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Una Visión más de la Nueva Conciencia: Del Amor a la Felicidad

Por: Pepe Galindo

Este principio de siglo debería ser conocido por su cambio de conciencia. Los trágicos atentados del  11-S (2001) hicieron surgir algunas esperanzas en conseguir un cambio de paradigma político, económico, social, y, en definitiva, humano. Sin embargo, parece no haber generado más que esas esperanzas, y más violencia de estado. Pero seamos optimistas. Puede que esas esperanzas, sean ESPERANZAS (con mayúsculas), y distintos grupos están trabajando desde la humildad, para conseguir una nueva conciencia local, que lleve al cambio global.

Esta nueva conciencia (que otros llaman nueva era) no es algo fijo y simple, sino más bien una maraña de ideologías —difusas a veces— que se entremezclan entre sí, y que no son nuevas en su mayoría. Navegando por estos mares encontramos temas de filosofías y religiones orientales (budismo, hinduismo, tantra, yoga…), cristianismo, filosofías grecolatinas (epicureísmo, estoicismo, cinismo…), además de otros temas paranormales o esotéricos (contactos con ovnis, con los guías espirituales, ángeles, el calendario maya y el 2012, los atlantes, niños indigo, la resonancia de Schumann, ondas alpha, la era de acuario, la ley de la atracción, la de la sincronicidad… y un larguísimo etcétera).

Aquí no pretendemos aclarar esos conceptos de la nueva conciencia, sino dar una visión más sobre lo que debería y podría ser esta nueva conciencia y, al menos, intentar que las ESPERANZAS a las que antes aludíamos crezcan y puedan hacerse una realidad global.

Esta visión de la nueva conciencia puede dividirse en algunos aspectos muy conectados entre sí, y todos referidos a la persona individual, pues como decía Krishnamurti, «el individuo es el mundo (…) y sin transformación del individuo no puede haber ninguna transformación radical del mundo»:

  1. Ética Básica: Debe incluir la no violencia (aunque no se llegue a la ahimsa hindú), no mentir, no robar, y el desapego material que lleve a la generosidad. Como los cínicos de la Grecia antigua, no se trata de rechazar sistemáticamente los bienes materiales, sino de mantener una cierta indiferencia, que evite la avaricia y que nos haga aceptar las pérdidas cuando lleguen (todo llega). Se trata de ese desapego cristiano, o del Bhagavad Gita (obra cumbre de la espiritualidad hindú del siglo V a.C.). Los pecados capitales también sobran, pero como todo lo que nos hace sufrir, pueden verse como semillas de algo mejor.
  2. Austeridad: Consumir más de lo necesario debe estar fuera de cualquier nueva conciencia, la cual debe ser, por esencia, sostenible. Esta austeridad se llevará poco a poco (cada uno a su ritmo) a todos los aspectos de la vida, incluyendo la alimentación. El reto es, como decía el filósofo estoico y emperador romano Marco Aurelio, renunciar hasta a la propia idea de renuncia (y por extensión, a uno mismo, aceptando la vida que ha de vivirse).
  3. Espiritualidad: Aunque pueda, en un primer momento, parecer que no es imprescindible, al menos sí que es de gran ayuda. Puede ser un motor que nos mueva más deprisa a esta nueva conciencia. Cualquier espiritualidad es posible, siempre y cuando sea sincera y sentida, sin dogmatismos impuestos desde fuera.
    • Por ejemplo, el sentimiento tántrico de que todo es sagrado, o el de que todos somos Uno (puede que seamos Dios, como sostienen las Upanishads del siglo VII-VI a.C.), o el mismo sentimiento cristiano de amor universal, hace aflorar el necesario sentimiento de respeto del siguiente punto.
  4. Respeto General, a lo Viviente, y TAMBIÉN a lo Material: Todo tiene su esencia y todo procede de la naturaleza.
  5. Sosiego o Paz Interior: Es la ataraxia de los antiguos griegos, algo básico en un auténtico yogui, místico, o sabio. Esta tranquilidad se consigue de muchas maneras: Los religiosos dirán que rezando, o meditando, pero también basta con disfrutar con algo (lo ideal es disfrutar con todo). Cuando uno hace algo disfrutando cada instante, sobreviene esa paz interior y alegría que es contagiosa (ser feliz es fácil). La meditación oriental puede resultar muy útil, y aunque hay miles de técnicas, lo más simple es sencillamente sentarse y observar nuestra tranquila respiración con su movimiento abdominal. Observarnos es una clave de la filosofía oriental, pero de la cultura griega procede el “Conócete a ti mismo”, atribuido a Sócrates y que dicen que estaba inscrito en la puerta del templo de Apolo en Delfos. La importancia de esta introspección se debe a que nos invita a explorar nuestra realidad interior, donde se encuentra todo lo que necesitamos para poner fin a nuestro sufrimiento.
  6. Búsqueda: Consiste en buscar la propia senda para simplemente «ser». Este es, quizás, el punto más importante y permite saltarse cualquier punto de los anteriores, pero haciéndolo con conciencia, y no movido por los hilos de la sociedad o de la comodidad. Esta búsqueda es algo más que la búsqueda del ecologismo y acaba cuando uno encuentre lo que busca, y entonces, se intuye una felicidad que nadie ni nada te puede arrebatar. Si no es la felicidad suprema, al menos debe ser la mayor que se puede conseguir en este mundo.
  7. Amor: Por todo lo anterior este punto sobra, pero a la vez, no podía faltar, para sustituir a todo lo anterior. Se empieza amando a los más cercanos, puede que sólo a una persona, pero el camino que parece más sensato es llegar a amar a todos, y a todo. En otra entrada de este blog, puedes leer unas citas sobre el amor que apoyan esta conciencia.

Todo esto está dominado además por dos reglas simples que surgen del respeto y del compromiso: 1) No debe haber radicalismos, ni imposiciones, pero tampoco puede faltar ningún punto de los anteriores, y 2) Sin tibiezas: Tampoco hay que contentarse con «ser superficial» para calmar la conciencia. La decisión de seguir esta senda, o (no tan nueva) conciencia, es decisiva y, por supuesto, notaremos cambios en nosotros y los demás notarán esos cambios, que pueden ser graduales, por supuesto. La senda puede seguirse desde la soledad, o buscar un grupo en el que unir esfuerzos.

NOTA 1: La inmensa mayoría de las personas notamos que seguir estas pautas al 100% no es fácil, pero… ¿No sería fantástico que mucha gente se propusiera seguir esta senda con ataraxia, sin estrés? El mero propósito es un buen avance.

NOTA 2: Se admiten todo tipo de críticas (denuncias), hacia cualquier idea, o hecho. Lo que no se admite es la falta de autocrítica.

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Elogio del sufrimiento (o contra la comodidad a toda costa)

Por: Pepe Galindo

Lo que llamamos “desarrollo” es una búsqueda continua del bienestar y de la comodidad. En demasiados casos, esa búsqueda no mira otros costes que no sean los económicos. Harari sugería en su libro “Sapiens” que somos unos eternos insatisfechos que solo buscamos comodidad. Examinando el desarrollo de la humanidad está claro que ahora se vive mejor en casi todos los países, pero no está claro que ahora seamos más felices. Harari se preguntaba por qué hay tanta gente infeliz y estudió las posibles causas de la felicidad (clasificándolas en cinco).

La búsqueda automática o instintiva de placer y comodidad genera no pocos daños, tanto para el buscador como para todo lo que le rodea. Esa búsqueda genera fácilmente insatisfacción porque es una búsqueda que puede no tener fin y que suele materializarse en comprar muchas cosas (consumismo), o bien, en mirar solo la utilidad de todo (sean animales, seres humanos, o recursos naturales). Las consecuencias pueden ser graves: violencia machista, pederastia, explotación laboral e infantil, selvas arrasadas, mares contaminados, animales maltratados, ríos desecados… ¿Tan difícil es darse cuenta de la felicidad que genera algo de austeridad?

Un ejemplo: nuestra sociedad devora la carne. La mayoría, al menos, no lo hace por sus propiedades nutricionales, sino por su sabor. Pocos son los que ya ignoran el ingente sufrimiento y la horrorosa contaminación que producen las industrias cárnicas, pero el ansia de placer y/o comodidad es superior a todo eso. Lo mismo podría decirse, por ejemplo, de la comida procesada, de la comida rápida o del uso (y abuso) del aceite de palma y del coche. Así, vemos que parte de la sociedad se escandaliza de que se pongan límites al coche en las ciudades, pues consideran que su derecho a circular está por encima del derecho a respirar aire limpio de los demás. Pero en el fondo, no defienden su derecho a circular sino su deseo de maximizar su comodidad.

La búsqueda del placer y la comodidad es buena. Evolutivamente, esa búsqueda permite que los seres huyan de aquello que les hace daño. Es el masoquismo, no el hedonismo, lo extraño desde el punto de vista evolutivo. Pero el poder de nuestra sociedad se ha hecho tan grande que llevamos esa búsqueda de la comodidad hasta límites exagerados. Además, nos hemos acostumbrado a esa comodidad tanto y tan rápido que nos enfadamos ante imprevistos bastante intrascendentes (como un corte momentáneo de la electricidad o del acceso a Internet, por ejemplo).

Esos cambios se han producido tan rápido (desde el punto de vista evolutivo) que nuestros instintos no se han adaptado a la nueva situación. Buscamos placer y comodidad a toda costa, incluso aunque nos perjudique. Comemos en exceso porque estamos genéticamente programados para almacenar reservas y apenas hacemos ejercicio físico porque el trabajo duro lo hacen los aparatos u otras personas. En demasiadas ocasiones esos aparatos contaminan en su fabricación, en su uso y en su deshecho, y esas personas no obtienen una remuneración adecuada (son clases inferiores o inmigrantes… sin papeles y sin derechos en muchos casos). Luego, para contrarrestar las consecuencias, hay que ir al gimnasio o comprar productos light (como denunciaba el Dr. Rojas en El hombre light).

Algo similar puede decirse con el dolor emocional, o la pena. Las rápidas soluciones químicas contaminan nuestro cuerpo y nuestros ríos. ¿Acaso no podemos darnos tiempo y buscar otras soluciones más filosóficas? ¿Sería rentable educar en la aceptación de las desgracias inevitables? (la enfermedad, la vejez, el desamor…).

No vamos a defender aquí la búsqueda del sufrimiento o de la incomodidad, pero sí elogiar el saber aceptar ese sufrimiento, o esa incomodidad, cuando lleguen, sin intentar a toda costa evitarlas. O al menos, antes de evitarlas… ¿no deberíamos pensar en las consecuencias?

Más información:

✇lamarea.com

Salarios, sindicatos e izquierdas

Por: Fernando Luengo

Tres mentiras, repetidas hasta la saciedad, sobre el papel de los salarios en la economía.

La primera de estas mentiras nos dice que los costes laborales constituyen una pieza esencial de la competitividad de las empresas, de su presencia tanto en el mercado doméstico como en el internacional, de modo que su reforzamiento y la propia supervivencia de las mismas obligaría a la implementación de políticas de contención salarial. El segundo de los supuestos es tan atrevido como el primero, pues supone la existencia de una relación inversa entre los salarios y el nivel de ocupación; por lo que el mantenimiento y la creación de puestos de trabajo obligaría a moderar o en su caso reducir las retribuciones de las personas trabajadoras. En tercer lugar, esa contención sería condición imprescindible en el éxito de las políticas de reducción de la inflación y del mantenimiento de los precios en niveles bajos.

Si la evidencia empírica disponible apunta en una dirección muy distinta, si la complejidad de las relaciones económicas cuestionan abiertamente postulados tan simplistas, si, al contrario de lo que sostiene la economía convencional y dominante, el crecimiento de los salarios no sólo es compatible con la mejora de la competitividad de las empresas sino que es condición imprescindible de la misma, si el aumento de las retribuciones de los trabajadores supone una pieza clave de las políticas de creación de empleo, si el comportamiento de los precios trasciende con mucho la dinámica retributiva de los asalariados, si las denominadas políticas de austeridad salarial, además de ser injustas, además de ser un factor esencial en el aumento de la desigualdad, han tenido un efecto calamitoso sobre las dinámicas económicas, si las medidas de disciplina aplicadas sobre los salarios han penalizado sobre todo a los colectivos más débiles y, por esa razón, más vulnerables, dejando intactos los privilegios de los equipos directivos y las cúpulas empresariales… si todo esto es así, ¿por qué se insiste en la necesidad de implementar políticas de moderación salarial como condición sine qua non de una dinámica económica fuerte, saludable y sostenible? ¿Cuál es la razón de que este conjunto de falacias y lugares comunes continúe siendo una de las piedras angulares de la docencia en las facultades de Economía? ¿Qué explicación tiene que, tanto en coyunturas recesivas como de crecimiento, se repita una y otra vez el mantra de la contención salarial?

Yo lo tengo claro, más allá del razonamiento estrictamente económico –si es que tal cosa existe– detrás de esa retórica hay una estrategia política. Porque el triunfo de esa lógica, de esa deriva salarial, que, más allá de la coyuntura, se defiende con carácter estructural, representa, en primer lugar, el debilitamiento, el fracaso de las organizaciones sindicales, cuya razón de ser pasa necesariamente por exigir y conseguir la mejora de las condiciones de vida de los trabajadores. Y, no hay que olvidarlo, el salario constituye la piedra angular de esa mejora: para la gran mayoría es su principal fuente de ingreso. Si los sindicatos mayoritarios renuncian a librar esa batalla o si la dan por perdida o si la pierden por no apostar decididamente por la movilización –presuponiendo, erróneamente, que el aumento de los niveles de ocupación se traduce automática y necesariamente en una mejora de los niveles salariales– queda cuestionada para muchos su razón de ser como sindicatos de clase.

Pero no sólo está la dimensión sindical. Hay una clave política que resulta asimismo imprescindible poner sobre la mesa. La institucionalización de la austeridad salarial, la centralidad de la misma en las estrategias económicas, su aceptación de facto no sólo debilita sino que contribuye a la deslegitimación de las izquierdas, que para muchos trabajadores pasan a formar parte del statu quo.

¿Nos preocupa el hasta ahora imparable ascenso de la extrema derecha y de las derechas extremas (que en aspectos fundamentales son lo mismo)? ¿Nos inquieta la desmovilización social ante el evidente ascenso de los fascismos? ¿Y el discurso de «todos son iguales» o «nada se puede hacer»? No hay respuestas fáciles, ni caben simplificaciones, pues son muchos los factores que pueden ayudar a explicar esa deriva, pero, como he querido plantear en las líneas precedentes, me parece en todo caso necesaria una reflexión acerca de las estrategias y las prácticas sindicales y políticas de las (denominadas) izquierdas.

La entrada Salarios, sindicatos e izquierdas se publicó primero en lamarea.com.

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Libro “Los árboles te enseñarán a ver el bosque” de Joaquín Araújo (resumen)

Por: Pepe Galindo

Posiblemente estamos ante el libro con la portada más bella o, al menos, la más original para los amantes de los árboles (Ed. Crítica, 2020). Es una portada desplegable con dibujos de Xavier Macpherson.

Se pueden decir muchas cosas del autor, Joaquín Araújo: naturalista, escritor de numerosos libros, columnista, realizador, guionista y presentador de series y documentales de televisión, presidente en España de Proyecto Gran Simio, colaborador de Félix Rodríguez de la Fuente…, pero creemos que lo que más le gusta es sentirse campesino, poeta y plantador de bosques. Ha plantado tantos árboles como días ha vivido y en la dedicatoria a su nieto Adrián expresa su deseo de que pueda pasear por el bosque “que puso a crecer su abuelo”.

Joaquín Araújo es también un inspirador de retos ambientales. ¿Cuánta gente se ha pasado al lado verde de la vida por su culpa? De hecho, sin saberlo él es uno de los que animó a la creación de BlogSOStenible (y ya cumplimos más de diez años). La lectura de su libro Ecos… lógicos para entender la ecología nos inspiró al menos dos retos: difundir el libro y plantar árboles. Joaquín Araújo no solo habla de la importancia de los árboles, sino que la transmite como un sentimiento contagioso.

El libro que nos ocupa ahora puede ser aburrido para los que vayan con prisas. Se explica esto con un ejemplo: dedica varias páginas a explicar la caída de una hoja de tilo “paracaidista” en otoño. Se entiende así que el autor haga llamarse contemplador de lo espontáneo. Bajo el evocador título de “Nada levanta tanto como las hojas cayendo” también nos explica cómo los bosques viajan. “Viajan convertidos en el combustible de los nómadas del viento, es decir cualquiera de las aves migratorias que se alimentan de los frutos de las arboledas”.

“Somos como somos porque fuimos bosque”

“Todos los seres vivos son también el lugar donde viven”. Por lo cual, destruir el planeta es destruirnos a nosotros mismos: “La ya muy avanzada demolición de la Biosfera tiene como primer responsable a la ignorancia de lo que la Natura ha hecho y hace por nosotros”. Además, Araújo considera “dramáticamente contradictorio” que los bosques sean atacados “ferozmente por el modelo económico imperante”, porque son precisamente los bosques la mejor medicina para los grandes problemas de la humanidad (crisis ambiental, crisis climática, crisis del coronavirus…).

Para Araújo el primer gran problema del planeta es la crisis climática y el segundo la pérdida de biodiversidad. El bosque es “benefactor universal” y para ambos problemas es “antídoto”, pero avisa de que “el bosque es una medicina enferma. Dañada por todo lo que puede curar (…). Tenemos que curar a nuestro mejor medicamento gastando la menor cantidad posible de energía. Limitando el consumismo de lo superfluo. Caminando y pedaleando. Comiendo menos carne y siempre que sea posible productos de cercanía y temporada” y en definitiva, “con la medicina llamada austeridad“. En la misma línea van también nuestras cinco propuestas muy sencillas que están mejorando mucho el mundo.

Caminando por el libro, asegura Araújo que “la condición humana se inició en la espesura de las frondas. De las que salimos pero de las que nunca hemos dejado de depender”. De los bosques recibimos “REGALOS” (todo en mayúsculas también en el libro) y aclara que no son “en absoluto servicios o recursos”.

Según el autor, somos como somos porque los humanos procedemos de los bosques. “Casi todas las destrezas físicas y no pocas fisiológicas fueron esculpidas en nuestro organismo por los seis/ocho millones de años en que nos mantuvimos emboscados”. Ejemplo de ello son el sistema auditivo, la comunicación sonora, la capacidad de manipulación, o la visión (con su estereoscopía y con los varios miles de tonalidades que distinguen nuestros ojos, lo cual “no está al alcance de nadie más” y es muy útil para medir el grado de maduración de los frutos).

El Homo sapiens es una especie que está sobre la tierra solo desde hace unos 200.000 años. Los árboles están aquí desde hace unos 400 millones de años. Los ginkos (biloba) aparecieron hace 270 millones de años, son uno de los seres vivos que se mantienen igual desde hace más tiempo, y algunos individuos sobrevivieron a la bomba atómica de Hiroshima. Con razón pide Araújo “el respeto debido a los mayores”, pero más aún “si tenemos en cuenta que están paliando buena parte de los peores efectos de las graves enfermedades ambientales que galopan por todos los paisajes”.

La comodidad mata, la prisa también

«La comodidad es un crimen» escribió René Char. Por su parte Araújo concreta: “La comodidad es un ecocidio”. Ya dijimos nosotros que “la búsqueda automática o instintiva de placer y comodidad genera no pocos daños” (y expusimos como ejemplo el absurdo caso de los sopladores de hojas). Araújo completa lo dicho añadiendo que es una “soberana estupidez” el “considerar molestos a los árboles porque dejan caer sus hojas en el otoño y haya que recogerlas”.

La forma de medir el tiempo de los árboles es distinta a la humana: “No tener que ir a parte alguna elude toda necesidad de hacerlo en menos tiempo. Nata tan ajeno, pues, al árbol que la prisa”. Sin embargo, su tiempo es creador: “El tiempo crea mucho más que destruye porque cuando se convierte en vida construye con lo que destruye. Justo lo contrario que hace esta civilización desertificadora”. Y es una “pavorosa paradoja” que los bosques convertidos en carbón sean utilizados para destruir lo que crearon; y que “la energía acumulada durante millones de años se volatilice en poco más de doscientos años”.

Plantar árboles y andar por los bosques

Presume Joaquín Araújo diciendo: “por donde vivo y miro también puedo prescindir de las dos peores creaciones de mi especie” (se refiere al reloj y al dinero). Luego añade a esa lista la “luz eléctrica”, contando que llevaba más de veinte años viviendo sin ella cuando dio una charla para Red Eléctrica Española que empezó diciendo: “Existe una relación directa entre la felicidad y no tener electricidad. Estar conectado a las redes de la vida y no a las eléctricas”. Suponemos, aunque no lo aclara, que tiene un puñado de paneles solares al menos para cargar el móvil y el ordenador para escribir, como dice, a la luz de las velas.

Se muestra de acuerdo con Christian Bobin cuando dijo: “Me gusta apoyar la mano en el tronco de un árbol, no para asegurarme de su existencia, sino de la mia”. Aconseja a niños y adultos trepar y abrazar a los árboles, seguro que sin abusar pues cuando un árbol es famoso puede morir de éxito (ya se han dado demasiados casos). A veces, ocurre lo contrario: el movimiento Chipko (abrazar) de la India ha salvado muchos árboles gracias a la multitud que se abrazó y encadenó a ellos. También cita el caso de Julia Butterfly Hill que pasó 738 días viviendo en una secuoya consiguiendo así salvar a muchas de ellas. Y sentencia: “Pocos inventos han sido más nefastos para la Natura en general que las motosierras”.

Lee aquí más citas de AraújoBrasil lidera la “macabra estadística” de personas asesinadas por defender la naturaleza. Honduras también está cerca (al menos 120 asesinatos en 15 años), como Colombia, México, Filipinas o gran parte de África. Joaquín Araújo nos dice que planta árboles para parecerse al otoño, su estación favorita, pero también planta árboles para recordar a personajes importantes para él: sus padres, su sobrina, su cuñado, y también famosos como Miguel Delibes, José Saramago, Labordeta, José Luis Sampedro, Forges, Chico Mendes, Berta Cáceres… Afirma: “que en colegios, insititutos y universidades se planten árboles me parece tan crucial como el que tengan bibliotecas”. Véase nuestra lista de ideas fáciles y baratas para centros educativos.

Poco, o nada, entristece tanto a Joaquín Araújo como que se quemen los bosques. El colmo es culpar a la “mal llamada suciedad” (hojarasca, matorrales, ramas caídas…) porque “un bosque, si queremos que lo sea, tiene que tener muchos acompañantes vivos y muertos”. Coincidimos también con él cuando expresa la importancia de acercarse al bosque andando en silencio y soledad, para dejarse inundar por las sensaciones de la naturaleza. Precisamente de ahí surge la propuesta de las estrellas verdes, la cual da un paso más: dormir en brazos de la naturaleza.

Perdemos unos 30 millones de árboles cada día

Se sospecha que solo conocemos el 20% de las especies vivas en la Tierra. Conocemos más de 60.000 especies de árboles y aún nos deben faltar algunas tropicales. Pero se está perdiendo territorio forestal y especies arbóreas: en dos siglos hemos perdido un tercio de los bosques que había. De ahí “la propuesta de la ONU de que cada humano plante 120 árboles para mitigar el calor desbocado que se nos viene encima”. En España, “la superficie que puede convertirse en bosque es prácticamente del 70%”.

Raíces, hojas, madera…

En el capítulo sobre las raíces las declara “la parte más importante de lo esencial de este mundo” y enumera algunas de sus múltiples utilidades, tales como enviar nutrientes, fijar minerales y sustancias tóxicas que el ser humano libera, así como emitir conducir y recibir información de otros árboles. “Seguramente nada hay más activamente pluriempleado como un aparato radicular de un árbol”. Se ha demostrado que los nutrientes pueden ser enviados a través de las raíces de unos ejemplares a otros más débiles. También habla de la simbiosis con las bacterias: las leguminosas y otros árboles, como los alisos, albergan bacterias en sus raíces que captan del aire el nitrógeno que el árbol necesita.

Los humanos solemos despreciar lo que desconocemos y lo que no vemos. Mucho más si ocurren ambas cosas, como es todo lo viviente que hay en las “más superficiales entrañas de la tierra” (hongos, bacterias, amebas, tardígrados, lombrices, nemátodos, escarabajos…). “Toda esa comunidad viviente pesaría unas nueve veces más que nosotros”.

Y sigue inspirando: “Para el botánico convencional Árbol es una planta… Para mí es agua erquida que come luz y produce futuros. Para conseguirlo no domina, ni explota, ni acapara. Todo lo contrario, pacta. La amistad es lo realmente esencial en este mundo. Infinitamente más que la discordia y la dominación”. “Lo básico del darwinismo está perfectamente instalado en la memoria de casi todo estudiante”, mientras “apenas nadie sepa que son mucho más frecuentes e importantes otras estrategias” (como dijo Lynn Margulis), tales como la simbiosis que hay en las micorrizas y que Araújo las califica de “el mejor diálogo de este mundo”.

Sobre las hojas cuenta su enorme variabilidad (en formas, tamaños, cantidades, colores…). “La disposición de las nervaduras evoca el diseño típico de las cuencas hídricas” así como de los sistemas circulatorio y nervioso. El 80% de las faunas son herbívoros estrictos y dependen directamente de las hojas. El restante 20% dependemos de lo mismo, al menos, indirectamente. También las hojas nos permiten pensar, porque el cerebro necesita glucosa que nos llega gracias a la fotosíntesis. Y por supuesto, las hojas tienen muchas otras utilidades (sombra, vestido, tejados, recipientes, instrumentos, camas…).

“Todos tenemos un paisaje esperándonos para casarse con nosotros”. Araújo cuenta cómo se enamoró de los paisajes de Castañar de Ibor y cómo por allí conoció un pastor que le enseñó la palabra atalantar (invitar, pero sobre todo CUIDAR) y de ahí nació su típica despedida: “Que la vida os atalante”.

Sobre la madera cuenta que es “la primera materia prima de la humanidad”. Nos cuenta cómo él se calienta quemando leña y que “cuando quemas leña que te ha hecho doblar la columna y unos cuantos callos en las manos no te excedes. Lo mejor de las energías renovables es que llevan implícitas pedagogías del ahorro” (cosa que no ocurre con todas las renovables por muchas ventajas que realmente tengan).

Diversidad, gestión del agua y comunicación

Este naturalista aprovecha cuando habla de la reproducción para defender la diversidad: “De lo múltiple mana la hermosura y esta sería imposible sin la reproducción sexual que lentamente fue creando varios centenares de millones de aspectos diferentes, es decir especies de seres vivos”. En cuestión de almacenamiento de información, nos recuerda que una humilde semilla “avergüenza” a las nuevas tecnologías (pendrive, ordenadores…). Esa capacidad de almacenamiento posibilita la gran diversidad que hace que las plantas ya han inventado “los equivalentes al avión, la hélice, el cañón, la catapulta, el paracaídas, la propulsión a chorro, el barco a vela, la balsa y la caída libre”. Todo para difundir sus semillas, además de usarnos a los animales. Por si fuera poco, muchas especies brotan de su raíz incluso aunque se haya quemado su parte externa y otras crecen de una rama clavada en el suelo (como los olivos, por ejemplo).

En invierno, “los árboles, como buenos budistas zen, son consecuentes con aquello de que no hay mejor empeño que no hacer nada”. Incluso los perennifolios reducen mucho su metabolismo. Deberíamos los humanos aprender de los árboles y entender cuántas veces menos es más. Tras cada duro verano trabajando “a destajo”, cada invierno el bosque tiene su descanso, un parón (parecido al confinamiento por la COVID-19, que tantas buenas lecciones nos quiso inculcar). También podríamos aprender de los árboles la buena administración que hacen del agua, guardándolo bien para el largo verano: “Una encina de dos siglos o un roble de la misma edad pueden transpirar hasta trescientos litros de agua al día” (lee aquí otras curiosidades de los árboles).

En el bosque hay mucha comunicación: algunos árboles, como las acacias de la sabana de África, cuando son atacados por herbívoros avisan con un mensaje químico a sus congéneres para que segreguen repelentes y conviertan en tóxicas sus hojas. Otros árboles, avisan a ciertas avispas de que están siendo atacadas por las orugas, para que las avispan se acerquen a comer. Araújo dice que “podemos eschuchar e interpretar el lenguaje de lo demás. La destrucción de la vivacidad de este mundo se debe, en primer lugar, a que no comprendemos los lenguajes de lo espontáneo”.

La muerte puede ser vida

“Vivimos el tiempo de las muertes prematuras. Prácticamente solo nosotros los humanos estamos aumentando la esperanza de vida. Habría que restar, por supuesto, esos seis millones de personas que se despiden antes de tiempo a causa de la contaminación de la atmósfera. Seguramente habría que multiplicar por diez si enfocamos directamente al cáncer pues, según algunas de las peores previsiones, pronto acabará afectando al 50% de los humanos. Las alergias, por su parte, demuestran que algo ha cambiado también en el panorama de nuestra propia salud, sobre todo si tenemos en cuenta que eran enfermedades excepcionales hace solo un siglo”.

Araújo califica de “torpes” las gestiones forestales que retiran los árboles muertos, porque ellos “se convierten en algo todavía más vivo que cuando estaban vivos” (líquenes, musgos, hongos, insectos xilófagos, hogar de reptiles y mamíferos…) y “además durante decenios”.

Los intercambios comerciales provocan incalculables destrozos y pérdidas económicas. Un ejemplo es la seca, una enfermedad sin cura de los árboles de las dehesas. Es un hongo que ataca a las raíces y que llegó a España por culpa del comercio de madera. Pero ese no es el único problema. “Todos los días son abatidos, quemados o mueren por enfermedades casi tantos árboles como personas viven en un país como el nuestro” (España, unos 40 millones). Eso supone 28.000 árboles perdidos cada minuto, lo cual califica de “manifiestamente invalorable”.

Un estudio valoró parcialmente solo cinco servicios de los bosques considerados cruciales: proveedores de agua, controladores de la erosión, fijadores de elementos químicos, sumideros de carbono y hogar para la biodiversidad. Valorando solo esos cinco aspectos, “cada hectárea de nuestros bosques valdría o nos ahorraría, en este último caso si tuviéramos que suplir esas funciones con sistemas artificiales, unos 352 € por ha y año. Más de 50.000 millones de euros anuales para la totalidad de la masa forestal española”. Eso supone que los bosques nos regalan, al menos, a cada español unos 1.100 euros cada año.

Joaquín Araújo aconseja pasear por los bosques, “sin largos desplazamientos. Hasta cualquier paseo por un parque urbano, aunque esté poco arbolado”, porque los bosques curan. Critica con acierto las “incitaciones al consumo superficial de viajes”, incluso aunque sean aparentemente naturalistas (lo normal es que la publicidad muestre solo una parte de la historia). A pesar de todo, nos describe unos cuantos lugares especiales por sus árboles: los cerezos del Jerte (Cáceres), Garajonay (Santa Cruz de Tenerife), Muniellos (Asturias), Irati (Navarra), Sabinar de Calatañazor (Soria), Cantalobos (Zaragoza), Valsaín (Segovia), lorera de la Trucha (Cáceres), alcornocal de Almoraima (Cádiz), olivar de Jaén, y las dehesas desde Cabañas del Castillo (Cáceres).

Araújo incluye el olivar y los cerezos del Jerte sabiendo que no son auténticos bosques sino cultivos, lo cual es muy diferente. Sin embargo, bien alega que el olivar es un aliado para detener el avance del desierto, a pesar de la mala gestión que tantas veces se hace con prácticas tales como cultivar en pendientes (que erosionan mucho), abusar de los herbicidas o regar los olivos, prácticas que por desgracia están promovidas por una PAC irresponsable.

“Somos amplia mayoría los que apreciamos los bosques y casi todo lo con ellos relacionado. (…) Y sin embargo las selvas se desvanecen”, a pesar de que todos reconocemos “lo que las selvas hacen por todos los seres vivos, humanos incluidos”. Hasta Platón se lamentó por la pérdida de árboles.

Araújo, comunicador de Naturismos

Araújo hace también un repaso por sus innumerables contribuciones en múltiples medios (artísticos, radio, televisión…). Por ejemplo, cita su especial cariño al programa El bosque habitado de Radio 3, donde los conmovidos por la naturaleza nos rebelamos. Puedes escucharlo los domingos a las 11 horas y en la web tienes todos sus programas.

Este libro incluye la carta de una encina, algunas poesías y haikus, así como aforismos sobre la natura, que el autor llama naturismos, y de los que escogemos estos pocos:

  • “Pocos, o ninguno, de los seres vivos saben mejor donde ir que los bosques que, por eso mismo, se quedan quietos donde están”.
  • “Están aterrorizados pero como no pueden huir nos parece que los árboles no sienten miedo, como casi todo el resto de lo viviente”.
  • “Como un consumidor que en parte se consume a sí mismo, el árbol es un doctor en economía pues aprendió la suprema destreza de no agotarse ni agotar”.
  • “Verde es la verdad más grande de este planeta —más del 90% de la vida es planta— y nada la ha levantado tanto como los árboles”.
  • Refiriéndose a los nacimientos de agua afirma: “Ver nacer a lo que a todo hace nacer tiene un especial significado”.
  • “Si no sabes estar solo, y disfrutarlo, nunca serás libre del todo”.

A pesar de su trabajo de comunicador, Joaquín Araújo nos hace una confesión peculiar: “He estado en silencio mucho más que la mayoría. Los bosques me han enseñado a escuchar”. Él es defensor del silencio y del sector primario, porque dice que no se reconoce su aportación y que “cultivar es sinónimo de cuidar” (tal vez eso sea otra aplicación de la regla del notario).

Triste conclusión: hemos creado una civilización biocida

También habla de la muerte cuando el autor se rebela “contra la torpeza de esta civilización que ha conseguido, sobre todo, que todo esté más muerto”. Por ejemplo con las carreteras y las autopistas, que “llevan a los humanos pero se llevan a la Natura”. Para cuando la naturaleza se lleva a los humanos, sugiere ser enterrado bajo un árbol. Aunque hay otras opciones de funerales ecológicos, a veces las leyes no lo ponen fácil.

Habla también de la muerte cuando habla del “descomunal disparate que supone haber hecho desaparecer la mayor parte de las arboledas ribereñas que además de ser verdaderos reservorios de vida controlan las avenidas, fijan las orillas y en consecuencia son activos defensores de las tierras de cultivo y pueblos”.

Araújo destaca “la deuda que la humanidad tiene con la vegetación, bosques en primer lugar”. Con respecto a la plantación de árboles sentencia algo muy claro: “si algo se debe hacer se puede hacer. Unos pocos lo estamos haciendo”.

Terminamos con las frases que inician el último capítulo: “Todos amamos nuestra propia existencia pero muy pocos al conjunto de la Vida. La mayoría de los nuestros dejan que la indiferencia conquiste cada día más su emoción y sus conductas. Algo que pasa fundamentalmente por no quererse completos y nadie lo está si ha excluido a la Natura, esa otra mitad de todos a la que conviene amar como a uno mismo”.

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Medidas alternativas al PIB: el Crecimiento Económico no implica Crecer en Bienestar

Por: Pepe Galindo
El consumo genera daños ambientales
¿Qué es el consumo responsable?    (PINCHA EN LA IMAGEN)

¿Qué es crecimiento económico? Casi todos los políticos, cuando hablan de “crecimiento” se refieren al crecimiento del  PIB (Producto Interior Bruto), y no al crecimiento del bienestar de la gente. El PIB es una medida muy mala del desarrollo de un país, pues sólo mide la cantidad de dinero que se mueve en un país, y no en qué se gasta.

Veamos algunos ejemplos que hacen que suba el PIB. A esto le llaman “crecimiento económico”:

  • Un bosque sólo influye en el PIB si se tala y se vende su madera. Si se deja vivo, no tiene valor para el PIB, y por tanto no mejora la economía. ¿Cuánto vale un bosque?
  • Dejar luces encendidas hace subir el PIB. No importa si ese gasto sirve para alumbrar a alguien o no.
  • Tener mala salud, hace subir el PIB, porque genera gastos en cuidados y medicinas. Un país enfermo con dinero para pagar sus medicinas, tendrá mejor PIB que un país sano.
  • El excesivo tráfico de vehículos genera más accidentes, mayor consumo de combustible, y enfermedades respiratorias, todo lo cual aumenta el PIB. Mejorar el transporte público no es buena idea si queremos subir el PIB.

Para aumentar el PIB, los políticos decidieron en 2014 que la prostitución y el narcotráfico se tuviesen en cuenta al calcular el PIB. ¡Qué fácil es subir el PIB!

Como vemos, el PIB es una mala medida, incluso aunque viviéramos en un planeta con recursos infinitos. Pero por desgracia, los recursos son finitos y menguantes, por lo que es urgente reducir nuestro consumo de materiales y de energía, y reconducir nuestro crecimiento, no hacia crecimiento económico, sino hacia crecimiento en bienestar, en justicia, en equidad, y en sostenibilidad. De hecho, los recursos (bosques, pesca, minerales…) han sido ya tan fuertemente explotados que somos muchos los que vemos que los países ricos deberían reducir su PIB, por justicia global. Es lo que se ha llamado decrecimiento.

Los gobernantes deben entender que la gente demanda mejoras en su calidad de vida, y no a cualquier precio. La gente no quiere comprar ropa barata a costa de la semi esclavitud de trabajadoras (niñas incluso) en Bangladesh. Los que compran esa ropa no son responsables (si ignoran lo que esa ropa esconde). Los máximos responsables son los que lo hacen, y los gobiernos que lo consienten a sus empresas, o en su territorio.

Mucha gente piensa que si aumentamos el consumo, crecerá el PIB y se crearán empleos. Es posible. Pero si no se tienen en cuenta factores de sostenibilidad, serán empleos NO sostenibles. Talar un bosque crea empleo, pero cuando el bosque se agota sólo queda destrucción, y los empleos que se crearon, se pierden.

La austeridad es mejor que gastar dinero en algo insostenible, que nos hunda más en el problema.

Ya hay medidas alternativas al PIB que usan más factores que el meramente monetario. Examinemos algunas de manera rápida, empezando por la más importante:

1. IPG o IPR (Indicador de Progreso Genuino, o Real, genuineprogress.net)

Definido por Lew Daly, el IPG se usa ya en algunos estados de EE.UU. (Maryland o Vermont). Si comparamos el PIB con el IPG en ese país, vemos que mientras el primero no ha parado de subir, el segundo es casi estable desde 1968. Ahí se muestra que mientras una minoría gasta más dinero, hay sectores de la sociedad que están empeorando en aspectos claves de la calidad de vida. Mientras el PIB sólo mide un aspecto, el IPG incluye 26 indicadores en 3 áreas temáticas:

  • Indicadores económicos: Incluyen medidas económicas, como los gastos en general, pero también tienen en cuenta la duración de los bienes duraderos (electrodomésticos, coches…). Esto último beneficiará a las sociedades que construyan bienes más duraderos, evitando la obsolescencia programada. El PIB en cambio, crece más cuánto más se rompan las cosas. El IPG también tiene en cuenta lo que llama subempleo (desempleados crónicos, a tiempo parcial sin desearlo, etc.), además de la desigualdad de ingresos, y las inversiones netas (deudas y déficit).
  • Indicadores ambientales: Miden la contaminación del aire, del agua, y por ruido, además de la pérdida de ecosistemas (humedales, tierras de cultivo, bosques…). También se cuantifican los daños del cambio climático (93 dólares por tonelada de CO2), los costos del agotamiento del ozono, y los costos del agotamiento de recursos no renovables. Sin embargo, el actual PIB considera beneficioso el agotamiento de recursos, porque ese proceso mueve dinero.
  • Indicadores sociales:  En este apartado se pretende medir la calidad de vida de las personas. Por tanto, considera positivo y cuantifica actividades que el PIB ignora totalmente: tareas del hogar, cuidados de los hijos, trabajo de voluntariado, valor de la educación, y el uso de infraestructuras. Ahora como algo negativo, mide el coste del crimen, si el tiempo libre disminuye, los gastos familiares para contrarrestar la contaminación (por ejemplo, en China mucha gente compra aparatos purificadores de aire, lo cual es bueno para el PIB, pero demuestra una peor calidad de vida), el coste de los accidentes de tráfico, y el coste en los desplazamientos (pagar el medio de transporte, y por emplear tiempo que podríamos usarlo en otra actividad más agradable o productiva). En general, se trata de valorar como negativas las principales cosas que empeoran la calidad de vida de la gente.

2. SCAEI (Sistema de Contabilidad Ambiental Económica Integrada)

Elaborado por la ONU en el lejano 1993, el SCAEI incluye un completo análisis ambiental, aunque deja fuera aspectos que sí mide el ya visto IPG. Sintetizando, el SCAEI incluye el agotamiento de los recursos naturales en la producción y el consumo final, además de los efectos de la contaminación causada por las actividades de producción y consumo en la calidad del medio ambiente (emisiones).

El SCAEI amplía el concepto de capital para abarcar no sólo el capital producido por el hombre sino también el capital natural no producido, como los recursos marinos o los bosques tropicales, la tierra, el suelo, los activos del subsuelo (yacimientos minerales), y los recursos aire y agua.

3. PIB Verde

Consiste en dar valor económico a los daños provocados a la Naturaleza, y restarlos al PIB tradicional. China prometió usarlo, pero los resultados fueron tan negativos que se descartó usar el PIB Verde, pues resultó mejor para la economía taparse los ojos a los daños ambientales. Aunque no es fácil medir el valor de la biodiversidad, de los bosques… lo cierto es que es un error muy grave no medir nada de eso, y eso es justamente lo que hace el actual PIB.

4. IDH (Índice de Desarrollo Humano)

Definido por la ONU, usa 3 parámetros para medir la calidad de vida de un país:

  • Esperanza de vida,
  • Nivel de vida digno (PIB per cápita), y
  • Educación (años de educación obligatoria, alumnos matriculados en distintos niveles, y tasas de alfabetización).

Es una medida muy referenciada, pero muy incompleta, pues no mide nada de lo ambiental, ni la desigualdad existente. Para evitar la injusticia de no considerar la desigualdad existe el IDH ajustado por desigualdad, que será igual al IDH en un país en el que no haya desigualdad en salud, educación e ingresos (los 3 únicos aspectos que se tienen en cuenta).

5. Indicadores tipo Huellas: La huella ecológica y la huella hídrica

Miden la sostenibilidad de una región, producto o actividad, respecto a su consumo de recursos naturales. Valores altos de estos indicadores indican un alto consumo de recursos, es decir, mayor huella indica menor sostenibilidad. La huella ecológica mide la cantidad de territorio que se requiere para mantener una actividad o modo de vida, y la compara con el territorio disponible real. Todos los países industrializados necesitan para mantener su estilo de vida más del doble del territorio que poseen, por lo que están usando recursos que, en justicia, corresponden a otras personas. La huella ecológica es una de las medidas que usa el Informe Planeta Vivo de WWF.

Por su parte, la huella hídrica mide el volumen de agua dulce empleado por un producto, empresa, país… teniendo en cuenta todo su ciclo y no sólo el empleo directo de agua. Así, por ejemplo suelen sorprender estos datos:

  • 1 kg. de oro requiere 230 000 litros de agua (además de la contaminación que no se cuenta aquí);
  • 1 kg. de carne de vaca requiere utilizar 13 000 litros de agua (y también produce contaminación que no contamos);
  • 1 kg. de pollo necesita 3 920 litros de agua;
  • 1 camiseta de algodón, 2 700 litros de agua;
  • 1 kg. de papel, 2 000 litros de agua;
  • 1 café necesita más agua que la que se bebe: 140 litros de agua;

¿Cuál es la huella ecológica de lo que usas cotidianamente, o de lo que fabrica tu empresa? Por internet hay webs que te permiten calcular tu huella personalizada, y también se habla del foodprint, la huella de nuestra comida (agricultura, transporte…).

6. FIB (Felicidad Interior Bruta)

Conscientes de que tener muchos bienes materiales no implica tener felicidad, en Bután definieron este indicador que tiene en cuenta la asistencia sanitaria, el tiempo disponible para la familia y los amigos, la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente, o el disfrute del arte. Así por ejemplo, reducir la jornada laboral es sin duda una buena medida, porque no sólo se reduciría el paro, sino que tendríamos más tiempo libre. La idea es muy interesante, siempre que no sirva para dejar de preocuparse por la pobreza y la desigualdad.

Conclusión

Sin quitar importancia al hecho de medir la economía, es absolutamente inaceptable que no se mida la ecología. Decía Georgescu-Roegen que «la economía debe ser una rama de la biología (…). Somos una de las especies biológicas de este planeta, y como tal estamos sometidos a todas las leyes que gobiernan la existencia de la vida terrestre».

Aunque todos los indicadores tienen su utilidad práctica, el indicador que debería estandarizarse debiera ser, por ahora, el IPG, ya que es suficientemente completo. La ONU, y todos los gobiernos, deberían calcular el IPG y estudiar en qué aspectos del IPG se puede, o se debe, mejorar en cada país o región, para conseguir una sociedad mejor para todos.

A partir de ahora, cuando alguien hable de que hay que potenciar el “crecimiento”, tal vez queramos preguntar: “¿Crecimiento de qué? ¿de PIB? NO, GRACIAS”.

Más información:

NOTA: Este artículo fue publicado en El Samón Contracorriente, medio informativo sobre economía real, ecología y mucho más. LEER artículos del mismo medio.

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