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La cumbre EEUU-China en Pekín provoca el primer distanciamiento de Corea del Sur respecto a Washington

Por: A. Pita

La cumbre entre Estados Unidos y China celebrada el pasado 14 de mayo en Pekín está reconfigurando las alianzas en Asia-Pacífico. Según analistas asiáticos, el encuentro —orientado a mitigar la competencia entre grandes potencias mediante una «estabilidad estratégica constructiva»— ha llevado a Corea del Sur a adoptar una estrategia de distanciamiento respecto a Washington.

Durante la cumbre, el presidente chino, Xi Jinping, rechazó la inevitabilidad de la «trampa de Tucídides», la teoría que anticipa un conflicto bélico entre una potencia emergente y otra en declive. Este mensaje, dirigido a rebajar la tensión bilateral, ha tenido consecuencias no previstas en los aliados regionales de Estados Unidos.

Seúl ajusta su posición

Corea del Sur, tradicionalmente alineada con Washington en materia de seguridad, estaría reconsiderando su postura ante el nuevo escenario de distensión. Según el análisis, Seúl busca evitar quedar atrapado en la rivalidad entre ambas potencias, optando por una política exterior más equilibrada que le permita mantener vínculos económicos con China sin romper la alianza militar con Estados Unidos.

La cumbre de mayo ha acelerado la percepción en Seúl de que una alineación automática con Washington podría ser contraproducente, especialmente cuando Pekín y Washington buscan canales de diálogo.

El movimiento surcoreano no es aislado. Otros aliados regionales, como Japón y Australia, observan con atención el giro de la Casa Blanca hacia una relación más pragmática con China, lo que podría redefinir el equilibrio estratégico en el Indo-Pacífico.

De confirmarse el distanciamiento, Corea del Sur podría reducir su participación en ejercicios militares conjuntos o moderar su postura en asuntos como el escudo antimisiles THAAD, un punto de fricción recurrente con Pekín. La decisión final dependerá de los movimientos de Washington y Pekín en los próximos meses.

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Estados Unidos no puede perder a sus socios de inteligencia o se quedará ciego ante las amenazas globales

Por: E. Berraondo

Un análisis publicado por un medio especializado sostiene que Estados Unidos no puede permitirse perder a sus socios de inteligencia, ya que estos proporcionan acceso, cobertura y capacidades que complementan a las agencias estadounidenses. Según el informe, trabajar con socios es una herramienta clave de inteligencia que permite a Washington mantener el foco en sus prioridades sin perder de vista tendencias globales que podrían convertirse en amenazas futuras.

Aunque Estados Unidos posee una de las mejores organizaciones de inteligencia del mundo, el análisis subraya que ni siquiera la agencia más poderosa puede recopilar y analizar todas las tendencias globales. Washington establece sus prioridades basándose en amenazas directas contra la nación y los ciudadanos estadounidenses, lo que deja fuera áreas que no tienen un impacto inmediato. Otros países hacen lo mismo, pero al compartir análisis y recopilación entre aliados y socios, se logra mantener la atención sin perder señales que podrían convertirse en problemas graves a largo plazo.

El texto advierte de que, si Estados Unidos no se muestra como un socio estable y fiable, corre el riesgo de perder información potencialmente importante que podría afectar a su seguridad nacional. La comunidad de inteligencia estadounidense, según el análisis, ha trabajado intensamente para desarrollar relaciones sólidas con sus homólogos extranjeros, y cualquier erosión de esa confianza tendría consecuencias estratégicas.

En el entorno geopolítico actual, con múltiples focos de tensión y amenazas híbridas, la cooperación en inteligencia se ha convertido en un factor crítico para la seguridad nacional. Los analistas señalan que ningún servicio de inteligencia, por sí solo, puede cubrir todas las áreas de interés, lo que hace indispensable la colaboración con aliados que aporten perspectivas y capacidades complementarias.

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Se acabó la alianza: Microsoft y OpenAI rompen su acuerdo y se declaran la guerra en la inteligencia artificial

Por: P. Llopart

La alianza que transformó el panorama de la inteligencia artificial ha llegado a su fin. Microsoft y OpenAI han puesto fin a su asociación estratégica y ahora se preparan para competir directamente en el mercado de IA, según anunció la compañía de Redmond durante su conferencia anual Build, celebrada el 3 de junio de 2026.

La ruptura responde a divergencias estratégicas y al interés de ambas partes por controlar toda la cadena de valor de la IA, desde la infraestructura en la nube hasta las aplicaciones de usuario final. Microsoft, que en los últimos años había invertido miles de millones de dólares en OpenAI, ha presentado una batería de nuevas iniciativas propias: una superaplicación, modelos de razonamiento internos, una herramienta de ciberseguridad y agentes de IA similares a los de OpenAI.

De socios a rivales

Durante años, Microsoft integró los modelos de OpenAI en productos como Azure, Office y Bing, mientras OpenAI dependía de la nube de Microsoft para entrenar y ejecutar sus sistemas. Ahora, ambas compañías han decidido perseguir estrategias independientes. Microsoft apuesta por un ecosistema cerrado que compite directamente con OpenAI, mientras que OpenAI explora vías para reducir su dependencia de la infraestructura de Microsoft.

El anuncio marca un punto de inflexión en la industria. Microsoft, con una capitalización bursátil superior a los tres billones de dólares, tiene los recursos para rivalizar con cualquier actor en IA. OpenAI, por su parte, sigue siendo el líder en modelos de lenguaje de gran escala, pero su capacidad para competir sin el respaldo de Microsoft está por verse.

La competencia directa entre ambas compañías redefine el equilibrio de poder en el sector y tendrá implicaciones para desarrolladores, empresas y gobiernos que dependen de sus plataformas. Según analistas del sector, esta ruptura podría acelerar la fragmentación del mercado de IA, con Microsoft y OpenAI ofreciendo soluciones propietarias que dificultarán la interoperabilidad.

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Marruecos se arma hasta los dientes con drones Predator y cazas F-16 de EE.UU., dejando a España entre la espada y la pared

Por: D. Cañellas

La cooperación militar entre Marruecos y Estados Unidos alcanza nuevos hitos, según fuentes diplomáticas y análisis de expertos en defensa. La alianza, que se ha intensificado en los últimos años, refuerza la posición de Rabat como actor clave en el Magreb y el Mediterráneo, con implicaciones directas para la política exterior española.

La relación bilateral en materia de defensa se ha traducido en ejercicios conjuntos, ventas de armamento avanzado y un intercambio de inteligencia creciente. Marruecos se ha convertido en uno de los principales receptores de ayuda militar estadounidense en África, con un paquete de asistencia que ronda los 100 millones de dólares anuales (unos 92 millones de euros).

El Sáhara Occidental como eje de la cooperación

El respaldo de la administración estadounidense a la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, formalizado durante el mandato de Donald Trump, sigue siendo un pilar de la alianza. Este apoyo ha permitido a Rabat reforzar su control territorial y ha generado tensiones con Argelia, que respalda al Frente Polisario.

La amistad entre Rabat y Washington encuentra una traducción particularmente espectacular en el ámbito de la defensa y la cooperación militar.

La alianza estratégica pone a España en una posición incómoda, ya que compite por influencia en el norte de África y el Mediterráneo. La reciente compra de sistemas Predator y aviones de combate F-16 por parte de Marruecos, ambos de fabricación estadounidense, ha reforzado su capacidad militar regional.

Un contrapeso a la influencia rusa y china

La cooperación entre Rabat y Washington también se enmarca en la competencia global por África. Estados Unidos busca contrarrestar la presencia de Rusia y China, que han aumentado su penetración económica y militar en el continente. Marruecos, por su parte, aprovecha el respaldo estadounidense para proyectar su influencia hacia el África subsahariana.

Para los intereses españoles, esta alianza supone un desafío adicional en un momento de redefinición de las relaciones bilaterales con Marruecos. La presión migratoria, la pesca y la delimitación de aguas territoriales son algunos de los puntos de fricción que podrían verse afectados por el creciente alineamiento de Rabat con Washington.

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