🔒
Hay nuevos artículos disponibles. Pincha para refrescar la página.
✇Rebelion

Zelenski se niega a aceptar los cuerpos de sus caídos

Por: Caty R

La razón de esa macabra negativa puede ser que muchos caídos figuran en  la contabilidad  ucraniana como desertores o  extraviados, para no tener que pagar a sus familias la pensión que corresponde a los caídos en combate. Así hay más dinero para pagar vivos que vayan al matadero. Ese es uno de los puntos con los que tropieza la negociación y que muestra la mala fe con los propios ucranianos de su Gobierno.

Otro punto irracional es que Zelenski se niega a retirar en paz las tropas ucranianas que aún están  en las provincias que optaron por ser parte de Rusia y prefiere  verlas masacradas por  el incontenible avance de  las tropas rusas. Mientras tanto recurre a actos terroristas como volar puentes de ferrocarril mientras pasan trenes civiles como modo de demostrar que su Gobierno aún está en grado de  hacer algo para dañar a los rusos. Estos actos de terrorismo son preocupantes, porque es evidente el involucramiento de la colaboración de la OTAN (satélites radares, servicios de espionaje, etc.) para perpetrar estos actos de guerra sucia. En Rusia lo saben y no se sabe por cuanto tiempo lo tolerarán.

En Estambul  la delegación ucraniana para hacer teatro se presentó vestida  con uniformes militares y  se aceptó  efectuar como paso previo la proposición rusa de un intercambio de cadáveres y de prisioneros. Los rusos presentaron un listado de los cadáveres que habían logrado identificar y también un alista de los prisioneros ucranianos heridos o enfermos  atendidos en hospitales rusos y que deseaban entregar . Primero debía tener lugar la entrega de los seis mil cadáveres y se acordó una fecha, lugar y hora para le entrega, Pero cuando los rusos llegaron a la frontera  con sus camiones  refrigerados no encontraron a ningún representante del Gobierno ucraniano para hacerse cargo de los cadáveres y ya llevan dos días con los camiones refrigerados esperando en la frontera, Un comportamiento del Gobierno ucraniano muy desconsiderado con su propia gente.

Es bien sabido que Zelenski noes  más que un títere  de la OTAN al servicio de los planes de la Alianza para usar a Ucrania como ariete para debilitar a Rusia antes de la confrontación final OTAN vs. Rusia. Por lo  tanto cualquiera está libre de especular sobre ese extraño comportamiento de desprecio de Zelenski con los cuerpos  de sus propios soldados. Un comentador ucraniano dice que la causa es la desmoralización del ejército ucraniano porque esos seis mil cadáveres son todos de soldados que participaron en la invasión de  la provincia rusa de Kursk, recuperada completamente hace un mes. Por eso los cadáveres quedaron en manos rusas. Como esa invasión fue decidida por Zelenski en persona en el cuartel general de la OTAN, el propio Zelenski se jactó de eso cuando la invasión de Kursk comenzó.

Esos seis mil cadáveres son la prueba de la ignorancia militar  de Zelenski y la OTAN. Hay otro que dice que  para enterrarlos habría que ampliar cementerios en toda Ucrania. Otro comentarista ucraniano dice que  la aceptación de tantos cadáveres podría aumentar las deserciones en el ejército ucraniano argumentando que en lo que va del 2025 ya van 90.000 expedientes por deserción en el ejército ucraniano.

La delegación ucraniana en Estambul se negó a aceptar el memorándum ruso donde se proponía que aceptasen las realidades en el terreno militar y territorial para poder sobre esa base  redactar  un acuerdo de paz definitivo.

En mi opinión la verdad es que en la OTAN aún ha bastantes idiotas  que creen  en la posibilidad de ganar la guerra a una Rusia debilitada por una estéril guerra en Ucrania y las sanciones y luego repartirse el territorio entre ellos como hicieron Inglaterra, Francia  y el judaísmo internacional (Rothschild) con el Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial que ellos mismos provocaron. El manual del anglosionismo es siempre el mismo. Pero  la Federación Rusa no es el decadente Imperio  Otomano.

✇Rebelion

Polonia elige a Nawrocki como presidente

Por: JDF

Así lo informó la agencia de noticias polaca PAP, que cita los datos de la Comisión Electoral Nacional tras el recuento de votos en todos los colegios electorales. La participación fue alta, del 71,63%.

La derrota del liberal europeísta Trzaskowski abre el camino al regreso de Ley y Justicia al poder y compromete el liderazgo del primer ministro, Donald Tusk, en Polonia y en la UE.

Nawrocki sucederá al presidente saliente, Andrzej Duda, que agota en agosto los dos mandatos consecutivos que permite la Constitución.

La victoria de Nawrocki dificultará la agenda de Tusk, que se centra en deshacer las políticas liberales del PIS, que gobernó Polonia durante casi una década, hasta las elecciones legislativas de 2023. Además, podría reavivar las tensiones con la Unión Europea y afectar a las relaciones con Ucrania, debido a su rechazo a la adhesión ucraniana a la UE y la OTAN, además de su intención de reducir ayudas a refugiados.

La participación fue superior al 67,3% registrado en la primera vuelta del 18 de mayo y la más alta en unas elecciones presidenciales en Polonia desde 1990. Nawrocki se presentó a las elecciones como candidato independiente, apoyado por el partido gobernante Ley y Justicia.

Tras la primera vuelta de las elecciones presidenciales, pasó al balotaje con su oponente Trzaskowski.

Sus opiniones políticas se describen como conservadoras y de derechas. Durante la campaña electoral dijo que se oponía a la vacunación obligatoria de adultos y niños, y en enero de 2025 sostuvo que estaba en contra de la adhesión de Ucrania a la OTAN y a la Unión Europea hasta que se resolvieran las cuestiones polaco-ucranianas, incluida la exhumación de las víctimas de la masacre de Volinia, calificado por muchos como una limpieza étnica que el Ejército Insurgente Ucraniano y otros grupos armados llevaron a cabo en 1943 y 1944.

El plan electoral de Nawrocki incluía, entre otras cosas, la garantía de no subir los impuestos, una reducción del IVA y un aumento del umbral del segundo impuesto. Entre las promesas figuraban también la introducción del impuesto cero sobre la renta de las personas físicas para las familias con al menos dos hijos, así como la exención fiscal de las herencias y la abolición del impuesto Belka sobre los Ingresos Brutos. Nawrocki se muestra partidario de la energía nuclear, pero afirma que hasta que Polonia no tenga su propia central nuclear, el carbón debe extraerse de las minas polacas. «Digo claramente no a esto. Hasta que Polonia llegue a la energía nuclear, el carbón polaco debe extraerse, alimentar y desarrollar la República de Polonia», dijo en la campaña. También habló del Pacto Verde y de ecología: «Con el rechazo a la ideología verde, a los impuestos verdes, al EU-ETS (Sistema Europeo de Comercio de Emisiones), con la extracción del carbón polaco, empezaremos por fin a pagar precios normales por la electricidad», bramó en más de un mitin.

Asimismo, sostuvo que el servicio militar debe seguir siendo voluntario y que no quiere cambiarlo. En el debate presidencial afirmó que Polonia no se encuentra actualmente en una situación que requiera un servicio militar obligatorio.

«Seré el presidente de una Polonia segura en la que el servicio militar debe ser voluntario. Es necesario construir un Ejército polaco fuerte y moderno, de al menos 300.000 efectivos, con alianzas sólidas, pero que siga siendo voluntario, lo que también es fundamental para mí», afirmó. «Polonia estará segura cuando esté militarmente segura y tenga al menos un Ejército polaco de 300.000 hombres y un millón de reservistas. Y esta es mi confesión de que esto es a lo que conduciré y esto es lo que llevaré a cabo como Superior de las Fuerzas Armadas», afirmó.

¿Quién es Karol Nawrocki?

Polonia ha definido su futuro político, al elegir con un 50,89 % de los votos al conservador y euroescéptico Karol Nawrocki, de 42 años, como su próximo presidente.

Durante la campaña electoral, el entonces candidato manifestó su intención de poner los intereses de los polacos por encima de otras naciones, defender los valores tradicionales y se mostró escéptico respecto a la Unión Europea.

Además, criticó a Ucrania en varias ocasiones. En abril, acusó a Kiev de ser desagradecido con el apoyo proporcionado por Varsovia. «Ucrania realmente no nos trata como socios. Estoy profundamente decepcionado con el presidente Zelenski. Se comportó de una manera que nunca debería haberse comportado hacia el Estado polaco», lamentó.

A principios de enero, Nawrocki manifestó también que Ucrania no debería entrar en alianzas occidentales hasta que se solucionen los asuntos pendientes en relación con el genocidio de Volinia, cometido contra la población polaca por nacionalistas ucranianos en 1943. «No veo a Ucrania en ninguna estructura. Ni en la Unión Europea ni en la OTAN», declaró en aquel entonces.

En mayo, firmó una declaración de ocho puntos con Slawomir Mentzen, líder de la extrema derecha polaca, en la que se comprometió a oponerse a la adhesión de Ucrania a la OTAN e hizo constar que mientras él sea presidente, no se enviarán soldados polacos a Ucrania.

Nawrocki lamentó en una entrevista en marzo que Vladímir Zelenski «se comporta de manera indecente hacia sus aliados, incluida Polonia». «Dijo que Ucrania se había quedado sola al principio de la guerra, lo que significa que no apreció los grandes esfuerzos de los polacos ni del presidente polaco», sostuvo, denunciando que Kiev trata a Varsovia como si fuera su «granja subsidiaria».

Si bien manifestó su intención de continuar con el apoyo a Kiev, acusó a los refugiados ucranianos de aprovecharse de la generosidad de su nación y prometió priorizar a los polacos cuando se trata de esperas para ser atendidos por los servicios sociales como atención médica y educación. «Los ciudadanos polacos deben tener prioridad. Polonia primero. Los polacos primero», dijo en un video de campaña.

Nawrocki también se mostró dispuesto a sentarse a la mesa de las negociaciones con el presidente ruso Vladímir Putin e incluso a estrecharle la mano si esto respondiera a los intereses de su país. «Trump, Zelenski, Putin y yo estaríamos en la mesa, discutiendo si Ucrania sería una zona colchón estable entre Rusia y Polonia», expresó.

El ganador de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales sucederá al conservador Andrzej Duda, cuyo segundo y último mandato termina el 6 de agosto. Si bien la mayor parte del poder en el sistema político de Polonia recae en un primer ministro, el papel del presidente es relevante, pues puede influir en la política exterior, así como vetar leyes.

Recientemente, Nawrocki ha encabezado el Instituto de la Memoria Nacional, que defiende narrativas históricas nacionalistas. Lideró esfuerzos para derribar monumentos al Ejército Rojo de la URSS en Polonia.

El primer ministro de Polonia anuncia un voto de confianza sobre su gobierno tras las presidenciales

Por Vanessa Gera

El primer ministro de Polonia, Donald Tusk, anunció el martes pasado que el Parlamento celebrará un voto de confianza sobre su gobierno el 11 de junio, ya que el país enfrenta una “nueva realidad política”.

Convocó el voto después de que su aliado político, el alcalde liberal de Varsovia, perdiera la elección presidencial del fin de semana en Polonia ante el conservador Karol Nawrocki.

El gobierno de Tusk maneja la mayoría de los asuntos cotidianos en Polonia. Opera por separado de la presidencia, pero el presidente tiene el poder de vetar leyes, y la victoria de Nawrocki hará extremadamente difícil para Tusk impulsar su agenda pro europea.

Tusk anunció la fecha del voto de confianza al inicio de una reunión del ejecutivo en Varsovia.

«Estamos comenzando la sesión en una nueva realidad política», dijo Tusk. «La realidad política es nueva, porque tenemos un nuevo presidente. Pero la Constitución, nuestras obligaciones y las expectativas de los ciudadanos no han cambiado. En Polonia, el gobierno gobierna, lo cual es una gran obligación y honor».

Nawrocki, que tuvo apoyo del presidente de EE UU, Donald Trump, ganó el 50,89% de los votos en una reñida contienda contra el alcalde de Varsovia, Rafał Trzaskowski, quien recibió el 49,11%.

La contienda reveló profundas divisiones en el país, situado en el flanco oriental de la OTAN y la Unión Europea.

Se espera que Nawrocki, que asumirá el cargo el 6 de agosto, moldee la política interna y exterior del país de maneras que podrían tensar los lazos con Bruselas mientras alinea a la nación centroeuropea de casi 38 millones de personas más estrechamente con el gobierno de Trump.

Trump celebró su victoria y escribió en su plataforma de redes sociales Truth Social: «¡Felicidades, Polonia, eligieron a un GANADOR!».

Nawrocki respondió a Trump en X, diciendo: “Gracias, sr. presidente. Una fuerte alianza con EE UU, así como una asociación basada en una estrecha cooperación, son mis principales prioridades”.

Fuentes: ANSA/EPA, Resumen Latinoamericano

✇Rebelion

Los referéndums de junio 2025 en Italia proderechos laborales

Por: Caty R

Los días 8 y 9de junio, coincidiendo con la segunda vuelta de las elecciones administrativas italianas, tendrá lugar la votación de cinco referéndums derogatorios de carácter laboral (referéndums que permite la Constitución italiana) promovidos por la confederación sindical CGIL. Esta fórmula no fue incorporada a la Constitución española, so pretexto de “populismo”. Sin embargo, estos referéndums populares tienen bastante de democracia participativa más que lo que decidan las mayorías parlamentarias, sometidas a la manipulación de las elecciones generales mediante enormes compras de voto por los grandes poderes económicos del sistema.

 El cupo de firmas para que se pueda solicitar un referéndum es de medio millón, pero en los estos referendos de junio de 2025, los convocantes (básicamente el sindicato de la CGIL) han obtenido más de dos millones y medio. Para que se lleguen a hacer efectivas las reivindicaciones de referéndum no basta con mayoría simple, es necesario una mayoría de más del 50%. Se posicionaron a favor de los referéndums, principalmente: el Partido Democrático, pese a las reticencias de su ala derecha, el movimiento 5 estrellas, la Alianza Verdes Izquierda, En contra los partidos más gubernamentales y el otro gran sindicato italiano, la CISL, más proclive a la complicidad con el Gobierno de Meloni.

El Gobierno y las fuerzas políticas en él representadas están especialmente interesados en forzar la abstención ciudadana con la finalidad de que los defensores de los referéndums no lleguen a alcanzar el 50% necesario.

El primer referéndum reclama la readmisión obligatoria en caso de despido injustificado o una indemnización para los contratados después del 7 de marzo del 2015. Según un texto, que posteriormente fue modificado por el llamado “Decreto dignidad”

El segundo referéndum pide la derogación de la norma que prevé en las empresas de menos de 15 trabajadores, una indemnización de 6 meses como máximo en el caso de despido injustificado. Se calcula que en Italia existen unos 3,7 millones de trabajadores en esta situación. Se trata de elevar la protección, anulando el límite máximo de 6 meses de indemnización en caso de despido injustificado, para que sea el juez quien determine la justa indemnización sin límite alguno.

El tercer referéndum reivindica la Reducción del trabajo precario y los contratos temporales. En Italia, tras una serie de reformas en cascada, la última de las cuales, del 2023, se puede contratar por 12 meses sin ninguna causa específica y por otros 12 meses consecutivos por “exigencias de naturaleza técnica, organizativa o productiva” precisadas por las partes, es decir por el empleador. En Italia, unos 2,3 millones de personas tienen este tipo de contratos de trabajo de duración determinada. Se pide poner coto a la “lacra de la temporalidad”.

El cuarto referéndum trata de la salud laboral y responsabilidad en contratas. Según la CGIL, en Italia se registran hasta 500.000 accidentes laborales al año y casi 1.000 muertes, lo que supone que en Italia mueren cada día 3 trabajadores a consecuencia de su trabajo.

El quinto referéndum pretende fortalecer la integración en la ciudadanía a los extranjeros en la comunidad nacional italiana, en un momento en el que está arreciando la expulsión de extranjeros; también pide rechazar la prohibición, por parte del Gobierno italiano, de la recogida de inmigrantes en el mar. En consecuencia, se propone reducir a la mitad, de 10 a 5 años, el periodo de residencia legal en Italia para solicitar la concesión de la ciudadanía italiana, restableciendo un requisito introducido en 1865 y que no se modificó hasta 1992. Pero este referéndum sobre la ciudadanía italiana no modifica los demás requerimientos para la obtención de la ciudadanía, como son: la comisión de delitos penales, el conocimiento de la lengua italiana, la posesión en los últimos años de unos ingresos sustanciales, el cumplimiento de las obligaciones fiscales y la ausencia de delitos contra la seguridad de la República. Se da el caso de que existenunos 2,5 millones de ciudadanos de origen extranjero que nacen, crecen, viven, estudian y trabajan Italia contribuyendo con ello a la riqueza y crecimiento para todos los habitantes de italianos.

Se da la circunstancia de que las fechas de la campaña de estos referéndums ha coincidido con el 25 de abril, fiesta nacional de conmemoración la victoria sobre el fascismo, que en este año cumple el 80 aniversario.

Julio García Camarero es doctor en Geografía por la Universidad de Valencia, ingeniero técnico forestal por la Universidad Politécnica de Madrid, exfuncionario del Departamento de Ecología del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias y miembro fundador de la primera asociación ecologista de Valencia, AVIAT 

✇Rebelion

La población de la Unión Europea: ¿cañones o mantequilla?

Por: Miguel Arróniz

Fraguó la dicotomía como imagen de la elección de los gobernantes entre producir aquello que en tiempos de paz va envejeciendo y quedando obsoleto sin uso productivo alguno, representado por los cañones, y, en sus antípodas, la producción de bienes aprovechables por los habitantes, cuya imagen se resume en la mantequilla. Una sociedad amenazada puede inclinarse a aumentar la producción de los primeros a costa de desatender los segundos. El busilis estriba en que haya amenaza real y no un cuento inventado para amedrentar a la población y engañarla.

Sentemos las premisas objetivas, al margen de toda interpretación: 1) Ucrania no pertenece a la UE ni a la OTAN. 2) La UE no ha recibido ninguna amenaza manifiesta de Rusia ni de otro Estado, ninguno de los Estados de la UE, ni siquiera los fronterizos con Rusia, han sido amenazados por esta. 3) Salvo que se desvele lo contrario, la UE fue arrastrada por la administración Biden de los Estados Unidos a tomar partido contra Rusia; si bien, a la vista de los acontecimientos que se han ido conociendo, especialmente por la participación activa del Reino Unido en operaciones terroristas en territorio ruso, diseñadas y dirigidas por su personal militar y de los servicios de inteligencia, podemos pensar que ha habido connivencia desde el inicio.

Se puede opinar sobre si fue la población la que pidió a Rusia que interviniera en el Donbass para proteger a los ciudadanos rusoparlantes, y prorrusos mayoritariamente, o si fue una estructura de milicias autóctonas del Donbass quien lo solicitó para salvar a los ciudadanos bombardeados por el ejército de Ucrania, que se suponía creado para defender a sus ciudadanos de ataques externos y no para atacar a sus propios ciudadanos. La cuestión es que los famosos acuerdos de Minsk, que Rusia aceptó resultaron ser una estratagema para armar a Ucrania incumpliendo dichos acuerdos, como reconoció públicamente Ángela Merkel.

En ningún momento Rusia ha proferido amenazas a ningún país de la UE, y, a mayor abundamiento, tanto ésta como los EE. UU. Han considerado que el ejército de Rusia no tenía capacidad para vencer a Ucrania (con el apoyo de trastienda de países de la OTAN), ¿cómo, pues, considerar ahora que pudiera ser una amenaza contra la UE que obligue a ésta a armarse hasta los dientes? Y no habiendo amenaza objetiva ni subjetiva, ¿a qué gastar dinero en favor de un país, Ucrania, reputado por otras cosas que no por sus virtudes democráticas ni por una limpia ejecutoria anticorrupción, por decirlo suavemente.

En realidad, progresivamente hemos podido ir viendo desmoronarse la creencia en nuestras propias instituciones, pues se ha admitido que surjan decisiones en órganos no representativos de la voluntad popular, cual es la Comisión europea; y ahora nos vienen con la milonga del gasto en armamento y estructura militar imprescindible para enfrentarnos a amenaza (inexistente) de Rusia. El asunto se ha ido abriendo paso en la medida en que la población ha ido encajando los discursos orquestados desde los diversos poderes, silenciando las voces críticas en los medios de opinión, que parecen todos lo mismo y sólo uno (¿este es el cuarto poder? Sí, el poder de los gobernantes, no el de los ciudadanos). Mientras se han utilizado artimañas como recurrir a los beneficios de los activos rusos secuestrados para financiar una parte y se han arañado de otras partidas de los presupuestos públicos, la población se ha resignado. Veremos si reacciona o no a los planes que ya se están diseñando para el largo plazo, válganos de ejemplo el francés, que se ha mostrado a través de una Nota flash (N.º 2, mayo 2025) intitulada Comment financer le réarmement et nos autres priorités d’ici à 2030?, cuyo editorial firma Clément Beaune, Haut-commissaire au Plan-Commissaire général de France Stratégie. Él subraya que el esfuerzo a realizar se aproximaría al 3,5 % del PIB de ahora hasta 2030, lo que supondría doblar el presupuesto de defensa francés, crecimiento inédito desde la postguerra.

¿Cómo financiarlo? Y aquí la Nota flash revela las fuentes posibles, que, a buen entendedor, bastarán pocas palabras: 1.º) Reducción de otras partidas, particularmente en prestaciones sociales y en función pública; 2.º) Aumento de impuestos, de los que se reconoce consecuencias negativas para la actividad económica; 3.º) Crecimiento de la tasa de empleo, de la que se adelanta su dificultad a corto plazo y 4.º) Recurrir a financiación europea por la vía del endeudamiento común, con dificultades jurídicas y políticas pero que mutualizaría el esfuerzo con los miembros de la UE. El que bien entienda verá lo poco atractiva de la segunda, la dificultad de la tercera, quedando dos: o el mayor endeudamiento (esta vez compartido con otros miembros de la UE, a sabiendas de que hay países poco o nada dispuestos) o la reducción de ayudas sociales y de la función pública. Hemos de reconocer que el contexto es favorable a esta última, pues ya las clases medias están cansadas de pagar ayudas sociales no exentas de corrupción y que consideran a la función pública como un asidero que no se padece equitativamente el sufrimiento colectivo.

Lo que decimos de Francia, vale para el resto de países de la UE en buena medida. De la opción cañones o mantequilla, es fácil la decisión: mantequilla, y apartar a los actuales dirigentes políticos que defienden los cañones, que están entregados a los intereses de la industria armamentística. 

✇Rebelion

Alemania impulsa la Tercera Guerra Mundial

Por: Caty R

Y es que Alemania ha iniciado o tenido participación directa en las dos conflagraciones mundiales anteriores: la primera de 1914 a 1918 y la segunda de 1939 a 1945.

La historia de esa nación europea esta escrita con sangre pues desde su nacimiento ha participado en varias conflagraciones aunque las dos principales han sido las ocurridas en el siglo XX.

Bajo el emperador Guillermo II, Alemania fue la principal  potencia central que inició el conflicto de la Primera Guerra al invadir Bélgica y avanzar hacia Francia, lo que llevó a una guerra mundial. El conflicto terminó con la derrota alemana y grandes pérdidas humanas y materiales.

Para la Segunda Guerra Mundial, Alemania bajo Adolf Hitler, lanzó la invasión a Polonia en septiembre de 1939, seguida de campañas rápidas a Noruega, Países Bajos, Francia, los Balcanes y después hacia la Unión Soviética (URSS).

El 22 de junio de 1941, Berlín desató la Operación Barbarroja con el objetivo de conquistar el territorio occidental de la URSS, obtener recursos estratégicos como petróleo y alimentos, destruir al Ejército Rojo y de esa forma asegurar el dominio nazi en Europa.

Hitler buscaba además eliminar los avances económicos, políticos y sociales del comunismo soviético y expandir el “Espacio vital” para su país, con planes de germanizar y esclavizar de los pueblos eslavos.

La invasión fue la ofensiva militar más grande de la historia hasta ese momento, con tres millones de soldados que atacaron en tres frentes principales: norte hacia Leningrado, centro hacia Moscú y sur hacia Ucrania. Aunque esperaban una rápida victoria, la resistencia soviética impidió que el plan saliera como Hitler esperaba y la derrota del nazismo resultó desastrosa.

La propaganda nazi también ha jugado un papel destacado para comenzar las acciones bélicas y justificar las consecuentes invasiones. En 1939 se acusó a Polonia de perseguir a la minoría alemana étnica. Para crear un pretexto, organizaron la llamada «Operación Himmler», una serie de ataques de bandera falsa, como el montaje en la estación de radio de Gleiwitz, donde miembros de las SS fingieron un ataque polaco.

Pero al parecer esos dos enormes fracasos sufridos en la Primera y Segunda Guerras Mundiales no han sido comprendidos por sus actuales líderes.

En esa peligrosa línea, el recién estrenado canciller, Friedrich Merz anunció que “ya no hay restricciones a la gama de armas suministradas a Ucrania, ni por parte británica, ni francesa, ni la nuestra”.

Merz con esa postura permite proporcionarle a Kiev misiles de crucero de largo alcance Taurus, capaces de impactar contra objetivos situados a más de 500 kilómetros.

El régimen ucraniano ha instado repetidamente a su aliado europeo a que le entregue este tipo de armas, pero el anterior canciller, Olaf Scholz, se manifestó en contra de esta idea, expresando su temor de que tal medida pudiera convertir a Alemania directamente en parte de un conflicto militar. 

Berlín continúa la apuesta belicista en el conflicto utilizando a Ucrania para esos fines y de esa forma intentar resolver la inestabilidad económica que atraviesa. A la par complace al Complejo Militar Industrial alemán, sobre todo a la compañía Rheinmetall, que tiene estrechas conexiones con la cúpula gubernamental. 

En el mismo barco se ha montado el primer ministro británico Keir Starmer, quien además de la entrega a Ucrania de misiles Storm Shadow con alcance de 250 kilómetros, declaró que aplicará un mayor gasto en defensa e invertirá en submarinos nucleares, drones y capacidades de guerra digital para enfrentar a Rusia en una “posible” guerra.

Por la parte rusa, la portavoz del Ministerio de Exteriores, María Zajárova, advirtió que Moscú interpretaría cualquier ataque con misiles Taurus como una participación directa de Berlín en el conflicto. El vicepresidente del Consejo de Seguridad, Dmitri Medvédev, afirmó que Berlín vuelve a ser enemigo de Moscú y a participar en la guerra guiada por la ideología nazi creada por ellos. Mientras, el canciller, Serguéi Lavrov, dijo que Alemania se desliza por la misma pendiente por la que ya se deslizó dos veces en el siglo pasado.

Lo cierto es que las tensiones crecen a diario y una conflagración mundial está latente en el tenso ambiente.

La pregunta es: ¿creerán los millonarios dirigentes de Alemania, Reino Unido, Francia y en general de la Unión Europea que podrán salvarse de una Tercera Guerra Mundial en la que nueve países poseen 12 500 ojivas nucleares cada una mucho más potentes que las lanzadas por Washington contra Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Lo prudente sería para salvar a la especie humana que las cabezas calientes de Friedrich Merz, Keir Starmer y del francés Enmanuel Macron se enfriaran.  

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

✇Rebelion

Israel tiene en Gaza su escaparate militar y en Europa, su mejor cliente

Por: Bea Morales

Israel alcanzó en 2024 un récord en sus exportaciones militares, llegando a los 13.000 millones de euros, y mantuvo a Europa como principal cliente, que compró el 54% del montante total, un cliente que asistió impasible al genocidio que lleva a cabo en Gaza, más allá de críticas tibias y reacciones tardías.

El Ministerio de Defensa israelí destacó que se trata del cuarto récord consecutivo, fruto de una subida interanual del 13%, pero que eleva el volumen de exportaciones a más del doble que hace cinco años.

Las revisiones de contratos pendientes no acaban de concretarse ni siquiera después de 20 meses de masacres diarias.

De hecho, el Ministerio israelí se jactó de que cerca del 57% de los acuerdos son «megacontratos» superiores a los 100 millones de dólares. En cuanto al tipo de producto exportado destaca, con un 48%, la categoría de misiles, cohetes y sistemas de defensa aérea. Las ventas sobre tecnología espacial, por su parte, se dispararon del 2 al 8%.

De hecho, Europa no solo no ha reducido sus compras, sino que en el terrible año 2024 pasó del 35% de las exportaciones al 54%, si bien el informe no diferencia las ventas por países. Le sigue a gran distancia la región de Asia-Pacífico, con un 23%, y los países árabes que firmaron los Acuerdos de Abraham –Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos–  para normalizar relaciones con Israel, que no solo no han cortado relaciones sino que suman un 12%, frente al 3% anterior.

El infierno de los palestinos en Gaza ha sido el escaparate de Israel para vender sus misiles. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, presumió de un «tremendo logro» que considera «resultado directo de los éxitos» logrados en el campo de batalla de Gaza, Líbano, Yemen, Irán y en cualquier otro escenario donde ve «enemigos». «El mundo ha visto la fuerza de Israel y busca ser un aliado –insistió Katz–.  Los resultados operativos de la guerra y el rendimiento demostrado de los sistemas israelíes en el campo de batalla han generado una fuerte demanda internacional de tecnología de defensa israelí».

Añadió que Israel está dispuesto a seguir consolidando la industria militar para «garantizar la clara superioridad frente a cualquier amenaza, en cualquier lugar y en cualquier momento».

Alemania y Noruega seguirán vendiendo armas

Israel tiene también en Europa algunos de sus principales proveedores de armas, que ni contemplan la posibilidad de cortar esta relación. Precisamente, el ministro de Exteriores de Alemania, Johann Wadephul, reiteró ayer que su Gobierno seguirá suministrando armas a Israel, porque este Estado las necesita para «defenderse». Wadephul reiteró que «la seguridad y existencia» de Israel son «razón de Estado» para Alemania. En  la misma sesión parlamentaria, una diputada de La Izquierda, Cansin Köktürk, fue expulsada por llevar una camiseta con la palabra Palestine.

El Parlamento de Noruega, rechazó varias propuestas para limitar las inversiones del fondo soberano en empresas israelíes o vinculadas a Israel que le vendan armas o contribuyan a la situación actual de los territorios palestinos ocupados.

También rechazó cambiar los criterios para la venta de armamento militar para excluir a empresas que utilicen las armas «de una manera que constituyan graves violaciones de los Derechos Humanos y del Derecho Humanitario».

En el Estado español, donde el Misterio de Defensa afirma haber suspendido la licencia de una empresa israelí para fabricar 168 sistemas de misiles contra carro Spike LR2, un informe del Centro Delás de Estudios por la Paz reveló que las importaciones de armas, tanques y otros materiales de guerra de Israel sumaron el valor de 36,7 millones de euros desde el inicio de la agresión contra en Gaza.

Protesta ante el Parlamento británico para exigir el embargo y sanciones contra Israel. (Adrian DENNIS/ AFP)

Por su parte, el primer ministro británico, Keir Starmer, otro de los aliados de Israel, afirmó ayer en el Parlamento que la Franja de Gaza atraviesa por «días oscuros»  debido a la intervención militar israelí, que calificó de «intolerable» y «contraproducente». Mientras hablaba, fuera del Parlamento, centenares de personas en una cadena humana exigían a Starmer que imponga un embargo y sanciones contra Israel.

El Trinity de Dublín corta relaciones

A pesar de la lentitud de las respuestas, algunas instituciones van dando pasos en ese sentido, bajo la presión de movimientos sociales como los estudiantiles.

La universidad Trinity College Dublin (TCD) votó a favor de eliminar todos sus vínculos con otras instituciones académicas y compañías radicadas en Israel. El TCD pondrá fin a las inversiones, relaciones comerciales y colaboraciones académicas y de investigación, lo que afectará también al programa de intercambio Erasmus+ con universidades israelíes. Una investigación del “The Irish Times” constató que el Trinity tenía inversiones en 13 compañías israelíes, tres de la cuales figuran en una lista del Consejo de Derechos Humanos de la ONU de empresas involucradas en colonias israelíes en Palestina.

También la Universidad de Ginebra, tras la movilización de los estudiantes, ha puesto fin a un acuerdo estratégico con la Universidad Hebrea de Jerusalén y no renovará el convenio con la Universidad de Tel Aviv, que finaliza en febrero próximo, aunque pidió que no se interprete la decisión como un boicot académico.
En el Estado francés, un grupo de asociaciones pidió ante un tribunal que impida que el Salón Aeronáutico de París, que se celebra del 16 al 22 de junio, reciba a empresas israelíes, argumentando que los proveedores de material de guerra participan en la «comisión masiva de crímenes internacionales» en Gaza.

Casi cien muertos en un día

Mientras tanto, el Ejército israelí mató el martes al menos a 95 personas e hirió a otras 440. Muchas de las víctimas eran padres que suelen ser los que van buscar comida con la que alimentar a sus hijos, después de que Israel forzara la creación del nuevo sistema militarizado de reparto de alimentos que ayer cerró todos sus puntos.

El jefe de asuntos humanitarios de la ONU, Tom Fletcher, denunció que estas muertes son «resultado deliberado de la elección de Israel de privar sistemáticamente a dos millones de personas de bienes esenciales para sobrevivir».

Ayer mató a 41 personas más desde medianoche. Siete de ellas, incluidos tres niños, en ataques con drones en Yabalia y en Jan Yunis. El Ejército de Israel bombardeó además por undécima vez el hospital de los Mártires de Al Aqsa, en el centro de la Franja. También atacó zonas residenciales de Deir el-Balah y las tiendas de desplazados de Mawasi. 

Venta francesa

La eurodiputada Rima Hassan, a bordo de la Flotilla de la Libertad que se dirige a Gaza, pidió a Emmanuel Macron que el Estado francés detenga el envío de equipo militar a Israel. Una investigación de Disclose y The Ditch reveló ayer que París se prepara para entregar material de ametralladora al Estado israelí.

Flotilla

El Ejército israelí amenazó al barco Madleen, que se dirige a Gaza como parte de la Flotilla de la Libertad, afirmando que está «preparado para actuar en consecuencia» y evitar que lleguen a Palestina. Después de que el martes drones sobrevolaran el barco de forma repetida, los activistas a bordo han pedido que se envíe un correo electrónico a los diferentes Ministerios de Exteriores para pedir protección.

Fuente: https://www.naiz.eus/es/info/noticia/20250605/israel-tiene-en-gaza-su-escaparate-militar-y-en-europa-su-mejor-cliente-1

✇Rebelion

Crónica de una deriva inevitable pero que debemos combatir

Por: JDF

A modo introductorio.

                 El proyecto de integración europeo, del que siempre nos hablan, surge en las postrimerías de la II Guerra Mundial, fruto de una suerte de reflexión colectiva de las distintas burguesías que conformaban la dirigencia de los distintos estados europeos. Fruto de la destrucción de Europa por las pugnas bélicas entre las distintas oligarquías, fascismos voraces mediante. El capital, siempre tendente a la acumulación en la fase imperialista, fue explorando vías de convergencia en una Europa que quedaba, hasta nuestros días, subordinada a los intereses de su primo de Zumosol, es decir, el gran capital estadounidense. 

Ya en 1951, se funda en París el tratado que pone en marcha la Comunidad Europea del Carbón y el Acero (CECA), participando en la iniciativa Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Bélgica y Luxemburgo. Dichos estados buscaban recuperar sus fuerzas productivas y su capacidad de distribución, pero, obviamente, no podemos hablar de una iniciativa totalmente autónoma, en términos de los capitales europeos, teniendo al Plan Marshall sobrevolando por encima. Plan que aseguraba la primacía de los intereses yanquis en toda la reconstrucción de Europa. De hecho, este primer tratado fue clave para guardar bajo la alfombra el papel responsable de los capitales que estuvieron al servicio de los distintos fascismos europeos. 

Durante años, se dieron distintos pasos, afirmativos y en falso, para promover una mayor expansión del proyecto del gran capital de los estados de Europa Occcidental, hasta culminar en la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1985 con los tratados de Roma. Así, los seis estados fundadores mostraban su músculo financiero y reivindicaban un nuevo órgano supranacional que comenzó ya de forma más clara a reivindicar su papel de absorción de las distintas burguesías nacionales, aunque fue un proceso muy progresivo. 

Dicho esto, la evolución de influencia de la idea de esa convergencia del gran capital europeo fue al alza hasta los años 80 del pasado siglo, cuando hay un punto de inflexión a comienzos de la década de los 90, con los tratados de Maastrich, casualmente coincidiendo con el fin de la historia y la desaparición socialismo real en Europa. A raíz de Maastrich, los grandes capitales de Europa comienzan a proponer un modelo de convergencia que integra, obviamente, los intereses de los capitales más desarrollados, pero en esta ocasión con un gran entramado fetichista en términos participativos y políticos.

Así, y progresivamente hasta hoy, la entidad supranacional que es la Unión Europea integra a 27 estados y tiene alrededor de 10 estados más buscando la integración en la entidad supranacional. Muchos de los estados aspirantes, de hecho, son países que fueron desestabilizados durante años por los estados participantes en la década de los 90, precisamente por el hecho de haber sido parte del bloque socialista europeo, influyendo luego en una suerte de burguesías nacionales dóciles al servicio de los estados más desarrollados en términos de formación histórica capitalista. 

En síntesis, por poner el broche a esta introducción,  el proceso de integración europeo, no deja de ser un proceso de integración de la oligarquía de los estados más poderosos de Europa, que ha ido evolucionando en términos de supraestructura y que ha explotado el fetiche de la representatividad, con momentos de auge como el referéndum para aprobar la Constitución Europea de 2004, con resultados regulares. Todo ello, insistimos, gestionado bajo la larga sombra del gran capital estadounidense y sus exigencias en términos geopolíticos. Por resumir, hablamos de un gran entramado burocrático a favor de los intereses de los grandes capitales europeos, donde la clase trabajadora hace un papel de performance, asumiendo su papel de aristocracria en la división internacional del trabajo, división que explica también las enormes desigualdades que hay entre unos estados miembros y otros.  

La crisis del 2008 como indicador. 

Dando un salto en el tiempo, todos recordamos la gestión que el entramado burocrático de la UE hizo de la crisis estructural que comenzó en 2008 y que no ha sido cerrada hasta nuestros días. El crack financiero iniciado en ese año, que dejó al descubierto la naturaleza anárquica y autodestructiva del modo de producción capitalista, puso al desnudo la naturaleza de clase del proyecto que forma la Unión Europea y la completa falta de cohesión interna en la estructura europea cuando la falta de liquidez aparece en el escenario. 

Inmediatamente después de que la crisis capitalista se desatara, recordemos, una crisis periódica más del capitalismo, pero de dimensiones solo comparables con el Crack del 29, la oligarquía europea comenzó a elaborar diferentes vías y planes para los países miembros, con el único objetivo de que las élites no pagaran los platos rotos y que el coste del desastre recayera, como no, sobre los hombros de la clase obrera y los sectores populares. Nada de recetas distintas a las prescritas por la ola neoliberal, nada de poner límites a la especulación o tratar de arreglar los enormes desequilibrios productivos que se dan dentro de los estados participados dentro de la UE. 

Lo que vimos, por contra, es cómo esa «Europa que nos hemos dado» recetaba enormes recortes sociales, los sectores oligárquicos más poderosos chantajeaban a los menos desarrollados con la máquina de imprimir dinero y se dictaba a los estados miembros incluso cambiar el orden constitucional soberano de cada país, como fue el caso español, entre otros, para cumplir con las exigencias relativas a la deuda o para rescatar con dinero público al sector bancario y financiero. 

Toda la gestión que la «autoridades europeas» dictaron en aquellos años no dejó de ser una gran ofensiva de la clase capitalista frente a los intereses y necesidades de la clase trabajadora, obviamente esto ya estaba en la agenda, el hundimiento bursátil de 2008 no dejó de ser la excusa perfecta. Así pues, grandes cantidades de dinero, expoliadas a los trabajadores vía impuestos, fueron a parar a los bolsillos de los amos de cada cortijo nacional y a su vez las distintas burguesías de Europa ajustaron cuentas entre sí, reajustando el mapa de su propia correlación de fuerzas. 

Es decir, la Unión Europea tomó el único camino que podía seguir siendo un entramado burocrático que engaña a las masas con el fetiche de la democracia y la representatividad, esto es, comprometerse con los intereses del capital, sobre todo con los capitales imperialistas de primer orden (Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos, etc.) De esta forma, todo el discurso de la integración europea en términos de ventajas de ciudadanía, desarrollo equilibrado en términos sociales y económicos de los estados miembros, moneda común, etc. quedó al desnudo. Se demostró como en contextos límite el capital y sus representantes políticos no ocultan su cara más autoritaria y la naturaleza de las instituciones que se crean a su servicio. 

Obviamente, de eso se ha escrito mucho, otra cosa que quedó clara en el ciclo que se inicia con la crisis de 2008 son los fuertes desequilibrios entre estados que se dan dentro de la UE. Los países «del norte» no dudaron en tomar medidas totalmente descarnadas en términos sociales frente a los países «del sur», siendo el caso más evidente todo lo que acaeció en aquellos años con Grecia. Esto no sorprende a nadie si estudia los estándares con los que se creó la divisa común, el euro, estándares que solo podían ser equiparables a la libra inglesa, el franco francés y sobre todo el marco alemán. Pero, si bien esto se dio así y también trataron muchos sectores críticos de generar falsos debates sobre las causas de esta desigualdad interna, dicha desigualdad no deja de ser, como ya se ha aludido aquí, al peso específico que tiene cada formación social capitalista dentro de la división internacional del trabajo.

Por tanto, la Unión Europea quedó marcada para siempre como una entidad supranacional al servicio de las grandes oligarquías de Europa, una entidad, cuya dirección nadie vota y que pasa por encima del orden legal de los diferentes estados miembros cuando el capital o las circunstancias geopolíticas del momento lo exigen. Incluso, la propia oligarquía europea ha tenido que ir asumiendo, incluso en su manifestación más «política», es decir, la UE, la primacía de los intereses de la oligarquía estadounidense en la propia Europa. Pero es que además ha tenido, tiene y tendrá encima el problema de tener a la OTAN, es decir, al gran complejo militar industrial yanqui, como paraguas militar. 

Nuevos escenarios exigen mudar la piel

En marzo de este año, en este mismo espacio, publicábamos una nota titulada «Problemas en el jardín imperialista»en ella se hacía una síntesis de los distintos escenarios que se están abriendo en el mundo, con el auge de una serie de alianzas estratégicas más basadas en la llamada multipolaridad, lo que está generando un escenario de distintas pugnas entre oligarquías dentro del propio centro imperialista, todo ello acompañado con la evidente crisis del valor como contexto del capitalismo de nuestros días. Recomendamos a los lectores acercarse a esa nota para entender mejor lo que aquí se quiere exponer. 

Así pues, después de la crisis de 2008, toda la superestructura capitalista ha ido perdiendo legitimidad y en este sentido una de las instituciones más relevantes con ese rol a nivel global es la Unión Europea. Evidentemente, la UE no se pudo consolidar en su ámbito geopolítico y hacer participar de ella a instituciones locales, regionales, estatales o mismamente culturales o económicas con el discurso agresivo que estamos viendo en nuestro presente. 

Más bien, exprimió hasta que no pudo más todos esos términos grandilocuentes, aunque siempre demagogos y vacíos que se suelen emplear en política: democracia, libertad, igualdad, cohesión, crecimiento, inclusión, desarrollo, etc. Hasta aquí nada nuevo, todo ello, claro, con la creación de un Banco Central Europeo que asignaba millonarias partidas presupuestarias para comprar voluntades y supuestamente comprometer inversiones donde se supone que hacían falta, otro día podríamos hablar de cómo luego esos fondos europeos se emplean. 

Pero la realidad material y el análisis científico siempre se imponen, como ya hemos esbozado aquí. En el actual momento, estamos viendo un proceso que se está consolidando, pero que lleva fraguándose desde hace años, un proceso que hace de la UE un gran totem para medios de comunicación y gobiernos de los estados en huída hacia adelante, concretamente en plena huída a la vía autoritaria. Las revoluciones de colores, antes ejecutadas por Estados Unidos y patrocinadas por los países de la UE, son hoy de competencia plena de la burocracia capitalista europeista en diversos ámbitos geográficos.     

En este sentido, la situación generada en Ucrania por el centro imperialista, con mayor responsabilidad de EEUU pero aplaudida desde el primer momento desde las altas instancias europeas, con el tradicional rol subalterno dentro de la cadena imperialista mundial, marcó un antes y un después. Si bien la guerra proxy de Ucrania entre la OTAN y Rusia fue una iniciativa del estado profundo norteamericano, y si bien toda iniciativa surgida de ese ámbito históricamente contaba con la participación y aplauso de las élites políticas europeas, el escenario que se abrió en el asunto de Ucrania marcó un nuevo punto de inflexión. La Unión Europea se implicó de una forma categoricamente superior en este conflicto respecto de otros escenarios similares anteriores, escenarios donde trataba de pescar pero solía ponerse de perfil.

Si bien la mayor parte de la esceneografía que vino a raíz del llamado «Euromaidán» fue cosa del imperialismo estadounidense, la UE asumió desde un primer momento un rol principal también en esta pugna. De ahí que, cuando comenzó la invasión militar del ejército de la Federación Rusa, medios de comunicación escépticos con el relato del centro imperialista fueran totalmente censurados por las autoridades europeas, que en torno a diversos eventos celebrados en Europa se expulsara a las representaciones rusas, se impusiera la versión del relato nacionalista ucraniano a calzador, etc, dejan evidencia esta dinámica. 

Y centrándonos en lo meramente militar, si bien la guerra de la OTAN en Ucrania contra Rusia ha sido financiada y dirigida principalmente hasta ahora con la batuta yanqui y el apoyo subsidiario del capitalismo europeo, la situación actual se está reajustando, haciendo que los yanquis pasen a un papel secundario y la burocracia europeista a un papel central. La llegada de Trump a la Casa Blanca ha dejado en evidencia el papel subsidiario de la Europa del Capital, Trump ha expresado en alto su hartazgo a la hora de financiar por la parte yanqui el escenario bélico en Ucrania, expresando la nula rentabilidad a corto y medio plazo que la maniobra le suponía a EEUU. Pero ahí están y han estado los estados de la UE para continuar la dinámica, echando gasolina al fuego, demostrando dos cosas, la primera, que el papel subsidiario de la oligarquía europea a la yanqui es evidente y, la segunda, que en la actual crisis del valor, en la «Europa Oficial» no hay ya más vías de reproducción ampliada del capital que no pasen por la vía de la guerra, con su correspondiente rearme y un nuevo reparto imperialista del mundo.

Este escenario ha dejado ver cómo, si bien dentro del centro imperialista se dan una serie de contradicciones de carácter secundario, superficiales, el modo de producción capitalista y sus apuestas geopolíticas siguen estancadas. Los mass-media y algunos sectores del orden vigente nos hablan de la necesidad del rearme en términos de autonomía europea frente a EEUU, pero lo cierto es que la UE ha asumido una carga que para EEUU ya no era rentable. Recordemos, Europa sigue copada de bases militares estadounidendes y el mayor dirigente de la OTAN sigue siendo puesto en su puesto por el Presidente de EEUU. Por tanto, pese a la presencia en el debate público de una suerte de impugnaciones a la totalidad de los consensos post-1949, en la realidad, si la analizamos con detalle, todo sigue prácticamente igual. 

Por tanto, podemos decir que la Unión Europea ha asumido un papel mucho más protagónico en la arena internacional con la llegada de Trump, pero eso no invalida su papel subsidiario frente al gran capital estadounidense. Esto, y la incapacidad del capital europeo para ser realmente rentable, han generado un escenario que, volviendo al foco de este artículo, marcan un giro autoritario en la táctica y la estrategia de la burocracia afincada en Bruselas. Vamos a continuación a enumerar diversas cuestiones que nos permiten hablar de fascistización de la UE, comenzando por definir de forma sucinta un poco que implica en sí la fascistización. 

La fascistización de la «niña bonita».

Fundamentalmente, cuando hablamos de fascistización, conviene recordar que no es término equiparable al propio fascismo, aunque si guarda relación. Por ser simples, hablamos de un proceso de fascistización cuando una organización polt́icia o por ejemplo una estructura burocrática supranacional, como nos ocupa aquí, coge algunos elementos propios del fascismo para cambiar el escenario político, aunque siempre ha estado más bien vinculado a movimientos reaccionarios, que han pretendido mantener el orden vigente frente a cambios de calado o directamente grandes transformaciones sociales. El proceso de fascistización no tiene que devenir de forma obligada en un régimen propiamente fascista, ni asume todos los postulados fascistas, aunque si que se da una evidente relación entre un proceso u otro. 

Así pues, muchos movimientos de derecha reaccionaria, pero que no eran fascistas, adoptaron esta suerte de estrategias frente al ímpetu revolucionario de las masas en el periodo de entreguerras en el pasado siglo.  Recurrieron a elementos como el totalitarismo, el militarismo de sus organizaciones, la censura del oponente, la exaltación de la violencia, el supremacismo, etc. Esto devino el procesos fascistas en algunos casos, otros regímenes de democracia burguesa mantuvieron su orden, pero apoyandose en este proceso para mantener el status quo. 

Hoy, la burocracia de la Unión Europea, o dicho de otra forma, los voceros de las oligarquías imperialistas de Europa, parecen estar recorriendo de nuevo este camino, tomando una deriva autoritaria más que evidente en términos tácticos y estratégicos. 

Las nuevas dinámicas, más cercanas a un mundo donde la multipolaridad y el desarrollo de «las periferias» ganen peso, el creciente rechazo de buena parte de la población europea con la UE y sus imposiciones sobre la soberanía nacional o la pérdida de peso militar de la OTAN explican buena parte de esta deriva. La Unión Europea, desde hace ya tiempo ha perdido el relato y no se puede mostrar tal cómo se ha vendido a sus súbditos, dicho de otra forma, los europeos y el mundo entero, cada día se están quitando la venda de los ojos y están comenzando a tener un juicio más aproximado sobre la verdadera naturaleza de la institución. Y esto explica muchos fenómenos que estamos viendo. Además la ola reaccionaria que estamos viviendo dentro del centro imperialista ayuda a naturalizar esta dinámica entre el público, un público cada día más acostumbrado a la barbarie desenmascarada.

Pongamos algunas cuestiones sobre la mesa para ejemplificar la deriva autoritaria de la UE. 

Desde que comenzó la llamada por la Federación Rusa «Operación Militar Especial», las autoridades europeas no han dejado de perseguir todo lo que pudiera sonar diferente al relato otanista, llegando a saltarse a la torera su propia legislación (y las de los estados miembros) en diversas materias. Todo relato que cuestionara la ortodoxia «occidental» ha sido puesto en busca y captura, algunas veces con sanciones y represión, otras simplemente calificando algunas manifestaciones públicas como «barbaridades». 

En este sentido, volviendo al tema de Ucrania, es significativo, aunque no se ha resuelto del todo la naturaleza de la acción, que un intento de asesinato contra el primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, no tuviera la sonadía que hubiera alcanzado dicho acontecimiento si se tratara de un presidente no díscolo con la ortodoxia otanista que pregona la UE. Recordemos también, que hace nada vivimos en Georgia una revolución de colores de libro, que finalmente no prosperó, pero que tenía en sus reivindicaciones todos los ingredientes que pregonan los burócratas de Bruselas. Dicho claramente, un intento de golpe de Estado orquestado por la UE y la OTAN.  Esto es, en Georgia, como el imperialismo lleva décadas haciendo por medio mundo, se trató de instrumentalizar a la población y violar sus leyes soberanas internas para dar un giro «europeista». 

También tenemos ahí, más recientemente, claro, lo que ha sucedido en Rumania, donde se anularon unas elecciones por supuesta injerencia rusa, con cero pruebas de tal cosa, mientras que se ha demostrado ya la injerencia del propio Macron en ese proceso. Pero el relato es el que es, y el que se lo salte puede ser tildado en este momento de cualquier cosa: antieuropeista, putinista, prorruso, fascista, totalitario y un largo etcera de adjetivos vacíos.

A colación, en febrero se publicó como la Unión Europea ha creado una comisión denominada «Escudo Europeo de la Democracia», presidida por la macronista Nathalie Loiseau, vinculada también a las fundaciones de Soros, vamos, todo muy neutra y alejado de intereses económicos de las élites. Los eurodiputados que van a trabajar en este nuevo órgano, se han propuesto revisar la legislación europea para evitar «injerencias extranjeras en los procesos electorales de los estados miembros», aludiendo de nuevo al, todo parece, falso relato que ha expuesto Bruselas sobre lo ocurrido en Rumania. Traduciendo, ya que todos somos ya adultos, la comisión referida se dedicará basicamente a controlar los procesos electorales, pasando por encima de la soberanía nacional de los estados y del derecho al voto de la ciudadanía para garantizar que salga lo que a la burocracia europeista le convenga. Esto es autoritarismo de libro y no deja de ser un modelo de democracia burguesa fascistizado. 

De hecho, va a resultar más que interesante seguir el trabajo de esta comisión especial a la hora de señalar los límites del fetiche democrático cuando estos chocan contra los intereses del capital y la agenda imperialista. Esperemos, especialmente, si tan preocupada está la comisión liderada por la señora Loiseau por la democracia, que no se ponga a investigar la política exterior de la propia UE y sus estados adscritos, pues casos como las relaciones con Israel o lo que está pasando en la nueva Siria islamofascista darían para muchas investigaciones… En fin, síntesis de que vivimos momentos especiales, en los que las oligarquías no necesitan ya taparse con caretas y poco a poco dejan en evidencia la realidad, esto es, la pura naturaleza autoritaria que tiene la dictadura del capital en su fase imperialista. 

La voladura del gaseoducto Nord Stream, que tanto periodistas como políticos no tardaron ni medio segundo en achacar a Rusia, es también un síntoma de proceso de fascistización. El hecho de repetir como loros un discurso del todo inverosimil, pero a su vez señalar de forma grosera a quien desafiara la narrativa oficial, no deja de ser una técnica de desinformación masiva muy típica de la comunicación fascista o seudofacista. Más si cabe, teniendo en cuenta todo lo que eso significó en términos económicos y sociales, con una Unión Europea que pasa a comprar el gas a los norteamericanos, aunque eso haga que su precio sea disparatado. Es decir, autoritarismo también es imponer unas condiciones de vida miserables y depauperantes para la gran mayoría trabajadora si eso sirve a los intereses geopolíticos de las élites. 

Y cómo no, hablar de cuestiones más simbólicas, pero no por ello menos evidentes a la hora de definir un proceso social de fascistización, por ejemplo el denominado «Día de Europa», 9 de mayo, que casualmente coincide con el soviético, ahora ruso,  «Día de la Victoria». La fecha se escogió, evidentemente desde que comenzó dicha celebración en 1985, con evidente intencionalidad. Pero en los últimos años el discurso ha ido mutando de forma orwelliana, llegando incluso a tapar e incluso negar la aportación soviética a la victoria frente al nazi-fascismo en la II Guerra Mundial. Un día que vendieron como la panacea de la reconciliación de los pueblos europeos y la paz, es cada año más instrumentalizado por la Comisión Europea para ser un evento lleno de propaganda rusófoba y también anticomunista. ¿Anticomunista hoy en día?, si, señores. En 2019, el Parlamento Europeo emitió resolución que equiparaba nazismo con comunismo y todos los años el «Día de Europa» es un altavoz de tamaña basura. Al fin y al cabo, parece que «el fantasma sigue recorriendo Europa». 

Todo esto que hemos visto, que son algunos ejemplos significativos evidencian muchos síntomas de un proceso de fascistización de la Unión Europea. El llamado «Alto Mando Europeo», casualmente expresión muy en boga últimamente, que coincide en cómo se denomina a la dirección de la OTAN, dirige una orquesta, los partidos capitalistas, a izquierda y derecha, adaptan un poco la música a cada público, pero lo fundamental y unitario no es cuestionado en ningún caso. Ciertamente, en este proceso es particularmente vergonzante el papel de los grandes medios de comunicación, que hace unos días llegaron en España a reproducir la narrativa del Gobierno de España, que acusaba a la mano rusa del descontento público generado entre la población por la crisis y gestión de la DANA en València. 

Si a toda esta deriva le sumamos un cuestión central y objetiva como la propia estructura interna del entramado de la Unión Europea, el escenario que nos viene parece bastante peliagudo. Y es que aunque la UE haya explotado hasta límites vergonzantes conceptos como libertad, representación, democracia, tolerancia y una buena retahila de buenas palabras, no deja de ser por su propio organigrama una institución profundamente autoritaria y nada permeable. 

El Parlamento Europeo es un gran espacio, donde van los representantes que se escogen por circunscripción única en cada estado miembro, pero que además de ser una suerte de «cementerio de elefantes», tiene muy pocas competencias reales, pues lo que sale del Europarlamento no es de obligado cumplimiento y pasa siempre el filtro de la Comisión Europea. Este último órgano, la CE, sí que hace y deshace a su antojo.

Casualmente, la Comisión Europea que encabeza la señora Von der Leyen no es votada por absolutamente nadie, pero los mandatos de la llamada «Alta Representación» si que son de obligado cumplimiento para los estados miembros. Por tanto, paradojicamente si analizamos un poco la estructura de la burocracia imperialista europea, pese a la chapa y pintura a la que se ve sometida continuamente, entra bastante en contradicción con el modelo tradicional inspirado en el orden liberal-democrático burgués. Es una institución de por sí con un funcionamiento y una estructura autoritaria, pero que además ahora abraza fuertemente una deriva autoritarista, en términos tácticos y estratégicos. Es decir, el funcionamiento y la estructura interna de la Comisión Europea es totalmente funcional en términos de poder a la hora de lanzar el proceso de fascistización del que estamos aquí hablando. 

A modo de conclusión.

Desde que comenzó el año 2025 han pasado muchas cosas que están impulsando numerosos cambios, la mayoría no parece que para bien. Como decía Lenin, «hay décadas en las que no pasa nada, y hay semanas en las que pasan décadas». La crisis a todos los niveles que está enfrentando el centro imperialista, cuyo uno de sus portavoces es la Unión Europea, fruto de los cambios de calado que se están dando en términos globales, parece estar replanteando a la burocracia de Bruselas su rol y su papel sobre el control social. 

Por tanto, no es de extrañar, desde la lógica de las grandes oligarquías europeas, que la UE haya iniciado un viaje de no retorno hacia una versión de sí misma más autoritaria, militarizada y despótica. Al fin y al cabo, hemos citado en este texto repetidas veces, los intereses materiales que hay detrás de la institución supranacional europea, y con la tendencia decreciente del capital a reproducirse de forma ampliada y frente a un mundo que antes parecía ser comparsa, pero que ahora parece intentando organizarse de una forma diferente y más autónoma respecto al centro imperialista, la vía dura parece encajar más en el presente contexto. 

Probablemente, durante los siguientes meses seguiremos viendo cosas surgidas desde la UE que nos resultarán un tanto novedosas y llamativas, pero la finalidad de todo proceso de fascistización no es otra que naturalizar un cambio de rumbo, aunque el colectivo o la institución A o B tengan una apariencia menos amable. Lo que está en juego para la Unión Europea es seguir manteniendo el control social y el poder, primero entre las poblaciones de los estados miembros y después seguir manteniendo el liderazgo del centro imperialista dentro de la arena geopolítica mundial. Por tanto, recurrir a la abierta fascistización evidencia dos cosas claramente: primero, que no hay principio, ley o «democracia» más importante que mantener el estado de las cosas y los intereses que hay detrás ese estado de las cosas. Segundo, claro, que todo lo que hay detrás del entramado burocrático europeista, todas las familias del gran capital europeo, obviamente, necesitan recurrir ya a nuevos escenarios, pues las cosas no les van como desearian. 

A los destacamentos proletarios les corresponde ahora ahondar en el estudio de esta tendencia histórica con todos sus medios, pues sólo mediante la crítica y autocrítica saldrá una síntesis que haga de palanca para un proceso que transforme nuestra realidad. Es fundamental que los comunistas, en sus distintos órganos, señalen la naturaleza ideológica y de clase de la Unión Europea – antes y ahora – y apliquen la dialéctica para ir analizando los distintos cambios y tendencia que se dan dentro de la burocracia capitalista de nuestro entorno. 

Nos enfrentamos a un proceso que, probablemente nos va a comenzar a lanzar soflamas totalitarias recubiertas de bonitas palabras y nos puede acabar llevando a una gran carniceria en pro de los intereses de nuestro enemigo de clase. Es vital seguir despiertos y analizar cada paso hacia adelante de la UE para así poder preparar mejor una gran dinámica de respuesta popular en los pueblos de Europa frente a su poder, su escalada belicista y la bancarrota del imperialismo como «proyecto civilizatorio». Frente a su ofensiva de la barbarie, nuestra independencia teórica y práctica y nuestra voluntad de lucha para quebrar todo el tablero e imponer nuestro propio proceso emancipatorio.

Fuente: https://uhp-asturies.blogspot.com/2025/05/la-fascistizacion-de-la-union-europea.html

✇Rebelion

¿Quo vadis, Europa?

Por: Alfredo Iglesias

A partir de Maastricht se produce una inflexión en la Unión Europea. Pero, ¿cómo entender la Unión Europea después de Maastricht? Como el modo específico de consensuar el nuevo orden internacional unipolar dirigido por los Estados Unidos. Se trató de concretar el nuevo orden internacional que emergía con la derrota de la Unión Soviética bajo el modelo y la hegemonía norteamericana, que es lo que hemos llamado neoliberalismo y que luego se fue concretando en eso que se llamó globalización neoliberal o globalización capitalista neoliberal.

¿Cuál es el centro de esta construcción? El centro, a mi juicio, es básicamente una reacción contra el modelo social y político que se implantó en Europa después de la Segunda Guerra Mundial.

Es decir, la idea fundamental de este nuevo orden es poner fin a eso que se llamó los 30 años gloriosos, poner fin a una experiencia política y social, a una forma específica de relacionar política estado, sociedad y conflicto social, donde el protagonismo era de las clases trabajadoras y su peso estructural en la economía y en la política. El objetivo real era derrotar ese modelo, y hacerlo en un proceso político.

La clave fue desmontar el Estado nación y su específica concreción después de la Segunda Guerra Mundial, lo que se ha llamado el constitucionalismo social, que fue un intento de embridar al capitalismo en base a procesos sociales con un control social y estatal independiente por la dominación de los grandes poderes económicos.

Se aprovechó el momento para desmontar los fundamentos de ese conflicto de clase surgidos después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Cuáles fueron sus concreciones fundamentales? Tres, básicamente.

La primera concreción fue, de facto, la constitucionalización del modelo neoliberal. O sea, a partir de Maastricht solamente había un pensamiento único, una clase política única y modelo económico único, obligatorio para cada Estado y límite a cualquier proceso de soberanía popular. Ese era, a mi juicio, el primer rasgo.

El segundo rasgo fundamental era lo que podíamos llamar la desterritorialización del poder democrático. Y la democracia empezó a dejar de ser un modelo político enraizado en la sociedad y se convirtió en un modelo más o menos ambiguo, una especie de norteamericanización de la vida pública que al final lo que consiguió fue debilitar, fragmentar la soberanía popular. Es una vieja historia. Es un proceso muy conocido. Ya lo defendió Von Hayek en el año 38 del siglo XX, aquello que se llamó el federalismo económico.

Todo el centro del modelo neoliberal es muy simple, es quitarle a la soberanía popular la dirección de la vida económica, de la vida pública y por lo tanto despolitizar la economía imponiendo un modelo económico único donde la soberanía popular no pueda controlar la vida económica limitando los grandes poderes económicos. Este es el dato fundamental del modelo de construcción.

Y hay un tercer elemento, pero nunca se comenta porque parece tan evidente que lo damos por supuesto y es la subordinación estructural de la Europa que nace con Maastricht al orden internacional que impuso Estados Unidos. Es decir, Maastricht lo que hace fundamentalmente es desmontar el modelo político social de los Estados nacionales construidos después de dos guerras mundiales.

En conclusión, se subordina estructuralmente la Unión Europea a los intereses estratégicos de Estados Unidos y a partir de ahí, hay un doble proceso que nunca se debe de olvidar. La integración europea está ligada a la ampliación y el desarrollo de la OTAN. Y no son dos cosas distintas, es un mismo proyecto político, un modo de organizar el mundo según los intereses estratégicos de Estados Unidos.

Explicar esto es importante porque estamos ante la crisis de la hegemonía norteamericana porque vivimos una transición a un mundo multipolar y eso significa una gigantesca redistribución del poder político a nivel mundial. Por lo tanto, estamos viviendo una transición que va a ser dramática, con elementos de conflicto, de guerras, de revoluciones y de contrarrevoluciones. Vamos a “vivir peligrosamente”.

En este proceso de transición aparecerá aquello que los teóricos llaman La trampa de Tucídides. Es decir, ¿cómo se va a resolver la crisis hegemónica?,¿con una guerra o sin ella? o ¿con qué tipo de guerra? Con conflictos es seguro, ya lo estamos viendo.

Todas las costuras del orden internacional norteamericano están saltando por los aires y estamos en un mundo radicalmente nuevo con muchos elementos dramáticos.

La segunda cuestión que nunca hay que olvidar es que la clave de lo que estamos viviendo es la crisis de la Unión Europea y específicamente de la democracia de cada uno de los Estados singularmente considerados.

Es una crisis profunda de la democracia que se debe a un elemento fundamental, al peso cada vez más determinante de los grandes poderes económicos, financieros y corporativos. Si algo caracteriza la situación económico y social europea en el marco de la Unión, es el predominio prácticamente sin contrapoderes de los grandes monopolios financieros y empresariales, que son los que dirigen la vida pública.

Y luego hay un tercer elemento decisivo. El papel asignado por la OTAN a la Unión Europea. En esta crisis hegemónica la clave es derrotar a China y según la doctrina-OTAN, el elemento clave para derrotar a China es derrotar previamente a Rusia. Como la Federación Rusa en este caso es la retaguardia estratégica de China su derrota obligaría China a negociar de una manera subalterna con la potencia supuestamente vencedora que sería Occidente dirigido por Estados Unidos.

Esa era la estrategia que aplicó Biden. ¿Por qué aceptó ese papel la Unión Europea? Primero, porque estaba de acuerdo; o sea, las élites europeas siempre han estado de acuerdo que el problema era Rusia y que había que seguir trabajando para arrinconarla, con el objetivo de poner fin al equipo dirigente de Putin y provocar una crisis político-estatal.

Para eso son las sanciones y un hipotético triunfo de la guerra en Ucrania. Ambos factores serían el detonante de una crisis de régimen que permitiría el reparto de los grandes recursos que tiene Rusia. Esto es lo que había detrás del proyecto OTAN. Esto es lo que, de una u otra manera, teníamos por delante.

Lo que ha ocurrido es que no ha funcionado. ¿Y por qué? Como siempre, se ha subestimado a Rusia y se han subestimado los profundos cambios que ya hay en la economía internacional. Se ha subestimado que la multipolaridad está avanzando y, sobre todo, el potencial político militar de Rusia. Creo que es ahí donde estamos en este momento.

Y algo fundamental. Partimos de la idea que la Unión Europea y la democracia singularmente individualizada de cada uno de los Estados vive en un momento de crisis; en este escenario la existencia de un enemigo externo es decisivo para superar la crisis. Es decir, en un momento determinado la presencia de un enemigo que tiene una vieja resonancia histórica, un enemigo supuestamente agresivo que estaría dispuesto a atacarte. Ese miedo a un enemigo externo propicia naturalmente la unión de los “amenazados”, propicia que en las mayorías sociales gane la inseguridad, el miedo y eso siempre ha beneficiado a los países que lo promueven.

La Unión Europea ha hecho del miedo a Rusia un instrumento para superar su propia crisis y para propiciar una nueva centralización del poder en torno a Bruselas, en torno a la creciente autonomización de la Comisión Europea. Y eso se consigue en gran parte con la política del rearme. Sin embargo, creo que esto no va a funcionar porque con esta política no se va a superar el estancamiento económico de la Unión Europea; quieren superarlo por una salida militar, por una especie de economía de guerra que ni es economía de guerra y ni siquiera llega a un Keynesianismo militar.

Una cuestión en la que debemos pensar. Si hay paz en Ucrania, si se toman en cuenta los intereses de Rusia, eso pondrá en peligro la Unión Europea, podrá en peligro su propia existencia, por eso se manifiestan opuestos a cualquier política de paz, por eso sabotean cualquier intento de paz.

Pero, ¿por qué? Porque de acuerdo a la estructura que han creado no puede prosperar un acuerdo de paz que, tarde o temprano, significaría una nueva arquitectura de seguridad en Europa y eso pondría en cuestión la Unión Europea que conocemos y la existencia de la OTAN.

Por otra parte, creo que estamos delante de lo que yo llamaría una sublevación de los pueblos europeos a medio plazo. Sé que esto hoy parece seguramente descabellado, pero creo que hay condiciones cada vez más evidentes de una insurrección de los pueblos europeos, un levantamiento frente a unas élites que nos llevan a la guerra, que nos llevan al rearme y a nuevas políticas de austeridad.

Estamos ante una coyuntura muy complicada que se va a ir agudizando conforme las conversaciones de paz avancen. No soy muy optimista con respecto a estas conversaciones de paz y no lo soy porque las élites europeas están muy comprometidas con el modelo OTAN, con el modelo norteamericano, con la estrategia Biden y están haciendo un trabajo sistemático de boicot, sabotaje a cualquier intento de paz entre Ucrania y Rusia. Les va en gran parte su vida política en ello y también sus proyectos personales y económicos. Estamos en un momento dramático.

¿Cuál es la contradicción básica? Saben que solos no pueden ganarle a Rusia, que necesitan a Estados Unidos, que necesitan a Donald Trump, pero tienen que crear un escenario donde Donald Trump desista de llegar a acuerdos con Putin. Y para eso tienen consenso con la élite dominante en el gobierno ucraniano y obviamente con Zelensky. Él sabe que se juega la vida, y cuando digo esto, lo digo en serio, la vida de Zelensky depende en gran medida que la guerra continúe.

¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? Creo que vamos hacia una nueva situación donde las poblaciones empiezan a separarse de las élites nacionales y de la Unión Europea. Los europeos van a reclamar nuevas opciones, nuevos argumentos, nuevos instrumentos, nuevas demandas.

Creo que está llegando el momento de plantearse en serio un nuevo tipo de Europa, lo que podíamos llamar convertir a Europa como un sujeto político internacional no alineado, independiente, sobre todo de los Estados Unidos. Y esto será poniendo fin a la existencia de la OTAN.

La OTAN no es solo una alianza militar, es algo más, es la estructuración de la fuerza armada según los intereses determinados por los Estados Unidos. No es una simple alianza entre Estados, es parte de un ejército dirigido por los Estados Unidos. Es decir, ha sido una manera de pérdida de soberanía en un elemento central como son las fuerzas armadas.

Por lo tanto, la primera idea es que hace falta una Europa que sea un sujeto político independiente y que pueda actuar con autonomía estratégica.

¿Qué significa eso en la práctica? A mi juicio, tres cosas fundamentales.

La primera, debemos ir hacia una Europa confederal. El federalismo que se ha creado en Europa, el federalismo neoliberal, ha construido una democracia oligárquica que limita los derechos de los trabajadores, que limita los derechos sociales y que, sobre todo, pone en crisis a la propia democracia en cualquiera de las excepciones que puede tener ese término. Por lo tanto, hace falta darle un giro serio a esta Europa, hacia una Europa confederal, donde los Estados y los pueblos sean instrumentos reales de construcción de una nueva Europa y que, por tanto, hay que comprometer a las poblaciones con un nuevo proyecto económico, político y social avanzado.

Segunda cuestión, no es posible la seguridad europea sin un tratado de paz y cooperación con Rusia. La condición previa de cualquier autonomía estratégica europea pasa por un tratado de cooperación reforzada entre Rusia y Europa. Es lo que siempre las potencias anglosajonas han intentado evitar.

Hace falta un acuerdo entre Alemania y Rusia, y el acuerdo entre Europa y Rusia eso debe ser concretado en un tratado de paz y cooperación que estoy convencido beneficiará no sólo a Rusia, sobre todo beneficiará a la autonomía estratégica de Europa.

Y la tercera cuestión fundamental es comprometer a esta nueva Europa democrática y socialmente avanzada, comprometerla con el nuevo orden internacional que está emergiendo. Un orden multipolar. democrático y justo, que es donde está la gran tarea del momento. Es decir, Europa no puede seguir siendo un instrumento más, un actor subalterno en manos de Estados Unidos que se opone a un mundo que está cambiando.

Dicho de otra manera, Europa tiene que escoger de qué mundo quiere ser parte. ¿Quiere ser, con Estados Unidos, un freno político militar a la multipolaridad?, ¿quiere ser un dispositivo que impida la multipolaridad? o ¿quiere ser un instrumento en positivo, de paz, participando en el nuevo orden económico internacional, en un mundo que emerge, que es un mundo multipolar donde los pueblos del sur global luchan por tener voz, protagonismo y reconocimiento?

Creo tarde o temprano este es el programa que van a exigir los pueblos y la cuestión de la paz entre Ucrania y Rusia va a dilucidar el futuro de la Unión Europea y de la OTAN.

Nota.- Este texto es un resumen de la intervención de Manolo Monereo en La Mesa de El Viejo Topo TV.

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2025/05/27/quo-vadis-europa/

✇Rebelion

‘Follow’ Falcone

Por: JDF

El 23 de mayo se celebraba en Italia el “Día de la Legalidad” en honor del juez antimafia Giovanni Falcone, Francesca Morvillo y tres escoltas asesinados hace 33 años en Capaci (Sicilia). Este 24 de mayo en las redes sociales del partido de Giorgia Meloni colgaban un tuit: «Desconfía de quien ha mejorado su vida especulando con el crimen organizado. Toma ejemplo de quien lo combatió, pagando con su vida”.

No era la primera vez que Fratelli d’Italia atacaba a Roberto Saviano. El autor del bestseller Gomorra, que lleva veinte años bajo escolta y dieciséis esperando la conclusión del juicio contra el boss de la Camorra que lo amenazó de muerte, si bien reconoce haber pensado incluso en el suicidio, siempre se ha mantenido lúcido al analizar el fenómeno mafioso. Entrevistado al hilo del tuit, Saviano contaba que, tras el obvio mecanismo de intimidación contra quienes osan contar el mundo de las mafias, se intuía una estrategia comunicativa harto más alambicada. Saviano enmarca este último ataque en su contra en un contexto informativo bien distinto que paradójicamente había pasado un tanto inadvertido: el presidente de la República, Sergio Mattarella, bloqueó una norma –introducida a última hora, ausente en el borrador previo– de un decreto ley impulsado por el ministro de Transportes e Infraestructuras, Matteo Salvini, que habría eliminado toda posibilidad de controles judiciales antimafia en las contratas de su proyecto estrella: el puente sobre el Estrecho de Messina. De no haber frenado el presidente Mattarella esa norma, que se adopta sólo en casos excepcionales como catástrofes naturales o eventos extraordinarios, la responsabilidad de controlar que no había infiltraciones mafiosas en las empresas contratadas y subcontratadas hubiera recaído en el propio ministerio de Salvini. La presidencia de la República, atentísima siempre al fenómeno mafioso, consideró que la norma que trató de endiñarle Salvini “no resultaba en absoluto más severa que las normas ordinarias”. En ambientes de la antimafia no se anduvieron con medias tintas para calificarla: la “salvamafia.

Aunque la mafia muda raramente sea noticia, 33 años después de la masacre de Capaci, en Italia se sigue combatiendo una guerra entre la mejor mafia y y la mejor Antimafia del mundo. Ni las armas ni –grazie al cielo– los caídos son los mismos. Entonces, contra Falcone y Borsellino, a base de tritolo y explosivo militar, Cosa Nostra hizo que se tambaleara el Estado y temblaran los noticiarios de todo el mundo; hoy, en lugar de artillería de guerra, las mafias tiran más de esgrima judicial y administrativa. Una norma colada de refilón en un decreto ley lioso de contar y tedioso de leer puede expugnar sectores públicos golosos. ¿Para qué van a recurrir hoy las mafias a matones poco cualificados? Aquellas “mentes refinadísimas” a las que apuntaba Falcone supieron formar un ejército sin uniformes, que viste de traje y corbata, regenta actividades económicas y financieras y se mueve cómodo en una zona gris que no despierta repugnancia sino incluso admiración. Quienes, como Saviano, rasgan el velo de silencio que cubre todo el proceder de la mafia muda enumerando los varios casos concretos de exponentes políticos de Fratelli d’Italia acusados de pertenecer o colaborar con las mafias, reciben sin parar navajazos mediáticos. Eso sí: ahora los dejan vivos. Ya no los acallan acribillándolos a balazos como a Peppino Impastato, Giuseppe Fava o Giancarlo Siani. Ahora los castigan con una pena capital aún más cruel: vivir la vida sin poder vivirla. Contra las mafias se puede ser mártir: jamás héroe. El héroe invita a la acción; el mártir, a la retórica.

¿Y la Antimafia? La Antimafia es al mismo tiempo protagonista y escenario de la guerra. Por un lado, protagonista, en cuanto ejerce la función de detectar enseguida dónde y cómo operan las infatigables e insaciables mafias. El Procurador Nacional Antimafia y Antiterrorismo, Giovanni Melillo, mandaba hace un año un aviso inquietante: “La recopilación abusiva, manipulación, comercio y uso instrumental de la información confidencial almacenada en archivos digitales se han convertido desde hace tiempo en herramientas tanto de las organizaciones criminales tradicionales como de las formas salvajes de competencia propias de los mercados empresariales y de la política”. Las mafias recaban ilegalmente y trafican con todo tipo de datos. Cuanto más reservados y confidenciales, tanto mejor. Ello entraña que el identikit de la mano de obra mafiosa haya mutado. Para fraudes fiscales, comerciales y bancarios y reciclaje, más vale un hacker que un killer. Las mafias operan hoy de forma híbrida y global. Las mafias hoy son mafia aumentada.

Por otro lado, decíamos, la Antimafia es escenario, campo de batalla. Lo fue siempre. Para las mafias no hay mejor garantía de tranquilidad que una Antimafia poco incisiva. Para ello, nada mejor que una Antimafia que no transmita unidad y respuestas, sino división y dudas. Hace cosa de un mes se supo que el número dos de la Antimafia estaba siendo investigado por haber revelado noticias reservadas a Gianni De Gennaro, presidente del consorcio de empresas Eurolink que construirá el puente sobre el Estrecho de Messina, y a Francesco Gratteri, consultor técnico de seguridad de otra empresa involucrada en la construcción del Estrecho de Messina. De Gennaro es un personaje importantísimo de la lucha contra la mafia en Italia. Colaboró con Falcone. Se ocupó de la extradición de Tomasso Buscetta, que revelaría a Falcone la estructura de Cosa Nostra. Su currículum es el de un importante hombre de Estado: director de la Dirección Investigativa Antimafia, Director de la Policía, Director del Departamento de Información para la seguridad, Secretario de Estado de Seguridad. Este es el choque: este, el cuadro. En juego, los 13.500 millones de euros del puente del Estrecho, que hacen salivar a todas las mafias: las empresariales, sí, pero también a las políticas, las judiciales y, cómo no, a las informativas.

Italia ha celebrado el 33 aniversario de la muerte de Falcone con la mejor Antimafia del mundo en un momento muy delicado y con el mejor intelectual antimafia del mundo en otro momento igualmente delicado. Saviano, pese a considerarse un derrotado, no ceja y sigue informando. Por su parte, la Antimafia, la cual jamás podrá decirse derrotada, continúa su agotadora, imprescindible y quijotesca lucha contra la punta de lanza de un sistema que busca el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Además de la piedra de Sísifo que empujan, porque de otro modo nos aplasta, de Falcone heredaron un método claro e infinito: Follow the money.

Gorka Larrabeiti es profesor de español residente en Roma.

Fuente: https://www.infolibre.es/opinion/plaza-publica/follow-falcone_129_2002018.html

✇Rebelion

La ambivalencia europea

Por: JDF

Estamos en una encrucijada histórica en la que se está redefiniendo el proyecto europeo con la pugna entre corrientes políticas, tendencias sociales y países por su control institucional, su dinámica político-económica, su papel en el mundo y su perfil identificador. Europa está en crisis respecto de su estatus interno y externo y su orientación estratégica y de valores. Europa, incluidos el Reino Unido, Rusia o Turquía, no tiene una identidad homogénea, es diversa y plural. La Unión Europea tampoco ha logrado construir todavía un ‘demos’, un pueblo, base de la democracia europea y la unidad política, además de la coordinación -sobre todo económica- de las soberanías nacionales.

Europa ha tenido una doble trayectoria histórica: el humanismo y la ilustración frente al oscurantismo y la reacción aristocrática; las libertades individuales y colectivas frente a la subordinación y la opresión de las jerarquías autoritarias; la igualdad socioeconómica y la justicia social (redistribución, protección pública) frente a la desigualdad social y la explotación sociolaboral y doméstica; la solidaridad relacional (fraternidad o sororidad) y el acuerdo colaborativo, frente al sometimiento de sexo/género, clase social, étnico-nacional o de raza…; la cooperación entre los pueblos frente al colonialismo y el imperialismo; la paz, la negociación y la colaboración frente a la imposición, el nazi-fascismo, la dominación y la guerra; el apoyo mutuo, la reciprocidad y el cuidado de personas frente al individualismo extremo y consumista; la sostenibilidad ecosocial del planeta frente a la depredación de la naturaleza. En fin, la democracia, sustantiva y participativa, frente al autoritarismo político e institucional y las desventajas de poder real.

El actual proceso de convergencia de la Europa occidental tiene el origen antifascista y democrático de la posguerra mundial, con la victoria aliada, incluidos el gran papel de la URSS y las resistencias progresistas y de izquierda frente al nazi-fascismo y el colaboracionismo ultraderechista.

Como se sabe, al poco tiempo, ese panorama unitario fue trastocado por la polarización de la guerra fría, con la OTAN -y la colaboración de las democracias liberales con las dictaduras del sur de Europa- contra el bloque soviético y los partidos comunistas. Tras el hundimiento del Este, se reforzó el hegemonismo de EEUU, con subordinación europea.

Pero, al mismo tiempo, se ha producido el ascenso de China, la autonomía y el desarrollo de los BRICS y la descolonización del Sur global, que suponen un claro desafío al monopolio imperialista occidental, por otro modelo multipolar.

En resumen, la construcción europea ha tenido un carácter contradictorio, positivo y negativo, en tres planos. Primero, en su articulación institucional interna, sin suficiente unidad política ni vertebración democrática, con una estructura tecnocrática y solo de coordinación gubernamental. Segundo, con su política socioeconómica, frente a la Europa social, con componentes preponderantes de carácter neoliberal, en particular desde los acuerdos restrictivos de Maastricht, hasta la política de austeridad ante la crisis financiera y socioeconómica, para llegar a los actuales planes de competitividad, o las políticas anti inmigratorias y racistas. Tercero, con su papel internacional y de defensa, en el marco de la OTAN, bajo jerarquía estadounidense, con la estrategia militarista y de rearme de subordinación imperial y sentido neocolonial, frente a su experiencia colaboradora en su interior, desgarrado por las guerras mundiales precedentes.

Algunas tendencias actuales y sus causas

En las elecciones al parlamento europeo de hace un año, las derechas y ultraderechas sumaron dos tercios de escaños, y el centro izquierda socialdemócrata, los verdes y la izquierda un tercio. La derecha se derechiza y aplica medidas regresivas, hacia un Estado social mínimo, con recortes, privatización y segmentación de la protección social y los servicios públicos. Se rompe el anterior equilibrio demoliberal-socialdemócrata, y se reequilibra hacia la derecha la propia Comisión Europea y el Euro parlamento, con fuerte presencia ultra. Se generan dinámicas autoritarias, reaccionarias e insolidarias, con debilitamiento de los cordones sanitarios hacia la ultraderecha.

Se ha producido un paso cualitativo en la derechización institucional. El acceso ultra a posiciones de poder en media docena de gobiernos, con pactos con la derecha tradicional, y el condicionamiento de políticas públicas: antiinmigración, contra la agenda verde, ultraliberalismo regresivo, reducción de libertades y derechos, control de aparatos de Estado, militarización, antifeminismo, neocolonialismo, complicidad con Israel en el genocidio palestino… Y, en perspectiva, el riesgo de involución en Francia que, tras el alivio provisional de Alemania, amenaza el estatus democrático del núcleo europeo.

En los resultados en España, considerada una ‘isla progresista’, las dos derechas (PP y Vox), sumaron 31 escaños, igual que las izquierdas (PSOE, Sumar, Podemos e izquierdas nacionalistas), con el desempate de los dos escaños de las derechas nacionalistas (Junts y PNV), que en el ámbito parlamentario dan cobertura al gobierno de coalición progresista e impiden un ejecutivo reaccionario, aunque frenan la reforma social y presupuestaria progresistas y una regeneración democrática sustantiva.

Las causas recientes de este proceso de derechización están enraizadas en la gestión regresiva y autoritaria de la crisis financiera y socioeconómica de 2008, por las instituciones europeas y gubernamentales. Hubo una respuesta popular progresista significativa, especialmente para desafiar su legitimidad y articular una corriente social crítica, pero insuficiente para impedir esa estrategia, revertir sus graves consecuencias y reorientarla en profundidad. El consenso institucional y mediático ha sido dirigido por las derechas, hacia una Europa elitista e insolidaria, con la colaboración parcial del socioliberalismo europeo, sin unas políticas públicas convincentes para las capas populares, la regulación del mercado y el modelo inicial protector, distributivo y democrático.

Ante esas circunstancias y las dificultades de legitimación ciudadana se produce una respuesta de grupos de poder (institucionales, mediáticos, económicos) para mantener y reforzar sus grandes ventajas, así como una reacción ultra y de poderes fácticos, con mayor segregación social (racismo/inmigración, machismo, nacionalismo). Se amplía la ofensiva mediática y cultural manipuladora y un populismo divisivo con instrumentalización de las ventajas comparativas entre sectores sociales.

Igualmente, hay un vaciamiento de la democracia liberal, el autoritarismo iliberal, con la desafección popular hacia las instituciones y la intermediación de partidos y medios de comunicación, acompañada de una polarización discursiva y cierta pasividad y desconfianza cívicas. El problema añadido es la debilidad de las izquierdas y los movimientos sociales alternativos, que disminuyen su credibilidad transformadora.

Todo ello, en el contexto del desafío del Sur Global, liderado por China, y la reacción neocolonial e imperialista de rearme europeo, junto con el estadounidense y en el marco de la OTAN.

La subordinación estratégica europea

Trump representa un imperialismo iliberal, expansivo, regresivo, nacionalista y autoritario. Sus prioridades geoestratégicas (y las de las élites estadounidenses) son recomponer su hegemonía mundial, debilitada por la multilateralidad derivada del ascenso chino y los BRICs. No obstante, está necesitado de una Europa más subordinada y colaboradora con esos planes de militarización occidental, para garantizar su primacía en su orden mundial jerarquizado, sin multilateralidad.

Su interés por el alto el fuego con Rusia en Ucrania, el apoyo a la prepotencia israelí para todo el Oriente Medio (sin descuidar a Turquía / Arabia…), la guerra comercial de los aranceles, con presión hacia la UE, tal como ha también ha expresado su actual gira por los países árabes, tiene una finalidad: garantizar su primacía político-militar y económica y contener el principal adversario, China, declarado así por la OTAN en su cumbre de Madrid (2022). La carrera armamentística, del 2% al 3,5% del PIB, a aprobar en la próxima cumbre de la OTAN en junio – con un 1,5% adicional para ‘seguridad’ que complemente el 5% exigido por Trump- se va a implementar en siete años, hasta 2032.

Parece que no prevén una guerra generalizada ofensiva o una tercera guerra nuclear mundial a corto o medio plazo, aunque está presente su garantía del dominio internacional -habrá que tocar madera-. Necesitarían también, aparte de desplazar esos grandes recursos presupuestarios, una fuerte socialización militarista entre la población europea, quizá con guerras parciales o periféricas, cosa que habrá que ver. En todo caso, a partir de la disuasión de la terrible y mutua destrucción asegurada, no es inevitable una guerra europea o mundial generalizada.

El plan de rearme europeo obedece a este objetivo estratégico conjunto con EEUU de participar en el dominio mundial, y no supone más autonomía estratégica, discurso utilizado como simple pretexto para intentar justificarlo ante la ciudadanía europea.

Por supuesto, la legítima defensa ante un peligro externo es razonable y necesaria. Se trata de tener una disuasión suficiente ante una agresión previsible. No obstante, no existe el llamado ‘peligro ruso’ de agresión a Europa o la OTAN, fuera de su inmediata zona de influencia y seguridad. Y, especialmente, no se percibe el riesgo inminente y generalizado de una agresión militar en el centro y sur de Europa, especialmente en España. No tiene sentido el miedo a una guerra que quieren introducir las élites europeas. Es una especulación que algunos expertos y dirigentes otanistas sitúan para dentro de una década, y tiene la función de doblegar la oposición social al rearme.

Además, los países europeos ya cuentan con un gasto militar cuatro veces el de Rusia, que tiene una economía similar a la de Italia. O sea, aun sin EEUU, que tiene múltiples intereses económicos y geoestratégicos en Europa, incluso en Ucrania, y no se va a desentender de la seguridad, los propios países europeos ofrecen suficiente capacidad disuasoria para garantizar la estabilidad del continente. Además, los grupos dominantes europeos apuestan por el reforzamiento militar de una OTAN dependiente del mando estadounidense.

El rearme europeo no está justificado, refuerza el autoritarismo y el belicismo, recorta el gasto público social y favorece la tensión internacional. Tampoco facilita la unidad política europea, con la preponderancia de los principales Estados (Alemania, Francia y Reino Unido) y mayor subordinación a EEUU y su complejo militar-industrial. Incluso limita la colaboración económica con China, o la difícil coexistencia con la Rusia de la postguerra que se vislumbra, con su complemento energético o de garantía de la seguridad europea.

El plan de rearme, versión más militarista del plan Draghi, busca el refuerzo de los grupos de poder europeos y su impacto neocolonial e imperial (África, América Latina, Oriente próximo), incluido el mayor protagonismo de Alemania (y Francia y Reino Unido) hacia los países secundarios del este y el sur europeos.

Por tanto, hay una perspectiva de evolución derechista del consenso institucional europeo, con integración de las derechas ultras (Meloni), aun con diversas tensiones nacionalistas. La tendencia dominante es la de afianzar la trayectoria reaccionaria y el acercamiento de las derechas tradicionales (incluido el laborismo del Reino Unido) con las ultraderechas en Europa, con la subordinación y dilución socialdemócrata (y verde), la marginación de las izquierdas y el debilitamiento y la reorientación moderada del sindicalismo y los movimientos sociales progresistas, particularmente el feminista y el antirracista.

Crisis y reorientación del europeísmo

En ese marco de avance derechista, con el refuerzo de una trayectoria dominante reaccionaria, regresiva y autoritaria, se pretende afianzar un proceso de credibilidad de los grupos de poder europeos, de ahí la manipulación de los medios de comunicación e instituciones culturales.

Existe una profunda crisis de legitimidad de las élites dominantes, acentuada por la política de austeridad y su autoritarismo ante la crisis socioeconómica de 2008/2013, con una amplia protesta social progresista y la reactivación de las izquierdas. Tras el desgaste popular sufrido, cierta flexibilidad expansionista con la COVID y los desafíos mundiales (demográficos, geoestratégicos, ecológicos, tecnológicos…), las élites europeas vuelven a intentar una reorientación estratégica, con un nuevo supremacismo oligárquico, interno y externo.

Es también el sentido de la reacción ultra para condicionar y pactar con la derecha tradicional, con recomposición política de las élites dominantes, cambios institucionales derechistas, sin cordón sanitario, y sus prioridades políticas: segregación, antinmigración, antifeminismo, negacionismo climático, ultraliberalismo antisocial, reequilibrio político-social derechista.

Por tanto, desde una óptica democrática o de izquierdas, es coherente la oposición a ese proyecto europeo reaccionario y a los valores sobre los que se pretende legitimar: autoridad y orden postdemocráticos, dominación y división social, individualismo competitivo con regresión de la igualdad real y las libertades y derechos… Tienen el poder y la capacidad para su imposición, pero no la confianza de la mayoría de la ciudadanía, que conserva otros valores democráticos e igualitarios. La dificultad es su articulación cívica democratizadora.

En ese sentido, es insuficiente el simple llamamiento a fórmulas abstractas o retóricas de los supuestos valores tradicionales europeos, sin confrontar con las actuales dinámicas reales de derechización y, en particular, con la estrategia imperial y regresiva del rearme. La defensa de la actual estrategia de la Comisión Europea pretende la legitimación de un plan regresivo, militarista y autoritario de las derechas, clarísimo en su complicidad con el gobierno israelí de genocidio y limpieza étnica palestina. No tiene credibilidad ciudadana ni capacidad movilizadora. No consigue entusiasmo por su falsedad respecto de su (supuesta) finalidad: el bien común o los derechos humanos.

Por tanto, se generaliza la desconfianza o la desafección popular hacia las élites y las instituciones formales, incluidos partidos políticos gobernantes y grandes medios de comunicación, que amparan esta involución democrática y social. Y ese es el campo en el que la ultraderecha quiere recoger adhesiones populistas, con soluciones falsas y el agravamiento de todas las tendencias sociales perjudiciales para las mayorías ciudadanas.

Otra Europa, democrática y solidaria

Ante esa doble tradición europea, reaccionaria/autoritaria y democrática/solidaria, se trata de la readecuación de la mejor trayectoria europea, por la libertad, la igualdad y lo común. Tiene una profunda experiencia popular y un amplio arraigo cívico: antifascismo, democracia y Estado de derecho, modelo social avanzado, solidaridad europea e internacional, derechos humanos, sociales, políticos, feministas, medioambientales…

Si se consolida el proyecto reaccionario dominante, las perspectivas son problemáticas: agravamiento de la situación de las mayorías populares, además de los conflictos venideros derivados de la alianza transatlántica y la hegemonía de los bloques de poder, frente a los desafíos internos, de legitimidad cívica, y externos, del Sur Global.

Este plan de las élites dominantes -y el consenso mayoritario político y mediático-, es visto por ellas como conveniente y necesario, con una mentalidad nacionalista/imperial, la previsión de su imposición autoritaria y la prevención de la oposición social y democrática (y del Sur).

La conclusión es apostar por una Europa con trayectoria democrática, pacífica y social, con refuerzo de las izquierdas, la participación cívica, la solidaridad interna y la colaboración internacional. Hacia un ‘demos’ solidario, democrático e igualitario. Para ejecutarlo es necesaria una auténtica autonomía estratégica, respecto de EEUU, en una realidad multipolar que exige respeto y negociación, no neocolonial dentro y fuera de la UE, y con seguridad europea, sin rearme ni políticas neoliberales. O sea, otra Europa democrática, igualitaria y solidaria.

Antonio Antón. Sociólogo y politólogo.

✇Rebelion

Ignoren las artimañas de Keir Starmer, el rastro de sangre de Gaza lleva directo hasta su puerta

Por: Bea Morales

Con la línea de meta a la vista para el programa israelí de limpieza étnica genocida, el guion de Occidente sobre Gaza se está reescribiendo a toda prisa. Pero no se equivoquen: se trata de la misma red de mentiras interesadas. Como bajo la dirección de un director de orquesta oculto, Gran Bretaña, Francia y Canadá —aliados clave de EE. UU.— estallaron esta semana en un coro de condenas a Israel.

Calificaron de “desproporcionados” los planes de Israel de arrasar los últimos fragmentos de Gaza que aún quedan en pie, mientras que la intensificación por parte de Israel de la hambruna que ha azotado durante meses a más de dos millones de civiles palestinos resultaba “intolerable”.

El cambio de tono estuvo precedido, como señalé en estas páginas la semana pasada, por un lenguaje nuevo y más duro contra Israel por parte de la prensa occidental.

El relato de los medios de comunicación tradicionales tuvo que cambiar primero, para que la repentina manifestación de preocupación moral y política por el sufrimiento de Gaza por parte del primer ministro británico Keir Starmer, el presidente francés Emmanuel Macron y el primer ministro canadiense Mark Carney —tras más de un año y medio de indiferencia— no pareciera demasiado abrupta ni extraña.

Actúan como si se hubiera superado el genocidio israelí. Pero los genocidios no tienen límites. Simplemente avanzan implacablemente hasta que se les detiene. Los medios de comunicación y los políticos gestionan con cuidado cualquier disonancia cognitiva para sus públicos.

Pero la realidad más profunda es que las capitales occidentales siguen coordinando con Israel y Estados Unidos sus “críticas” al genocidio israelí en Gaza, tal como antes coordinaron su apoyo.

Así lo reconoció un alto funcionario israelí al periódico israelí Haaretz. Refiriéndose al repentino cambio de tono, declaró: “Las últimas 24 horas formaron parte de una emboscada planificada de la que sabíamos. Se trató de una secuencia coordinada de acciones previas a la reunión de la UE en Bruselas, y gracias a los esfuerzos conjuntos de nuestros embajadores y el ministro de Asuntos Exteriores, logramos moderar el resultado”.

Los lamentos son solo otra maniobra teatral, poco diferente de la anterior mezcla de silencio y palabrería sobre el “derecho a defenderse” de Israel. Y tienen el mismo propósito: ganar tiempo para que Israel “termine el trabajo”, es decir, para completar su genocidio y limpieza étnica de Gaza.

Occidente sigue promoviendo “debates” falsos, enteramente inventados por Israel, sobre si Hamás está robando ayuda, qué constituye ayuda suficiente y cómo debería entregarse.

Todo esto pretende ser ruido para distraernos del único asunto relevante: que Israel está cometiendo genocidio al masacrar y matar de hambre a la población de Gaza, mientras que Occidente ha contribuido e instigado ese genocidio.

Ejercicio de relaciones públicas

Con las reservas de alimentos completamente agotadas por el bloqueo israelí, el jefe humanitario de la ONU, Tom Fletcher, declaró a la BBC el martes que unos 14.000 bebés podrían morir en Gaza en 48 horas sin que les llegue ayuda inmediata.

El pronóstico a largo plazo es aún más desalentador. El lunes el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, decidió permitir la entrada de una pequeña cantidad de ayuda, y liberó cinco camiones, algunos con fórmula infantil, de los miles de vehículos que Israel ha retenido en los puntos de entrada durante casi tres meses. Esto representa menos del 1% del número de camiones que, según los expertos, deben ingresar diariamente solo para contener la letal hambruna.

El martes, a medida que crecía el clamor, el número de camiones de ayuda autorizados para entrar en Gaza ascendió, según se informa, a casi 100, o menos de una quinta parte del mínimo indispensable. Al momento de escribir este artículo, se informó que ninguna de las ayudas había llegado a la población del enclave.

Netanyahu dejó claro al público israelí —la mayoría del cual parece entusiasmado con que continúe la hambruna artificial— que no lo hacía por ningún impulso humanitario.

Se trataba puramente de un ejercicio de relaciones públicas para mantener a raya a las capitales occidentales, afirmó. El objetivo era aliviar las exigencias de sus propios públicos a estos líderes para que penalizaran a Israel y detuvieran la continua masacre de la población de Gaza.

O como lo expresó Netanyahu: “Nuestros mejores amigos en todo el mundo, los senadores más proisraelíes [en EE. UU.]… nos dicen que están proporcionando toda la ayuda, las armas, el apoyo y la protección en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero que no pueden soportar imágenes de hambruna masiva”.

El ministro de finanzas israelí, Bezalel Smotrich, fue aún más claro: “En nuestro camino hacia la destrucción de Hamás estamos destruyendo todo lo que queda de la Franja de Gaza”. También habló de “limpiar” el enclave.

“De vuelta a la Edad de Piedra”

El público occidental ha estado observando esta destrucción durante los últimos 19 meses, o al menos han visto imágenes parciales, cuando los medios de comunicación occidentales se han molestado en informar sobre la masacre.

Israel ha erradicado sistemáticamente todo lo necesario para la supervivencia del pueblo de Gaza: sus hogares, hospitales, escuelas, universidades, panaderías, sistemas de agua y comedores comunitarios.

Israel finalmente ha implementado lo que llevaba 20 años amenazando con hacer al pueblo palestino si se negaba a ser sometido a una limpieza étnica en su patria. Los ha devuelto a la Edad de Piedra.

Una encuesta entre los principales expertos mundiales en genocidio, publicada la semana pasada por el periódico holandés NRC, revelaba que todos coincidían de forma concluyente en que Israel está cometiendo genocidio en Gaza. La mayoría cree que el genocidio ha llegado a su fase final.

Esta semana, Yair Golan, líder del principal partido centrista de Israel y exvicejefe del ejército israelí, expresó los mismos sentimientos de forma más gráfica. Acusó al gobierno de “matar bebés como pasatiempo”. Como era de esperar, Netanyahu acusó a Golan de “antisemitismo”.

La declaración conjunta de Starmer, Macron y Carney fue mucho más moderada, por supuesto, y fue recibida por Netanyahu con una respuesta relativamente discreta: que los tres líderes estaban dando a Hamás un “premio enorme”.

Su declaración señalaba: “El nivel de sufrimiento humano en Gaza es intolerable”. Es de presumir pues que, hasta ahora, han considerado “tolerable” el infierno que llevan padeciendo los palestinos de Gaza desde hace año y medio.

David Lammy, ministro de Asuntos Exteriores británico, quien en medio del genocidio se alegró de ser fotografiado estrechando la mano de Netanyahu, opinó en el parlamento esta semana que Gaza se enfrentaba a una “nueva fase oscura”.

Es una interpretación conveniente para él. En realidad, hace muchísimo tiempo que es medianoche en Gaza.

Una fuente diplomática europea de alto nivel involucrada en las conversaciones entre los tres líderes declaró a la BBC que su nuevo tono reflejaba una “sensación real de creciente ira política ante la situación humanitaria, de que se está cruzando una línea y de que este gobierno israelí parece actuar con impunidad”.

Esto debería servir como recordatorio de que hasta ahora las capitales occidentales no tenían ningún problema con todas las demás líneas cruzadas por Israel, incluyendo la destrucción de la mayoría de las casas de Gaza, la erradicación de los hospitales y otras infraestructuras humanitarias esenciales de Gaza, el hacinamiento de civiles palestinos en zonas “seguras” para luego bombardearlos allí, la matanza y mutilación de decenas de miles de niños y la hambruna activa de una población de más de dos millones de seres.

Nos toman por tontos

Los tres líderes occidentales amenazan ahora con tomar “más medidas concretas” contra Israel, incluido lo que denominan “sanciones selectivas”.

Si esto suena positivo, piénsenlo de nuevo. La Unión Europea y el Reino Unido llevan décadas debatiendo si etiquetar los productos importados de los asentamientos ilegales de Israel en la Cisjordania ocupada y cómo hacerlo. La existencia de estos asentamientos en constante expansión, construidos sobre territorio palestino robado y que bloquean la creación de un Estado palestino, es un crimen de guerra; ningún país debería ayudarlos.

En 2019 el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaminó que debe quedar claro para los consumidores europeos qué productos provienen de Israel y cuáles de los asentamientos.

Durante todo este tiempo los funcionarios europeos nunca consideraron prohibir los productos procedentes de los asentamientos, y mucho menos imponer “sanciones selectivas” a Israel, a pesar de que la ilegalidad de estos es inequívoca. De hecho, los funcionarios han difamado fácilmente a quienes piden boicots y sanciones contra Israel llamándolos “odiadores de judíos” y “antisemitas”. Lo cierto es que los líderes occidentales y los medios de comunicación del establishment nos están tomando el pelo una vez más, como lo han hecho durante los últimos 19 meses.

“Más medidas concretas” sugiere que ya se han impuesto medidas concretas contra Israel. Se trata del mismo Israel que recientemente quedó segundo en el Festival de la Canción de Eurovisión. Los manifestantes que piden la exclusión de Israel del concurso, como ha ocurrido con Rusia por invadir Ucrania, son difamados y denunciados.

Si los líderes occidentales ni siquiera pueden imponer una sanción simbólica significativa a Israel, ¿por qué deberíamos creer que son capaces de tomar medidas sustanciales contra él?

No existe voluntad de actuar

El martes quedó más claro a qué se refería el Reino Unido con “medidas concretas”. La embajadora israelí fue citada para lo que, según nos dijeron, era una reprimenda. Debe estar temblando aún.

Y Gran Bretaña suspendió, es decir, retrasó, las negociaciones sobre un nuevo acuerdo de libre comercio, una propuesta de expansión de los ya extensos lazos comerciales de Gran Bretaña con Israel. Sin duda, esas conversaciones pueden esperar unos meses. Mientras tanto, 17 de los 27 miembros de la Unión Europea votaron a favor de revisar la base legal del Acuerdo de Asociación UE-Israel, que otorga a Israel un estatus comercial especial, aunque es muy improbable que en realidad se necesite un consenso para revocarlo.

Tal revisión para comprobar si Israel muestra “respeto por los derechos humanos y los principios democráticos” es una simple pérdida de tiempo. Las investigaciones del año pasado demostraron que estaba cometiendo atrocidades generalizadas y crímenes de lesa humanidad.

En declaraciones al parlamento británico, Lammy declaró: “Las acciones del gobierno de Netanyahu lo han hecho necesario”.

Hay muchas “medidas concretas” bastante más serias que Gran Bretaña y otras capitales occidentales podrían adoptar, y podrían haberlas adoptado hace muchos meses.

Gran Bretaña y la UE dieron un indicio el martes al anunciar amplias sanciones adicionales contra Rusia, no por cometer un genocidio, sino por dudar sobre un alto el fuego con Ucrania.

En última instancia, Occidente pretende castigar a Moscú por negarse a devolver los territorios que ocupa en Ucrania, algo que las potencias occidentales nunca han exigido significativamente a Israel, a pesar de que este lleva décadas ocupando los territorios palestinos.

Las nuevas sanciones contra Rusia se dirigen a las entidades que apoyan sus esfuerzos militares y sus exportaciones de energía, además de las severas sanciones económicas ya existentes y un embargo petrolero. No se propone nada, ni remotamente comparable, para Israel.

El Reino Unido y Europa podrían haber dejado de proporcionar a Israel las armas necesarias para masacrar a los niños palestinos en Gaza. En septiembre Starmer prometió reducir la venta de armas a Israel en aproximadamente un 8%, pero su gobierno, en realidad, envió más armas para el genocidio israelí en los tres meses siguientes que las que enviaron los conservadores en todo el período comprendido entre 2020 y 2023.

Una niña palestina observa junto a un grupo de niños entre los escombros de un depósito de ayuda humanitaria destruido por un bombardeo israelí en Yabalia, Gaza, el 10 de mayo de 2025 (Bashar Taleb/AFP).

Gran Bretaña también podría dejar de transportar armas de otros países y de realizar vuelos de vigilancia sobre Gaza en nombre de Israel. La información de seguimiento de vuelos mostró que una noche de esta semana el Reino Unido envió un avión de transporte militar, capaz de transportar armas y soldados, desde una base de la Real Fuerza Aérea en Chipre a Tel Aviv, y luego envió un avión espía sobre Gaza para recopilar información de inteligencia que ayude a Israel en su masacre.

Gran Bretaña podría, por supuesto, emprender la «acción concreta» de reconocer el Estado de Palestina, como ya lo han hecho Irlanda y España, y podría hacerlo sin previo aviso.

El Reino Unido podría imponer sanciones a ministros del gobierno israelí. Podría declarar su disposición a ejecutar el arresto de Netanyahu por crímenes de guerra, de acuerdo con la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, si visita Gran Bretaña. Y podría negar a Israel el acceso a eventos deportivos, convirtiéndolo en un Estado paria, como se hizo con Rusia.

Y, por supuesto, el Reino Unido podría imponer amplias sanciones económicas a Israel, como se hizo con Rusia.

Podría también anunciar que cualquier británico que regrese del servicio militar en Gaza se arriesga a ser arrestado y procesado por crímenes de guerra.

Todas estas “acciones concretas”, y más, podrían implementarse fácilmente. Lo cierto es que no hay voluntad política para hacerlo. Simplemente existe el deseo de mejorar las relaciones públicas, de encubrir mejor la complicidad británica en un genocidio que ya no se puede ocultar.

Lobo al descubierto

El problema para Occidente es que Israel se ha despojado ya de la piel de cordero con la que las capitales occidentales lo han engalanado durante décadas.

Israel es, evidentemente, un lobo depredador. Su comportamiento brutal y colonial hacia el pueblo palestino está plenamente expuesto. No hay escondite.

Por eso, Netanyahu y los líderes occidentales están ahora enfrascados en un tango cada vez más difícil. El proyecto colonial, de apartheid y genocida de Israel —el clientelismo militarizado de Occidente en el Oriente Medio, rico en petróleo— necesita protección.

Hasta ahora, esto ha implicado que líderes occidentales como Starmer desviaran las críticas a los crímenes de Israel, así como la complicidad británica. Implicaba recitar sin parar y sin pensar el “derecho de Israel a defenderse” y la necesidad de “eliminar a Hamás”.

Pero el fin del genocidio israelí consiste en matar de hambre a dos millones de personas o expulsarlas de Gaza, sea lo que sea lo que ocurra primero. Ninguna de las dos cosas es compatible con los objetivos que los políticos occidentales nos han estado vendiendo.

Por lo tanto, el nuevo relato debe acentuar la responsabilidad personal de Netanyahu por la masacre, como si el genocidio no fuera el punto final lógico de todo lo que Israel le ha estado haciendo al pueblo palestino durante décadas.

La mayoría de los israelíes también están conformes con el genocidio. Las únicas voces disidentes significativas provienen de las familias de los rehenes israelíes, principalmente por el peligro que el ataque israelí representa para sus seres queridos.

El objetivo de Starmer, Macron y Carney es crear un nuevo relato en el que afirman haberse dado cuenta tardíamente de que Netanyahu ha “ido demasiado lejos” y que necesita ser controlado. Luego podrán aumentar gradualmente la presión contra el primer ministro israelí, presionar a Israel para que cambie de estrategia y, cuando se resista o lo rechace, presionar a Washington para que tome “medidas concretas”.

Este nuevo relato, a diferencia del viejo, ya desgastado, puede estar dando vueltas durante unas semanas o unos meses más, lo que podría ser suficiente para que la limpieza étnica genocida de Gaza llegue a su fin, o lo suficientemente cerca como para que resulte irrelevante.

Esa es la esperanza —sí, la esperanza— en las capitales occidentales.

Sangre en las manos

El nuevo relato ficticio de Starmer, Macron y Carney tiene varias ventajas. Se lavan las manos de Gaza. Es porque les engañaron. Resulta que fueron demasiado caritativos. Las vitales luchas internas contra el antisemitismo los distrajeron.

Todo ello pone directamente la culpa en un hombre: Netanyahu.

Sin él, el violento y altamente militarizado Estado de apartheid de Israel puede continuar como antes, como si el genocidio fuera un lamentable paso en falso en el impecable, por lo demás, historial de Israel.

Se pueden exagerar nuevas supuestas amenazas “terroristas” —por parte del Líbano, Siria, Yemen e Irán— para arrastrarnos de nuevo a los relatos optimistas sobre un valiente reducto occidental de civilización que nos defiende de los bárbaros del Este.

El nuevo relato ni siquiera exige que Netanyahu comparezca ante la justicia.

A medida que surgen noticias sobre la verdadera magnitud de las atrocidades y el número de muertos, un Netanyahu fingido de remordimiento puede apaciguar a Occidente con el renovado discurso sobre la solución de dos Estados, una solución cuya concreción se ha evitado durante décadas y puede seguir evitándose durante bastantes décadas más.

Nos veremos sometidos a más años de un “conflicto” entre Israel y Palestina que finalmente está a punto de dar un giro.

Incluso si un Netanyahu escarmentado se viera obligado a dimitir, cedería el testigo a otro de los monstruos genocidas y supremacistas judíos que acechan entre bastidores.

Tras la destrucción de Gaza, la destrucción de la vida palestina en la Cisjordania ocupada y Jerusalén Este simplemente tendrá que volver a un ritmo anterior, más lento, el que le ha permitido mantenerse fuera del radar del público occidental durante 58 años.

¿Realmente resultará así? Solo en la imaginación de las élites occidentales. En realidad, enterrar casi dos años de un genocidio demasiado visible para amplios sectores del público occidental será una tarea mucho más complicada.

Demasiadas personas en Europa y Estados Unidos han abierto los ojos en los últimos 19 meses. No pueden ignorar lo que se les ha transmitido en directo, ni ignorar lo que pone de manifiesto sobre sus propias clases políticas y mediáticas.

Starmer y compañía continuarán distanciándose enérgicamente del genocidio en Gaza, pero no habrá escapatoria. Digan o hagan lo que digan, el rastro de sangre conduce directamente hasta su puerta.

Jonathan Cook es autor de tres libros sobre el conflicto palestino-israelí. Ha ganado el Premio Especial de Periodismo Martha Gellhorn. Vivió en Nazaret durante veinte años, de donde regresó en 2021 al Reino Unido. Sitio web y blog: www.jonathan-cook.net

Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2025/05/22/ignoren-las-artimanas-de-keir-starmer-el-rastro-de-sangre-de-gaza-lleva-directo-hasta-su-puerta/

✇Rebelion

Y ahora les duele Gaza: Europa ante el genocidio

Por: Bea Morales

¿Qué hacemos con este individuo que está llevando a la ruina nuestro gran proyecto “histórico” en Oriente Medio? Es la gran pregunta que se hacen los dirigentes occidentales desde hace unos meses, en primer lugar los europeos. No saben qué hacer con el primer ministro del régimen de Tel Aviv, ni con su Gobierno, plagado de energúmenos zafios e inconsistentes que gritan a los cuatro vientos lo que el sionismo (“histórico”) ha tratado de ocultar o al menos disimular desde hace lustros.

Le habían dejado un margen de meses para culminar la tarea de arrasar Gaza y reimponer la pax israeliana que estaba cerca, o eso pensaban allá por septiembre de 2023, de culminar la inserción del proyecto sionista en la región y naturalizar su existencia como potencia predominante. Luego vino el imprevisto —o no— golpe de Hamás y se entró en esta nueva etapa que comienza a resultar excesivamente larga. Y sin final previsible.

Colonización y neutralización

El proyecto sionista en Palestina, un artefacto ideológico y operativo inspirado e incoado por las élites europeas económicas y políticas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, se basó en dos grandes pilares: la colonización por parte de un grupo racial-religioso diferenciado; y la neutralización de la hostilidad de los pueblos circundantes a la Palestina ocupada, en concreto los árabes, en los cuales se englobaba al pueblo palestino.

Todo esto se llevó a cabo mediante una estrategia de espejo organizativo; es decir, con el reflejo del modelo institucional europeo en aquellas tierras subdesarrolladas, “a-modernas”. De ahí los lemas propagandísticos sobre la “única democracia de Oriente Medio”, el milagro “político y económico” israelí o el respeto de los valores humanos básicos mientras todo el aparato jurídico y legal del aparato sionista se ponía en servicio del primer gran pilar, la colonización. Esto último se llevó a cabo a través de la expropiación de tierras, siempre de forma muy legal e impecablemente justificada según su corpus jurídico “democrático”. Las familias palestinas fueron sustituídas por elementos traídos del exterior, elegidos en función de su pertenencia étnico-religiosa, con la generosa financiación de una red de asociaciones, centros culturales, personalidades y gobiernos (occidentales).

La cosa no marchaba mal, porque el segundo pilar, la eliminación de la supuesta amenaza sustanciada en los países árabes del entorno, iba camino de completarse la víspera del 7 de octubre. Cerca de la mitad de los países árabes habían firmado, o parecían dispuestos de hacerlo, acuerdos de paz con el régimen de Tel Aviv.

La cuestión palestina quedó ausente del discurso político en el interior de estas naciones, cuyos gobiernos, en la tónica de sus pares occidentales, se mostraban convencidos de que un nuevo modelo dirigido por Israel sería beneficioso para ellos. Sin embargo, había un problema: los proyectos colonialistas precisan de eso, de colonos, máxime cuando se trata de una propuesta basada en la excelencia racial de una comunidad determinada. Mas en la Palestina de 2023 ya había casi una paridad entre judíos y no judíos (árabes, en su inmensa mayoría) contando los territorios ocupados de 1948, Gaza y Cisjordania. Los asentamientos seguían creciendo y salvo algunas voces aisladas, nadie en Occidente, ni en ese mundo árabe casi domesticado, protestaba por las acciones contra el pueblo palestino. No obstante, hacía falta algo más.

La oportunidad que estaban esperando

Entonces llegó el 7 de octubre. Con independencia de las teorías más o menos conspirativas que tienden a pensar que el propio régimen israelí inspiró, o al menos permitió, el ataque; surgió la oportunidad que los representantes genuinos del sionismo religioso ultraortodoxo, representado por sujetos como los ya tristemente célebres Smotrich y Ben Gvir, estaban esperando.

Había llegado el momento de pasar a la etapa final, la deportación del mayor número posible de palestinos, en pos del gran objetivo: un Israel habitado por una población con una mayoría racial irreversible. Lo estamos viendo en la actualidad: no solo las hordas del ejército israelí han asesinado, hecho desaparecer o herido de gravedad al 10% de la población de Gaza; también han iniciado una depuración étnica en amplias zonas de Cisjordania, la mayor desde su ocupación militar en 1967. El sionismo se ha desatado y camina sin pudor hacia la gran apuesta de un todo o nada que preocupa seriamente a sus valedores occidentales.

Veinte meses después de iniciadas las masacres en el enclave, determinados dirigentes europeos se han dado cuenta de la “situación insostenible” que sufre la población, inerme; algunos hablan incluso de “acciones que podrían concurrir en crímenes de guerra”. Otros, representantes de países con un peso específico menor, hablan de genocidio y limpieza étnica y promueven sanciones en el seno de la Unión Europea que pocos piensan terminen en algo concreto debido a los enrevesados (cuando les conviene) sistemas internos de decisión y ejecución de las resoluciones.

No han dejado de vender armas a este Estado “genocida”, ni de recibir su tecnología militar ni de trufar sus, hasta hoy, esporádicas críticas al engendro europeo en el Mediterráneo oriental, con el sacrosanto derecho a la defensa —seiscientos días bombardeando casas, escuelas y hospitales no parece tener mucho de defensivo—; tampoco han dejado de repetir el insoportable, por manido e incongruente, remoquete del antisemitismo.

Eso también lo han hecho algunos gobiernos árabes, como el marroquí, que permiten que los barcos israelíes se aprovisionen en sus puertos y refuerzan la colaboración militar con el régimen de Netanyahu, a pesar de la manifiesta oposición de la mayor parte de su población; o el de Emiratos Árabes, que no pierde ocasión para expresar su apoyo a la visión sionista actual, bien enviando alimentos o reforzando la colaboración comercial y financiera. Ni el gobierno egipcio, que prohíbe las manifestaciones pro palestinas y tiene especial interés, como el saudí, en destruir a Hamás y todo lo que huela a Hermanos Musulmanes, el principal —y único, según parece— problema que tiene el mundo árabe. Hay más interés en esto que en detener la carnicería de un régimen que ha cruzado ya todas las líneas rojas. Pero, al menos, estos últimos no pretenden darnos sermones sobre ética y derechos humanos.

¿Qué hacer con el sionismo desbocado?

Los amigos europeos de Israel se preguntan: ¿Qué hacemos con este sionismo desbocado? ¿Cómo salvar a Israel de sus impulsos autodestructivos? Cómo salvar al pueblo palestino de la muerte, la desolación o el hambre no importa; resulta secundaria, porque, aunque no lo digan, mucha gente por aquí, en los círculos de poder, sobre todo, piensa que la ciudadanía israelí vale más que la palestina. Al fin y al cabo, Israel sigue siendo “nuestro gran proyecto”.

Europa está preocupada porque los gobernantes israelíes están desmontado las bases del Estado democrático. O sea, la separación de poderes, la alternancia política, la independencia judicial, la diversidad cultural, social o sexual. Todas esas cosas que hacían a Israel, según ellos, tan democrático y defendible, tan “chic” para participar en cosas como la de Eurovisión. Tenemos que buscarles un asidero, una salida para que se reencuentren consigo mismos y podamos seguir justificándolos. Un alto el fuego y negociaciones determinantes para zanjar el gran asunto, el futuro inmediato de Hamás y compañía, ¡qué necesario es!

Bombardeo Gaza 19 mayo

El repentino ataque de humanidad que sufren gobiernos como el británico, el francés o hasta el italiano van más en la línea de asistir a un aliado “histórico” en horas bajas que en hacer justicia a los derechos humanos y el padecimiento de una nación que lleva tantos años sufriendo un proyecto colonialista atroz. Amagamos con sanciones, lazamos declaraciones inéditas, por su tono condenatorio, con el objeto de permitirle una salida digna. “Está bien”, dirá el régimen de Tel Aviv, “paramos la guerra pero queremos contrapartidas”: que alguien se lleve al mayor número posible de palestinos de Gaza; callad ante las presiones ejercidas sobre los habitantes de Cisjordania para que abandonen sus tierras; dadnos cobertura para bombardear Irán; haced la vista gorda ante nuestras aventuras militares en Líbano y Siria. Hay un tic extraño en el gesto, en las palabras, de muchos dirigentes europeos, alentados por los aparentes tumbos del presidente Trump, hoy crítico con Netanyahu, mañana fiel amigo. ¡Cuánto les gustaría volver a decir aquellas palabras sentidas sobre el gran amigo israelí!

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/opinion/ahora-les-duele-gaza-europa-genocidio

  • No hay más artículos
❌