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✇Radios Libres

Alegato (científico y religioso) contra la ingenuidad tecnológica

Por: Radios Libres

Compartimos nuestra contribución a la nueva revista de Internet Ciudadana. Este nuevo número, el 16, llega con artículos sobre la inteligencia artificial, la falacia de la neutralidad o la “ingenuidad tecnológica”, un término que bautiza este artículo y que pronunció alguien impensado.


“Desde hace tiempo existen múltiples pruebas de que algoritmos proyectados para maximizar la implicación en las redes sociales —redituable para las plataformas— premian emociones rápidas y penalizan en cambio expresiones humanas que necesitan tiempo, como el esfuerzo por comprender y la reflexión. Encerrando grupos de personas en burbujas de fácil consenso y fácil indignación, estos algoritmos debilitan la capacidad de escucha y de pensamiento crítico y aumentan la polarización social.

A esto se sumó una confianza ingenuamente acrítica en la Inteligencia Artificial como ‘amiga’ omnisciente, dispensadora de toda información, archivo de toda memoria, ‘oráculo’ de todo consejo. Todo esto puede desgastar aún más nuestra capacidad de pensar de modo analítico y creativo, de comprender los significados, de distinguir entre sintaxis y semántica.

Aunque la IA puede proporcionar apoyo y asistencia en la gestión de tareas comunicativas, eludir el esfuerzo de pensar por nosotros mismos y conformarnos con una recopilación estadística artificial, a la larga corre el riesgo de erosionar nuestras capacidades cognitivas, emocionales y comunicativas.”

Esta cita no es nuestra. Tampoco pertenece a Evgeny Morozov, Shoshana Zuboff o algún otro acérrimo crítico del actual sistema sociotécnico y sus plataformas digitales. Aunque no lo creas, estos párrafos son parte del “Mensaje del Santo Padre León XIV para la 60a jornada mundial de las comunicaciones sociales”. Una misiva plagada de párrafos contundentes que alertan sobre los riesgos de las actuales TIC digitales y los desafíos a los que nos enfrentamos como humanidad por la adopción acrítica de la Inteligencia Artificial.

A pesar de profesar un profundo ateísmo, más si se trata de una institución como la Iglesia Católica, no podemos estar más de acuerdo con las afirmaciones del Santo Padre. ¿Se habrá convertido León XIV en un ciberpesimista? ¿Estará apostatando de la tecnología? ¿Perdió la fe en las redes sociales? ¿En un agnóstico de la Inteligencia Artificial?

Nada de eso. Robert Prevost, nombre bautismal del Papa León XIV, solo analiza críticamente los riesgos del actual modelo de desarrollo de las tecnologías digitales de comunicación e información. Un modelo impulsado por un puñado de magnates autoritarios y financiado por poderosos fondos de inversión especulativa que, guiados por un afán desmesurado e ilimitado de riqueza, ignoran las repercusiones sociales de su avaricia, algunas de ellas señaladas por el Papa y por las que ya están enfrentando a la justicia.1

Muy probablemente, al abordar este tema de ese modo, el Papa se sienta como Juan el Bautista: un predicador en el desierto. O como Moisés, indignado ante una sociedad embriagada de tecnomisticismo que idolatra a ChatGPT o se postra ante la última aplicación de moda.

Sin embargo, León XIV no se amedrenta en su carta y, al igual que hizo Jesús cuando agarró el látigo para expulsar a los mercaderes del templo, azota directamente a los falsos profetas de esta nueva religión binaria: los fundadores de un “puñado de empresas” que, aprovechando el control oligopólico de los algoritmos y los sistemas de Inteligencia Artificial, son “capaces de orientar sutilmente los comportamientos e incluso reescribir la historia de la humanidad”.22

“Confianza ingenuamente acrítica en la Inteligencia Artificial”

Ciertamente, es muy sencillo claudicar y dejarse seducir por este nuevo becerro de oro que nos maravilla con sus prodigiosas capacidades de procesamiento informático. Sin embargo, el Papa alerta de los peligros de confiar ciega e ingenuamente en las promesas que acompañan el despliegue de la Inteligencia Artificial. Promesas tecnofetichistas que no son nuevas. Los mismos argumentos que hoy repiten los medios de comunicación, ponentes en webinarios académicos o tu cuñado en la cena familiar, son los que a finales de los 90 acompañaron el despliegue de Internet y, una década después, el desarrollo de las redes sociales y las plataformas 2.0.

También entonces depositamos en aquellos sistemas la esperanza para: democratizar la comunicación y conformar una esfera pública más plural, diversa e informada; empoderar a la ciudadanía para una participación política más activa; reducir la brecha digital; educar de forma innovadora y más eficiente mejorando las posibilidades de los estudiantes más desfavorecidos; aumentar la transparencia y la rendición de cuentas de gobiernos y empresas que serían fiscalizadas por la ciudadanía; o la creación de comunidades globales que nos permitieran alcanzar mayor equidad y justicia social.

Sería demagógico afirmar que nada de esto se alcanzó. Evidentemente, Internet y sus aplicaciones, posibilitan la producción colaborativa de conocimiento, permiten comunicarnos con una inmediatez impresionante, articular con personas de cualquier parte del planeta o aprender y divertirnos con memes y videos, entre otras muchas cosas.

Pero si profundizamos el análisis, ¿cuáles de aquellas promesas se cumplieron realmente?, ¿qué hemos logrado transformar estructuralmente?, ¿tenemos sociedades más democráticas y justas o creció la exclusión y la inequidad? Casualmente, la acertada carta del Papa coincidió con dos noticias globales que aportan respuestas concretas a estas preguntas.

Noticia 1: prohibiciones

La primera es que Francia y España, siguiendo los pasos de Australia, prohibirán el uso de redes sociales a menores de 15 y 16 años, respectivamente.3 Esta controvertida medida fue aprobada por mayoría en la Asamblea Nacional francesa –130 votos a favor frente a 21 en contra– y cuenta con el respaldo del 79% de los adultos y de un 67% de los jóvenes que la consideran justificada.

Estas leyes se aprobaron para mitigar los daños, evidentes y probados, que provocan en la salud mental de jóvenes (y adultos): “estas redes sociales prometían conectar, fragmentaron. Prometían informar, saturaron. Prometían divertir, encerraron.”, afirmó una de las diputadas que respaldó la iniciativa.

El presidente español, Pedro Sánchez, anunció que las plataformas como Instagram, Facebook, TikTok, Snapchat, X o Twitch, tendrán que implementar obligatoriamente mecanismos de verificación de la edad de quien accede. De esta forma, aspira a proteger a los menores del “salvaje Oeste digital” donde abunda la pornografía, la manipulación y desinformación, la violencia o los abusos.

Al anunciar las restricciones –que la Unión Europea está estudiando implementar en todos los países miembros porque “enganchan a los niños a algoritmos manipuladores”– Sánchez apuntó contra los “amos del algoritmo”, gobernantes de “Estados fallidos” donde no se respetan legislaciones ni se persiguen los delitos. Y señaló particularmente a uno de estos tecnooligarcas: Elon Musk y su Inteligencia Artificial Grok, investigado por la creación de millones de imágenes pornográficas de mujeres sin su consentimiento: “los directores generales de estas plataformas tecnológicas se enfrentarán a responsabilidades penales por no eliminar contenidos ilegales o que inciten al odio. Se acabó ocultarse bajo el código y decir que la tecnología es neutra”. Sus declaraciones le valieron los insultos de “tirano y traidor” por parte de Musk.

Noticia 2: rentabilidad

La segunda noticia que coincidió con la carta del Pontífice, fue el anuncio del crecimiento exagerado de las ganancias de las Big Tech, alimentado por las inversiones en IA Generativa. Tesla/X, Alphabet, Amazon, Meta, Nvidia, Oracle y Microsoft alcanzaron en 2025 “cifras inéditas” que no solo aumentan su ya inmensa riqueza –los dueños de estas empresas integran la lista de las diez personas más ricas del mundo, en el orden que las citamos– sino que consolidan su descomunal poder. Un poder que les autoriza a insultar presidentes o ignorar leyes.

“Tal vez lo más llamativo es lo sencillo que ha sido este proceso de transformación de la utopía en distopía tecnológica. Lo familiar y coherente que nos ha resultado esta situación de indefensión colectiva y dependencia digital extrema”. César Rendueles, Redes vacías Tecnología catastrófica y el fin de la democracia.

¿Será que estamos usando mal las tecnologías?

No. El presidente español, en sus declaraciones, apuntó en la dirección adecuada al recordar que la tecnología no es neutra. Una falacia que, de tanto repetirla, se ha convertido en una especie de virtud teológica tecnocientífica.

Un mito muy útil ya que deriva la responsabilidad sobre quienes usan la tecnología y no sobre quienes la producen: “No son ellos a quienes hay que señalar, sino a esos traficantes que con sus algoritmos crean adicciones. Hay que neutralizarlos”, alegó el diputado francés Rodrigo Arenas, al oponerse a la ley aprobada en su país por creer que culpabiliza a las familias y profesores, cuando son las víctimas de las plataformas.

No existe la “neutralidad técnica”, ni siquiera de objetos sencillos como un martillo o un cuchillo. Desde una concepción instrumental y funcional, ciertamente estos artefactos pueden ser usados para algo bueno o malo. Eso no significa que sean neutras, porque cualquier tecnología está imbuida de valores humanos, empezando por los principios y la visión de mundo de quienes diseñan o financian. En ese diseño influyen también otros factores externos como el contexto social, económico, político.

Por lo tanto, no son solamente herramientas sin implicaciones éticas. Todas encarnan valores, principalmente cuando se integran dentro de un sistema tecnológico más amplio que modela los comportamientos sociales y consolida estructuras de poder.

No hay que perder la fe

El Papa León XIV termina su misiva con una recomendación: ser escépticos y no dejarnos dominar por la ingenuidad. Sin embargo, esa penitencia no implica perder la fe y dejar de creer en la tecnología.

Negar la neutralidad nos permite reconocer que todo desarrollo se rige por ciertas reglas, valores y normas que están presentes en el diseño de los objetos técnicos. Estas especificaciones integran lo que el filósofo canadiense Andrew Feenberg llama el “código técnico”. Este código naturaliza las decisiones de dominación como si fueran puramente técnicas o relacionadas con la eficiencia, neutrales, cuando son profundamente sociopolíticas y económicas. En el caso de las TIC y la IA, este código lo redactan los hombre (blancos, del Norte Global, heteronormativos) más ricos del planeta.

Feenberg, al igual que León XIV, nos invita a un “involucramiento táctico”. Esto significa apropiarse de los “elementos técnicos” para diseñar tecnologías desde otros paradigmas y alejarnos así de los códigos opresores. Solo evaluando seriamente sus impactos sociopolíticos o medioambientales podremos construir tecnologías con un verdadero fin democrático y liberador.

Por ejemplo, los elementos técnicos que permiten las creación de redes sociales se puede regir por un código técnico que favorece los intereses de un personaje como Elon Musk que nos traiciona entregando nuestros datos por varios puñados de monedas de plata o por otro que crea redes libres y diversas como las del Fediverso.4 Y así con cada una de las TIC digitales.

León XIV tiene claro que el código técnico que rige el desarrollo actual de la Inteligencia Artificial no augura un futuro prometedor para la humanidad. Sorprendentemente, su opinión coincide con la de Dario Amodei, que nada tiene que ver con la religión. Amodei es el director ejecutivo de Anthropic/Claude, una empresa fundada por exempleados de OpenIA (ChatGPT) que abandonaron la compañía debido a las polémicas decisiones de su presidente Sam Altman.

En un extenso manifiesto publicado en enero de 2026, Amodei afirma que “la humanidad debe despertar ante los peligros de la IA”5 . Y esboza cinco áreas críticas de riesgo: que la IA escape del control humano; que se use con fines destructivos; que se profundice la exclusión económica y se concentre más la riqueza debido a los cambios en el ámbito laboral que implica esta tecnología; que sea controlada por actores irresponsables y autoritarios concentrando el poder;6 y que no podamos enfrentarnos a los efectos imprevisibles de la IA. Cómo “única solución”, Amodei aboga por legislación y propone una “Constitución de la IA” definiendo claramente qué podrán hacer, y qué no, los algoritmos que rigen su funcionamiento.

Pareciera que la Inteligencia Artificial logró algo impensado: poner de acuerdo a ciencia y religión. Tanto la fe como los postulados científicos coinciden en recomendarnos que evitemos la confianza ingenua y acrítica en la Inteligencia Artificial y en todas las promesas que la rodean. Ojalá como humanidad estemos a la altura de dar respuesta a este desafío sin tener que esperar al Juicio Final.


Notas y referencias

  1. “Los gigantes tecnológicos se enfrentan a un juicio histórico en EE. UU. por acusaciones de adicción a las redes sociales”. Meta, YouTube y TikTok acusados de crear productos intencionadamente adictivos y perjudiciales para los jóvenes. Meta, incluso, es consciente de que muchos de sus anuncios son engañosos o, directamente, estafas. Así lo evidencian documentos internos de la compañía que calculan que el 10% de sus ingresos se obtienen por estos anuncios fraudulentos, unos 15.000 millones de anuncios fraudulentos al día. Sin embargo, evitan tomar medidas porque eso implicaría perder miles de millones de ingresos por publicidad. ↩
  2. Este empeño autoritario por reescribir la historia llevó a Elon Musk a ofrecer millones de dólares a Wikipedia para que cambie su enfoque, acusando a la enciclopedia colaborativa de ser “woke”. Al ignorar su propuesta, Musk anunció su propia alternativa Grokipedia, alimentada por su inteligencia artificial. ↩
  3. Medidas polémicas sobre las que no se ha cerrado el debate pero que tienen su correlato en el mundo fuera de línea con prohibiciones para el acceso de los jóvenes a otros productos dañinos como la venta de alcohol o tabaco o el acceso a las apuestas deportivas. ↩
  4. “Las redes sociales existentes se adaptan mucho mejor al programa iliberal que a un proyecto emancipador. Cuanto más disparatada sea la campaña, cuanto menos dependa de la construcción de lazos políticos sólidos, mejor es la relación entre esfuerzo invertido y resultados. Dedicando una hora al día a Twitter puedes convencer a millones de que la Tierra es plana y de que Hillary Clinton participa en una red de pedofilia satánica en una pizzería de Washington. Hacen falta vidas enteras de huelgas y asambleas para convencer a la gente de que el jefe que los explota es un explotador”, afirma el sociólogo César Rendueles en su último libro titulado “Redes vacías. Tecnología catastrófica y el fin de la democracia”. ↩
  5. Hace dos años ya publicó otro con bastante repercusión sobre los posibles ámbitos donde impactaría la IA. ↩
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Día Mundial de la Radio: producciones

Por: Radios Libres

Un compilado de producciones radiofónicas para celebrar a nuestra querida radio el 13 de febrero. Un trabajo realizado desde 2016 por el Centro de Producciones Radiofónicas en colaboración con la Unesco. Para este 2026 proponen estas trece ideas para reflexionar sobre la Inteligencia Artificial y la radio que puedes complementar con otros artículos que hemos escrito sobre esta temática.

Historias de radio contra el cambio climático: Día Mundial de la Radio 2025 [Descargar audios]

Ayer, hoy, mañana: Día Mundial de la Radio 2024 [Descargar audios]

Radio y paz: Día Mundial de la Radio 2023 [Descargar audios]

Sí a la radio, sí a la confianza: Día Mundial de la Radio 2022 [Descargar audios]

Nuevo mundo nueva radio: Día Mundial de la Radio 2021 [Descargar audios]

#SomosDiversidad: Día Mundial de la Radio 2020 [Descargar audios]

Diálogo, tolerancia y paz: Día Mundial de la Radio 2019 [Descargar audios]

Radio y deporte: Día Mundial de la Radio 2018 [Descargar audios]

La radio eres tú: Día Mundial de la Radio 2017 [Descargar audios]

La radio salva vidas: Día Mundial de la Radio 2016 [Descargar audios]

✇lamarea.com

Barcelona, una opción lógica para la Agencia Estatal de Salud Pública

Por: Tus artículos

ANDREU SEGURA y AMANDO MARTÍN-ZURRO // Próximamente el Consejo de Ministros debe decidir qué ciudad alojará la Agencia Estatal de Salud Pública que (entre paréntesis) ha costado más de 10 años que el parlamento español apruebe. Las candidatas oficiales han sido ocho, aunque, como es preceptivo tener en cuenta el dictamen que emitirá una comisión pertinente, ésta, al parecer, puede proponer una sede distinta si así lo considerara justificadamente.

Escoger la ubicación es un primer paso, aunque, ya que habrá que erigirla, todavía tardaremos en disponer de ella. Eso sin contar con la eventualidad de cambios electorales que pudieran interferir el proceso. Sin embargo, como es obvio, la elección no es intrascendente.

Y aunque la convocatoria ha establecido unos determinados requisitos, entre los que destacan los geográficos –micro (edificio), meso (situación) y macro (geopolítica)– convendría que los componentes de dicha comisión –que, por cierto, no estaría de más saber quiénes son– tuvieran en cuenta otros criterios, particularmente los relativos al ámbito de la salud pública, sin olvidar que tal decisión tiene también carácter político. Una característica necesaria dado que los criterios exclusivamente técnicos no abarcan todas las dimensiones de la cuestión.

Político, no sólo partidista. Porque debería ser coherente con una idea determinada del Estado. Que no tiene por qué ser la que hoy la mayoría de las fuerzas parlamentarias interpretan. Pero también porque más allá de las preferencias ideológicas, los planteamientos estratégicos acostumbran a ser más fructíferos.

Desde un punto de vista más técnico, desarrollar la Agencia en un entorno con sólidas estructuras de salud pública puede facilitar la cooperación de los recursos sanitarios propios de la ciudad y su entorno. Por eso sería bueno conocer cuáles son las contribuciones más específicamente salubristas que cada una de las ciudades implicadas considera que justifican su candidatura. Y también lo sería para que la ciudadanía –y las entidades, corporaciones y organizaciones– tuvieran conocimiento del proceso, lo que facilitaría su implicación personal y colectiva con la promoción y la protección de la salud comunitarias que al final resultará imprescindible. Sin menospreciar la transparencia exigible en una democracia representativa.

Una información que –según parece– debe constar en el dictamen de la comisión evaluadora, aunque sería a posteriori, sin que esté claro el formato con que deba facilitarse. Por eso, si fuera posible, sería mejor conocerla con anterioridad, lo que generaría mayor interés público. Y, dado que las candidatas son ocho no parece demasiado difícil obtenerla. Quizá mediante una encuesta estructurada donde se pidieran datos concretos sobre los dispositivos de salud pública disponibles, su antigüedad y sus productos o resultados.

Una indagación que podría emprender alguna institución o entidad no afectada por sesgos potenciales sobre la preferencia de una u otra candidatura. Alguna entidad independiente, lo suficientemente solvente y competente para hacerlo. Quizás algún medio de comunicación social o incluso alguna asociación profesional o científica.

Y sin ocultar que –por razones obvias– nos gustaría que fuera elegida Barcelona, nos parece que algunas de las cualidades que resumimos a continuación, podrían justificar su elección.

En primer lugar, su larga tradición de salud pública, con unas raíces profundas, desde el «Abajo las Murallas» de Pere Felip Monlau que dio pie al Ensanche de Cerdà, imbuido de criterios higiénicos –por cierto, desarrollado gracias a la decisión del Gobierno español– a la actualización del alcantarillado por parte del arquitecto e ingeniero García Faria, un diseño que justificó mediante un análisis de la mortalidad casa por casa de diez años.

Sin dejar al margen la historia del antiguo Instituto Municipal de Higiene, hoy la internacionalmente reconocida Agencia de Salud Pública de Barcelona, la cual, además de ejercer sus responsabilidades legales en el ámbito de la salud comunitaria lleva a cabo proyectos innovadores de promoción de la salud, como el de SalutalsBarris.

Ni menospreciar tampoco la red de atención primaria y comunitaria AUPA o los servicios de medicina preventiva de los hospitales del Vall d’Hebron, Sant Pau, Mar y Clínic, que también son unidades docentes para la especialidad de medicina preventiva –el primer año de la residencia de la especialidad de estas unidades forma parte del programa oficial de máster en salud pública, impartido ininterrumpidamente desde el curso académico 1988-89 (actualmente UPF y UAB) con el patrocinio de la Agencia de Salud de Barcelona, de la Diputación de Barcelona, del Instituto de Salud Global (IS Global)– así como de la Secretaría de Salud Pública de Catalunya y sus servicios territoriales, que dan apoyo explícito a la candidatura, como también lo ha hecho el Cercle de Salut y el Consorci de salut i social, sin obviar las contribuciones que pueden hacer muchas instituciones cívicas y académicas, como las corporaciones profesionales o sociedades integradas en la Acadèmia de Ciències de la Salut de Catalunya i Balears o en la Real Acadèmia de Medicina de Catalunya, especialmente su cuarta sección (ciencias médicas, sociales y afines).

Lo que es poco discutible es la urgente necesidad de satisfacer la aspiración que hace más de 14años establecía la Ley General de Salud Pública. Independientemente de qué ciudad se elija, nos parece imperativo poder contar con los servicios de una prestigiosa Agencia Estatal de Salud Pública capaz de responder plenamente a las necesidades y retos de este ámbito en una sociedad desarrollada del siglo XXI.


Andreu Segura es es doctor en Medicina y Cirugía, epidemiólogo y especialista en Salud Pública y en Medicina Preventiva.

Amando Martín-Zurro es doctor en Medicina y Cirugía y especialista en Medicina de Familia y Comunitaria y en Medicina Interna.

La entrada Barcelona, una opción lógica para la Agencia Estatal de Salud Pública se publicó primero en lamarea.com.

✇Todo Por Hacer

Quince años de retrocesos de derechos sin apenas resistencia

Por: Todo Por Hacer

De la tempestad…

Como ya hemos contado en infinidad de ocasiones, este periódico nació para convocar a la huelga del 29 de septiembre de 2010, con el doble objetivo de llamar a la movilización contra los recortes impuestos por el PSOE y de visibilizar el papel paralizador de los sindicatos oficiales.

Año y medio después, y ya con un año de publicación periódica, sacábamos 4.000 periódicos a las calles de Madrid contra la reforma laboral del PP a la que denominamos la reforma del miedo y que fue enfrentada con la huelga general del 29 de marzo de 2012.

El abaratamiento de los costes del despido y la prioridad de los convenios de empresa, tendrían unas consecuencias claras que se confirmaron con el paso del tiempo:

cobraremos menos, tendremos una inseguridad absoluta sobre nuestro futuro y nuestras condiciones laborales quedarán totalmente ligadas a los deseos y necesidades de la empresa. La reducción de la indemnización por despido e incluso su supresión durante el año de prueba supone una merma de nuestros ingresos y un incentivo para los empresarios a la hora de reducir su plantilla y aumentar beneficios. En última instancia, la idea de la reforma laboral es muy simple: “reducir los costes laborales” para “aumentar la productividad”. A las claras, que nosotros trabajemos más por menos para que “todos” (pero unos antes que otros) podamos salir de la crisis.

Pero si de algo va esta reforma no es tanto de recortes, rebajas y reducciones… eso es el medio. Esta reforma de lo que va es de miedo, de miedo y poder. El miedo que persigue imponer en los trabajadores a costa de aumentar el poder de los empresarios para hacer y deshacer a su antojo. Todos los puntos de la reforma se resumen en uno: aumentar la precariedad y la indefensión a la que los trabajadores nos vemos sometidos, que puede llevarnos a aceptar todas las condiciones que exija el empresario. Con la amenaza del despido sobrevolando por la cabeza, se pretende reducir la combatividad que pudiese mostrar el empleado y, como ya ha reconocido el PP, aumentar su “rendimiento”. Sabiendo que el despido es casi gratuito y que más de cinco millones de parados están prácticamente obligados a aceptar cualquier trabajo, ¿Quién va a exigir que se le paguen las horas extraordinarias? ¿Cómo decirle al jefe que quieres vacaciones? ¿Cómo negociar un convenio de empresa?”

a la calma

Unos meses después, salíamos a la calle el 14 de noviembre en la Huelga General europea y no fue hasta el 8 de marzo de 2018 y 2019 cuando el movimiento feminista nos llamó a dejar quieta la herramienta (y el delantal y el monedero) porque era la hora de luchar.

La ausencia de convocatorias de huelga general, a pesar de que la ofensiva no se detuvo, se explica no solo por la inacción de las dos grandes centrales sindicales, sino en la parálisis entre la clase trabajadora provocada por la crisis y la inestabilidad laboral.

Si bien la falta de paros generales llaman más la atención, la reducción de huelgas sectoriales o de empresa han sido también una dinámica constante en estos años. Analizando las jornadas no trabajadas por convocatoria de huelga, excluyendo los paros generales, observamos que en los años anteriores a 2010 se perdieron entre ochocientas mil y millón y medio de días de trabajo al año por huelga. En 2011 y 2012, pasamos a parar en quinientos y ochocientos mil días, respectivamente, y desde entonces a 2020, las jornadas de trabajo perdidas fluctúan entre los doscientos y trescientos cincuenta mil días.

En los últimos años, vivimos un ligero aumento de los días no trabajados por huelgas, habiéndose convocado 707 huelgas e todo el Estado, siendo 253 de ellas en Euskadi, que viene liderando la lucha obrera.

Aunque parezca un sinsentido, podemos decir que en estos momentos, más allá de la no convocatoria de huelgas generales, el problema está en su convocatoria irreflexiva.

La huelga debe ser una herramienta de lucha que sirva para ganar un conflicto o, al menos para mostrar al enemigo nuestra fuerza. Si bien no podemos negar la buena voluntad de sus convocantes, las llamadas huelgas generales de 2024 y 2025 por Palestina parecen olvidar estos objetivos.

La reciente huelga convocada por CGT, animado por organizaciones solidarias con el pueblo palestino, ha estado muy lejos de esos propósitos. Según cifras de la Seguridad Social, solo alrededor de siete mil personas dejaron de trabajar ese día y la manifestación, al menos en Madrid, tuvo una participación muy inferior a la histórica convocatoria que unas semanas antes sacó a la calle a cientos de miles personas.

En palabras de CNT-AIT Albacete,vemos que se profundiza en una dinámica donde las convocatorias de huelga se convierten en inocuas y los mismos afiliados a los sindicatos ni siquiera las secundan. Con estas formas de convocatoria de arriba abajo y los resultados de incidencia, se puede llegar a banalizar culturalmente la herramienta de transformación social más poderosa que tiene la clase trabajadora, la Huelga General.

Sin duda, el despertar de una solidaridad internacionalista ante un genocidio merece todo el apoyo e iniciativa de los sindicatos de clase (…). El boicot y el sabotaje contra el sionismo deben ser la forma de acción predominante, porque el desplazamiento, los asesinatos y las agresiones sionistas al pueblo palestino van a continuar, a pesar de los “ultimátums de paz”.

Misma reflexión realizaban desde CNT Granada: hemos visto que preparar una huelga general que llame a secundarla a todos los sectores productivos en apenas una semana es una ardua – por no decir prácticamente imposible – tarea: es difícil llegar en tan poco tiempo a aquellas trabajadoras/es de las empresas en las que sí tenemos presencia para que ese día hagan huelga con nosotras y, aún más complicado todavía, llegar a las plantillas de los sectores productivos en los que no tenemos presencia para que se unan el 15 de octubre a las protestas y paren de producir ese día. Eso, si es que nos tomamos en serio lo que supone una huelga general. Otra cosa distinta es que esta convocatoria se esté tratando de una huelga de carácter simbólico utilizando, además, las redes sociales como casi único medio de difusión y no emanando de los centros de trabajo: ¿cuántas personas que no participan de movimientos sociales se habrán enterado de esta convocatoria del 15 de octubre?

Así pues, queremos ser honestas con nuestra afiliación, a quienes nos debemos, con nuestras secciones, motor de nuestro sindicato, y con todas aquellas personas que simpatizan con nuestras ideas: una huelga es una poderosa herramienta de lucha de la clase trabajadora y, como tal, debe usarse con estrategia y, por qué no, con tiempo (como así se vino haciendo en las Huelgas Feministas del 8M de 2018 y 2019: meses y meses de trabajo previos al gran día en el que todas paramos y salimos a las calles por el fin del patriarcado).

Si la huelga no sirve para detener de verdad el tejido productivo, aunque sea por un día, para formar asambleas de trabajadoras/es que debatan qué pueden hacer por Palestina, etc, ¿de qué sirve para el objetivo de detener el genocidio, de pedir el cese de relaciones con el estado sionista? Debemos plantearnos si nuestras luchas son cascarones vacíos o tienen un movimiento real detrás. Y, como es el caso que nos concierne, si queremos que esta tenga un apoyo desde la base de la clase trabajadora y que desborde los límites de lo que conocemos como ‘movimientos sociales’, no basta con convocar ‘a golpe de corneta’ una huelga. Necesitamos trabajar en el desarrollo de nuestra afiliación, así como de la clase trabajadora en su conjunto. Un trabajo más difícil pero necesario, que cambia cualitativamente las posibilidades de enfrentarnos ante la barbarie.

La derogación que no deroga

Tras unos años de poca actividad en cuanto a normas que afectaran a las relaciones laborales, en 2019 se firmó el pacto de investidura que abría el camino al autodenominado Gobierno más progresista de la historia. En el que PSOE y Unidas Podemos afirmaban que “Derogaremos la reforma laboral. Recuperaremos los derechos laborales arrebatados por la reforma laboral de 2012”. También se establecía que se sustituiría la Ley Mordaza, así que ya sabéis el resultado.

Al poco tiempo, Yolanda Díez, en ese momento sucesora de Pablo Iglesias, nos explicaba (es un decir) que “técnicamente no se podía derogar la reforma laboral”, lo que era manifiestamente falso y que demostraba la falta de respeto constante que tiene la izquierda a sus votantes.

Así, tras un camino marcado por excusas y declaraciones grandilocuentes, llegamos a la nueva reforma laboral de la izquierda, pactada y aplaudida al unísono por patronal y sindicatos mayoritarios.

Revisando el texto de la norma, hace unos años nos preguntábamos y respondíamos: «¿Se ha derogado la reforma laboral? Rotundamente, no. ¿Se han derogado, al menos, los aspectos más lesivos de la reforma laboral? Pues depende de para quién. Para los trabajadores, no. Para los sindicatos mayoritarios, que habían perdido poder de negociación en el ámbito de los convenios colectivos, tal vez sí.

Como agradecía la patronal, la nueva norma mantenía «intactos los mecanismos de flexibilidad interna que garantizan la adaptabilidad de las empresas»(modificaciones de condiciones de trabajo, ERTE, movilidad funcional) y no alteraba en nada el régimen del despido, tanto el individual como el colectivo«.

La reforma basó su éxito en la desaparición de la contratación temporal fraudulenta, utilizando una fórmula infalible: cambió los términos. Quien se acostaba siendo temporal se levantó siendo fijo discontinuo. Los que tenían la suerte de ser transformados a indefinidos, verían que la alegría duraba poco tiempo: sin trabas al despido, es irrelevante el tipo de contrato.

Lo que era evidente que ocurriría (y que la ministra de Trabajo sabía porque, como no nos olvidamos de repetir, era abogada laboralista) sucedió. Los contratos temporales fueron sustituidos por indefinidos que finalizaban por no superar el periodo de prueba (tipo de cese que ha aumentado un 656%) o, si la duración era algo mayor, se usaba el despido disciplinario o el objetivo (aumentando este despido un 145% y y 186% respectivamente).

Por tanto, la duración de los contratos, tras la reforma, ha tenido poco cambio y la precariedad e incertidumbre se mantiene, aunque no podemos dar datos exactos puesto que esa estadística se ha dejado -hábilmente- de publicar.

Otra de las victorias altamente publicitadas por los Gobiernos de coalición (tanto de Podemos como de Sumar), es la gran cifra de personas ocupadas. Esos datos ocultan una realidad y es la disminución de la media del número de horas trabajadas por persona. La duración media de la jornada es de 31 horas semanales, lo que desvela que existe una ocupación a tiempo parcial indeseada cada vez mayor que logra que tener un contrato de trabajo no evite estar en situación de pobreza.

Además de innegables avances en temas de conciliación de vida familiar (más duración del permiso por nacimiento, alguna mayor facilidad para la adaptación de jornada y ampliación de algunos permisos), otra bandera del Gobierno ha sido la ampliación del salario mínimo. Si bien es cierto que éste casi se ha duplicado desde el año 2011 (de 641 euros a 1.220) la inflación del 34,5% de este periodo se ha llevado gran parte de la subida (hay que tener en cuenta que el IPC no incluye el precio de la vivienda, que ha aumentado una media del 45% y del 12,8% solo este último año). Además, esta subida del salario mínimo no ha empujado la subida del resto: el salario mediano de 2011 ascendió 19.287 euros y el de 2025 a 24.800, lo que supone, teniendo en cuenta la inflación, una pérdida salarial de mil euros anuales.

Unas notas sobre el cisma en CNT

No podemos hablar de cuestiones sobre el trabajo y pasar por alto algo sobre lo que hemos mantenido un prudente (y puede que algo cobarde) silencio durante estos años. La ruptura en el anarcosindicalismo entre las CNTs, con especial gravedad en lo sucedido en nuestra ciudad, nos hace caer en el pesimismo sobre el mundo nuevo que queremos construir y nos hace dudar de si nuestros principios de asamblearismo, apoyo mutuo, acción directa y antipunitivismo podrán ser los pilares de éste. No queremos ahondar en el conflicto, quien quiera conocer las versiones de ambos bandos puede leer los comunicados de cada organización (y quien quiera lanzarse al barro puede ver los lamentables foros y publicaciones en redes sociales de ex-compañeros echándose mierda), pero sí reprochar (algunas como afiliadas, todas como compañeras) la incapacidad de ambas organizaciones de resolver un problema con la madurez y generosidad que se debía esperar del sindicato.

Demandas en los juzgados, agresiones entre compañeros, calumnias, decisiones tomadas de espaldas a la afiliación y construcción de un relato donde la CNT contraria era el mayor enemigo imaginable, ha eclipsado el trabajo de algunas afiliadas que, en la sombra, han tratado de poner algo de sentido en esta ruptura mientras algunos trataban de torpedear cualquier acercamiento. Todo nuestro respeto hacia ellas y nuestro mayor deseo de que, contra todo pronóstico, el conflicto no acabe de una manera que nos avergüence a todas durante años.

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✇Todo Por Hacer

El antifascismo en un mundo a la deriva

Por: Todo Por Hacer

Cuando el desencanto es tradición, el entusiasmo es la resistencia” – Biznaga

Cuando empezamos a publicar este periódico en el año 2011, el auge de la extrema derecha no era una de nuestras principales preocupaciones. Éramos conscientes de que el franquismo sociológico seguía permeando las instituciones del Estado (policía, jueces, altos funcionarios, etc), que existían grupos fascistas que atacaban a minorías y que parte de la ultraderecha seguía habitando espacios dentro de los partidos conservadores como el PP, por lo que no sabíamos que no podíamos relajarnos y confiarnos. Sin embargo, gracias al buen trabajo del movimiento antifascista –revitalizado en 2007 tras el asesinato de Carlos Palomino a manos de un militar neonazi–, las ideas de la extrema derecha se habían contenido y, cuando el descontento por las recetas neoliberales del PSOE y PP para salir de la crisis fue en aumento, las propuestas que se pusieron sobre la mesa eran mayoritariamente de izquierdas. Las había más rupturistas y más reformistas que terminarían por mantener el sistema capitalista-democrático-liberal intacto, pero no daba la sensación de que el mundo viraría en poco tiempo hacia el fascismo.

Quince años después el contexto es muy distinto. Los levantamientos que entre 2010 y 2020 pretendieron reestructurar las sociedades –el 15-M en el Estado español, el movimiento occupy en EEUU, la Primavera Árabe, el parque Gezi en Turquía, V de Vinagre en Brasil, las revueltas de Chile, Grecia, Hong Kong, etc– fracasaron y en buena parte del mundo gobiernan hombres autoritarios, que no creen en los derechos humanos ni en las democracias liberales (nosotras tampoco, pero por motivos distintos) y que defienden la ley del más fuerte y los etnoestados.

¿Por qué ha virado el mundo hacia la extrema derecha?

¿Cómo ha podido pasar esto? La respuesta es compleja y multifactorial. Autores como Vincent Bevins han dedicado libros enteros a este fenómeno, por lo que no podemos dar una respuesta fácil en dos páginas, aunque sí podemos intentar dar algunas pinceladas superficiales sobre cómo percibimos que ha ocurrido en nuestro contexto.

En primer lugar, (1) hay que señalar las invasiones imperialistas de Afganistán e Irak por parte de EEUU (apoyadas por varias potencias europeas, que mantienen una relación tóxica con su novio yanki), así como sus agresiones sobre Siria y Libia y el continuo expolio occidental de los recursos naturales de África. Estas guerras normalizaron la islamofobia –demonizando a las personas del mundo árabe– y desestabilizaron varios regímenes de Oriente Medio, provocaron millones de muertos y el desplazamiento forzoso de muchos más, dando pie a una gran crisis de refugiados.

Por su parte, (2) la respuesta europea a esta crisis no fue la de reaccionar con empatía y generosidad como se debería haber hecho (máxime teniendo en cuenta que el desastre era nuestro), sino de forma racista y violenta contra las personas de origen extranjero. Los gobiernos conservadores y socialdemócratas profundizaron las dinámicas de explotación, colonialismo e imperialismo, las fronteras se endurecieron –aumentando la mortalidad de quienes intentan penetrar en esta fortaleza que es Europa–, se delegó en terceros países la gestión de la inmigración y los discursos de odio dentro de nuestros países fueron paulatinamente en aumento.

En este contexto, (3) los partidos y organizaciones de la vieja y nueva extrema derecha comenzaron a cobrar fuerza, explotando el miedo (“nos van a quitar el trabajo”, “no cabemos todos”, “no respetan a las mujeres”, “son criminales”) y deshumanizando a “los otros”. Y su odio no solo lo han dirigido hacia migrantes, sino también contra la comunidad trans, las personas LGTBIQ, el feminismo, el ecologismo, etc, conectando así con un movimiento ultraconservador que lleva décadas tratando de revocar los avances sociales que se han ido conquistando a lo largo del tiempo.

(4) El papel de los medios de comunicación ante estos discursos ha sido lamentable, dando altavoz a seres despreciables que vomitan xenofobia, sin confrontarlos, sin exponerlos. Quienes pensaban que los argumentos racistas decaerían por su propio peso, o que había que ignorar a los fascistas porque se morirían solos si no les hacemos casito, resultaron estar equivocadas: sus ideas se encuentran cada vez más normalizadas.

Además de extender discursos discriminadores, (5) la derecha también ha sabido instrumentalizar los bulos para obtener réditos. Cada vez que ocurre un hecho noticiable, las mentiras racistas, homófobas, tránsfobas, o contra personas de izquierdas no tardan en emerger. Así, no solo han conseguido convencer a muchas personas a base de bulos, sino que también han conseguido que nadie sea capaz de discernir la verdad en ese enorme lodazal que componen los medios de comunicación y las redes sociales.

Mención especial merecen (6) las redes sociales, porque los oligarcas tecnológicos de Silicon Valley, muchos de los cuales creen en su superioridad genética (como Elon Musk, Peter Thiel, Mark Zuckerberg, etc) y que el mundo sería mejor si se les permitiera gobernar como emperadores, han manipulado sus algoritmos para amplificar los mensajes de destacados nazis y enterrar los discursos que les plantan cara.

También ha sido grave (7) el papel de los partidos progres en los últimos años a la hora de generar desencanto. La socialdemocracia e, incluso, algunos partidos de izquierdas (como es el caso de BSW en Alemania), temiendo que la derecha fuera a superarles, comenzaron a imitar los discursos antiinmigración de la extrema derecha, creyendo que teniendo una postura un poco más suave y respetuosa les votarían a ellos. Pero se equivocaron; cuando los votantes perciben que una marca imita a otra, prefieren la original.

Además, los partidos de izquierdas lograron desmovilizar a miles de personas que participaban en los movimientos transformadores de los primeros años de la década pasada, prometiendo que “asaltarían los cielos” en su nombre. Sin embargo, cuando formaciones como Podemos o Sumar entraron en los gobiernos, no lograron conquistar nada. Ni derogaron la Ley Mordaza, ni la reforma laboral, ni consiguieron que Interior respondiera por las infiltraciones policiales en movimientos sociales, ni reformaron la policía, ni la Justicia, ni el problema de la vivienda, ni la escalada militar, ni nada. La izquierda institucional se ha mostrado incapaz de solucionar los problemas de la gente y su falta de credibilidad allana el camino a la derecha.

Otra de las causas por las que triunfa la extrema derecha se debe (8) a que llevamos más de dos años asistiendo a un genocidio en tiempo real en Palestina y nadie ha movido un puto dedo por pararlo. Esto ha envalentonado racistas en general e islamófobos en particular, que han comprendido que no pasa nada por atacar violentamente a un pueblo entero, siempre y cuando estés del lado del más fuerte. Por tanto, no extraña que Trump se crea con derecho a secuestrar a Nicolás Maduro, anexionarse Groenlandia o amenazar explícitamente a cualquiera que ose criticarle; es la misma lógica imperialista.

El fascismo ha generado monstruos que vemos a diario en los medios: soldados israelíes que torturan a presos palestinos son aplaudidos y tratados como héroes por sus compatriotas, paramilitares de ICE aterrorizan y disciplinan a personas migrantes en ciudades de EEUU y Nayib Bukele farda de sus centros de encierro en El Salvador, por citar algunos ejemplos.

Mientras, el capitalismo sigue su curso, pues esta nueva era totalitaria no le amenaza, sino que se trata más bien de una vuelta de tuerca. (9) La desafección que ha promovido un sistema basado en la desigualdad ha sido el gran alimento de la extrema derecha. Por eso, recordamos hoy las palabras de Buenaventura Durruti: “Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de sus manos, alzan el fascismo para mantener sus privilegios”.

El antifascismo, más necesario que nunca

El historiador Mark Bray define el antifascismo como una ideología que se autodefiende de los movimientos racistas, fascistas y autoritarios y evita que crezcan lo suficiente como para que supongan una amenaza real contra personas oprimidas. En este sentido, “el antifascismo es proactivo, no espera a que el fascismo conquiste el poder para actuar e intenta pararlo de raíz”. Y resalta que el antifascismo además cuestiona las estructuras de poder y dominación que permiten que el fascismo exista, por lo que “el antifascismo no es solo la oposición a los fascistas, sino una lucha por un mundo sin fascismo, sin racismo, sin jerarquías autoritarias”.

Un movimiento antifascista fuerte, amplio y de base es nuestra única esperanza para detener la oleada ultraderechista que pretende arrasarnos. Y eso lo saben los fascistas. Por eso, en los últimos meses Trump ha declarado el movimiento antifascista como “organización terrorista doméstica” en EEUU y ha defendido la brutalidad policial ejercida contra sus opositores –como los agentes de ICE que asesinaron a Renée Nicole Good con tres tiros en la cabeza por protestar contra sus redadas racistas–. Y miedo nos da que le de por designarla como “organización terriorista internacional” y empiece a aprobar sanciones contra quienes le desafíen (como ha hecho en el último año con los jueces del Tribunal Penal Internacional que pidieron la detención de Netanyahu o a la relatora de la ONU para el conflicto palestino, Francesca Albanese, que no puede tener cuentas bancarias a su nombre, volar en algunas aerolíneas o reservar habitaciones de hotel).

La coalición Patriotas por Europa (grupo al que pertenece Vox) solicitó hace unos meses que el Parlamento Europeo otorgase la designación de “organización terrorista” al movimiento antifascista en nuestro continente. Por ahora no ocurrirá, pero tiempo al tiempo. El manual ya lo tienen estudiado: se empieza etiquetando a un movimiento difuso y sin estructura definida como “terrorista” y se le reviste de amenaza existencial; y el día que ocurra algo, ya sea un acto de violencia, unos desórdenes públicos, una manifestación, lo que sea, se abre el aparato de represión estatal y se termina por extender al conjunto de la disidencia (organizaciones antifascistas, colectivos antirracistas, sindicatos, asociaciones de vecinas, colectivos de barrio, etc).

El movimiento anarquista del Estado español conoce muy bien cómo funcionan estos planes de criminalización. Ya lo vivimos hace una década, cuando en 2013 fueron detenidas dos anarquistas, acusadas de plantar una bomba en la Basílica del Pilar de Zaragoza. Tras ello, varios políticos y medios de comunicación comenzaron a informar, de forma constante, que el anarquismo se estaba organizando para planear atentados terroristas y que estaba “imitando a Al-Qaeda”. Un año después, en 2014, tuvo lugar la Operación Pandora, que en 2015 fue seguida por las Operaciones PiñataPandora 2 y Ice, en las que decenas de anarquistas fueron detenidas e imputadas por terrorismo por no se sabe muy bien qué motivos. Por suerte, finalmente todas las causas acabaron archivadas y quedaron en nada, pero la próxima vez el resultado podría ser otro.

Por suerte, hemos sacado aprendizajes de estos golpes y también sabemos cómo debemos actuar: con solidaridad, con determinación, con movilizaciones contra sus discursos criminalizadores y, sobre todo, planteando alternativas a su sistema de dominación, para convertir a los represores en irrelevantes. Es decir, frente a su fascismo, más antifascismo y más militancia en todos los colectivos que buscan erradicar.

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Clickea la escuela: caso modelo en educación digital crítica

Por: Radios Libres

Una experiencia para crear y ofrecer un modelo replicable que pueda inspirar políticas públicas en educación digital crítica.

Con información de CLADE y CADE.

La Campaña Latinoamericana por el Derecho a la Educación (CLADE), la Campaña Argentina por el Derecho a la Educación (CADE), con la participación de la Federación Argentina de Instituciones de Ciegos y Ambliopes (FAICA), Comuna Digital y el apoyo de Internet Ciudadana, implementaron en 2025 un caso modelo de educación digital crítica en la Escuela Secundaria N°1 de Boulogne, localizada en la Provincia de Buenos Aires, Argentina.

Durante cuatro encuentros, entre julio y septiembre de 2025, docentes y estudiantes exploraron herramientas digitales libres, reflexionaron sobre el uso de datos y experimentaron con producción de contenidos en audio y video. Todo el proceso estuvo acompañado por materiales pedagógicos, asistencia técnica —presencial y virtual— y una metodología participativa que promovió el aprendizaje colectivo.

La experiencia culminó con la creación conjunta de un video grupal y una serie de podcasts, resultado del trabajo colaborativo entre estudiantes y docentes, y evidencia del potencial transformador de una educación digital crítica, inclusiva y participativa.

El próximo objetivo de las organizaciones participantes en la iniciativa sería replicar la experiencia en otras escuelas de la región y escalarlo para que sea incorporado en la política pública de educación en distintos países de América Latina y el Caribe.

El podcast de la experiencia

El Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO) ha producido este audio sobre la experiencia que puedes descargar y transmitir por tu radio para que se conozca este interesante laboratorio de alfabetización tecnológica crítica. Hay testimonios de organizadores, docentes y estudiantes involucrados. ¡Quizás, al escucharlo, alguna otra escuela se anima a implementarlo!

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Créditos:

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Mapeo de Tecnologías Libres en América Latina y el Caribe

Por: Radios Libres

Conoce este catálogo colaborativo que mapea el ecosistema de tecnologías libres de la región, cono software, organizaciones, recursos y otras herramientas que te servirán para eludir el dominio actual de las corporaciones tecnológicas.

Acceder al mapeo: https://telar1.gitlab.io/comunidadtecnologiaslibres

La iniciativa surgió de Internet Ciudadana, un espacio latinoamericano y caribeño, donde confluyen organizaciones, colectivos y personas que movilizan agendas comunes para construir una Internet de los pueblos, entre ellas Radios Libres.

El catálogo, que se encuentra en continua construcción colaborativa, fue desarrollado por compañeras y compañeros de los colectivos Telar, Comuna Digital, Niboe, SurSiendo, OpenLab Ec, Undernet y Pressenza.

El mapeo cuenta con:

  • una sección de herramientas y servicios digitales;
  • otra de organizaciones que trabajan en este campo;
  • y diversos recursos formativos como libros y capacitaciones.

Secciones que te ayudarán a entender mejor el panorama digital, a cuidarnos y a saber cómo avanzar hacia entornos digitales más libres y soberanos.

En su confección se ha priorizado la sencillez, evitando complicaciones excesivas ya que está pensado para personas que se inician en esta materia. Seguramente, más especializados echarán de menos otras herramientas y recursos que se irán sumando en el futuro. De hecho, en el mismo catálogo existen formularios para sugerir y aportar nuevas herramientas, organizaciones o recursos.

Cualquier duda o sugerencia puedes ponerte en contacto con Comuna Digital o Internet Ciudadana.

Más información sobre el mapeo:

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Arranca el (turbulento) 2026

Por: Radios Libres

Inicia este nuevo año en el que Radios Libres cumple 12 años desde su fundación.

Los afanes imperialistas del presidente Trump, rememorando funestos y dolorosos recuerdos de las peores y más sangrientas épocas de América Latina y el Caribe, presagian un año sinuoso y turbulento. También en lo tecnológico.

El empeño del presidente estadounidense por dominar Groenlandia, no se debe únicamente a su afán por anticiparse a China o Rusia en la batalla geopolítica ante el desconcierto de la Unión Europea. Alentando sus intenciones están algunos de los principales magnates de Silicon Valley, inversores de compañías dedicadas a la Inteligencia Artificial que, desde hace tiempo, sueñan con instaurar su civilización liberal tecnoutópica en la fría Groenlandia. Tierras llenas de minerales críticos, recursos energéticos y con la posibilidad de refrigerar sin costo los centros de datos que esta tecnología necesita.

Es por ello que la Inteligencia Artificial será un tema recurrente en los próximos meses de Radios Libres, con libro incluido, desde un enfoque político y sociotécnico.

También nos dedicaremos a la actualización del censo de emisoras que mantenemos junto a Tito Ballesteros del blog Radios de América. Ya estamos recabando los datos para una nueva edición del Mapa de Radios que contabiliza las estaciones de la región desde el año 2012.

Y seguiremos compartiendo buenas noticias de proyectos amigos que impulsan y desarrollan tecnologías libres. Precisamente, este primer boletín de 2026 lo abrimos con dos de esas experiencias: el Mapeo de Tecnologías Libres, promovido por Internet Ciudadana y un podcast sobre el caso-modelo en educación digital crítica “Clickea la escuela”, llevada a cabo en la Provincia de Buenos Aires, Argentina.

Iremos compartiendo más novedades a lo largo del año, en el que seguiremos trabajando para acercar a las radios y medios comunitarios de América Latina y el Caribe al mundo de las tecnologías libres.

Saludos!
Equipo Radios Libres

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Seis bebés muertos por frío y 442 asesinados en Gaza tres meses después del alto el fuego

Por: Todo Por Hacer

Extraído de El Salto

El Ministerio de Salud de Gaza sigue dando testimonio del impacto del genocidio que Israel ha perpetrado en Gaza desde el 7 de octubre de 2023. Tres meses después de la entrada en vigor del alto el fuego auspiciado por Trump, la muerte de un bebé recién nacido (de siete días) y otro niño de cuatro años ha elevado a seis el número total de muertes infantiles causadas por el frío desde el comienzo del invierno, según el recuento del Gobierno de la Franja.

Además, la semana pasada se informaba de la muerte de Ata Mai, un niño de siete años, quien se ahogó el 27 de diciembre durante las inundaciones en un campamento improvisado para desplazados internos en Sudaniyeh, al noroeste de la ciudad de Gaza.

Las inundaciones del 30 de diciembre y el 9 de enero han recrudecido las condiciones en un contexto en el que los materiales para refugios sigue siendo “críticamente insuficiente”, en palabras del Ministerio de Salud: “Casi un millón de personas necesitan urgentemente vivienda de emergencia, y las organizaciones humanitarias piden soluciones de refugio duraderas y la rehabilitación de las viviendas dañadas”.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estima que un millón de personas en Gaza siguen necesitando urgentemente asistencia de emergencia para refugios.

Naciones Unidas ha dado la voz de alerta sobre la precariedad de la vida en los campamentos de refugiados: “Como estructuras de emergencia, las tiendas de campaña ofrecen una protección limitada contra las fuertes lluvias, las inundaciones o el frío, y se deterioran rápidamente con el uso prolongado”, advirtió la ONU.

La prohibición por parte del gobierno israelí de 37 organizaciones que proporcionaban ayuda humanitaria y suministros básicos, ordenada por Israel por una supuesta “explotación de los marcos humanitarios con fines terroristas”, ha empeorado una situación catastrófica también por la destrucción de las infraestructuras. Se calcula que el 80 % de la infraestructura de agua y saneamiento de Gaza ha sido destruida parcial o totalmente, incluidas las seis principales plantas de tratamiento de aguas residuales.

En la actualidad, Israel no ha cumplido el capítulo del alto el fuego con respecto a la autorización de entrada de camiones de ayuda humanitaria. La Cruz Roja alemana ha denunciado que no se ha llegado aun al mínimo requerido de 600 camiones diarios.

Cisjordania, ocupación en Yenín y Tulkarem - 6


Las inundaciones del 30 de diciembre y el 9 de enero han recrudecido las condiciones en un contexto en el que los materiales para refugios sigue siendo “críticamente insuficiente”, en palabras del Ministerio de Salud: “Casi un millón de personas necesitan urgentemente vivienda de emergencia, y las organizaciones humanitarias piden soluciones de refugio duraderas y la rehabilitación de las viviendas dañadas”.

La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) estima que un millón de personas en Gaza siguen necesitando urgentemente asistencia de emergencia para refugios.

Naciones Unidas ha dado la voz de alerta sobre la precariedad de la vida en los campamentos de refugiados: “Como estructuras de emergencia, las tiendas de campaña ofrecen una protección limitada contra las fuertes lluvias, las inundaciones o el frío, y se deterioran rápidamente con el uso prolongado”, advirtió la ONU.

El domingo 11 de enero, la Comisión de Prisioneros Palestinos, denunciaba la confirmación de la muerte del preso palestino Hamza Adwan en una prisión israelí

La prohibición por parte del gobierno israelí de 37 organizaciones que proporcionaban ayuda humanitaria y suministros básicos, ordenada por Israel por una supuesta “explotación de los marcos humanitarios con fines terroristas”, ha empeorado una situación catastrófica también por la destrucción de las infraestructuras. Se calcula que el 80 % de la infraestructura de agua y saneamiento de Gaza ha sido destruida parcial o totalmente, incluidas las seis principales plantas de tratamiento de aguas residuales.

En la actualidad, Israel no ha cumplido el capítulo del alto el fuego con respecto a la autorización de entrada de camiones de ayuda humanitaria. La Cruz Roja alemana ha denunciado que no se ha llegado aun al mínimo requerido de 600 camiones diarios.

Pese al efecto cloroformo que supuso la solución Trump, las muertes de civiles en Gaza siguen goteando en la Franja. Cada día desde el alto el fuego Israel ha matado a una media de cinco personas.

La última masacre tuvo lugar el jueves 8 de enero, cuando las Fuerzas Armadas de Israel atacaron con un dron una tienda de campaña que albergaba a personas desplazadas en el sur de Gaza, causando la muerte de 13 personas, cinco de ellas menores de edad. El lunes, Al Jazeera informaba de que un dron cuadricóptero israelí había asesinado a tres palestinos en Khan Younis, al sur de la Franja.

Además, las autoridades de Gaza confirmaban que una milicia colaboracionista con Israel de la Franja había llevado a cabo un atentado en el que acabó con la vida de Mahmoud Al-Astal, de 40 años, director de Investigaciones Policiales.

Muertes en comisaría

El domingo 11 de enero, la Comisión de Prisioneros Palestinos (PPSMO, en inglés), denunciaba la confirmación de la muerte del preso palestino Hamza Adwan en una prisión israelí. El hecho tuvo lugar el 9 de septiembre de 2025, pero no ha sido hasta este 2026 cuando las autoridades penitenciarias confirmaron esa muerte, que supone la número 87 de presos palestinos desde el 7 de octubre de 2023, en lo que es la peor campaña de asesinatos en prisión en la historia del conflicto. 51 de esas 87 personas fueron detenidas en Gaza.

Las cifras, no obstante, es más elevada, según la PPSMO, que calcula que “decenas de detenidos mártires de Gaza siguen desaparecidos por la fuerza, junto con decenas de detenidos que fueron ejecutados sumariamente”.

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Groenlandia: entre el imperialismo yanki y el colonialismo europeo

Por: Todo Por Hacer

Las últimas declaraciones surgidas por Donald Trump y el resto de su Gobierno sobre anexarse Groenlandia en nombre de la seguridad frente a China y Rusia dejan claro que no descarta ninguna opción (incluso la bélica) para conseguir su propósito. «Ahora mismo vamos a hacer algo con Groenlandia, les guste o no. Porque si no lo hacemos, Rusia o China se apoderarán de Groenlandia y no vamos a tener a Rusia ni a China como vecinos. Me gustaría llegar a un acuerdo, ya saben, por las buenas, pero si no lo hacemos por las buenas, lo haremos por las malas«, manifestó durante una reunión con ejecutivos de compañías petroleras en la Casa Blanca.

Estas palabras han provocado estupor en amplios sectores de la opinión pública europea. Los aliados de Trump en Europa (Abascal, Meloni, Orbán, etc) se encuentran en la incómoda posición de elegir entre su amigo fascista o defender la integridad territorial de la sagrada «Europa», cuna de la civilización occidental y el supremacismo blanco. Por otro lado, la Europa supuestamente “progresista” también se ha encontrado con una realidad que prefiere eludir: Groenlandia continúa siendo, en pleno siglo XXI, una colonia.

Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, pero su relación con la metrópoli responde a un patrón colonial prolongado. Dinamarca colonizó formalmente la isla en el siglo XVIII y, aunque desde 1979 cuenta con autogobierno y desde 2009 con competencias ampliadas, la política exterior, la defensa y la seguridad siguen en manos de Copenhague.

Bajo la superficie de la socialdemocracia nórdica se esconde un historial prolongado de asimilación forzosa, racismo institucional y negación de soberanía contra la población inuit. Durante el siglo XX, el Estado danés ejecutó programas de ingeniería social que hoy resultarían difíciles de conciliar con su imagen internacional: niños inuit fueron separados de sus familias y enviados a Dinamarca para ser “reeducados”, despojados de su lengua y su identidad cultural.

La Doctrina Donroe

Tras invadir Venezuela y secuestrar a Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, Trump explicó a los medios que había vuelto la Doctrina Monroe ( la idea de que cualquier territorio estratégicamente relevante en su entorno debe estar bajo su control directo o indirecto para evitar las injerencias externas), pero actualizada al siglo XXI, llamándola «Doctrina Donroe«. Puro imperialismo. Y su exabrupto de hacerse con Groenlandia es una expresión descarnada de una estrategia para consolidar un portaviones inamovible en el Ártico desde el que vigilar el Atlántico Norte y sostener su arquitectura global de defensa. Y eso pese a que la presencia china en Groenlandia es fundamentalmente científica y comercial y Rusia apenas actúa allí.

Para completar las posiciones estratégicas, la retórica de la Alianza Atlántica en el Ártico es el manual perfecto del cinismo geopolítico. Mientras la OTAN invoca la soberanía y el derecho internacional en otros escenarios, en el extremo norte aplica una lógica de tutela colonial que ignora sistemáticamente la voluntad del pueblo inuit (según una encuesta publicada en enero de 2025 por la empresa demoscópica Verian, encargada por los diarios Berlingske y Sermitsiaq, un 56% de la población groenlandesa votaría hoy a favor de la independencia, frente a un 28% que se opondría).

Los líderes de los partidos groenlandeses, incluido el primer ministro de Groenlandia, Jens Frederik Nielsen, han emitido un comunicado conjunto tras las declaraciones de Trump en las que han rechazado el «desprecio» de Washington y han vuelto a instar a la diplomacia. «Queremos recalcar una vez más nuestro deseo de que cese el desprecio de Estados Unidos por nuestro país. No queremos ser estadounidenses ni daneses, queremos ser groenlandeses«, han declarado, asegurando que están «gobernados por la ley del autogobierno y el Derecho Internacional«.

La OTAN como protector ambiental

En los últimos años, la OTAN ha tratado incluso de envolver su despliegue en el Ártico con un lenguaje de “protección ambiental”. La paradoja es obscena: el aparato militar figura entre los mayores consumidores de combustibles fósiles del planeta y, sin embargo, presenta sus maniobras como salvaguarda del hielo.

Evidentemente, esas operaciones no persiguen frenar el deshielo, sino garantizar que, cuando el Ártico quede abierto, las rutas comerciales y los yacimientos estratégicos permanezcan bajo control occidental. Bajo el hielo se concentran enormes reservas de tierras raras, oro, uranio, hierro y otros minerales críticos esenciales para la industria tecnológica y la mal llamada “transición verde” del capitalismo global.

Esos minerales son hoy clave para nuestra vida tecnológica. Son 17 elementos químicos esenciales para fabricar móviles, ordenadores, baterías, aerogeneradores o coches eléctricos. Desde el escandio hasta el lutecio, pasando por el itrio, el lantano, el europio o el neodimio. Materias primas estratégicas que hoy dominan, en gran parte, países como China.

Pero hay más. Mucho más. Bajo esas capas heladas, los científicos creen que Groenlandia podría albergar grandes reservas de gas y petróleo. Y ahí entra en juego otro viejo conocido: la pasión del trumpismo por los hidrocarburos.

Informes del Financial Times y del U.S. Geological Survey detallan la creciente presión de grandes corporaciones mineras para abrir explotaciones que contaminarían territorios ancestrales y alterarían de forma irreversible el entorno ártico. La economía groenlandesa, donde alrededor del 25 % del PIB —según datos  recogidos por Reuters y el Nordic Council— depende todavía de transferencias procedentes de Dinamarca, queda así atrapada en un dilema: continuar bajo una tutela colonial que limita su soberanía o financiar la independencia mediante un extractivismo salvaje que pone en riesgo las bases mismas de su supervivencia ecológica y cultural.

¿La ruptura de Europa con EEUU?

En una declaración conjunta en respuesta a las amenazas de Estados Unidos, seis líderes europeos declararon que «Groenlandia pertenece a su pueblo. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia, y solo a ellas, decidir sobre los asuntos que afectan a Dinamarca y Groenlandia». Y, acto seguido, Noruega, Suecia, Francia, Alemania, Reino Unido, Países Bajos y Finlandia desplegaron tropas en Groenlandia.

Pocas horas después, la Casa Blanca declaró que «adquirir Groenlandia es una prioridad de seguridad nacional de Estados Unidos y es vital para disuadir a nuestros adversarios en la región ártica. El presidente y su equipo están debatiendo una serie de opciones para alcanzar este importante objetivo de política exterior y, por supuesto, recurrir al ejército estadounidense es siempre una opción a disposición del comandante en jefe». Unos días después, Trump anunció aranceles del 10% a los países que habían enviado soldados a Groenlandia. Y ha avisado además que subirá a partir del 1 junio a un 25% y «deberá pagarse hasta que se llegue a un acuerdo para la compra total y completa de Groenlandia» por parte de Estados Unidos.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, declaró que si Estados Unidos tomaba Groenlandia por la fuerza, la propia OTAN se derrumbaría.

Explica Rafael Poch que «si la dependencia de Estados Unidos con respecto a Ucrania obliga a los europeos a aceptar la ocupación estadounidense del territorio de un miembro europeo de la OTAN, la humillación sería tan profunda que la idea misma de Europa como factor significativo en los asuntos mundiales desaparecería«.

Autodeterminación frente a la lógica imperial

En el fondo, lo que está en juego no es una disputa técnica sobre seguridad o desarrollo, sino el choque entre dos principios irreconciliables: el derecho del pueblo groenlandés a decidir libremente su futuro —político, económico y ambiental— o quedar sistemáticamente subordinado a una lógica imperial que convierte el Ártico en un tablero de poder y en un almacén de recursos estratégicos.

Este artículo ha sido escrito a partir de otros publicados en Kaos en la Red, Diario Red y El Salto

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Irán: Un levantamiento asediado desde dentro y desde fuera

Por: Todo Por Hacer

A partir del 28 de diciembre de 2025, una nueva ola de protestas estalló en todo Irán, provocada por las dificultades económicas y que se intensificó hasta pedir el derrocamiento del Gobierno. Se trata, como mínimo, del quinto movimiento de este tipo en una década, que se suma a las anteriores oleadas de disturbios laborales y resistencia feminista. Sin embargo, dentro de este levantamiento, los movimientos de base se enfrentan a monárquicos reaccionarios, en su mayoría radicados fuera de Irán, que buscan el apoyo de Estados Unidos e Israel para hacerse con el poder.

Todo ello en medio de una situación geopolítica tumultuosa. El Gobierno israelí ha intensificado los bombardeos sobre Gaza y el Líbano y la apropiación de tierras en Gaza, el Líbano y Siria; se está preparando para construir un asentamiento que dividirá Cisjordania en dos, con el fin de imposibilitar la creación de un Estado palestino. Estados Unidos acaba de secuestrar al presidente de Venezuela y a su esposa para apoderarse del petróleo venezolano, lo que demuestra su determinación de llegar a cualquier extremo para dominar a los pueblos tanto dentro como fuera de sus fronteras.

En el otoño de 2025, los manifestantes de Nepal y otros lugares demostraron que todavía es posible que los movimientos sociales derroquen gobiernos. Una revolución exitosa en Irán podría desencadenar una ola de cambios en todo el mundo. Pero si esa revolución fuera secuestrada por fuerzas reaccionarias, podría retrasar los movimientos de liberación otra generación o más.

Hay mucho en juego. Le debemos a los movimientos populares de Irán informarnos sobre ellos y apoyarles, tanto porque se enfrentan a una situación desesperada como para asegurarnos de que no llegue al poder un régimen títere al servicio de Israel y Estados Unidos. 

A continuación, presentamos tres perspectivas sobre el levantamiento de la última semana y media, extraídas del medio de comunicación Crimethinc.

Informe sobre la actual ola de protestas en Irán

Este texto ha sido aportado por unx anarquista residente en Irán que está documentando e informando activamente sobre la situación actual. Debido a graves motivos de seguridad, prefiere permanecer en el anonimato.

Durante casi una década, la sociedad iraní ha sido testigo repetidamente de oleadas de protestas callejeras dirigidas contra el sistema político gobernante, la República Islámica. Si bien estas protestas han surgido como consecuencia de diferentes desencadenantes inmediatos, todas ellas tienen su origen en profundas crisis estructurales sin resolver —económicas, políticas y sociales— que siguen configurando la vida cotidiana en Irán.

A lo largo de estos años, la principal respuesta del Estado a la disidencia pública ha sido la represión sistemática. Los movimientos de protesta se han enfrentado sistemáticamente a la fuerza letal, detenciones masivas, encarcelamientos e intimidación generalizada. Lejos de resolver los problemas subyacentes, este enfoque ha contribuido a la acumulación de la ira pública y a un creciente sentimiento de injusticia en toda la sociedad.

Las protestas más recientes se desencadenaron inicialmente por el dramático colapso de la moneda nacional iraní y el grave deterioro de las condiciones de vida. La rápida devaluación del rial, combinada con la inflación galopante y la pobreza generalizada, ha empujado a amplios sectores de la población al límite de la supervivencia económica. Estas condiciones han llevado a muchos a concluir que la crisis no es temporal ni reformable, sino estructural e inseparable del sistema de poder existente.

A diferencia de episodios anteriores, las protestas actuales reflejan un nivel más amplio de conciencia colectiva. Las manifestaciones ya no se limitan a ciudades o grupos sociales específicos, sino que se han extendido simultáneamente por múltiples regiones, involucrando a diversos segmentos de la sociedad. Las reivindicaciones económicas se han transformado rápidamente en demandas explícitamente políticas, con manifestantes que piden abiertamente el fin del régimen autoritario y el desmantelamiento de la República Islámica.

Al mismo tiempo, parte de la oposición —sobre todo los grupos monárquicos— está intentando sacar partido del movimiento de protesta. A través de los medios de comunicación satélites y las plataformas sociales, estos actores tratan de presentarse como alternativas políticas viables, recurriendo a narrativas nostálgicas de la era prerrevolucionaria e intentando redirigir la ira popular hacia sus propios proyectos de poder.

Mientras tanto, la represión estatal se ha intensificado significativamente. Los informes indican que más de diez manifestantes han sido asesinados y cientos detenidos en los últimos días, aunque es probable que las cifras reales sean más elevadas. Las fuerzas de seguridad han ampliado el uso de la violencia, la vigilancia y las detenciones arbitrarias, lo que ha ejercido una enorme presión sobre los manifestantes y la población en general.

En general, la situación actual en Irán representa mucho más que un estallido espontáneo de descontento. Es señal de una profunda crisis de legitimidad, del colapso de la confianza pública en las instituciones gubernamentales y de una fase crítica en la confrontación entre la sociedad y el orden dominante. La trayectoria de este momento dependerá del equilibrio entre la resistencia social, la represión estatal y la capacidad de la población para organizarse de forma independiente, al margen tanto del poder estatal como de las fuerzas de oposición de la élite.


Protestas en Irán en pleno asedio de enemigos internos y externos: informe sobre el reciente levantamiento popular

El siguiente análisis es una contribución de Roja, un colectivo feminista independiente y de izquierdas con sede en París. Roja nació tras el feminicidio de Jina (Mahsa) Amini, coincidiendo con el inicio del levantamiento «Jin, Jiyan, Azadi» en septiembre de 2022. El colectivo está compuesto por activistas políticos de diversas nacionalidades y geografías políticas dentro de Irán, incluyendo kurdos, hazara, persas y otros. Las actividades de Roja no solo están relacionadas con los movimientos sociales en Irán y Oriente Medio, sino también con las luchas locales en París, en sintonía con las luchas internacionalistas, incluyendo el apoyo a Palestina. El nombre «Roja» se inspira en la resonancia de varias palabras en diferentes idiomas: en español, roja es el «rojo»; en kurdo, roj significa «luz» y «día»; en mazandarani, roja significa «estrella de la mañana» o «Venus», considerada el cuerpo celeste más brillante de la noche.

I. El quinto levantamiento desde 2017

Desde el 28 de diciembre de 2025, Irán ha vuelto a arder en la fiebre de las protestas generalizadas. Los cánticos de «Muerte al dictador» y «Muerte a Jamenei» han resonado en las calles de al menos 222 localidades de 78 ciudades en 26 provincias. Las protestas no solo son contra la pobreza, el alza de los precios, la inflación y el despojo, sino contra todo un sistema político podrido hasta la médula. La vida se ha vuelto insostenible para la mayoría, especialmente para la clase trabajadora, las mujeres, las personas lgbttqi+ y las minorías étnicas no persas. Esto se debe no solo a la caída libre de la moneda iraní tras la guerra de los doce días, sino también al colapso de los servicios sociales básicos, incluidos los repetidos cortes de electricidad; a la agudización de la crisis medioambiental (contaminación atmosférica, sequía, deforestación y mala gestión de los recursos hídricos); y a las ejecuciones masivas (al menos 2063 personas en 2025), todo lo cual se ha combinado para empeorar las condiciones de vida.

La crisis de reproducción social es el punto central de las protestas actuales, y su horizonte último es la reivindicación de la vida.

Este levantamiento es la quinta ola de una cadena de protestas que comenzó en diciembre de 2017 con el levantamiento conocido como la «Revuelta del Pan». Continuó con el sangriento levantamiento de noviembre de 2019, una explosión de ira pública contra la subida del precio del combustible y la injusticia. La revuelta de 2021 se conoció como el «levantamiento de los sedientos», iniciado y liderado por las minorías étnicas árabes. Esta ola alcanzó su punto álgido con el levantamiento «Mujer, Vida, Libertad» en 2022, que puso de relieve las luchas por la liberación de las mujeres y las luchas anticoloniales de naciones oprimidas como los kurdos y los baluchis, abriendo nuevos horizontes. El levantamiento actual vuelve a centrarse en la crisis de la reproducción social, esta vez en un terreno más radical y posbélico. Las protestas, que comienzan con reivindicaciones relacionadas con los medios de vida, pero con una rapidez sorprendente, se dirigen contra las estructuras de poder y la oligarquía gobernante corrupta.

II. Un levantamiento asediado por amenazas externas e internas

Las protestas que se están produciendo en Irán se ven asediadas por todas partes por amenazas tanto externas como internas. Solo un día antes del ataque imperialista de Estados Unidos contra Venezuela, Donald Trump, enarbolando el lenguaje del «apoyo a los manifestantes», lanzó una advertencia: si el Gobierno iraní «mata a manifestantes pacíficos, como es su costumbre, los Estados Unidos de América acudirán en su rescate. Estamos preparados y listos para actuar». Este es el guion más antiguo del imperialismo, que utiliza la retórica de «salvar vidas» para legitimar la guerra, ya sea en Irak o en Libia. Estados Unidos sigue hoy ese guion: solo en 2025, lanzó ataques militares directos contra siete países.

El genocida Gobierno israelí, que anteriormente había lanzado su asalto de doce días contra Irán bajo el slogan «Mujer, vida, libertad», ahora escribe en persa en las redes sociales: «Estamos con vosotros, manifestantes». Los monárquicos, como brazo local del sionismo, que asumieron la mancha y la vergüenza de apoyar a Israel durante la Guerra de los Doce Días, ahora intentan presentarse ante sus amos occidentales como la única alternativa. Lo han hecho mediante una representación selectiva y la manipulación de la realidad, lanzando una campaña online para apropiarse de las protestas, fabricar, distorsionar y alterar el sonido de las consignas callejeras a favor del monarquismo. Esto revela su engaño, sus ambiciones monopólicas, su poder mediático y, lo que es más importante, su debilidad dentro del país, ya que carecen de poder material en Irán. Con el eslogan «Make Iran Great Again» (Hagamos grande de nuevo a Irán), este grupo acogió con satisfacción la operación imperialista de Trump en Venezuela y ahora espera el secuestro de los líderes de la República Islámica por parte de sicarios estadounidenses e israelíes.

Y, por supuesto, están los campistas pseudoprogresistas —los autodenominados «antiimperialistas»— que maquillan la dictadura de la República Islámica proyectando una máscara antiimperialista sobre su fachada. Ponen en duda la legitimidad de las protestas actuales repitiendo la trillada acusación de que «un levantamiento en estas condiciones no es más que jugar en el campo del imperialismo», porque solo pueden leer a Irán a través del lente del conflicto geopolítico, como si toda revuelta fuera simplemente un proyecto estadounidense-israelí disfrazado. Al hacerlo, niegan la subjetividad política del pueblo iraní y otorgan a la República Islámica inmunidad discursiva y política mientras masacra y reprime a su propia población.

«Enojados con el imperialismo» pero «temerosos de la revolución» —por recordar la formulación fundacional de Amir Parviz Puyan—, su postura es una forma de antirreacción reaccionaria. Incluso se nos dice que no escribamos sobre las recientes protestas, asesinatos y represión en Irán en ningún idioma que no sea el persa en los foros internacionales, para no dar a los imperialistas un «pretexto», como si, más allá del persa, no hubiera personas en la región o en el mundo capaces de compartir destinos, experiencias, conexión y solidaridad en la lucha. Para los campistas, no hay otro sujeto que los gobiernos occidentales, ni otra realidad social que la geopolítica.

En oposición a estos enemigos, insistimos en la legitimidad de estas protestas, en la intersección de las opresiones y en el destino compartido de las luchas. La corriente monárquica reaccionaria se está expandiendo dentro de la oposición de extrema derecha iraní, y la amenaza imperialista contra el pueblo de Irán, incluido el peligro de una intervención extranjera, es real. Pero también lo es la furia del pueblo, forjada a lo largo de cuatro décadas de brutal represión, explotación y «colonialismo interno» del Estado contra las comunidades no persas.

No tenemos más remedio que afrontar estas contradicciones tal y como son. Lo que vemos hoy es una fuerza insurgente brotando de las profundidades del infierno social de Irán: personas que arriesgan sus vidas para sobrevivir, enfrentándose de lleno a la maquinaria de la represión.

No tenemos derecho a utilizar el pretexto de una amenaza externa para negar la violencia infligida a millones de personas en Irán, ni para negar el derecho a sublevarse contra ella.

Quienes salen a las calles están cansados de análisis abstractos, simplistas y condescendientes. Luchan desde dentro de las contradicciones: viven bajo sanciones y, al mismo tiempo, sufren el saqueo de una oligarquía nacional. Temen la guerra y temen la dictadura interna. Pero no se paralizan por el miedo. Insisten en ser sujetos activos de su propio destino y, al menos desde diciembre de 2017, su horizonte ya no es la reforma, sino la caída de la República Islámica.

III. La propagación de la revuelta

Las protestas se desencadenaron por la caída libre del rial, que estalló primero entre los comerciantes de la capital, especialmente en los mercados de teléfonos móviles y ordenadores, pero rápidamente se convirtieron en un levantamiento amplio y heterogéneo que atrajo a trabajadores asalariados, vendedores ambulantes, porteadores y trabajadores del sector servicios de toda la economía comerciante de Teherán. La revuelta pasó rápidamente de las calles de Teherán a las universidades y a otras ciudades, sobre todo a las más pequeñas, que se han convertido en el epicentro de esta ola de protestas.

Desde el primer momento, las consignas se dirigieron contra la República Islámica en su conjunto. Hoy en día, la revuelta está siendo impulsada sobre todo por los pobres y los desposeídos: jóvenes, desempleados, las poblaciones excedentarias, trabajadores precarios y los estudiantes.

Algunos han desestimado las protestas porque comenzaron en el Bazar (la economía comercial de Teherán), que a menudo se percibe como aliado del régimen y un símbolo del capitalismo comercial. Han tildado las protestas de «pequeñoburguesas» o «vinculadas al régimen». Este reflejo recuerda las primeras reacciones al movimiento de los chalecos amarillos de Francia en 2018: debido a que la revuelta surgió fuera de la clase trabajadora «tradicional» y de las redes de izquierda reconocidas, y debido a que llevaba consignas contradictorias, muchos se apresuraron a declararla condenada a ser reaccionaria.

Pero dónde comienza un levantamiento no determina hacia dónde se dirige. Su punto de partida no predetermina su trayectoria. Las actuales protestas en Irán podrían haber sido reavivadas por cualquier chispa, no solo por el Bazar. También en este caso, lo que comenzó en el Bazar se extendió rápidamente a los barrios pobres de las ciudades de todo el país.

IV. La geografía de la revuelta

Si el corazón palpitante de «Jin, Jiyan, Azadi» en 2022 latía en las regiones marginadas —Kurdistán y Baluchistán—, hoy en día las ciudades más pequeñas del oeste y el suroeste se han convertido en los núcleos centrales de las revueltas: Hamedan, Lorestán, Kohgiluyeh y Boyer-Ahmad, Kermanshah e Ilam. Las minorías lor, bakhtiari y lak de estas regiones están siendo doblemente aplastadas por las crisis superpuestas de la República Islámica: la presión de las sanciones y la sombra de la guerra, la represión y la explotación étnicas, y la destrucción ecológica que amenaza sus vidas, especialmente en Zagros. Se trata de la misma región en la que Mojahid Korkor (un manifestante Lor durante el levantamiento de Jina/Mahsa Amini) fue ejecutado por la República Islámica un día antes del ataque de Israel, y en la que Kian Pirfalak, un niño de nueve años, fue asesinado por balas reales disparadas por las fuerzas de seguridad durante el levantamiento de 2022.

Sin embargo, a diferencia del levantamiento de Jina, que desde el principio se expandió conscientemente a lo largo de líneas divisorias de género/sexualidad y etnia, el antagonismo de clase ha sido más explícito en las recientes protestas y, hasta ahora, su propagación ha seguido una lógica más basada en las masas.

Entre el 28 de diciembre y el 4 de enero de 2025, al menos 17 personas fueron asesinadas por las fuerzas represivas de la República Islámica con munición real y balas de goma, la mayoría de ellas lor (en sentido amplio, especialmente en Lorestán y Chaharmahal y Bakhtiari) y kurdas (especialmente en Ilam y Kermanshah). Cientos de personas han sido detenidas (al menos 580, entre ellas un mínimo de 70 menores) y decenas han resultado heridas. A medida que avanzan las protestas, la violencia policial se intensifica: en el séptimo día en Ilam, las fuerzas de seguridad irrumpieron en el hospital Imam-Khomeini para detener a los heridos; en Birjand, atacaron una residencia de estudiantes femenina. El número de muertos sigue aumentando a medida que se intensifica el levantamiento, y las cifras reales son sin duda superiores a las anunciadas.

La distribución de esta violencia es desigual, por supuesto: la represión es más dura en las ciudades más pequeñas, especialmente en las comunidades marginadas y minoritarias que han sido empujadas a la periferia. Las sangrientas matanzas de Malekshahi en Ilam y Jafarabad en Kermanshah son testimonio de esta disparidad estructural en la opresión y la represión.

En el cuarto día de protestas, el Gobierno, en coordinación con todas las instituciones, anunció cierres generalizados en 23 provincias con el pretexto del «frío» o la «escasez de energía». En realidad, se trataba de un intento de romper los circuitos a través de los cuales se propaga la revuelta: el Bazar, la universidad, la calle. Paralelamente, las universidades pasaron cada vez más a impartir las clases en línea para cortar los vínculos horizontales entre los espacios de resistencia.

V. El impacto de la Guerra de los Doce Días

Tras la Guerra de los Doce Días, el poder gobernante de Irán, en un intento por compensar el colapso de su autoridad, ha recurrido de forma más abierta a la violencia. Los ataques de Israel contra instalaciones militares y civiles iraníes han militarizado y securitizado aún más el espacio político y social, especialmente a través de la campaña racista de deportación masiva de inmigrantes afganos. Y mientras el Estado habla sin descanso en nombre de la «seguridad nacional», se ha convertido en sí mismo en un productor central de inseguridad: una inseguridad de vida intensificada a través de un aumento sin precedentes de las ejecuciones, el maltrato sistémico de los presos y una inseguridad económica intensificada a través de la brutal reducción de los medios de vida de la población.

La Guerra de los Doce Días, seguida de la intensificación de las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea y la activación del mecanismo de restablecimiento de sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, aumentó la presión sobre los ingresos petroleros, la banca y el sector financiero, ahogando la entrada de divisas y agravando la crisis presupuestaria.

Desde el 24 de junio de 2025, cuando terminó la guerra, hasta la noche en que estallaron las primeras protestas en el Bazar de Teherán el 18 de diciembre, el rial perdió alrededor del 40 % de su valor. No se trató de una fluctuación «natural» del mercado. Fue el resultado combinado de la escalada de sanciones y el esfuerzo deliberado de la República Islámica por trasladar los efectos de la crisis de arriba hacia abajo mediante la devaluación controlada de la moneda nacional.

Las sanciones deben condenarse incondicionalmente. Sin embargo, en el Irán actual, también funcionan como un instrumento interno de poder de clase. Las divisas extranjeras se concentran cada vez más en manos de una oligarquía militar y de seguridad que se beneficia de la evasión de sanciones y del opaco comercio petrolero. Los ingresos por exportaciones están efectivamente secuestrados y solo se liberan en la economía formal en momentos seleccionados y a tipos manipulados. Incluso cuando aumentan las ventas de petróleo, los ingresos circulan dentro de instituciones cuasi estatales y un «Estado paralelo» (sobre todo el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica), en lugar de entrar en la vida cotidiana de la población.

Para cubrir el déficit producido por la caída de los ingresos y el bloqueo de los rendimientos, el Estado recurre a la eliminación de subsidios y a la austeridad. En este marco, la repentina caída del rial se convierte en una herramienta fiscal: obliga a la moneda «secuestrada» a volver a circular en los términos del Estado y amplía rápidamente los recursos en riales del Gobierno, ya que el propio Estado es uno de los mayores poseedores de dólares. El resultado es una extracción directa de los ingresos de las clases bajas y medias, y la transferencia de los beneficios de la elusión de las sanciones y la renta monetaria a una minoría reducida, profundizando la división de clases, la inestabilidad de los medios de vida y la ira social. En otras palabras, los costes de las sanciones los pagan directamente las clases bajas y la clase media, cada vez más reducida.

Así, el colapso de la moneda nacional debe entenderse como un saqueo organizado por el Estado en una economía devastada por la guerra y estrangulada por las sanciones: una manipulación deliberada del tipo de cambio en favor de las redes de intermediación vinculadas a la oligarquía gobernante, al servicio de un Estado que ha convertido la liberalización neoliberal de los precios en una doctrina sagrada.

Los campistas de pseudoizquierda reducen la crisis a las sanciones estadounidenses y la hegemonía del dólar, borrando el papel de la clase dominante de la República Islámica como agente activo del despojo y la acumulación financiarizada. Los campistas de derecha, generalmente alineados con el imperialismo occidental, culpan únicamente a la República Islámica y consideran irrelevantes las sanciones. Estas posiciones se espejan entre sí, y cada bando tiene claros intereses en adoptarlas. En contra de ambos, insistimos en reconocer el entrelazamiento del saqueo y la explotación global y local. Sí, las sanciones devastan la vida de las personas —a través de la escasez de medicamentos, la falta de piezas industriales, el desempleo y la erosión psicológica—, pero la carga se socializa sobre el pueblo, no sobre la oligarquía militar-securitaria que amasa una enorme riqueza controlando los circuitos informales de la moneda y el petróleo.

VI. Las contradicciones

En las calles se escuchan consignas contradictorias, desde llamamientos a derrocar la República Islámica hasta nostálgicos llamamientos a la monarquía. Al mismo tiempo, los estudiantes corean consignas dirigidas tanto contra el despotismo de la República Islámica como contra la autocracia monárquica. Las consignas a favor del Sha y de Pahlavi reflejan contradicciones reales sobre el terreno, pero también se amplifican y se fabrican a través de las distorsiones de los medios de comunicación derechistas, incluida la vergonzosa sustitución de la voz de los manifestantes por consignas monárquicas. El principal responsable de la manipulación mediática es Iran International, que se ha convertido en un megáfono de la propaganda sionista y monárquica. Según se informa, su presupuesto anual ronda los 250 millones de dólares, financiados por personas e instituciones vinculadas a los gobiernos de Arabia Saudí e Israel.

Durante la última década, la geografía de Irán se ha convertido en un campo de tensión entre dos horizontes sociopolíticos, mediados por dos modelos diferentes de organización contra la República Islámica. Por un lado, se encuentra la organización social concreta e integrada a lo largo de las líneas divisorias de clase, género/sexualidad y etnia, que se manifiesta de forma más vívida en las redes interconectadas forjadas durante el levantamiento de Jina en 2022, que se extienden desde la prisión de Evin hasta la diáspora y producen una unidad sin precedentes entre diversas fuerzas, desde las mujeres hasta las minorías étnicas kurdas y baluchis, que se oponen a la dictadura al tiempo que plantean horizontes feministas y anticolonialistas. Por otro lado, se encuentra una movilización populista presentada como una «revolución nacional», cuyo objetivo es producir una masa homogénea de individuos atomizados a través de las cadenas de televisión satelital. Respaldado por Israel y Arabia Saudí, este proyecto busca reunir un cuerpo cuya «cabeza» —el hijo del derrocado Sha— pueda ser posteriormente insertada desde fuera, con una intervención respaldada por potencias extranjeras, e implantada en él. Durante la última década, los monárquicos, armados con un enorme poder mediático, han empujado a la opinión pública hacia un nacionalismo extremo y racista, profundizando las divisiones étnicas y fragmentando la imaginación política de los pueblos de Irán.

El crecimiento de esta corriente en los últimos años no es un signo del «atraso» político del pueblo, sino el resultado de la falta de una amplia organización de izquierda y de poder mediático para producir un discurso alternativo contrahegemónico, una ausencia y debilidad producidas en parte por la represión y la asfixia, que abrieron espacio para este populismo reaccionario. En ausencia de una narrativa poderosa por parte de las fuerzas de izquierda, democráticas y no nacionalistas, incluso consignas e ideales universales como la libertad, la justicia y los derechos de las mujeres pueden ser fácilmente apropiados por los monárquicos y vendidos al pueblo bajo una apariencia progresista que esconde un núcleo autoritario. En algunos casos, esto se presenta incluso con un vocabulario socialista: es precisamente aquí donde la extrema derecha también devora el terreno de la economía política.

Al mismo tiempo, a medida que se intensifica el antagonismo con la República Islámica, también se han intensificado las tensiones entre estos dos horizontes y modelos; hoy en día, esta división se puede ver en la distribución geográfica de las consignas de protesta. Dado que el proyecto del «regreso de Pahlavi» representa un horizonte patriarcal basado en el etnonacionalismo persa y una orientación profundamente derechista, en los lugares donde ha surgido la organización popular de trabajadores y feministas —en las universidades y en las regiones kurda, árabe, baluchi, turcomana, árabe y turca— los eslóganes a favor de la monarquía están en gran medida ausentes y a menudo provocan reacciones negativas. Esta situación contradictoria ha dado lugar a diversas formas de malentendidos sobre el reciente levantamiento.

VII. El horizonte

Irán se encuentra en un momento histórico decisivo. La República Islámica se encuentra en una de sus posiciones más débiles de la historia: a nivel internacional, tras el 7 de octubre de 2023 y el debilitamiento del llamado «Eje de la Resistencia», y a nivel interno, tras años de repetidas insurgencias y levantamientos. El futuro de esta nueva ola sigue siendo incierto, pero la magnitud de la crisis y la profundidad del descontento popular garantizan que en cualquier momento pueda estallar otra oleada de protestas. Aunque se reprima el levantamiento actual, volverá a producirse. En esta coyuntura, cualquier intervención militar o imperial sólo puede debilitar la lucha desde abajo y reforzar la mano de la República Islámica para llevar a cabo la represión.

Durante la última década, la sociedad iraní ha estado reinventando la acción política colectiva desde abajo. Desde Baluchistán y Kurdistán en el levantamiento de Jina hasta ciudades más pequeñas en Lorestán e Isfahán en la actual ola de protestas, la agencia política —sin ninguna representación oficial desde arriba— se ha trasladado a las calles, a los comités de huelga y a las redes locales e informales. A pesar de la brutal represión, estas capacidades y conexiones siguen vivas dentro de la sociedad; su habilidad para volver y cristalizarse en poder político persiste. Pero la acumulación de ira no es lo único que determinará su continuidad y dirección. La posibilidad de construir un horizonte político independiente y una alternativa real también resultará decisiva.

Este horizonte se enfrenta a dos amenazas paralelas. Por un lado, puede ser apropiado o marginado por fuerzas de derecha con sede fuera del país, fuerzas que instrumentalizan el sufrimiento de la población para justificar sanciones, guerras o intervenciones militares. Por otro lado, algunos segmentos de la clase dominante —ya sean facciones militares y de seguridad o corrientes reformistas— están trabajando entre bastidores para promocionarse ante Occidente como una opción «más racional», «más barata» y «más confiable»: una alternativa interna desde dentro de la República Islámica, no para romper con el orden de dominación existente, sino para reconfigurarlo bajo una cara diferente. (Donald Trump pretende hacer algo similar en Venezuela, doblando a elementos del gobierno gobernante a su voluntad en lugar de provocar un cambio de gobierno). Se trata de un frío cálculo de gestión de crisis: contener la ira social, recalibrar las tensiones con las potencias mundiales y reproducir un orden en el que se niega a los pueblos la autodeterminación.

Frente a estas dos corrientes, el resurgimiento de una política internacionalista de liberación es más necesario que nunca. No se trata de una «tercera vía» abstracta, sino del compromiso de situar las luchas populares en el centro del análisis y la acción: la organización desde abajo en lugar de los guiones escritos desde arriba por líderes autoproclamados, en lugar de falsas oposiciones fabricadas desde fuera. Hoy en día, el internacionalismo significa mantener unidos el derecho de los pueblos a la autodeterminación y la obligación de luchar contra todas las formas de dominación, tanto internas como externas. Un verdadero bloque internacionalista debe construirse a partir de la experiencia vivida, las solidaridades concretas y las facultades independientes.

Esto requiere la participación activa de las fuerzas de izquierda, feministas, anticolonialistas, ecologistas y democráticas en la construcción de una organización amplia y clasista dentro de la ola de protestas, tanto para recuperar la vida como para abrir horizontes alternativos de reproducción social. Al mismo tiempo, esta organización debe situarse en continuidad con el horizonte liberador de luchas anteriores, y específicamente con el movimiento «Jin, Jiyan, Azadi», cuya energía aún tiene el potencial de desbaratar, de un solo golpe, los discursos de la República Islámica, los monárquicos, el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica y aquellos antiguos reformistas que ahora sueñan con una transición controlada y la reintegración en los ciclos de acumulación estadounidense-israelíes en la región.

Este es también un momento decisivo para la diáspora iraní: puede ayudar a redefinir una política de liberación o puede reproducir la agotada dicotomía entre «despotismo interno» e «intervención extranjera» y, con ello, prolongar el callejón sin salida político. En este contexto, es necesario que las fuerzas de la diáspora den pasos hacia la formación de un verdadero bloque político internacionalista, que marque líneas claras contra el despotismo interno y la dominación imperialista. Esta postura vincula la oposición a la intervención imperialista con una ruptura explícita con la República Islámica, rechazando cualquier justificación de la represión en nombre de la lucha contra un enemigo externo.


La mirada desde Siria

Este es un extracto de una declaración de internacionalistas anarquistas en el territorio en el norte de Siria.

Irán es un actor importante en la geopolítica de Oriente Medio. Su influencia también tuvo un fuerte impacto en Siria durante la era de Assad. Las rutas de contrabando y otras rutas de transporte pasaban por Siria, abasteciendo a Hezbolá. Tras la caída del régimen de Assad, Irán fue expulsado de Siria y, en general, ha perdido su antiguo poder en la región. Los daños sufridos durante los ataques israelíes en junio de 2025 se convirtieron en otro factor que afectó a la situación de la República Islámica.

Las protestas han estallado regularmente en Irán. Las protestas de 2022 bajo el lema «Mujer, vida, libertad» son famosas en todo el mundo. Al igual que entonces, las protestas se extendieron por todo el país. El descontento de la población se extendió debido a factores económicos —la inflación, el aumento de los precios y la pobreza—, pero finalmente llegó a pedir el derrocamiento del régimen. Los manifestantes se enfrentan a la policía en las calles y algunos han resultado muertos y heridos.

Durante la escalada entre Israel e Irán en 2025, un detalle interesante a destacar fueron las declaraciones de Netanyahu y Trump sobre la desestabilización intencionada de Irán con el objetivo del cambio de régimen. Se trata de un enfoque bastante habitual de Estados Unidos hacia los gobiernos «inconvenientes» en las regiones de su interés: allanar el camino para políticos más colaboradores, como intentaron hacer en Afganistán. Durante la última escalada de la guerra entre Israel e Irán, corrieron rumores de que ya existía una figura gobernante «democrática» provisional, respaldada y preparada por Estados Unidos. Aunque esta información no se ha confirmado, podemos imaginar que podría ser cierta, teniendo en cuenta los métodos de Estados Unidos en otros casos (por ejemplo, el reciente secuestro del presidente venezolano). En este contexto, queda claro el significado de la intención declarada de Trump de acudir en ayuda de los manifestantes iraníes si Irán «mata cruelmente a los manifestantes pacíficos, como suele hacer».

El Kurdistán iraní, Rojhilat, es una de las regiones rebeldes de Irán. Sus intentos de declarar la autonomía no han tenido éxito durante décadas, pero la lucha guerrillera en el territorio de Irán continúa. El PJAK (Partido de la Vida Libre del Kurdistán) ha apoyado a los manifestantes y ha condenado de nuevo al régimen actual.

El movimiento de liberación kurdo lucha por la libertad no solo en Siria o Turquía. Las noticias de Rojhilat ocupan los titulares con menos frecuencia, pero la situación en Irán es especialmente difícil para la lucha de liberación. Las fuerzas del PJAK incluyen un ala armada femenina, lo que es especialmente importante en el contexto de una dictadura que ejerce una «policía de la moral» sobre la población y, como es habitual, perjudica a los grupos más vulnerables, incluidas las mujeres.

La inestabilidad en Teherán podría ser beneficiosa para la región kurda y debilitar las alianzas imperialistas del eje Rusia-Irán-China. Sin embargo, un gobierno títere instalado por Estados Unidos, Israel o cualquier otro país no resolverá la cuestión kurda en Irán. Además, abordar la cuestión kurda en un marco imperialista neoliberal no puede proporcionar una solución verdadera para un Oriente Medio multiétnico y multirreligioso. El confederalismo democrático, que ya está siendo aplicado en el noreste de Siria por el Partido de la Unión Democrática (Partiya Yekîtiya Demokrat, PYD) y defendido por el PJAK en Rojhilat, ofrece una opción mucho más prometedora para lograr la paz.


Apéndice: Lecturas recomendadas

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El E1, el asentamiento que dinamitará la posibilidad de un Estado palestino

Por: Todo Por Hacer

Extraído de El Salto

Mientras la comunidad internacional mira hacia Venezuela y Groenlandia, en la Cisjordania ocupada, el gobierno de Benjamin Netanyahu aprovecha para continuar anexionándose territorios palestinos.

Para materializar otro proyecto israelí, que lleva el nombre de E1 y por el cual se prevé la construcción de 3.401 viviendas para colonos, se ha abierto una convocatoria pública destinada a aquellas empresas que quieran llevar a cabo esta nueva construcción. Se trata de una vulneración más del derecho internacional por parte de Israel en territorio palestino.

Se enterraría la solución de los dos Estados

El objetivo de este proyecto colonial, tal y como ha reconocido la administración israelí, es dinamitar la idea de un posible Estado palestino; de ahí el interés en que se lleve a cabo. La nueva construcción estaría geográficamente ubicada entre Jerusalén, Ramallah y Belén y se proyecta como una extensión del asentamiento de Ma’ale Adumim, más que como un nuevo asentamiento. Queda cercano a Jerusalén Este, tendrá una extensión de unos 12 kilómetros cuadrados y albergará unas 7.600 viviendas familiares, según adelanta el periódico israelí Haaretz.

Asentamiento E1 Cisjordania
Mapa elaborado por Peace Now donde se muestra el asentamiento E1.

La idea no es nueva, y varios gobiernos anteriores ya la habían intentado llevar a cabo. Hasta ahora, sin embargo, la comunidad internacional —incluido Estados Unidos— se había negado en rotundo por las implicaciones políticas que tiene. De hecho, el plan llevaba congelado desde 2005. Ahora, parece ser que Estados Unidos habría dado el visto bueno, a diferencia de países como Francia, Canadá o Australia, que ya en agosto, cuando se aprobó la puesta en marcha del proyecto, mostraron su rechazo a esta nueva construcción.

Israel ha movido ficha y ha acelerado los tempos de los procedimientos. También porque el primer ministro israelí, que está siendo juzgado por un caso de corrupción, quiere abonar el terreno de cara a las próximas elecciones

Ahora, aprovechando el revuelo internacional por el secuestro de Nicolás Maduro y la intervención en Venezuela por parte de Trump y las polémicas en torno a Groenlandia, Israel ha movido ficha y ha acelerado los tempos de los procedimientos. También porque el primer ministro israelí, que está siendo juzgado por un caso de corrupción, quiere abonar el terreno de cara a las próximas elecciones generales, que se celebrarán en octubre de este año que justo empieza.

De construirse, y si nada lo impide así parece que así será, el E1 desplazará a miles de palestinos; y esa es la meta. El ministro israelí de Finanzas y colono él mismo, el ultra Bezalel Smotrich, ya lo anunció en agosto: “Haremos desaparecer a los palestinos con acciones, no con eslóganes”. Las implicaciones políticas que esto tendría son inmensas, puesto que dificultaría, por no decir que enterraría, un posible acuerdo de paz futuro.

La política de asentamientos no ha dejado de crecer

Con parte de los medios de comunicación internacionales y las organizaciones humanitarias centradas en el genocidio que desde el 7 de octubre de 2023 se está llevando a cabo en Gaza, desde 2022 y hasta diciembre de 2025 se habían construido hasta 69 asentamientos nuevos, según Peace Now, una organización que monitorea la actividad colonial de Israel. De hecho, ese mismo mes, el gobierno de Netanyahu anunció la construcción de 19 más; algo que se materializará en los próximos meses.

Gráfico Asentamientos
Número de licitaciones para la construcción de asentamientos por año. Fuente: Peace Now.

Esta política de asentamientos ha ido acompañada de un incremento, en los últimos dos años, de la violencia en Cisjordania contra la población local palestina. Buena muestra de ello ha sido la última campaña de la aceituna, especialmente violenta. A lo largo de este otoño, tanto organizaciones locales como internacionales han denunciado la violación sistemática de los derechos de los y las agricultoras palestinas, a quien se ha impedido llevar a cabo la campaña.

El pasado miércoles 7 de enero veía la luz un nuevo informe de Naciones Unidas en el que precisamente se habla de esa violencia y de la situación de “asfixia” que vive la ciudadanía palestina en los territorios ocupados de Cisjordania y Jerusalén Este. El informe, de una cuarentena de páginas, califica la situación de “segregación racial y apartheid” y hace hincapié en el deterioro de la calidad de vida de los y las palestinas a lo largo de estos últimos tres años.

En una intervención en vídeo, a raíz de la publicación del documento, el Alto Comisionado de Naciones Unidas, Volker Turk, aseguraba que: “Hay una asfixia sistemática de los derechos de los palestinos en Cisjordania, ya sea en el acceso al agua, a colegios, hospitales, al visitar familiares o amigos, o al cultivar sus olivos; cada aspecto de la vida diaria de los palestinos en Cisjordania está controlado y restringido por las leyes, políticas y prácticas discriminatorias de Israel”. En el vídeo, Turk se refiere a la situación en Palestina como “apartheid”. Es  el primer Alto Comisionado que usa esta terminología.

El informe también hace referencia a la futura construcción del E1: “Al dividir Cisjordania en dos y aislar a Jerusalén del resto de Cisjordania, el plan restringirá drásticamente aún más la capacidad de los palestinos para desplazarse dentro de la Cisjordania ocupada, con efectos catastróficos para el disfrute de sus derechos fundamentales, incluidos el derecho a la salud, la educación y el mantenimiento de los vínculos familiares. Paralelamente, el gobierno de Israel impulsó la construcción de una carretera exclusiva para palestinos —la llamada ‘carretera del tejido de la vida’ o ‘carretera de la soberanía’ — para desviar el tráfico palestino del bloque de asentamientos en la zona E1 y consolidar su anexión. En total, 18 comunidades de pastores palestinos que viven en la zona designada para la zona E1 corren un riesgo inminente de desplazamiento”.

Naciones unidas considera que “los avances del gobierno de Israel sobre el terreno, la expansión agresiva de los asentamientos, incluido el plan E1, junto con la apropiación de tierras palestinas, el desplazamiento forzado de residentes de sus aldeas y la creciente violencia de los colonos, reflejan colectivamente un esfuerzo sistemático por socavar la presencia palestina en la Cisjordania ocupada y un esfuerzo coordinado por afianzar el control israelí y obstruir permanentemente la formación de un Estado palestino contiguo allí”, se puede leer en el informe.

Por último, se insta a respetar las resoluciones y se pide al gobierno de Israel que ponga fin a la política de asentamientos en Cisjordania para que la población palestina pueda volver a sus hogares.

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Apoyo económico para pagar el servidor de A las Barricadas (2026)

Por: Todo Por Hacer

Extraído de alasbarricadas.org

Un año más, y los que quedan, venimos con la cruda realidad semestral de cada año, que es la de tener que pagar el dominio web y alojamiento en Nodo50 para poder mantener un espacio de contrainfo libre de roñas publicitarias en un lugar donde nuestros datos están más seguros que con Meta o cualquiera de esos sitios «gratuitos» donde cada año más las ideas que se alejan de aquello que buscan los algoritmos desaparecen. Solemos pediros unos eurillos para cubrir los gastos del servidor, cuya factura entra puntual a las 0:00h del 1/01 alegrándonos el corazón (o algo).

Así que recuperamos el mensaje del Acratosaurio del año pasado y os pedimos contribuir a los gastos de la web.  Porque no hay tal cosa como productos «gratuitos» en el capitalismo sin que tú pagues con algo más que tus datos y tiempo.

Estimada persona que nos lees, o a ti que no nos lees y ves esto por casualidad. Esta página nació para coordinar campañas, informar de nuestros logros, compartir experiencias, y apoyar al anarquismo. Desde que iniciamos esta andadura, hemos gastado un dineral en mantenerla y en hacer frente a gastos de juicios y campañas solidarias. La totalidad de ese dinero ha salido de quienes la han considerado digna seguir existiendo. Semestralmente nos vemos obligados a solicitar vuestro apoyo para pagar el servidor independiente en el que nos alojamos, y al cual cotizamos una cantidad que para nosotros, que estamos a dos velas, es importante. Y esa es toda nuestra contabilidad.

Si os preguntáis cómo es posible que la web de alasbarricadas tenga una economía tan espartana, y que carezca de anuncios publicitarios, se debe a lo siguiente: aquí no cobra nadie. Es más: nadie quiere cobrar nada. Todo el trabajo que exige una web en materia de diseño, eliminación de spam, y lectura y maquetación de textos, procesos judiciales, solidaridad activa…, se hace como es tradicional en este medio, de forma altruista y militante.  Nuestro única ambición es engrandecer al Mundo Libertario y difundir la Idea.

Es por ello que solicitamos nuevamente vuestro apoyo económico, que podéis dirigir del modo que prefiráis a la dirección de ahí arriba, y si ello sirve de algo, os aseguro que ese dinero será siempre bien empleado.

Un saludo.

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La lucha por nosotrxs

Por: Todo Por Hacer

Cuando me recuerdan que tenía que haber entregado este artículo hace dos semanas, me encuentro leyendo el libro La lucha por Barcelona. Clase, cultura y conflicto 1898-1937, de Chris Ealham. Un libro increíble, que me está gustando muchísimo. De momento, en el primer cuarto del libro, y supongo que en el resto, desarrolla cómo se crea la comunidad proletaria que asalta las instituciones políticas, sociales y económicas de la época, cómo en los barrios se construye una identidad colectiva que fragua unidad, solidaridad, reconocimiento de los intereses comunes, socialización de los conflictos particulares, etc., que posibilita la lucha por la mejora de sus condiciones materiales de existencia:

“Este sentido de clase era más emocional que político: representaba una cultura poderosa de identidad local, un esprit de quartier (espíritu de barrio), resultado de los extensos vínculos afectivos que generaban los rituales de apoyo, la solidaridad y las relaciones sociales directas de la vida de barrio”.

Otra cuestión, que no es eje principal del libro pero me dió que pensar, es que una de las razones de la radicalidad del movimiento obrero en España, en el primer tercio del siglo XX, es la miopía de las clases dirigentes que al negarse a reconocer reivindicación alguna, por muy básica que ésta fuera, al negarse a considerar a las instituciones obreras como interlocutores legítimos y al aplicar una feroz represión, es decir, al cerrar ellos mismos la vía de la reforma, de la integración de las organizaciones de los trabajadores en el Estado, además de llenar de sangre las calles, empujan a nuestra clase por una vía de sentido único, la vía de la impugnación total del Sistema, que justo coincide con el corpus desarrollado y aprendido en tantos artículos de la prensa obrera, mítines, asambleas, obras literarias, etc. La clase trabajadora organizada del país tenía claro que dentro del Estado liberal y el régimen capitalista no había solución posible a su miseria cotidiana, pero, es que, además, la clase dirigente se lo confirmó; la burguesía no tuvo intención alguna de ceder ni un milímetro en su posición ni de integrar a parte del proletariado.

Esto podría encontrar cierta correspondencia con escenarios presentes.

Respecto a la vivienda, ni el disponer de un presunto gobierno progresista ni la crítica situación han hecho que, en estos últimos 6-7 años, se haya tomado medida alguna que tenga un efecto real, que disminuya un ápice los ingentes ingresos de rentistas y especuladores. De hecho, la situación es desoladora, nadie considera que se vaya a revertir sino que, en este 2026, sabemos que irá a peor. El Estado es incapaz de asumir hasta la necesidad de implantar un mínimo control de los precios y se ha instalado un pesimismo que corre por nuestras venas como un veneno paralizante. Lo mismo tiene lugar con la situación brutal de exterminio de la población palestina agravada en estos dos últimos años y la imposibilidad de conseguir que, como mínimo, como punto de partida, el Estado español y el sector económico rompan relaciones políticas y comerciales con la maquinaria estatal sionista, ya no hablemos de crear un frente que acabe con el proyecto colonial.

El problema actual es que no disponemos de la comunidad social compartida que permita construir la comunidad de lucha necesaria para abordar dichas cuestiones, pero, es que, además, la mayoría de veces, cuando nos embarcamos en esta tarea, intentamos empezar la casa por el tejado, lanzándonos a una batalla sin los mínimos cimientos necesarios para aguantar más de un embiste.

En esta línea, un vecino y compañero siempre repite que hay que dejarse de la reacción directa, estéril, que versa sobre un tema en cada semana, que tiene más que ver con nuestra necesidad personal de sentir que algo estamos haciendo, con un sentimiento visceral loable, que con la disposición real de afrontar dicha pelea. Aparcar parte de estas reacciones momentáneas para asumir la tarea de la reconstrucción del mínimo común en nuestro entorno, desde un equipo deportivo a un club de lectura, pasando por prácticas cotidianas de solidaridad, es una tarea que tenemos que afrontar más pronto que tarde.

De esto sabe muy bien el pueblo irlandés, que, tras el genocidio sufrido en el siglo XIX, con las hambrunas, ocupación militar británica y procesos migratorios, comienzan el nuevo siglo con sus comunidades destrozadas. En este contexto, lo primero que reconstruyen son las instituciones deportivas y culturales gaelicas, recuperando así una identidad nacional compartida y unos lazos sociales generados en estos espacios comunes, algo diferente al ejemplo planteado por Ealham pero relevante en un contexto de ocupación imperialista. Son los jóvenes que practican estos deportes, forman parte de los grupos de «boys scouts» republicanos o acuden a clases de gaelico, quienes conformarán las estructuras que plantarán cara a los ingleses durante más de 70 años.

Pero cómo compaginar este planteamiento con las urgencias presentes. No podemos decirles a nuestras hermanas palestinas que eviten ser extinguidas que aún estamos reconstruyendo nuestras comunidades de lucha. Hay batallas que hay que librar aquí y ahora, por ello, debemos intentar afrontarlas de la manera más efectiva con las herramientas presentes y, sobre todo, aunque suframos derrotas, que el camino recorrido nos coloque en una posición más favorable de cara a la próxima pelea.

Es complicado decir algo sobre Palestina que no se haya dicho ya. Es complicado reflejar por escrito la impotencia, rabia, dolor, odio y pena, que nos ha desolado y sigue desolando en estos casi 800 días de ofensiva. Es complicado dejar de sentirse uno cómplice con lo ocurrido, pues por muchos panfletos repartidos, manifestaciones, boicots individuales, etc., el sentimiento de que algo más se puede hacer está siempre presente. Pero qué ha fallado, qué ha ocurrido para que no se haya producido la reacción necesaria para poner contra las cuerdas al ente sionista y a sus cómplices.

Son múltiples los análisis ya presentes y, desde aquí no tenemos la capacidad para realizar una contribución realmente diferencial. Pero, reflexionando sobre la lucha en nuestro ámbito local, esperamos que estos apuntes pueden ser de utilidad teniendo presentes los dos ejes que han estado presentes en dicho texto hasta ahora, el fortalecimiento de nuestras comunidades y las victorias frente a nuestros enemigos. Casi nada.

Los resultados más relevantes se han producido cuando se ha delimitado un objetivo concreto y, aunque difícil, viable. En muchas ocasiones las manifestaciones o acciones de protesta suponían un canto difuso contra lo que estaba teniendo lugar, sin un aterrizaje local, pero, cuando ha existido un fin específico, por ejemplo, el que no deba celebrarse la Vuelta ciclista mientras siga siendo cómplice de la campaña de normalización del ente sionista, se han conseguido victorias, esto ha hecho activar redes locales de militantes por todo el Estado y empoderarlas en base a la posibilidad de conseguir un impacto palpable, aquí y ahora. La campaña contra la Vuelta ha tenido una repercusión internacional relevante, extendiendo una práctica de boicot a los satélites deportivos sionistas, una pequeña alegría en este páramo, algo muy importante, pues estas alegrías son gasolina para siguientes retos.

Al igual que se planteó este objetivo, cabe la posibilidad de fijar otros en el dominio local que puedan ser asumidos no sólo por las redes de activistas ya existentes por esta cuestión sino por múltiples personas simpatizantes y organizaciones de otra naturaleza. En nuestros barrios y entornos, por ejemplo, hay entidades accesibles y cercanas asociadas al régimen israelí, ya fuera porque se encuentran presentes en territorios ocupados, como la conocida cadena de supermercados francesa, o porque autorizan la venta de armamento que será usado contra la población palestina. ¿Os imagináis a un número relevante de las personas que han acudido a las masivas manifestaciones bloqueando la entrada de clientes en los supermercados que andan desperdigados por nuestros barrios? Debemos romper la inercia de nuestros rituales de protesta, poner en práctica formas de conflicto directo que supongan la apertura de brechas en el escenario de la normalidad democrática donde tan bien suelen encajar nuestras manifestaciones.

Por otro lado, en este tiempo, se ha centralizado la iniciativa en las mismas organizaciones y espacios de lucha, la mayoría preexistentes antes de octubre de 2023, y, sin desmerecer todo el trabajo realizado, todo el contrario, han conseguido mantener el pulso en la calle durante todo este tiempo, la mayoría de personas hemos tenido un papel más pasivo, respondiendo a las convocatorias que nos llegaban por parte de estos grupos, y que, en las ciudades grandes, se han concentrado en sus centros turísticos y comerciales. No hemos conseguido esparcir por todo el territorio nacional, barrios y pueblos, estructuras más pegadas a lo local que pudieran desarrollar un trabajo de propaganda, denuncia y disputa, que pudieran haber posibilitado el contacto, encuentro y establecimiento de redes que desbordaran también a otras problemáticas.

El fijar objetivos concretos que nos permitieran conseguir pequeñas victorias que al ir escalándolas nos hubieran posibilitado hacer avanzar el conflicto con el Estado y el Capital cómplice con el régimen sionista, y, además, el establecimiento de comités locales que recogieran la indignación popular presente en tantas manifestaciones y acciones, son dos pequeñas aportaciones que, de forma escueta, realizamos en estas páginas.

Para terminar, Palestina ha sido un laboratorio de pruebas para conocer el límite de las dinámicas imperialistas y prácticas de exterminio, y, una vez comprobado que no existe límite alguno, lo sucedido durante estos primeros días del año en Venezuela no es más que los primeros metros recorridos por parte de una maquinaria bestial que, ante la crítica situación planetaria, está dispuesta a sacrificarnos a todas con tal de salvarse a sí misma. Por ello, en esta lucha por la vida, como nos señala el libro reseñado, recuperemos una celebración radical del nosotros, reconstruyamos comunidades de lucha por la impugnación total. Aún está todo por hacer.

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Quince años luchando por el derecho a la vivienda

Por: Todo Por Hacer

Cuando en el 2011 decidimos embarcarnos en la aventura de publicar un periódico mensual, el movimiento por la vivienda estaba empezando a coger fuerza. Todavía teníamos recientes las manifestaciones de V de Vivienda que arrancaron en el 2006, las primeras Plataformas de Afectadas por las Hipotecas (PAHs) se habían creado en 2009 y habían logrado paralizar varios desahucios y, pocos meses después, las asambleas de barrio surgidas durante el 15-M (2011) crearían comisiones de vivienda que lucharían, con mayor o menor éxito, por evitar la expulsión de sus vecinas de sus casas.

La cronificación del problema de acceso a la vivienda

Quince años después, la situación de la vivienda, lejos de mejorar, no ha hecho más que empeorar. Pese a que han proliferado PAHs (como en Madrid Centro, Vallekas o pueblos del sur de Madrid), asambleas de vivienda (como en Villalba, Carabanchel, Latina, etc), sindicatos de barrio (como en Hortaleza o Moratalaz), grupos de Stop Desahucios (Granada, Gipuzkoa, etc) y sindicatos de inquilinas por toda la geografía estatal (Madrid, Barcelona, Málaga, etc) y a pesar a los miles de desalojos parados por la acción directa de las vecinas, la crisis se ha hecho crónica.

Por un lado, más de 1,7 millones de personas han perdido sus casas en este tiempo, produciéndose la mayor cantidad de desahucios no durante los peores años de la crisis, sino en los años posteriores (2012-2019), que eran de supuesto crecimiento de la economía. Por otro lado, el precio de la vivienda a la venta y, sobre todo, en alquiler, ha alcanzado máximos históricos, con subidas de más del 75% en algunos territorios del Estado, según Eurostat.

Ayudas al rentismo para paliar el problema

Pese a llevar más de seis años soportando a los autodenominados gobiernos más progresistas de la galaxia (PSOE, Podemos y Sumar), éstos no han hecho nada por solucionar el problema. Todas sus políticas giran en torno a dar más ayudas a los rentistas, a los que piden que actúen con responsabilidad, pero nunca confrontan o limitan su poder. Nada de fijar precios máximos de alquiler, prohibir los arrendamientos de temporada o aumentar la duración de los contratos. El último ejemplo: a principios de enero de este año, el gobierno anunció un sistema de incentivos para que los propietarios que deben renovar contratos de alquiler lo hagan sin subir el precio, que se traduce en una bonificación fiscal del 100% del IRPF para aquél que decida no especular (más de lo que ya lo está haciendo). En otras palabras, se trata de subvencionar con dinero público el rentismo, congelando los altos precios que se vienen dando desde hace años.

Decisiones como ésta visibilizan que no es que la socialdemocracia no sea incapaz de solucionar el problema, sino que es parte del mismo.

La sociedad de propietarios y la lucha de clases

A diferencia de lo que hace el movimiento de vivienda, la progresía (que participa alegremente del rentismo) no sitúa el marco de la vivienda en términos de lucha de clases, sino en una simple falta de oportunidades. Así, la izquierda institucional se encuentra mucho más cómoda hablando, por ejemplo, de desigualdad generacional, en vez de clases sociales. Y tiene algunos datos que lo respaldan: en dos décadas, la brecha de riqueza entre quienes tienen 65-74 años y los que hoy rondan los 35-44 se ha multiplicado por nueve.

En esta línea, el informe Brecha generacional: cómo el sistema de pensiones y el modelo fiscal penalizan a los jóvenes españoles, realizado por el Instituto Juan de Mariana, busca transmitir la idea de que los privilegios de los jubilados lastran a las nuevas generaciones, obligadas a sostener un sistema de pensiones injusto. La conclusión es clara: reformar —y, en la práctica, privatizar— las pensiones.

Sin embargo, si analizamos con detenimiento los datos, podemos observar que en 2008, un joven ganaba el doble de lo que costaba alquilar una vivienda y hoy tendría que destinar el 92% de su salario para emanciparse. Y es que ahí tenemos la respuesta al problema: es la vivienda lo que marca la diferencia, no los jubilados. Por ello, desde 2007, la tasa de emancipación juvenil ha caído al 15%, y tres de cada cuatro chavales con empleo siguen atrapados en casa de sus padres.

¿Existe una desigualdad de riqueza entre los boomers y las nuevas generaciones? Sí, pero gran parte de la misma se explica por la propiedad inmobiliaria. Por ello, no podemos meter en el mismo saco a toda una generación como lo hace, por ejemplo, Analía Plaza (con bastante humor) en La Vida Cañón (Ediciones Temas de Hoy). La diferencia estriba en la clase, no en la edad; y la clase se ve cada vez más definida por el número de viviendas en propiedad.

Durante los últimos 50 años, la llamada sociedad de propietarios se convirtió en un proyecto central de integración económica y política”, explica el sociólogo Javi Gil en un artículo. “El neoliberalismo hizo de la financiarización de la vivienda la palanca de crecimiento durante décadas. Los hogares accedieron de forma masiva a la propiedad, lo que los transformó en clase media. Y su bienestar comenzó a apoyarse cada vez menos en los salarios o en el Estado de bienestar, y más en la revalorización de sus viviendas.

Conceptos como capitalismo patrimonial o capitalismo rentista se han empezado a utilizar para describir esta nueva realidad: una economía en la que la riqueza depende cada vez menos del trabajo y la producción, y cada vez más de la revalorización de los activos, con la vivienda como eje central. No es un detalle menor que el valor de los bienes inmuebles constituya hoy el mayor depósito de riqueza del planeta, equivalente a casi cuatro veces el PIB mundial.

Esta transformación ha disparado la concentración de riqueza y ensanchado la brecha social. La propiedad de activos se reparte de forma profundamente desigual, y en los últimos 50 años la distancia entre los más ricos y el resto de la sociedad no ha hecho más que crecer.

En 1987, bastaban tres años de salario para comprar una vivienda. Hoy, los jóvenes necesitarían el equivalente a 14 años de sueldo. La conclusión es demoledora: como generación, el acceso a la propiedad es imposible, porque los salarios se han desligado de los precios de la vivienda”.

El colmo es que, pese a que la vivienda está profundizado la desigualdad económica de nuestra sociedad, el discurso de la clase dominante se va imponiendo cada vez más. En quince años hemos pasado de la solidaridad generalizada con las desahuciadas – en 2013 la revista Pronto regalaba pegatinas de “Stop Desahucios” – a que empresas de desokupación influyan en la agenda política, se aplauda a políticos que dejan a familias enteras en la calle como hizo Albiol en Badalona estas navidades y todas las reformas políticas van dirigidas a dar más poder a los propietarios y castigan a quien no tiene casa. Gracias a una alianza entre empresas de seguridad, inmobiliarias, medios de comunicación y políticos de todos los ámbitos – recordemos a Rita Maestre hablando de la okupación como un “problema” o a Manuela Carmena repitiendo los mantras de Desokupa – el español medio empatiza más con el “pequeño” propietario que acumula cuatro inmuebles como fuente de ganancia que con una familia sin alternativa habitacional.

Acabemos con el negocio de la vivienda

Las manifestaciones del 13 de octubre de 2024 (Madrid) y del 5 de abril de 2025 (estatal), en las cuales participaron más de 150.000 personas en cada una, han sido las más masivas por el tema de la vivienda desde la Transición, lo cual evidencia la enorme preocupación que genera la situación actual. En ellas, la demanda principal fue la de poner fin al negocio de la vivienda. Por ejemplo, el comunicado de la segunda de estas manis establecía que “la vivienda debería ser un derecho, no un bien con el que especular. Sin embargo, los fondos de inversión y los rentistas siguen acumulando beneficios mientras miles de personas son desahuciadas, expulsadas de sus barrios o condenadas a vivir en condiciones indignas. Y todo esto con la complicidad del Estado y los partidos políticos institucionales, que han convertido la vivienda en un modelo de negocio”.

¿Y cómo se pretende conseguir acabar con la especulación? No es fácil. El movimiento de vivienda es muy amplio, englobando a anarquistas, comunistas, socialistas, reformistas y militantes y afectadas sin adscripción a un marco teórico. Y, por ello, las estrategias escogidas a lo largo de los años han sido variadas (lo cual, a veces, genera conflictos): poner el cuerpo frente a comisiones judiciales y cordones policiales para parar desahucios, negociar alquileres sociales con bancos, okupar edificios y alojar a múltiples familias, hacer campañas visibilizando casos dramáticos, convocar manifestaciones para exigir reformas legislativas, etc. Y, si bien a nivel social no se ha logrado siquiera hacer la vivienda algo más accesible, sí ha logrado encontrar soluciones prácticas e individuales para miles de personas a lo largo de los años. Y eso no es poco.

La lección que podemos sacar de los últimos años es que el asalto institucional que protagonizaron activistas como Ada Colau no ha servido para nada. Todas las victorias se han logrado desde los movimientos sociales, desde la solidaridad y la horizontalidad. Es obvio que ningún gobierno va a acabar con la mercantilización de la vivienda, por lo que algo tan básico como garantizar la cobertura de una necesidad humana parece un objetivo radical que únicamente se conquistará mediante estrategias colectivas igualmente radicales. Y la huelga de alquileres puede ser una de ellas.

Una huelga de alquileres tendría como objetivo desbordar económicamente a grandes fondos, a pequeños propietarios y a empresas de alquiler seguro que garantizan el pago de la renta. Es una propuesta para afectar directamente a sus beneficios, en la que pueden ser parte activa amplios sectores, que delimita claramente los intereses y facciones contrapuestas en este conflicto y que saca la lucha de los pasillos de la política institucional para llevarla a nuestro propio escenario. Una propuesta inspirada por ejemplos de lucha históricos (como la huelga de alquileres de Barcelona de 1931), pero también recientes (como la huelga de cuidados del 8M de 2018 y 2019 o algunas propuestas de impago de las rentas durante la pandemia de 2020).

Durante los últimos quince años el movimiento de vivienda ha demostrado ser resiliente y valiente. No ha parado su actividad pese a que en 2015 se reformaron las leyes administrativas y penales para criminalizarlo (exponiéndose varias a activistas a la posibilidad de ir a prisión), ni a las amenazas de grupos fascistas que están trabajando para algunos fondos. Por ello, esperemos que su lucha continúe y que sepa hacer todo lo necesario para acabar con el negocio de la vivienda de una vez por todas.

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«Un mundo gobernado por la fuerza». El ataque a Venezuela y los conflictos que se avecinan

Por: Todo Por Hacer

El 3 de enero de 2026 nos despertamos con el bombardeo estadounidense sobre Caracas y el sibsiguiente secuestro del presidente Nicolás Maduro y Cilia Flores. Se trata de la detención más cara de la historia, para la cual se movilizaron 150 cazas, otros tanto helicópteros y 200 soldados de los Delta Force. Entre 80 y 100 venezolanos y cubanos fueron asesinados y la hasta entonces vicepresidenta Delcy Rodríguez ha asumido el mando del país.

Pese a que la operación viola el Derecho Internacional de forma flagrante, Trump insiste en que está por encima de estas normas y que su único límite es su «moralidad» (de la cual sabemos que anda muy justito). Esto y el hecho de que no haya ocultado que detrás de esta operación está su voluntad de apoderarse del petróleo venezolano constatan que nos encontramos ante la «ley del más fuerte».

«Vivimos en un mundo gobernado por la fuerza, por el poder», afirmó Stephen Miller en la CNN el 5 de enero de 2026, mientras exponía su programa fascista y justificaba la toma de Groenlandia por la fuerza. «Estas son las leyes de hierro que rigen el mundo desde el principio de los tiempos».

En la madrugada del 3 de enero, la Administración Trump llevó a cabo una incursión televisada en Venezuela, bombardeando al menos siete objetivos en Caracas y secuestrando al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Esta operación culminaba una campaña de presión de un año de duración, durante la cual la administración calificó a los inmigrantes venezolanos en Estados Unidos como «narcoterroristas», intentó aplicar la Ley de Enemigos Extranjeros, bombardeó supuestos «barcos de drogas», confiscó petroleros y desplegó la Marina estadounidense para bloquear Venezuela.

El régimen de Trump acusó inicialmente a Maduro de dirigir el llamado «Cártel de los Soles», una invención tan ficticia como la designación de una supuesta organización denominada «Antifa» —es decir, la totalidad del movimiento antifascista— como organización terrorista. Aunque dos días después revisaron esta acusación para articular un caso legal algo menos endeble, este proceder es característico de su método: comenzar con una narrativa falsa y buscar después los medios para imponerla a la realidad.

Uno de los principales objetivos de Donald Trump era difundir una fotografía de Nicolás Maduro encadenado, evocando las imágenes que las agencias federales han publicado de personas secuestradas por el ICE. En lugar de ofrecer mejoras reales en las condiciones de vida de la población, Trump ofrece a sus seguidores la satisfacción vicaria de identificarse con carceleros y torturadores. Su objetivo es deshumanizar a sus adversarios y desensibilizar al conjunto de la sociedad ante la violencia que será necesaria para sostener su dominio y el propio capitalismo en una era de beneficios decrecientes.

Los grandes medios de comunicación corporativos están desempeñando su papel habitual de oposición leal: cuestionan la legalidad de la operación mientras demonizan a Maduro y ensalzan a su rival derechista, María Corina Machado. Para quienes aspiran a oponerse al imperialismo —anarquistas y otros movimientos— resulta imprescindible situar el ataque contra Venezuela en un contexto más amplio, reflexionar sobre qué forma podría adoptar una oposición eficaz e identificar cómo responder.

El manual

El Gobierno de Estados Unidos tiene una larga trayectoria de intervenciones imperialistas en América Latina, que abarca más de un siglo de operaciones contra Cuba, el sangriento golpe militar en Chile en 1973 o la invasión de Panamá ordenada por George Bush padre en 1989. El ataque contra Venezuela se inscribe en la continuidad de iniciativas más recientes: desde las invasiones de Afganistán e Irak bajo George W. Bush en 2002 y 2003, hasta el desmantelamiento, por parte de Joe Biden, del llamado «orden internacional basado en normas» para permitir que Benjamin Netanyahu lleve a cabo un genocidio en Palestina a partir de 2023.

Al mismo tiempo, el programa de la administración Trump supone una ruptura con las formas anteriores. Al apostar por la extracción de recursos mediante la fuerza bruta, sin siquiera la pretensión de una agenda ideológica alternativa, Trump se alinea con Vladimir Putin y Benjamin Netanyahu en la inauguración de una era de rapiña abierta y desacomplejada.

Aunque los subordinados de Trump han invocado las elecciones amañadas celebradas en Venezuela en 2024 para justificar el ataque, no existe ninguna intención real de promover elecciones libres ni «democracia» en el país. Algunas fuentes sostienen que la oposición liderada por María Corina Machado cuenta con el apoyo de cerca del 80 % de la población venezolana, pero Trump afirma que no dispone del respaldo suficiente para gobernar; presumiblemente, se refiere a la falta de apoyo de las Fuerzas Armadas. Trump preferiría tratar con un régimen autocrático que le fuera directamente leal. Al fin y al cabo, tampoco desea rendir cuentas ante las urnas, ni en Venezuela ni en Estados Unidos.

Trump está recurriendo a la guerra para esquivar una crisis interna. Aunque él mismo y un sector del Partido Republicano llevan tiempo impulsando un cambio de régimen y un refuerzo de la presencia naval en el Caribe, este golpe se ha diseñado para copar la atención mediática y desviar el foco del deterioro de las encuestas y de una serie de reveses judiciales relacionados con sus intentos de desplegar la Guardia Nacional. Paralelamente, las pruebas de su implicación en la red de abusos sexuales y violaciones vinculada a Jeffrey Epstein están empezando a resquebrajar su base de apoyo.

A medida que los autócratas ven amenazado su control del poder, se vuelven más peligrosos e imprevisibles. Las maniobras de Netanyahu para mantenerse a flote frente a sus escándalos de corrupción —incluida su disposición a sacrificar rehenes para prolongar el genocidio— son ilustrativas. Cuando la crisis se cierne sobre ellos, estos gobernantes generan nuevas crisis para distraer a la población. Toda oposición eficaz debe esforzarse por mantener la atención sobre aquello que Trump intenta ocultar. Eso es, precisamente, lo que más teme.

Entendido como una operación mediática, el ataque contra Venezuela es un ataque contra todas nosotras: un intento de intimidar a cualquiera que pudiera resistirse al régimen de Trump, de hacernos aceptar que la violencia estatal seguirá intensificándose hagamos lo que hagamos, de convencernos de que no somos protagonistas de nuestro propio tiempo.

Como ya señalamos en 2025, Trump ha copiado buena parte de su estrategia de líderes autoritarios como Vladimir Putin. Cuando Putin fue nombrado primer ministro en agosto de 1999, sus índices de aprobación eran incluso más bajos que los de Trump hoy. Resolvió ese problema mediante la segunda guerra de Chechenia, que disparó su popularidad. Desde entonces, cada vez que su apoyo se ha desplomado, ha recurrido al mismo patrón: Georgia en 2008, Crimea y el Donbás en 2014, Ucrania en 2022, consolidando progresivamente el control de la sociedad rusa hasta poder enviar a cientos de miles de personas al matadero de la guerra.

Putin ha utilizado la guerra en Ucrania como instrumento de control interno, y en Rusia este control va mucho más allá de la represión de protestas. A medida que empeoran las condiciones económicas, necesita proyectar fuerza y brutalidad constantes, al tiempo que gestiona una población cada vez más inquieta y desesperada. Reclutar a jóvenes de familias empobrecidas del interior para enviarlos al frente sirve para mantenerlos ocupados; si decenas de miles no regresan, tanto mejor: no engrosarán las cifras del desempleo ni protagonizarán protestas. El servicio militar obligatorio también ha empujado al exilio a miles de personas que podrían haber encabezado una revuelta. Es una estrategia que veremos reproducirse en otros lugares a medida que se profundice la crisis global del capitalismo.

La diferencia fundamental es que, aunque Estados Unidos es mucho más poderoso que Rusia, el control de Trump sobre el poder es mucho más frágil que el de Putin. Además, tras las desastrosas ocupaciones de Afganistán e Irak, el electorado estadounidense es hoy mucho menos tolerante con operaciones que pongan en riesgo la vida de soldados estadounidenses.

Trump no es un estratega disciplinado ni coherente. Recurre sistemáticamente a la amenaza y la intimidación, explotando la cobardía y la debilidad de sus interlocutores. Confía en que esa intimidación baste para someter a los gobiernos latinoamericanos sin necesidad de nuevas intervenciones militares. Si fracasa, probablemente recurrirá a tecnología militar, mercenarios privados y otros mecanismos para ejercer la fuerza sin desplegar tropas en el terreno. Pero la guerra, una vez iniciada, impone su propia lógica. Si la administración Trump persiste en este camino, las fuerzas estadounidenses podrían verse arrastradas a un conflicto abierto.

Tras el ataque a Venezuela, Trump y su entorno han amenazado con actuar de forma similar contra México, Cuba, Colombia, Dinamarca y otros países. Sin duda lo harán si creen actuar desde una posición de fuerza; pero incluso si las cosas se tuercen, Trump puede intentar utilizar estas maniobras como cortina de humo para ocultar su debilidad.

El regreso del saqueo

El capitalismo nació al calor del saqueo colonial y, a medida que los márgenes de beneficio se reducen en la economía mundial, los gobiernos están retomando esa vieja estrategia de acumulación.

Esto explica tanto la apropiación territorial de Putin en Ucrania como el intento de Netanyahu de utilizar el genocidio como herramienta de gentrificación, o la última aventura de Trump en Venezuela.

En un documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, publicado en noviembre de 2025, la administración Trump asumió explícitamente un «Corolario Trump» de la Doctrina Monroe, cuyo objetivo es «restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental» para «negar a competidores extrahemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio».

Trump ha bautizado esta estrategia como «Doctrina Donroe», proclamando que «el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado». Se trata, sin duda, del petróleo —Venezuela alberga alrededor del 17 % de las reservas mundiales—, pero también de una pugna geopolítica con China, principal inversor e importador del petróleo venezolano, que adquiere cerca del 80 % de sus exportaciones y ha concedido más de 60.000 millones de dólares en préstamos desde 2007. Esta orientación es anterior a Trump: la revitalización de la Doctrina Monroe, enfocada a competir con China y Rusia en el Sur Global, ya era un eje central de la Comisión 2024 sobre Estrategia de Seguridad Nacional creada bajo la administración Biden. Dicha comisión reclamaba explícitamente disputar a China y Rusia la influencia en América Latina en materia de explotación de recursos naturales y capacidades de proyección de poder. Trump representa el giro autoritario; la lógica económica y geopolítica ya estaba ahí.

En otras palabras, la brutalidad de Trump ofrece a la clase dominante una respuesta a un problema estructural del capitalismo contemporáneo: la evaporación de oportunidades rentables.

El plan de entregar la extracción de recursos venezolanos a empresas petroleras estadounidenses forma parte de una nueva fase de saqueo colonial, caracterizada por la apropiación directa de activos ajenos. Hay que entenderlo en el contexto del estancamiento económico y la financiarización. Históricamente, recuerda a periodos de «caos sistémico», cuando la caída de los beneficios empujó al capital hacia la especulación financiera y el sistema mundial solo logró recomponerse mediante una violencia masiva. El ejemplo más cercano es el periodo 1914-1945, que incluyó las dos guerras mundiales.

No se trata solo del petróleo, sino de reforzar las condiciones que permiten la especulación capitalista en general, y de anticipar una violencia de mayor escala. Estamos entrando en una fase de relaciones basadas en la fuerza desnuda, no en el «imperio de la ley» ni en la diplomacia. Este ataque, como la propia presidencia de Trump, es un síntoma, no la causa.

A diferencia del imperialismo populista del pasado, que redistribuía parte del botín para sostener el consenso interno, el ataque de Trump está diseñado para beneficiar a un grupo cada vez más reducido de capitalistas. La clase media y la clase trabajadora blanca han dejado de ser «socios menores» del proyecto colonial y tienen cada vez menos razones para identificarse con él.

La cuestión del liderazgo

En un primer momento, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez adoptó un tono desafiante, pero pronto dio un giro hacia una retórica más conciliadora. Esto ha alimentado especulaciones sobre una posible disposición a cooperar con el régimen de Trump, o incluso sobre negociaciones ya en marcha.

Existen múltiples escenarios posibles y resulta difícil discernir cuál es el real. Tal vez Estados Unidos haya colocado a Rodríguez ante una situación extrema que esté afrontando con valentía; tal vez existan acuerdos secretos; tal vez ocurra algo distinto. En cualquier caso, la vulnerabilidad del chavismo ante el secuestro de su líder —y la posibilidad de que sectores del gobierno venezolano se conviertan en cómplices del plan de Trump para apropiarse de los recursos del país— pone de manifiesto que toda jerarquía constituye un punto débil para los procesos de liberación.

La historia reciente ofrece ejemplos claros: antiguos gobiernos revolucionarios, como el de Daniel Ortega en Nicaragua, acabaron integrándose forzosamente en el neoliberalismo y aplicando políticas de austeridad y control estatal. Ante estas derrotas, algunas corrientes concluyen que la única soberanía posible pasa por alinearse con Estados fuertes y armados nuclearmente, lo que sustenta el llamado «campismo».

Sin embargo, Rusia y China operan bajo la misma lógica autoritaria y capitalista que Estados Unidos, y quienes las apoyen no tendrán mayor capacidad de influir en sus decisiones. El resultado es la defensa impotente de autócratas genocidas. La alternativa real no es elegir un bando estatal, sino construir una resistencia internacional desde abajo, capaz de trascender fronteras.

Para que esa alternativa sea viable, la población estadounidense deberá desarrollar la capacidad de impedir que su propio gobierno bombardee y saquee otros países.

Qué esperar, cómo prepararse

El ataque contra Venezuela marca una escalada en una guerra indirecta con China. Reconducir la base industrial —incluida la industria tecnológica— hacia la industria bélica es una forma de afrontar el estancamiento económico, pero solo será viable si la administración Trump logra reavivar el «espíritu nacional» y el patriotismo. En este sentido, puede sostenerse que la prisa por asegurar la financiación y expandir la inteligencia artificial busca, en última instancia, moldear una población más dócil, crédula y fácil de controlar.

A corto plazo, cabe esperar que la administración Trump intente de nuevo recurrir a la Ley de Enemigos Extranjeros contra la población venezolana y otros colectivos. El intento anterior de Trump y Miller fue rechazado por los tribunales porque, en aquel momento, Estados Unidos no se encontraba formalmente en guerra. Ahora que han fabricado una guerra, la utilizarán para declarar nuevas emergencias y justificar una escalada represiva. También es previsible un aumento de la violencia racista contra personas latinoamericanas y chinas, así como represalias contra la política exterior estadounidense por parte de actores no estatales o intermediarios, que la administración Trump tratará de instrumentalizar para reforzar su agenda.

Las elecciones de mitad de mandato están previstas para noviembre de 2026. Trump y el Partido Republicano no parten como favoritos, pero el expresidente ha cruzado tantas líneas rojas que no puede permitirse ninguna amenaza a su poder. Ya sea mediante interferencias electorales, fraude o —más probablemente— la creación de crisis que legitimen un estado de excepción, todo apunta a que estas elecciones serán las menos «democráticas» de los últimos tiempos. Confiar únicamente en las urnas no bastará para salir de esta situación.

A medida que Trump se vea acorralado por crisis, escándalos y obstáculos crecientes, su comportamiento será cada vez más violento, errático y peligroso. Esto es una señal de debilidad, pero se trata de una debilidad respaldada por toda la potencia del aparato militar estadounidense. Debemos anticipar enfrentamientos militares de mayor envergadura antes de octubre de este mismo año, incluidos nuevos despliegues de la Guardia Nacional y, quizá, incluso la imposición de la ley marcial.

Las guerras impopulares y carentes de un mandato claro, especialmente aquellas que implican bajas estadounidenses u otros sacrificios internos, pueden precipitar la caída de un régimen. Nuestra tarea consiste en convertir esta guerra —junto con los demás errores de Trump y los conflictos que se avecinan— en una carga insoportable para toda la clase dominante. Hará falta una fuerza popular enorme para desalojar a Trump del poder, por lo que debemos impulsar propuestas igual de ambiciosas y no limitarnos a reclamar un regreso a un statu quo centrista que ya es profundamente impopular. Las personas revolucionarias deben prepararse para superar las maniobras centristas destinadas a estabilizar el Estado sin transformarlo. Aunque ahora pueda parecer difícil de imaginar, los levantamientos y las revoluciones se desarrollan con rapidez: a lo largo de 2024, las revoluciones protagonizadas por la llamada «Generación Z» derribaron regímenes en distintas partes del mundo.

En todo Estados Unidos se han repetido consignas como «No más sangre por petróleo». Sin embargo, Trump ha llegado a la conclusión de que su base social desea ambas cosas: petróleo y sangre. Los movimientos contra la guerra tienden a adoptar un enfoque conservador, centrado en presionar a las instituciones estatales; pero, como ya hicieron administraciones anteriores, el régimen de Trump ha dejado claro que no se siente condicionado por la oposición. En lugar de limitarse a protestas simbólicas y a la formulación de demandas, es necesario construir movimientos horizontales capaces de responder a las necesidades reales mediante la acción directa. Estos movimientos deben centrarse en las condiciones compartidas por la gente común, desde Caracas hasta Minneapolis: pobreza, austeridad, expolio de recursos básicos, control ejercido por mercenarios violentos y gobiernos de magnates que no rinden cuentas. En este sentido, la resistencia contra la Oficina de Inmigración y Aduanas en distintos puntos de Estados Unidos constituye un paso prometedor.

Si, como sugiere Stephen Miller, los gobiernos no representan ni los deseos ni la voluntad de quienes gobiernan; si —como ya debería resultar evidente— no actúan en defensa de nuestros intereses, sino únicamente para acaparar la mayor cantidad de riqueza posible, entonces nadie está moralmente obligado a obedecerlos. La única cuestión es cómo acumular la fuerza colectiva suficiente —el poder popular, el poder horizontal— para derrotarlos.

Apéndice: lecturas adicionales

Como punto de partida, se recomienda consultar «Denunciamos la ofensiva imperialista contra Venezuela», una declaración internacional de organizaciones anarquistas latinoamericanas publicada en diciembre de 2025.

Para profundizar en la situación venezolana, las personas lectoras hispanohablantes pueden acudir al archivo de la ya desaparecida publicación anarquista venezolana El Libertario. Allí se encuentran, entre otros materiales, una evaluación crítica de las organizaciones sociales bolivarianas de 2006 y una recopilación de textos sobre el papel de la industria petrolera en la represión de los movimientos populares de base y su integración en la economía global. Por ejemplo:

«Venezuela forma parte de un proceso de construcción de nuevas formas de gobernanza en la región, que han desmovilizado a los movimientos sociales surgidos en respuesta a las políticas de ajuste estructural de la década de 1990, relegitimando tanto al Estado como a la democracia representativa para cumplir con las cuotas de exportación de recursos naturales hacia los principales mercados mundiales» — Ley Habilitante: dictadura para el capital energético, en El Libertario, nº 62, marzo-abril de 2011.

Desde esta perspectiva, el ataque de Trump contra Venezuela puede entenderse como una continuación contemporánea de ese mismo «proceso de construcción de nuevas formas de gobernanza en la región».

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Crónica de un ataque a Venezuela, un país escindido hasta en el desconcierto

Por: Todo Por Hacer

Por Yadira Márquez. Extraído de Zona de Estrategia

Son cerca de las dos de la madrugada del sábado 3 de enero cuando los habitantes de Caracas despiertan con un estruendo espantoso; son bombas y misiles que caen en distintos puntos de la ciudad. Tres explosiones destruyen parte del aeropuerto de La Carlota, ubicada en una zona poblada del este de la ciudad. La onda expansiva hace retumbar casas y edificios a kilómetros a la redonda. El Fuerte Tiuna, zona ubicada en el sur, donde se concentra el poder militar (el ministerio de la defensa, la sede de las FFAA) y residencia de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, es atacado brutalmente por unos diez helicópteros militares estadounidenses. Caen las bombas y las instalaciones arden. Las familias de militares residentes en la zona huyen. Buena parte de la ciudad se queda sin energía eléctrica ni internet. Al tiempo, son bombardeadas otras instalaciones militares y de comunicación en otros puntos del país.

El pánico se apodera de la gente y poco a poco va dando paso al desconcierto. Para la mayoría de los venezolanos, aunque la invasión haya sido anunciada por Donald Trump durante meses, ser bombardeados por naves militares yankees era una distopía, algo absolutamente irreal o un delirio del gobierno.

Mientras, distintos puntos de Caracas, el estado Vargas, Aragua y Miranda arden y la gente que habita a sus alrededores sale a las calles despavorida, los medios oficiales guardan silencio. Por las redes del chavismo circula el llamado a la calma, el discurso de que se trata de pequeños ataques, e incluso, que se trata de naves venezolanas, es decir, lo de siempre; menospreciar o tapar lo que está pasando, aunque el gobierno pueda estar cayendo. En Venezolana de Televisión (el canal del Estado), una reportera apostada en una calle vacía hablaba de la normalidad y control de la situación.

La gente se vuelca a las redes para conseguir algo de información, para entender lo que pasa, para administrar la angustia. Van circulando videos de las explosiones, los ataques, los incendios. Vemos helicópteros enormes atravesando el cielo de la ciudad entre la oscuridad. Imágenes inconexas, sueltas, sin un hilo que vaya generando un sentido. Esas dos horas se hacen eternas por la magnitud de la violencia y el terror que siembra.

Solo pasadas las cuatro de la mañana se conocen las declaraciones de Donald Trump, que anuncia que las fuerzas de seguridad norteamericanas han secuestrado al presidente Maduro y a Cilia Flores y que los llevan a Estados Unidos para ser juzgados por crímenes como narcotráfico, posesión de armas de guerra y cualquier otra cosa.

Casi dos horas después de los bombardeos aparece el Ministro de la Defensa, solo, en un video grabado, denunciando de que se trata de una agresión imperial. Ninguna explicación de qué pasó, de por qué la defensa falló y mucho menos reconociendo su responsabilidad en esa falla. El canal del Estado anuncia que se ha decretado “Estado de Conmoción Externa”, lo que implica excepcionalidad y restricción de garantías constitucionales, de nuevo sin detalle ni explicación alguna. Hay un silencio hermético que aumenta el desasosiego y la incertidumbre, primero, y luego, la sospecha.

En su alocución posterior, un Donald Trump emocionado habla del éxito de la “operación”. “Fue perfecta”, “la vi en directo como si fuera una película”, “si ustedes hubieran visto la velocidad, la violencia”, “solo nosotros podíamos hacerlo” dice, con una excitación casi obscena. Es poder regocijándose sobre sí mismo, celebrando su propia barbarie, narcisista, delirante.

Dos días después de la invasión en Venezuela hay un ambiente de incredulidad por lo sucedido, de conmoción por la agresión y por la soberbia que la rodea, pero también de incertidumbre por lo que vendrá. Los medios de comunicación, controlados por el gobierno, mezclan documentales de animales con lectura de comunicados oficiales llenos de consignas y nada más. Tampoco encontramos información en otros medios públicos como Telesur que fue creada para combatir el cerco mediático. Las pocas alocuciones oficiales, después de los discursos  antimperialistas de rigor, han llamado a la calma y a la normalidad. No hay información. No hay datos, no hay cifras de heridos y fallecidos, no hay registro de las zonas destruidas, no hay análisis de lo qué ocurrió y de cómo ocurrió. Posiblemente porque explicar cómo penetraron el sistema de defensa sin bajas visibles en el equipamiento o personal militar estadounidense, o mejor dicho, explicar por qué los sistemas de defensa no se activaron, aunque la invasión había sido anunciada durante meses, es bastante comprometedor para quien controla los medios y detenta hasta ahora el poder.

La vicepresidenta, Delcy Rodríguez, es designada presidenta “encargada” gracias a la maniobra legal del Tribunal Supremo de Justicia, que decreta ausencia temporal del presidente (y no la ausencia definitiva) y así evita la obligación de convocar a elecciones en 30 días. En su intervención del sábado por la tarde lanza las consignas antiimperialistas de rigor, pero el domingo invita al gobierno de Estados Unidos a construir una agenda de colaboración y dice que su prioridad es un vínculo armónico con ese país.

Por su parte, las declaraciones de Marco Rubio hacen que todas las narrativas creadas para justificar la agresión se desmoronen. No hay ninguna alusión a cómo desmantelaran el supuesto “cartel de los soles”, no se habla de elecciones, de derechos humanos, ni se menciona el destino de los más de 800 presos políticos encerrados en condiciones inhumanas.

Entre la gravedad de los hechos y el vacío de información las venezolanas, quedamos atrapadas en la incertidumbre y la necesidad de hallar sentido. Los opositores seguidores de María Corina Machado, hacen malabarismos retóricos para tratar de explicar cómo es que, a pesar de ser promotores de la invasión, los dejaron por fuera de la negociación. Los seguidores del gobierno tratan de hacer conciliar la indignación por la agresión imperial con los llamados a la normalidad. Es un país escindido hasta en el desconcierto.

Quienes no comulgamos ni con la oposición clasista y antidemocrática (y su ingenuo relato de salvación), ni con el gobierno impopular que se está resquebrajando, optamos por atar los retazos de información de aquí y de allá. La ausencia de un relato coherente que hile un suceso tan atroz, con el llamado a la calma y a la normalidad produce un vacío de sentido. La gente no sabe muy bien cómo describir lo que se siente, hay un estado general de conmoción y a la vez de pasividad general.

Es difícil no pensar en negociaciones para entregar a Maduro (o no resistir al secuestro, que es casi lo mismo). En especial, después de que los portavoces del gobierno estadounidense hayan dicho que esto se viene preparando con participación interna desde hace meses. Y, menos aún, después de que Marco Rubio declarara que ha estado en conversaciones con Delcy Rodríguez quien se ha mostrado siempre “dispuesta a colaborar”. Sabemos que el principal interés del gobierno estadounidense (además del geopolítico) es la riqueza petrolera venezolana. Ya Donald Trump anunció que va a invertir en la infraestructura petrolera para recuperarla y que genere riqueza para el país –¿el suyo?–. También dijo que para eso necesita en el poder a quien le garantice un mínimo de gobernabilidad y estabilidad.

Mientras tanto, queda la sensación de que nunca sabremos exactamente cómo se fraguó y ejecutó la agresión. Pero la incertidumbre hacia el futuro inmediato es muy grande para detenernos a pensar en ello. Las preguntas sobre lo que puede pasar se multiplican. En ese escenario, la idea de que el gobierno bolivariano se convierta en el nuevo administrador de las petroleras gringas se nos aparece como una imagen bizarra, como el más triste final de lo que alguna vez fue un sueño revolucionario.

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¿Feminismo para quién? Feminismo para todes

Por: Todo Por Hacer

En mayo de 2019 hacíamos un optimista resumen sobre el clima feminista del momento en un artículo titulado «¿Feminismo para qué? Feminismo para todo» que hablaba de la miríada de fortalezas revitalizadas en la última década: la ecofeminista, la antirracista, la sindicalista, etc. Lo escribimos en un momento en el que el feminismo se encontraba en la cresta de la ola: había encadenado dos años consecutivos de huelgas generales en el 8M y había logrado confrontar, de forma masiva, el machismo institucional, la cultura de la violación y la normalización de la violencia sexual. Es cierto que quedaba mucho por conquistar – por ejemplo, se hablaba de desterrar el feminismo blanco y por difundir un feminismo antirracista, decolonial y de clase, o acabar con la transfobia, entre otros debates –, pero parecía que avanzábamos, a paso firme, hacia delante.

El clima es distinto ahora. La organización feminista se siente débil, diluida y desmotivada. Mientras otras apuntan al disenso interno como origen de la falta de fuerza, nosotras queremos rescatar aquel artículo en el que también apuntábamos como verdadera némesis del movimiento a la misoginia de los aliados de PP y Vox y a la manosfera.

Es triste cerrar esta última edición de este periódico con un llamamiento a la alerta en vez de una celebración del camino recorrido, pero la ola reaccionaria es fuerte y su campaña de los últimos seis años ha estado llena de argucias y señuelos.

La némesis es una idea: la familia, entendida como el conjunto de personas adultas y menores dirigidas y poseídas por un arquetipo de hombre. Este concepto del “orden natural” es el que subyace a los movimientos reaccionarios que pelean por la prohibición del aborto, la eliminación del matrimonio entre personas del mismo sexo, y la erradicación de la disidencia sexual o de género o, incluso, de los derechos de niños, niñas y adolescentes. Una batalla contra la soledad masculina a través de la dominación del resto de cuerpos.

Pero esta idea no es bonita de vender y necesita de marketing. En octubre de 2015, l’Associació de Drets Sexuals i Reproductius publicó un interesante informe titulado «De España al mundo: la proyección global de la ultraderecha española contra los derechos sexuales y reproductivos. Los casos de Argentina, Guatemala, El Salvador, Chile y Kenia» que analiza cómo ha sido sostenida la estrategia ultraconservadora a través de instituciones, la financiación privada y una renovada técnica comunicativa. La conclusión del informe es que el nuevo mensaje conservador no proviene de un movimiento reaccionario, puntual y contestatario frente al feminismo institucional, sino de redes de poder antiguas, consolidadas y enraizadas en la élite internacional.

En la misma línea, la autora Nuria Alabao, en una entrevista para Píkara1, sitúa la génesis de este pulso cultural a finales de los años 60: «Después de estas revueltas del 68, con el surgimiento de las luchas feministas y de las disidencias sexuales, emergen diversos actores conservadores, no solo partidos, también iglesias y movimientos sociales, que van a construir una gramática política reaccionaria para oponérseles. Las guerras de género tienen su origen en esa reacción organizada frente a las conquistas de nuevos sujetos que cuestionaban el orden sexual y familiar y la moral tradicional y que transformaron la sociedad, quiero creer que para siempre».

Ejemplos cotidianos de esta técnica comunicativa renovada los encontramos en las redes, la televisión, las ponencias supuestamente profesionales o los falsos debates del feminismo.

La sororidad con las embajadoras de Instagram

El 2 de octubre de 2022 la millonaria Tamara Falcó se sienta en un escenario. Luce coleta tensa y camisa nacarada. Clean Look. Es ponente en el Congreso Mundial de Familias que se celebra en México. Tamara se lamenta ante cientos de personas, se le quiebra la voz hablando de la infidelidad de su prometido, de sus dudas frente al compromiso, del bienestar de unos hijos de aún no han nacido. Para curarse ha asistido a una misa de sanación y ya no siente enfado sino compasión. Se redime. Se santifica.

Pero centrémonos en el atrezzo. ¿Quién ha pagado el escenario? Las sillas las ha mandado poner Brian Brown, presidente de la Organización Internacional para la Familia, que junto a Sharon Slater, presidenta de la Family Watch International, representan el brazo ejecutor de las campañas coordinadas globalmente contra los derechos reproductivos. En España se articulan, entre otros, a través del Foro de la Familia, Hazte Oír y CitizenGo y con ellas se puede trazar el pentagrama que une la Rusia de Putin y su perpetuo hostigamiento de la comunidad LGTBIQ+, el trumpismo estadounidense, el evangelismo latinoamericano y el ultracatolicismo español.

Nueve meses después, Tamara se casará con el tipo aquél, cumpliendo así con el manifiesto del Foro de la Familia y consolidando “la unión entre un hombre y una mujer; unidad jurídica, social y económica”. El debate está servido. Arden las redes. Pero Falcó saldrá indemne porque es una mujer sufridora y criticar a la mujer que sufre, en ese momento, muestra falta de solidaridad para el feminismo liberal.

También es “poco sororo” criticar a María Pombo, con más de 3 millones de seguidores en Instagram y otro tanto de ingresos anuales. Cuando en febrero de 2024 fue acusada de clasismo, la influencer respondió que ella era “feminista”, escudándose en la palabra como Perseo detrás del espejo y apelando a una sororidad que da carta blanca al ejercicio de otras violencias.

Y así van desfilando las novísimas embajadoras del antiguo pensamiento: desde RoRo (que da de comer en la boca a su novio Pablo lo que a él se le antoje) y a los nazis de la DANA, hasta la falangista y estilosa Isabel Medina Peralta, o la ya olvidada Melisa Rodríguez.

El deber de sororidad se consolida en la opinión pública como mandato del feminismo hegemónico en irónica defensa de las mujeres que portan ahora la voz del nacional catolicismo español en formato neoliberal.

Esta indulgencia permea en las capas más cotidianas de nuestras vidas. Son cientos las mujeres que, agobiadas por la falta de corresponsabilidad con sus maridos y el techo de cristal profesional, enarbolan el lenguaje y la simbología del feminismo (pero obvian los discursos de clase o antirracistas) para dar continuidad al modelo de trabajo esclavo, malpagando a sus limpiadoras o cuidadoras. Una violencia que se canjea por otra.

El altavoz de un ruido ensordecedor

En este último lustro también han sido muchas las que han sacado el lápiz para definir los contornos de la “mujer”. El incomprensible debate en torno a la cuestión de la transexualidad o la definición biologicista de la mujer sólo han servido para pisotear la dignidad de unas mujeres ya de por sí vulnerabilizadas. La estrategia de la derecha también ha estado ahí, encontrando alianzas en los sectores TERF de la izquierda.

El ejemplo más emblemático ocurrió el 24 de marzo de 2021, cuando Hazte Oír sufragó la ponencia de Lidia Falcó (Partido Feminista), histórica activista antifranquista, y Alicia Rubio (Vox) para empujar su campaña contra la Ley Trans, organizada por CitizenGo. Otra vez la tríada, disfrazada de debate plural y moderno, se pone la careta de algún tipo de feminismo para cumplir con los hitos de su agenda.

El sujeto del feminismo

Las injusticias no vienen solas y el debate sobre el sujeto del feminismo ha lastrado la última etapa del movimiento feminista abriendo vórtices involutivos de todo tipo: desde la desatención a la verdad científica (y sus importantes limitaciones), hasta el de la lucha contra la estigmatización de la salud mental, pasando por la recanonización estética de los cuerpos tanto por dentro (fiscalizando niveles hormonales) como por fuera (con el resurgir de las viejas manifestaciones estéticas de la feminidad).

En febrero de 2023 se celebraba el Encuentro Internacional Feminista del ya difunto Ministerio de Igualdad de Irene Montero. Una de las mesas fue la de «Masculinidades» y no fueron pocas las compañeras que la criticaron (antes de escuchar su contenido), manifestando su frustración por la presencia de este contenido “para hombres”.

Parece, sin embargo, que lo que en aquel encuentro apuntaban la profesora estadounidense Raewyn Connell y el sociólogo argentino Lucho Fabbri era necesario para continuar con la trasformación social: el sujeto del feminismo es la humanidad.

Parte del feminismo considera que esto es imposible, porque la humanidad incluye a los cientos de miles jóvenes varones cis-hetero de entre 18 y 24 años que votaron al partido de Alvise en los pasados comicios europeos. Y otra parte también lo considera problemático porque ha interiorizado el discurso de la extrema derecha respecto de los extranjeros como potenciales agresores sexuales2.

En definitiva, la campaña de la derecha ha construido para nosotras dos enemigos-señuelo: las personas trans y los jóvenes varones, especialmente extranjeros. Pero, pese a estos años de ceguera, parece que en los últimos meses la cuestión se está reorientando. Iniciativas como Broders.es3, promovida por la divulgadora Pamela Palenciano, buscan romper los imperativos heteropatriarcales que pesan sobre los hombres al tiempo que se ofrece un espacio seguro en el que desarrollarse sin aislamiento.

Un ejército de técnicos y expertos

Las estrategias ultraderechistas siempre han estado presentes en los sectores profesionales, pero cada vez disimulan menos. El 23 de octubre de 2025 el Colegio de la Abogacía madrileña celebraba su primer Congreso de Derecho de Familia, patrocinado por editoriales y empresas inmobiliarias. Por él desfilaron magistrades del Supremo, Constitucional y Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) para hablar de cosas del gremio.

La magistrada del TEDH, María Elosegui Itxaso, refiriéndose a los casos de abuso sexual de menores dijo lo siguiente: “Pienso que estas materias no deben de politizarse, sino enfocarse con profesionalidad tanto por parte de los jueces, como de la fiscalía y administraciones públicas. (…) Es frecuente que las madres aleguen que los padres han abusado de los menores, cuando en muchísimos casos se comprueba que no es así. Este nuevo concepto emergente que se ha creado en ámbitos de Naciones Unidas, de “madres protectoras”, no ayuda nada.(…) Las madres deben cumplir con la legislación y transgredirla no conduce a buen fin”.

Elosegui ignoró así el informe de Save The Children de 2021 que revelaba que “entre un 10 y un 20 % de la población en España ha sufrido algún tipo de abuso sexual durante su infancia”, o el que un grupo de antropólogas publicó en 2022, titulado Violencia institucional contra las madres y la infancia. Aplicación del falso síndrome de alienación parental en España”, en el que analizaba aquellos casos en que las mujeres que habían buscado amparo judicial habían terminado penalizadas de alguna manera por el protocolo institucional.

Consciente o inconsciente, Elosegui y otros participan de una ofensiva intelectual contra el cambio y el desarrollo de mecanismos para la defensa de los derechos de las mujeres y la infancia, poniendo el broche final a esta ofensiva de los amantes de un pasado de subyugación de la mujer.

______________________

1Se titula “Podemos frenar a las extremas derechas generando alternativas deseables y creíbles” (julio 2025).

2Recomendamos encarecidamente leer el artículo “Cómo hacemos frente al marco de los migrantes como violadores”, escrito por el colectivo Cantoneras y publicado en CTXT (diciembre 2025).

3Se trata de un espacio pensado para chicos y hombres jóvenes donde hablar, compartir dudas, crear comunidad y pedir apoyo en diversos temas, como la sexualidad, las relaciones, la estética, etc.

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Consolidando un mundo más animal

Por: Todo Por Hacer

En los últimos quince años, en los que ha estado activo este periódico, el movimiento por la liberación animal en el Estado español ha evolucionado como parte de un proceso de transformación colectiva que ya se venía fraguando en la década anterior.

Cuando sacamos el número 100 de esta publicación, allá por el año 2019, publicamos un artículo titulado “Hacia un mundo más animal”, en el que fotografiamos los últimos diez años del movimiento antiespecista. Entonces ya señalamos algunos cambios significativos, como el auge de las investigaciones encubiertas, la expansión del veganismo y la proliferación de colectivos con tácticas y estrategias diversas. Hoy, al releer aquellas reflexiones, podemos afirmar que las semillas regadas en estos años de activismo han comenzado a dar frutos y aquellos cambios se han ido enraizando en el movimiento en defensa de los demás animales.

A medida que el movimiento por la liberación animal se consolida, la industria de la explotación animal se siente cada vez más amenazada. Las investigaciones encubiertas en granjas, mataderos y laboratorios han abierto procesos judiciales y han despertado la atención mediática, llevando incluso al prime time la cuestión animal en casos como el especial de Salvados sobre una granja que suministraba a El Pozo o el caso del laboratorio Vivotecnia, con eco incluso en la prensa internacional. La imagen pública de la industria se ha deteriorado notablemente en los últimos años y su relato es cada día más cuestionado.

Frente a este avance del movimiento, el sector ha desarrollado estrategias defensivas como la creación de falsos sellos de “bienestar animal”, campañas de lavado de imagen con publicidad engañosa de vacas felices o promesas de transparencia que buscan recomponer una reputación cada vez más dañada. Estas maniobras demuestran que la industria percibe la presión del movimiento antiespecista como un desafío real, viéndose obligada a reaccionar para contener el creciente rechazo social hacia sus prácticas.

Estos cambios no solo incomodan a la industria, sino que también empiezan a filtrarse en el ámbito institucional, donde la presión social obliga a introducir modificaciones que, a pesar de su resistencia, evidencian que el debate ya no puede esquivarse. En los últimos años se han aprobado leyes que prohíben el uso de animales en espectáculos como los circos, o la reciente Ley de Bienestar Animal, que reconoce a los animales como seres sintientes y prohíbe la venta en tiendas de algunas especies como perros, gatos y hurones. Estas medidas, aunque son muy limitadas, muestran cómo la presión social comienza a abrir grietas en un marco político históricamente reacio al cambio.

Algo similar ocurre con propuestas impulsadas desde la ciudadanía, como la Iniciativa Legislativa Popular No Es Mi Cultura, que proponía derogar la ley que protege la tauromaquia como patrimonio cultural. La ILP reunió más de 700.000 firmas, superando con creces el mínimo legal para su debate en el Congreso y evidenciando que gran parte de la sociedad rechaza la tauromaquia. Aun así, la iniciativa fue bloqueada y no llegó a debatirse, mostrando hasta qué punto las estructuras políticas siguen actuando como un dique de contención frente a cualquier intento de cuestionar los intereses económicos vinculados a la explotación animal.

En paralelo a estos procesos, el movimiento antiespecista también ha ido ampliando los frentes de lucha en el ámbito local. En Madrid, por ejemplo, la desaparición de los circos con animales o la campaña contra la matanza de cotorras han demostrado cómo los colectivos antiespecistas pueden responder y plantar cara a las políticas municipales. Temáticas de corte más histórico en el movimiento como la caza, sostenida todo este tiempo por el colectivo No A la Caza (NAC) o la lucha contra el uso de pelo y pieles impulsada por Madrid contra el Pelo Animal (MCPA), han conseguido señalar y acorralar a empresas que siguen perpetuando el uso de animales en una sociedad que no necesita escopetas en el monte ni abrigos o complementos de piel en los armarios. Colectivos locales con estrategias globales tejen redes internacionales, consiguen pequeñas victorias y construyen alianzas con activistas de otros territorios, compartiendo saberes y enriqueciendo la lucha antiespecista.

También la lucha contra la experimentación animal, durante años ausente en la agenda activista estatal, ha reaparecido con fuerza gracias a la investigación encubierta de Carlota Saorsa en el laboratorio Vivotecnia, reactivando un frente olvidado y produciéndose el documental Infiltrada en el Búnker de Pablo de la Chica, financiado por una gran plataforma audiovisual.

En estos quince años, los santuarios de animales también han cobrado un papel fundamental dentro del movimiento antiespecista. En el 2007 apareció el primer santuario en el Estado español, el Hogar de Luci y casi 20 años después existe hasta una Federación Española de Santuarios Animales (FESA) que estima que hay entre 40 y 60 santuarios en todo el territorio nacional. Más allá de la tarea de cuidado, los santuarios muestran en la práctica que otras formas de relación con los animales son posibles. Son ejemplo práctico de relaciones basadas en el respeto, la convivencia y la consideración de los intereses propios de los animales. En un contexto donde la industria y las instituciones se empeñan en presentar la explotación animal como algo inevitable, los santuarios son resistencia política del movimiento de liberación animal.

Mientras, en el terreno táctico, el movimiento también ha cambiado. Si hace más de una década buena parte del imaginario antiespecista giraba en torno a acciones de rescate o de acción directa, en los últimos años se ha producido un cambio hacia estrategias que priorizan la investigación, como el trabajo de Animals View, Linas Kortas o el de organizaciones que contratan a profesionales para destapar la realidad de los centros de explotación animal y libran batallas en el ámbito jurídico e institucional peleando y ganando derechos para los demás animales, con la aparición de operadores jurídicos como Intercids.

Este cambio no significa una renuncia al modelo anterior, sino que se trata de una adaptación a un contexto donde el impacto social de las imágenes, los procesos judiciales y la presión mediática se ha vuelto una herramienta política que sienta precedentes y va cambiando el orden social.

En este sentido, las redes sociales han jugado un papel importante, ayudando a que investigaciones que antes circulaban en entornos más militantes ahora lleguen a cientos de miles de personas más fácilmente. También la revolución tecnológica permite salir a la calle haciendo un activismo respaldado con pantallas que muestran esas imágenes de la realidad que padecen millones de animales o los streaming y directos en las vigilias a las puertas de los mataderos, poniendo a los demás animales en el centro de su lucha, y acercándonos la realidad y mostrando lo que la industria no quiere que sepamos.

Pero estos avances conviven con retos importantes para el movimiento antiespecista. El ascenso de discursos autoritarios en todo el mundo no solo impacta en derechos humanos, sino también en los demás animales, reforzando políticas que blindan su explotación. Lo vimos con claridad durante la tramitación de la Ley de Bienestar Animal, cuando el Gobierno decidió excluir a los perros de caza para satisfacer al lobby cinegético. El antiespecismo ha trabajado en estos años en conectar con las distintas formas de opresión y busca situarse junto a otras luchas sociales. El reto sigue estando en que ese paso sea compartido, ya que buena parte de los movimientos sociales continúan resistiéndose a integrar la cuestión animal, reproduciendo jerarquías que dificultan un cambio real.

Además, la represión sigue golpeando al movimiento antiespecista a nivel global. Recordemos especialmente el caso sufrido en el Estado español en 2011, donde la criminalización de activistas condicionó y transformó el activismo en el Estado, cambiando sus estrategias. En otros contextos, como en Reino Unido, con Animal Rising, han enfocado su activismo de liberaciones en tácticas que buscan llevar el juicio público al debate social. La persecución sigue siendo una constante y nos recuerda que la defensa de los demás animales continúa siendo vista como una amenaza para el orden económico dominante. Casos como el de Susarón en Chile muestra cómo la respuesta penal se dirige contra quienes señalan la violencia estructural y no contra quienes la ejercen.

Sin embargo, mientras las instituciones frenan la trayectoria de lucha antiespecista, el cuestionamiento del especismo se abre paso por otros caminos, especialmente en la academia y en la educación.

Y es aquí donde la aparición y consolidación de los Estudios Críticos Animales en el Estado español empieza a jugar un papel clave, ampliando el debate más allá de la política institucional y situándolo también en universidades y colegios. En la última década, y con más fuerza en los últimos años, estos estudios van ocupando un espacio que antes no existía. Han surgido grupos de investigación, congresos, seminarios y publicaciones que abordan el especismo desde perspectivas filosóficas, sociológicas, jurídicas y culturales, generando un cuerpo teórico que acompaña y enriquecen las luchas en la calle. En este desarrollo académico destacan Aula Animal, en el campo educativo o en la academia como la UPV/EHU en Euskal Herria, la Universidad de Barcelona (UB) y UPF (Pompeu Fabra) que colaboran a través del Centre for Animal Ethics y el ILECA (Instituto Latinoamericano de Estudios Críticos Animales) que coordina publicaciones en castellano, contribuyendo a legitimar la cuestión animal, abriendo nuevas vías de pensamiento y cuestionando incluso el lenguaje cotidiano, señalando cómo muchas expresiones de nuestro día a día reproducen la idea de que los animales son recursos, contribuyendo a normalizar su explotación.

En paralelo, empieza a crecer un campo editorial comprometido con estos debates. La traducción y publicación en castellano de textos de autoras de otros territorios que reflexionan sobre la agencia, la voz o las formas de resistencia de los demás animales ha ampliado el alcance del cuestionamiento antiespecista más allá de la academia. Editoriales veteranas como Ochodoscuatro conviven ahora con otras editoriales que van abriendo su catálogo a obras críticas, reforzando un debate cultural que va llegando cada día a más gente.

Quince años después, es evidente que el movimiento antiespecista en el Estado español no es el mismo. Se ha afianzado en algunos aspectos, se ha diversificado y participa en espacios que antes le eran ajenos, logrando que la explotación animal deje de ser un tema invisible. Pero también es evidente que los obstáculos siguen siendo enormes: la industria que se reinventa, unas instituciones que protegen y cierran filas junto a quienes se benefician de la explotación animal y un contexto político cada día más hostil, con la ultraderecha ganando espacio. Aun así, el movimiento no parte del mismo lugar que hace una década y media. Hoy cuenta con herramientas, redes, saberes y experiencias que sostienen un trabajo a largo plazo y permiten imaginar un horizonte más amplio.

Los avances logrados no son suficientes y nos parecen siempre escasos, pero cada paso es imprescindible para llegar hasta donde estamos. Si algo muestran estos quince años de lucha es que el antiespecismo sigue avanzando y que, hoy como ayer, aún queda todo por hacer.

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