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✇Rebelion

«La crisis climática es una lucha de clases»

Por: Caty R

No es el historiador más conocido del mundo, pero Jason W. Moore (Corvallis, Oregon, 1971) es quien ha puesto en circulación y defiende con más tesón investigador el concepto ‘Capitaloceno’. Una respuesta con la que Moore discute el uso de ‘Antropoceno’, nacido, asegura, para repartir las culpas de la crisis climática entre sus verdaderos responsables y quienes padecen ese cambio del clima. Se basa en datos que son conocidos, como que el 1% más rico es responsable del doble de las emisiones que la mitad de la humanidad más pobre. Pero, a pesar de esa evidencia, como señala Moore, el concepto de antropoceno se extiende también entre la izquierda.

En ese hecho Moore justifica la que, sin duda, es la propuesta más arriesgada de su obra: una crítica rigurosa al ecologismo estadounidense y su complicidad con el capitalismo. Partiendo de la base de que —como se señala en el prólogo de su último libro— el ecologismo profesional estadounidense está alejado de la tradición de la ecología política, más vinculada con la lucha sindical y los movimientos sociales, que conocemos mejor en Europa, las advertencias de Moore sobre el “ecologismo de los ricos” y su abordaje de la crisis climática resuenan en discursos sobre el Green New Deal (nuevo pacto verde), que son moneda corriente en la literatura producida por la Comisión Europea y los partidos que, a izquierda y derecha, la sostienen. 

Por eso, el autor de La gran implosión y El capitalismo en la trama de la vida (Traficantes de Sueños, años 2020 y 2025) basa su trabajo en la relación entre el trabajo y la crisis climática, en una crítica al capitalismo y a sus maneras de dominación, así como en una explicación con distintos grados de complejidad, pero clara, de los sucios secretos de la acumulación capitalista.

La tesis de los “cuatro baratos” desarrollada por Moore incide en que el capital no habría podido desarrollarse sin una explotación del trabajo, la energía, las materias primas y los alimentos basada en su devaluación. El Capital, de este modo, y a través de mecanismos ideológicos como la separación entre Hombre y Naturaleza (las mayúsculas son importantes) ha tomado históricamente lo que necesitaba a bajos precios, arrasando con lo que precisaba arrasar para su desarrollo. La sorpresa de finales del siglo XX y de principios de este siglo es que ya no lo puede hacer más, porque ha llegado a las fronteras biofísicas del planeta. 

Hay una constatación de ello en la manía del apocalipsis que se ha extendido en los últimos años, que comparten desde el desquiciante millonario broligarca Peter Thiel hasta una parte de la izquierda hambrienta de malas noticias. Situado en una posición rara —pero anclado en la tradición marxista—, Moore cree que lo que estamos experimentando es un nuevo episodio en los que el cambio del clima y las transformaciones sociales forman una tormenta.

En uno de tus artículos al decir que los estadounidenses están obsesionados con el apocalipsis. ¿De dónde viene esta pulsión?

Desde el principio, los estadounidenses han estado enamorados del apocalipsis, un concepto que significa en su significado clásico, revelar o poner al descubierto la verdad fundamental. Esto, por supuesto, se acerca mucho a la imaginación protestante, que sigue resonando en la cultura estadounidense. Se trata de la fantasía de un día de éxtasis, de la división entre el bien y el mal. En este sentido es una forma de milenarismo, solo que con una diferencia: muchos movimientos, desde los husitas en el siglo XVI hasta el movimiento de Danza fantasma de los pueblos indígenas norteamericanos o la secta Loto Blanco de China de finales del siglo XVIII, tomaban el milenarismo como el clamor de los oprimidos. Veían venir el fin de los tiempos porque sus mundos habían sido destruidos. La versión estadounidense es diferente: es el milenarismo de los ricos, de los poderosos.

Es otro tipo de pensamiento apocalíptico

Es importante entender eso porque el ecologismo estadounidense, el pensamiento ambiental de los poderosos, ha tenido mucha influencia en el mundo. Y es una forma de milenarismo. Cuando estos ecologistas hablan del clima como una amenaza existencial expresan una idea, una visión del mundo, que ha estado germinando en los Estados Unidos desde principios del siglo XVII y que se repite en la historia estadounidense, por ejemplo, a principios de la década de 1980, cuando Ronald Reagan habló de la Unión Soviética como el imperio del mal. Hay una esencia moralizante y existencial en el imaginario estadounidense que ha infectado el pensamiento de las élites de todo el mundo. No en Oriente, no en China, sino en el Occidente imperial. Y el ecologismo es una parte fundamental de ese milenarismo de los ricos.

La izquierda política también acaricia la idea de que el fin del mundo ya está aquí. ¿Cómo podemos romper esta tendencia sin caer en la autocomplacencia y sin proponer medidas que no aborden el meollo de los problemas?

Creo que debemos empezar por analizar la historia del pensamiento ambiental incluso antes del ecologismo, incluso antes del siglo XIX. Debemos volver a Thomas Malthus y antes de Malthus debemos ir a René Descartes, Thomas Hobbes y Francis Bacon, que no eran simplemente científicos y filósofos, eran ideólogos. Ideólogos del imperio. Para ellos, los habitantes nativos de las tierras coloniales eran salvajes. Eran parte de la Naturaleza. Hay una larga historia que parte de la izquierda se ha negado a reconocer; se ha negado a entender que el pensamiento ambiental, el ecologismo, el pensamiento científico ha sido fundamental para la ideología burguesa. Uno de mis ejemplos favoritos: la palabra ecología proviene de Ernst Haeckel, un científico alemán. Él fue uno de los cofundadores a principios del siglo XX de la Liga Monista Alemana, que desarrolló su concepción del Lebensraum [espacio vital] basándose en el ecologismo de Haeckel. Los elementos de ese pensamiento reaccionario se han mantenido. El pensamiento ambiental es históricamente antidemocrático. Históricamente es la política de la élite profesional alineada con el capital. 

Parece abstracto discutir sobre si el origen del capitalismo lo situamos a principios del siglo XIX o principios del siglo XVI y XVII, pero está íntimamente ligado a nuestras prioridades políticas

¿Qué hacemos para empezar a cambiar el rumbo del debate?

Creo que esa es la pregunta de la izquierda. Debemos insistir en que la cuestión del clima, la cuestión del cambio ambiental, es historia del trabajo. La crisis climática es una lucha de clases. Para Marx es una cuestión dialéctica: es decir, el trabajo es el punto de partida que nos permite empezar a ver todos los problemas del mundo como relacionados. La lucha de clases para Marx y Engels es siempre una lucha de clases en la trama de la vida.

Con respecto a la actual crisis climática, usted fijó la fecha clave del descubrimiento de América en 1492 como punto clave en el desarrollo del capitalismo que nos ha traído hasta aquí. Otros autores prefieren situar el inicio en torno a la revolución industrial. ¿Por qué es importante tomar ese punto de partida mucho antes de que se generalice el uso de combustibles fósiles?

Esta es una cuestión importante y se plantea dentro de un debate que no ha tenido lugar, el debate con el llamado capitalismo fósil. El libro de Andreas Malm, Capital fósil, es, en muchos sentidos, un libro excelente. Sin embargo, la teoría del capital fósil que nos presenta, es una teoría malthusiana, y eso sonará incendiario, pero voy a explicar por qué. Si analizamos la tesis de Capital Fósil, vemos lo que Malm ignora: la cuestión del imperialismo. En el corazón del capitalismo está el imperialismo moderno, que tiene que ver con los mecanismos políticos que producen los “cuatro baratos”: mano de obra, alimentos, energía y materias primas. No se puede tener una fábrica mundial sin la granja mundial o sin una mina mundial, ya que esas son, de hecho, las condiciones previas de la industria a gran escala. Esta es, por supuesto, la posición de Marx de que el capitalismo comienza en el siglo XVI: es absolutamente explícito al respecto. Puede que Marx esté equivocado en otros asuntos, pero en este punto tiene toda la razón. Y la relevancia de ese argumento en comparación con el argumento sobre la llamada Revolución Industrial es que los argumentos del capital fósil ignoran el imperialismo. No se habla de los cercamientos en Irlanda, no se habla del proletariado de las plantaciones, del empleo masivo de la esclavitud en las plantaciones para producir algodón.

¿Por qué es esto importante desde el punto de vista político hoy?

Es importante porque nos ayuda a entender que el desarrollo de la clase obrera mundial es combinado y desigual. También es fundamental para un internacionalismo proletario para todo el planeta, que es esencial que opere en todas las zonas de la ecología mundial capitalista. Parece abstracto discutir sobre si el origen del capitalismo lo situamos a principios del siglo XIX o principios del siglo XVI y XVII, pero está íntimamente ligado a nuestras prioridades políticas. Si creemos que hacer estallar los oleoductos cambiará el mundo, entonces hay que hacer estallar los oleoductos. Pero hemos visto que es una política fallida. En cambio, si trascendemos las relaciones que crearon los oleoductos, que crearon las centrales de carbón, que crearon los campos petrolíferos, si anulamos y trascendemos esas relaciones, entonces podemos tener una política revolucionaria con respecto al cambio climático.

Muchos estudiosos dicen que el racismo estuvo ahí desde el principio, pero no tenemos formas institucionales e ideológicas completamente maduras de racismo hasta el siglo XVI

Hombre y Naturaleza, ¿por qué estos conceptos antiguos siguen siendo tan importantes hoy en día?

Desde el principio, este es el código binario del poder capitalista. En el inglés anticuado se dice Hombre, ahora decimos ‘humanidad’, seguimos diciendo Naturaleza, en ambos casos se trata de inventos de los siglos XVI y XVII. Junto con la civilización forman la trinidad: el hombre, la naturaleza y la civilización, a la que hoy llamamos sociedad. Esencialmente, lo que la burguesía ha construido es una visión del mundo basada en lo que yo llamo el conflicto eterno: el Hombre contra la Naturaleza. ¿Quién media en los conflictos eternos? Los civilizadores, los imperialistas, los ricos y poderosos y la ciencia que compraron, la gente ilustrada. La estructura binaria del mundo moderno en el pensamiento está relacionada con la proposición marxista clásica sobre los orígenes del capitalismo. La separación del Hombre y la Naturaleza es una expresión abstracta de la separación del campesino de la tierra. Y también es un código operativo en términos de gestión. 

¿En qué sentido?

Todos hemos tenido trabajos en los que el gerente “lo sabe todo” y el “trabajador no sabe nada”. El gerente le dice al trabajador: “No queremos que pienses, queremos que obedezcas: eres una extensión de nuestra mente”. Esa es una forma de pensar que fue cristalizada por René Descartes en el siglo XVII, en un momento de crisis climática, en un momento de revolución política. Fue una forma de pensar que surgió entonces y que se ha reproducido desde entonces. Es una mentalidad gerencial. Los socialistas que se niegan a ver esto están renunciando a la política y a la lucha contra el gerencialismo.

También ha dicho que la división de género y el racismo nacen en estos períodos. ¿Cómo ocurre? ¿Por qué era tan importante para el capitalismo que así fuera?

El racismo es un mecanismo político para tener mano de obra barata, se desarrolla en esa época. Muchos estudiosos dicen que el racismo estuvo ahí desde el principio, pero está muy claro que no tenemos formas institucionales e ideológicas completamente maduras de racismo hasta algún momento a mediados del siglo XVI. Antes había expresiones de ello, por supuesto. Lo mismo ocurre con el género. 

Esas son las dos funciones principales de la IA y esa clase de procesos en la actualidad: expulsar a los trabajadores y mejorar el estado de seguridad

¿Cómo se construyen esas ideas?

Desde el punto de vista de la burguesía, las categorías de raza y género se expresan y conceptualizan a través de la Ley Natural. Quizá sea una nota a pie de página, pero la primera revolución capitalista en torno a esa ley natural provino de Francisco de Vitoria y el intrumentalismo metafísico. El hecho es que la Raza y el Género se inventan en el momento de la gran proletarización, entre los años 1550 y 1750. Esta es, por supuesto, la acumulación primitiva de Marx y no se limita a Inglaterra. En Europa occidental, la proporción de la población que está proletarizada pasa de aproximadamente una cuarta parte a aproximadamente la mitad entre esos años. Ésta es también la era del nacimiento y la génesis del sexismo, que es una estrategia de control laboral y un esfuerzo por colocar a las mujeres en la categoría de “Naturaleza” de modo que no sea necesario pagarlas.

¿Qué implica?

Es una estrategia laboral “barata”. Con el desarrollo de la trata transatlántica de esclavos y de la esclavitud africana, que comienza a producirse masivamente después de 1600, el racismo se desarrolla progresivamente como ideología, pero también, como siempre —no solo la raza sino la etnicidad— es una consecuencia de la organización política de los mercados laborales. Como sabemos hoy, los inmigrantes se mantienen en una parte del mercado laboral, el mercado laboral más barato y explotado. A otros se les ha permitido entrar en las profesiones liberales. Así es cómo funcionan la raza y la etnia, pero en el fondo se trata de estrategias de obtención de trabajo barato, estrategias que buscan, ante todo, dividir y conquistar, el antiguo proverbio romano dīvide et īmpera. Muchos miembros de la izquierda profesional han abrazado el “divide y vencerás”. Han abrazado la política de raza y género como algo esencial, por encima de la lucha de clases, siguiendo el esfuerzo de la burguesía por dividir a la clase obrera dentro de las naciones y entre las naciones.

¿Cómo cree que el capitalismo cognitivo, el poder de Silicon Valley, encaja con la hipótesis del saqueo?

Desde sus orígenes en las décadas de 1940 y 1950, la industria de la información y la tecnología fue un producto del complejo industrial militar y del imperio mundial de los Estados Unidos. El trabajo de la informática y ahora de la inteligencia artificial ha ido esencialmente en dos direcciones: una es mejorar los poderes de vigilancia y control policial de los grandes estados imperiales. Básicamente, aumentando los poderes del Estado de seguridad nacional —o del “Estado profundo”, si se quiere— más allá de lo imaginado por parte de cualquier estado anterior. Yasha Levine tiene un libro llamado Surveillance Valley, que creo que resume la esencia de ese proceso. 

¿Cuál es la segunda función?

Es, por supuesto, hacer lo que hacen todas las tecnologías capitalistas: expulsar a la mano de obra de la producción. Estamos viendo, especialmente en el propio Silicon Valley y en Hollywood y otros sectores de los media, la expulsión masiva de los trabajadores profesionales. Esto es parte de una crisis del orden neoliberal que comenzó en la década de 1970, que se basa en reducir directamente el número o expulsar al profesionalismo y reducir así el tamaño de la clase profesional.

¿Puedes explicarlo?

El orden neoliberal se basaba en una alianza entre los profesionales y los capitalistas. Ambos estuvieron de acuerdo en que destruirían a la clase obrera en los Estados Unidos, destruirían la industria, destruirían las comunidades, encarcelarían a la clase obrera, especialmente a la clase trabajadora negra y latina, pero también a muchos trabajadores blancos. Todo era posible, pensamos en demócratas como Clinton y republicanos como Bush, porque la política neoliberal dependía de la clase profesional. Y las clases profesionales prometían buenos trabajos y buenas vidas. Cuando Trump dice: “Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande”, está respondiendo a esa devastación neoliberal de Estados Unidos. Ahora, como sabemos, la inteligencia artificial, entre otros procesos, está expulsando a los trabajadores de la clase profesional. Esas son las dos funciones principales de la IA y esa clase de procesos en la actualidad: expulsar a los trabajadores y mejorar el estado de seguridad. 

China es el otro polo que marca el devenir del mundo. ¿Qué relación tiene con los “cuatro baratos” de los que has hablado en tus ensayos?

La China actual, el Partido Comunista de China (PCCh), está organizando una política, una geopolítica, para una transición poscapitalista. No es socialista, pero quizá esté más abierto al socialismo que lo que vemos en el Occidente imperial, que también se está organizando para una transición poscapitalista. Los chinos han sido muy superiores en su capacidad para organizar relaciones en todo el mundo, pero especialmente en África, con el fin de garantizar los recursos estratégicos. Sin embargo, no existe un paralelismo con los momentos anteriores de nacimiento de nuevos imperialismos, el más reciente de los Estados Unidos durante el Consenso de Washington. 

¿Por qué?

China no está organizando un nuevo régimen de naturaleza barata para el capitalismo en su conjunto. Creo que hace una orientación consciente hacia un mundo poscapitalista, un mundo basado en la acumulación política, en el que la política tendrá el mando. Seguirán existiendo bancos, habrá trabajadores asalariados, habrá comercio y producción de materias primas como la que ha habido en muchos otros lugares del mundo y en China durante milenios, o al menos en los dos milenios previos. El capitalismo es un tipo específico de entidad que debe acumular, crecer y expandir esa acumulación. 

El fascismo es una forma extrema de nacionalismo burgués. Y en sus etapas más desarrolladas, un imperialismo sangriento: eso es Israel hoy

Pero dices que vamos hacia un mundo postcapitalista

Hemos llegado hoy a un momento en el que el número de empresas dominantes en los principales sectores económicos es extremadamente limitado. Ya no compiten. De hecho, no es que no compitan es que se fusionan entre sí: cada vez son menos empresas y marcan una centralización absoluta del capital. En cierto punto, y creo que hemos llegado a ese punto, la dinámica competitiva ha terminado. Hay maneras en las que China aborda la competencia de maneras muy interesantes. Sin embargo, a escala mundial, la dinámica de competir por la tasa de ganancia ha terminado. El objetivo de los principales bloques—el bando de Beijing y el bando de Washington en la actualidad— es proteger las enormes ganancias por medios políticos. 

¿Dónde se percibe esa tendencia?

Lo vemos claramente en los Estados Unidos con el complejo industrial militar, con Silicon Valley, que está estrechamente relacionado con el complejo industrial militar, con las grandes farmacéuticas. En China se ve diferente, es más sofisticado, más dinámico, tienen más aliados, por lo que el mundo de las próximas dos o tres décadas estará determinado por una guerra económica y militar en curso entre estos dos bandos. Eso es Oriente Medio hoy en día, y eso también es Ucrania. Se trata de guerras entre la Iniciativa de la Franja y la Ruta, por así decirlo, y Washington-OTAN.

La creación de un complejo ecologista global estuvo directamente relacionada con la respuesta imperial a la revuelta del tercer mundo

También has advertido de la explosión del etnonacionalismo, generada por ciertos enfoques del cambio climático. ¿Cuáles crees que son los riesgos de esa conexión?

Históricamente, el fascismo ha tenido una relación íntima con el ecologismo. La patria siempre es un concepto ecológico, y si lo reconocemos, hay algunas implicaciones incómodas en ello. En la izquierda actual existe una forma de ecología nacionalista. El fascismo es una forma extrema de nacionalismo burgués. Y en sus etapas más desarrolladas, un imperialismo sangriento: Alemania en el siglo XX, Israel hoy. De hecho, los líderes del gobierno de Israel se describen a sí mismos como fascistas, como se ha publicado. Sin embargo, hay otra realidad incómoda que los ecologistas profesionales y los ecosocialistas se niegan a decir en voz alta. Y es que la distancia entre el ecologismo liberal y el ecofascismo no es grande. Hay una relación muy estrecha entre esas dos posiciones. 

¿Puedes explicarlo?

El ecologismo centrista de los últimos 50 años y desde sus orígenes se basó en una política antidemocrática; me refiero específicamente a la experiencia estadounidense. Era una ideología que se creó a través de la Ciencia, una política del Estado administrativo y de la Ley. No se parecían en nada, no tenían relación con la política democrática de los movimientos sindicales o del movimiento por los derechos civiles. Se trataba de una operación de clase profesional que fue financiada por fundaciones multimillonarias. Si nos fijamos en el escenario mundial a finales de los 60 y principios de los 70, la creación de un complejo ecologista global estuvo directamente relacionada con la respuesta imperial a la revuelta del tercer mundo, al nuevo orden económico internacional. La Cumbre de la Tierra de Estocolmo en 1972, una famosa conferencia de las Naciones Unidas, fue un proyecto imperial. Su intención era encontrar una manera de permitir que los capitalistas europeos y norteamericanos, tal vez algunos de Japón, organizaran un sistema planetario. Tenían un nombre para ello: la gestión planetaria. 

No todos necesitamos consumir menos. El problema no es el consumo. El problema es quién organiza la producción y con qué fin

¿Cómo ha evolucionado?

Hoy en día, los académicos liberales hablan de la “administración planetaria”. La línea del proyecto imperialista de Estocolmo y el ecologismo global era una respuesta a los procesos de descolonización. Hoy, los actores han cambiado, pero los objetivos siguen siendo los mismos: es el ecologismo de los ricos del norte global, es la iniciativa china de la Ruta y la Franja, son los BRICS… y esto es muy peligroso. Esto es lo que en el nivel político buscan conceptos como el Antropoceno. Los ecosocialistas tratan estos conceptos como ideas académicas, en lugar de proposiciones ideológicas.

Hemos visto un cambio de las políticas del New Deal Verde de Joe Biden a la sentencia de Trump “drill, baby, drill” (perfora, bebé, perfora). ¿Es posible que el medioambiente de los ricos muera el año que viene?

No lo creo. Primero, Biden y antes que él, Obama, estaban entusiasmados con la perforación, pero no lo dijeron en voz alta. Al menos no muy a menudo. Tenemos que entender que el ecologismo estadounidense se ha opuesto estratégicamente a los intereses de la clase trabajadora. El mejor ejemplo histórico de esto es que, en los primeros años 90, las principales organizaciones ecologistas de los Estados Unidos apoyaron la expansión del libre comercio en América del Norte. Y ese fue el logro de la administración Clinton. Como sabemos, el libre comercio abrió las compuertas para las emisiones de gases de efecto invernadero. He escrito sobre esto y he hablado sobre esto con frecuencia: la clase obrera estadounidense odia el ecologismo porque los ecologistas se han opuesto a sus intereses. Tenemos que entender lo que Trump está haciendo en ese contexto. 

¿Cómo?

El proyecto de Ley de Infraestructuras de Biden [Plan Build Back Better] no era un New Deal Verde. Fue un subsidio masivo a la energía verde y ha sido un fracaso total. A los Estados Unidos les habría ido mucho mejor comprar autobuses eléctricos en China a un precio de entre una cuarta y una décima parte de lo que se ha gastado con esa ley, ese es un ejemplo fáctico. Se trataba de un subsidio masivo para una parte del capital estadounidense. El hecho es que Trump, a pesar de sus muchas carencias, ha identificado un problema grave. Es un problema que había sido prioritario para la izquierda durante muchas décadas: se identificaba que el libre comercio es perjudicial, que destruye los empleos estadounidenses, que destruye la industria y que lo que se necesita es una política industrial. Hasta ahora, Trump no ha ido lo suficientemente lejos en esa dirección, pero el hecho es que la política de Trump habla de esa dimensión de la realidad.

El catastrofismo climático, la retórica de las amenazas existenciales, son herramientas alarmistas de la élite mundial para pacificarnos

En todo caso, se basa también en el puro negacionismo climático

Aunque depende de la forma en que se haga la pregunta, si analizamos el negacionismo climático en Estados Unidos, éste se sitúa por debajo del 15% de la población, no mucho más. Casi todos tienen más de 60 o 65 años. Así que ahora casi todo el mundo está de acuerdo en que el cambio climático es una amenaza actual. Hay un nuevo consenso climático. De vez en cuando, Trump se refiere al cambio climático como un timo, pero lo que quiere con eso es decirle a la clase obrera estadounidense que las políticas climáticas los ha arruinado y que lo que quieren hacer los ecologistas de la clase profesional es imponer la austeridad climática. “Quieren usar el cambio climático para joderos a vosotros, trabajadores estadounidenses”. Y hay otras versiones de esto en todo el mundo, en Alemania, Francia y el Reino Unido. La izquierda, sin duda la izquierda socialdemócrata, pero incluso la izquierda ecosocialista ha cedido este territorio a la derecha populista. No ha logrado presentar un argumento claro y agresivo de que la crisis climática no es una crisis malthusiana, no es una crisis ambiental en la forma en que nos han enseñado: es una crisis de clase, es una crisis del trabajo, es la crisis de su nivel de vida. Y tenemos que enfrentarnos agresivamente al ecologismo de los ricos, según el cual todos debemos consumir menos. No todos necesitamos consumir menos. Algunas personas necesitarán consumir mucho, mucho menos. Y, por cierto, el problema no es el consumo. El problema es quién organiza la producción y con qué fin.

¿Qué es el “despilfarroceno”?

El despilfarroceno es un concepto de mi amigo Marco Armiero, que enseña en Barcelona. No te preocupes, no hablaré de más -cenos, pero diré que lo que aprendí de eso es una idea básica: el imperialismo funciona depositando residuos tóxicos en lugares que no afecten a la rentabilidad, por eso existen fronteras de lo desechado y no tenemos que pagar por ello. Para mi argumento es importante ya que la contradicción biofísica fundamental del capitalismo bien puede tener más que ver con la sobreacumulación de residuos, de los tóxicos, incluidos los gases de efecto invernadero, que en cierto momento se convierten en tóxicos. Pero la otra parte de ese proceso es que, cuando se crea un páramo tóxico, se abre un momento para arrasar. La historia de ese proceso se remonta a la era de la acumulación primitiva en Inglaterra e Irlanda y a la conquista inglesa de Irlanda. Los residuos eran bienes comunes de los campesinos. Entonces, el capitalista inglés entraba, cercaba el terreno, encerraba esos bienes comunes y los ponía a rendir. Pero no podrías hacerlo sin arrasar a los irlandeses, que fueron definidos como salvajes y belicosos, y se dijo que debían ser civilizados y, de este modo, fueron sometidos de la misma manera en que se trataría después a los pueblos indígenas y a muchos otros pueblos de todo el mundo. 

¿Qué quiere decir cuando habla de esa contradicción biofísica?

El problema de los residuos puede ser incluso más importante que el problema de los recursos. A pesar de las carencias de ese texto, los autores de Los límites del crecimiento [Donella H. Meadows, et al.] dijeron en 1972 exactamente esto. Fue una gran revelación, y muy pocas personas han estado dispuestas a abordar el problema de la toxificación como una contradicción de clase y metabólica al mismo tiempo. Es importante porque no se trata solo de los gases de efecto invernadero, sino que si tomáramos una muestra de nuestra sangre, de la sangre de cualquiera de sus lectores, habría microplásticos, pesticidas y herbicidas, metales pesados. Son residuos que nos enferman y deprimen. Esto es por lo que el trabajo es tan importante, porque trabajo, cuerpo y clase forman un todo dialéctico. En los Manuscritos de 1844, Marx habló sobre la alienación espiritual y corporal, la enfermedad y la violencia del capitalismo. Esto, creo, lo han evitado los ecosocialistas. No han vuelto a abordar estas cuestiones. Marx no es Moisés, pero dijo algunas cosas muy importantes sobre el trabajo y el cuerpo y sobre cómo los humanos formaban parte de la naturaleza y fueron creados a través del trabajo mismo. Frederic Engels tiene un famoso ensayo sobre el papel del trabajo en la evolución biológica de los humanos modernos, y, ya sabes, tenían razón.

En ningún lugar del oeste imperial el estado disciplina al capital. No hay separación, hablando claro, entre el Estado y el capital

El de las fronteras del capitalismo es un concepto clave en tu obra. ¿Cuál es la relación entre esas fronteras y las fronteras políticas? Estamos viendo las razzias del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas estadounidense (ICE) y tenemos el mar Mediterráneo, que es una gigantesca morgue. ¿Qué relación hay entre ambos conceptos?

Ahora que han desaparecido las fronteras físicas del capitalismo, las fronteras políticas están militarizadas de una manera que no tiene precedentes, especialmente en las principales potencias imperialistas. El Transnational Institute publicó un informe hace cuatro años llamado Global Climate Wall y han escrito mucho sobre la militarización sin precedentes en las fronteras del Reino Unido, los Estados Unidos, Alemania, Australia, etc. La profunda violencia en el Mediterráneo es una estrategia de control laboral. Es una estrategia de terror. 

¿Cómo opera?

Históricamente las fronteras de la naturaleza barata han cumplido una función muy, muy específica. Prácticamente todos los historiadores de la economía lo reconocen, pero no siempre saben lo que observan: cada gran época dorada del capitalismo requirió mano de obra barata, comida barata, energía barata, materias primas baratas. El precio de estos insumos fundamentales de la producción capitalista tenía que bajar para que los capitalistas pudieran invertir y para que las ganancias fueran altas. 

Las fuentes de vitalidad del capitalismo han desaparecido, pero el cuerpo sigue vivo. Está muerto, pero es mortífero

Se produce entonces la crisis del capital de la que hablabas.
Una ganancia alta significa una inversión alta, una ganancia baja significa una inversión baja. Prácticamente todos los economistas críticos del Occidente imperial de los últimos 50 años dicen lo mismo: la inversión se ha derrumbado, ¿por qué? Porque la rentabilidad se ha derrumbado. ¿Por qué? Porque las naturalezas baratas que serían necesarias para elevar la tasa de ganancia, que serían necesarias para atraer inversiones, no existen. El contraejemplo que es muy importante, y se remonta a tu pregunta anterior, es China. ¿Por qué China ha tenido éxito en la innovación y el desarrollo? Porque ha adoptado, gracias a su pasado comunista, un modelo de acumulación política en el que el estado disciplina al capital. En ningún lugar del oeste imperial el estado disciplina al capital. No hay separación, hablando claro, entre el Estado y el capital. 

Puedes poner un ejemplo

Mira al nuevo canciller de Alemania, que fue un antiguo ejecutivo de BlackRock, mira a los Estados Unidos. La única diferencia hoy es que vemos que en los Estados Unidos ahora hay un conflicto entre la base militante de Trump y los globalistas como Elon Musk; Musk ha sido esencialmente expulsado de la administración Trump. El problema de fondo es que en todo el Occidente imperial no hay separación entre Estado y capital. No hay ningún Estado que pueda disciplinar al capital y no hay ninguna oportunidad dentro del capitalismo de adoptar un programa keynesiano. Un programa keynesiano supondría la independencia del Estado a un nivel suficiente como para que los gobernantes ilustrados y los capitalistas ilustrados pudieran disciplinar al resto de la clase capitalista. Las condiciones para eso dependían en última instancia de la naturaleza barata. La naturaleza barata siempre viene de las fronteras. Las fronteras están completamente agotadas. No habrá otra edad de oro en el futuro. Así que la consecuencia es lo que llamo capitalismo zombi en mi nuevo libro. Las fuentes de vitalidad del capitalismo han desaparecido, pero el cuerpo sigue vivo. Está muerto, pero es mortífero. Existe para alimentarse del cerebro de los vivos mientras gesta una nueva civilización.

Sostienes que la crisis climática es un momento de posibilidades revolucionarias. ¿Cómo puedes presentar este argumento para un público que tiene que lidiar con la tristeza ante el estado actual de cosas?

Bueno, lo primero que debemos darnos cuenta es que el catastrofismo climático es una estafa ideológica. Es una operación fraudulenta. El catastrofismo climático, la retórica de las amenazas existenciales, son herramientas alarmistas de la élite mundial para pacificarnos. Y quieren pacificarnos porque la clase capitalista imperial transnacional, el que gira en torno a Davos y el Foro Económico Mundial, el Grupo Bilderberg, el Club de Roma, la Trilateral, el Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, muchas otras entidades de todo el mundo que involucran a universidades y ONG, las grandes fundaciones… tienen un proyecto deliberado para infundirnos miedo, porque el miedo y la solución que proponen están íntimamente relacionados. Eso es algo de lo que hay que darse cuenta. 

¿Y lo segundo?

La otra cosa que hay que entender es que, históricamente, desde hace 3.000 años, los cambios en el clima son malos para las clases dominantes. No implica necesariamente que haya una revolución. Pero hay que volver a leer lo que sucedió en la Edad del Bronce y, luego, en el siglo XII a. C., volver a la crisis del Occidente romano y a la crisis climática del Período Frío de la Edad Media, otro momento de crisis civilizatoria, ir a la crisis de un feudalismo, ir a la crisis del siglo XVII, una gran era de crisis política, depresión económica y guerra. También hay que aprender de las revoluciones francesa y haitiana y de la revuelta popular de finales del siglo XVIII. Todos estos fueron momentos de muy mal clima. No es que el clima determine nada, pero desde una perspectiva marxista, una perspectiva socialista, la crisis climática es un multiplicador de contradicciones. Aumenta la intensidad de todas las contradicciones del sistema agrícola, de los conflictos entre las élites políticas gobernantes, de la contradicción entre el trabajo y la cultura. Así que si nos fijamos, por ejemplo, en la crisis del feudalismo en el siglo XIV, llega la Pequeña Edad de Hielo y todo entra en crisis: la iglesia, los aristócratas luchan entre sí, los campesinos se rebelan. Todo esto está ocurriendo en este momento de cambio climático, porque el clima es un multiplicador de contradicciones. Es una fuerza de la naturaleza sobrealimentada dialécticamente que luego se ramifica a través de la sociedad de clases. Sin conocer esa historia estamos indefensos y por eso siempre vuelvo a Marx y Engels, quienes dijeron que nuestras diferencias teóricas, nuestras diferencias políticas, las cuestiones de la praxis deben resolverse, en sus palabras, sobre el terreno de la realidad.

TG: @p_elorduy. BSK: @pelorduy.bsky.social

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/jason-w-moore-entrevista-capitaloceno

✇Rebelion

Mensajes para Trump (sin Trump): «Los océanos no están en venta. Ni Groenlandia, ni la Antártida»

Por: Caty R

El gran ausente en la tercera Cumbre de la ONU sobre los Océanos de Niza, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido el blanco de críticas por parte de ciertos líderes mundiales debido a sus planes expansionistas y su intención de explotar la minería en el fondo del mar.

En la jornada inaugural de la cita, el anfitrión, el presidente francés, Emmanuel Macron, y, en menor medida, el secretario general de la ONU, António Guterres, hicieron estos reproches de forma velada, al tiempo que urgieron a mantener el multilateralismo y a defender la ciencia.

También se unió a las críticas, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo país acogerá en noviembre la COP 30 en la ciudad amazónica de Belém.

«Lo digo aquí alto y claro. Los abismos oceánicos no están a la venta, como tampoco Groenlandia es conquistable. La Antártida o las aguas internacionales tampoco están a la venta«, declaró Macron, en un incisivo tono, aludiendo a los proyectos de Trump.

Sin citarlo en ningún momento, el presidente francés recalcó el papel que tienen los océanos en el cambio climático y señaló que no se trata de «una cuestión de opinión, sino de hechos científicos».

Habló, además, de la necesidad de preservar «una ciencia, libre y abierta» -en otra alusión a la administración estadounidense- e ironizó sobre los planes de la principal potencia mundial de enviar una misión tripulada a Marte. «Antes de precipitarnos a Marte, es mejor conocer a nuestro mejor amigo, que es el océano», lanzó. Macron consideró que en Niza, donde se han reunido 63 jefes de Estado y de Gobierno, es el momento de «volver a dar fuerza al multilateralismo».

En un discurso más institucional, Guterres advirtió de que las aguas internacionales «no pueden convertirse en el Salvaje Oeste» y, para regularlo, urgió a los países a ratificar el Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Marina en Zonas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés).

«Las naciones también están explorando nuevos horizontes en la minería de los fondos marinos: hay que hacerlo equilibrando las preocupaciones justificadas sobre el impacto ambiental con el interés legítimo en los recursos. Todo ello para apoyar una economía oceánica sostenible y la transición a la energía verde», abogó.

Rechazo a la depredación del fondo marino

El presidente brasileño, Lula da Silva, adelantó que su país ratificará hasta finales de año el BBNJ y, aludiendo a los planes de la Administración Trump, pidió que se impida «la carrera depredadora de los minerales» en los océanos.

«No podemos permitir que le pase al océano lo que ha pasado a las reglas del comercio internacional, que han sido tan erosionadas que la Organización Internacional del Comercio (OMC) se ha vuelto prácticamente inoperativa», criticó Lula, en una nueva crítica velada a su homólogo estadounidense. Para el jefe de Estado de Brasil, los océanos no se pueden convertir «en el escenario de disputas geopolíticas».

Reflejo del desinterés de Estados Unidos en la cita de Niza, Trump envió a Edward Russo, que dirige en la Casa Blanca las cuestiones de medio ambiente, pero no a un miembro de su Gobierno.

Durante el plenario, llamó la atención una queja del representante ruso en la Cumbre, quien acusó a Francia de no haber dado visado a un responsable ruso que supuestamente había participado en la organización de la cumbre y en la preparación de la declaración.

Entre otros intervinientes en esta jornada inaugural, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hizo un llamamiento a ratificar el BBNJ, adoptado en 2023 y que solo España ha ratificado de la UE.

«Europa aportará 40 millones de euros al programa Océano Global. Así que hoy les pido a todos: por favor aceleren la ratificación. El océano necesita que desempeñemos nuestro papel», apeló Von der Leyen.

Entre los 63 jefes de Estado y de Gobierno presentes en Niza, figuran la presidenta de Perú, Dina Boluarte; el del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y jefes de Estado de la República Dominicana, Luis Abinader; de Argentina, Javier Milei; de Paraguay, Santiago Peña; y de Costa Rica, Rodrigo Chaves.

Este último, copresidente de la Cumbre junto a Macron, aseguró que, a pesar de los millones de toneladas de plástico que acaban en el mar cada año y de que el 90 % de las especies están en el borde de sobrepesca, el océano puede «convertirse en solución si tenemos el coraje y la inteligencia para cambiar nuestras formas de actuar»

Fuente: https://climatica.coop/mensajes-para-trump-oceanos/

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Asilo en Colombia al expresidente panameño: humanismo internacional u obstaculización a la justicia

Por: Bea Morales

El sorpresivo arribo del expresidente panameño Ricardo Martinelli a Bogotá el pasado 15 de mayo desató un torbellino de pronunciamientos encontrados. Los medios criticaron la concesión de asilo a un millonario mencionado en los Panamá Papers, mientras el gobierno colombiano, por boca de su presidente, de visita en Beijing, lo justificó incondicionalmente. El beneficiario de la medida, por su parte, puso en circulación videos de la pachanguera celebración que organizó entonando ‘pero sigo siendo el rey y mi palabra es la ley’. 

El asilo diplomático

Para dilucidar el significado de esta actuación internacional en provecho de tan controvertido personaje es necesario un mínimo de contexto de la institución del asilo diplomático y territorial. El asilo es una medida de protección otorgada por un Estado (Estado asilante) a quien se encuentra en situación de riesgo por persecución políticamente motivada adelantada por el gobierno de otro Estado en su territorio (Estado territorial). Si el asilo se concede en una embajada se denomina asilo diplomático; si se hace en el territorio del Estado asilante, se llama asilo territorial. En ambos casos el elemento político es fundamental, por lo que en ocasiones se bautizan ambas modalidades como asilo político.  

A diferencia de otros mecanismos internacionales -extradición, refugio- surgidos en Europa, puede afirmarse que el suelo natal del asilo fue el cono sur. En 1820 el líder de la independencia de Uruguay, Artigas, perseguido por sus propios compatriotas, recibió acogida en Paraguay; el caudillo militar José María Obando, quien fue expresidente designado de Colombia, luego de su derrota en la Guerra Civil de los Supremos, huyó a Perú para ponerse a salvo y recibió asilo en 1842; el presidente chileno Balmaceda, derrotado en la guerra civil de 1890, pudo asilarse en la embajada argentina de Santiago.

La frecuencia de la práctica del asilo conllevó el surgimiento de una temprana normativa continental en el llamado Tratado de Derecho Penal Internacional de 1889, que consagró de modo inaugural la institución del asilo; en 1928 la Convención de La Habana definió sus rasgos básicos: otorgamiento en embajadas, legaciones o navíos bajo la expresa prohibición de otorgar asilo por delitos comunes y el deber del Estado territorial de respetarlo acompañado de la prohibición para el asilado de atentar contra el orden público. Cinco años más tarde, en 1933, se suscribió la Convención de Montevideo, que calificó su carácter humanitario y afirmó un elemento de particular importancia: la relevancia de la calificación de delito por el Estado que concede el asilo, así como la reiteración de su validez solo para delitos políticos.  

En 1949 Colombia fue protagonista del caso más famoso en la literatura mundial sobre asilo diplomático. El gobierno conservador de Ospina Pérez, a través de su canciller Eduardo Zuleta Ángel, dispuso conceder asilo diplomático en la embajada de Lima al célebre dirigente e intelectual de izquierda Víctor Raúl Haya de la Torre, perseguido por la recién instalada dictadura del general Odría bajo la acusación de ‘rebelión militar’. El gobierno peruano objetó la legalidad del asilo mientras Colombia, segura de la legalidad de su actuación, convino en someter a un tercero la resolución del diferendo. Las respectivas delegaciones presentaron sus alegatos ante la Corte Internacional de Justicia, que profirió su sentencia al año siguiente y clarificó dos puntos en disputa de la mayor relevancia: la calificación del delito por el Estado asilante no prevalecía a la dada por el Estado territorial, con lo que desechó el argumento sostenido por Colombia, y que si bien Colombia no había probado el peligro en que se encontrara el asilado, su otorgamiento no era contrario a derecho; así mismo, no reconoció la obligación de proveer un salvoconducto a cargo del Estado peruano. Si bien desde el punto de vista estrictamente jurídico no puede hablarse de un triunfo de la postura colombiana, su determinación de mantener el asilo durante cinco años constituyó una crucial afirmación de la trascendencia de tal institución.  

Las incertidumbres del caso Haya de la Torre condujeron a la expedición de la Convención de Caracas de 1954 sobre Asilo, en la que se reafirmó la órbita de su aplicación a los delitos políticos.  

En el plano mundial la concesión del asilo diplomático dio lugar a dramáticas situaciones reveladoras de su relevancia y su profundo sentido humanitario. México recibió como asilado en 1937 al bolchevique León Trotsky, perseguido a muerte por el régimen de Stalin luego de que sucesivamente se lo expulsó de Turquía, Suecia y Francia; Estados Unidos acogió durante quince años en su embajada de Budapest al cardenal católico Mindsentsky, acérrimo opositor del comunismo, tras el levantamiento húngaro de 1956. En el marco de la Guerra fría gobernantes depuestos en golpes de Estado pudieron obtener asilo en embajadas. Ecuador recibió como asilado político a Julian Assange en 2012, quien permaneció siete años sin recibir salvoconducto del gobierno británico. 

En el caso de nuestro vecino país, los asilos reconocidos por Panamá han sido polémicos. Expresidentes como el ecuatoriano Abdalá Bucarán y el haitiano Raúl Cedrars, cuya condición de perseguidos políticos era por lo menos discutible, recibieron asilo territorial. El caso más controversial se produjo en el caso de María del Pilar Hurtado, exjefe de inteligencia, quien con la anuencia del entonces presidente Uribe interceptó ilegalmente teléfonos de magistrados, líderes y opositores políticos. La Corte Suprema de Justicia panameña declaró la inconstitucionalidad de tal medida en 2014 por juzgarla violatoria tanto del orden interno como de la normativa internacional.   

Foto: Wikimedia Commons En 1949 Colombia fue protagonista del caso más famoso en la literatura mundial sobre asilo diplomático. Víctor Raúl Haya de la Torre, fue refugiado en la embajada de Colombia en Perú.

El caso Martinelli 

Ricardo Martinelli fue presidente electo para el quinquenio 2003-2009 durante el que concedió el ya referido asilo a la funcionaria colombiana. Los Panama Papers lo mencionan como titular de varias cuentas y fondos en paraísos fiscales en violación de regulaciones fiscales y tributarias. Dos familiares cercanos fueron condenados en Estados Unidos acusados de narcotráfico, proceso en el que declararon actuar por órdenes suyas. Fue capturado en Miami y finalmente extraditado a su país, tras lo cual se prohibió su ingreso a territorio estadounidense.

La justicia de su país inició investigaciones que condujeron a una sentencia condenatoria por ‘blanqueo de capitales’ o lavado de activos con pena de prisión de diez años y ocho meses, al igual que la imposición de una multa superior a US$15 millones. La sentencia, proferida por la jueza Baloiza Marquines el 28 de junio de 2023, consta de 306 páginas. Se comprobó además la utilización de dineros públicos para la compra de medios de comunicación. La mencionada sentencia cobija una docena de personajes del círculo de socios del expresidente. 

Diversos sectores de la opinión pública calificaron esta actuación como una reivindicación largamente esperada de la justicia y un hito que demostraba los límites a los que la impunidad podía ser sometida. Para ese entonces, Martinelli estaba en plena campaña electoral por un segundo período -la Constitución autoriza la reelección no inmediata por una sola vez- con el movimiento Realizando Metas, en asocio de Raúl Mulino como fórmula vicepresidencial. El tribunal electoral ordenó su retiro de la contienda, por lo que Mulino resultó presidente en 2024 como delfín de aquel. 

Fue entonces, una vez en firme la sentencia condenatoria en su contra, cuando el gobierno de Daniel Ortega, el 24 de febrero de 2024, otorgó asilo en su embajada al expresidente, quien la convirtió de inmediato en un centro de actividad proselitista y propaganda de su presunta persecución judicial. Pese a la expedición de una circular roja de Interpol solicitada por la justicia panameña, la Policía se negó a hacerla efectiva por supuestamente violar su estatuto de asilado. Una vez cerrada toda posible revisión judicial se presentó una iniciativa en el Congreso para expedir una amnistía en su provecho, que a pesar del apoyo del Ejecutivo no obtuvo el necesario respaldo. Fue entonces cuando la injerencia de su anterior compañero de campaña electoral, convertido gracias a él en presidente, entró una vez más en ejercicio, al expedir un salvoconducto para Martinelli que le permitiera salir del país. Sorpresivamente, Nicaragua, a través de la esposa del presidente Ortega, negó el traslado aduciendo la existencia de dicha circular roja de Interpol. 

Tras catorce meses en la embajada nicaragüense y frustrada su salida del país, irrumpió como un deus ex machina la decisión del gobierno colombiano de otorgar asilo territorial. Su mentor y compañero electoral pronta y solícitamente otorgó un nuevo salvoconducto para su traslado a Colombia.  

La justificación de Colombia

El presidente Petro justificó el asilo a Martinelli bajo el argumento humanitario, la tradición humanista del país y la indiferencia de afiliación ideológica para sus beneficiarios, dando por descontada su condición de perseguido político. La canciller Laura Sarabia, interrogada al respecto, declaró su respeto por la decisión del presidente, en una suerte de ‘obediencia debida’ a la voluntad de su jefe. El laconismo de la Cancillería mostraría pues la ausencia de criterio diplomático por parte de la autoridad responsable.  

En realidad, la decisión gubernamental hace trizas no solo la tradición diplomática colombiana en la materia sino la normativa internacional tan laboriosamente construida sobre la base de la exclusión radical del otorgamiento de asilo por delitos comunes. Colocar en la misma balanza al líder peruano perseguido por la dictadura militar hace tres cuartos de siglo con un condenado por lavado de activos constituye poco menos que una degradación del dispositivo internacional, y su extrema tergiversación jurídica.  Que el primer presidente de izquierda en Colombia y antiguo rebelde confunda el delito político con el delito de lavado de activos solo puede dar pábulo a las más siniestras sospechas. Justo en un momento en que el país requiere, más que nunca, la máxima transparencia en los asuntos públicos.    

Victor Guerrero Apraez es abogado, magister Derecho Internacional Público (Alemania), profesor universitario, asesor y consultor de entidades nacionales y extranjeras, ONG, ONU, especialista en DIH y DDII Autor de siete libros sobre filosofía política, guerras civiles y mecanismos de regulación y clemencia -beligerancia, amnistías- investigaciones en curso sobre golpes de Estado, mito político y modernizaciones autoritarias.

Fuente: https://razonpublica.com/asilo-colombia-expresidente-panameno-humanismo-internacional-u-obstaculizacion-la-justicia/

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«Temas gruesos» de cara al 2026

Por: Bea Morales

Algunos “temas gruesos” están sobre el escenario de la lucha que se adelanta en Colombia por parte de los movimientos sociales y políticos de carácter popular. Son asuntos y problemas que compartimos con los demás pueblos y sociedades de países de América Latina que se han atrevido a desafiar el poder del Gran Capital intentando usar la institucionalidad existente.

En esos países se accedió a los gobiernos por la vía electoral y se quiso utilizar el Estado “heredado” para impulsar procesos de transformación social, política, económica y cultural. Se quiso enfrentar el neoliberalismo más no el capitalismo. De antemano sabíamos que los latinoamericanos heredamos Estados coloniales y patriarcales, capitalistas y neoliberales, burocráticos y corruptos, y que no iba a ser fácil realizar esa tarea “desde adentro”.

Y también sabíamos, o supongo que los principales dirigentes eran conscientes de ello, que el gobierno, o mejor, la “cúpula” del Ejecutivo (presidente, ministros y otros altos funcionarios), sólo son una parte del aparato del Estado, que está conformado por otras ramas del “poder público” como el Congreso o asamblea nacional, las Cortes Judiciales, los órganos de control, las Fuerzas Armadas y otras instituciones como la Fiscalía, defensoría del pueblo, el poder electoral, y otras.

Y lo que es más importante de entender, de ser absolutamente conscientes, es que el conjunto de ese Estado “heredado” responde a los intereses de las clases dominantes, que en Colombia están compuestas por una oligarquía financiera que se alimentó desde los años 80s del siglo XX de los recursos del narcotráfico, se apoderó de las empresas estatales y de los caficultores, y logró conformar una alianza estrecha con el imperio estadounidense y con los grandes terratenientes que han sido la clase social que ha mantenido su hegemonía desde tiempos coloniales.

Lo que hemos aprendido desde el ascenso del presidente Chávez al gobierno de Venezuela en 1999, pasando por las experiencias de Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador, Tabaré y Mujica en Uruguay, Evo en Bolivia y otros intentos en curso, es que las castas oligárquicas de cada país, sus aliados subordinados (burguesía burocrática y grandes terratenientes) y el mismo imperio, no van a entregar sus privilegios sin luchar y resistir, y por ello, también han asimilado esas experiencias y han adaptado sus políticas y estrategias a las nuevas realidades.

Antes de avanzar, es importante contar con una mirada de contexto y, además, reiterar que sin una efectiva y consistente fuerza “desde abajo” es imposible que nuestra acción “desde adentro” o “por arriba”, logre realizar y consolidar cambios estructurales o sustanciales en nuestras sociedades.

Sin embargo, si estamos de acuerdo con lo anterior, es posible diseñar una estrategia para avanzar con paciencia y consistencia en la acumulación de esa fuerza “desde abajo”, sin ilusionarnos o afanarnos con “golpes de mano” u otras acciones que hacen parte de nuestras “herencias insurreccionales” que, como se ha comprobado en estos países vecinos, siempre fracasarán ante la enorme fuerza del enemigo que actúa como “clase capitalista global” y que recurre a bloqueos, saboteos y demás actos de fuerza para impedir que esos intentos logren su objetivo.

En el caso de Colombia, debemos ser conscientes que se llegó al gobierno con un escaso margen de ventaja frente al candidato de las “derechas” (Rodolfo Hernández) y en alianza con algunas expresiones políticas de la oligarquía financiera, burguesía burocrática y burguesías emergentes (de origen legal e ilegal) que se articularon alrededor del “proceso de paz” (Santos), y que buscaban desplazar del poder a sectores monopólicos de las clases dominantes y participar de las enormes ganancias que la oligarquía financiera y los grandes terratenientes han acumulado a lo largo del tiempo.

Desde el principio era claro, que esas clases y sectores de clase aliadas, no sólo no eran confiables sino que su naturaleza económica y social de carácter parasitario, no les permite ser protagonistas de un proyecto “progresista” y “revolucionario”. Podíamos prever que cuando llegara el momento de la confrontación con la oligarquía financiera, esos sectores no sólo vacilarían sino que mostrarían su absoluta incapacidad para avanzar por nuevos caminos.

El momento llegó cuando el gobierno presentó ante el Congreso las denominadas “reformas sociales” (de la salud, laboral y pensional) y cuando hizo amagues de intervenir en el campo de la generación y distribución de la energía eléctrica. De inmediato, la “alianza interclasista” y el “frente interpartidista” se empezó a resquebrajar y, ello se reflejaba tanto en la composición del gobierno (cambios de ministros y altos cargos) como en los debates y nuevas alianzas que iban surgiendo al interior del poder legislativo (y también en las otras ramas del poder como ha ocurrido con la fiscalía, contraloría, procuraduría, etc.).

Las preguntas que surgen de este sintético recuento tienen que ver con la estrategia. Si éramos conscientes de que la fuerza acumulada no era suficiente y que los aliados eran vacilantes y no confiables para confrontar a la oligarquía financiera en esas áreas que comprometen el manejo de las EPS y de los Fondos privados de pensiones… ¿por qué se priorizaron y se presentaron tan pronto esas reformas ante el Congreso? ¿Hubo exceso de confianza en esos aliados o se pensó que con el manejo y la transacción de burocracia y contratos (“mermelada”) iban a aprobar fácilmente esas iniciativas?

¿Se exploraron otras posibilidades para acumular fuerza social y política? ¿Se visualizaron otras clases y sectores de clase con quienes se hubiera podido avanzar en otras materias y temas como la industrialización de los procesos productivos y el cambio gradual y sistemático de la matriz energética? ¿Se evaluó la posibilidad de construir otras alianzas con sectores de las burguesías emergentes como los pequeños y medianos productores agrarios y los pequeños y medianos emprendedores citadinos (muchos de ellos son “profesionales precariados”)?

Ahora que estamos en la etapa final del gobierno progresista, se hace necesario que la dirigencia del Pacto Histórico y de los movimientos sociales reflexione sobre esos “temas gruesos”, que de alguna manera se han manifestado en estos tres (3) años de gobierno progresista y que se han enfrentado de diversas maneras, principalmente por parte del presidente Petro, pero que no han sido abordados en conjunto por las llamadas “fuerzas del cambio”.

Esos “temas gruesos” y su tratamiento al interior del Pacto Histórico van a determinar, de alguna manera, los debates internos de cara a la consulta para escoger candidat@s presidenciales en octubre de 2025. ¿Seguimos priorizando la alianza con las expresiones políticas de la burguesía burocrática corriendo los riesgos de ser arrasados por toda clase de politiquerías y corrupciones? ¿Con qué sectores sociales vamos de verdad a impulsar un decidido y efectivo proceso de industrialización del aparato productivo? ¿Estamos de acuerdo que ese proceso de industrialización es la única forma de “progresar”, de crear empleo digno y formal y de fortalecer los ingresos del Estado para poder financiar programas sociales de gran impacto?

¿Cómo vamos a romper y derrotar el “bloqueo institucional” que ha sufrido el gobierno progresista durante estos tres (3) años? ¿De qué manera asimilamos tanto la experiencia de la Constituyente de 1991 en Colombia como parecidas experiencias vividas en Ecuador y Bolivia, en donde se aprobaron nuevas Constituciones Políticas pero el poder de la oligarquía financiera y del imperio estadounidense siguen allí, medrando y explotando nuestros recursos humanos y naturales?

Estos y otros “temas gruesos” deben hacer parte de las reflexiones y debates del Pacto Histórico y del movimiento social. Solo así valoraremos a fondo los esfuerzos y avances liderados por el presidente Gustavo Petro pero, también, estaremos a la altura de emular y superar esa experiencia y legado.

E-mail: luisdorado@gmail.com    

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Todos los caminos conducen a… los derechos de la naturaleza

Por: Caty R

El Milliarium Aureum, monumento construido en el año 20 a.C. por el emperador Augusto en el Foro de la Antigua Roma, marcaba el punto de partida de todas las calzadas romanas y destacaba la posición central de la capital. Desde Roma salían y hacia allá conducían las principales carreteras del Imperio romano. En la actualidad, parafraseando aquello que “todos los caminos conducen a Roma / tutte le strade portano a Roma”, sin necesidad de tener un monumento como referencia o un centro geográfico determinado, podemos decir que todos los caminos conducen a los derechos de la naturaleza, en tanto punto de llegada y a la vez de partida. Y eso se logra de diversas maneras y desde cada vez más lugares en el planeta, por la presión de los hechos.

Reconociendo que el derecho es un campo de permanente dispu­ta, no podemos ignorar lo complejo que ha sido conseguir avances en derechos ambientales, propios de las necesidades de los humanos para alcanzar una vida digna. En este largo trajinar, la relación de la jurisprudencia con la naturaleza ha sido siempre compleja.

Lo que debemos constatar –para poder introducir cambios radicales– es que el marco jurídico vigente, antropocéntrico en esencia, tiene límites, pues, sobre todo, ha girado alrededor de los derechos para subordinar a la naturaleza. En el enfrentamiento de los derechos de propiedad con tendencias privatizadoras a ultranza o bien morigerados por el Estado o aun por diversas comunidades humanas, la Madre Tierra ha sido un territorio de apropiación. Un objeto. Esta es una historia larga y terrible.

Sin embargo, la discusión sobre si algún ser no humano puede tener derechos sucede en el marco de esa historia. En la Edad Media y hasta el Renacimiento –es decir, entre los siglos XIII y XVII– fueron frecuentes los juicios a animales, especialmente a cerdos que habían matado o comido a niños, lo que se justificaba pretendiendo que los animales tenían un poco de alma…

En tiempos recientes se registran diversos procesos que van mucho más allá. Se propone un reencuentro con la naturaleza, asumiéndola, inclusive, como el punto de partida de todos los derechos. Se trata de un complejo caminar desde los derechos ambientales -provenientes de los derechos humanos- hacia los Derechos de la naturaleza; derechos que no se contradicen, pues son derechos que se complementan y se potencian, cabe decir. Un empeño en el que, normalmente, la batuta la lleva la participación ciudadana a través de la acción de diversos grupos sociales.

El tránsito de la «naturaleza objeto» a la «naturaleza sujeto»

Consagrar a la naturaleza como sujeto de derechos postula nuevas formas de relación del ser humano con ella y sus componentes. Reclama, por ende, el paso de un paradigma antropocéntrico a otro de carácter socio-biocéntrico. En los lineamientos de este nuevo paradigma civilizatorio se destaca el abandono de la caracterización de la naturaleza como canasta de recursos y como depósito de de­sechos.

Reconocer los derechos de la naturaleza no supone una naturaleza intocada, sino el respeto integral por su existencia y el mantenimiento y la regeneración de sus ciclos vitales, su estructura, sus funciones y procesos evolutivos; es decir, la defensa de los sistemas de vida. La naturaleza ya no se considera como un objeto de dominación y un mero recurso económico.

Se trata de construir una sociedad sustentada en la armonía de las relaciones de los seres humanos con los seres no humanos, de los humanos consigo mismos y, por supuesto, entre todos los humanos. Esta noción, que pervive en la percepción de los pueblos originarios desde hace mucho tiempo, no implica una visión milenarista de un paraíso armónico, ni una ingenua idealización que postula una suerte de regresión a la época de las cavernas. Además, no se puede olvidar, que varias civilizaciones antiguas se hundieron por haber destruido su hábitat; aceptar esta realidad puede servir para conocer las causas de esas tragedias y evitar repeticiones nefastas.

No debería sonar extraño, entonces, que los humanos busquemos garantizar nuestra existencia en el universo a partir de una legislación y una jurisprudencia que favorezcan a quien nos proporciona el sustento: nuestra Madre Tierra o Pacha Mama. Y es en extremo revelador cómo el discurso jurídico comienza a cambiar con la incorporación de los derechos de la naturaleza; basta ver la introducción de conceptos propios del mundo de la biología, como ciclos vitales o ciclos naturales, en diversas legislaciones e incluso acuerdos internacionales.

Diversas entradas a los derechos de la naturaleza

Este debate circula por el mundo. Con una fuerza cada vez mayor. Lo que si destacamos es que los derechos de la naturaleza ingresaron en la agenda política internacional, en especial, gracias al vigoroso impulso de la Constitución de Ecuador, aprobada en las urnas por su pueblo en 2008. Un logro que se explica por la activa participación de la sociedad. Sus raíces están profundamente insertas en el mundo de sus pueblos originarios, aunque parezcan invisibles para ciertas lecturas prejuiciosas o superficiales. Ellos comprenden perfectamente que la Pacha Mama es su Madre, no una mera metáfora. Es más, en ese pequeño país andino se dio una suerte de mestizaje jurídico en el debate constituyente, a partir de un respetuoso y activo diálogo de saberes, que permitió sumar las luchas de diversas comunidades indígenas y no indígenas empeñadas en defender sus territorios.

La cosmovisión de los pueblos originarios, heterogénea y diversa, y otras comunidades, dialoga con un conjunto de lecturas de juristas que ya postulaban la ampliación de derechos hacia la naturaleza. Los antecedentes son múltiples. Pero lo que aquí nos interesa es reconocer cómo, desde diversos ámbitos, se camina hacia ese objetivo: los derechos de la naturaleza. Son múltiples las luchas que enfrentan la destrucción de la naturaleza y también proponen alternativas de vida digna, respetando los ciclos ecológicos.

Así, casi a diario crece la lista de casos en los que afloran estos innovadores derechos, que asumen a la naturaleza como sujeto, en unos cuarenta países en todos los continentes. Veamos un par de ejemplos.

Más allá de Ecuador, en donde ya hay decenas de sentencias favorables estos derechos, en Colombia, en el año 2017, la Corte Constitucional reconoció al río Atrato como sujeto de derechos, con miras a garantizar su conservación y protección, como resultado de una acción de muchas comunidades rivereñas. Así las cosas, desde lo que se conoce como “derechos bioculturales”, es responsabilidad del Estado como de las comunidades proteger el medio ambiente procurando su conservación, protección y restauración. Anotemos también que en Colombia una veintena de ríos ya ha adquirido derechos propios.

Otro fallo histórico, también de la Corte Suprema de Colombia, data de 2018 y reconoce a la Amazonía como sujeto de derechos. Este fallo permitirá exigir la protección de este ecosistema por sí mismo y no solo en función de que se afecte la vida humana. La Corte falló a favor de una tutela que presentaron 25 infantes y jóvenes, acompañados por la organización Dejusticia, en defensa de sus derechos, vulnerados por la persistente degradación del bioma amazónico, lo que agrava la problemática de cambio climático y a su vez pone en peligro la provisión de agua y la regulación del clima en el país. Lo destacable del fallo es que reconoce la responsabilidad intergeneracional en la protección del medio ambiente, puesto que son las nuevas generaciones las que vivirán los efectos más severos del cambio climático, y la adaptación a los nuevos escenarios descansa en buena medida en las estrategias de conservación que se implementen hoy.

En América del Sur hay otros avances notables. En Panamá, se expidió, en el año 2022, una ley por medio de la cual se reconocen los derechos de la naturaleza y las obligaciones del Estado relacionados a estos derechos, entre otras importantes disposiciones. También en Argentina se abre el camino a los derechos de la naturaleza gracias a la lucha de diversas organizaciones ciudadanas, auspiciadas por organizaciones de juristas, como la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.

Aunque no llegó a buen puerto en 2022, la iniciativa de cambio de Constitución en Chile se propuso abordar el problema global más importante con el que se suicida la Modernidad, el actual colapso ecológico, que encuentra en la crisis ambiental una de sus manifestaciones.  No solo se amplió el derecho ambiental, con indispensables restricciones a la propiedad privada y el reconocimiento del derecho humano al medio ambiente sano, sino que se comprometió a favor de los derechos de la naturaleza. Ese texto constitucional debería ser de lectura obligatoria si queremos seguir construyendo y aprendiendo incluso de procesos que -por lo pronto- quedaron truncos.

En Europa se registra, por igual, otro ejemplo de la acción ciudadana. En 2022, a través de una ley, se convirtió a la laguna del Mar Menor en el primer ecosistema de Europa con personalidad jurídica propia, al igual que las personas humanas y las empresas. Desde su entrada en vigor, el Mar Menor pasó a ser sujeto de derechos y no solo objeto de protección del ordenamiento jurídico. La nueva legislación constituye una auténtica victoria de la sociedad civil sin precedentes, tanto por reconocer derechos propios a esta laguna murciana, como por la forma en que se produjo. Se reunieron más de 600 mil firmas, muy por encima del medio millón exigido para poder presentar este tipo de iniciativas.

Esta ley es pionera en Europa, donde existen iniciativas ciudadanas que buscan un reconocimiento similar para diversos ecosistemas, para mencionar un par de casos, en el Mar del Norte en Países Bajos, el río Loira en Francia, el río Loisach en la alta Baviera en Alemania, iniciativas que todavía no se han cristalizado, pero que marcan el rumbo. En Alemania, en el Estado de Baviera, avanza una iniciativa ciudadana para introducir los derechos de la naturaleza en el artículo 101 de la Constitución a través de una consulta popular. Igualmente, en ese mismo país, una coalición de juristas y diversas organizaciones ciudadanas impulsa una propuesta de reforma de la Constitución alemana –Grundgesetzt-, considerando que los derechos de la naturaleza son absolutamente necesarios para resolver la crisis ecológica. Inclusive se pueden mencionar dos sentencias en Erfurt, del año 2024, que consagran los derechos de la naturaleza; una de ellas caminando desde un caso aparentemente menor, como fue el escándalo del diesel en dicho país.

En Nueva Zelanda, el año 2012, por la acción del grupo indígena kiwi, se reconoció el carácter de persona jurídica al río Whanganui. Se trata de un acuerdo basado en dos principios: primero, concibe al río como un ente viviente e indivisible compuesto por elementos físicos y metafísicos que se extiende desde la montaña hacia el mar y cuya salud y bienestar se deben promover; segundo, reconoce una relación especial entre el río y pueblo el kiwi y que la salud y el bienestar del río está intrínsecamente vinculada con la salud y el bienestar de la gente.

Otro reconocimiento de personalidad jurídica “humana” relevante es el de los ríos Ganges y Yamuna en la India. Esto resultó de la acción interpuesta por vecinos de la ciudad sagrada de Haridwar, en el año 2017, a la Corte Suprema de Uttarakhand: uno de los 29 Estados de ese enorme país. Allí se resolvió que esos ríos, así como sus afluentes, arroyos y todas las aguas naturales que fluyen con circulación intermitente o continua de estos ríos, son personas jurídicas con el estatus legal de persona.

Los Estados Unidos no están lejos de estos avances. En el año 2019, se decidió en las urnas que el lago Erie, el undécimo más grande del mundo y que proporciona agua potable a 12 millones de estadounidenses y canadienses, tiene derechos; y, si bien el proceso no está totalmente definido, es un caso que ayuda a comprender cómo se expanden por el mundo estos derechos revolucionarios. A su vez, un grupo de ciudadanos estadounidenses presentó una demanda para que las Montañas Rocosas y el de­sierto de Nevada puedan demandar legalmente a individuos, corporaciones o gobiernos en los Estados Unidos. Y ya, desde años atrás, hay iniciativas ciudadanas para reconocer estos derechos de la Madre Tierra en algunos municipios de ese país.

En este punto, cabe resaltar el papel de varios juristas, en diferentes momentos, casi siempre impulsados por procesos ciudadanos de defensa de diversos ecosistemas, quienes caminaron y siguen caminando en dirección de los derechos de la naturaleza. A más de aproximaciones de inspiración biocéntrica desde la jurisprudencia, registradas desde hace muchas décadas, hay otras procedentes de las ciencias exactas, de reflexiones filosóficas y literarias, incluso de lecturas teológicas, como la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco, inspirada en el pensamiento y acción de Francisco de Asís. Y lo interesante, adicionalmente, es que en muchos casos hay la acción de una suerte de internacional por los derechos de la naturaleza y sus defensoras y defensores, que trabaja de manera cada vez más coordinada.

Con los derechos de la naturaleza hacia un giro copernicano

Con los derechos de la naturaleza estamos ante una situación similar a la que propuso Immanuel Kant en relación a la filosofía, incluso de mucho mayor transcendencia, pues tenemos que aceptar que los humanos no estamos al margen de la naturaleza, que somos naturaleza y que en ella no hay ninguna especie superior. Y la naturaleza –esto es fundamental– es la que nos da el derecho a nuestra existencia.

Dicho esto, nos reencontramos con la ética de la vida misma. No solo que podemos ver el mundo con otros ojos, sino que estamos conminados a cambiar de raíz las sociedades antropocéntricas en todos sus ámbitos.

Requerimos un mundo re-encantado alrededor de la vida. Algo que lo lograremos con diálogos y reencuentros entre los seres humanos, en tanto individuos y comunidades, y de todos con la naturaleza, entendiendo que somos un todo. Hasta que se haga realidad este giro civilizatorio, los tiempos venideros serán cada vez más difíciles.

Incorporar a la naturaleza como sujeto de derechos en una constitución o en una ley –un acto formalmente antropocéntrico– implica la obligación de transitar hacia visiones y prácticas biocéntricas, que deben desarrollarse en la realidad concreta. En lo concreto esto significa que, apenas entran en vigencia los derechos de la naturaleza, ya no debería existir ningún derecho para explotar inmisericordemente a la Madre Tierra y menos aún para destruirla. El único derecho que existe es un uso ecológicamente sostenible. Las leyes humanas y las acciones de los humanos, entonces, deben estar en concordancia con las leyes de la naturaleza. Su vigencia responde a las condiciones materiales que permiten su cristalización y no a un mero reconocimiento formal en el campo jurídico. Y su proyección, por tanto, debe superar las visiones que entienden los derechos como compartimentos estancos, pues su incidencia debe ser múltiple, diversa, transdisciplinar.

El entendimiento de este punto nos conduce al giro copernicano en todas las facetas de la vida, sea en el ámbito jurídico, económico, social y político, pero sobre todo en el cultural. La concepción de la naturaleza como sujeto de derechos conlleva varias consecuencias, que empiezan reconocer que todas las formas de vida revisten valores en sí mismas y que por tanto poseen derechos a de­sarrollar sus propios procesos vitales. Obviamente hay aquí una mediación humana, en tanto son personas las que reconocen esos valores. Pero esa valoración está más allá de nuestra interpretación y reside en los propios seres vivos. Por esa razón se denomina a estos valores como intrínsecos, ya que la esencia del valor es inherente a los seres vivos.

Así como el discurso normativo actual prohíbe tratar como mercancía al ser humano, la naturaleza debería recibir el mismo trato. Estos nuevos paradigmas nos llevan a un progresivo e imprescindible proceso de salida de la naturaleza de la lógica mercantil y planificadora estatal, pues toca promover paralelamente una relación armónica con ella –en tanto somos parte de ella– y ajustar las actividades de los humanos a sus ritmos. Así, se tiene por objeto preservar la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energía y de materiales en la biosfera, sin dejar de preservar la biodiversidad del planeta. En los derechos de la naturaleza el centro está puesto en la naturaleza. En suma, esta vale por sí misma, independientemente de la utilidad o los usos que pueda o pretenda darle el ser humano.

Establecer la naturaleza como sujeto de derecho exige una relación de igualdad y respeto entre los seres humanos y la misma. En términos de igualdad y respeto nos invita a entender que los humanos, en tanto seres terrestres, no podemos organizar procesos al margen de los límites biofísicos de la tierra y menos aún en contra de ellos. Y en este empeño precisamos crear las condiciones que garanticen el respeto a las personas y comunidades que protegen sus territorios, lo que en realidad es una forma de autodefensa de la Tierra misma. Y en ningún caso se puede marginar la justicia social, que debe caminar de la mano de la justicia ecológica, y viceversa.

Sin derechos de la naturaleza la libertad es una ilusión

Definitivamente es el momento de entender que la naturaleza es la condición básica de nuestra existencia y, por tanto, que es también la base de los derechos colectivos e individuales, inclusive de los derechos de libertad. Así como la libertad individual solo puede ejercerse dentro del marco de los derechos de los otros humanos, la libertad individual y colectiva solo puede ejercerse dentro del marco de los derechos de la naturaleza. Si pensamos en nuestros nietos y en nuestras nietas, es decir en las futuras generaciones, bien podemos concluir que su existencia y su libertad dependen del respeto a la naturaleza. Bien anota el jurista alemán Klaus Bosselmann, que “sin derechos de la naturaleza la libertad es una ilusión”.

Urge, por igual, desmontar las estructuras patriarcales y coloniales que provocan y reproducen violencias múltiples. Habrá que cristalizar el cobro de las deudas coloniales y ecológicas, en las que las naciones enriquecidas por la explotación de otros pueblos y otros territorios son las deudoras. Por igual habrá que cambiar el sistema económico mundial, con todas sus herramientas de dominación, como lo es la deuda externa, que configuran maquinarias depredadoras de la vida.

En este trajinar habrá avances y retrocesos, como se ve a diario con la aplicación de los derechos humanos, sean derechos de las mujeres, de los pueblos originarios, de las minorías sexuales, laborales… Sin embargo, en ningún momento podemos perder la esperanza, que no la asumimos simplemente como la creencia de que algo indefectiblemente saldrá bien, pues preferimos asumirla como la certeza de que lo que hacemos tiene significado, independientemente del resultado.

Además, este reencuentro armonioso y amoroso con la Madre Tierra contaremos con su enorme capacidad de resiliencia y recuperación, pues se trata de una verdadera Madre, que está de nuestro lado. Entendemos, por igual, que, si los humanos no restablecemos la Paz con la Tierra, no habrá posibilidad de Paz para nosotros en la Tierra, que explicablemente se rebela frente a tanta destrucción que estamos provocando.

Cerremos estas líneas, reafirmando lo que manifestó el año 2015, en París, en una de las sesiones del Tribunal Internacional de los derechos de la naturaleza, aquel ejemplar ser humano, el argentino Fernando Pino Solanas: “Quizás no exista una causa mayor, desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que luchar por los derechos de la naturaleza.” Y esa causa es la que nos mueve a seguir caminando en esa dirección desde los cuatro puntos cardinales.-

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Candidato a la Presidencia de la República del Ecuador por la Unidad Plurinacional de las Izquierdas (2012-2013). Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Autor de libros.

Enrique Viale. Abogado argentino. Fundador y Presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. Es autor de diversos libros y artículos especializados. Es consultor ambiental y comunicador en radio, streaming y medios gráficos.

Ambos son coautores del libro «La naturaleza sí tiene derechos aunque algunos no lo crean», Editorial Siglo XXI, Argentina (2024). Jueces del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza. Miembros del Pacto Ecosocial, Intercultural del Sur.

NOTA: texto publicado inicialmente en italiano en la revista DECRESCITA: https://arturo.it/ultimo-nnimmo/

Español: https://lalineadefuego.info/todos-los-caminos-conducen-a-los-derechos-de-la-naturaleza-alberto-acosta-y-enrique-viale/  

Deutsch: https://gibdernaturrecht.muc-mib.de/alle-wege-fuehren-zu-den-rechten-der-natur

English: https://gibdernaturrecht.muc-mib.de/all-roads-lead-to-the-rights-of-nature

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La Corte bonaerense y un freno a los agrotóxicos: mil metros de protección ante las fumigaciones

Por: Caty R

La Suprema Corte bonaerense emitió una resolución contundente que confirma la restricción de fumigaciones con agrotóxicos a mil metros de las poblaciones en el Municipio de General Pueyrredón y reconoce “los reiterados incumplimientos verificados” por parte del gobierno local en una cautelar abierta hace once años por la Asamblea Paren de Fumigarnos Mar del Plata. La resolución ratifica el principio “preventivo y precautorio” contenido en la Ley de Ambiente y reconoce que el objeto de fondo es “la preservación de la salud y la calidad de vida humana”. 

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Paz, democracia y socialismo

Por: Bea Morales

Con esta contundente consigna, “Por la paz, la democracia y el socialismo”, el movimiento estudiantil colombiano fraguado en la lucha antimperialista y de solidaridad con la reciente revolución cubana y en la anterior lucha sangrienta contra la dictadura anticomunista Rojas Pinillista, irrumpió a gritos y a marchas, solidarizándose con la revolución mundial que había estallado en París aquel memorable mayo de 1968. Tenían también otras razones quizás más profundas.    

La guerra civil bipartidista entre conservadores (falangistas) y liberales y nueveabrileños iniciada desde el poder central aquel fatídico 9 de abril de 1948 había sido detenida parcialmente con el pacto de Sitges 1957 entre los dos jefes, el falangista Laureano y el panamericanista Lleras Camargo y, el Estado plebiscitario allí pactado que al año de haberse montado (1959) recibía la primera visita “secreta” del  US Army general Yarborough, con el fin de convertirlo lenta y gradualmente en un Estado contrainsurgente, que comenzara la guerra de agresión contra las comunidades campesinas y populares calificadas como “enemigos internos”. Era la guerra fría del imperialismo una vez acabada la guerra caliente contra el comunismo o el socialismo.   

Sin embargo y sin saberlo, los estudiantes marchantes habían iniciado la crítica de la realidad socio-económica y política que surgía, y que 70 años después de haber sido conceptualizada por el poder y sus ruiseñores como “conflicto interno colombiano”; por inercia y sin más esfuerzos analíticos o de abstracción así se siguió llamando, incluso dotado de pasaporte para viajar al exterior, donde fue muy bien aceptado y promovido.

Pero las palabras como las monedas se gastan de tanto usarlas. Esto es sabido desde la época de los arcaicos mercaderes fenicios. La guerra civil bipartidista que (también a más no poder) y para efectos de la impunidad de sus promotores se llamó con la simpleza vacía de “Violencia del medio siglo”,continuó transformándose y complicándose (complejizándose, dicen los violentólogos adictos) al ritmo de las rápidas y profundas transformaciones económico sociales y superestructurales que míster Capital, en su desarrollo autónomo realizaba, no solo en el campo colombiano sino en toda la sociedad para conformar, violentamente o mejor, por medio de la guerra, el mercado nacional integrado, vinculado al mercado universal y a la economía Mundial, descrito por los autores más destacados del pensamiento crítico Marxista actual.  

La guerra capitalista entre colombianos, cuya cultura de matarse en montoneras unos con otros provenía de las nueve guerras civiles y miles de asonadas pueblerinas del siglo anterior con las que se desarrollaba el campo y la sociedad colombiana, según el concepto extraído de la ciencia básica biológica, había “mutado” y habría de seguir mutando indefinidamente empujada por la ley tendencial de la necesidad y el azar, hasta convertirse en lo que hoy conocemos con el concepto critico que he propuesto de Guerra Civil Mutante, esbozado en el siguiente artículo de opinión : https://rebelion.org/

La rígida y limitante dicotomía Paz/ Guerra, basada en la profunda cultura escolástica de los analistas adictos y violentólogos creados por el desarrollo de la división social e intelectual del trabajo, tan funcionales a mister Capital, al construir una jaula de hierro para contener la contradictoria realidad creciente y cambiante y, perseguir a los jóvenes cerebros críticos pensantes que trataban de interpretarla, acabaron por vaciar los conceptos.

La paz, como la antigua concepción de la salud que significaba ausencia de enfermedad, pasó a significar ausencia de guerra y la guerra, ausencia de la paz. ¿Fácil, no?

Cuando la otra moneda, la de la democracia, se hubo gastado de tanto usarla sin valor y fue reemplazada por la de “elecciones cada cuatro años” para elegir los representantes del pueblo o a los mejores como lo recomendaba el obispado, perdiendo su contenido profundo dado por los griegos antiguos, y convertida en otro ritual ceremonioso y superficial. Rápidamente fue asociada al construido simplismo intelectual de la paz, para ser tomados en bloque e implementados por los jefes naturales más avisados y astutos de las sectas políticas, quienes en medio de la crisis generada empezaban a brotar como champiñones después de las lluvias, convirtiéndolo en el relato en hegemónica dominante.

Cuando ganaron las elecciones presidenciales, resolver la desbordante realidad del llamado conflicto interno, solo era una elemental cuestión de eliminar uno de los términos de la dicotomía: Eliminar la guerra promoviendo la paz para salvar la democracia. Claro, sin ninguna transformación estructural de las causas profundas generadoras de tal guerra y mucho menos, sin reparar o sanar las enormes heridas y daños que esta ocasiona, no solo a las personas sino a la sociedad en general y a la verdadera democracia popular.

 Así, con el aval de ONG, organismos internacionales, cada gobierno liberal o conservador o sus herederos empezaron a promover en cada una de sus administraciones cuatrienales procesos de paz, como una ceremonia o ritual abstracto, no para RESOLVER O SOLUCIONAR el conflicto como las comunidades y la sociedad lo clamaban o suplicaban, eliminando las causas estructurales que incluso siempre detallaron en sus solicitudes, sino para alcanzar (en abstracto) una paz cada vez más lejana, con una guerra verdadera cada vez más cercana, mediante acuerdos de paz simulados e hipócritas, que una vez firmados se convertían en papel higiénico mojado. En un maldito papel. Mientras el régimen con su estrategia contrainsurgente y mister Capital continuaban su curso ineludible caminando airosos como la flor de la canela. Y así, durante 70 años, hasta llegar al actual reformismo contrainsurgente de la promesa electoral hueca o vacía de la “paz total” que, con su frustración, desilusión y promesas incumplidas, ha venido a reforzar la perpetua estrategia contrainsurgente del régimen, y más reciente la del Uribato.

Reconocer la septuagenaria guerra civil mutante que se desarrolla en Colombia hasta el día de hoy implica un giro semántico de la ciencia política pleno de contenido ético que cuestione la superficialidad o el vaciamiento de los conceptos de democracia y de la paz, tal como han sido utilizados, para llenarlos de contenido real, reconociendo la existencia de esa guerra civil (histórica de largo alcance) mutante, persistente y antidemocrática, muy distinta al cuento  superficial novelesco, fullero y novel(esco), de que esta guerra o conflicto se ha terminado y se está en un paradisíaco postconflicto.Cuando la realidad es que se está en una guerra civil actual y presente.

No basta con darles nombres de siglas a los grupos armados en guerra civil cambiante de todos contra todos, vinculados activamente a economías de guerra nacional e internacional y quienes ejercen un control territorial de facto. Y su solución implica, transformaciones materiales y de alta política: Reformas agrarias reales. Justicia redistributiva. Fin del paramilitarismo y desmonte de su entramado contrainsurgente legal. Reconstrucción democrática de lo público y del Estado desde abajo, desde los territorios. Dándole un contenido real y popular al concepto de democracia directa como la insinuó Marx en su famoso análisis del 18 de Brumario.

Solucionar la guerra también es desmantelar las condiciones estructurales y objetivas que la reproducen a lo largo de todo el territorio colombiano: exclusión y desigualdad, impunidad, racismo básico, violencia de clase, despojo ambiental, extractivismo, deforestación y Ecocidio. Y democracia genocida.

No se trata solo de cesar hostilidades militares o sociales, sino de construir una sociedad democrática participativa con otras reglas del juego, verdaderas, donde la vida digna sea posible.

En este sentido, «solucionar la guerra civil mutante en Colombia» exige reconocer y abordar las desigualdades orgánicas, la exclusión social y la falta de participación política que han sido su combustible. Se requiere una transformación integral y profunda que vaya más allá de los acuerdos de paz falsarios, que busque una justicia social y económica real para todos los colombianos.

En resumen, es momento de dejar de hablar únicamente de paz y comenzar a trabajar en la verdadera «solución de la guerra» en Colombia, que la democracia y el socialismo vendrán con ella.

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La convocatoria de la consulta popular rompe bloqueo institucional

Por: Bea Morales

 “Todo el cielo está en completo caos, la situación es excelente”, diría el presidente Mao.

En una intervención por todos los medios de comunicación, el presidente Gustavo Petro ha hecho un anuncio trascendental al convocar la Consulta popular sobre un nuevo régimen laboral para recuperar y otorgar nuevos derechos a los trabajadores colombianos, afectados gravemente por el modelo neoliberal implantado en Colombia desde los años 90 por el ex presidente Cesar Gaviria y blindado a lo largo de 3 décadas con un sistema de gobierno violento que incorporó ejércitos paramilitares anticomunistas, ejecutores de una demencial campaña de asesinatos, masacres, despojo y desplazamiento de más de 10 millones de campesinos; escenario en que sobresalen el exterminio de la Unión Patriótica y la liquidación de miles de líderes sindicales, sociales y de los derechos humanos. Todo bajo el amparo de los gobiernos de Uribe Vélez, Pastrana, Santos e Ivan Duque que contaron siempre con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos.

La Consulta popular será citada mediante un decreto que se dará a conocer antes del 12 de junio en un acto público con la ciudadanía en Medellin o en Cali. Las votaciones de la misma podrán ocurrir a finales de julio o a mediados del mes de agosto.

Está previsto que la Corte Constitucional examine, una vez se haga la Consulta, la legalidad de la convocatoria para afianzar su pertinencia y legitimidad en la amplia jurisprudencia garantista, acumulada por tal institución desde su creación por la Asamblea Constituyente en 1991, con un desempeño ajustado a los principios del Estado social de derecho, con algunas excepciones por la infiltración de facciones de la ultraderecha y de las mafias jurídicas en su seno en años recientes provocando grandes escándalos y denuncias de corrientes democráticas radicales con fuerte incidencia en la esfera pública.

La audaz decisión del presidente Petro se da en una coyuntura compleja, de aguda confrontación de clases; en unas circunstancias en que, los adversarios de la ultraderecha fascista, promueven planes de asesinato y magnicidio del presidente, por ser hoy la persona más representativa del proceso de transformación profunda de la sociedad colombiana.

Las mafias fascistas están profundizando la confrontación, que se ha expresado en el bloqueo institucional, y que se propone saltar a la destrucción física del presidente Petro, involucrando segmentos militares y policiales degradados, presentes en eventos demenciales como el asesinato del presidente de Haití, las masacres de civiles pagadas por los Carteles mexicanos en Michoacán y en la guerra de Ucrania como mercenarios contratados por la Otan.

Así, el presidente ha dado un paso audaz que llevará la confrontación sociopolítica a nuevos niveles en el entendido de que solo la lucha permite conquistar los derechos de los trabajadores colombianos.

El presidente del Senado, Efraín Cepeda, con la compañía de otros voceros de la ultraderecha, han desatado una narrativa para insinuar golpes de estado y rupturas institucionales en la determinación del presidente, como lo hace el alcalde de Bogotá.

Lo cierto es que, como lo señala Montealegre: “Existen tres situaciones que viciaron el “procedimiento legislativo” (que hundió el tramite senatorial de la Consulta): (i) El hecho de que el presidente del Senado cerró abruptamente la votación, cuando una de las senadoras tenía la expectativa legítima de participar en la misma. Esta actuación le impidió a una parlamentaria -pro-consulta- ejercer el derecho a intervenir en la deliberación: se violaron los principios pro-democracia o pro-participación. (ii) El secretario general cambió el sentido de un voto por el sí, para volverlo no, cuando estaba cerrada la votación. La actuación del secretario fue un abierto desconocimiento del principio de preclusión que rige las etapas de un proceso legislativo. Violó la seguridad jurídica, valor con protección constitucional. Un acto arbitrario. Si bien el reglamento del Congreso permite sanear actos del trámite legislativo, él no era el competente para hacerlo. En este caso, el órgano era la plenaria. (iii) No se dio paso a la apelación que se hizo en forma inmediata ante estos vicios. Sin tramitar la impugnación, no se podía dar por finalizada la sesión. Quien debía decidir sobre la apelación, era la plenaria del Senado, no el presidente, quien, ni siquiera la tramitó” (Ver

https://revistaraya.com/ ).

Desde hoy, la victoria popular y progresista se dará en las calles en donde deberá construirse una nueva hegemonía en los Cabildos populares y las Asambleas comunitarias. La situación que atraviesa Colombia no admite vacilaciones, ni dudas, exige un cambio desde una política emancipadora radical; por lo que hay que redefinir al movimiento popular-indígena-campesino y afro como una fuerza social determinante.

Lo cierto es que la salida ya no está en la negociación paciente ni en los Acuerdos nacionales, con quien no lo quiere y lo sabotea con bloqueos de todo orden y en todas las instituciones, en una forma liberal democrática, en momentos en que la democracia colapsa y está cuestionada a nivel global por la emergencia de los populismos ultraderechistas que promueven el odio de clases.

Pero, al interior de la turbulencia política en auge por la convocatoria directa de la Consulta popular, desde la institución presidencial, lo que debemos asumir es que la lucha de clases va a implicar una lucha como crítica de la economía política, o sea la disputa por el reparto de los excedentes que producen millones de trabajadores de las ciudades y el campo.

Hay que plantear esta nueva lucha como una crítica a la economía política: no se pueden permitir el drenaje de descomunales partidas para subsidiar a los más ricos, a las vigencias futuras, a entregar millonarias partidas a las mafias de la corrupción (Regalias), a los poderosos dueños del transporte de carga, a las empresas de los servicios de luz y del gas. Hay que poner mano dura a esos privilegios y la demanda del presupuesto actual como lo ha exigido el presidente Petro va en la línea correcta.

Así, se pueden superar las brechas salariales, pensionales, en educación y en la salud; ejecutar una amplia política de vivienda que favorezca a los sectores más vulnerables; una reforma agraria con más inversión, tecnología, ampliación de mercados y de la frontera agrícola que beneficie a millones de campesinos. Solo por esta ruta, el campo popular dará rápidamente un nuevo impulso a las luchas sociales y aperturar el camino a un cambio político más profundo sobre la base de la unidad y la convergencia de los distintos sectores del bloque democrático popular.

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Avanzar en medio de la crisis y sobre el péndulo del viejo poder

Por: Bea Morales

Puede que luego de los dos días de paro nacional y la algarabía con la cual los sectores del viejo poder agitaron alegremente el lánguido resultado de las jornadas sucedidas este 28 y 29 de mayo, exista gran perplejidad por la forma en que los acontecimientos se han dado y mucho sinsabor al intentar hacer balances sobre la situación.

Pero sin embargo, estos son necesarios y se requieren para seguir avanzando en medio de la crisis del país y de la intensidad con la que se mueve la lucha de clases y se proyecta la praxis de las fuerzas sociales y políticas que actúan en ellas. Es ineludible la valoración respecto a los hechos reales de estos dos días -y sobre lo que todos y todas estábamos expectantes de que sucediera-, sin importar el sector político o el grado de indiferencia y compromiso con el cual individual y colectivamente asumimos la situación en proceso. Desde todos los lugares se esperaba que algo ocurriera y efectivamente ocurrió. Pero el desenlace debe remitir su análisis no sólo al punto de despegue de la coyuntura, sino al balance de la forma en que operaron las fuerzas que la desencadenaron, pues estas misma operaron como anclas de impulso, freno y redireccionamiento.

Lo que parece terrible, desde una perspectiva de izquierda proletaria, es que después de la actual coyuntura política los sectores conservadores puedan quedar en una posición más favorable, incluso llegando a posar de absolutos ganadores del pulso de clases.

Esto, pese a que la acción negacionista del bloque conservador de vehiculizar mínimos ajustes a su máquina de poder y explotación, los condujo a un callejón sin salida. Pero de ese callejón lograron parcialmente escapar al neutralizar, por un lado, la ofensiva de las fuerzas progresistas expresada en el intento de lograr a través de la Consulta Popular un marco de presión política frente a esta actitud anti reformista y sacar una posición de ventaja para la puja electoral del 2026. Por otro lado, el bloque conservador logró acaparar la bandera de la reforma laboral y la racionalidad institucional, frente al supuesto aventurerismo caudillista y populista del progresismo.

En ambos movimientos, desde las fuerzas del centro y la derecha, el conservadurismo libró una lucha articulada, calculada y consciente de lo que podría perder y ganar. En ello articuló cada uno de los mecanismos de poder que detenta: los partidos políticos con sus intelectuales orgánicos, los medios de comunicación, las instituciones de seguridad y sus modelos de seguridad ciudadana, el poder judicial de las cortes y el concurso de sus gremios económicos. Todos juntos en una sola voz asumieron la gestión de la crisis, a costa de irradiar su burdo pragmatismo como la forma de persuadir la conducta nacional. El “todos ponen, nadie pierde” conduce a olvidar que en la sociedad del capital siempre pierde el proletariado.

Por eso esa facción del bloque de poder no vaciló en ceder aspectos mínimos que iban en contra de intereses básicos de sus diferentes sectores, pero que aseguraban una mejor posición hegemónica para la gestión de la coyuntura e incluso para reacomodar sus beneficios, como lo evidencian varios aspectos de la reforma laboral de la 4ª Comisión.

Así, desarmaron el mecanismo de respuesta de las fuerzas progresista y abatieron, uno a uno, los diferentes esfuerzos de su reajuste. Primero negaron la reforma laboral, pero una vez se puso al frente la amenaza de la consulta popular y el riesgo de un nuevo estallido social, se enfilaron contra la consulta y revivieron la reforma laboral -aunque ahora aún más ajustada a sus intereses-, evidenciando la faceta instrumentalista del progresismo hacia lo electoral y colocando en crisis la estrategia de gestión política del gobierno. Al tiempo colocaron la eficiencia del proceso democrático, siempre rebajado a su antojo, como el proceso más racional para distensionar el conflicto social, en detrimento de la movilización popular.

El segundo aspecto a considerar se remite a la confirmación del quiebre crítico progresismo. Pues las fuerzas progresistas, por un lado, han sido sometidas al desgaste de los mecanismos institucionales entre uno y otro recurso; y por otro, al desmarcarse de los ejercicios sociales y populares que llamaron al paro y a la huelga nacional, mostraron su disciplina burocrática frente a las formas institucionales y con los pesos y contrapesos de sus poderes. No sin antes ir contra la movilización, higienizar sus conductas y lavarse las manos de los costes de una puesta en escena fallida que pudiera minar su vigencia como fuerza política, tratando de endosar dichos costes al movimiento popular. Para ello recurrieron nuevamente al reencuadre de su limitada estrategia de gestión institucional, pero con mayores grados de debilidad y con el sol a la espalda: como todo como un cuerpo senil sobre el cual “se regodean los buitres”. Estos en línea del escenario electoral del 2026 del cual con seguridad dictaminan el ocaso del poder presidencial del progresismo.

Entre reencauche de las fuerzas conservadoras y la profundización del quiebre de las fuerzas progresistas del régimen de poder colombiano, fue propicio la toma e iniciativa de los sectores proletario populares que, en contra de las fuerzas hegemónicas de izquierda y de derecha, debieron desentumir sus fibras musculares y despuntar esfuerzos en aras de ganar campo político en medio del péndulo del viejo poder.

Sin que esto implique los resultados más óptimos, es relevante que estos sectores sí admitieron el reto de mantener la bandera de la movilización, la crítica hacia el tipo de democracia tramposa y antipopular que reproduce las condiciones de hegemonía del bloque de poder, y la necesidad de apropiar y construir un margen programático. Pero estos potenciales esfuerzos deben reforzarse y enfocarse en gestionar su fuerza social, su capacidad de articulación y de interconexión con los amplios sectores populares y proletarios, en clave de responder a los retos venideros y al escenario del día D después del 7 de agosto del 2026.

Giovanny Bermúdez Mendoza, Centro de Pensamiento y Teoría Crítica Praxis

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El movimiento ecologista alemán, Palestina y el camino hacia el militarismo europeo

Por: Caty R

Introducción

¿Por qué el movimiento ecologista no protesta contra los costes medioambientales y sociales del rearme europeo? ¿Y por qué este que pretende ser solidario con los pueblos del Sur Global no parece preocuparse por la vida de los palestinos en Gaza?

La propaganda de la OTAN ha manipulado eficazmente la opinión pública, convenciéndola de que la paz no sólo es inalcanzable, sino también indeseable. Se nos dice que la guerra es un coste necesario para la seguridad, mientras que el rearme se vende como progreso. Los dirigentes europeos pretenden construir una sociedad de guerra [ii]. Además, el movimiento ecologista alemán no ha puesta la demanda por la paz en el centro de sus reivindicaciones, como aceptando un estado perpetuo de guerra como la nueva condición normal de la realidad europea [iii].  De esta manera los movimientos ecologistas parecen aceptar tácitamente el camino de Europa de creciente militarización. La falta de conciencia acerca de este camino hacia una «paz militarizada» en Europa revela un problema más profundo dentro del movimiento ecologista alemán.

La ecología como crítica estructural

Como punto de partida, es esencial diferenciar entre las ecologías de la abundancia en el Norte y la ecología de la escasez en el Sur. A pesar de sus evidentes defectos, esta distinción sigue siendo crucial, incluso aunque las fuerzas del neoliberalismo y el militarismo desenfrenados impongan ahora nuevas lógicas de austeridad y pobreza estructural en la propia Europa. Joan Martínez-Alier acuñó el término «ecología de los pobres» para subrayar las diferencias entre estas ecologías, lo que ahora se refleja en el apoyo a diferentes luchas, no sólo «medioambientales» [iv]. Históricamente, ha habido una conexión directa entre las críticas a los sistemas de producción que externalizan la contaminación y emisiones al Sur Global, mientras se cosechan los beneficios del consumo en el Norte. Durante los años sesenta y setenta, los análisis de las enormes desigualdades entre el Norte y el Sur se centraban sobre todo en criterios económicos [v]. Sin embargo, las preocupaciones ecológicas se han ido integrando cada vez más, dando lugar al campo multidisciplinar de la ecología política [vi]. Economistas, antropólogos y geógrafos intentan explicar la persistencia de relaciones desiguales entre el Norte y el Sur, entre el «mundo desarrollado» y el «mundo en desarrollo», en cuyas interpretaciones actuales las estructuras de poder neocoloniales se han vuelto más evidentes[vii]. Conceptos como la «sociedad de la externalización revelan estas estructuras ocultas de la explotación global, en lo que respecta a la interconexión de las realidades ecológicas[viii]. Los sujetos subalternos -pobres, campesinos e indígenas- han sufrido los embates de un régimen extractivo capitalista que destruye el tejido ecológico, marcado por años de experiencia de vivir en un régimen global extractivista, que coloca los riesgos de las catástrofes a su población más desfavorecida. Estas realidades -marcadas por desastres medioambientales y catástrofes socio-naturales- han elevado la conciencia ecológica a una cuestión fundamental de justicia que no puede desvincularse de realidades eco-políticas y sociológicas más amplias. Esto se traduce en una perspectiva ecológica interseccional, que no puede separarse de demandas más amplias de justicia histórica, social y política. Esta característica distingue al movimiento ecologista «del Sur» de sus homólogos «del Norte» en cuanto a la profundidad de sus luchas.

La nueva agenda militarista europea

El derroche masivo de recursos energéticos y minerales gastados en el plan de militarización agravará inevitablemente la crisis climática. Sin embargo, el silencio de la población europea ante el rearme y el genocidio se explica por una campaña sostenida de miedo, censura y propaganda[ix]. Lo que va quedando de la “agenda verde”debe encajar en la lógica necropolitica del capitalismo, a la vez de estar atrapados en una visión ecocida de ilimitado crecimiento económico. 

Las élites políticas y financieras parecen haber dejado ya de lado las promesas de una «economía verde» en favor de empresas más lucrativas, reorientándose hacia la industria armamentística y de seguridad. El Plan «Rearm Europe/Readiness 2030» propone apalancar más de 800.000 millones de euros en gastos de defensa mediante flexibilidad fiscal nacional»[x]. Europa quiere construir su propio complejo militar-industrial, abandonando los frenos de deuda autoimpuesta que alguna vez le ayudó a gestionar eficazmente su deuda pública. Al liberarse de este freno institucional, Europa es ahora libre para comprar más armas, presentando como una «inversión» en su seguridad a largo plazo[xi]. Esto llevará al endeudamiento de la ciudadanía europea -más austeridad y pobreza-, drenando fondos públicos hacia los fondos privados.

Gracias a este giro militarista en Europa, el complejo militar-industrial estadounidense seguirá prosperando gracias a la guerra ruso-ucraniana, crecientemente financiado por los contribuyentes europeos. Una situación en la que todas las elites salen ganando: las élites militares, económicas y políticas se beneficiarán, mientras que la opinión pública se pacificará con miedo y distracción. En Europa, los líderes políticos desvían la responsabilidad culpando a Rusia o utilizando a los inmigrantes como chivos expiatorios. La seguridad fronteriza y la deportación masiva serán la norma para hacer frente a las nuevas «amenazas» internas declaradas de Europa, ahora que los opositores al genocidio de Gaza incluso enfrentan la posible deportación[xii]. Es el nuevo recetario autoritario tipo trumpista que Europa repite al pie de la letra. 

La burbuja alemana

El movimiento ecologista alemán experimentó un resurgimiento en 2018 con el auge de Fridays for Future(FFF), seguido de la aparición de otros grupos ecologistas en Alemania como Extinction Rebellion y Letzte Generation[xiii]. A pesar de gozar con amplias simpatías en la población, sobre todo en sus inicios, sus tácticas de desobediencia civil empleadas durante los últimos años han provocado reacciones más críticas. Los principales medios de comunicación han vilipendiado sus acciones y la opinión pública alguna vez favorable, se ha ido enfriando[xiv], mientras que los activistas han sido criminalizados por la prensa y algunos gobiernos federales[xv].

En la página web de Letzte Generation, en una carta al Presidente alemán F. W. Steinmeier, el colectivo expresa su preocupación por el ascenso de la derecha en Alemania, así como por la destructiva aceleración industrial[xvi]. Se exige una mayor «honestidad» a la hora de hablar a los ciudadanos alemanes sobre lo que les depara el futuro. Otra publicación aborda el elefante en la habitación, pidiendo el fin de los combustibles fósiles (gas, carbón y petróleo) y el desarrollo más amplio de fuentes de energía alternativas limpias[xvii]. Sin embargo, nada se dice sobre fin de la guerra ni del fin de las matanzas en Gaza, como si ambos acontecimientos no tuvieran nada que ver con el Gobierno alemán. 

Por otro lado, el grupo Extinction Rebellion pareciera ser más radical[xviii], abogando por la justicia climática, la necesidad de hacer frente a la crisis climática, preservar la biodiversidad planetaria, resistir a las estructuras de poder, replantear la democracia, e incluso se refiere al postcrecimiento como una necesidad ineludible para la supervivencia planetaria[xix]. Sin embargo, su página web tampoco pide explícitamente el fin de la guerra en Ucrania ni en Gaza.

Si conciencia ecológica significa ser consciente de estas profundas conexiones, como señaló Jason Hickel: «esto es lo que pasa con la ecología, todo está interconectado»[xx], entonces, ¿cómo podemos entender esta mentalidad que pasa por alto las injusticias que ocurren con la ayuda directa del gobierno alemán?

La estrechez de miras de esta mentalidad es aún más notable teniendo en cuenta las luchas medioambientales en el Sur Global, como dijo Luisa Neubauer, portavoz de Friday For Future (FFF), en una entrevista.

«Es diferente para los activistas del Sur Global o en posiciones de partida fundamentalmente menos privilegiadas, donde las luchas son completamente diferentes y están más estrechamente interrelacionadas. Por eso hay cierta desconfianza entre algunas personas cuando en Alemania decimos que estamos comprometidos con la justicia climática. Porque temen que no seamos serios».

Neubauer demuestra cierto grado de conciencia de que la justicia climática no puede separarse de las luchas contra la opresión política y la desigualdad estructural. En la entrevista[xxi], Neubauer se distanció del movimiento internacional FFF debido a la supuesta «falta de compromiso con la vida judía» tras los atentados de Hamás en octubre de 2023. En noviembre de 2023, Neubauer criticó duramente la falta de solidaridad de Greta Thunberg con los judíos israelíes, sin tener en cuenta los miles de mujeres y niños palestinos ya asesinados por la maquinaria de guerra israelí[xxii]. Su defensa selectiva expone una inquietante indiferencia hacia las poblaciones más afectadas por el sistema destructivo al que dicen oponerse.

Neubauer menciona la tensión en torno al conflicto Israel-Palestina dentro del movimiento ecologista. En su opinión, antes de que se produjeran los atentados, el movimiento había conseguido trabajar unido a pesar de haber tensiones internas en torno al tema «Israel-Palestina». Sin embargo, tras los atentados, el movimiento FFF Alemán se alineó más estrechamente con la postura proisraelí del gobierno y los medios de comunicación alemanes, distanciándose del movimiento internacional.

La entrevista antes citada también se refería a la consideración de los palestinos como pueblo indígena:

ZEIT: «Así que, traducido: Los israelíes son los blancos, los opresores, los privilegiados. Los palestinos son los morenos, los oprimidos, por los que hay que luchar. ¿Lo hemos entendido bien?»

Neubauer: «No es mi opinión personal, sino una consecuencia de un discurso que veo a nivel internacional. Además, los palestinos son leídos como indígenas en gran parte del discurso internacional. Y cuando hablamos de justicia climática, los indígenas están en el centro de muchas luchas. Sufren enormes injusticias, aunque también son quienes protegen gran parte de los ecosistemas y la biodiversidad. Creo que estamos viendo que incluso la interseccionalidad puede llegar a sus límites. Y ahí es donde, en la búsqueda del mayor sufrimiento, se abren jerarquías de sufrimiento y apenas se permiten contradicciones».

El tono irreverente del entrevistador refleja la hostilidad hacia los marcos poscoloniales que presentan a los palestinos como indígenas y a los israelíes como colonos. En Alemania y otros lugares, la teoría poscolonial y decolonial ha sido cada vez más atacada, tachada de «antisemita» debido a su compromiso con perspectivas antisionistas y anticoloniales[xxiii]. Muchos alemanes son de hecho incapaces de reconocer el carácter colonial de Israel.

A pesar de que Neubauer se distancia de estas interpretaciones, reconoce su importancia en el discurso internacional. Sin embargo, este reconocimiento sigue siendo abstracto, incapaz de desafiar la narrativa dominante dentro de Alemania, donde las críticas a Israel se reprimen agresivamente, situación que ya rayana en un estado policial[xxiv]. Los hechos y datos históricos y la solidaridad mundial no penetran fácilmente en la endurecida burbuja ideológica sostenida por los medios de comunicación liberales y la alineación política con las políticas israelíes en Alemania[xxv].

Dada la intensidad con la que se reprimen y criminalizan las protestas propalestinas[xxvi], la postura de Neubauer es, hasta cierto punto, comprensible, aunque no defendible. El panorama mediático ha creado un clima en el que reconocer abiertamente este genocidio puede poner fin a cualquier carrera profesional. La postura de Neubauer no sólo refleja la disonancia cognitiva en la que viven muchos alemanes, sino que también contribuye al giro autoritario más amplio que ha criminalizado la disidencia[xxvii] con medidas cada vez más abiertamente represivas y autoritarias[xxviii].Esto subraya la profunda contradicción entre el compromiso autoproclamado de Alemania con los derechos humanos y su apoyo inquebrantable a Israel ante un genocidio en ciernes[xxix].

Ahora en Europa estamos empezando a escuchar críticas más fuertes contra las políticas de exterminio del Estado israelí[xxx], también en la prensa alemana, lo que demuestra que tras 19 meses de genocidio será más difícil para los medios negar este genocidio[xxxi]. Sin embargo, la última muestra de solidaridad del nuevo Gobierno alemán con el comportamiento genocida de Israel pone de manifiesto cierta fractura interna en el discurso pro sionista[xxxii].Pero que no nos engañen esta farsa, porque quizás cambian los tonos para que en los hechos nada cambie. A fin de cuentas, el autodenominado “mundo libre” sigue comprometido con el genocidio a los palestinos, mientras que Israel se va aislando cada vez más a nivel mundial como un Estado paria.

En este contexto, la crítica atenuada del movimiento ecologista alemán, y su silencio sobre Gaza (el hecho que Luisa Neubauer recientemente pidió al gobierno alemán un cambio de rumbo en la “política hacia Israel”[xxxiii] no cambia nada) y también su silencio acerca del peligroso rearme de Europa apuntan a tranquilizar la mala conciencia de las subjetividades del Norte Global, cuyos elevados niveles de vida y patrones de consumo no solo se construyen sobre la base de la extracción y la explotación en otras partes del mundo[xxxiv] sino que se basa en un estatus quo que implica un genocidio. En este sentido, el ecologismo del Norte se convierte en una versión atenuada de conciencia ecológica que interpreta los procesos de lucha decolonial como una mera metáfora de lucha en términos abstractos[xxxv]. Se trata de una postura profundamente provinciana y despolitizada que, a pesar de sus reivindicaciones y de su supuesta radicalidad, prefiere ignorar las estructuras coloniales e imperialistas que lideran y sostienen las élites políticas de Europa y Estados Unidos.

Adormecidos vamos hacia la destrucción.

El famoso concepto de destrucción creativa de Joseph Schumpeter reflexiona sobre la naturaleza destructiva del capitalismo a través del crecimiento económico y la constante innovación técnica. Marx y Polanyi describieron el capitalismo como un sistema nacido de la desposesión y el cercamiento de los bienes comunes[xxxvi]. El sistema operativo básico del capitalismo es la búsqueda de nuevos mercados y territorios que conquistar. Sin embargo, se produce una crisis cuando el imperativo del crecimiento eterno choca con la realidad de que ya no quedan nuevos mercados por conquistar. Una vez que el sistema se ha expandido por todo el planeta, la destrucción se convierte en la nueva frontera[xxxvii], creando nuevas oportunidades para una acumulación renovada, especialmente cuando el capital puede pivotar hacia la financiación de la reconstrucción de posguerra.

De este modo, la crisis de superpoblación y la crisis de los límites del capital podrían «resolverse» simultáneamente mediante nuevos modelos de destrucción creativa. Marx advirtió que en sus fases terminales, el capitalismo se volvería destructivamente contra las mismas instituciones y mercados que una vez creó. Las guerras comerciales autodestructivas de Trump ejemplifican esta espiral acelerada de decadencia. En un planeta con recursos limitados, el crecimiento económico constante es un camino suicida que acabará canibalizando sus cimientos[xxxviii].

Con el rearme europeo en marcha, el emergente complejo militar-industrial europeo ofrece una nueva vía para la acumulación global de capital. Incluso si estalla una gran guerra, su devastación ofrecerá la oportunidad de renovar la circulación de capital, y esta sombría realidad hace dolorosamente cierta la famosa observación de Fredric Jameson: «Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo.» [xxxix] Tristemente este escenario no es descartable, sobre todo en vista al clima político apocalíptico fomentado por los aliados fascistas, mesiánicos, cristiano-evangélicos y sionistas de Trump, que parecen estar preparando el terreno para un escenario de fin de los tiempos [xl]. Mientras la opinión pública alemana permanece de brazos cruzados, las condiciones para una gran guerra están cada vez más maduras. Con un hombre tan abiertamente fascista como Donald Trump a la cabeza de un imperio militarista en declive, una gran guerra parece sólo cuestión de tiempo.

Contra el telón de fondo de la violencia genocida, la desposesión y el imperialismo desenfrenado, el ecologismo alemán no parece reconocer este desafío existencial, arriesgándose a permanecer atrapado en su propia burbuja de confort despolitizado, inconsciente y comprometido con las fuerzas que continúan destruyendo el tejido ecológico del planeta, sin estar dispuesto a enfrentar esta realidad.

A ver si por fin despiertan de su profundo letargo, si no cuando peligre su bienestar, al menos cuando sus propias vidas se vean amenazadas por la impresionante crueldad de la kakistocracia europea [xli]. Los movimientos ecologistas del Norte deben unirse como una fuerza pacifista y movilizarse en contra de este camino ya emprendido hacia la ruina global. De lo contrario, no quedará planeta, pueblo ni medio ambiente que defender. La lucha por la liberación de Palestina, lejos de ser periférica, debería importar a cualquiera que conserve un mínimo sentido de la humanidad, ya que todo un pueblo es aplastado ante los ojos del mundo. Si esta máquina pretende devorarnos a todos, que haya al menos algo de resistencia. Seamos esas piedras que detienen las ruedas de esta horrenda máquina de guerra devoradora de vidas.

Este texto fue previamente publicado en inglés en The Left Berlin

Notas:

[i]Me gustaría dar las gracias a mis colegas de DECOCO-Berlín y especialmente a Olivia Langhorn por sus incisivos comentarios y la revisión del texto. También me gustaría expresar mi profundo respeto y solidaridad a todos los valientes de todo el mundo, especialmente de Alemania y Estados Unidos, que protestan en las calles contra el genocidio de Gaza, sufriendo todo tipo de violencia, doxing, difamación, brutalidad policial, represión y deportación.

[ii] https://www.freiheit.org/de/krieg-europa-das-ende-des-pazifismus; https://www.zeit.de/politik/ausland/2022-04/friedenspolitik-deutschland-gruene-afd-ukraine-waffenlieferung/seite-2

[iii] https://www.freitag.de/autoren/ingar-solty/erst-maoisten-jetzt-anti-china-falken-huetet-euch-vor-der-gruenen-aussenpolitik

[iv] Martinez-Alier, Juan & Guha, Ramachandra. (2000). Varieties of environmentalism. Essays North and South. Earthscan Publication

[v] Smith, Neil. (2008). Uneven Development. Nature, Capital and the Production of Space. University of Georgia Press; Wallerstein, Immanuel. (2005). Análisis de Sistemas-mundo. Una introducción. Siglo XXI

[vi]Robbins, Paul. (2012). Political Ecology A Critical Introduction (2da.). Blackwell Publishing; Alimonda, H. (2002). Ecología política: Naturaleza, sociedad y utopía. CLACSO-Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.; Leff, Enrique. (2003). La ecología política en América Latina. Un campo en construcción. Revista Sociedad e Estado, 18, 17–40. Leff, Enrique. (2004). Racionalidad Ambiental. La reapropiación social de la Naturaleza. Siglo XXI.

[vii] Quijano, Anibal. (2014). Colonialidad del poder y clasificación social. In Epistemologías del Sur (perspectivas). Boaventura de Sousa Santos y Maria Paula Meneses (Eds.)(pp. 67–107). Akal.

[viii]Lessenich, S. (2016). Neben uns die Sintflut: Die Externalisierungsgesellschaft und ihr Preis (1st ed.). Hanser Berlin.

[ix]https://multipolar-magazin.de/artikel/cognitive-warfare-nato

[x]ReArmEurope Plan/Readiness 2030, (P.1)

[xi]https://www.welt.de/politik/ausland/article255751580/Bruessel-EU-plant-massive-Aufruestung-bis-2030-800-Milliarden-Euro-stehen-im-Raum.html

[xii]https://theintercept.com/2025/03/31/germany-gaza-protesters-deport/

[xiii] Para una reconstrucción útil de esta historia véase el libro de A. Malm. https://archive.org/details/how-to-blow-up-a-pipeline-andreas-malm

[xiv]https://www.berliner-zeitung.de/politik-gesellschaft/letzte-generation-sorgt-fuer-halbierung-der-unterstuetzung-fuer-klimabewegung-in-deutschland-li.372873

[xv]https://www.greenlegal.eu/publikationen/gutachten-stellungnahmen/

[xvi]https://letztegeneration.org/erklaerung/

[xvii]https://letztegeneration.org/der-elefant-im-raum/

[xviii]https://extinctionrebellion.de/wer-wir-sind/unsere-forderungen/

[xix]https://extinctionrebellion.de/wer-wir-sind/postwachstum/

[xx]Hickel, Jason. (2021). LESS IS MORE. Pinguin Random House.

[xxi]https://www.zeit.de/zeit-magazin/leben/2023-10/luisa-neubauer-greta-thunberg-israel-gazastreifen

[xxii]https://www.welt.de/politik/deutschland/article248281142/Luisa-Neubauer-Dass-Greta-Thunberg-nichts-zu-den-juedischen-Opfern-gesagt-hat-enttaeuscht-mich.html

[xxiii]Elbe, I. (2024). Antisemitismus und postkoloniale Theorie: Der »progressive« Angriff auf Israel, Judentum und Holocausterinnerung (1st ed.). edition TIAMAT.

[xxiv]https://www.gedenkstaettenforum.de/aktuelles/publikationen-rezensionen/details/antisemitismus-erkennen-symbole-codes-und-parolen

[xxv]https://jacobin.com/2024/05/germany-afd-liberalism-militarism-authoritarianism

[xxvi] Véase Gary, Roser. https://vientosur.info/alemania-un-ano-siendo-complice-de-genocidio/

[xxvii] Véase el reportaje de AlJazeera sobre la situación en Alemania. https://www.youtube.com/watch?v=CGHfIP7XcnM

[xxviii] Véase la entrevista ”El declive de Europa ya no tiene vuelta atrás” con la Dra. Ulrike Guérot. https://www.youtube.com/watch?v=cT6eNVVJXys&t=1204s

[xxix]https://jacobin.com/2024/04/germany-anti-palestinian-anti-communism

[xxx]Empörung über Gaza-Offensive: London, Paris und Ottawa drohen Israel mit Sanktionen

[xxxi] Tras 19 meses de encubrimiento y justificación del genocidio por parte de los medios de comunicación alemanes, ahora, ante la nueva ofensiva terrestre de Israel en Gaza, el complejo mediático alemán está utilizando un tono más duro: Véase por ej. TAZ: Krieg in Gaza: Ein bodenloser Plan | taz.de; Der Spiegel: Israel-Gaza-Krieg: Palästinenser berichten von zahlreichen Toten nach Offensive – DER SPIEGEL; WDR: Großangriff auf Gaza: Was das für die Menschen bedeutet – Nachrichten – WDR

[xxxii]https://www.zeit.de/gesellschaft/deutschland/2025-05/jubilaeum-deutschland-israel-frank-walter-steinmeier-beginn-reise

[xxxiii]Luisa Neubauer & Co. fordern Kurswechsel in deutscher Israelpolitik

[xxxiv]Liboiron, Max. (2021). Pollution Is Colonialism. Duke Univesisy Press.

[xxxv]Tuck, E., & Yang, K. W. (2012). Decolonizationis not a metaphor. Decolonization: Indigeneity, Education&Society, 1(1). https://jps.library.utoronto.ca/index.php/des/article/view/18630

[xxxvi]Polanyi, Karl. (2012). La Gran transformación.  Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo. F.C.E.

[xxxvii] Valencia, S. (2010). Capitalismo gore. Melusina.

[xxxviii]Fraser, N. (2022). Cannibal Capitalism: How our System is Devouring Democracy, Care, and the Planet – and What We Can Do About It (1st ed.). Verso Books

[xxxix]Jameson, Frederick. (2003). Future City. New Left Review, 21, 65-79.

[xl]Klein, N., & Taylor, A. (2025, April 13). The rise of end times fascism. The Guardian. https://www.theguardian.com/us-news/ng-interactive/2025/apr/13/end-times-fascism-far-right-trump-musk

[xli] Cornejo P., S. M. (2025). Caquistocracia Europea, el gobierno de los incapaces. From https://eldesconcierto.cl/2025/05/06/caquistocracia-europea-el-gobierno-de-los-incapaces

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Rebecca Solnit: «Silicon Valley y la IA son enemigos de la democracia y del clima»

Por: Caty R

A los 64 años, Rebecca Solnit, escritora, historiadora y autora de una veintena de libros sobre un amplísimo abanico de temas (el feminismo, la historia de la cultura occidental y los indígenas de Estados Unidos, el poder popular, los cambios sociales y los movimientos de insurrección, la esperanza y los desastres climáticos, entre otros), se define como una activista medioambiental. Pero su militancia es novedosa, poco común en la lucha climática. Está empecinada en construir relatos sobre un “futuro posible”, en resaltar los “éxitos sin victorias” –un litigio perdido contra una petrolera que genera una mayor sensibilidad social; la inauguración de un parque eólico que no elimina los combustibles fósiles pero que suma un escalón en la descarbonización– que, sin el eco de los medios de comunicación y de las redes sociales, abundan a lo largo y ancho del planeta.

En su primera visita a Madrid y con su nuevo libro recién publicado, El camino inesperado (Lumen), Solnit participó este martes en el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque –auditorio con entradas agotadas– de una charla abierta con la periodista, escritora e investigadora Marta Peirano, especializada en las relaciones entre tecnologías informáticas y el poder.

La autora estadounidense, convertida en un faro para el feminismo tras popularizar el término mansplaining en su libro Los Hombres me explican cosas, entregó muchas reflexiones, hilvanadas todas desde una irrenunciable filosofía: el mundo necesita luchar por el pan (alimentos, techos, energía, trabajos, educación), pero también “muchas rosas”,  placer, cultura, naturaleza, belleza y alegría. “El placer es clave en cualquier resistencia. El anticapitalismo y la resistencia climática pueden ser radicales, pero también alegres”, señaló.

Solnit advirtió que “la amnesia es una debilidad para la democracia” y lamentó que estemos caminando a un mundo “sin memoria”, donde toda la información que se consume en el plano digital fomenta un “presente sin pasado”. Esta desmemoria colectiva, agregó, es amiga del “derrotismo” y el “catastrofismo”

Puso el ejemplo de la “revolución de las energías limpias”, que “poco a poco” están permitiendo lo impensado tiempo atrás: la merma de los combustibles fósiles. “La acción climática es invisible para mucha gente porque los avances son lentos. Pero el crecimiento de estas energías en los últimos 25 años es impresionante”, afirmó.

También se refirió a la desazón global que generó la pérdida del derecho al aborto en Estados Unidos. “Se ha perdido la protección federal, pero muchos estados la conservan. Al ampliar la lente, uno ve que en Argentina, España y México, por mencionar algunos países, se ha ganado este derecho. Es decir, la panorámica más amplia es de ampliación de derechos, no de retroceso. Yo nací y me crié en un mundo sin este derecho. No hay tantas derrotas como parecen”, insistió.

Un problema para Solnit es estar rodeada “de gente que se rinde fácilmente”. “Mi trabajo es convencer a esta gente que no nos podemos dar el lujo de rendirnos, de la necesidad de una contrahistoria. La historia está llena de sorpresas. El pesimismo es fácil. Pero lo cierto es que el mundo cambia, no siempre es predecible y no siempre va a peor”, profundizó sobre la bandera de la esperanza

Escasez artificial

Gran parte de su disertación giró en torno al triunfo de “la ideología aislacionista”, perpetuada desde Silicon Valley, con tecnologías que están generando una “pandemia de soledad global” –niños que odian los teléfonos porque interfieren en la relación con sus padres, por ejemplo– y con un ChatGPT que es “un simulador de inteligencia muy poco fiable”. Contó que en Estados Unidos muchas empresas de salud usan la inteligencia artificial para decidir las coberturas que se aprueban y las que se rechazan. “Corremos el riesgo de que la inteligencia artificial nos lleve a la estupidez global”, analizó.

Y agregó: “Necesitamos un psicólogo o novio de la inteligencia artificial como si hubiese escasez de seres humanos. El capitalismo crea todo el tiempo escasez artificial, de eso se alimenta el capitalismo. Necesitamos construir el mundo de la escasez en un mundo de la abundancia. Esto es un proyecto contracapitalista. La escasez no es real. Hay un problema enorme de distribución”.

Calificó a los ultrarricos de “miserables”, de “hombres insaciables” que fomentan el aislamiento social y la desmemoria. “Elon Musk dice que no podemos permitirnos alimentar a niños hambrientos y cierra un departamento de ayuda internacional. Silicon Valley y la IA ya son un enemigo de la democracia y del clima”. Lo que los gigantes tecnológicos no saben, dijo Solnit intentando rebatir la supuesta perfección de la IA, es que “una buena carta de amor nunca la podrá escribir ChatGPT”.

“El neoliberalismo nos cuenta una historia reducida de nosotros mismos”

Sobre la necesidad de romper el circulo contagioso de la desesperanza, la escritora se aferró a la “enorme resistencia” de las personas más afectadas por el cambio climático, de quienes, cada vez con más frecuencia, pierden todo en catástrofes ambientales. Nombró el caso del huracán Katrina –que vale también para la DANA en Valencia–, donde la gente altruista y solidaria socorrió a sus vecinos antes de la llegada de los equipos de rescates y de las cámaras de televisión.  

“La gente no se siente poderosa porque está acostumbrada a esas películas de superhéroes en las que salvan al mundo. No vemos la historia más común, cómo las personas invisibles cambian el planeta”, razonó. “He aprendido que los medios no cuentan estas historias. Gente que en esos momentos de angustia ha encontrado sensación de comunidad, de conexión, de propósito, de vida pública. El neoliberalismo, al final y al cabo, nos cuenta una historia reducida de nosotros, pero somos capaces de construir historias más allá de la de simples consumidores privatizados”, resumió.

Fuente: https://climatica.coop/rebecca-solnit-charla-madrid/

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La empresa Uralita pagará la retirada de amianto de Cortijo del Cuarto: la Diputación vence la batalla judicial

Por: Caty R

Quien ha sido responsable de la contaminación de un suelo debe asumir también las labores para recuperar el terreno y garantizar la seguridad. La batalla judicial entre la Diputación de Sevilla y la antigua empresa Uralita por los efectos del amianto sobre la parcela en la que se ubicaba la fábrica de Cortijo del Cuarto se ha resuelto casi una década después a favor de la institución provincial. El Tribunal Supremo ha resuelto que la compañía debe pagar los gastos de todo el proceso de descontaminación que se llevó a cabo en 2015 y que ascienden a 379.000 euros más los intereses de demora.

La fábrica de Uralita S.A. (actualmente Corporación Empresarial de Materiales de Construcción) estuvo en funcionamiento en los suelos del Cortijo del Cuarto, en el barrio de Bellavista, durante varias décadas hasta su cierre definitivo en 1998. La actividad de esta empresa dejó los suelos contaminados por amianto en una zona además próxima a viviendas y a centros educativos como el CEIP José Sebastián Bandarán.Fue la Diputación Provincial, como propietaria de los terrenos, quien en 2015 inició un programa de actuaciones de descontaminación que se tuvo que realizar en varias fases para garantizar la máxima seguridad en la zona y que se dio por finalizado ese mismo año. Su coste fue de aproximadamente 379.000 euros que se asumieron a través de la agencia Sevilla Activa.

A continuación la Diputación Provincial inició un proceso judicial para recuperar este dinero y que lo asumiera de forma íntegra la empresa responsable de la contaminación. En primera instancia, en 2018, un juzgado de Madrid le dio la razón a la institución provincial, pero meses después, en 2019, la Audiencia Provincial de Madrid revocó el fallo al considerar que la reclamación de la institución sevillana estaba ya prescrita y que por tanto no cabía reclamación del coste.

Este fallo fue recurrido por la Diputación Provincial al Tribunal Supremo que en su sentencia ha dado por cerrado el caso, dando la razón a la Diputación y obligando a la empresa privada a asumir todo el coste y a abonar los intereses que se hayan podido generar resolviendo que quien había contaminado debía pagar el gasto para la retirada del amianto.

La clave está en la prescripción

El pulso judicial se ha centrado durante los últimos años en el plazo que se considera judicialmente para la prescripción. El Tribunal Supremo al igual que el primer juzgado que tramitó el caso consideran que se debe tomar como punto de referencia el año 2017, momento en el que la Junta de Andalucía certificó que los suelos se habían recuperado y que se había cumplido el objetivo de la descontaminación.Pero este no fue el criterio aplicado por la Audiencia Provincial de Madrid que consideró que la fecha que se debía tomar como referencia era 1996 cuando la empresa Uralita se disponía a dejar su actividad y ya se había constatado que había una contaminación por amianto en los suelos. De esta forma, cuando en 2013 se remitió la primera reclamación a la empresa el proceso ya habría prescrito.

«Sevilla Activa no pudo ser conocedora del coste de tales actuaciones de recuperación del suelo contaminado hasta que la administración competente, la Junta de Andalucía, certificó en junio de 2017 que los suelos cumplían el objetivo de descontaminación del amianto y quedó definitivamente fijado el coste de la reparación. Como consecuencia de ello, el día inicial del plazo de prescripción de la acción por la que la responsable subsidiaria repetía el coste de las obras de descontaminación contra la causante de la contaminación no pudo ser anterior al de esa certificación de la Junta de Andalucía. Por lo que cuando se interpuso la demanda la acción no estaba prescrita, como de hecho acredita que la concreción definitiva del coste económico se hiciera ya en la audiencia previa», recoge la sentencia del Tribunal Supremo.

Una acción pionera de seguridad para el entorno

La contaminación por amianto de los suelos de Cortijo del Cuarto, en Bellavista, generó una gran tensión y preocupación entre los vecinos de la zona durante años hasta que en 2015 se realizó la intervención por parte de la Diputación Provincial siguiendo las directrices de la Delegación Territorial de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. En los informes realizados en la época se apuntaba que cinco puntos de la parcela, ofrecían un valor de intervención por encima de los 100 miligramos por kilo baremados.

El proceso de recuperación garantizó a los vecinos de la zona todas las medidas de seguridad en cada una. Esta actuación «fue pionera» en Andalucía como recuerdan fuentes de la Diputación, y consistió en la retirada de la tierra contaminada, posterior análisis y comprobación, por parte de un laboratorio especializado, de que no había riesgo para la salud en los suelos ya descontaminados. Con los resultados favorables de este análisis, se rellenó con tierra de préstamo, es decir, sin contaminación de ningún tipo.

Tras esta actuación la empresa encargada del análisis, Inerco Inspección y Control SAU, l emitió un informe positivo en el que comunicaba que el rastro de amianto es ya indetectable en laboratorio. Además, la Diputación pidió a la Delegación de Medio Ambiente que se pronunciase expresamente en relación a la certificación favorable de Inerco de la recuperación voluntaria de los suelos. La Junta constató así que «los suelos cumplen con el objetivo de recuperación de amianto».

Fuente: https://www.elcorreoweb.es/sevilla/2025/06/02/empresa-uralita-amianto-sentencia-pago-diputacion-118037816.html

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Pueblos contra el extractivismo

Por: Caty R

La apropiación y mercantilización corporativa de los territorios y la naturaleza se está expandiendo en términos sectoriales, geográficos y políticos. Los megaproyectos extractivos vinculados a la explotación de minerales fundamentales, el desarrollo de grandes polígonos de energías renovables, macrogranjas agroindustriales, agronegocios y gigantescas infraestructuras de todo tipo adquieren un gran protagonismo como espacios preferentes para la acumulación de capital. Asimismo, las iniciativas clásicas de extracción minera e hidrocarburífera mantienen su carácter estratégico para el sostenimiento de la dinámica capitalista.

“No estamos planteando soluciones superficiales ante el implacable modelo capitalista, estamos planteando que mientras no se transformen las relaciones de explotación entre seres humanos y de los seres humanos con el mundo, no podremos vivir en igualdad de condiciones”

La apropiación y mercantilización corporativa de los territorios y la naturaleza se está expandiendo en términos sectoriales, geográficos y políticos. Los megaproyectos extractivos vinculados a la explotación de minerales fundamentales, el desarrollo de grandes polígonos de energías renovables, macrogranjas agroindustriales, agronegocios y gigantescas infraestructuras de todo tipo adquieren un gran protagonismo como espacios preferentes para la acumulación de capital. Asimismo, las iniciativas clásicas de extracción minera e hidrocarburífera mantienen su carácter estratégico para el sostenimiento de la dinámica capitalista.

El capitalismo define una relación mercantilista y de explotación de la naturaleza, al mismo tiempo que es incapaz de resolver las crisis energética, sanitaria, ecológica y socioeconómica que afecta principalmente a las clases populares de todo el mundo. Se trata de una etapa neocolonial y rentista del capitalismo donde la expoliación de la naturaleza a través del extractivismo, el poder corporativo y la militarización lideran una auténtica ofensiva sobre los distintos territorios, sobre todo en los países periféricos y semiperiféricos. A la base, existe una creciente disputa por los suministros de energía y materiales, que, en suma, continúan alimentando un consumo insostenible principalmente del norte, cuya base es la explotación de los recursos naturales que destruye los hábitats y beneficia exclusivamente a unas reducidas élites económico-políticas a escala global, nacional y local.

Los hidrocarburos y las materias primas clave para el desarrollo de los rubros de este renovado capitalismo verde militar y digital se concentran en localizaciones específicas, generalmente fuera de las fronteras de los Estados centrales con lo que, en la práctica, solo se trata de incentivar el extractivsmo y en concreto, a las grandes empresas mineras del mundo a explotar todo cuanto sea necesario para cambiar la fuente principal de recursos energéticos. Mientras, el discurso hegemónico disfraza esta fiebre extractivista bajo conceptos como neutralidad climática, transición verde y digital o en pactos políticos al estilo del Pacto Verde Europeo que solamente pinta de verde la voracidad del capitalismo.

Esta transición verde y digital solo ahonda en las desigualdades sociales a escala planetaria, al mismo tiempo que apuntala una matriz energética extractivista y acelera la superación de los límites biofísicos del planeta. Además, en términos geopolíticos, incrementa aún más el poder de las empresas transnacionales, azuza el régimen de guerra y profundiza en esta ofensiva neocolonial. De ahí que las grandes potencias se estén disputando el acceso y el dominio de las cadenas de suministros necesarios para sus economías, poniendo al servicio de esta estrategia un conjunto de dispositivos económicos, diplomáticos y militares. Sus intereses se despliegan a través de la firma de tratados de libre comercio e inversión, que vienen a constatar el modus operandi habitual de la globalización capitalista: mientras se promete todo tipo de beneficios sociales, laborales y salvaguardas ambientales para los países firmantes, estos no solo no revierten positivamente en las mayorías sociales, sino que, sus efectos les son devueltos en forma de graves impactos socioecológicos. Al mismo tiempo, proliferan los acuerdos sobre energía y materias primas a escala bilateral y regional, que solo nutren las cuentas de resultados de élites y grandes corporaciones, mientras esquilman a la clase trabajadora y a los pueblos. La militarización y consolidación del estado de guerra en muchos territorios estratégicos es ya una realidad palmaria dentro de esta ofensiva neocolonial.

La minería a pequeña o gran escala tiene consecuencias irreparables en términos de daños a la superficie de la tierra, la contaminación del aire, contaminación de las aguas superficiales y subterráneas, impactos sobre la flora y fauna y el desplazamiento de comunidades de sus territorios de origen mediante una violencia que solo replica la lógica colonizadora. Generalmente las actividades extractivas se hallan en zonas de alta sensibilidad ecológica como páramos, pampas, llanuras, mares, bosques, cuencas altas, nacimientos de fuentes de agua, además de lugares que son la base de una economía agro-productiva de largo plazo y donde los daños provocados terminan afectando la producción de alimentos de la población rural y urbana. El desarrollo de la mega minería, la industria petrolera o el agronegocio, significa continuar con la historia de saqueo de territorios y la imposición de no producir nuestros alimentos en el marco de la soberanía alimentaria sino al contrario favoreciendo a las grandes cadenas de producción alimenticio.

Si la transición ecosocial es necesaria e inevitable, esta debe sostenerse sobre una perspectiva de clase, popular y democrática, que decida el qué, el quién y el cómo avanzar en la misma. El extractivismo, como brazo fundamental del modo de producción capitalista, basado en la explotación intensiva y devastadora de la clase trabajadora, campesina y la madre tierra, genera graves impactos sociales, económicos, culturales y ambientales en las comunidades y territorios en todo el mundo. En este contexto, la autoorganización social y popular se convierte en una herramienta fundamental para la defensa de los derechos territoriales, la justicia ambiental y la construcción de una propuesta ecosocial alternativa que confronte al embate extractivista y su engranaje jurídico, político y empresarial. Es hora de pensar en otros futuros posibles más allá de este modelo de vaciamiento y despojo.

Frente al avance del enfoque privatizador y extractivista, desde las clases populares, campesinas e indígenas, existen otras formas de generar riqueza en nuestros territorios donde preexiste una enorme riqueza étnica y cultural, con potencialidades propias y respetuosas con la naturaleza. Abrir paso a otras formas de organizar la economía y la vida en común no pasa por delegar en los Estados aliados con el poder corporativo, ni por confiar en la buena voluntad de los propietarios de las grandes fortunas. Los límites mostrados por la acción de los gobiernos progresistas y los acuerdos interclasistas son más que evidentes, por lo que es necesario ir más allá: rearticular espacios globales, nacionales y locales protagonizados por organizaciones populares que fortalezcan una dinámica de conflicto y confronten explícitamente la hegemonía de las élites político-empresariales.

Sigue siendo clave una solidaridad internacionalista que articule a las comunidades en lucha y los pueblos en resistencia para enfrentar el orden capitalista, heteropatriarcal, colonial y ecocida. La única salida justa de la crisis será con los pueblos y la lucha popular en defensa de los territorios frente al poder corporativo, fortaleciendo propuestas alternativas y redes contrahegemónicas transnacionales que exijan y hagan efectivos los derechos de las mayorías sociales. En ese sentido, la idea de poder articular las luchas de los pueblos nace como luz para generar organización popular internacionalista y continuar las luchas territoriales uniendo esfuerzos y así cualificar y amplificar la lucha contra el extractivismo en todas sus formas, como uno los sectores de la lucha social más activos y que pone énfasis en las contradicciones del capitalismo.

La propuesta fundamental es la creación de una red o coalición internacional de los Pueblos contra el extractivismo, de carácter anticapitalista, antipatriarcal, anticolonial y por una justicia climática plantea. Las finalidades son:

1) Plantear estrategias comunes de lucha frente a las empresas extractivistas transnacionales. Éstas son el enemigo común frente al cual podremos responder con mayor impacto y fuerza desde este espacio internacionalista.

2) Conformar la unión de organizaciones populares que luchamos en contra de la minería y el extractivismo en todas sus formas, comprendiendo que estas son consecuencia directa de las dinámicas capitalistas a escala mundial. Partimos de la idea que no es posible luchar contra los efectos sin luchar contra las causas que están a la raíz del modelo económico que permite e incentiva todo tipo de relaciones de opresión, neocolonización y expoliación.

3) Establecer alianzas para contribuir a profundizar el análisis estructural e histórico de las causas del extractivismo, vinculadas al desarrollo de la modernidad capitalista, y que permita profundizar las respuestas políticas y de clase.

4) Impulsar la defensa del planeta, la vida presente en la flora y fauna, desde una óptica radicalmente de clase, de los pueblos oprimidos y en especial, aquellos que enfrentan las peores consecuencias ambientales y sociales de este sistema depredador.

Concretamente hacemos un llamado a todos los pueblos hermanos que nos encontramos luchando por un mundo nuevo, a unir nuestra voz de esperanza y articularnos a través de esta gran red o coalición internacional. Para lo cual, de forma determinada los primeros pasos sean:

Identificar en cada uno de nuestros países las luchas afines y articularnos con firmeza en la creación o fortalecimiento de alianzas amplias con organizaciones sociales, políticas y sindicales como un objetivo clave de la Red.

La apuesta por un internacionalismo ecoterritorial, pegado a redes comunitarias

– El rechazo activo a las lógicas bélicas y neocoloniales de expoliación e invasión.

Una composición diversa, enraizada en las luchas populares y que mire más allá de las fronteras estatales como único marco posible de acción política.

Para seguir profundizando en todo esto, convocamos a las organizaciones de base, pueblos en lucha y distintas resistencias anti extractivas a un encuentro internacional en el que se presentará esta articulación global, coincidiendo con la Cumbre de los Pueblos que tendrá lugar en noviembre de 2025 en Belém (Brasil).

Colectivo

Fuente: https://www.cadtm.org/Pueblos-contra-el-extractivismo

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Movimiento de justicia climática hace frente a contaminadores petroleros en Nigeria

Por: Caty R

ABUJA – A principios de mayo se congregaron en Abuja  más de 40 grupos de la sociedad civil de Nigeria para lanzar el Movimiento por la Justicia Climática, el primero  nacional de este tipo. El objetivo es aunar esfuerzos contra los efectos del cambio climático en este país y otros del continente, comenzando por los que provocan los contaminadores petroleros.

El Movimiento por la Justicia Climática en Nigeria forma parte de una iniciativa más amplia de Greenpeace África para crear nuevas alianzas y reforzar la acción colectiva en todo el continente.

Iniciativas similares se han puesto en marcha en la República Democrática del Congo, Camerún y Ghana y el movimiento promueve la colaboración entre grupos de base que abotan por soluciones sostenibles y la justicia medioambiental en África.

Al final del encuentro de dos días, los grupos firmaron el Pacto de los Contaminadores, en el que se pide a las empresas petroleras y gasísticas que asuman la responsabilidad por el daño medioambiental que han causado y causan con su explotación de hidrocarburos.

La explotación y exportación de petróleo es la principal fuente de ingresos y de divisas en Nigeria, el país más poblado de África, pero esa riqueza que ha determinado su economía desde los años 60, no se ha trasladado a sus más de 223 millones de habitantes y al menos 63 % vive en pobreza.

Al final del encuentro, también se emitió una declaración conjunta en la que se reafirmaba el compromiso de exigir responsabilidades a los contaminadores y garantizar que la voz de África se escuche en las negociaciones mundiales sobre el clima.

«La contribución de África a la crisis climática, en términos de contaminación, es tan mínima que es casi insignificante. Sin embargo, nuestras comunidades se encuentran entre las más afectadas», dijo Murtala Touray, director de programas de Greenpeace África.

Añadió que «mientras los países desarrollados se industrializaban, contaminaban el medioambiente y nos dejaban atrás. Ahora, incluso se resisten a apoyar a otras comunidades que trabajan para adaptarse y reducir el impacto del cambio climático en aras de nuestro bienestar y nuestros medios de vida».

Hablando sobre la importancia del movimiento en Nigeria, dijo que «la destrucción que estamos presenciando hoy exige actuar. Debemos levantarnos para proteger nuestro planeta, salvaguardar los medios de vida y la dignidad de nuestras comunidades y dejar un mundo mejor para las generaciones futuras».

Touray aseguró que «el lanzamiento del Movimiento por la Justicia Climática en Nigeria no es solo un evento puntual, sino que marca el comienzo de un largo viaje».

La maldición del petróleo en Nigeria

Friday Nbani, residente en el delta del Níger, una zona rica en petróleo, ha sido testigo de numerosos vertidos de petróleo. Para él, el petróleo, que en su día se consideraba una bendición, se ha convertido en una fuente de dolor y destrucción.

El delta del Níger está considerado una de las regiones más contaminadas del mundo. Décadas de extracción petrolera sin control han provocado vertidos de petróleo, quema de gas y la liberación de sustancias químicas tóxicas.

Todo ello ha envenenado la tierra y el agua, destruyendo los medios de vida y el medio ambiente. A pesar de la enorme riqueza generada por el petróleo, la región sigue siendo pobre, con ríos contaminados y la pérdida de importantes bosques de manglares.

Recientemente, el 5 de mayo de esre año, se produjo un nuevo derrame de petróleo en la comunidad de Ikata, en el estado de Rivers, en el delta del Níger.

Ocurrió a lo largo de un oleoducto de 14 pulgadas operado por Renaissance Africa Energy Company Ltd. (Raec). Esta empresa había comprado recientemente los activos de Shell en Nigeria en una operación de 2400 millones de dólares.

Ahora, Raec se enfrenta a una demanda. La comunidad de Bodo, en el área de gobierno local de Gokana, ha llevado a la empresa a los tribunales. Recuerdan que la limpieza de dos importantes derrames de petróleo ocurridos en 2008, causados por oleoductos operados por Shell, aún no se ha realizado adecuadamente.

Según diferentes informes, esos derrames vertieron más de 600 000 barriles de petróleo en sus aguas y dañaron grandes extensiones de bosques de manglares.

Los expertos afirman que fue uno de los peores derrames de petróleo del mundo, con unos 40 millones de litros de petróleo vertidos cada año en todo el delta del Níger.

Shell, una empresa petrolera antes neerlandesa y ahora británica que comenzó su extracción petrolera en el delta del Níger en 1956, está considerada una de las empresas más contaminantes de Nigeria.

Se le acusa de haber dañado el delta del Níger durante muchos años. Ahora, sus detractores afirman que está tratando de eludir su responsabilidad vendiendo sus activos.

Sherelee Odayar, activista de Greenpeace África contra el petróleo y el gas, se ha pronunciado en contra de esta medida.

«Durante décadas, gigantes petroleros como Shell han obtenido miles de millones en beneficios del suelo nigeriano, dejando atrás ecosistemas devastados y comunidades destrozadas», dijo.

Añadió que «las recientes investigaciones de los medios de comunicación que han sacado a la luz la negligencia de Shell en el delta del Níger son un ejemplo de la toxicidad y el egoísmo de las comunidades que han soportado durante generaciones».

Con la declaración del Movimiento de Justicia Climática, «enviamos un mensaje claro: la era de la contaminación descontrolada y la impunidad de las empresas ha terminado. Es hora de que los contaminadores paguen».

Shell atribuyó la mayor parte de los derrames a la interferencia ilegal de terceros, como el sabotaje y el robo de oleoductos. Dos comunidades han llevado a la empresa a los tribunales por los daños medioambientales.

Un portavoz de Shell afirmó que el litigio «no contribuye en nada a resolver el verdadero problema del delta del Níger: los derrames de petróleo debidos al robo, el refinado ilegal y el sabotaje, que son los que causan los mayores daños medioambientales».

Nbani, que dirige la Lekeh Development Foundation, una organización de base que defiende los derechos de la población, y apoya el Pacto Polluters Pay, cree que el Movimiento por la Justicia Climática puede ayudar a las comunidades a obtener justicia.

«Los derrames han afectado a nuestra salud, a la agricultura y a la pesca. Ni siquiera nuestras casas son seguras», dijo a IPS.

Añadió que «la gente está alzando la voz porque está sufriendo. Solo los que vivimos aquí lo entendemos de verdad. Pero el gobierno sigue hablando de producir más petróleo. Nos sentimos olvidados. ¿Cuánto tiempo más podemos vivir así?».

Un movimiento impulsado por la población

«Creo que la solución es el poder del pueblo. La gente tiene que darse cuenta del poder que tiene. Movimientos como el Movimiento por la Justicia Climática son importantes porque ayudan a la gente a entender su derecho a controlar sus recursos. Si algo es tuyo, debes tener control sobre ello», consideró Nbani.

Le entusiasma que el movimiento esté liderado por comunidades de base, activistas y grupos de la sociedad civil directamente afectados por la crisis climática. Añadió que esto permite a los más afectados organizarse, impulsar la justicia medioambiental y exigir responsabilidades a los contaminadores.

Cynthia Moyo, responsable de la campaña sobre clima y energía de Greenpeace África, afirmó que es esencial poner en marcha un movimiento popular por la justicia climática en Nigeria, dado el importante papel que desempeña el país en la crisis climática.

«El futuro climático y energético de Nigeria depende en gran medida de la voluntad política, la cooperación regional y una inversión significativa en energías limpias!, dijo a IPS.

A su juicio, «las decisiones que tomemos en esta década determinarán si nos convertimos en un continente resistente al clima con una economía estable o si seguimos atrapados en los riesgos y la inestabilidad de la dependencia de los combustibles fósiles».

«Es esencial que iniciemos una transición justa de los combustibles fósiles a las energías renovables», subrayó.

Si bien el Movimiento por la Justicia Climática está impulsado por la población, Tolulope Gbenro, consultora de impacto social, destacó la importancia de la participación de los jóvenes.

«El cambio climático nos afecta a todos, y el movimiento por la justicia lucha tanto por el presente como por el futuro. Los jóvenes no son solo los líderes del mañana, sino también del hoy. Si no participan en las decisiones que afectan al clima, su futuro y el del planeta estarán en peligro», afirmó.

Esperanza en la oscuridad

Harry Dandyson, defensor de los derechos humanos y residente en el delta del Níger, quiere que el gobierno imponga impuestos a los contaminadores petroleros para que rindan cuentas por los daños que han causado.

Aboga por dejar el petróleo en el suelo y centrarse en soluciones sostenibles, como las energías renovables.

Para este activista, el Movimiento por la Justicia Climática representa una esperanza en la oscuridad, ya que tiene como objetivo empoderar a las comunidades para detener la producción de petróleo y promover alternativas energéticas respetuosas con el medio ambiente.

«Presionar a los contaminadores del petróleo para que asuman la responsabilidad financiera por el daño medioambiental será eficaz».

Subrayó que «una de las principales preocupaciones que tenemos aquí en Nigeria es la actitud indiferente del gobierno hacia la aplicación de las políticas y los tratados que firma. Cuando los gobiernos no toman medidas, seguimos enfrentándonos a estos problemas».

Sin embargo, consideró, «con el Movimiento por la Justicia Climática, a medida que empezamos a presionar y avergonzar a los contaminadores, especialmente a las empresas petroleras internacionales, los ministerios gubernamentales y las entidades paraestatales cómplices de estas prácticas, creo que las cosas cambiarán».

«Nombrar y avergonzar a estas entidades ayudará a llamar la atención necesaria sobre estos delitos medioambientales», señaló Dandyson.

Al final del encuentro en Abuja, los participantes presentaron su próxima línea de acción, que emprenderán de inmediato en sus comunidades.

Entre ellas figuran una intensa campaña para la limpieza del delta del Níger, la celebración de reuniones municipales para ayudar a los miembros de la comunidad a comprender sus derechos y una campaña de rendición de cuentas sobre la utilización de los fondos destinados a combatir la desertificación, la erosión de los barrancos y las mareas oceánicas.

T: MF / ED: EG

Fuente: https://ipsnoticias.net/2025/06/movimiento-de-justicia-climatica-hace-frente-a-contaminadores-petroleros-en-nigeria/

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La salud, el medio ambiente y el SARScoV2

Por: Caty R

Muchas cosas han hecho los grandes empresarios y sus representantes, los políticos, para que la opinión pública no relacione la salud con el medio ambiente, para que no establezca las ligas entre muchas enfermedades y el aire, el agua y los suelos contaminados, para que no vea ligas entre los alimentos industrializados que comemos, los transportes que utilizamos y las muchas muertes por cáncer, diabetes, males cardiacos y otros padecimientos que tenemos en el país.

El gran negocio es curar grandes padecimientos y enfermedades y fabricar productos a costa del medio ambiente y el equilibrio ecológico y la salud de la población, por lo que no les conviene una política para la reducción las causas que producen estas desgracias.

Se ha fomentado el deporte, sobre todo el deporte competitivo y espectacular; el ejercicio, sobre todo el que requiere equipos, aparatos y tecnología; el consumo de suplementos alimenticios y vitaminas y desde luego las visitas frecuentes a médicos, expertos y gurús que recomiendan dietas, terapias y otros productos que promueven las grandes empresas farmacéuticas.

Se ha impuesto la idea de que la salud es solamente un asunto individual y de servicios médicos que no tiene mucho que ver con el agua, el aire y el suelo limpios o con la calidad de los alimentos que nos vende la industria transnacional.

El enorme poder de las empresas globalizadas ha podido mantener separadas, por muchas décadas, las políticas de salud, de las políticas del medio ambiente, por medio de su virtual aniquilamiento, por medio de la imposición de criterios económicos, especialmente financieros.

En los últimos 50 años, la salud se ha convertido en uno de los mayores negocios del mundo por triple partida: por el creciente número de enfermos que producen la enorme contaminación del aire, el agua y los suelos; por el costo enorme para hacer frente a las nuevas enfermedades y padecimientos generados por las contaminaciones que produce la industria y los servicios; por el abandono de las actividades para la prevención de enfermedades y la limpieza del medio ambiente.

Se sabe desde hace más de un siglo que la prevención de enfermedades puede reducir a la quinta parte el costo de curarlas, también que la prevención de los desastres y las catástrofes puede reducir en la misma proporción el costo en vidas, sufrimiento y destrucción de viviendas y edificios, sin embargo, la prevención de cualquier tipo estorba a los negocios de los grandes inversionistas, razón por la cual hace más de medio siglo tomaron el control de la profesión médica y desde hace varias décadas han tomado el control de una buena parte de la política de salud de una gran cantidad de países y de la política de medio ambiente y la de prevención de desastres. Los lobos al cuidado de las ovejas.

Estamos en las garras de un sistema que crea a la vez la muerte y la enfermedad para la gran mayoría, con el fin de dar salud y larga vida a muy pocos, con el gran apoyo de la investigación científica y tecnológica al servicio del poder y el dinero.  

Hace muchas décadas los gobiernos, por presiones de los banqueros internacionales, abandonaron las políticas de prevención de enfermedades y las de la protección del medio ambiente y la preservación de la diversidad biológica. En cambio se realizaron crecientes inversiones en la curación de enfermedades y padecimientos muy difíciles y la introducción de tecnologías muy costosas para la protección del ambiente y la biodiversidad. 

La productividad, la competitividad y el crecimiento económico se instalaron como dogmas mayores, la economía se convirtió en una religión y la ciencia y la tecnología se transformaron en un culto que puede resolver todos nuestros males.

Desde los gobiernos se protegió la utilización intensiva de productos químicos en la industria agropecuaria; se dieron generosos subsidios para lograr el crecimiento exponencial del uso del auto, el avión y los trenes de alta velocidad; se defendieron los alimentos chatarra que producen las empresas globalizadas, incluyendo el enorme costo en empaques, embalajes y transportes y se ampararon los grandes despilfarros en el consumo de electricidad, gas, carbón y petróleo. Se entregó el control de la salud y del medio ambiente a técnicos y científicos al servicio de las empresas globalizadas. 

La pandemia del coronavirus o SarscoV2 ha dejado en claro que la salud, el medio ambiente y el equilibrio ecológico están muy íntimamente relacionados, por lo que no se puede defenderlos sin tomar en cuenta sus complejas relaciones. También ha dejado en claro que la productividad, la competitividad y el crecimiento económico no deben ser utilizados como criterios principales para hacer decisiones importantes sobre la salud, el medio ambiente y el equilibrio ecológico, especialmente para la prevención de la salud tanto de los seres humanos como de las demás especies sobre la tierra.

La economía debe ser relegada tan pronto como sea posible a un papel muy inferior al que ha tenido en las últimas décadas, al igual que su principal aliada, la ciencia y la tecnología de los países poderosos que persiguen principalmente la búsqueda del poder y el dinero. 

La salud, la ecología y el medio ambiente de la gran mayoría de los países del mundo están en ruinas debido a la sacralización que se les ha dado a las actividades económicas, científicas y tecnológicas en las últimas cuatro décadas.

Los desastres, las catástrofes, como la que vivimos por la pandemia del Sarscov2, se hacen cada vez más frecuentes por la devastación creada por la industria y los servicios.

El colapso del clima hace muy previsible la multiplicación de las crisis sanitarias, económicas y políticas.

Crece entonces el consenso mundial sobre la urgencia de colocar a la protección y defensa del clima, la ecología y el medio ambiente, por encima de cualquier otra consideración y de reducir radicalmente la importancia de las consideraciones económicas, por medio de profundos cambios políticos tanto en la autonomía o las libertades de la que ahora gozan las actividades económicas y tecnológicas como en la excesiva centralidad que ahora tienen los organismos monetarios, económicos y políticos mundiales, controlados por una pequeña minoría de inversionistas.

No puede haber buena salud sin aire limpio, sin agua limpia y sin suelos limpios. No bastan el ejercicio, el deporte, el consumo de suplementos y la atención médica para tener buena salud, es indispensable tener una diversidad biológica en crecimiento, un medio ambiente limpio y un clima estabilizado.

Nuestro país tiene demasiadas atmósferas contaminadas, en el campo por los pesticidas y la industria, en la ciudad, por el uso excesivo del auto y el transporte en general.

No podemos tolerar que siga este estado de cosas. Ya basta de contaminaciones y destrucción de los regalos de la naturaleza.

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«Me da miedo que mis hijos vivan en un mundo en el que no se respete la ciencia»

Por: Caty R

Isabel Moreno (Madrid, 1992) es una de las figuras más destacadas dentro del mundo de la comunicación medioambiental. Graduada en Física y especializada en Meteorología y Geofísica, es una de las estrellas del programa Aquí la tierra, de TVE, que presenta junto a Quico Taronjí los domingos y en el que acerca la información meteorológica con un tono ameno y cierto desparpajo.

Pero su actividad divulgativa no acaba ahí: entre otras cosas, Moreno trata de aportar su granito de arena en aquellas redes donde reinan las fake-news, como Instagram o TikTok. Ella, sin embargo, es uno de los tantos perfiles de referentes científicos que se han ‘bajado del carro’ de X, una de las plataformas en las que más acoso ha recibido por parte de cuentas de negacionistas del cambio climático, a las que la red no pone límites. Pero no es un caso aislado: según un estudio de Science Media Centre, en los últimos años al menos la mitad de los científicos —y, en especial, las científicas— de España han recibido ataques tras hablar de cuestiones como el clima.

Incesante en su labor, la meteoróloga publica ahora, de la mano de Plan B, sello de Penguin Random House, Atmósfera de bulos, libro en el que desmonta uno por uno los argumentos negacionistas más frecuentes en torno a la emergencia climática.

¿Cree que la ‘nube negacionista’ ha acabado haciendo mella en la sociedad española?

Este sector hace mucho ruido y mucho daño, pero es muy residual, muy pequeño. Sin embargo, a mí me ha llegado a ocurrir que un vecino me suelte en el ascensor un comentario negacionista que yo creía que era fácil de identificar como bulo. Es entonces cuando una se da cuenta de que la gente no necesariamente está sabiendo identificar estos bulos.

Por otro lado, somos muchas las personas que estamos dando un paso a un lado y hemos dejado de comunicar ciencia en redes sociales ante los mensajes cada vez más agresivos que hay por parte de este sector, y eso es muy peligroso. Yo no imaginaba la posibilidad de recibir amenazas de muerte por hablar de cambio climático. Da la sensación de que muchos divulgadores estamos empezando a hacer contenido para rebatir los bulos que se sueltan en vez de estar marcando nosotros los temas de los que se van a hablar. Eso también muestra la mella que ha hecho este sector. 

En aras de desenmarañar todas esas confusiones que se han podido crear en la población después de tanto ‘machaque’ negacionista: ¿Qué cosas sobre la crisis climática se pueden afirmar con rotundidad y en qué cosas sí que hay debate o dudas dentro del propio mundo científico?

Se puede afirmar con rotundidad que el cambio climático existe, que está causado por el ser humano, que es grave, y que no lo podemos detener con facilidad. De hecho, hay cosas que no podemos detener hagamos lo que hagamos, como la subida del nivel del mar. ¿Dónde hay debates? Pues a un nivel más específico. Por ejemplo: si perdemos todo el hielo que tenemos en el Ártico, ¿qué va a pasar con la dinámica atmosférica? ¿Vamos a tener más nevadas en el norte de Europa? ¿No? Y ojo, se trata de un debate científico, por lo que tiene una base científica y está basado en estudios y en datos. U otros no científicos, como ¿cuál es el modelo que queremos para mitigar los peores escenarios del cambio climático y adaptarnos a esta nueva realidad? 

¿Cuáles diría que son los tres argumentos negacionistas que más se repiten?

El de que ‘el clima ha cambiado siempre’, el de que ‘en la Edad Media hizo más calor que ahora’ y el que señala que ‘el CO₂ es solo el 0,04 % de la atmósfera’ o aquel que sostiene que ‘el CO₂ es bueno para las plantas’.

Los argumentos negacionistas que más se repiten son aquellos que son verdades a medias. Es decir, es verdad que el clima en la Tierra siempre ha cambiado, pero ahí hay que añadir un pero muy largo

¿Por qué diría que son los más populares? ¿Qué tienen para ‘triunfar’?

Que son verdades a medias. No son falsos del todo. Es decir, es verdad que ha habido cambios climáticos en el pasado y que el clima en la Tierra siempre ha cambiado, pero ahí hay que añadir un pero muy largo. El CO₂ solo representa el 0,04% de la atmósfera, y es verdad, pero hay que explicar por qué ese 0,04% es una cantidad impresionante dentro del mix de gases que tenemos en la atmósfera. En la Edad Media hizo más calor que ahora. ¿Dónde? ¿En qué parte concreta del planeta? Respecto a que el CO₂ es bueno para las plantas es lo mismo: tiene efecto fertilizador en las plantas, pero necesitan otras cosas. Como son medias verdades, circulan con más facilidad.

Otro que es especialmente peligroso es el de ‘se excluye a los científicos que opinan diferente’ o ‘no hay un verdadero consenso’ porque desde ahí se puede negar cualquier cosa. ¿Se excluye a los que piensan distinto?

Es que hay muy pocos que ‘piensan’ distinto, y no se trata de ‘pensar distinto’. Es decir, cuando hablamos de consenso científico, hay personas que deben de creer que esto consiste en acercarse a una mesa donde hay un montón de científicos sentados, y que se les pregunta, uno a uno: ‘a ver, ¿tú qué opinas?’, ‘¿y tú?’, ‘¿y tú?’. 

Cuando hablamos de consenso en el ámbito del cambio climático tenemos la suerte de contar con un organismo como es el IPCC [Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático] que se encarga de analizar los estudios que hay. Se analizan miles y miles de estudios, y el porcentaje de ellos que llegan a una conclusión distinta a lo que se está observando es irrisorio. No se excluye a los que ‘opinan’ distinto, pero lo que tampoco se puede hacer es crear un falso balance. Si hay un 99,9% de estudios que dicen que algo está ocurriendo, y un 0,1% que dicen que no, con altísima probabilidad, está ocurriendo. Otra cosa importante es que estamos considerando estudios fiables, no estudios que hace cualquier persona en su casa con un termómetro. Eso no es un estudio fiable. 

Con esto se me viene a la cabeza la frase de: ‘Si tú estás frente a un puente colgante y te dicen que con un 99,9% de probabilidad se caerá si lo cruzas, y con 0,1% de probabilidad eso no ocurrirá, ¿lo cruzas o no lo cruzas?’

No lo cruzas, claro. Y hay otros asuntos científicos donde hay muchísimo menos consenso. La gente que está llegando a estos resultados está especializada en el tema. Son estudios rigurosos, que han seguido un procedimiento, y que no son imbatibles. De hecho, la ciencia se construye así: tú haces experimentos que se pueden replicar y que puedes demostrar que están mal hechos en el caso de que estén mal hechos.

Además, lo bueno que tenemos con el IPCC es que cuando tú abres los informes, tienes siempre al lado de todo lo que dicen el margen de error que hay, el nivel de consenso que hay. Por eso puedes saber que el cambio climático está ocurriendo, que el planeta se ha calentado, y que no hay duda de que eso ha sido así, como tampoco hay duda de sus causas, pero no sabemos exactamente cuándo puede colapsar la corriente atlántica. En este aspecto, por ejemplo, no tenemos un gran consenso a día de hoy.

No creo que las personas que difunden este tipo de mensajes sean unas ‘gandulas’ o que sean tontas. Y creo que tratarlas de esa manera es un error y es peligroso 

Hace un par de semanas, Andreu Buenafuente dijo en televisión que el motivo por el que él pensaba que triunfaban las ideas negacionistas era que ‘son argumentos para gandules’: que el mundo es extremadamente complicado y que lo fácil es creerse alguna de estas teorías. ¿Qué opina de esta declaración?

No coincido del todo. En las cosas en las que sí coincido es en que el mundo es demasiado complejo y que es verdad que los argumentos negacionistas sirven como una respuesta muy fácil para explicar esas cosas complejas. También por eso tienen tanto éxito. Sin embargo, yo no creo que las personas que difunden este tipo de mensajes sean unas ‘gandulas’, o que sean tontas. Y creo que tratarlas de esa manera es un error y es peligroso. Ahora mismo estamos viendo cómo esa gente se ha agrupado, sobre todo, a partir de la pandemia, pero hay que plantearse también por qué se unieron. Entonces lo que menos podemos hacer es excluirles y tratarles de tontos. Este tema es también lo suficientemente complejo como para reducirlo a que estas personas son unas gandulas. 

Psicólogos especializados apuntan a que, en muchos casos, el negacionismo es un fenómeno que tiene que ver con una cuestión identitaria, entre otras cosas.

Sí, y además es algo que está relacionado con una forma de ver el mundo en la que no hay grises. Es decir: todo es o blanco o negro. Además, llegar a asumir uno mismo que no se puede saber de todo, y que por tanto debería fiarse de la gente que sabe del tema, puede ser algo muy complicado. Pero aquí hay una vuelta de tuerca más, y es que tienes a personas que han perdido la confianza en quienes saben del tema y en organismos oficiales. Trabajar con esto es superdifícil, porque necesitamos tener confianza en, al menos, los organismos oficiales relacionados con la ciencia, pese a que siempre podemos sacarles alguna pega. Tenemos que poder confiar.

Usted, junto a otras compañeras, vivió un acoso severo por parte de este sector el año pasado.

Con la publicación del libro se me vuelve a remover un poco. Fueron momentos de mucha ansiedad y miedo, porque como trabajo en la televisión, la gente me reconoce, sabe quién soy. Y cuando se me quedaba alguien mirando ya me entraba la duda de si se trataba de una de esas personas que me estaba amenazando en Internet. Desde entonces hasta ahora no es solo que no estemos mejor, sino que estamos peor, porque las redes sociales han tomado una deriva en la que consideran que todas las opiniones son válidas, incluso en cosas que no son opinables. 

Si tú llegas a creer que es que ‘hace el mismo calor que siempre’, tú no tomas medidas para protegerte ante el calor. Y cuando tú eres la persona encargada de tomar esas medidas para proteger a la población y compras estos discursos, la salud de la gente está en tus manos

¿Cómo de grave le parece esta deriva teniendo en cuenta la urgencia que se requiere ante la emergencia climática?

Cada minuto que no actuamos es una oportunidad perdida, y la crisis climática es algo muy grave porque sus efectos van más allá de que pases un poquito más de calor en verano. La gente se muere de calor. Entonces si tú llegas a creer que es que ‘hace el mismo calor que siempre’, no tomas medidas para protegerte. Y cuando tú eres la persona encargada de tomar esas medidas para proteger a la población y compras estos discursos, la salud de la gente está en tus manos. 

El hecho de que ahora mismo en las redes no se proteja el mensaje de la ciencia y que se ponga al mismo nivel quienes ‘opinan’ a lo que dice la ciencia, está haciendo que la gente que habla de ciencia se aparte. El mensaje que queda, entonces, es el del sinsentido, la sinrazón, y los bulos. Y encima no tienes con quién contrastarlo, porque la gente que sabe del tema se está yendo. Por ejemplo, una de las cosas que ha hecho Trump al llegar al gobierno ha sido meter un enorme recorte a la NOAA y a la NASA.

En el libro explica que, pese a lo que se presuponía en los inicios, en general, no es recomendable dejar campar a sus anchas estas ideas negacionistas. ¿Atmósfera de Bulos puede servir de herramienta para que la ciudadanía pueda reaccionar ante la desinformación?

Definitivamente. Eso es lo que busca este libro. Es necesario que la gente esté preparada para lo que viene y que sepa de nuestra voz qué es lo que se puede encontrar. Es la llamada ‘vacunación preventiva’: cuando hay un bulo que es esperable que aparezca, lo mejor es que tú te anticipes a su llegada. De esa manera, cuando lleguen, ya la gente va a saber dónde está la trampa.

Está pensado para la población general y para los que puedan tener algunas dudas, pero no es un libro para el sector negacionista, ya que este sector tiene sus propias particularidades. Para ellos hay que hacer otro tipo de trabajo. Yo últimamente cuando me encuentro a alguien de este sector lo que hago es preguntarles el porqué. ‘La Agenda 2030…’ ¿Por qué? ‘Es que la ONU…’ ¿Por qué crees que la ONU…?’.

Este libro se lo dedica a sus hijos. Dice que le mueve mucho pensar en su futuro a la hora de divulgar sobre estos temas. 

Sí, y lo llevo mal porque hay cosas que para mí no tienen sentido que para ellos sí, como que haya árboles que estén floreciendo a finales de enero en Madrid. Es algo que para mí no es normal, pero para ellos sí, porque ya han vivido así toda la vida. Los fenómenos meteorológicos extremos me preocupan también, o el tipo de adaptación que van a tener. Y, sobre todo, me da miedo que vivan en un mundo en el que no se respete la ciencia.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/isabel-moreno-fisica-meteorologa-da-miedo-hijos-vivan-mundo-no-respete-ciencia_128_12336286.html

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14 minutos de silencio por Fukushima

Por: Caty R

Han pasado 14 años desde la tragedia que azotó a Japón y al mundo, la triple catástrofe de Fukushima (terremoto, tsunami, explosión nuclear) que como un efecto dominó provocó que miles de personas fueran desplazadas de sus hogares y más de 2.000 perdieran la vida, y cuyos ultimas piezas no han caído, debido a que en años más recientes aguas contaminadas con tritio, desecho radiactivo que produce la limpieza de la planta nuclear, han sido liberadas en el mar, causando que cientos de pescadores pierdan su manera de ganarse el sustento.

Además del agua contaminada del reactor nuclear que ha sido causa de fuertes críticas dirigidas a Japón y el embargo comercial que China impuso a sus productos marítimos y  que aun perdura después de 2 años, debido a su decisión de liberarla en el mar,  también existen al menos 14 millones de metros cúbicos de tierra contaminada por la radiación. La Agencia Internacional de Energía Nuclear ordenó al Gobierno de Japón hacer algo con ella antes del año 2045.

El día 24 de mayo del año presente, de acuerdo a un artículo publicado por el periódico Japan Today,  en un acto parecido al que hizo su predecesor Fumio Kishido cuando consumía el pescado de la zona de Fukushima, el nuevo primer ministro Ishiba Shigeru anunció sus planes de usar esa tierra en las jardineras de edificios del Gobierno para demostrar que es segura. Si se llegase a probar que si es segura, tal como afirma el primer ministro, la tierra pasaría a ser usada en otros proyectos de infraestructura tales como vías de tren, caminos, muros costeros, rompeolas y tierras de cultivo. Este nuevo plan surge después de fuertes oposiciones que recibió el plan de usar la tierra contaminada para expandir parques públicos.

Mientras las acciones del Gobierno continúan perjudicando a la prefectura de Fukushima y al pueblo japonés en general, sus discursos continúan siendo contrarios a estas, tal fue el caso del día 11 de Marzo del año presente, el nuevo primer ministro de japón, Ishiba Shigeru, dirigió un minuto de silencio por Fukushima, fue la primera vez que dirige la ceremonia, de acuerdo con el artículo que NHK japón publicó el día de la ceremonia, durante esta hablo sobre tristeza que le provoca pensar en las vidas que se perdieron durante la tragedia y juró que pasará el recuerdo a futuras generaciones. También dijo que el proceso de decomiso continuará, que hará que la vida vuelva a ser posible en Fukushima y que los residentes puedan regresar a casa.

Claramente el optimismo de las palabras de Ishiba no reflejan la realidad que viven los trabajadores de la planta nuclear, si bien los niveles de radiación han descendido en estos 14 años al punto de que es posible caminar por varias áreas de la zona de cuarentena usando únicamente una mascarilla y ropa normal.  Es una historia diferente  para quienes tienen que adentrarse en los edificios del reactor para recoger escombro, ellos requieren protección máxima, la cual consiste de una máscara facial completa con filtros, guantes y calcetas con múltiples capas, protectores para los zapatos, un  traje de hazmat que lo cubre todo con capucha, una chaqueta a prueba de agua y un casco.

Los trabajadores que se adentran al reactor para poco a poco recoger al menos 880 toneladas de escombro y combustible derretido, de acuerdo a un artículo que publicó associated press, los trabajadores, nerviosos y apurados debido a que no es seguro permanecer mucho tiempo dentro de los edificios,  se enfrentan a niveles dañinos de estrés psicológico por no mencionar los peligrosamente altos niveles de radiación.

En noviembre del año pasado un robot a control remoto sufrió muchas fallas mientras emprendía el mismo viaje que hacen los trabajadores y únicamente logró regresar con un pedazo minúsculo de combustible derretido, lo cual el jefe en general de la de-comisión, Akira Ono califica como una victoria, ya que provee invaluables datos que servirán para entender la naturaleza de este tipo de escombro, lo que algún día facilitara la recolección de este cuando mayores esfuerzos sean iniciados, sin embargo más muestras son requeridas para poder empezar, en el año 2030.

Todo parece indicar que el primer ministro Ishiba también sobreestimó la disposición de los antiguos residentes de la zona de Fukushima a algún día regresar, en el pueblo de Futaba, ubicado al noroeste del reactor número 1 de la planta nuclear de Fukushima daiichi, solo habitan 180 personas, 3% de la población que tenía antes del 2011. De acuerdo al artículo publicado por el medio japonés Asahi Shimbun, todos los habitantes de la ciudad conservan su ciudadanía gracias a un permiso que se les dio en el 2012, haciendo que la cifra oficial de habitantes sea 5.300, de los cuales 97% residen en otro lado, aun si no lo hicieran únicamente es habitable el 15% de una ciudad de 51,4 kilómetros cuadrados. No muestran interés en regresar ya que iniciaron sus vidas en otro lado o son demasiado viejos para trasladarse.

La gente que habita en Futaba, ya sea por que regresaron ahí, o por que respondieron la invitación del gobierno municipal a mudarse al pueblo con la promesa de un subsidio de 2 millones de yenes, se enfrentan a grandes desafíos a diario, tales como la falta de escuelas, sus hijos tienen que viajar al pueblo vecino para asistir a las escuelas primarias y secundarias, además no existen lugares para que estos jueguen. Lo mismo ocurre a la hora de comprar víveres ya que el pueblo no cuenta con supermercados, solo hay una clínica médica que tiene capacidades limitadas y opera pocos días de la semana. De acuerdo con encuestas emitidas por Asahi Shimbun, son pocas las familias que tienen planes de quedarse más de 5 años.

14 años desde la triple tragedia y las acciones del Gobierno del partido liberal demócrata y la TEPCO continúa estando lejos de ser para los mejores intereses del pueblo japonés, no importa que tantos primer ministros dirijan que tantos minutos de silencio cada 11 de Marzo. 

Fuentes:

.https://www.asahi.com/ajw/articles/15722037

.https://japantoday.com/category/national/japan-mulls-reusing-fukushima-cleanup-soil-at-pm-office-grounds

.https://gizmodo.com/japan-puts-slightly-radioactive-soil-in-prime-ministers-flower-beds-to-show-its-safe-2000608302

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La hipernormalización ante el colapso

Por: Caty R

Vivir dentro de una ficción

En su estudio sobre los últimos tiempos de la Unión Soviética, Todo era para siempre hasta que dejó de existir, publicado originalmente en 2005, el antropólogo ruso Alexei Yurchak (2024) acuñó un concepto fundamental para entender las formas de vida atrapadas en sistemas moribundos: la hipernormalización. En ese contexto, el aparato estatal, los ciudadanos y las estructuras sociales sabían —en diversos grados— que el sistema soviético ya no funcionaba. La retórica oficial se había vaciado de sentido. Se había convertido en una ficción absurda. Sin embargo, todos continuaban actuando como si el orden vigente aún tuviera vigencia. No porque creyeran en él, sino porque no se podía imaginar otra cosa que aquel régimen que hacía aguas por todas partes, aunque todos disimularan y simularan que no era así. La falsedad era hipernormal. El absurdo se volvió rutina. El colapso del sistema, aunque visible en múltiples señales, fue vivido como algo impensable, inconcebible, inimaginable.Como ha subrayado Iván de la Nuez (2024), el estudio de Yurchak rastrea aquellos ecos de la vida cotidiana que acompañaron la hecatombe del socialismo tardío, marcados por un curioso fenómeno: en lo grande y en lo pequeño la gente se acercó al precipicio convencida de que su mundo era inmortal. Que ese mundo estaba apuntalado «para siempre», como las grandes estatuas del realismo, los discursos grandilocuentes, los desfiles infinitos, los planes monumentales, las conquistas en la estratosfera, la inmersión en la carrera nuclear, los éxitos deportivos. Pura apariencia. De modo que cuando el sistema soviético empezó a agonizar, pese a los síntomas cada vez más elocuentes, su desaparición no cupo en la cabeza de la sociedad ni en la de sus élites: «Más bien al contrario, ese desplome sucedió a la sombra de un pacto implícito entre la Nomenklatura y la gente común para desviar la mirada y seguir con la inercia». Para De la Nuez, semejante indolencia, compartida ante el desastre, es descrita con un término inequívoco: hipernormalización. El lema de aquella hipernormalidad, de aquella aparente inmutabilidad bajo la que todo se estaba transformando, parecía ser este: «que nada cambie para que todo cambie». Sin embargo, y he ahí otra paradoja destacada por Yurchak (2024:20), «si bien la caída del sistema era inimaginable antes de que comenzara, no sorprendió a nadie cuando sucedió».

Como prosigue De la Nuez, en el mundo capitalista el crack financiero de 2008 encendió todas las alarmas y planteó la duda sobre la extendida superstición de que el capitalismo sería, también, «para siempre». Fue entonces, que el cineasta y escritor británico Adam Curtis adaptó en 2016 el concepto de hiperrealismo en un documental, sobre la crisis del capitalismo tardío, titulado HiperNormalisation. En el documental, Curtis explica y argumenta cómo, desde los años setenta del siglo pasado, gobiernos financieros y tecnoutópicos han construido un auténtico «mundo mentira», dirigido por corporaciones y mantenido estable por los políticos. Pero, a diferencia de Yurchak, que busca en el subsuelo de lo visible, Curtis se mueve por lo evidente y epidérmico, por imágenes que los medios bombardean sobre nosotros. Como sucedió en la Unión Soviética, el sistema no sabe o no quiere saber de su desplome, que es bien real y se manifiesta en múltiples evidencias. De ahí tanto negacionismo promovido por el poder. El sistema en crisis terminal no se quiere conocer a sí mismo, pues se ha basado en la fe en su eternidad, en estar hecho para siempre: «Por eso, la hipernormalización —un concepto fértil donde los haya— nos sirve para entender las crisis respectivas del comunismo, del capitalismo y de lo que hoy se ha dado en llamar mundo postdemocrático.» (De la Nuez, 2024). El porvenir del capitalismo era radiante y también se nos anunció que era para siempre, pero cada día que pasa se atisba más su hundimiento, su finitud, es decir, su colapso.

Como sintetiza Miguel Cane (2025), el concepto de hipernormalización posee una relevancia en la sociedad contemporánea tan acusada que parece haber sido inventado ayer. Para este autor «el concepto describe un fenómeno en el que la realidad se vuelve tan compleja, caótica y absurda que las personas, incapaces de comprenderla o cambiarla, optan por aceptar una versión ficticia y simplificada de la misma. Es una especie de pacto colectivo: todos sabemos que el sistema está podrido, pero fingimos que no es así para poder seguir adelante. Yurchak lo llamó “hipernormalización” porque, en lugar de normalizar, llevamos la ficción a un nivel hiperbólico, donde la mentira se convierte en la norma (…) La hipernormalización no es solo un concepto académico; es una realidad cotidiana, un mecanismo de supervivencia en un mundo que parece decidido a implosionar.»Por eso sostenemos que ese mismo mecanismo psicosocial de hipernormalización se ha redefinido a escala global en el presente. Hoy, en medio de un colapso civilizatorio multidimensional —climático, energético, económico, institucional, cultural—, el mundo contemporáneo vive en una hipernormalización a escala planetaria. A diario se multiplican los signos del fin de una era, pero se sigue operando bajo las coordenadas del crecimiento infinito, el progreso, la innovación salvadora y la restauración imposible de una normalidad que ya operaba mediante una lógica de crisis recurrentes antes del derrumbe final. Vivimos en un mundo donde todo parece continuar, aunque todo esté desmoronándose.

La hipernormalización es una paradoja: al imponer la ficción de que el sistema es estable, los poderes dominantes que viven de él no lo salvan, sino que agravan su colapso. Ignorar las señales de crisis —económicas, ecológicas, psíquicas, sociales— no detiene el deterioro: lo acelera de forma corrosiva y descontrolada. Así, al tratar de preservar la normalidad, lo que realmente se consigue es intensificar el colapso civilizatorio. A mayor hipernormalización más se reproducen las disrupciones en las estructuras del sistema. Dicho de otro modo, la hipernormalización intensifica el colapso y aumenta las probabilidades de que sea caótico y catastrófico. Esta es la paradoja que urge explorar si queremos recuperar alguna forma de lucidez colectiva.

Un colapso evidente, pero inaceptable

A estas alturas, se acumulan los datos demoledores. El sistema climático ha superado puntos de no retorno. Los recursos fósiles de alta calidad se agotan o se tornan inaccesibles. La biodiversidad colapsa a un ritmo sin precedentes. La economía mundial, sostenida por la deuda y la ilusión monetaria, se tambalea bajo el peso de sus propias contradicciones. La desigualdad social y la disolución del tejido comunitario avanzan en paralelo. Las guerras resurgen como forma sistémica de reorganización del mundo. El clima entra en una fase caótica y de retroalimentaciones no lineales. Y las instituciones democráticas pierden legitimidad debido a su incapacidad para responder a la emergencia estructural. A ello se suma una multitud de signos —particularmente evidentes en el Sur Global y en las periferias del Norte Global— que desmienten la narrativa dominante de que todo va bien, y que revelan la farsa de la normalidad junto a múltiples anomalías y disrupciones que parecen desafiar el orden imperante.Sin embargo, frente a todo ello, la reacción dominante no es el reconocimiento, ni la transformación, ni siquiera el planteamiento de un debate radical. La respuesta consiste en una negación organizada, en el simulacro de gestión, en la pantomima de continuidad, en una huida hacia adelante. Exactamente eso es lo que el proyecto político del neoliberalismo —hoy transfigurado en necroliberalismo— procuró garantizar de forma expeditiva desde que, en 1973, aparecieron las primeras dos señales inquietantes del colapso civilizatorio: la crisis energética y las conclusiones del estudio Los límites del crecimiento. Muchos años después, pese a las evidencias del fracaso y destrucción causados por la gestión neoliberal de un capitalismo acorralado por sus contradicciones, los gobiernos presentan planes de recuperación y transición, las corporaciones redoblan sus promesas verdes, los medios de comunicación convierten las catástrofes en eventos rutinarios u oportunidades de inversión, y las poblaciones, exhaustas y precarizadas, se aferran a la ficción de que todo sigue siendo más o menos normal.

En esta lógica, el colapso no se presenta como una quiebra, sino como un flujo interminable de crisis sucesivas. La sequía es una anomalía climática. El aumento de precios, una distorsión coyuntural. El fascismo, un brote aislado. La crisis energética, un problema técnico. Todo se fragmenta para que nada se entienda en su totalidad. Pero no es así: la anormalidad se extiende.

Hipernormalización: el arte de fingir que todo sigue igual

La hipernormalización es una forma de consenso forzado, una suerte de teatro de lo cotidiano donde nadie cree verdaderamente en lo que dice, pero todos se comportan como si creyeran. No porque haya una conspiración, sino porque las estructuras sociales, mentales y afectivas están diseñadas para no permitir otra cosa, por pura inercia. Se trata de un autoengaño sistémico que surge cuando la ruptura del orden es tan profunda que ninguna institución puede nombrarla sin desintegrarse. Se impone el tabú.En esta dinámica hipernormalizada, los distintos actores sociales desempeñan roles perfectamente sincronizados dentro de la ficción colectiva. Las élites son perfectamente conscientes de lo que viene y ya optan abiertamente por la secesión ecocida y genocida. Los políticos, atrapados en una lógica cortoplacista de legitimación basada en la apariencia de control, siguen haciendo promesas vacías, no porque ignoren la gravedad de la situación, sino porque su supervivencia institucional depende de sostener la ilusión de que todo puede arreglarse sin cambiar lo fundamental. Los tecnócratas, por su parte, elaboran planes imposibles, cargados de jerga técnica y objetivos estratégicos que, en el fondo, nadie cree realizables. Sin embargo, estos planes funcionan como tranquilizantes sociales y como mecanismos para evitar que se cuestionen los modelos estructurales que los sustentan, permitiendo así que las grandes corporaciones sigan aumentando sus beneficios. Los medios de comunicación cumplen su papel como guardianes del simulacro, seleccionando cuidadosamente lo real mediante recursos narrativos que evitan el pánico, la politización radical o el despertar colectivo; lo urgente desplaza a lo importante, y el espectáculo sustituye al análisis. Mientras tanto, la gente común reprime su intuición profunda de que algo no va bien, porque carece de espacios seguros y compartidos para pensar en voz alta el derrumbe, para nombrar sin miedo aquello que ya se intuye pero cuya enunciación abriría un abismo emocional y práctico para el cual nadie ha preparado herramientas de contención.

Así, la hipernormalización no es solo un fenómeno de las élites. Es también una forma de supervivencia emocional para millones de personas. Reconocer el colapso, mirarlo de frente, no es simplemente un acto intelectual: es un salto existencial. Implica reconocer que no hay marcha atrás, que el mundo que conocíamos ya no existe, y que todo está por reconfigurarse en condiciones inciertas.

Una mancha extraña en el cielo, un filtro gris en el mundo

Según Albert Lloreta (2025): «Todo es absurdo, sí, pero nuestra vida aún es aparentemente normal, así que nos refugiamos en ella. Vamos tirando en este ambiente extraño. Es más como si, no sabemos exactamente desde cuándo, hubiera una mancha extraña en el cielo, que no debería estar ahí, y la mirásemos de reojo mientras vamos hacia el trabajo (…) La hipernormalidad de hoy se parece a la de los últimos días soviéticos. Parece que el sistema de valores y certezas en el que hemos crecido se está resquebrajando, pero seguimos adelante por inercia. Nos aferramos a la ficción de normalidad de nuestra vida y hacemos como si no viésemos cómo crece, día a día, la extraña mancha en el cielo.»

Como complemento a la metáfora de esa extraña mancha en el cielo, que Lloreta identifica con el inmenso poder alienador de las tecnologías de Silicon Valley, quizá la hipernormalización que vivimos pueda entenderse también como la negación de una especie de filtro gris, que se interpone entre nosotros y la realidad del mundo, y que va más allá del enorme poder de las corporaciones tecnológicas contemporáneas. Se trata de una metáfora que alude a una capa difusa, casi invisible, una especie de niebla, velo o película atmosférica que evidencia el implacable deterioro sistémico del mundo conocido. Este filtro no es constante ni uniforme: a veces se vuelve más espeso, más opaco, más físico, especialmente cuando ocurren episodios cada vez más catastróficos que hacen emerger con brutalidad las señales del colapso; en otras ocasiones, parece disiparse ligeramente, permitiendo que la ficción de la normalidad se imponga de nuevo como regla aparente. Pero la imaginación, la sensibilidad y lo onírico lo captan como un silencio sobrecogedor, también como una reverberación de fondo, a veces incluso accesible a los sentidos. Y las emociones, los sueños y el arte lo expresan, aunque sea de modo inconsciente.Este filtro gris se insinúa con mayor fuerza más cuanto más buscamos mantener la ilusión de continuidad, hacer ver que todo sigue igual, que no pasa nada, que no existe tal filtro. Se trata de algo más sutil que un meteorito, lo que favorece la insensibilidad o la indiferencia general. Al fin y al cabo, como sostiene Lloreta (2025), «la hipernormalidad está llena de gente acostumbrada». Pero es precisamente ese esfuerzo por negar la evidencia lo que contribuye a reforzar su presencia. Porque cuanto más se insiste en disimular, más se acumulan los signos de descomposición, más se revelan las fisuras del sistema, más se delata el gris crepuscular, cada vez más palpable, la insostenibilidad de la situación. Puede ser el gris ceniza tras un incendio forestal de nueva generación, el cielo plomizo después de una dana destructiva, el humo terrible que queda cuando cesa un bombardeo genocida, el aire viciado por la contaminación, una nube tóxica por un escape químico o el gris brillante de la calima durante un día inusualmente tórrido de primavera. Como muestran magistralmente las estremecedoras imágenes del documental Homo Sapiens (2016) del austriaco Nikolaus Geyrhalter, cuando llega el colapso —hundimiento del socialismo real, Fukushima, crisis de 2008— queda un arrasado paisaje de ruinas contemporáneas donde un gris decadente prevalece, visualmente incluso, mientras Gaia recupera con un verde desbordante el territorio que le fue arrebatado.

Lo más perverso de la hipernormalización contemporánea es que ha capturado incluso nuestra capacidad de imaginar alternativas. O, en este caso, el fin del simulacro de normalidad. La hipernormalización se refuerza a sí misma. Esta captura opera a través de múltiples dispositivos: la cultura del entretenimiento permanente, el consumo como refugio afectivo, la tecnofilia como promesa de salvación, el relato del emprendimiento como vía de superación individual, las ofertas banales del supermercado espiritual, la rebelión convertida en marca comercial. Todo conspira para bloquear la pregunta radical: ¿cómo vivir de otro modo, fuera de este sistema?

Incluso los discursos aparentemente críticos pueden ser pervertidos y absorbidos por el agujero negro del simulacro capitalista: la sostenibilidad se transforma en un nuevo nicho de mercado, la resiliencia en la capacidad de soportar lo insoportable, y la transición en un aséptico proceso sin ruptura. Se nos ofrece un horizonte de cambios cosméticos para impedir cualquier transformación profunda. El colapso se convierte en la expresión más acabada del capitalismo catabólico: una nueva oportunidad de negocio. Y la esperanza genérica, en un antídoto descafeinado —ero rentable— contra el miedo.

Salir del hechizo: verdad, duelo y comunidad

Frente al hechizo de esta hipernormalización global, no basta con denunciar. Es necesario interrumpir la lógica del simulacro, abrir nuevos espacios alternativos. Esto significa no instalarse en la desesperación, sino recuperar el sentido del límite y la posibilidad de reconfigurar la vida desde abajo, en comunidad, en lo pequeño, en lo concreto.Salir de la hipernormalización no es simplemente un acto de crítica intelectual, sino un proceso vital que exige atravesar varias capas de verdad, dolor y reconstrucción. En primer lugar, implica nombrar el colapso, no como un cataclismo distante o una posibilidad remota, sino como un proceso ya en marcha, tangible en nuestras vidas cotidianas, en los cuerpos agotados, en los territorios depredados, en las instituciones que apenas se sostienen. Pero nombrarlo no es suficiente: es necesario también reconocer el duelo, aceptar sin cinismo ni dramatismo que estamos viviendo el fin de una era, y que esto conlleva pérdidas reales —de certezas, de paisajes, de seguridades, de modos de vida— que deben ser lloradas antes de poder ser transformadas. Solo entonces puede cultivarse una lucidez profunda, una mirada clara que evite tanto el catastrofismo paralizante como el optimismo ingenuo, y que sepa habitar la complejidad sin necesidad de consuelos prefabricados. En ese contexto, se vuelve urgente reconstruir vínculos comunitarios, no como romanticismo del pasado ni como consigna ideológica, sino como necesidad concreta: porque solo en el tejido relacional, en la cooperación cotidiana, en la reconstrucción de formas de apoyo mutuo, pueden germinar formas de vida viables y deseables en un mundo que ya ha comenzado a tomar forma, aunque aún no sepamos nombrarlo del todo.

El colapso no es un apocalipsis hollywoodiense. Es una larga transformación que ya está en marcha, si bien aumentan las señales de que puede acelerarse con acontecimientos catastróficos y eventos disruptivos. Pero mientras sigamos fingiendo normalidad, mientras sigamos atrapados en la hipernormalización, no estaremos ni siquiera en condiciones de comenzar a vivirlo con dignidad.

Vivir en la grieta

La historia no se detiene, aunque muchos finjan que sí. Puede ralentizarse, torcerse, encubrirse bajo capas de burocracia, espectáculo o miedo, pero su impulso no cesa. Las estructuras que parecían eternas terminan por desplomarse, a veces con estrépito, otras con un silencio apenas perceptible. Las ficciones colectivas que sostenían el mundo —el progreso indefinido, la supremacía de la razón técnica, el dominio sobre la naturaleza— muestran sus costuras, sus límites, sus quiebras irreparables. Los más diversos regímenes colapsan, no solo cuando caen sus ejércitos, sino cuando ya no consiguen que su relato sea creído ni siquiera por quienes lo repiten. Sin embargo, y esto es esencial, en cada grieta o intersticio de ese orden en ruinas, en cada fisura del simulacro, germinan también otras formas de estar en el mundo: prácticas modestas, comunidades rebeldes, lenguajes nuevos, sensibilidades que se desmarcan del ruido dominante.

Es posible que ya no nos corresponda la tarea heroica —y profundamente arrogante— de salvar la civilización tal como la hemos conocido. Quizá eso no solo sea imposible, sino también indeseable. Tal vez nuestra responsabilidad sea otra: acompañar su final con sabiduría, justicia y compasión. No como quienes esperan una catástrofe mundial, sino como quienes se preparan para un parto difícil; no como salvadores, sino como cuidadores del tránsito, guardianes de la dignidad en el umbral de un mundo que se agota y otro que apenas comienza a nacer.

Como escribió Yurchak a propósito del derrumbe soviético: «todo era para siempre, hasta que dejó de existir». Hoy, esa frase resuena con más fuerza que nunca. Nos recuerda que incluso los sistemas más sólidos pueden desvanecerse de repente, cuando ya no queda nadie que los sostenga en su delirante ficción. La cuestión, entonces, no es cuándo llegará ese momento, ni cómo será. La pregunta es mucho más íntima y urgente: ¿cuánto tiempo más seguiremos fingiendo que esto sigue siendo normal? ¿Cuánto más invertiremos en preservar la máscara de la continuidad? Quizás lo verdaderamente revolucionario, para romper con la hipernormalización que sostiene lo insostenible, sea aprender a percibir —en toda su crudeza— ese filtro gris que ya lo impregna todo y que nos empeñamos en no reconocer.Casdeiro, a partir de una imagen de Frank Wagner en Pixabay.

Bibliografía

– Cane, Miguel (2025): «Hipernormalización: El arte de mirar hacia otro lado mientras el mundo arde«, Purgante. Revista de Cultura y Artes.

– De la Nuez, Iván (2024): «Hipernormalización«, Palabra Pública,

– Lloreta, Albert (2025): «Una taca extranya al cel«

– Yurchak, Alexei (2024): Todo era para siempre hasta que dejó de existir, Madrid, Siglo XXI.

Gil-Manuel Hernández Martí. Profesor titular del Departamento de Sociología y Antropología Social de la Universitat de València. Autor de La condición global. Hacía una sociología de la globalización (2005), Sociología de la globalització. Anàlisi social d’un món en crisi (2013) o Ante el derrumbe. La crisis y nosotros (2015).

Fuente: https://www.15-15-15.org/webzine/2025/06/01/la-hipernormalizacion-ante-el-colapso/

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Sobre lo tibio del paro nacional

Por: Bea Morales

En forma pronta los voceros del ala más reaccionaria del capital han salido muy inflados a regodearse por la tibieza con la que discurrió el paro nacional. El giro de la situación es tal, que Petro reculó públicamente al señalar que no era su convocante, tras promoverlo, entre líneas, como llamado a huelga general. Y puede que entre algunas compañeros y compañeras de las organizaciones proletarias y populares exista cierta desazón, en cuanto no afloraron con toda la fuerza esperada las potencialidades que cargaba la situación.

Por esa razón es importante dedicar un poco de tiempo a la construcción de un balance que nos ayude a ubicar, con la mejor precisión posible, el desenvolvimiento de las contradicciones y de sus fuerzas, siempre en la necesidad de ajustar nuestras capacidades de cara al futuro inmediato.

Lo primero que hay que resaltar es que los eventos que marcan el trimestre entre marzo y mayo constatan la permanencia de la crisis estructural del país y su tendencia a profundizarse. En ella, la burguesía –con sus gremios y partidos- se vio forzada a tomar decisiones extraordinarias y a veces erráticas. Con ese proceder espolearon y radicalizaron las posiciones y, en consecuencia, abrieron oportunidades concretas para que las fuerzas proletario-populares se decidieran a avanzar.

Es así que, en ese corto periodo de tiempo se avanzó colectivamente en la construcción de conciencia de clase, del carácter de la crisis, como de la postura reaccionaria de la burguesía. En función de eso, se ha posicionado en los discursos, hasta tornarse “moneda corriente”, la necesidad de construir las asambleas populares como espacio de organización y decisión social. Junto a ello, también se logró insistir en la necesidad de una ruta alternativa, que vincula la propuesta de las Asambleas Populares y Asamblea Nacional Popular-ANP con la salida proletario-popular a la crisis.

Sin embargo, sobreviene la pregunta del por qué no se pudo avanzar más. Frente a ella, aquí planteamos algunas posibles respuestas, bajo la consideración de que en esta coyuntura participaron tres fuerzas: la fracción del orden -que une a derecha y ultraderecha-, la del reformismo tibio -que sigue de rastras al viejo poder- y la fracción proletaria y popular.

En lo fundamental creemos que la dificultad se coloca a nuestro interior, pues es nuestra propia debilidad político-organizativa la que nos impide avanzar más, cuando la burguesía golpea las condiciones de vida de todo el pueblo y además se mofa en forma descarada de sus atropellos.

Sin embargo, también hay que considerar que tanto la fracción del orden como la del reformismo tibio movieron sus fuerzas en la misma dirección estratégica, es decir, hacia la institucionalidad establecida, muy a pesar de sus choques políticos.

El ala del orden corrió pronta a hacer control de daños tras sus evidentes abusos, al negar la muy recortada reforma laboral y cerrarle la puerta a la Consulta Popular. Ofreció como caramelo y contentillo una burla de reforma laboral de corte conservador, hecha para no molestar al capital. Al proceder de esa manera logró vender -con sus empresas de propaganda- la idea de que está dispuesta a ceder, pero sobre todo posicionar que su armazón institucional de poder puede y debe ser utilizado correctamente para lograr la “conciliación”.

El gobierno movió, y mueve, sus fuerzas hacia el mismo cauce, pues tibio y timorato sólo ha querido presionar a los partidos y fracciones de la burguesía sobre las reformas, pero siempre bajo un cálculo electoral y en pleno despliegue de su estrategia de conciliación dentro de las desgastadas instituciones burguesas y bajo la lógica del capital. Por eso mismo, mientras de boca se hablaba de la huelga, en la práctica nada hacían para radicalizarla y menos ampliarla, pues un nuevo estallido social también podría barrer políticamente con lo que queda de prestigio del actual gobierno. Pareciera que en esa dirección calibraron su orientación del paro las dirigencias (de las centrales obreras, de los partidos y movimiento sociales que hacen parte del reformismo conformista) al promover un paro de estilo cívico, del típico septimazo y por los andenes, esto es, adaptado a los formalismos de quejarse, pero sin molestar el almuerzo de los patrones.

Luego si bien hay una disputa abierta entre la corriente del orden con la del reformismo tibio, ésta se limita y dirige, en este momento, a ganar posiciones frente a la carrera por los votos en dirección a la farsa electoral. Pero las dos convergen en la defensa y uso del viejo orden, muy a pesar de lo derruidas que estén sus instituciones y lo mucho que con ellas se golpee al proletariado y demás sectores populares. Por eso, las urgentes reivindicaciones de las mayorías del país son reducidas a meros instrumentos y tratadas en forma utilitaria según renten al caudal electoral, pozo en el que ha caído la reforma laboral y el llamado a Consulta.

Junto a estas tendencias, es posible que también hayan actuado otros elementos asociados a la percepción de la gente y que pudieron haberla inhibido a movilizarse con contundencia. Uno de ellos es el desgaste al que ha sido sometido el mecanismo de protesta de calle, y frente al cual puede sentirse cansancio en tanto afecta la cotidianidad de los mismos trabajadores, sin que por ella se logren resultados palpables. El otro es la distancia entre las discusiones y disputas políticas respecto a la misma cotidianidad de las y los trabajadores, en especial del proletariado sobrante para el capital, distancia que puede reconocerse en la forma ajena, fría y hasta cotidiana con el que buena parte de la población asumió el día del paro, lo que indica que su llamado no logró calar y romper su habitual forma de vida.

De ser así, es evidente que la red de medios alternativos de comunicación no logra atravesar ciertos límites, no logra trascender hacia las mayorías populares. Y aquí no hay que olvidar que la internet y las llamadas redes sociales son medios producidos y dirigidos por el capital. Brota entonces la necesidad de conectar las redes de comunicación alternativa, tanto a su interior, como con redes de grupos especializados en una agitación de calle dirigida a romper la paralizante cotidianidad en que discurre la vida de la mayoría popular.

Así vemos que el resultado mismo del paro es un indicador real de la fuerza que aún tiene el conjunto de instituciones burguesas sobre las mayorías proletarias y populares. Pesó más la urgencia de sostener el puesto de trabajo, de salir a conseguir lo del día, la inmediatez de resolver la necesidad vital. Y sobre eso cabalgó todo el entramado de propaganda burgués, que no sólo publicita la actual situación como el paraíso, sino por sobre todo que sus instituciones son el mejor y único lugar para orientar al país. Fue así que con ella caló el llamado a la disciplina, al orden, al canturreado trabajar y trabajar como vía para una vida mejor.

Es allí donde es necesario recordar que las Asambleas Populares son también un punto de llegada, como lo habrán de ser de salida hacia una ANP. Las Asambleas Populares son más viables y sostenibles en las áreas donde se ha trabajado para producir un sustrato organizativo, donde se ha desarrollado una labor permanente por constituir las organizaciones de los sectores sociales y con ellas se generan liderazgos y propuestas colectivas verdaderamente plegadas al “pueblo”. Por eso las coyunturas -como las de estos tres meses, y más la del llamado a paro- sólo hacen más viables las Asambleas Populares, en cuanto lo extraordinario de sus situaciones demanda abrir la puerta de los procesos organizativos a fin de vincular al proletariado disperso y sumiso en el marco de su cotidianidad.

Aun con todo esto, hay que destacar que, si bien el paro no logró que reventaran en toda su dimensión las contracciones contenidas en la coyuntura, sí que permitió que la fracción más avanzada y decidida se expresara en forma autónoma en diversos puntos del país, lo cual es una “novedad”. Y es una “novedad” en cuanto se evidencia que hay una fracción no desdeñable que entiende y asume en la práctica la necesidad de una ruta alternativa respecto de la que plantean tanto la fracción del orden, como la del reformismo tibio. Esa fracción, que aún se presenta como “molecular”, ha avanzado bastante, pero también tiene mucho por aprender y superar.

Por ejemplo, y sólo por destacar, se encuentra la necesidad de darle sostenibilidad y permanencia a las Asambleas Populares existentes, pensar y crear un espacio de encuentro y articulación nacional que les permita ampliar su experiencia, fuerza y capacidad de representación en las centrales obreras y en espacios más amplios como la Cumbre Social y Política, siempre en dirección a forjar un programa transformador para el país que las vaya juntado y permita la producción de los “hilos” con los cuales se tejerá el proyecto alternativo.

Y entre los retos inmediatos que enfrenta, uno es que el momento está atravesado por la disputa electoral entre la fracción del orden y la del reformismo tibio. Como apreciamos, las elecciones, y por lo tanto la institucionalidad burguesa, aún tienen la capacidad para envolver y controlar la gran mayoría de fuerzas en el país. En medio de ella las disputas personales y fraccionales reverdecen y pululan, cumpliendo su tarea de fragmentar y utilizar la población en medio de enfrentamientos que en el fondo le perjudican.

Pero aún con ello, en esa disputa también se redefine el ejercicio del poder del gobierno, situación en la cual asoma la posibilidad de que en las próximas votaciones regresen las formas más autoritarias, debido a la incapacidad de ejecución que ha caracterizado al actual gobierno. Y desafortunadamente esa tendencia se presenta ahora envalentonada, pues a la larga ha sabido contrarrestar los tibios intentos de reforma social y mostrar que, aún en medio de la crisis, pueden maniobrar para sostener y reproducir su desgarrado tinglado de poder. Es en este álgido, contradictorio y complejo entramado donde es necesario realizar balances colectivos a fin de afinar las acciones venideras.

Edgar Fernández, Centro de Pensamiento y Crítica Praxis

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