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Franquismo y posfranquismo

Por: Kiko Pavonic

En estos tiempos críticos, un fantasma asedia a la monarquía constitucional española: el fantasma del franquismo. En el campo de la reacción, cada vez son más las voces que lo reivindican, comprenden o justifican, y su progresión electoral es innegable. Los sectores populares desclasados, al no sentirse amparados por el sistema de partidos, han dejado de creer en los valores liberales y se decantan por el autoritarismo a cara descubierta. El franquismo, en vías de rehabilitación, tiene el viento a favor y vuelve a levantar cabeza sin complejos. ¿Culpa del mal perder de la derecha, que vuelve la mirada a un pasado más confortable para ella? Explicación simplista si cabe, puesto que quien representa políticamente a la dominación no es solo la “derecha”, ni la nostalgia de los orígenes es su principal motivación. Más bien decepción de la clientela votante ante la ineptitud e inoperancia del progresismo de izquierdas o de derechas y pérdida de credibilidad del parlamentarismo. Lo entenderemos mejor si partimos del hecho de que el franquismo nunca fue derrotado. Al contrario, el régimen del 78 “que tanto costó” no fue producto de una victoria, sino de una reforma pactada y llevada a cabo gracias a la mismísima legislación franquista. Se puede decir que fue más hijo del franquismo que del antifranquismo. Hubo continuidad estructural y permanente conexión jurídico-administrativa. Desde el principio, el franquismo estuvo ahí, disimulado en el sistema llamado “democracia” por sus beneficiarios, hasta que la descomposición política y social lo ha sacado del baúl de los recuerdos y lo ha vuelto a poner en la partida, bien como espantajo electoral izquierdista (¡Que viene el lobo!), o bien como estandarte patriotero extemporáneo (¡Arriba España!). ¿Realmente va de democracia? ¿se trata de franquismo sociológico? No, simplemente de capitalismo. Los intereses económicos, las crisis no resueltas y la geopolítica apuntan en dirección al cambio de escenario, esta vez para representar una farsa.

La ley del punto final de 1977 amnistió al franquismo en su totalidad y obvió todo reconocimiento y toda reparación moral a sus víctimas. Ningún partido se preocupó por ellas. El pacto de silencio imposibilitó políticas de memoria oficiales: la primera exhumación de una fosa de fusilados (en el Bierzo) fue cosa de una iniciativa privada en el 2000, más de veinte años después. En el mismo año 77, los Pactos de la Moncloa pusieron fin al movimiento obrero autónomo. Dirigidos y neutralizados por los sindicatos, los obreros nunca volverían a ser una amenaza seria. Eso sí, la simbología democrática se fue imponiendo. A pesar de que todo el aparato político, mediático, judicial, policial, militar y eclesiástico de la dictadura quedó intacto, apenas han quedado restos simbólicos franquistas: el nombre de una calle, alguna placa conmemorativa, un monumento que atrae poco la atención, el Valle de Los Caídos sin la tumba de Franco… Las más de doscientas normas de la dictadura que se han conservado no contradicen el marco constitucional salvo la ley de Secretos Oficiales, que vuelve oscuras las altas instancias estatales, o la Ley del Suelo, constantemente ampliada en el sentido más especulativo. Asimismo, dudoso es el Concordato con el Vaticano, aunque haya sido retocado, o el delito de Secesión establecido en el Código Penal, derogado muy tarde, en 2023.

Lo más preocupante ha sido siempre la propia Constitución, aprobada por diputados mayoritariamente burgueses o de clase media alta, tanto progresistas como conservadores, cuya ambigüedad favorecía desarrollos autoritarios muy evidentes. Su carácter retrógrado y su obsesión por el orden quedaba manifiesto en las leyes de seguridad ciudadana, especialmente la ley “de la patada en la puerta” y la ley “mordaza”; en la introducción subrepticia del Derecho Penal del Enemigo (p.e., la normativa antiterrorista): en la ley de los estados de alarma, de excepción y de sitio, en el régimen carcelario FIES; en la ausencia notoria de una ley de huelga, derecho regulado por un restrictivo decreto preconstitucional (proscripción de piquetes, servicios mínimos abusivos…); en la prohibición de pegar carteles y realizar pintadas, en la práctica imposibilidad de llevar adelante una iniciativa legislativa popular, etc. El “déficit democrático” al que aluden muy post festum algunos críticos benevolentes, resultado de la “reconciliación” entre los franquistas y la oposición, se completó con una cesión de soberanía económica sin precedentes en la dictadura, puesta de relieve con el acatamiento absoluto de las exigencias formuladas por las finanzas internacionales. La excusa fue la integración a la Comunidad Económica Europea. En fin, si alguna vez hubo democracia, en el sentido liberal y parlamentario, es decir, burgués, fue una democracia vaciada, postiza y fraudulenta, tal como comprobaremos al abordar con veracidad la nada edificante Transición consensuada.

El periodo del tránsito de la dictadura a la democracia espuria fue llamado “Transición”, aunque quedaría mejor retratado si lo llamáramos posfranquismo. Fue todo menos ejemplar. Un modelo ibérico de impunidad para genocidas, un ejemplo de amnesia voluntaria culpable, un caso histórico de complicidad protagonizado por equipos cooptados según criterios empresariales y financiados por gobiernos y fondos extranjeros. El resultado final fue un régimen ligeramente reformado por una oligarquía de partidos profesionalizados, que tuvo buen cuidado en confeccionar un relato edulcorado y mirífico de su advenimiento, bautizado por el periodista Guillem Martínez como “CT. Cultura de la Transición”. La serie documental de Victoria Prego sería el ejemplo más fariseo de dicha cultura, nunca superado por los editorialistas, tertulianos y presentadores televisivos. Si la Transición no fue ejemplar, tampoco fue pacífica, pues no contó con la unanimidad de una población pasiva, satisfecha y supuestamente complaciente, sino con una resistencia tenaz que hubo de acallar duramente empleando a fondo a las fuerzas del orden, todavía franquistas. En sus siete años, entre 1975 (muerte de Franco) y 1982 (adhesión a la OTAN), se produjeron más de tres mil hechos violentos que ocasionaron 714 muertos, cifra semejante a la que ocasionaron los “años de plomo” en la Italia de los atentados. Democrático no califica correctamente al régimen nacido en la Transición. Mejor llamarlo “partidocracia”, un sistema político autoritario con apariencias democráticas pero sin separación de poderes, en el que las altas jerarquías de los partidos, meras maquinarias gestoras y electorales, se abrogan la representación de la voluntad popular a todos los niveles.

La década de los ochenta fue la de la “Transición económica”, el paso de un capitalismo nacional a un capitalismo bancarizado y globalizado, que propició el bienestar consumista a las clases medias asalariadas, amplió el número de funcionarios, anuló al proletariado industrial y dio estabilidad a la partidocracia. La especulación inmobiliaria, el turismo, la exportación agrícola y el endeudamiento se convirtieron en los motores privados de la economía, mientras el Estado privatizaba el patrimonio público y apostaba por el transporte elitista (la alta velocidad), es decir, socializaba las pérdidas de las opciones ruinosas que “los mercados” exigían. El fin de la Guerra Fría (Cumbre de Malta, 1989) dio rienda suelta al neoliberalismo, la nueva ideología a seguir por los gestores de la dominación. El Tratado de Maastrich de 1992 confirmó la integración del estado español en el área económica mundial, la “modernización” de los dirigentes, es decir, el sometimiento a los poderes financieros representados por el Banco Central Europeo de la decisión en todo tipo de materias, fuesen políticas, jurídicas, sanitarias o simplemente laborales. Lo que los obreristas del régimen llamaron “estado del bienestar” (las concesiones sociales y laborales anteriores a la globalización) empezó a desmantelarse. El nuevo modelo mercantilista precarizó tanto a trabajadores, empleados y autónomos, como perjudicó a campesinos, jubilados y profesionales. Mientras, el poder se fue concentrando allí donde fluía el trabajo, en las metrópolis, y la población afectada, relegada en las periferias. Cuando estalló la burbuja financiera de 2008 que llevó a la quiebra bancaria (y al posterior rescate de bancos y cajas), el desencanto de la población suburbana empobrecida empezó a repercutir en la esfera política: el movimiento de la ocupación de plazas del 15 de Mayo de 2011 denunció a la partidocracia bipartidista como un régimen de corruptos y exigió una “democracia real.” Se trataba de una polarización relativa, moral, limitada al cuestionamiento de la representación política. La maltratada e indignada clase media pedía pacíficamente ser rescatada por el Estado igual que este lo había sido por la Unión Europea. Quería, si no mantener su anterior status económico, al menos no quedar fuera del reparto de ayudas, por lo que en primera instancia apoyó a los partidos populistas recién creados (Ciudadanos, Podemos, Els Comuns, las Mareas…) que, con aires regeracionistas y hablando en nombre de la “ciudadanía”, se disponían al “asalto de las instituciones”, es decir, a reformar el sistema posfranquista desde dentro.

Excusamos extendernos en las ridículas peripecias que ocasionaron el rápido declive de los nuevos partidos ciudadanistas, pero su patente impotencia en cambiar mínimamente el curso de los acontecimientos y su alegre integración en el sistema que criticaban, contribuyó al retorno del desacreditado bipartidismo imperfecto que caracterizó siempre a la partidocracia, o sea, despolitización, espectáculo, cuentas opacas y mordidas incluidas. Cometían voluntariamente el error de separar Capital y Estado, cuya fusión es el rasgo fundamental   del siglo, la clave del desarrollo mercantil y de la dominación. En consecuencia, al ponerse bajo la tutela de las instituciones, se colocaban -y colocaban el lenguaje woke, la “sostenibilidad” y la paranoia identitaria- al servicio de la economía, que es como decir al servicio de las renovables industriales, del automóvil eléctrico y del turismo. En resumen: a las órdenes del extractivismo capitalista. Pero, cuando se da una depresión económica prolongada, nada de eso evita la disminución del empleo, la rebaja de salarios, el paro, la subida del precio de la energía y de los alimentos, el encarecimiento de la vivienda… Fracasada la utopía de un Estado democrático-ecológico de clases medias, el hastío, la desafección política y mediática, los recortes en el sector público, la pobreza y el miedo al derrumbe fueron capitalizados por una derecha radicalizada. La indignación y la retórica populista anti-sistema cambiaban de bando; la base social del cambio inocuo, también.

El Estado había abandonado a las clases superfluas, despolitizadas, envejecidas, precarizadas y empobrecidas del extrarradio metropolitano, -a los “estratos en crisis” de Juan Linz- cuyas contradicciones internas -provocadas por el contraste entre una mentalidad aburguesada y una situación apurada- empujaban hacia la extrema derecha neofranquista. Los algoritmos y la información fake de los blogs cooperaban. El franquismo renacía con los horribles nuevos tiempos, pero no a través de iluminados líderes, desfiles y performances fascistas, sino más prosaicamente, gracias al nuevo invento de las redes sociales. El franquismo ya no se insertaba en el ánimo y la mente de un público agitado a base de poses escenográficas y gestos simbólicos al aire libre de la dirigencia, sino mediante bulos, arengas patrióticas e histeria racista transmitidas a una población insegura en aprietos, mirando el móvil o sentada ante la pantalla del ordenador. La rivalidad del gendarme mundial, los Estados Unidos, con China, Rusia e Irán obligaban a poner condiciones al comercio mundial y fijar las áreas de influencia, lo que significaba el fin de la globalización abierta y el inicio de una nueva carrera de armamentos. La fuerza militar determinaba un reparto multipolar del planeta, forzando a los Estados débiles a alinearse incondicionalmente en un campo donde proteger su escasa soberanía. Eso implicaba una limitación seria del desprestigiado sistema partitocrático en provecho de una regulación más autoritaria de la política y un control social más duro, que el sector más sobresaltado y menos ilustrado de la población, frustrado y desatendido por las instituciones, exigía que se orientara hacia los refugiados, inmigrantes y okupas. Para su defensa en condiciones críticas, el orden establecido disponía ahora de la baza del enemigo interno.

Un nuevo horizonte político regresivo se perfila en toda Europa con la presencia de un movimiento parafascista en auge, beato, xenófobo y negacionista, que maneja como coartada principal a una nueva clase peligrosa: la inmigración ilegal, no apta para la integración en la sociedad, sea por hablar otras lenguas, vestir de otra manera y practicar otras religiones, o sea por acaparar la asistencia pública, degradar la seudocultura local y traer consigo el gen de la delincuencia y la okupación. En realidad, por ser pobre y, a menudo, sin techo ni papeles. El verdadero enemigo de la cultura, de la convivencia y del bienestar había sido siempre el liberalismo económico sin trabas, responsable del hambre que había forzado a emigrar. Actualmente, la inmigración constituye el ejército de reserva de la fuerza de trabajo-basura, gracias al cual la economía de mercado funciona en negro. Es de esperar que cuando se sienta fuerte impulse un movimiento reivindicativo que ponga contra la pared a quienes se aprovechan de su situación desesperada explotándola o instrumentalizándola. En prevención de que esa parte importante del proletariado confluya con otras fuerzas autóctonas desposeídas o excluidas del mercado laboral por la larga crisis, las derechas extremas la designan como enemigo absoluto, eterno candidato a la expulsión, o mejor, a una privación de derechos que mantenga un elevado nivel de explotación. Sin embargo, para desgracia del franquismo reavivado, la inmigración está viniendo para quedarse. Bienvenida sea. Es una pieza necesaria en el tablero capitalista y sin duda también lo será en el del nuevo antifranquismo. Habrá que contar con ella como aliada.

Miquel Amorós

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La anarqueología: método y estilo de vida

Por: pegasus

Resumen.

En la presente investigación, pondré énfasis en la anarqueología como método y estilo de vida. La arqueología, en tanto que método por una parte, involucra un rechazo de verdades universales. Por otra parte, es un estilo de vida que no acepta lo intolerable. Me queda claro que la anarqueología sienta sus bases en el anarquismo epistemológico de Paul Feyerabend que se opone a las verdades universales que remiten a una esencia. Es decir, no se asume como un anarquismo político. Pero, la arqueología, al ser un estilo de vida, tiene implicaciones éticas y políticas.  En esta investigación, analicé –primero- la anarqueología como método. Después, profundicé en las implicaciones políticas y éticas de la anarqueología, para por último analizar cómo es que Foucault aborda las cuestiones políticas desde la noción de problematización.

Palabras clave: arqueología, genealogía, ética, libertad y ontología.

Abstract.

In this research, I will emphasize anarchaeology as a method and lifestyle. Archaeology, as a method on the one hand, involves a rejection of universal truths. On the other hand, it is a lifestyle that does not accept the intolerable. It is clear to me that anarchaeology is based on the epistemological anarchism of Paul Feyerabend, which is opposed to universal truths that refer to an essence. That is, it is not assumed to be political anarchism. But, archaeology, being a lifestyle, has ethical and political implications.  In this research, I first analyzed anarchaeology as a method. Then, I delved into the political and ethical implications of anarchaeology, and finally analyzed how Foucault approaches political issues from the notion of problematization.

Keywords: archaeology, genealogy, ethics, freedom and ontology.

Introducción

Habría que mencionar que esta anarqueología, en tanto método, se basa en el anarquismo epistemológico de Paul Feyerabend, quien daba cuenta de que las metodologías tienen su límite en la medida en que la única regla es que todo es válido. El anarquismo de Feyerabend no es más que un relativismo epistemológico, es decir, no se asume como un anarquismo político. A este respecto, el anarquismo epistemológico de Paul Feyerabend, quien desde nuestra perspectiva inserta la filosofía política del anarquismo en las discusiones de la filosofía de la ciencia, atiende a dos preguntas: 1) ¿Cuál es la estructura de la ciencia o cómo evoluciona? y 2) ¿Cómo deben juzgarse las aplicaciones sociales de la ciencia? Respecto de cuál es estructura o cómo se construye y evoluciona el saber científico, Feyerabend parte del supuesto de que la ciencia no posee una estructura, es decir, que no tiene elementos que contribuyan a su éxito, dado que no existe una racionalidad científica vista como una guía para cada investigación, sino que sólo hay normas obtenidas de experiencias anteriores. Sobre cómo deben juzgarse las aplicaciones sociales de la ciencia, este autor vienés piensa que la razón científica no se mantiene lejana de la práctica de la ciencia, en la medida en que los problemas y los resultados de la ciencia son analizados políticamente.

Esta anarqueología se puede equiparar con la historia crítica del pensamiento, puesto que se inscribe en el rechazo de los universales que necesariamente remiten a una esencia humana. “Se trataba de no partir de ninguna posición humanista que dijera: esto es la naturaleza humana, esto es la esencia humana, esto es la libertad humana” (Foucault, 2016, p. 86).

Contraponiéndose a la concepción marxista y jurídico-liberal del poder, la anarqueología analizó la práctica del encarcelamiento y de la prisión enfatizando su carácter histórico-contingente. Es decir, el análisis anarqueológico nos conduce a dar cuenta de los regímenes de verdad en su historicidad constitutiva, puesto que no se trata de estudiar de manera general y ahistórica las relaciones entre lo político y el saber. Los regímenes de verdad, no suponen que la ciencia tiene una autonomía triunfante de lo verdadero y que la ideología denuncia la falsa conciencia; la anarqueología implica la afirmación de que existe una multiplicidad de regímenes de verdad y que no puede regir una racionalidad supra-histórica y que nos sirva como rasero desde la que medir la propia racionalidad de esos diferentes regímenes de verdad:

En el fondo, lo que quería hacer y lo que sé que no sería capaz de hacer sería escribir una historia de la fuerza de lo verdadero, una historia del poder de la verdad, una historia, por lo tanto –para tomar la misma idea bajo otro aspecto-, la voluntad de saber (Foucault, 2016, p. 105).

Es necesario decir que los regímenes de verdad vinculan la manifestación de lo verdadero con el sujeto que lo realiza. De la misma manera, notamos que Foucault con la noción de regímenes de verdad habla del paso de lo epistemológico a lo político no en términos de ideología ni bajo las nociones de ley, represión o prohibición, sino en el marco de regímenes de verdad que dan pauta a regímenes jurídicos y políticos.

Por su parte, Nildo Avelino afirma que Foucault en La conferencia dirigida a la Sociedad Francesa de Filosofía destacó el aspecto anárquico entre las modalidades históricas posibles de la crítica, dado que en la crítica, el sujeto afirma el derecho de interrogar la verdad, a sus efectos de poder y a sus discursos de verdad, en el marco de una genealogía de la obediencia en la modernidad, ya que la anarqueología hace más operatoria la relación saber-poder. El desplazamiento en la analítica del poder que llevó del tópico de la guerra al tema del gobierno le posibilitó a Foucault realizar un análisis de los regímenes de verdad. Del mismo modo, Nildo Avelino resalta que el concepto foucaultiano de anarqueología ha sido estudiado por la filósofa feminista Matilde Larrauri y ha si retomado por Toni Negri y Michael Hardt. Pero, a juicio de Nildo Avelino, Foucault con el concepto de anarqueología presentado en El gobierno de los vivos “investiga las prácticas de gobierno en el plano discursivo mostrando los procesos históricos por los cuales la verdad y la subjetividad se ha indexado para la obediencia a la producción de la obediencia en el ejercicio del gobierno” (Avelino, 2011, p. 84).

La anarqueología es un método que no se inclina ante las verdades científicas, pero también es un modo de vida que no acepta lo intolerable, que tienes implicaciones éticas y políticas.

La anarqueología: un modo de vida ético y político.

Las implicaciones políticas y éticas que implica la anarqueología la hacen, en definitiva, un modo de vida. Como método la arqueología compete a un anarquismo epistemológico, pero como forma de vida emerge bajo la actitud de no aceptar lo intolerable y del rechazo a toda forma de gobierno.

Frente al supuesto de que Foucault es un “anarquista insurreccional”, como lo sostiene Saul Newman, se enfatiza en que Foucault aborda las cuestiones de la política atendiendo al orden de la problematización, es decir, desde la creación de un dominio de hechos, de prácticas y de pensamiento que otorgan problemas a la política (Foucault, 1999a, p. 356).

A diferencia de Newman, que pretende explorar la posibilidad de un anarquismo que rompa con las fundaciones humanistas y esencialistas del anarquismo y que básicamente instala el pensamiento foucaultiano en un anarquismo insurreccional que encuentra su justificación teórica en Stirner, consideramos que el pensamiento anarquista foucaultiano, en lugar de dar alternativas concretas, puede ser descrito en términos de una problematización continua de las prácticas e instituciones existentes. El proyecto foucaultiano, así, consiste en la exposición de la contingencia y arbitrariedad de nuestras instituciones y representaciones sociales, antes que en la dilucidación de un programa político.

En el marco de una lectura anarquista que cuestiona las fundaciones ilustradas o humanistas del anarquismo, Newman recurre a Foucault, en específico, al éthos crítico que nos permite rechazar el chantaje de la Ilustración y nos conduce a una exploración de los límites de nuestro presente interrogando la relación entre la Ilustración y el humanismo. El Foucault que nos presenta Newman realiza una crítica de la Ilustración criticándola en términos epistemológicos y exaltando la ética sobre la ontología. Tal como afirma Saul Newman:

Me gustaría explorar las posibilidades de un anarquismo que toma una distancia de las fundaciones racionalistas y humanistas en las que se basó el anarquismo clásico más allá del terreno ontológico del anarquismo clásico, particularmente de su visión organicista de la vida social y de su concepción esencialista del ser humano (Newman, 2010, p. 62).

Pero, es el mismo Foucault quien se separa de una postura insurreccional, como la plantea Newman, en el sentido de un programa político. Lo que tenemos en Foucault, a lo mucho, es un rechazo a las instituciones del presente que suponen un ejercicio de gobierno o una forma de control social. No niego que el pensamiento foucaultiano tenga implicaciones anarquistas, en el sentido de que su anarqueología como forma de vida implica no inclinarse ante las verdades científicas o ante lo que es intolerable. Tampoco se niega que la arqueología del saber tenga implicaciones políticas y éticas. Lo que no hacemos es englobar esta anarqueología en una especie de programa político, tal como lo realizan los postanarquistas.

Como forma de vida, la anarqueología tiene como finalidad la creación de espacios de libertad mediante el rechazo de lo que somos o de lo que se nos ha impuesto como verdadero, pero para atisbar esta cuestión es necesario enfatizar 1) los vínculos entre la arqueología y la genealogía, 2) el sentido político que tiene la genealogía, 3) el concepto de libertad como práctica, 4) la ética como condición ontológica de la libertad, la actitud límite y 5) la creación de nuevas subjetividades.

Arqueología, genealogía e historia.

La anarqueología es una forma de vida en el marco de una actitud límite o de una actitud experimental que se opone a lo que es intolerable en el presente, pero no se trata de una actitud cuya vocación le venga dada a partir de sí misma. En realidad, la anarqueología está montada sobre investigaciones histórico-críticas que van al pasado para desde ahí problematizar el presente y ubicar lo que es intolerable en él y con lo que se debe romper. Estas investigaciones no sólo marcan con lo que hay que romper, sino que abogan por la constitución de un sujeto anárquico, al mismo tiempo, que replantean nuevos términos para la posibilidad del anarquismo. A diferencia del anarquismo clásico, podemos decir, siguiendo a Schürmann, que la anarqueología se distingue del anarquismo clásico en que su punto de ataque no es cualquier ley, sino la ley de la totalización social o el tipo de individualidad impuesta por el Estado (Schürmann, 1986, p. 163).

Foucault, a diferencia de los anarquistas clásicos que aprecian que el Estado es una esfera autónoma cuya función consiste en dominar a los individuos, al mismo tiempo, que ven en el Estado el origen de la desviación de los individuos y que, por este motivo, la esfera estatal no debe existir, si los hombres quieren ser libres. Foucault, por su parte, sólo se opone a los efectos del poder estatal.

La anarqueología, en cuanto forma de vida, se constituye a partir de una denuncia de lo que es intolerable, en el marco de investigaciones que unen a la arqueología con la genealogía y que atienden a las configuraciones del poder con las que hay que romper. Es importante precisar que la arqueología entra en conjunción con la genealogía en las investigaciones históricas que realizó Foucault y que es a través de estos análisis que Foucault problematiza el presente.

Foucault establece un vínculo entre la arqueología y la genealogía bajo la idea de que la historia, en cuanto acontecimiento, es una batalla. La historia no está constituida por estructuras permanentes donde la función del historiador sería sacar a la luz esas estructuras, sino es un campo de una batalla donde los historiadores pueden hacer improntas reorganizativas en las batallas del presente.

En este sentido, la tarea de dichas investigaciones histórico-críticas, para Foucault, no consiste en descubrir lo que somos, sino en rechazar lo que somos imaginando y estructurando una liberación del doble vínculo político, a saber, de la individualización y totalización de las estructuras modernas de poder, a los que estamos atados; ya que el problema político, ético, social y filosófico contemporáneo no consiste en liberar al individuo del Estado y de sus instituciones, sino en liberarnos del tipo de individualización que promueve el Estado, mediante una subjetivación (que no es otra cosa que una desubjetivación), que rechace la individualidad que se nos ha impuesto como verdadera.

Foucault

Foucault, por otra parte, insiste en que la crítica de la continuidad histórica implica la crítica de la primacía del sujeto y de la conciencia en la explicación de los procesos sociales. Esta afirmación foucaultiana, frente a quienes quieren reducir el pensamiento foucaultiano al pensamiento de Stirner, está dirigido contra Stirner quien consideraba que las relaciones sociales son reducidas a las representaciones subjetivas y si cambian las representaciones subjetivas, pueden cambiar las representaciones sociales. En este tenor, el pensamiento foucaultiano puede inscribirse en la ruptura epistemológica marxiana, ya que el autor considera la teoría como instrumento de transformación social. Tal como sostienen Julia Varela y Fernando Álvarez:

Al igual que Marx, [Foucault] criticará la racionalidad de los hombres de la Ilustración en la medida en que su filosofía de la historia consistía en descubrir el sentido original de orientación de la humanidad sin intentar religar las fases de su desarrollo a ninguna condición concomitante (Varela & Álvarez, 1991, p. 18).

En este sentido, podemos decir que la genealogía es un instrumento que nos posibilita comprender la génesis y las transformaciones de los sistemas que rigen nuestras vidas y gobiernan nuestra forma de pensar y actuar. La genealogía se pone al servicio de la verdad desvelando los juegos de verdad y sus formas hegemónicas, al mismo tiempo, que indaga en la historia las condiciones de formación y desarrollo tanto de saberes como de mecanismos que perpetúan el capitalismo.

El conocimiento histórico-crítico introduce la incertidumbre donde la certidumbre y las racionalizaciones se mostraban inamovibles. El conocimiento reflexivo cuestiona lo incuestionado de la vida social. Frente al intelectual orgánico y el intelectual universal, Foucault se asume como un intelectual específico que está al servicio de quienes resisten en determinados espacios donde se realiza el gobierno de unos sujetos por otros, ya que el genealogista entiende a la sociedad desde lo que ésta excluye o desde el límite.

El desafío de la genealogía consiste en asumir la experiencia del límite en los ámbitos específicos como la locura, la muerte, el crimen y la sexualidad, con el objeto de trascender las racionalizaciones que han realizado los discursos científicos de esas experiencias, a saber, el discurso psiquiátrico, el discurso médico, la criminología y el discurso psicopatológico. El genealogista no sólo expone a la luz estos discursos vinculándolos con el juego de la verdad y de los intereses inmiscuidos, sino que pone de manifiesto la política de verdad a la que sirven estos discursos mostrando que su verdad es cuestionable. “¿Quién impone las reglas en un determinado campo, desde cuándo, por qué y en beneficio de quién? Estas cuestiones requieren respuestas basadas en una labor paciente que da forma a la impaciencia de la libertad” (Varela & Álvarez, 1999, p. 15).

La genealogía es una mirada indiscreta y comprometida con la verdad, dado que posibilita establecer las relaciones complejas entre la materialidad del mundo social y las representaciones mentales. El sentido de los planteamientos genealógicos de Michel Foucault se manifiesta en darle visibilidad a lo invisible o en ir más allá de las ideas recibidas para pensar de otro modo. La genealogía foucaultiana, de acuerdo a lo anterior, piensa en y desde el límite, ya que un pensamiento anticapitalista es intempestivo por cuestionarse acerca de sus mismas condiciones de posibilidad. El objetivo de la genealogía se cifra en elaborar contrasaberes en favor de movimientos alternativos. A este respecto:

El objetivo [de la genealogía del poder] es por tanto elaborar saberes que vayan más allá de los saberes instituidos y nos permitan comprender su razón de ser, elaborar contrasaberes al servicio de movimientos alternativos, saberes, en fin, que permitan reconocer los puntos de apoyo del poder de clase (Varela & Álvarez, 1999, p. 15).

No sólo es suficiente con relacionar la anarqueología con una genealogía que piensa en y desde el límite, sino que es menester analizar la anarqueología como un estilo de vida, que es inseparable de la libertad como práctica.

 La libertad como práctica.

La anarqueología es un modo de vida que se produce a partir de la libertad entendida como práctica, es decir, es una práctica surgida del análisis de cómo se ha constituido el presente a través de los juegos históricos de verdad acaecidos hasta entonces. En otras palabras, una práctica de libertad sólo tiene sentido a partir de las investigaciones histórico-críticas, en la medida en que éstas muestran las zonas que en el presente pueden y deben ser impugnadas.

La libertad, para Foucault, es una práctica que apunta a una relación del individuo consigo mismo de forma permanente, pero a su vez su noción de libertad no está distante de lo que Foucault entiende por vida, ya que en una práctica de libertad están inmiscuidas 1) nuestra relación con las cosas; 2) nuestra relación con los otros y 3) nuestra relación con nosotros mismos.

El concepto foucaultiano de libertad se aleja del humanismo o de un esencialismo, ya que no compete al orden de la liberación, sino al orden de la constitución y de lo que Foucault define por vida. Es decir, puede decirse de la libertad aquello que Foucault dice sobre el sujeto y el poder. En torno al sujeto, Foucault sostiene que en lugar de ser una substancia, es una forma que presenta varias configuraciones históricas. Por su parte, la concepción foucaultiana del poder nos permite hablar en sentido estricto de prácticas de libertad, dado que el sujeto “no es una sustancia. Es una forma, y esta forma no es sobre todo ni siempre idéntica a sí misma” (Foucault, 1994b, p. 238).

Para Foucault, la libertad, implica un cierto juego en el sentido de que existe la libertad en un sentido político y en un sentido ético. La libertad en un sentido político manifiesta que el poder se lleva a cabo sobre sujetos libres, en el sentido de que los sujetos individuales o colectivos tienen ante sí la posibilidad de muchas conductas y muchos comportamientos. Se parte del supuesto de que una relación de poder, a diferencia de la dominación o esclavitud, se caracteriza por no tener las determinaciones saturadas. Por su parte, la libertad ética se especifica por su flexibilidad, en la medida en que se relaciona con conductas, comportamientos y reacciones mediante los que el sujeto se constituye a sí mismo.

Lo que hemos señalado en torno al concepto de libertad, sin embargo, no agota el sentido de esta noción, pues, para Foucault, la ética es la condición ontológica de la libertad.

La ética como condición ontológica de la libertad.

Foucault empieza a preocuparse por la ética, a partir de 1981. Pero no la relaciona con el fenómeno moral, sino que vincula a la ética con una relación consigo mismo o con la subjetivación, que supone la creación de nuevas subjetividades rechazando el tipo de individualidad impuesta por el Estado e instaurando un modo de vida alternativo.

Foucault aprecia que la ética es la condición ontológica de la libertad, en la medida en que la ética es la forma reflexiva de la libertad entendida como práctica, lo que manifiesta que la libertad se ha venido reflexionando como ética. El problema de la libertad (de la no esclavitud) es el eje central, por ejemplo, en las reflexiones éticas realizadas por los estoicos y epicúreos, en tanto que apuntan a que el sujeto no sea esclavo ni de los otros ni de sí mismo.

Ante el cuestionamiento de si la ética se realiza en la búsqueda o el cuidado de sí, Foucault mantiene que en el mundo grecorromano el cuidado de sí está subordinado al conocimiento de sí y constituye la manera en que la libertad se reflexiona como ética, ya sea para conocerse a sí mismo o para dominar los apetitos, en el sentido de que “no digo que la ética sea el cuidado de sí, sino que, en la Antigüedad, la ética en tanto que práctica reflexiva de la libertad, giró en torno a este imperativo fundamental: <<Cuídate de ti mismo>>” (Foucault, 1984, p. 397).

En la Grecia antigua, cuidarse de uno mismo conformaba no sólo uno de los principios de las ciudades, sino una de las reglas de conducta de la vida social y personal, es decir, constituía uno de los fundamentos del arte de vivir. El cuidado de sí implicaba relaciones complejas con los otros, dado que el éthos de la libertad era un modo de ocuparse de los otros y de la ciudad. Frente al cuestionamiento de si el cuidado de sí podría devenir en una dominación sobre los otros, Foucault mantenía que el afán de dominar a los otros sólo proviene de cuando uno no cuida de sí precisamente.

Con la finalidad de analizar cómo la experiencia que puede hacerse de sí mismo y el saber que se obtiene de ello han sido organizados mediante ciertos esquemas, Foucault recurre a las técnicas de sí, es decir, a los procedimientos existentes en una civilización encaminados a que los individuos definan, mantengan o transformen su identidad, en el marco de un dominio de sí sobre uno mismo. Para Foucault, el cuidado de sí y las técnicas de sí constituyen un modo de realizar la historia de la subjetividad atendiendo a las transformaciones del sujeto consigo mismo.

Foucault liga su visión de la ética con la noción de la estética de la existencia que mantiene una relación con la ética griega empeñada en que el valor moral proviene de principios formales en torno al uso de los placeres. Si Foucault hace referencia a la ética griega no es con la finalidad de vivir como los griegos, sino con el objeto de indicar que ser moderno es una cuestión de éthos.

En este tenor, se puede decir que el éthos es un modo de ser del sujeto que puede ser traducido en costumbres, hábitos, gestos e incluso su forma de caminar y su aspecto. Cuando Foucault ve a la modernidad como un éthos, está analizándola como una elección voluntaria de pensar, sentir y de conducirse.

Frente a la postmodernización de Foucault, que lleva a cabo Saul Newman, nosotros planteamos que la ética foucaultiana forma parte una ontología de nosotros mismos que no apela a otro horizonte sino al moderno. Traemos esto a colación, debido a que existe un esfuerzo por postmodernizar a Foucault, como Saul Newman lo realiza, sosteniendo que el autor habla de la ética más allá de sus presupuestos ontológicos. A nuestro juicio, la ética foucautiana está vinculada con la ontología, en la medida en que la relación consigo mismo constituye un modo de ser. Nos distanciamos de Newman que nos presenta una lectura ética de Foucault sin sus implicaciones ontológicas. Newman, por ejemplo, rechaza la ontología de nosotros mismos bajo la consideración de que remite a una esencia humana. A nuestro juicio, la ontología de nosotros mismos no remite a una esencia humana, sino que tiene como base al sujeto. Pero ese sujeto es un nosotros en un contexto moderno.

El mismo Foucault admite que la ontología histórica de nosotros mismos está vinculada con la verdad mediante la que nos constituimos en sujetos de conocimiento, al mismo tiempo, que está relacionada con el poder, que nos constituye en sujetos que actuamos sobre los demás. Tampoco habría que pasar por alto que esta ontología de nosotros mismos está vinculada con la ética que nos constituye en agentes morales.

Ya que se ha enfatizado en el concepto foucaultiano de libertad en tanto práctica, nuestro interés se concentrará ahora en la actitud límite que está ligada con la transgresión, en el sentido de que la transgresión hace referencia a un gesto, o incluso a un modo de vida que implica desbordar los límites.

La actitud límite y la creación de nuevas subjetividades.

La anarqueología implica el desarrollo de una actitud límite o experimental que se opone a la individualidad impuesta por el Estado, ya que se opone a los efectos del poder estatal. Foucault se distingue del anarquismo clásico que aboga por la destrucción del Estado, pues más que atender hacia la destrucción del Estado, apuesta por la constitución del sujeto anárquico empeñado en oponerse a los efectos del poder.

La obra de Michel Foucault está marcada en su génesis por experiencias límite que Foucault vivió en primera persona y, que animan su trabajo filosófico y se muestran en los conceptos de éthos, actitud de modernidad o transgresión. Estas experiencias límite son experiencias de desubjetivación que tienen la finalidad de recuperar la función fundadora o creadora del sujeto:

La contestación no es el esfuerzo del pensamiento por negar las existencias o los valores, sino que es el gesto que los conduce a sus propios límites y donde el límite define al ser. Ahí, en el límite transgredido, se conserva el sí de la contestación (Foucault, 1994a, p. 238).

Foucault cuando postula la transgresión la liga con la subjetivación y las prácticas de libertad no se ubican más allá del límite en un sentido arqueológico y genealógico, es decir, no se encuentran más allá del saber y el poder, sino que la subjetivación y las prácticas de libertad afirman un límite, cuya transgresión configura relaciones de saber y poder en tanto posibilidades de crear nuevas formas de subjetividad y prácticas de libertad.

En este sentido, Foucault relaciona la crítica con la actitud límite en el sentido de que nuestra libertad se relaciona más con lo que emprendemos o el coraje que con los límites del conocimiento. Esta actitud límite propone una práctica histórico-filosófica que apunta a una interrogación en torno a los efectos de poder con los que son afectados los sujetos en una época determinada. A diferencia de Kant, para quien saber los límites del conocimiento implicaba limitarlo, Foucault estaba empeñado en transformar la crítica en una práctica bajo la forma de transgresión. Esto último implica que la crítica ya no es trascendental, porque ya no busca las estructuras formales con valor universal, sino que es una investigación histórica que analiza por qué y cómo hemos llegado a ser sujetos de lo que hacemos, pensamos y decimos. En este tenor, la crítica, para Foucault no se relaciona con un sujeto universal que puede acceder a la verdad, sino que pone énfasis en que el conocimiento es el resultado histórico de condiciones de la actividad humana. “Esta crítica no es trascendental, y no tiene como fin hacer posible una metafísica: es genealógica en su finalidad y arqueológica en su método” (Foucault, 2003, p. 91).

Esta actitud límite es también una actitud experimental, ya que compete a investigaciones históricas sometidas a las pruebas de la realidad y la actualidad. El mismo Foucault vincula el éthos filosófico de la ontología de nosotros mismos con una práctica de los límites que podemos franquear en tanto que seres libres. Es decir, Foucault aboga por transformaciones muy precisas que atañen a nuestros modos de ser y pensar. Tal como sostiene Foucault: “prefiero estas transformaciones, ciertamente parciales que han sido efectuadas en la correlación del análisis histórico y de la actitud práctica” (Foucault, 2003, p. 98).

En el marco de la actitud límite, el papel de la filosofía consiste en controlar los poderes políticos de la racionalidad política atendiendo a una nueva economía de las relaciones de poder, economía que está ligada a nuestra situación actual tomando como punto de partida las formas de resistencia contra las diferentes formas de poder.

Una vez que hemos definido a la actitud límite como aquella experiencia de la que se nutre la obra foucaultiana y como actitud a que nos llevan las investigaciones históricas, en lo que sigue analizaremos la idea de la creación de subjetividades, con la finalidad de señalar que la anarqueología, en cuanto forma de vida, promueve la creación de nuevas subjetividades a través del rechazo de aquello que se nos ha enseñado como verdadero.

Foucault, bajo el pesudónimo de Maurice Florence, dijo que el proyecto general de Foucault giraba en torno a la constitución del sujeto como objeto para sí mismo, es decir, sobre la formación de los procedimientos por los que el sujeto es conducido a reconocerse como un dominio de saber posible en el marco de un juego de la verdad determinado. En este sentido, “se trata, en suma, de la historia de la <<subjetividad>>, si por dicha palabra se entiende la manera en que el sujeto hace la experiencia de sí mismo en un juego de verdad en el que tiene relación consigo” (Florence, 1984, p. 365).

El modo en que Foucault problematiza el tópico de la subjetividad es atendiendo a la locura, a la enfermedad, a la delincuencia y a sus efectos en el marco de la constitución de un sujeto razonable y normal. Analiza, por ejemplo, un momento de la historia de la subjetividad cuando localiza los modos de objetivación del sujeto en saberes vinculados con el lenguaje, el trabajo y la vida, en el contexto de Las palabras y las cosas.

En este sentido, su apuesta es mostrarnos cómo el sujeto se constituye a sí mismo de una manera determinada, ya sea como sujeto loco o sano, como sujeto delincuente atendiendo a los juegos de verdad operantes en dichos contextos históricos. Foucault, en todo caso, no se opone a la subjetividad, sino que entra en ruptura con una visión de la subjetividad pensada como una esencia, dado que asume que el sujeto es una forma histórica que no siempre es idéntica a sí misma y que, por lo tanto, hay diferentes formas de sujeto. Tal como afirma Foucault: “sin duda, era preciso rechazar una determinada teoría a priori del sujeto para poder efectuar este análisis de las relaciones que pueden existir entre la constitución del sujeto o de las diferentes formas de sujeto y los juegos de verdad” (Foucault, 1984, p. 403).

La palabra sujeto tiene dos connotaciones. Por una parte, se ve al sujeto sometido al otro por el control y la dependencia en el marco de una matriz de la individualización o una nueva manera del poder pastoral, ya que el Estado puede ser relacionado con una estructura muy elaborada en la que los individuos son sometidos a un conjunto de mecanismos específicos. Por otra parte, se encuentra un sujeto vinculado a su propia identidad mediante el conocimiento de sí.

Foucault quiere mostrarnos que la historia se produce a través de las relaciones que el pensamiento entabla con la verdad bajo la consideración de que el pensamiento es el pensamiento de la verdad. Cuando Foucault analiza la verdad, intenta ver cómo se enredan alrededor de los discursos considerados como verdaderos efectos de poder específicos, con el objeto de forjar instrumentos de análisis, acción e intervención política sobre nosotros mismos. Nos muestra una genealogía del sujeto en la civilización occidental. Esta genealogía del sujeto no sólo comprende las técnicas de dominación, sino que abarca las técnicas de sí. Si al principio quizás insistió demasiado en las técnicas de dominación o en las disciplinas, en sus últimos años estudió las técnicas de sí bajo la consideración de que en cada cultura existen este tipo de técnicas relacionadas con el decir veraz y con las coacciones empleadas para la transformación de sí.

Así elabora una historia del sujeto o de los modos de subjetivación, que no son otra cosa que las prácticas de constitución de un sujeto, en un sentido restringido o ético.

El sentido amplio de la subjetivación corresponde a los modos de objetivación de los sujetos, bajo el supuesto de que no es más que un objeto de una relación de saber y poder. Esto muestra que para Foucault los modos de subjetivación como objetivación no son ajenos, en la medida en que la historia del pensamiento (visto como el acto que establece la relación entre el sujeto y el objeto) no es más que el análisis de las condiciones históricas mediante las que han emergido y modificado la relación entre el sujeto y el objeto, con la finalidad de hacer posible una forma de saber. Estas condiciones no son formales ni empíricas, sino que corresponden a las condiciones en algo que puede ser problematizado en el marco de los juegos de verdad que corresponden a las reglas que determinan a aquello que se dice sobre el sujeto como verdadero o falso.

En este tenor, el trabajo filosófico de Michel Foucault puede ser pensado como una historia de los juegos de verdad en los que el sujeto en calidad de sujeto puede convertirse en objeto de conocimiento. El sentido restringido o ético de los modos de subjetivación mantiene un vínculo con las formas de actividad que ejerce el sujeto sobre sí mismo, es decir, los modos de subjetivación son las formas de relación del sujeto consigo mismo, los procedimientos y las técnicas que hacen posible esta relación posibilitando al sujeto transformar su ser.

Por su parte, Óscar Martiarena nos presenta un Foucault que lleva a cabo una genealogía de la subjetividad moderna. La subjetividad moderna es la de cada uno de nosotros y se encuentra ligada a saberes y poderes que no solamente la expresan y la constituyen, sino que la normalizan. Contraponiéndose a esta individualización, Foucault pretende que la existencia individual se convierta en una obra de arte implicando la posibilidad de ser diferentes, es decir, “pensar que el sujeto actual puede tener otra forma de subjetividad” (Martiarena, 2005, p. 105).

Reiner Schürmann vincula la creación de nuevas subjetividades con la anarqueología y en este sentido postula la constitución de uno mismo en cuanto sujeto anárquico, que a diferencia del sujeto transgresor prototipo del anarquismo clásico, se opone a la inserción de uno mismo en una disposición de discurso y poder. Para Schurmann, “el anarquismo a través de las intervenciones discursivas es una posibilidad, pero no un deber” (Schürmann, 1986, p. 164).

El sujeto anárquico aquí se resiste a los efectos del poder, lo que implica intervenir contra las nuevas maneras de dominación empezando por el desplazamiento de las coordenadas del pensamiento, en el sentido de que el sujeto anárquico se constituye a sí mismo mediante micro intervenciones en los patrones de sujeción y objetivación. En este tenor:

Oponerse a los efectos de poder <<en cuanto tales>> sigue siendo una operación puntual. Significa intervenir contra todas las nuevas formas de dominación (que no son instancias de un Gran Opresor), empezando nuevamente, una y otra vez, por el desplazamiento de las coordenadas del pensamiento tan lejos como esto sea posible. El sujeto anárquico se constituye a sí mismo en micro intervenciones que apuntan hacia los patrones recurrentes de sujeción y objetivación (Schürmann, 1986, p. 165).

El sujeto anárquico, a diferencia del sujeto del anarquismo clásico empeñado en la destrucción del Estado y en la autolegislación universal como dueño de sí, se constituye a sí mismo en tanto agente de actividades y prácticas, es decir, como un sujeto práctico que en su acción debe responder a la pregunta ¿qué puedo hacer?

Este sujeto sabe que siempre forma parte de un dispositivo en un momento determinado. Y, por eso sabe que sólo se puede crear nuevas formas de subjetividad mediante el rechazo de esos dispositivos.

Las nuevas formas de subjetividad que puede crear el sujeto anárquico las puede crear, por ejemplo, a partir del uso de su cuerpo y de la posibilidad de pensar de otro modo.

A nuestro juicio, esta subjetivación en cuanto relación consigo mismo mantiene un vínculo con el concepto de poder. Pero el poder ya no analizado como lucha entre dos contrarios, sino vinculado con el concepto de gobierno de sí y de los otros.

No hay que olvidar que si Foucault habla de la lucha o resistencia, lo hace en el marco de las prácticas de libertad, en lugar del concepto de revolución que supone un cambio radical de las estructuras de la sociedad capitalista.

No sólo es suficiente con señalar que hay un vínculo entre la anarqueología como modo de vida con la creación de nuevas subjetividades, sino que es necesario 1) proponer la parresía de (re)creación de sí mismo fuera del poder.

        La parresía como una forma de (re)creación de sí mismo.

La anarqueología se vincula con la parresía en la medida en que es un modo en el que el individuo se recrea a sí mismo rechazando todo discurso heterónomo. Reivindicar el monopolio del decir veraz implica ser capaz de enunciar la verdad en un modo de vida. La parresía es un mecanismo político, puesto que es el vínculo entre el cuidado de sí y el cuidado de los otros, entre el gobierno de sí y de los otros. La parresía es la frontera en la que coinciden la ética y la política. Foucault asume que el rey o el tirano no pueden usarla, ya que ellos no son capaces de arriesgar su vida. Es importante precisar que si se asume el juego del decir veraz en el que la vida se pone en juego, se pone en peligro la vida misma. La parresía es un modo de recrearse a sí mismo, un modo en el que el sujeto toma palabra por sí mismo, lejos de una zona de confort en la que la vida queda silenciada.

Cuando Foucault recupera el tópico del decir veraz y lo traslada del horizonte institucional de la democracia al horizonte de la práctica individual, de la formación del éthos, aprecia que la filosofía occidental posee tres polos: 1) el polo de la aléteia y el decir veraz, que se relaciona con las condiciones y las formas del decir veraz; 2) el polo de la politeia y el gobierno, relacionado con las organizaciones de las estructuras del poder; y 3) el polo de la ethopóeisis o de la formación del sujeto tocante a las modalidades de la formación del éthos, en el cual el individuo deviene en sujeto moral de su propia conducta. Foucault sostiene, en El coraje de la verdad, de 1984, que:

Estos tres polos son irreductibles y, a la vez, están irreductiblemente ligados unos a otros. Alétheia, politeia, ethos: creo que la irreductibilidad de los tres polos, y su relación necesaria y recíproca, la estructura de uno hacia otro y viceversa, sostuvo la existencia misma de todo el discurso filosófico desde Grecia hasta nuestros días (Foucault, 2010, pp. 83-84).

Foucault añade una cuarta actitud de la filosofía de Occidente: la parresía, que reintroduce el tópico de la verdad, en específico, de sus condiciones políticas y de la diferenciación ética que posibilita el acceso a la verdad; introduce la cuestión del poder, de su relación con el poder y el saber; lo que supone reintroducir el discurso veraz a través del cual un sujeto se constituye y de las relaciones de poder en la que surge o se forma (Foucault, 2010, p. 86).

Con el tópico de la parresía, se introduce el problema de la actitud filosófica al propio trabajo del pensar. Reivindicar el monopolio de la parresía implica ser capaz de enunciar la verdad en un modo de vida, como ya lo decíamos. Tal como Foucault afirma, en El gobierno de sí y de los otros, de 1983: “la parrhesía como modo de vida, la parrhesía como de comportamiento, la parrhesía hasta en la vestimenta misma del filósofo, son elementos constitutivos de ese monopolio que ella reclama para sí” (Foucault, 2009, p. 327).

El carácter serio de la actividad filosófica de acuerdo a lo anterior consiste en que lo real de la filosofía se encuentra en las prácticas que lleva a cabo el sujeto sobre sí mismo. Estas prácticas son de conocimiento y en ellas chocan los modos de conocimiento mostrándonos la realidad del Ser mismo. Foucault dice lo siguiente en este tenor:

Lo real de la filosofía está en la relación de sí consigo. Y, en efecto, en ese texto la filosofía formula lo que es su ergon, a la vez tarea y su realidad, como articulación del problema del gobierno de sí y el gobierno de los otros (Foucault, 2009, p. 265).

Ángel Gabilondo y Fernando Fuentes sostienen que, para Foucault cuidarnos de nuestras conductas, de las relaciones con nosotros mismos y los otros implica una recreación de sí mismo, que presupone el juego del decir veraz, en el marco de una lucha por la verdad manifestado en un modo de vida. En este tenor, el parresiasta “se acredita la libertad de decir, que se funda en dicho modo de vida. Y éste es otro valor, el de dar cuenta (dídonai logoi) de la propia vida. Tal es la verdadera naturaleza del valor” (Gabilondo & Fuentes, 2004, p. 21).

En El gobierno de los vivos, de 1980, Foucault plantea el decir veraz de la siguiente manera: presentándonos un Edipo rey, no en términos de deseo e inconsciente, sino de verdad y poder. Foucault explica el decir veraz a través de una lectura aletúrgica de Edipo rey. En este tenor, comenta que en Grecia, el teatro y la escena eran un espacio en el que se manifestaba la verdad:

La tragedia dice la verdad; en todo caso, es este problema del decir veraz de la tragedia el que planteará Platón, y más adelante volveré a ese problema. En ese sentido general, por lo tanto toda tragedia es una aleturgia, pero también lo es en un sentido más preciso, si quiere técnico: en su economía interna la tragedia es también una aleturgia, toda vez que no sólo dice la verdad, sino que representa el decir veraz (Foucault, 2016, p. 41).

En sus análisis sobre la parresía, Foucault recurre a Kant, con la finalidad de presentarnos una historia de la filosofía que nos muestra el juego del decir veraz vinculada con una ontología de la actualidad o de nosotros mismos, puesto que la actividad filosófica interroga a ese nosotros, que caracteriza a la filosofía como discurso sobre la modernidad.

Para Ángel Gabilondo y Fernando Fuentes, Foucault nos propone la parresía como un mecanismo político, puesto que la parresía es el vínculo entre el cuidado de sí y el cuidado de los otros, entre el gobierno de sí y de los otros. La parresía es la frontera en la que coinciden la ética y la política. Tal como sostienen Ángel Gabilondo y Fernando Fuentes: “desde nuestra perspectiva moderna, podemos encontrar en la parresía como actividad política y psicagógica un modelo de conducta que permite al individuo fluidificar las relaciones de poder establecidas, creando así nuevos espacios de diálogo. Por todo ello, la parresía se nos muestra como uno de los conceptos centrales de una <<historia de la verdad>> que Foucault nunca llegó a concluir” (Gabilondo & Fuentes, 2004, p. 23).

Esto nos permite puntualizar que la parresía es una práctica específica o una práctica específica del discurso verdadero, que pretende que los otros hombres lleguen a constituirse a sí mismos, bajo la consideración de que cuidar de uno mismo es algo diferente de un conocimiento. Quien opta por hacer uso de la parresía no sólo opta por decir la verdad, sino que llega a ser de otro modo. En este tenor, Gabilondo y Fuentes afirman sobre el parresiasta:

lo que (el parresiasta) transmite no es un mensaje, una información, un conocimiento. Es una incitación en la que tal modo llama la verdad que se pone en acción hacia sí, procura condiciones para el cuidado de sí. Es un discurso como mano amiga que acompaña y desafía (Gabilondo & Fuentes, 2004, p. 28).

Foucault afirma que ser un parresiasta implica asumir un riesgo. Pero no siempre es un riesgo de muerte. La parresía está relacionada con el valor ante el peligro, puesto que la parresía necesita el valor de decir la verdad a pesar del peligro.

Foucault asume que el rey o el tirano no pueden usar la parresía, en la medida en que ellos no arriesgan nada. Cuando se asume el juego del decir veraz en el que la vida se pone en juego, se corre el riesgo de morir por decir la verdad, en lugar de estar en una zona de confort en la que la vida queda silenciada: “y su forma extrema, decir la verdad tiene lugar en el <<juego>> de la vida o de la muerte.” (Foucault, 2004, p. 42). Pero, “el parresiastés prefiere ser alguien que dice la verdad antes que un ser humano que es falso consigo mismo” (Foucault, 2004, p. 43).

La parresía también es una forma de crítica, debido a que la función de la parresía es la crítica del interlocutor o del propio hablante. El parresiasta es en toda ocasión siempre menos poderoso que el interlocutor. Foucault aclara que no cualquiera puede ser un parresiasta, en la medida en que el parresiasta debe conocer su propia genealogía. La parresía y la filosofía se vinculan, ya que la parresía filosófica se encuentra muy cercana al cuidado de sí. El decir veraz, en el marco de la actividad filosófica en el mundo grecorromano, es una práctica que pretende dar forma a las relaciones específicas que los sujetos mantienen consigo mismos. En este tenor, Foucault reconoce que nuestra subjetividad moral está enraizada en estas prácticas del cuidado de sí. Tal como Foucault afirma, en Discurso y verdad en la antigua Grecia, de 2001: “creo que el criterio decisivo que identifica al parresiastés no ha de ser buscado en su nacimiento, ni en su ciudadanía, ni en su competencia intelectual, sino en la armonía que existe entre su lógos y su bios” (Foucault, 2004, p. 142).

 Una vez que me he concentrado en analizar la parresía como una forma de recrearse a sí mismo, en el marco de una ética entendida como cuidado de sí, en la que el sujeto asume su verdad incluso a contracorriente de la lógica del poder.

Conclusiones.

Desde  perspectiva, Foucault propone su anarquismo epistemológico caracterizado por el rechazo de universalismos, al mismo tiempo, que la anarqueología es un modo de vida que no acepta lo intolerable. Respecto de que las resistencias son un substrato de poder, compartimos el supuesto de que la resistencia nunca desborda el poder en efecto.

Quizás los análisis sobre la anarqueología no sean valorados o estimados, en el sentido de se piensa que el último Foucault no presenta cosas sólidas, sino que se encuentra en un estado de vulnerabilidad. No puedo negar la vulnerabilidad del pensamiento foucaultiano. Pero, resalto que el pensamiento foucaltiano me llama la atención, en la medida en que atiende a cuestiones griegas, como la parresía entendida como una recreación de uno mismo, asumiendo que la ética es el cuidado de sí, en la que el sujeto asume su verdad.

La importancia de este trabajo sobre la anarqueología radica en resaltar que Foucault se asume como anárqueologo. No desconozco que existen afirmaciones de que Foucault es un pensador anarquista. Sin embargo, es necesario aclarar que el anarquismo foucaultino no es el tradicional, sino una arqueología que como método implica el rechazo de los universales o de esencias. Por otra parte, esta arqueología deviene en un modo de vida que no acepta lo intolerable.

La anarqueología como estilo de vida su finalidad es crear espacios de libertad rechazando lo que somos o se nos enseñó como verdadero. En este tenor, en primer lugar, resalto los vínculos de la anarqueología con la arqueología y la genealogía. En segundo lugar, la anarqueología exalta el sentido político de la genealogía. En tercer lugar, este modo de vida promueve la libertad como práctica. En cuarto lugar, se vincula con la ética como condición ontológica de la libertad. Por último, se relaciona con la creación de nuevas subjetividades. Tal vez esta creación de nuevas subjetividades es lo que condujo a la anarqueología.

Estoy consciente de que el tema de la anarqueología es muy amplio. Sin embargo, es muy importante bordearlo y estudiarlo. El último Foucault es el que me interesa, porque se asume como anarqueólogo.

Foucault. en tanto que un anarqueólogo. nos invita a crear nuevas subjetividades rechazando eso que se nos ha dicho que es verdadero, al mismo tiempo, que Foucault nos exhorta a crear nuevos placeres explorando partes inexploradas de nuestro cuerpo.

A este respecto, las implicaciones anarquistas de Michel Foucault se concentran en una anarqueología que se pregunta sobre la relación entre el sujeto y los regímenes de verdad. Se trata de un anarquismo epistemológico que no aprueba ni desacredita el anarquismo clásico empeñado en proponer una nueva configuración sin Estado, ya que la anarqueología no se inclina ante las verdades científicas.

La conjunción de la arqueología con la genealogía se gesta mediante la consideración de que la arqueología es un método, mientras que la genealogía tiene como finalidad crear espacios de libertad, lo que supone que Foucault es un anarquista libertario. Sin embargo, Foucault no piensa que la libertad sea un ideal al que debe llegarse, sino que es una práctica que analiza las relaciones entre el saber, el poder y la ética, al mismo tiempo, que instaura una experiencia.

Foucault se interesa por la ética en cuanto es la condición ontológica de la libertad, al mismo tiempo, que la ética establece una relación del sujeto consigo mismo. Es decir, la ética se vincula con la subjetivación, que apunta a la creación de nuevas subjetividades en oposición a lo que se nos ha impuesto como verdadero.

Tal vez suene muy absurdo hablar de la anarqueología. Pero nos queda claro que es necesario, aunque no sea suficiente, problematizar la vida cotidiana y resistir desde un estilo de vida. Nos queda claro que la filosofía es inútil al sistema por no basarse en la racionalidad instrumental, sino porque coloca al individuo frente al filo de la crítica. En esto último radica la vigencia de la filosofía.

Juan Manuel Cabrera Romero.

Bibliografía:

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Martiarena, Óscar. (2005). Estudios sobre Foucault. Veracruz: Universidad Veracruzana.

Newman, Saul. (2010). The Politics of Postanarchism. Edinburg: Edinburg University Press Ltd.

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Varela, Julia & Álvarez, Fernando, (1991). Prólogo. En Foucault, Michel. (1991). Saber y verdad. Madrid: La piqueta.

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Un monstruo te golpea la puerta y misiles por TV

Por: pegasus

«Mi mamá siempre decía que no había monstruos, no hay monstruos reales, pero los hay».

Frase pronunciada en la película Aliens: El regreso, por Rebecca “Newt” Jorden.

Tirando de internet y de textos viejos para arrancar: sí, repetidos… ¿y qué?

Las noticias no solo informan, sino que construyen activamente la realidad social al seleccionar, jerarquizar y enmarcar hechos, actuando como intermediarios entre el acontecimiento y la audiencia. Estas plataformas crean y definen temas relevantes e influyen en la interpretación del mundo, a menudo priorizando enfoques emocionales, sensacionalistas o sesgados por sobre la objetividad. Este aspecto clave en la construcción de la noticia funciona como un proceso dinámico y continuo que, en la era digital, es amplificado por las redes sociales, transformando la percepción de los hechos y la participación: aparecen foros y encuestas.

Hace un tiempo ya que venimos mordiéndonos las uñas con la avalancha de noticias, llamemos “blanqueadas”, que generan cierta irrupción en la gente como masa consumidora: mire, lea y, lo mejor de todo, asómbrese, aterrorícese y entre por el tubo de lo que le venden como “realidad”.

Ese frenesí es de trayectoria corta, por eso el periodismo hace de la noticia un mapa: recorta, amplifica, ensaya hipótesis, convoca a expertos en el tema; algún osado menciona, medio en clave, nombres importantes; muestran imágenes borrosas, surgen nuevos documentos; el periodista, en la primera línea de defensa, se mete en el barro, con calor y lluvia intensa.

Ya es medio al pedo decir que la mayoría de los medios de comunicación son de los grandes capitales, empresarios sin escrúpulos, con amigos y favores hacia el poder y bla, bla… En fin. La cuestión es que, luego de masticar por algunos días, la noticia sale del radar para dar paso a otra bomba o, si la cosa estaba complicada, generar algo que se ponga de moda para tapar lo anterior.

¡Sí! Nos atan a la silla como en La naranja mecánica, gotas en los ojos y enchufan imágenes; estamos manipulados y nos encanta. Una parte nuestra quiere ser el depredador, el que arrasa cuerpos. Si no es así, ¿cómo se explica que tanto hijo de puta ande suelto, sostenido por sistemas verticales entre el poder y el dinero? ¿Cómo soportamos tanta injusticia y tanta violencia? Nos domestican como a las gallinas, nos meten placebos y, lo peor, es que nos gusta. El monstruo vive y es alimentado por nosotros.

Mundo oscuro

Hace poco tiempo se volvió a mencionar el nombre de Jeffrey Epstein. La cosa es que salieron a la luz una andanada de fotos, documentos y videos de gente vinculada y partícipe de fiestas sexuales y demás con Epstein, proporcionados por los paladines de la justicia que presionaron al FBI para que largue prenda. Acá es donde tendríamos que pararnos, separar por un instante todo el paquete que se nos presenta arriba de la mesa y preguntar: ¿cómo llegamos a esto? ¿Quién creó esta red perversa de criaturas? Desde empresarios hasta religiosos, académicos, políticos, deportistas, príncipes: todo un combo de figuras con peso e influencia. ¿Tendremos algo que ver nosotros con estas aberrantes creaciones?

Vamos a mal definir monstruos:

Dicen que proviene del latín monstrum… comenzó con el “desarrollo”, palabra medio de mierda esta. Bueno, con el desarrollo de las culturas, fueron descritos como seres fantásticos, deformes, cargados de mitología, maldad y, en fin, todo lo extraño que los separara de las especies conocidas. Dando un salto —bastante brusco— en el tiempo, el cine y la cultura pop, esa de hacer cosas para divertirnos, popularizó una serie de estos individuos sacados de la literatura… Hasta acá el asunto remite a algo más allá de la comprensión, que escapa a las reglas de convivencia, y entre horror y fascinación se movía la cosa.

El tema es cuando la línea de esa fantasía, ensoñación y demás variantes empieza a golpear lo que podríamos llamar “realidad”, que por ahí necesita cierta definición, pero la dejamos de deberes, y vamos a delimitar lo que todos normalizamos y pactamos para convivir, digamos, de una forma un poco más tranquila de andar en el mundo.

Y hablando un poco más sobre cine, en un momento determinado, y cómo este impulsa la industria a ocupar otro nicho en la producción de personajes, los guionistas comenzaron a darle a los humanos una importancia crucial, directamente vinculada con la crueldad. No por su forma exterior, física si viene al caso; más bien se pone en juego la psique del individuo. Él pasa a ser el protagonista y queda catalogado directamente como monstruo.

…esta vez, esta buena gente del campo produjo un error de la naturaleza, una aberración, un monstruo. ¿Eso soy para ti, un monstruo?”

Diálogo de los personajes principales en la película Best Seller (1987).

El monstruo ya no necesita maquillaje, es más cercano. Ahí es donde, capaz, habría que frenar un poco, no quedarse solo con los nombres y titulares sobre islas y anomalías, sino mirar la estructura.

Por ahí no es una anomalía, es el resultado. El monstruo no aparece de golpe, se fabrica. Sale de dinámicas que no solo dejamos pasar, sino que muchas veces premiamos. Lugares donde el poder compra silencio, donde la plata ordena todo, donde la visibilidad decide qué escándalo dura… y qué se olvida.

…¡Están golpeando la puerta!

Misiles por la TV

…un misil en mi placard, en mi placard

un modelo para armar, pero nunca para desarmar…”

Soda Stereo — Gustavo Adrián Cerati

Ha comenzado otra guerra de esas que ya nos tienen acostumbrados, sobre todo los yanquis, que duermen con un misil en el culo por las dudas y están listos para inmolarse como buenos patriotas. En esta guerra se suma Israel, con su cerebro de mosquito; nada bueno puede salir de esta alianza. La cosa es contra Irán, un país que tiene sus líos internos, sobre todo la represión constante, brutal y violenta hacia las mujeres. ¡Ojo! No es por este motivo que los atacantes quieren liberar al país; los temas son otros, tienen que ver con la geopolítica, presente y futura.

En el medio, la humanidad, esa entidad medio extraña, con un ojo en las bombas y otro en el mundial de fútbol que se viene. Cada día nos invade un nuevo capítulo del conflicto: amenazas, algún asesinato selectivo de los servicios secretos, y no tanto de Israel; daños colaterales que se hacen presentes pero no parecen frenar demasiado la maquinaria, llamados a la paz por conveniencia y reparto de territorios.

Las empresas armamentistas hacen caja; venían de años medio de capa caída, no salían de vender algunos rifles de asalto a grupos rebeldes del mundo, pero de golpe comenzaron a comer con aceite de oliva: Ucrania, Rusia, Pakistán e India tirándose cosas en la frontera; los conflictos africanos, esos que a nadie le importan una mierda; Siria; la supuesta guerra que nos quieren vender entre Israel y Palestina, que en el fondo es exterminio, genocidio y todo lo horrible que implica.

La Unión Europea se hace la distraída, pero también deja caer lágrimas por algunos asesinados que no estaban en los planes. No hay multinacional que no se frote las manos para luego reconstruir lo que se destruye. En este panorama nos atrapan sin dejarnos escapar, mostrando fragmentos, escenas de escombros, luces que surcan cielos y rezongos si nos portamos mal y salimos a plantar cara. El NO a la guerra se hace urgente, igual que el NO al sistema que la sostiene; porque, en definitiva, ese es el fondo de la cuestión: pocos mandan, muchos obedecen.

…¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?

¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que ese es nuestro destino?…

— Eduardo Galeano sobre la guerra

Rosalino Rodríguez

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[Poema y audio] MINAB… un crimen horrendo

Por: pegasus

Audio creado con inteligencia artificial a partir del poema MINAB… un crimen horrendo del autor Miguel Rojo.

Abusos… tiranía
sinrazón… locura
crueldad extrema
la que hay… la habida..
y la que todavía vendrá…

Realidad torpe y funesta
que asusta… y estremece…
¡Tragedias! …¡Tragedias!
que convulsionan el alma
de la gente decente…

… veintiocho de Febrero…
ataque aéreo en MINAB …
ciudad en dónde nadie pensó
que ese día iba a ser distinto…
¡Terriblemente distinto!

Veintiocho de Febrero
¡Que crimen tan horrendo!

Una mortífera carga
hizo blanco en una escuela
Víctimas en gran número…
matando a muchas y muchos …
…Y a muchas niñas…
muy por encima de la centena

Veintiocho de Febrero
¡Que crimen tan horrendo!

MINAB será recordada
como una atrocidad…
Muerte a los Inocentes…
Niñas Asesinadas Brutalmente…

un veintiocho de Febrero…

Veintiocho de Febrero
¡Que crimen tan horrendo!

Paga la infancia alto precio
por la guerra… Nada nuevo…
Veintiocho de Febrero…
ya marcado en la historia
como una imborrable huella…
Una enorme infamia

Veintiocho de Febrero
¡Que crimen tan horrendo!

Ante esta violencia macabra
cree el poeta por un momento
que ha de dejar la pluma
para soltarse con pincel y lienzo…
y dar forma a un furioso alegato

… un grito para vergüenza
y denuncia de los malditos
que pueblan la Tierra

La memoria trae al poeta
aquel veintiséis de abril
de hace casi cien años
que un genio creativo
evocó como símbolo
de la barbarie de la guerra

… pero el poeta se sabe
dibujante de trazo torpe…
con más ganas que talento…

… y en un trance explosivo
sin saber si era o no sueño
dejó el lecho, cerró su puerta
y en la noche salió al camino…
levantó sus manos y fijó la mirada
en el firmamento estrellado …

… como quien busca un milagro
implorante exclamó… ¡Pablo!
¡Pablo!… ¡a mi Pablo!
en la pretensión de un diálogo…

… por qué no también ahora
pintar un toro… un caballo
una madre abrazando
con dolor extremo
a la hija muerta…
una paloma…

… en su entusiasmo y delirio
puso fe en ser escuchado…
… Imaginó una gran tela
colgada en el cielo
para indignación del mundo…
de todo el planeta

Veintiocho de Febrero
¡Que crimen tan horrendo!

Minab, un crimen horrendo
Miguel ROJO. 02/Abril/2026

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Reseña de Contra el Estado, de Agustín Guillamón

Por: pegasus

Una crítica radical de la democracia y el capitalismo

Introducción

Contra el Estado. Tesis sobre guerra, revolución y proletariado, de Agustín Guillamón, plantea una tesis central: Estado, democracia y capitalismo no constituyen esferas separadas ni reformables, sino un mismo sistema histórico de dominación de clase. Desde esta perspectiva, el libro formula una impugnación frontal del orden político contemporáneo y se sitúa como una de las aportaciones más contundentes del pensamiento crítico radical.

Lejos de inscribirse en el debate académico o institucional, la obra adopta una posición abiertamente revolucionaria. El Estado no aparece como un instrumento neutral susceptible de transformación, sino como el eje organizador de la explotación; la democracia, como su forma más eficaz de legitimación; y el proletariado como el sujeto histórico capaz de destruir ese orden.

En este marco, el texto de Guillamón no se limita a interpretar la realidad, sino que se inscribe en una tradición teórica que vincula crítica y praxis, orientando el análisis hacia la transformación revolucionaria de la sociedad.

Una crítica total del orden político: Estado, democracia y capital

Uno de los rasgos distintivos del libro es el carácter total de su crítica. Guillamón no analiza instituciones aisladas ni procesos parciales: su tesis es que Estado, democracia representativa, derechos humanos y capitalismo forman un mismo entramado histórico de dominación, inseparable en sus fundamentos.

El autor afirma que “libertad y democracia son opuestas y contradictorias” y que la democracia burguesa “se fundamenta en la existencia de individuos aislados, insolidarios y separados entre sí”.

Esta lectura se inscribe en la tradición libertaria y consejista, llevada aquí hasta sus últimas consecuencias: la democracia liberal no expresa la soberanía popular, sino la capacidad de la clase dominante para presentar sus intereses como universales.

El libro desarrolla con fuerza la tesis de que la representación política es incompatible con la libertad, porque reproduce la división entre dirigentes y dirigidos.

Derechos humanos: crítica ideológica y perspectiva histórica

El análisis de los derechos humanos se sitúa en la misma lógica. Guillamón los interpreta como productos históricos de las revoluciones burguesas, ligados a la consolidación del individuo propietario y a la legitimación del orden capitalista.

Desde este enfoque, los derechos no son herramientas neutrales, sino formas ideológicas que despolitizan el conflicto social y lo reducen a la esfera individual. La libertad se redefine así como separación, como derecho al aislamiento.

El planteamiento del autor destaca por su coherencia y profundidad, al situar estos instrumentos en la organización del sistema que los produce, revelando su función en la reproducción del orden existente.

El Estado: forma histórica, fetiche y organización de clase

El núcleo teórico más sólido de la obra se encuentra en su análisis del Estado. Guillamón distingue con precisión entre formas estatales premodernas y el Estado moderno, vinculado al surgimiento del capitalismo hace aproximadamente cinco siglos.

El Estado aparece así como una estructura histórica específica cuya función fundamental es garantizar la reproducción de las relaciones sociales capitalistas. Esta idea se desarrolla mediante una distinción clave:

• el Estado como fetiche, que se presenta como árbitro neutral;

• el Estado como organización de clase, que concentra y monopoliza la violencia.

Este doble carácter permite explicar tanto su legitimidad como su función real, ofreciendo un marco interpretativo de gran claridad y potencia analítica.

El proletariado: proceso, conflicto y actualidad

Frente a las lecturas que anuncian la desaparición de la clase obrera, Guillamón propone una definición dinámica del proletariado. No se trata de una categoría fija ni de una identidad social, sino de un proceso que se constituye en la lucha.

Esta concepción permite actualizar la teoría revolucionaria de clase en el contexto contemporáneo, marcado por:

• la precarización generalizada,

• la globalización del trabajo asalariado,

• la proletarización de amplios sectores de las clases medias.

El proletariado no desaparece: se transforma y se expande. En este sentido, el libro ofrece un diagnóstico especialmente lúcido del capitalismo posterior a la crisis de 2008, caracterizado por la intensificación de las desigualdades, la omnipresencia del poder financiero, una economía de guerra y la creciente inestabilidad social.

Revolución y praxis: la centralidad de la acción histórica

Guillamón constata que el capitalismo es, hoy, un sistema obsoleto y criminal, sin más salida que la revolución o la barbarie.

Uno de los aspectos más relevantes del libro es su rechazo a la elaboración teórica de modelos alternativos de sociedad. No propone un programa detallado ni un diseño institucional del futuro. Esta ausencia responde a una posición política consciente. Las formas de organización revolucionaria no pueden ser anticipadas desde la teoría, sino que deben surgir de la práctica histórica del propio proletariado.

En coherencia con la tradición consejista y libertaria, la alternativa al Estado se concibe como un proceso de autoorganización que emerge en la lucha de clases. Los consejos obreros, las asambleas y otras formas de organización directa se presentan como expresiones históricas concretas de esa dinámica.

Esta configuración afirma con claridad la primacía de la praxis revolucionaria como terreno donde se define la emancipación.

Estilo y pensamiento

El estilo de Guillamón es directo, combativo y sin concesiones. Su escritura rehúye el lenguaje académico y adopta un tono militante que refuerza la claridad de sus tesis.

Esta elección estilística es plenamente coherente con su rechazo a la neutralidad teórica: el libro no busca el diálogo con ninguna rama del pensamiento burgués, sino afirmar una posición de clase claramente definida.

También plantea la necesidad de analizar las derrotas históricas del movimiento obrero, desde la revolución española de 1936 hasta las revoluciones rusa (1917) y alemana (1918-1919), en diálogo crítico con autores internacionalistas, consejistas y libertarios como Rosa Luxemburg, Herman Gorter, Anton Pannekoek, Amadeo Bordiga, “Bilan”, Marc Chiric, Onorato Damen, Josep Rebull, Munis, “Alerta”, “El Amigo del Pueblo”, “Révision”, Jaime Balius, Ridel y Prudhommeaux, entre otros.

Guillamón ofrece un marco interpretativo que invita a repensar profundamente la relación entre democracia, Estado, capital y emancipación del proletariado, en continuidad con la reflexión libertaria del Grupo franco-español de los Amigos de Durruti, expuesta en el capítulo 9 del libro.

En este contexto, resulta pertinente añadir una breve referencia a la trayectoria del autor. Guillamón es un historiador y ensayista vinculado desde hace décadas al estudio del movimiento obrero, especialmente la Revolución española de 1936 y las corrientes libertarias. Su obra se caracteriza por una lectura crítica de las derrotas históricas del proletariado y por su interés en las formas de autoorganización y democracia directa, lo que sitúa este libro en continuidad con sus investigaciones previas.

Las Once tesis clasistas: la derrota de la revolución por el Estado

El combate de los trabajadores por conocer su propia historia no es puramente teórico, ni abstracto o banal, porque forma parte de la propia conciencia de clase, y se define como teorización de las experiencias históricas del proletariado internacional, y en España debe comprender, asimilar y apropiarse, inexcusablemente, las experiencias del movimiento anarcosindicalista en los años treinta. Por eso, las once tesis teorizan las experiencias del proletariado en la revolución de 1936 y 1937.

En julio de 1936, tras derrotar al ejército en las principales ciudades, la clase trabajadora no defendió el Estado republicano: lo dejó sin funciones reales. En su lugar, en Cataluña, surgieron comités de barrio, de fábrica, de defensa y de abastos; milicias obreras; colectivizaciones industriales y agrarias. Por primera vez, amplios sectores de la vida social fueron organizados directamente por los trabajadores, sin mediación estatal ni dirección burguesa. Fue una de las experiencias de autoorganización proletaria más profunda y extensa de la historia del movimiento obrero.

Eso fue la revolución social: la expropiación de la burguesía, la supresión práctica de su poder, y la gestión directa de la producción y la vida social por el proletariado.

Sin embargo, esa revolución no se constituyó como poder político. El Estado no fue destruido, sino desbordado, fragmentado y temporalmente incapacitado. Sus estructuras fundamentales permanecieron intactas, y con ellas su fundamento: garantizar la reproducción del orden capitalista.

La cuestión decisiva fue la incapacidad de esa revolución para afirmarse como poder obrero alternativo al del Estado. Los comités revolucionarios, aunque asumieron funciones reales, no se coordinaron ni se unificaron en un organismo capaz de destruir al Estado. Existió una multiplicidad de poderes locales, pero no un poder proletario coordinado y consciente de sí mismo, con voluntad manifiesta de destruir al Estado.

Ese vacío no podía mantenerse indefinidamente. En ausencia de un poder obrero, el Estado se recompuso. Y lo hizo a través de un proceso material y político en el que la ideología antifascista jugó un papel fundamental.

El antifascismo fue la ideología que permitió la reconstrucción del Estado. Al plantear la prioridad absoluta de la guerra, subordinó la revolución a las necesidades militares y reintrodujo la lógica estatal: centralización, disciplina, jerarquía, represión de los revolucionarios, control del orden público y de la economía.

En este proceso, las organizaciones obreras, incluidos los comités superiores de la CNT, se integraron en las estructuras del Estado. No se trata de una cuestión moral, ni de “traiciones”, ni de decisiones individuales, sino de una transformación objetiva: asumir funciones de gobierno implica actuar como Estado.

La revolución social quedó así progresivamente subordinada, encauzada y finalmente desmantelada. Las colectivizaciones fueron reguladas, controladas y orientadas hacia una economía de guerra, dirigida por la Generalidad. Las milicias fueron militarizadas. Los órganos de autoorganización fueron disueltos o integrados.

Las jornadas de mayo de 1937 expresaron el momento en que esta contradicción se hizo abierta y violenta. En ellas se enfrentaron, de forma irreconciliable, la tendencia a la autonomía proletaria y la consolidación del poder estatal. Su desenlace no creó la contrarrevolución: la consumó.

La revolución de 1936 mostró la capacidad del proletariado para autoorganizarse y transformar radicalmente la sociedad desde abajo. Pero también mostró que esa transformación no puede sostenerse sin la destrucción del Estado y sin la constitución de un poder obrero capaz de coordinar, centralizar y defender esas conquistas.

No hay, por tanto, términos intermedios. O el proletariado destruye el Estado y afirma su propio poder, o el Estado se recompone y destruye la revolución. Esa es la lección fundamental de 1936–1937.

Conclusión

Contra el Estado reafirma con contundencia la tesis que recorre toda la obra: Estado, democracia y capitalismo constituyen un mismo sistema de dominación de clase, inseparable e irreformable, cuya superación solo puede plantearse en el terreno de la praxis revolucionaria del proletariado.

Desde esta perspectiva, el libro no ofrece soluciones dentro del orden existente, sino que cuestiona sus propios fundamentos. Más que proponer alternativas cerradas, desplaza el problema hacia la necesidad de una transformación histórica radical, situada en la acción colectiva y en las formas de autoorganización que emergen en la lucha.

En este sentido, Contra el Estado no es solo una obra teórica, sino una intervención política en el presente. No es un libro para confirmar certezas, sino para destruirlas: quien salga indemne de su lectura, probablemente no lo ha entendido.

Balance. Cuadernos de historia, marzo de 2026

GUILLAMÓN, Agustín: Contra el Estado. Tesis sobre guerra, revolución y proletariado. Calúmnia Edicions, Benissalem, 2026, 190 páginas.

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[Argentina] FOB Autónoma: Si no cambiamos todo, no cambiamos nada

Por: Kiko Pavonic

SI NO CAMBIAMOS TODO 

NO CAMBIAMOS NADA 

Vivimos tiempos difíciles, lo sabemos. Por arriba, los sectores dominantes, dibujando una realidad que sólo ellos se creen, mientras que con el discurso de lo «moral» se están robando todo. Por abajo, nuestras vidas se precarizan cada vez más y la supuesta «oposición’ brilla por su ausencia o sólo apela a transiciones por derecha con más «racionalidad». Por todo esto, necesitamos retomar un horizonte superador, que sin prisa pero sin pausa, se plantee abordar las luchas por venir, desde una lógica que no actúe «administrativamente» sobre lo dado, sino que se impulse sobre lo que nunca ha sido…

FOB AUTÓNOMA 

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(Ex)Presión Nº 151

Por: pegasus
Lucha

Cumpleaños

Con el presente número hemos superado la barrera de los 150. Una cifra nada desdeñable si tenemos en cuenta que, por estos parajes, los boletines no se prodigan demasiado. Por ello, preferimos asentar nuestras herramientas de comunicación.

Así, hoy cumplimos 6 años y 4 meses, con la esperanza de que saldrán unos cuantos números más.

Seguiremos informando sobre las luchas importantes, siempre al servicio de los grupos autónomos y personas que dan el callo. Al contrario que la mayoría de los medios, no ocultamos lo que está pasando en las calles.

Gracias a A PLANETA y al Portal Libertario OACA por su inestimable ayuda y por subir periódicamente los boletines en sus portales. Y gracias también a la gente que ayuda a difundirlos, y al colectivo Riseup por dejarnos utilizar su infraestructura.

De ahora en adelante, puedes contactar en esta dirección: en-lucha@riseup.net

Próximamente edtaremos algu-nas referencias encuadernadas para celebrar los 150 números del boletín. Estate atentA o escribe. Por la contrainformación y una vida no controlada.

Libertad de Expresión.

(EX) PRESIÓN

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[Poema y audio] Poeta no te calles. Y no nos abandones

Por: pegasus

Audio creado con inteligencia artificial a partir del poema Poeta no te calles. Y no nos abandones del autor Miguel Rojo.

¡Canta Poeta!

Calmas la angustia
los desasosiegos del alma
en las largas ausencias

¡No te calles nunca Poeta!
Eres consuelo y bálsamo
de los que viven vegetando
en la continua adversidad
en la penuria que humilla
y el llanto ahoga

¡No nos abandones Poeta!

Eres faro y brújula
de los extraviados
en caminos y senderos
perdidos en los desiertos
de horizontes quebrados
y cielos rotos

¡Canta Poeta!

Alivias el hastío y las tristezas
de los que están al borde del abismo
que les niegan un lugar, un sitio
obligados a huir sin saber adonde

¡No te calles nunca Poeta!

Combatiente de las injusticias
impuestas por los amos del mundo
carceleros de esa gran prisión
que se llama miseria
donde no miran a los otros…
no los miran como humanos

¡No nos abandones Poeta!

Tu palabra solidaria
sincera y atrevida
rescata la dignidad
y mueve las conciencias
de los resignados
sin más alimento
que el pan amargo

¡Canta Poeta!

Tu verbo desafiante
puño en alto
mano tendida
despeja el miedo

¡Canta Poeta!

A los corazones llevas
luz en la oscuridad
confianza y valentía

¡Canta Poeta!

Rompe la inocencia
la moral castradora
aviva desobediencia
atiza… la audacia

¡Canta Poeta!

Resistencia a los tiranos
sus cómplices… esbirros
marionetas… fantasmas

¡No te calles nunca Poeta!

Voz de los-sin-voz
los desamparados
ignorados en su grito
oprimidos en soledad
en los silencios

¡No nos abandones Poeta!

Porque el Poeta
trae el sentimiento
la emoción de un Pueblo
agranda su latido
alienta sus sueños…
le devuelve el entusiasmo
cuando se creía cautivo

Canta, canta… ¡Canta Poeta!

¡No te calles nunca Poeta!

Canta, canta… ¡Canta Poeta!

¡Porque un Poeta pone en pie a un Pueblo!

Resultado de imagen de locura portaloaca

Miguel ROJO / 06/Noviembre/2024

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[Vídeo] Bienes comunales, su desarticulación y el caso de Galicia (Lara Barros Alfaro)

Por: Kiko Pavonic

Fragmento de la intervención de Lara Barros Alfaro, historiadora especializada en sociedades rurales, en el webinario «Soy nueva en el pueblo, el comu… ¿qué?» organizado desde Somos Comuneras (9 de mayo de 2024).

Lara Barros es autora de artículos como «Repoboación forestal na Serra da Groba e conflitividade campesiña», «»Como son obligados de inmemorial tiempo a esta parte”: Una historia de larga duración de los comunales en las aldeas de Casaio y Lardeira (siglos X-XVIII)»… También ha escrito el prólogo de «Mancomunidade. Uma terra livre sem Estado», libro de Joám Evans Pim.

«Lo que sabemos que en la Alta Edad Media, más o menos, ya estaban presentes, ya se pueden registrar… Y durante la Edad Moderna –siglo XVI, XVII y XVIII– tienen una presencia superimportante en la documentación y en la vida de las comunidades. Están reconocidos, son defendidos con todos los recursos habidos y por haber… En el archivo del Reino de Galicia hay cientos y cientos y cientos de pleitos alrededor de los montes vecinales… Las comunidades, muchas veces iletradas, con pocos recursos, no dudaban en irse a un tribunal de justicia como el del Reino de Galicia a defender su monte. Está ahí. Lo defendían contra los señores, los nobles de turno, contra los monasterios… Esos poderes que intentaban ir sacándole esa capacidad de gobernanza que tenían… Entre eso, conflictos entre las propias comunidades por garantizar su acceso… Contra personas individuales que hacían un mal uso o intentaban hacer una apropiación de ese bien comunal… Es impresionante ver la cantidad de documentación que se genera en torno a estos bienes

«Y, bueno, llega el siglo XIX, vamos a avanzar un siglo… Llega el siglo XIX y entramos en otro momento, en otro ciclo, por así decirlo, que es el momento de construcción del Estado liberal y del modelo de producción capitalista, que lo que asienta un poco las bases del mundo en el que vivimos hoy, del Estado que conocemos a día de hoy. Y ¿qué pasa? Que, con la construcción del Estado liberal y la construcción de su corpus legal e institucional, se recrea un nuevo concepto de la propiedad, de corte más capitalista, es «la gran obra de la propiedad», que dicen grandes historiadores, en la que, o bien la propiedad es privada y es individual, es lo que se considera la propiedad perfecta, es la que va a generar progreso, es la que va a generar que haya enriquecimiento económico y, por lo tanto, progreso, y la propiedad pública, que es del Estado, es de la Administración. Entonces, el concepto de propiedad comunal no tiene lugar. Hay un vacío legal, hay una invisibilización, queda totalmente fuera de la legislación y del proceso de construcción del Estado. Entonces, esto desencadena un proceso de desarticulación de los bienes comunales que tiene muchos caminos, tampoco nos vamos a meter en todos, pero así, como para dar pinceladas…: Los procesos de desamortización afectan muchísimo a la propiedad comunal. Está el proceso de desamortización eclesiástica, en el que, en muchas ocasiones, los monasterios cobraban rentas, algún tipo de renta, por el uso de un comunal. Entonces, a la hora de desamortizar, es decir, de poner en venta esos bienes, se privatizaban y se vendían bienes comunales, o cambiaban de manos… la posibilidad de adquirir esas rentas… Y, sobre todo, la desamortización civil de 1855 es la que más afecta a la propiedad comunal, porque se crea una asimilación entre los bienes comunales y los bienes de propios. Los bienes de propios eran bienes que pertenecían a los ayuntamientos, a los municipios, por los que cobraban rentas y que están en un limbo: Eran un tipo de propiedad comunal por el que se cobraban rentas, pero que sí que los municipios durante la Edad Moderna se habían ido apropiando de ellos. Entonces, para la desamortización, para la ley desamortizadora civil, son lo mismo y, por lo tanto, son de los municipios, son de titularidad municipal, son públicos y se pueden poner a la venta. Hay que desamortizarlos, hay que ponerlos en el mercado para que produzcan y sacarlos de las «manos muertas», que se llaman.»

Lara Barros Alfaro
Fuente: https://reconstruirelcomunal.suportmutu.org/bens-comunals-lara-barros

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[Poema y audio] Veintiocho de Febrero… Día de la Furia Guerrera

Por: pegasus

Audio creado con inteligencia artificial a partir del poema Veintiocho de Febrero… Día de la Furia Guerrera del autor Miguel Rojo.

Un veintiocho de Febrero…
comienzo de la furia guerrera…

por sorpresa… de madrugada
gente golpeada en su tierra

Un veintiocho Febrero
un terrible recuerdo

Una despiadada ofensiva
una población desprevenida
desprotegida, sin culpa…
terror sin límites, brutalidad
devastación y muerte

Un veintiocho Febrero
un terrible recuerdo

Testigos horrorizados..
convertidos en su sombra
enterrados en el silencio…
paralizados por el miedo

Un veintiocho Febrero
un terrible recuerdo

Veintiocho de Febrero…
también día de la vergüenza….
vergüenza que quedará señalada
en los almanaques y calendarios
para empañar el orgullo
de una nación y su pueblo

Un veintiocho Febrero
un terrible recuerdo

Tanta desgracia y atrocidad
sobrecoge y angustia
a ciudadanos del mundo entero
que antes que buscar respuestas
se hacen preguntas

… Cómo es posible
ante esta tristeza y locura
que nadie se apiade
que no se imponga la cordura ..
…descuido e indiferencia
que abona los rencores
y acrecienta el odio

Un veintiocho Febrero
un terrible recuerdo

Urge una autoridad moral
que despeje el camino
para la paz… para el diálogo
los lazos y hermanamiento
entre los seres humanos

Un veintiocho Febrero
un terrible recuerdo

28 de Febrero. Día de la Furia Guerrera
Miguel ROJO. 14/Marzo/2026.

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Apuntes sobre la mundialización de la guerra y las resistencias de los pueblos

Por: Kiko Pavonic

 Introducción: Mirar hacia el abismo, reconocer la vida.

Comprender el presente se hace cada vez más difícil, la teoría está siempre por detrás de la coyuntura. Pero esa separación se hace gigantesca en la medida en que el caos informativo generado por las redes sociales y los medios tradicionales nublan nuestra mente y normalizan la violencia. Cómo dice Roberto Bolaño: “la rutina matiza todo horror”[1].

Así, los acontecimientos que han marcado este inicio de año no sólo revelan cuán catastrófico es el presente que nos toca vivir, sino también dan cuenta de la incapacidad generalizada por comprender la catástrofe como algo más que sólo un ruido de fondo que no llega del todo a interrumpir el común curso de nuestras vidas. Cómo suele decirse: “mañana igual tendremos que levantarnos a trabajar”.

Mientras que el imperialismo estadounidense muestra su versión más desatada en Venezuela, Groenlandia y ahora recientemente Cuba e Irán; a nivel nacional la ultraderecha electa, se preparó con bombo y platillo para asumir el poder, con un gabinete conformado entre “exorcistas”, estafadores y dos ex-concertación, estos fenómenos, en su acepción denostativa ilustran crudamente un proceso global del cual Chile se termina de poner al día: el avance del neoconservadurismo y el triunfo de la sinrazón. Al mismo tiempo que la derecha chilena vive su mejor momento en décadas, el progresismo experimenta su derrumbe ideológico y la deslegitimación de su proyecto político. La absolución de Claudio Crespo gracias a la Ley Naín-Retamal, se suma al sucidio de David Gómez Valenzuela y de Jorge Salvo, como constataciones del rol del gobierno de Gabriel Boric en consolidar la política de la impunidad, que no sólo protege a quiénes cegaron y mutilaron a compañerxs durante el 2019 y 2020, sino que será aplicada en contra de todos los futuros intentos de levantarse contra el próximo gobierno. Los nuevos administradores del modelo celebraron por lo alto, mientras que el sur de Chile se volvió a incendiar bajo crecientes sospechas de intervención y del beneficio de proyectos mineros.

Nuestras intenciones con este texto se pueden resumir en intentar encontrar sentido en medio de todo este caos disociativo de la realidad, pensar el periodo actual como parte de un proceso global. Un esfuerzo por revelar los engranajes y piezas que se esconden detrás del humo y de la ceniza. “El abismo se ha abierto, y no servirá de nada intentar ignorarlo. Hay que mirar al abismo, medir su extensión y profundidad. Hay que cartografiarlo, mientras caemos en él de manera inexorable[2]. Y en ese ejercicio, reconocer la vida; mirar esos otros engranajes que entre las cenizas se levantan, resisten, crean otras, nuevas y viejas formas de luchas para habitar la tierra. Resistencias que se enfrentan a este sistema de muerte y levantan alternativas como luciérnagas que iluminan entre tanta oscuridad.

1. Chile: Guerra por la vía “democrática”.

La guerra es una de las características definitorias de nuestra época, desde distintos sectores y análisis de los fenómenos bélicos que nos atraviesan, se sostiene que estamos en la tercera guerra mundial. La intensificación de este proceso global en el territorio chileno se puede ubicar en antagonismo a la revuelta popular de octubre de 2019. La estrategia del poder en ese entonces, bajo el gobierno de Sebastián Piñera, se ejecutó el 15 de noviembre del 2019, con el Pacto por la Paz, que agrupó a gran parte del Partido del Orden, desde la derecha hasta el progresismo. Un gran acto de unidad del poder, inaugurando un proceso de contrainsurgencia que abrió camino para el escenario actual, bajo dos cursos de acción complementarios, por un lado la conducción de la revuelta hacia los márgenes institucionales; y la consolidación del estado policial, brindando todas las herramientas necesarias a las fuerzas represivas para mantener el orden y proteger la propiedad privada.

Estas modalidades, no se limitaron a ser aplicadas durante los momentos de mayor radicalidad de la revuelta social, sino que se instalaron permanentemente dentro de las políticas de gestión gubernamental, mientras que el gobierno progresista que le siguió no hizo más que profundizarlas. No por nada, el gobierno de Gabriel Boric fue el que más leyes represivas generó durante su mandato, entregándole en bandeja al nuevo gobierno de Kast, las herramientas jurídicas para la gestión y represión de la población, reafirmando en todo momento su compromiso con la misión contrainsurgente. Ley Anti tomas (21.633), nueva Ley Antiterrorista (21.732), Ley Naín-Retamal (21.560), esta última, teniendo un papel fundamental en institucionalizar la impunidad para los efectivos policiales que se encarguen de acabar con aquellos que representen una amenaza para el orden.

Un gobierno progresista como el del Frente Amplio y el Partido Comunista, fue la condición necesaria para poder terminar de consolidar un Estado Policial sin resistencia en las calles, para que luego fuera la derecha quien continúe esa misión. Así como en 1990, Pinochet le entregaba la banda presidencial a Aylwin, institucionalizando así la dictadura para los siguientes años; este 11 de marzo de 2026, el progresismo le entregó la banda presidencial a los herederos de Pinochet, continuando así, la guerra por la vía democrática. En algunos lugares atacan con drones y misiles, en otros con intervenciones y secuestros, en Chile atacan con incendios forestales, devastación ambiental, infiltración en manifestaciones y organizaciones, prisión política, desapariciones forzadas, o lo que sea necesario con tal de asegurar la reproducción del capital y la acumulación de poder.

En la democracia chilena, en menos de 2 meses detuvieron a Nicolás Piña, absolvieron a Claudio Crespo, levantaron un montaje para inculpar a la familia de Julia Chuñil por su desaparición, desalojaron la toma de San Antonio; aprobaron en el senado la ley de conmutación de pena para violadores de DD HH, femicidas y abusadores; y no han parado de atacar a las comunidades del Wallmapu. El recrudecimiento del actuar del poder, no es más que la antesala de cómo será el nuevo periodo que enfrentaremos con Kast, quien ya ha sostenido reuniones con sus pares Bukele, Milei y Trump. El ciclo de luchas que se abre en el actual escenario de guerra, no da cabida a nostalgias que intenten repetir Octubre de 2019, sino que nos interpela a sacar las lecciones oportunas, de ese y otros procesos, para enfrentar con mayor organización y estrategia los desafíos que nos atraviesan, los que además se vislumbran más complejos, violentos y globales. Ahí la urgencia de desplegar una lucha internacionalista, con arraigo en los territorios y las experiencias comunitarias de organización de la vida.

2. Sobre la guerra global y sus formas.

La multiplicación de focos de conflicto en el mundo en los últimos años, pueden comprenderse dentro de una tendencia del capitalismo hacia la mundialización de la guerra en sus distintas formas. Sin embargo, esta tendencia es contradictoria. En la historia del capitalismo, la guerra responde a la necesidad de este por asegurar las condiciones mínimas para su reproducción por medio de la destrucción, el disciplinamiento y el exterminio. Permitiéndole al capitalismo superar sus límites inmediatos al provocar la desvalorización de la enorme masa del capital existente y posteriormente su regeneración. Por lo que podemos entender que el desarrollo del capitalismo está unido al perfeccionamiento y expansión de la guerra, pero en la medida que la potencia técnica de la guerra ha alcanzado la escala planetaria (a través de la energía nuclear), una guerra que movilice a las principales potencias del mundo no producirá la regeneración de las condiciones para la reproducción del capital, sino que paradójicamente podría producir la destrucción tanto del capital como de la vida. He ahí la contradicción que se oculta a la vista en el binomio capital-guerra. Cómo acertadamente comprende Robert Kurz, “la guerra simplemente se convierte en un catalizador de la crisis, acelerando la crisis gradual del capital, tanto a nivel regional como global”[3].

Al tratar de esquivar una situación de no retorno, la mundialización de la guerra en un primer momento toma una forma distinta a las de las guerras mundiales del siglo pasado. En tanto, se evita el enfrentamiento directo entre las principales potencias imperialistas, su disputa indirecta es representada a través de la multiplicación de distintos focos de conflictos simultáneos por los que se pone en juego las zonas de control de las respectivas potencias. Al mismo tiempo, que las innovaciones técnicas y estratégicas de las guerras mundiales son aplicadas de manera transversal como parte de las modalidades comunes de gestión, disciplinamiento y exterminio que despliegan los Estados dentro de sus propios territorios, indistintamente de la forma del Estado.

En este sentido podemos referirnos a la globalización de la guerra como una tendencia intrínseca del capitalismo, pero cuya expresión había estado parcialmente constreñida por las circunstancias históricas y la madurez del modo de producción capitalista. Por ello, este fenómeno se experimentó de una manera gradual, mientras se preparaban los prerrequisitos necesarios para que se expresara a gran escala. Nos referimos al proceso de dominación real de la tecnología y la destrucción de la infraestructura social del movimiento obrero, permitiendo la asimilación por este de los valores burgueses y su explotación sin resistencias. Esto no quiere decir la ausencia de la guerra hasta hoy, sino que la guerra se efectuaba de forma dispersa y fuera de foco, hasta el punto de poder ser negada formalmente. Mientras, la ideología liberal-progresista protegió y justificó la guerra, al menos hasta ahora que el capitalismo ya no necesita de ella y la guerra puede expresarse abiertamente por lo que es.

Así, cada acto de barbarie que enmarca el actual momento histórico encuentra su antecedente directo en los campos de exterminio judíos, el apartheid racial, los bombardeos a Hiroshima o las matanzas obreras. Pensar en los nazis al observar los corredores de muerte en Palestina o las detenciones a migrantes en Estados Unidos no es una asociación aleatoria, son los destellos de una conciencia acerca de cómo sobreviven las formas características de la guerra y el exterminio del  pasado en el presente.

2.1. La guerra contra el enemigo interno y la gestión fascista de la población sobrante.

Bajo esta lógica, la caza de migrantes por agentes de ICE (Control de inmigración y aduanas) es un dramático ejemplo sobre cómo la guerra se despliega dentro del propio Estado-nación y es justificada a partir de la producción de un “enemigo interno”[4]. Un agente patógeno que urge ser expulsado del cuerpo social. Este enemigo, ya sea en la forma de lxs migrantes,  “terroristas”, cuerpos disidentes e históricamente lxs judios, es representado como una amenaza omnipresente, siempre inminente, cuya mera existencia contradice la ficción de homogeneidad social y racial sobre la cual se funda el Estado-nación.

“La figura del migrante condensa hoy una tensión central del sistema: es a la vez cuerpo excedente, fuerza de trabajo potencial y sujeto que desborda los dispositivos estatales de contención. Esta figura encarna lo que puede denominarse un régimen de supervivencia sin garantías, donde la vida se sostiene no por el Estado, sino a pesar de él, bajo condiciones impuestas por la desposesión violenta, la movilidad forzada y el control biopolítico”[5].

Si en la actualidad la situación de las personas migrantes racializadas, en su mayoría mujeres, es tan particular, es porque tanto su expulsión del país migrado, como las condiciones que lo forzaron a emigrar a él, son dos respuestas complementarias a un mismo fenómeno: la incapacidad del capitalismo por asegurar la reproducción social. Para hacer frente a los crecientes flujos migratorios, la política antimigratoria y proteccionista adoptada por Estados Unidos se impone como estrategia modelo para la gestión de esta población. Sin embargo, mientras el ecocidio planetario continúa y las guerras se intensifican, aumentan los flujos migratorios desde las zonas periféricas hacia el Norte Global, y entre Sures, en donde los efectos ecológicos y económicos de la crisis todavía no se hayan expresado del todo. Asociado a esto, el Estado propicia la movilización de enormes sectores de la población civil dispuestos a actuar como soldados y colaboradores para la subordinación y exclusión selectiva de migrantes, refugiades y la población “sobrante” local. No es sólo miedo por las consecuencias de no colaborar lo que les mueve, es el anhelo de sentirse parte de aquellos que ejercen la violencia, aún cuando ellos mismos no pertenezcan racial ni socioeconómicamente a ellos.

Con el reciente asesinato a Renee Nicole Good y posteriormente a Alex Pretti (ambos ciudadanxs estadounidenses), la represión se ha extendido hacia cualquiera que se oponga al ICE. Los escuadrones de muerte característicos del fascismo, encuentran su forma en Estados Unidos por medio de los propios aparatos del Estado. Según datos oficiales, para hacer frente al Millón de deportaciones que se tiene como meta ICE contaría con 12.000 nuevos agentes en menos de un año de campaña de reclutamiento. Esta campaña estuvo caracterizada por el uso de canciones y eslóganes supremacistas como la frase “America for Americans” popularizada por el Ku Klux Klan durante el siglo pasado y referencias a literatura neonazi[6]. La campaña parece enfocarse específicamente hacia extremistas de derecha, militantes de MAGA y policías insatisfechos.

En retrospectiva, podemos encontrar una continuidad lógica al interior de la historia de exterminio y esclavitud estadounidense, que une los programas raciales hacia los indígenas americanos y el disciplinamiento de la población esclava con las políticas de deportaciones de migrantes en la actualidad. No es de extrañar que las acciones de ICE no sólo hagan recordar a las prácticas del fascismo histórico, sino que también reactiven la memoria sobre los procesos históricos de desposesión y dominación sobre los que se fundaron las bases de Estados Unidos. Así, el ICE parece una modernización de la máquina de guerra interna estadounidense, que bebe al mismo tiempo de la experiencia de los Slave Patrols, —milicias que durante más de un siglo estuvieron encargadas de retener a los esclavos en las plantaciones, evitar levantamientos y dar caza a los esclavos fugitivos—, como también de los clásicos escuadrones fascistas de Alemania e Italia. Por otro lado, que encuentre en el Estado y sus aparatos su forma de operar, y no en organizaciones extralegales —como las que surgieron durante el primer y segundo mandato de Trump— responde a la asimilación de las innovaciones históricas del nazi-fascismo cómo modalidades comunes o potenciales de todo Estado moderno.  

Por otro lado, no podemos responsabilizar únicamente al Trumpismo de generar una forma singular de conciencia reaccionaria, ni  que se experimente la corrosión de las relaciones comunitarias y la profundización de la enemistad entre ciertos grupos identitarios. La colaboración de civiles con los aparatos represivos, su apoyo público e ingreso masivo a sus filas, no se tratan de  simples fenómenos aislados, por el contrario, se trata de una mutación antropológica, de la que el caso estadounidense es sólo su estado más maduro. Está mutación se comprende como la predisposición de la sociedad hacia la guerra social, la producción de una comunidad nacional, dispuesta a matar y morir por el capital[7]. Invirtiendo la asociación inicial, el movimiento reaccionario global que encabeza Trump, puede existir en este momento a causa de décadas de un proceso de desmantelamiento de las estructuras sociales que permitían la solidaridad y la organización de los pueblos. Es el resultado final de la globalización del capitalismo y consigo, la imposición de la “competencia (es decir, la guerra social) en el principio universal de las relaciones humanas”[8].

2.2. La generalización de la guerra y su necesidad.

La característica más importante de la Guerra en el presente, es probablemente que ya no necesita terminar. La paz pierde su significado mientras que la guerra se expande como una realidad social sobre toda la tierra; la globalización de la guerra como reflejo a la de los mercados. Tanto Netanyahu en Israel como Zelensky en Ucrania necesitan de la movilización permanente de sus aparatos bélicos para ocultar las contradicciones sociales al interior de sus propios países. La existencia de un enemigo es tanto la excusa con la que aseguran más tiempo en el poder, como también la narrativa a través de la cual proyectan una sociedad idílica, racial y socialmente homogénea, unida gracias a este enemigo común. El fin de la guerra no es deseable. Cuando tiene lugar, lo hace sólo formalmente, para luego regresar bajo formas distintas, pero cumpliendo el mismo propósito.

Tanto para el EZLN como para el pueblo Kurdo, el presente es interpretado como el curso de una nueva Guerra Mundial. Para los primeros, estas guerras tienen como una de sus constantes la conquista de territorios y su reorganización geográfica[9]. Aspecto en el cual las guerras contemporáneas no son una excepción. La búsqueda estadounidense de anexionar nuevos territorios por medio de la fuerza y las amenazas es coherente con aquello. Tanto lo sucedido en Venezuela, como la disputa por territorios en África y el medio oriente corresponden a las expresiones más acabadas del actual reordenamiento geopolítico en el mundo. Para el movimiento de liberación en Kurdistán, la tercera guerra mundial en curso se está disputando el poder imperialista, “las potencias hegemónicas se alían o enfrentan según sus intereses, ya no hay un frente de batalla claro, los únicos dos frentes son las fuerzas que luchan por la hegemonía y por el otro lado el pueblo, los movimientos en resistencia[10]”.

En medio oriente somos testigos de cómo los imperios se pelean la hegemonía mundial; las protestas en Irán[11] han cobrado más de dos mil vidas; y los ataques a la Revolución de las Mujeres en Rojava ha desplegado a toda la resistencia Kurda en defensa del proyecto de vida que ha levantado el confederalismo democrático. En África, se crean nuevos Estados títeres como Somalilandia y los gobiernos panafricanistas como el de Burkina Faso resisten a intentos de golpes de Estado e intervención extranjera. En Estados Unidos se realiza una enorme limpieza étnica avalada por el Partido gobernante, junto a un importante sector de la población, a la vez que surgen cuadrillas de autodefensa en las calles, y millones de personas resisten a las bajas temperaturas y la represión fascista de Trump. En el resto del continente, la intervención estadounidense sobre Venezuela a comienzos de año, la posible anexión de Groenlandia y los recientes bombardeos coordinados junto a Israel hacia Irán que cobraron cientos de vidas de civiles constatan la disolución de las viejas concepciones de soberanía y el derecho internacional: la ley pertenece a quienes ostentan el poder.

2.3. Las nuevas tecnologías al servicio de la muerte.

¿Pero qué es lo que diferencia la guerra en el presente con las anteriores guerras mundiales? La respuesta fácil son las nuevas tecnologías (entre las que destaca la inteligencia artificial). Las guerras en este siglo han servido como ensayos para probar la eficacia de estas nuevas tecnologías en futuros conflictos a mayor escala. Hoy estamos en ese punto. La guerra ya no es un tema de seres humanos únicamente, sino de máquinas, algoritmos y redes digitales. Sistemas operativos autónomos identifican a los objetivos, trazan las coordenadas, ordenan el bombardeo y recopilan los datos para optimizar la operación militar. La tecnología está al servicio de la guerra y la humanidad podría perecer  por ella.

La tecnología ha logrado facilitar más que nunca la muerte a gran escala, transformándola en un acto impersonal y automatizado. Con la integración de las máquinas inteligentes se ha emancipado a la guerra de su limitaciones orgánicas y psicológicas, el asesinato se vuelve una tarea que no se ve interrumpida por la sensibilidad humana y el desgaste físico. En cambio, se reduce a una tarea repetitiva, maquínica de manera literal. Una prueba de ello, ocurrió en los días 17 y 18 de septiembre del 2024. La apodada Operación Grim Beeper se trató de la fabricación de miles de beepers y walkie-talkies intervenidos por la agencia de inteligencia israelí (Mossad) para ser detonados a distancia. Luego de que miembros de Hezbolá en el Líbano y Siria comenzarán a hacer uso de estos dispositivos como un intento de evitar la vigilancia de la inteligencia israelí, estos dispositivos se activaron simultáneamente en distintos puntos del Líbano y de Siria, resultando en el asesinato de al menos 40 personas (entre ellas 2 niños) y dejando heridas a cerca de 3000 personas. Esta operación requirió de al menos 5 meses de preparación, y su resultado demostró tanto la absurda superioridad técnica de la máquina de guerra genocida israelí, cómo también la capacidad que entrega la tecnología para ampliar el frente de esta guerra genocida a cualquier otro territorio.

En esta línea, el acuerdo del pasado sábado 28 de febrero entre el Departamento de Guerra de Estados Unidos y OpenAI, —una de las empresas de inteligencia artificial más grandes del mundo—, es un paso más en el proceso de automatización de la guerra a gran escala y la vigilancia masiva por medio de la implementación de modelos de inteligencia artificial. El acuerdo, anteriormente propuesto a Anthropic por quién fue rechazado, permite al gobierno estadounidense el “uso legal total” de la tecnología de OpenAI. Un límite legal que nada significa en un momento donde los Estados aparecen desprovistos de sus velos democráticos, para en cambio, ser afirmados únicamente como un enorme aparato represivo.

Pero la tecnología no se hace sola. El objetivo inmediato de la guerra es la conquista de recursos fósiles y tierras raras, ambas necesarias para que la guerra continúe siendo eterna y cada vez más optimizada. Esta lógica autodestructiva impulsa como una tendencia estructural la degradación ecológica global, el suicidio de la especie como consecuencia final del capital. Si bien, no podemos asegurar que los gobiernos deseen acabar con el mundo con una guerra abierta (aunque los hechos nos puedan llevar a afirmarlo), sí podemos asegurar que la preparación tanto ideológica como tecnológica para la guerra es un terreno cómodo para que distintos sectores empresariales[12] se enriquezcan (desde empresas de ciberseguridad y vigilancia como Palantir, a los dueños de proyectos extractivistas y el conjunto de la enorme industria armamentística).

3. Guerra contra la Tierra, las mujeres y los cuerpos disidentes.

Desde voces feministas, se sostiene que parte del carácter de la guerra en curso, en sintonía con lo que plantean las compañeras Zapatistas y Kurdas, es primero una guerra Colonial, por la ocupación de la tierra y territorios según intereses económicos y políticos. En Abya Yala, se han alzado diversas comunidades y organizaciones a enfrentarse a proyectos mineros, empresas, narcos y gobiernos; son cientos de personas, principalmente mujeres, que defienden los territorios, sus comunidades, sus bosques, sus aguas, sus ciclos. El poder, actuando con máxima crueldad, ha respondido sistemáticamente con asesinatos y desapariciones. Sólo el 2024 se registraron 146 casos. En nuestro territorio cargamos con los casos de Nicolasa Quintremán (2013), Macarena Valdés (2016), Emilia Bau (2021), y la reciente desaparición forzada de Julia Chuñil Catricura (2024), cuya familia hoy sufre un montaje judicial burdo, colonial y racista por parte del estado chileno.

La guerra global tiene un especial foco en la restitución del rol subordinado de  las mujeres, del binarismo y del régimen heteropatriarcal, invirtiendo cuantiosas sumas en estrategias dirigidas a correccionarnos, reeducarnos, e inmovilizarnos. La avanzada de las luchas por la liberación de las mujeres y disidencias —y/o luchas feministas—, ha generado en la última década importantes procesos de movilización que anticiparon revueltas tanto en Abya Yala, como en África y Medio Oriente, liderando proyectos emancipatorios importantes, como la Revolución de las Mujeres en Rojava – Kurdistán[13].

Son las mujeres quienes sostienen las comunidades, quienes reproducen la vida, quienes organizan los pueblos y quienes han ido delineando nuevas formas y paradigmas para librar las luchas del hoy. La opresión de las mujeres es una pieza fundamental del capitalismo, reproducen la mano de obra, cuidan y sostienen a las sociedades, y son la pieza principal del mercado más poderoso del mundo, el mercado sexual. Es por eso, que cualquier proyecto que se plantee la emancipación de las mujeres, se vuelve una amenaza profunda al patriarcado capitalista y colonial, he ahí el esmero, que durante todos estos años han desarrollado para restituir el orden y sus mandatos, teniendo a su haber las armas de manipulación global como las redes sociales y medios de comunicación; religiones y fundamentalismos; esoterismo y filosofías varias, mercado y academia.

Las mujeres y disidencias siempre hemos estado en guerra” es una consigna que se levanta desde las luchas feministas. La violencia sexual como una de sus aristas, es parte del repertorio bélico que las sociedades capitalistas, coloniales y patriarcales ofrecen a sus vidas. No obstante, en el actual período histórico, esta realidad se agudiza, se reinstala la cultura de la violación, y se hacen visibles los estado-nación como perpetradores -aunque siempre lo han sido-. Aún en ausencia de guerras entre países enemistados, la concepción deshumanizante del “enemigo interno” valida las violaciones, los femicidios, y los crímenes de odio contra la comunidad LGTBIQ+ como una práctica necesaria por parte de las fuerzas represivas, pues todo medio es razonable con tal de acabar con el enemigo. En Estados Unidos, son cientos los informes que incluyen relatos de “abortos espontáneos, negligencia infantil y abusos sexuales (hacia la población migrante) en centros de detención del ICE en docenas de estados”[14]. Mientras que en el contexto del genocidio en Gaza, la violencia sexual y reproductiva es aplicada por Israel como una “estrategia de guerra para controlar y destruir al pueblo palestino”[15]. “Las formas específicas de este tipo de violencia, como la desnudez pública forzada, el acoso sexual, incluidas las amenazas de violación, así como la agresión sexual, son «parte de los procedimientos operativos estándar de las fuerzas de seguridad israelíes frente a los palestinos«[16].

Esta revalidación ideológica del patriarcado es mucho más peligrosa que la tendencia al retroceso de algunos derechos civiles conquistados, aunque pareciera ser lo más visible de las acciones de los gobiernos conservadores. Lo que busca es realmente que las mujeres vuelvan al mundo privado por tanto dejen de organizarse, de pensar, de llevar a los pueblos a las condiciones necesarias para luchar. El riesgo de la restitución de las ideas conservadoras del patriarcado respecto a nuestras vidas y cuerpos, es mucho más que el riesgo de perder unos cuantos derechos fijados y controlados por la supremacía masculina. No obstante, es preciso reconocer cómo se comportan los gobiernos de ultraderecha, frente a su fijación en lo que han llamado “ideología de género”. Hasta ahora se ha observado la re-patologización de la transexualidad y de la disidencia sexo-genérica; en el caso peruano con el decreto supremo n.º 009-2024-SA[17] (publicado en 2024); la disolución del Ministerio de la mujer en Argentina (también en 2024); y más recientemente la desfinanciación de programas de salud sexual y reproductiva en todo el mundo como consecuencia de la congelación de fondos estadounidense destinados al desarrollo internacional (USAID), cuyas contribuciones constituían casi el 40% de la totalidad de la ayuda humanitaria mundial. Los cuerpos disidentes y proletarios precarizados quedan abandonados a su suerte, mientras que las organizaciones sociales que pueden prestar ayuda son perseguidas y desarticuladas. Con la reducción de las funciones sociales del Estado, este permanece únicamente como aparato de control y de represión. La austeridad no es mera reducción del gasto: es una arquitectura de violencia selectiva, donde la reproducción de la vida se vuelve objeto de gestión, control y castigo.

En la medida en que la sociedad en su conjunto es determinada por la Guerra, como un hecho global, se da lugar a un saqueo y colapso irracional de la tierra y sus ecosistemas; un re-disciplinamiento a las mujeres -subordinación a la matriz jerárquica de la familia y del patriarcado en su forma capitalista-; y rechazo y persecución a las diversidades sexogenéricas, en tanto su mera existencia supone una incoherencia con el orden cisheteronormativo y sus roles.         

4. Estrategia imperialista: Venezuela e Irán.

El actual escenario evidencia la incapacidad de las potencias por asegurar su control geopolítico por medios económicos no-bélicos. A las bombas de racimo y metrallas se les suman los aranceles y bloqueos como una guerra económica. La política no puede ser entendida si no es por medio de la guerra. Cómo comprenden compañerxs desde México: “pensar la guerra económica como excepción es no entender que ya no hay economía sin guerra[18].

La política exterior adoptada por las principales potencias del mundo, no tiene que ver únicamente con la extravagante personalidad de sus gobernantes, sino de la necesidad histórica por asegurar las condiciones mínimas de existencia del modelo por cualquier medio posible en un momento particular, donde dichas condiciones son cada vez más difíciles de asegurar. Hace más de un siglo atrás Rosa Luxemburgo describió el imperialismo como producto de un determinado grado de madurez del capitalismo global, en donde los Estados por medio de la vía militar conquistaban las condiciones para la acumulación. El imperialismo y sus guerras, según Luxemburgo, destruyen los velos de la sociedad burguesa, sus ilusiones de paz y progreso, para mostrarla tal cual es. Los acontecimientos mundiales que estamos experimentando, dan cuenta no únicamente de que el imperialismo nunca dejó el campo de juego, sino que sobre todo revela los rasgos distintivos del capitalismo en su fase actual frente a su crisis de legitimidad.

Aquello explica el proceso de contra-insurgencia de carácter global que despliega la guerra en sus diversas modalidades. Las acciones de Estados Unidos e Israel en el mundo, funcionan como un perfecto ejemplo de esta lógica imperialista, donde la guerra se vuelve un medio por el que se oculta la fragilidad del capitalismo. La invasión a Venezuela se convierte en un acontecimiento fundamental en el marco descrito, ya que con esto, la olvidada Latinoamérica ingresa abiertamente a la disputa militar interimperialista. Venezuela no sólo fue invadida por un mero interés económico inmediato (el petróleo[19]) o ideológico, sino que, por el valor geopolítico y estratégico que tiene Venezuela en sudamérica. Esto lo demuestra la continuación del régimen chavista, pese a la captura de Nicolás Maduro. Para Estados Unidos es más beneficioso aprovechar la infraestructura burocrática existente, llegando a acuerdos con facciones del régimen que derrocar por completo al chavismo y comenzar una reconstrucción desde 0.

Algo similar ocurre con el bombardeo coordinado entre Estados Unidos e Israel hacia Irán. A ninguna de las dos potencias nombradas les importan las horribles condiciones materiales en las que sobrevive la población iraní bajo el régimen del Ayatolá. Las acciones militares de Occidente sobre los regímenes totalitarios de medio-oriente y sudamérica, no liberarán a sus respectivos pueblos, más bien estos son ocupados como excusa para legitimar estas acciones militares. El asesinato en masa como medio para detener las manifestaciones masivas contra el gobierno durante enero de este año, no es una acción exclusiva del gobierno islamita, sino el modus operandis tipico de cualquier Estado capitalista en crisis. Y de esto son bien conscientes las minorías revolucionarias iraníes.

«Lo que está ocurriendo hoy en Irán es la forma desnuda del dominio capitalista en un momento de peligro. El régimen islámico, como la forma dominante actual del poder capitalista, defiende un orden cuya supervivencia está ligada a la explotación de la fuerza de trabajo y a la represión constante, mediante el corte de comunicaciones, la instauración práctica de la ley marcial y el disparo directo contra el pueblo. Esta violencia no es una excepción ni una desviación; es la lógica natural del capital en crisis”[20].

Las manifestaciones en Irán que han cobrado decenas de miles de muertos hasta la fecha dicen mucho sobre las formas contradictorias por las que la revuelta social surge no a pesar, sino que a partir de la guerra y la crisis. No se puede reconocer las semillas de la revolución donde las haya, sin comprender al proletariado (en su sentido más amplio) como una sujeto imperfecto y en constante cambio, lo que permite que actúe tanto a favor o como en contra de su propia opresión. En la medida en que la negación al capitalismo y sus distintas formas de opresión (patriarcal, militar, etc.) surge de las contradicciones del capital, los portadores de esta negación son así mismo, una contradicción viviente. De la misma forma, las contradicciones internas del Estado iraní (crisis ecológica, deslegitimación del gobierno, disputas internas) que generaron estos levantamientos, también sirvieron como una señal para actuar tanto para los remanentes pro-monárquicos que hasta el momento se habían fortalecido en las sombras del régimen, como para las potencias occidentales que hoy les bombardean.

A partir de esta situación el campismo (es decir, la defensa de uno de los bloques imperialistas en guerra) sólo es capaz de escoger el mal que creen menor, justificándose en la ridícula lógica de que el “enemigo de mi enemigo es mi amigo”. Así, el campismo disuelve la guerra de clases que sucede en Irán en una defensa del Estado-nación y su derecho de autodeterminación, matizando el autoritarismo del régimen bajo ropajes antiimperialistas[21]. Una primera mirada apuntaría a que los intereses occidentales sobre el territorio tienen que ver en forzar un cambio de régimen a uno que Estados Unidos e Israel puedan controlar (Reza Pahlavi, príncipe exiliado de Irán parece ser el favorito a encabezar la nueva gestión). Cosa que aunque cierta, esconde detrás algo más profundo. Más bien, el actual escenario es la expresión más pura de la lógica del capitalismo en crisis que es perfectamente encarnada por Estados Unidos e Israel: hacer de la guerra su medio de supervivencia. La contradicción del capital convertida en una pulsión de muerte global.

4.1. La carrera por los recursos naturales y la renovación de la Doctrina “Donroe”.

Para que los imperios capitalistas sobrevivan necesitan hacerse con los recursos naturales que serán determinantes para la transición energética y la revolución tecnológico industrial en los siguientes años, sin estos el sistema capitalista alcanzará mucho antes sus límites físicos. El abandono de la diplomacia y el derecho internacional parte de esta necesidad urgente del capitalismo para hacerse de las condiciones mínimas para su reproducción. Por lo mismo, cuando Estados Unidos justifica sus acciones por el bien de la seguridad nacional no miente del todo, su política está fundada en la protección del capitalismo a cualquier costo. O como expresa Marx: Los intereses del capitalismo se presentan “como los fines últimos del Estado”[22]

Esta disputa por los recursos entre los distintos bloques imperialistas, como no podía suceder de otra manera, se lleva a cabo a través del uso de la fuerza, tanto económica, financiera, como militar, arrastrando al resto del mundo en el proceso. Al mismo tiempo que Estados Unidos se hace de recursos naturales, debe bloquear el suministro de estos desde el hemisferio occidental hacia China y Rusia, por medio del control de rutas comerciales, aranceles e intervenciones militares. Para estos fines, aliados estratégicos como Israel o Japón tienen una enorme importancia, al encontrarse en ubicaciones geográficas cercanas a las de sus rivales comerciales. Mientras que la estrategia adoptada por Estados Unidos en su patio trasero puede dividirse en dos cursos de acción posibles:

  • La intervención militar o cuanto menos su amenaza hacia los países que ideológicamente no se alinean a sus intereses, como en los casos de México, Cuba, Colombia y Brasil. La presión económica, bloqueos, desestabilización interna y el apoyo a una facción de la clase burguesa local son algunas de las prácticas a utilizar.
  • Y el apoyo público hacia candidatos que simpaticen con la política estadounidense. Este es el caso de Kast en Chile o de Milei en Argentina. Ambos países pertenecen al denominado “triángulo del Litio”[23], que es completado por Bolivia con quiénes Estados Unidos reanudó relaciones tras la elección de Rodrigo Paz Pereira.

Estos acontecimientos se suman a la serie de acciones militares imperialistas en Ucrania, Nigeria, Kurdistán, Gaza, Irán, Líbano, Taiwán, que también dan cuenta de los intereses de cada potencia y la defensa de sus respectivas zonas de dominio. En la práctica se van estableciendo las líneas rojas de EE.UU conforme a la actualización de su estrategia de seguridad nacional publicada en diciembre de 2025. Su zona de control estratégica es todo el continente americano. Para ello se establecen acciones que neutralizan a competidores “no hemisféricos” (Rusia y sobre todo China) y se reclutan liderazgos serviles a los intereses políticos, económicos e ideológicos yanquis. Esto último se ha evidenciado públicamente con el apoyo político y económico explícito de Trump a Nasry Asfura, presidente electo de Honduras[24], a la elección de Milei o la de Kast.

Podemos aventurarnos a pensar la política exterior de Donald Trump como un intento de forzar un equilibrio momentáneo y un reconocimiento entre las potencias que hoy amenazan su hegemonía, por medio de la confrontación directa y la extorsión, un regreso primitivo pero efectivo a la ley del más fuerte. Estos son los pilares de la denominada por Trump como la “Doctrina Donroe”, —que actualizaría la vieja Doctrina Monroe resumida en la frase: “América para los americanos”—. “En su deseo de rentabilizar directamente la violencia de Estado, esa doctrina es también testimonio de la debilidad definitiva de un imperio hemisférico que no se basa en el desarrollo, la colaboración o la paz —ni siquiera en la explotación en su sentido ordinario—, sino en la extorsión y el saqueo en su expresión más insolente”[25].

5. ¿Volveremos a las calles?

Tanto la nueva ola de gobiernos conservadores en el mundo, alineados con Estados Unidos; como las luchas por la soberanía nacional o autonomía de los pueblos en oriente medio y África, son parte del proceso de disputa de la hegemonía mundial. El neoliberalismo como fórmula de gestión capitalista impulsada por los Chicago Boys en Chile, y posteriormente extendida al resto del mundo, parece estar siendo llevada a su límite. Las características compartidas por las mayores potencias del mundo en la gestión del capital se encapsulan en lo que algunos han denominado como Posneoliberalismo o Fascismo neoliberal[26].

 El capitalismo está revelando su rostro más salvaje: las guerras se expanden, la democracia es deslegitimada y el planeta es quemado a voluntad. No obstante, es en momentos como este en que el orden abre nuevas posibilidades de ruptura. La desesperada defensa de las categorías básicas del sistema, debe comprenderse como la reacción violenta de un animal herido y no como la prueba del carácter imbatible de este. No debemos dejarnos convencer por el ánimo de derrota. La experiencia de los anteriores ciclos de lucha (el más reciente entre 2018 y 2022) no debe de pesar sobre nosotros como una constatación de la inminencia del fracaso.

El recuerdo de la revuelta social del 2019 ha sido falseado, y en su lugar se ha instalado una percepción negativa que se puede resumir en que “no logramos nada”. Pero, esta imagen ideológicamente reaccionaria se puede despedazar en segundos. Basta con volver a experimentar la comunidad espontánea que se genera en las calles y plazas, volviendo a sentir colectivamente la rabia y el rechazo hacia el estado de las cosas. El papel compartido por los gobiernos que le siguieron a las revueltas sociales fue el violento desmantelamiento de esta comunidad, y de cualquier recuerdo de que esta existió. Sin embargo, estos intentos terminan siendo siempre inútiles, la larga lucha de los pueblos se vuelve a reencaminar en la medida en que el mismo sistema genera nuevos focos de lucha. Esa es la contradicción del sistema, es ontológicamente incapaz de eliminar sus amenazas, generando por el contrario la posibilidad para su propia superación.

Las manifestaciones multitudinarias que encendieron las calles de Madagascar, Nepal, Marruecos y Laos durante el 2025, y las recientes protestas en Bolivia que frenaron el decreto que buscaba eliminar los subsidios a los combustibles, son prueba de que aún podemos volver a levantarnos. La desmovilización y el pesimismo es el interludio de una lucha mayor. Que el periodo revolucionario más importante en la historia haya tenido lugar entre crisis estructurales y guerras no es una casualidad[27]. Es a partir de estos períodos en que las convulsiones del capital se intensifican, donde se abre la posibilidad para diversas prácticas de resistencia y de fuga a las relaciones sociales que fundan el capitalismo.

Por lo mismo, las luchas migrantes y activistas contra las deportaciones masivas encabezadas por el ICE, así como los actos de insubordinación y deserción militar de los ejércitos ucranianos, rusos e israelíes, son de crucial interés para nosotrxs. Son la demostración de que la guerra de clases sigue latente aún en el corazón de los imperios. Sin embargo, sería un error esperar que cada protesta actual o futura, genere un desenlace radical que nos acerque a la revolución. Es preciso aprender de los procesos de lucha anteriores, que han demostrado que el asalto del poder político o el cambio de administración de los estado-nación no garantizan las transformaciones radicales que necesitamos los pueblos, sino que por el contrario, se han transformado en agentes que administran el monopolio económico, represivo y cultural del poder. Las luchas se fundan de las contradicciones y antagonismo del sistema, pero al mismo tiempo quiénes llevan a cabo estas son portadores de las mismas contradicciones, he ahí la urgencia en la construcción de fuerzas y autonomías hoy, no pensarlas al día siguiente de la “revolución”, sino que forjarlas en el presente, como ejercicios anticipatorios a nuevas sociedades no capitalistas, no patriarcales y no coloniales.

La historia de la lucha de clases nos enseña otro de los límites en la lucha revolucionaria, que está presente tanto en las oleadas de levantamientos de este siglo, como en las experiencias de autogestión territorial que sobreviven hasta hoy a las amenazas de los Estados, véanse los zapatistas en Chiapas y de lxs Kurdos en Rojava. Nos referimos a los límites del marco nacional y del localismo. Las protestas de este siglo se extinguen rápidamente en la medida en que no son capaces de extenderse hacia otros territorios. Focalizar la lucha en un territorio delimitado geográficamente (aún cuando se hable en términos de continente) obstaculiza la revolución como posibilidad. Pues, del mismo modo que el capitalismo y el patriarcado, como forma social son globales, la revolución debe de serlo también. Ese es el motivo por el que Chile no podía ser la “tumba del neoliberalismo”. Aún cuando lograse sacar a Piñera del poder, el neoliberalismo como fenómeno no sería superado como tal hasta que las condiciones que permiten su existencia sean borradas en todas partes.

La rearticulación del sector revolucionario, así como el intercambio de experiencias y aprendizajes con otros territorios, y la creación de organizaciones internacionalistas, que agrupe sectores de los distintos territorios en lucha, son claves para impulsar la expansión territorial de las revueltas que rechace los discursos nacionalistas y estatistas al interior del movimiento. Lo anterior encaminaría la construcción de “…una red internacional que equipe a los futuros levantamientos de una logística adecuada para hacer frente a situaciones de represión y de exilio, así como de la escalada de las luchas”[28].

La construcción de autonomía, la articulación de la lucha y rearticulación del sector revolucionario son principios estratégicos que permitirán elaborar las herramientas materiales y organizativas necesarias para evitar la muerte prematura de estos focos de lucha en nuestras comunidades y pueblos. El balance de las revueltas de este siglo nos muestra un primer el doble obstáculo a superar: la trampa del reformismo y la represión estatal (sin excluir nunca una de la otra). Basta de seguir oxigenando la democracia electoral, ecocida, femicida y genocida; y seguir pensando la revolución como un hito o jaque mate al poder; la revolución es la reafirmación permanente de la insurrección y de la construcción cotidiana de otros mundos posibles.

  

¡Es hora de acabar con siglos de explotación y dominación,

con todas las fuerzas de la historia, hasta alcanzar la victoria!

 

En memoria de todos los nombres y rostros

que nos acompañan en cada paso.

Centro de Estudios Populares Luz y Vida.

Marzo 2026

Antofagasta, Desierto de Atacama

[1] R. Bolaño, Nocturno de Chile.

[2] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza. Ensayo sobre la ferocidad y la extinción de lo humano, ed. Tinta Limón, 2025. p. 17.

[3] T. Konicz, A guerra como catalisador de crises. Marzo 2026.

[4] La conceptualización de este enemigo, es determinada en términos de raza, género y clase. Mientras que para la alemania nacional-socialista este enemigo se construyó como judio y obrero, en Estados Unidos durante el siglo pasado, lo hizo como afrodescendiente, nativo americano, migrante no blanco, etc. Según M. Lazzarato: “La «raza» no se limita a definir al enemigo, sino que constituye, junto con el patriarcado y la heterosexualidad, el terreno de la subjetivación fascista e identitaria”. E. Alliez y M. Lazzarato, Guerra y Capital, ed.Traficante de sueños, 2021, p. 326.

[5] Editorial Conatus, Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, junio de 2025.

[6] Como el libro Which Way Western Man? de William Gayley Simpson. Léase: J. Montpetit, “ICE nodding to far-right extremists in recruitment posts, experts say”, enero de 2025.

[7] Ten questions on the policies of the Trump government, International Perspective, diciembre 2025.

[8] F. “Bifo” Berardi, Pensar después de Gaza, 2025.

[9] ¿Cuáles son las características fundamentales de la IV Guerra Mundial?, enlacezapatista, 2003.

[10] Sistematización “Reflexiones y aprendizajes de la jornada formativa con el MMK-Abya Yala”.

[11] Al respecto recomendamos leer: Z. Baheer, The Iranian uprising is at a very crucial stage, organize!, enero de 2026.

[12] Cómo por ejemplo, con los pagos multimillonarios del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas a empresas privadas de vigilancia para la localización y vigilancia de migrantes.

[13] Para el Movimiento de Mujeres del Kurdistán, y para el PKK, la liberación de las mujeres es un pilar central de su proyecto político -el Confederalismo Democrático-, y hoy lo conectan con experiencias de lucha de mujeres de todo el mundo.

[14] D. Cameron, Hay cientos de informes por abuso físico y sexual en los centros de detención de migrantes del ICE, wired, agosto de 2025.

[15] El uso sistemático de la violencia sexual por parte de Israel es “más de lo que el ser humano puede soportar”, Noticias ONU, marzo de 2025.

[16] Ibid.

[17] Al respecto recomendamos leer: B. Pfeil y C. Pfeil, Metamorfoseando el anarquismo: por trans-anarquías monstruosas, Colapso y Desvío, diciembre del 2025.

[18] Informe proletario sobre la periferia incendiada: México en la gestión global del excedente, Editorial Conatus, junio de 2025.

[19] “Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del mundo, superando a países como Arabia Saudita e Irán. Por lo tanto, posee un inmenso potencial para la exploración petrolera, y no es casualidad que este sector represente el mayor porcentaje del PIB venezolano —alrededor del 12,3% del mismo— en comparación con otros sectores individualmente”. H. Alves, A Agressão Contra a Venezuela e a Política Estratégica de Dominação dos EUA, Critica Desapiedada, enero 2025.

[20] Guerra de clases en Irán 2026, Proletarios revolucionarios, enero 2026.

[21] El campismo ignora la relación indisociable entre el Estado y el capitalismo, confundiendo al imperialismo como la conducta específica de sólo algunas potencias y siempre occidentales. Por el contrario: “Todos los Estados sin excepción son fracciones nacionales de la burguesía y el Estado mundiales que, con diferentes jerarquías —desde la cúspide hasta la base de esta pirámide—, compiten entre sí por acumular más capital y más poder que los otros, repartiéndose la plusvalía global, los mercados y los recursos estratégicos del planeta”. Precisiones sobre la guerra de clases y el internacionalismo proletario en el actual contexto de guerra imperialista y revueltas, Proletarios revolucionarios, febrero 2026.

[22] K. Marx, El capital, ed. Akal, 2000, libro III, t.8, p. 227.

[23] Zona geográfica que concentra aproximadamente el 60% reservas del litio a nivel mundial.

[24] Quién ganó las elecciones con una diferencia menor al 1% de los votos. Tras las críticas al conteo de votos, Trump amenazó con duras “consecuencias” si se intentaba revertir las elecciones ganadas por su candidato.

[25] A. Toscano, Imperio de la extorsión, communispress, enero de 2025.

[26] Léase al respecto: M. Lazzarato, El capital odia a todo el mundo, ed. Eterna Cadencia, 2019.

[27] Nos referimos a México: 1910-1917, Rusia: 1917-1921, Alemania 1919, etc.

[28] Nueva Icaria, La revuelta global y sus impasses históricos, Colapso y Desvío, octubre de 2025.

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(Ex)Presión Nº 150

Por: pegasus

Bajo las bombas y misiles

Imagina que dejas a las niñAs en el colegio un sábado por la mañana y que cuando acudes a recogerles encuentras un amasijo de cuerpos desparramados por todas partes y numerosas tumbas improvisadas. ¿Cómo reaccionarías?

El sábado 28 de febrero, a las 10:45 de la mañana, la escuela primaria Shajareh Tayebeh en Minab, al sur de Therán, fue bombardeada en repetidas ocasiones. Lamentablemente, niñAs de primaria (entre seis y 12 años) y supongo que también sus profesoras, gente sencilla, unas 168 o más personas, fueron exterminadas a plena luz del día, víctimas de la cobarde y cruel política norteamericana.

Portada del 1 de marzo de 2026 del periódico iraní Tehran Times: «Trump, mírales a los ojos»

A día de hoy, Trump asegura que es un honor hacer la guerra, y Washington sigue sin responsabilizarse de esta matanza. Es más, el secretario de Defensa de EEUU, Pete Hegseth, dice que «Irán es la única parte que ataca a civiles». Sin embargo, más de 1.200 civiles iraníes han sido asesinados desde que Estados Unidos e Israel iniciaran a traición su guerra contra Irán.

(EX) PRESIÓN

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Reseña de Ocho días de julio, de Agustín Guillamón

Por: pegasus

Guillamón, Agustín. Ocho días de julio. 1936: La situación revolucionaria en Barcelona. Descontrol, 2026, 208 páginas, PVP 18 euros.

Introducción

Ocho días de julio es una obra fundamental dentro de la historiografía del movimiento obrero revolucionario durante la Guerra Civil española. Su autor, Agustín Guillamón, historiador especializado en la CNT-FAI y en las dinámicas sociales de la revolución de 1936, ofrece una reconstrucción minuciosa de los acontecimientos que tuvieron lugar en Barcelona durante la semana en la que se produjo la derrota del golpe militar y el estallido de una profunda revolución social. El texto se publica en un contexto historiográfico dominado por visiones académicas, burguesas e institucionales, y se presenta como una revisión crítica desde “abajo”, desde los comités obreros y las milicias populares.

Contenido y objetivos de la obra

El objetivo principal de Guillamón es demostrar que los sucesos del 19 y 20 de julio de 1936 en Barcelona no constituyeron únicamente la defensa de la República frente al golpe militar, sino el inicio de una insurrección obrera victoriosa que generó una  situación revolucionaria. Para el autor, la derrota del ejército en la calle no solo frustró el intento de alzamiento, sino que provocó la desaparición fáctica del poder estatal, sustituido por una multiplicidad de comités, patrullas y órganos de poder obrero.

Un elemento innovador de su interpretación es la negación de la clásica tesis de la “dualidad de poderes”. Guillamón sostiene que no hubo dos poderes coexistiendo, sino una atomización del poder, donde la autoridad se fragmentó entre los organismos locales revolucionarios, especialmente los comités de defensa de la CNT-FAI, los verdaderos protagonistas del proceso insurreccional, transformados en comités revolucionarios de barrio (o locales), patrullas de control y milicias obreras, gracias a su victoria armada.

Originalidad y contexto historiográfico

La obra destaca por su riqueza documental y su detallada reconstrucción de los combates de la batalla de Barcelona, en  julio de 1936, con especial atención a los barrios obreros. Guillamón rescata el papel de los comités de defensa, tradicionalmente relegados, cuando no ignorados,  en la historiografía académica, y muestra su preparación previa, su organización militar y su capacidad para movilizar multitudes. En este sentido, el libro constituye una contribución importante e insustituible a la historia social de la Guerra Civil española, ofreciendo una perspectiva que cuestiona, ningunea, desacredita y desafía los enfoques de autores como Hugh Thomas, Gabriel Jackson, Ángel Viñas o Paul Preston.

Asimismo, Guillamón inscribe su análisis en la tradición de los movimientos revolucionarios internacionales, situando los acontecimientos barceloneses en conexión implícita con los soviets de la Revolución rusa o los consejos alemanes de 1918-1919, aunque subraya que en Barcelona no existió una dirección política centralizada que unificara el poder obrero.

Crítica y limitaciones

Aunque el libro aporta una mirada original y necesaria, su interpretación presenta elementos discutibles desde una perspectiva académica. La obra está escrita desde una posición ideológica clara, cercana al consejismo y al anarquismo revolucionario, lo que en ocasiones conduce a sobredimensionar la importancia y eficacia de los comités obreros y a subestimar la persistencia del Estado republicano, incluso en una situación de colapso parcial.

Otro punto debatible es su lectura contrafactual: la idea de que la CNT “tenía el poder” y podría haber instaurado una “dictadura anarquista” si hubiese querido. Esta afirmación, aunque tiene una base real y es coherente con su perspectiva, subvalora factores como la falta de unidad interna cenetista, la presión internacional, la necesidad de coordinar el esfuerzo bélico y los conflictos entre los distintos grupos antifascistas.

Contribuciones destacadas del libro

a) Reconstrucción detallada

Guillamón ofrece una narración extremadamente precisa, barrio por barrio, calle por calle, de los movimientos de tropas, comités y milicianos. La riqueza documental y la descripción casi cronística de los combates convierten el libro en una de las reconstrucciones más exhaustivas del 19 y 20 de julio en Barcelona.

b) Perspectiva de los comités de defensa

El autor rescata el papel de los comités de defensa confederales, protagonistas frecuentemente ignorados por la historiografía más institucional. Su análisis contribuye a valorar el grado de organización previa existente en la CNT.

c) Situación revolucionaria o revolución proletaria

La situación revolucionaria existente en Barcelon tras la victoria insurreccional del 19 y 20 de julio no desembocó en una revolución proletaria, porque ninguna organización planteó la destrucción del Estado y la conversión de los comités revolucionarios de barrio y locales en órganos de poder obrero. La ideología de unidad antifascista fue la temprana fórmula que adoptó la deriva contrarrevolucionaria.

d) Valor historiográfico

La obra tiene valor como historia social y política desde abajo: ilumina la acción colectiva, la espontaneidad popular y la formación de poderes no estatales. Es un contrapeso necesario y realista al relato habitual centrado en partidos, líderes y decisiones gubernamentales.

Conclusiones

Ocho días de julio es una obra imprescindible para comprender la revolución social en Cataluña durante los primeros días de la Guerra Civil. Su apuesta por una historia “desde abajo” y su énfasis en los comités de defensa como sujetos históricos ofrecen una perspectiva alternativa y profundamente rupturista con las visiones académicas o burguesas. Aunque su interpretación está marcada por una fuerte carga ideológica obrerista, su valor documental, su aportación a la historiografía social y su análisis innovador hacen de este libro un texto de referencia para lectores, estudiantes e investigadores interesados en la revolución española de 1936.

Balance. Cuadernos de historia.

Barcelona, marzo de 2026

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Revoltes de la Terra convoca una «acción masiva» en Cataluña contra las montañas de sal de la empresa israelí ICL

Por: Kiko Pavonic

En coordinación con la entidad Boicot ICL impulsan una movilización por los días 17, 18 y 19 de abril en la comarca del Bages, para denunciar el impacto medioambiental de la empresa minera y sus vínculos directos con el ejército de Israel

Hablar de actividades extractivas ligadas a la industria de la guerra parece que nos remita a países y contextos lejanos. Pero en plena comarca del Bages, hace ya décadas que opera una multinacional minera con trasfondo militar. La compañía, que ha sido denunciada por el impacto medioambiental de su actividad sobre el río Llobregat y por sus vínculos con el genocidio del pueblo palestino, es la israelí Israel Chemical Limited (ICL).

Para denunciarlo los colectivos Revoltes de la Terra y Boicot ICL, junto con otros movimientos de la comarca y organizaciones de solidaridad con Palestina, han convocado unas jornadas de lucha los días 17, 18 y 19 de abril contra la empresa, que explota las minas de potasa en Súria y Sallent. Esta acción llega un año después de que Revoltes de la Terra reuniera a 3.000 personas en una acampada en Mont-roig del Camp contra los planes de construcción de una fábrica de baterías eléctricas de la firma Lotte.

Este año, según han explicado las organizaciones que convocan las jornadas, se quiere llevar a cabo «una acción masiva» que obligue a ICL a detener «el envenenamiento del río Llobregat» ya poner fin a «la complicidad empresarial y política catalana con el genocidio del pueblo palestino». El objetivo final, pues, es «echar a la multinacional ICL del territorio» porque según denuncian, «se beneficia de la ocupación y expolio de recursos palestinos y tiene vínculos directos con el ejército israelí».

Asimismo, Revoltes de la Terra y Boicot ICL señalan que este tipo de minería genera «montañas de sal y escombros» que tanto en Súria como en Sallent, «no han parado de crecer a pesar de las consecuencias en el hábitat y los habitantes». «Estas montañas blancas envenenarán el río, los acuíferos y los ecosistemas durante miles de años», lamentan. Por eso instan a la Generalitat e ICL como «responsables de la devastación territorial» a poner todos los «recursos necesarios para impulsar procesos de regeneración definidos por todos los actores afectados, que sirvan para rehacer los vínculos comunitarios y con el territorio, y que garanticen vidas dignas».

Un impacto medioambiental que viene de lejos

Durante años ICL ha topado con la oposición de los movimientos ecologistas, agrarios y del vecindario crítico del Bages, y ha acumulado denuncias, polémicas y sanciones. Según las investigaciones de Boicot ICL, “las escombreras salinas de la cuenca potásica del Bages son montañas de sal formadas principalmente por sal común, descartada en el proceso de obtención de la potasa. Aparte de la transformación del paisaje natural que suponen, estas montañas desprenden agua salada por la humedad y cuando llueve el agua salinizada cae montaña abajo.

En 1988 se finalizó la construcción de un colector de salmueras de 120 kilómetros que trae parte del agua salada que contienen las minas hasta el mar. Su construcción supuso una disminución de la contaminación de las minas, pero «las filtraciones y averías han ocasionado la contaminación de terrenos agrícolas y boscosos», dicen desde Boicot ICL. Actualmente, existe un nuevo colector en construcción para aumentar la capacidad de transporte, que estará finalizado en 2027. Además, ICL tiene concedida, por parte de la Agencia Catalana del Agua (ACA), un volumen anual de 12,8 millones de metros cúbicos de agua de los ríos Cardener y Llobregat. Según detalla Boicot ICL es «2,5 veces más que el consumo de toda Manresa».

Asimismo, desde Boicot ICL señalan que la empresa utiliza «la potasa para fabricar más de cien fertilizantes agrarios, la gran mayoría de los cuales no son aptas para la agricultura ecológica». Éstos, dice la organización «contribuyen al modelo agrario de la agroindustria y empobrecen el suelo agrícola hasta el peligro de la desertización».

En este sentido, la actividad de ICL en el Bages nunca ha estado exenta de problemas. Pero el desastre medioambiental producido por una mala gestión fue reconocido por primera vez en un juzgado de Manresa en 2015, gracias a la presión del vecindario y de los grupos ecologistas. Según la sentencia, que condenaba a directivos ya la propia empresa, la gestión de las minas de Sallent provocó la salinización de ríos, pozos, fuentes, torrentes y acuíferos de todo el Bages. «Esta degradación medioambiental, ha repercutido muy negativamente en una región con gran actividad ganadera y de agricultura de regadío», explican desde el Grup Català d’Empresa i Drets Humans (Alerta DH) para añadir que la actividad de ICL también ha tenido un riesgo «para las personas, ya que se han encontrado toxicantes». «La salinización del río Llobregat, que abastece al área metropolitana de Barcelona, ​​ha provocado una deuda de más de 300 millones de euros a la administración pública catalana», apuntan desde Alerta DH.

En 2015, el Tribunal Supremo declaró nula la autorización ambiental otorgada por el Govern de la Generalitat a ICL por su actividad minera en Sallent. Esta sentencia supuso el cierre de la minería en el municipio e ICL inició el proceso de traslado hacia las instalaciones de Súria.

ICL y sus vínculos con el Estado Israel

La multinacional es la sexta mayor empresa de potasa a escala mundial. En 2023, ICL facturó 320 millones de euros en el Estado español, situándose como la empresa que más factura del Bages. Al mismo tiempo, apuntan desde Boicot ICL, se trataría de una sociedad mercantil estratégica para «la economía del Estado de Israel y en áreas del Mar Muerto y de la zona del Neguev, territorio ocupado en el sur de la Franja de Gaza, explota minas de potasa y fosfatos, que han sido denunciadas por contaminación ambiental».

Además, según el Grupo Catalán de Empresa y Derechos Humanos, el Estado de Israel tendría un control directo de la compañía con la llamada acción de oro de Israel Corporation, que le permite intervenir en la toma de decisiones si son de interés especial. Además cuenta con accionistas y directivos con un vínculo directo con la industria militar israelí. En numerosas campañas, el movimiento internacional Boicot, Desinversiones y Sanciones (BDS) ha denunciado a ICL por sus programas de apoyo a unidades del ejército israelí.

Así, a través de su programa Adopt en Soldier, ICL ha proporcionado apoyo financiero a proyectos y actividades de unidades del ejército de Israel. Según indican en la misma web, se trata de un programa «gestionado por la Asociación en beneficio de los soldados del ejército israelí» que conecta «empresas comerciales y donantes con unidades militares, proporcionando apoyo moral y físico».

En enero de 2024 con el eslogan “Una ducha caliente para cada soldado”, ICL apoyó una iniciativa impulsada por uno de sus trabajadores jubilado que tiene como objetivo la fabricación de depósitos de agua portátiles con un mecanismo de calentamiento para que los soldados se puedan duchar con agua caliente en la zona de combates de la Franja. Y en mayo de 2025 anunció su participación en un programa de becas de estudios en ciberseguridad destinadas a soldados que participaron en el genocidio que investiga el Tribunal Penal Internacional. Así los definía la empresa: «Graduados en servicio de combate y reserva activa durante la Guerra de las Espadas de Hierro».

Por último, ICL financia el Lone Soldier Center de Beersheba, un centro dedicado a apoyar a los soldados sin familia directa en Israel. Los soldados solitarios o Ḥayal Boded son jóvenes de otras nacionalidades que acuden a Israel para recibir entrenamiento militar y servir al ejército.

El poder de ICL en el Bages y en Cataluña

ICL tiene múltiples empresas filiales en el Estado español y una especial implantación en el territorio catalán. Como explica un informe de la Cámara de Comercio de Barcelona, ​​es la empresa de Israel que plantea «uno de los planes inversores industriales y logísticos privados más ambiciosos de los últimos años en Cataluña».

Así, en 2020 inauguró la terminal portuaria ICL Iberia Barcelona Port (Tramer), situada en el puerto de la capital catalana, con una superficie de siete hectáreas y catorce metros de calaje. Este hecho le permitió ampliar su capacidad exportadora de la potasa extraída en la mina de Súria, pasando de una capacidad de carga de barcos de 800.000 toneladas a cuatro millones.

Por otro lado, ICL mantiene un contrato con la empresa Ferrocarriles de la Generalidad de Cataluña (FGC) para el transporte de la potasa desde la mina de Súria hasta el puerto de Barcelona y cuenta con una línea propia desde la mina hasta Manresa, donde se incorpora a la infraestructura vial de pasajeros y mercancías de FGC.

En parte, toda la influencia que acumula la empresa tiene que ver con la red empresarial de inversión y apoyo a una parte del tejido social, deportivo y educativo catalán, que ICL ha creado en lugares como el Bages. Según lista Alerta DH en su web, habría patrocinado al equipo de baloncesto de Manresa hasta el año 2018 o al Parque Geológico Geoparc, y ha colaborado en la creación de la entidad de promoción turística Bages Impuls y la Fundación Cardona Histórica. Asimismo, tal y como la propia compañía asegura, «colabora en actividades tradicionales como las fiestas mayores de los municipios, la Transequia o la Feria Mediterránea de Manresa».

Sin embargo, en los últimos tiempos la presión social ha conseguido que entidades culturales como el Teatro Kursaal de Manresa y educativas como la UManresa (campus Manresa de la Universidad de Vic) corten sus vínculos con la compañía por sus vínculos con las masacres en la Franja de Gaza.

Albert Alexandre

Artículo publicado originalmente en català en La Directa

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/cataluna/revoltes-terra-accion-montanas-sal-empresa-israeli-icl

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¿Qué machacamos en el gym?

Por: Kiko Pavonic

A día de hoy, el gimnasio se ha convertido en una pieza clave en la socialización exitosa de una idea de salud y bienestar que, paradójicamente, adolece de invisibilizar el origen de nuestros malestares.

Se han convertido en un elemento reconocible del espacio urbano. Sus fachadas no pasan desapercibidas: colores sólidos y llamativos, vinilos publicitarios con mensajes motivacionales y modelos esbeltos. Con amplios ventanales y locales insonorizados, sus diseños arquitectónicos respiran una modernidad solemne. Además, ahora que forman parte de grandes grupos empresariales, hasta se anuncian en televisión. A la entrada, tornos para fichar; se diría que dan cuenta del momento en el que hay que poner a producir el cuerpo.

Los gimnasios, claro está, siguen siendo el lugar adecuado para rendirle culto a cierta idea de salud, pero también se han convertido en espacios de sociabilidad donde exhibir el éxito en la carrera por lograr un cuerpo fit, o, en el peor de los casos, dar cuenta de la fe en el progreso personal y la voluntad de cambio. Porque se diría que, a día de hoy, el gimnasio se ha convertido en una institución del capitalismo de pantallas a través de la cual perseguimos una optimización permanente de nuestra marca personal; un ejercicio de branding capaz de combinar elementos de la filosofía clásica, con disciplina militar y una compleja maraña de tendencias nutricionales.

Y no se trata solo de cuerpos musculados… Pareciera que la preocupación obsesiva por nuestro bienestar y nuestra imagen corporal, se inserta a la perfección en los discursos del crecimiento personal y la autosuperación que, al mismo tiempo que aumentan nuestro capital social y nuestra escala de valor en las aplicaciones de citas, alimentan el scroll de las redes sociales, facilitan la extracción de nuestros datos y multiplican los beneficios de la industria del coaching y la psicología positiva.

Porque somos muy conscientes de que nuestra imagen comunica. Y lo somos, además, en un momento en el que se compite ferozmente por el tiempo y la atención de otros. Por eso, quizá, aprovechamos cualquier pedazo de nuestra piel para contarnos cuentos, para lanzar mensajes al exterior. En este contexto, da pánico pensar en los miles y miles de cuerpos de clase obrera, machacados por el trabajo y la ansiedad, que lucen tatuado un mensaje no consumado nunca: carpe diem.

Nuestra imagen comunica, decimos, y añadimos, como lo ha hecho siempre. Pero si pensamos en el gimnasio, en su historia más reciente, resulta inquietante pensar que son los menos quienes los usan para entrenar el cuerpo de cara a la práctica deportiva continuada. Efectivamente, a pesar de las apariencias, el gimnasio se ha desconectado de su genealogía. Porque sí, vamos al gimnasio para cuidarnos y mantener la forma necesaria para la competición, pero también para machacarnos; nos tiramos a los aparatos con el ánimo de reparar algo que estuviera roto, con la intención de agotarnos, desfogar, olvidarnos de los problemas de una manera sana y consecuente con nuestros deseos de transformación (individual).

Nos atraviesa el mantra de que acudir al gimnasio una hora al día es una forma de autocuidado. Y podemos verlo así. Pero invertimos tanto tiempo en reparar lo que hace en nuestras vidas un sistema desquiciado, creemos tanto en ello, que ya ni cuestionamos el origen de nuestros problemas. Y no, no hablamos del capitalismo como sistema. Es que no tenemos ni diez minutos para hablar con nuestros compañeros de trabajo de cómo mejorar nuestra situación en el curro, dejamos que sean otros quienes luchen contra el cierre del consultorio de nuestro barrio o ignoramos que tenemos en nuestras manos un margen de actuación que podría cambiarlo todo… Y ese todo, nos afecta directamente, también a nuestro cuerpo, también a nuestra salud mental y física.

Por mucho que intentemos minorizar el daño, la historia nos enseña que no hay escapatoria posible si nos pensamos solos, que no hay soluciones que partan del individualismo egótico y solipsista que nos está vaciando por dentro.

Llegados a este punto de la reflexión, pensamos que no puede haber cuerpos sanos en una sociedad intoxicada por el veneno de la desigualdad y la cultura del privilegio. No puede haber cuerpos sanos en una sociedad tutelada por los valores del capital y avocada al desastre ecológico. No puede haber cuerpos sanos en una sociedad que se desprecia a sí misma, porque desprecia la vida.

Y lo anterior no quiere decir que aboguemos por descuidar el cuerpo, sino justo lo contrario. Debemos pensar en cuidarlo desde una perspectiva materialista que no lo piense aislado y que tampoco lo idealice. Precisamente por eso, debemos pensar en cuáles son los discursos que nos animan a moverlo de una determinada manera, en unos determinados espacios, para unas determinadas finalidades. Frenar el proceso de total desposesión al que nos está sometiendo el capital, empieza por pensar cómo nos relacionamos con nuestro propio cuerpo, y eso implica analizar políticamente qué papel juegan los gimnasios en la socialización de una idea de salud y bienestar que no cuestiona el origen de nuestros malestares.

 Juan Cruz López, editor de Piedra Papel Libros
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion-socias/machacamos-gym

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[Poema y audio] Abandona soldado. No es tu guerra

Por: pegasus

Audio creado con inteligencia artificial a partir del poema Abandona soldado. No es tu guerra del autor Miguel Rojo.

Detente soldado
Esta no es tu guerra
Suelta tu fusil y abandona

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

Detente soldado
Date la vuelta
Regresa a tu casa
Esta no es tu guerra
No es tu guerra soldado

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

Es la guerra de-los-de ¡Todo por la Patria!
aúnque ellos nunca han creído en ninguna…
Aprovechados que explotan tu ignorancia
Tu ignorancia e inocencia

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

Es la guerra de los que piden tu sacrificio
De los que sin prudencia te exponen a la muerte
De los que sin miramientos te exigen la vida

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

Es la guerra de las empresas…
la industria … sus accionistas
que matando obtienen sus ganancias
Matando y matando….

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

Matando a soldados como tú…
Matando también ciudadanos pacíficos
Matando mayores y niños

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

Es la guerra del patricio
para defender su privilegio
aunque sea matando…

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

No es tu guerra soldado
Date la vuelta
Y regresa a tu casa

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

¡Cuántas tumbas!
¡Cuánto beneficio!

Abandona Soldado
¡No es tu guerra!

guerra

Miguel Rojo.
Himno a la Rebeldía
Abandona Soldado. No es tu guerra
09Marzo/2026
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El malmenorismo

Por: Kiko Pavonic

El neofascismo trata a la democracia liberal como la democracia liberal trata al anarquismo. Si fuéramos rencorosos, aplaudiríamos que bebieran por una vez el amargo brebaje que dispensan a la anarquía: bulos y ensañamiento mediático, connivencia policial con los neofascistas y prevaricación judicial. Naturalmente, no se encuentran tan desvalidos como los anarquistas; poseen todavía buena parte de los mas-media y de poder institucional, lo que hará aún más estrepitosa su caída, pero juega con ventaja respecto a l_s ácratas que denuncian tanto a la derecha como a la izquierda como rechazan la lucha por el poder: luchan contra el, no por el. Lo peor de que los neofascistas lleguen al gobierno es que se sabe eso -cuando empiezan- pero nunca cuando lo pierden. Ya hay analistas que profetizan que Trump podría declarar la ley marcial para eludir las elecciones y aferrarse al poder y otra probabilidad aún más espeluznante es que se desate una conflagración bélica que justifique la permanencia sine die de los neofascistas en el poder aplazando las elecciones (de hecho el genocida sionista Benjamin Netanyahu ya ha utilizado esta estratagema). Que se anulen las elecciones no constituiría mayor problema sino viniese acompañado de la represión a cualquier voz disidente, de la dictadura descarada. Pese a las concomitancias, todavía hay algunas diferencias de grado de libertad entre una democracia formal, con su aparato constitucional revestiendo la convivencia social y una dictadura declarada, sobre todo para los súbdit_s no extranjer_s, y para l_s extranjer_s blanc_s y occidentales. La mayor parte del tiempo y en la mayoría de las ocasiones, la represión democrática estatal se limita a marginar todo lo inadaptable. Las soluciones de fuerza se reservan para las grandes ocasiones y/o l_s grandes rebeldes. Lo único positivo de todo ello es la degradación del falaz, hipócrita y, en el fondo, criminal sistema democrático; y el que la gente aprenderá a rebelarse por el camino más difícil pero más eficaz: organizándose horizontalmente y con referencias ajenas a la denigrada democracia que, no obstante, siempre intentará cooptar las luchas.

En situaciones como las que estamos viviendo, siempre surge la cuestión del malmenorismo. Hablando en plata, votar a la izquierda, para impedir el acceso de los neofascistas a los resortes gubernamentales. Dada la inferioridad cuantitativa del anarquismo y sus dificultades para acceder con su mensaje a la mayoría de la población, quienes piden a l_s anarquistas que vayan a votar o que unan su voz -que entonces sí se escucharía- a la de la izquierda, están vendiendo humo. Pero es que si el anarquismo fuese una corriente social imposible de ignorar, también sería baladí ir a las urnas, por mucho que en tal caso escucharía vivamente mitad lisonjas, mitad improperios por parte de la izquierda para empujarlo a votar. Pero no estamos en el 36, no hay nada que la democracia liberal ni la izquierda pueda ofrecer al anarquismo, y tampoco nada que el anarquismo pueda ofrecerle a ellos: son incompatibles. La izquierda parlamentaria, existe otra izquierda involuntariamente extraparlamentaria, a la izquierda del PSOE está intentando generar un símil del Frente Popular. Lógicamente son proclives al mal menor -Gabriel Rufián dixit-, porque el mal menor es votarles a ellos. Montarán parte de su campaña y alianzas en torno a esa idea. Son algo más que la democracia liberal, que no es más que un cascarón vacío, aunque no falten, sobre todo en el mundo anglosajón, quienes la propugnen como dique ante los neofascistas; que tienen cierta capacidad de maniobra lo demuestra la actitud del hispano-francés Manuel Navarro Valls, cuando se presentó a las municipales de Barcelona y facilitó el gobierno de En Comú Podem. El ejemplo es engañoso, porque sus verdaderas motivaciones eran impedir un gobierno municipal de independentistas catalanes, poniendo en su lugar a la izquierda españolista, pero basta para ilustrar que pueden ser aliados de cierta izquierda. La iniciativa de Rufián consiste en recorrer el camino inverso, presentarse en Cataluña como única fuerza de izquierdas. Por otra parte, la democracia liberal es huera porque ella y el neofascismo obedecen a los mismos intereses económicos -mientras que la rebeldía de la izquierda es pura demagogia-, que optan por galvanizar a través de sus medios de desinformación de masas, unos u otros según de donde proceda el viento siempre imprevisible de la historia y la realidad, progesista o reaccionaria, que le convenga imponer. En realidad, esta enconada disputa entre progresistas y reaccionarios oculta la cuestión principal: quién es más eficaz a la hora de colaborar con el capitalismo.

La debacle del comunismo -falsa opción revolucionaria-, escoró hacia la derecha a todo el espectro político. La democracia liberal se proclamó vencedora de la guerra fría. Pero la democracia liberal desbocada, titulándose a sí misma último estadio de la evolución histórica -y pensar que la historia es evolución ya es en sí problemático- albergaba en su seno las tendencias neoliberales enemigas de los consensos sociales del malllamado estado del bienestar, la aparición consiguiente de filosofías ultramontanas. La nostalgia por la democracia liberal como fin de la historia alumbró la modalidad neofascista de la democracia entendida como doctrina totalitaria: el integrismo democrático. Para ilustrarlo, viajemos al país nodriza del integrismo democrático: los EUA. Bastará que comparemos la política migratoria de los demócratas liberales que antecedieron a Trump con la del mismo Trump. El liberal Obama deportó más de 3 millones de inmigrantes, 340.000 por año entre ¨deportaciones formales¨ y entregas en la frontera. De Biden, otro liberal, ni se sabe con certeza pero se calcula en más de un millón en sólo cuatro años si se consideran todos los mecanismos utilizados entre 2020 y 2023, muchas más que las ¨deportaciones formales¨ del ICE. El neofascista Trump deportó en sus primeros 4 años de mandato entre uno coma dos millones y uno coma cinco, 300.000 por año y hasta 600.000 en 2025. ¿Por qué los medios no dieron cuenta de las políticas anti inmigratorias de los demócratas liberales?: ¿Dónde está la diferencia, aparte de ser más o menos agresivo, y la similitud de las cifras revelan que se ha sido igualmente agresivo?. La diferencia entre los crímenes de la democracia liberal y la neofascista aparte del homicidio y el secuestro estatal de ciudadanos con nacionalidad estadounidense, lo cual alienta la atmósfera de guerra civil tanto en cuanto este hecho apela a los sentimientos patrióticos del resto de ciudadanos que comprueba que ya no basta con no ser criminales para ser inmunes a la acción del terrorismo de estado -ser tratado como un delincuente o una minoría racial es lo que más solivianta la buena conciencia ciudadanista- es que mientras lo que el demócrata liberal esconde como una actividad represora y atentatoria contra los derechos humanos que dice defender, una verguenza a ocultar, el neofascista lo exhibe orgullosamente como resultado intrínseco de su credo racista. Extrapolándolo a Europa, los liberales y la izquierda ya han endurecido hace tiempo las leyes que rigen las condiciones de vida de inmigrantes y solicitantes de asilo, que sólo por comparación semejan ¨humanitarias¨ con la política de deportación y depuración racial que propugna sin complejos el neofascismo. La democracia liberal proclama la igualdad de tod_s l_s ciudadan_s y la Declaración Universal de los Derechos Humanos como base de la identidad y la legitimidad del Estado, mas el Estado, que es organización jerárquica, desmiente esa igualdad para no atentar contra su propia naturaleza jerárquica. Este baile contradictorio entre los derechos del ciudadano y las prerogativas y el poder del Estado, al que se le da el nombre de política, es interrumpido por el neofascismo, que no reconoce garantías individuales ajenas al Estado y subordina por completo la política a los intereses del Estado-Capital, a sus hábitos depredadores los cuales, para mantener su dinámica, desembocan fatal y necesariamente en el estado de excepción y la guerra. Las democracias liberales son inoperantes porque son las parteras del neofascismo, enrocado en la competición planetaria por los cada vez más escasos recursos naturales, de ahí su desprecio por las consecuencias del ecocidio, al que hay que supeditar cualquier norma ética, así como el racismo, el antifeminismo y la homofobia son motivos parar generar una idiosincrasia propia y explotar un sentido tergiversado y domesticado de incorrección política, de ¨antisistema¨. Enumeremos de nuevo y para expresarlo con claridad cual es el programa público del neofascismo: negación del ecocidio, racismo, antifeminismo y homofobia y añadamos patriotismo, religiosidad y la culminación del proceso privatizador de los servicios sociales y las pensiones, que se inició con la complicidad de la izquierda en el poder; todo ello propagado en el contexto de una guerra cultural cruel e incesante contra servicios sociales como sanidad, educación y pensiones y hasta contra ese ecologismo falso que se refiere a sí mismo como compatible con el capitalismo y el Estado. Hemos de advertir que los servicios sociales también responden a la lógica del mal menor y no tienen que ver con la visión holística del anarquismo, que no es mera y rutinariamente científico, economicista y utilitario (¿qué sentido tendrían las pensiones en un mundo dónde todo fuera gratis?)

P.D: Nada me molestaría más que alguien considerase este texto como una contribución, siquiera crítica, al discurso de la izquierda. En todo caso esta es una crítica a la izquierda desde fuera de la izquierda.

El conflicto con orden se llama anarquía. El conflicto sin orden es el capitalismo. El primero es vida, El segundo agonía.

V.J. Rodríguez González

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XXIII Marcha contra la Macrocárcel de Zuera

Por: pegasus

El próximo domingo 19 de abril tendrá lugar la XXIII Marcha contra la Macrocárcel de Zuera (Zaragoza) bajo el título este año de “La desatención sanitaria es tortura. ¡Salud, resistencia y libertad!”.

La programación de jornadas previas y para ese fin de semana será:

Sábado 11 de abril > Centro Joaquín Roncal. (C/San Brauilio 5-7, Zaragoza)
– 17:00. Jornada: Salud y prisión en Aragón

Viernes 17 de abril > CSA LA REVUELTA (C/San Agustín 18, local , Zaragoza)
– 19:30. Proyección del documental “El método Roumeau. De la cárcel al teatro”.  Presentación con Jacqueline Roumeau

Sábado 18 de abril > CSO KIKE MUR  (Plaza Memoria Histórica – antigua cárcel de Torrero, Zaragoza)
– 16:30. Café / bizcocho: Anímate a colaborar con la preparación de la marcha.  
– 18:00. Presentación del libro «Entre el azar y la necesidad» con sus autores Daniel Pont e Ignacio González.
– 20:00. Presentación del libro: «Pájaros azules«. Experiencias de una vida en prisión con Santiago Cobos.
– 21:00. Cena popular.
– 21:30. Recital y flamenco: «Versos de intramuros» con  Santiago Cobos y La Pulga.

Domingo 19 de abril > Marcha contra la macrocárcel de Zuera.
– 9:30h. Salida en bicicleta desde la Plaza de la Magdalena
– 11h. Salida en bus  desde el Colegio Tenerías (Coso Bajo) 

– 13h. En el parking de la Macrocárcel de Zuera:

  •   Radio Hawai emitiendo para dentro de los muros en el 102.4fm.
  •   Charla
  •   Concierto
  •   Danza
  •   Taller de cartas
  •   Actualización sobre casos represivos en el estado español
  •   Comida vegana
      Cuentacuentos
  •   Y mucho más!!

Los bonos de apoyo o de viaje en bus los puedes conseguir en CSO Kike Mur (Plaza Memoria Histórica – antigua cárcel de Torrero) y Pottoka (Martín Carrillo,5).

¡Abajo los muros!!

Iniciativa Contra las Macrocárceles

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[Libro] No existe dique capaz de contener al océano furioso. Potencia, alegría y anarquismo

Por: pegasus

El libro es una crítica al heroísmo, una defensa de la alegría y la potencia inmanente, una historia personal que atraviesa distintas ciudades, épocas e ideas radicales. Defiende una forma de vida colectiva. Este ensayo cuenta la historia de cómo conocí el anarquismo en mi adolescencia, mezclado con el punk y el skate. Revisa el machismo y el racismo que desde el comienzo han obstaculizado al movimiento anarquista en los debates, relatos y experiencias que sus pensadores clásicos tuvieron para luego tejer cómo todos esos fantasmas viajaron a América y le dan forma al activismo de nuestros días.

Este no es un libro académico, es un ensayo personal sobre la extrema izquierda con un estilo ameno, ágil, que habla de formas de vida. Es una autobiografía desde y hacia lo político que pasa por muchas otras cosas que pueden atraer a varios tipos de lectores. Es un ensayo sobre la adolescencia, la necesidad de pertenencia, el proletariado, los pueblos, las subculturas urbanas. Por eso está escrito en un tono poético y personal.

Escrito por Alf Bojórquez

Disponible en más formatos en: https://archive.org/details/no-existe-dique-digital/mode/2up

Y en formato papel en: https://viruseditorial.net/libreria/no-existe-dique-capaz-de-contener-al-oceano-furioso/ y https://traficantes.net/libros/no-existe-dique-capaz-de-contener-al-oc%C3%A9ano-furioso

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