Tanto los combustibles fósiles como las armas militares son armas de destrucción masiva, basadas en una economía de destrucción de la vida y sostenidas por políticas de deshumanización y dominación.
Los Gobiernos de todo el mundo y las empresas multinacionales están declarando activamente la guerra a la vida y a los pueblos, tanto mediante ataques militares como provocando el caos climático a través de los combustibles fósiles. Estas dos formas de ataque están tan entrelazadas que es imposible contar la historia actual de una sin la otra.
Tras la intensificación del genocidio en Gaza, se ha puesto en marcha un nuevo tipo de intervención en los países del Sur Global, un retorno al pasado liderado por políticas de extrema derecha que deshumanizan todo al servicio del lucro destructivo.
La lucha por la dignidad, la independencia y la construcción del poder popular son las armas del futuro, y nos mantendremos al lado de los pueblos que las están construyendo.
El rearme de la UE no es para la defensa, sino para el ataque. El bloque imperialista de la UE necesita más armas para ejercer su dominio sobre otros territorios, como lo hace en África y Abya Yala (América Latina).
El plan «ReArm Europe-Readiness 2030», el denominado plan de rearme europeo, se presentó el 19 de marzo de 2025. Básicamente, contiene dos conceptos: un nuevo enfoque de la defensa europea dentro de los parámetros de la OTAN y la aprobación de una serie de medidas económicas y financieras. Los mecanismos de financiación diseñados para impulsar el rearme serán similares a los ya puestos en marcha el 21 de julio de 2020 (Next Generation). Se trata de préstamos que los gobiernos solicitan a la UE para poner dinero en manos del capital privado, lo que, además de impulsar la industria militar, supondrá una oportunidad de negocio para las empresas encargadas de llevarlo a cabo.
Uno de los argumentos que se esgrimen para justificar el plan de rearme es que la UE carece de un sistema de defensa frente a Rusia o China. Esto no es cierto. Una cosa es que el sistema político-militar se encuentre en crisis (sobre todo la OTAN), debido al giro de Trump hacia un acuerdo con Putin, y otra muy distinta es afirmar que Europa es un espacio desarmado. Según un informe de la fundación alemana Friedrich Ebert Stiftung, la fuerza militar global de los 27 Estados miembros de la UE, en comparación con la de Rusia, favorece a los primeros. Es obvio que Rusia cuenta con el mayor arsenal de armas nucleares del mundo, pero en cuanto a armas convencionales, las fuerzas estarían mucho más equilibradas: el número de soldados, tanques, aviones de combate, lanzacohetes, etc. El gasto militar actual de los 27 países miembros, excluyendo al Reino Unido, ronda los 326 000 millones de euros al año; es decir, algo menos de la mitad del gasto de EE. UU., pero superior al de China y Rusia respectivamente (en cualquier caso, las cifras deben contextualizarse en términos tanto del tamaño del PIB de cada país como de otras partidas extraordinarias).
El rearme de la UE nos lleva a la austeridad, ya que el gasto público se invierte en armas en lugar de en vivienda, educación y asistencia sanitaria para todos.
El gasto en defensa de la UE se disparó un 75% en solo cuatro años, pasando de 218 000 millones de euros en 2021 a 381 000 millones en 2025, mientras que, al mismo tiempo, los gobiernos recortaban las prestaciones sociales, congelaban las pensiones, suprimían puestos docentes y cancelaban los presupuestos de ayuda exterior. Europa está viviendo el mayor aumento del gasto militar desde la Guerra Fría y la factura se está pagando a costa del desmantelamiento del contrato social que protege a la gente común.
Las nuevas normas fiscales de la UE eximen al gasto en defensa de los límites presupuestarios. La sanidad, la educación, la vivienda y la acción climática no gozan de tal exención. Rheinmetall (el mayor fabricante de armas de Alemania) ha visto cómo sus acciones subían más de un 1000% desde 2022. Mientras tanto, Alemania recortó los programas contra la pobreza infantil en un 80%. El Reino Unido está aumentando el gasto militar en miles de millones mientras retira las prestaciones a 3 millones de personas con discapacidad. Francia protege su presupuesto de defensa de cualquier recorte mientras elimina 4.000 puestos de trabajo en la enseñanza.
Este patrón se repite en toda Europa.
Las empresas armamentísticas están registrando beneficios récord. BAE Systems, Thales y Leonardo están obteniendo ganancias históricas, mientras que las reuniones de presión con políticos de la UE aumentaron un 150 % en un año. Activistas, investigadores y sindicatos están dando la voz de alarma, ya que el rearme se basa en evaluaciones de amenaza exageradas, bloquea las soluciones diplomáticas y transfiere la riqueza pública a los fabricantes de armas. Pero estas voces apenas llegan a un discurso político ahora dominado por el discurso de la «preparación para la guerra».
Nuestro Gobierno es cómplice de los genocidios que se están cometiendo en Palestina, Sudán, el Congo y Yemen. Mientras los ataques en Líbano se recrudecen, aquellos papeles que hablaban del embargo de armas cogen polvo en un escritorio de ministro.
El objetivo del Consejo de la UE con el plan de rearme no es preservar estos derechos y el Estado del bienestar, sino defender los intereses geoestratégicos de los 27 Estados miembros, en particular los de Alemania, Francia y el Reino Unido. Un ejemplo muy claro de ello son los conflictos que tienen lugar en el continente africano, que no tienen nada que ver con la defensa de la democracia o los derechos humanos. Por el contrario, están provocados por el control y la extracción de minerales como el cobalto, el cobre, el oro, los diamantes, el litio, el níquel y las tierras raras. Países como Estados Unidos, China, Rusia y la UE apoyan y fomentan las guerras en la República del Congo, Ruanda, Uganda, Malí, Níger, Burkina Faso, etc. Detrás de tantos conflictos armados se esconden disputas por estos minerales y tierras raras, necesarios para la fabricación de iPhones, paneles solares, baterías eléctricas, etc.
El Consejo de la UE y el Reino Unido no han condenado (o lo han hecho sin convicción) el genocidio en Gaza. Han limitado y racionado la ayuda a Ucrania. Las políticas sociales brillan por su ausencia tanto en materia de migración como de igualdad. El Estado de Israel puede llevar a cabo un genocidio contra el pueblo palestino porque muchas de las armas, bombas y sistemas de defensa proceden tanto de EE. UU. como de países de la UE. El propio Gobierno español ha hecho oídos sordos a los llamamientos para que se imponga un embargo de armas y suministros al Gobierno de Netanyahu.
Una civilización más militarizada es una muy mala noticia para el planeta. La mejor manera de evitar escenarios de guerra y genocidio como los de Gaza, Ucrania, Siria, el Congo, etc., es hacer un llamamiento a la movilización unida y a la solidaridad, como se ha hecho en respuesta al genocidio en Gaza en numerosas ciudades de Europa y Estados Unidos. La única paz duradera será la que se logre mediante acuerdos que traigan justicia. Sin embargo, los gobiernos y las corporaciones avanzan en la dirección opuesta.
Nosotres apostamos por la desmilitarización y la reconversión industrial necesaria para el decrecimiento y para una transición ecosocial justa. Trabajamos para que las trabajadoras de esta industria puedan ser reubicadas y tengan buenas condiciones laborales en sectores éticos donde elles tengan el poder de planificar lo que producen y para quién, en vez de grandes corporaciones que buscan su beneficio por encima del sudor de sus trabajadoras, y la sangre de les que caen víctimas a sus armas.
En lo que respecta a Europa, la principal amenaza para los derechos democráticos, las libertades y los logros sociales no proviene del otro lado del Atlántico ni del frente oriental, sino de dentro. Europa está creando sus propios monstruos. Las políticas antisociales y antiinmigración y, a partir de ahora, las políticas de rearme están alimentando a organizaciones de extrema derecha como el RN en Francia, la AfD en Alemania, Fidesz en Hungría, VOX en España y Hermanos de Italia.
Nos encontramos ante una emergencia climática: si no reducimos las emisiones globales de forma significativa antes de 2030, nos condenamos al colapso climático. Pero hay esperanza. Palestina resiste. Bolivia se revela. Y Europa se levantará. Continuaremos nuestra lucha contra el rearme y la militarización, contra el imperialismo al que sirve, y contra la crisis climática que este crea y agrava. El 14 de junio a las XX nos vemos en XX para juntas tomar las calles y luchar contra este sistema capitalista fósil que nos mata.