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Universidades españolas siguen colaborando con entidades vinculadas al estado de Israel y empresas del sector militar israelí

Por: (tortuga)

Laura Gutiérrez
Cadena SER

Universidades públicas y organismos públicos españoles están colaborando con una treintena de entidades israelíes que en muchos casos tienen fuertes vínculos con el Estados de Israel y con el desarrollo militar del país. Según los datos recopilados por la Red Universitaria por Palestina, estas universidades y organismos españoles participan en 38 proyectos vigentes a día de hoy que se iniciaron después del dictamen de la Corte Internacional de Justicia sobre Palestina, en julio de 2024, y de que la CRUE (Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas) pidiera paralizar este tipo de colaboraciones, hace también dos años.

Es más, desde mayo de 2025 esta Red ha constatado la firma de una docena de nuevos proyectos participados por universidades españolas y entidades israelíes. La Universidad de País Vasco participa en dos proyectos con Technion, que contribuye al desarrollo militar israelí con tecnología utilizada en operaciones militares; la Fundación CIDAUT de la Universidad de Valladolid trabaja con Hydrolite, que es filial de uno de los mayores contratistas militares del estado de Israel; y la universidad de Granada participa junto con Mellanoz Technologies, empresa con vínculos estratégicos dentro del ecosistema tecnológico israelí, en un proyecto para diseñar vehículos no tripulados para misiones de seguridad civil y vigilancia. Fuentes de esta universidad precisan que el consorcio europeo para este proyecto se constituyó varioss días antes de que este centro se planteara el tema de la aprobación de medidas en relación a los convenios suscritos con instituciones israelíes. Explican, además, que la empresa aunque de origen israelí fue adquirida por NVIDIA al 100% en 2020 y no cotiza en la bolsa israelí sino en el NASDAQ.

El análisis realizado por la Red Universitaria por Palestina de la actividad investigadora española con vínculos con entidades israelíes revela que el CISC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) encabeza el volumen de proyectos, acumulando 11 iniciados recientemente y 46 activos, seguido por universidades como la Politécnica de Madrid, con 6 nuevos y 10 en curso, y las universidades de Barcelona, Cataluña y Valencia, todas ellas con entre 4 y 5 proyectos iniciados y hasta 9 activos. En el tramo medio destacan la Universidad de Granada, Sevilla, Valladolid, Vigo y Zaragoza, todas con entre 3 y 4 proyectos recientes.

Consultada por esta emisora, la CRUE, la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas, guarda silencio sobre este asunto. "No nos es posible atender la petición", ha sido la explicación que hemos recibido de su responsable de comunicación. Desde la Red Universitaria por Palestina acusan a CRUE de seguir sin actuar. "La Conferencia de Rectores tiene la obligación de acatar el dictamen de la CIJ y lo tiene que hacer con su autonomía soberana porque las instituciones de CRUE están desobedeciendo la ley", afirma Daniel Jiménez, responsable del nodo de esta red en la Universidad de Zaragoza. Para Irina Fernández, portavoz de esta red en la UNED, la investigación de las universidades y organismos españoles en la que hay colaboración con Israel, especialmente en el caso de los proyectos tecnológicos, "va directamente vinculada a esa industria armamentística hiperdesarrollada del estado israelí con la que se cometen las atrocidades que hemos visto".

Fuente: https://cadenaser.com/nacional/2026...

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Familiares de fallecidos en la mili se organizan para buscar justicia: 'Lo peor es no saber qué les pasó'

Por: (tortuga)

Pol Pareja

La última vez que Berta Gómez habló por teléfono con su hermano Joan, él le contó que le perseguían. Al día siguiente, de noche, le comunicaron que estaba hospitalizado con una muerte cerebral en Zaragoza. Le dijeron que se había suicidado, pero nunca ha sabido qué ocurrió exactamente.

“Durante décadas no le hablé a nadie de esa conversación”, recuerda sentada en un hotel de Sant Cugat (Barcelona). “Ni siquiera mis padres o mis hermanos lo sabían”.

Después de años de silencio, Gómez acabó desvelando que había tenido esa conversación con su hermano pocas horas antes de morir. Lo hizo tras reunirse con otras personas que, como ella, perdieron a un hermano o a un pariente cercano mientras hacían el servicio militar.

Al menos 1.900 jóvenes murieron haciendo el servicio militar en período democrático. La cifra no incluye las muertes en la mili durante el franquismo. Tampoco los suicidios al regresar a casa debido a los traumas sufridos ni los fallecidos en permisos o en accidentes de tránsito yendo o volviendo de los cuarteles. Algunas estimaciones calculan que podrían haber perdido la vida hasta 4.000 personas.

Ninguna de esas familias ha sido reparada ni, en muchos casos, informada de las causas reales de la muerte. A algunos les dijeron que sus parientes se habían suicidado, otros que murieron en un accidente o simplemente les informaron del fallecimiento sin precisar las causas.

Un documental de TV3 pone en contacto a las familias

Hace unos meses, dos periodistas de TV3 sentaron a Gómez en una mesa de una masía de Viladrau (Girona) junto a Mònica Muntada, Cristina Aymerich y Francesc Robelló. Ellos también perdieron a un hermano en la mili. “No nos conocíamos de nada, pero nos tiramos más de cinco horas charlando”, rememora Aymerich.

Todos se dieron cuenta de que sus historias familiares guardaban paralelismos: el luto mal cerrado, el desgarro y el silencio en casa atravesados por el estigma del suicidio. La falta de detalles sobre lo ocurrido, las preguntas sobre lo sucedido.

“Fue liberador, terapéutico y reparador”, añade Muntada, que confiesa que lo más duro de estos años ha sido no saber qué le pasó exactamente a su hermano.

Narcís, el hermano de Francesc Robelló, fue encontrado en un despacho con un abrecartas clavado en el corazón. Les dijeron que se había quitado la vida, pero su hermano dice que es imposible. “Sus cartas mostraban ilusión y ganas de vivir”, rememora Francesc. “Lo del suicidio nunca me lo he creído”.

El resultado del encuentro en Viladrau, y de una ardua investigación periodística, ha sido el documental Et faran un home. Morts silenciades, que pone el foco en los miles de jóvenes que perdieron la vida o se suicidaron haciendo la mili. Un drama silenciado, no reconocido y cuya opacidad llega al punto de que ni siquiera hay un recuento oficial de víctimas.

Los protagonistas del documental han decidido aunar esfuerzos y organizarse para intentar buscar justicia. Han puesto en marcha el Grupo de Apoyo de Familias de Víctimas de la Mili y han abierto un correo (veu.victimesmili@gmail.com) para recoger casos y testigos de familiares en una situación similar a la suya.

“Queremos saber qué pasó, que se investigue”, apunta Mònica Muntada, cuyo hermano Martí se suicidó un lustro después de regresar del servicio militar. Muntada busca compañeros que compartieran el servicio con su hermano para entender qué fue lo que ocurrió durante esos meses. “Volvió siendo otra persona, con otra mirada”, rememora.

El objetivo último de estos familiares es que se cree una comisión de investigación sobre los miles de muertos en el servicio militar y, a su vez, que el Ministerio de Defensa facilite más información a los parientes de los fallecidos.

“No puede ser que no haya nada”, lamenta Cristina Aymerich. Su hermano se marchó a Melilla en agosto de 1993 para hacer la mili. Apenas un mes después les llamaron para comunicarles que se había suicidado. “En casa estuvimos más de diez años sin hablar del tema”, explica. “La culpa era tan grande que silenció cualquier conversación”.

Opacidad sobre las causas y el número de muertes

Tanto los familiares de los fallecidos como los investigadores del documental han constatado la opacidad de los archivos del servicio militar, hasta el punto de que veteranos documentalistas que colaboraron con la cinta constataron la dificultad para obtener datos.

“¿Cómo puede ser que no conste en ningún sitio que un chico de 20 años haya ido al servicio militar y no haya regresado?”, abunda Aymerich, que llegó a desplazarse personalmente a Melilla para obtener más información sobre la muerte de su hermano.

La emisión del documental ha roto en Catalunya un silencio prolongado. Una veintena de familiares ya se ha puesto en contacto con este grupo para trasladarles experiencias similares o, incluso, hablar del tema por primera vez. Los parientes confían en que la llamada llegue ahora al resto del país y se logre hacer presión.

En el Parlament, por ahora, los grupos de Junts, ERC, Comuns y CUP han registrado una propuesta de resolución para exigir a la Sindicatura de Greuges (el Defensor del pueblo catalán) que esclarezca los hechos denunciados en el documental. Piden, a su vez, que el caso llegue al Defensor del Pueblo para que se lleve a cabo una investigación “exhaustiva e independiente a escala estatal” sobre lo ocurrido.

Los familiares de las víctimas se muestran optimistas ante el revuelo generado. “Ha sido un proceso agotador, pero ver que nuestra historia ha llegado al Parlament nos ha dado un poco de esperanza”, remacha Robelló. “La sensación es que ya no estamos nosotros solos”, añade Gómez.

En lo que coinciden todos ha sido en el poder transformador que ha supuesto conocer a otras personas en una situación similar. “Ha habido un antes y un después del documental”, explican los cuatro. “La soledad de estos años ha sido muy opresiva, ahora como mínimo podemos compartir nuestro luto”.

Fuente: https://www.eldiario.es/catalunya/f...

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A los 40 años del referéndum OTAN: Repensar la movilización pacifista (parte I)

Por: (tortuga)

El 12 de marzo se cumplirán 40 años desde que se celebró el referéndum promovido por Felipe González sobre la permanencia de España en la OTAN. Era una época doblemente grave en lo que hace a la paz y la guerra, tanto por el contexto internacional de inseguridad global y paz fría como por el contexto interno de militarismo y pretorianismo del ejército español.

Paradójicamente, si reconstruimos aquel panorama con datos de SIPRI u otros informes de la época, el mundo actual luce más sombrío, desafiando nuestra intuición nostálgica de que el mundo de los 80 del siglo XX era peor que el de los años 20 del siglo XXI y confirmando la sospecha de una pétrea continuidad que responde a un mismo paradigma de fondo y a una remilitarización planificada, con raíces en las políticas neocoloniales y ultraliberales Reagan-Thatcher y acelerada por multipolaridad caótica y la ansiedad por el dominio estratégico ante la aceleración de los signos de agotamiento del sistema capitalista y del desbordamiento de múltiples crisis globales.

El contexto de paz fría de 1986

Aunque sea una simplificación muy esquemática, creo que las principales características de los años 80 y del propio año 1986 en lo que se refiere al tema de la paz eran las siguientes:

  • Había un contexto de confrontación global (es decir, por medios militares y no militares) conocido como «guerra fría»; con dos bloques militares enfrentados y altamente armados, empeñados en una carrera militar tecnologizada (misiles intercontinentales y escalada nuclear, submarinos nucleares, guerra de las galaxias, etc. que perseguían una doctrina suicida de disuasión basada en la capacidad de destrucción mutua asegurada; y con un enorme incremento del gasto militar que detraía recursos para consolidar el poder militar de cada bloque (condicionando y lastrando el resto de políticas públicas, sobre todo las que tenían que ver con la verdadera seguridad humana).
  • A ello se sumaba el despliegue de misiles nucleares y de un contingente militar espectacular a ambos lados del llamado t«elón de acero», así como una percepción colectiva de inseguridad militar global, dos elementos que alimentaban (y eran usado como justificación) el militarismo y el clima de crisis permanente y daba espectaculares oportunidades para el desarrollo de complejos militares más interesados en promover sus cuentas de resultados que en el diálogo o la paz entre los pueblos.
  • Además, las grandes potencias evitaban la confrontación directa, pero alimentaban los conflictos militares y guerras «indirectas» en países terceros y de mayor o menor intensidad.
  • Vivíamos en pleno apogeo los efectos de las políticas ultraliberales del ciclón Reegan y de la no menos ultra Tatcher, profundizadas y empeoradas a partir de entonces hasta la fecha.
  • Existía un tercer bloque de países que querían salir de las redes perversas de estas lógicas y promover políticas no alineadas y de avance en otro tipo de paz menos militarizada.

En lo que se refiere a España, jugaba de facto un papel integrado en el entramado occidental: a los acuerdos del franquismo para la cesión de bases a EEUU (Rota, Morón, Torrejón de Ardoz, Zaragoza y Bardenas Reales) se sumaba el papel «alineado» de la política militar española con la del bloque occidental, la consideración del pacto de Varsovia y de su país promotor como enemigos innegociables y la subordinación del armamento, logística y doctrina militar, etcétera a las tecnologías, licencia y directrices principalmente de EEUU (también de Francia, Alemania e Italia en cuanto a determinados armamentos).

Soportábamos una presencia muy descarada del ejército en la vida pública, marcada por amenazas constantes e intentos de alzamiento militar (y no sólo la irrupción del teniente coronel Tejero en el Congreso de los Diputados en febrero de 1981), una extrema derecha activa en la violencia callejera y que generaba ruido reclamando la intervención militar para« salvar a España».

Además, desde octubre de 1981 España formaba parte de la OTAN, completando así el alineamiento a las políticas militares de EE. UU.

Por entonces no existía un «índice global de paz» como existe ahora. Tal índice sólo existe desde 2007. Pero sí circulaba infinidad de informes y datos que nos permiten hacer una comparación muy aproximada ente lo consignado entonces y lo que reflejan los actuales índices globales de paz.

Una comparación

Respecto de los principales parámetros mundiales de confrontación militar, el año 1986 registraba según el SIPRI entre 35 y 40 conflictos armados de diversa intensidad (Afganistán, Congo y Nepal, Sierra Leona, Chechenia, Burundi, entre los principales), el gasto militar mundial (en dólares constantes) estaba situado en 1,19 billones y en cuanto a la seguridad y percepción de paz, analizados los 13 parámetros que contempla el índice global de paz, era sencillamente malo, con altos índices de criminalidad (que luego descendieron) en américa latina, EE.UU y Europa, etc. y crecientes desatenciones a necesidades básicas de toda índole.

La situación era terrible y las poblaciones de Europa, a uno y otro lado del río Rin, de verdadero cautiverio, rehenes de la lógica de guerra, del militarismo de la época y de la construcción cultural del clima de guerra por todos los medios (y no solo el militar).
En 2026 los conflictos armados y guerras en el mundo se cifran entre 59 y 61, con más de 86 países involucrados en ellos, el gasto militar mundial (igualmente en dólares constantes) es de 2,72 billones de dólares (un 126% más que entonces) y 181 países han aumentado su gasto militar y su militarismo en 2025, aumento que sigue una línea ascendente desde hace más de 10 años (es decir, que ni es de ahora, ni únicamente atribuible a que Trump esté loco, sino fruto de un planificado proceso con muchos más colaboradores y ramificaciones). Y por si faltara algún ingrediente, los últimos tratados de control de armamento nuclear han vencido por completo y no parece probable que se reinicie una nueva ronda de renegociación. Podemos ver esta situación en el cuadro siguiente:

Por lo que respecta a España nos hemos situado en los puestos principales de los ránquines mundiales de obscena promoción gubernamental de la guerra, aunque el PSOE de Felipe González y Solana ya apuntaba maneras en 1986, como, muestro en la siguiente tabla:

Podríamos introducir otros parámetros más que demuestran que estamos peor, más endeudados, que soportamos más contaminación por la actividad militar, y que el riesgo de vernos involucrados en una confrontación violenta no querida por nadie son mayores.

Tendencia suicida y despertar de la conciencia

De los datos expuestos se desprenden múltiples lecturas, pero tres resaltan con crudeza desde una mirada crítica: primero, la preparación de la guerra y la "paz fría" se han afianzado como eje rector de la política global, eclipsando cualquier alternativa; segundo, la violencia -ya sea directa, cultural o estructural- se ha erigido en la lógica última de un mundo construido con irresponsable ceguera; y tercero, la seguridad humana y ecológica ha retrocedido de forma alarmante, con amenazas de hace 40 años que no solo persisten, sino que se han multiplicado exponencialmente.

La guerra, en su dimensión estrictamente militar o en sus formas proxy e híbridas, actúa como el reverso inseparable del capitalismo: una cara bifronte que se desdobla en capas de dominación -desde la violencia abierta hasta la simbólica- y que hoy se ha sistematizado en una maquinaria compleja donde el militarismo dicta los ritmos, modela los valores y organiza las acciones y los propios deseos.

De este modo el militarismo va más allá del desborde del Ejército en la vida civil; es la propia lógica amigo/enemigo que organiza recursos, imaginarios y prácticas cotidianas y que atraviesa los Estados en su propia médula, sean estos «de derechas» o de «izquierdas». Y esto no obedece a un pirómano solitario al mando de la manguera, sino a un vasto entramado de complicidades silenciosas, torpezas deliberadas, renuncias calculadas y omisiones que han cocinado el clima bélico actual.

Un complejo que hemos naturalizado prestándole nuestro propio consentimiento.
Edmund Burke lo intuyó en el siglo XVIII, mucho antes de Hitler, Franco o los Trumps y Putin de turno: "Lo único necesario para que el mal triunfe es que los buenos no hagan nada".

La experiencia de las luchas noviolentas -desobediencia civil, insumisión, boicots, objeción fiscal o científica, y toda la caja de herramientas desplegada por esta- lo corrobora con creces. Como sentenció un referente de estas resistencias: «lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena». Ahí radica lo más luminoso y esperanzador que aún nos queda: la operatividad de la negativa en conciencia a colaborar con este estado de cosas y la resistencia firme frente a todo ello que sigue eligiendo tanta gente dispuesta a poner en la balanza otras razones distintas al puro cálculo sumiso.

Despertar la conciencia de la gente buena para que no guarde silencio y pase de la pasividad a la acción resulta, como siempre ha ocurrido desde que el mundo es mundo, nuestro principal instrumento de cambio y nuestro reto más acuciante.

Dos diferencias

Pero ¿Cuáles son las principales diferencias del momento que vivimos respecto del que movilizó la energía por la paz de los años 80 del siglo XX?, ¿cuál es la fractura principal ante esta deriva suicida?

Dos, a mi juicio. Primero, la autosuficiencia con que las mayorías devoran los relatos del poder: una normalización progresiva de valores militaristas, del miedo como pegamento identitario y de la promesa capitalista de una "patada adelante" que nunca llega. Segundo, la tibieza de las plataformas teóricamente transformadoras: menos movilización capilar, menor penetración en una sociedad cada vez más delegativa y pasiva.

Frente a un panorama infinitamente más grave -que debería encender indignaciones masivas-, la gran diferencia con 1986 radica en el desconcierto y el sopor actuales: menor movilización social, un horizonte de sentido más desconcertado y una energía política más fatigada que los que caracterizaron aquellos tiempos.

Durante los años 80 y de la mano de un «movimiento por la paz» difuso y plural a escala mundial (y también entre nosotros) el dibujo de la paz a la que se aspiraba y que movilizaba amplias corrientes sociales pasaba por la reversión de las políticas de enfrentamiento y de guerra fría, por la desobediencia al militarismo y la movilización de un ciclo de lucha social inédito y por el dibujo de una idea de paz estructural y cultural que imponía nuevos modelos de defensa y aspiraciones de desarrollo y seguridad verde, feminista, antimilitarista, anticolonial, ...

En este pequeño apéndice-retaguardia del bloque occidental, y entre nosotros, ese pacifismo social, movilizado por las articulaciones más alternativistas y por los múltiples enfoques «rojos», sindicalismos de clase, movimientos religiosos, culturales, barriales, etc. fue capaz de protagonizar algunos de los ciclos de lucha social por la paz más potentes y ( como se pide ahora por las nuevas teorías y jergas laclaunianas que por entonces ni siquiera leíamos) interseccional, transversal, capilar y capaz de afectar a la propia metodología de acción política, a la cultura popular y de dinamizar el empuje de la sociedad en aspiraciones de paz inéditas y alejadas del militarismo.

No evoco nostalgia por "tiempos mejores", ni idealizo aquellos ciclos que también contaron con sus fracturas, dogmatismos y celadas internas. Pero sí afirmo que su elasticidad creativa, su capacidad para apelar a la conciencia colectiva y galvanizar energías transformadoras era cualitativamente distinta a la actual.

Y hoy, ese pábilo titila con fragilidad; urge avivarlo con la misma audacia que entonces, antes de que el silencio nos condene del todo a la resignación o al cinismo y veamos como de vez en cuando nos dan un caramelo (como fue el del supuesto embargo de armas a Israel) para que algunos partidos instrumentalicen la lucha por la paz para reivindicar su esencial papel negociador con el voraz poder militarista, dando con una mano lo que con la otra nos quitan.

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Mambrú no fue a la guerra: 45 años desobedeciendo

Por: (tortuga)

Replicamos hoy, íntegro, el texto del 4 de febrero con el que el Colectivo Mambrú, de Zaragoza, celebra sus primeros 45 años desobedeciendo. Lo celebran con el texto que sigue, con la invitación a un acto y con un enlace a la primera publicación de Mambrú.

Muchas felicidades. Enhorabuena y un sentido abrazo.

Política Noviolenta


Y van cuarenta… y cinco.

Este invierno, mientras los amos del dinero —que no de nuestras vidas, pues son solo nuestras— se esfuerzan por empobrecer el mundo y militarizarlo, nuestro colectivo Mambrú cumple 45 años de vida desobediente y 40 la publicación antimilitarista de la que tomamos su nombre tras conseguir acabar con la mili.

El antiguo COA (Colectivo de Objeción y Antimilitarismo) nació en noviembre de 1980 junto al desaparecido CAN (Colectivo para una Alternativa Noviolenta). Ambos surgieron del primigenio Grupo de Objetores de Zaragoza, que comenzó su andadura hacia 1973. Con el COA creamos el fanzine antimilitarista Mambrú, una humilde revista aragonesa de contrainformación editada por primera vez en diciembre de 1985.

Esta publicación se convirtió en el órgano ‘oficial' de un floreciente Movimiento de Objeción de Conciencia en el Estado español (el MOC), cuya fundación en 1977 contó con la contribución de integrantes de nuestro grupo. Hoy, aquella vieja revista es un medio de expresión digital para el aprendizaje de la noviolencia que sirve de altavoz a la resistencia civil de todo el planeta, una multitud de experiencias pacíficas, muchas de ellas ignoradas, que os contamos con orgullo y admiración.

Si miras atrás… la lucha histórica por la objeción de conciencia frente a los cuarteles de la dictadura franquista, la insumisión en una democracia que la llaman así y no lo es, la autoorganización antimilitarista, tenaz, valerosa, dentro y fuera de sus cárceles hasta acabar con el servicio militar obligatorio y la prestación sustitutoria, la desobediencia civil sin fronteras contra los señoros de la globalización neoliberal, talleres y más talleres de educación para la paz, contra la economía de guerra y la precarización social, la denuncia de los crímenes y la represión en Bosnia, Irak, Palestina, Siria, Ucrania, Venezuela, Irán, Mineápolis…

Un suma y sigue de guerras, invasiones racistas y coloniales, dictaduras, estados policiales… Pero también una carrera ilusionante por mejorar la condición de la humanidad, por ofrecer herramientas noviolentas a los movimientos civiles para oponernos a las injusticias y divulgar alternativas a la defensa armada y la autodestrucción humana y medioambiental.

Mambrú es cientos y cientos de acciones directas coherentes, transformadoras y divertidas —¿por qué no cambiar el mundo con alegría?— para defendernos de quienes dicen defendernos, aunque en verdad solo defiendan, a sangre y fuego, capitales, imperios y privilegios. A lo largo de todo este tiempo compartido nos ha movido la convicción de que el camino que seguimos es un espejo del destino; por eso, nos esforzamos para que nuestros métodos sean siempre coherentes con nuestros fines, con el mundo que deseamos vivir. No queremos esperar al futuro para ser libres, queremos que nuestras formas de actuar ahora sean ya un reflejo de ese mundo nuevo que llevamos en nuestros corazones.

Somos un puñado de gente dispuesta a frenar la apología de la guerra, que cuestiona la normalización de la violencia y la dominación estructural, que trata de prevenirnos de nuevas y mortíferas guerras o de la represión cotidiana superando la idea de que la seguridad requiere de ejércitos, autoritarismo, jerarquías, rearme, obediencia ciega…

Se dice que quien controla el pasado controla el futuro, y quien controla el presente controla el pasado. La nuestra es una lucha contra el control del tiempo vivido y por vivir, también contra la indiferencia y el olvido que perpetúa las causas y agrava las consecuencias de los problemas a los que nos enfrentamos. Celebramos nuestra memoria, reflexionando sobre el ayer para imaginar, y construir, un mañana de justicia. Somos un pequeño colectivo haciendo cosas pequeñas para cambiar el mundo.

Por ello, y porque cuidar la memoria antimilitarista es imprescindible para cuidar una sociedad que urge desmilitarizar, te invitamos el viernes 13 de febrero a una jornada de debate y reencuentro. Ese día, celebraremos, a las 18.30 h en La Pantera Rossa (San Vicente de Paúl 28), un cineforum con «Te harán un hombre», de Mireia Prats y Joan Torrents. Un documental que increpa a la sociedad sobre la normalización de la violencia militarista, la impunidad del ejército español y la ausencia de transparencia institucional en una democracia bajo la sombra de la dictadura franquista.

La película cuenta en primera persona los abusos que sufrió la juventud durante el servicio militar español, un maltrato institucional que podría repetirse en el caso de implantarse de nuevo aprovechando el impulso bélicista que vivimos y con el pretexto de fortalecer la seguridad europea.

Nos gustaría vernos, reflexionar juntas, sonreírnos de nuevo y seguir imaginando contigo otra existencia, ¿te vienes?

Fuente: https://www.politicanoviolenta.org/...

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Los jóvenes españoles no quieren ser soldados: El ejército español tiene casi un millar menos de efectivos que hace un año

Por: (tortuga)

España tiene menos militares que hace un año y no consigue seguir el ritmo de Europa: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”

Miguel Moreno Mena

Los jóvenes siguen sin atender la llamada para unirse al Ejército, y las Fuerzas Armadas sufren las consecuencias. El número de militares, lejos de crecer con el paso de los años, como sería necesario para cumplir con los compromisos internacionales, sigue disminuyendo. Los últimos datos del BOE, publicados el pasado 6 de enero, muestran una reducción de 823 profesionales.

Por el momento, los números no cuadran. La última convocatoria de plazas de tropa y marinería es de 4.500 plazas, pero hay que tener en cuenta los militares que abandonarán el ejercicio a lo largo de 2026. El secretario general de AUME, Iñaki Unibaso, tiene claro cuál es el problema: “Los jóvenes no quieren formar parte de las Fuerzas Armadas”.

La dificultad para atraer a los jóvenes no adelanta un escenario muy positivo. Hace dos meses, el Observatorio de la Vida Militar alertó sobre el descenso del interés por la carrera militar. La ratio de solicitantes por plaza cayó de 27,9 en 2013 a 4,2 en 2024. El organismo advirtió que esta tendencia es “muy preocupante”. En esta misma línea argumentaba Unibaso, al ser preguntado por Infobae: El portavoz de la asociación señalaba que los jóvenes no quieren ir al Ejército, y que “los que tenemos se marchan para encontrar una mejor situación laboral”.

El problema del número de militares

La cumbre de la OTAN celebrada en La Haya en el mes de agosto dejó muchos titulares sobre la inversión en Defensa. Pedro Sánchez fue el principal opositor a alcanzar el 5% del PIB, recibiendo las críticas de Donald Trump por ello. Meses después, el Gobierno y la Alianza aseguraron que España había llegado al 2,1%, primera cifra acordada. No obstante, este no fue el único asunto al que se comprometió el Ejecutivo. Como adelantó El País, España habría aceptado sumar 14.000 militares de cara a 2035.

Conociendo la información más reciente, este pacto, aunque con margen de maniobra, resulta complicado de alcanzar. El último dato del BOE muestra que España ha pasado de tener 129.128 militares a 128.305, lo que supone una reducción de 823. Aunque la caída no es muy grande, teniendo en cuenta el número total, revela la dificultad para encontrar la fórmula con la que dar la vuelta a la situación y aumentar el número. Para 2029, se deberían haber sumado 7.000 efectivos al total del Ejército.

Comparación con Europa

Al observar otros países del continente, queda claro que España no está avanzando con sus Fuerzas Armadas al mismo ritmo, en lo que se refiere a efectivos disponibles. Francia y Alemania, aunque es cierto que cuentan con una mayor población, superan con creces el número de militares, llegando a 264.000 y 184.324, según los datos más recientes de sus organismos públicos. Esto significa que Francia ha logrado mantenerse con respecto al año pasado, mientras que Alemania ha sumado unos 1.000 soldados.

En el caso de Italia, tiene un total de 165.000 soldados. Polonia es el caso más exagerado, por su cercanía con Rusia, con su plan de llegar a medio millón de militares y ser el Ejército líder de Europa. Por otro lado, más allá del número total, en los últimos meses Francia, Bélgica o Alemania han recuperado el servicio militar. En principio, es de forma voluntaria, pero ofreciendo un salario a cambio. Además, el canciller alemán, Friedrich Merz, aseguró que, de no llegar al número necesario, podría llegar a ser obligatorio. En el caso de España, la vuelta de la mili como solución sigue resultando inviable.

Fuente: https://www.infobae.com/espana/2026...

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El combustible de uso común para el ejército español contamina lo mismo que una ciudad como València o Sevilla

Por: (tortuga)

La Junta de Contratación del Ministerio de Defensa ha publicado la licitación para un contrato de suministro de combustible líquido para el ejército con plazo de duración de 36 meses y presupuesto de 1.476,15 millones de euros.

¿Cuántos litros y cuántas emisiones son 1.476 millones de euros de combustible?

Pues lo cierto es que no lo conocemos, porque en la actual publicación de la licitación no aparecen los pliegos de condiciones de los que podríamos sacar algunas conclusiones.

De nuevo nos toca hacer estimaciones.

¿Cuántos litros puede abarcar este contrato?

Pues ello depende del precio por litro. Como se trata de un contrato con once lotes con distintas categorías de combustible, las cosas se complican a falta de información, pero sí podemos hacer una doble comparación: una, con los contratos que para años previos licitó Defensa en función del Convenio marco firmado para suministro. Y dos, con los contratos de suministro de combustible fósil de AENA.

Así las cosas, en 2022, el más reciente en el que contamos con un contrato de suministro para Defensa, el ministerio estimó un consumo de 206 millones de litros anuales para un suministro mucho menor que el actual, con un importe litro de aproximadamente 0´60 euros.

Digamos de paso, para aclarar un precio tan lejano del común de los mortales, que conforme a la ley 38/1992 de 28 de diciembre. El combustible para uso militar (de aquí o de la OTAN) no paga impuestos. Creo que no es la primera vez que indico que Defensa no paga impuestos y, por tanto, sus retornos son bastante pobres y dañinos para la sociedad (en este caso nos retorna contaminación y emisiones, pero no contribuye a sostener las necesidades sociales, sino que nos endosa el coste de su actividad sin preguntarnos por nuestras opciones o preferencias).

Por otra parte, los precios actuales de queroseno (Jet A-1) para los grandes aeropuertos españoles está rondando los 0,58-0,69 euros/litros descontados impuestos.

Vamos a ser generosos en nuestras estimaciones y a suponer que defensa, por su cara bonita, pagará el litro a 0´70 euros en el actual contrato.

La operación para saber cuántos litros de combustible puede importar esa millonada de contrato se nos ha simplificado. Estimemos que al precio de 0´7 vayan a quemarse al menos 2.108´6 millones de litros de combustible. Una verdadera burrada.
Bien, nos vamos acercando al objetivo.

¿Y cuantas emisiones provocan 2.108,6 millones de litros de combustible?

Pues usando otra nueva comparación de nuevo (daos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica) cada litro de gasolina de la que usan los coches emite 2,6kg de CO2, lo que nos arroja que la emisión será de aproximadamente 6´8 millones de toneladas de CO2 para el contrato que nos traemos entre manos.

Horror. Menuda huella ecológica.

De nuevo acudimos a otra estimación. La del consumo de los coches.

Si tomamos cono referencia el consumo de un coche medio en España (12.500 km/año y 6´5 litros a los cien kilómetros, podemos estar ante un consumo equivalente a más de 2.700.000 vehículos durante un año, o de la emisión media e CO2 que provocan más de 4.000.000 d vehículos.

Claro, que hay otra manera de verlo y, por comparación, estimar que equivale al consumo del 35% del combustible e Madrid al año (según el inventario de contaminantes a la atmósfera del propio ayuntamiento), de un poco más de lo que emite al año Sevilla o Valencia (según informes de sostenibilidad de ambas ciudades) o el de casi 4 veces al año el de una ciudad media como Valladolid.

Las emisiones de combustible fósil, con todo, ni son las únicas ni las más graves de la nociva actividad del ministerio. Al parecer la preocupación del mismo es alta y han anunciado que realizan estudios rigurosos sobre su propia huella ecológica, si bien, hasta donde se sabe, estos deben ser alto secreto de estado y el común de los mortales no tenemos acceso al desaguisado.

De modo que razón de más para pedir luz y taquígrafos porque resulta paradójico ese modo de proporcionarnos seguridad que tiene el tinglado de la defensa, consistente en provocarnos una inseguridad global evidente y, para colmo, contaminarnos con la nocividad y peligrosidad de su acción.

¡Pues ya lo tenemos!

Defensa no sólo no nos defiende de nada, sino que, frente a la ilusoria prédica de la ministra del ramo de que nos aporta ingentes retornos sociales, se confirma que en realidad si, pero de efectos negativos: ni aporta para sostener las necesidades sociales (dado que está exenta en sus compras y actividades del pago de impuestos, ni ayuda a la mejora del medio ambiente, sino que empeora las cosas con emisiones venenosas que nos perjudican muy gravemente.

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Antonio Escalante: 'La juventud tiene que organizarse ya para plantar cara a la militarización'

Por: (tortuga)

Ismael Juárez Pérez

A veces, un gesto pequeño explica mejor un compromiso político que muchos discursos. Antonio Escalante quiso empezar por ahí. Durante su reciente visita a Asturias, invitado por el Conceyu Abiertu pola Paz, un gesto espontáneo del fotógrafo Pablo Lorenzana —acudir sin que nadie se lo pidiera con cables y baterías para ayudarle a resolver un problema urgente— le permitió salir de un apuro. Para Escalante, esa forma de ponerse en el lugar del otro dice más sobre cómo transformar la sociedad que muchas consignas.

Nacido en Madrid, con tres años de vida en Asturias y desde hace más de tres décadas residente en Vitoria-Gasteiz, Escalante forma parte del colectivo antimilitarista Gasteizkoak. Es uno de los impulsores del libro Conversión de la industria militar en Euskal Herria. Para no fabricar más guerras (ZAPateneo kultur elkartea), donde analiza el crecimiento de la industria armamentística y propone su reconversión en producción civil de utilidad social. Coincidiendo con las presentaciones del libro, la web del colectivo ha sido recientemente hackeada y permanece inoperativa.

El libro pone el foco en la conversión de la industria militar. ¿Por qué defiende que este debate es hoy más urgente que hace quince o veinte años?

Porque la propuesta de conversión que planteamos ahora no es la misma que se hacía entonces. No hablamos solo de pasar de una producción militar a una civil, sino de una conversión hacia una producción civil de utilidad social que, además, cuestione el sistema productivo. Desde el antimilitarismo nos dimos cuenta de que durante años cometimos dos errores importantes. El primero fue considerar a las plantillas de las empresas militares como parte del enemigo. No eran el enemigo principal —ese papel corresponde a empresarios, accionistas e inversores—, pero tampoco las veíamos como aliadas. Hoy defendemos justo lo contrario: las trabajadoras y los trabajadores son protagonistas imprescindibles del proceso de conversión, porque conocen las capacidades técnicas, los materiales y las posibilidades reales de producción alternativa. El segundo error fue una visión muy estrecha del antimilitarismo. Nos especializamos en detectar el militarismo, se disfrazase como se disfrazase —uniformes, policía, ideología en las escuelas—, pero perdimos de vista que nuestras sociedades tenían otros problemas estructurales igual o más graves.

¿A qué problemas se refiere cuando habla de esa visión limitada?

A los colapsos múltiples que atravesamos hoy: ecológicos, medioambientales, de materias primas, de cuidados, de sostenimiento de la vida. No podíamos plantear una conversión industrial que no tuviera en cuenta todo eso. Todos esos colapsos tienen un elemento común: un sistema productivo capitalista que los genera y los reproduce. Por eso nuestra propuesta no puede ser sectorial ni exclusiva del antimilitarismo. Tiene que construirse desde los movimientos populares en su conjunto. El feminismo tendrá que definir cómo situar los cuidados y la vida en el centro; el ecologismo tendrá que plantear qué producir y cómo hacerlo sin repetir los mismos errores; y el sindicalismo tendrá que jugar un papel clave dentro de las fábricas. No vale pasar de fabricar tanques a fabricar molinos de viento sin más, inundando montes y territorios con nuevas infraestructuras que reproducen el mismo modelo extractivo. Eso no resuelve nada.

¿Por qué proponen empezar precisamente por la industria militar y no por otro sector?

No decimos que tenga que empezar necesariamente ahí, pero creemos que es un buen punto de partida por dos razones muy claras. La primera es que la industria militar es el único sector que vive exclusivamente de presupuestos públicos. No vende a particulares: vende a estados y gobiernos. Es decir, funciona con nuestro dinero, vía impuestos. Si ponemos el dinero, deberíamos tener capacidad de decisión sobre su uso. La segunda razón es que se trata de una producción cuya inutilidad social es evidente. Las armas solo sirven para dos cosas: para la guerra o para el desperdicio. O se utilizan para matar o se almacenan hasta que se deterioran y se tiran. Desde el punto de vista social es una producción absolutamente improductiva.

El lobby armamentístico y el miedo a la guerra

¿Qué factores explican que en las últimas décadas haya aumentado tanto el número de empresas vinculadas a la industria militar?

En el libro analizamos cómo, a principios de este siglo, el lobby militar-industrial europeo empezó a organizarse de forma sistemática. Venía de unos años de caída del gasto militar y decidió copiar el modelo estadounidense. En torno a 2003 o 2004 se crea la principal organización de lobby armamentístico europeo y, a partir de ahí, comienza un proceso muy bien documentado de influencia directa sobre las instituciones comunitarias. No es conspiranoia: hay informes, estudios y documentos oficiales que muestran cómo la Unión Europea, que durante años se negó por principios a financiar la industria militar, ha ido cambiando su política. En apenas quince años se ha pasado de no apoyar este sector a crear presupuestos propios, comisiones específicas y mecanismos de financiación a través del Banco Europeo de Inversiones y de la banca privada. Todo ello acompañado de un discurso que intenta legitimar ese giro.

¿Qué papel juega el miedo en ese cambio de discurso?

Un papel central. Para que ese rearme no fuera rechazado socialmente, se ha instalado un mensaje constante: “viene la guerra”. Se repite una y otra vez, aunque nunca se aclara quién es exactamente el enemigo. Ese miedo sirve para justificar recortes en otros ámbitos y para diluir debates fundamentales sobre los verdaderos problemas que tenemos como sociedad y como humanidad.

Frente al argumento de que la industria armamentística genera empleo y desarrollo, ¿qué alternativas reales de producción de utilidad social plantean?

Lo primero es desmontar ese argumento con datos. La inversión en industria militar genera menos empleo que la inversión en otros sectores. En el libro citamos varios estudios. Por ejemplo, uno de 2017 del Instituto de Economía Política de la Universidad de Massachusetts señala que por cada millón de dólares invertido en defensa se crean 6,9 empleos. Si ese mismo dinero se invierte en energías limpias, se crean casi 10; en sanidad, más de 14; y en educación, más de 19. Además, se habla de “industria de defensa”, pero al menos en el Estado español el 70% de la producción se exporta. Si se exporta al 70%, ¿a quién se está defendiendo? En un contexto en el que ni siquiera está claro quién es amigo y quién enemigo, ese argumento se cae por su propio peso.

Lenguaje, juventud y futuro del antimilitarismo

En el libro rechazan el concepto de “industria de defensa” y hablan de “producción para el desperdicio y la guerra”. ¿Por qué es tan importante disputar el lenguaje?

Porque se intenta cambiar la realidad cambiando las palabras. No es una industria de defensa si vende la mayor parte de su producción fuera. Tampoco genera riqueza social ni seguridad. Produce muerte o residuos. Llamarla “producción para el desperdicio y la guerra” ayuda a nombrar lo que realmente es y a desmontar el relato de seguridad que se nos quiere vender. Además, esa militarización social sirve para ocultar debates esenciales sobre cuidados, desigualdad o crisis ecológica. En ese sentido, creemos que hay que recuperar ideas que ya se defendieron en otros momentos. Como recordaba Xuan Candano tras la presentación del libro en Oviedo, evocando incluso canciones como Cruzar los vados de Víctor Manuel, hubo un tiempo en el que se cuestionó socialmente el papel del militarismo y se construyeron alternativas desde abajo. La insumisión, hace más de treinta años, fue una de esas experiencias.

¿Cree que el antimilitarismo ha quedado rezagado, especialmente entre la juventud?

Sí, claramente. No hemos sabido leer a tiempo la velocidad a la que avanzaba la militarización social. Hemos seguido funcionando con esquemas antiguos, con dinámicas repetidas, y eso no ha resultado atractivo para las nuevas generaciones. Por eso esta propuesta de conversión también es una autocrítica. Necesitamos replantear nuestras formas de organización, abrir el debate y hacer un llamamiento directo a la juventud. Los colectivos antimilitaristas estamos formados mayoritariamente por gente de alrededor de 60 años. No vamos a ser quienes libremos esta batalla en primera línea.

¿Qué papel deberían asumir entonces las nuevas generaciones?

Organizarse ya y empezar a plantar cara al militarismo en todas sus formas: ideológica, presupuestaria, industrial. Recuperar ideas que ya funcionaron, como las de la insumisión, y adaptarlas a la realidad actual. El debate no puede esperar a que la militarización sea un hecho consumado.

Fuente: https://www.nortes.me/2026/01/30/co...

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El nuevo gobierno holandés propone un 'impuesto de la libertad' para financiar el gasto militar

Por: (tortuga)

El gobierno entrante planea introducir un impuesto extra a los ciudadanos y empresas para recaudar 5.000 M€ y dedicarlos a gasto militar. El incremento total del presupuesto militar será de 19.000 M€ al año, que serán financiados por amplios recortes presupuestarios, incluido sanidad y asistencia social, además del impuesto extra que el gobierno ha llamado "impuesto de la libertad".


El nuevo gobierno holandés planea un "impuesto de libertad" para financiar el gasto de defensa

Bart H. Meijer y Charlotte Van Campenhout

El nuevo gobierno holandés planea añadir un recargo a los impuestos sobre la renta y corporativos para generar alrededor de 5.000 millones de euros (6.000 millones de dólares) por año para aumentar el gasto de defensa, dijeron el viernes los partidos de la coalición.

Para cumplir con el objetivo establecido por los países de la OTAN el año pasado, el gobierno pretende aumentar el gasto de defensa al 2,8% del producto interno bruto para 2030 y al 3,5% para 2035, en comparación con el 2% actual.

En última instancia, el aumento del gasto de defensa sería de unos 19.000 millones de euros al año, que se financiarían con amplios recortes presupuestarios, incluidos en sanidad y bienestar, así como con el incremento de impuestos que el gobierno ha denominado impuesto de la libertad.

En su acuerdo de coalición presentado el viernes, meses después de las elecciones de octubre, el nuevo gobierno también dijo que planeaba invertir en vivienda, limitando al mismo tiempo el déficit gubernamental a alrededor del 2% del PIB.

'UN NUEVO RUMBO' PARA EL PAÍS

"Estamos trazando un nuevo rumbo para nuestro país, con inversiones orientadas al largo plazo", dijo el líder del partido D66, Rob Jetten.

A principios de esta semana, Jetten y otros líderes políticos acordaron formar un gobierno minoritario poco común en el que el centrista pro-UE D66 se unirá a los conservadores demócrata-cristianos y al derechista VVD.

Esta coalición sólo tendrá 66 de los 150 escaños de la cámara baja del parlamento y necesitará encontrar apoyo entre los partidos de oposición para sus propuestas.

El principal partido de oposición de izquierda dijo que luchará por políticas más sociales y verdes.

Como líder del nuevo gobierno, Jetten, de 38 años, se convertirá en el primer ministro más joven en la historia holandesa.

En las próximas semanas se cubrirán otros puestos del gabinete y se espera que el gobierno sea instalado oficialmente dentro de un mes.

Fuente: https://www.reuters.com/business/ne...

Traducido del inglés con ayuda de traductor automático y revisado por Tortuga.

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Teatro Antimilitarista: (12) La clase de Historia

Por: (tortuga)

Maxi de Diego: Teatro antimilitarista (contra las guerras y sus secuaces)
Selección de poemas y pequeñas obras teatrales de temática antimilitarista.


Tristes guerras
si no es amor la empresa.
Tristes, tristes.

Tristes armas
si no son las palabras.
Tristes, tristes.

Tristes hombres
si no mueren de amores.
Tristes, tristes.

Miguel Hernández


La clase de Historia

Al finalizar la clase, en el aula.

ALUMNA: ¿Puedo hablar con usted?
PROFESORA: Por favor, llámame de tú.
ALUMNA: No sé si voy a poder.
PROFESORA: Inténtalo.
ALUMNA: Necesito preguntarle algo, pero me da corte.
PROFESORA: Adelante. Me gustan las preguntas.
ALUMNA: Bueno... ¿Se va a pasar todo el curso hablándonos de guerras?
PROFESORA: Claro, es la Historia. Además, están en el currículo.
ALUMNA: Pues vaya mierda. (Pausa. Se miran.) Disculpe, no me gusta hablar así a los profesores.
PROFESORA: No te preocupes. A mí también se me escapa a veces. Aunque haces bien en cuidar tu lenguaje. Los jóvenes últimamente estáis muy descuidados en eso.
ALUMNA: ¿Y usted cómo lo sabe? ¿Qué sabe usted de los jóvenes?
PROFESORA: Bueno, trabajo con vosotros.
ALUMNA: Pero eso no es suficiente para conocernos.
PROFESORA: Sí, claro, tienes parte de razón. (Pausa.) Pero en lo de las guerras... Creo que te queda mucho curso para oír hablar de ellas. Acabamos de empezar. ¿Tienes algún motivo especial para tu protesta?
ALUMNA: Soy antimilitarista.
PROFESORA: (Sorprendida.) ¿Tú? ¿Antimilitarista? ¿A tu edad? Me dejas de piedra. Vaya, antimilitarista, nada más y nada menos. Son palabras mayores.
ALUMNA: ¿Se está burlando de mí?
PROFESORA: No, disculpa. Nada más lejos de mi intención. Pero llevo veinte años dando clase y nunca ningún alumno se había dirigido a mí presentándose así.
ALUMNA: A lo mejor usted no facilitaba que alguien se lo dijera.
PROFESORA: Es posible. (Pausa.) ¿Has pensado que alguien antimilitarista debe conocer el militarismo y sus guerras para criticarlas mejor?
ALUMNA: Sí, claro. Pero usted, como todos los profes de Historia, no nos habla desde esa perspectiva. Se limita a enumerar enfrentamientos bélicos para que nos los aprendamos de memoria para los exámenes.
PROFESORA: Vaya, también cuestionas los métodos educativos.
ALUMNA: (Se ríe.) Métodos educativos..., métodos represivos.
PROFESORA: ¿Cómo?
ALUMNA: Ese es otro tema. Y se acaba el recreo. He venido a pedirle que si habla de las guerras lo haga con una perspectiva antimilitarista. Háblenos de los intereses que las provocaron y de sus consecuencias. De los sufrimientos que causaron. Del papel que desempeñaron los ejércitos y cómo estaban formados. De sus roles como atacantes destructores o de defensores fracasados. De la influencia en la sociedad de los gastos militares.
PROFESORA: No se puede decir que no has reflexionado, a pesar de tu edad.
ALUMNA: Deje de hablar de mi edad. Tengo la edad suficiente para saber distinguir lo que es propaganda militarista.
PROFESORA: Tampoco era esa mi intención. Pero te aseguro que voy a tener en cuenta lo que me dices. No te lo vas a creer, pero alguna vez había pensado en darle otro enfoque a mis clases. Esta conversación tal vez sirva para animarme a darles una vuelta. Te lo agradezco. (Pausa. Se miran.) ¿Puedo preguntarte algo? ALUMNA: Sí, claro.
PROFESORA: ¿Esta es una reflexión individual o formas parte de algún grupo?
ALUMNA: Formo parte de un colectivo de estudio de la noviolencia como alternativa al militarismo.
PROFESORA: Me admira que a tu edad... Disculpa. Me admira tu interés. No sabía que mis alumnos tuvieran esas inquietudes.
ALUMNA: A veces tenemos que actuar en la clandestinidad.
PROFESORA: ¿Por?
ALUMNA: Otro día hablamos, se acaba el recreo.
PROFESORA: Vale, cuando quieras.
ALUMNA: O cuando quieras... tú.
PROFESORA: Sí, claro.
ALUMNA: Hasta mañana.
PROFESORA: Hasta mañana.

(Sale la ALUMNA. La PROFESORA, pensativa, la mira salir. OSCURO rápido sobre el sonido del timbre.)

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Sabotaje a la fábrica aeroespacial en East Lothian (Escocia) para denunciar la complicidad armamentística europea con los genocidas de Gaza

Por: (tortuga)

Dominic D. Skerrett

En las primeras horas del 1 de enero, un grupo de activistas pro‑Palestina realizó una acción de sabotaje en la planta de Bruntons Aero Products, empresa fabricante de componentes aeronáuticos situada en el polígono industrial de Inveresk en Musselburgh, East Lothian. La intervención —justificada por los participantes como resistencia directa al apoyo británico al aparato militar israelí— ha generado debate sobre el papel de las industrias militares en la guerra en Gaza y la criminalización de la disidencia política

Según imágenes difundidas en redes sociales, personas con el rostro y la cabeza cubiertos ingresaron a las instalaciones poco después de las 00:30 y procedieron a dañar maquinaria industrial, ordenadores y servidores, utilizando martillos, pintura y extintores tomados del propio edificio. También dejaron consignas pintadas en rojo en paredes y equipos con mensajes como “THERE'S ONLY ONE WAY THIS ENDS” y “DROP LEONARDO”.

La empresa escocesa Bruntons Aero Products, con una historia de producción de piezas aeronáuticas desde finales del siglo XIX, suministra partes a grandes contratistas de defensa como Leonardo y BAE Systems. Aunque la cadena específica de fabricación de piezas vinculadas directamente a cazas F‑35 puede ser indirecta o mínima, estas conexiones forman parte de una red industrial integrada en el complejo militar global que produce armamento utilizado en conflictos en todo el mundo.

Los activistas denunciaron, en un comunicado difundido tras la acción, que la industria aeronáutica europea está vinculada al apoyo logístico y material del Estado israelí, que desde octubre de 2023 ha intensificado su ofensiva en la Franja de Gaza con un saldo de decenas de miles de civiles muertos y heridos según múltiples organizaciones de derechos humanos.

Empresas como Leonardo UK han sido blanco de protestas continuas en Escocia por su papel en la producción de sistemas de puntería y otros componentes integrados en aviones F‑35, los cuales Israel ha utilizado en campañas de bombardeos sobre Gaza. Asimismo, grupos de derechos humanos y legales han iniciado recursos jurídicos contra el Gobierno británico por continuar otorgando licencias de exportación de partes vinculadas a estos aviones pese al riesgo evidente de violaciones de derechos humanos.

Imagen de uno de los activistas martilleando un equipo electrónico | Captura de video

Contexto de protestas en el Reino Unido

La acción en Musselburgh se enmarca en una oleada de movilizaciones y actos directos contra la industria armamentística británica que ha incluido bloqueos, sabotajes y ocupaciones simbólicas de instalaciones vinculadas a la cadena de suministro de armas. Organizaciones como Palestine Action —que ha sido objeto de proscripción en el Reino Unido por el Gobierno— han reivindicado estas acciones como parte de su lucha contra lo que consideran complicidad del Estado británico con la violencia israelí.

Mientras la policía escocesa confirmó que investiga el allanamiento y los daños causados, activistas detenidos en acciones similares han denunciado estar en huelga de hambre exigiendo su liberación, el fin de medidas represivas y el cese de las exportaciones de armas a Israel. La respuesta oficial hasta ahora se ha centrado en el reproche a los métodos empleados, mientras persiste el debate sobre la ética de la industria militar y las responsabilidades estatales en conflictos internacionales.

Fuente: https://laprotesta.es/2026/01/06/ac...

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Sánchez anuncia que ha 'triplicado' la inversión en Defensa y dice que estaría 'encantado' de explicárselo a Trump

Por: (tortuga)

Dice que estaría encantado de explicarle su política de Defensa y sostiene que "desde que yo soy presidente del Gobierno. Invertimos más que trece países de la OTAN conjuntamente, casi 34.000 millones de euros más que trece países de la OTAN juntos", ha declarado en la rueda de prensa posterior al Consejo Europeo Extraordinario.

REDACCIÓN / EUROPA PRESS

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha afirmado que España ha "triplicado" su inversión en Defensa y ha señalado que estaría "encantado" de explicarle esas cifras al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

"España ha triplicado su inversión en Defensa desde que yo soy presidente del Gobierno. Invertimos más que trece países de la OTAN conjuntamente, casi 34.000 millones de euros más que trece países de la OTAN juntos", ha declarado en la rueda de prensa posterior al Consejo Europeo Extraordinario celebrado este jueves.

Así se ha expresado después de que el presidente estadounidense haya asegurado que tendrá que hablar con España para que eleve el presupuesto militar, después de recalcar que es el único país de la OTAN que no se ha comprometido a gastar más en Defensa. "Conseguí compromisos de prácticamente todos los aliados de la OTAN para aumentar su gasto en defensa hasta el 5% del PIB. Todos menos España. No sé qué está pasando con España", ha señalado Trump.

Trump asegura que tendrá que hablar con España para que gaste el 5% en Defensa

Preguntado por si estaría dispuesto a explicárselo a Trump, Sánchez ha respondido que estaría "encantado". "¿Cuándo he tenido yo algún problema? Al contrario, siempre encantados", ha esgrimido.

En este sentido, ha reivindicado que, al igual que España "fortalece y contribuye" a la defensa y seguridad "colectiva", "no va a renunciar a fortalecer" otras cuestiones como la sanidad pública o la educación pública. "Eso también es seguridad", ha remarcado. "Cuando hablamos también de seguridad no solamente estamos hablando de fabricar o de comprar armamento sino también de cooperar con otros países que necesitan de la ayuda de los países más desarrollados, como es el caso de la Unión Europea", ha sentenciado el jefe del Ejecutivo.

Fuente: https://www.telemadrid.es/programas...

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Werner Rügemer: 'Europa tiene que salir de la OTAN y hay que disolver los monopolios de BlackRock'

Por: (tortuga)

Carmela Negrete

A Werner Rügemer le gusta definirse como filósofo intervencionista. Aunque no esté bien subrayarlo, llama la atención la enorme energía con la que sigue trabajando este octogenario. Vive en Colonia, desde donde continúa desarrollando una actividad intelectual y política constante. Es miembro del consejo asesor de la World Association for Political Economy (WAPE) y coeditor y autor de la World Marxist Review, con sedes en Londres y Shaanxi. Su libro Una amistad condenada: La conquista de Europa por los Estados Unidos ha sido publicado en alemán, francés, inglés y castellano. En 2026 está prevista su publicación en griego y chino.

Este intelectual de fuerte carácter no deja de escribir, investigar y participar en debates públicos, con un perfil muy crítico e independiente. Rügemer ha desarrollado un profundo análisis del poder económico y político del capitalismo occidental. En este momento está escribiendo una biografía de Konrad Adenauer. En castellano se publicó un libro suyo sobre las agencias de calificación en la editorial Virus. En Alemania, además, ha realizado documentales de investigación sobre criminalidad económica.

Hace poco fue traducido al castellano su libro Una amistad condenada: La conquista de Europa por los Estados Unidos. ¿Cree que esta obra es de especial importancia en la situación actual?

En el libro documento la historia previa de cómo Europa cayó en una catastrófica dependencia de los Estados Unidos. España, en concreto, ya desde la década de 1930. Si esta dependencia continúa, las poblaciones europeas se empobrecerán económicamente aún más y, debido a la incitación y al rearme contra Rusia, existe también la amenaza de una guerra nuclear, que Estados Unidos contempla como posible en sus planes de guerra y que se libraría en suelo europeo.

¿Cuándo comienza esa dependencia?

Esta dependencia comenzó durante la Primera Guerra Mundial: Wall Street, bajo el liderazgo de JP Morgan, concedió créditos a las potencias europeas en guerra, que no podían producir suficiente armamento para sus ejércitos de diez millones de soldados y compraron gran parte de ellos a US Steel, Bethlehem Steel y DuPont con ayuda de esos créditos. El aprovisionamiento de los soldados también se adquirió a consorcios alimentarios estadounidenses como Armour o Swift. No solo los aliados, Inglaterra, Francia e Italia, quedaron endeudados con Estados Unidos. También Alemania fue obligada a pagar reparaciones en las negociaciones de paz de Versalles de 1919, bajo el liderazgo del presidente estadounidense Woodrow Wilson. De este modo, Estados Unidos convirtió a Europa en pagador neto de deudas, así como en un nuevo mercado de ventas y espacio de inversión.

¿Qué papel tuvo en la política de ese tiempo?

Estados Unidos promovió partidos y medios antidemocráticos, de derechas y pro-estadounidenses. Apoyó, financió y abasteció a todos los dictadores fascistas de Europa, comenzando ya en 1922 con Mussolini en Italia, Metaxas en Grecia, Salazar en Portugal, Franco en España y, sobre todo, Hitler, quien fue convertido en una estrella mediática en Estados Unidos. La Alemania de Hitler se convirtió en el mayor comprador de películas de Hollywood. Corporaciones como Ford, General Motors, IBM, ITT y Raytheon transformaron a la Wehrmacht alemana en el ejército más moderno del mundo y la abastecieron también para la guerra de exterminio contra el enemigo común, la Unión Soviética.

Has mencionado antes cómo España fue uno de los primeros intervenidos.

En el caso de España, General Motors, Ford y Studebaker suministraron 12.000 vehículos militares al golpista Franco; Texas Oil y Standard Oil aportaron combustibles; y el Chase Bank de Rockefeller le proporcionó financiación. El presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt reconoció al gobierno de Franco inmediatamente después de Hitler y del Vaticano. Durante la Segunda Guerra Mundial, España se convirtió en un baluarte estadounidense en Europa para el suministro a la Alemania nazi. Posteriormente, Estados Unidos estableció bases militares y apoyó al dictador hasta su muerte, así como a sus herederos después.

¿Cómo influyeron los Estados Unidos en Europa tras la Segunda Guerra Mundial?

Después de 1945 también se hizo evidente la despiadada producción de mentiras por parte de las élites estadounidenses: en poco tiempo pasaron de ser profascistas a antifascistas. El exterminio de los judíos durante la guerra fue aceptado por Estados Unidos sin apenas ayuda ni crítica; pero tras la guerra se presentaron (y siguen presentándose hasta hoy) como los mayores defensores y amigos del pueblo judío. Tras la Segunda Guerra Mundial continuó la penetración estadounidense en Europa, primero por el oeste, el sur y el norte: en Francia, Inglaterra, Irlanda, Italia, Bélgica, Luxemburgo, los Países Bajos, España, Portugal y también en Escandinavia. La pinza formada por el Plan Marshall y la OTAN fue la medida más conocida de este proceso: inversiones, bases militares, medios de comunicación, servicios secretos, fundaciones y asesores estadounidenses.

¿Cómo se extendió esa influencia?

En todos estos Estados, en función de cada contexto nacional, se formaron élites capitalistas locales que operaron en conjunto con políticos vasallos de derechas. Se protegió de cualquier castigo, con pocas excepciones, a los antiguos cómplices del fascismo. Su potencial anticomunista fue utilizado por Estados Unidos contra el enemigo principal común: el “bolchevismo”. Esto es lo que ocurrió y sigue ocurriendo muy claramente en la República Federal de Alemania, fundada en 1949 por Estados Unidos en principio como un Estado parcial e independiente, pero al mismo tiempo como Estado sucesor del Tercer Reich.

¿Cómo evolucionó después de la caída del muro?

Tras el colapso del socialismo en 1990, Estados Unidos extendió esta estrategia también a Europa del Este: invertir, promover oligarcas y políticos de derechas e integrar a los Estados en la OTAN. La Unión Europea es también un producto de este proceso impulsado por Estados Unidos. En un principio, en los seis Estados fundadores, la República Federal de Alemania, Francia, Italia, Bélgica, Luxemburgo y los Países Bajos, se recurrió a antiguos cómplices de la ocupación fascista para crear la denominada Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Esta estructura se fue ampliando de forma gradual hasta convertirse en la actual UE y fue cada vez más subordinada a la OTAN: todos los Estados de Europa del Este ingresaron primero en la Alianza Atlántica antes de poder convertirse en miembros de la UE.

Usted estudió filología alemana y románica, y realizó su doctorado en antropología filosófica. ¿Por qué se convirtieron los Estados Unidos en un tema central de su trabajo a lo largo de su carrera profesional?

A comienzos de la década de 1980 hubo una amplia resistencia contra una mayor subordinación de la República Federal de Alemania a la hegemonía estadounidense: la potencia dirigente de la OTAN quería desplegar aquí misiles de medio alcance en el contexto de una intensificada agresión antirrusa y anticomunista. Contra ello hubo protestas también del movimiento por la paz en Estados Unidos. Así fué como entré en contacto con activistas estadounidenses: informaban de tantas cosas poco conocidas sobre su país que en 1983 y 1984 decidí emprender investigaciones de varias semanas en Estados Unidos. Primero me centré en el sistema escolar y universitario, realicé entrevistas con maestros, profesores, alumnos y estudiantes, también con el entonces ministro de Educación estadounidense en Washington, Terell H. Bell. Publiqué dichos reportajes recopilados bajo el título de “El policía mundial enfermo”. Después, en 1984, exploré durante seis semanas en mis vacaciones la “nueva tierra prometida”, Silicon Valley, al sur de San Francisco.

¿Con qué objetivo?

Hablé con sindicalistas, trabajadores, científicos de la universidad de élite Stanford, bomberos, abogados y periodistas. Y también con inmigrantes ilegales, personas explotadas sin protección y con trabajdaores precarios que ensamblaban chips para Intel en sweatshops: enfermaban, sufrían abortos espontáneos... Un ingeniero de la mayor empresa allí, el consorcio armamentístico Lockheed, me explicó quién necesitaba los mejores chips para los misiles de los submarinos estadounidenses. Steve Jobs me explicó que la fabricación de sus ordenadores se estaba trasladando a Taiwán porque allí, bajo la ley marcial, los salarios eran aún más bajos. De todo ello surgió el libro: “Nueva tecnología, vieja sociedad: Silicon Valley” (1985). Pero como en Alemania y en la UE se seguía creyendo en las mentiras profesionales estadounidenses sobre «la libertad y la democracia», decidí seguir profundizando en el tema. La desmitificación de estas mentiras forma parte de la independencia que Europa necesita del país que aún se autoproclama dominador mundial, y que ha de ser no solo militar y económica, sino también intelectual y cultural.

Políticos y analistas se muestran sorprendidos por el comportamiento de Donald Trump hacia Europa, como si nuestro aliado, ahora nos diera la espalda. Usted, en cambio, habla de una continuidad de la política estadounidense. ¿Por qué?

Con Trump, los capitalistas estadounidenses intentan adaptarse a la nueva situación: China se ha convertido en un periodo históricamente corto en la mayor nación industrial y comercial, con una base industrial incomparablemente mejor, que además cuenta con cooperaciones económicas globales estables que siguen creciendo. Y Rusia demuestra por su parte que el guerrero proxy Ucrania, armado durante tres décadas por Estados Unidos, no puede ganar la guerra. Y los capitalistas más jóvenes, más agresivos y aún no tan ricos, dirigidos políticamente por Trump, han hecho balance y han llegado a la conclusión: los capitalistas dirigentes hasta ahora, los globalizadores, han librado guerras largas y grandes como en Irak y Afganistán, pero no resultaron ser inversiones exitosas. Por eso, Trump ha establecido en su “Estrategia de Seguridad Nacional” de diciembre de 2025 una disminución de forma pragmática, al menos por ahora, en la enemistad persistente contra China y Rusia.

¿Qué significa esto?

La pretensión de una renovada dominación mundial permanece, pero primero debe ser preparada de nuevo: Trump aumentó aún más el presupuesto armamentístico estadounidense, así como la deuda pública. Los trumpistas quieren crear el ejército más peligroso y letal del mundo, según sus propias palabras. Lockheed debe construir inicialmente con 200.000 millones de dólares el “golden dome for America”, el sistema de defensa antimisiles más moderno del mundo. Con la “flota dorada” Trump quiere desarrollar “los buques de combate más peligrosos del mundo”, y así sucesivamente. Y también los vasallos de las alianzas militares dirigidas por Estados Unidos, como la OTAN en Europa y también en Asia (Japón, Corea del Sur, Taiwán, Australia, Filipinas) deben duplicar sus presupuestos militares, hasta el 5 % del PIB, y comprar aún más armamento en Estados Unidos. Pero EEUU mantiene el liderazgo, también en la OTAN y en la conducción operativa de la guerra de Ucrania contra Rusia, incluso durante las actuales negociaciones de paz. Y ninguna de las aproximadamente 850 bases militares estadounidenses en todo el mundo será desmantelada, sino que solo hay una redistribución relativa hacia las bases asiáticas.

En otras regiones, Estados Unidos no se muestra a favor del fin de la guerra, sino todo lo contrario.

Los capitalistas de Trump libran las guerras más fáciles de ganar o las preparan: sobre todo el proxy estadounidense Israel bombardea no solo el territorio del llamado Gran Israel, sino todo Oriente Próximo para las inversiones estadounidenses: en Gaza, donde Trump habla de la “la Riviera de Oriente Próximo”, en Líbano, en Siria, con ataques secundarios contra Yemen e Irán. El ejército estadounidense sigue estacionado en Siria y bombardea allí enemigos seleccionados sin siquiera consultar al nuevo gobierno. Con los Estados del Golfo, los capitalistas emergentes de Trump consolidan la cooperación militar y ponen en marcha inversiones mutuas multimillonarias. Al mismo tiempo, los trumpistas buscan primero la entrada en Estados débiles de todos los continentes: con ayuda de ocho acuerdos de supuesta paz, como en Gaza, buscan asegurarse inversiones en tierras raras e infraestructuras: con Congo y Ruanda, con Armenia y Azerbaiyán, etcétera. Los trumpistas quieren acceder a los recursos de Groenlandia, que en términos de política de seguridad sigue perteneciendo al miembro de la OTAN Dinamarca.

Al mismo tiempo, se están produciendo los asesinatos extrajudiciales en Venezuela.

También en el patio trasero tradicional estadounidense, América Latina, Trump intensifica el control: con ayuda de BlackRock, Estados Unidos ha comprado los dos puertos del Canal de Panamá. Contra los antiguos Estados enemigos Cuba, Nicaragua y especialmente ahora Venezuela se endurecen las sanciones y los bloqueos. En el caso de Venezuela, se comportan así debido a su cooperación con China, principal comprador del petróleo venezolano. Inventan mentiras contra el supuesto narcotraficante Maduro y preparan una posible guerra, continuando lo que no solo Trump en su primer mandato, sino también su sucesor Joe Biden ya intentaron con el presidente fabricado Guaidó. Y, de paso, los trumpistas subvencionan al neoliberal endeudado de la motosierra Milei en Argentina y apoyan al recién elegido presidente de Chile, el imitador de Trump Kast.

Usted describe la Doctrina Monroe como fundamento histórico del expansionismo estadounidense. ¿En qué se diferencia la versión de Trump de esta doctrina?

En principio, en nada, pero sí en su ejecución forzada. La Doctrina Monroe de 1823 establecía: ninguna otra potencia debe obstaculizar la expansión del Estado estadounidense. Hasta entonces, Estados Unidos se había expandido de 13 a 23 Estados federados y continuó expandiéndose con ejército, colonización y expropiación, también con ayuda del genocidio, que Trump hoy también apoya en Palestina. Trump se remite a la Doctrina Monroe y quiere continuar o reiniciar la expansión estadounidense a escala global. Pero el problema que ha reconocido, a diferencia de sus predecesores Bush, Obama y Biden, es que sobre todo China, pero también Rusia, muy vinculada con China, son mucho más poderosas que las potencias coloniales europeas Inglaterra y Francia en la Norteamérica del siglo XIX.

¿Qué papel tienen los dos actores que acabas de mencionar?

Hoy Rusia es en parte superior en tecnología militar, pero sobre todo China está internacionalmente mucho mejor interconectada y es superior en muchos aspectos económicos y tecnológicos, por ejemplo, también en el suministro energético decisivo para la IA mediante centrales nucleares de cuarta generación, de las que Estados Unidos no dispone y por ello perfora desesperadamente en busca de petróleo y gas. El lema de Trump es “drill, baby, drill!” (perfora, nena, perfora). También en las ahora tan centrales tierras raras, Estados Unidos está en desventaja frente a China. Por cierto, los oligarcas estadounidenses con el gobierno de Trump cuentan como mucho con el apoyo activo de un 20 % de su propia población, y a nivel internacional Estados Unidos ha caído en desprestigio como nunca antes. Los trumpistas lo saben: incluso en su propio país solo cuentan con una minoría, además insegura.

¿Pero no se retira de Europa?

No, al contrario. Estados Unidos sigue dirigiendo la OTAN y ordena el aumento de los presupuestos militares. Y el ejército estadounidense y los servicios secretos estadounidenses siguen dirigiendo, a través de sus satélites en el espacio y de su mando europeo en Wiesbaden, la guerra de Ucrania contra Rusia y deciden qué armas suministran a Ucrania y cuáles no. Y en Ucrania los trumpistas quieren obtener la mayor cantidad posible de recursos, compras de tierras y empresas energéticas que hasta ahora siguen siendo estatales. Y las principales corporaciones digitales estadounidenses como Amazon, Facebook/Meta, Google, Apple, Microsoft y Nvidia, como ya se ha mencionado, están instalando enormes nuevos centros de datos en todos los Estados europeos importantes, obtienen encargos digitales y de IA del ejército, del Estado, de empresas y de medios. Las principales consultoras estadounidenses como Accenture y McKinsey, y los principales despachos jurídicos estadounidenses como Freshfields asesoran a los gobiernos y a la Comisión Europea. Las tres agencias de calificación estadounidenses S&P, Moody's y Fitch se están forrando con las evaluaciones de solvencia de todos los Estados europeos y de las principales sociedades anónimas.

¿Qué papel desempeñan empresas como BlackRock, las grandes corporaciones digitales y armamentísticas en la estrategia imperial de Trump?

Especialmente las corporaciones digitales y los nuevos organizadores del capital como BlackRock crecieron desde los años 1990 junto al Partido Demócrata y empobrecieron a los trabajadores y después también a la clase media con la globalización. Por eso, el demagogo Trump tuvo éxito entre ellos. Cuando Trump ganó las elecciones de 2024 con una clara mayoría, Gates, Bezos, Zuckerberg & Co. y BlackRock & Co. se pasaron rápidamente a Trump y financiaron su ceremonia de investidura. BlackRock fue bajo el presidente Biden el coordinador de la “reconstrucción” de Ucrania, y ahora forma parte del equipo de Trump para las negociaciones destinadas a poner fin a la guerra en Ucrania. Y BlackRock es en todos los Estados importantes de Europa el mayor accionista de las principales sociedades anónimas: en Inglaterra, Alemania, Francia, Bélgica, Países Bajos, también en Suiza.

¿Cuál es el papel de esos fondos?

BlackRock, Vanguard, State Street, Capital Group, Wellington y Fidelity obtienen aquí elevados beneficios y se aseguran, por ejemplo, de que las principales corporaciones químicas y automovilísticas inviertan lo máximo posible en Estados Unidos. BlackRock & Co. son también los principales accionistas de Amazon, Google, Apple, Facebook, Microsoft y Nvidia, que construyen en Europa los enormes nuevos centros de datos; y son también el mayor grupo de accionistas de Tesla, el mayor fabricante de coches eléctricos en Alemania. Además, BlackRock & Co. son ya el mayor grupo de accionistas del mayor consorcio armamentístico “alemán”, Rheinmetall, que ya ha construido dos nuevas fábricas en Ucrania.

¿Son formatos como BRICS, OCS, FOCAC y CELAC una alternativa?

Obama ya declaró a China enemigo principal, pidió a los miembros europeos de la OTAN aumentar sus presupuestos militares y también inició un rearme intensificado en Australia, Taiwán, Corea del Sur, Japón, Filipinas y Guam. La práctica desarrollada por China es sistémica y a largo plazo superior a la de Estados Unidos: soberanía nacional, industrialización de base amplia, trabajo y prosperidad creciente para la gran mayoría de la población, infraestructura amplia y moderna. Y la cooperación internacional de China también es superior a la práctica de dominación global de Estados Unidos. China además no necesita las casi 1.000 bases militares estadounidenses que Estados Unidos opera en todos los continentes e islas anexionadas, y a menudo se saltan las leyes nacionales.

¿Qué alternativas realistas ve para Europa más allá de la emancipación militar y económica de Estados Unidos?

Europa tiene que salir de la OTAN y hay que disolver los monopolios de BlackRock. Restablecer la soberanía de los Estados europeos para que puedan asociarse libremente, también por ejemplo con Rusia. Estas son demandas evidentes. Pero la soberanía pacífica, democrática y basada en el Estado de derecho tiene aún muchos otros ámbitos de actuación. Las fundaciones privadas estadounidenses de Gates, Soros & Co. deben ser reguladas o expulsadas. Las agencias de calificación estadounidenses deben ser expulsadas y sustituidas por agencias europeas.

¿Y desde los movimientos?

Los movimientos sociales deben internacionalizarse, dentro de Europa, pero también, por ejemplo, con el movimiento por la paz, de mujeres, ambiental y de derechos laborales, especialmente en Estados Unidos. Y también con movimientos en India, donde millones de hombres y mujeres, con salarios bajos y en una moderna esclavitud, ensamblan los iPhones de Apple y tras unos años enferman y son reemplazados. También la elaboración coordinada de los movimientos anticoloniales es una tarea a la que, por ejemplo, se dedica la revista internacional de la Nueva Ruta de la Seda, Belt & Road Initiative Quarterly (BRIQ), cuya redacción trabaja en Turquía. Multipolaridades, cooperaciones en todas las profesiones y movimientos: el mundo nunca ha estado tan abierto y nunca lo ha necesitado tanto.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/pensa...

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Un ‘me too' en la ‘mili'

Por: (tortuga)

Rebeca Carranco

La escena transmite perfectamente la violencia. Son golpes, repetidos, hasta el punto de que cuesta mantener la mirada en la pantalla. Y eso que es solo un juguete con forma de persona. Ni siente ni padece. “La idea brillante del muñeco, de un metro setenta, es de Joan Torrents”, explica la directora de Et faran un home, Mireia Prats, estrenado por TV3, sobre la manera como decidieron contar la violencia y los abusos a los que fueron sometidos decenas de hombres durante la mili. La emisión, el pasado mes de diciembre, ha provocado una avalancha de mensajes en el buzón de denuncia de la cadena. El documental cuenta con el testimonio de 10 personas que relatan insultos, golpes, palizas, gritos, torturas e incluso violaciones durante el servicio militar obligatorio, en los años 80 y 90, por parte de compañeros más veteranos, sin que nadie lo impidiese.

“No eran las típicas novatadas. Son unos abusos que van más allá de las Historias de la puta mili. Son sufrimientos, torturas, acoso físico…”, explica Prats, sobre un proyecto que iniciaron en 2019, que frenó la pandemia, y que realmente despegó en 2023. “Muchos eran reacios a hablar”, abunda la periodista, sobre la dificultad de convencer a los protagonistas y destapar sus casos. Acabaron reuniendo 25 testimonios, de hombres que en la actualidad tienen entre 55 y 65 años. Un pequeño grupo se atrevió a contarlo a cámara, sin demasiado a ganar. “Están muy removidos”, asegura Prats. Entre los protagonistas, se encuentran los testimonios del escritor Antonio Muñoz Molina, que ya publicó el libro Ardor guerrero: una historia de la mili (Planeta de libros), del crítico de cine Àlex Gorina, o del periodista Vicenç Partal, director de VilaWeb.

Et faran un home repasa durante más de una hora abusos, violencia, física y psicológica, e incluso agresiones sexuales. “Muchos tuvieron un sufrimiento tan bestia que no pudieron hablar del tema en años”, explica Prats, que destaca la “valentía” de ser los primeros en hablar, de contarlo “a puerta fría”. El suyo ha sido un trabajo de fondo, de “muchas llamadas telefónicas”, para animarlos a dar un paso y reconocerse en un rol complicado para muchos hombres: el de víctimas. “Se sienten más cómodos como supervivientes”, reflexiona la periodista, con una dilatada trayectoria en TV3. “Se animaban cuando les decías que no estaban solos, que estábamos investigando y que lo mismo que ellos contaban, había pasado en otras muchas casernas de España”, añade. Pero tampoco se esperaba una reacción así: desde diciembre, la cadena pública catalana ha recibido 104 denuncias más sobre víctimas o familiares de víctimas en su buzón. “Son nuevos testimonios, muy duros, a cuál peor”, detalla Prats, equiparable a una especie me too en la mili.

La periodista y el realizador Joan Torrents también tomaron una decisión a la hora de contar lo sufrido por esos hombres durante el servicio militar en España, ya en democracia: no recoger la réplica de ningún militar, ni en activo ni retirado, sobres los relatos de violencia. “Contactamos con algunos, y lo justificaron de manera chapucera: era para endurecer a la tropa, para que supieran lo que es el ejército. Si a mí me duele, imagínate a ellos”, aduce la periodista. También saben que el Ministerio de Defensa conoce la existencia del documental, pero ni ellos les han solicitado una respuesta oficial, ni la administración les ha contactado por iniciativa propia.

Una de las derivadas que les han trasladado familiares después de la emisión de Et faran un home son los suicidios durante la mili. “Muchos no aguantaron las presiones”, cuenta Prats. “Son muertes silenciadas, que no se investigaron nunca”, añade. Y avanza que el 3 de febrero ponen en marcha la segunda parte del documental, después, precisamente, de hablar con muchas de esas familias. Se sumergirán en los archivos militares de la época y buscarán nuevos testimonios sobre muertes que no se investigaron jamás.

El documental también ha llegado a las cámaras en Madrid, donde Junts y ERC han exigido explicaciones al Ministerio de Defensa. Los republicanos piden al departamento que dirige Margarita Robles, a través de una pregunta parlamentaria, que detalle las acciones emprendidas ante un “patrón de impunidad y negligencia” por parte de las “autoridades militares y civiles” con “consecuencias devastadoras para las víctimas y sus familias”. Se refieren a un “fracaso colectivo” y piden que se abra un proceso de “reparación”. Junts solicita lo mismo, en este caso a través de la comisión de Defensa del Senado.

“Sabemos que recibiremos comentarios del tipo que TV3 ataca al ejército español. Pero no es eso. Igual que hemos destapado abusos sexuales en la Iglesia o intrafamiliares, ahora lo hemos hecho en el ejército”, defiende la periodista, que subraya la intención de centrar su investigación en lo que ocurrió una vez acabada la dictadura franquista. “Un ejército en democracia permitió una violencia bien trazada, entre iguales, con el beneplácito de los militares”, critica. En su opinión, ahora “lo mínimo” sería que les pidiesen perdón a las víctimas, a las que, según explica, nadie ha contactado.

Fuente: https://elpais.com/espana/catalunya...

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Los 79 programas de armas aprobados por el gobierno hasta 2035 suponen 94.000 millones de euros, el 6% del PIB español

Por: (tortuga)

Aunque para la mayoría de los comentaristas oficiales el tema del rearme y de la propagación de la guerra a la escala en que lo hace actualmente parece que no va con nosotros y que es cosa del malismo americano o, a lo sumo, del choque entre americanos y sus enemigos, lo cierto es que nuestro papel guerrerista es enorme y al mismo no es ajeno ni nuestro enorme gasto militar, ni el rearme emprendido en España (fundamentalmente para armamento destinado a provocar la guerra de la mano de nuestros socios de la OTAN y bajo los dominios de EEUU como cabeza de león), ni la topología de armamento que el gobierno promilitar y atlantista de PSOE-SUMAR han protagonizado en los años anteriores, ni el despliegue de los 19 lugares donde España tiene tropas haciendo injerencia militar, ni tampoco los múltiples lugares a los que estamos enviando armas como octava potencia mundial en el comercio de las mismas.
Por activa y por pasiva España promueve la guerra y participa de la consolidación del dominio imperial de EEUU, a cuyos intereses, mal disimuladamente, se pliegan nuestros serviles políticos de todo signo.

Hoy nos centraremos en los programas de armas y su papel en el militarismo y la expansión de la guerra.

Los programas de armas en ejecución.

El gobierno ha publicado recientemente un listado de los principales programas de armas actualmente en ejecución, nada menos que 79 programas de armas por un importe total de más de 94.000 millones de euros (94.157,27 millones de euros), un 6.3 del PIB español.

Debo advertir que el cuadro, el más actualizado de carácter oficial del que disponemos, no refleja, no obstante, la totalidad de los programas de inversión en armas, aunque sí la mayoría.

¿Qué no refleja?

  • - No refleja (de hecho creo que no existe o si existe no es público) el inventario histórico de armamento ya totalmente pagado (una millonada que nos permitiría ver con mayor precisión la brutalidad del gasto en armas que no necesitamos y en desarrollar las políticas de sumisión a la OTAN desde los tiempos de Felipe González a la fecha).
  • - Tampoco el gasto de mantenimiento y reparaciones de este armamento ni los programas que aunque están previstos (por ejemplo en el Plan Industrial y Tecnológico de Seguridad y defensa), no tienen expediente específico. Un ejemplo de gasto no contemplado es el nuevo satélite espía que costará al menos 1.000 millones y que sustituirá al que han mandado hace días al espacio y se ha escacharrado en la operación de ponerlo en órbita (la chapuza es un clásico de nuestra industria militar, dicho sea de paso).

Se trata de programas a pagar en diferido, no en este año, pero se trata de una abultada deuda militar que España asume y cuyo pago «aplazado» supondrá además pago de intereses y otros costes.

Pero vayamos por partes.

Tres tipologías de contratos y un sobrecoste aplastante.

Contamos con tres grandes bloques de programas contemplados en el listado proporcionado por el gobierno:

  1. Programas contemplados en el Plan estratégico Industrial Tecnológico de Seguridad y defensa, en total 35 programas con un coste final de 33.936 millones de euros en cifras redondas (y un 161.38 % de sobrecostes desde sus teóricos costes iniciales hasta las ampliaciones que se han acordado por el consejo de ministros en sus diversos acuerdos de «sumaysigue militar»).
  2. Programas Especiales de Modernización, en total 21 programas más, con un coste final de 55.192 millones de euros (y su respectivo sobrecoste del 356,04%).
  3. Programas de Obtención de capacidades, con 22 programas más y otros 5.029,6 millones de euros de coste (aquí el sobrecoste es menor solo del 14,11% con la salvedad de que hay uno, cofinanciado con Francia, el SEOT NG SEOT VIS e IR que vale para observación desde el espacio, del que de momento no se tienen cuentas pero que no creemos que cueste menos de 66 millones de euros antes de que les de por autorizar sobrecostes).

Aportamos un cuadro elaborado por mi a partir de los datos proporcionados por Defensa para mayor claridad:

Para mayor claridad, acompaño una representación de estos datos mediante un cuadro de barras:

Llama la atención, en primer lugar, el desmesurado sobrecoste de estos programas del 267,5% en total.

O una de dos: los que calculan el gasto son unos mantas o Defensa, como nos tiene acostumbrados en otras de sus actuaciones económicas, hace una ración de cuentos y otra de cuentas ocultando el gasto final para que parezca más pasable a los ojos de la concurrencia.

También llama la atención un segundo detallito sin importancia: 25.086 millones de euros del total de estos programas están «prefinanciados» a interés cero por el Ministerio de Industria, con lo que no aparecen en las cuentas oficiales como gasto militar, sino como gasto de industria, el viejo truco del abejaruco al que Defensa nos tiene acostumbrados en sus manejos de maquillaje del gasto militar.

Programas conforme al Plan Industrial tecnológico de Seguridad y defensa.

El listado de estos programas incluye 34 programas, que se han acordado por medio de diversos Reales Decretos durante 2025, aunque algunos proceden de acuerdos del Consejo de ministros de 2023.

La suma de los importes iniciales de estos acuerdos era de 12.983,2 millones de euros en números redondos, pero, ¡oh alegría! ya suponen un gasto de 33.936 millones de euros, nada menos que 20.952,8 millones de euros «de más» que ha aumentado el bobalicón consejo de ministros como quien no quiere la cosa, con un sobregasto del 161% sobre el precio inicialmente previsto.

¿Se os queda, como a mi, cara de tontos? Pues todavía hay más.

Aquí ofrezco un cuadro de estos a programas para regocijo del personal:

La revisión de estos programas de armas nos puede permitir sacar varias conclusiones:

  • 1) Una primera, referida a la alta militancia militarista del gobierno PSOESUMAR que en este año se ha acabado de atizar más menos que casi 34000 millones de euros de programas de armas sofisticadas, lo que equivale a más del 2% del PIB
  • 2) Dos, que además esto supone una hipoteca para las generaciones futuras, pues se pagarán en próximas legislaturas y, aún en el hipotético caso de que a este gobierno militarista le suceda otro de menor ardor guerrero, heredará esta enorme hipoteca con el alto coste que implicará denunciar estos contratos.
  • 3) Tres, que (aunque el cuadro no lo recoge) además el gobierno ha autorizado créditos a interés cero que Industria dará a los mercaderes de la muerte por importe de casi 13.000 millones de euros que se disfrazan en el presupuesto de industria para que no computen con claridad como gasto militar.
  • 4) Cuatro, que se trata de armas que no necesitamos para la defensa de nuestra sociedad ni aún en la hipótesis (para la que hay que hacer un verdadero esfuerzo de realismo mágico y mendicidad) de que para ello necesitáramos armamento militar.
  • 5) Cinco, que estas armas son, por el contrario, exigencias de capacidades de la OTAN y para la política de donación violencia colonial e imperialista en la que actúa como brazo militar subordinado de EE.UU.
  • 6) Seis, que consolidan una apuesta de nuestra élite insolidaria por una política de injerencia militar que no ha sido objeto de debate social y que no ha sido consultada (ni es querida por ella) con la sociedad.
  • 7) Y siete, que además, alguien está haciendo el caldo gordo con los sobrecostes multimillonarios, de un 161% de estos programas.

Programas especiales de modernización

El segundo gran capítulo de programas innecesarios se compone por los 21 programas especiales de modernización en vigor.

De nuevo aporto el cuadro de los mismos

¿Qué nos dicen estos programas?

Como vemos, suponen de nuevo armamento de invasión, pensado para proyectar poder militar en el exterior y para las políticas de injerencia militar que España actualmente realiza con 19 operaciones militares en activo y cerca de 25.000 millones de euros gastados hasta la fecha en ellas (se prevé que en 2026 gaste no menos de 1800 millones de euros en operaciones militares sin contar con la más que previsible intervención en Groenlandia y la promesa de otros 1.000 millones de euros en compra de armas para Ucrania.

De nuevo estamos ante un sobregasto sobre lo presupuestado de más de 31.000 millones de euros y un porcentaje del PIB de más del 3.45%.

Recordemos que, en este caso, industria, como en el anterior, ha dado a la industria militar créditos a interés cero (es decir, cuyo coste final del dinero va a cargo de los presupuestos) de otros 12.102 millones de euros.

Otra actuación de Defensa en favor del militarismo y que repercute negativamente en las clases más populares, como hemos demostrado en anteriores entradas de este blog, sin incrementar (al contrario, perjudicando) la seguridad humana y ecológica tanto en España como en el resto del globo.

Programas de obtención de capacidades

El tercer capítulo armamentista se compone por los llamados programas de obtención de capacidades.

Se trata de los restantes 22 programas de adquisición de armamento inmoral con las que el militarismo patrio, de la mano del gobierno servil que tan bien representa sus intereses, completan el saqueo a las cuentas públicas en beneficio de los señores de la muerte y los halcones de occidente.

De nuevo aportamos el cuadro de los mismos.

Una somera mirada sobre estas capacidades militares nos da una idea del tipo de ejército que quieren configurar: Estas capacidades configuran unas fuerzas armadas altamente tecnificadas, muy integradas en OTAN, con fuerte énfasis en mando control, defensa aérea, proyección expedicionaria y vigilancia espacial y de información, que no necesitan muchos soldados, pero sí una alta sofisticación y un empleo de tecnologías de guerra exterior brutales.

¿Han preguntado a alguien si queremos tener este tipo de presencia en el mundo? ¿si la mejor bandera, junto a estrellas de la catadura de Julioiglesias, Placidodomingo, Juancarlosdebobon, Isabelayuso, Arturoperezreverte,Rafanadal, Carlitosalcaraz, el dúo González-Aznar o Deguindos, por ejemplo, con que presentarnos al mundo debe ser un ejército agresor e intervencionista?

Programas por aprobar

Como he dicho más arriba, España tiene en la recámara otros programas de armas aún no aprobados pero que forman parte de las aspiraciones militares y del Plan Estratégico Industrial de la Seguridad y Defensa:

- Nuevos vehículos ATP de cadenas y de ruedas, VACIM, VAC, VERT,
- Sistemas C‑UAS,
- Comunicaciones tácticas, mando y control para el ejército de tierra.
- Nuevas fases del programa del ejército del aire FCAS/NGWS (demostradores, drones acompañantes, sensores avanzados).
- Sustitución y ampliación de flotas de entrenamiento y transporte táctico (nuevos entrenadores, reemplazo de C‑212, helicópteros multipropósito adicionales).
- El futuro avión de combate europeo o el que lo sustituya si el proyecto no fragua.
- Más submarinos S-81-Plus.
- EL satélite espía que han mandado al espacio y se ha roto en su lanzamiento.
- Los famosos aviones F 35 que niegan que quieren pero con la boca pequeña.
- Barcos F-110
- Componente anfibia del carro de combate europeo
- Las ampliaciones de SPAINSAT NG,
- Satélite PAZ‑2
- Programas de vigilancia espacial (CCSE, SECOMSAT)
- Refuerzo de capacidades ciberdefensa / SCOMCE / CYBER‑RANGE, donde ya existe financiación pero quedan fases de desarrollo por contratar

Lo que nos cuesta hacer la guerra

Armarnos para hacer la guerra nos costará unos 94.157 millones de euros, si no más, conforme a las tablas que el gobierno ha ofrecido.

Si sumamos las estimaciones (ciertamente fragmentadas y opacas) de lo que nos han costado los sucesivos programas de armas que desde Felipe González en adelante se han comprometido y la se han cancelado, debemos sumar a estas cifras entre 60.000 y 67.000 millones de euros más que España se ha gastado en adquirir las capacidades militares con las que ha participado en más de 120 conflictos internacionales (19 en la actualidad).

Los aproximadamente 2.000 millones gastados para la ayuda militar a cronificar la guerra en Ucrania deben computarse en la cuenta de exportación de la guerra Made in Spain.

Tampoco son moco de pavo los más de 23.469 millones de euros que España lleva gastados en operaciones en el exterior hasta la fecha, a los que habrá que sumar al menos los 2.000 millones que se prevén de gasto para 2026.

¡Qué horror! La suma de todos estos números es apabullante, cercana a los 180.000 millones de euros invertidos en aportar nuestro granito de arena a la construcción de la paz armada, casi el 12 de nuestro PIB o el 91% del techo de gasto planteado en 2025 para el gasto público estatal de todo un año.

¿Nos podemos permitir destinar el gasto público estatal de uno de cada 36 años a fomentar la guerra en el exterior?

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El gobierno británico suspende el pedido a la armamentística israelí Elbit Systems tras la huelga de hambre de los activistas de Palestine Action

Por: (tortuga)

Redacción El Salto

A la espera del juicio y encarcelados preventivamente por delitos relacionados por su participación en las acciones de Palestine Action, tres de los activistas presos han decidido abandonar la huelga de hambre. Una de ellas. Heba Muraisi, de 31 años, llevaba más de 70 días en huelga. Muraisi ha sido trasladada de prisión a una más cercana a su entorno familiar. Esta ha sido la mayor huelga de hambre coordinada desde 1982, cuando los presos republicanos irlandeses se negaron a comer para hacer valer sus reivindicaciones.

Otros de los cuatro activistas que también estaban en huelga de hambre, habían decidido pausar la protesta por motivos de salud. Ahora, no la reanudarán. Desde hace días se temía por la vida de estas personas, que han llevado su reivindicaciones al límite. Algunos de ellos habían tenido que ser hospitalizados por estar en riesgo de muerte. Solo una persona, Umer Khalid, que lleva en huelga un mes, es la única persona que mantiene la protesta. “Solo pudimos hablar pocos minutos cuando entró alguien a sacarle el teléfono. No tenemos contacto desde entonces, no sabemos nada de él”, afirma a El Salto Francesca Nadin, portavoz de Prisioners 4 Palestine, desde Londres.

Desde esta organización aseguran que los y las huelguistas han permanecido firmes en sus demandas y sabían que el sacrificio era muy grande. “Y no lo hicieron preocupadas por su propia salud, todo lo contrario. Estaban muy, muy claras con todo esto, siempre lo decían y lo repitieron hasta el final: que iban a seguir hasta ganar las demandas”, explica Nadin.

“Una victoria rotunda”

El motivo para abandonar la protesta ha sido el paso dado por el gobierno británico, que da respuesta a una de las demandas del grupo: no adjudicar un nuevo contrato —por valor de 2.000 millones de libras— que estaba previsto a Elbit Systems UK, una filial de Elbit Systems, uno de los mayores fabricantes de armas israelíes.

Prisoners 4 Palestine asegura que se trata de “una victoria rotunda para lxs huelguistas de hambre, que resistieron con sus cuerpos, tras los muros y los barrotes de las prisiones, para sacar a la luz el papel de Elbit Systems, el mayor fabricante de armas israelí, en la colonización y ocupación de Palestina”. Puntualizan que la pérdida de este contrato de 2000 millones de libras esterlinas marca “un punto de inflexión significativo” en esta “sórdida alianza estratégica” y auguran que “los días de Elbit en Gran Bretaña están contados”.

En palabras de Francesca Nadin, “Está claro que esta huelga, además de otras campañas, ha aumentado la presión sobre el Gobierno británico con todo lo que está haciendo con respecto a la represión de activistas y lo que éste sigue haciendo en Palestina. Esto se suma al contexto más grande de la huelga, el poner el foco en eso, y tener a toda la gente de este país hablando de lo mismo”.
Vulneración de derechos básicos

Desde que entraron en prisión, los activistas vienen denunciando una serie de vulneraciones básicas. En primer lugar, no hay que olvidar que el sistema de prisión preventiva británico prevé una pena de seis meses, pero si nada cambia, para cuando se lleve a cabo el juicio de estos activistas, estos habrán pasado más de un año en prisión preventiva. En segundo lugar, Palestine Action ha asegurado que hasta ahora, los detenidos han vivido sometidos a restricciones comunicativas y a interferencias por parte de las administraciones penitenciarias.

También esta situación parece que va a empezar a cambiar. Según Prisioners 4 Palestine, “a pesar de la cruel y constante negligencia médica que sufrieron lxs huelguistas de hambre, como la denegación de ambulancias en casos de emergencia vital y los tratos degradantes en el hospital”, los y las responsables de la atención sanitaria en prisiones se habrían reunido con la organización, “a petición del Ministerio de Justicia”, detallan. Los y las activistas presas también han podido empezar a recibir paquetes y correo que antes se les había retenido.

Palestine Action pedía también la documentación que acredite las relaciones entre los funcionarios del Estado británico con Israel —algo que habría podido suceder—, se exige que se publiquen los registros gubernamentales de todas las exportaciones de Elbit Systems UK de los últimos cinco años y que se rescindan todos los contratos pendientes con la filial. Por último, también se pide la retirada de cargos de los activistas presos y que se elimine a Palestine Action de la lista de “organizaciones terroristas”.

Una clasificación “desproporcionada”

Palestine Action es una organización que fue clasificada como “organización terrorista” por el gobierno británico en julio de 2025, después de que varios de sus activistas allanasen una base aérea en Oxfordshire y vandalizasen una fábrica, cerca de Bristol, de Elbit Systems. Esta clasificación ocasionó gran malestar entre las organizaciones internacionales de derechos humanos por considerarla “desproporcionada”. Incluso el Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Volker Türk, instó a las autoridades del país a revocar la decisión y consideró que gobierno británico estaba confundiendo “la libertad de expresión con actos de terrorismo”. Türk advirtió que la decisión le parecía “desproporcionada”, “innecesaria” e “inadmisible” y que contravenía “las obligaciones internacionales del Reino Unido en materia de derechos humanos”.

Además de encarcelar a estos activistas de manera preventiva por “daños criminales, robo y disturbios violentos”, el gobierno británico ha arrestado a unas 1.600 personas relacionadas con la organización. El Reino Unido prohibió Palestine Action bajo la Ley de Terrorismo del año 2000. Según esto, ser miembro de la organización o expresar apoyo de manera pública puede ocasionar sanciones penales, incluyendo multas y penas de prisión de hasta 14 años.

A pesar de este panorama, Nadin defiende que la situación de los presos ha animado a la gente en muchos lugares a tomar acciones muy parecidos a las de Palestine Action, y que ha habido decenas durante el tiempo que ha durado la huelga. “Sabemos que han empezado grupos como Palestine Action en cerca de 24 países, porque claro, en otros países no es ilegal”, indica. Admite con orgullo que este miércoles la noticia del fin de la huelga salió en todos los medios masivos de Reino Unido, “de manera que reconocieron esta victoria. Entonces, algo ha cambiado desde el principio al final de esta huelga porque al principio, durante semanas, nos ignoraron por completo”, concluye la activista.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/reino...

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El nuevo régimen de guerra alemán

Por: (tortuga)

Fabian Scheidler

Es un autor independiente. Su libro El fin de la megamáquina. Historia de una civilización en vías de colapso ha sido traducido a numerosos idiomas y será publicada en español en otoño por Icaria (Barcelona) y Abya Yala (Ecuador). Fabian Scheidler recibió el Premio Otto Brenner de Periodismo Crítico. www.fabianscheidler.com


La Unión Europea, el Reino Unido y otros miembros europeos de la OTAN han emprendido una militarización masiva, cuya velocidad y ambición no tienen precedentes desde la Segunda Guerra Mundial. Si bien la mayoría de los miembros de la OTAN se habían mostrado reacios o incapaces de cumplir el objetivo de destinar el 2% de su PIB al ejército, fijado en 2014, en la cumbre de la OTAN de 2025 se apresuraron repentinamente a comprometer el 5% anual, cediendo a la presión de Donald Trump. Solo el gobierno español se negó a cumplir.

Lo que la OTAN, sus estados miembros y los principales medios de comunicación no comunican es que el 5% del PIB corresponde a aproximadamente el 50% de los presupuestos nacionales. Si los estados realmente cumplieran esos compromisos, tendrían que reducir drásticamente el gasto en bienestar social, incluyendo educación y sanidad, y al mismo tiempo incrementar sus déficits nacionales. El Financial Times resumió la agenda en un titular de marzo de 2025: “Europa debe recortar su Estado de bienestar [wellfarestate] para construir un Estado de guerra [warfarestate]”. En otras palabras, la militarización planificada es una lucha de clases desde arriba. Aunque los gobiernos han suavizado un poco sus compromisos, afirmando que solo se destinará directamente al ejército el 3,5 %, mientras que el 1,5 % se destinará a modernizar las infraestructuras para uso militar, incluso el 35% de los presupuestos nacionales seguiría siendo un duro golpe para lo que queda del modelo europeo de bienestar.

En la agenda de la mayoría de los países europeos están los recortes masivos del gasto público para canalizar fondos al complejo militar-industrial. El gobierno alemán es uno de los más entusiastas en este sentido. El ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, del Partido Socialdemócrata (SPD), se comprometió a triplicar el presupuesto militar, desde los 52.000 millones de euros en 2024 a la cifra sin precedentes de 153.000 millones en 2029, mientras que el canciller Friedrich Merz (CDU) ya ha anunciado drásticos recortes en las prestaciones por desempleo para cubrir parte de este déficit.

La resistencia en el Bundestag es inquietantemente débil. Los Verdes han sido durante mucho tiempo unos de los defensores más fervientes del rearme y, en marzo de 2025, votaron a favor de una enmienda constitucional que eliminó todas las restricciones presupuestarias para los servicios militares y de inteligencia, manteniendo la austeridad para todos los demás tipos de gasto. El partido de derechas Alternativa para Alemania (AfD), que ha liderado algunas encuestas recientes, está igualmente comprometido con el refuerzo militar y la reducción del estado del bienestar. Aunque Die Linke se opone oficialmente a esta agenda, sus representantes en la segunda cámara federal, el Bundesrat, han votado a favor de la enmienda constitucional, lo que ha generado malestar en el partido. Para algunos observadores, la falta de oposición parlamentaria ha evocado siniestros recuerdos de los créditos de guerra de 1914, aprobados por unanimidad en el Reichstag con los votos del SPD.

En otros países europeos, sin embargo, ha surgido más resistencia. En el Reino Unido, Keir Starmer se enfrentó a una férrea oposición a sus planes de recortar las prestaciones sociales, incluso dentro de su propio Partido Laborista, y se vio obligado a dar marcha atrás. En Francia, el primer ministro François Bayrou fue destituido por una moción de censura a raíz de un plan de recorte presupuestario de 44.000 millones de euros. En España, las manifestaciones multitudinarias contra el genocidio han ejercido una presión considerable sobre el primer ministro Sánchez.

Si bien aún no está claro hasta qué punto los gobiernos europeos podrán impulsar su agenda de “todo para las armas, nada de mantequilla”, la embestida contra los servicios públicos y la clase trabajadora es continua y generalizada. La militarización descontrolada se ha convertido en el proyecto clave de la Unión Europea, que intenta reparar sus fracturados cimientos forjando una unión militar.

La militarización de la sociedad alemana

En Alemania, una ola de militarización impensable hace unos años se extiende por todo el país. Afecta a escuelas, universidades, medios de comunicación y espacios públicos. Los tranvías están pintados con camuflaje militar. Enormes anuncios del ejército presentan la guerra como una gran aventura que fortalece el espíritu de equipo. La Bundeswehr está reclutando agresivamente a jóvenes en las calles, en las escuelas y en las universidades. Incluso menores de 18 años están siendo reclutados, en violación de los principios de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, como han señalado organizaciones como Terre des Hommes. Se envía a oficiales juveniles a las aulas, donde publicitan el ejército ante estudiantes que, a veces, apenas tienen 13 años. En lugar de fomentar debates en las escuelas sobre el ejército, se les da vía libre. La administración también planea introducir ejercicios de defensa civil en las escuelas, con la intención explícita de preparar mentalmente a los estudiantes para la guerra.

En los medios de comunicación, la cadena pública alemana ARD ha empezado a promocionar el ejército y sus preparativos para la guerra en su programa infantil “9 ½”, con recomendaciones sobre cómo involucrarse. El programa no plantea preguntas críticas sobre el ejército ni menciona que el despliegue en zonas de guerra puede causar muertes y traumas. Lo mismo ocurre con la segunda cadena ​​pública, que promociona al ejército como una fuerza de paz amable y caritativa en su programa infantil ZDFtivi.

Las universidades se ven cada vez más obligadas a cooperar con el ejército. Si bien algunos Estados federales aún prohíben la investigación militar en las universidades públicas y unas 70 universidades se han comprometido voluntariamente a dedicarse exclusivamente a la investigación civil, Robert Habeck (Los Verdes) declaró a principios de 2025, cuando era vicerrector, que “necesitamos replantearnos la estricta separación del uso y desarrollo militar y civil” en el ámbito académico. En Baviera, la administración ya ha prohibido cualquier cláusula civil en las universidades, eliminando así la posibilidad de rechazar la investigación militar. Además, el Ejército alemán ha desarrollado un exhaustivo y clasificado “Plan de Operaciones Alemania” para subordinar las instituciones civiles a los objetivos militares.

Estos esfuerzos concertados para crear un Estado de Guerra buscan, entre otras cosas, transformar la actitud de la población alemana, que en su mayoría se ha mostrado escéptica respecto a las fuerzas armadas, y en particular respecto a la intervención en el extranjero, durante décadas. Desde finales de la década de 1960 y a lo largo de las décadas de 1970 y 1980, el auge de los movimientos pacifistas logró superar las arraigadas tradiciones militaristas en Alemania. En 1981, al menos 300.000 personas se manifestaron en Bonn contra el rearme nuclear de la OTAN. El Partido Verde, fundado un año antes, desempeñó un papel clave en este movimiento. Su manifiesto fundacional exigía la inmediata “disolución de los bloques militares, especialmente la OTAN y el Pacto de Varsovia”. En el apogeo de la Guerra Fría, exigió “el desmantelamiento de la industria armamentística alemana y su reconversión a la producción pacífica”.

Sin embargo, con su primera participación en un gobierno federal en 1998, el partido dio un giro de 180 grados a estas posturas, impulsando la guerra ilegal de la OTAN contra Serbia, que carecía de mandato de la ONU. Desde entonces, el partido ha sido uno de los principales defensores de la expansión de la OTAN y las intervenciones extranjeras, mientras que sus líderes han sido cooptados por centros de investigación transatlánticos como el German Marshall Fund y el Atlantik-Brücke.

Un desarrollo similar se observa en el SPD, que bajo el canciller Willy Brandt y su asesor Egon Bahr fue en su momento una fuerza destacada en las políticas de distensión. Sus esfuerzos contribuyeron decisivamente a la creación de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) en 1973 y sentaron las bases para el fin pacífico de la Guerra Fría y la reunificación alemana después de 1990. Con la invasión rusa de Ucrania, la facción dominante dentro del SPD renunció a las políticas de distensión e incluso culpó a esas políticas de la guerra en Ucrania, en una notable distorsión de la historia. Mientras que una pequeña minoría en torno al exlíder parlamentario Rolf Mützenich aún exige negociaciones de paz sinceras y límites a la escalada militar, los halcones han tomado el control casi total del partido.

El “orden internacional basado en reglas” y el genocidio de Gaza

El proyecto del Estado de Guerra y los sacrificios que la población debe hacer para su creación son presentados por líderes políticos tanto en Alemania como en la UE como algo para lo que no hay alternativa. El argumento que justifica esta postura se basa en dos pilares. El primero es la afirmación de que se requiere un rearme masivo para defender la democracia, los valores occidentales y el derecho internacional contra un estado despótico y rebelde dispuesto a desmantelar el orden internacional basado en normas. Si bien la invasión rusa fue, sin duda, un delito grave y una violación masiva del derecho internacional, la idea de que grandes potencias occidentales como Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania sean defensores del derecho internacional resulta poco convincente, ya que precisamente estos países han participado en guerras ilegales de agresión, desde Serbia hasta Iraq y más allá, así como en operaciones neocoloniales de cambio de régimen durante décadas. Con la complicidad de estos Estados en el genocidio en curso en Gaza, el mito del Occidente virtuoso que lucha por el derecho internacional se ha derrumbado irrevocablemente.

En Europa, los gobiernos alemanes se han destacado especialmente por pisotear el derecho internacional en lo que respecta a Palestina. Tras el inicio de la ofensiva israelí, el gobierno alemán multiplicó por diez sus exportaciones de armas a Israel, que alcanzaron un total de 326 millones de euros solo en 2023. Eso lo convierte en el segundo mayor proveedor mundial de armas a Israel, solo por detrás de Estados Unidos. En noviembre de 2023, cuando ya hacía tiempo que existían pruebas abrumadoras de los crímenes de guerra sistemáticos cometidos por Israel, el canciller alemán Olaf Scholz (SPD) declaró que Israel “está comprometido con los derechos humanos y el derecho internacional y actúa en consecuencia”. Incluso después de que la Corte Internacional de Justicia considerara plausible la demanda sudafricana por genocidio contra Israel en enero de 2024, el gobierno alemán no modificó su postura. En octubre de 2024, cuando ya habían muerto más de 40.000 palestinos, la ministra de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock (Verdes), declaró ante el Bundestag alemán: “Si los terroristas de Hamás se esconden tras la gente, tras las escuelas, entonces [...] los lugares civiles también pueden perder su estatus de protección [...]. Alemania lo mantiene firme; para nosotros, esto significa la seguridad de Israel”. Con estas palabras, desestimó efectivamente las Convenciones de Ginebra, que obligan a los firmantes, incluidos Israel y Alemania, a priorizar la protección de los civiles sobre los objetivos militares y prohíben el castigo colectivo.

Después de que Amnistía Internacional, Human Rights Watch y muchos renombrados estudiosos del genocidio, incluido el historiador israelí Omer Bartov, declararan que Israel estaba cometiendo genocidio en Gaza, el comisionado del gobierno alemán para combatir el antisemitismo, Felix Klein, proclamó en mayo de 2025: “Llamar a esto genocidio es antisemita”.

Bajo el canciller Friedrich Merz (CDU), quien inmediatamente después de su elección se comprometió a invitar a Benjamin Netanyahu a Berlín a pesar de la orden de arresto de la Corte Penal Internacional, Alemania ha sido la principal fuerza en la UE que bloquea todas las iniciativas para sancionar a Israel por su comportamiento. Por ejemplo, ha impedido la suspensión del Acuerdo de Asociación UE-Israel. Las autoridades e instituciones alemanas también han participado en la supresión de la libertad de expresión a una escala sin precedentes en la historia reciente de Alemania, incluyendo intentos de impedir que la Relatora Especial de la ONU para los Territorios Ocupados, Francesca Albanese, hablara en Berlín.

Con esta conducta, las autoridades alemanas han ignorado abiertamente a las Naciones Unidas, el derecho internacional y los derechos humanos fundamentales para permitir que Israel continúe su genocidio. Dado este historial —que coincide en gran medida con el comportamiento de Estados Unidos, el Reino Unido y Francia—, la idea de que estos países se comprometan a defender la Carta de la ONU es simplemente absurda.

La amenaza rusa

Si bien el argumento de que la nueva carrera armamentística se centra en la defensa de un orden internacional basado en normas y la inviolabilidad de las fronteras (que Israel, por cierto, viola a diario) ha perdido credibilidad, y con la disminución de las posibilidades de Ucrania de recuperar sus territorios, ha surgido otra narrativa para justificar el aumento de la presencia militar: la amenaza de una invasión rusa de los países de la OTAN. En junio de 2024, el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, declaró que Alemania debe estar “preparada para la guerra” porque Rusia podrá invadir la OTAN en 2029.

Sin embargo, no hay indicios de que Rusia tenga intención de atacar a países de la OTAN, y mucho menos a Alemania. Incluso el informe anual de inteligencia estadounidense afirma claramente que el Kremlin “casi con toda seguridad no está interesado en un conflicto militar directo con las fuerzas estadounidenses y de la OTAN”. El almirante Sir Tony Radakin, comandante en jefe de las Fuerzas Armadas británicas y todo menos un títere ruso, confirmó: “Vladimir Putin no quiere una guerra directa con la OTAN”. De hecho, no existen motivos plausibles para un ataque a la OTAN, que sumergiría a Rusia en un conflicto devastador con la alianza militar más poderosa de la historia de la humanidad. Incluso si los líderes rusos fueran completamente dementes y suicidas (de lo cual no hay pruebas), carecerían de los medios para emprender semejante empresa. Durante años, Rusia solo ha logrado avances lentos contra un ejército ucraniano exhausto. El presupuesto militar de la OTAN sigue siendo diez veces mayor que el de Rusia, y solo los estados europeos de la OTAN gastan más del triple y son abrumadoramente superiores a Rusia militarmente.

Dado que la amenaza rusa a la OTAN es claramente exagerada, incluso a ojos de la inteligencia occidental, surge la pregunta de por qué el gobierno alemán, junto con otros líderes europeos, sigue difundiendo la narrativa de una invasión inminente. La pregunta cobra aún más pertinencia dado que la UE y sus Estados miembros más poderosos están socavando activamente las negociaciones de paz serias, aumentando así el riesgo de una confrontación grave con Rusia. La propuesta de enviar tropas de la OTAN a Ucrania tras un posible alto el fuego, por ejemplo, aumenta los incentivos para que Rusia continúe combatiendo, ya que impedir el despliegue de tropas de la OTAN en Ucrania fue un motivo clave para iniciar la guerra. Si bien la UE debería tener un claro interés en apagar el fuego a sus puertas, sigue echándole más leña, comprometiendo tanto sus propios intereses de seguridad como los de Ucrania. ¿Qué impulsa este comportamiento aparentemente irracional?

La agitación geopolítica y la “división internacional de la humanidad”

Una posible respuesta a este enigma es que un sector destacado de las élites políticas y económicas de Alemania y la UE considera el proyecto de militarización desenfrenada como un medio para contrarrestar las enormes convulsiones que amenazan su poder a nivel geopolítico, nacional y económico. Y para ello, es indispensable mantener una amenaza importante, un enemigo aterrador que no desaparecerá rápidamente. Si la amenaza rusa, por el contrario, resultara menos grave de lo que se describe, y si Rusia pudiera ser complacida con un acuerdo de paz que incluyera la neutralidad ucraniana, todo el sistema de justificación para el aumento de la presencia militar se desmoronaría.

Para analizar este argumento con mayor detenimiento, es necesario analizar con mayor detenimiento el contexto histórico. Geopolíticamente, Occidente está perdiendo la posición dominante en el sistema mundial que ha ocupado durante siglos, un proceso que ha provocado graves turbulencias y fracturas dentro del bloque occidental. Estados Unidos está desplegando todas las estrategias posibles para recuperar su otrora posición hegemónica, sin dudar en desacreditar a la UE si es necesario. Tras el fracaso de la estrategia del gobierno de Biden de debilitar a Rusia mediante la guerra de Ucrania, que llevó a Rusia a los brazos de Pekín, el gobierno de Trump ha intentado desesperadamente retirarse de Ucrania para centrarse en Asia y contener a su principal rival, China. Por esta razón, Estados Unidos intenta trasladar la carga financiera de la guerra a Europa.

Para los gobiernos europeos, y en particular para la administración alemana, que han seguido al pie de la letra las instrucciones estadounidenses, subordinando sus propios intereses, este cambio de rumbo ha provocado un caos y una confusión considerables. En primer lugar, cedieron a la presión estadounidense para cortar todos los lazos con Rusia. Si bien esto no contribuyó a poner fin a la guerra en Ucrania, causó graves problemas económicos, especialmente a Alemania. Bruselas y Berlín también han adoptado una postura agresiva hacia Pekín e incluso están dispuestos a reducir sus lazos económicos con China para complacer a Washington. Pero cuando Trump asumió el cargo en enero de 2025, resultó que la recompensa por esta obediencia fue una bofetada en forma de aranceles masivos a las exportaciones europeas, que, de nuevo, resultan especialmente dolorosos para Alemania. Desde entonces, los europeos se encuentran cada vez más aislados y rodeados de potencias más o menos hostiles, sin apenas socios fiables. Para colmo, el apoyo de países como Alemania al genocidio en Gaza ha distanciado profundamente a gran parte del Sur Global.

Si bien esto podría haber sido una llamada de atención para que Europa cambiara de rumbo y se reposicionara en un nuevo mundo multipolar, para que se desvinculara de un imperio estadounidense en decadencia y cada vez más errático, y actuara como una fuerza moderadora de la paz entre las grandes potencias, los líderes de la UE han optado por un camino diferente. Al comprometerse a aumentar masivamente su gasto militar, intentan apaciguar a Estados Unidos, reparar la fractura de la alianza transatlántica e impedir que Washington imponga más cargas económicas. Al mismo tiempo, los líderes europeos ven una oportunidad para rehabilitar su menguante posición en el sistema mundial por medios militares. En Alemania, este proyecto se remonta a la época de la Guerra contra el Terror, cuando las administraciones alemanas intensificaron los despliegues en el extranjero para defender los intereses alemanes en el Hindukush y en todo el mundo. La invasión rusa ha proporcionado una justificación aún más sólida para este esfuerzo, que permite a Alemania superar parte de la desconfianza histórica que otras naciones occidentales han albergado hacia el desarrollo militar alemán.

A pesar de la rivalidad y las luchas internas entre las naciones occidentales, la nueva ola de militarización tiene al menos un denominador geopolítico común: el mantenimiento de lo que Vijay Prashad ha llamado la “división internacional de la humanidad”. El sistema mundial capitalista se ha basado durante siglos en el dominio de las naciones occidentales blancas sobre los pueblos del Sur Global mediante la colonización y el régimen neocolonial. Este orden se ve amenazado por el auge del Sur Global y los BRICS, y Alemania, al igual que otras potencias europeas, no está dispuesta a permitir que las “naciones más oscuras” tengan la misma voz en los asuntos mundiales como tampoco a renunciar a su posición privilegiada entre los principales depredadores de la cadena alimentaria. Dado que la influencia económica y el poder blando de Alemania están en declive, sus líderes parecen creer que pueden revertir las tendencias mediante una mayor militarización.

Decadencia económica y remilitarización

A nivel económico y nacional, Alemania se ha convertido, como muchos otros países occidentales, en una sociedad en decadencia. Uno de cada cinco niños vive en la pobreza. Gran parte de las infraestructuras se encuentran en un estado lamentable, y algunas se están desmoronando, incluyendo escuelas y puentes. El ferrocarril alemán, que en su día fue un modelo para muchos países, se ha convertido en un símbolo de mala gestión y decadencia. La inversión en educación y sanidad está rezagada, y la desigualdad de ingresos y riqueza ha aumentado drásticamente desde mediados de la década de 1990, manteniéndose elevada durante más de una década.

Esta situación es el resultado de décadas de austeridad y privatización, promovidas por socialdemócratas, verdes, conservadores y liberales por igual. Además, desde el bombardeo de los gasoductos Nord Stream y la imposición de sanciones contra Rusia, los precios de la energía se han disparado, lo que supone una carga significativa para las industrias alemanas. Durante los dos últimos años, Alemania ha atravesado una grave recesión, la más larga de la historia de la República Federal. Esto solo se conoció después de que la Oficina Federal de Estadística tuviera que admitir, en julio de 2025, que había circulado previamente datos falsos y edulcorados. Para empeorar las cosas, la industria automovilística alemana, otrora un motor de la economía, ha perdido rápidamente fuerza, especialmente en la competencia con China. Los aranceles estadounidenses están socavando aún más la posición del antiguo líder exportador.

Esta grave situación económica tiene consecuencias sociales y políticas de gran alcance. Con la contracción económica, la contradicción entre los intereses del capital y los del trabajo se acentúa y los capitalistas adoptan, como ha expresado Nancy Fraser, métodos caníbales para asegurar el crecimiento continuo de sus ganancias. La especulación inmobiliaria está elevando aún más los alquileres, haciendo que la vida en las grandes ciudades sea inasequible para muchos. Al mismo tiempo, el gasto en servicios públicos e infraestructura se está recortando aún más drásticamente.

Todo esto agrava la frustración de gran parte de la población, que está perdiendo la confianza no solo en esta o aquella administración en particular, sino en el sistema político en su conjunto. Las encuestas muestran que solo el 21 % de los alemanes aún confía en el gobierno, mientras que la cifra en el caso de los partidos políticos es de tan solo el 13 %. Además, el declive social y económico se percibe como parte de una cadena interminable de malas noticias y desastres para los cuales la política no solo no tiene respuestas, sino que, de hecho, las exacerba. Con nuevas calamidades a causa de las guerras, el caos climático y la inteligencia artificial desatada que se avecina, la gran narrativa de que las cosas están mejorando, al menos a largo plazo, se vuelve cada día menos convincente. La promesa central de progreso continuo que ha mantenido unido al mundo occidental en todos los bandos políticos durante siglos se está desmoronando ante nuestros propios ojos, tanto en Alemania como en la mayoría de las demás naciones occidentales. En la medida en que la modernidad capitalista ya no puede cumplir sus promesas centrales, la cohesión ideológica y política se está volviendo cada vez más frágil y las fuerzas centrífugas están en auge.

El desarrollo militar puede aportar soluciones útiles a este caos desde la perspectiva de las fuerzas políticas y económicas dominantes, que intentan mantener su poder, privilegios y riqueza en medio de la crisis sistémica. En primer lugar, impulsar el complejo militar-industrial podría considerarse una forma de keynesianismo militar para impulsar las industrias nacionales y reactivar el crecimiento. Sin embargo, es dudoso que un proyecto de este tipo funcione a nivel macroeconómico. Es cierto que los productores de armas alemanes están en pleno auge: solo Rheinmetall espera pedidos adicionales por valor de entre 300.000 y 400.000 millones de euros y el valor de las acciones de la empresa se ha multiplicado por quince en los últimos años, pero gran parte del armamento que el gobierno alemán pretende comprar se producirá en Estados Unidos, incluidos los aviones F-35, los helicópteros Boeing Chinook y los sistemas de misiles antibalísticos Arrow 3.

Si este programa pretendía efectivamente reactivar la economía nacional mediante la creación de demanda interna, cabe preguntarse por qué los gobiernos alemanes, al igual que en otros países occidentales, han sido y siguen siendo tan reacios a invertir más en educación, sanidad y otros servicios públicos, que generarían demanda interna de forma mucho más eficaz. La enmienda constitucional de marzo de 2025 aborda el núcleo de esta paradoja: si bien mantiene la austeridad para la sociedad en general, ha permitido un gasto y un endeudamiento ilimitados para el ejército y el Estado profundo.
Policrisis y estado de excepción permanente

Noam Chomsky comentó en una ocasión que el desmantelamiento del estado de bienestar en favor del complejo militar-industrial es un viejo proyecto que se remonta a la época del New Deal. Según Chomsky, las prestaciones sociales estimulan el deseo de la gente de mayor autodeterminación y derechos democráticos, obstaculizando así el autoritarismo. El gasto militar, en cambio, genera grandes beneficios sin el “peligroso” beneficio de los derechos sociales. Las fuerzas neoliberales de la UE llevan décadas presionando para recortar el bienestar público y aumentar el gasto militar. Mantener viva la amenaza rusa contribuye enormemente a legitimar este proyecto.

La respuesta completa, sin embargo, podría ser aún más profunda. Con el desmoronamiento de la coherencia ideológica en Occidente, el Estado de Guerra puede proporcionar un sentido de dirección y unidad entre las élites gobernantes. Además, la amenaza de un enemigo abrumador, ya sea real o ficticio, permite la imposición de un estado de excepción a la sociedad en su conjunto. “Soberano es quien decide sobre el estado de excepción”, escribió Carl Schmitt, el teórico estatal alemán de la derecha, ya en 1922. Ante una policrisis en escalada, el estado de excepción es una opción para introducir un régimen autoritario y eliminar la disidencia sin tener que abandonar formalmente las instituciones de una democracia representativa. Si el mundo está, como se nos dice, en medio de una batalla existencial entre el bien y el mal, entonces no hay espacio para la deliberación, y la disidencia se convierte en traición.

El estado de excepción también permite una redistribución masiva hacia arriba, canalizando billones de dólares a manos de la clase multimillonaria sin mucha supervisión democrática. Presupuestos especiales como los “Sondervermögen” (fondos extrapresupuestarios) alemanes y una legislación ad hoc de gran alcance son típicos de esta estrategia de choque. De hecho, se puede argumentar que el capitalismo occidental, que lleva décadas en crisis de acumulación, solo puede mantenerse a flote con estas inyecciones masivas de dinero público. Esto es aún más cierto en una economía alemana estancada e incluso en contracción.

Además, el estado de guerra, latente o manifiesto, es un medio perfecto para distraer a una población cada vez más escéptica y evitar que considere las causas sistémicas de la creciente policrisis. Ya sea la desigualdad o el caos climático, la lógica de la guerra nos llama a dejar de lado estos problemas para defender la civilización occidental contra los Sauron y los Voldemort del bárbaro Oriente. Esta estrategia recuerda a la Guerra contra el Terror, que, además de ser un desastre para el mundo, logró desviar la atención de los problemas sociales y ecológicos, al tiempo que convertía a musulmanes y migrantes en chivos expiatorios.

Hoy, como entonces, la guerra parece ser la única opción para un cuerpo político que no tiene respuestas para nada, ya sea la pobreza generalizada, el caos climático, la ira popular o los desafíos geopolíticos. Si bien se suele decir que la política se centra en la solución de problemas, el proyecto del Estado de Guerra busca distraer la atención de los problemas reales hipnotizando al público y centrando su atención en una amenaza externa.

¿Autodestrucción o seguridad común?

Las consecuencias del proyecto de Estado de Guerra son devastadoras a todos los niveles. Sobre todo, la situación de seguridad de la UE en general, y de Alemania en particular, se deteriorará significativamente si se continúa la vía del rearme y la confrontación, y se sabotea la diplomacia efectiva. Una de las lecciones más importantes de la primera Guerra Fría es que el mayor riesgo de una guerra nuclear no se deriva de que una de las partes presione el botón rojo de improviso, sino de malentendidos y amenazas inminentes percibidas, que aumentan significativamente cuando se suspende el diálogo y se agitan las banderas en las fronteras. Alemania, que ha anunciado que permitirá el estacionamiento de nuevos misiles estadounidenses de alcance medio en su territorio, sería uno de los primeros países en ser aniquilados en caso de una conflagración.

Además, al negar las nuevas realidades geopolíticas e intentar mantener su posición privilegiada en el sistema mundial mediante el rearme, Alemania solo aumentará su aislamiento en el escenario mundial. El proyecto de Estado de Guerra también exacerbará la crisis social al desviar fondos de inversiones muy necesarias en servicios públicos, una política que, a su vez, generará mayor inestabilidad política. La extrema derecha se verá beneficiada aún más, mientras que la UE podría correr el riesgo de desintegrarse bajo el peso de intereses contrapuestos y de la indignación pública.

Para Alemania y sus aliados, solo hay una salida razonable a esta espiral de autodestrucción: aceptar que ya no tienen la última palabra, que un orden multipolar es inevitable y, de hecho, ya es una realidad. Si Alemania fuera capaz de aceptar este hecho, podría desempeñar un papel constructivo en la mediación entre las grandes potencias. De hecho, cuenta con una impresionante tradición de distensión que podría invocar. En la década de 1970 y principios de la de 1980, políticos alemanes como Willy Brandt y Egon Bahr fueron clave en el desarrollo del concepto de “seguridad común”. Como expresó el exsecretario de Estado estadounidense Cyrus Vance en su prólogo al emblemático Informe Olof Palme de 1982: “Ninguna nación puede lograr una seguridad real por sí sola. [...] Porque la seguridad en la era nuclear…” es sinónimo de seguridad común.

En otras palabras, la cooperación con adversarios geopolíticos es un requisito previo para la supervivencia. En este enfoque, la clave para la paz reside en respetar los intereses de seguridad de todos los actores. No solo israelíes, ucranianos, alemanes y estadounidenses tienen derecho al respeto de sus intereses de seguridad, sino también palestinos, rusos, iraníes, chinos y colombianos. Si bien el gobierno alemán, junto con gran parte de Occidente, se opone hoy al mismo concepto que en su día ayudó a crear, la gran mayoría del Sur Global desea un orden multipolar basado en la seguridad común, no en la confrontación. Alemania debe decidir de qué lado de la historia quiere estar.

Bienestar, no guerra

La convergencia de movimientos en torno a la cuestión de la paz desempeñará un papel clave para determinar si se puede detener la carrera hacia el abismo. Los ataques a las ayudas sociales para financiar el aumento de armamentos ya han incitado una resistencia popular masiva en países como Gran Bretaña, España, Francia e Italia. Si bien los movimientos pacifistas alemanes siguen siendo históricamente débiles debido a las divisiones internas, una serie de importantes manifestaciones este otoño, tanto en torno a los problemas de Gaza como de Ucrania, podrían indicar un punto de inflexión.

Detener el aumento de la presencia militar y la nueva confrontación de bloques es una cuestión clave para la izquierda europea, ya que todos los posibles logros progresistas en materia de derechos laborales, democracia y justicia ambiental se verían destruidos si los líderes de la UE se salen con la suya con la agenda del Estado de Guerra. Después de todo, hoy más que nunca se trata de ayudas sociales, no de guerra.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/anali...

✇Web Tortuga AA-Moc

Para un kit de supervivencia frente al militarismo norteamericano (y el nuestro)

Por: (tortuga)

La nueva intervención militar de EE. UU., esta vez en Venezuela (pero hace unos días en Nigeria y antes en Irán y dando cobertura a Israel, y antes en Yemen y Siria lanzando munición guiada y misiles, o los ataques perpetrados en Somalia, por referirnos solo al año 2025, y una larga lista de sobra consabida desde los años 40 del siglo pasado) ha provocado reacciones de protesta airada en esta parte claudicante del imperio.

La carta a su militancia (¿?) utilizada por el presidente Sánchez como medio de protesta oficial por dicha intervención (¡!) es dudoso que llegue a tener eficacia alguna (o incluso a llegar a los oídos de la arrogante diplomacia americana) pero demuestra la habilidad de Sánchez para detectar un tema generador de malestar (y eventual caladero de votos) en el que necesita hacerse presente oportuna y oportunistamente.
La rápida movilización del día después en la embajada americana, en los consulados de muchas ciudades y en múltiples plazas de otras localidades demuestra la sensibilidad del tema y la disposición de una parte de la población a movilizar energías políticas por este asunto.

Por desgracia, los lemas contra el imperialismo yanqui, dicho sea de paso, muy justificados, y las invocaciones al orden internacional no parecen excesivamente operativos para pasar de una protesta airada a una lucha eficaz que necesita, como es obvio, otros complementos que en este momento no parece que estemos capacitados para proponer y movilizar.

Dispositivos, me refiero, de hacer daño de verdad, de cortocircuitar, de señalar, de poner piedras en el camino, palos en las ruedas, verdadera coacción moral y social con capacidad de provocar cambios.

Por de pronto, a mi se me ocurre una especie de kit de emergencia para hacer en mi día a día lo que pueda. Lo lanzo por si entre todos somos capaces de complementarlo con otras ideas.

  • A) La primera de mis ideas; que la aplastante y abrumadora fuerza de la primera potencia se basa en gran parte en una endiablada y compleja cadena de colaboraciones y sumisiones sucesivas que nos hace formar parte de los eslabones con los que nos atan.

Y ello me lleva a pensar en dos colaboracionismos en los que trabajar(me):

  1. El personal, en el que tal vez si que tengo margen de maniobra si no para solucionar la situación, al menos para higienizar mi mente e incordiar en lo posible.
  2. Y el comunitario, en el supuesto de que cuanto menos nos prestemos en colectivo a apoyar a estos cencerros menos resonará su badajo proclamando la ideal libertad americana.

En lo estrictamente personal he comenzado por hacer higiene en mi propia cabeza con la suspicaz sospecha de que estos tipos nos infiltran en vena la aceptación de sus lógicas. A la mierda el consumo de sus películas (que por cierto son performativas del mundo que aspiran a construir para nuestro bien), de sus canciones y espectáculos, de la idiota obsesión por su idioma, de los cachivaches que nos venden, de sus reclamos religiosos y mundanos, del marketing y del sursuncorda. De hecho, esta misma mañana me ha preguntado un tipo con pinta de yanqui despistado por una calle y le he dicho que yo a los americanos, después de lo ocurrido, no les doy ni la hora para que sienta en sus carnes el desprecio visceral que provocan sus políticas agresivas.

Incluso me estoy pensando si proponer a mis amigos establecer una especie de sello de calidad o algo así para espacios «liberados» o «descontaminados» del colaboracionismo americano; sellos que podemos poner en pueblos que se declaren contra el militarismo americano, o contra la ocupación, o en espacios rescatados (y ojalá pueda campear el sello en Rota o en Morón y otros espacios infectados por la contaminación militar americana).

Puede que no solucione mucho esta especie de disposición personal hostil, pero, como dice un dicho leguleyo, «lo que abunda no daña» y al menos me hace estar despierto.
En lo comunitario se me ocurren de momento dos cosas más:

Una, que en la medida en que la actitud de hostilidad (por ponerle un nombre) a la colonización mental, tecnológica y de todo tipo de lo americano se hace colectiva, pudiera ser que esto les haga más daño (y a nuestras colectividades más salud por añadidura). De ahí la llamada a alimentar este nocolaboracionismo entre amistades, conocid@s, vecin@s, colegas, etc.

Que se nos hagan odiosos e indeseables y que dejemos, como papanatas, de consumir su modo de vida guay.

Y la segunda, que un rechazo cuanto más amplio mejor y cuanto más organizado y extenso más eficaz puede además afectar a sus intereses, en definitiva, uno de los motores de sus lógicas coloniales. De modo que, aprendiendo de nuestros amigos palestinos y de sus organizaciones de lucha, promover el boicot, la desinversión, el señalamiento y la problematización de todo lo americano, hacemos más eficaz y plausible el rollete del yanquee go home para que nos e quede en mera palabrería.

  • B) La segunda idea que se me ocurre tiene que ver con las posibilidades de articular una lucha de respuesta política y en este caso, la afinaré diciendo que luchar contra la infiltración de las lógicas militaristas de EE. UU. es luchar también contra nuestro propio militarismo.

No desvelo ningún secreto si afirmo que España está alineada al militarismo global como un alumno aventajado (también practicamos la injerencia militar, somos la octava potencia en venta de armas, mantenemos un gasto militar contrario a la seguridad humana y gigante, un aparato militar desmesurado y un militarismo social preocupante) y sometida a la orientación militarista de la OTAN y de EE. UU.

Romper el peso de esta enorme cadena implica luchar contra nuestro propio militarismo.

Por eso, una apuesta por intentar ser eficaces políticamente en el enfrentamiento contra todo esto pasa por:

  • Luchar contra la presencia militar (y no militar) de EEUU en España: bases militares, instalaciones de alta disponibilidad, de entrenamiento u otras al servicio de la política imperial americana, tratado de amistad y cooperación, uso del espacio aéreo o de tecnologías instaladas en suelo español para operaciones militares americanas, participación en operaciones militares de la OTAN, adquisición de armamento americano, negativa a colaborar con el estiaje de armas o bagajes militares americanos en suelo español y todo atisbo de presencia del militarismo americano entre nosotros.
  • Y adoptar una política propia global de resistencia a la guerra y su preparación, desmilitarización y trans-arme, porque lo que defienden los ejércitos no es lo que queremos defender (al contrario, forma parte de aquello de lo que queremos defendernos) y la paz que queremos construir no es la mera ausencia de guerra ni su preparación.

Esta segunda idea nos pone en la necesidad de rearticular un movimiento de lucha por la paz más antimilitarista y confrontativo que, por ejemplo:

-# -Reivindique la resistencia a la guerra, la no injerencia militar española en el exterior, la salida de las alianzas militares, la devolución a la sociedad de los espacios naturales al servicio del militarismo, la desaparición de los campos de entrenamiento militar y las grandes bases al servicio de la OTAN; contra la ocupación del territorio y la creación de zonas de interés de la defensa, contra e gasto militar y por la reversión del rearme emprendido, el trasvase del gasto militar a necesidades vinculadas con la seguridad humana y ecológica.

  1. -Lance campañas de boicot y desobediencia al militarismo vinculadas con el gasto militar, la investigación y los desarrollos científicos, la penetración del militarismo en escuelas, centros formativos o recreativos, la ocupación del espacio público por militares y exaltaciones militaristas, la producción de armas, la expansión del militarismo a la protección civil en detrimento de política publicas de respuesta civil, etc.
  2. - Promueva la lucha contra las industrias militares, proponga alternativas de conversión militar y ofrezca apoyo a la clase trabajadora para ejercer la objeción laboral como respuesta personal y política al armamentismo.
  3. - Se oponga a las políticas de defensa militaristas y ofrezca alternativas de transarme y defensa alternativa.
  4. Combata el militarismo ideológico, social y sociológico.
  5. - Empodere y movilice a la sociedad en ciclos de movilización que afecten de forma decisiva al militarismo y sus intereses y se coordine con luchas sociales emancipatorias y movimientos sociales de aspiración a un cambio global de rumbo.
  6. Y promueva metodologías de lucha social y de cultura de paz positiva que mejoren la calidad ética y social de nuestra sociedad.
  • C) La tercera idea que se me ha ocurrido, tiene que ver con los aliados.

Me imagino que, al igual que ocurre aquí, las apuestas militaristas del imperialismo americano son compartidas por un parte de su sociedad, pero rechazadas por otra.
E igual ocurre en otras partes del militarizado mundo actual.

Nos interesa trazar alianzas, tejer lazos, cruzar sabidurías para provocar disidencias dentro del propio centro del imperio y no sólo en su periferia.

Una de las enseñanzas analíticas que las investigadoras Erica Chenoweth y María J. Stephan acerca de la eficacia de la desobediencia civil para conseguir transformaciones sociales es que gran parte de sus logros se producen por la construcción de un numero crítico de activistas a su favor y el cambio de alianzas en la fila contraria y que para que esto tenga lugar la principal fortaleza es la persistencia/resiliencia de las luchas emprendidas.

No se me ocurre de qué manera, pero debemos conectar con las propias disidencias internas del propio eje del mal, las de sus periferias vendidas y de todos los lugares como ingrediente de nuestra lucha para hacer que no se nos quede en un calentón o una descarga de adrenalina.

Y, como no, debemos conectar y coordinar esta lucha con las restantes luchas ejercidas por los movimientos transformadores, en definitiva perseguidores de los mismos propósitos, sueños y esperanzas y combatientes de los mismos males, puesto todos ellos tienen vasos comunicantes.

Y lo tenemos que hacer en términos de defensa social alternativa, el nuevo argumentario con el que articular y defender el mundo que queremos colaborar a construir.

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El negocio del miedo: Empresas militares impulsan una era de muros y vallas para detener la migración

Por: (tortuga)

Bruno Sgarzini

La caída del Muro de Berlín y el apartheid sudafricano anunciaban el inicio de un supuesto “mundo libre”, integrado por la globalización. Pero en lugar de eso, se ha dado lo que el historiador David Frye llama “una Segunda Era de las Murallas”, que eclipsa a la primera que comprende desde la antigua Grecia hasta finales del siglo XIX.

Un informe del Instituto Trasnacional de 2020, titulado Mundo Amurallado, hacia un apartheid global, estima que desde 1989 se han construido 63 muros. La cifra actualizada alcanza supera los 70 según el Migration Policy Institute. Elisabeth Vallet de la Universidad de Quebec calcula que ahora existen 74 muros fronterizos en todo el mundo, seis veces más que al final de la Guerra Fría, extendiéndose por más de 20,000 millas (32,000 kilómetros).

Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo.

Israel es el país con el mayor número de muros (seis), seguido de Marruecos, Irán e India (tres), y Sudáfrica, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Turquía, Turkmenistán, Kazajstán, Hungría y Lituania (dos).

Para 2020, seis de cada diez personas en el mundo viven en un país con un muro en sus fronteras, según el instituto. La proporción podría ser mayor con el crecimiento de muros en todo el mundo

Sin contar el que se construye en las fronteras entre Estados Unidos y México, como otros ya existentes.

En total, Asia tiene el mayor número de muros (56 por ciento) seguida de Europa (26 por ciento) y África (16 por ciento).

Para el Instituto Trasnacional, una de las mayores razones de esto proceso es la securización de las fronteras.

“Se creó un modelo de sociedad que se percibe a sí misma como insegura, que se gobierna a través del miedo. Las sociedades que se sienten más inseguras generan tendencias de segregación espacial. Esta segregación se debe, principalmente, a la búsqueda por parte de algunos sectores sociales de aislamiento de los supuestos elementos amenazantes para conseguir un determinado modelo de seguridad”, sostiene su informe.

El caso más emblemático, por ejemplo, es el del Viejo Continente. Según el Eurobarómetro 2017, en Italia, por ejemplo, la percepción social es que el porcentaje de inmigrantes es del 24,6%, cuando el valor real es del 7%. En España, estos valores son del 23% y 9%, y en Holanda, del 12,5% y 9%. En Polonia, la percepción es del 10% mientras que el porcentaje real es del 1%. Entre 2014 y 2022, la longitud agregada de vallas fronterizas en las fronteras externas de la UE y dentro del área UE/Schengen creció de 315 km a 2,048 km. Actualmente, el área UE/Schengen está rodeada o atravesada por 19 vallas fronterizas o de separación que se extienden por más de 2,000 kilómetros, según el parlamento europeo.

En los últimos años, después de la intervención rusa en Ucrania, los muros dejaron de construir para detener el flujo de refugiados de África y Medio Oriente. Polonia, en 2021, por ejemplo, completó un muro de cero de 186 kilómetros a lo largo de su frontera con Bielorrusia, que atraviesa varias áreas naturales protegidas, incluido el antiguo bosque de Białowieża. Esta barrera fue erigida como respuesta a lo que la Unión Europea calificó un "ataque híbrido" por el flujo de migrantes que empezaron a atravesar desde Bielorrusia. Finlandia, que comparte 1,340 kilómetros de frontera con Rusia, aprobó en 2023 la construcción de una valla que cubrirá el 15% de su territorio limítrofe, con un coste de más de 400 millones de dólares y finalización prevista para 2026. En El Báltico, Estonia, Lituania y Letonia avanzan en un plan conjunto de fortificación de 700 kilómetros para separar sus fronteras de Rusia lo máximo posible.

En Europa, destacan, además, las vallas de Ceuta y Melilla, en la frontera entre España y Marruecos, para detener la inmigración fronteriza. Donde se han usado desde alambres con cuchillas hasta un cable metálico que inmoviliza a quienes intenten cruzarla. España fue precursor con un sistema de vigilancia que dio origen al EUROSUR, “un sistema que combina el control de datos de todos los países de la UE con sistemas de radares y vigilancia fronterizos, que también se ha externalizado a terceros países”.

“Estas dinámicas en torno al miedo, la seguridad y el riesgo, sirven de mecanismo diferencial, divisor y fraccionario de diferentes sectores y capas de la sociedad, según los riesgos que estas perciben y las herramientas de las que disponen para hacerles frente. De esta manera la separación física y divisoria del espacio, se convierte en una política común a seguir y, la interposición de barreras, la herramienta para hacerla efectiva”, según el instituto Trasnacional.

Por esto, las razones que se han dado para la construcción de muros son; inmigración (32 por ciento), terrorismo (18 por ciento), contrabando de bienes y personas (16 por ciento), narcotráfico (10 por ciento) y disputas territoriales (11 por ciento).

Esto de facto genera un apartheid donde hay ciudadanos de primera, dentro de fronteras, y ciudadanos de segunda, que están fuera, con sus derechos suspendidos.

Lo que no se reduce solo a los muros, sino también a despliegues militares en fronteras como las de México y Guatemala o despliegues marítimos fuera de Australia, con centros de detención incluidos, que han costado cinco mil millones de dólares entre 2013 y 2018. En América Latina, República Dominicana empezó a construir una estructura de 3,6 metros de altura, mitad de concreto y mitad de valla metálica con alambre de púas, en más de la mitad de los 340 km de frontera que comparte de frontera con Haití.

El ejemplo más claro de una política segregación es la de Israel, el país con más muros del mundo, contra la población palestina.

Otro caso paradigmático es el de Siria, rodeado por cuatro muros en cuatro de los cinco países que lo rodean (Israel, Turquía, Jordania e Irak). “Todos se justifican en el terrorismo y la inmigración”, según el Instituto Trasnacional.

Ayudaron a esto la aparición del Estado Islámico y la inmigración de personas que huían de la guerra. La ACNUR estima que por el conflicto ha habido 6,2 millones de desplazados, el número más alto de un país en el mundo.

India, por su lado, tiene barreras con tres de las siete naciones con las que comparte frontera; Bangladesh, Pakistán y Myanmar. Las razones esgrimidas por sus sucesivos gobiernos es la inmigración musulmana de Bangladesh, el terrorismo y la disputa territorial sobre Cachemira con Pakistán y la entrada de narcotraficantes y de los desplazados rohinyás, etnia perseguida por el gobierno Myanmar.

Para el instituto Trasnacional; “la industria militar y de seguridad es una de las fuerzas impulsoras de la militarización de las fronteras, incluida la construcción de muros y vallas. Para ello, ha impulsado una narrativa en la que la migración y otros desafíos políticos o humanitarios en la frontera son tratados principalmente como un problema de seguridad, para el cual la construcción de muros y vallas, junto con el uso de equipos militares y de seguridad, es presentada como la solución”.

En general, los muros y vallas son construidos por empresas locales o fuerzas armadas de los países. Luego, la industria militar y de seguridad proporcionan tecnología de monitoreo, detección e identificación, vehículos, aviones, armas y otros equipos para mejorar y proteger las barreras fronterizas, como robots y drones.

Las empresas con más contratos en Europa y Estados Unidos son Airbus, Thales, Leonardo, Lockheed Martin, General Dynamics, Northrop Grumman, L3 Technologies, Elbit, Indra, Dat-Con, CSRA, Leidos y Raytheon. La israelí Elbit, por ejemplo, ofrece sus servicios a otras naciones con la promoción de que fueron testeados en los muros armados por Israel en los territorios palestinos.

Según el Instituto Trasnacional; “mientras construimos estas fortalezas, segregamos a las personas protegiendo los privilegios y el poder de unos y negando los derechos humanos y la dignidad de otros”.

“Detrás del aumento de los muros y la industria se esconde una narrativa poderosa y manipuladora que se ha vuelto hegemónica. Sostiene que los migrantes, en particular, son una amenaza para el modo de vida de algunos países, en vez de víctimas de políticas económicas y políticas perpetuadas y promovidas por los países más ricos que obligan a las personas a abandonar sus hogares”.

Fuente: https://www.diario-red.com/articulo...

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