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Familiares de fallecidos en la mili se organizan para buscar justicia: 'Lo peor es no saber qué les pasó'

Por: (tortuga)

Pol Pareja

La última vez que Berta Gómez habló por teléfono con su hermano Joan, él le contó que le perseguían. Al día siguiente, de noche, le comunicaron que estaba hospitalizado con una muerte cerebral en Zaragoza. Le dijeron que se había suicidado, pero nunca ha sabido qué ocurrió exactamente.

“Durante décadas no le hablé a nadie de esa conversación”, recuerda sentada en un hotel de Sant Cugat (Barcelona). “Ni siquiera mis padres o mis hermanos lo sabían”.

Después de años de silencio, Gómez acabó desvelando que había tenido esa conversación con su hermano pocas horas antes de morir. Lo hizo tras reunirse con otras personas que, como ella, perdieron a un hermano o a un pariente cercano mientras hacían el servicio militar.

Al menos 1.900 jóvenes murieron haciendo el servicio militar en período democrático. La cifra no incluye las muertes en la mili durante el franquismo. Tampoco los suicidios al regresar a casa debido a los traumas sufridos ni los fallecidos en permisos o en accidentes de tránsito yendo o volviendo de los cuarteles. Algunas estimaciones calculan que podrían haber perdido la vida hasta 4.000 personas.

Ninguna de esas familias ha sido reparada ni, en muchos casos, informada de las causas reales de la muerte. A algunos les dijeron que sus parientes se habían suicidado, otros que murieron en un accidente o simplemente les informaron del fallecimiento sin precisar las causas.

Un documental de TV3 pone en contacto a las familias

Hace unos meses, dos periodistas de TV3 sentaron a Gómez en una mesa de una masía de Viladrau (Girona) junto a Mònica Muntada, Cristina Aymerich y Francesc Robelló. Ellos también perdieron a un hermano en la mili. “No nos conocíamos de nada, pero nos tiramos más de cinco horas charlando”, rememora Aymerich.

Todos se dieron cuenta de que sus historias familiares guardaban paralelismos: el luto mal cerrado, el desgarro y el silencio en casa atravesados por el estigma del suicidio. La falta de detalles sobre lo ocurrido, las preguntas sobre lo sucedido.

“Fue liberador, terapéutico y reparador”, añade Muntada, que confiesa que lo más duro de estos años ha sido no saber qué le pasó exactamente a su hermano.

Narcís, el hermano de Francesc Robelló, fue encontrado en un despacho con un abrecartas clavado en el corazón. Les dijeron que se había quitado la vida, pero su hermano dice que es imposible. “Sus cartas mostraban ilusión y ganas de vivir”, rememora Francesc. “Lo del suicidio nunca me lo he creído”.

El resultado del encuentro en Viladrau, y de una ardua investigación periodística, ha sido el documental Et faran un home. Morts silenciades, que pone el foco en los miles de jóvenes que perdieron la vida o se suicidaron haciendo la mili. Un drama silenciado, no reconocido y cuya opacidad llega al punto de que ni siquiera hay un recuento oficial de víctimas.

Los protagonistas del documental han decidido aunar esfuerzos y organizarse para intentar buscar justicia. Han puesto en marcha el Grupo de Apoyo de Familias de Víctimas de la Mili y han abierto un correo (veu.victimesmili@gmail.com) para recoger casos y testigos de familiares en una situación similar a la suya.

“Queremos saber qué pasó, que se investigue”, apunta Mònica Muntada, cuyo hermano Martí se suicidó un lustro después de regresar del servicio militar. Muntada busca compañeros que compartieran el servicio con su hermano para entender qué fue lo que ocurrió durante esos meses. “Volvió siendo otra persona, con otra mirada”, rememora.

El objetivo último de estos familiares es que se cree una comisión de investigación sobre los miles de muertos en el servicio militar y, a su vez, que el Ministerio de Defensa facilite más información a los parientes de los fallecidos.

“No puede ser que no haya nada”, lamenta Cristina Aymerich. Su hermano se marchó a Melilla en agosto de 1993 para hacer la mili. Apenas un mes después les llamaron para comunicarles que se había suicidado. “En casa estuvimos más de diez años sin hablar del tema”, explica. “La culpa era tan grande que silenció cualquier conversación”.

Opacidad sobre las causas y el número de muertes

Tanto los familiares de los fallecidos como los investigadores del documental han constatado la opacidad de los archivos del servicio militar, hasta el punto de que veteranos documentalistas que colaboraron con la cinta constataron la dificultad para obtener datos.

“¿Cómo puede ser que no conste en ningún sitio que un chico de 20 años haya ido al servicio militar y no haya regresado?”, abunda Aymerich, que llegó a desplazarse personalmente a Melilla para obtener más información sobre la muerte de su hermano.

La emisión del documental ha roto en Catalunya un silencio prolongado. Una veintena de familiares ya se ha puesto en contacto con este grupo para trasladarles experiencias similares o, incluso, hablar del tema por primera vez. Los parientes confían en que la llamada llegue ahora al resto del país y se logre hacer presión.

En el Parlament, por ahora, los grupos de Junts, ERC, Comuns y CUP han registrado una propuesta de resolución para exigir a la Sindicatura de Greuges (el Defensor del pueblo catalán) que esclarezca los hechos denunciados en el documental. Piden, a su vez, que el caso llegue al Defensor del Pueblo para que se lleve a cabo una investigación “exhaustiva e independiente a escala estatal” sobre lo ocurrido.

Los familiares de las víctimas se muestran optimistas ante el revuelo generado. “Ha sido un proceso agotador, pero ver que nuestra historia ha llegado al Parlament nos ha dado un poco de esperanza”, remacha Robelló. “La sensación es que ya no estamos nosotros solos”, añade Gómez.

En lo que coinciden todos ha sido en el poder transformador que ha supuesto conocer a otras personas en una situación similar. “Ha habido un antes y un después del documental”, explican los cuatro. “La soledad de estos años ha sido muy opresiva, ahora como mínimo podemos compartir nuestro luto”.

Fuente: https://www.eldiario.es/catalunya/f...

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Los jóvenes españoles no quieren ser soldados: El ejército español tiene casi un millar menos de efectivos que hace un año

Por: (tortuga)

España tiene menos militares que hace un año y no consigue seguir el ritmo de Europa: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”

Miguel Moreno Mena

Los jóvenes siguen sin atender la llamada para unirse al Ejército, y las Fuerzas Armadas sufren las consecuencias. El número de militares, lejos de crecer con el paso de los años, como sería necesario para cumplir con los compromisos internacionales, sigue disminuyendo. Los últimos datos del BOE, publicados el pasado 6 de enero, muestran una reducción de 823 profesionales.

Por el momento, los números no cuadran. La última convocatoria de plazas de tropa y marinería es de 4.500 plazas, pero hay que tener en cuenta los militares que abandonarán el ejercicio a lo largo de 2026. El secretario general de AUME, Iñaki Unibaso, tiene claro cuál es el problema: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”.

La dificultad para atraer a los jóvenes no adelanta un escenario muy positivo. Hace dos meses, el Observatorio de la Vida Militar alertó sobre el descenso del interés por la carrera militar. La ratio de solicitantes por plaza cayó de 27,9 en 2013 a 4,2 en 2024. El organismo advirtió que esta tendencia es “muy preocupante”. En esta misma línea argumentaba Unibaso, al ser preguntado por Infobae: El portavoz de la asociación señalaba que los jóvenes no quieren ir al Ejército, y que “los que tenemos se marchan para encontrar una mejor situación laboral”.

El problema del número de militares

La cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en el mes de agosto dejó muchos titulares sobre la inversión en Defensa. Pedro Sánchez fue el principal opositor a alcanzar el 5% del PIB, recibiendo las críticas de Donald Trump por ello. Meses después, el Gobierno y la Alianza aseguraron que España había llegado al 2,1%, primera cifra acordada. No obstante, este no fue el único asunto al que se comprometió el Ejecutivo. Como adelantó El País, España habría aceptado sumar 14.000 militares de cara a 2035.

Conociendo la información más reciente, este pacto, aunque con margen de maniobra, resulta complicado de alcanzar. El último dato del BOE muestra que España ha pasado de tener 129.128 militares a 128.305, lo que supone una reducción de 823. Aunque la caída no es muy grande, teniendo en cuenta el número total, revela la dificultad para encontrar la fórmula con la que dar la vuelta a la situación y aumentar el número. Para 2029, se deberían haber sumado 7.000 efectivos al total del Ejército.

Comparación con Europa

Al observar otros países del continente, queda claro que España no está avanzando con sus Fuerzas Armadas al mismo ritmo, en lo que se refiere a efectivos disponibles. Francia y Alemania, aunque es cierto que cuentan con una mayor población, superan con creces el número de militares, llegando a 264.000 y 184.324, según los datos más recientes de sus organismos públicos. Esto significa que Francia ha logrado mantenerse con respecto al año pasado, mientras que Alemania ha sumado unos 1.000 soldados.

En el caso de Italia, tiene un total de 165.000 soldados. Polonia es el caso más exagerado, por su cercanía con Rusia, con su plan de llegar a medio millón de militares y ser el Ejército líder de Europa. Por otro lado, más allá del número total, en los últimos meses Francia, Bélgica o Alemania han recuperado el servicio militar. En principio, es de forma voluntaria, pero ofreciendo un salario a cambio. Además, el canciller alemán, Friedrich Merz, aseguró que, de no llegar al número necesario, podría llegar a ser obligatorio. En el caso de España, la vuelta de la mili como solución sigue resultando inviable.

Fuente: https://www.infobae.com/espana/2026...

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Un ‘me too' en la ‘mili'

Por: (tortuga)

Rebeca Carranco

La escena transmite perfectamente la violencia. Son golpes, repetidos, hasta el punto de que cuesta mantener la mirada en la pantalla. Y eso que es solo un juguete con forma de persona. Ni siente ni padece. “La idea brillante del muñeco, de un metro setenta, es de Joan Torrents”, explica la directora de Et faran un home, Mireia Prats, estrenado por TV3, sobre la manera como decidieron contar la violencia y los abusos a los que fueron sometidos decenas de hombres durante la mili. La emisión, el pasado mes de diciembre, ha provocado una avalancha de mensajes en el buzón de denuncia de la cadena. El documental cuenta con el testimonio de 10 personas que relatan insultos, golpes, palizas, gritos, torturas e incluso violaciones durante el servicio militar obligatorio, en los años 80 y 90, por parte de compañeros más veteranos, sin que nadie lo impidiese.

“No eran las típicas novatadas. Son unos abusos que van más allá de las Historias de la puta mili. Son sufrimientos, torturas, acoso físico…”, explica Prats, sobre un proyecto que iniciaron en 2019, que frenó la pandemia, y que realmente despegó en 2023. “Muchos eran reacios a hablar”, abunda la periodista, sobre la dificultad de convencer a los protagonistas y destapar sus casos. Acabaron reuniendo 25 testimonios, de hombres que en la actualidad tienen entre 55 y 65 años. Un pequeño grupo se atrevió a contarlo a cámara, sin demasiado a ganar. “Están muy removidos”, asegura Prats. Entre los protagonistas, se encuentran los testimonios del escritor Antonio Muñoz Molina, que ya publicó el libro Ardor guerrero: una historia de la mili (Planeta de libros), del crítico de cine Àlex Gorina, o del periodista Vicenç Partal, director de VilaWeb.

Et faran un home repasa durante más de una hora abusos, violencia, física y psicológica, e incluso agresiones sexuales. “Muchos tuvieron un sufrimiento tan bestia que no pudieron hablar del tema en años”, explica Prats, que destaca la “valentía” de ser los primeros en hablar, de contarlo “a puerta fría”. El suyo ha sido un trabajo de fondo, de “muchas llamadas telefónicas”, para animarlos a dar un paso y reconocerse en un rol complicado para muchos hombres: el de víctimas. “Se sienten más cómodos como supervivientes”, reflexiona la periodista, con una dilatada trayectoria en TV3. “Se animaban cuando les decías que no estaban solos, que estábamos investigando y que lo mismo que ellos contaban, había pasado en otras muchas casernas de España”, añade. Pero tampoco se esperaba una reacción así: desde diciembre, la cadena pública catalana ha recibido 104 denuncias más sobre víctimas o familiares de víctimas en su buzón. “Son nuevos testimonios, muy duros, a cuál peor”, detalla Prats, equiparable a una especie me too en la mili.

La periodista y el realizador Joan Torrents también tomaron una decisión a la hora de contar lo sufrido por esos hombres durante el servicio militar en España, ya en democracia: no recoger la réplica de ningún militar, ni en activo ni retirado, sobres los relatos de violencia. “Contactamos con algunos, y lo justificaron de manera chapucera: era para endurecer a la tropa, para que supieran lo que es el ejército. Si a mí me duele, imagínate a ellos”, aduce la periodista. También saben que el Ministerio de Defensa conoce la existencia del documental, pero ni ellos les han solicitado una respuesta oficial, ni la administración les ha contactado por iniciativa propia.

Una de las derivadas que les han trasladado familiares después de la emisión de Et faran un home son los suicidios durante la mili. “Muchos no aguantaron las presiones”, cuenta Prats. “Son muertes silenciadas, que no se investigaron nunca”, añade. Y avanza que el 3 de febrero ponen en marcha la segunda parte del documental, después, precisamente, de hablar con muchas de esas familias. Se sumergirán en los archivos militares de la época y buscarán nuevos testimonios sobre muertes que no se investigaron jamás.

El documental también ha llegado a las cámaras en Madrid, donde Junts y ERC han exigido explicaciones al Ministerio de Defensa. Los republicanos piden al departamento que dirige Margarita Robles, a través de una pregunta parlamentaria, que detalle las acciones emprendidas ante un “patrón de impunidad y negligencia” por parte de las “autoridades militares y civiles” con “consecuencias devastadoras para las víctimas y sus familias”. Se refieren a un “fracaso colectivo” y piden que se abra un proceso de “reparación”. Junts solicita lo mismo, en este caso a través de la comisión de Defensa del Senado.

“Sabemos que recibiremos comentarios del tipo que TV3 ataca al ejército español. Pero no es eso. Igual que hemos destapado abusos sexuales en la Iglesia o intrafamiliares, ahora lo hemos hecho en el ejército”, defiende la periodista, que subraya la intención de centrar su investigación en lo que ocurrió una vez acabada la dictadura franquista. “Un ejército en democracia permitió una violencia bien trazada, entre iguales, con el beneplácito de los militares”, critica. En su opinión, ahora “lo mínimo” sería que les pidiesen perdón a las víctimas, a las que, según explica, nadie ha contactado.

Fuente: https://elpais.com/espana/catalunya...

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¿Vuelve la mili? (y 2)

Por: (tortuga)

Ver también:
¿Vuelve la mili? (1)


Rafael Ajangiz, para Tortuga.

En el capítulo anterior ya concluíamos que estamos ante la vuelta del servicio militar obligatorio en Europa. En este segundo, vamos a repasar las decisiones que están tomando los distintos países europeos que hoy por hoy no tienen mili obligatoria, prestando una especial atención a este nuestro país ibérico.

Países sin servicio militar obligatorio

Empezamos por un clásico europeo del servicio militar voluntario. El Reino Unido abolió la mili obligatoria en 1960. Lo hizo, aunque en aquel momento tenía déficit de reclutamiento, en función de su historial de solo acudir a la leva en tiempos de guerra. Y lo hizo al revés de Estados Unidos, que intentó prolongar la mili obligatoria para alimentar sus guerras en otros continentes, algo que le salió mal, porque se encontró con una fortísima resistencia interna cuando Vietnam hasta el punto de evitar desde entonces cualquier intención de volver al reclutamiento obligatorio. No hay vuelta atrás. Es tal la tradición histórica en el Reino Unido que cuando, en las elecciones de 2023, sobre la base de un evidente déficit del reclutamiento voluntario, el gobierno conservador de Sunak propuso la vuelta a la mili obligatoria, hubo tal reacción contraria de las generaciones jóvenes que el Partido Laborista reaccionó firmemente en contra y, poco después, los analistas militares confirmaron que recuperar la obligatoriedad no era la manera de resolver el déficit de reclutamiento voluntario.

Seguimos por los primeros países que, en 1992-93, decidieron abolir la mili obligatoria: Bélgica y Holanda. Bélgica, que lo hizo en 1992, es uno de los modelos adaptativos más mencionados hoy en día. Este país ofrece a quienes cumplen 17-18 años un servicio militar de doce meses con una paga mensual de 2.000 euros, en la esperanza de que se queden en las fuerzas armadas; si no lo hacen, quedarán como reservistas durante otros diez años. Con este programa, también abierto a mujeres, Bélgica espera incorporar a 1.000 voluntarios en el primer año y hasta 7.000 nuevos voluntarios en cada año posterior hasta llegar a disponer de una fuerza de hasta 40.000 reservistas no profesionales en 2030. Un programa que, en palabras del Gobierno, pretende disponer de suficientes efectivos sin tener que recurrir a la recuperación del servicio obligatorio, algo a lo que se oponen la mayoría de fuerzas políticas e incluso los propios militares, que insisten en que no tienen ni presupuesto, ni infraestructura ni equipamiento para formar a reemplazos de conscriptos.

Holanda pretende más que doblar sus efectivos militares, de los actuales 70.000 hasta unos 200.000, para 2030. Un primer paso es mandar a quienes cumplan 17 años, hombres y mujeres, un cuestionario voluntario donde deben dar cuenta de su formación, capacidades y motivaciones, así como cercanía o afinidad con la política de defensa. El objetivo es ofrecerles un “año de servicio” para que prueben la carrera militar. Simultáneamente, el Gobierno está promoviendo un servicio comunitario voluntario de 80 horas, en el que ya participan unos 25.000 jóvenes cada año, con ánimo de incorporar unos 110.000, la mitad de la cohorte anual. Podría entenderse como el camino para establecer un servicio nacional obligatorio equivalente al de Suecia.

Francia evitará imponer un servicio militar obligatorio mientras siga funcionando la incorporación de jóvenes al servicio nacional en sus dos variantes civil y militar, es lo que dijo el presidente Macron en 2018. El objetivo del Gobierno es asegurar suficientes efectivos militares y para ello necesita incorporar al servicio militar voluntario entre 60.000 y 70.000 jóvenes cada año. Un primer paso para ello fue la creación en 2019 del “Service National Universel” (SNU). El SNU, coordinado con las fuerzas armadas, está dirigido a jóvenes entre 15 y 17 años y dura un mes. En 2023 participaron 40.135 voluntarios, la mayoría de ellos en servicios comunitarios.

El SNU sería una primera toma de contacto para promover el servicio militar voluntario. En realidad, según documentos oficiales, el Gobierno está trabajando con cuatro escenarios: 1) un servicio militar voluntario que incorpore a esos 60.000-70.000 al año, algo que mejoraría la incorporación al ejército profesional, así como el reclutamiento de la Guardia Nacional; 2) un servicio civil obligatorio de cinco meses, seguido de tres meses de formación militar voluntaria; si 600.000 jóvenes (el 75% de la cohorte anual) hicieran ese servicio civil, bastaría con que un 10% de ellos realizase también el servicio militar voluntario para cumplir con las cifras; 3) un servicio obligatorio que empezase con un tronco común de 12 días y luego se dividiese en cinco meses de servicio civil o bien tres meses de servicio militar; 4) la recuperación del servicio militar obligatorio con un servicio civil de mayor duración. Como podemos ver, es muy posible que Francia recupere el servicio obligatorio en sus dos vertientes civil y militar.

En julio de 2025, hemos asistido en Alemania a un intenso debate sobre la recuperación del servicio militar obligatorio, incluso incluyendo a mujeres. Esta propuesta fue impulsada por el ministro de Defensa Boris Pistorius sobre la base de que Alemania debe incrementar los efectivos militares. Haciendo referencia al modelo sueco, propuso concretamente que, al cumplir 18 años, todos los jóvenes con pasaporte alemán recibieran una invitación formal para incorporarse a un entrenamiento militar básico de 6 meses que luego podría ampliarse hasta 17 meses de servicio. La idea no fue bien recibida por los neoliberales del Freie Demokratische Partei y también llegaron críticas desde su propio partido, el Sozialdemokratische Partei. En cambio, la Christlich Demokratische Union, cuya ex-líder Angela Merkel fue precisamente quien decidió el fin de la mili en 2011, se posicionó a favor de recuperar el servicio obligatorio.

El debate ha durado meses y, finalmente, este mismo noviembre, el Gobierno de coalición ha aprobado la propuesta de Pistorius de enviar, a partir de 2026, un cuestionario digital obligatorio para registrar datos de capacidad física y mental, así como motivación e interés, para identificar quienes podrían incorporarse al servicio militar. Un servicio militar en principio voluntario pero que contempla la posibilidad de un alistamiento parcialmente obligatorio e incluso un sorteo para elegir quintos en caso de que no se logren los objetivos de reclutamiento. Existe incertidumbre sobre si ello conllevaría la recuperación del servicio civil. El movimiento pacifista alemán ya se está organizando para movilizar a la gente joven y parece preferir la insumisión a su histórica aceptación del servicio civil.

En mayo de 2024, la Lega propuso una ley para recuperar en Italia un servicio civil o militar obligatorio de seis meses de duración para los jóvenes entre 18 y 26 años, con implantación o gestión regional en vez de nacional. La propuesta fue registrada en el Congreso pero aún no se ha aprobado. Al actual ministro de Defensa, Guido Crosetto (Fratelli d'Italia), no le convence la propuesta a pesar de que, como hemos visto más arriba, los votantes de su partido estarían a favor en casi un 70%. El problema es que el 73% de los jóvenes a quienes se impondría la obligación está rotundamente en contra.

Llegamos a España. Partimos de un déficit histórico en el reclutamiento militar voluntario así como de efectivos militares (ver reciente artículo en Tortuga) a pesar de la “buena imagen” de las fuerzas armadas españolas en las encuestas del CIS y a pesar de la aprobación de medidas “compensatorias” para hacer más ventajosa la profesión militar (al respecto, es interesante consultar los estudios e informes del Observatorio de la Vida Militar). Así la cosas, no hemos oído, como pasa en los países del entorno, ninguna voz proponiendo la recuperación de la mili obligatoria, ni tan siquiera VOX ha dicho, por ahora, esta boca es mía. La ministra Margarita Robles, con mando en plaza, lo descarta rotundamente: en marzo de 2024 dijo en la Comisión de Defensa del Senado que “en España no va a haber servicio militar obligatorio, ni creo que se le haya pasado por la cabeza a nadie”. Está en la memoria del PSOE el varapalo que sufrieron los sucesivos gobiernos de Felipe González al no poder disciplinar nuestra desobediencia colectiva; fuimos más listas y operativas.

Porque, aunque muchas veces nos cueste decirlo, el mayor logro del movimiento antimilitarista en este país ha sido la abolición del servicio militar obligatorio. Deberíamos estar orgullosas y reivindicarlo con frecuencia. Porque, cuando en 1996 el candidato Aznar prometió el fin de la mili, el SMO era ya un cadáver viviente debido a una masiva objeción de conciencia espoleada a su vez por una exitosa desobediencia civil insumisa sin parangón mundial (solo podríamos encontrar equivalente en la resistencia norteamericana a la guerra de Vietnam y eso que era una guerra a morir en país lejano).

De aquellas lluvias, estos lodos. Las fuerzas armadas españolas viven desde entonces una auténtica travesía en el desierto. Margarita Robles se las ve y se las desea para legitimarlas socialmente. Tal como lo atestiguan estudios propios, ni tan siquiera el envío de fuerzas españolas a misiones internacionales, esa gran apuesta que comenzó con el despliegue en Bosnia-Herzegovina en 1995, ha servido para mejorar su imagen. Hasta los desfiles militares suenan mal. De ahí que hoy su mejor baza sea la UME, esa que vemos día sí y día también en la tele. Lo que en verdad nos pesa es que, gracias a ministros como Morenés, haya sido la industria de defensa, cooptando los espacios de decisión gubernamental, quien realmente se ha beneficiado de la mayor inversión militar de los últimos decenios.

¿Puede volver la mili obligatoria en este país? Va a costar un poco más que en Francia o Alemania, las dos grandes referencias a tomar en cuenta, porque aquí sigue pesando mucho el desobediente pasado reciente, pero es bastante posible que termine planteándose. No parece probable que la mili sea argumento de las próximas elecciones, cada vez más cerca, porque no da votos como en Europa. Pero las cosas pueden cambiar si llega un nuevo gobierno de derechas. El 69% de los votantes de VOX están hoy a favor y el PP se encuentra dividido en partes iguales a favor y en contra. Presiones llegarán desde Europa y la OTAN. Francia y Alemania irán marcando el paso. Y las cosas, como está pasando con el incremento del gasto militar, van más deprisa de lo que parece. Si en dos o tres años entramos en esa coyuntura, ¿seríamos capaces de activar o coadyuvar a una resistencia desde nuestra experiencia? Nuestra mejor virtud ha sido siempre ir uno o dos pasos por delante. Ya está tocando darle una vuelta y anticipar.

La República Checa es unos de esos países donde el apoyo a un servicio militar obligatorio ha crecido desde la invasión de Ucrania. De todas maneras, el apoyo a esta idea está todavía por debajo del 50% y ningún partido la ha propuesto en serio. En septiembre de 2024, el ministro de Defensa de Bulgaria, Atanas Zapryanov, anunció que su país no recuperaría el servicio militar obligatorio pero que estaban valorando diversas maneras de entrenamiento militar de la población.

Países con servicio militar obligatorio

Podemos identificar tres modelos principales entre los países que han seguido manteniendo o bien han recuperado recientemente la mili obligatoria: 1) servicio obligatorio en el que se llama a filas a una mayoría de los quintos, el caso de Austria, Suiza, Estonia, Finlandia o Grecia; 2) obligación por sorteo, donde se llama a quienes dicte el bombo, el caso de Dinamarca, Letonia o Lituania; 3) servicio obligatorio selectivo, donde se elige a los quintos en función su nivel formativo y su motivación o interés por lo militar, el caso de Suecia y Noruega. En la práctica, como hemos visto más arriba, el porcentaje de quienes finalmente cumplen con la mili cambia mucho de país a país y va desde el 8% de Suecia hasta el 90% de Austria; entre medio quedan Dinamarca y Noruega (13%), Suiza (43%), Lituania (43%), Estonia (50%), Finlandia (70%) y Grecia (83%). Letonia empezará en 2026.

Entre estos, los cuatro países nórdicos son los más mencionados hoy en día como posibles modelos a emular. Tres de ellos incorporan también a mujeres: Noruega desde 2015, Suecia desde 2018 y Dinamarca desde 2025. Incorporar a mujeres se está convirtiendo en tendencia, muy evidente ya en los casos de Bélgica y Holanda, pero con Francia, Alemania y Grecia dispuestas a ello. Todo por la igualdad (y asegurar un reclutamiento suficiente). Además, los cuatro países nórdicos están incorporando como criterio de reclutamiento selectivo el hecho de tener conocimientos informáticos avanzados.

Entrando más en detalle, Finlandia es el ejemplo emblemático de país con servicio militar obligatorio. El reclutamiento implica a 27.000 hombres cada año, aproximadamente el 70% de la cohorte de edad, a los que hay que sumar otras 1.500 mujeres como voluntarias. En Dinamarca, la mayoría de las 4.700 incorporaciones anuales son “voluntarias” y el resto hasta completar aforo resultan de un sorteo que incluye por igual a hombres y mujeres desde este año 2025. El Gobierno quiere llegar a reclutar un mínimo de 7.000 para el año 2033, así que es bastante probable que año tras año vayan aumentando lxs elegidxs por sorteo.

Noruega y Suecia tienen un sistema semi-obligatorio centrado en encontrar perfiles concretos. El objetivo no es entrenar a grupos enteros de edad sino reclutar solamente a quienes cumplan con las necesidades operativas de las fuerzas armadas. A los 17 años, todo joven, hombre o mujer, tiene que rellenar un cuestionario sobre su salud física y mental, antecedentes criminales, e interés o motivación para incorporarse a las fuerzas armadas. Sobre estos datos iniciales y algunas entrevistas después, las fuerzas armadas “invitan” a quienes consideran candidatxs más idónexs. En Noruega, de los 60.000 jóvenes del reemplazo anual, alrededor de un 13% termina haciendo la mili, dos tercios son hombres y un tercio son mujeres. En Suecia, que suspendió el servicio obligatorio en 2010 pero lo recuperó en 2017, aproximadamente un 8% del reemplazo termina haciendo la mili, de los que una cuarta parte son mujeres. Además, desde 2023, se incluye también un servicio civil en sectores sensibles como servicios de emergencia y de mantenimiento o soporte en el suministro de energía eléctrica. Empieza a haber análisis técnicos sobre la solvencia del modelo.

Tradiciones diferentes, tendencias convergentes

Estamos en un contexto de incremento del gasto militar y de los efectivos militares para hacer frente a las “nuevas amenazas” a nuestra soberanía, ahora pensando más en la defensa del territorio y sus fronteras que hace algunos años; habría que añadir también la defensa de intereses de todo tipo, económicos sobre todo. Se empiezan a oír voces recordando el contrato social, los derechos y valores ciudadanos, las libertades que nos hemos dado, también la patria. Nos encontramos, sin duda, en un escenario de preparación de la guerra, de una gran guerra, hay que decirlo.

Podríamos hacer un calendario prospectivo: Austria, Grecia, Finlandia, Estonia, Lituania, Suiza, Noruega, Dinamarca y Suecia ya están en la obligatoriedad; Letonia empieza en 2026; Alemania volverá en 2027; Bélgica, Holanda, Portugal y Francia entre 2027 y 2028, Italia nunca se sabe, ¿España?

En este país tenemos la mejor experiencia europea de resistencia al reclutamiento forzoso. Recordarla, ponerla en valor, explicarla, hacerla llegar a las nuevas generaciones, que la desconocen, es nuestra obligación. Aquí en nuestro país y fuera de nuestro país. Y es que no existe ninguna publicación en inglés, francés, alemán o italiano que cuente con detalle cómo se organizó nuestra insumisión y por qué salió tan bien.

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Huelga estudiantil en Alemania contra el servicio militar obligatorio

Por: (tortuga)

Miles de estudiantes y escolares alemanes se preparan para una huelga estatal el viernes 5 de diciembre, una acción que podría paralizar aulas en más de 40 ciudades como Berlín, Múnich, Hamburgo y Colonia. Bajo el lema "No queremos convertirnos en carne de cañón", los jóvenes rechazan los planes del gobierno de coalición liderado por el canciller Friedrich Merz para reactivar el servicio militar obligatorio a partir de 2026. Según recogen medios locales como Frakfurter Runschau, la convocatoria, organizada por la alianza "Huelga Escolar contra el Reclutamiento", incluye paros escolares, marchas y concentraciones frente a sedes gubernamentales, y ha ganado apoyo de sindicatos docentes. El Ministerio de Educación, por su parte, ha advertido de que las ausencias no podrán ser justificadas.

El anuncio del plan ha "despertado" al movimiento estudiantil alemán en un contexto de remilitarización acelerada, donde el gobierno estima contactar a al menos 700.000 jóvenes nacidos en 2008 y generaciones posteriores mediante un cuestionario obligatorio sobre su disposición a alistarse "voluntariamente" en la Bundeswehr. En ciudades como Leipzig y Frankfurt, comités estudiantiles han coordinado paros con respaldo sindical, ampliando las protestas que crecen desde marzo, cuando se filtraron los borradores iniciales.

Si el reclutamiento no alcanza los 5.000 efectivos anuales, el Parlamento podría activar un sistema de servicio obligatorio por sorteo, con revisiones médicas generalizadas. Organizaciones juveniles antimilitaristas como la Internationaler Jugendverband (IJV) o la DFG-VK (Deutsche Friedensgesellschaft – Vereinigte KriegsdienstgegnerInnen) advierten que, en caso de crisis, el gobierno podría reinstaurar el reclutamiento obligatorio y general con aprobación rápida del Bundestag, y ven en los anuncios sobre la "voluntariedad" una farsa para evitar el debate público sobre la cuestión.

Una encuesta de Forsa para la revista Stern de octubre de 2025 indica que alrededor del 63% de los jóvenes se oponen a la reintroducción del servicio militar obligatorio, alcanzando el 76% el rechazo específico al sistema de lotería para seleccionar reclutas. Otros sondeos, como uno de YouGov, sitúan el apoyo a la movilización plena y obligatoria entre los 18-29 años en cerca de un tercio (33%), mientras que solo el 17% afirmaron que personalmente tomarían las armas para defender Alemania.

Fuente: https://diariosocialista.net/2025/1...

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¿Vuelve la mili? (1)

Por: (tortuga)

Rafael Ajangiz, para Tortuga.

Bélgica decidió eliminar la mili obligatoria en 1992, Holanda lo hizo en 1993, Francia y España en 1996, Italia y Portugal en 1999, Eslovenia en 2003, la República Checa en 2004, Eslovaquia, Hungría y Rumanía en 2005, Letonia en 2006, Bulgaria en 2007, Lituania y Croacia en 2008, Polonia en 2009, Suecia en 2010, Alemania en 2011. Hace dos décadas, estaba claro el final de la mili en la mayor parte de Europa.

Algunos países se resistieron a esa tendencia manteniendo hasta el día de hoy una obligación más o menos limitada: Austria ha seguido reclutando al 90% de los quintos, que cumplen 6 meses de mili o bien 9 meses de servicio civil; Grecia ha venido obligando al 83% a servir durante un año; Finlandia incorpora al 70% y cumplen 3 meses; Estonia sobre el 50% y cumplen 8 meses; Suiza llama realmente al 43% con un servicio de 8 meses; Noruega se queda en el 13% y son 12 meses; en Dinamarca otro tanto y cumplen 4 meses. Por lo general, hablamos de países con una población inferior a seis millones y compartiendo fronteras complicadas.

La remilitarización ha hecho que algunos otros países hayan vuelto a sumarse al club: Lituania recuperó la obligatoriedad en 2015 (43% de quintos y 9 meses de mili); Suecia lo hizo en 2018 (6% y 11 meses de mili); Letonia lo ha hecho en 2023 (11 meses de mili, a partir de 2026); y el Parlamento croata acaba de aprobar la ley de vuelta al servicio militar obligatorio en 2027, pagando, eso sí, unos 1.100 euros al mes. Parece que seguimos con lo mismo, países pequeños en la frontera, pero no, porque el debate está llegando a los grandes. Así que la respuesta a la pregunta del titular es sí, está volviendo la mili. Sigue leyendo si quieres saber dónde y cómo.

¿Cómo se está argumentando esta progresiva vuelta a la mili? Se habla de incrementar los efectivos militares por el genérico aumento de la tensión mundial y la amenaza rusa; de poder reclutar a jóvenes con las capacidades cada vez más técnicas que hoy necesitan unas fuerzas armadas que, de natural, no pueden competir con el mercado laboral; de implicar a las nuevas generaciones (demasiado individualistas) en la Defensa; de educar en los valores de solidaridad, igualdad y equidad (sí, mujeres también); de defender la nación y la integridad territorial frente a agresiones enemigas (el pueblo en armas). El Parlamento europeo está calentando motores.

No son muchas las voces que se oyen pero sí son influyentes. Podríamos hablar de un lobby en favor de la vuelta del servicio militar obligatorio en Europa, que es como suelen empezar estas cosas: algunas gentes bien financiadas, conectadas e instaladas en los espacios decisorios van arrastrando al resto a una agenda que algún día será difícilmente rebatible. Una de esas voces es el ministro alemán de Defensa Boris Pistorius (Partido Social-Demócrata): ha dicho hace poco que “aunque había razones para suspender el servicio militar obligatorio, ahora nos damos cuenta de que fue un error”. Él propone, de entrada, que Alemania haga suya la iniciativa del ministro belga de Defensa, Theo Francken (Nueva Alianza Flamenca) de “forzar” el reclutamiento voluntario para, entre otras cosas, aumentar el número de reservistas. Y también se oye al ex-primer ministro finlandés Sauli Niinistö, que insiste mucho en que hay que recuperar la mili obligatoria para mejorar la capacidad de respuesta frente a la amenaza rusa. Niinistö ha dirigido la mayor investigación e informe de la Comisión Europea al respecto. Parte de ello es la encuesta llevada a cabo en 2025 en nueve países europeos que analizamos más adelante.

¿Qué variables entran en la decisión de tener o no una mili obligatoria? En la investigación doctoral que llevé a cabo hace ahora 25 años (Servicio militar obligatorio en el siglo XXI, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid 2003; también “El fin de la conscripción en Europa”, Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 97, 2002), analicé esta cuestión en doce países europeos sobre la base de una matriz de datos de diez variables, cinco relativas a la “razón de Estado” y otras cinco relativas a la “razón democrática”. En la comparación final, como se puede ver en el siguiente cuadro, Francia decidió el fin de la mili porque era perfectamente prescindible en un contexto de unas fuerzas armadas fuertemente profesionalizadas. España estaba en las antípodas, con una muy baja profesionalización y fuertes déficits, tanto en efectivos como modernización o gasto militar, y fuertemente dependiente de la mili. Aquí fue la alta movilización en términos de resistencia popular (imparable insumisión tirando de una masiva objeción de conciencia) y una firme oposición de la opinión pública y la sociedad civil quienes literalmente obligaron al fin de la mili a pesar de las graves consecuencias que, aún hoy, sufren las fuerzas armadas en términos de reclutamiento.

No vamos a entrar ahora en un detallado y muy tedioso análisis actualizado de las variables de la “razón de Estado”; tan solo apuntar que las “rapid action forces” o fuerzas de acción rápida, tan importantes entonces para justificar el fin de la mili en aras a una “profesionalizada intervención de paz”, se han deslucido mucho ahora al haber aumentado los riesgos propios, y la pretendida eficacia de la intervención, en unos conflictos armados donde mandan potencias militares sin escrúpulos. Lo que toca ahora es una disimulada (y deshonrosa) retirada exterior para pasar a reforzar la defensa del territorio nacional.

Entremos, mejor, en las variables en las que podemos tener algo que decir sobre la base de nuestra experiencia activista. Una de ellas, importante, es la opinión pública sobre la recuperación, hoy en día, de la mili obligatoria. Revisamos el reciente estudio publicado este mismo año 2025 por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. El ECFR (en inglés) es, en realidad, un think-tank (en castellano se traduce torticeramente como “grupo de expertos”) creado en 2007 aunando personas influyentes de partidos moderados de centro (digamos centro-derecha y centro-izquierda) en Europa. Por poner un ejemplo, un miembro destacado del Consejo de este organismo es Javier Solana, que fue secretario general de la OTAN y PESC de la Unión Europea.

En este gráfico podemos observar, en términos de población general, cómo Francia y Alemania se ponen a la cabeza a favor de recuperar el servicio militar obligatorio: 61% en Francia y 54% en Alemania. En el otro extremo (quitamos el Reino Unido de la ecuación por razones históricas), están Hungría y España: 32% y 36%. Obviamente, no es lo mismo Hungría, en zona peribélica, que una España en el extremo occidental y con tradición “neutral” en los conflictos mundiales, pero retengamos el dato.

Lo importante es la gran diferencia en apoyo a la obligatoriedad de la mili que hay entre los primeros países a favor y los segundos países en contra. Entrando en detalles que nos podrían aclarar las claves del apoyo a la mili obligatoria, observamos datos que no nos sorprenden: los hombres están más a favor que las mujeres, y la derecha política más que la izquierda. Al respecto de esto último, vemos que en Alemania la derecha del CDU/CSU se posiciona a favor en un 76% mientras que la izquierdista Linke se queda en el 25%; vemos que en Italia Fratelli d'Italia apoya en un 69% mientras que Partito Democratico se queda en un 25%; y vemos que en España VOX está en el 69%, PP en el 44% y PSOE se queda en el 25%. Todos los datos de esta encuesta en función de las distintas variables pueden ser consultados en https://datacollection.ecfr.eu/.

¿Y qué pasa con las generaciones jóvenes, quienes están entre los 18 y los 29 años y pueden ser quienes vivan el propia carne este cambio? Pues este grupo de edad, como parecería lógico, se muestra siempre más refractario a la idea. Pero no tanto como podríamos esperar: están a favor de la mili obligatoria un nada desdeñable porcentaje del 48% en Francia y un 41% en Rumanía. En el otro extremo están Alemania e Italia con un 18% y Hungría con un 19%. Nos sorprende España: 27%. Buscando una explicación a este porcentaje del 27% entre los más jóvenes en relación al 36% que vemos en la población general, cuando es evidente en todos los países que el apoyo a la mili aumenta sustancialmente con la edad, vemos que en nuestro país la oposición mayor está entre quienes hoy tienen entre 50 y 65 años, precisamente quienes vivieron con mayor intensidad la insumisión y objeción de conciencia de los noventa. Esto es algo que debería llevarnos a alguna reflexión como movimiento antimilitarista.

Seguimos en el siguiente capítulo con un repaso detallado a la evolución de esta cuestión en los diferentes países europeos, cuáles son los modelos que se están instalando, y cómo queda nuestro país en este nuevo panorama.

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