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[VIDEO ] Redes vacías, con César Rendueles

Por: Hello Compost!

Aprovechando la reciente aparición de su último libro Redes vacías. Tecnología catastrófica y el fin de la democracia (Anagrama, 2026), desde el colectivo Hello Compost! conversamos con el sociólogo César Rendueles para indagar sobre aquellos aspectos clave para construir una relación duradera y emancipadora entre política social y redes tecnológicas.

Desde que escribió Sociofobia, Rendueles ha destacado por una crítica quirúrgica a los discursos tecno-optimistas que ven en la tecnología digital el vector de cualquier revolución contemporánea posible. Sin caer tampoco en el tecno-catastrofismo, necesitamos sentarnos a pensar juntas qué derivas pueden llevarnos a una comprensión situada y contextual de la tecnología si lo que queremos es un cambio social donde el 99% tenga posibilidades de mejorar su existencia.

El texto de César recoge muchas cuestiones de gran interés para Hello Compost! en lo que respecta a nuestro objetivo de desplegar jardines digitales que contribuyan a convertir Internet en un lugar más habitable y democrático. Desde su crítica al ciberfetichismo -la creencia de que las tecnologías digitales son capaces de solventar problemáticas que, en el fondo, son de carácter social, cultural y político-, hace un repaso al recorrido de la tecnopolítica en las últimas décadas.

Esta perspectiva histórica es, a nuestro modo de ver, fundamental para desentrañar tanto las limitaciones como las potencialidades de lo digital en cuanto a su contribución al cambio social. El paso de un tecno-utopismo en las décadas de los ‘90 y los ‘00 hasta el catastrofismo que se ha ido instalando en la última década -prácticamente, sin solución de continuidad- demuestra las carencias que siempre ha acarreado la hipótesis tecnopolítica. La apertura, horizontalidad y descentralización que parecían plantear un nuevo paradigma emancipador no han sido capaces de paliar las derrotas que ha inflingido el neoliberalismo a los pilares tradicionales del anticapitalismo como el movimiento sindical o la solidaridad internacionalista.

Sin embargo, esto no supone una renuncia a aquellos movimientos y estrategias que surgieron de la tecnopolítica como la cultura y el software libre, el mediactivismo, la guerrilla de comunicación, la piratería o los hacklabs. La cuestión está en qué podemos recuperar en las condiciones del presente o, más bien, en cómo podemos actualizar la potencia de sus prácticas. Del mismo modo que es necesario reivindicar el valor de estos movimientos, también es justo señalar los fracasos de las corporaciones tecnológicas para no hacerle el juego al triunfalismo de Silicon Valley y los tecno-oligarcas.

Esto es especialmente importante en estos momentos, en los que el ecosistema digital es cada vez más funcional a los intereses de los movimientos políticos iliberales y de extrema derecha, para lo que X, anteriormente conocido como Twitter, es un ejemplo paradigmático. Durante la época del 15M, esta plataforma parecía la panacea de la esfera pública digital y tenía una orientación marcadamente progresista, mientras que, desde la compra de Elon Musk, ha virado hacia un estercolero filofascista. Aquí es importante considerar que no debemos caer en el espejismo de que es una representación fiel de la opinión pública. Ni lo era cuando parecía contribuir al progresismo, ni lo es ahora que va a favor de Trump y sus acólitos de todo el planeta. Situar y evaluar en su justa medida la influencia de lo digital más allá de las pantallas es una labor fundamental para dejar atrás el ciberfetichismo.

Dicho esto, ni el texto de César ni la conversación que tuvimos con él se detienen en el análisis crítico de la situación. La clave radica en avanzar en cómo pensamos y hacemos el ecosistema digital que queremos. En este sentido, es preciso poner el foco en la institucionalidad, especialmente en lo que se refiere a su capacidad de mediación pública. Porque precisamente la privatización del ciberespacio y su fomento de la inmediatez y la aceleración es lo que ha posibilitado que movimientos autoritarios emerjan y medren en este entorno.

Necesitamos instituciones digitales que generen espacios para que surjan preguntas y más preguntas, no tanto soluciones, y que estas vengan de procesos de reflexión individual y deliberación colectiva. Y cuando hablamos de lo público también es preciso puntualizar que público no es equivalente a estatal -es decir, manejado por el Estado-. No tendría sentido pasar de un centralismo corporativo a un centralismo estatal. Un ecosistema digital público sería aquel capaz de amparar tanto iniciativas estatales como privadas como comunitarias. Esto requiere de audacia política y realismo tecnológico. También perseverancia en los movimientos tecnopolíticos emancipadores. No cejar en el empeño de generar un deseo de cambio para que tengamos una vida menos cuantificada y más bella.

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[VIDEO] Pensar (con) la infraestructura

Por: Hello Compost!


La segunda charla del colectivo ‘Hello Compost!’ se sumerge en las infraestructura de internet para ensayar un diálogo tan complejo como necesario de la mano de juliana guerra como invitada. ¿Qué le dice la física del compost a la lógica de internet? Desde el principio, esta fue una de las preguntas que latió en este nuevo encuentro de ‘Hello Compost!’. Hablar de jardines digitales es también hablar de mundos inconmensurables que se dan la mano, que aprenden a hablar y a comunicarse entre sí.  

En esta segunda sesión de los ‘Encuentros Sintrópikos’ hemos traído a la conversación a alguien que conoce bien a fondo las ‘tripas’ de la red de redes, juliana guerra. Ella es una investigadora y activista colombiana que trabaja con la infraestructura de internet, y que conoce como pocas la manera en que la geopolítica del conocimiento imperial, la desigualdad de género, el liberalismo y el mercado se inscriben en los protocolos más básicos del Internet que usamos cada día. Su trabajo nos habla de qué le podría hacer el feminismo a esa infraestructura, y de cómo una mirada situada en el Sur global transforma algunas nociones básicas sobre el sentido de la intercomunicación digital, así como algunos de sus límites más acuciantes. 

La conversación arrancó con una serie de comparaciones sugerentes entre el modelo casi carcelario de los centros de datos y la riqueza de diplomacias que se da en una pila de compost. El contrapunteo entre el control de los datos y las responsabilidades compartidas que nos traen las comunidades del compost de Donna Haraway nos llevó rápidamente a reflexionar sobre las herencias coloniales e imperiales de la historia de internet, así como sobre la necesidad de abrir la gobernanza de las infraestructuras críticas de esta a muchas más mujeres, personas racializadas y, en general, a perfiles más diversos, frente a la homogeneidad social y cultural que sigue dominando estos entornos. «El reto», nos decía, «no es tecnológico»; está en otro lado. 

También hubo tiempo para pensar algunos puntos clave, no siempre evidentes, sobre cómo una perspectiva latinoamericana podría plantear el decrecimiento de internet, así como algunas de las discusiones clave sobre el papel de la academia y del pensamiento crítico en este proceso. ¿Pueden los sentires, los modos de lucha informal, la música y los gritos, las formas de comunicación que van de boca en boca, ayudarnos con todo esto? No tenemos certezas pero este encuentro nos ha permitido esbozar alguna que otra intuición.

Puedes ver la charla completa a continuación:

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[VIDEO] De bosques comestibles y compostaje computacional

Por: Hello Compost!

En Hello Compost! hemos puesto a trabajar juntas las máquinas de la computación y del compostaje para seguir cultivando el lema “enfriar nuestro sobrecargado ecosistema digital y disminuir el ruido”.

El lunes 9 de marzo celebramos el primer encuentro sintrópiko. En lugar de resignarnos a la inercia tediosa del comienzo de semana, decidimos detener el flujo. La sesión estuvo guiada por el artista sonoro Ramírez Neira, quien nos propuso el concepto de bosque comestible para comenzar a indagar en nuestro jardín digital. ¿Qué tiene que ver un bosque comestible con el ciberespacio? Absolutamente todo.

En Hello Compost! solemos hablar de jardines digitales, pero esa tarde comenzamos criticando nuestra propia metáfora. El jardín es un espacio donde la naturaleza se domestica, se ordena y se delimita. Hay parcelas, cercas, suelos controlados. Una cierta infertilidad puede instalarse cuando todo queda demasiado organizado.

Ese gesto de crítica resultó necesario. Nos obligó a preguntarnos hasta qué punto nuestros jardines digitales podían reproducir la misma lógica de parcelación que las grandes tecnológicas llevan años aplicando sobre el territorio de internet. Un territorio que, en su origen, se parecía más a un bosque abundante, lleno de caminos imprevistos y capaz de albergar una enorme tecnodiversidad.
Pero la crítica no nos llevó a abandonar la idea de jardín. Más bien la reforzó. Si queremos cultivar algo distinto en internet, primero necesitamos aprender a cultivar.

En algún momento recurrimos a Yuk Hui y a su reflexión sobre la relación entre máquina y ecología, sobre cómo la tecnología puede pensarse desde distintos regímenes cosmológicos y no únicamente desde una lógica mecanicista. Más adelante nos sirvió imaginar internet como un bosque oscuro, siguiendo esa intuición que circula en los trabajos de Maggie Appleton, donde el espacio digital vuelve a pensarse como un ecosistema complejo y difícil de cartografiar.

La conversación también pasó por las advertencias de César Rendueles sobre el riesgo de construir redes que terminan vaciándose de contenido social, y por la invitación de Mark Fisher a salir de dinámicas culturales que consumen nuestra energía colectiva sin permitirnos imaginar otras formas de vida digital.

Como ocurre en la sintrópia, fuimos acoplándonos a todos esos puntos de energía (autoras y autores que nos encantan) para comprender mejor el terreno boscoso que estábamos pisando.

La conclusión no fue dada. Preferimos que veas la charla y la utilices en tu propio trabajo. Pero nuestra querida Liubula terminó diciendo algo que será mejor recordar: «De vez en cuando hay que levantar la cabeza y apartar las manos de la tierra para mirar qué se está cultivando en otros jardines».

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‘Hello Compost!’, el colectivo de jardinería digital tecnodiversa

Por: Hello Compost!

Vale, Hello Compost! es el nombre, pero qué es eso de los jardines digitales y la tecnodiversidad. Los jardines digitales son los lugares (blogs, wikis, aplicaciones) donde escribimos y documentamos sin tener como objetivo que sean notas finalizadas. Nunca lo están, ni estarán. Es vivir la creación digital como un trabajo en progreso ilimitado.

No es nada que nos hayamos inventado. Es más, los jardines digitales son una tendencia en Internet que tuvo su punto álgido hace unos años. Pero nos gusta llegar tarde a las modas. Como hay gente que lo viene pensando y haciendo desde antes que nosotres, cogemos un esqueje del bloguero Joel Hooks, que definía el jardín digital como «una metáfora para pensar en la escritura y la creación que se centra menos en la ‘obra maestra’ resultante y más en el proceso, el cuidado y la artesanía que se necesitan para llegar a ella», y añadía: «Un jardín suele ser un lugar donde crecen cosas (…) Al igual que ocurre con los jardines reales, nuestros jardines digitales son un flujo y reflujo constante hacia la entropía.”

Aquí es donde entra en juego un concepto clave: la entropía. Para la teoría de la información, la entropía es la tendencia al aumento de información expresado en el calentamiento de un sistema y el incremento del ruido. La sintropía, concepto que da nombre a nuestros encuentros, es lo opuesto a la entropía. Leon Magalhaes Schoyerer en su (hiper)texto syntropic rizhomes la define como un “impulso vital».

En sí mismo, el concepto ‘sintropía, de syn-, juntos, y –trópos, es «un giro, un cambio». Se trata de una «tendencia coalescente desde el caos hacia el orden, la complejidad, y la organización. Puede ser descrita como la fuerza motriz detrás de la complejificación gradual de la conciencia y el despliegue de la novedad».

Esto es lo que quiere ser Hello Compost!, un proceso comunicativo que contribuya a enfriar nuestro sobrecargado ecosistema digital y disminuir el ruido que nos rodea y nos impide pensar, dialogar y actuar con serenidad y libertad.

Un encuentro sintrópico es, en realidad, una reiteración. Podría decirse que los encuentros son sintrópicos por definición. Al menos, aquellos que surgen de la alegría y las ganas de poner en común. Desde Hello Compost!, usaremos los lunes (siempre recuerden que no odian los lunes, odian el capitalismo) para organizar y celebrar una charla en la que los miembros de este colectivo invitarán a personas afines a que sumen sus miradas desde muy diversas perspectivas. Las invitadas aportarán su semilla, y esto será el punto de partida para una conversación abierta y orgánica. Una manera de abonar este espacio para posibilitar y potenciar la emergencia de nuevos pensamientos y acciones para seguir haciendo compostaje colectivamente.

Y todo esto lo queremos desplegar desde y para la tecnodiversidad.  Se trata de un concepto propuesto por el filósofo e informático chino Yuk Hui que busca reabrir la cuestión de la técnica. Como afirma el propio Hui, la tecnodiversidad: “En vez de entender a la tecnología como un universal antropológico, insta a redescubrir una multiplicidad de cosmotécnicas junto con sus respectivas historias y con las posibilidades que ofrecen para hacer frente hoy a la tecnología moderna”.

Hui da como definición preliminar de “cosmotécnica” la “unificación de los órdenes del cosmos y la moral a través de actividades técnicas” para apuntar a que la tecnología debe ser resituada en una realidad más amplia que la posibilita y la constriñe.

Como explica Hui, la tecnología actual aspira a la universalidad para convertirse en el fundamento de todo, desconectándose así de la realidad. El camino histórico que nos ha traído hasta esta situación es el recorrido por la colonización, modernización y globalización -sucesivamente- valiéndose de dos pilares: el crecimiento económico y el expansionismo militar. El resultado es una cultura monotecnológica donde la tecnología moderna se vuelve la principal fuerza productiva y determina en gran medida la relación entre seres humanos y no-humanos, el ser humano y el cosmos, la naturaleza y la cultura.

¿Quieres asistir a estas charlas? Inscríbete aquí.

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