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✇Diario De Vurgos (Burgos)

90 años de la Revolución Social

Por: editor

El 19 de julio de 2026 se cumplen 90 años desde que la clase trabajadora derrotó el golpe de Estado. El pueblo levantado en armas logró detener, no sólo las pretensiones de todas las fuerzas facciosas que estaban detrás de este alzamiento militar, sino que ante su propio triunfo no se detuvo y empezó la revolución social más profunda que haya conocido la historia.

Pero, ¿Qué es una Revolución Social? Una Revolución Social no es, desde luego, un cambio de gobierno, ni siquiera un cambio de la forma de Estado. Una Revolución Social es el cambio de las relaciones sociales que sustentan el estado de las cosas. Sustituyó la organización de la economía a manos de la empresa privada o el Estado por la organización por parte de la propia clase trabajadora, a través de las colectivizaciones, tanto en la industria como en el campo.

La transformación de las relaciones sociales, sin embargo, no se detuvo solamente en lo económico, sino que precisamente este cambio encaminado a superar el capitalismo por una nueva economía comunista libertaria permitió el impulso de medidas de todo tipo para los problemas sociales de su momento, muchas de las cuales siguen sin resolverse en nuestra sociedad hoy.

Desde el papel de la instrucción y la educación en la sociedad, el problema de la vivienda o la maternidad consciente, la igualdad entre sexos o la cuestión nacional y su resolución federalista, entre otras cuestiones que apuntaban a eliminar las viejas instituciones de la sociedad creando una nueva sociedad libertaria, ejemplifican el carácter profundo de una revolución hecha por trabajadores y trabajadoras del campo y la ciudad.

Este impulso revolucionario del pueblo, de la gente anónima de la historia pero que mueve el mundo cada día de sus vidas, se pudo sostener gracias al esfuerzo y sacrificio, también en el frente militar mediante las milicias obreras. Y es que hasta en la organización de la lucha militar se transformaron las caducas y rígidas formas autoritarias de los ejércitos por milicias sostenidas por el propio movimiento obrero y revolucionario.

La guerra civil española, a la que dio paso la derrota del golpe militar fascista de 1936, era la continuación de una guerra de clases larvada en las luchas revolucionarias: desde la comuna de Asturias en 1934 hasta las insurrecciones comunistas-libertarias como las de Fígols. Una lucha de clases que se remonta a los tiempos de la I Internacional en España, y a todas las luchas sociales donde el proletariado ha sido protagonista en el mundo.

A noventa años de ese hito en la historia jamás superado, que nos sirve de ejemplo para nuestras luchas cotidianas, debemos también señalar que el régimen que combatió desde el primer momento ese proceso fue también la propia República y las fuerzas burguesas liberales y republicanas, socialdemócratas y estalinistas. La derrota de la revolución precedió la derrota militar de la II República, y la imposición por la sangre y el genocidio de un régimen de terror acaudillado por el criminal Francisco Franco.

El cambio de régimen que, prácticamente 40 años después, dio lugar al actual Reino de España, en forma de monarquía constitucional, no fue sino un pacto, una transacción entre las fuerzas que administraron el franquismo con las de una nueva burguesía liberal y socialdemócrata, con el trasfondo de un importante nuevo episodio de la lucha de clases en la península ibérica del que también se cumplen 50 años este 2026. La derrota del proletariado en la “transición española”, nuevamente, ha asentado en el poder nuevas fuerzas reaccionarias, aunque se hagan vestir con piel de cordero. Y uno de los ejemplos más claros lo tenemos en la falsificación de la memoria histórica, llamada hoy Memoria Democrática.

Desde instituciones públicas, la academia oficial y el naufragio de la socialdemocracia y el estalinismo se impulsa una reinterpretación de la memoria histórica en la que nunca hubo una Revolución Social, donde las mujeres y los hombres anarcosindicalistas y anarquistas de la CNT, la FAI, Mujeres Libres o las Juventudes Libertarias lucharon, no por una transformación radical de las relaciones sociales que superaran el Capitalismo en un régimen comunista libertario, sino que ahora reescriben la historia para decir que lucharon por una República que los combatió y encarceló antes de la guerra civil, los combatió durante la guerra civil y cuyos herederos políticos de hoy intentan borrar de la historia.

No es casual que, apenas pocos años después que nos dejaran para siempre los últimos compañeros y compañeras que vivieron en primera persona la Revolución Social de 1936, que ya no están para poder contestar a la cara a los falsificadores de la historia, proliferen los esfuerzos para que la memoria democrática se vuelva olvido del proceso revolucionario.

En nuestras manos está que esto no suceda, y que las aspiraciones que motivaron quienes construyeron de forma anónima la mayor Revolución Social conocida hasta nuestros días nos guíen también a la hora de enfrentar los problemas actuales de la clase trabajadora en nuestra sociedad y el mundo entero.

Fuente: cnt.es/noticias/90-anos-de-la-revolucion-social/

✇Diario De Vurgos (Burgos)

Por un 1º de Mayo obrero, combativo y libertario en Burgos

Por: editor

El 1 de mayo condensa una historia de huelga, represión, solidaridad y dignidad obrera. Su sentido sigue vivo en la lucha de clases, en la resistencia frente al capital y en el rechazo de las jerarquías patriarcales. Por todo ello se ha convocado una Manifestación libertaria que tomará partida desde la plaza del Cid a partir de las 13:00 horas y recorrerá las calles del centro de Burgos.

El 1 de mayo, nació como una jornada de combate obrero, como fecha de memoria y como llamamiento a la organización de clase. Su raíz no está en los despachos ni en la benevolencia de los gobiernos, sino en la lucha de quienes, frente a jornadas extenuantes, salarios de miseria y una disciplina fabril brutal, decidieron plantar cara al capital, quienes, no conformándose con ser sus esclavos asalariados, decidieron luchar por un mundo nuevo y pelear por la emancipación social. Ocho anarquistas pagaron con su vida tal desafío.

Este 2026 se cumplen 90 años de la Revolución Social de 1936, referente en la lucha por la emancipación social de los trabajadores, que demostró cómo la organización obrera puede parar la reacción fascista. En estos tiempos convulsos no debemos ignorar los numerosos aprendizajes que nos dejó; entre ellos, que no se puede pactar con la burguesía ni con los autoritarios, ya que estos pactos nos llevarían inevitablemente a la derrota del ideal libertario y revolucionario. Como personas libertarias y anarquistas, sabemos que la revolución debe apuntar al Estado y al capital desde el primer momento.
Hoy seguimos viviendo momentos en los que la vida es aplastada bajo el peso del sistema. Mientras que la riqueza se concentra en manos de unos pocos, las obreras sufrimos condiciones cada vez más precarias; cargando con situaciones de estrés, responsabilidades, abusos, explotaciones e injusticias diarias. No somos solo productoras y consumidoras; se nos reduce a cifras, a rendimiento, a piezas reemplazables. Ser obrera no puede ser sinónimo de sacrificio, sino de conciencia, organización y resistencia. Somos la fuerza que levanta cada fábrica, cada oficina, cada escuela. No aceptamos la precariedad como futuro, ni la explotación como norma.

Debemos señalar, por un lado, al sistema capitalista como causa de las crisis, de las inflaciones y la creciente desigualdad; por otro lado, a sus secuaces (CCOO, UGT, CSIF…) que han vendido el movimiento obrero a la patronal y al Estado, firmando negociaciones que producen asco y vergüenza, convirtiéndose así en enemigos de la clase trabajadora. Mientras que los beneficios se acumulan en la cima, quienes producimos realmente la riqueza vivimos en una lucha constante por llegar a fin de mes. Todo esto se suma al miedo por perder el trabajo y la imposibilidad de proyectar un futuro digno.

Hoy, cuando la precariedad cambia de nombre para parecer modernidad, el sentido del 1 de mayo conserva toda su vigencia. Las subcontratas, la temporalidad, los accidentes laborales y las muertes en los trabajos, la extensión encubierta de la jornada, la disponibilidad total, los falsos autónomos, la feminización y racialización de los empleos peor pagados muestran que la vieja cuestión social no ha desaparecido. Por eso el 1 de mayo exige algo más que nostalgia. Exige organización en los centros de trabajo y fuera de ellos. Exige reconstruir vínculos de solidaridad entre plantillas fragmentadas. Exige un sindicalismo de combate y una mirada feminista de clase, capaz de reconocer que ninguna emancipación obrera será completa si deja intactas las jerarquías patriarcales.
Conviene subrayar algo que el sindicalismo domesticado suele olvidar: el 1 de mayo no fue concebido para pedir permiso, sino para medir fuerzas. En la tradición libertaria y anarcosindicalista, esta fecha no remite a una celebración vacía, sino a una pedagogía de la dignidad.
Sería infame no mirar más allá de nuestras narices y obviar la realidad que nos rodea.
En un contexto global de guerra y deshumanización, vemos cómo la apropiación por la fuerza de los recursos y territorios ajenos nos retrotrae a las políticas belicistas y colonialistas, provocando el desplazamiento de millones de personas, destruyendo infraestructuras de todo tipo, masacrando a poblaciones indefensas, bombardeando escuelas, hospitales…

La guerra es característica indispensable y permanente del sistema estatal y capitalista. Según los intereses de la clase dominante, la guerra es desplegada de un modo u otro. Dentro o fuera de nuestros territorios, en la forma colonial, imperialista y extractivista, o dentro de nuestras fronteras, recrudeciendo las condiciones de vida de los oprimidos para aumentar los beneficios de la clase dominante, precarizando más nuestras vidas. El antimilitarismo anarquista debe estar presente en la lucha de clases, no como elemento pacificador, sino como detonante del cambio. Debe ser punto de partida para enfrentar al estado militarista, los ejércitos y las jerarquías, así como las soluciones autoritarias. Porque el cambio social llegará con la disolución del poder en todas sus formas.
Observamos cómo los movimientos sociales han sido reducidos al meme, la lucha y los ideales revolucionarios convertidos en un tuit, la artificialización de la vida ha permeado en los movimientos revolucionarios y de base convirtiéndolos en parte del espectáculo democrático. Obsesionados con los likes, el postureo y la batalla virtual, se ha conseguido mistificar la lucha y los ideales revolucionarios. En nuestra mano está salir de la rueda plantear la alternativa que resquebraje el sistema y nos lleve a la victoria.

Creemos que hay que recuperar la potencialidad revolucionaria que tienen la acción directa, la confrontación y la radicalidad. Tantos años de “convivencia democrática” han terminado por pacificar el movimiento obrero y convertirlo en su propio verdugo.
Ya vale de falsas promesas, ya basta de reforma y de pedir que se cumplan los derechos, basta de mendigar al poder, basta de creer que la democracia y el sistema pueden ser reformados y justos. El capitalismo es nuestro enemigo y el Estado su brazo armado; tendremos que ir a por el todo, tendremos que hablar de revolución, organizarnos y poner en riesgo nuestros privilegios, porque el que no arriesga no gana.

¡1º de mayo: obrero, combativo y libertario!

CNT-CGT-Biblioteca Anarquista La Maldita

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