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La transición digital y la acción comunitaria son claves frente a la crisis de la moda rápida

Por: invitadoespecial

Yuniet Morrel Quintero (IG)
Diseñadora de economía circular,
emprendedora de economía circular textil y
embajadora de la Marca País Uruguay Natural

Yuniet Morrel Quintero, diseñadora de Economía Circular, emprendedora de economía circular textil y embajadora de la Marca País Uruguay Natural. La industria textil global enfrenta hoy una de sus mayores crisis ambientales y éticas. Convertida en uno de los sectores más contaminantes del planeta, la dinámica del fast fashion o moda rápida ha impuesto un ritmo de sobreproducción y descarte masivo que los vertederos del mundo ya no pueden asimilar. Millones de toneladas de prendas, uniformes corporativos y sobrestocks industriales terminan incinerados o sepultados diariamente, liberando gases de efecto invernadero, contaminando fuentes de agua y destruyendo ecosistemas.

Frente a este panorama alarmante, el consumo responsable ha dejado de ser una opción ética o un estilo de vida individual; hoy es una urgencia crítica de infraestructura corporativa, tecnológica y social que nos obliga a repensar el ciclo de vida de cada tejido.

Mi experiencia

Como madre, esposa y migrante cubana, mi desembarco en Uruguay me enfrentó a la necesidad de reinventarme desde los cimientos sobre un suelo completamente desconocido. En ese proceso de adaptación profunda, entendí que mi propósito de vida estaba ligado a la sostenibilidad, sin importar la tierra en la que me encontrara. Mi historia formal en este ecosistema comenzó con un debut tan audaz como inesperado en la Expo Uruguay Sostenible 2025. En aquel momento, tras haber recibido mis primeras capacitaciones junto al Servicio Jesuita a Migrantes, me lancé a participar bajo el sello de LaJaY. El proyecto recién iniciaba y, con muy poco tiempo de preparación, nos plantamos en ese gran escenario sin medir la magnitud de todo lo que se venía. Sin embargo, ese bautismo de fuego encendió la chispa definitiva al conectarnos con la cruda realidad del desperdicio y el maltrato animal y humano de la industria textil, así como la falta de canales eficientes de economía circular.

Lejos de quedarme conforme con ese primer impulso, decidí profundizar para atacar la raíz del problema. A mediados de ese mismo año, inicié un exhaustivo diagnóstico del sector para validar, de manera manual, una infraestructura que consideraba urgente: el primer banco de excedentes textiles del Uruguay. Así fue tomando forma la transición hacia Looper Life, interviniendo la cadena corporativa para rescatar kilos de uniformes y materiales en desuso que las grandes empresas descartaban.

A finales de año, buscando poner a prueba la solidez de lo que veníamos construyendo y obtener una devolución técnica del ecosistema, mi esposo y yo decidimos postularnos al programa de Oportunidades Circulares de la ANDE que nos ayudó a seguir iterando y perfeccionando un modelo eficiente capaz de estructurar los datos del sobrestock industrial del país. El crecimiento exige madurez para evolucionar y buscar aliados estratégicos para escalar el impacto. Con esa visión, consolidamos el desarrollo tecnológico de Looper Life para transformar la gestión analógica en una plataforma digital, sumando apoyos clave como el respaldo estratégico de mi par tecnológica, Cecilia Aguirrezabala, y el riguroso proceso de incubación junto al equipo de We Are Rabbit.

Mientras la plataforma digital se encontraba en pleno desarrollo y aún sin tener creada la infraestructura tecnológica con todas las condiciones definitivas, la urgencia de visibilizar la circularidad y generar conciencia colectiva sobre la contaminación de la moda nos impulsó a crear hitos que sacudieran la agenda pública. Fue bajo el techo de nuestro hogar donde mi esposo, compañero incansable en este viaje y estudiante de psicología, tuvo la genialidad de encender la chispa: crear una Semana de la Moda Sostenible como un desprendimiento orgánico y vivo de Looper Life. Con esa premisa familiar, asumí el rol de Directora Ejecutiva y, coordinando esfuerzos junto a una dirección creativa que aportó su visión estética al propósito, materializamos un hito sin precedentes: la primera Montevideo Sustainable Fashion Week, celebrada con un éxito rotundo del 22 al 25 de junio en la Intendencia de Montevideo. La respuesta institucional a este evento validó el inmenso trabajo y el sacrificio familiar detrás de un proyecto que nació con muy pocos recursos. La pasarela y los foros educativos fueron declarados de interés por el Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Educación y Cultura y el Ministerio de Turismo, alcanzando además el máximo reconocimiento de Declaración de Interés Nacional.

Lograr este nivel de respaldo en una tierra extranjera, habiendo empezado absolutamente desde cero, tiene un significado profundo para mí. Demuestra que cuando hay convicción, preparación y un interés genuino por el planeta, los puentes institucionales se construyen. Nuestras proyecciones a futuro son claras y ambiciosas: buscamos concretar las importantes conversaciones que hoy están sobre la mesa, expandir nuestros talleres, consolidar la plataforma digital y fortalecer de manera permanente las conexiones con los ministerios para seguir sumando empresas a esta red de consumo responsable.

Porque la verdadera sostenibilidad no se reduce a métricas ambientales o grandes pasarelas; es profundamente humana, comunitaria y de género. Para mí, el trabajo con mujeres y comunidades es un pilar innegociable. La moda circular debe ser una herramienta que impulse la autonomía económica, la confianza y el desarrollo personal. Por eso, desde Looper Life tejimos una alianza estratégica con Hilos de Esperanza, una cooperativa joven de mujeres sumamente talentosas del Centro 6 de Villa García. Como aliadas directas de nuestro banco de excedentes, conectar los materiales corporativos recuperados con sus manos trabajadoras es el vivo reflejo del triple impacto: descentralizamos las oportunidades de desarrollo, brindamos herramientas de capacitación técnica y apoyamos a jefas de hogar en su camino hacia la independencia financiera.

Bajo esta misma visión de red colaborativa y fraternidad frente al dolor de la migración, sumamos el trabajo junto a Nixon Barbosa, un talentoso emprendedor venezolano cuyo proyecto aliado, JN ManoArte, se conecta directamente con la infraestructura de Looper Life para abastecerse de materias primas recuperadas, optimizando recursos y demostrando que el residuo puede transformarse en diseño con propósito. Asimismo, canalizamos parte de estos excedentes textiles a través de una alianza muy significativa con Uruvene, la organización de migrantes venezolanos en Uruguay, transformando el descarte industrial en abrigo, insumos de confección y ayuda social para familias que, al igual que yo, llegaron a este suelo buscando un futuro mejor. Este intenso viaje de validación de datos y compromiso comunitario tuvo su consagración más alta a mediados de abril de este año, cuando recibimos oficialmente el licenciamiento de Marca País por parte de Uruguay XXI.

Concluimos y seguimos

Miro hacia atrás y veo que ha sido un año de muchísimo trabajo, de un sacrificio familiar enorme y de un aprendizaje constante. Hay que tener la honestidad de decir que no siempre he hecho todo bien, pero de cada tropiezo he aprendido y he buscado crecer, avanzando firmemente un paso a la vez. Es lo que en el deporte llaman la Mentalidad Mamba: entender que el foco está en el proceso diario, en la consistencia y en saber que el trabajo nunca está terminado.

Mi gran motor es demostrarles a otras mujeres que sí se puede. Aun cuando te toca empezar absolutamente de cero en un país diferente, aun cuando te toca armar una nueva vida o levantar un emprendimiento a pulmón: siempre hay maneras de hacer las cosas y salir adelante. A quienes transitan este desafío, les recomiendo siempre que se instruyan, que busquen información de forma incansable, que no se rindan y, sobre todo, que jamás se queden quietas.

Cada mañana me levanto agradeciendo a Dios por la oportunidad de un nuevo día, mirando el lado positivo de cada circunstancia y enfocada en cómo puedo mejorar como persona, madre y colaboradora para este país que nos abrió las puertas. Portar el emblema de Marca País representa que una historia de migración hoy puede sostener con orgullo el pabellón de la sostenibilidad uruguaya. El residuo textil ya no es basura; con el apoyo de las empresas, la articulación pública y el empuje de las comunidades aliadas, es el tejido de un futuro mejor que elegimos construir.

♦ Sobre moda y ética:

invitadoespecial

Yuniet Morrel Quintero, diseñadora de Economía Circular, emprendedora de economía circular textil y embajadora de la Marca País Uruguay Natural.

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La transición digital y la acción comunitaria son claves frente a la crisis de la moda rápida

Por: invitadoespecial

Yuniet Morrel Quintero (IG)
Diseñadora de economía circular,
emprendedora de economía circular textil y
embajadora de la Marca País Uruguay Natural

Yuniet Morrel Quintero, diseñadora de Economía Circular, emprendedora de economía circular textil y embajadora de la Marca País Uruguay Natural. La industria textil global enfrenta hoy una de sus mayores crisis ambientales y éticas. Convertida en uno de los sectores más contaminantes del planeta, la dinámica del fast fashion o moda rápida ha impuesto un ritmo de sobreproducción y descarte masivo que los vertederos del mundo ya no pueden asimilar. Millones de toneladas de prendas, uniformes corporativos y sobrestocks industriales terminan incinerados o sepultados diariamente, liberando gases de efecto invernadero, contaminando fuentes de agua y destruyendo ecosistemas.

Frente a este panorama alarmante, el consumo responsable ha dejado de ser una opción ética o un estilo de vida individual; hoy es una urgencia crítica de infraestructura corporativa, tecnológica y social que nos obliga a repensar el ciclo de vida de cada tejido.

Mi experiencia

Como madre, esposa y migrante cubana, mi desembarco en Uruguay me enfrentó a la necesidad de reinventarme desde los cimientos sobre un suelo completamente desconocido. En ese proceso de adaptación profunda, entendí que mi propósito de vida estaba ligado a la sostenibilidad, sin importar la tierra en la que me encontrara. Mi historia formal en este ecosistema comenzó con un debut tan audaz como inesperado en la Expo Uruguay Sostenible 2025. En aquel momento, tras haber recibido mis primeras capacitaciones junto al Servicio Jesuita a Migrantes, me lancé a participar bajo el sello de LaJaY. El proyecto recién iniciaba y, con muy poco tiempo de preparación, nos plantamos en ese gran escenario sin medir la magnitud de todo lo que se venía. Sin embargo, ese bautismo de fuego encendió la chispa definitiva al conectarnos con la cruda realidad del desperdicio y el maltrato animal y humano de la industria textil, así como la falta de canales eficientes de economía circular.

Lejos de quedarme conforme con ese primer impulso, decidí profundizar para atacar la raíz del problema. A mediados de ese mismo año, inicié un exhaustivo diagnóstico del sector para validar, de manera manual, una infraestructura que consideraba urgente: el primer banco de excedentes textiles del Uruguay. Así fue tomando forma la transición hacia Looper Life, interviniendo la cadena corporativa para rescatar kilos de uniformes y materiales en desuso que las grandes empresas descartaban.

A finales de año, buscando poner a prueba la solidez de lo que veníamos construyendo y obtener una devolución técnica del ecosistema, mi esposo y yo decidimos postularnos al programa de Oportunidades Circulares de la ANDE que nos ayudó a seguir iterando y perfeccionando un modelo eficiente capaz de estructurar los datos del sobrestock industrial del país. El crecimiento exige madurez para evolucionar y buscar aliados estratégicos para escalar el impacto. Con esa visión, consolidamos el desarrollo tecnológico de Looper Life para transformar la gestión analógica en una plataforma digital, sumando apoyos clave como el respaldo estratégico de mi par tecnológica, Cecilia Aguirrezabala, y el riguroso proceso de incubación junto al equipo de We Are Rabbit.

Mientras la plataforma digital se encontraba en pleno desarrollo y aún sin tener creada la infraestructura tecnológica con todas las condiciones definitivas, la urgencia de visibilizar la circularidad y generar conciencia colectiva sobre la contaminación de la moda nos impulsó a crear hitos que sacudieran la agenda pública. Fue bajo el techo de nuestro hogar donde mi esposo, compañero incansable en este viaje y estudiante de psicología, tuvo la genialidad de encender la chispa: crear una Semana de la Moda Sostenible como un desprendimiento orgánico y vivo de Looper Life. Con esa premisa familiar, asumí el rol de Directora Ejecutiva y, coordinando esfuerzos junto a una dirección creativa que aportó su visión estética al propósito, materializamos un hito sin precedentes: la primera Montevideo Sustainable Fashion Week, celebrada con un éxito rotundo del 22 al 25 de junio en la Intendencia de Montevideo. La respuesta institucional a este evento validó el inmenso trabajo y el sacrificio familiar detrás de un proyecto que nació con muy pocos recursos. La pasarela y los foros educativos fueron declarados de interés por el Ministerio de Ambiente, el Ministerio de Educación y Cultura y el Ministerio de Turismo, alcanzando además el máximo reconocimiento de Declaración de Interés Nacional.

Lograr este nivel de respaldo en una tierra extranjera, habiendo empezado absolutamente desde cero, tiene un significado profundo para mí. Demuestra que cuando hay convicción, preparación y un interés genuino por el planeta, los puentes institucionales se construyen. Nuestras proyecciones a futuro son claras y ambiciosas: buscamos concretar las importantes conversaciones que hoy están sobre la mesa, expandir nuestros talleres, consolidar la plataforma digital y fortalecer de manera permanente las conexiones con los ministerios para seguir sumando empresas a esta red de consumo responsable.

Porque la verdadera sostenibilidad no se reduce a métricas ambientales o grandes pasarelas; es profundamente humana, comunitaria y de género. Para mí, el trabajo con mujeres y comunidades es un pilar innegociable. La moda circular debe ser una herramienta que impulse la autonomía económica, la confianza y el desarrollo personal. Por eso, desde Looper Life tejimos una alianza estratégica con Hilos de Esperanza, una cooperativa joven de mujeres sumamente talentosas del Centro 6 de Villa García. Como aliadas directas de nuestro banco de excedentes, conectar los materiales corporativos recuperados con sus manos trabajadoras es el vivo reflejo del triple impacto: descentralizamos las oportunidades de desarrollo, brindamos herramientas de capacitación técnica y apoyamos a jefas de hogar en su camino hacia la independencia financiera.

Bajo esta misma visión de red colaborativa y fraternidad frente al dolor de la migración, sumamos el trabajo junto a Nixon Barbosa, un talentoso emprendedor venezolano cuyo proyecto aliado, JN ManoArte, se conecta directamente con la infraestructura de Looper Life para abastecerse de materias primas recuperadas, optimizando recursos y demostrando que el residuo puede transformarse en diseño con propósito. Asimismo, canalizamos parte de estos excedentes textiles a través de una alianza muy significativa con Uruvene, la organización de migrantes venezolanos en Uruguay, transformando el descarte industrial en abrigo, insumos de confección y ayuda social para familias que, al igual que yo, llegaron a este suelo buscando un futuro mejor. Este intenso viaje de validación de datos y compromiso comunitario tuvo su consagración más alta a mediados de abril de este año, cuando recibimos oficialmente el licenciamiento de Marca País por parte de Uruguay XXI.

Concluimos y seguimos

Miro hacia atrás y veo que ha sido un año de muchísimo trabajo, de un sacrificio familiar enorme y de un aprendizaje constante. Hay que tener la honestidad de decir que no siempre he hecho todo bien, pero de cada tropiezo he aprendido y he buscado crecer, avanzando firmemente un paso a la vez. Es lo que en el deporte llaman la Mentalidad Mamba: entender que el foco está en el proceso diario, en la consistencia y en saber que el trabajo nunca está terminado.

Mi gran motor es demostrarles a otras mujeres que sí se puede. Aun cuando te toca empezar absolutamente de cero en un país diferente, aun cuando te toca armar una nueva vida o levantar un emprendimiento a pulmón: siempre hay maneras de hacer las cosas y salir adelante. A quienes transitan este desafío, les recomiendo siempre que se instruyan, que busquen información de forma incansable, que no se rindan y, sobre todo, que jamás se queden quietas.

Cada mañana me levanto agradeciendo a Dios por la oportunidad de un nuevo día, mirando el lado positivo de cada circunstancia y enfocada en cómo puedo mejorar como persona, madre y colaboradora para este país que nos abrió las puertas. Portar el emblema de Marca País representa que una historia de migración hoy puede sostener con orgullo el pabellón de la sostenibilidad uruguaya. El residuo textil ya no es basura; con el apoyo de las empresas, la articulación pública y el empuje de las comunidades aliadas, es el tejido de un futuro mejor que elegimos construir.

♦ Sobre moda y ética:

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Caracteres psicológicos comunes en los ecologistas activos

Por: Pepe Galindo

Uno de los artículos más visitados de blogSOStenible trata de responder a la pregunta sobre QUÉ ES SER ECOLOGISTA. En síntesis, el auténtico ecologista (el que siente el ecologismo de verdad) es el que no para de cuestionarse cómo mejorar nuestra relación  con los demás y con lo demás, modificando y refinando su actitud hacia un sentimiento de mayor respeto hacia TODO, examinando hasta donde sea posible de dónde viene y a dónde va todo lo que usamos y las implicaciones que tiene que cada cosa pase por nuestras manos. No dejes de ver el genial y breve documental «La Historia de las Cosas» (te encantará si estás leyendo esto y aún no lo conoces). Esa eco-tarea no es simple pues hay intereses en que no veamos más de lo que sale en la publicidad, y requiere un trabajo personal de investigación que es continuo en este grupo de gente, que intenta ver más allá de lo que la publicidad esconde, o del precio de las cosas, y por eso los llamaremos Ecologistas Activos.

Si bien es cierto que no basta “reciclar” para ser ecologista, tampoco hace falta, por supuesto, ser un activista de GreenPeace (subirse a las centrales nucleares, o encaramarse a la fachada del Ministerio de Medio Ambiente para protestar). Ni siquiera hace falta ser socio o voluntario de ninguna de las variadas ONGs ambientales (Greenpeace, Ecologistas en accion, WWF, SEO/BirdLife, Amigos de la Tierra, Oceana…). Por supuesto, no es raro que los que llamamos Ecologistas Activos decidan unir esfuerzos y apuntarse a algún grupo de voluntarios ambientales, o simplemente ser socio de alguna ONG ambiental, para colaborar al menos económicamente a la realización de campañas ambientales y denuncias, que tanta falta hacen en nuestra sociedad.

Entre estos Ecologistas Activos encontramos al menos unas cuantas características psicológicas bastante comunes:

  • Son idealistas, en el sentido de que “viven por los ideales, aun en perjuicio de consideraciones prácticas” en sentido global, no local (cfr. WordReference). Desean alcanzar un ideal y trabajan por ello, aunque sepan a priori que su objetivo es inalcanzable o, lo que es peor, que ni siquiera puede medirse si hay un avance o retroceso. ♦Ejemplo: Se hacen veganos, vegetarianos o flexitarianos (casi vegetarianos), o reducen su consumo de ciertos pescados por convicción, pero sabiendo que su influencia personal puede ser poco apreciable o apreciada.
  • Son prácticos, porque aunque difundan datos científicos, al final actúan en su vida cotidiana. Su lema suele ser pensar globalmente, pero actuar localmente.
  • Son obstinados (cabezotas), manteniendo su decisión y empeño por encima de argumentos razonables o de las dificultades que se presenten, pero también son flexibles ante opiniones ajenas que tengan algo de razonable. Trabajan por ese “ideal” aunque tengan argumentos que lleven al pesimismo, o tengan claras las dificultades que impedirán alcanzarlo. ♦Ejemplo: Viendo el rumbo de la humanidad, hay muchos datos para el pesimismo y pocos para el optimismo, pero eso no les amedranta y, de hecho, el sentimiento ecologista parece estar creciendo, lo cual es un dato para el optimismo.
  • Son optimistas, y aunque haya argumentos para el pesimismo, se contentan con objetivos más modestos y con la tranquilidad de conciencia de, al menos, haberlo intentado.
  • Son sensibles, y sufren ante la problemática ambiental y social, pues el auténtico ecologismo es humanista y el auténtico humanismo ha de ser ecologista. No es cuestión de anteponer la Naturaleza al ser humano, sino de entender que el hombre necesita la Naturaleza. ♦Ejemplo: Ante las corridas de toros no pueden ver una mera diversión o tradición, sino el sufrimiento de un animal y así, cualquier argumento falsamente ecologista, como la conservación de las dehesas para los toros, además de ser falso carece de valor ante tanta crueldad (y mucho menos otros argumentos más vanos como ser cultura o arte). Las corridas de toros son un problema ético, no ecológico, pero es complicado encontrar un ecologista que no sufra ante este problema.

Entre otros caracteres que posiblemente también son comunes podemos encontrar el ser exigentes consigo mismo (y a veces con los demás), o el tener inteligencia divergente, perciben de manera múltiple la realidad y detectan problemas que se salen del campo de visión normal, proponiendo soluciones también divergentes u originales, que pueden causar extrañeza en sus convecinos y, en demasiadas ocasiones, también rechazo.

Dentro de los ecologistas activos, como en todos los colectivos, hay distintos grados de compromiso (o radicalidad), pero ante un grifo que gotea ninguno verá solo unas míseras gotas de agua, sino la injusticia de desperdiciar agua en un mundo donde escasea, junto con el enorme gasto en energía e infraestructuras que se requiere para conseguir que un grifo pueda “gotear”.

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