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✇Todo Por Hacer

El antifascismo en un mundo a la deriva

Por: Todo Por Hacer

Cuando el desencanto es tradición, el entusiasmo es la resistencia” – Biznaga

Cuando empezamos a publicar este periódico en el año 2011, el auge de la extrema derecha no era una de nuestras principales preocupaciones. Éramos conscientes de que el franquismo sociológico seguía permeando las instituciones del Estado (policía, jueces, altos funcionarios, etc), que existían grupos fascistas que atacaban a minorías y que parte de la ultraderecha seguía habitando espacios dentro de los partidos conservadores como el PP, por lo que no sabíamos que no podíamos relajarnos y confiarnos. Sin embargo, gracias al buen trabajo del movimiento antifascista –revitalizado en 2007 tras el asesinato de Carlos Palomino a manos de un militar neonazi–, las ideas de la extrema derecha se habían contenido y, cuando el descontento por las recetas neoliberales del PSOE y PP para salir de la crisis fue en aumento, las propuestas que se pusieron sobre la mesa eran mayoritariamente de izquierdas. Las había más rupturistas y más reformistas que terminarían por mantener el sistema capitalista-democrático-liberal intacto, pero no daba la sensación de que el mundo viraría en poco tiempo hacia el fascismo.

Quince años después el contexto es muy distinto. Los levantamientos que entre 2010 y 2020 pretendieron reestructurar las sociedades –el 15-M en el Estado español, el movimiento occupy en EEUU, la Primavera Árabe, el parque Gezi en Turquía, V de Vinagre en Brasil, las revueltas de Chile, Grecia, Hong Kong, etc– fracasaron y en buena parte del mundo gobiernan hombres autoritarios, que no creen en los derechos humanos ni en las democracias liberales (nosotras tampoco, pero por motivos distintos) y que defienden la ley del más fuerte y los etnoestados.

¿Por qué ha virado el mundo hacia la extrema derecha?

¿Cómo ha podido pasar esto? La respuesta es compleja y multifactorial. Autores como Vincent Bevins han dedicado libros enteros a este fenómeno, por lo que no podemos dar una respuesta fácil en dos páginas, aunque sí podemos intentar dar algunas pinceladas superficiales sobre cómo percibimos que ha ocurrido en nuestro contexto.

En primer lugar, (1) hay que señalar las invasiones imperialistas de Afganistán e Irak por parte de EEUU (apoyadas por varias potencias europeas, que mantienen una relación tóxica con su novio yanki), así como sus agresiones sobre Siria y Libia y el continuo expolio occidental de los recursos naturales de África. Estas guerras normalizaron la islamofobia –demonizando a las personas del mundo árabe– y desestabilizaron varios regímenes de Oriente Medio, provocaron millones de muertos y el desplazamiento forzoso de muchos más, dando pie a una gran crisis de refugiados.

Por su parte, (2) la respuesta europea a esta crisis no fue la de reaccionar con empatía y generosidad como se debería haber hecho (máxime teniendo en cuenta que el desastre era nuestro), sino de forma racista y violenta contra las personas de origen extranjero. Los gobiernos conservadores y socialdemócratas profundizaron las dinámicas de explotación, colonialismo e imperialismo, las fronteras se endurecieron –aumentando la mortalidad de quienes intentan penetrar en esta fortaleza que es Europa–, se delegó en terceros países la gestión de la inmigración y los discursos de odio dentro de nuestros países fueron paulatinamente en aumento.

En este contexto, (3) los partidos y organizaciones de la vieja y nueva extrema derecha comenzaron a cobrar fuerza, explotando el miedo (“nos van a quitar el trabajo”, “no cabemos todos”, “no respetan a las mujeres”, “son criminales”) y deshumanizando a “los otros”. Y su odio no solo lo han dirigido hacia migrantes, sino también contra la comunidad trans, las personas LGTBIQ, el feminismo, el ecologismo, etc, conectando así con un movimiento ultraconservador que lleva décadas tratando de revocar los avances sociales que se han ido conquistando a lo largo del tiempo.

(4) El papel de los medios de comunicación ante estos discursos ha sido lamentable, dando altavoz a seres despreciables que vomitan xenofobia, sin confrontarlos, sin exponerlos. Quienes pensaban que los argumentos racistas decaerían por su propio peso, o que había que ignorar a los fascistas porque se morirían solos si no les hacemos casito, resultaron estar equivocadas: sus ideas se encuentran cada vez más normalizadas.

Además de extender discursos discriminadores, (5) la derecha también ha sabido instrumentalizar los bulos para obtener réditos. Cada vez que ocurre un hecho noticiable, las mentiras racistas, homófobas, tránsfobas, o contra personas de izquierdas no tardan en emerger. Así, no solo han conseguido convencer a muchas personas a base de bulos, sino que también han conseguido que nadie sea capaz de discernir la verdad en ese enorme lodazal que componen los medios de comunicación y las redes sociales.

Mención especial merecen (6) las redes sociales, porque los oligarcas tecnológicos de Silicon Valley, muchos de los cuales creen en su superioridad genética (como Elon Musk, Peter Thiel, Mark Zuckerberg, etc) y que el mundo sería mejor si se les permitiera gobernar como emperadores, han manipulado sus algoritmos para amplificar los mensajes de destacados nazis y enterrar los discursos que les plantan cara.

También ha sido grave (7) el papel de los partidos progres en los últimos años a la hora de generar desencanto. La socialdemocracia e, incluso, algunos partidos de izquierdas (como es el caso de BSW en Alemania), temiendo que la derecha fuera a superarles, comenzaron a imitar los discursos antiinmigración de la extrema derecha, creyendo que teniendo una postura un poco más suave y respetuosa les votarían a ellos. Pero se equivocaron; cuando los votantes perciben que una marca imita a otra, prefieren la original.

Además, los partidos de izquierdas lograron desmovilizar a miles de personas que participaban en los movimientos transformadores de los primeros años de la década pasada, prometiendo que “asaltarían los cielos” en su nombre. Sin embargo, cuando formaciones como Podemos o Sumar entraron en los gobiernos, no lograron conquistar nada. Ni derogaron la Ley Mordaza, ni la reforma laboral, ni consiguieron que Interior respondiera por las infiltraciones policiales en movimientos sociales, ni reformaron la policía, ni la Justicia, ni el problema de la vivienda, ni la escalada militar, ni nada. La izquierda institucional se ha mostrado incapaz de solucionar los problemas de la gente y su falta de credibilidad allana el camino a la derecha.

Otra de las causas por las que triunfa la extrema derecha se debe (8) a que llevamos más de dos años asistiendo a un genocidio en tiempo real en Palestina y nadie ha movido un puto dedo por pararlo. Esto ha envalentonado racistas en general e islamófobos en particular, que han comprendido que no pasa nada por atacar violentamente a un pueblo entero, siempre y cuando estés del lado del más fuerte. Por tanto, no extraña que Trump se crea con derecho a secuestrar a Nicolás Maduro, anexionarse Groenlandia o amenazar explícitamente a cualquiera que ose criticarle; es la misma lógica imperialista.

El fascismo ha generado monstruos que vemos a diario en los medios: soldados israelíes que torturan a presos palestinos son aplaudidos y tratados como héroes por sus compatriotas, paramilitares de ICE aterrorizan y disciplinan a personas migrantes en ciudades de EEUU y Nayib Bukele farda de sus centros de encierro en El Salvador, por citar algunos ejemplos.

Mientras, el capitalismo sigue su curso, pues esta nueva era totalitaria no le amenaza, sino que se trata más bien de una vuelta de tuerca. (9) La desafección que ha promovido un sistema basado en la desigualdad ha sido el gran alimento de la extrema derecha. Por eso, recordamos hoy las palabras de Buenaventura Durruti: “Ningún gobierno lucha en contra del fascismo para destruirlo. Cuando la burguesía ve que el poder se les escapa de sus manos, alzan el fascismo para mantener sus privilegios”.

El antifascismo, más necesario que nunca

El historiador Mark Bray define el antifascismo como una ideología que se autodefiende de los movimientos racistas, fascistas y autoritarios y evita que crezcan lo suficiente como para que supongan una amenaza real contra personas oprimidas. En este sentido, “el antifascismo es proactivo, no espera a que el fascismo conquiste el poder para actuar e intenta pararlo de raíz”. Y resalta que el antifascismo además cuestiona las estructuras de poder y dominación que permiten que el fascismo exista, por lo que “el antifascismo no es solo la oposición a los fascistas, sino una lucha por un mundo sin fascismo, sin racismo, sin jerarquías autoritarias”.

Un movimiento antifascista fuerte, amplio y de base es nuestra única esperanza para detener la oleada ultraderechista que pretende arrasarnos. Y eso lo saben los fascistas. Por eso, en los últimos meses Trump ha declarado el movimiento antifascista como “organización terrorista doméstica” en EEUU y ha defendido la brutalidad policial ejercida contra sus opositores –como los agentes de ICE que asesinaron a Renée Nicole Good con tres tiros en la cabeza por protestar contra sus redadas racistas–. Y miedo nos da que le de por designarla como “organización terriorista internacional” y empiece a aprobar sanciones contra quienes le desafíen (como ha hecho en el último año con los jueces del Tribunal Penal Internacional que pidieron la detención de Netanyahu o a la relatora de la ONU para el conflicto palestino, Francesca Albanese, que no puede tener cuentas bancarias a su nombre, volar en algunas aerolíneas o reservar habitaciones de hotel).

La coalición Patriotas por Europa (grupo al que pertenece Vox) solicitó hace unos meses que el Parlamento Europeo otorgase la designación de “organización terrorista” al movimiento antifascista en nuestro continente. Por ahora no ocurrirá, pero tiempo al tiempo. El manual ya lo tienen estudiado: se empieza etiquetando a un movimiento difuso y sin estructura definida como “terrorista” y se le reviste de amenaza existencial; y el día que ocurra algo, ya sea un acto de violencia, unos desórdenes públicos, una manifestación, lo que sea, se abre el aparato de represión estatal y se termina por extender al conjunto de la disidencia (organizaciones antifascistas, colectivos antirracistas, sindicatos, asociaciones de vecinas, colectivos de barrio, etc).

El movimiento anarquista del Estado español conoce muy bien cómo funcionan estos planes de criminalización. Ya lo vivimos hace una década, cuando en 2013 fueron detenidas dos anarquistas, acusadas de plantar una bomba en la Basílica del Pilar de Zaragoza. Tras ello, varios políticos y medios de comunicación comenzaron a informar, de forma constante, que el anarquismo se estaba organizando para planear atentados terroristas y que estaba “imitando a Al-Qaeda”. Un año después, en 2014, tuvo lugar la Operación Pandora, que en 2015 fue seguida por las Operaciones PiñataPandora 2 y Ice, en las que decenas de anarquistas fueron detenidas e imputadas por terrorismo por no se sabe muy bien qué motivos. Por suerte, finalmente todas las causas acabaron archivadas y quedaron en nada, pero la próxima vez el resultado podría ser otro.

Por suerte, hemos sacado aprendizajes de estos golpes y también sabemos cómo debemos actuar: con solidaridad, con determinación, con movilizaciones contra sus discursos criminalizadores y, sobre todo, planteando alternativas a su sistema de dominación, para convertir a los represores en irrelevantes. Es decir, frente a su fascismo, más antifascismo y más militancia en todos los colectivos que buscan erradicar.

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✇Diario De Vurgos (Burgos)

Pablo González Gasca: un nazi en el fango

Por: diario

Puede que te suene este nombre de verlo en las noticias de estos días o quizás ya sepas algo de este personaje al que conviene seguir la pista, es notable su relevancia desde el neofascismo más reformista a las filas más neonazis.

Pablo González Gasca saludando a Santiago Abascal

Pablo González Gasca no sólo era un alto dirigente de la organización juvenil Revuelta, era también una persona clave en el manejo las redes sociales de VOX, además se le relaciona directamente con la creación de Noviembre Nacional origen de Nucleo Nacional y Movimiento Nacionalista Despierta. Pablo no era un cualquiera en VOX, una de sus primeras apariciones fue en las elecciones municipales burgalesas como número 4 de la lista. Pablo ha sido un personaje clave para desvelar la relación del partido con muchos colectivos. Tenía contactos con Bastión Frontal, Democracia Nacional o la Falange a través de Movimiento Nacionalista Despierta. Se le vincula directamente con muchos de los llamamientos fascistas que se han hecho en el estado, por ejemplo con el polémico “Uvas de Ferraz”, durante la nochevieja de 2023. Además era claro nexo de conexión con la ultraderecha polaca que le catapulto a manejarse con muchos otros países. Pablo no era un don nadie en estos ambientes y lo más importante, parece que ayudaba a aglutinar a diferentes sensibilidades como franquistas, falangistas o neonazis en un mismo frente que conectaba con VOX.

Resumiendo, Pablo iba como un cohete. Tenía pies en todos los lados además de manejar un aparato fundamental en VOX, las redes sociales y el marketing digital. Estaba detrás de numerosas cuentas desde donde esparcía toda su propaganda, oficialmente VOX, Revuelta y su marca personal pero tras ser objetivo de algún “doxeo” se le vinculó a cuentas de otros grupúsculos nazis y propagadores de odio. Respecto a Burgos, publicaba soflamas criticando las subvenciones a Espacio Tangente o incluso amenazaba con cerrar el Centro Social Recuperado de Gamonal por nombrar algunos de los muchos colectivos burgaleses a los que ponía en la diana mientras esperaba, como Aznar, “que cada uno hiciese lo que pudiese” y es que Pablo tenía madera de dirigente.

Tal vez a Pablo le sonreía la suerte o tenía poderosos padrinos. La verdad es que no tengo muy claro cómo se asciende en partidos neofascistas ni organizaciones nazis. Pero hace unos días su carrera se truncó y la suerte o sus padrinos lo abandonaron. Mientras Revuelta recogía dinero para la DANA que arraso Paiporta o Catarroja, Pablo se hacía un viaje a Varsovia para acudir a un llamamiento de “Juventud de toda Polonia” un colectivo de marcada tendencia neonazi. Poco o nada pisó el fango que hoy se le está llevando por delante. La noticia que está en todos los medios, es que Revuelta no gasto el dinero de la DANA y se quedó en sus cuentas para no se sabe bien qué o quién. A principios de esta semana se empezaron a filtrar grabaciones donde se destapaba este hecho. En ese nido de ratas almizcleras se grababan y probablemente se intercambiaban esos audios. Lo curioso es que gran parte de los audios filtrados parecen grabados por el propio Pablo y le han acusado de estar detrás de las filtraciones. En los audios se habla de precariedad y malos sueldos, de malversación, de robar, de pactar compensaciones, despidos… En ellos Pablo llega incluso a llorar en algún momento. Pablo no queda precisamente bien en los audios lo cual hace que todo esto tenga poco sentido, en el partido le hacen responsable de la malversación y se soslaya incluso lucro personal. Esto obviamente salpica a VOX, pero quizás es más grave de lo que parece ya que puede dejar cojo a un partido que tiene uno de sus principales objetivos en los nuevos votantes y la propaganda digital. Pablo está hoy en el fango, ese fango de la DANA que impunemente esquivó. Además es la cabeza visible del desaguisado de Revuelta y personifica la fractura que hoy acontece en el seno del entramado neofascista de VOX y sus células nazis.

Tras esta historia se escoden grandes incógnitas. Es muy extraño que la prensa se haya plegado a destapar este escándalo, incluso los medios conservadores han contribuido activamente a destapar todo esto. Tal vez estos medios han tenido que ceder a un acontecimiento demasiado inmoral como para ser ignorado o tal vez la oligarquía quiere contener el ascenso de determinadas tendencias de ultraderecha. No obstante la misma prensa que hoy les denuncia les ha blanqueado innumerables veces haciendo que nazis como este puedan colocarse en las instituciones con demasiada impunidad.

Pablo Gonzalez Gasca en una manifestación de Hogar Social Madrid con la camiseta de casaPound (2017)
✇lamarea.com

Salomé Saqué: “Querer vivir en una democracia ya es ser antifascista”

Por: Miquel Ramos

Francia ha sido siempre un laboratorio de ideas y una avanzadilla de la extrema derecha para todo el mundo. Su producción intelectual, su política y sus éxitos son evidentes, imprescindibles casi para entender el avance de estas ideas. Salomé Saqué (Lagny-sur-Marne, 1995) estuvo a finales de octubre en Barcelona para presentar su libro Resistir (Plataforma Editorial), donde explica cómo la extrema derecha ha logrado alcanzar cotas de influencia inimaginables hace unos años, minando así consensos democráticos sobre derechos y libertades. Una obra bien condensada, clara y concisa, que desgrana las estrategias del nuevo fascismo y las complicidades de las que ha gozado para llegar a las puertas del poder. Por eso, ante la preocupación de una gran parte de la sociedad, el libro ha sido un éxito en ventas, con más de 350.000 ejemplares vendidos de su edición francesa en pocos meses. Antes de que sea demasiado tarde, dice Salomé, quiere explicar cómo ha sido posible todo esto. «Todavía estáis a tiempo», afirma refiriéndose a España.

En Francia, la extrema derecha controla gran parte del panorama mediático, domina el debate, impone sus marcos y está lista desde hace tiempo para gobernar. El libro explica quiénes son figuras como el magnate Vincent Bolloré, quien se hizo con el grupo Canal+ en 2015 y es propietario de una gran red de medios de comunicación dedicados a la promoción de la extrema derecha. Saqué llama «los ingenieros del caos» a quienes diseñan las estrategias de desinformación y la batalla cultural. Lo hacen a través de sus contactos con las élites y de think tanks como Atlas Network (también presente en España). La autora señala a estos actores y analiza su papel en las redes sociales y la disputa semántica por el significado de las palabras. Estos grupos radicales y la violencia que propagan han conseguido instalarse en el debate y en la sociedad gracias a la normalización de sus ideas.

¿Cómo ha logrado la extrema derecha esta normalidad? ¿Qué papel han jugado los medios de comunicación?

Ha habido un largo proceso de blanqueamiento en los medios, en la política, en la Asamblea Nacional, en los libros, en muchos espacios de la cultura durante muchos años… Ahora es muy difícil cambiar el ecosistema mediático porque todo el mundo está acostumbrado a ver a la extrema derecha. Si hoy empezáramos a dejar de invitarla a los platós de televisión lo presentarían como censura. Hay muchos periodistas en Francia que ni siquiera consideran a Reagrupamiento Nacional [nuevo nombre del Frente Nacional, el partido de Marine Le Pen] como un partido de extrema derecha. Ya no utilizan estas palabras. Lo hacen porque piensan que esto es ser neutral. Yo combato esta idea de neutralidad periodística, porque pienso que no es posible conseguirla y porque, en momentos como estos, es un peligro. Ahora, el canal de información más visto en el país es CNEWS, una cadena de extrema derecha. Este tipo de medios están dedicados casi en exclusiva a la propaganda y la desinformación, creando falsas polémicas. Ellos mismos crean la polémica y entrevistan a un político sobre la polémica. ¿Y qué hace el resto de los medios? Simplemente miran las redes sociales y dicen: «Oh, esto ya es demasiado grande. Tenemos que hablar de ello». Y hablan. Y le dan la palabra a la extrema derecha. Y no buscan la contradicción, ni siquiera cuando dicen mentiras. Al final, lo que ocurre en Francia es que todos vamos a comentar una polémica que no tiene ningún sentido y que a veces es pura mentira. Y cuando hablamos de todo esto, la extrema derecha gana.

Dedicas un capítulo en tu libro al peligro de la violencia y el terrorismo de extrema derecha, tanto en Francia como en el resto de Occidente. En tus charlas siempre debes ir acompañada de seguridad privada. Has sido amenazada en numerosas ocasiones. Y no eres la única. Los periodistas, y sobre todo las mujeres, se han convertido en un objetivo prioritario en las campañas de la extrema derecha, también aquí en España.

Los partidos no llaman nunca a la violencia física, pero son muy tímidos cuando hay que condenarla. Saben que estas personas les apoyan, que forman parte de un todo. Los medios de extrema derecha, los partidos, los grupos radicales… de alguna manera, todos tienen vínculos entre sí. Eso es lo que quería demostrar en el libro, que están muy bien conectados y articulados, y por eso es peligroso. Mi nombre estuvo incluido en una lista de periodistas a los que matar publicada en una web nazi. De algunos periodistas hasta ponían su dirección. Lo denunciamos a la policía y bloquearon la web en Francia. Pero si tienes un VPN todavía puedes acceder. De esto hace más de dos años. No pasó nada. No han detenido a nadie. Yo personalmente fui a la policía para denunciar amenazas de muerte, de violación, acoso, insultos…

¿Y qué han hecho las autoridades al respecto?

Hay una falta de reacción de las autoridades y de los responsables políticos. Y no sé lo que estamos esperando. Quizás necesitamos, no sé, un drama o algo particularmente terrible contra los periodistas para reaccionar, pero cuando eso pase no podremos decir que no lo sabíamos desde hace años.

Una de las banderas de la extrema derecha global es la islamofobia. En Francia, la instrumentalización del concepto de laicidad como un valor intrínseco de la República, funciona también para extender estos prejuicios más allá de la extrema derecha.

Salomé Saqué: «Querer vivir en una democracia ya es ser antifascista»
Portada del ensayo Resistir. PLATAFORMA EDITORIAL

El debate ha sido desplazado: ya no se discute realmente sobre la laicidad como concepto republicano, sino que se utiliza de forma abusiva como pretexto para justificar discursos racistas. La técnica de la extrema derecha es, con la laicidad y con todos los conceptos, la misma: neutralizar nuestra capacidad de utilizar las buenas palabras, los buenos conceptos, porque así, al final, los conceptos no tienen ningún sentido. Todo el mundo conoce el concepto de laicidad, lo aprendemos en la escuela, sabemos que es importante, es algo central en la construcción de nuestra república. Entonces, lo que hace la extrema derecha es instrumentalizarlo, por supuesto, de forma totalmente falsa. Sí, falsa, porque no van en contra de lo católico. Eric Zemmour, sin ir más lejos, acaba de publicar un libro sobre los valores cristianos. Esto lo hacen con la laicidad, pero también con la lucha contra el antisemitismo, que se ha convertido en una parte fundamental de su discurso. Es decir, extender la idea de que la izquierda es antisemita y ellos no. Cuando los estudios, los hechos, muestran aun hoy que el índice más alto de antisemitismo está siempre en la extrema derecha. Sin embargo, su relato va en contra de los hechos. Y no estoy diciendo que no haya antisemitismo en la izquierda, porque lo hay, como ocurre con todas las discriminaciones estructurales.

Esto se ha visto muy claro también con el cambio de la extrema derecha del antisemitismo clásico a la islamofobia, y de, por ejemplo, todo el alineamiento de la extrema derecha mundial con Israel.

Por eso es tan difícil luchar contra la extrema derecha. Usan los conceptos de laicidad, que muchos en Francia compartimos, o de antisemitismo, que combatimos, con bastante inteligencia. Su estrategia es crear confusión. Es lo que me gustaría que las personas que nos leen, quizás, retengan, entiendan: desorientación, confusión, vaciar los conceptos de sentido. Esa es la condición para que la extrema derecha pueda llegar al poder. No digo que sea la causa, es mucho más complicado, pero es la condición. Eso es exactamente lo que pasó con el trumpismo: al final ya nadie sabía a quién leer o qué era verdad. Estamos perdiendo colectivamente este sentido, esta realidad común. En Francia ya no sabemos lo que es la laicidad. Aunque hay una ley que podemos leer y podríamos debatir mucho sobre la laicidad, no lo hacemos ya sobre el concepto real, debatimos sobre una palabra que ya no tiene ningún sentido. Ocurre lo mismo con antisemitismo, con fascismo… Ahora hablan incluso de «fascismo de izquierdas». O de islamoizquierdismo. La estrategia es vaciar todo de sentido.

La islamofobia, así como todo el argumentario de la extrema derecha, se escuda muy a menudo en la supuesta incorrección política y hasta en el humor. Me llama mucho la atención las caricaturas y los mensajes explícitamente racistas o machistas que usa la revista ‘Charlie Hebdo’, que no es de extrema derecha, pero refuerza sus mensajes y estereotipos.

El tema es muy complejo. Es muy difícil criticarlos porque han sido víctimas de atentados horribles. Si los criticas te pueden acusar de estar en contra de la libertad de expresión y al lado de los terroristas… Pero también debemos poder señalar los sesgos y límites de cualquier medio de comunicación, eso forma parte del debate público democrático. Además, hay límites legales: en Francia, por ejemplo, Valeurs Actuelles ha sido condenada por incitación al odio racial debido a caricaturas. No todo está permitido.

¿Cuál es la posición y la relación de Reagrupamiento Nacional respecto a Vladímir Putin y el papel de Rusia en la internacional reaccionaria?

Su relación con Rusia ha sido históricamente ambivalente. El partido contrajo en 2014 un préstamo de 9,4 millones de euros con un banco ruso [First Czech-Russian Bank], en un momento en el que los bancos franceses se negaban a darle créditos. Este préstamo, que fue objeto de polémica durante años, fue finalmente reembolsado en 2023. En el plano político, Marine Le Pen mostró durante mucho tiempo una cierta simpatía hacia Putin, al que presentaba como defensor de la soberanía nacional y de los valores tradicionales. Desde la invasión de Ucrania, el RN ha condenado oficialmente la guerra, aunque mantiene una posición prudente: critica algunas sanciones consideradas «contraproducentes» y sigue presentándose como una fuerza «soberanista», ni prorrusa ni alineada con Washington. Marine se reunió con Putin en el Kremlin en 2017, en una imagen altamente simbólica.

Trump ha declarado la guerra a los movimientos sociales, usando un fantasma llamado «Antifa» como si fuese una organización terrorista. Sus seguidores han iniciado una cacería contra todos los sospechosos de formar parte de esa organización inexistente, y han conseguido incluso que un profesor universitario de Nueva Jersey, Mark Bray, haya tenido que salir del país tras ser amenazado porque hace 10 años publicó un libro titulado Antifa.

Esto es un regalo para la lucidez: deberíamos recordar que cuando movimientos políticos empiezan a designar como terroristas a intelectuales, periodistas, activistas, ese es un camino que conduce hacia la dictadura. Es la estrategia que utiliza Putin, son exactamente las mismas palabras que ha utilizado contra todos sus oponentes para justificar su política de represión, los asesinatos de opositores, y aun para justificar la guerra. Es una señal de alerta bastante clara, y no necesitamos tener una cultura política inmensa para ver lo que está pasando. Cuando empiezan a decir, sobre la base de nada, sin ninguna prueba, que los intelectuales son terroristas, entonces surge la pregunta: ¿qué hacemos con los terroristas? Pues los encarcelamos por el bien de la seguridad nacional. Esto debería ser un escándalo total.

¿Qué es para ti el antifascismo?

Mi proyecto como periodista es hablar a un público lo más amplio posible. Incluyo, por supuesto, a personas despolitizadas, a personas de derecha, conservadoras. Podemos tener ideas muy opuestas, pero en Europa, después de la Segunda Guerra Mundial, nos dimos un consenso colectivo: el de que la oposición a la democracia es el fascismo. Para mí, querer vivir en una democracia ya es ser antifascista. No podemos permitir que digan que los antifascistas son terroristas. El antifascismo, más allá de ciertos movimientos políticos, del activismo, merece una definición amplia que incluya a todas estas personas que no quieren vivir en una dictadura. Por eso hablo tanto de información verificada, de lucidez, de capacidad colectiva para reconocer las cosas, de utilizar bien las palabras, de definir con precisión, porque tenemos que entender quién presenta el riesgo más alto de fascismo. Hay que generar interés por todo esto, porque luego será demasiado tarde, luego será mucho más complicado resistir. De eso trata mi libro. Las democracias están enfrentando muchos problemas por sus derivas autoritarias, pero todavía estamos en democracia. El fascismo todavía no es percibido como un peligro por la mayor parte de la gente, pero hay minorías que ya lo están sufriendo y entienden perfectamente lo que significa. Por eso hay que armar una resistencia, pacífica pero con herramientas sólidas, contra las ideas fascistas. Mi objetivo no es edulcorar la definición del antifascismo, sino mostrar que defender la democracia es algo que concierne al mayor número posible de personas. Mañana cualquiera podría ser calificado de «terrorista» simplemente por oponerse a una deriva autoritaria. No sé qué pasará en 2027 en Francia o en España, si tendremos a la extrema derecha en el poder, trabajando para instalar su opresión. Porque sabemos cuando llega al poder, pero nunca sabemos cuando lo deja. Y pienso que no queremos enfrentarnos a este peligro democrático.

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✇pikara magazine

La amenaza a los derechos sexuales y reproductivos: un proyecto estructurado de poder histórico y global marca España

Por: Mª Ángeles Fernández

L'Associació de Drets Sexuals i Reproductius ha publicado un informe en el que explica el papel de organizaciones surgidas en el Estado español como líderes de una ofensiva internacional “antigénero”. “Los derechos sexuales y reproductivos son el corazón de la disputa de poder”, explican las impulsoras del estudio.

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Patricia Simón, periodista militante contra el silencio y la impunidad

Por: Ruth de Frutos

Con la defensa de los derechos humanos como brújula, el trabajo de Patricia Simón aúna el reporterismo en terreno y el periodismo de investigación. Hablamos con la autora de los libros 'Miedo' y 'Narrar el abismo' sobre el papel de los medios de comunicación ante los genocidios, el neofascismo o los ataques desde los tribunales a la libertad de prensa.

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✇Radio Topo

Acratador 20N25

Por: Radio Topo

Un programa muy dinámico hoy en el que conectamos en varias ocasiones con la manifestación antifascista del 20N de Zaragoza y nos acordamos también de la de Huesca que se desarrollaban al mismo tiempo que la emisión. Pero en este 50 aniversario de la muerte de Franco por supuesto hablamos de ello y del poso […]

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✇pikara magazine

¡Para este viaje no hacian falta alforjas! Rufián y el pacto racial

Por: Basha Changue

Cuando el diputado de ERC se enuncia como hijo de migrante para hablar de inmigración en clave de seguridad e integración, marca su posición de buen migrante asimilado, que ha llegado lejos por portarse bien en términos nacionalistas. Su discurso muestra los malabarismos que hacen unas izquierdas temerosas de su blanquitud.

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✇Diario De Vurgos (Burgos)

Ruta Burgos Antifascista

Por: diario
✇Todo Por Hacer

En las calles y en la web el nº 178 de Todo por Hacer (noviembre de 2025)

Por: Todo Por Hacer

Todo por Hacer es una publicación anarquista que se edita mensualmente en Madrid. Se distribuye de forma gratuita en esta ciudad y se puede descargar en www.todoporhacer.

Artículos

  • La criminalización del antifascismo bajo Trump
  • Algunas luchas laborales en este comienzo del otoño
  • El plan de paz de Trump: un alto al fuego al servicio del expolio
  • Balance represivo del mes de octubre
  • Cuarenta años de okupación en Lavapiés (1985-2025): memoria viva de un barrio que quiere resistir
  • Apuntes históricos del antisionismo entre la comunidad judía. El pueblo judío y toda la humanidad secuestrada por el sionismo genocida
  • La montaña también es política

Recomendaciones

  • [Informe] De España al mundo: la proyección global de la ultraderecha española contra los derechos sexuales y reproductivos
  • [Ensayo] El fin de nuestro mundo. La lenta irrupción de la catástrofe
  • El hombre sin horizonte. Materiales sobre la utopía
  • [Ensayo] Josefa Martín Luengo y la pedagogía libertaria

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✇Todo Por Hacer

A 18 años del asesinato de Carlos Palomino

Por: Todo Por Hacer

Carlos no murió, le mataron por defender lo que creía justo” – Mavi Muñoz, madre de Carlos Palomino.

Hace 18 años, el 11 de noviembre de 2007, ocurrió algo que marcaría a toda una generación de antifascistas.

El asesinato de Carlos

El antifascista Carlos Palomino se dirigía al barrio madrileño de Usera junto a varios de sus compañeros y compañeras. La Coordinadora Antifascista de Madrid (CAM) había organizado una respuesta ante un acto contra la inmigración que el partido neonazi Democracia Nacional había convocado en dicho barrio. La estrategia consistía en llevar a cabo una contramanifestación con el objetivo de hacer presión, señalarles y no permitir que su discurso de odio se normalizara.

Estos jóvenes decidieron coger el metro para llegar hasta el lugar. Al entrar en el vagón se dieron cuenta de la presencia de un neonazi que viste la marca Three Stroke. Más tarde se conocería su nombre: Josué Estébanez, un militar fascista del Ejército de Tierra de 23 años que se dirigía a la concentración racista. Instantes antes se había percatado de la presencia de los antifascistas, esperando en el andén la llegada del metro. Decidió aguardar con una navaja abierta. En cuanto Carlos se acercó, Josué le propinó una puñalada directa al corazón sin ningún tipo de titubeo. Los antifascistas salieron del vagón, pero antes, dos de ellos, recibieron navajazos, quedando heridos. Instantes más tarde, Josué huyó hasta la calle donde es alcanzado por el resto de compañeros de los agredidos hasta que la policía llega al sitio. Carlos es trasladado al hospital Doce de Octubre, donde más tarde se confirmó la desgracia: había muerto.

El relato mediático que equipara víctima y victimario

A su muerte le siguió un relato mediático que obviaba o disminuía el componente ideológico detrás del asesinato de Carlos. De esta manera, se aupaba una versión simplista, que reducía todo a una pelea entre “bandas rivales”, entre “dos extremos” o entre “tribus urbanas”. Se ponía al mismo nivel a los neonazis que a los antifascistas; se ponía en el mismo nivel al joven Carlos que a su asesino Josué.

Recorte de prensa antiguo, en este caso del asesinato de Vicente Cuervo, que nos recuerda que esta estrategia de equiparar víctimas a sus asesinos fascistas no es nueva

Otros medios, como El Heraldo, llegaron a poner de titular en una noticia estas declaraciones de Josue Estévanez: “Le ataqué porque me vi acorralado”, con subtítulos como “Soy español nada más, una persona a la que le gusta que gane la selección española”.

Condena de Josué

Dos años después, la Audiencia Provincial de Madrid condenó a Josué Estébanez a un total de 26 años de prisión: 19 por el delito de asesinato con el agravante de odio ideológico y 7 por tentativa de homicidio y una indemnización de 150.000 euros.

Doce años después de su crimen, el 15 de marzo de 2019, el austrialiano Brenton Tarrant llevó a cabo un ataque terrorista contra dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, matando a 51 personas e hiriendo a otras 50. El día de su ataque, publicó un manifiesto de 74 páginas titulado El gran reemplazo, en el que deploraba «la expansión del Islam y el genocidio blanco«. Uno de los cargadores del fusil que utilizó en su matanza llevaba escrito, en letras blancas, «Josué Estébanez».

En el año 2022, coincidiendo con el 15º aniversario del asesinato de Carlos, la Junta de Tratamiento del Centro Penitenciario de Villabona (Asturias) concedió el primer permiso de salida a Josué.

18 años después, la memoria frente al odio

Por Janio Mora Murillo. Extraído de AraInfo

Contra el racismo antiespañol, contra la inmigración. Esta fue la consigna con la que el partido neonazi Democracia Nacional llevó a cabo una manifestación hace 18 años. El 11 de noviembre de 2007.

Históricamente, el fascismo, con la intención de atraer a las masas, ha utilizado dos elementos discursivos clave para la propagación de sus ideas: estos son el miedo y el victimismo. Los cuales a su vez desembocan en la emoción movilizadora por excelencia de esta corriente ultra: el odio. La victimización nacional ha funcionado y funciona como elemento legitimador de la moral fascista, siendo esta victimización un trampolín que permite dar el pistoletazo de salida a las proclamas racistas. Así lo pusieron en práctica en sus respectivos países Hitler y Mussolini, entendiendo que sus naciones habían sido humilladas por la elite liberal, la Primera Guerra Mundial o la conspiración internacional judía. Las puertas del miedo y la inseguridad se abrían de par en par y con ellas llegaban los adeptos a los regímenes totalitarios.

Aunque las hostilidades por parte de los grupos más radicalizados siguen siendo dirigidas hacia la población semita, desde hace unos cuantos años las miradas de la extrema derecha, con su victimismo, miedo y odio, están puestas sobre las personas migrantes. Con una gran diferencia. Lo que antes eran unas pocas miradas irrisorias, ahora son millones de ojos.

En aquel 11 de noviembre que mencionamos al comienzo, términos como “inmigración masiva”, haciendo alusión a un plan de sustitución racial, o frases como “barrer la calle de esa escoria venidera de tierras lejanas” (inmigrantes), solo eran aplaudidas por unas pocas decenas de personas que se encontraban en aquella manifestación. En la actualidad, ya no sorprende que expresiones similares o calcadas reciban la aprobación de miles de personas, ya sea en actos físicos o a través de redes sociales.

Las crisis, ya sean estas económicas, sociales o institucionales, son momentos decisorios donde se pone en juego las lógicas políticas imperantes y sus relaciones de poder. Así en estos contextos entre lo viejo y lo nuevo nos encontramos con dos posibles desenlaces: una prolongación o una ruptura de lo hegemónico. La ruptura, no es algo que pueda atender a razones de un único espacio político, sino que es algo que se puede encontrar en disputa entre diferentes fuerzas ideológicas. Así, la extrema derecha, planteando un análisis distorsionado de la realidad, se bate en duelo aprovechando la degradación política, para llamar la atención de las masas.

Y de momento no le va mal. Utilizando un discurso en el que encontramos constantes guiños y paralelismos a los fascismos históricos (nacionalismo exacerbado, un pasado mítico que anhelan, división social entre un “nosotros” -los buenos- contra un “ellos” -los malos-, demonización de la democracia, etc.), han sabido dar la batalla cultural y mediática, normalizando lo que hace unos años no era normal. Transversalizando lo que hace no mucho era residual. Quien consigue influenciar, determinar, marcar la lectura que la población hace de los problemas de la sociedad y sus soluciones, gana.

Pero aquel 11 de noviembre no solo se escucharon aplausos de fascistas. También se escucharon lamentos, gritos de rabia y desolación. Un joven llamado Carlos se dirigía junto a varios compañeros y compañeras a la contramanifestación convocada por la Coordinadora Antifascista de Madrid con un único propósito, obstaculizar la propagación de odio que un partido neonazi pretendía expandir por las calles del barrio de Usera. No consentir que su discurso se normalizara.

En el metro de camino a la contramanifestación, los y las jóvenes antifascistas se topan con el neonazi Josué Estébanez, el cual se dirigía a la manifestación racista. En ese preciso instante en el que cruzan miradas, aun nadie lo sabía, pero se iba a producir un asesinato. Y su autor, no iba a titubear.

Los movimientos fascistas se sirven de una violencia simbólica promovida a través de la palabra para crecer como movimiento. Es una forma de movilizar las emociones de odio que necesitan para señalar al enemigo a batir, y por lo tanto dar sentido a su existencia (presentándose como salvadores). Cuando se asume esto como deber y sobre todo como identidad, recorrer el pequeño paso que separa la violencia simbólica de la física, no cuesta nada. Ya que la primera es la antesala de la segunda.

Cuando el militar neonazi apuñaló a Carlos, fue la culminación de todo un proceso que tuvo como desenlace el asesinato de un chaval de 16 años. El odio, que Estébanez llevaba tiempo gestando dentro de sí, llegó a su máximo nivel. El odio siguió el transcurso esperado. Porque cuando el fascismo se apodera de una persona, esta pasa a ver el mundo en blanco y negro. Y lo contrario a su figura y a lo que representa deja de tener ningún tipo de valor. La vida de una persona migrante, LGTBIQ +, de un izquierdista, de un demócrata, deja de tener relevancia. Es el enemigo y como tal, hay que lapidarlo.

Carlos, desangrado, se encontraba entre la vida y la muerte. El asesino intenta escapar, pero previamente propina navajazos a otros dos compañeros. El resto lo consigue reducir una vez es alcanzado en la calle. Los servicios médicos trasladan a Carlos al hospital Doce de Octubre. Ya era tarde. Al rato se confirmó la desgracia que marcaría a toda una generación de antifascistas. Había muerto.

Los fascistas se llenan la boca hablando de amor a la patria, amor a la raza, amor a la bandera por encima de todo. Decía Erich Fromm que “quien sólo ama a un hombre no ama a ninguno”. Nosotros decimos que quien en nombre del amor solo sabe discriminar, no ama, odia.

En su libro «Pedagogía antifascista», Enrique Javier Díez, recuerda dos frases de Albert Camus haciendo referencia al fascismo: 1ª) La peste “nunca muere o desaparece para siempre; puede permanecer dormida durante años, hasta que vuelva a parecer otra vez” 2ª) “La serpiente muda de piel, pero no de veneno”. Se hace imprescindible recordar estas palabras en un momento donde, como señala Josep Ramoneda, la encrucijada capitalista nos deja vislumbrar dos caminos principales opuestos. Estos son, el avance con vista al futuro hacia el desarrollo de democracias alejadas de lógicas neoliberales o el retroceso al pasado con la instauración de autoritarismos post democráticos.

Hoy no son pocos los y las jóvenes que, ya no solo escapan de los cantos de sirena de la extrema derecha, sino que lejos de correr, se plantan, le miran de tú a tú y le dicen: ¡No pasaréis! Carlos fue (es) uno de esos jóvenes que predicó con el ejemplo. No tomo el camino de la indiferencia, tomo el de la lucha. No callo, gritó. No sucumbió ante la injusticia, la desafió.

Este 11 de noviembre, recordaremos su ejemplo. Como dice el poema de Mercedes Sosa:

Que no calle el cantor porque el silencio

cobarde apaña la maldad que oprime,

no saben los cantores de agachadas

no callarán jamás de frente al crimen

Carlos Palomino y la verdad que hubo que pelear: 18 años de memoria y resistencia

Por Alejandro Plana. Extraído de Diario Red

ace dieciocho años, un 11 de noviembre de 2007, ocurrió algo que marcó para siempre a toda una generación de antifascistas. Aquel día, Carlos Palomino, un joven de 16 años se dirigía junto a sus compañeros y compañeras hacia el barrio madrileño de Usera. Iban a participar en una movilización convocada por la plataforma Madrid Antifa como respuesta a un acto racista organizado por el partido neonazi Democracia Nacional.

Carlos no iba solo: lo acompañaban sus amigos, sus convicciones y la certeza de que el silencio nunca puede ser una opción frente al odio y la barbarie fascista. En el metro de Legazpi, un militar y militante neonazi, Josué Estébanez, decidió atacarle sin dudar. Le asestó una puñalada directa al corazón. Carlos murió minutos después.

El impacto fue inmediato. Miedo, rabia y desolación recorrieron los barrios antifascistas de Madrid. A ello se sumó la indignación al ver cómo la policía protegía a los neonazis y cómo parte de los medios trataban de criminalizar al joven asesinado, culpabilizando a su entorno y a su familia. No era la primera vez que ocurría: la misma estrategia mediática ya se había repetido tras los asesinatos de Lucrecia Pérez, Guillem Agulló, Richard, Aitor Zabaleta o Jimmy. Convertir a la víctima en sospechosa y deslegitimar el movimiento antifascista se convirtió —y sigue siendo— en una práctica habitual.

Los titulares de entonces hablaban de una “pelea entre bandas rivales”, de “enfrentamientos entre extremos” o de “tribus urbanas”. Se colocaba en el mismo plano a los agresores neonazis y a quienes se organizaban para combatir el fascismo. Un ejemplo fue el diario Hoja de Lunes, que tituló: “Muere un joven de Vallecas en enfrentamientos extremistas”.

Sin embargo, la verdad se defendió con fuerza frente a esa maquinaria mediática, política y judicial. Gracias a la lucha de familiares, amistades, colectivos y medios alternativos, se logró desmontar ese relato falso. La realidad era clara: Carlos Palomino fue asesinado por ser antifascista. Su muerte fue un asesinato político.

Esa violencia institucional no terminó en 2007. Recientemente se ha sabido que María Ángeles Gómez Armendáriz, una agente policial infiltrada durante 35 años en espacios de la izquierda, llegó a espiar a madres que luchan para que sus hijos reciban justicia. Entre ellas, Mavi, la madre de Carlos, y Elena, la de ‘Alfon’. Esta agente llegó incluso a posar junto a Mavi, sosteniendo pancartas en las concentraciones por la memoria de Carlos.

A pesar de todo, su nombre sigue vivo. Dieciocho años después, Carlos Palomino forma parte del imaginario colectivo: está en las pancartas de las manifestaciones, en los murales, en las gradas de los estadios con hinchadas antifascistas y en los conciertos de grupos como Non Servium, Kaos Urbano o Improbus, y tantos otros que mantienen viva su memoria.

Gracias a esa lucha por defender la verdad frente al relato oficial, hoy Carlos representa a todas las personas que no se callan ante la injusticia. Está en quienes enfrentan el racismo, el machismo y la desigualdad, en cada puño alzado y en cada consigna que recuerda que la memoria no se rinde.

Hoy, 11 de noviembre de 2025, se volverá a salir a la calle para gritar que Carlos vive. Porque su asesinato fue político, pero su vida, su ejemplo y su memoria son una victoria colectiva.

Intentaron silenciarlo, pero su voz sigue resonando. Intentaron apagarlo, pero su luz aún deslumbra. Intentaron pararlo, pero la lucha sigue.

Dieciocho años después, las calles de Madrid recordarán que no olvidamos ni perdonamos. Porque recordar a Carlos es seguir luchando contra el fascismo de ayer y de hoy.

Supongo que aún no he superado el no poder decirte adiós.

Mi corazón, despedazado, aquel día se quedó,

añorando un último abrazo que nunca llegó.

Pero hermano, sigues vivo, siempre vivo en mi corazón.

A 18 años del asesinato del compañero antifascista Carlos Palomino

Por la redacción de Kaosenlared

El 11 de noviembre de 2007 el Partido Democracia Nacional, de clara ideología ultraderechista, había convocado una manifestación contra la inmigración, que fue autorizada por la Delegación del Gobierno de Madrid. En el mismo lugar un grupo de jóvenes antifascistas y de izquierda convocaron, a su vez, una contra-manifestación para mostrar su oposición a las ideas y a la presencia de un partido neonazi como Democracia Nacional.

Los hechos –según se refleja en el vídeo que grabó la escena- ocurrieron de la siguiente forma: uno de los manifestantes ultras, un militar profesional de 24 años, Josué Estébanez de la Hija, que luego negó dirigirse a participar de la manifestación, al ver la entrada de muchos jóvenes en el vagón de metro en el que se encuentra, en la estación de Legazpi, sacó del bolsillo trasero del pantalón una navaja que escondió detrás de su cuerpo. En ese momento un muchacho le increpa por la camiseta que lleva, en la que puede leerse el lema ‘Three Stroke’ de clara simbología neonazi. Josué, sin mediar palabra, agarra por el cuello al muchacho y le asesta una puñalada en el costado izquierdo, a la altura del corazón. Este hecho provocó la huida de los pasajeros del vagón, que estaba en aquellos momentos atestado de gente. Luego, Josué Estébanez propinó otra cuchillada a un joven que intentó reducirle y, tras vaciar un extintor, abandonó el vagón perseguido por una multitud de gente y los servicios de seguridad.

El muchacho que había recibido la primera puñalada, Carlos Palomino, fue trasladado lo antes posible fuera del metro a una carpa improvisada en el mismo Paseo de Las Delicias, muy cerca de donde está colocada la placa en su homenaje. Poco se pudo hacer, pues el filo del arma le había alcanzado el corazón. Murió cincuenta minutos más tarde. Su otro compañero, también herido, logró sobrevivir.

En cuanto al agresor, fue condenado por la Audiencia Provincial de Madrid a 26 años de prisión, 19 por el delito de asesinato con el agravante de odio ideológico y 7 por tentativa de homicidio.

Carlos Palomino había nacido en Madrid, en el barrio de Vallecas: era hijo único de una familia trabajadora y tenía 16 años. Era un adolescente comprometido en la lucha por los derechos de igualdad y bienestar social, contrario al racismo y a las ideologías ultraderechistas. Su único delito fue defender sus ideas públicamente y, por ello, fue asesinado aquella mañana soleada de domingo del mes de noviembre. No pudo sospechar la rabia, la intolerancia y el odio de su agresor.

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Hispanidad, deidades y elementos bélicos: los símbolos de Horus Desokupa, la empresa a la que escoltó la Ertzaintza en Bilbao

Por: Teresa Villaverde

El lunes 3 de octubre al menos cuatro personas trabajadores de la empresa Horus Desokupa acudieron a un domicilio de la calle Mena en Bilbao para desalojarlo. En respuesta, unas 90 personas se concentraron y la Ertzaintza desplegó a una treintena de antidisturbios.

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La criminalización del antifascismo bajo Trump

Por: Todo Por Hacer

En una maniobra que mezcló teatro político y ofensiva contra la disidencia, el pasado mes de septiembre Donald Trump colocó definitivamente la etiqueta de “organización terrorista doméstica1 a una supuesta organización que se llama Antifa y que, realmente, engloba a todo el movimiento antifascista. Según su orden ejecutiva, se trataría de una “iniciativa militante anarquista que llama explícitamente al derrocamiento del gobierno de Estados Unidos” y que hace uso de “la violencia y el terrorismo” para reprimir la libertad de expresión y a las fuerzas del orden.

El pretexto fue, como buen ejemplo de cómo funciona la doctrina del shock, el asesinato del influencer de extrema derecha Charlie Kirk el pasado 10 de septiembre y una narrativa diseñada para apuntar al “radicalismo de izquierdas” como amenaza principal del país norteamericano. Pero detrás de este barniz hay mucho más que un simple acto administrativo: hay un cambio de régimen en curso, una profundización autoritaria del aparato estatal y una advertencia dirigida a cualquiera que disienta o se oponga.

Antifa, la organización sin organización

Es de perogrullo, pero en estos tiempos que corren a veces tenemos que aclarar lo más obvio: el antifascismo no es —ni ha sido nunca— una “organización”, y mucho menos una con una estructura jerárquica, un liderazgo claro, un listado de miembros, un cuartel general y un presupuesto. Incluso Cristopher Wray, el director del FBI durante el primer mandato de Trump, siempre lo ha definido como “una ideología o un movimiento, heterogéneo y descentralizado, rehuyendo de la idea de que se pueda considerar una organización.

El historiador Mark Bray2 —autor de Antifa— lo define así: “Antifa puede ser descrito como una especie de ideología, una identidad, una tendencia o un ambiente de autodefensa”. Su eje central es más práctico que ideológico: autodefenderse de los movimientos racistas, fascistas y autoritarios y evitar que crezcan lo suficiente como para que supongan una amenaza real contra personas oprimidas. En este sentido, “el antifascismo es proactivo, no espera a que el fascismo conquiste el poder para actuar e intenta pararlo de raíz”. Bray, además, resalta que el antifascismo además cuestiona las estructuras de poder y dominación que permiten que el fascismo exista, por lo que “el antifascismo no es solo la oposición a los fascistas, sino una lucha por un mundo sin fascismo, sin racismo, sin jerarquías autoritarias”.

Otro historiador, Michael Seidman —autor de Antifascismos, 1936-1945— define el antifascismo como “la ideología más poderosa del siglo XX”, aunque su “naturaleza extremadamente diversa”, a la que se podían adherir comunistas, capitalistas y anarquistas, lo hace difícil de acotar. Por ello, Seidman opta por una definición amplia: antifascismo es (1) la ideología que prioriza la lucha contra el fascismo, (2) que se opone a las teorías conspirativas racistas, antisemitas, anticomunistas, etc. que culpaban a determinadas minorías de los problemas sociales, económicos y políticos existentes y (3) que rechaza el pacifismo, creyendo que es necesario ejercer el poder o la violencia para frenar tanto a los fascismos domésticos como a su maquinaria de guerra internacional.

Cumbre de influencers fachas

A principios de octubre, unas semanas después de designar a Antifa “organización terrorista doméstica”, el presidente Trump, la fiscal general Pam Bondi y la secretaria de Seguridad Nacional Kristi Noem celebraron una mesa redonda en la Casa Blanca con influencers de extrema derecha y difusores de bulos, autoproclamados expertos en antifascismo, como Jack Posobiec y Brandi Kruse. En ella, declararon que Antifa es una organización que existe desde hace casi cien años, remontándose a la República de Weimar, que es “tan peligroso como la Mara Salvatrucha, ISIS y Hamás” e insistieron en que hay que “aplastarla” por todos los medios.

Contexto de autoritarismo

La designación de “terrorista” de Antifa no es un acto aislado, sino que forma parte de un paquete mucho más amplio de ofensiva del gobierno de Trump contra cualquier disidencia contra el “orden americano” que él lidera.

Tras el asesinato de Charlie Kirk, que Trump y sus aliados vincularon desde el primer momento, sin pruebas, a “las izquierdas” y al activismo antifascista, comenzó a vislumbrarse un plan: “vamos a utilizar todos nuestros recursos para investigar y desarticular estos ‘terrorismos domésticos’”, dijo entonces el consejero Stephen Miller, el personaje más siniestro de la Administración. A partir de ahí, siguiendo el manual de instrucciones del autoritarismo, se ha empezado a abrir un frente amplio contra la oposición, se ha fusionado la seguridad nacional con la represión interna y se han puesto los aparatos federales —FBI, Departamento de Justicia, Servicios de Seguridad Interior, el Departamento del Tesoro, etc— a funcionar a pleno rendimiento contra los críticos del actual ocupante de la Casa Blanca.

La persecución no se reduce al activismo de base: humoristas, periodistas, profesores, migrantes, abogados y organizaciones de migrantes han sido objeto de un control ampliado y muchos han perdido sus trabajos en las últimas semanas.

Incluso antiguos aliados de Trump, como el ex-director del FBI James Comey, o su ex-asesor de Seguridad, el halcón neocón John Bolton, están sufriendo persecuciones políticas de la Administración en los tribunales.

“Anarquistas a sueldo”

Varias ONGs, nada sospechosas de fomentar la violencia, se encuentran bajo investigación de las fuerzas y cuerpos de seguridad estadounidenses, después de que Trump anunciara, en la mencionada cumbre de podcasters fachas, que “los anarquistas a sueldo” quieren “destruir nuestro país”, alimentando el bulo de la financiación de ricos progres del movimiento antifascista. Sostuvo que los “carteles hechos de papel caro” que lucen los antifas han tenido que ser pagados por organizaciones con mucho dinero y que tenía preparados “un montón de registros y malas sorpresas” para ellas.

En consecuencia, el Gobierno ha dado instrucciones de investigar a ONGs (algunas progresistas, otras ni eso) y asociaciones pro derechos humanos, usando la normativa de organización criminal, como la Open Society (la fundación de George Soros), ActBlue (importante financiadora del Partido Demócrata), Indivisible (una organización juvenil vinculada al Partido Demócrata), la Coalition for Humane Immigrant Rights (colectivo de derechos de personas migrantes) y la Jewish Voice for Peace (una de las organizaciones de judíos antisionistas más importante), entre otras. Se están revisando minuciosamente las cuentas de estos colectivos para ver si han apoyado o financiado “el terrorismo” y, mientras la investigación siga en curso, sus exenciones fiscales quedan en suspenso, por lo que muchos acabarán en quiebra tarde o temprano.

Así, lo que se presenta como un ataque a “una organización anarquista violenta” es, en realidad, una estrategia de control político de amplio alcance: criminalizar a manifestantes y activistas sociales, eliminar a organizaciones y a la oposición política y aplastar a cualquier colectivo que se imponga a la agenda de Trump. Dinamitar la democracia liberal, vamos.

Y esto ocurre, además, en un contexto de recrudecimiento de la violencia estatal, en el que los agentes de ICE están organizando redadas racistas masivas en casas, colegios, centros de trabajo, etc., utilizando material militar (helicópteros black hawk, tanquetas, metralletas, etc), entrando en viviendas sin órdenes judiciales, llevándose a 3.000 personas detenidas al día por individuos enmascarados sin identificar, en vehículos no rotulados, trasladando a inmigrantes a centros de detención opacos y deportándolos a países que ni siquiera son los suyos de origen.

De forma paralela, Trump está desplegando al ejército en diversas ciudades del país —aquellas que votaron mayoritariamente al Partido Demócrata—, alegando un problema de seguridad pública, para que patrulle por sus calles, en un ambiente de terror distópico.

Consecuencias reales de la retórica anti-antifascista

En el último mes hemos asistido a casos palpables en los que la criminalización del movimiento antifascista sirve como excusa para perseguir a activistas, académicos o entidades de la sociedad civil. Un caso emblemático es el del propio Mark Bray: tras la firma de la orden ejecutiva de Trump y después de que medios de derechas y el Gobierno le señalaran como un miembro e ideólogo del “grupo terrorista Antifa”3, comenzó a recibir amenazas de muerte y acoso de grupos de extrema derecha en su domicilio (que fue publicado en Twitter). Le dijeron que le matarían delante de sus alumnos, o que quemarían su casa, entre otras lindezas. Por ello, finalmente acabó por exiliarse con su familia a Madrid, desde donde imparte sus clases de forma remota.

La buena noticia es que, pese al cariz que están tomando las cosas, todavía hay muchas personas dispuestas a plantar cara al autoritarismo monárquico de Trump. Un ejemplo de ello es la manifestación “No Kings” (“sin reyes”) que tuvo lugar el 18 de octubre, en la que participaron unas 5 millones de personas en más de 2.100 municipios del país.

¿Y Europa?

Lo que está pasando en Washington es una advertencia de lo que podría importarse dentro de poco a Europa. De hecho, a finales de septiembre, el húngaro Viktor Orbán y el grupo Patriotas por Europa (al que pertenece Vox) solicitaron que el Parlamento Europeo otorgase la designación de “organización terrorista” al movimiento Antifa en Europa.

El manual ya lo tienen estudiado: se empieza etiquetando a un movimiento difuso y sin estructura clara como “terrorista” y se le reviste de amenaza existencial; y el día que ocurra algo, ya sea un acto de violencia, unos desórdenes públicos, una manifestación, lo que sea, se abre el aparato de represión estatal (legislación especial, movilización del aparato policial) y se termina por extender al conjunto de la disidencia (organizaciones antifascistas, colectivos antirracistas, sindicatos, asociaciones de vecinas, colectivos de barrio, etc).

El movimiento anarquista del Estado español conoce muy bien cómo funcionan estos planes de criminalización. Ya lo vivimos hace una década, cuando en 2013 fueron detenidas dos anarquistas (Mónica y Francisco), acusadas de plantar una bomba en la Basílica del Pilar de Zaragoza. Tras ello, varios políticos y medios de comunicación comenzaron a informar, de forma constante, que el anarquismo se estaba organizando para planear atentados terroristas y que estaba “imitando a Al-Qaeda”. Un año después, en 2014, tuvo lugar la Operación Pandora, que en 2015 fue seguida por las Operaciones Piñata, Pandora 2 y Ice, en las que decenas de anarquistas fueron detenidas e imputadas por terrorismo por no se sabe muy bien qué motivos. Por suerte, finalmente todas las causas acabaron archivadas y quedaron en nada, pero la próxima vez el resultado podría ser otro.

Por suerte, hemos sacado aprendizajes de estos golpes y también sabemos cómo debemos actuar: con solidaridad, con determinación, con movilizaciones contra sus discursos criminalizadores y, sobre todo, planteando alternativas a su sistema de dominación, para convertir a los represores en irrelevantes. Es decir, frente a su fascismo, más antifascismo y más militancia en todos los colectivos que buscan erradicar.

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1Las leyes federales estadounidenses no permiten designar a organizaciones nacionales como “terroristas”; solo lo pueden hacer con internacionales. Sin embargo, este escollo legal no ha impedido a Trump hacerlo y ordenar a distintas agencias que comiencen a investigar a personas y organizaciones. En cualquier caso, Trump ahora sopesa designar a Antifa una organización terrorista internacional.

2Hace años, le entrevistamos en este medio.

3Fox News, por ejemplo, le llama Dr. Antifa.

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ONDA NEGRA-PROGRAMA 39

Por: Radio Topo

📢📢Una semana más desde ONDA NEGRA, el programa de CGT Aragón-La Rioja, os ofrecemos a través de Radio Topo📻 una hora cargada de información laboral y sindical, social, feminismo y cultura💪🏽 👉🏿Podrás escuchar el programa durante tres semanas😁. 👉🏽El programa Nº 39 se emitirá los días 29 de octubre y los días 5 y 12 […]

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Más represión (y burorrepresión) al activismo

Por: Todo Por Hacer

Detenido e investigado por investigar a policías infiltrados

Jorge Jiménez militó durante años en el desaparecido colectivo Distrito 14, donde coincidió con chicos como Carlos y Sergio, con los que desarrolló una relación de amistad y confianza. Años después, acabaría por descubrir que éstos eran agentes de policía infiltrados en su colectivo que habían traicionado su confianza. Esta experiencia le empujó a participar en iniciativas de divulgación y crítica política de esta práctica, como la publicación a principios de este año del Manual para destapar a un policía infiltrado.

El 15 de septiembre, El Salto informó que Jorge había sido denunciado y detenido, precisamente por investigar a varios de los policías infiltrados que, en los últimos dos años, han sido destapados por medios como La Directa y El Salto. Jorge estaba estudiando dónde residían y qué bienes tenían, a fin de sopesar si presentar denuncias contra ellos por cometer delitos contra la intimidad. Por ello, la policía le imputa delitos como falsedad documental (por pedir notas simples de ellos en el Registro de la Propiedad) y revelación de secretos (por supuestamente publicar en redes sociales en qué ciudades residen).

La causa sigue abierta y se encuentra pendiente de ver si se archiva, puesto que la defensa de Jorge sostiene que nada de lo que ha hecho se tipifica como delito en el Código Penal. Pero, de forma paralela, la Agencia Española de Protección de Datos ha iniciado un expediente informativo por supuestamente difundir los nombres, apellidos y fotos de algunos de los agentes encubiertos que fueron destapados por medios de comunicación y le ha advertido que podría abrirse un procedimiento sancionador y acabar siendo multado.

Más información en @j28030 (Bluesky)

Represión contra las movilizaciones por parar la Vuelta

Pese a que el perridente Sánchez manifestara su “admiración” por quienes salieron a protestar contra la presencia israelí en la Vuelta ciclista, su policía acabó por detener a cinco activistas en l’Alt Empordà, a doce en Asturies, diez en Galiza y dos en Madrid en el marco estas movilizaciones. Además, varias otras fueron identificadas y, a finales de septiembre, la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte abrió expedientes sancionadores y propuso multas de entre 3.000 y 5.000 euros para 38 de ellas. Un ejemplo de cómo la burorrepresión pretende alcanzar el mismo efecto desmovilizador que la represión penal y policial pero con medios más sutiles e invisibles; en vez de detenerte ante decenas de cámaras y miles de compañeras, te llega una carta a casa y te sangran económicamente.

Más información en @defendemos.palestina (Instagram)

Detenidas en la manifestación de apoyo a Palestina

El pasado 4 de octubre, en el marco de la masiva manifestación en Barcelona por el segundo año del genocidio en Gaza, 10 personas resultaron detenidas después de que una manifestación improvisada de 2.000 personas saliera desde l’Arc de Triomf (donde terminó la oficialmente convocada), hacia Plaça de Catalunya. A las detenidas se les imputa causar destrozos en empresas que colaboran con la ocupación, como McDonald’s, Carrefour o Starbucks, y enfrentarse con los Mossos d’Esquadra.

Por otro lado, ese mismo día, al menos ocho policías de paisano se infiltraron en la manifestación convocada por la Coordenadora Galega de Solidariedade coa Palestina en Santiago de Compostela y, en su transcurso, golpearon y detuvieron a un rapaz. Según relata O Salto, los hechos ocurrieron cuando varios agentes de paisano cargaron contra los miembros de la Asociación Galego-Arxentina pola Memoria (AGAMA), que portaban una pancarta enorme con el nombre de los más de 60.000 palestinos asesinados en los últimos dos años. Al verlo, el chaval, que desconocía que eran agentes de policía, se puso en medio para mediar y acabó reducido, llevándose un porrazo en la pierna y con el móvil roto. Al poco tiempo fue liberado y se le informó que le llegará una citación.

Indultados Javitxu y Adrián, dos de los 6 de Zaragoza

Después de 526 días en prisión para Adrián y 491 para Javitxu, el Gobierno español concedió, a mediados de septiembre, el indulto a los dos de los cuatro antifascistas encarcelados en el caso conocido como “Los seis de Zaragoza”.

Desde la Plataforma ‘Libertad 6 de Zaragoza’ valoran la liberación de Javitxu y Adrián como una “victoria colectiva del movimiento popular”, que “durante seis años ha denunciado la represión del Estado y la vulneración del derecho a manifestarse y organizarse frente a los discursos de odio de la extrema derecha”.

Este logro nunca hubiera sido posible sin la creación de una plataforma plural y diversa, compuesta por personas individuales, colectivos sociales, sindicatos y organizaciones políticas que han trabajado incansablemente en manifestaciones, concentraciones, ruedas de prensa, campañas en redes sociales, mesas informativas, pegadas de carteles, repartos de octavillas, actos, crowdfunding y eventos de recaudación de dinero”, señalan en un comunicado.Sin embargo, la Plataforma advierte que “no podemos hablar de satisfacción” porque “sigue siendo injusto” que Imad y Daniel, los otros dos jóvenes aún encarcelados, no han recibido el mismo indulto. “Se trata del mismo caso, las mismas detenciones aleatorias y las mismas sentencias injustas. ¿Por qué no se les ha aplicado la misma medida?”, cuestiona la Plataforma para afirmar que “el objetivo del Gobierno PSOE-Sumar” es “dividir el movimiento” y “acallar la movilización social” generada por este caso.

Otro aspecto crítico que señala ‘Libertad 6 de Zaragoza’ es la parte económica de la sentencia, que podría alcanzar los 200.000 euros entre multas, indemnizaciones y costas, afectando de manera directa a los presos y sus familias y perpetuando la doble penalización de las personas de clase trabajadora. “No se ha hecho justicia”, subrayan, porque aunque se conceda el indulto, la carga económica se mantiene intacta.

Más información @Libertad6zgz (Twitter e Instagram)

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Odiando

Por: Radio Topo

Esta semana hemos sentido un odio visceral que no podíamos reprimir. Aunque habitualmente somos unas nostálgicas a las que les gusta hablar de luchas pretéritas, hoy nos centramos en una actualidad abrumadora que demuestra que este país y la mayor parte de sus instituciones apestan. Hablamos de la condena, sin pruebas, a cuatro antifascistas zaragozanos […]

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1992 La batalla de waterloo station

Por: Radio Topo

El 12 de septiembre de 1992 cientos de antifascistas de la Anti Fascist Action y de Red Action se enfrentaban con una turba de fascistas simpatizantes e integrantes de la organización nazi Blood & Honour que habían establecido la céntrica estación londinense como punto de encuentro para desplazarse hasta el lugar donde Skrewdriver celebraría el […]

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Dorothy parker en la guerra civil española

Por: Radio Topo

En el programa de este domingo nos acercamos a la figura de Dorothy Parker, afamada libretista holywoodiense, reconocida escritora tras su fallecimiento y, quizá en una faceta menos conocida, activista antifascista en los años 30, una inquietud que le llevó a viajar a la España de la guerra civil, y a escribir algunos relatos sobre […]

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De los Blousons Noirs a los Black Panthers parisinos, ¿rebeldes sin causa?

Por: Radio Topo

Durante la década de 1950, las bandas juveniles, influenciadas por códigos muy distintos se multiplicaron en las calles europeas al mismo tiempo que nacía una nueva forma de delincuencia. Este domingo nos deteníamos en los «chaquetas negras» franceses, un término que no se hizo popular hasta que, por primera vez, fuera usado por la prensa en 1959 […]

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