entero nuestro último programa de A tapar […]

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1602. Cambio climático

Por: Listo Entertainment

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1590. Pestañas

Por: Listo Entertainment

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677 - eficientemente optimizado

Por: Ender Wiggins


síiii, ya sé que había prometido una tira más larga, pero es que el perro se comió el guión*


*yo y mi caos, que había extraviado el guión y lo he encontrado después de hacer una tira corta. Pa la próxima semana ya sí que sí.


P.D: Os recuerdo que la familia de Tom EXISTE, que salió en la saga "el golpe" (no en el arco principal, pero sí en las consecuencias):


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