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Leïla Slimani, sobre la extrema derecha: “Todo el mundo está escuchando al ‘gran cabrón’”

Por: Manuel Ligero

Leïla Slimani llega todos los días al Museo del Prado muy temprano. El lugar está casi vacío. En su paseo por las diferentes salas, la acompaña un historiador del arte. Durante el recorrido saluda a unos trabajadores que, según capta ella, se muestran especialmente orgullosos de trabajar en una institución como esa, «un gran museo universal, como el Louvre, como el Metropolitan Museum de Nueva York». Esa perspectiva le complace especialmente «en una época en la que muchos políticos populistas consideran el arte como algo burgués, como algo que no es para todo el mundo», dice. «Pero el Prado no es una tienda de lujo. Aquí todo el mundo puede entrar y puede comprender lo que ve. Todo el mundo puede emocionarse con un cuadro de Goya. No hace falta un diploma ni una tarjeta de crédito».

La escritora franco-marroquí está participando en el programa «Escribir el Prado», una iniciativa en la que el museo invita a autores de relevancia internacional a explorar las colecciones como fuente de inspiración literaria. Ella lleva ya 10 días disfrutando de la residencia artística. Disfrutar es el verbo exacto para definir la experiencia, especialmente ahora, «en primavera, cuando la ciudad está particularmente bella». El programa, que cuenta con el patrocinio de la Fundación Loewe y la colaboración de la revista Granta en español, está concebido para propiciar un diálogo entre literatura y artes plásticas. El diálogo ha comenzado, aunque aún no tiene plasmación sobre el papel. «Cuando una llega a un lugar como este, no hay que obsesionarse con escribir. De momento, me conformo con vivir la experiencia y con tomar notas, que no es poca cosa. A veces, cuando pasan algunos días, incluso algunas semanas, releyendo esas notas la idea se presenta de repente», confiesa.

De alguna manera, las ideas ya están flotando alrededor de ella. Sólo hay que atender a sus asuntos predilectos, a la mirada que ha arrojado antes sobre temas como la mujer, las migraciones, la identidad en todas sus obras, publicadas en español por la editorial Cabaret Voltaire. ¿Pero están esas cuestiones presentes en un museo como el del Prado? Como explicó en un encuentro con la prensa, a veces hay que leer entre líneas, pero eso es precisamente lo interesante: «El arte demanda un esfuerzo. Igual que cuando se lee un libro y hay que recurrir al espíritu crítico. Un cuadro no es como una imagen de las redes sociales, algo que miras durante un segundo y pasas a otra cosa. A menudo, lo importante de un libro es lo que no se dice. Y lo que es importante en un cuadro es lo que no se ve. Pero entenderlo requiere un trabajo, no es como estar pasivo delante de una pantalla».

Con «lo que no se ve» se refiere Slimani a esas otras visiones del mundo que suelen faltar en los grandes museos, hoy felizmente empeñados en llenar esos vacíos sobre la cuestión racial, la colonial o la del género. En cualquier caso, la autora renuncia a entablar una lucha «identitaria» en torno a eso. «Rechazar un museo diciendo que “es para blancos” no tiene sentido para mí. Primero soy un ser humano. Para mí Dostoyevski no es simplemente un hombre blanco, es mi hermano. Lo universal existe. La familia humana existe. Si sólo buscamos representaciones de nosotros mismos, destruiremos el mundo».

Atraída por la pintura del Siglo de Oro, por Velázquez, por Zurbarán, la escritora se muestra especialmente interesada en la iconografía de aquella primera globalización, «del primer gran imperialismo». En ciertos cuadros «vemos por primera vez cuerpos indígenas o cuerpos negros. Vemos cómo van a ser dibujados los moriscos, que acaban de ser expulsados. Y busco también, claro, sus ausencias».

Slimani, que hace justo una década ganó el premio Goncourt por Canción dulce, vive desde hace cinco años en Portugal. Durante este tiempo ha tomado una especial conciencia de la presencia árabe en la península Ibérica, algo que «está por todas partes: en la arquitectura, en la lengua, en la comida, en las mismas caras…». A este respecto, recuerda la singular frase que tuvo que aprender de niña cuando acudía a la escuela francesa en Marruecos: «Nuestros ancestros, los galos…». Con más razón, a su juicio, los europeos deberíamos decir: «Nuestros ancestros, los árabes…». «Debéis daros cuenta, vosotros los españoles, de que sois mis primos, porque sois un poco árabes, os guste o no», apunta con humor.

Lo que más lamenta es la asimetría existente entre la cultura occidental y la del mundo arabo-musulmán. «Nosotros os conocemos muy bien, pero vosotros nos conocéis muy poco», señala. «Yo he leído a Cervantes, a Dickens, a Balzac. Hablo francés e inglés, pero nunca he encontrado a nadie en Europa que hable árabe». De hecho, ella misma, educada en francés, no habla la variante histórica y normativa del árabe, el árabe clásico, como revela con «una mezcla de pesar y vergüenza» en su último libro, Assaut contre la frontière. «Tampoco he encontrado gente que haya leído nuestros libros o que sepa citar grandes nombres de nuestra cultura. Hay muy poca curiosidad por parte de los occidentales. Eso me frustra mucho». Esta falta de interés, a su juicio, es «muy peligrosa porque alimenta el racismo, la violencia, la guerra».

Escuchando al «gran cabrón»

Como ha contado en multitud de artículos y se ve reflejado en sus novelas (especialmente en la trilogía de El país de los otros, que contiene una gran carga autobiográfica), Slimani, culturalmente hablando, tiene un pie a cada lado del Estrecho. Esa doble identidad, francesa y marroquí, no le causa ningún conflicto. Pero en Francia, donde la radicalización ultraderechista parece imparable, la insultan frecuentemente diciéndole que se vaya a su país. Como si Francia no fuera también su país. Como si sus raíces árabes la convirtieran en sospechosa de algún delito. Como si no hubiera alzado la voz deplorando vivamente todos los crímenes que se cometen en nombre del islam (en este sentido, es particularmente revelador su artículo titulado «Integristas, os odio»).

«Vivimos un momento que da mucho miedo», reconoce la escritora. «Me recuerda al cuadro de Goya ‘El gran cabrón’».

Leïla Slimani, sobre la extrema derecha: «Todo el mundo está escuchando al ‘gran cabrón’»
‘El aquelarre o El gran cabrón’, una de las Pinturas Negras de Francisco de Goya. WIKIMEDIA

«Todo el mundo está escuchando a estos ‘cabrones’. Es muy fácil manipular a la gente usando la identidad, diciendo que los inmigrantes les van a sustituir, que su mundo va a desaparecer. Es fácil decirle a un hombre que debería tener miedo porque las mujeres se lo quitarán todo, su trabajo, sus privilegios… Es fácil decir que antes todo era mejor», explica Slimani. «El problema es que hoy ya no diferenciamos entre la verdad y la mentira. Porque todos estos populistas mienten, claro. La propia Giorgia Meloni no para de hablar de la cultura cristiana y del peligro de la inmigración, pero legaliza a miles de inmigrantes porque los italianos ya no tienen hijos. Esa es la paradoja: hay un discurso para infundir miedo, pero todo el mundo sabe perfectamente que Europa no podrá mantener su nivel de vida sin inmigración».

La autora critica la simplicidad del mensaje difundido por la extrema derecha y la negligencia de la política actual a la hora de desmentirlos: «Necesitamos hombres y mujeres políticas capaces de explicarle cosas complejas a la gente. Por eso creo también que hay que defender la literatura y el arte en todo momento. Una buena novela demuestra que nada es blanco o negro. La vida es complicada, es gris, es difícil de juzgar. Y lo mismo ocurre con la pintura y su relación con la historia. Por eso es tan importante el arte, porque necesitamos devolver la complejidad a la mente de la gente».

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Pederastas: dejemos de mirar para otro lado

Por: La Marea

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«Pederastas: el problema estructural que no queremos abordar». Nunca nos había costado tanto escoger un titular de portada. Decidimos dedicar un especial a la violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes como un ejercicio de autocrítica y responsabilidad. Tras una comida en la que estuvimos hablando de Epstein, nos dimos cuenta de que no teníamos problema en definirlo a él y a sus cómplices como pederastas. Tampoco para aplicar ese término a los miembros de la Iglesia católica que han cometido agresiones sexuales. Las noticias sobre estos casos despiertan indignación y repulsa. Pero ¿cuál es la respuesta ante la violencia sexual intrafamiliar, la que supone un 80% del total? Las víctimas y especialistas que participan en el dossier de nuestro última revista lo tienen claro: silencio.

Pederastas: dejemos de mirar para otro lado

Una de cada cinco personas sufre violencia sexual antes de cumplir los 18 años, pero muy raramente lo contará y, menos aún, llegará a denunciarlo. Las agresiones que cometen nuestros padres, abuelos, tíos, padrastros, primos, vecinos o cuñados suelen ser secretos familiares que quedan impunes. Para minimizar su impacto, debemos reconocer cómo se manifiesta a través de señales más o menos evidentes. Para ello, hemos recopilado una serie de consejos de expertos para elaborar una guía con algunos indicadores, de tipo físico o conductual, que pueden ayudarnos a detectar posibles casos de violencia sexual contra la infancia y la adolescencia. Puedes descargarla aquí en castellano, catalán, euskera y gallego.

Quizá mientras lees estas líneas, estés pensando en alguien próximo que ha sufrido este tipo de violencia. Tal vez te haya sucedido a ti, la probabilidad es alta. Repetimos: afecta al 20% de las personas menores de edad. En La Marea no vamos a dejar de recordarlo porque los medios de comunicación debemos ser un servicio público.

Otros temas en La Marea 111

Además, fieles a nuestra inclinación por el reporterismo, visitamos Siria y Cuba. Al primer destino acudimos de la mano de Núria Vilà Coma, quien visita una escuela a las afueras de Damasco para ver cómo se han reanudado las clases después de la guerra civil y de la caída del gobierno de Bashar al Asad.

A la isla caribeña nos acercan Patricia Simón y el fotoperiodista Alex Zapico. Cuba vive momentos de tensión por el estrangulamiento energético al que está sometida por parte de Estados Unidos, que además amenaza con una invasión. Los cortes de electricidad son continuos y el éxodo de personas jóvenes es imparable.

Cuba en La Marea 111
Solo las viviendas y comercios con placas solares o generadores disponen de luz durante los apagones que sufre regularmente Cuba desde hace tres años y, especialmente, desde el bloqueo energético impuesto por Donald Trump. ALEX ZAPICO

Marco Dalla Stella firma un reportaje sobre la inteligencia artificial aplicada al armamento. Esta IA señala objetivos para los bombardeos en Irán y actualmente carece de regulación. La masacre provocada por el ataque estadounidense a una escuela de niñas en Minab expone los riesgos de su utilización.

Asimismo, Guillermo Martínez charló con el historiador Gutmaro Gómez Bravo sobre el final de la guerra civil española, el tema de su último ensayo. En él trata todos los pormenores del fin de una contienda que necesitó de la rendición y de la entrega del bando republicano. Es decir, que Franco no ganó heroicamente en el campo de batalla, sino con espionaje y tejemanejes de despacho.

Sebastiaan Faber, por su parte, conversó con la periodista Raina Lipsitz, autora de un libro titulado The Rise of a New Left que trata sobre los movimientos de la izquierda juvenil en Estados Unidos. Para prosperar, esta izquierda ha tenido que enfrentarse no sólo al trumpismo, sino al establishment del Partido Demócrata. La victoria de Zohran Mamdani en Nueva York es uno de sus triunfos más sonados.

Nos ocupamos también de la conservación de los océanos, elaboramos un bazar con productos e iniciativas de carácter ecosocial, os contamos la fascinante historia de la pintora Fanny Gonmar y, como siempre, viajamos a uno de los lugares que siempre está en nuestro corazón: los campamentos saharauis en Argelia. Allí, Miguel Ángel Fernández firma un reportaje sobre una original forma de cultivar hortalizas frescas en pleno desierto.

Sáhara Occidental en La Marea 111

En El Periscopio, nuestro suplemento cultural, abordamos el uso de la inteligencia artificial para realizar traducciones literarias, cuya popularización está poniendo en peligro a un sector ya muy precarizado que propone alternativas. También viajamos a Avilés, donde tendrá lugar una Bienal de Arte dedicada al cambio climático. Y hablamos con la escritora Laura Ortiz Gómez, autora de una novela atípica y deslumbrante sobre la lucha de clases: Indócil. El broche de oro para el suplemento es un relato de la escritora Elvira Navarro.

Como ves, La Marea en papel vuelve cargada de temas interesantes y también incómodos. Así debería ser siempre el periodismo. Así intentamos hacerlo. Ayúdanos a seguir en la brecha. Compra la revista. Suscríbete.

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Una pintura de otra época por venir

Por: Andrea Galaxina

Este artículo forma parte El Periscopio, el suplemento cultural de la revista La Marea. Puedes conseguir un ejemplar aquí o suscribirte en nuestro kiosco.


El Museo Reina Sofía inauguró hace unos meses una de las exposiciones imperdibles de la temporada, «Máscara y compás», una retrospectiva inmensa de la no menos inmensa pintora gallega Maruja Mallo. La muestra, que primero estuvo expuesta –en una versión reducida– en el Centro Botín de Santander, está llamada a reivindicar una figura fundamental para entender el arte español de las primeras décadas del siglo XX.

En este texto, sin embargo, no me voy a detener a hablar de su pintura, no voy a analizar sus fantásticas Verbenas, ni sus monumentales retratos, ni sus misteriosas y cosmológicas pinturas geométricas. Más allá del innegable valor plástico y estético de su obra hay algo en esta exposición mucho más conmovedor, algo que, en estos tiempos nuestros, se torna imprescindible: la idea de que un mundo nuevo por venir es posible.

Maruja Mallo fue una de las artistas que dio forma a ese nuevo mundo. Un mundo que en la España de entonces había visto su materialización política en la Segunda República. Un nuevo sistema que necesitaba de un lenguaje artístico acorde con esa realidad resplandeciente.


A una humanidad nueva corresponde un arte nuevo porque una revolución artística no se contenta solamente con hallazgos técnicos. El verdadero sentido que hace un arte nuevo integral es, además de un conocimiento científico sólido y de un oficio manual seguro, la aportación de una iconografía para una religión viva, para un nuevo orden.


En la exposición puede verse la fantástica entrevista que Paloma Chamorro le hizo a la artista en 1979 en el programa Imágenes. En un momento de la entrevista vuelve a aflorar esta idea:

–Tú has sido pionera de muchas cosas, también del bikini, ¿no?

–Todo porque nosotros teníamos una intuición de lo que nos gustaba y resulta que lo que nos gustaba era un pronóstico para otra época de devenir, aunque fuera prohibida y mal vista por las familias y la sociedad contemporánea.

Esa esperanza de un futuro «mejor», más luminoso, está constantemente presente en esta exposición. El sentimiento, ese ideal utópico que compartían muchos en los inicios de la década de los años treinta en España y que con la proclamación de la Segunda República pareció, por un brevísimo periodo de tiempo, hacerse realidad. E incluso se mantuvo cuando ya había estallado la guerra. Dice Maruja en esa entrevista con Paloma Chamorro: «[En 1932] yo entonces estaba muy esperanzada por una España muy luminosa, muy renovada».

El mundo en 1930 acababa de atravesar una guerra –la Primera Guerra Mundial– de una magnitud nunca vista hasta ese momento y una crisis económica brutal –la Gran Depresión, que empieza en 1929– que sumió a Europa en un agujero que alimentó al monstruo de los totalitarismos y la nueva guerra. En España, después de la dictadura de Primo de Rivera y el fracaso monárquico de la Restauración, la Segunda República se intuía como un momento de esperanza, de abandonar por fin la oscuridad en la que históricamente había estado sumido el país, de cambio, de progreso, del triunfo de la luz y la razón frente a la superstición y la oscuridad. Toda esa energía está muy presente en esta increíble exposición.


La exposición «Máscara y compás», de Maruja Mallo, puede verse en el Museo Reina Sofía de Madrid hasta el próximo 16 de marzo.

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