El balotaje presidencial celebrado este 7 de junio en Perú entre la derechista Keiko Fujimori y el izquierdista Roberto Sánchez ha estado marcado por un elevado nivel de desinterés y desconfianza en el electorado, en un contexto de corrupción e inestabilidad política crónica. Las denuncias de irregularidades durante la primera vuelta han agravado la percepción de un sistema electoral poco fiable, según analistas consultados por medios internacionales.
El politólogo Andy Phillips, de la Universidad Complutense de Madrid, ha señalado que «la corrupción está atacando todos los niveles de la vida en Perú», lo que genera un ambiente de escepticismo que se refleja en el abstencionismo, el voto en blanco o el voto nulo. Phillips destacó que la desconfianza no es nueva: ya en los comicios de 2021 circularon denuncias de presunto fraude que debilitaron la credibilidad de los organismos electorales.
Informes desde Lima recogen la insatisfacción de miles de peruanos que no se inclinan por ninguno de los dos candidatos, lo que podría traducirse en una alta abstención o voto de castigo. La primera vuelta estuvo rodeada de acusaciones de irregularidades, que han minado la confianza en el proceso. Jhosselin Santillá, integrante de la Asociación Peruana de Politólogas, ha analizado cómo la crisis política institucional ha erosionado la fe de los ciudadanos en las urnas.
La inestabilidad política en Perú se ha vuelto endémica: el país ha tenido varios presidentes en los últimos años, con procesos de vacancia y crisis institucionales recurrentes. Este contexto, sumado a los escándalos de corrupción que han salpicado a todas las ramas del poder, genera un caldo de cultivo para el desinterés electoral. El balotaje del 7 de junio no ha sido ajeno a esta dinámica, y los resultados reflejarán probablemente un electorado dividido y desengañado.