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✇Rebelion

La vivienda como lugar de combate (I)

Por: Caty R

En memoria de José Ángel Gallegos Gómez, incansable luchador contra la violencia inmobiliaria, entregado en cuerpo y alma a la defensa de los pisoteados derechos de sus víctimas y fustigador implacable del sometimiento de los poderes “soberanos” a los dictados de la mafia financiero-inmobiliaria.

«El mercado inmobiliario de ninguna manera es un mecanismo infalible, o siquiera inteligente, que conduzca bajo la dirección de alguna mano invisible a ciudades perfectas y equilibradas. Más bien, es un lugar de combate en el que se enfrentan sujetos de muy distinta naturaleza y en el que se impone el más fuerte. El resultado se aleja por tanto de esa Arcadia ideal y se aproxima más al terrenal -por no decir infernal- campo de batalla que constituyen las ciudades capitalistas” (Samuel Jaramillo)

Historias de horror

«Una metonimia del mundo moderno». De esta guisa caracteriza el geógrafo y urbanista Brett Christophers la turbulenta historia de la urbanización Summer House. Se trata de un complejo de apartamentos de alquiler «bastante anodino» de la isla de Alameda, ubicada en la paradisíaca bahía de San Francisco, cuyas vicisitudes recientes Christophers califica como una historia “de pesadilla”.

El viacrucis de los infortunados inquilinos comenzó a mediados de los años 90, cuando el complejo fue adquirido por Fifteen Group, un fondo de gestión de activos reales -más conocidos como fondos “oportunistas” o “buitres”- de tamaño medio de Florida. Tras diez años de abandono y de quejas continuas -descritas por un periódico local como «historias de terror: problemas de fontanería y bajantes, averías eléctricas, techos con goteras, etc.»-, en 2004 los inquilinos recibieron el temido burofax, en el que se les comunicaba taxativamente la no renovación de todos los contratos. La coartada utilizada por el fondo forma parte del modus operandi al uso en tales procesos: la presunta necesidad de proceder a la renovación urgente e integral de las propiedades, cuyo deterioro se había provocado intencionadamente.

Sin embargo, los nuevos residentes tampoco hallaron la paz y el sosiego en sus flamantes residencias. Tras dos nuevos cambios de propiedad en los convulsos años posteriores a la crisis financiera de 2008, en 2017, otro fondo oportunista llamado Kennedy Wilson decide deshacerse definitivamente del complejo, no sin antes recibir un “modesto” rendimiento del 700%. En el ínterin, los alquileres llegaron incluso a triplicarse y continuaron asimismo las amargas quejas de los residentes por la falta de mantenimiento y la dejadez de funciones por parte del administrador de las fincas.

Un halo de misterio rodeó, como explica Christophers, la lucrativa transacción:

“En el artículo que informaba del acuerdo de 2017 en el San Francisco Business Times había una linea sorprendente: ‘Kennedy Wilson se negó a revelar la identidad del comprador’”.

Con el tiempo se supo quienes eran los nuevos propietarios: el Blackstone Group, con sede en Nueva York, el mayor fondo buitre del mundo. Pero no fue porque Blackstone revelase la información: Blackstone nunca ha dicho públicamente que sea el propietario; Summer House está gestionada por otra empresa.

Sea como sea, en los años transcurridos desde que Blackstone asumió la propiedad, las quejas y el descontento de los sufridos inquilinos por el abandono de las fincas y el absentismo de la propiedad no han aminorado y los alquileres han seguido aumentando.

¿Cuáles son los rasgos específicos de esta historia aparentemente local, que justifican la designación de este caso concreto como un símbolo global de la “violencia inmobiliaria”? La rotunda respuesta de Christophers no deja lugar a dudas: “es necesario que nos fijemos especialmente en un tipo particular de propiedad, la quintaesencia de la modernidad tardía, la propiedad del capitalismo financiero”.

A más de 9.000 kilómetros de distancia de Summer House, en el barrio de San Cristóbal de los Ángeles, situado en la periferia sur de Madrid -una de las zonas más duramente golpeadas por la debacle inmobiliaria de 2008- vive María Eugenia Ortega. Su infausta historia representa sin duda también otra «metonimia del mundo moderno”.

Ortega, trabajadora de la Comunidad de Madrid en ayuda a domicilio de personas mayores, creyó ver por fin la conclusión de su calvario inmobiliario en el año 2013. Su alborozo se debía a la ansiada firma de la dación en pago -entrega de la vivienda al banco a cambio de la extinción de la deuda- y de un alquiler social de su vivienda con el Banco de Sabadell. Terminaban así cinco años de pesadilla judicial y personal, tras el impago de su hipoteca debido a la subida inasumible de los tipos de interés previa al crack de 2008. Sin embargo, la aparente solución resultó ser un efímero espejismo y su ilusión de estabilidad acabó saltando de nuevo por los aires. Poco antes de finalizar el contrato de alquiler social en 2019, Ortega sufrió un nuevo sobresalto:

“En 2019 me llamó mi trabajadora social y me comunicó que ya no podía ayudarme más porque acababan de vender el piso del banco a un fondo, por lo que con mucha probabilidad me obligarían a abandonarlo”.

En la operación mencionada, el Banco de Sabadell vendió al fondo de capital-riesgo -otro eufemismo para camuflar su catadura real- Cerberus 61.000 activos inmobiliarios «tóxicos» por unos 3.900 millones de euros: una auténtica ganga. Uno de esos activos -conocidos como “pisos con bicho”, en el expresivo argot del sector- era la vivienda en la que residía Ortega, por lo que solo era cuestión de tiempo que recibiera el “maldito” burofax, comunicándole la no renovación de su contrato. Las consecuencias de verse abruptamente abocada a la “exclusión residencial” fueron devastadoras: “Llevo mucho tiempo sufriendo ansiedad, tengo el azúcar muy alterado, padezco insomnio y estoy en un constante estado depresivo porque me veo sola con una hija a la que mantener y la incertidumbre de no saber cuándo me van a desahuciar”. Ante la imposibilidad de acceder a un alquiler asequible, dado el nivel prohibitivo del mercado, Ortega considera que la única salida que le queda es la okupación, camino que han tomado también muchos vecinos del barrio en su misma situación.

Las acerbas situaciones descritas, espigadas entre una miríada de casos semejantes, ejemplifican la creciente violencia ejercida por los mecanismos depredadores de los poderes capitalistas contra las condiciones básicas de subsistencia de las clases trabajadoras, entre las que el acceso a una vivienda digna ocupa un lugar preeminente.

“Están dispuestos a destruir las vidas de la gente”. La contundente sentencia, recogida asimismo por Christophers, está extraída de la declaración de la experta en planificación urbana Elora Lee Raymond ante un comité del Congreso de Estados Unidos que investigaba las prácticas desarrolladas por los arrendadores corporativos, controlados por gestores de activos como Cerberus o Blackstone. A la luz de los ejemplos mencionados, únicamente dos botones de muestra del modus operandi de tan “honorables” instituciones, no parece en absoluto una afirmación exagerada.

El escenario de pesadilla en el que se ha convertido la obtención de un bien esencial para el adecuado funcionamiento de los mecanismos básicos de la reproducción social -cobijo, crianza, educación, salud, arraigo, etc.- refleja asimismo de forma cruda la creciente fractura abierta en nuestras sociedades presuntamente “desarrolladas”: mientras que para los más la vivienda constituye una pesada carga y una obsesión continua, para los que gozan de “estabilidad residencial” supone el fundamento de su seguridad vital y de su bienestar socioeconómico. El economista marxista y experto en urbanismo Samuel Jaramillo describe el sector inmobiliario moderno como «un campo de batalla», propicio a todo tipo de abusos, dada la enorme asimetría de poder existente en las relaciones que se establecen entre los grupos sociales en pugna.

El urbanista Peter Marcuse y el sociólogo David Madden, autores del texto “En defensa de la vivienda”, recurren al concepto psiquiátrico de “seguridad ontológica” para describir el sufrimiento que la violencia inmobiliaria provoca en sus víctimas:

“Hoy en día, muchas personas sienten ansiedad por su vivienda. Pero para los más pobres, la precariedad residencial resulta profundamente desestabilizadora. Una de las maneras en que los investigadores de la vivienda comprenden la traumática experiencia es a través del concepto de ‘inseguridad ontológica’. La seguridad ontológica es la sensación de que la estabilidad de nuestro pequeño mundo puede darse por sentada”.

El dato clave que agudiza, en palabras de la socióloga Melinda Cooper, la crisis de “asequibilidad residencial” en el Occidente privilegiado, “es la creciente divergencia entre los salarios y el valor de los activos, en particular de los precios de la propiedad inmobiliaria”. La brecha abierta entre los magros ingresos salariales y el coste de la vivienda -muy destacadamente, tras la debacle de 2008, el ascenso vertiginoso del precio del alquiler- propulsa la desigualdad social y agranda el abismo entre los situados en las dos trincheras del “campo de batalla” inmobiliario, generando lo que Cooper denomina una “nueva división de clase”.

Y la fractura no deja de agrandarse: los precios de adquisición y de arrendamiento se sitúan actualmente en máximos históricos -incluso superiores a los valores ya estratosféricos alcanzados en la burbuja inmobiliaria que explotó en 2008- y el esfuerzo requerido para pagar el alquiler representa nada menos que la mitad del sueldo medio en España. Por no mencionar la odisea que supone la obtención de un techo para las generaciones más jóvenes, cuya edad media de emancipación supera holgadamente los treinta años.

Empero, en este punto es menester hacer una advertencia importante, en aras de situar correctamente la auténtica profundidad de la penetración en el tejido social de la brecha inmobiliaria: el hecho de que los desalmados fondos buitres, como Blackstone y Cerberus, representen la “quintaesencia del capitalismo financiero” y que sus despiadadas prácticas conlleven una auténtica pesadilla para sus víctimas no significa que el “casero de los viejos tiempos” -la abrumadora mayoría de los arrendadores- no aplique la misma lógica de maximización de la extracción de rentas. Como explica irónicamente Christophers, si bien existen obvias e importantes diferencias entre ambos tipos de propiedad, el objetivo de la “búsqueda del valor de cambio” es plenamente compartido:

“De hecho, y pese a toda la mitología amable y difusa encarnada por el bonachón y canoso casero de los viejos tiempos, no existe ninguna razón convincente a priori para suponer que dicho propietario esté menos centrado en la maximización de las ganancias que un gestor de activos como Blackstone. Si ser un propietario financiarizado realmente implica observar la lógica financiera y la búsqueda del valor de cambio, ¿qué propietario que no tenga carácter filantrópico, sea una obra de caridad o una entidad estatal, no está financiarizado?”

El propio Jaramillo describe al “canoso casero” como un “protoespeculador”, diferenciándolo del capitalista arrendador profesional, pero resaltando también el objetivo común:

“Actualmente se extiende el alcance de esta protoespeculación, porque si bien hoy en día la práctica de comprar terrenos de forma fragmentada por parte de pequeños adquirientes es algo que declina, en cambio, la compra de inmuebles destinados al alquiler, con esta lógica de agente mercantil, es algo que se expande”.

El activista y experto en el sector inmobiliario Salva Torres proporciona un dato abrumador acerca del progresivo ensanchamiento de esa sima social abierta entre el crecimiento desorbitado de las rentas de alquiler recibidas por los “canosos rentistas” -la edad media del arrendador en España es de 59 años- y los magros aumentos salariales:

“Los ingresos de unos tres millones de caseros, empresas aparte, que declaran por alquilar inmuebles, han aumentado un 95% desde 2008, mientras que los salarios lo han hecho un 39%. Además perciben desgravaciones fiscales escandalosas sobre viviendas que muchas habían sido de protección oficial, financiadas con el dinero de todos”.

Como apunta el también activista y experto en el sector Pablo Carmona, autor del texto «La democracia de propietarios», el viacrucis en el que se ha convertido el acceso a la vivienda para las clases populares estaría apuntando, de tapadillo, a una emergente contradicción social:

“Por la puerta de atrás, se está apuntando a una contradicción central del sistema social, que enfrenta a propietarios que alquilan a precios de mercado para mantener cierto estatus social, y a unos inquilinos que recurrentemente —por problemas de paro, temporalidad y precariedad en el empleo— pueden caer en el impago”.

El sombrío panorama someramente esbozado suscita acuciantes interrogantes, de cuya tentativa de respuesta dependerá la formulación de estrategias encaminadas a potenciar las luchas sociales en el “lugar de combate” en el que se ha convertido la selva inmobiliaria.

¿Cómo se relacionan los procesos descritos de “desposesión” de las mayorías sociales con la evolución degenerativa de la organización social regida por las “heladas aguas del interés egoísta” en las últimas décadas? ¿Cuáles son las conexiones con otros ámbitos de nuestra acerba realidad, como los servicios básicos que sostienen la reproducción social, las precarizadas condiciones laborales o el ecocidio rampante, que también reciben el embate redoblado de la voracidad capitalista? El punto de partida para tratar de arrojar algo de luz sobre tan neurálgicos asuntos debería tomar pie en el análisis del trasfondo estructural del decurso declinante del reino del dinero y la mercancía, que es el principal causante de su redoblada agresividad: ¿existe algún mecanismo interno en el engranaje de la acumulación de capital que provoque la acelerada e inexorable degradación de la organización social sometida a su férula?

La célula tumoral

“El crédito, que es un ingreso consumido antes de haberse generado, puede posponer el momento en el que el capitalismo alcance sus límites sistémicos, pero no puede abolirlo. Incluso el mejor de los encarnizamientos terapéuticos debe concluir algún día”

Anselm Jappe

Las arduas cuestiones planteadas suscitan, entre las fuerzas políticosociales con vocación transformadora, principalmente dos interpretaciones. En el primer caso, el acento se situaría en las infaustas consecuencias del vuelco social y político provocado por la irrupción del neoliberalismo hace medio siglo y en los efectos deletéreos que la hegemonía del capital financiero, rentista y especulativo tiene sobre la demediada economía productiva, el nivel de vida de las poblaciones y los derechos básicos de las mayorías sociales.

La aplicación del “encarnizamiento terapéutico” de las políticas neoliberales, tras el golpe de mano perpetrado por la Dama de Hierro y su homólogo estadounidense, un mediocre exactor de Hollywood, a principios de los años ochenta, ha conllevado el despojo de los mecanismos redistributivos que caracterizaron al Estado del Bienestar fordista y la progresiva liquidación de las precarias conquistas arrancadas por la clase obrera en las décadas previas. Las privatizaciones masivas de servicios públicos y la desregulación acelerada de los mercados de capitales a cargo de los mamporreros del capital transnacional -FMI, BM y OMC- han desembocado en unos niveles galopantes de desigualdad social, propulsados por el desmantelamiento acelerado de los soportes que amortiguaban los quebrantos causados por el inhóspito dominio de las fuerzas del libre mercado. Según este relato, la liberalización del mercado inmobiliario y del sector financiero, causante de la desaforada inflación de los precios de la vivienda y del inflado de gigantescas burbujas, sería consecuencia de decisiones políticas favorecedoras del dominio de las élites plutocráticas, capitaneadas por el capital transnacional radicado en Wall Street -el 1 frente al 99%-. El colapso estrepitoso de la izquierda socialdemócrata y de la excomunista, rendidas con armas y bagajes a los poderes fácticos del gran capital; la práctica desaparición de las organizaciones políticas y sindicales del movimiento obrero tradicional; y el ascenso vertiginoso de la extrema derecha y de la hidra del fascismo social constituyen, en definitiva, el cúmulo de circunstancias desencadenantes de la hegemonía del capitalismo salvaje, encarnado en el talón de hierro de los recortes sociales y de las draconianas políticas de austeridad.

Sin embargo, cabría preguntarse si esta descripción, predominante en las fuerzas políticosociales sedicentemente progresistas, da cuenta cabalmente de la acerba realidad vigente: ¿son tales planteamientos adecuados para comprender las profundas transformaciones de la organización social imperante en las últimas décadas y el ascenso del complejo financiero-inmobiliario como sector clave del sostenimiento de la matriz de rentabilidad capitalista?

O, por el contrario, es necesario escarbar más profundamente en las “entrañas de la bestia” para hallar el engranaje fundamental del sujeto automático que impele la huida hacia adelante de la totalidad social regida por la voracidad del capital hacia la acelerada degradación de los soportes primarios de la reproducción social y del metabolismo socionatural.

Y, en ese caso, ¿cuál es la conexión entre esa trayectoria degenerativa del Moloch y la desenfrenada violencia inmobiliaria que presenciamos en pleno desarrollo?

El economista Alejandro Nadal nos brinda una de las claves del trasfondo estructural de esa deriva, camuflada bajo la agresividad de la huida hacia adelante encarnada en el sufrimiento “necesario” provocado por las despiadadas políticas neoliberales:

“El surgimiento del neoliberalismo no es el resultado del triunfo del capitalismo, como siempre se le ha presentado, sobre todo a partir del colapso de la Unión Soviética. En realidad, la historia es muy diferente. El neoliberalismo es la respuesta a un gran fracaso de dimensiones históricas, a saber, la incapacidad del capital para mantener tasas de ganancia adecuadas”.

La idea central, que explicaría tal fracaso, es la clave de bóveda de la formulación marxiana acerca de la principal contradicción interna del modo de producción capitalista: a medida que avanza la acumulación, debido a la necesidad impuesta por la dura lucha de la competencia, crece la proporción de capital constante, mediante las continuas innovaciones tecnológicas ahorradoras de trabajo, en relación a la fuerza de trabajo empleada en la producción. La savia bruta que vivifica al “vampiro de trabajo vivo” tiende por tanto a menguar de forma inexorable a medida que aumenta la productividad y el “puro empleo de trabajo humano” se vuelve cada vez más superfluo, al menos en los sectores industriales tradicionales. El propio Marx señala este defecto fatal del mecanismo básico de la valorización del capital que, al regirse únicamente por su necesidad compulsiva de autoexpansión, tiende a agotar su propia fuente nutricia:

“El capital mismo es la contradicción en proceso, por el hecho de que tiende a reducir a un mínimo el tiempo de trabajo necesario, mientras que, por otra parte, pone al tiempo de trabajo como única medida y fuente de toda la riqueza”.

Las fuerzas contrarrestantes de este agostamiento progresivo comienzan entonces a volverse vitales para sostener, con respiración asistida, el ritmo boqueante de la acumulación capitalista. Y el sector financiero-inmobiliario, a través de los colosales recursos insuflados por la fábrica de dinero “mágico”, deviene el fulcro neurálgico del sostenimiento, con respiración asistida, de la menguante rentabilidad del capital. Las consecuencias que se derivan de este papel crucial de cataplasma de los males incurables del sistema asumido por la fábrica de dinero-deuda son empero demoledoras para los mecanismos básicos de la reproducción social.

Sin duda se trata, como describen Madden y Marcuse, de una configuración tóxica, en la que la “buena forma” de hacer ganancias cede terreno ante el avance incontenible de la extracción de rentas, la deuda “a muerte” y el incremento especulativo del precio de los activos:

“La especulación inmobiliaria se convierte en la principal fuente de formación de capital, es decir, de realización de plusvalía. A medida que disminuye el porcentaje de la plusvalía total formada y realizada por la industria, aumenta el porcentaje creado y realizado por la especulación inmobiliaria y la construcción”

El geógrafo Neil Smith, uno de los primeros estudiosos del fenómeno de la gentrificación, resalta el trasvase masivo de capital hacia el “entorno construido”, a partir de la crisis crónica iniciada en los años 70:

“Cuando la tasa de beneficio en los principales sectores de la industria comienza a caer, el capital financiero busca un escenario alternativo de inversión, un escenario en el que la tasa de beneficio permanezca comparativamente alta y donde el riesgo sea bajo. Precisamente en este punto, tiende a producirse un incremento del flujo de capital hacia el entorno construido”.

Y la renovada maquinaria de generación del fluido vital del «sujeto automático» capitalista estaba lista para cumplir su cometido. El economista marxista Costas Lapavitsas, autor del texto “Beneficios sin producción”, describe el desacople de las finanzas modernas del capital productivo y su decantación “hasta el paroxismo” hacia el sector inmobiliario-especulativo:

“La actual banca comercial ha tendido a desacoplarse de la financiación del capital productivo para potenciar hasta el paroxismo el crédito hipotecario, el crédito al consumo y los préstamos garantizados por las acciones empresariales (para fusiones, adquisiciones, y tomas de control de otras empresas)”.

La creciente relevancia de esta explotación secundaria, generada mediante la “cadena de oro” de la deuda por la banca privada y suplementaria a la sufrida en el mercado laboral, constituye en definitiva el rasgo principal del carácter acusadamente depredador del capitalismo desquiciado.

Una configuración semejante agudiza asimismo la fractura social existente entre, de un lado, los que, gracias a su condición de beneficiarios de rentas financieras, de bienes raíces o de fondos de pensiones, disfrutan de tiempo libre y de las condiciones necesarias para apropiarse de los “frutos de la ciencia y la civilización”; y, del otro, los que están condenados a consagrar una fracción creciente de su tiempo a trabajar como “bestias de carga” para sufragar las exacciones financieras.

La aberrante matriz de rentabilidad del sistema económico imperante, propensa a convulsiones cada vez más violentas, tiene pues su fundamento medular en el mecanismo de generación de dinero-deuda del «puro aire“ a cargo de la banca central y comercial. Todo el castillo de naipes de titulizaciones hipotecarias -las hipotecas se originaban en los bancos, pero no se mantenían en sus balances, sino que se esparcían por la nebulosa del casino financiero global-, que colapsó con estrépito durante la hecatombe de 2008, se basó en este mecanismo de generación de deuda ex nihilo. Tal es el engranaje oculto del precario andamiaje que sostiene la estructura económica terciarizada e improductiva de los países “civilizados avanzados”.

El dispositivo resulta de una sencillez exorbitante. Los bancos crean deuda para financiar la actividad económica –actualmente, el 96% aproximadamente del dinero circulante– mediante anotaciones electrónicas, sin necesidad de que exista un ahorro preexistente, como reza el discurso difundido por la ortodoxia neoclásica y toda la vulgata periodística legitimadora del statu quo. Es decir, los créditos crean los depósitos, y no a la inversa. He aquí el grandioso -y, a la vez, pasmosamente sencillo- mecanismo de propulsión de la vorágine especulativa que sostiene el colosal entramado financiero-inmobiliario.

La generación e inyección del dinero-deuda en las venas de los flujos económicos, a cargo de las instituciones que tienen el poder monopolístico para fabricarlo y para enchufar su caudal ilimitado de liquidez hacia la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios, constituye en definitiva la esencia del ejercicio del poder social en nuestras sociedades “civilizadas avanzadas”.

Los datos recolectados en 14 países de la OCDE revelan una cifra demoledora: si en la primera década del siglo XX dos tercios de los créditos bancarios en los países avanzados se dirigían hacia las empresas, hoy, esos dos tercios se dirigen a la compra de propiedades inmobiliarias.

La banca funge pues como la planificadora de la actividad económica, potenciando la formación de burbujas, el crecimiento exponencial de la deuda global y el descomunal casino financiero de apuestas especulativas que constituye la banca en la sombra.

Según los datos recogidos por el sociólogo Emmanuel Rodríguez, “en 1994 el volumen total de los préstamos hipotecarios de la banca española ascendía a 24.000 millones de euros. Trece años más tarde, en 2007, la cantidad ascendía a 300.000 millones. Es decir, para el conjunto del periodo 1994-2007, las cifras de endeudamiento hipotecario se multiplicaron por doce”.

Tengamos en cuenta asimismo que el préstamo hipotecario es un producto totalmente fraudulento, un dispositivo pseudolegal puramente confiscatorio que no merece siquiera el nombre de “préstamo”, ya que tal operación exigiría una renuncia de riqueza por parte del prestamista, que en este caso obviamente no se produce. Veamos el extravagante mecanismo un poco más de cerca: a cambio del supuesto préstamo, el banco recibe un activo real en prenda del pago –la garantía hipotecaria, generalmente la vivienda– que incorpora a su balance. A continuación, se crea la obligación de devolver el principal del préstamo más los intereses, un producto financiero creado por la entidad bancaria del “puro aire”, con una simple anotación electrónica en la cuenta corriente del ignaro prestatario. Incluso la fijación del tipo de interés -el tristemente famoso Euríbor- se basa en un cálculo arbitrario, en el que el oligopolio bancario se saca “de la chistera” -con la connivencia del capo di tutti capi de Frankfort- los datos de las transacciones que se incorporan al cálculo del tipo de interés aplicado a las hipotecas de millones de incautos deudores. Un margen comercial sin duda extraordinario: es tan colosal el expolio y está tan bien escondido que casi resulta hermoso.

En un país donde aproximadamente el 7 % de los hogares, alrededor de 1.200.000 familias, perdieron su vivienda -la gran mayoría debido a durísimos procesos de ejecución hipotecaria que acabaron en desahucios- tras la crisis devastadora iniciada en 2008, la constatación de la condición intrínsecamente fraudulenta del préstamo hipotecario resulta demoledora.

Toda la formidable “potencia de fuego” de una maquinaria semejante se abalanzó, en fin, presta a devorar el suculento filón que representaba el sector inmobiliario.

La mercancía fake

“El concepto tradicional de equilibrio de la oferta y la demanda no es relevante respecto de la mayoría de los problemas que se refieren al sector de la vivienda en la economía. Estas cosas que llamamos suelo y vivienda son aparentemente mercancías muy diferentes, que dependen sobre todo de los intereses y del poder relativo de los grupos concretos que operan en el mercado”

David Harvey

La metamorfosis esbozada hacia la conversión de la revalorización de los activos financiero-inmobiliarios en el núcleo del sostenimiento de la rentabilidad del capital conlleva asimismo, como destaca el urbanista Agustín Cócola, un cambio radical en el papel socioeconómico del “entorno urbano construido”:

“De este modo, se acelera el cambio hacia una nueva fase de desarrollo capitalista en la que la ciudad adquiere un papel clave como centro de acumulación de capital. La ciudad deja de ser un lugar donde localizar actividades productivas y pasa a ser una mercancía fundamental para crear oportunidades de beneficio: es el cambio de la producción en el espacio a la producción del espacio”.

El filósofo Henri Lefevbre, probablemente el más influyente teórico del fenómeno urbano moderno, señala el papel clave que desempeña la ciudad -o lo que de ella queda- como soporte de la nueva matriz de la acumulación:

“La ciudad (lo que de ella queda o en lo que se convierte) es más que nunca un instrumento útil para la formación de capital, es decir, para la formación, la realización y la repartición de la plusvalía. El inmobiliario y la construcción dejan de ser un circuito residual, una rama anexa y retrasada del capitalismo industrial y financiero para situarse en primer plano de la nueva matriz de acumulación”.

Pero la expansión del denominado “circuito secundario de acumulación”, potenciada por la gigantesca manguera de liquidez de los demiurgos del dinero-deuda, no representa únicamente la cataplasma idónea contra el declive acelerado del empleo y de la tasa de ganancia en los sectores productivos. Su papel como propulsor de la demanda efectiva, a través de la revalorización de los activos inmobiliarios, es asimismo esencial, como expone Jacobo Abellán, para sostener la marcha de la reproducción ampliada del capital y para paliar la crisis de demanda causada por el crónico estancamiento salarial:

“La vivienda, como un ‘almacén de valor’ intercambiable, proveería de un ‘fondo de demanda’ cuando otros recursos, financieros o no, se ‘secan’, es decir, disminuyen o dejan de estar disponibles. Unos precios elevados de la vivienda se traducirían en un aumento de la riqueza de los hogares propietarios, tanto para aquellos hogares que venden su vivienda durante ese periodo, que obtienen un beneficio cuantioso, como para aquellos que permanecen en ella, que ven como su vivienda se revaloriza. Un aumento en sus niveles de riqueza favorecerá asimismo sus expectativas de consumo, lo que empujará a la compra de nuevos bienes y servicios, favoreciendo por tanto un incremento de la demanda efectiva y la reactivación de la circulación de capital”.

Emmanuel Rodríguez define esta configuración tóxica, amén de generadora de crecientes cotas de desigualdad, como un “keynesianismo financiero”, sostenido por el “almacén de demanda” que representa el valor astronómico del patrimonio inmobiliario -un 70 por ciento de la riqueza generada en España en el último medio siglo-:

“La única solución eficaz al problema de la demanda ha sido su recomposición por la vía financiera, que es lo que aquí llamamos keynesianismo financiero o de precio de activos”.

Si la “sociedad de activos” se ha convertido en el rasgo característico de la patológica estructura económica vigente y la extracción de rentas y la revalorización inmobiliaria representan el sustento esencial de la actividad económica y del sostenimiento artificial de la demanda de consumo, ¿cuáles son las implicaciones de esta transformación radical de las fuentes de generación de la riqueza social? ¿qué consecuencias tiene que un bien básico para la subsistencia cotidiana y la reproducción social se convierta en el núcleo de la matriz de rentabilidad del capital y en el principal “tesoro” personal y familiar, cuya obtención justifica todos los desvelos y sacrificios imaginables?

Sin duda se trata de una metamorfosis revolucionaria de la estructura económica, cuyos fundamentos contradicen de raíz los rasgos presuntamente definitorios de un capitalismo “saludable”. La etapa crepuscular del sistema de la mercancía subvierte pues radicalmente los principios basales de la economía política clásica.

El objetivo de una política económica “progresista” era, según John Stuart Mill, “liberar las economías de los inmerecidos ingresos por alquiler y los crecientes precios del suelo de los que los propietarios se benefician mientras duermen”.

La renta era el término que designaba el ingreso que no tiene contrapartida en los costes de producción y cuya generación no requiere de ningún desembolso directo. Se trata por tanto de “ingresos no ganados”, obtenidos únicamente gracias al ejercicio de las prerrogativas que otorga un título de propiedad. A diferencia pues de las otras dos clases sociales -empresarios y trabajadores-, los terratenientes detraen una parte del producto social sin realizar ningún esfuerzo productivo ni “mancharse” con la explotación del trabajo humano.

El insigne John Maynard Keynes, sin duda el economista más influyente del siglo XX, consideraba la renta como un ingreso parasitario, que no recompensa ningún sacrificio “genuino” y que únicamente se funda en la explotación de la escasez de un bien necesario:

“Hoy el interés no recompensa de ningún sacrificio genuino como tampoco lo hace la renta de la tierra. El propietario de capital puede obtener interés porque aquél escasea, lo mismo que el dueño de la tierra puede percibir renta debido a que su provisión es limitada”.

Sin embargo, frente a la optimista prognosis keynesiana, acerca de la progresiva “eutanasia del rentista” y la transición paulatina hacia un capitalismo libre de elementos parasitarios, lo cierto es que el resultado ha sido más bien el contrario:

“Veo, por tanto, el aspecto rentista del capitalismo como una fase transitoria que desaparecerá tan pronto como haya cumplido su destino, y con la desaparición del aspecto rentista sufrirán un cambio radical otras muchas cosas que hay en él”.

Huelga decir que lo que el ilustre prócer consideraba una de las “características francamente objetables” del capitalismo y una rémora para la reproducción saludable de la organización social supone hoy el núcleo principal de la generación de riqueza de todas las economías “avanzadas”. Resulta imposible exagerar las implicaciones del desplazamiento descrito. La conversión del “espacio construido” en la fuente primordial de extracción de riqueza social, mediante la continua explotación del territorio urbano -véase, sin ir más lejos, el peso formidable del sector turístico en la economía española- y la revalorización de los activos inmobiliarios, penetra hasta el corazón de los mecanismos básicos de la reproducción social. De este modo, la desposesión de las clases populares se basa en un bien de primera necesidad, cuyas características están, para más inri, en las antípodas de cumplir con las reglas del sacrosanto libre mercado.

¿Cuáles son los rasgos de esta mercancía fake, que la convierten en la antítesis de un bien “perfectamente competitivo”, situándola más bien en el centro de una dinámica extractiva, en la que el poder social se ejerce mediante el monopolio privado de un bien del que nadie puede prescindir?

El hecho cierto es que, como señala el geógrafo Ricardo Gasic, la vivienda no es en absoluto una mercancía al uso sometida a los asépticos vaivenes de la ley de la oferta y la demanda:

“En un estudio de larga data titulado No Price Like Home -No hay otro precio como el de la vivienda-, se demuestra que entre 1870 y 2010 no existe ninguna otra mercancía que incremente su precio sostenidamente como la vivienda, al menos en las grandes economías nacionales de los países avanzados”.

¿Cómo es posible que un bien que se deprecia -se estima que la vida útil de una construcción ronda los setenta años- con el uso pueda encarecerse casi hasta el infinito? ¿Qué es lo que explica esta insólita anomalía?

Si atendemos a la “música celestial” de la ortodoxia neoclásica, un incremento de la oferta de vivienda debería producir automáticamente un descenso del precio. De hecho, ese es el mantra que no cesa de recitar la legión de supuestos “expertos” que pulula por las tribunas académicas y los mass media, ante la dramática situación actual de aguda crisis de “asequibilidad” en el acceso a la vivienda. Sirva como botón de muestra del “exquisito rigor” de semejante planteamiento el siguiente dato demoledor que proporciona Rodríguez: “Entre 1995 y 2007 se construyeron en España alrededor de siete millones de viviendas y el precio de los inmuebles se multiplico casi por tres”.

El discurso ortodoxo, que considera la vivienda como un bien de mercado cualquiera -cual si de una barra de pan o de una lavadora se tratara-, sujeto por tanto al ajuste automático hacia el precio y la cantidad de equilibrio, deforma intencionadamente las características únicas que distinguen radicalmente al sector inmobiliario de un mercado convencional.

Dado que la vivienda urbana está fijada para siempre al terreno construido, no se puede entender el carácter claramente confiscatorio del mercado inmobiliario sin atender a la relevancia de la renta del suelo en el conformación del precio de la vivienda, tanto de compra como de alquiler.

Como explica David Harvey, el geógrafo marxista más influyente de las últimas décadas, el suelo es una mercancía artificial, más próxima a un activo financiero que a un producto mercantil al uso:

“El suelo no es una mercancía en el sentido más corriente de la palabra. Es una forma ficticia de capital que deriva de las expectativas de futuras rentas”.

El propio Harvey resume los rasgos espurios de esta mercancía fake, que solo el troquel de la valorización del capital convierte en un producto comercializable, alterando radicalmente los requisitos de un mercado teóricamente competitivo:

“El suelo y sus mejoras tienen una localización fija. Esta localización absoluta confiere privilegios monopolistas a la persona que posee el derecho a determinar el uso de dicha localización”.

La determinación de la renta del suelo, clave para la formación del precio de la vivienda, se realiza, por tanto, como señala asimismo Rodríguez, en base a las expectativas de ingresos futuros, obtenidos en base al monopolio fundado en la propiedad privada:

“Las rentas del suelo surgen del dominio monopolista de una mercancía ficticia, sin costes de producción, que descuenta permanentemente los precios futuros de la producción inmobiliaria o agrícola. Se suele sostener, con razón, que los precios del suelo no son otra cosa que el precio anticipado de las edificaciones que se van a construir en él”.

He aquí pues la clave, en palabras de Javier Moreno Zacarés, de la capacidad cuasiinfinita de maximización de las rentas inmobiliarias:

“El rentista puede prestar el activo temporalmente, extrayendo renta en forma de pagos de alquiler (rentas literales), o vender el activo para canjear pronto ingresos futuros, extrayendo renta en forma de un pago a tanto alzado (ganancias de capital)”.

El propio Zacarés describe la “sustancia del alquiler” como la combinación de dos flujos diferentes, la renta “absoluta” del suelo y el beneficio “capitalista” de la construcción, de los cuales el primero predomina abrumadoramente:

“Cuando una casa queda fijada a una localización particular, asume las propiedades del suelo sobre el que reposa, en virtud de las cuales este devenga renta. Las rentas que rinde este alojamiento, sin embargo, serán una combinación de dos réditos, distintos pero interrelacionados: el rédito derivado de la deseabilidad del suelo bajo él (renta de la tierra), más el rédito proporcionado específicamente por su infraestructura construida (renta de la construcción). La combinación de estos dos flujos de rentas forma la sustancia del alquiler”.

Lo anterior ilustra la falacia que supone la visión ortodoxa del mercado inmobiliario como un “paraíso” de la libre competencia, amén de poner de manifiesto los intereses reales que se esconden tras la afirmación de que la solución a la crisis actual se basa en “aumentar la oferta de vivienda”.

Se trata, antes al contrario, de una relación profundamente desigual, condicionada principalmente por el poder diferenciado de los “grupos de intereses” que intervienen en el “campo de batalla” que representa, fundamentalmente para sus víctimas, la selva inmobiliaria.

El problema se agrava además en la situación actual de agudo recrudecimiento de la violencia inmobiliaria. La resaca de la hecatombe de 2008 ha provocado que todo el entramado que cimentó la colosal burbuja -construcción, financiación bancaria y expansión urbanística- haya permanecido, hasta hace muy poco, en un estado de hibernación, mientras que el alquiler y el sector turístico se convertían en los nuevos filones de la renovada euforia del “ladrillo”.

De nuevo Zacarés resalta la enorme asimetría entre las dos partes del contrato de alquiler y el carácter extractivo de la relación arrendataria:

“Como hemos visto antes, hay una profunda contradicción entre las funciones rentistas y residenciales de la vivienda. El conflicto entre las lógicas del rentista y el residente se hace más evidente en el caso la vivienda de alquiler privado. En ausencia de un control estricto del alquiler, los caseros buscarán por lo general maximizar el alquiler de vivienda que extraen de sus propiedades minimizando los costes operacionales (reparaciones, mejoras) y aumentando los precios de arrendamiento en función de la demanda, expulsando y sustituyendo inquilinos en conformidad”.

Lo anterior se observa gráficamente con un ejemplo práctico estilizado, extraído de un estudio sobre la Teoría de la Renta realizado por el Sindicato de Inquilinas de Barcelona, en el que se muestra que el montante arbitrario de la renta del suelo constituye la mayor parte del precio del alquiler:

“Supongamos que por un piso en el barrio del Clot pagamos 800 euros. El piso fue construido en 1950 y desde entonces siempre ha habido inquilinas pagando rentas, por lo tanto, la construcción está más que amortizada: las inquilinas, con los años, ya han pagado lo que en su día costó levantar las paredes, el material, la mano de obra, el beneficio del constructor, etc. Aun así, el piso tiene unos costes de mantenimiento, pero estos costes son aproximadamente de 100 euros al mes. Por lo tanto, los restantes 700 euros son un pago que únicamente va destinado al bolsillo del rentista, sin ningún otro destino. Es lo que sería la renta del suelo”.

El venerable “patriarca” del marxismo, Friedrich Engels, autor de un estudio pionero sobre “el problema de la vivienda”, fundamenta, de forma más teórica, el «misterio» del alquiler:

“Cuando se alquila, la vivienda produce a su propietario, en forma de alquileres, una renta del suelo, el coste de las reparaciones y un interés sobre el capital invertido en la construcción, incluyendo la ganancia correspondiente a este capital. Y si, entretanto, el alquiler ha cubierto cinco o diez veces su precio de coste inicial veremos que esto se debe exclusivamente a un aumento de la renta del suelo”.

La renta es, en definitiva, un pago de transferencia monopolística, impuesto por la relación de poder basada en la propiedad privada. Su magnitud depende en consecuencia del poder relativo de las partes intervinientes, y será mayor cuando las condiciones institucionales obliguen a los inquilinos a aceptar condiciones draconianas. De este modo, la práctica inexistencia de vivienda de alquiler social en España; la fraudulenta regulación legal del préstamo hipotecario y la liberalización casi absoluta del contrato de arrendamiento; el paraíso fiscal que representan los ingresos por arrendamientos para los afortunados arrendadores, debido a las suculentas desgravaciones obtenidas en el IRPF; el crecimiento exponencial de la vivienda de alquiler de temporada y turístico, un sector «salvaje» en el que la regulación brilla por su ausencia; y, last but not least, la presencia significativa en el mercado inmobiliario de los ominosos fondos buitres, con sus salvajes prácticas capaces de “destruir las vidas de la gente”. Todos ellos constituyen los inhóspitos rasgos del sector que potencian extraordinariamente el poder del arrendador inmobiliario -sea este persona física o jurídica- en detrimento del desvalido inquilino, que carece además en la mayoría de los casos de “alternativa habitacional”, lo que lo convierte en un cliente “cautivo”.

Sin duda se trata, como resalta de nuevo Harvey, de un “conflicto de clase”:

“En todos estos casos, el alquiler debe concebirse como una renta absoluta que recae sobre el poder monopolístico de los terratenientes como clase frente al poder y la condición colectiva de los inquilinos. Se establece, en pocas palabras, por un conflicto de ‘clase’ dentro de un área geográfica restringida (dentro de un espacio absoluto)”.

La ciudad revanchista

“La ciudad revanchista augura una feroz reacción contra las minorías, la clase trabajadora, las personas sin hogar, los desempleados, las mujeres, los homosexuales y los inmigrantes. Se trata de una ciudad dividida, en la que quienes han resultado vencedores están cada vez más a la defensiva en relación con sus privilegios, cuya defensa se ha vuelto cada vez más feroz”

Neil Smith

Emmanuel Rodríguez describe los deletéreos efectos de la configuración patológica someramente descrita sobre el tejido social:

“En términos generales, la financiarización reduplica los efectos de desigualdad de las antiguas estructuras de clase, a lo que habría que añadir la pesada servidumbre que conllevan los enormes volúmenes de endeudamiento. Las burbujas inmobiliarias penetran con mucha mayor profundidad en el tejido social, por la simple razón de que los mecanismos financieros se insertan, en este caso, en una mercancía de primera necesidad”.

¿Cuáles serían las principales consecuencias para la desequilibrada estructura social imperante y para la posibilidad de construcción de formas renovadas de luchas populares del carácter cada vez más depredador de los «mecanismos financieros», caracterizados por la masiva extracción de rentas y de la “deuda a muerte”?

Los movimientos sociales urbanos se consideran con demasiada frecuencia, por parte de los «guardianes de la ortodoxia» revolucionaria, como “asuntos” separados o subordinados a la lucha de clases tradicional, enraizada en la explotación y la alienación del trabajo vivo en la producción.

Sin embargo, la profunda metamorfosis del sistema de la mercancía desde los tiempos heroicos de la Revolución Industrial exigiría quizás poner en cuestión ese sagrado principio, reflejado en la rotunda sentencia del patriarca Engels:

“La penuria de la vivienda para los obreros y para una parte de la pequeña burguesía de nuestras grandes ciudades modernas no es más que uno de los innumerables males menores y secundarios originados por el actual modo de producción capitalista. Por tanto, se falsean totalmente las relaciones entre arrendatario y arrendador cuando se intenta identificarlas con las que existen entre el obrero y el capitalista”.

Si bien no deja de ser obvio que se trata de dos relaciones “cualitativamente” diferentes, el hecho cierto es que también, como señala Jaramillo, están estrechamente relacionadas:

“Si tenemos en cuenta que la vivienda es un valor de uso indispensable para la reproducción de la fuerza de trabajo, el monto que el obrero debe pagar por consumirla debería estar incluido en el monto del salario que recibe”.

Por lo tanto, el salario debería incorporar el coste de la vivienda y el del desplazamiento al lugar de trabajo -muy relacionado a su vez con los masivos procesos de gentrificación que asolan actualmente las urbes neoliberales-. Sin embargo, esto dista mucho de ser así, ya que la indexación salarial, existente solo en algunos convenios colectivos, se basa en el IPC, que no incluye la compra de vivienda ni los intereses pagados al banco, y minusvalora enormemente el alquiler. Así pues, el coste de la vivienda está prácticamente desconectado del poder adquisitivo de los asalariados, aunque representa nada menos que casi la mitad del sueldo medio en España y es, de largo, el “bocado” más relevante de los ingresos de los trabajadores. Pero incluso existe otra arista más, que vuelve aún más enrevesado el asunto, ya que la carestía inmobiliaria implica también un conflicto potencial entre los capitalistas productivos y los rentistas, al aumentar el valor de la fuerza de trabajo y dificultar gravemente sus condiciones de vida y rendimiento laboral. Los abundantes ejemplos de la enorme dificultad -por parte de la patronal de la hostelería e incluso también de la administración pública- de encontrar trabajadores que se desplacen a las zonas turísticas de Canarias y Baleares, dados los niveles prohibitivos del alojamiento, son sólo un botón de muestra de tal realidad.

El propio Marx destacó, como recuerda Abellán, el concepto de “explotación secundaria”, como un aspecto clave de la expropiación de riqueza que sufre el salario del obrero añadida a la explotación laboral:

“El concepto marxiano de explotación secundaria proviene de su concepto de explotación, con el que quería explicar la extorsión realizada por el capitalista para apropiarse de una parte del valor producido por el trabajador durante la producción sin pagarle un equivalente a cambio”.

En un contexto en el que la “violencia inmobiliaria” deviene un fenómeno preeminente en la fracturada estructura social vigente y la arremetida contra las condiciones de vida de las mayorías sociales resulta más virulenta, parece por tanto necesario, como señala de nuevo Abellán basándose en Harvey, el replanteamiento de la estructura canónica del conflicto de clase:

“En su artículo de 1974 Harvey señala que la dinámica de la urbanización genera dos tipos de clases sociales: la clase de los proveedores (promotores inmobiliarios, especuladores y propietarios/caseros), que poseen el monopolio de la propiedad de los recursos urbanos y que obtienen una renta por su provisión, y la clase de consumidores de ese recurso. La renta monopolista de clase sería la tasa de retorno. El lugar del conflicto también se desplazaría. Mientras en el conflicto capital/trabajo el conflicto tendría lugar en el ámbito laboral, en el conflicto rentista versus comunidad, por el contrario, el conflicto tendría lugar dentro del barrio y del espacio urbano. De la misma forma, el sujeto central de la lucha de clases sería un sujeto distinto”.

Tales constataciones suscitan un trascendental interrogante:

¿Hasta qué punto las luchas por la vivienda y por la defensa del resto de aspectos relacionados con la reproducción social adquieren, en la realidad vigente, la suficiente envergadura como para representar el locus principal del enfrentamiento entre poseedores y desposeídos? El embate en toda la línea de la voracidad capitalista contra los cimientos de los mecanismos de la reproducción social, que convierte los bienes básicos como la vivienda en el filón primordial de la expropiación de riqueza de las clases trabajadoras, produce, como señala Rodríguez, un desplazamiento paralelo del carácter de las luchas populares:

“La lucha por el derecho a la vivienda desplazaba la vieja centralidad del trabajo, ponía el foco en las garantías a la reproducción social, que habían sido convertidas en activos financieros. De acuerdo con el viejo léxico marxista, el lugar de organización —de construcción de una experiencia común— se debe desplazar así necesariamente de la producción a la reproducción”.

En el periodo vigente, caracterizado por la preeminencia del circuito secundario de acumulación, en el que las vetas de obtención de ganancia del capitalismo en crisis terminal se desplazan de la producción a la circulación, al consumo y a la vivienda, las nuevas líneas de fractura social deben sin duda reflejar esa metamorfosis.

El historiador e intelectual anarquista Miquel Amorós abunda en esa mutación de la “condición proletaria actual”:

“La condición proletaria actual se define mejor hoy por las dificultades del hábitat, reflejo de las cuales son los movimientos provivienda, la lucha contra los desahucios, las ocupaciones de fincas, los sindicatos de inquilinos y los conatos de instalación en el campo. El movimiento anarcosindicalista ha de encabezar la resistencia a la gentrificación”.

Ninguna conceptualización teórica podrá, en cualquier caso, predeterminar el carácter futuro de las luchas sociales. Sólo el desarrollo imparable del creciente conflicto por las condiciones básicas de subsistencia de las clases populares podrá generar -o, en caso contrario, encaminarnos de forma rauda a la barbarie- la constitución de nuevos sujetos transformadores, que desafíen el embate redoblado de los “amos del planeta” contra los fundamentos del metabolismo social y natural.

La ciudad neoliberal es, en definitiva, en los términos de Smith, un territorio “revanchista” y cruel; un campo de batalla polarizado entre la defensa feroz de los desmedidos privilegios ostentados por los “vencedores”, y la lucha por la dignidad y la emancipación, mediante los intentos de organización y de resistencia de los -ojalá que provisionalmente- “perdedores”.

Blog del autor: https://trampantojosyembelecos.wordpress.com/2025/06/11/la-vivienda-como-lugar-de-combate-i/#more-3026

Alfredo Apilánez. Economista y profesor. Autor de varios artículos y trabajos sobre temas relacionados con la economía, principalmente en el ámbito financiero, y del libro Las Entrañas de la Bestia. La fábrica de dinero en el capitalismo desquiciado

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30 argumentos contra el Banco Mundial y el FMI

Por: Caty R

El Foro se celebró en la Universidad de Filipinas, en la capital. El título del Foro era: «Cadenas de deuda y vidas desplazadas: enfrentado el legado de las Instituciones Financieras en el Sur Global». El evento contó con el apoyo y la colaboración de un gran número de organizaciones junto con el IIRE Manila y el CADTM: el Programa AltDev sobre Desarrollo Alternativo del UP CIDS, el Centro para la Defensa de los Migrantes, Focus on the Global South, la Coalición para la Liberación de la Deuda (Freedom From Debt Coalition), Sumpay Mindanao, el Centro de Recursos y Servicios Kaagapay OFW, el Departamento de Geografía de la Universidad de Filipinas y el Movimiento Asiático de los Pueblos sobre la Deuda y el Desarrollo (APMDD). Tras el discurso de Eric Toussaint, que se reproduce a continuación, se llevaron a cabo una docena de presentaciones a cargo de representantes de las organizaciones que apoyaron el evento, así como de delegados/das de la India, Pakistán y Bangladesh. Las presentaciones se centraron, entre otras cosas, en la relación entre la naturaleza perjudicial de las políticas dictadas por el dúo Banco Mundial/FMI y la tragedia que la migración suele representar para los pueblos del Sur Global.

1. Desde su creación en 1944, el Banco Mundial y el FMI han apoyado activamente a todas las dictaduras y regímenes corruptos del bando aliado de Estados Unidos.

2. El Banco Mundial y el FMI atentan contra la soberanía de los Estados, en flagrante violación del derecho de los pueblos a la autodeterminación, en particular mediante las condiciones que imponen.

3. Estas condiciones empobrecen a las poblaciones, aumentan las desigualdades, entregan los países a las multinacionales y modifican la legislación de los Estados (reescritura completa de los códigos laborales, mineros y forestales, derogación de los convenios colectivos, etc.) en beneficio de los acreedores y los «inversores» extranjeros.

4. A pesar de la detección de desvíos masivos de fondos, el Banco Mundial y el FMI mantuvieron, e incluso aumentaron, las sumas prestadas a regímenes corruptos y dictatoriales aliados con las potencias occidentales.

5. Han apoyado a las peores dictaduras hasta el último momento. Por ejemplo: los casos emblemáticos de su apoyo a Suharto en Indonesia de 1965 a 1998; a Marcos en Filipinas de 1972 a 1986; a Ben Ali en Túnez y a Mubarak en Egipto hasta su derrocamiento en 2011.

Han apoyado a las peores dictaduras hasta el último momento. Por ejemplo: los casos emblemáticos de su apoyo a Suharto en Indonesia de 1965 a 1998

6. Han saboteado activamente los experimentos progresistas en materia de democracia. He aquí algunos ejemplos: Jacobo Árbenz en Guatemala en 1954; Mohammed Mossadegh en Irán en la primera mitad de la década de 1950; Soekarno en Indonesia y João Goulart en Brasil a principios de la década de 1960; los sandinistas en Nicaragua en la década de 1980 y, por supuesto, Salvador Allende en Chile entre 1970 y 1973. La lista completa es mucho más larga.
7. El Banco y el FMI financian a dictadores y luego exigen a sus víctimas el reembolso de las odiosas deudas contraídas por sus opresores.

8. La deuda colonial odiosa. Del mismo modo, el Banco obligó a las poblaciones de los países que se independizaron a finales de los años cincuenta y principios de los sesenta a pagar las odiosas deudas contraídas por las antiguas potencias coloniales para colonizar sus países. Un ejemplo llamativo es la transferencia, a costa del Congo independiente, de la deuda colonial contraída por Bélgica con el Banco Mundial para completar la colonización del Congo (Kinshasa) en la década de 1950. Y ello a pesar de que tales transferencias de deudas coloniales están prohibidas por el Derecho Internacional.

9. En la década de 1960, el Banco y el FMI prestaron apoyo financiero a países como Sudáfrica bajo el apartheid y Portugal, que mantenía su dominio sobre sus colonias de África y el Pacífico a pesar del boicot financiero internacional decretado por la ONU. El Banco Mundial también apoyó a un país (Indonesia) que había anexionado por la fuerza a otro país (Timor Oriental) en 1975.

10. En el plano ecológico, el Banco aplica políticas productivistas y extractivistas desastrosas para las poblaciones y perjudiciales para la naturaleza. Sigue apoyando la construcción de centrales térmicas de carbón, con efectos desastrosos en términos de contaminación y cambio climático. Incluso ha logrado arrogarse la gestión del mercado de permisos de emisión de gases de efecto invernadero. El Banco Mundial también financia la construcción de grandes presas que causan enormes daños medioambientales. Fomenta el desarrollo de la agroindustria en detrimento de la agricultura familiar, apoyando el uso masivo de pesticidas, herbicidas y fertilizantes químicos, responsables de la dramática pérdida de biodiversidad y del empobrecimiento de los suelos. El Banco Mundial promueve la privatización y la comercialización de la tierra en beneficio de los grandes terratenientes. El presidente del Banco Mundial está tratando de convencer al consejo de administración para que financie el desarrollo de centrales nucleares.

11. El Banco Mundial y el FMI financian proyectos que violan flagrantemente los derechos humanos. Entre los proyectos menos respetuosos con los derechos humanos y directamente apoyados por el Banco figura el proyecto de «transmigración» llevado a cabo en Indonesia en los años setenta y ochenta, muchos de cuyos elementos podrían calificarse de crímenes contra la humanidad (destrucción del entorno natural de las poblaciones indígenas y desplazamientos forzados de poblaciones).

12. El Banco Mundial y el FMI han contribuido a la aparición de factores que han provocado varias crisis de deuda. En resumen: a) el Banco Mundial y el FMI han animado a los países a contraer deudas en condiciones que han llevado al sobreendeudamiento; b) el Banco Mundial y el FMI han incitado, e incluso obligado, a los países a suprimir los controles sobre los movimientos de capitales y los tipos de cambio, aumentando así la volatilidad de los capitales y facilitando considerablemente su fuga; c) el Banco Mundial y el FMI han incitado a los países a abandonar la industrialización por sustitución de importaciones (ISI) y a sustituirla por un modelo basado en la promoción de las exportaciones.

13. Tan pronto como estalla una crisis de deuda, el Banco Mundial y el FMI favorecen sistemáticamente a los acreedores y debilitan a los países endeudados.

14. El Banco Mundial y el FMI recomiendan, e incluso imponen, políticas que hacen recaer la carga de la deuda sobre la población, favoreciendo a los más poderosos.

El Banco Mundial y el FMI recomiendan, e incluso imponen, políticas que hacen recaer la carga de la deuda sobre la población, favoreciendo a los más poderosos.

15. El Banco Mundial y el FMI alientan la «generalización» de un modelo económico que aumenta sistemáticamente las desigualdades entre los países y dentro de ellos.

16. Con la complicidad de los gobiernos de los países endeudados, el Banco Mundial y el FMI extienden las políticas de ajuste estructural a la mayoría de los países de América Latina, África, Asia y Europa Central y Oriental.

17. En los países mencionados, se han llevado a cabo privatizaciones masivas en detrimento del bien común, enriqueciendo enormemente a un puñado de oligarcas.

18. El Banco Mundial y el FMI refuerzan las grandes empresas privadas y debilitan a las autoridades públicas y a los pequeños productores. Han acentuado la explotación de los trabajadores y los pequeños productores y han aumentado su precariedad.

19. Su supuesta lucha contra la pobreza no logra ocultar una política que, en la práctica, reproduce y agrava las causas mismas de la pobreza.

20. El discurso del Banco Mundial sobre la «igualdad de género» coincide en realidad con políticas que, de hecho, refuerzan ciertos aspectos de la dominación patriarcal. Las políticas financiadas por el Banco y el FMI tienen consecuencias negativas en la vida de las mujeres.

21. La liberalización de los flujos de capital, que han fomentado sistemáticamente, ha aumentado el impacto negativo de la evasión fiscal, la fuga de capitales y la corrupción.

22. La liberalización del comercio ha reforzado a las economías más fuertes y ha debilitado aún más a las más débiles. La mayoría de los pequeños y medianos productores de los países en desarrollo son incapaces de resistir la competencia de las grandes empresas, ya sean del Norte o del Sur.

23. El Banco Mundial y el FMI, que abogan por la buena gobernanza en sus informes, en realidad se dedican a prácticas dudosas dentro de sus propias instituciones.

24. El Banco Mundial y el FMI han contribuido sistemáticamente a debilitar los servicios de salud pública. Esto ha mermado considerablemente la capacidad de los gobiernos y las poblaciones para hacer frente a enfermedades tradicionales como la malaria y la tuberculosis, así como a nuevas epidemias como la Covid-19.

25. Las políticas neoliberales aumentan la presión sobre las clases populares, obligándolas a buscar trabajo en el extranjero para poder enviar ayuda financiera a sus familias que se han quedado en el país. También se está produciendo una fuga de cerebros.

26. Para un número significativo de países, esta exportación de mano de obra genera más ingresos en divisas que otras exportaciones. Las remesas de los trabajadores migrantes superan los flujos de ayuda oficial al desarrollo (AOD). En 2024, el importe total de las remesas de los migrantes a los países de renta baja y media se estima en más de 656 000 millones de dólares, según datos del Banco Mundial. La AOD total, que incluye una mayoría de préstamos y solo una pequeña minoría de donaciones, ascendía a algo menos de 200 000 millones de dólares. Esta cifra incluye la AOD a Ucrania, que no es un país en desarrollo. En Filipinas, las remesas de los migrantes a sus familias que se quedaron en el país ascendieron a 39 000 millones en 2024, mientras que las donaciones de AOD apenas superaron los 2000 millones.

27. Algunos gobiernos fomentan activamente esta exportación de mano de obra. En los Estados del Golfo o en las economías de los países más industrializados, estos migrantes suelen ser explotados y privados de sus derechos políticos, económicos, sociales y culturales.

28. Estas dos instituciones marginan a la mayoría de los países en desarrollo, a pesar de que representan la mayoría de sus miembros, favoreciendo así a un puñado de gobiernos de países ricos.

29. En resumen, el Banco Mundial y el FMI son instrumentos despóticos en manos de una oligarquía internacional (un puñado de grandes potencias, sus gobiernos y sus empresas transnacionales) que apoyan un sistema capitalista internacional perjudicial para la humanidad y el medio ambiente.

30. Las prácticas y actividades perjudiciales del Banco Mundial y el FMI deben ser denunciadas para que cesen. Las deudas cuyo reembolso reclaman estas instituciones deben ser canceladas, y las instituciones y sus dirigentes deben ser llevados ante la justicia.

Conclusión

Es urgente establecer una nueva arquitectura internacional democrática que favorezca la redistribución de la riqueza y apoye los esfuerzos de los pueblos por un desarrollo socialmente justo y respetuoso con la naturaleza.

Según el CADTM, es imposible reformar el Banco Mundial y el FMI. Estas dos instituciones deben disolverse y sustituirse por instituciones internacionales democráticas. La organización que sustituya al Banco Mundial debería estar fuertemente regionalizada (Bancos del Sur podrían estar vinculados a ella). Su función sería conceder préstamos a tipos de interés muy bajos, incluso nulos. Su ayuda solo se concedería si se utiliza en estricto cumplimiento de las normas sociales y medioambientales y, en general, de los derechos humanos fundamentales. A diferencia del actual Banco Mundial, el nuevo banco, que tanto necesita el mundo, no trataría de representar los intereses de los acreedores sometiendo a los deudores al poder omnipotente del mercado, su misión prioritaria sería defender los intereses de los pueblos que reciben los préstamos y las donaciones.

En cuanto al nuevo FMI, debería volver a parte de su mandato inicial: garantizar la estabilidad de las monedas, luchar contra la especulación, controlar los movimientos de capitales y luchar contra los paraísos fiscales y la evasión fiscal. Para alcanzar este objetivo, podría contribuir, junto con las autoridades nacionales y los fondos monetarios regionales que también deben crearse, a la recaudación de diversos impuestos internacionales.

Eric Toussaint es doctor en Ciencias políticas de la Universidad de Lieja y de la Universidad de París VIII, es el portavoz del CADTM internacional y  miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia.

Fuente: https://www.cadtm.org/Enfrentar-el-legado-de-las-Instituciones-Financieras-en-el-Sur-Global-30

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«La crisis climática es una lucha de clases»

Por: Caty R

No es el historiador más conocido del mundo, pero Jason W. Moore (Corvallis, Oregon, 1971) es quien ha puesto en circulación y defiende con más tesón investigador el concepto ‘Capitaloceno’. Una respuesta con la que Moore discute el uso de ‘Antropoceno’, nacido, asegura, para repartir las culpas de la crisis climática entre sus verdaderos responsables y quienes padecen ese cambio del clima. Se basa en datos que son conocidos, como que el 1% más rico es responsable del doble de las emisiones que la mitad de la humanidad más pobre. Pero, a pesar de esa evidencia, como señala Moore, el concepto de antropoceno se extiende también entre la izquierda.

En ese hecho Moore justifica la que, sin duda, es la propuesta más arriesgada de su obra: una crítica rigurosa al ecologismo estadounidense y su complicidad con el capitalismo. Partiendo de la base de que —como se señala en el prólogo de su último libro— el ecologismo profesional estadounidense está alejado de la tradición de la ecología política, más vinculada con la lucha sindical y los movimientos sociales, que conocemos mejor en Europa, las advertencias de Moore sobre el “ecologismo de los ricos” y su abordaje de la crisis climática resuenan en discursos sobre el Green New Deal (nuevo pacto verde), que son moneda corriente en la literatura producida por la Comisión Europea y los partidos que, a izquierda y derecha, la sostienen. 

Por eso, el autor de La gran implosión y El capitalismo en la trama de la vida (Traficantes de Sueños, años 2020 y 2025) basa su trabajo en la relación entre el trabajo y la crisis climática, en una crítica al capitalismo y a sus maneras de dominación, así como en una explicación con distintos grados de complejidad, pero clara, de los sucios secretos de la acumulación capitalista.

La tesis de los “cuatro baratos” desarrollada por Moore incide en que el capital no habría podido desarrollarse sin una explotación del trabajo, la energía, las materias primas y los alimentos basada en su devaluación. El Capital, de este modo, y a través de mecanismos ideológicos como la separación entre Hombre y Naturaleza (las mayúsculas son importantes) ha tomado históricamente lo que necesitaba a bajos precios, arrasando con lo que precisaba arrasar para su desarrollo. La sorpresa de finales del siglo XX y de principios de este siglo es que ya no lo puede hacer más, porque ha llegado a las fronteras biofísicas del planeta. 

Hay una constatación de ello en la manía del apocalipsis que se ha extendido en los últimos años, que comparten desde el desquiciante millonario broligarca Peter Thiel hasta una parte de la izquierda hambrienta de malas noticias. Situado en una posición rara —pero anclado en la tradición marxista—, Moore cree que lo que estamos experimentando es un nuevo episodio en los que el cambio del clima y las transformaciones sociales forman una tormenta.

En uno de tus artículos al decir que los estadounidenses están obsesionados con el apocalipsis. ¿De dónde viene esta pulsión?

Desde el principio, los estadounidenses han estado enamorados del apocalipsis, un concepto que significa en su significado clásico, revelar o poner al descubierto la verdad fundamental. Esto, por supuesto, se acerca mucho a la imaginación protestante, que sigue resonando en la cultura estadounidense. Se trata de la fantasía de un día de éxtasis, de la división entre el bien y el mal. En este sentido es una forma de milenarismo, solo que con una diferencia: muchos movimientos, desde los husitas en el siglo XVI hasta el movimiento de Danza fantasma de los pueblos indígenas norteamericanos o la secta Loto Blanco de China de finales del siglo XVIII, tomaban el milenarismo como el clamor de los oprimidos. Veían venir el fin de los tiempos porque sus mundos habían sido destruidos. La versión estadounidense es diferente: es el milenarismo de los ricos, de los poderosos.

Es otro tipo de pensamiento apocalíptico

Es importante entender eso porque el ecologismo estadounidense, el pensamiento ambiental de los poderosos, ha tenido mucha influencia en el mundo. Y es una forma de milenarismo. Cuando estos ecologistas hablan del clima como una amenaza existencial expresan una idea, una visión del mundo, que ha estado germinando en los Estados Unidos desde principios del siglo XVII y que se repite en la historia estadounidense, por ejemplo, a principios de la década de 1980, cuando Ronald Reagan habló de la Unión Soviética como el imperio del mal. Hay una esencia moralizante y existencial en el imaginario estadounidense que ha infectado el pensamiento de las élites de todo el mundo. No en Oriente, no en China, sino en el Occidente imperial. Y el ecologismo es una parte fundamental de ese milenarismo de los ricos.

La izquierda política también acaricia la idea de que el fin del mundo ya está aquí. ¿Cómo podemos romper esta tendencia sin caer en la autocomplacencia y sin proponer medidas que no aborden el meollo de los problemas?

Creo que debemos empezar por analizar la historia del pensamiento ambiental incluso antes del ecologismo, incluso antes del siglo XIX. Debemos volver a Thomas Malthus y antes de Malthus debemos ir a René Descartes, Thomas Hobbes y Francis Bacon, que no eran simplemente científicos y filósofos, eran ideólogos. Ideólogos del imperio. Para ellos, los habitantes nativos de las tierras coloniales eran salvajes. Eran parte de la Naturaleza. Hay una larga historia que parte de la izquierda se ha negado a reconocer; se ha negado a entender que el pensamiento ambiental, el ecologismo, el pensamiento científico ha sido fundamental para la ideología burguesa. Uno de mis ejemplos favoritos: la palabra ecología proviene de Ernst Haeckel, un científico alemán. Él fue uno de los cofundadores a principios del siglo XX de la Liga Monista Alemana, que desarrolló su concepción del Lebensraum [espacio vital] basándose en el ecologismo de Haeckel. Los elementos de ese pensamiento reaccionario se han mantenido. El pensamiento ambiental es históricamente antidemocrático. Históricamente es la política de la élite profesional alineada con el capital. 

Parece abstracto discutir sobre si el origen del capitalismo lo situamos a principios del siglo XIX o principios del siglo XVI y XVII, pero está íntimamente ligado a nuestras prioridades políticas

¿Qué hacemos para empezar a cambiar el rumbo del debate?

Creo que esa es la pregunta de la izquierda. Debemos insistir en que la cuestión del clima, la cuestión del cambio ambiental, es historia del trabajo. La crisis climática es una lucha de clases. Para Marx es una cuestión dialéctica: es decir, el trabajo es el punto de partida que nos permite empezar a ver todos los problemas del mundo como relacionados. La lucha de clases para Marx y Engels es siempre una lucha de clases en la trama de la vida.

Con respecto a la actual crisis climática, usted fijó la fecha clave del descubrimiento de América en 1492 como punto clave en el desarrollo del capitalismo que nos ha traído hasta aquí. Otros autores prefieren situar el inicio en torno a la revolución industrial. ¿Por qué es importante tomar ese punto de partida mucho antes de que se generalice el uso de combustibles fósiles?

Esta es una cuestión importante y se plantea dentro de un debate que no ha tenido lugar, el debate con el llamado capitalismo fósil. El libro de Andreas Malm, Capital fósil, es, en muchos sentidos, un libro excelente. Sin embargo, la teoría del capital fósil que nos presenta, es una teoría malthusiana, y eso sonará incendiario, pero voy a explicar por qué. Si analizamos la tesis de Capital Fósil, vemos lo que Malm ignora: la cuestión del imperialismo. En el corazón del capitalismo está el imperialismo moderno, que tiene que ver con los mecanismos políticos que producen los “cuatro baratos”: mano de obra, alimentos, energía y materias primas. No se puede tener una fábrica mundial sin la granja mundial o sin una mina mundial, ya que esas son, de hecho, las condiciones previas de la industria a gran escala. Esta es, por supuesto, la posición de Marx de que el capitalismo comienza en el siglo XVI: es absolutamente explícito al respecto. Puede que Marx esté equivocado en otros asuntos, pero en este punto tiene toda la razón. Y la relevancia de ese argumento en comparación con el argumento sobre la llamada Revolución Industrial es que los argumentos del capital fósil ignoran el imperialismo. No se habla de los cercamientos en Irlanda, no se habla del proletariado de las plantaciones, del empleo masivo de la esclavitud en las plantaciones para producir algodón.

¿Por qué es esto importante desde el punto de vista político hoy?

Es importante porque nos ayuda a entender que el desarrollo de la clase obrera mundial es combinado y desigual. También es fundamental para un internacionalismo proletario para todo el planeta, que es esencial que opere en todas las zonas de la ecología mundial capitalista. Parece abstracto discutir sobre si el origen del capitalismo lo situamos a principios del siglo XIX o principios del siglo XVI y XVII, pero está íntimamente ligado a nuestras prioridades políticas. Si creemos que hacer estallar los oleoductos cambiará el mundo, entonces hay que hacer estallar los oleoductos. Pero hemos visto que es una política fallida. En cambio, si trascendemos las relaciones que crearon los oleoductos, que crearon las centrales de carbón, que crearon los campos petrolíferos, si anulamos y trascendemos esas relaciones, entonces podemos tener una política revolucionaria con respecto al cambio climático.

Muchos estudiosos dicen que el racismo estuvo ahí desde el principio, pero no tenemos formas institucionales e ideológicas completamente maduras de racismo hasta el siglo XVI

Hombre y Naturaleza, ¿por qué estos conceptos antiguos siguen siendo tan importantes hoy en día?

Desde el principio, este es el código binario del poder capitalista. En el inglés anticuado se dice Hombre, ahora decimos ‘humanidad’, seguimos diciendo Naturaleza, en ambos casos se trata de inventos de los siglos XVI y XVII. Junto con la civilización forman la trinidad: el hombre, la naturaleza y la civilización, a la que hoy llamamos sociedad. Esencialmente, lo que la burguesía ha construido es una visión del mundo basada en lo que yo llamo el conflicto eterno: el Hombre contra la Naturaleza. ¿Quién media en los conflictos eternos? Los civilizadores, los imperialistas, los ricos y poderosos y la ciencia que compraron, la gente ilustrada. La estructura binaria del mundo moderno en el pensamiento está relacionada con la proposición marxista clásica sobre los orígenes del capitalismo. La separación del Hombre y la Naturaleza es una expresión abstracta de la separación del campesino de la tierra. Y también es un código operativo en términos de gestión. 

¿En qué sentido?

Todos hemos tenido trabajos en los que el gerente “lo sabe todo” y el “trabajador no sabe nada”. El gerente le dice al trabajador: “No queremos que pienses, queremos que obedezcas: eres una extensión de nuestra mente”. Esa es una forma de pensar que fue cristalizada por René Descartes en el siglo XVII, en un momento de crisis climática, en un momento de revolución política. Fue una forma de pensar que surgió entonces y que se ha reproducido desde entonces. Es una mentalidad gerencial. Los socialistas que se niegan a ver esto están renunciando a la política y a la lucha contra el gerencialismo.

También ha dicho que la división de género y el racismo nacen en estos períodos. ¿Cómo ocurre? ¿Por qué era tan importante para el capitalismo que así fuera?

El racismo es un mecanismo político para tener mano de obra barata, se desarrolla en esa época. Muchos estudiosos dicen que el racismo estuvo ahí desde el principio, pero está muy claro que no tenemos formas institucionales e ideológicas completamente maduras de racismo hasta algún momento a mediados del siglo XVI. Antes había expresiones de ello, por supuesto. Lo mismo ocurre con el género. 

Esas son las dos funciones principales de la IA y esa clase de procesos en la actualidad: expulsar a los trabajadores y mejorar el estado de seguridad

¿Cómo se construyen esas ideas?

Desde el punto de vista de la burguesía, las categorías de raza y género se expresan y conceptualizan a través de la Ley Natural. Quizá sea una nota a pie de página, pero la primera revolución capitalista en torno a esa ley natural provino de Francisco de Vitoria y el intrumentalismo metafísico. El hecho es que la Raza y el Género se inventan en el momento de la gran proletarización, entre los años 1550 y 1750. Esta es, por supuesto, la acumulación primitiva de Marx y no se limita a Inglaterra. En Europa occidental, la proporción de la población que está proletarizada pasa de aproximadamente una cuarta parte a aproximadamente la mitad entre esos años. Ésta es también la era del nacimiento y la génesis del sexismo, que es una estrategia de control laboral y un esfuerzo por colocar a las mujeres en la categoría de “Naturaleza” de modo que no sea necesario pagarlas.

¿Qué implica?

Es una estrategia laboral “barata”. Con el desarrollo de la trata transatlántica de esclavos y de la esclavitud africana, que comienza a producirse masivamente después de 1600, el racismo se desarrolla progresivamente como ideología, pero también, como siempre —no solo la raza sino la etnicidad— es una consecuencia de la organización política de los mercados laborales. Como sabemos hoy, los inmigrantes se mantienen en una parte del mercado laboral, el mercado laboral más barato y explotado. A otros se les ha permitido entrar en las profesiones liberales. Así es cómo funcionan la raza y la etnia, pero en el fondo se trata de estrategias de obtención de trabajo barato, estrategias que buscan, ante todo, dividir y conquistar, el antiguo proverbio romano dīvide et īmpera. Muchos miembros de la izquierda profesional han abrazado el “divide y vencerás”. Han abrazado la política de raza y género como algo esencial, por encima de la lucha de clases, siguiendo el esfuerzo de la burguesía por dividir a la clase obrera dentro de las naciones y entre las naciones.

¿Cómo cree que el capitalismo cognitivo, el poder de Silicon Valley, encaja con la hipótesis del saqueo?

Desde sus orígenes en las décadas de 1940 y 1950, la industria de la información y la tecnología fue un producto del complejo industrial militar y del imperio mundial de los Estados Unidos. El trabajo de la informática y ahora de la inteligencia artificial ha ido esencialmente en dos direcciones: una es mejorar los poderes de vigilancia y control policial de los grandes estados imperiales. Básicamente, aumentando los poderes del Estado de seguridad nacional —o del “Estado profundo”, si se quiere— más allá de lo imaginado por parte de cualquier estado anterior. Yasha Levine tiene un libro llamado Surveillance Valley, que creo que resume la esencia de ese proceso. 

¿Cuál es la segunda función?

Es, por supuesto, hacer lo que hacen todas las tecnologías capitalistas: expulsar a la mano de obra de la producción. Estamos viendo, especialmente en el propio Silicon Valley y en Hollywood y otros sectores de los media, la expulsión masiva de los trabajadores profesionales. Esto es parte de una crisis del orden neoliberal que comenzó en la década de 1970, que se basa en reducir directamente el número o expulsar al profesionalismo y reducir así el tamaño de la clase profesional.

¿Puedes explicarlo?

El orden neoliberal se basaba en una alianza entre los profesionales y los capitalistas. Ambos estuvieron de acuerdo en que destruirían a la clase obrera en los Estados Unidos, destruirían la industria, destruirían las comunidades, encarcelarían a la clase obrera, especialmente a la clase trabajadora negra y latina, pero también a muchos trabajadores blancos. Todo era posible, pensamos en demócratas como Clinton y republicanos como Bush, porque la política neoliberal dependía de la clase profesional. Y las clases profesionales prometían buenos trabajos y buenas vidas. Cuando Trump dice: “Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande”, está respondiendo a esa devastación neoliberal de Estados Unidos. Ahora, como sabemos, la inteligencia artificial, entre otros procesos, está expulsando a los trabajadores de la clase profesional. Esas son las dos funciones principales de la IA y esa clase de procesos en la actualidad: expulsar a los trabajadores y mejorar el estado de seguridad. 

China es el otro polo que marca el devenir del mundo. ¿Qué relación tiene con los “cuatro baratos” de los que has hablado en tus ensayos?

La China actual, el Partido Comunista de China (PCCh), está organizando una política, una geopolítica, para una transición poscapitalista. No es socialista, pero quizá esté más abierto al socialismo que lo que vemos en el Occidente imperial, que también se está organizando para una transición poscapitalista. Los chinos han sido muy superiores en su capacidad para organizar relaciones en todo el mundo, pero especialmente en África, con el fin de garantizar los recursos estratégicos. Sin embargo, no existe un paralelismo con los momentos anteriores de nacimiento de nuevos imperialismos, el más reciente de los Estados Unidos durante el Consenso de Washington. 

¿Por qué?

China no está organizando un nuevo régimen de naturaleza barata para el capitalismo en su conjunto. Creo que hace una orientación consciente hacia un mundo poscapitalista, un mundo basado en la acumulación política, en el que la política tendrá el mando. Seguirán existiendo bancos, habrá trabajadores asalariados, habrá comercio y producción de materias primas como la que ha habido en muchos otros lugares del mundo y en China durante milenios, o al menos en los dos milenios previos. El capitalismo es un tipo específico de entidad que debe acumular, crecer y expandir esa acumulación. 

El fascismo es una forma extrema de nacionalismo burgués. Y en sus etapas más desarrolladas, un imperialismo sangriento: eso es Israel hoy

Pero dices que vamos hacia un mundo postcapitalista

Hemos llegado hoy a un momento en el que el número de empresas dominantes en los principales sectores económicos es extremadamente limitado. Ya no compiten. De hecho, no es que no compitan es que se fusionan entre sí: cada vez son menos empresas y marcan una centralización absoluta del capital. En cierto punto, y creo que hemos llegado a ese punto, la dinámica competitiva ha terminado. Hay maneras en las que China aborda la competencia de maneras muy interesantes. Sin embargo, a escala mundial, la dinámica de competir por la tasa de ganancia ha terminado. El objetivo de los principales bloques—el bando de Beijing y el bando de Washington en la actualidad— es proteger las enormes ganancias por medios políticos. 

¿Dónde se percibe esa tendencia?

Lo vemos claramente en los Estados Unidos con el complejo industrial militar, con Silicon Valley, que está estrechamente relacionado con el complejo industrial militar, con las grandes farmacéuticas. En China se ve diferente, es más sofisticado, más dinámico, tienen más aliados, por lo que el mundo de las próximas dos o tres décadas estará determinado por una guerra económica y militar en curso entre estos dos bandos. Eso es Oriente Medio hoy en día, y eso también es Ucrania. Se trata de guerras entre la Iniciativa de la Franja y la Ruta, por así decirlo, y Washington-OTAN.

La creación de un complejo ecologista global estuvo directamente relacionada con la respuesta imperial a la revuelta del tercer mundo

También has advertido de la explosión del etnonacionalismo, generada por ciertos enfoques del cambio climático. ¿Cuáles crees que son los riesgos de esa conexión?

Históricamente, el fascismo ha tenido una relación íntima con el ecologismo. La patria siempre es un concepto ecológico, y si lo reconocemos, hay algunas implicaciones incómodas en ello. En la izquierda actual existe una forma de ecología nacionalista. El fascismo es una forma extrema de nacionalismo burgués. Y en sus etapas más desarrolladas, un imperialismo sangriento: Alemania en el siglo XX, Israel hoy. De hecho, los líderes del gobierno de Israel se describen a sí mismos como fascistas, como se ha publicado. Sin embargo, hay otra realidad incómoda que los ecologistas profesionales y los ecosocialistas se niegan a decir en voz alta. Y es que la distancia entre el ecologismo liberal y el ecofascismo no es grande. Hay una relación muy estrecha entre esas dos posiciones. 

¿Puedes explicarlo?

El ecologismo centrista de los últimos 50 años y desde sus orígenes se basó en una política antidemocrática; me refiero específicamente a la experiencia estadounidense. Era una ideología que se creó a través de la Ciencia, una política del Estado administrativo y de la Ley. No se parecían en nada, no tenían relación con la política democrática de los movimientos sindicales o del movimiento por los derechos civiles. Se trataba de una operación de clase profesional que fue financiada por fundaciones multimillonarias. Si nos fijamos en el escenario mundial a finales de los 60 y principios de los 70, la creación de un complejo ecologista global estuvo directamente relacionada con la respuesta imperial a la revuelta del tercer mundo, al nuevo orden económico internacional. La Cumbre de la Tierra de Estocolmo en 1972, una famosa conferencia de las Naciones Unidas, fue un proyecto imperial. Su intención era encontrar una manera de permitir que los capitalistas europeos y norteamericanos, tal vez algunos de Japón, organizaran un sistema planetario. Tenían un nombre para ello: la gestión planetaria. 

No todos necesitamos consumir menos. El problema no es el consumo. El problema es quién organiza la producción y con qué fin

¿Cómo ha evolucionado?

Hoy en día, los académicos liberales hablan de la “administración planetaria”. La línea del proyecto imperialista de Estocolmo y el ecologismo global era una respuesta a los procesos de descolonización. Hoy, los actores han cambiado, pero los objetivos siguen siendo los mismos: es el ecologismo de los ricos del norte global, es la iniciativa china de la Ruta y la Franja, son los BRICS… y esto es muy peligroso. Esto es lo que en el nivel político buscan conceptos como el Antropoceno. Los ecosocialistas tratan estos conceptos como ideas académicas, en lugar de proposiciones ideológicas.

Hemos visto un cambio de las políticas del New Deal Verde de Joe Biden a la sentencia de Trump “drill, baby, drill” (perfora, bebé, perfora). ¿Es posible que el medioambiente de los ricos muera el año que viene?

No lo creo. Primero, Biden y antes que él, Obama, estaban entusiasmados con la perforación, pero no lo dijeron en voz alta. Al menos no muy a menudo. Tenemos que entender que el ecologismo estadounidense se ha opuesto estratégicamente a los intereses de la clase trabajadora. El mejor ejemplo histórico de esto es que, en los primeros años 90, las principales organizaciones ecologistas de los Estados Unidos apoyaron la expansión del libre comercio en América del Norte. Y ese fue el logro de la administración Clinton. Como sabemos, el libre comercio abrió las compuertas para las emisiones de gases de efecto invernadero. He escrito sobre esto y he hablado sobre esto con frecuencia: la clase obrera estadounidense odia el ecologismo porque los ecologistas se han opuesto a sus intereses. Tenemos que entender lo que Trump está haciendo en ese contexto. 

¿Cómo?

El proyecto de Ley de Infraestructuras de Biden [Plan Build Back Better] no era un New Deal Verde. Fue un subsidio masivo a la energía verde y ha sido un fracaso total. A los Estados Unidos les habría ido mucho mejor comprar autobuses eléctricos en China a un precio de entre una cuarta y una décima parte de lo que se ha gastado con esa ley, ese es un ejemplo fáctico. Se trataba de un subsidio masivo para una parte del capital estadounidense. El hecho es que Trump, a pesar de sus muchas carencias, ha identificado un problema grave. Es un problema que había sido prioritario para la izquierda durante muchas décadas: se identificaba que el libre comercio es perjudicial, que destruye los empleos estadounidenses, que destruye la industria y que lo que se necesita es una política industrial. Hasta ahora, Trump no ha ido lo suficientemente lejos en esa dirección, pero el hecho es que la política de Trump habla de esa dimensión de la realidad.

El catastrofismo climático, la retórica de las amenazas existenciales, son herramientas alarmistas de la élite mundial para pacificarnos

En todo caso, se basa también en el puro negacionismo climático

Aunque depende de la forma en que se haga la pregunta, si analizamos el negacionismo climático en Estados Unidos, éste se sitúa por debajo del 15% de la población, no mucho más. Casi todos tienen más de 60 o 65 años. Así que ahora casi todo el mundo está de acuerdo en que el cambio climático es una amenaza actual. Hay un nuevo consenso climático. De vez en cuando, Trump se refiere al cambio climático como un timo, pero lo que quiere con eso es decirle a la clase obrera estadounidense que las políticas climáticas los ha arruinado y que lo que quieren hacer los ecologistas de la clase profesional es imponer la austeridad climática. “Quieren usar el cambio climático para joderos a vosotros, trabajadores estadounidenses”. Y hay otras versiones de esto en todo el mundo, en Alemania, Francia y el Reino Unido. La izquierda, sin duda la izquierda socialdemócrata, pero incluso la izquierda ecosocialista ha cedido este territorio a la derecha populista. No ha logrado presentar un argumento claro y agresivo de que la crisis climática no es una crisis malthusiana, no es una crisis ambiental en la forma en que nos han enseñado: es una crisis de clase, es una crisis del trabajo, es la crisis de su nivel de vida. Y tenemos que enfrentarnos agresivamente al ecologismo de los ricos, según el cual todos debemos consumir menos. No todos necesitamos consumir menos. Algunas personas necesitarán consumir mucho, mucho menos. Y, por cierto, el problema no es el consumo. El problema es quién organiza la producción y con qué fin.

¿Qué es el “despilfarroceno”?

El despilfarroceno es un concepto de mi amigo Marco Armiero, que enseña en Barcelona. No te preocupes, no hablaré de más -cenos, pero diré que lo que aprendí de eso es una idea básica: el imperialismo funciona depositando residuos tóxicos en lugares que no afecten a la rentabilidad, por eso existen fronteras de lo desechado y no tenemos que pagar por ello. Para mi argumento es importante ya que la contradicción biofísica fundamental del capitalismo bien puede tener más que ver con la sobreacumulación de residuos, de los tóxicos, incluidos los gases de efecto invernadero, que en cierto momento se convierten en tóxicos. Pero la otra parte de ese proceso es que, cuando se crea un páramo tóxico, se abre un momento para arrasar. La historia de ese proceso se remonta a la era de la acumulación primitiva en Inglaterra e Irlanda y a la conquista inglesa de Irlanda. Los residuos eran bienes comunes de los campesinos. Entonces, el capitalista inglés entraba, cercaba el terreno, encerraba esos bienes comunes y los ponía a rendir. Pero no podrías hacerlo sin arrasar a los irlandeses, que fueron definidos como salvajes y belicosos, y se dijo que debían ser civilizados y, de este modo, fueron sometidos de la misma manera en que se trataría después a los pueblos indígenas y a muchos otros pueblos de todo el mundo. 

¿Qué quiere decir cuando habla de esa contradicción biofísica?

El problema de los residuos puede ser incluso más importante que el problema de los recursos. A pesar de las carencias de ese texto, los autores de Los límites del crecimiento [Donella H. Meadows, et al.] dijeron en 1972 exactamente esto. Fue una gran revelación, y muy pocas personas han estado dispuestas a abordar el problema de la toxificación como una contradicción de clase y metabólica al mismo tiempo. Es importante porque no se trata solo de los gases de efecto invernadero, sino que si tomáramos una muestra de nuestra sangre, de la sangre de cualquiera de sus lectores, habría microplásticos, pesticidas y herbicidas, metales pesados. Son residuos que nos enferman y deprimen. Esto es por lo que el trabajo es tan importante, porque trabajo, cuerpo y clase forman un todo dialéctico. En los Manuscritos de 1844, Marx habló sobre la alienación espiritual y corporal, la enfermedad y la violencia del capitalismo. Esto, creo, lo han evitado los ecosocialistas. No han vuelto a abordar estas cuestiones. Marx no es Moisés, pero dijo algunas cosas muy importantes sobre el trabajo y el cuerpo y sobre cómo los humanos formaban parte de la naturaleza y fueron creados a través del trabajo mismo. Frederic Engels tiene un famoso ensayo sobre el papel del trabajo en la evolución biológica de los humanos modernos, y, ya sabes, tenían razón.

En ningún lugar del oeste imperial el estado disciplina al capital. No hay separación, hablando claro, entre el Estado y el capital

El de las fronteras del capitalismo es un concepto clave en tu obra. ¿Cuál es la relación entre esas fronteras y las fronteras políticas? Estamos viendo las razzias del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas estadounidense (ICE) y tenemos el mar Mediterráneo, que es una gigantesca morgue. ¿Qué relación hay entre ambos conceptos?

Ahora que han desaparecido las fronteras físicas del capitalismo, las fronteras políticas están militarizadas de una manera que no tiene precedentes, especialmente en las principales potencias imperialistas. El Transnational Institute publicó un informe hace cuatro años llamado Global Climate Wall y han escrito mucho sobre la militarización sin precedentes en las fronteras del Reino Unido, los Estados Unidos, Alemania, Australia, etc. La profunda violencia en el Mediterráneo es una estrategia de control laboral. Es una estrategia de terror. 

¿Cómo opera?

Históricamente las fronteras de la naturaleza barata han cumplido una función muy, muy específica. Prácticamente todos los historiadores de la economía lo reconocen, pero no siempre saben lo que observan: cada gran época dorada del capitalismo requirió mano de obra barata, comida barata, energía barata, materias primas baratas. El precio de estos insumos fundamentales de la producción capitalista tenía que bajar para que los capitalistas pudieran invertir y para que las ganancias fueran altas. 

Las fuentes de vitalidad del capitalismo han desaparecido, pero el cuerpo sigue vivo. Está muerto, pero es mortífero

Se produce entonces la crisis del capital de la que hablabas.
Una ganancia alta significa una inversión alta, una ganancia baja significa una inversión baja. Prácticamente todos los economistas críticos del Occidente imperial de los últimos 50 años dicen lo mismo: la inversión se ha derrumbado, ¿por qué? Porque la rentabilidad se ha derrumbado. ¿Por qué? Porque las naturalezas baratas que serían necesarias para elevar la tasa de ganancia, que serían necesarias para atraer inversiones, no existen. El contraejemplo que es muy importante, y se remonta a tu pregunta anterior, es China. ¿Por qué China ha tenido éxito en la innovación y el desarrollo? Porque ha adoptado, gracias a su pasado comunista, un modelo de acumulación política en el que el estado disciplina al capital. En ningún lugar del oeste imperial el estado disciplina al capital. No hay separación, hablando claro, entre el Estado y el capital. 

Puedes poner un ejemplo

Mira al nuevo canciller de Alemania, que fue un antiguo ejecutivo de BlackRock, mira a los Estados Unidos. La única diferencia hoy es que vemos que en los Estados Unidos ahora hay un conflicto entre la base militante de Trump y los globalistas como Elon Musk; Musk ha sido esencialmente expulsado de la administración Trump. El problema de fondo es que en todo el Occidente imperial no hay separación entre Estado y capital. No hay ningún Estado que pueda disciplinar al capital y no hay ninguna oportunidad dentro del capitalismo de adoptar un programa keynesiano. Un programa keynesiano supondría la independencia del Estado a un nivel suficiente como para que los gobernantes ilustrados y los capitalistas ilustrados pudieran disciplinar al resto de la clase capitalista. Las condiciones para eso dependían en última instancia de la naturaleza barata. La naturaleza barata siempre viene de las fronteras. Las fronteras están completamente agotadas. No habrá otra edad de oro en el futuro. Así que la consecuencia es lo que llamo capitalismo zombi en mi nuevo libro. Las fuentes de vitalidad del capitalismo han desaparecido, pero el cuerpo sigue vivo. Está muerto, pero es mortífero. Existe para alimentarse del cerebro de los vivos mientras gesta una nueva civilización.

Sostienes que la crisis climática es un momento de posibilidades revolucionarias. ¿Cómo puedes presentar este argumento para un público que tiene que lidiar con la tristeza ante el estado actual de cosas?

Bueno, lo primero que debemos darnos cuenta es que el catastrofismo climático es una estafa ideológica. Es una operación fraudulenta. El catastrofismo climático, la retórica de las amenazas existenciales, son herramientas alarmistas de la élite mundial para pacificarnos. Y quieren pacificarnos porque la clase capitalista imperial transnacional, el que gira en torno a Davos y el Foro Económico Mundial, el Grupo Bilderberg, el Club de Roma, la Trilateral, el Consejo de Relaciones Exteriores de los Estados Unidos, muchas otras entidades de todo el mundo que involucran a universidades y ONG, las grandes fundaciones… tienen un proyecto deliberado para infundirnos miedo, porque el miedo y la solución que proponen están íntimamente relacionados. Eso es algo de lo que hay que darse cuenta. 

¿Y lo segundo?

La otra cosa que hay que entender es que, históricamente, desde hace 3.000 años, los cambios en el clima son malos para las clases dominantes. No implica necesariamente que haya una revolución. Pero hay que volver a leer lo que sucedió en la Edad del Bronce y, luego, en el siglo XII a. C., volver a la crisis del Occidente romano y a la crisis climática del Período Frío de la Edad Media, otro momento de crisis civilizatoria, ir a la crisis de un feudalismo, ir a la crisis del siglo XVII, una gran era de crisis política, depresión económica y guerra. También hay que aprender de las revoluciones francesa y haitiana y de la revuelta popular de finales del siglo XVIII. Todos estos fueron momentos de muy mal clima. No es que el clima determine nada, pero desde una perspectiva marxista, una perspectiva socialista, la crisis climática es un multiplicador de contradicciones. Aumenta la intensidad de todas las contradicciones del sistema agrícola, de los conflictos entre las élites políticas gobernantes, de la contradicción entre el trabajo y la cultura. Así que si nos fijamos, por ejemplo, en la crisis del feudalismo en el siglo XIV, llega la Pequeña Edad de Hielo y todo entra en crisis: la iglesia, los aristócratas luchan entre sí, los campesinos se rebelan. Todo esto está ocurriendo en este momento de cambio climático, porque el clima es un multiplicador de contradicciones. Es una fuerza de la naturaleza sobrealimentada dialécticamente que luego se ramifica a través de la sociedad de clases. Sin conocer esa historia estamos indefensos y por eso siempre vuelvo a Marx y Engels, quienes dijeron que nuestras diferencias teóricas, nuestras diferencias políticas, las cuestiones de la praxis deben resolverse, en sus palabras, sobre el terreno de la realidad.

TG: @p_elorduy. BSK: @pelorduy.bsky.social

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensamiento/jason-w-moore-entrevista-capitaloceno

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El «gran y hermoso proyecto de ley» de Trump es una guerra de clases descarada

Por: Caty R

El «gran y hermoso proyecto de ley» de Donald Trump, aprobado por los republicanos de la Cámara de Representantes el mes pasado, se ha promocionado como una «rebaja fiscal para la clase media». En realidad, supone otra ronda de ayudas para los ricos.

Como ha expuesto el Instituto de Política Fiscal y Económica (ITEP) en su reciente análisis, esta legislación es un descarado regalo a los ultra ricos y a las multinacionales, pagado por los trabajadores.

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Zelenski se niega a aceptar los cuerpos de sus caídos

Por: Caty R

La razón de esa macabra negativa puede ser que muchos caídos figuran en  la contabilidad  ucraniana como desertores o  extraviados, para no tener que pagar a sus familias la pensión que corresponde a los caídos en combate. Así hay más dinero para pagar vivos que vayan al matadero. Ese es uno de los puntos con los que tropieza la negociación y que muestra la mala fe con los propios ucranianos de su Gobierno.

Otro punto irracional es que Zelenski se niega a retirar en paz las tropas ucranianas que aún están  en las provincias que optaron por ser parte de Rusia y prefiere  verlas masacradas por  el incontenible avance de  las tropas rusas. Mientras tanto recurre a actos terroristas como volar puentes de ferrocarril mientras pasan trenes civiles como modo de demostrar que su Gobierno aún está en grado de  hacer algo para dañar a los rusos. Estos actos de terrorismo son preocupantes, porque es evidente el involucramiento de la colaboración de la OTAN (satélites radares, servicios de espionaje, etc.) para perpetrar estos actos de guerra sucia. En Rusia lo saben y no se sabe por cuanto tiempo lo tolerarán.

En Estambul  la delegación ucraniana para hacer teatro se presentó vestida  con uniformes militares y  se aceptó  efectuar como paso previo la proposición rusa de un intercambio de cadáveres y de prisioneros. Los rusos presentaron un listado de los cadáveres que habían logrado identificar y también un alista de los prisioneros ucranianos heridos o enfermos  atendidos en hospitales rusos y que deseaban entregar . Primero debía tener lugar la entrega de los seis mil cadáveres y se acordó una fecha, lugar y hora para le entrega, Pero cuando los rusos llegaron a la frontera  con sus camiones  refrigerados no encontraron a ningún representante del Gobierno ucraniano para hacerse cargo de los cadáveres y ya llevan dos días con los camiones refrigerados esperando en la frontera, Un comportamiento del Gobierno ucraniano muy desconsiderado con su propia gente.

Es bien sabido que Zelenski noes  más que un títere  de la OTAN al servicio de los planes de la Alianza para usar a Ucrania como ariete para debilitar a Rusia antes de la confrontación final OTAN vs. Rusia. Por lo  tanto cualquiera está libre de especular sobre ese extraño comportamiento de desprecio de Zelenski con los cuerpos  de sus propios soldados. Un comentador ucraniano dice que la causa es la desmoralización del ejército ucraniano porque esos seis mil cadáveres son todos de soldados que participaron en la invasión de  la provincia rusa de Kursk, recuperada completamente hace un mes. Por eso los cadáveres quedaron en manos rusas. Como esa invasión fue decidida por Zelenski en persona en el cuartel general de la OTAN, el propio Zelenski se jactó de eso cuando la invasión de Kursk comenzó.

Esos seis mil cadáveres son la prueba de la ignorancia militar  de Zelenski y la OTAN. Hay otro que dice que  para enterrarlos habría que ampliar cementerios en toda Ucrania. Otro comentarista ucraniano dice que  la aceptación de tantos cadáveres podría aumentar las deserciones en el ejército ucraniano argumentando que en lo que va del 2025 ya van 90.000 expedientes por deserción en el ejército ucraniano.

La delegación ucraniana en Estambul se negó a aceptar el memorándum ruso donde se proponía que aceptasen las realidades en el terreno militar y territorial para poder sobre esa base  redactar  un acuerdo de paz definitivo.

En mi opinión la verdad es que en la OTAN aún ha bastantes idiotas  que creen  en la posibilidad de ganar la guerra a una Rusia debilitada por una estéril guerra en Ucrania y las sanciones y luego repartirse el territorio entre ellos como hicieron Inglaterra, Francia  y el judaísmo internacional (Rothschild) con el Imperio Otomano después de la Primera Guerra Mundial que ellos mismos provocaron. El manual del anglosionismo es siempre el mismo. Pero  la Federación Rusa no es el decadente Imperio  Otomano.

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La restauración de la estabilidad macroeconómica en Bolivia 2025 según el FMI

Por: JDF

Según el Reporte de Mayo del 2025 Bolivia debe reorientar su estrategia económica. Esto implica que el dólar no puede ser sostenido con reservas precarias y debe ser reemplazado con un nuevo régimen que permita que la tasa de intercambio nominal pueda fluctuar con las condiciones del mercado y se respalde en el control de la liquidez de la moneda local para mantener la estabilidad de los precios para que esto sea posible es necesario remover los seguros legales sobre las tasas de interés, y que los depósitos domésticos (familiares) y las tasas de interés de los préstamos puedan rápidamente alcanzar niveles de compensación de mercado. En términos más sencillos para evitar el incremento de la inflación y la recesión económica, pero de forma temporal, mientras se incrementa la deuda externa, y claro luego de la consecuente catástrofe con el remate de las empresas estratégicas del Estado a las grandes corporaciones.

En este sentido el FMI propone un ajuste fiscal una reforma de consolidación fiscal que posibilite la eliminación del Banco Central en la financialización del presupuesto (para generar un corto circuito de la inyección de la liquidez de la moneda local a través de esta fuente) y reducir el riesgo de la pérdida de soberanía del país, además de poner atención en el sector más vulnerable de la población, sugiere reducir el gasto público en el pago de los salarios y trabajar en las posibles debilidades del marco jurídico legal en el sistema financiero durante esta transición económica necesaria, aunque hasta la fecha, dicho sector habría sido protegido con las políticas del gobierno de Arce, reconoce el FMI, en el mencionado reporte. Para lo cual sugiere a Bolivia nuevamente endeudarse.

La sugerencia del FMI consiste de esta manera en depreciar la tasa de intercambio del dólar en el mercado paralelo que contribuyó decisivamente a la inflación de los productos de la canasta básica familiar y al déficit de la balanza de pagos, ya que es debido a la escasez del dólar que se redujo la posibilidad de realizar importaciones al interrumpir la cadena de suministros y al incrementar los costos de producción, imposibilitando el crecimiento económico del país. Y ya que la escasez de mercancías y el alto costo de importación, además del incremento de los salarios en el sector público habrían contribuido a la inflación elevando el costo fiscal de los subsidios, e incrementando la salida acelerada del capital de las arcas del Estado.

En este escenario el déficit fiscal sobrepasó el 10% del PIB el año 2023 y 2024 excedió el presupuesto dirigido para este gasto. A esto se sumó la disminución de los ingresos por la venta de hidrocarburos y la corrupción del gobierno en la importación de los combustibles a través de la empresa Paraguaya Botrading, que se niega a transparentar los cobros con sobreprecio al Estado Boliviano y que según denunciaron varios parlamentarios como el diputado Héctor Arce, o el diputado Carlos Alarcón entre otros, generó un daño al Estado que sobrepasa los 56 millones de dólares en dos años.

Alarcón denunció el pasado 29 de Mayo ante la prensa, que Botrading es esencialmente propiedad de YPFB a través de refinaciones, lo que significa que YPFB se compra a sí misma el combustible y el crudo del exterior a un precio mayor generando así ganancias ficticias. Esto sumado a la negligencia de los funcionarios del gobierno de Arce en la importación de combustibles que generó la escasez en el país y que desencadenó la crisis del sector agropecuario de la mediana y pequeña empresa principalmente, un sector ya bastante golpeado por las sequías y lluvias fuera de estación por el fenómeno del niño.

Pero volviendo al reporte del FMI, este señala que otra de las causas del déficit del gasto público es la subvención de los combustibles por parte del Banco Central. Así concluye que la deuda pública al final del 2024 habría sido del 95% del PIB (y esto de acuerdo al tipo de cambio oficial del dólar).

Otro detalle relevante en este análisis sobre el déficit fiscal es el incremento de las State- Owned Enterprise (SOEs) en el negocio del oro con el Estado Boliviano. Estas empresas creadas por el Estado y cuyos dueños públicos y/o privados tenían la potestad de actuar como intermediarios en la compra del oro a los pequeños productores y de venderlo al banco central, según el reporte si bien desde el año 2013 al 2023 se promediaba en 1% del PIB la participación económica de dichas empresas creció a un 4.3% del PIB para el año 2024, como resultado de la Ley del oro promulgada por el gobierno que establecía que el oro fuera comprado a un precio relativo al cambio oficial del dólar, para luego ser intercambiado por la divisa extranjera bajo la excusa de fortalecer las reservas internacionales.

No obstante, el gobierno agotó las reservas de moneda extranjera a fines del 2024 cuyo remanente fue de 2 billones de dólares (que según el FMI podría cubrir dos meses de importación) pero que estaban compuestos de 1.9 billones de dólares en oro restringido (oro sujeto a deuda) y solo 90 millones de dólares en activos líquidos esto es disponibles. Así el gobierno de Arce para obtener dólares habría comprado cerca de 1 tonelada de oro por mes de los productores domésticos cerca de 80 millones de dólares.

Por lo que el gobierno de Arce habría liberado 268 millones de dólares de una deuda asumida y de la cual habría utilizado 200 millones de dólares para el fondo de pensiones que según este reporte sirvieron para financiar la recompra de sus eurobonos a los inversores extranjeros con un recorte del 70% y a un tipo de interés del 12%. En ese sentido habría protegido al sector financiero cuyos créditos al sector privado ascenderían a un 70% en términos de porcentaje del PIB.

Además se debe destacar que según el reporte de la OECD del año 2025 los mayores ingresos al Estado Boliviano provenientes de los impuestos eran del fondo de pensiones en un 24% y de los impuestos a los bienes y servicios en un 31% además de los impuestos a la propiedad en un 20% al año 2023, ingresos que sirvieron tanto para la compra de bonos como para desarrollar una política deficitaria del gasto público con la creación de empresas privadas que succionaran las arcas del Estado en favor de una clase dominante rapaz.

Cabe mencionar que en la tabla 1 del mismo estudio la tasa de pobreza al año 2023 era del 36% y que el ingreso per cápita en aquel entonces era de unos US$ 3,736 cuando el Consumer Price index CPI de la inflación llegaba a un 2%, lo que no se expone es la cifra clara de cuanto era el ingreso per càpita al año 2024 cuando según el FMI se comenzaron a implementarlas medidas de depauperación de la economía del gobierno de Arce y cuando el CPI de inflación ascendía a un 10% y cuanto el año 2025 cuando la inflación ascendía a un 15% los datos de la OIT no contribuyen al análisis y los del INE se limitan a una publicación en la que se asegura que para el 2025 el desempleo sería del 3% aproximadamente.

No obstante, y considerando los datos del FMI podemos concluir que los precios de varios de los productos de la canasta básica familiar se habrían elevado contrariamente a este reporte y a los datos suministrados por el gobierno de Arce, por encima de un 133% como en el caso del arroz o la carne. Pero además el índice de GINI que era del 16.1 durante el gobierno de Evo Morales, y que mide el crecimiento de la riqueza se habría incrementado dramáticamente el año2023 a un 42.1 , según el reporte del Banco Mundial de Abril del 2025. Vale destacar que dicho reporte no menciona mayores datos sobre el incremento de la pobreza durante el 2024 y el 2025 años en los que se endurece la política de estrangulamiento económico del país bajo el gobierno de Arce. Además, en el reporte del FMI se pasa muy por encima los datos del desempleo y el incremento de la subcontratación y su relación con la inflación de los precios durante este período de agudización de la crisis.

No obstante y considerando que la inflación se habría incrementado en un 15% al 2025, y considerando que al 2023 esta inflación era del 2% el poder adquisitivo de un trabajador promedio se habría depreciado en aproximadamente 7 veces su valor desde el 2023 al 2025; entonces, si aplicamos este análisis al ingreso per càpita del 2023 que nos proporciona el FMI, tenemos que el sueldo mensual de un trabajador que sería de aproximadamente 2100 bs equivaldría en proporción inversa al incremento de la inflación a un sueldo de 1700 bs aproximadamente disminuyendo visiblemente su poder de compra y que en términos reales si comparamos con la inflación de los precios de la carne y del arroz de más el 100% este sueldo se reduciría a 900 Bs. aproximadamente, esto es habríamos retrocedido en las conquistas políticas y sociales al año 2003 de la guerra del gas y de la política de capitalización de las empresas a la que nos empujó el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, con la consecuente crisis económica política y social.

Frente a esta realidad y en el contexto electoral no faltan los candidatos que señalan que hoy más que nunca debemos salvar a Bolivia, siguiendo nuevamente las recetas del FMI y/o que en 100 días salimos de este problemita rematando el litio la nueva matriz energética mundial a precio de gallina muerta claro que no se dice en esos términos sino en un clásico “yo sé cómo resolver el problema del país”. En los hechos es innegable que solo el gobierno de Evo Morales fue capaz de generar una redistribución del excedente que contribuyó visiblemente a una reducción de la desigualdad social en el país y que posibilitó un crecimiento económico sostenido, el mayor de la región a lo largo de sus 14 años de gobierno como destaca el índice de GINI arriba mencionado. De ahí la necesidad del gobierno de Arce bajo la sigla robada del MAS y de la derecha recalcitrante de imposibilitar su candidatura en estas elecciones generales de Bolivia.

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Mensajes para Trump (sin Trump): «Los océanos no están en venta. Ni Groenlandia, ni la Antártida»

Por: Caty R

El gran ausente en la tercera Cumbre de la ONU sobre los Océanos de Niza, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha sido el blanco de críticas por parte de ciertos líderes mundiales debido a sus planes expansionistas y su intención de explotar la minería en el fondo del mar.

En la jornada inaugural de la cita, el anfitrión, el presidente francés, Emmanuel Macron, y, en menor medida, el secretario general de la ONU, António Guterres, hicieron estos reproches de forma velada, al tiempo que urgieron a mantener el multilateralismo y a defender la ciencia.

También se unió a las críticas, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo país acogerá en noviembre la COP 30 en la ciudad amazónica de Belém.

«Lo digo aquí alto y claro. Los abismos oceánicos no están a la venta, como tampoco Groenlandia es conquistable. La Antártida o las aguas internacionales tampoco están a la venta«, declaró Macron, en un incisivo tono, aludiendo a los proyectos de Trump.

Sin citarlo en ningún momento, el presidente francés recalcó el papel que tienen los océanos en el cambio climático y señaló que no se trata de «una cuestión de opinión, sino de hechos científicos».

Habló, además, de la necesidad de preservar «una ciencia, libre y abierta» -en otra alusión a la administración estadounidense- e ironizó sobre los planes de la principal potencia mundial de enviar una misión tripulada a Marte. «Antes de precipitarnos a Marte, es mejor conocer a nuestro mejor amigo, que es el océano», lanzó. Macron consideró que en Niza, donde se han reunido 63 jefes de Estado y de Gobierno, es el momento de «volver a dar fuerza al multilateralismo».

En un discurso más institucional, Guterres advirtió de que las aguas internacionales «no pueden convertirse en el Salvaje Oeste» y, para regularlo, urgió a los países a ratificar el Acuerdo sobre la Diversidad Biológica Marina en Zonas Fuera de la Jurisdicción Nacional (BBNJ, por sus siglas en inglés).

«Las naciones también están explorando nuevos horizontes en la minería de los fondos marinos: hay que hacerlo equilibrando las preocupaciones justificadas sobre el impacto ambiental con el interés legítimo en los recursos. Todo ello para apoyar una economía oceánica sostenible y la transición a la energía verde», abogó.

Rechazo a la depredación del fondo marino

El presidente brasileño, Lula da Silva, adelantó que su país ratificará hasta finales de año el BBNJ y, aludiendo a los planes de la Administración Trump, pidió que se impida «la carrera depredadora de los minerales» en los océanos.

«No podemos permitir que le pase al océano lo que ha pasado a las reglas del comercio internacional, que han sido tan erosionadas que la Organización Internacional del Comercio (OMC) se ha vuelto prácticamente inoperativa», criticó Lula, en una nueva crítica velada a su homólogo estadounidense. Para el jefe de Estado de Brasil, los océanos no se pueden convertir «en el escenario de disputas geopolíticas».

Reflejo del desinterés de Estados Unidos en la cita de Niza, Trump envió a Edward Russo, que dirige en la Casa Blanca las cuestiones de medio ambiente, pero no a un miembro de su Gobierno.

Durante el plenario, llamó la atención una queja del representante ruso en la Cumbre, quien acusó a Francia de no haber dado visado a un responsable ruso que supuestamente había participado en la organización de la cumbre y en la preparación de la declaración.

Entre otros intervinientes en esta jornada inaugural, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, hizo un llamamiento a ratificar el BBNJ, adoptado en 2023 y que solo España ha ratificado de la UE.

«Europa aportará 40 millones de euros al programa Océano Global. Así que hoy les pido a todos: por favor aceleren la ratificación. El océano necesita que desempeñemos nuestro papel», apeló Von der Leyen.

Entre los 63 jefes de Estado y de Gobierno presentes en Niza, figuran la presidenta de Perú, Dina Boluarte; el del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y jefes de Estado de la República Dominicana, Luis Abinader; de Argentina, Javier Milei; de Paraguay, Santiago Peña; y de Costa Rica, Rodrigo Chaves.

Este último, copresidente de la Cumbre junto a Macron, aseguró que, a pesar de los millones de toneladas de plástico que acaban en el mar cada año y de que el 90 % de las especies están en el borde de sobrepesca, el océano puede «convertirse en solución si tenemos el coraje y la inteligencia para cambiar nuestras formas de actuar»

Fuente: https://climatica.coop/mensajes-para-trump-oceanos/

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Libertarios y anarcocapitalistas de todo el mundo unidos… a la teta de los gobiernos

Por: Caty R

Ahora se pelea con su jefe, el presidente Trump, porque dice que su ley presupuestaria va a producir más déficit y deuda, y este último lo amenaza con quitarle los miles de millones de dólares que recibe del Gobierno.

No es sólo la crónica de un esperpento. Es una muestra más de la incompetencia, la ignorancia, el cinismo y la maldad criminal de los nuevos multimillonarios que están secuestrando a los Estados para estrujarlos como a un limón en su beneficio y que usan como escuadrón ideológico que lo justifique a los economistas libertarios o anarcocapitalistas, como ellos mismos se autodenominan.

Musk, es un buen paradigma y expresión del nuevo tipo de capital tecnológico que se propone dominar el mundo. Existe gracias al dinero público que durante muchos años se ha dedicado a promover la investigación básica y no puede hacer negocios sin ayudas millonarias de los gobiernos, pero ataca sin piedad la intervención del Estado porque quiere tenerlo todo y no está dispuesto a poner ni un dólar en impuestos para contribuir al gasto común.

Musk ha mostrado ser un incompetente. Aseguró que ahorraría dos billones de dólares y sólo ha ahorrado, según la web de su propio departamento, 180.000 millones de dólares. A pesar de haber dispuesto de todos los medios necesarios, lo más probable es que, en realidad, no haya ahorrado ni la mitad de esta última cifra. Y eso, teniendo en cuenta que no se contabilizan los costes que esos recortes van a producirle al gobierno por otras vías.

Musk ha mostrado que es un ignorante. Se extraña ahora de que los recortes presupuestarios añaden más déficit y deuda, cuando ese ha sido el resultado de todas y cada una de las operaciones de recortes de inspiración neoliberal y libertaria que se han hecho en las últimas décadas. No puede ser de otro modo, cuando lo único que se hace es recortar impuestos a los ricos y gasto social a los más pobres y, al mismo tiempo, se aumenta en mayor medida el gasto militar y el de ayudas a las grandes empresas y al sector financiero.

Musk es un cínico porque despotrica contra el gasto público cuando sus empresas han podido existir y ganar dinero gracias a las ayudas gubernamentales: al menos 38.000 millones de dólares en los últimos cinco años, según The Washington Post. Y sus empresas no han sido las únicas en recibir esas ayudas. Aunque no es fácil determinarlo con exactitud, se calcula que las 500 cotizadas más grandes de Estados Unidos reciben entre 500.000 millones de dólares y 750.000 millones anualmente de dinero público en forma de ayudas, rescates, beneficios fiscales o contratos. Y es imposible calcular el beneficio que reciben por el uso de infraestructuras, investigación o fondos federales por el que no pagan.

Elon Musk y quienes han alentado, apoyado, aplaudido y permitido sus recortes se han comportado, por último, como seres malvados y auténticos criminales. Sólo el desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) va a provocar la muerte de millones de personas. Y la nueva ley presupuestaria, entre otras consecuencias de ese tipo, va a limitar el acceso a la atención médica a más de 11 millones de ciudadanos de ese país, mientras que baja los impuestos y da ayudas millonarias a los más ricos.

Las industrias y empresas que reclaman la no intervención pública buscan, en realidad, que esta se mantenga con toda su contundencia, pero a su favor. Es lo que ha ocurrido con las grandes tecnológicas que han conseguido que el Estado federal intervenga para prohibir (en la reciente ley presupuestaria) que los diferentes estados legislen sobre Inteligencia Artificial en los próximos diez años para combatir la manipulación y los fraudes. Intervención del Estado a favor de los demás, no; en el suyo, toda la que sea necesaria y mucho más.

Mientras que Elon Musk y Donald Trump han estado haciendo todo esto, han gozado del apoyo y la complacencia de un ejército magníficamente bien pagado de palmeros de medio mundo. Una legión de economistas y periodistas que se dedican a promover la religión de los mercados libres que nadie ha visto nunca, y a justificar bajadas de impuestos y recortes de gastos con datos falsos y teorías económico de las que sólo se ha podido contrastar que, cuando se han puesto en práctica, siempre han tenido el efecto contrario al anunciado (más deuda y peor economía) y el que nunca reconocen (más riqueza y privilegios para los más ricos).

Para semejante proyecto no se puede recurrir sino a lo que se está recurriendo: a la mentira, a la extrema derecha totalitaria y a personajes estrambóticos, drogadictos y viciosos, delincuentes convictos, maleducados y enfermos de avaricia, de poder y egolatría. Lo peorcito de cada casa, pero que sacarán adelante su negocio si no se levanta frente a ellos una oleada de denuncia y transparencia, y un reclamo planetario de verdad, libertad, democracia, justicia y paz.

Fuente: https://juantorreslopez.com/libertarios-y-anarcocapitalistas-de-todo-el-mundo-unidos-a-la-teta-de-los-gobiernos/

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Asilo en Colombia al expresidente panameño: humanismo internacional u obstaculización a la justicia

Por: Bea Morales

El sorpresivo arribo del expresidente panameño Ricardo Martinelli a Bogotá el pasado 15 de mayo desató un torbellino de pronunciamientos encontrados. Los medios criticaron la concesión de asilo a un millonario mencionado en los Panamá Papers, mientras el gobierno colombiano, por boca de su presidente, de visita en Beijing, lo justificó incondicionalmente. El beneficiario de la medida, por su parte, puso en circulación videos de la pachanguera celebración que organizó entonando ‘pero sigo siendo el rey y mi palabra es la ley’. 

El asilo diplomático

Para dilucidar el significado de esta actuación internacional en provecho de tan controvertido personaje es necesario un mínimo de contexto de la institución del asilo diplomático y territorial. El asilo es una medida de protección otorgada por un Estado (Estado asilante) a quien se encuentra en situación de riesgo por persecución políticamente motivada adelantada por el gobierno de otro Estado en su territorio (Estado territorial). Si el asilo se concede en una embajada se denomina asilo diplomático; si se hace en el territorio del Estado asilante, se llama asilo territorial. En ambos casos el elemento político es fundamental, por lo que en ocasiones se bautizan ambas modalidades como asilo político.  

A diferencia de otros mecanismos internacionales -extradición, refugio- surgidos en Europa, puede afirmarse que el suelo natal del asilo fue el cono sur. En 1820 el líder de la independencia de Uruguay, Artigas, perseguido por sus propios compatriotas, recibió acogida en Paraguay; el caudillo militar José María Obando, quien fue expresidente designado de Colombia, luego de su derrota en la Guerra Civil de los Supremos, huyó a Perú para ponerse a salvo y recibió asilo en 1842; el presidente chileno Balmaceda, derrotado en la guerra civil de 1890, pudo asilarse en la embajada argentina de Santiago.

La frecuencia de la práctica del asilo conllevó el surgimiento de una temprana normativa continental en el llamado Tratado de Derecho Penal Internacional de 1889, que consagró de modo inaugural la institución del asilo; en 1928 la Convención de La Habana definió sus rasgos básicos: otorgamiento en embajadas, legaciones o navíos bajo la expresa prohibición de otorgar asilo por delitos comunes y el deber del Estado territorial de respetarlo acompañado de la prohibición para el asilado de atentar contra el orden público. Cinco años más tarde, en 1933, se suscribió la Convención de Montevideo, que calificó su carácter humanitario y afirmó un elemento de particular importancia: la relevancia de la calificación de delito por el Estado que concede el asilo, así como la reiteración de su validez solo para delitos políticos.  

En 1949 Colombia fue protagonista del caso más famoso en la literatura mundial sobre asilo diplomático. El gobierno conservador de Ospina Pérez, a través de su canciller Eduardo Zuleta Ángel, dispuso conceder asilo diplomático en la embajada de Lima al célebre dirigente e intelectual de izquierda Víctor Raúl Haya de la Torre, perseguido por la recién instalada dictadura del general Odría bajo la acusación de ‘rebelión militar’. El gobierno peruano objetó la legalidad del asilo mientras Colombia, segura de la legalidad de su actuación, convino en someter a un tercero la resolución del diferendo. Las respectivas delegaciones presentaron sus alegatos ante la Corte Internacional de Justicia, que profirió su sentencia al año siguiente y clarificó dos puntos en disputa de la mayor relevancia: la calificación del delito por el Estado asilante no prevalecía a la dada por el Estado territorial, con lo que desechó el argumento sostenido por Colombia, y que si bien Colombia no había probado el peligro en que se encontrara el asilado, su otorgamiento no era contrario a derecho; así mismo, no reconoció la obligación de proveer un salvoconducto a cargo del Estado peruano. Si bien desde el punto de vista estrictamente jurídico no puede hablarse de un triunfo de la postura colombiana, su determinación de mantener el asilo durante cinco años constituyó una crucial afirmación de la trascendencia de tal institución.  

Las incertidumbres del caso Haya de la Torre condujeron a la expedición de la Convención de Caracas de 1954 sobre Asilo, en la que se reafirmó la órbita de su aplicación a los delitos políticos.  

En el plano mundial la concesión del asilo diplomático dio lugar a dramáticas situaciones reveladoras de su relevancia y su profundo sentido humanitario. México recibió como asilado en 1937 al bolchevique León Trotsky, perseguido a muerte por el régimen de Stalin luego de que sucesivamente se lo expulsó de Turquía, Suecia y Francia; Estados Unidos acogió durante quince años en su embajada de Budapest al cardenal católico Mindsentsky, acérrimo opositor del comunismo, tras el levantamiento húngaro de 1956. En el marco de la Guerra fría gobernantes depuestos en golpes de Estado pudieron obtener asilo en embajadas. Ecuador recibió como asilado político a Julian Assange en 2012, quien permaneció siete años sin recibir salvoconducto del gobierno británico. 

En el caso de nuestro vecino país, los asilos reconocidos por Panamá han sido polémicos. Expresidentes como el ecuatoriano Abdalá Bucarán y el haitiano Raúl Cedrars, cuya condición de perseguidos políticos era por lo menos discutible, recibieron asilo territorial. El caso más controversial se produjo en el caso de María del Pilar Hurtado, exjefe de inteligencia, quien con la anuencia del entonces presidente Uribe interceptó ilegalmente teléfonos de magistrados, líderes y opositores políticos. La Corte Suprema de Justicia panameña declaró la inconstitucionalidad de tal medida en 2014 por juzgarla violatoria tanto del orden interno como de la normativa internacional.   

Foto: Wikimedia Commons En 1949 Colombia fue protagonista del caso más famoso en la literatura mundial sobre asilo diplomático. Víctor Raúl Haya de la Torre, fue refugiado en la embajada de Colombia en Perú.

El caso Martinelli 

Ricardo Martinelli fue presidente electo para el quinquenio 2003-2009 durante el que concedió el ya referido asilo a la funcionaria colombiana. Los Panama Papers lo mencionan como titular de varias cuentas y fondos en paraísos fiscales en violación de regulaciones fiscales y tributarias. Dos familiares cercanos fueron condenados en Estados Unidos acusados de narcotráfico, proceso en el que declararon actuar por órdenes suyas. Fue capturado en Miami y finalmente extraditado a su país, tras lo cual se prohibió su ingreso a territorio estadounidense.

La justicia de su país inició investigaciones que condujeron a una sentencia condenatoria por ‘blanqueo de capitales’ o lavado de activos con pena de prisión de diez años y ocho meses, al igual que la imposición de una multa superior a US$15 millones. La sentencia, proferida por la jueza Baloiza Marquines el 28 de junio de 2023, consta de 306 páginas. Se comprobó además la utilización de dineros públicos para la compra de medios de comunicación. La mencionada sentencia cobija una docena de personajes del círculo de socios del expresidente. 

Diversos sectores de la opinión pública calificaron esta actuación como una reivindicación largamente esperada de la justicia y un hito que demostraba los límites a los que la impunidad podía ser sometida. Para ese entonces, Martinelli estaba en plena campaña electoral por un segundo período -la Constitución autoriza la reelección no inmediata por una sola vez- con el movimiento Realizando Metas, en asocio de Raúl Mulino como fórmula vicepresidencial. El tribunal electoral ordenó su retiro de la contienda, por lo que Mulino resultó presidente en 2024 como delfín de aquel. 

Fue entonces, una vez en firme la sentencia condenatoria en su contra, cuando el gobierno de Daniel Ortega, el 24 de febrero de 2024, otorgó asilo en su embajada al expresidente, quien la convirtió de inmediato en un centro de actividad proselitista y propaganda de su presunta persecución judicial. Pese a la expedición de una circular roja de Interpol solicitada por la justicia panameña, la Policía se negó a hacerla efectiva por supuestamente violar su estatuto de asilado. Una vez cerrada toda posible revisión judicial se presentó una iniciativa en el Congreso para expedir una amnistía en su provecho, que a pesar del apoyo del Ejecutivo no obtuvo el necesario respaldo. Fue entonces cuando la injerencia de su anterior compañero de campaña electoral, convertido gracias a él en presidente, entró una vez más en ejercicio, al expedir un salvoconducto para Martinelli que le permitiera salir del país. Sorpresivamente, Nicaragua, a través de la esposa del presidente Ortega, negó el traslado aduciendo la existencia de dicha circular roja de Interpol. 

Tras catorce meses en la embajada nicaragüense y frustrada su salida del país, irrumpió como un deus ex machina la decisión del gobierno colombiano de otorgar asilo territorial. Su mentor y compañero electoral pronta y solícitamente otorgó un nuevo salvoconducto para su traslado a Colombia.  

La justificación de Colombia

El presidente Petro justificó el asilo a Martinelli bajo el argumento humanitario, la tradición humanista del país y la indiferencia de afiliación ideológica para sus beneficiarios, dando por descontada su condición de perseguido político. La canciller Laura Sarabia, interrogada al respecto, declaró su respeto por la decisión del presidente, en una suerte de ‘obediencia debida’ a la voluntad de su jefe. El laconismo de la Cancillería mostraría pues la ausencia de criterio diplomático por parte de la autoridad responsable.  

En realidad, la decisión gubernamental hace trizas no solo la tradición diplomática colombiana en la materia sino la normativa internacional tan laboriosamente construida sobre la base de la exclusión radical del otorgamiento de asilo por delitos comunes. Colocar en la misma balanza al líder peruano perseguido por la dictadura militar hace tres cuartos de siglo con un condenado por lavado de activos constituye poco menos que una degradación del dispositivo internacional, y su extrema tergiversación jurídica.  Que el primer presidente de izquierda en Colombia y antiguo rebelde confunda el delito político con el delito de lavado de activos solo puede dar pábulo a las más siniestras sospechas. Justo en un momento en que el país requiere, más que nunca, la máxima transparencia en los asuntos públicos.    

Victor Guerrero Apraez es abogado, magister Derecho Internacional Público (Alemania), profesor universitario, asesor y consultor de entidades nacionales y extranjeras, ONG, ONU, especialista en DIH y DDII Autor de siete libros sobre filosofía política, guerras civiles y mecanismos de regulación y clemencia -beligerancia, amnistías- investigaciones en curso sobre golpes de Estado, mito político y modernizaciones autoritarias.

Fuente: https://razonpublica.com/asilo-colombia-expresidente-panameno-humanismo-internacional-u-obstaculizacion-la-justicia/

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«Temas gruesos» de cara al 2026

Por: Bea Morales

Algunos “temas gruesos” están sobre el escenario de la lucha que se adelanta en Colombia por parte de los movimientos sociales y políticos de carácter popular. Son asuntos y problemas que compartimos con los demás pueblos y sociedades de países de América Latina que se han atrevido a desafiar el poder del Gran Capital intentando usar la institucionalidad existente.

En esos países se accedió a los gobiernos por la vía electoral y se quiso utilizar el Estado “heredado” para impulsar procesos de transformación social, política, económica y cultural. Se quiso enfrentar el neoliberalismo más no el capitalismo. De antemano sabíamos que los latinoamericanos heredamos Estados coloniales y patriarcales, capitalistas y neoliberales, burocráticos y corruptos, y que no iba a ser fácil realizar esa tarea “desde adentro”.

Y también sabíamos, o supongo que los principales dirigentes eran conscientes de ello, que el gobierno, o mejor, la “cúpula” del Ejecutivo (presidente, ministros y otros altos funcionarios), sólo son una parte del aparato del Estado, que está conformado por otras ramas del “poder público” como el Congreso o asamblea nacional, las Cortes Judiciales, los órganos de control, las Fuerzas Armadas y otras instituciones como la Fiscalía, defensoría del pueblo, el poder electoral, y otras.

Y lo que es más importante de entender, de ser absolutamente conscientes, es que el conjunto de ese Estado “heredado” responde a los intereses de las clases dominantes, que en Colombia están compuestas por una oligarquía financiera que se alimentó desde los años 80s del siglo XX de los recursos del narcotráfico, se apoderó de las empresas estatales y de los caficultores, y logró conformar una alianza estrecha con el imperio estadounidense y con los grandes terratenientes que han sido la clase social que ha mantenido su hegemonía desde tiempos coloniales.

Lo que hemos aprendido desde el ascenso del presidente Chávez al gobierno de Venezuela en 1999, pasando por las experiencias de Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador, Tabaré y Mujica en Uruguay, Evo en Bolivia y otros intentos en curso, es que las castas oligárquicas de cada país, sus aliados subordinados (burguesía burocrática y grandes terratenientes) y el mismo imperio, no van a entregar sus privilegios sin luchar y resistir, y por ello, también han asimilado esas experiencias y han adaptado sus políticas y estrategias a las nuevas realidades.

Antes de avanzar, es importante contar con una mirada de contexto y, además, reiterar que sin una efectiva y consistente fuerza “desde abajo” es imposible que nuestra acción “desde adentro” o “por arriba”, logre realizar y consolidar cambios estructurales o sustanciales en nuestras sociedades.

Sin embargo, si estamos de acuerdo con lo anterior, es posible diseñar una estrategia para avanzar con paciencia y consistencia en la acumulación de esa fuerza “desde abajo”, sin ilusionarnos o afanarnos con “golpes de mano” u otras acciones que hacen parte de nuestras “herencias insurreccionales” que, como se ha comprobado en estos países vecinos, siempre fracasarán ante la enorme fuerza del enemigo que actúa como “clase capitalista global” y que recurre a bloqueos, saboteos y demás actos de fuerza para impedir que esos intentos logren su objetivo.

En el caso de Colombia, debemos ser conscientes que se llegó al gobierno con un escaso margen de ventaja frente al candidato de las “derechas” (Rodolfo Hernández) y en alianza con algunas expresiones políticas de la oligarquía financiera, burguesía burocrática y burguesías emergentes (de origen legal e ilegal) que se articularon alrededor del “proceso de paz” (Santos), y que buscaban desplazar del poder a sectores monopólicos de las clases dominantes y participar de las enormes ganancias que la oligarquía financiera y los grandes terratenientes han acumulado a lo largo del tiempo.

Desde el principio era claro, que esas clases y sectores de clase aliadas, no sólo no eran confiables sino que su naturaleza económica y social de carácter parasitario, no les permite ser protagonistas de un proyecto “progresista” y “revolucionario”. Podíamos prever que cuando llegara el momento de la confrontación con la oligarquía financiera, esos sectores no sólo vacilarían sino que mostrarían su absoluta incapacidad para avanzar por nuevos caminos.

El momento llegó cuando el gobierno presentó ante el Congreso las denominadas “reformas sociales” (de la salud, laboral y pensional) y cuando hizo amagues de intervenir en el campo de la generación y distribución de la energía eléctrica. De inmediato, la “alianza interclasista” y el “frente interpartidista” se empezó a resquebrajar y, ello se reflejaba tanto en la composición del gobierno (cambios de ministros y altos cargos) como en los debates y nuevas alianzas que iban surgiendo al interior del poder legislativo (y también en las otras ramas del poder como ha ocurrido con la fiscalía, contraloría, procuraduría, etc.).

Las preguntas que surgen de este sintético recuento tienen que ver con la estrategia. Si éramos conscientes de que la fuerza acumulada no era suficiente y que los aliados eran vacilantes y no confiables para confrontar a la oligarquía financiera en esas áreas que comprometen el manejo de las EPS y de los Fondos privados de pensiones… ¿por qué se priorizaron y se presentaron tan pronto esas reformas ante el Congreso? ¿Hubo exceso de confianza en esos aliados o se pensó que con el manejo y la transacción de burocracia y contratos (“mermelada”) iban a aprobar fácilmente esas iniciativas?

¿Se exploraron otras posibilidades para acumular fuerza social y política? ¿Se visualizaron otras clases y sectores de clase con quienes se hubiera podido avanzar en otras materias y temas como la industrialización de los procesos productivos y el cambio gradual y sistemático de la matriz energética? ¿Se evaluó la posibilidad de construir otras alianzas con sectores de las burguesías emergentes como los pequeños y medianos productores agrarios y los pequeños y medianos emprendedores citadinos (muchos de ellos son “profesionales precariados”)?

Ahora que estamos en la etapa final del gobierno progresista, se hace necesario que la dirigencia del Pacto Histórico y de los movimientos sociales reflexione sobre esos “temas gruesos”, que de alguna manera se han manifestado en estos tres (3) años de gobierno progresista y que se han enfrentado de diversas maneras, principalmente por parte del presidente Petro, pero que no han sido abordados en conjunto por las llamadas “fuerzas del cambio”.

Esos “temas gruesos” y su tratamiento al interior del Pacto Histórico van a determinar, de alguna manera, los debates internos de cara a la consulta para escoger candidat@s presidenciales en octubre de 2025. ¿Seguimos priorizando la alianza con las expresiones políticas de la burguesía burocrática corriendo los riesgos de ser arrasados por toda clase de politiquerías y corrupciones? ¿Con qué sectores sociales vamos de verdad a impulsar un decidido y efectivo proceso de industrialización del aparato productivo? ¿Estamos de acuerdo que ese proceso de industrialización es la única forma de “progresar”, de crear empleo digno y formal y de fortalecer los ingresos del Estado para poder financiar programas sociales de gran impacto?

¿Cómo vamos a romper y derrotar el “bloqueo institucional” que ha sufrido el gobierno progresista durante estos tres (3) años? ¿De qué manera asimilamos tanto la experiencia de la Constituyente de 1991 en Colombia como parecidas experiencias vividas en Ecuador y Bolivia, en donde se aprobaron nuevas Constituciones Políticas pero el poder de la oligarquía financiera y del imperio estadounidense siguen allí, medrando y explotando nuestros recursos humanos y naturales?

Estos y otros “temas gruesos” deben hacer parte de las reflexiones y debates del Pacto Histórico y del movimiento social. Solo así valoraremos a fondo los esfuerzos y avances liderados por el presidente Gustavo Petro pero, también, estaremos a la altura de emular y superar esa experiencia y legado.

E-mail: luisdorado@gmail.com    

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La Carta de Derechos Económicos que el neoliberalismo secuestró

Por: Caty R

En 1974, en plena Guerra Fría, el Sur Global logró introducir entre los pasillos de la ONU un documento que intentaría modificar los cimientos del capitalismo dominante: la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados (Resolución 3281). Este texto revolucionario proclamaba, entre otras cosas:

Artículo 1 (Soberanía permanente): Todo Estado tiene el derecho soberano e inalienable de elegir su sistema económico, político, social y cultural, de acuerdo con la voluntad de su pueblo, sin injerencias ni amenazas externas.

Artículo 2: Todo Estado ejerce soberanía plena sobre sus recursos naturales y actividades económicas. Puede regular la inversión extranjera, supervisar a las empresas transnacionales y, si lo considera necesario, expropiar bienes con compensación apropiada, según sus leyes y circunstancias.

Artículo 7: Reconoce el derecho de los Estados a reestructurar sus deudas.

Transcurrido más de medio siglo nos sorprende cómo un manifiesto, en plena Guerra Fría, declaraba sin tapujos que los recursos naturales pertenecen a los pueblos, que las transnacionales deben obedecer leyes locales y que ningún país está obligado a pagar deudas contraídas por gobiernos ilegítimos o que la propia deuda lo fuera.

Hoy, algunos de estos principios serían tildados de «trotskistas», lo cual demuestra el retroceso ideológico y el desequilibrio del orden económico global que aquella carta intentó contrarrestar. Su objetivo era claro: instaurar un nuevo orden económico internacional basado en la equidad, la soberanía, la cooperación y el interés común.

Mientras figuras como Kissinger promovían golpes en América Latina y las petroleras anglosajonas saqueaban África, la carta fue condenada al olvido. Estados Unidos, Alemania y Reino Unido —los actuales defensores de las «reglas globales»— la sabotearon. Para la década de 1980, con Reagan y Thatcher a la cabeza, el neoliberalismo ya había capturado al FMI y al Banco Mundial, convirtiéndolos en herramientas del capital financiero. La doctrina era simple: endeudar, privatizar, desregular y subordinar al Estado al mercado.

Durante la crisis financiera de 2008, mientras la mayoría de los países rescataban a los culpables, Islandia tomó un camino diferente:

– No rescató a los bancos privados. Nacionalizó parcialmente el sistema interno y dejó que quebraran las entidades insolventes.

– Impuso controles de capital (2008–2017), impidiendo la fuga de divisas para estabilizar su moneda.

– Protegió a la población. Aseguró depósitos locales y evitó políticas de austeridad.

Además, juzgó y encarceló a 26 banqueros corruptos y sometió a referéndum el pago de la deuda fraudulenta. El 93% votó NO. ¿El resultado? De 2010 a 2025, Islandia creció un 3% anual (frente al 0,5% de la UE), redujo el desempleo del 9% al 3% y la deuda pública bajó del 90% al 40% del PIB.

Cuando Grecia enfrentó su crisis en 2010 y 2015, eligió un camino muy distinto. A pesar del referéndum del “OXI” (NO), donde el 61,31% votó contra la austeridad, el gobierno de Tsipras acabó aceptando un tercer memorando, impuesto por la Troika (FMI, BCE, UE). El costo fue devastador:

– Desempleo del 27.8% en 2013 (60% en jóvenes), aún en 12% en 2025.

– Éxodo masivo: 500.000 jóvenes emigraron desde 2010.

– Privatizaciones forzadas: aeropuertos, puertos, agua y energía.

– Pensiones recortadas un 40%; los jubilados sobreviven con €500 al mes.

– La deuda pasó del 127% del PIB (2009) al 180% (2018), y ronda el 160% en 2025.

– El 92% de los «rescates» fue a bancos alemanes y franceses.

Algunos analistas atribuyen esta diferencia al hecho de que Islandia tenía su propia moneda. Sin embargo, más allá del euro, fue una cuestión de voluntad política y soberanía.

La crisis griega (2010-2018) fue un laboratorio de cómo el neoliberalismo impone deudas ilegítimas a través de instituciones como el FMI, el BCE y la Comisión Europea (la «Troika»). Aunque la ONU no intervino directamente, su marco legal y técnico respalda la idea de que Grecia podría haber repudiado parte de su deuda.

La UNCTAD, en su informe de 2015, calificó la deuda griega como odiosa, recomendando una auditoría y una quita del 50%. Ese mismo año, la Asamblea General de la ONU aprobó principios para reestructurar deudas soberanas, como:

1. Transparencia y auditoría pública.

2. Prohibición de injerencias externas.

3. Respeto a los derechos humanos.

Grecia pudo haberlos invocado, pero eligió no hacerlo. Como suele ocurrir, los principios legales fueron ignorados por la realpolitik.

Hoy, la ONU parece una sombra de lo que aspiraba a ser en 1974. Sus resoluciones sobre Palestina son vetadas; sus advertencias sobre el cambio climático, ignoradas. Su visión sobre soberanía económica es pisoteada.

El FMI sigue operando como un cobrador mafioso, imponiendo ajustes que enriquecen a los acreedores y empobrecen a los pueblos. ¿Qué hizo la ONU por Grecia? Nada. Y lo mismo podría decirse de Gaza, Yemen o Ucrania. La ONU observa, pero no actúa.

El sistema internacional se esta convirtiendo en un sistema anárquico donde no existe un vigilante nocturno, no hay una autoridad superior a quien pedirle ayuda en caso que un estado vaya en tu contra. Como dice John J. Mearsheimer profesor de ciencia política en la Universidad de Chicago “si eres débil, hay una posibilidad seria que se aprovechen de ti”, nadie quiere dar la sensación de ser endeble.

Algunos, como Serguéi Lavrov, proponen que la Carta de la ONU sea la base jurídica de un nuevo orden multipolar. Una idea que, aunque cuestionada por su origen geopolítico, plantea un punto válido: el “orden basado en reglas” promovido por Occidente se ha convertido en una herramienta para consolidar su hegemonía. La idea de “América primero” es alarmantemente similar al eslogan hitleriano “Alemania por encima de todo”, y una apuesta por la “paz mediante la fuerza” podría ser el golpe de gracia a la diplomacia.

La Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados no fue destruida por el neoliberalismo solamente, sino también por sus cómplices, aquellos que, desde el poder, la archivaron por considerarla demasiado incómoda.

Pero el documento sigue existiendo. Dormido, sí. Olvidado, quizás. Pero no muerto. Y en un mundo donde resurgen los debates sobre soberanía, deuda y justicia económica, su contenido vuelve a cobrar relevancia.

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/06/08/la-carta-de-derechos-economicos-que-el-neoliberalismo-secuestro/

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Todos los caminos conducen a… los derechos de la naturaleza

Por: Caty R

El Milliarium Aureum, monumento construido en el año 20 a.C. por el emperador Augusto en el Foro de la Antigua Roma, marcaba el punto de partida de todas las calzadas romanas y destacaba la posición central de la capital. Desde Roma salían y hacia allá conducían las principales carreteras del Imperio romano. En la actualidad, parafraseando aquello que “todos los caminos conducen a Roma / tutte le strade portano a Roma”, sin necesidad de tener un monumento como referencia o un centro geográfico determinado, podemos decir que todos los caminos conducen a los derechos de la naturaleza, en tanto punto de llegada y a la vez de partida. Y eso se logra de diversas maneras y desde cada vez más lugares en el planeta, por la presión de los hechos.

Reconociendo que el derecho es un campo de permanente dispu­ta, no podemos ignorar lo complejo que ha sido conseguir avances en derechos ambientales, propios de las necesidades de los humanos para alcanzar una vida digna. En este largo trajinar, la relación de la jurisprudencia con la naturaleza ha sido siempre compleja.

Lo que debemos constatar –para poder introducir cambios radicales– es que el marco jurídico vigente, antropocéntrico en esencia, tiene límites, pues, sobre todo, ha girado alrededor de los derechos para subordinar a la naturaleza. En el enfrentamiento de los derechos de propiedad con tendencias privatizadoras a ultranza o bien morigerados por el Estado o aun por diversas comunidades humanas, la Madre Tierra ha sido un territorio de apropiación. Un objeto. Esta es una historia larga y terrible.

Sin embargo, la discusión sobre si algún ser no humano puede tener derechos sucede en el marco de esa historia. En la Edad Media y hasta el Renacimiento –es decir, entre los siglos XIII y XVII– fueron frecuentes los juicios a animales, especialmente a cerdos que habían matado o comido a niños, lo que se justificaba pretendiendo que los animales tenían un poco de alma…

En tiempos recientes se registran diversos procesos que van mucho más allá. Se propone un reencuentro con la naturaleza, asumiéndola, inclusive, como el punto de partida de todos los derechos. Se trata de un complejo caminar desde los derechos ambientales -provenientes de los derechos humanos- hacia los Derechos de la naturaleza; derechos que no se contradicen, pues son derechos que se complementan y se potencian, cabe decir. Un empeño en el que, normalmente, la batuta la lleva la participación ciudadana a través de la acción de diversos grupos sociales.

El tránsito de la «naturaleza objeto» a la «naturaleza sujeto»

Consagrar a la naturaleza como sujeto de derechos postula nuevas formas de relación del ser humano con ella y sus componentes. Reclama, por ende, el paso de un paradigma antropocéntrico a otro de carácter socio-biocéntrico. En los lineamientos de este nuevo paradigma civilizatorio se destaca el abandono de la caracterización de la naturaleza como canasta de recursos y como depósito de de­sechos.

Reconocer los derechos de la naturaleza no supone una naturaleza intocada, sino el respeto integral por su existencia y el mantenimiento y la regeneración de sus ciclos vitales, su estructura, sus funciones y procesos evolutivos; es decir, la defensa de los sistemas de vida. La naturaleza ya no se considera como un objeto de dominación y un mero recurso económico.

Se trata de construir una sociedad sustentada en la armonía de las relaciones de los seres humanos con los seres no humanos, de los humanos consigo mismos y, por supuesto, entre todos los humanos. Esta noción, que pervive en la percepción de los pueblos originarios desde hace mucho tiempo, no implica una visión milenarista de un paraíso armónico, ni una ingenua idealización que postula una suerte de regresión a la época de las cavernas. Además, no se puede olvidar, que varias civilizaciones antiguas se hundieron por haber destruido su hábitat; aceptar esta realidad puede servir para conocer las causas de esas tragedias y evitar repeticiones nefastas.

No debería sonar extraño, entonces, que los humanos busquemos garantizar nuestra existencia en el universo a partir de una legislación y una jurisprudencia que favorezcan a quien nos proporciona el sustento: nuestra Madre Tierra o Pacha Mama. Y es en extremo revelador cómo el discurso jurídico comienza a cambiar con la incorporación de los derechos de la naturaleza; basta ver la introducción de conceptos propios del mundo de la biología, como ciclos vitales o ciclos naturales, en diversas legislaciones e incluso acuerdos internacionales.

Diversas entradas a los derechos de la naturaleza

Este debate circula por el mundo. Con una fuerza cada vez mayor. Lo que si destacamos es que los derechos de la naturaleza ingresaron en la agenda política internacional, en especial, gracias al vigoroso impulso de la Constitución de Ecuador, aprobada en las urnas por su pueblo en 2008. Un logro que se explica por la activa participación de la sociedad. Sus raíces están profundamente insertas en el mundo de sus pueblos originarios, aunque parezcan invisibles para ciertas lecturas prejuiciosas o superficiales. Ellos comprenden perfectamente que la Pacha Mama es su Madre, no una mera metáfora. Es más, en ese pequeño país andino se dio una suerte de mestizaje jurídico en el debate constituyente, a partir de un respetuoso y activo diálogo de saberes, que permitió sumar las luchas de diversas comunidades indígenas y no indígenas empeñadas en defender sus territorios.

La cosmovisión de los pueblos originarios, heterogénea y diversa, y otras comunidades, dialoga con un conjunto de lecturas de juristas que ya postulaban la ampliación de derechos hacia la naturaleza. Los antecedentes son múltiples. Pero lo que aquí nos interesa es reconocer cómo, desde diversos ámbitos, se camina hacia ese objetivo: los derechos de la naturaleza. Son múltiples las luchas que enfrentan la destrucción de la naturaleza y también proponen alternativas de vida digna, respetando los ciclos ecológicos.

Así, casi a diario crece la lista de casos en los que afloran estos innovadores derechos, que asumen a la naturaleza como sujeto, en unos cuarenta países en todos los continentes. Veamos un par de ejemplos.

Más allá de Ecuador, en donde ya hay decenas de sentencias favorables estos derechos, en Colombia, en el año 2017, la Corte Constitucional reconoció al río Atrato como sujeto de derechos, con miras a garantizar su conservación y protección, como resultado de una acción de muchas comunidades rivereñas. Así las cosas, desde lo que se conoce como “derechos bioculturales”, es responsabilidad del Estado como de las comunidades proteger el medio ambiente procurando su conservación, protección y restauración. Anotemos también que en Colombia una veintena de ríos ya ha adquirido derechos propios.

Otro fallo histórico, también de la Corte Suprema de Colombia, data de 2018 y reconoce a la Amazonía como sujeto de derechos. Este fallo permitirá exigir la protección de este ecosistema por sí mismo y no solo en función de que se afecte la vida humana. La Corte falló a favor de una tutela que presentaron 25 infantes y jóvenes, acompañados por la organización Dejusticia, en defensa de sus derechos, vulnerados por la persistente degradación del bioma amazónico, lo que agrava la problemática de cambio climático y a su vez pone en peligro la provisión de agua y la regulación del clima en el país. Lo destacable del fallo es que reconoce la responsabilidad intergeneracional en la protección del medio ambiente, puesto que son las nuevas generaciones las que vivirán los efectos más severos del cambio climático, y la adaptación a los nuevos escenarios descansa en buena medida en las estrategias de conservación que se implementen hoy.

En América del Sur hay otros avances notables. En Panamá, se expidió, en el año 2022, una ley por medio de la cual se reconocen los derechos de la naturaleza y las obligaciones del Estado relacionados a estos derechos, entre otras importantes disposiciones. También en Argentina se abre el camino a los derechos de la naturaleza gracias a la lucha de diversas organizaciones ciudadanas, auspiciadas por organizaciones de juristas, como la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas.

Aunque no llegó a buen puerto en 2022, la iniciativa de cambio de Constitución en Chile se propuso abordar el problema global más importante con el que se suicida la Modernidad, el actual colapso ecológico, que encuentra en la crisis ambiental una de sus manifestaciones.  No solo se amplió el derecho ambiental, con indispensables restricciones a la propiedad privada y el reconocimiento del derecho humano al medio ambiente sano, sino que se comprometió a favor de los derechos de la naturaleza. Ese texto constitucional debería ser de lectura obligatoria si queremos seguir construyendo y aprendiendo incluso de procesos que -por lo pronto- quedaron truncos.

En Europa se registra, por igual, otro ejemplo de la acción ciudadana. En 2022, a través de una ley, se convirtió a la laguna del Mar Menor en el primer ecosistema de Europa con personalidad jurídica propia, al igual que las personas humanas y las empresas. Desde su entrada en vigor, el Mar Menor pasó a ser sujeto de derechos y no solo objeto de protección del ordenamiento jurídico. La nueva legislación constituye una auténtica victoria de la sociedad civil sin precedentes, tanto por reconocer derechos propios a esta laguna murciana, como por la forma en que se produjo. Se reunieron más de 600 mil firmas, muy por encima del medio millón exigido para poder presentar este tipo de iniciativas.

Esta ley es pionera en Europa, donde existen iniciativas ciudadanas que buscan un reconocimiento similar para diversos ecosistemas, para mencionar un par de casos, en el Mar del Norte en Países Bajos, el río Loira en Francia, el río Loisach en la alta Baviera en Alemania, iniciativas que todavía no se han cristalizado, pero que marcan el rumbo. En Alemania, en el Estado de Baviera, avanza una iniciativa ciudadana para introducir los derechos de la naturaleza en el artículo 101 de la Constitución a través de una consulta popular. Igualmente, en ese mismo país, una coalición de juristas y diversas organizaciones ciudadanas impulsa una propuesta de reforma de la Constitución alemana –Grundgesetzt-, considerando que los derechos de la naturaleza son absolutamente necesarios para resolver la crisis ecológica. Inclusive se pueden mencionar dos sentencias en Erfurt, del año 2024, que consagran los derechos de la naturaleza; una de ellas caminando desde un caso aparentemente menor, como fue el escándalo del diesel en dicho país.

En Nueva Zelanda, el año 2012, por la acción del grupo indígena kiwi, se reconoció el carácter de persona jurídica al río Whanganui. Se trata de un acuerdo basado en dos principios: primero, concibe al río como un ente viviente e indivisible compuesto por elementos físicos y metafísicos que se extiende desde la montaña hacia el mar y cuya salud y bienestar se deben promover; segundo, reconoce una relación especial entre el río y pueblo el kiwi y que la salud y el bienestar del río está intrínsecamente vinculada con la salud y el bienestar de la gente.

Otro reconocimiento de personalidad jurídica “humana” relevante es el de los ríos Ganges y Yamuna en la India. Esto resultó de la acción interpuesta por vecinos de la ciudad sagrada de Haridwar, en el año 2017, a la Corte Suprema de Uttarakhand: uno de los 29 Estados de ese enorme país. Allí se resolvió que esos ríos, así como sus afluentes, arroyos y todas las aguas naturales que fluyen con circulación intermitente o continua de estos ríos, son personas jurídicas con el estatus legal de persona.

Los Estados Unidos no están lejos de estos avances. En el año 2019, se decidió en las urnas que el lago Erie, el undécimo más grande del mundo y que proporciona agua potable a 12 millones de estadounidenses y canadienses, tiene derechos; y, si bien el proceso no está totalmente definido, es un caso que ayuda a comprender cómo se expanden por el mundo estos derechos revolucionarios. A su vez, un grupo de ciudadanos estadounidenses presentó una demanda para que las Montañas Rocosas y el de­sierto de Nevada puedan demandar legalmente a individuos, corporaciones o gobiernos en los Estados Unidos. Y ya, desde años atrás, hay iniciativas ciudadanas para reconocer estos derechos de la Madre Tierra en algunos municipios de ese país.

En este punto, cabe resaltar el papel de varios juristas, en diferentes momentos, casi siempre impulsados por procesos ciudadanos de defensa de diversos ecosistemas, quienes caminaron y siguen caminando en dirección de los derechos de la naturaleza. A más de aproximaciones de inspiración biocéntrica desde la jurisprudencia, registradas desde hace muchas décadas, hay otras procedentes de las ciencias exactas, de reflexiones filosóficas y literarias, incluso de lecturas teológicas, como la Encíclica Laudato Si del Papa Francisco, inspirada en el pensamiento y acción de Francisco de Asís. Y lo interesante, adicionalmente, es que en muchos casos hay la acción de una suerte de internacional por los derechos de la naturaleza y sus defensoras y defensores, que trabaja de manera cada vez más coordinada.

Con los derechos de la naturaleza hacia un giro copernicano

Con los derechos de la naturaleza estamos ante una situación similar a la que propuso Immanuel Kant en relación a la filosofía, incluso de mucho mayor transcendencia, pues tenemos que aceptar que los humanos no estamos al margen de la naturaleza, que somos naturaleza y que en ella no hay ninguna especie superior. Y la naturaleza –esto es fundamental– es la que nos da el derecho a nuestra existencia.

Dicho esto, nos reencontramos con la ética de la vida misma. No solo que podemos ver el mundo con otros ojos, sino que estamos conminados a cambiar de raíz las sociedades antropocéntricas en todos sus ámbitos.

Requerimos un mundo re-encantado alrededor de la vida. Algo que lo lograremos con diálogos y reencuentros entre los seres humanos, en tanto individuos y comunidades, y de todos con la naturaleza, entendiendo que somos un todo. Hasta que se haga realidad este giro civilizatorio, los tiempos venideros serán cada vez más difíciles.

Incorporar a la naturaleza como sujeto de derechos en una constitución o en una ley –un acto formalmente antropocéntrico– implica la obligación de transitar hacia visiones y prácticas biocéntricas, que deben desarrollarse en la realidad concreta. En lo concreto esto significa que, apenas entran en vigencia los derechos de la naturaleza, ya no debería existir ningún derecho para explotar inmisericordemente a la Madre Tierra y menos aún para destruirla. El único derecho que existe es un uso ecológicamente sostenible. Las leyes humanas y las acciones de los humanos, entonces, deben estar en concordancia con las leyes de la naturaleza. Su vigencia responde a las condiciones materiales que permiten su cristalización y no a un mero reconocimiento formal en el campo jurídico. Y su proyección, por tanto, debe superar las visiones que entienden los derechos como compartimentos estancos, pues su incidencia debe ser múltiple, diversa, transdisciplinar.

El entendimiento de este punto nos conduce al giro copernicano en todas las facetas de la vida, sea en el ámbito jurídico, económico, social y político, pero sobre todo en el cultural. La concepción de la naturaleza como sujeto de derechos conlleva varias consecuencias, que empiezan reconocer que todas las formas de vida revisten valores en sí mismas y que por tanto poseen derechos a de­sarrollar sus propios procesos vitales. Obviamente hay aquí una mediación humana, en tanto son personas las que reconocen esos valores. Pero esa valoración está más allá de nuestra interpretación y reside en los propios seres vivos. Por esa razón se denomina a estos valores como intrínsecos, ya que la esencia del valor es inherente a los seres vivos.

Así como el discurso normativo actual prohíbe tratar como mercancía al ser humano, la naturaleza debería recibir el mismo trato. Estos nuevos paradigmas nos llevan a un progresivo e imprescindible proceso de salida de la naturaleza de la lógica mercantil y planificadora estatal, pues toca promover paralelamente una relación armónica con ella –en tanto somos parte de ella– y ajustar las actividades de los humanos a sus ritmos. Así, se tiene por objeto preservar la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energía y de materiales en la biosfera, sin dejar de preservar la biodiversidad del planeta. En los derechos de la naturaleza el centro está puesto en la naturaleza. En suma, esta vale por sí misma, independientemente de la utilidad o los usos que pueda o pretenda darle el ser humano.

Establecer la naturaleza como sujeto de derecho exige una relación de igualdad y respeto entre los seres humanos y la misma. En términos de igualdad y respeto nos invita a entender que los humanos, en tanto seres terrestres, no podemos organizar procesos al margen de los límites biofísicos de la tierra y menos aún en contra de ellos. Y en este empeño precisamos crear las condiciones que garanticen el respeto a las personas y comunidades que protegen sus territorios, lo que en realidad es una forma de autodefensa de la Tierra misma. Y en ningún caso se puede marginar la justicia social, que debe caminar de la mano de la justicia ecológica, y viceversa.

Sin derechos de la naturaleza la libertad es una ilusión

Definitivamente es el momento de entender que la naturaleza es la condición básica de nuestra existencia y, por tanto, que es también la base de los derechos colectivos e individuales, inclusive de los derechos de libertad. Así como la libertad individual solo puede ejercerse dentro del marco de los derechos de los otros humanos, la libertad individual y colectiva solo puede ejercerse dentro del marco de los derechos de la naturaleza. Si pensamos en nuestros nietos y en nuestras nietas, es decir en las futuras generaciones, bien podemos concluir que su existencia y su libertad dependen del respeto a la naturaleza. Bien anota el jurista alemán Klaus Bosselmann, que “sin derechos de la naturaleza la libertad es una ilusión”.

Urge, por igual, desmontar las estructuras patriarcales y coloniales que provocan y reproducen violencias múltiples. Habrá que cristalizar el cobro de las deudas coloniales y ecológicas, en las que las naciones enriquecidas por la explotación de otros pueblos y otros territorios son las deudoras. Por igual habrá que cambiar el sistema económico mundial, con todas sus herramientas de dominación, como lo es la deuda externa, que configuran maquinarias depredadoras de la vida.

En este trajinar habrá avances y retrocesos, como se ve a diario con la aplicación de los derechos humanos, sean derechos de las mujeres, de los pueblos originarios, de las minorías sexuales, laborales… Sin embargo, en ningún momento podemos perder la esperanza, que no la asumimos simplemente como la creencia de que algo indefectiblemente saldrá bien, pues preferimos asumirla como la certeza de que lo que hacemos tiene significado, independientemente del resultado.

Además, este reencuentro armonioso y amoroso con la Madre Tierra contaremos con su enorme capacidad de resiliencia y recuperación, pues se trata de una verdadera Madre, que está de nuestro lado. Entendemos, por igual, que, si los humanos no restablecemos la Paz con la Tierra, no habrá posibilidad de Paz para nosotros en la Tierra, que explicablemente se rebela frente a tanta destrucción que estamos provocando.

Cerremos estas líneas, reafirmando lo que manifestó el año 2015, en París, en una de las sesiones del Tribunal Internacional de los derechos de la naturaleza, aquel ejemplar ser humano, el argentino Fernando Pino Solanas: “Quizás no exista una causa mayor, desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que luchar por los derechos de la naturaleza.” Y esa causa es la que nos mueve a seguir caminando en esa dirección desde los cuatro puntos cardinales.-

Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Candidato a la Presidencia de la República del Ecuador por la Unidad Plurinacional de las Izquierdas (2012-2013). Compañero de luchas de los movimientos sociales. Profesor universitario. Autor de libros.

Enrique Viale. Abogado argentino. Fundador y Presidente de la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas. Es autor de diversos libros y artículos especializados. Es consultor ambiental y comunicador en radio, streaming y medios gráficos.

Ambos son coautores del libro «La naturaleza sí tiene derechos aunque algunos no lo crean», Editorial Siglo XXI, Argentina (2024). Jueces del Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza. Miembros del Pacto Ecosocial, Intercultural del Sur.

NOTA: texto publicado inicialmente en italiano en la revista DECRESCITA: https://arturo.it/ultimo-nnimmo/

Español: https://lalineadefuego.info/todos-los-caminos-conducen-a-los-derechos-de-la-naturaleza-alberto-acosta-y-enrique-viale/  

Deutsch: https://gibdernaturrecht.muc-mib.de/alle-wege-fuehren-zu-den-rechten-der-natur

English: https://gibdernaturrecht.muc-mib.de/all-roads-lead-to-the-rights-of-nature

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La Corte bonaerense y un freno a los agrotóxicos: mil metros de protección ante las fumigaciones

Por: Caty R

La Suprema Corte bonaerense emitió una resolución contundente que confirma la restricción de fumigaciones con agrotóxicos a mil metros de las poblaciones en el Municipio de General Pueyrredón y reconoce “los reiterados incumplimientos verificados” por parte del gobierno local en una cautelar abierta hace once años por la Asamblea Paren de Fumigarnos Mar del Plata. La resolución ratifica el principio “preventivo y precautorio” contenido en la Ley de Ambiente y reconoce que el objeto de fondo es “la preservación de la salud y la calidad de vida humana”. 

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Una renta básica universal para una mejor vida, salud y libertad

Por: Caty R

Introducción

Vivimos tiempos de inseguridad económica y el miedo y la preocupación por el futuro en estos años de pandemias y guerras es cada vez más evidente. Según un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) el nivel de preocupación entre la población es alto: 6 de cada 7 personas en todo el mundo afirman sentirse inseguras con respecto a muchos aspectos de su vida (1).Según este informe, a las privaciones existentes hay que añadir más fuentes de incertidumbre que se superponen: “El contexto del peligroso cambio planetario del Antropoceno y su interacción con las desigualdades humanas, los esfuerzos deliberados por lograr una transición de nuestras sociedades industriales hacia un futuro con bajas emisiones de carbono y la intensificación de la polarización política y social entre los países y dentro de ellos, facilitada por el uso que se hace a menudo de las nuevas tecnologías digitales.”

Todo ello hace cada vez más necesario plantear respuestas que estén a la altura de las circunstancias y no seguir con recetas caducadas y que se han mostrado ineficaces.

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Paz, democracia y socialismo

Por: Bea Morales

Con esta contundente consigna, “Por la paz, la democracia y el socialismo”, el movimiento estudiantil colombiano fraguado en la lucha antimperialista y de solidaridad con la reciente revolución cubana y en la anterior lucha sangrienta contra la dictadura anticomunista Rojas Pinillista, irrumpió a gritos y a marchas, solidarizándose con la revolución mundial que había estallado en París aquel memorable mayo de 1968. Tenían también otras razones quizás más profundas.    

La guerra civil bipartidista entre conservadores (falangistas) y liberales y nueveabrileños iniciada desde el poder central aquel fatídico 9 de abril de 1948 había sido detenida parcialmente con el pacto de Sitges 1957 entre los dos jefes, el falangista Laureano y el panamericanista Lleras Camargo y, el Estado plebiscitario allí pactado que al año de haberse montado (1959) recibía la primera visita “secreta” del  US Army general Yarborough, con el fin de convertirlo lenta y gradualmente en un Estado contrainsurgente, que comenzara la guerra de agresión contra las comunidades campesinas y populares calificadas como “enemigos internos”. Era la guerra fría del imperialismo una vez acabada la guerra caliente contra el comunismo o el socialismo.   

Sin embargo y sin saberlo, los estudiantes marchantes habían iniciado la crítica de la realidad socio-económica y política que surgía, y que 70 años después de haber sido conceptualizada por el poder y sus ruiseñores como “conflicto interno colombiano”; por inercia y sin más esfuerzos analíticos o de abstracción así se siguió llamando, incluso dotado de pasaporte para viajar al exterior, donde fue muy bien aceptado y promovido.

Pero las palabras como las monedas se gastan de tanto usarlas. Esto es sabido desde la época de los arcaicos mercaderes fenicios. La guerra civil bipartidista que (también a más no poder) y para efectos de la impunidad de sus promotores se llamó con la simpleza vacía de “Violencia del medio siglo”,continuó transformándose y complicándose (complejizándose, dicen los violentólogos adictos) al ritmo de las rápidas y profundas transformaciones económico sociales y superestructurales que míster Capital, en su desarrollo autónomo realizaba, no solo en el campo colombiano sino en toda la sociedad para conformar, violentamente o mejor, por medio de la guerra, el mercado nacional integrado, vinculado al mercado universal y a la economía Mundial, descrito por los autores más destacados del pensamiento crítico Marxista actual.  

La guerra capitalista entre colombianos, cuya cultura de matarse en montoneras unos con otros provenía de las nueve guerras civiles y miles de asonadas pueblerinas del siglo anterior con las que se desarrollaba el campo y la sociedad colombiana, según el concepto extraído de la ciencia básica biológica, había “mutado” y habría de seguir mutando indefinidamente empujada por la ley tendencial de la necesidad y el azar, hasta convertirse en lo que hoy conocemos con el concepto critico que he propuesto de Guerra Civil Mutante, esbozado en el siguiente artículo de opinión : https://rebelion.org/

La rígida y limitante dicotomía Paz/ Guerra, basada en la profunda cultura escolástica de los analistas adictos y violentólogos creados por el desarrollo de la división social e intelectual del trabajo, tan funcionales a mister Capital, al construir una jaula de hierro para contener la contradictoria realidad creciente y cambiante y, perseguir a los jóvenes cerebros críticos pensantes que trataban de interpretarla, acabaron por vaciar los conceptos.

La paz, como la antigua concepción de la salud que significaba ausencia de enfermedad, pasó a significar ausencia de guerra y la guerra, ausencia de la paz. ¿Fácil, no?

Cuando la otra moneda, la de la democracia, se hubo gastado de tanto usarla sin valor y fue reemplazada por la de “elecciones cada cuatro años” para elegir los representantes del pueblo o a los mejores como lo recomendaba el obispado, perdiendo su contenido profundo dado por los griegos antiguos, y convertida en otro ritual ceremonioso y superficial. Rápidamente fue asociada al construido simplismo intelectual de la paz, para ser tomados en bloque e implementados por los jefes naturales más avisados y astutos de las sectas políticas, quienes en medio de la crisis generada empezaban a brotar como champiñones después de las lluvias, convirtiéndolo en el relato en hegemónica dominante.

Cuando ganaron las elecciones presidenciales, resolver la desbordante realidad del llamado conflicto interno, solo era una elemental cuestión de eliminar uno de los términos de la dicotomía: Eliminar la guerra promoviendo la paz para salvar la democracia. Claro, sin ninguna transformación estructural de las causas profundas generadoras de tal guerra y mucho menos, sin reparar o sanar las enormes heridas y daños que esta ocasiona, no solo a las personas sino a la sociedad en general y a la verdadera democracia popular.

 Así, con el aval de ONG, organismos internacionales, cada gobierno liberal o conservador o sus herederos empezaron a promover en cada una de sus administraciones cuatrienales procesos de paz, como una ceremonia o ritual abstracto, no para RESOLVER O SOLUCIONAR el conflicto como las comunidades y la sociedad lo clamaban o suplicaban, eliminando las causas estructurales que incluso siempre detallaron en sus solicitudes, sino para alcanzar (en abstracto) una paz cada vez más lejana, con una guerra verdadera cada vez más cercana, mediante acuerdos de paz simulados e hipócritas, que una vez firmados se convertían en papel higiénico mojado. En un maldito papel. Mientras el régimen con su estrategia contrainsurgente y mister Capital continuaban su curso ineludible caminando airosos como la flor de la canela. Y así, durante 70 años, hasta llegar al actual reformismo contrainsurgente de la promesa electoral hueca o vacía de la “paz total” que, con su frustración, desilusión y promesas incumplidas, ha venido a reforzar la perpetua estrategia contrainsurgente del régimen, y más reciente la del Uribato.

Reconocer la septuagenaria guerra civil mutante que se desarrolla en Colombia hasta el día de hoy implica un giro semántico de la ciencia política pleno de contenido ético que cuestione la superficialidad o el vaciamiento de los conceptos de democracia y de la paz, tal como han sido utilizados, para llenarlos de contenido real, reconociendo la existencia de esa guerra civil (histórica de largo alcance) mutante, persistente y antidemocrática, muy distinta al cuento  superficial novelesco, fullero y novel(esco), de que esta guerra o conflicto se ha terminado y se está en un paradisíaco postconflicto.Cuando la realidad es que se está en una guerra civil actual y presente.

No basta con darles nombres de siglas a los grupos armados en guerra civil cambiante de todos contra todos, vinculados activamente a economías de guerra nacional e internacional y quienes ejercen un control territorial de facto. Y su solución implica, transformaciones materiales y de alta política: Reformas agrarias reales. Justicia redistributiva. Fin del paramilitarismo y desmonte de su entramado contrainsurgente legal. Reconstrucción democrática de lo público y del Estado desde abajo, desde los territorios. Dándole un contenido real y popular al concepto de democracia directa como la insinuó Marx en su famoso análisis del 18 de Brumario.

Solucionar la guerra también es desmantelar las condiciones estructurales y objetivas que la reproducen a lo largo de todo el territorio colombiano: exclusión y desigualdad, impunidad, racismo básico, violencia de clase, despojo ambiental, extractivismo, deforestación y Ecocidio. Y democracia genocida.

No se trata solo de cesar hostilidades militares o sociales, sino de construir una sociedad democrática participativa con otras reglas del juego, verdaderas, donde la vida digna sea posible.

En este sentido, «solucionar la guerra civil mutante en Colombia» exige reconocer y abordar las desigualdades orgánicas, la exclusión social y la falta de participación política que han sido su combustible. Se requiere una transformación integral y profunda que vaya más allá de los acuerdos de paz falsarios, que busque una justicia social y económica real para todos los colombianos.

En resumen, es momento de dejar de hablar únicamente de paz y comenzar a trabajar en la verdadera «solución de la guerra» en Colombia, que la democracia y el socialismo vendrán con ella.

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La convocatoria de la consulta popular rompe bloqueo institucional

Por: Bea Morales

 “Todo el cielo está en completo caos, la situación es excelente”, diría el presidente Mao.

En una intervención por todos los medios de comunicación, el presidente Gustavo Petro ha hecho un anuncio trascendental al convocar la Consulta popular sobre un nuevo régimen laboral para recuperar y otorgar nuevos derechos a los trabajadores colombianos, afectados gravemente por el modelo neoliberal implantado en Colombia desde los años 90 por el ex presidente Cesar Gaviria y blindado a lo largo de 3 décadas con un sistema de gobierno violento que incorporó ejércitos paramilitares anticomunistas, ejecutores de una demencial campaña de asesinatos, masacres, despojo y desplazamiento de más de 10 millones de campesinos; escenario en que sobresalen el exterminio de la Unión Patriótica y la liquidación de miles de líderes sindicales, sociales y de los derechos humanos. Todo bajo el amparo de los gobiernos de Uribe Vélez, Pastrana, Santos e Ivan Duque que contaron siempre con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos.

La Consulta popular será citada mediante un decreto que se dará a conocer antes del 12 de junio en un acto público con la ciudadanía en Medellin o en Cali. Las votaciones de la misma podrán ocurrir a finales de julio o a mediados del mes de agosto.

Está previsto que la Corte Constitucional examine, una vez se haga la Consulta, la legalidad de la convocatoria para afianzar su pertinencia y legitimidad en la amplia jurisprudencia garantista, acumulada por tal institución desde su creación por la Asamblea Constituyente en 1991, con un desempeño ajustado a los principios del Estado social de derecho, con algunas excepciones por la infiltración de facciones de la ultraderecha y de las mafias jurídicas en su seno en años recientes provocando grandes escándalos y denuncias de corrientes democráticas radicales con fuerte incidencia en la esfera pública.

La audaz decisión del presidente Petro se da en una coyuntura compleja, de aguda confrontación de clases; en unas circunstancias en que, los adversarios de la ultraderecha fascista, promueven planes de asesinato y magnicidio del presidente, por ser hoy la persona más representativa del proceso de transformación profunda de la sociedad colombiana.

Las mafias fascistas están profundizando la confrontación, que se ha expresado en el bloqueo institucional, y que se propone saltar a la destrucción física del presidente Petro, involucrando segmentos militares y policiales degradados, presentes en eventos demenciales como el asesinato del presidente de Haití, las masacres de civiles pagadas por los Carteles mexicanos en Michoacán y en la guerra de Ucrania como mercenarios contratados por la Otan.

Así, el presidente ha dado un paso audaz que llevará la confrontación sociopolítica a nuevos niveles en el entendido de que solo la lucha permite conquistar los derechos de los trabajadores colombianos.

El presidente del Senado, Efraín Cepeda, con la compañía de otros voceros de la ultraderecha, han desatado una narrativa para insinuar golpes de estado y rupturas institucionales en la determinación del presidente, como lo hace el alcalde de Bogotá.

Lo cierto es que, como lo señala Montealegre: “Existen tres situaciones que viciaron el “procedimiento legislativo” (que hundió el tramite senatorial de la Consulta): (i) El hecho de que el presidente del Senado cerró abruptamente la votación, cuando una de las senadoras tenía la expectativa legítima de participar en la misma. Esta actuación le impidió a una parlamentaria -pro-consulta- ejercer el derecho a intervenir en la deliberación: se violaron los principios pro-democracia o pro-participación. (ii) El secretario general cambió el sentido de un voto por el sí, para volverlo no, cuando estaba cerrada la votación. La actuación del secretario fue un abierto desconocimiento del principio de preclusión que rige las etapas de un proceso legislativo. Violó la seguridad jurídica, valor con protección constitucional. Un acto arbitrario. Si bien el reglamento del Congreso permite sanear actos del trámite legislativo, él no era el competente para hacerlo. En este caso, el órgano era la plenaria. (iii) No se dio paso a la apelación que se hizo en forma inmediata ante estos vicios. Sin tramitar la impugnación, no se podía dar por finalizada la sesión. Quien debía decidir sobre la apelación, era la plenaria del Senado, no el presidente, quien, ni siquiera la tramitó” (Ver

https://revistaraya.com/ ).

Desde hoy, la victoria popular y progresista se dará en las calles en donde deberá construirse una nueva hegemonía en los Cabildos populares y las Asambleas comunitarias. La situación que atraviesa Colombia no admite vacilaciones, ni dudas, exige un cambio desde una política emancipadora radical; por lo que hay que redefinir al movimiento popular-indígena-campesino y afro como una fuerza social determinante.

Lo cierto es que la salida ya no está en la negociación paciente ni en los Acuerdos nacionales, con quien no lo quiere y lo sabotea con bloqueos de todo orden y en todas las instituciones, en una forma liberal democrática, en momentos en que la democracia colapsa y está cuestionada a nivel global por la emergencia de los populismos ultraderechistas que promueven el odio de clases.

Pero, al interior de la turbulencia política en auge por la convocatoria directa de la Consulta popular, desde la institución presidencial, lo que debemos asumir es que la lucha de clases va a implicar una lucha como crítica de la economía política, o sea la disputa por el reparto de los excedentes que producen millones de trabajadores de las ciudades y el campo.

Hay que plantear esta nueva lucha como una crítica a la economía política: no se pueden permitir el drenaje de descomunales partidas para subsidiar a los más ricos, a las vigencias futuras, a entregar millonarias partidas a las mafias de la corrupción (Regalias), a los poderosos dueños del transporte de carga, a las empresas de los servicios de luz y del gas. Hay que poner mano dura a esos privilegios y la demanda del presupuesto actual como lo ha exigido el presidente Petro va en la línea correcta.

Así, se pueden superar las brechas salariales, pensionales, en educación y en la salud; ejecutar una amplia política de vivienda que favorezca a los sectores más vulnerables; una reforma agraria con más inversión, tecnología, ampliación de mercados y de la frontera agrícola que beneficie a millones de campesinos. Solo por esta ruta, el campo popular dará rápidamente un nuevo impulso a las luchas sociales y aperturar el camino a un cambio político más profundo sobre la base de la unidad y la convergencia de los distintos sectores del bloque democrático popular.

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Avanzar en medio de la crisis y sobre el péndulo del viejo poder

Por: Bea Morales

Puede que luego de los dos días de paro nacional y la algarabía con la cual los sectores del viejo poder agitaron alegremente el lánguido resultado de las jornadas sucedidas este 28 y 29 de mayo, exista gran perplejidad por la forma en que los acontecimientos se han dado y mucho sinsabor al intentar hacer balances sobre la situación.

Pero sin embargo, estos son necesarios y se requieren para seguir avanzando en medio de la crisis del país y de la intensidad con la que se mueve la lucha de clases y se proyecta la praxis de las fuerzas sociales y políticas que actúan en ellas. Es ineludible la valoración respecto a los hechos reales de estos dos días -y sobre lo que todos y todas estábamos expectantes de que sucediera-, sin importar el sector político o el grado de indiferencia y compromiso con el cual individual y colectivamente asumimos la situación en proceso. Desde todos los lugares se esperaba que algo ocurriera y efectivamente ocurrió. Pero el desenlace debe remitir su análisis no sólo al punto de despegue de la coyuntura, sino al balance de la forma en que operaron las fuerzas que la desencadenaron, pues estas misma operaron como anclas de impulso, freno y redireccionamiento.

Lo que parece terrible, desde una perspectiva de izquierda proletaria, es que después de la actual coyuntura política los sectores conservadores puedan quedar en una posición más favorable, incluso llegando a posar de absolutos ganadores del pulso de clases.

Esto, pese a que la acción negacionista del bloque conservador de vehiculizar mínimos ajustes a su máquina de poder y explotación, los condujo a un callejón sin salida. Pero de ese callejón lograron parcialmente escapar al neutralizar, por un lado, la ofensiva de las fuerzas progresistas expresada en el intento de lograr a través de la Consulta Popular un marco de presión política frente a esta actitud anti reformista y sacar una posición de ventaja para la puja electoral del 2026. Por otro lado, el bloque conservador logró acaparar la bandera de la reforma laboral y la racionalidad institucional, frente al supuesto aventurerismo caudillista y populista del progresismo.

En ambos movimientos, desde las fuerzas del centro y la derecha, el conservadurismo libró una lucha articulada, calculada y consciente de lo que podría perder y ganar. En ello articuló cada uno de los mecanismos de poder que detenta: los partidos políticos con sus intelectuales orgánicos, los medios de comunicación, las instituciones de seguridad y sus modelos de seguridad ciudadana, el poder judicial de las cortes y el concurso de sus gremios económicos. Todos juntos en una sola voz asumieron la gestión de la crisis, a costa de irradiar su burdo pragmatismo como la forma de persuadir la conducta nacional. El “todos ponen, nadie pierde” conduce a olvidar que en la sociedad del capital siempre pierde el proletariado.

Por eso esa facción del bloque de poder no vaciló en ceder aspectos mínimos que iban en contra de intereses básicos de sus diferentes sectores, pero que aseguraban una mejor posición hegemónica para la gestión de la coyuntura e incluso para reacomodar sus beneficios, como lo evidencian varios aspectos de la reforma laboral de la 4ª Comisión.

Así, desarmaron el mecanismo de respuesta de las fuerzas progresista y abatieron, uno a uno, los diferentes esfuerzos de su reajuste. Primero negaron la reforma laboral, pero una vez se puso al frente la amenaza de la consulta popular y el riesgo de un nuevo estallido social, se enfilaron contra la consulta y revivieron la reforma laboral -aunque ahora aún más ajustada a sus intereses-, evidenciando la faceta instrumentalista del progresismo hacia lo electoral y colocando en crisis la estrategia de gestión política del gobierno. Al tiempo colocaron la eficiencia del proceso democrático, siempre rebajado a su antojo, como el proceso más racional para distensionar el conflicto social, en detrimento de la movilización popular.

El segundo aspecto a considerar se remite a la confirmación del quiebre crítico progresismo. Pues las fuerzas progresistas, por un lado, han sido sometidas al desgaste de los mecanismos institucionales entre uno y otro recurso; y por otro, al desmarcarse de los ejercicios sociales y populares que llamaron al paro y a la huelga nacional, mostraron su disciplina burocrática frente a las formas institucionales y con los pesos y contrapesos de sus poderes. No sin antes ir contra la movilización, higienizar sus conductas y lavarse las manos de los costes de una puesta en escena fallida que pudiera minar su vigencia como fuerza política, tratando de endosar dichos costes al movimiento popular. Para ello recurrieron nuevamente al reencuadre de su limitada estrategia de gestión institucional, pero con mayores grados de debilidad y con el sol a la espalda: como todo como un cuerpo senil sobre el cual “se regodean los buitres”. Estos en línea del escenario electoral del 2026 del cual con seguridad dictaminan el ocaso del poder presidencial del progresismo.

Entre reencauche de las fuerzas conservadoras y la profundización del quiebre de las fuerzas progresistas del régimen de poder colombiano, fue propicio la toma e iniciativa de los sectores proletario populares que, en contra de las fuerzas hegemónicas de izquierda y de derecha, debieron desentumir sus fibras musculares y despuntar esfuerzos en aras de ganar campo político en medio del péndulo del viejo poder.

Sin que esto implique los resultados más óptimos, es relevante que estos sectores sí admitieron el reto de mantener la bandera de la movilización, la crítica hacia el tipo de democracia tramposa y antipopular que reproduce las condiciones de hegemonía del bloque de poder, y la necesidad de apropiar y construir un margen programático. Pero estos potenciales esfuerzos deben reforzarse y enfocarse en gestionar su fuerza social, su capacidad de articulación y de interconexión con los amplios sectores populares y proletarios, en clave de responder a los retos venideros y al escenario del día D después del 7 de agosto del 2026.

Giovanny Bermúdez Mendoza, Centro de Pensamiento y Teoría Crítica Praxis

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Muere Susan Brownmiller, la precursora de los centros de atención a víctimas de violación

Por: Ernesto

Susan Brownmiller, la activista feminista estadounidense que habló de la violación como el instrumento sistemático de control y poder masculino sobre las mujeres, ha muerto a los 90 años en un hospital de Nueva York. Sus reflexiones a este respecto la convirtieron en la década de los 70 en la precursora de un nuevo lenguaje para hablar de la violencia sexual que ha llegado nuestros días.

Aquellas tesis disruptivas y atípicas para sectores conservadores de la sociedad de la época fueron la base de su libro ‘Against Our Will: Men, Women, and Rape’ (Contra nuestra voluntad: hombres, mujeres y violación), publicado en 1975.

En él, Brownmiller plasmó una definición de la violación como una cuestión política y social, y no solo legal o individual, y colocó la violencia sexual en el centro del discurso feminista de la segunda ola. Con ello, contribuyó a importantes reformas legislativas en EE.UU., incluyendo la penalización de la violación dentro del matrimonio.

La neoyorquina está reconocida como una de las intelectuales feministas más influyentes de su tiempo y su obra está incluida en la Biblioteca Pública de Nueva York entre los 100 libros más importantes del siglo XX.

Un legado que cambió el feminismo

La influencia de Brownmiller, apellido que adoptó como seudónimo en los años 60, es incontestable y perdura tanto en el activismo feminista como en el desarrollo de los estudios de género, además de en la legislación sobre violencia sexual actual.

Como cofundadora del colectivo Women Against Pornography en los años setenta, defendió una crítica feminista a la representación degradante de las mujeres en los medios. No obstante, nunca apoyó la censura. Una visión que está cobrando fuerza en la cuarta ola del feminismo vigente en la última década.

Susan Brownmiller no se casó ni tuvo hijos. En varias entrevistas señaló que fue una decisión consciente en el contexto contracultural y feminista de su época. Fue nombrada ‘Mujer del Año’ por la revista Time en 1975, y su legado es ampliamente reconocido en el feminismo contemporáneo. Gracias a él se establecieron centros de ayuda y atención para las víctimas de violación.

Susan Brownmiller nació el 15 de febrero de 1935 en el barrio neoyorkino de Brooklyn. Su andadura periodística le llevó a medios como el ABC NewsNewsweek y The Village Voice. Además, se involucró activamente en el movimiento por los derechos civiles y en las protestas contra la guerra de Vietnam durante los años sesenta.

Además, es autora de varios ensayos como Femininity (1984); Waverly Place(1989), una novela basada en un caso real de asesinato infantil; In Our Time: Memoir of a Revolution (1999), una autobiografía sobre el movimiento feminista, o My City High Rise Garden (2017), sobre su experiencia cultivando un jardín en un rascacielos de Nueva York.


Fuente: https://noticiasparamunicipios.com/ellas/muere-susan-brownmiller-la-precursora-de-los-centros-de-atencion-a-victimas-de-violacion/

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Diez años de Ni Una Menos, hora de “recomponer las redes”

Por: Ernesto

Chiara Páez tenía 14 años cuando el 10 de mayo de 2015 su novio la mató a golpes y la enterró en el patio de la casa de su abuelo, en Rufino, provincia de Santa Fe, Argentina. El asesinato de Chiara, embarazada de dos meses, empujó a las 20.000 personas del pueblo a manifestarse y pedir justicia. La asociación civil La Casa del Encuentro llevaba registrados 140 femicidios solo en los primeros meses de aquel año. Sus estadísticas también mostraban que entre 2008 y 2015 habían sido asesinadas 1808 mujeres en todo el país.

“¿No vamos a levantar la voz? Nos están matando”, tuiteó entonces la periodista Marcela Ojeda. Fue el germen de una marcha que comenzó a gestarse entre un grupo de comunicadoras, que convocó a manifestarse contra la violencia machista bajo la consigna “Ni Una Menos”.

Se eligió que fuera el 3 de junio, un miércoles, frente al Congreso de la Nación. “Si no marchamos juntas nos matan por separado”, decían los carteles. Aquella tarde hubo 150.000 personas en la plaza más céntrica de Buenos Aires, y miles más en otras cien plazas de todo el país. El reclamo principal: que se cumpliera la ley número 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, sancionada en 2009.

Rodeada de una multitud estaba Verónica, la mamá de Chiara, y su tía, y su tío. Romina, la hermana mayor, había quedado en Rufino, donde las calles desbordaron de gente como nunca antes en la historia del pueblo.

“Hace diez años yo estaba muy encerrada en el dolor, en el enojo, pero el grito de Ni Una Menos fue algo muy importante en medio de los pensamientos. Fue muy emotivo escuchar el nombre de Chiara, y que además de acompañarnos a nosotros era un grito que nos unía a todos los que queríamos decir ¡basta! -recuerda Romina-. Me sentí muy atravesada, fueron tiempos muy difíciles. Pero también pudimos empatizar con el dolor de otros familiares que se nos acercaron y que habían atravesado situaciones similares, nos ayudó a reconvertir todo este dolor en lucha, y pensar que todo lo que había pasado con Chiara nos llevaba a una lucha en común. El primer Ni Una Menos fue una mezcla de sentimientos de dolor y esperanza”.

Luci Cavallero es socióloga e investigadora en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tiene una maestría en Estudios Interdisciplinarios de la Subjetividad es docente en la Maestría de Géneros en la Universidad Nacional Tres de Febrero, coautora del libro Una lectura feminista de la deuda y forma parte del colectivo Ni Una Menos.

“Ni Una Menos nació como un grito colectivo para hacer visible un problema que no tenía visibilidad pública ni estaba tomado con la seriedad necesaria por las políticas públicas: los femicidios como expresión máxima de violencia por razones de género. Fue una manifestación que surgió en redes sociales y que después se transformó en un movimiento estructurado en asambleas y marchas y manifestaciones que fueron complejizando los diagnósticos de las violencias por razones de género”, explica.

Y sigue: “Ni Una Menos es un proceso de sensibilización de la sociedad quecambia los umbrales de tolerancia con respecto a las violencias, que produce desplazamientos subjetivos de las mujeres en todos los ámbitos, pero también transforma a los varones. Y más allá del proceso de destrucción que estamos atravesando en este momento, este proceso sigue presente y latente”.

La destrucción

Tras el MeToo mundial que generó una oleada de denuncias por acoso y abuso, en 2018 comenzó en Argentina el debate por el aborto legal, una discusión que puso al feminismo en primer plano. Y se sumaron las pibas. La marea verde fue la consecuencia de un trabajo de décadas, una marea en la que se encontraron abuelas, hijas y nietas que se unieron para exigir, y se hicieron escuchar. En 2019 se creó el Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad y en 2020, en medio de una epidemia mundial, se aprobó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Por entonces Javier Milei era un economista excéntrico que se paseaba por canales de televisión repartiendo frases rimbombantes y protagonizando shows bizarros, como golpear con un palo una maqueta del Ministerio de las Mujeres y prometer que cuando fuera presidente lo tiraría abajo. Fue lo primero que hizo al asumir, en diciembre de 2023.

El Gobierno autodenominado libertario pasó “el tema género” al Ministerio de Justicia. El funcionario al frente de la cartera, Mariano Cúneo Libarona, aseguró que “el género era un tema primordial”. Enseguida le tiraron de las orejas. Desde el propio área de comunicación del Ministerio salieron a decir que el Gobierno no iba a tener políticas de género: “La violencia no tiene género”, fue el mensaje.

Ante el anuncio del vaciamiento, la Comisión de Mujeres y Diversidad de la Cámara de Diputados citó al ministro Cúneo Libarona. El funcionario hizo una polémica presentación contra de la diversidad, negó la violencia contra las mujeres e insistió con las “denuncias falsas que hacen para vengarse”. Aseguró que “el género se acabó”, y que el eje sería “la familia tradicional y cristiana”. También dijo que rechazaban la diversidad de identidades sexuales que “no se alinean con la biología”. Sus dichos generaron masivos repudios, que incluyeron el pedido de juicio político y hasta su renuncia. El Gobierno lo respaldó.

El programa más importante del Ministerio de Mujeres fue Acompañar, que había asistido a 352.000 mujeres en situación de violencia de género. Se les dio, durante seis meses, un salario mínimo para lograr cierta autonomía económica que les permitiera salir de relaciones abusivas. Solo en la ciudad de Buenos Aires se realizan 10.000 denuncias anuales por violencia de género. Según la Corte Suprema de Justicia, hay un promedio de 250 femicidios por año en el país, que suman 2.500 en la última década, y que han dejado más de 3.000 niñas y niños huérfanos.

La provocación

El 8 de marzo de 2024, en el primer Día de la Mujer como gobierno, el Ejecutivo de Milei cambió el nombre al Salón de las Mujeres de la Casa Rosada y lo rebautizaron Salón de los Próceres. Sacaron las fotos de heroínas como Alicia Moreau de Justo, Alfonsina Storni, Juana Azurduy, Victoria Ocampo y Mercedes Sosa para reemplazarlas por cuadros de varones comoCarlos Menem y Julio Argentino Roca. El 8 de marzo de este año el Gobierno volvió a provocar a las mujeres: difundió un video en el que aseguraban que “solo en 2023 se gastaron en género cuatro billones de pesos, que superó al gasto en Defensa o Seguridad en ese año y fue diez veces superior al presupuesto del Poder Judicial”.

“El presupuesto del ex Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad fue mucho menor. En 2023 gastó $172.000 millones [de pesos]. Representó 0,21 por ciento del gasto total del Estado, muy por debajo de áreas como Defensa (3,38 por ciento) y Seguridad (2,2 por ciento)”, respondió el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA).

“El dinero se destinó a burocracia, oficinas de lujo y políticas simbólicas que no ayudaron a reducir la violencia”, decía también el video libertario. “Los fondos se usaron para programas muy concretos”, aseguraron desde ELA citando la Línea 144 de atención para víctimas, el programa Acompañar y los centros de protección de todo el país que daban refugio, asistencia legal y psicológica.

“Hemos conseguido bajar los homicidios aplicando una sola política: el que las hace, las paga. Fuimos en contra de todos los delincuentes, y las mujeres fueron las más beneficiadas”, asegura otro pasaje del video. La Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema asegura que solo en enero de 2025 la denuncias aumentaron un ocho por ciento con respecto al año anterior. En los primeros cuatro meses de 2025 hubo 96 víctimas de violencia de género.

A pocos días de un nuevo 3 de junio, el Gobierno ha salido con otra provocación: “Eliminamos 13 programas ideológicos creados por el kirchnerismo, que eran financiados por todos los argentinos. Entre ellos se encuentra el insólito ‘MenstruAR’”, escribió en sus redes el ministro Cúneo Libarona.

Y detalló: “Los 13 programas que eliminamos son: 1. Menstruar. 2. Promotoras y promotores territoriales de género y diversidad. 3. Fortalecimiento de las organizaciones sociales de género y diversidad. 4. Escuelas populares de formación en género y diversidad ‘Macachas y Remedios’. 5. Perspectiva de género e igualdad en la diversidad en el desarrollo rural ‘Sembrar Igualdad’. 6. Acceso a derechos para personas travestis, transexuales y transgénero. 7. Dispositivos territoriales de protección integral de personas en contexto de violencia por motivos de género. 8. Participación social y ciudadana en materia de género y diversidad. 9. Igualdad de géneros en el trabajo, el empleo y la producción ‘Igualar’. 10. Apoyo urgente y la asistencia integral inmediata ante casos de violencias extremas por motivos de género. 11. Capacitación en perspectiva de género y diversidad para el sector privado ‘Formar Igualdad’. 12. Producir. 13. Generar”.

“Eliminar este despilfarro le ahorrará 6.000 millones de pesos por año a los argentinos”, concluyó el funcionario. Varias organizaciones, entre ellas ELA y Amnistía Internacional, ha salido a cuestionarlo.

“La discusión sobre el margen para asistir a las víctimas de violencia no puede quedar desvinculada de las decisiones que un Estado puede adoptar para distribuir los recursos disponibles. Por ejemplo, si tomamos en cuenta los miles de millones de pesos que el Estado dejó de recaudar del impuesto a las ganancias a magistrados/as y funcionarios/as de los Poderes Judiciales nacional y provinciales (en 2023 esta exención fue de 285.728 millones de pesos en valores nominales), vemos que equivale a 4,2 veces lo que costó el programa Acompañar (67.755 millones de pesos, también en valores nominales)”, aseguraron desde la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ).

“La eliminación sin reemplazo vulnera obligaciones claras del Estado argentino en materia de derechos humanos, establecidas en tratados internacionales con jerarquía constitucional. También ignora las advertencias de organismos internacionales, que alertan que negar la violencia de género o desfinanciar las políticas que la abordan debilita seriamente la legitimidad institucional y la respuesta pública frente a una problemática de altísima importancia”, agregaron.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó el Informe Anual 2024 sobre la situación de los derechos humanos en la región. Su análisis sobre Argentina es malo: “En cuanto a los derechos humanos de las mujeres, la reestructuración de la Administración Pública iniciada en diciembre 2023 ha afectado seriamente la institucionalidad y políticas de protección a sus derechos. En particular, tras la eliminación de la Subsecretaría de Protección Contra la Violencia de Género que concretó el cierre del Ministerio de Mujeres Géneros y Diversidad. Por primera vez en 40 años, el país no cuenta con un organismo rector encargado del diseño y ejecución de políticas dirigidas a prevenir y erradicar la violencia de género”.

La resistencia

“El Gobierno libertario está desarrollando actualmente un ataque sistemático sobre los derechos de las mujeres en nuestro país, no solamente con el desmantelamiento de casi todas las medidas públicas con perspectivas de género que había en el Estado, sino también con discursos de odio. Se usan los cargos máximos del Estado Nacional para promover el odio, para desinhibir una violencia social sobre determinadas poblaciones, entre ellas las mujeres, la población LGBTIQ+. Por otro lado, tiene una política de ajuste muy fuerte que provoca una precarización acelerada en la vida de las mujeres, que tienen muchísimas menos oportunidades para salir de las violencias, con salarios congelados, subsidios y programas sociales eliminados”, asegura Cavallero.

Y concluye: “Nuestro trabajo ahora es recomponer las redes, apostar a las tramas colectivas, la recomposición del tejido social, la prevención de la violencia entre pares y seguir sosteniendo los procesos de organización y movilización”.

A Romina aún se le quiebra la voz al hablar de su hermana: “Hoy en día, a diez años, recuerdo a Chiara con el mismo amor y más, y a veces me agarra el mismo dolor y la misma rabia. Hemos avanzado en varias cosas y tenemos más leyes, aunque ahora vivimos tiempos muy complejos, especialmente las mujeres. Todavía sigue habiendo muertes, pibas desaparecidas, madres que buscan justicia, pero hay que enfocarse en la fuerza de organizarnos, de luchar, que no se ha detenido y que no haya vuelta atrás, que no haya retroceso de los derechos. Lo que falta conseguir lo vamos a conseguir entre todas más allá de las diferencias. Y hoy más que nunca mi hermana Chiara va a estar presente en cada lucha, en cada movilización y en cada una de nosotras”.


Fuente: https://www.pikaramagazine.com/2025/06/diez-anos-de-ni-una-menos-hora-de-recomponer-las-redes/

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