México afronta el desafío de prepararse para recibir hasta 200.000 ‘dreamers’ mexicanos que podrían ser deportados desde Estados Unidos si el candidato republicano Donald Trump gana las elecciones presidenciales de 2026. La posible política migratoria, que incluiría deportaciones masivas, tensaría las capacidades de absorción del país y redefiniría la relación bilateral, según analistas consultados por Sputnik.
Un retorno masivo sin precedentes
Los ‘dreamers’ son jóvenes que llegaron a EE.UU. siendo niños y están protegidos por el programa DACA (Deferred Action for Childhood Arrivals), que les permite trabajar y estudiar sin miedo a la deportación. Trump ya intentó eliminar este programa durante su mandato anterior, y su posible regreso a la Casa Blanca reactiva los temores. 200.000 mexicanos podrían verse obligados a regresar a un país que muchos apenas conocen y en el que carecen de redes sociales y laborales.
¿Está México preparado?
Especialistas consultados por la agencia rusa Sputnik señalan que México no cuenta con programas permanentes de reinserción para migrantes retornados. La mayoría de los deportados en los últimos años han sido adultos con trayectoria laboral en EE.UU., pero los ‘dreamers’ tienen un perfil distinto: están altamente cualificados, hablan inglés con fluidez y poseen estudios superiores, pero carecen de documentos mexicanos o experiencia laboral en el país.
La nación latinoamericana necesita prepararse para el regreso de migrantes mexicanos desde Estados Unidos, con programas permanentes o la creación de una ley de retorno que les permita insertarse en el mercado laboral al volver.
El gobierno mexicano, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, ha comenzado a diseñar un plan de contingencia que incluye la acreditación de estudios y experiencia laboral obtenidos en EE.UU., así como la simplificación de trámites para obtener documentos de identidad. Sin embargo, los recursos disponibles son limitados y la escala de la posible deportación supera cualquier precedente, incluso la crisis migratoria de 2020.
Consecuencias económicas y sociales
La llegada masiva de ‘dreamers’ podría tener un impacto positivo en la economía mexicana a medio plazo, ya que se trata de una población joven y formada. Pero a corto plazo, la falta de vivienda, empleo y servicios sociales generaría tensiones en ciudades fronterizas como Tijuana, Ciudad Juárez o Nuevo Laredo. Además, el fenómeno redefiniría la relación bilateral: México podría utilizar la crisis migratoria para exigir a Estados Unidos una reforma migratoria integral, pero también corre el riesgo de convertirse en un país de acogida forzosa para cientos de miles de sus propios ciudadanos.
La comunidad internacional observa con atención. Organismos como la ONU y la OEA han ofrecido apoyo técnico, pero la responsabilidad recae en México. La pregunta, según los analistas, no es si México puede absorber a 200.000 personas, sino si puede hacerlo de manera digna y ordenada. La respuesta, todavía incierta, marcará la política migratoria de la región en los próximos años.