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Las elecciones andaluzas en nueve claves (y ninguna buena)

Por: Antonio Avendaño

1. El resumen

Resumen de urgencia de la jornada electoral de ayer: Andalucía mete en un lío, victorioso pero lío, a Juan Manuel Moreno; hiere de gravedad a Antonio Maíllo y de muerte a María Jesús Montero; amplía el santoral de la izquierda alternativa con el nombre de San José Ignacio García y devuelve a Santiago Abascal el mango de la sartén que la mayoría absoluta del PP le había arrebatado en 2022.

La de 2026 será una legislatura interesante, que para un político es lo peor que puede ser una legislatura, como bien sabe Pedro Sánchez, que lleva ya ocho años en los que ni un solo de sus mandatos ha dejado de ser interesante. Pero como lo que es malo para los políticos es bueno para los periodistas, será una legislatura muy periodística. Demasiado seguramente. Santiago Abascal cabalga de nuevo por la marisma a lomos de un potro salvaje, aunque quizá no tanto como su jinete.

2. El castigo

Al Partido Popular de Juan Manuel Moreno lo ha castigado el Señor: ha perdido la mayoría absoluta a manos de Adelante Andalucía, el mismo partido al que, creyéndose muy astuto, benefició en 2023 incrementándole arbitrariamente la financiación a costa de Por Andalucía. De los 200.000 euros que, por consenso de todos los grupos, iba a recibir la coalición de Izquierda Unida, Podemos y Más País, el PP impuso en la Mesa del Parlamento el criterio de detraer injustificadamente 50.000 euros para asignarlos a la formación liderada entonces por Teresa Rodríguez, mejorando así muy sustancialmente la financiación que le correspondía por sus dos diputados. Hoy, aquellos dos escaños se han multiplicado por cuatro: un incremento explosivo cuyo damnificado casi único ha sido el Partido Popular, que ha perdido los diputados que le daban mayoría absoluta justamente en las provincias donde Adelante los ha ganado. 

Obviamente, Adelante ha triunfado por méritos propios, no ha subido lo que ha subido porque el PP decidiera ‘doparlo’ a costa de sus enemigos íntimos de Por Andalucía, pero no por ello deja de ser cierto que el PP creyó estar haciendo un gran negocio político al ahondar la discordia en el seno de la llamada izquierda alternativa. La astucia ventajista y marrullera de ayer se le ha vuelto en contra hoy. Castigo del Señor. 

3. La paradoja

Presume, y no sin razón, Adelante Andalucía de haber arrebatado al PP la mayoría absoluta. Fue lo primero que dijo José Ignacio García anoche: “De momento no hemos echado a las derechas y somos muy conscientes, pero hoy se han puesto las bases para echar mañana a las derechas de Andalucía. Aún no lo hemos conseguido, pero hoy podemos decir que Adelante Andalucia le ha quitado la mayoría absoluta al PP”.

Si García hubiera continuado el razonamiento habría tenido que concluir amargamente: “Hemos conseguido que Vox sea decisivo en Andalucía; nuestros votos debilitan al PP, pero abren las puertas de Andalucía a la ‘prioridad nacional’ que enarbola la extrema derecha”. Escalofriante paradoja de la que, obviamente, Adelante no tiene la culpa, pero que tampoco, no menos obviamente, puede negar; si acaso, matizar: su matiz, en verdad mucho más que un matiz, es que para los dirigentes de Adelante el PP y Vox son lo mismo. Y cuando se embalan, también el PSOE. 

4. El sartenazo

Lo primero que hará Santiago Abascal con esa sartén –que, como en Extremadura, Aragón y Castilla y León, en Andalucía vuelve a tener por el mango– será probablemente golpear con ella la cabeza de Juanma Moreno. El sartenazo no será mortal, pero ya se ocuparán Abascal y los suyos de que la sacudida se oiga nítidamente en toda España. ¿Conque Vox es ‘el lío’? Vale, Juanma Moreno, vale. Para cuando tenga un encuentro con el presidente de la Junta, el líder ultra ya debe tener memorizada la frase de la profesora Lydia Grant en la serie Fama: “Tienes muchos sueños, Juanma Moreno, buscas el poder, pero el poder cuesta y aquí es donde vas a empezar a pagar, con sudor”. No lo llames sudor, llámalo prioridad nacional.  

Vox se sintió estafado por el PP en la legislatura de 2018, cuando hizo presidente a Moreno a cambio de migajas: unas migajas que el PP estuvo mareando como si fueran una perdiz mientras los hambrientos polluelos de Vox en vano mantenían abiertas sus boquitas, esperando el alimento comprometido en los pactos de investidura. Los cándidos polluelos son ahora resabiadas rapaces. Esta vez la investidura no será a cambio de menudencias; esta vez la legislatura no va a salirle a precio de saldo al suavón Moreno. ¿Conque quieres el poder? Pues aquí es donde vas a empezar a pagar.  

5. Platero y ella

Juan Manuel Moreno Bonilla está, en efecto, en un lío. Lleva años posando de moderado, haciendo lo que suelen hacer las derechas cuando se les presenta la disyuntiva sanidad pública/sanidad privada o educación pública/educación privada, pero viene haciéndolo con sigilo, con educación, con buenos modales, sin perder la sonrisa. Juanma es como el Platero de Juan Ramón, “tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos”. ¿Quiere decirse que lo único que diferencia a Moreno de Ayuso es simplemente el barniz, las formas, refinadas en uno y montaraces en la otra? Sí y no. Ambos están en la derecha, sí, pero no están en ella de la misma forma. Y en política la forma es muchas veces tan importante como en literatura. Los medios lo presentan como la encarnación de la derecha transversal, moderada y llorica, antítesis de la derecha faltona, semianalfabeta y mendaz que encarna Isabel Díaz Ayuso, pero esa caracterización guay puede quedar hecha añicos cuando Abascal amenace a Moreno con esa sartén que tan firmemente tiene sujeta por el mango. Juanma necesitaba no necesitar a Vox para seguir siendo Juanma, pero la jugada no le ha salido bien. Lo sucedido el 17-M es malo para él, pero malo también para Andalucía.

6. El caballo

El destino aciago ha reunido en la misma cuneta de los vencidos a María Jesús Montero y Antonio Maíllo. Aunque el PSOE cosecha el peor resultado de su historia –pasando de los escuálidos 30 escaños de 2022 a los raquíticos 28 de ayer– y Por Andalucía se queda como estaba, con los cinco diputados que tenía, la amargura no es mayor en el uno que en el otro. Los 28 del PSOE y los 5 de Por Andalucía saben a polvo, a ceniza. Ambos partidos son los grandes derrotados del 17-M: el PSOE por haber bajado y Por Andalucía por no haber subido. El PSOE por verse goleado por el PP y Por Andalucía por verse humillada por Adelante. Ni María Jesús ni Antonio eran necesariamente malos jinetes, de ninguno de los dos puede decirse que hiciera una mala carrera, pero ambos estaban equivocados: creían montar briosos corceles cuando en realidad montaban exhaustos jamelgos.

7. El hostión  

Estas elecciones andaluzas han pulverizado algunos lugares comunes del análisis político y demoscópico. Uno de ellos sostenía que el PSOE era siempre el gran beneficiario de un aumento significativo de la participación. Esta vez no ha sido así: la participación pasó del 56% de 2022 a casi el 65 de ayer, pero el principal agraciado no fue el PSOE sino la otra izquierda, Adelante Andalucía. Al filo de las seis de la tarde de ayer, el exdiputado y excandidato a las primarias del PSOE andaluz Luis Ángel Hierro publicaba en redes un mensaje esperanzado a la vista de la alta participación que estaban registrando las urnas: “Esto marcha”, escribía. Esta mañana el mensaje era otro: “¿Alguien sabe que nos han dado el mayor hostión electoral de nuestra historia? ¿Alguien piensa asumir responsabilidades?”. La respuesta a la primera pregunta es sí porque es imposible que pueda ser no y la respuesta a la segunda es no porque lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Imposible asumir responsabilidades en el PSOE porque el verdadero responsable es Pedro Sánchez, al que aún le queda una última carta por jugar: la del año que viene en las generales.

8. La esperanza

Si el PSOE hace lo que tiene que hacer –lo malo es que no es nada fácil saber qué tiene que hacer ni, sobre todo, cómo hacerlo teniendo como tiene las manos atadas en el Congreso– en las cruciales legislativas del año que viene podría captar una buena porción de los 665.347 votos sumados por Adelante Andalucía y Por Andalucía en las autonómicas de ayer. En las andaluzas del 17-M lo que estaba en juego no era si ganaba la izquierda o ganaba la derecha, sino si ganaba la derecha en solitario o en compañía de otros: como se sabe, ha ocurrido lo segundo, y todos los observadores coinciden en que ha sido gracias a Adelante Andalucía. Sin embargo, en las generales de 2027 lo que estará en juego es si gana la derecha o si gana la izquierda, y en ese escenario puede funcionar el voto útil en favor del PSOE, si no para ganar, al menos para no perder como acaba de perder en Andalucía.

9. El pacto

Cuando a algún socialista se le pregunta si no sería deseable propiciar con la abstención de su partido la investidura de Moreno, suele replicar lo que el célebre empresario y extravagante concejal cordobés Rafael Gómez Sandokán cuando un periodista le preguntaba si pensaba dimitir. “¿Dimitir? ¿Dimitir yo? ¡Dimite tú!”. ¿Pactar nosotros con ese, con esos? En efecto, imposible. Un escenario así sería imaginable si las relaciones entre el PP y el PSOE fueran no ya cordiales sino simplemente normales, correctas, civilizadas. Ni lo son ni probablemente lo serán en mucho tiempo: por muchas razones, pero sobre todo por la absoluta, indisimulada falta de deportividad del Partido Popular en la derrota. El PP suele saber ganar, pero le cuesta horrores saber perder, y sin esa condición es imposible todo entendimiento, ni siquiera un entendimiento meramente funcional, urdido para que Vox dejara de tener la sartén por el mango. “¿Pactar? ¿Pactar yo? ¡Pacta tú!”.

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Que es la pasta mi bandera, que es mi dios el capital

Por: Antonio Avendaño

1. La canción de los piratas

Que es mi pasta mi bandera,/ que es mi dios el capital,/ mi ley el oro y la plata,/ mi única patria ganar. O mandar. O las dos cosas: mandar para así ganar más dinero o ganar más dinero para así poder mandar más. Disculpe el desocupado lector o lectora que nos hayamos atrevido a saquear sin previo aviso la Canción del pirata del gran Espronceda, pero la culpa es del diputado Gabriel Rufián, a quien cobardemente nos apresuramos a acusar de incitación al plagio por haber dramatizado brillantemente desde la tribuna del Congreso la idea de que el dinero y solo el dinero es la verdadera patria de las derechas, sean estas españolas o catalanas. 

2. Banderita, tú eres linda

Su intervención la semana pasada en el Congreso quizá no sobreviva en los anales del parlamentarismo, pero al menos elevó un poco el ánimo de las decaídas izquierdas ibéricas. Dirigiéndose a los diputados de Junts, el portavoz de Esquerra Republicana de Catalunya afeó a quienes en otro tiempo fueran compañeros de viaje a la independencia su voto contrario al decreto de prórroga de los alquileres: “¿Van a votar en contra de esto? ¿Comparten bandera con esta gente? ¿No? ¿O sí? ¿Saben cuál es su bandera? La tengo aquí, es pequeñita pero muy efectiva. 50 pavos. Pudiera ser más. Esta es su bandera, la que comparten con PP y Vox para fastidiar a casi tres millones de personas”. 

3. Todo mentira, salvo alguna cosa

Ciertamente, el ingenio político de Gabriel Rufián bebe en las aguas, más turbias que cristalinas, del populismo. ¿Demagogia en estado puro el numerito del billete? ¿Todo exageración? ¿Todo mentira? No, todo no, aunque sí bastante. Lo bueno del populismo es que suele contener ciertas dosis de verdad; lo malo, que mucha gente toma esas pocas dosis como La Verdad. El populismo es un brebaje altamente azucarado que sabe muy bien en el momento en que se ingiere, pero que tomado asiduamente provoca serios daños en el metabolismo, que se torna incapaz de sintetizar debidamente las muchas otras sustancias amargas que la vida nos obliga a ingerir. 

4. El oro desencadenado

Se dice que, al contrario que los ricos, los pobres siempre están pensando en el dinero, pero es justo al revés: quienes no dejan de pensar en él son los ricos, no porque sean codiciosos por naturaleza sino porque el dinero, el mucho dinero es codicioso, nunca es bastante, como suele suceder con la droga. O con el poder. Hemos sabido cómo ponerle límites al poder político, cómo atarlo en corto. Y supimos también cómo poner límites al dinero, cómo atarlo en corto: fue durante los 30 gloriosos años que van del final de la II Guerra Mundial a los últimos setenta, la edad dorada en que hasta los mismísimos partidos de derechas eran un poco de izquierdas.

Luego vino el llamado Consenso de Washington, a raíz del cual hasta los mismísimos partidos de izquierdas se hicieron un poco de derechas, deslumbrados por el oro que prometía la globalización: los gobiernos dejaron libre de toda atadura al dinero y, naturalmente, el dinero hizo de las suyas, la más sonada de todas en 2008, provocando una crisis que quebró Estados, arrasó servicios, destruyó empleos y devastó las expectativas de generaciones enteras. Por eso, mejor que los bancos ganen dinero, porque cuando se arruinan, sus números rojos los cubrimos nosotros. 

5. Banderas secundarias

¿El dinero, bandera de las derechas? Sí, pero no la única; sí la principal, pero no solo ella. La derecha también cree en otras cosas: cree en la lástima, en la compasión, cree incluso en la igualdad, aunque solo un poco y siempre que ninguna de estas banderas secundarias pretenda imponerse a la bandera mayor del dinero, cuyos derechos son inalienables para la derecha, pues no en vano opina que el dinero es la energía que verdaderamente mueve el mundo: la derecha está persuadida de que del dinero es capaz de transformar el mundo, pero jamás de destruirlo porque es un dios lo bastante sabio para saber que destruir el mundo equivaldría a destruirse a sí mismo. Ante la disyuntiva de cambio climático o dinero, la derecha no duda, ni siquiera pestañea: ¡dinero, por supuesto!; ante la disyuntiva de inquilinos o caseros, ¡caseros, por supuesto!; ante la disyuntiva de modestos caseros con un solo piso o fondos buitre con cientos de ellos: ¡fondos buitre, por supuesto!

6. Ernest y Scotty hablan de dinero

En todo caso, este país nunca resolverá el problema de la vivienda si la izquierda intenta legislar como si los caseros no existieran, y menos todavía si la derecha hace lo mismo pero al revés, legislar como si los inquilinos no existieran. En esta guerra de la vivienda, ¿los caseros son los malos y los inquilinos los buenos? No, no necesariamente: habrá de todo en un colectivo y otro. No es un problema de moralidad, sino de economía. Lo que los diferencia es que unos tienen más dinero que los otros, y más dinero es más poder: y el dinero y el poder, por definición, son bienes cuya posesión y disfrute sus beneficiarios no suelen estar dispuestos a compartirlos.

Los caseros se identifican con el Hemingway de quien su amigo Scott Fitzgerald dijo: “Ernest habla con la autoridad que le da el éxito”; los inquilinos se alinean más bien con el pobre Scotty cuando replicaba con amargura: “Yo hablo con la autoridad que me da el fracaso”. Otro intercambio epistolar entre ambos gigantes parece dar también la razón a Rufián. Se dice que Scott Fitzgerald le comentó en cierta ocasión a Hemingway: “Ernest, los ricos son diferentes a ti y a mí”, a lo que el autor de Las nieves del Kilimanjaro respondió: “En efecto, Scotty, tienen más dinero”. El populismo no lo ha inventado Rufián; las verdades que esconde, tampoco.

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