El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha denunciado que la Administración de Donald Trump busca «un pretexto» para justificar una intervención militar en la isla, en un discurso pronunciado este viernes en La Habana. El mandatario rechazó las recientes sanciones estadounidenses, que han alcanzado incluso a su esposa y su hijastro, y proclamó que no teme a la guerra.
«No le temo a la guerra», afirmó Díaz-Canel, en una declaración que coincide con la fecha límite impuesta por Washington para que las empresas con negocios en la Corporación de la Industria Aeronáutica de Cuba (GAESA) corten sus lazos, so pena de ser objeto de sanciones. Un grupo turístico canadiense se ha convertido en el último en abandonar la isla ante la amenaza.
Sanciones a la familia presidencial
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha incluido a la esposa de Díaz-Canel, Lis Cuesta Peraza, y a su hijastro, Manuel Anido Cuesta, en la lista de sancionados por presuntos vínculos con actividades que Washington considera contrarias a sus intereses. La medida, que forma parte de la política de máxima presión contra el régimen cubano, ha sido calificada por La Habana como un acto de «guerra híbrida».
Díaz-Canel aseguró que la isla está preparada para «afrontar una agresión militar» y llamó a la comunidad internacional a denunciar las acciones de Washington. «Trump busca un pretexto para intervenir, pero Cuba no se rinde», sentenció.
Reacciones internacionales
La Organización de las Naciones Unidas ha mostrado su preocupación por el aumento de las tensiones en la región. España, como miembro de la Unión Europea y actor histórico en Iberoamérica, ha instado a ambas partes al diálogo. El Ministerio de Asuntos Exteriores español ha recordado su compromiso con la solución pacífica de conflictos y ha ofrecido su mediación, algo que hasta el momento no ha sido aceptado formalmente por ninguna de las partes.
Trump busca un pretexto para intervenir en Cuba, pero Cuba está lista para afrontar una agresión militar.
Mientras tanto, las empresas extranjeras continúan abandonando la isla ante la presión de Washington. La estampida de compañías canadienses y europeas está debilitando aún más la economía cubana, que ya atraviesa una profunda crisis con escasez de alimentos, medicinas y combustible.