Juan Carlos Rois
Tortuga.
Mientras esperamos a que el Gobierno presente el presupuesto del Ministerio de Defensa que se prevé para 2026 (y de paso nos permita indagar en sus tripas para seguir detectando el gasto militar que dispersa en partidas fuera del presupuesto de defensa y que el gobierno no reconoce como gasto militar) desde aquí seguimos indagando en visibilizar en lo posible el efecto demoledor que el mismo tiene sobre nuestras vidas y nuestro día a día.
En un anterior texto hemos explicado como el gasto militar, en un contexto general de carga fiscal más regresivo e injusto que en los países de nuestro entorno (según los expertos hasta un 7% más injusto, porque Spain es diferente), impacta más a las clases más pobres que a las más ricas. Los pobres pagan más que nadie las armas con las que los ricos protegen su posición de poder y privilegio. Y a juzgar con la pasividad ante este desafuero lo hacen con gusto.
Tal vez, al menos ese es el propósito, retratar lo idiotas que somos al soportar un gasto que nos perjudica y que perpetua la situación que nos lo impone sirva para despertar la indignación más que decirle a la gente que con no sé cuantos mil euros que vale un misil podríamos comprar no sé cuantos lapiceros o hacer otros tantos hospitales.
Y es cierto. ¡la de cosas que podrían hacerse bien! Pero ¿a quién le importa?
Añadamos antes de ir a lo que nos importa que además, mientras usted paga esta situación con todos sus ingresos, los ricos tienen la doble suerte de poder usar los «beneficios» que ofrecen las deducciones y rendijas legales pero, sobre todo, de tributar con una gran parte de su riqueza no como usted, sino por impuestos más beneficiosos y «baratos» como el de sociedades u otros que graban las rentas.
El hecho de que usted o yo, aunque nos consideremos de la clase media, estemos entre los tres o cuatro tramos de menos ingresos de renta, supone además que pagamos más el gasto militar que los que están en el 1% más rico, pongo por caso ¿no le parece motivo para la protesta? Pues le doy otro: destinar un 0.1% de la riqueza nacional (unos 1.600 millones de euros) a gasto militar le supone a usted una pérdida de «escudo social» o servicios comunitarios como sanidad o educación gratuita que en algún momento va a necesitar, de unas 170 veces más que a los ricos que le pisan el cuello y que no necesitan ese escudo. ¿le parece poco? Pues siga leyendo, porque, como le intentaré explicar, pagamos como idiotas, pensamos como hormigas y nos tratan como siervos. Y puede que todo ello sea parte de una misma cadena de dominaciones.
Ahora nos vamos a intentar centrar en el coste de oportunidad del gasto militar.
Coste comparativo
El coste de oportunidad mide lo que una inversión en algo tan improductivo (e inmoral) como el gasto militar (o el rearme) supone en términos de mejores alternativa que se podrían realizar con un gasto equivalente en cuestiones relacionadas con, por ejemplo, la seguridad humana y ecológica, la aplicación a políticas productivas socialmente útiles (porque otro problema es que no todas las actividades «productivas» lo son) o a políticas de lucha contra la iniquidad. La vieja idea de los cañones y la mantequilla que ha llevado habitualmente al desastre a los pueblos.
En nuestro caso, y usando los datos que proporcionan FEDEA, la AIREF o las propias cuentas estatales, hemos elaborado un cuadro que nos va a servir de puto de partida para hacer nuestras estimaciones.
Sería algo complejo explicar cómo hemos llegado a este cuadro pero, para simplificar, están avalados por las fuentes utilizadas y miden, por decilas de riqueza de la población (cada decila unos 4.7 millones de personas) la renta media, el tipo de carga fiscal que soporta cada decila sumando impuestos directos, indirectos, cotizaciones, etc.) y las diferencias entre carga militar y beneficio social que obtienen de las políticas publicas, y el impacto porcentual del gasto militar en su renta.

Comparamos ahora cómo se comporta por tramos de riqueza la carga adicional de gasto militar que implica un aumento hipotético del mismo comparándolo con el beneficio social perdido (coste de oportunidad) y con el impacto en la renta bruta de tal evolución.
Ahora hemos elaborado un nuevo cuadro en que hemos consignado distintos escenarios de incremento del PIB del gasto militar (incremento % PIB) para verificar como al aumentar la carga militar adicional por decilas, provoca una pérdida de beneficios sociales global (es decir, a todos los deciles), pero también desigual (en perjuicio de los más pobres y de las clases medias).
Sobre este escenario podemos ver cómo varían los impactos sociales para cada decil si aumentamos por ejemplo un 0,05%, 0,10%, 0,15%, 0,20%, 0,30%, 0,50% y 1,00% del PIB.
El resultado es esclarecedor de la pérdida de beneficios sociales y del enorme coste de oportunidad, en general y específicamente para los más pobres, a medida que aumentamos la carga militar.

Si comparamos los deciles 1 a 3 (los tres más pobres) con el D 10, más rico, encontramos que el 30% más pobre paga 5 veces más en euros absolutos que el 10% más rico y que la ratio de impacto relativo (de 84x) representa para ellos casi 100 veces más esfuerzo porcentual de su renta que en el decil más rico.
Lo representamos en la siguiente gráfica, que muestra cómo en cualquier hipotético escenario de crecimiento del gasto militar, la carga y esfuerzo relativo son mucho mayores para el 30% más pobre de la población a razón de 5 veces más de carga y unas 80 veces de esfuerzo relativo.

Aparece ahora que a medida que se incrementa el PIB en gasto miliar (del 0,05% al 1% PIB) suben las distancias entre lo que cada decil asume de carga nominal a razón aproximada de 5 veces en contra de los deciles mas pobres (147 euros frente a 731).
E igualmente, en las líneas de impacto sobre la renta la de los deciles 1 a 3 pasan de 0,25 a 4,99, lo que supone, como hemos dicho, un esfuerzo relativo de 80 veces mayor peso en los deciles más pobres que en el decil más rico.
El impacto relativo para el decil más pobre es del orden de 150 a 170 veces mayor que al más rico en tanto por ciento de sus rentas, aunque el incremento per cápita de gasto militar sea igual para todos (60 euros/hab en este tramo). Mientras que con el incremento de gasto militar del 0,05% el decil pobre 36,7 euros (0,42% de su renta renta) el más rico pierde aproximadamente 7,3 euros (el 0,00% de renta) en D10. Si el incremento es de 0.10% los más pobres perderán 73,3 euros (0,84%) frente a 14,6 euros (0,01%) los más ricos.
Existe una pauta clara: el mismo euro empleado en militarización implica sacrificios sociales mucho más altos, en proporción a la renta, para los deciles pobres que para los ricos. Es la economía, idiota, que dijo el otro.
La columna «Beneficio Social Perdido» es pequeña en euros (0,1 a 0,4 euros/año por persona) porque estamos contabilizando solo una fracción marginal de retorno social directo que implican los impuestos (el que se refiere a retornos en términos de prestaciones sociales dado que si no será imposible de representar el resultado en el cuadro), pero el mensaje estructural es bastante potente: la carga militar adicional per capita (que supone por ejemplo el 0,1% PIB en gasto militar) en términos de coste de oportunidad afecta a todos los deciles, el beneficio social alternativo regresivo (o que deja de producirse), pero se concentra en los deciles más pobres (del 1 al 3) que son los que dependen más de los servicios públicos (y que son los usuarios principales de estos).
Por eso cada euro sustraído a favor del gasto militar tiene una productividad social perdida mucho mayor que el que se retrae de servicios usados por los deciles altos.
Estamos hablando de una «doble regresividad» de cada punto de aumento del gasto militar: en cuanto a su financiación «desigual» en contra de los mas pobres y por los beneficios perdidos par financiar políticas más beneficiosas parra el conjunto de la población.
Un uso alternativo de la cantidad aumentada por Sánchez en el gasto militar que heredó de Rajoy (aunque podríamos extender los períodos a los anteriores ardores de modernización de Aznar o incluso de Felipe González) hasta nuestros días, utilizado para políticas sociales reales y no cosméticas de «escudo social» o para construir políticas estructurales, habría sido un verdadero revulsivo para el cambio estructural que se necesita para responder a los retos de seguridad humana que tenemos. Solo en términos redistributivos, por ejemplo, en términos de renta, podrían haber supuesto un aumento de rentas de la decila más pobre de 3.878 euros anuales en 2025, más de 1/3 de su renta.
Coste social
Vamos a dar un segundo paso. ¿Podemos establecer una correlación matemática que nos permita calcular el coste de oportunidad del gasto militar? Se nos ha ocurrido esta propuesta provisional que esperamos poder afinar en el futuro.
Para nuestro ejercicio teórico vamos a intentar calcular el coste de oportunidad de cada 0,1 % del aumento del PIB en gasto militar, en términos, como hemos dicho de gasto social alternativo sacrificado (por ejemplo en educación, sanidad, prestaciones sociales, etc) en un escenario de recursos fiscales limitados.
Para hacerlo usamos una metodología que se usa en economía para este tipo de cosas. Se llama Frontera de posibilidades de producción y mide el uso alternativo eficiente de dos bienes y el coste de oportunidad.
Aunque resulta farragoso, lo explicamos de forma más o menos matemáticas. Sin trampa ni cartón.
El coste de oportunidad básico (CO) por tanto mide el sacrificio social con esta razón o fórmula:

En ella

sería = 0,001PIB (porque queremos verificar el coste para cada 0,1% PIB de aumento del gasto militar)

sería el gasto reasignado, ponderado por distribución progresiva del gasto público (como hemos visto en páginas anteriores, con mayor peso en las decilas más bajas).
Así las cosas, para el impacto por decil «d» nuestra fórmula sería:

En este galimatías matemático con el que queremos dar consistencia a nuestros cálculos, explicamos la nomenclatura que vamos a usar:
d quiere supone cada decil (D1, D2, etc).
pd refleja la proporción de beneficio social del decil d,
Rd para la renta media per cápita del decil
y Pd a la población de la decil (más o menos 4,8 millones en la población española).
Aplicadas estas fórmulas de brujería matemática a nuestro propósito en el escenario español, donde estimamos un PIB del año 2025 de 1,65 billones de euros (1.650 millones cada 0,1%). La reasignación de estos 1.650 millones de euros de gasto social progresivo (70% a los deciles 1-5 aproximadamente si usamos los cuadros que hemos visto más arriba) nos ha llevado a confeccionar el siguiente cuadro de distribución del impacto.
Aplicadas estas fórmulas de brujería matemática a nuestro propósito en el escenario español, donde estimamos un PIB del año 2025 de 1,65 billones de euros (1.650 millones cada 0,1%). La reasignación de estos 1.650 millones de euros de gasto social progresivo (70% a los deciles 1-5 aproximadamente si usamos los cuadros que hemos visto más arriba) nos ha llevado a confeccionar el siguiente cuadro de distribución del impacto.

Si ahora calculamos el coste de oportunidad de un aumento del 1% del PIB en gasto militar (en lugar de 0,1%), multiplica las fórmulas anteriores por 10: y el incremento del gasto militar =0,01 PIB, asumiendo el mismo gasto social alternativo progresivo reasignado.
Es decir,

Con PIB 2025 1,65 billones de euros, equivale a 16.500 millones de euros reasignados.
En este caso, el cuadro de impacto aparece terrorífico:

El tercio más pobre de la población, aquel sobre el que mayor impacto tienen las políticas redistributivas y los servicios colectivos, pierde 8.750 millones de euros sin mover una pestaña.
Las clases más pobres (deciles 1-3) pierden 8.750 millones de euros en prestaciones, un 4,5-15,3% de su renta per cápita, amplificando desigualdad al erosionar subsidios que mitigan pobreza en 32,5% vía gasto público progresivo.
Para mear y no echar gota.

Los puntos unidos por la línea representan combinaciones máximas posibles: si sube el gasto militar, baja el máximo gasto social alcanzable, ilustrando el enorme coste de oportunidad entre gasto militar y políticas sociales.
Todo esto no hace sino mostrar claramente el significado antisocial del gasto militar dentro de una política fiscal redistributiva no suficientemente progresiva y no enfocada principalmente para luchar contra la pobreza o reducir la iniquidad.
La distribución del mismo, ya sea total, ya sea de las diferencias que establezcamos desde el año que elijamos al presente, o de cualquier otra partida, distribuidas entre la población en general o sobre alguno de sus tramos, supone capacidades y oportunidades vitales elocuentes que el aumento del gasto militar impide.
Acudiendo a los datos oficiales que ofrece FEDEA sobre la estructura de nuestra carga social, y haciendo una proyección del aumento porcentual de un 1% del gasto militar, podemos afirmar que cada 1% del PIB adicional en gasto militar (cuya financiación en hipótesis se realiza en un 50% con más impuestos indirectos y en un 50% con recortes proporcionales de prestaciones monetarias y de gasto en sanidad y educación) la regresividad del sistema fiscal aumenta, al elevar la carga relativa sobre los deciles de menor renta.
También reduce la capacidad redistributiva global del Estado en varios puntos porcentuales (subiendo el índice de Gini de la renta disponible extendida en torno a unas pocas milésimas) y supone para los hogares de D1 una pérdida de oportunidades del orden de varios cientos de euros por persona al año (del entorno del 2 a 3% de su renta), con caídas también relevantes, de alrededor del 1,5 a 2,5% de su renta, para D2 y D3.
Como de aquí a la presentación de los presupuestos quedará un mes (o más), en próximas entregas iremos explicando más sorpresas que nos acarrea el creciente e indeseable gasto militar en el que se han empeñado los propagadores de la nueva/vieja fe militarista.