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Standard Nuclear completa la construcción de dos plantas gemelas de combustible TRISO en EE.UU.

Por: S. Marimón

La empresa estadounidense Standard Nuclear ha anunciado que la construcción de dos nuevas instalaciones de producción de combustible avanzado en los estados de Tennessee e Idaho está «sustancialmente completa». El anuncio, realizado este 24 de julio de 2026, supone un avance hacia la puesta en servicio de las plantas, que fabricarán combustible TRISO (del inglés TRi-structural ISOtropic), un material clave para los reactores modulares pequeños (SMR) y los reactores de alta temperatura.

Dos instalaciones gemelas para impulsar los SMR

Las instalaciones, denominadas SN-TN y SN-ID, son gemelas y están ubicadas en el emplazamiento del Laboratorio Nacional de Oak Ridge (Tennessee) y en Idaho Falls, junto al Laboratorio Nacional de Idaho. Según Standard Nuclear, una vez completamente operativas podrían añadir una capacidad conjunta de hasta cinco toneladas métricas de uranio (MTU) al año de producción adicional de combustible TRISO. Inicialmente, cada planta aportará hasta 1 MTU adicional anual.

El combustible TRISO se caracteriza por su alta resistencia térmica y mecánica, lo que lo hace especialmente adecuado para reactores de cuarta generación y diseños modulares pequeños. Su desarrollo se considera estratégico para la independencia energética y la descarbonización, al permitir reactores más seguros y flexibles que los convencionales.

Próximos pasos: puesta en marcha y licencias

La compañía señaló que las instalaciones están ahora en fase de puesta en marcha, a la espera de la aprobación regulatoria y del inicio de la producción. El avance de Standard Nuclear se produce en un contexto de creciente interés por los SMR tanto en Estados Unidos como en otros países, incluida España, donde se estudia su posible despliegue como parte de la transición energética.

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EE.UU. firma un acuerdo nuclear con Arabia Saudí que le permite enriquecer uranio

Por: L. Maranges

Estados Unidos y Arabia Saudí han firmado un acuerdo nuclear que otorga al reino saudí derechos de enriquecimiento de uranio, en un movimiento que redefine la geopolítica energética de Oriente Próximo en plena escalada del conflicto entre Washington e Irán.

El pacto concede a Riad la capacidad de enriquecer uranio en su territorio, una prerrogativa que hasta ahora solo poseían unos pocos países y que levanta dudas sobre la proliferación nuclear en una de las regiones más inestables del planeta. Washington busca con este acuerdo contrarrestar la influencia iraní y asegurar la lealtad de Arabia Saudí en el marco de la guerra declarada contra Teherán.

Un giro en la geopolítica energética

El acuerdo supone un punto de inflexión: según fuentes del análisis, «Washington ha reconfigurado la geopolítica energética de Oriente Medio». La decisión estadounidense, al abrir la puerta al enriquecimiento saudí, impacta directamente en el mercado global de uranio y en las relaciones con la OPEP, de la que Riad es el principal socio. Arabia Saudí, que hasta ahora dependía de terceros para el ciclo del combustible nuclear, gana autonomía estratégica en un momento de tensión máxima con Irán.

Desde el punto de vista de la proliferación, el acuerdo introduce un factor de riesgo. El enriquecimiento de uranio es una tecnología de doble uso que puede emplearse tanto para fines civiles como militares. Aunque Arabia Saudí se ha comprometido a no desarrollar armas nucleares, los términos del pacto no incluyen salvaguardias adicionales más allá de las del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), del que Riad es signatario.

El acuerdo se ha cerrado en paralelo al incremento de la presencia militar estadounidense en el golfo Pérsico. Arabia Saudí, por su parte, ha reiterado su derecho a desarrollar un programa nuclear con fines pacíficos, un argumento que ahora refuerza con la carta del enriquecimiento. Queda por ver cómo reaccionan los socios europeos y el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ante lo que muchos consideran un precedente peligroso para la región.

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El BEI aprueba un préstamo de 800 millones para la central nuclear rumana Cernavodă

Por: S. Marimón

El Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha aprobado un préstamo de 800 millones de euros para la renovación y extensión de vida de la unidad 1 de la central nuclear rumana Cernavodă, según informó la entidad financiera este lunes. La operación forma parte de un paquete de 17.400 millones de euros que el BEI ha destinado a fortalecer la autonomía energética de la Unión Europea.

La planta de Cernavodă, la única central nuclear comercial de Rumanía, genera aproximadamente el 20% de la electricidad del país. El préstamo cubrirá la sustitución de componentes clave y mejoras en los sistemas de la unidad, lo que permitirá un nuevo ciclo de operación segura y fiable, según señaló el BEI en un comunicado.

Financiación para la autonomía energética europea

El paquete global de 17.400 millones de euros aprobado por el BEI tiene como objetivo reforzar la independencia energética del continente en un contexto de tensiones geopolíticas y transición hacia fuentes bajas en carbono. La tecnología utilizada en Cernavodă es del tipo CANDU, un reactor de agua pesada presurizada de origen canadiense, similar al de las plantas de Atucha en Argentina.

La renovación de la unidad 1 se suma a otros proyectos de ampliación nuclear en Rumanía, que estudia la construcción de dos nuevas unidades en el mismo emplazamiento con tecnología estadounidense. El BEI no detalló el calendario de las obras ni el plazo de extensión de vida de la planta, pero el préstamo representa un respaldo firme a la energía nuclear como pilar de la estrategia energética europea.

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Rusia media un acuerdo en el Sahel: autonomía tuareg a cambio de romper con yihadistas

Por: L. Maranges

La mediación rusa podría estar allanando el camino hacia un acuerdo diplomático entre Argelia y la junta militar de Malí que reconfiguraría el equilibrio de poder en el Sahel. Según analistas familiarizados con las negociaciones, el escenario óptimo pasaría por que Argelia consiga que los rebeldes tuareg se desliguen de sus aliados islamistas radicales a cambio de una amplia autonomía en Malí, reemplazando a su vez el papel de suministro ruso que Libia desempeñaba para Bamako.

Un giro en el conflicto tuareg

La propuesta argelina, apoyada por Moscú, busca que los tuareg, históricamente respaldados por Argel, rompan su alianza con los grupos yihadistas que operan en el norte de Malí. A cambio, obtendrían un estatus de autogobierno dentro del país saheliano. La jugada permitiría aislar a las facciones más radicales del yihadismo, que han aprovechado el vacío de poder dejado por la retirada francesa de la región.

El mejor escenario es que Argelia consiga que los rebeldes tuareg deserten de sus aliados islamistas radicales a cambio de una amplia autonomía en Malí, que Argelia reemplace el papel de suministro ruso de Libia a Malí, y que todos luchen juntos contra los islamistas radicales en lugar de dejar que estos conquisten Malí y destruyan la región.

El acercamiento entre Argel y Bamako sería un punto de inflexión en un conflicto que arrastra a toda la región del Sahel desde 2012. La retirada de las tropas francesas y la inestabilidad en países vecinos como Libia y Níger han convertido la zona en un polvorín donde compiten actores locales, grupos yihadistas y potencias extrarregionales.

Implicaciones para España

Argelia es un proveedor clave de gas para España, y la estabilidad en el Sahel afecta directamente a las rutas migratorias hacia el norte de África y la península ibérica. Un eventual acuerdo que pacifique el norte de Malí reduciría la presión migratoria y reforzaría la seguridad energética española, al garantizar que Argelia no se vea arrastrada a un conflicto regional abierto.

Rusia, por su parte, consolida su papel como mediador en África, desplazando a las potencias occidentales. La jugada rusa en el Sahel se inscribe en una estrategia más amplia de presencia militar y diplomática en el continente, que incluye acuerdos con Malí, Burkina Faso y Níger tras la salida de las fuerzas francesas y europeas.

La iniciativa, de concretarse, modificaría el tablero geopolítico del Sahel, donde el yihadismo, el tráfico de armas y la migración irregular son desafíos que ningún país de la ribera norte del Mediterráneo puede ignorar.

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