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Libro Mentalidad emprendedora de Carlos Martínez: resumen y críticas

Por: Pepe Galindo

Portada del libro de Carlos Martínez. Abajo tienes la foto en Instagram de una página interesante.Esta obra (2025) examina diez personajes reales que han influido notablemente en la vida del autor. De cada uno de ellos, extrae y explica diez aprendizajes importantes. En general, son lecciones valiosas para cualquiera —no solo para emprendedores—, aunque el título no deja lugar a dudas del objetivo principal del autor.

De forma sintética, los aprendizajes de cada personaje son los siguientes. Recomendamos tomarse un tiempo para reflexionar en cada uno.

1. Marcos Vázquez (divulgador de salud español)

  • Recomienda tener presente que vas a morir y, justo por eso, merece la pena vivir sin miedo. Este y otros aprendizajes proceden del estoicismo, particularmente de Epicteto y Marco Aurelio.
  • Vive conociendo lo que puedas controlar. Sé consciente de lo que puedes controlar y de lo que no. Cuando disparas una flecha, pierdes el control de ella. Pero no olvides que puedes controlar tu entrenamiento y cómo disparas, y no lo que ocurre después.
  • El movimiento como medicina, porque es la fortaleza del mañana. El cuerpo está diseñado para moverse. Si no te mueves, enfermas.
  • Eres lo que comes. Comer bien es una de nuestras cuatro claves para vivir mejor.
  • Rodearse de buena gente no garantiza el éxito. Pero rodearse mal, casi siempre garantiza el fracaso.
  • Somos naturaleza y cuanto más lo olvidamos, peor vivimos. ¿Sabías que pasear por un bosque ayuda a sanar?
  • Duerme bien. El descanso es lo que hace posible vivir de verdad. De hecho, es otra de las cuatro claves que te permitirán duplicar tu sueldo.
  • Hacer ejercicio es también otra de esas claves, pero aquí Carlos Martínez concreta en lo importante que es entrenar fuerza para cuidar de nuestro yo futuro.
  • Quien evita la incomodidad, evita también la fortaleza.
  • Cuida tu mentalidad cada día, porque si no, terminarás siguiendo el camino del rebaño.

2. Marian Rojas (médica psiquiatra y escritora española)

  • No puedes cambiar el pasado ni controlar el futuro. Conectar con el presente es lo único que depende de ti.
  • Conócete a ti mismo: no hay en la vida aventura más transformadora.
  • Gestiona tu estrés. Controla tu cortisol. Pre-ocuparse es entregar tu salud a problemas que quizás nunca ocurren.
  • Perdonar no cambia el pasado, pero puede cambiarte a ti.
  • Piensa cosas bonitas de ti y que te inspiren. Hablarte mal, criticarte a ti mismo, no te hace más fuerte y te aleja de lo que podrías llegar a ser.
  • La verdadera felicidad no suele ir de la mano de lo cómodo.
  • Perseguir lo fácil te está robando la vida que sueñas. Lee el Elogio del sufrimiento.
  • Cuida tu batería mental como cuidas la de tu móvil, para no apagarte. Haz cosas que te recarguen. Esta es la última de las cuatro claves básicas para una vida feliz.
  • No subestimes el poder de quien te hace sentir bien, tus personas vitaminas. Puede que sea lo más parecido a la felicidad.
  • Haz que te pasen cosas buenas y, para ello, debes saber qué cosas son. Apúntalas. Tener claro lo que quieres te hará tomar decisiones que te acerquen a ese objetivo.

3. Pedro Buerbaum (empresario español)

  • La libertad empieza el día que asumes la propiedad de tu vida. Recomendamos estudiar bien la palabra libertad, porque es fácil malinterpretarla.
  • No esperes a ser como quieres ser: empieza a actuar como si ya lo fueras. Con el tiempo, lo serás.
  • Intercambiar tiempo por dinero es una trampa disfrazada de seguridad.
  • Mientras esperas que todo sea perfecto, otros ya lo están haciendo de manera imperfecta.
  • El único fracaso real es convencerte de que está bien quedarte donde no quieres estar.
  • Si conectas con tu propósito, hasta los momentos difíciles tienen sentido.
  • A veces, llamamos perseverancia a lo que en realidad es miedo a reconocer que nos hemos equivocado.
  • En la vida y en los negocios, los grandes logros nunca fueron cosa de uno solo.
  • La viralidad casi siempre empieza con una emoción.
  • No hay pastilla que cambie más tu vida que una dosis de vitamina D de Disciplina.

4. Isra Bravo (copywriter español)

  • Vender es ayudar a otras personas a entender cómo lo que haces puede mejorar su vida.
  • No busques la aprobación de los demás.
  • La atención es importante. Observa lo que hace todo el mundo y haz justo lo contrario.
  • Satisface tu curiosidad.
  • Vende siempre diciendo la verdad.
  • Una buena historia ayuda a vender más que un buen catálogo de propiedades.
  • El miedo a perder es más fuerte que el deseo de ganar. Si tus potenciales clientes ven que van a perder una oportunidad, estarán más favorables a comprar.
  • Vende beneficios, no características. La gente no compra el camino, sino cómo se sentirá al llegar.
  • Repetir y no rendirse es importante. Por eso, la publicidad se basa en repetir el mensaje una y otra vez. Y funciona.
  • Si vas a vender, no muestres que necesitas que te compren. Como en la vida, cuanto menos lo necesites tú, más te querrán.

5. Fernando Miralles (experto español en comunicación)

  • La palabra, el arma más poderosa.
  • Persuadir es querer lo mejor para ambos. Manipular es quererlo solo para ti.
  • Todos pecamos y quien sabe leer el pecado principal de su potencial cliente tendrá la llave para vender más, negociar mejor y conectar con la verdad, porque puedes hablarle mejor de sus necesidades y esperanzas.
  • Nada une más a las personas que tener algo o alguien contra lo que luchar juntos.
  • La simplicidad es la mejor forma de ser escuchado, entendido y recordado.
  • Aprende a comunicar adecuadamente: lenguaje no verbal, evitar muletillas, escuchar al otro…
  • Eres una marca y ese puede ser tu verdadero poder.
  • Nadie quiere que le vendan algo, sino tener la sensación de que eligieron ellos.
  • A comunicar, se aprende comunicando. La práctica vence al miedo.
  • Piensa antes de creerte algo. Sin pensamiento crítico, otros pensarán por ti.

6. Ilia Topuria (luchador de artes marciales mixto hispano-georgiano)

  • Un campeón no controla el resultado, controla su preparación.
  • El único miedo que debería importar es mirar atrás y ver que no has mejorado nada.
  • Si no estás dispuesto a aumentar el sacrificio, tendrás que reducir el deseo.
  • Confía en ti mismo. Quien confía en sus alas, no teme que se rompa la rama.
  • Las grandes batallas forjan grandes guerreros. No temas la adversidad.
  • Quien deja de aprender, empieza a perder. Invierte siempre en formación.
  • Quien no es feliz en el camino, tampoco lo será al llegar al destino. Es normal obsesionarse con la meta, pero no dejes de disfrutar.
  • Para llegar a donde quieres llegar, primero tienes que imaginarlo, preferentemente con detalle.
  • Lo que criticas en otros habla más de ti que de ellos.
  • La paciencia no retrasa tus sueños, los protege.

7. Yaiza Canosa (empresaria española)

  • El éxito en los negocios no viene de una buena idea, sino de una buena ejecución.
  • El éxito no es dejar de trabajar, sino trabajar en algo que nunca quieras dejar.
  • No seas un jefe. Sé un líder. El jefe tiene subordinados. El líder crea compañeros de batalla. Si esto te ha gustado, tal vez quieras también leer cinco ideas para empresas y empleados.
  • Quien no tiene hambre de mejorar, termina devorado por la mediocridad.
  • No todo el mundo sirve para emprender, pero cualquiera puede pensar como un emprendedor.
  • Para colaborar contigo, ficha a las mejores personas.
  • Quien habla de suerte es porque nunca ha conocido la perseverancia.
  • Emprender en soledad te da libertad, pero en compañía tienes más fuerza.
  • El éxito es acostarte tranquilo y levantarte con ganas.
  • Lo que admiras en otros, lo imitas. Y lo que imitas acaba moldeando tu manera de pensar, de trabajar y de vivir. Por tanto, cuida a quién admiras.

8. Rafa Nadal (tenista español)

  • Quien no se rinde nunca, está venciendo.
  • Quien rehuye la dificultad, huye también de la felicidad.
  • Lo importante no es lo que logras, sino en quién te conviertes al intentarlo.
  • Sé leal a tus valores¿Cuánto cuesta tener principios?
  • Quien vive de excusas, muere sin victorias.
  • Ser ejemplar es más elocuente y efectivo que mil discursos.
  • Las verdades que más incomodan son las que más nos hacen crecer. Pídeles a los tuyos que sean sinceros contigo y acepta las críticas.
  • Nadie triunfa por su talento inicial. Hay que trabajar.
  • Sin dificultad no hay crecimiento personal.
  • No hay satisfacción más grande que saber que lo diste todo, que te esforzaste.

9. José Elías (empresario español)

  • Ganar el primer millón es el más difícil, porque tienes que ganarte a ti mismo.
  • No elegimos dónde nacemos, pero sí cómo vivimos.
  • Las crisis nos enseñan grandes lecciones.
  • Para ganar, tienes que reducir al máximo el tiempo entre pensar y actuar.
  • El que domina la pregunta, domina la negociación. Y para ello, hay que escuchar más que hablar.
  • La competencia es fantástica si observas lo que hace. No te creas más listo que el mercado.
  • Hay que pensar a largo plazo, en años.
  • Quien no sabe delegar, tiene 24 horas. Quien aprende a hacerlo, tiene muchas más.
  • Diversifica tus negocios para vivir con menos miedo y más libertad.
  • La riqueza no se mide en dinero, sino en libertad. Dependiendo de lo que quieras hacer, necesitarás o no dinero, porque la felicidad viene más de necesitar poco que de satisfacer necesidades extravagantes.

10. Sergio Fernández (divulgador y conferenciante español)

  • Tu tiempo y tu libertad son tu mayor riqueza. Piensa bien a quién se lo estás entregando.
  • El dinero no cambia a las personas. Solo revela la raíz de lo que ya son. El dinero es solo una herramienta que puede emplearse bien o mal. Y en todo caso, no te la puedes llevar al morir.
  • Tú decides si hablarte desde la escasez o desde la abundancia.
  • Quien desperdicia tiempo, regala su mayor fortuna.
  • El dinero compra cosas; pero los activos (aquello que te provoca ingresos) compran tu libertad.
  • Quien controla su dinero, controla su vida. Según esto, es importante organizar bien a qué se dedican los ingresos. Por ejemplo, propone donar el 10 % de los ingresos a apoyar causas nobles o a quien lo necesite, sin esperar nada a cambio. Curiosamente, es el mismo porcentaje que propuso Peter Singer.
  • La vida pesa menos cuando cargas solo con lo que te corresponde. No ayudes ni des consejos a quien no te los ha pedido. Lo que sí puedes hacer es ofrecerte a ayudar, de forma educada y sutil.
  • La mayor fuerza del universo es la constancia multiplicada por el tiempo.
  • Quien quiera peces, que se moje el culo. Quien quiera dinero, que aporte valor.
  • El verdadero patrimonio de un ser humano no está en sus bienes, sino en su conocimiento. Invierte en aprender más y más.

Terminamos con tres críticas que no pretenden desmerecer este magnífico libro:

  1. Carlos Martínez sostiene que los impuestos son abusivos y que todos damos al Estado demasiado dinero. Es una opinión peliaguda y que no se puede soltar sin hablar de todo lo que el Estado nos ofrece: carreteras, hospitales, colegios, universidades, seguridad, policía, transportes (trenes, aeropuertos…), etc. Solo alguien que no usa ni haya usado nada de esto está en condiciones de criticar los impuestos abiertamente. Por otra parte, a todos nos interesa que en nuestra sociedad no haya pobreza extrema (por justicia, por solidaridad, por tener mayor seguridad, etc.). Es evidente que el dinero público beneficia tanto a los ricos como a los pobres, lo cual no impide exigir que se use adecuadamente.
  2. El autor propone invertir en fondos indexados rentables sin dedicar ni una palabra a la ética de tales inversiones. Muchos fondos de inversión contribuyen directamente al mundo asombrosamente injusto en el que vivimos, porque invierten en negocios de armas o en industrias altamente contaminantes. Aquí tienes un breve análisis de las empresas del IBEX-35.
  3. El libro critica el sistema de pensiones como algo insostenible, lo cual es falso porque se basa en un acuerdo intergeneracional. Será insostenible si nos negamos a que sea sostenible. Somos nosotros, como sociedad, los que hacemos que sea o no sostenible, porque depende de nosotros. Los que trabajamos ahora, pagamos las pensiones de nuestros mayores y, cuando lleguemos a mayores (si con suerte llegamos), serán los que estén trabajando los que nos pagarán a nosotros. Es un principio de solidaridad entre generaciones muy bonito y que funciona, más o menos bien, si lo gestionamos bien. Lo que es casi una estafa son los planes de pensiones privados, porque el dinero que inviertes se devalúa con el tiempo, apenas superan la inflación y tienen comisiones exageradas.

♦ Información de tu interés:

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Monetizar

Por: Pepe Galindo

Lee estos retos asequiblesEs una palabra de moda, aunque seguro que se practicaba incluso antes de inventar las monedas. Todo se quiere monetizar: desde el odio a los inmigrantes hasta la crisis climática (mediante aseguradoras y compensaciones de emisiones), pasando por las zonas protegidas (con caza y turismo) y el apagón de España.

Algunos humanos tienen la obsesión de intentar convertir en dinero cualquier cosa. Si publican fotos o vídeos, quieren cobrar como influencers (mejor en Andorra para pagar menos impuestos, aunque no renuncien a los servicios públicos de España: hospitales, aeropuertos…). Los que escriben ansían publicar libros para ganar mucho. Si cantan, quieren vender canciones. Si pintan, querrán vender cuadros. No todo tiene precio.

Las instituciones también caen en este error. En una zona turistificable, hay que maximizar el negocio sin medir si nuestra gente malvive explotada por la industria turística. Sabemos que el turismo es un negocio que no enriquece a una región, sino que la somete. Ahí están Canarias y Andalucía, destinos entre los más visitados del mundo y, a la vez, también están entre las comunidades más empobrecidas del país.

No es malo intentar ganar dinero. El problema es no pensar en las consecuencias. Y también obsesionarse bajo el influjo de gurús y emprendedores que te digan que «conseguirás todo lo que te propongas», aunque para ello tengas que amargarte la vida como inversión. Emprender está bien, pero es justo reivindicar el placer de actuar sencillamente por algo que pensamos que debe ser hecho. Sin esperar recompensa (al estilo karma yoga).

Hace unos días participé en una plantación de árboles organizada por voluntarios de WWF en Málaga, por la Universidad de Málaga y por el Ayuntamiento de Mijas. Los que fuimos hasta la Sierra de Mijas no pensamos en ganar dinero plantando algarrobos, acebuches, lentiscos y encinas. La mayoría eran jóvenes estudiantes universitarios que, seguramente, no volverán a aquel paraje para disfrutar de los árboles plantados. Es decir, hay personas —muchas de ellas jóvenes— comprometidas con el medioambiente y con hacer cosas que no se van a monetizar. Que sirvan de ejemplo.

De ahí que merezca la pena cuidarse de las obsesiones, para no perdernos, por su culpa, las mejores partes de la vida. Si te gusta escribir, escribe —y publica—; mucho mejor sin pensar en monetizar. Pinta como si no quisieras vender tu obra y baila como si nadie te estuviera mirando. Que nadie compre tu libertad.

♦ No te vayas sin leer algo más:

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Monetizar

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Lee estos retos asequiblesEs una palabra de moda, aunque seguro que se practicaba incluso antes de inventar las monedas. Todo se quiere monetizar: desde el odio a los inmigrantes hasta la crisis climática (mediante aseguradoras y compensaciones de emisiones), pasando por las zonas protegidas (con caza y turismo) y el apagón de España.

Algunos humanos tienen la obsesión de intentar convertir en dinero cualquier cosa. Si publican fotos o vídeos, quieren cobrar como influencers (mejor en Andorra para pagar menos impuestos, aunque no renuncien a los servicios públicos de España: hospitales, aeropuertos…). Los que escriben ansían publicar libros para ganar mucho. Si cantan, quieren vender canciones. Si pintan, querrán vender cuadros. No todo tiene precio.

Las instituciones también caen en este error. En una zona turistificable, hay que maximizar el negocio sin medir si nuestra gente malvive explotada por la industria turística. Sabemos que el turismo es un negocio que no enriquece a una región, sino que la somete. Ahí están Canarias y Andalucía, destinos entre los más visitados del mundo y, a la vez, también están entre las comunidades más empobrecidas del país.

No es malo intentar ganar dinero. El problema es no pensar en las consecuencias. Y también obsesionarse bajo el influjo de gurús y emprendedores que te digan que «conseguirás todo lo que te propongas», aunque para ello tengas que amargarte la vida como inversión. Emprender está bien, pero es justo reivindicar el placer de actuar sencillamente por algo que pensamos que debe ser hecho. Sin esperar recompensa (al estilo karma yoga).

Hace unos días participé en una plantación de árboles organizada por voluntarios de WWF en Málaga, por la Universidad de Málaga y por el Ayuntamiento de Mijas. Los que fuimos hasta la Sierra de Mijas no pensamos en ganar dinero plantando algarrobos, acebuches, lentiscos y encinas. La mayoría eran jóvenes estudiantes universitarios que, seguramente, no volverán a aquel paraje para disfrutar de los árboles plantados. Es decir, hay personas —muchas de ellas jóvenes— comprometidas con el medioambiente y con hacer cosas que no se van a monetizar. Que sirvan de ejemplo.

De ahí que merezca la pena cuidarse de las obsesiones, para no perdernos, por su culpa, las mejores partes de la vida. Si te gusta escribir, escribe —y publica—; mucho mejor sin pensar en monetizar. Pinta como si no quisieras vender tu obra y baila como si nadie te estuviera mirando. Que nadie compre tu libertad.

♦ No te vayas sin leer algo más:

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Progreso tecnológico y felicidad

Por: invitadoespecial

«Habría que preguntarse por qué esas tribus pérdidas que viven prácticamente cómo lo hacían en el Paleolítico, son infinitamente más felices y sanas que las denominadas sociedades avanzadas con toda la tecnología y las comodidades a su alcance».
Félix Rodríguez de la Fuente.

La búsqueda de la felicidad se ha convertido en uno de los grandes relatos de la sociedad contemporánea. Se nos repite con insistencia que el progreso material, el desarrollo tecnológico y el crecimiento económico constituyen el camino natural hacia una vida más plena. Sin embargo, a medida que las sociedades avanzadas se transforman y la tecnología ocupa un lugar cada vez más central en la vida cotidiana, surge una pregunta que merece una reflexión profunda:

¿Hasta qué punto ese progreso nos acerca realmente a la felicidad?

En muchas regiones del mundo desarrollado la vida transcurre hoy casi por completo en entornos urbanos. Ciudades densamente pobladas, ritmos de trabajo acelerados y una creciente digitalización han configurado una forma de vida profundamente distinta de la que acompañó a la humanidad durante la mayor parte de su historia. En este nuevo escenario, la naturaleza ha pasado a ocupar un lugar marginal. Para millones de personas el contacto con el entorno natural se reduce a espacios verdes fragmentados o a experiencias ocasionales durante el tiempo libre.

Esta transformación no es únicamente paisajística. La distancia creciente entre el ser humano y su entorno natural implica también una ruptura cultural y emocional con los procesos ecológicos de los que dependemos. Durante milenios, la vida humana estuvo integrada en los ritmos del territorio: las estaciones, los ciclos del agua, la presencia de fauna y la dinámica de los ecosistemas formaban parte del horizonte cotidiano. Hoy, sin embargo, una parte significativa de la población vive prácticamente ajena a estos procesos.

La desconexión con la naturaleza no es un fenómeno trivial. Numerosos estudios científicos han señalado que el contacto regular con entornos naturales tiene efectos positivos sobre la salud física y mental. La exposición a paisajes naturales reduce el estrés, mejora la capacidad de concentración y favorece el bienestar psicológico. Por el contrario, la vida en entornos excesivamente artificiales puede contribuir a aumentar la ansiedad, la fatiga mental y la sensación de alienación.

Este contraste plantea una cuestión fundamental: si el progreso tecnológico ha mejorado de manera indiscutible muchos aspectos de la vida humana, ¿por qué persiste una sensación generalizada de insatisfacción en muchas sociedades desarrolladas? La respuesta probablemente no se encuentra en un rechazo al progreso, sino en la forma en que ese progreso ha sido concebido. Durante décadas se ha asumido que el bienestar humano depende principalmente de la acumulación de bienes materiales y de la expansión tecnológica. Sin embargo, esta visión ignora dimensiones esenciales de la experiencia humana.

En este contexto adquieren especial relevancia las reflexiones de figuras como Félix Rodríguez de la Fuente, que dedicó buena parte de su vida a recordar la profunda relación entre el ser humano y el mundo natural. Para él, la naturaleza no era simplemente un escenario exterior ni un recurso utilitario, sino el marco fundamental de nuestra existencia. Sus palabras siguen invitando a replantear una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿qué es realmente lo que valoramos cuando hablamos de felicidad?

La respuesta no puede encontrarse únicamente en indicadores de crecimiento o en avances tecnológicos. La felicidad humana parece estar ligada a elementos más complejos y menos cuantificables: el sentido de pertenencia, la relación con los demás, la experiencia del paisaje y la conexión con los procesos naturales que sostienen la vida. Estos factores no pueden sustituirse mediante innovaciones técnicas ni mediante el aumento indefinido del consumo.

No confundamos felicidad con comodidad

La cuestión, por tanto, no consiste en oponer tecnología y naturaleza como si fueran realidades incompatibles. El desafío de nuestro tiempo es encontrar una forma de convivencia entre ambas que no implique sacrificar el vínculo con el mundo natural. La tecnología puede contribuir a mejorar la calidad de vida, pero debe integrarse dentro de una visión que reconozca los límites ecológicos y la importancia de mantener una relación equilibrada con el entorno.

Esta búsqueda de equilibrio es, en última instancia, una cuestión cultural. Implica revisar las prioridades de la sociedad y preguntarse qué entendemos por progreso. Si el desarrollo tecnológico conduce a una vida cada vez más desconectada de la naturaleza, es legítimo cuestionar si ese modelo responde realmente a las necesidades profundas del ser humano.

Tal vez la verdadera reflexión no consista en preguntarnos cómo alcanzar la felicidad mediante nuevos avances, sino en recordar aquello que siempre ha formado parte de la experiencia humana: la relación con el territorio, el contacto con la vida silvestre, la percepción del paso de las estaciones y la conciencia de pertenecer a un mundo natural que trasciende nuestras propias construcciones.

En un tiempo marcado por la aceleración y la innovación constante, recuperar esa perspectiva puede ser un acto de lucidez. La tecnología seguirá avanzando, pero la pregunta fundamental permanece abierta: si el progreso nos aleja cada vez más de la naturaleza, ¿estamos realmente avanzando hacia una vida más feliz o simplemente hacia una forma distinta de vivir más lejos de aquello que nos hacía sentir parte del mundo?

David Orgaz Barreno
Bloguero en Voces de la tierra sagrada

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«Habría que preguntarse por qué esas tribus pérdidas que viven prácticamente cómo lo hacían en el Paleolítico, son infinitamente más felices y sanas que las denominadas sociedades avanzadas con toda la tecnología y las comodidades a su alcance».
Félix Rodríguez de la Fuente.

La búsqueda de la felicidad se ha convertido en uno de los grandes relatos de la sociedad contemporánea. Se nos repite con insistencia que el progreso material, el desarrollo tecnológico y el crecimiento económico constituyen el camino natural hacia una vida más plena. Sin embargo, a medida que las sociedades avanzadas se transforman y la tecnología ocupa un lugar cada vez más central en la vida cotidiana, surge una pregunta que merece una reflexión profunda:

¿Hasta qué punto ese progreso nos acerca realmente a la felicidad?

En muchas regiones del mundo desarrollado la vida transcurre hoy casi por completo en entornos urbanos. Ciudades densamente pobladas, ritmos de trabajo acelerados y una creciente digitalización han configurado una forma de vida profundamente distinta de la que acompañó a la humanidad durante la mayor parte de su historia. En este nuevo escenario, la naturaleza ha pasado a ocupar un lugar marginal. Para millones de personas el contacto con el entorno natural se reduce a espacios verdes fragmentados o a experiencias ocasionales durante el tiempo libre.

Esta transformación no es únicamente paisajística. La distancia creciente entre el ser humano y su entorno natural implica también una ruptura cultural y emocional con los procesos ecológicos de los que dependemos. Durante milenios, la vida humana estuvo integrada en los ritmos del territorio: las estaciones, los ciclos del agua, la presencia de fauna y la dinámica de los ecosistemas formaban parte del horizonte cotidiano. Hoy, sin embargo, una parte significativa de la población vive prácticamente ajena a estos procesos.

La desconexión con la naturaleza no es un fenómeno trivial. Numerosos estudios científicos han señalado que el contacto regular con entornos naturales tiene efectos positivos sobre la salud física y mental. La exposición a paisajes naturales reduce el estrés, mejora la capacidad de concentración y favorece el bienestar psicológico. Por el contrario, la vida en entornos excesivamente artificiales puede contribuir a aumentar la ansiedad, la fatiga mental y la sensación de alienación.

Este contraste plantea una cuestión fundamental: si el progreso tecnológico ha mejorado de manera indiscutible muchos aspectos de la vida humana, ¿por qué persiste una sensación generalizada de insatisfacción en muchas sociedades desarrolladas? La respuesta probablemente no se encuentra en un rechazo al progreso, sino en la forma en que ese progreso ha sido concebido. Durante décadas se ha asumido que el bienestar humano depende principalmente de la acumulación de bienes materiales y de la expansión tecnológica. Sin embargo, esta visión ignora dimensiones esenciales de la experiencia humana.

En este contexto adquieren especial relevancia las reflexiones de figuras como Félix Rodríguez de la Fuente, que dedicó buena parte de su vida a recordar la profunda relación entre el ser humano y el mundo natural. Para él, la naturaleza no era simplemente un escenario exterior ni un recurso utilitario, sino el marco fundamental de nuestra existencia. Sus palabras siguen invitando a replantear una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿qué es realmente lo que valoramos cuando hablamos de felicidad?

La respuesta no puede encontrarse únicamente en indicadores de crecimiento o en avances tecnológicos. La felicidad humana parece estar ligada a elementos más complejos y menos cuantificables: el sentido de pertenencia, la relación con los demás, la experiencia del paisaje y la conexión con los procesos naturales que sostienen la vida. Estos factores no pueden sustituirse mediante innovaciones técnicas ni mediante el aumento indefinido del consumo.

No confundamos felicidad con comodidad

La cuestión, por tanto, no consiste en oponer tecnología y naturaleza como si fueran realidades incompatibles. El desafío de nuestro tiempo es encontrar una forma de convivencia entre ambas que no implique sacrificar el vínculo con el mundo natural. La tecnología puede contribuir a mejorar la calidad de vida, pero debe integrarse dentro de una visión que reconozca los límites ecológicos y la importancia de mantener una relación equilibrada con el entorno.

Esta búsqueda de equilibrio es, en última instancia, una cuestión cultural. Implica revisar las prioridades de la sociedad y preguntarse qué entendemos por progreso. Si el desarrollo tecnológico conduce a una vida cada vez más desconectada de la naturaleza, es legítimo cuestionar si ese modelo responde realmente a las necesidades profundas del ser humano.

Tal vez la verdadera reflexión no consista en preguntarnos cómo alcanzar la felicidad mediante nuevos avances, sino en recordar aquello que siempre ha formado parte de la experiencia humana: la relación con el territorio, el contacto con la vida silvestre, la percepción del paso de las estaciones y la conciencia de pertenecer a un mundo natural que trasciende nuestras propias construcciones.

En un tiempo marcado por la aceleración y la innovación constante, recuperar esa perspectiva puede ser un acto de lucidez. La tecnología seguirá avanzando, pero la pregunta fundamental permanece abierta: si el progreso nos aleja cada vez más de la naturaleza, ¿estamos realmente avanzando hacia una vida más feliz o simplemente hacia una forma distinta de vivir más lejos de aquello que nos hacía sentir parte del mundo?

David Orgaz Barreno
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Argumentos aplastantes CONTRA las centrales nucleares (pase lo que pase en Japón tras Fukushima)

Por: Pepe Galindo

Los partidarios del “pensamiento positivo y de la ley de la atracción” opinan que es mejor estar “a favor” de algo, que estar en contra de su opuesto, aunque no hay fundamento científico real al respecto. Según eso, es preferible estar “a favor” de las energías renovables, que “en contra” de las energías sucias. Pero ante el tema de la energía nuclear hay que situarse, aunque ya está casi todo dicho.

Los residuos nucelares no pueden gestionarse bien, ni en Los Simpsons ni en el mundo real.La energía nuclear es “razonablemente segura”. Eso está demostrado con los “pocos” accidentes que ha habido en la historia. En ese argumento no miramos la opinión de los que murieron, o tienen cáncer, o deformaciones de nacimiento… La cuestión es que muchos pensamos que las centrales nucleares son un RIESGO innecesario. Aunque la central de Fukushima (Japón) hubiera resistido… ¿Quien nos asegura que no vendrá un terremoto más grande en un periodo de miles de años?

Recordemos que los residuos nucleares y las centrales nucleares (aunque se cierren) son contaminantes durante miles de años (el Plutonio-239 tiene 24000 años de vida media). Lo cual nos lleva a lo CARÍSIMO que es “guardar” residuos nucleares durante miles de años: ESTAMOS USANDO ENERGÍA HOY, Y HASTA NUESTROS TATARANIETOS… TENDRÁN QUE PAGAR LA FACTURA… Estaremos pagando mucho más tiempo que la vida de una central nuclear que debería tener una vida máxima de apenas unos 50 años, siempre si se mantiene bien y se parchean los desperfectos… No quiero que mis descendientes paguen por la electricidad que usamos AHORA. Y eso, sin contar el altísimo riesgo de guerras, atentados terroristas o desastres naturales durante esos miles de años.

Si alguien tiene la indecencia de afirmar que la energía nuclear no es cara, que ponga precio a lo que están pasando la multitud de japoneses desplazados de sus casas, enfermedades… Nadie va a pagar por eso. No hay seguro que lo cubra.

La energía nuclear es MUY CARA, INJUSTA y PELIGROSA. No necesitamos accidentes para asegurar que es peligrosa: los riesgos son evidentes y duraderos. Unos científicos estadounidenses hicieron un estudio sobre la energía nuclear en este estupendo libro: Ciencias Ambientales. Si es tan cara… ¿por qué se usa esta energía? Muy fácil: Porque está subvencionada por los gobiernos y porque gran parte de los costos no los pagamos ahora, sino que los pagarán otros en el futuro.

La industria nuclear y los que ganan dinero con esto suponen que las medidas de seguridad son suficientes, pero la vida demuestra que nos equivocamos (y más si se ahorran gastos en seguridad y no siguen las recomendaciones de los expertos, como la del sismólogo japonés Ishibashi Katsuhiko, quien avisó de los riesgos…). Chernóbyl existió, pero si no hubiera habido Chernóbyl, los que estamos en contra, seguiríamos en contra de esta energía porque los dos únicos argumentos a favor de la energía nuclear son muy pobres y egoístas.

El lobby nuclear argumenta siempre diciendo que los accidentes son escasos, sin importarles cuán graves puedan ser. Nos da igual que los accidentes sean escasos, porque la basura nuclear no desaparece y los accidentes y desastres naturales ocurren. En cientos de años… volverá a pasar, tarde o temprano. Dicen que el lobby nuclear paga a gente para que opine a favor de esta energía en los foros sociales y blogs de internet.

Creo que la política energética en España y en el mundo se puede hacer muchísimo mejor. En Chernóbyl nos engañaron, igual que en Three Mile Island y ahora ya están Fukushima y otras centrales japonesas en la lista negra (y también mienten)… Como no queremos que España figure en esa lista, muchos ciudadanos piden al presidente de España que cumpla su compromiso electoral y elabore un plan de cierre de las nucleares españolas, y ya ha firmado esto mucha gente. En vez de eso, el gobierno electo terminó 2011 regalando a la industria nuclear un cementerio nuclear (ATC) a pesar de tener tantos problemas como para no llegar nunca a terminarse. Para que nadie tenga dudas de que esta peligrosa fuente de energía está subvencionada.

NOTA: La segunda parte de este artículo se titula
¿Son Defendibles las Centrales Nucleares?(la lotería nuclear)
(Hay argumentos a favor de las centrales nucleares,
y en los comentarios pondremos noticias interesantes).

  • Nota: En un comentario más abajo se han puesto datos nuevos tras 15 años del atentado. Son aterradores y se incluye el artículo completo de donde salen esos datos.

♦ También recomendamos sobre la energía:

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La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

Por: Pepe Galindo

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

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La unión de la gente sensata (llámale equis, izquierdas o derechas)

Por: Pepe Galindo

No hace mucho se reunieron dos de los políticos más brillantes del panorama nacional español. Incluso sus oponentes lo reconocen. Ambos pertenecen a partidos distintos, pero coinciden en lo esencial, además de mantener un discurso claro y directo —tal vez con alguna exageración cómica o hipérbole innecesaria—, pero sin bulos y sin pelos en la lengua. Me refiero a Emilio Delgado (diputado en la Asamblea de Madrid por Más Madrid) y a Gabriel Rufián (diputado en el Congreso por ERC).

Lo que estos dos políticos han planteado es algo bastante antiguo: la unión de la izquierda, especialmente teniendo en cuenta que la ley electoral en España es bastante injusta y que difícilmente van a aprobarse algunas de las propuestas para mejorar la representación del pueblo y reducir el número de políticos.

Lo que proponen no es la unión en un único partido nacional, sino un pacto por regiones para que, siguiendo la vigente Ley D’Hondt, se maximice el número de escaños conseguidos. La idea puede funcionar y frenar el envite de la derecha y la ultraderecha con todo lo que esto supone: devaluación del sector público, desprecio por el medioambiente, defensa del machismo, etc. Con respecto a la naturaleza, si ya el PP era un partido peligroso (demostrado sobradamente aquí), con sus nuevos socios —negacionistas impenitentes— la cosa no pinta bien ni para el medioambiente, ni para los animales, ni para nadie, salvo para una minoría que sabe bien lo que quiere y dónde pone su dinero.

Las luchas entre partidos pueden ser muy aburridas. Tenemos que centrar el debate en qué es lo mejor para nuestra sociedad en su conjunto y no para cada votante en particular.

¿Qué pedimos a un partido político digno?

Las ideas aquí expuestas, están AQUÍ en una poesía.

A la gente corriente —currantes o en paro, jóvenes o ancianos— nos da igual que se llamen de izquierdas o derechas. Lo que queremos es compromiso con los problemas reales de las personas y del planeta. Repartidos en tres epígrafes, los siguientes quince puntos que deberían estar en el programa y en la boca de cualquier partido decente:

1. Principios básicos:

  1. Se debe tener claro que el gobierno tiene como principal misión defender a la ciudadanía por delante de cualquier objetivo corporativo. Los intereses empresariales deben estar siempre en segundo plano.
  2. Para garantizar una democracia sana, se deben rechazar todas las formas de dictaduras y todos los golpes de Estado. Por muy razonable que parezca un totalitarismo, imponer un criterio particular a una mayoría nunca será aceptable.
  3. El punto anterior va ligado a condenar cualquier genocidio como el de Palestina y cualquier conflicto armado como el de Irán, el cual no tiene más justificación que querer robar su petróleo (como también ocurrió en Irak o en Venezuela).
  4. Un gobierno digno debe respetar la verdad y combatir los bulos. Para esto, es fundamental una televisión pública libre y objetiva que combata de forma transparente las manipulaciones. Cuando esto no es así, la sociedad se indigna (véanse los casos de la televisión gallega, andaluza o madrileña).
  5. Un gobierno inteligente apoyará la cooperación internacional, sin perjuicio del resto de puntos. Como ha demostrado la Unión Europea, renunciar a beneficios particulares de un Estado a favor de un objetivo común beneficia a la mayoría. Por tanto, avanzar en intereses comunes suele ser mejor que navegar hacia cualquier forma de independentismo egoísta. En este sentido, las declaraciones de la líder del PP europeo, Von der Leyen, deben condenarse por despreciar la legalidad internacional (*).
  6. También pedimos a nuestros políticos respeto por todos los contrincantes. Se debe respetar a los oponentes y ser tolerantes con todas las personas (no con todas las ideologías). Insultar nunca será una forma correcta de argumentar. Y el clásico «y tú más», tampoco.

2. Justicia social y modelo económico:

  1. Maximizar el bien común pasa por fomentar la solidaridad, de forma laica o religiosa. No querremos vivir en un país donde reine el egoísmo y la pobreza. Esto implica:
    • Activar políticas para facilitar la vivienda a los más desfavorecidos (no a políticos y notarios como en Alicante). Cuando se construyan viviendas sociales, estas deben pertenecer siempre al Estado y jamás deben privatizarse.
    • Evitar desahucios y ofrecer alternativas.
    • Ayudas controladas a los desfavorecidos por desastres naturales u otras causas (descuentos en IRPF, en luz, agua…).
    • Aumentar los salarios más bajos (el SMI).
    • También, por supuesto, es deseable una sociedad solidaria con los inmigrantes y comprensiva con su situación. Eso implica un gasto extra del Estado, que nos beneficia a todos. Los que dicen «llévate a los inmigrantes a tu casa», seguro que no quieren meter en su casa los residuos de las nucleares que defienden.
    • En definitiva, intentar reducir la desigualdad es algo que beneficia a toda la sociedad, pues reduce los problemas sociales (delincuencia, fraude, explotación laboral…).
  2. Un gobierno ideal debe apoyar lo público, con especial interés en la educación y la sanidad. La importancia de esto la vemos cada día. Durante la pandemia fue aún más evidente. Hubo lecciones que debimos aprender. Esto también sirve para medir la fortaleza de un gobierno frente a intereses comerciales o especulativos y, por tanto, para medir la salud de una democracia.
  3. Los impuestos deben servir para sufragar los gastos públicos de forma solidaria. Es importante que sean justos y progresivos. Obsérvese que los países con mayor bienestar y menor delincuencia son precisamente los que tienen mayores impuestos, en particular a los millonarios. Subir un pequeño porcentaje a los magnates puede resolver grandes problemas. Y ellos ni lo notan. Para la democracia es positivo permitir que los contribuyentes puedan elegir el destino de parte de sus impuestos. Y el que evada en paraísos fiscales (como algunos influencers) que pague si quiere usar nuestros servicios públicos (hospitales, aeropuertos, etc.).
  4. Reducir la jornada laboral es un acto de justicia universal, dado que hay multitud de inventos que están ahorrando mucha mano de obra (robots, IA, computadoras…). Es preciso reconocer que estos inventos son logros de la humanidad en su conjunto y, por consiguiente, es justo que beneficien a todos y no solo a una minoría.
  5. Deben defenderse los derechos civiles (igualdad ante la ley, libertad de expresión, matrimonio igualitario…) así como la igualdad entre la ciudadanía: feminismo (igualdad entre personas de distinto género), lucha contra el racismo, la aporofobia, etc.

3. Ciencia, medioambiente y bienestar animal:

  1. Las decisiones políticas deben estar, cuando sea posible, avaladas por la ciencia y nunca deben ignorar sus conclusiones para favorecer intereses partidistas.
  2. Una ideología sensata siempre debe estar dispuesta a cambiar y evolucionar. Así, las tradiciones pueden cambiarse para adaptarse a los nuevos tiempos.
  3. Un medioambiente sano no es solo uno de los Derechos Humanos y un bonito artículo de la Constitución Española (art. 45). Nuestra vida, nuestra salud y la de nuestros descendientes dependen de que cambiemos nuestra forma de tratar a la naturaleza. Por tanto, debe ser aislado cualquier partido o ideología que no lo entienda y que no respete lo que dice la ciencia.
  4. Defender los derechos de los animales es también elemental para la dignidad del ser humano. Y también ayudará a mejorar nuestro trato a la naturaleza. ¿Cómo es posible que la tauromaquia esté blindada en España cuando solo el 8 % de los españoles acudió a algún espectáculo taurino en el último año? Además, un 70 % manifiesta tener un interés «mínimo» por estos eventos; y siete de cada diez consideran «totalmente inaceptable» el uso de animales en corridas de toros, eventos que se han desplomado un 60 %. Incluso se han cerrado numerosas plazas.

Si un partido político o una coalición aboga por todo (o casi todo) lo dicho arriba, creo que contará con mi apoyo y con el de muchos otros. No es una cuestión de izquierdas o derechas. Es una cuestión de sensatez y humanidad.

(*) Tras sus esperpénticas declaraciones incitando a abandonar la legalidad internacional, una noticia más reciente dice que Von der Leyen recula ante las críticas y defiende ahora el “compromiso inquebrantable” de la UE con el derecho internacional. Es muy lamentable que tenga que desdecirse porque las críticas han sido feroces y las peticiones de dimisión se cuentan por millares en redes sociales. Es obvio que dijo lo que pensaba y que su amor por el cargo le hace decir lo que tenga que decir. Resulta del todo hilarante que el PP saliera a defender las palabras de Von der Leyen y, ahora que se ha desdicho, el PP calla. Hablar sin pensar es peligroso.

♦ Más sobre política sensata:

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Lo negarán hasta cuando lo vean

Por: Pepe Galindo
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

♦ Más sobre (de)crecimiento:

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Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

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Lo negarán hasta cuando lo vean

Por: Pepe Galindo
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.
Muchas obras humanas y sociedades enteras han colapsado. El drama es que nos pase a nosotros que nos creemos tan inteligentes.

El informe Los límites del crecimiento (1972) advirtió que, si continuaban las tendencias de aumento exponencial de industrialización, contaminación, población y consumo de recursos, la humanidad se enfrentaría a un colapso económico y ambiental durante el siglo XXI.

Con los datos del tiempo transcurrido desde entonces, estudios más recientes sostienen que las proyecciones de aquel informe eran bastante acertadas. O sea, que vamos mal.

Algunos niegan que estemos ante un colapso y proponen seguir creciendo como si los recursos planetarios fueran infinitos, como si los costes ambientales no pasaran facturas. La hecatombe no se presentará de un día para otro y no dirá: «Ya he llegado». El colapso surgirá poco a poco: cosas que antes funcionaban dejarán de hacerlo; fenómenos extremos que antes eran excepcionales se volverán habituales. Y buscaremos culpables solo en las distancias cortas, limitando la responsabilidad a lo inmediato y a lo que nos afecta personalmente. Nadie sufrirá todos los efectos, tales como, por ejemplo, estos:

  • En unas ciudades no habrá recursos básicos o subirán de precio (véase hoy el agua en Teherán, Ciudad de México, Delhi, Ciudad del Cabo, etc.).
  • Surgirán problemas sociales que algunos no relacionarán con la escasez: protestas de agricultores, de la clase trabajadora, de fascistas, de pescadores
  • La violencia que quisimos desaprender vendrá con más fuerza.
  • Los estados serán más débiles y unos se comerán a otros.
  • Los dictadores encontrarán ocasiones para imponer su ideología y deshacerse del discrepante.
  • Sufriremos apagones de diversa índole: energéticos, informativos…
  • También aumentarán las migraciones sin que algunos se pregunten por qué.
  • Habrá más desnutrición, más enfermedades y se colapsarán más aún los hospitales (en especial si no fortalecemos bien la sanidad pública).
  • Veremos más y mayores incendios e inundaciones.
  • Acuíferos contaminados por demasiados motivos: cenizas, macrogranjas, salinización, eutrofización…
  • Retrasos para cualquier cuestión. Todo será más lento y con más averías: Internet, trámites, transportes, avances científicos… También será más difícil sacar dinero de un paraíso fiscal, si es que pudiste meterlo.
  • Océanos más embravecidos. Veremos casas devoradas por el mar.
  • Subida de precios, particularmente de ciertos bienes: la vivienda, el suelo, los seguros o el aceite, por ejemplo.
  • La tecnología más moderna será solo para las élites.
  • Inestabilidad política y guerras por recursos (como en Ucrania o los deseos de Trump por Groenlandia).
  • Aumento del paro, de la desigualdad, de la pobreza y, por tanto, también de la delincuencia y de la violencia (también por el calor).

Todo esto, ¿no parece estar más cerca de lo que nos gustaría? No mires solo la opulencia de productos en tu supermercado, gran parte de ellos pura basura. Miremos con profundidad. No permitamos que se busquen más cabezas de turco que métodos justos de redistribución.

Algunos recordarán otras grandes civilizaciones que —a menor escala— también colapsaron. Y cuando estemos en el meollo del colapso, intentando sobrevivir, los ricos se encerrarán con sus guardaespaldas en sus mansiones para morir, no de hambre, sino de aburrimiento. Entonces, tampoco podremos decir: «Ya os lo dije» (como nos explicó Javier Pérez). Los que negaron que lo estábamos haciendo mal, seguirán negando la evidencia y culparán al Putin o al Trump de turno. Y sí, ellos también fueron, son y serán culpables, pero los demás les dejamos hacer y no quisimos unirnos para frenarlos. Tampoco frenamos a esas empresas que nos están amargando el clima, algunas de las cuales presumen de cotizar en el IBEX-35. Y nuestras soluciones quedarán escritas en los pocos libros que logren sobrevivir. Y nos preguntaremos por qué dejamos pasar la ocasión de unirnos.

No quiero acabar en plan pesimista. El futuro nadie lo conoce, porque lo estamos construyendo hoy. El famoso informe de 1972 que referenciábamos al principio también sostuvo que es posible evitar el desastre si se camina hacia el escenario llamado Mundo Estabilizado en el que, si la humanidad cambia sus valores, prioriza la calidad sobre la cantidad, adopta tecnologías apropiadas y redistribuye la riqueza, será posible fijar la población y el bienestar dentro de los límites planetarios. Los cuatro puntos son importantes.

No preguntaré si queréis ir, sino si nos ponemos a caminar hoy. ¿O preferimos, una vez más, aplazarlo para mañana?

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Proyecto AVIN: conservar nuestras golondrinas, aviones y vencejos (aves insectívoras)

Por: invitadoespecial

Aitor Mora Solano, @proyectoavin

Golondrina en vueloEl Proyecto de Conservación AVIN busca la protección de las especies de golondrinas, aviones y vencejos de manera local, en nuestros pueblos. Nació como una pequeña idea de activismo ante una situación que empieza a ser común en las aves ligadas a medios agrícolas y urbanos: un descenso acusado en sus poblaciones. Por ejemplo, la golondrina común ha sufrido un declive del 30% en la última década.

En 2014 se declaró a esa especie Ave del Año por la organización SEO/Birdlife, y fue entonces cuando surgió el proyecto. Gracias a la difusión que le dio Nicolás López, responsable de la conservación de especies amenazadas en la ONG, llegó a otros lugares de España. Tras casi dos años después de su publicación, hemos llegado a 9 provincias: Huesca, Zaragoza, Segovia, Ávila, Ceuta, Sevilla, Cáceres, Madrid y Castellón. Y somos 13 personas las que luchamos por la conservación de estas aves en el proyecto.

Durante el primer año nos centramos en desarrollar los aspectos más importantes del proyecto, que se resume en cuatro líneas de actuación:

  1. Evitar la destrucción de sus nidos. La difusión y concienciación son los aspectos más importantes que se pueden realizar para proteger estas aves, porque existe una gran indiferencia generalizada sobre las leyes que protegen estas aves y la importantísima labor insecticida que realizan.Cajas nido para golondrinas, vencejos o aviones comunes.
  2. Proporcionar lugares adecuados para anidar. Se incluye cualquier actuación con el fin de facilitar la reproducción de estas aves, como por ejemplo colocar nuevos nidos.
  3. Seguimiento de poblaciones. Para conservar cualquier especie es necesario saber su tamaño poblacional y la tendencia de esta a lo largo del tiempo. También es importante recopilar información sobre su fenología (relación con el clima), que posteriormente se manda a SEO.
  4. Recuperar y liberar pollos caídos. Los pollos que nos encontramos son recuperados hasta que finalmente se pueden liberar. No somos ningún centro de recuperación, por lo que este trabajo es exclusivo de cada persona.

Con el poco tiempo que llevamos con el proyecto hemos conseguido muchas cosas, como por ejemplo:

  • Estamos realizando un importante trabajo de difusión en ciudades como Zaragoza donde en prácticamente todos los edificios con nidos se ha dejado una carta informando de su estatus legal.
  • El ayuntamiento de Binéfar (Huesca) ha aceptado el proyecto editando mil folletos repartidos en el pueblo, y dando la oportunidad de dar charlas en la “Semana de la Sostenibilidad”.
  • También se han impartido varias charlas en colegios de educación primaria y se está colaborando con el instituto IES Sierra de San Quílez (Binéfar) elaborando un proyecto de fabricación de cajas nido para vencejos.
  • Se consiguió que una empresa instalara cuatro nidos de avión común tras su derribo en unas obras de rehabilitación.
  • También hemos terminado los primeros censos de avión en la comarca oscense de La Litera (2.966 parejas en 2016) y en la ciudad autonómica de Ceuta (unas 50 parejas).

En resumen, es muy fácil movilizarse y hacer algo por ayudarlas. Creemos que gente con ganas de hacer cosas, pueden hacerlas. Y todo el que se quiera unir con nosotros será bien recibido.

Escribidnos a:   proyectoconservacionavin@gmail.com

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Poesía: “La tierra de la vida” (cuidar la tierra y la Tierra)

Por: Pepe Galindo
Viejo encorvado agricultor y sabio
Abajo tienes un vídeo que te leerá esta poesía, con imágenes y subtítulos en español e inglés.

Ayer, un viejo encorvado me vino a ver.
Hablamos de la economía y de la ecología.
Y de la importancia del mismo ser.
«Comer es más importante», dijo, ese día.

Y me contó esta historia, ver para creer:
−«Hace muchos años, trabajaba día a día.
Cuidaba las tierras de un rico mercader.
“Mi tesoro es mi dinero”, riéndose decía.

“Tu tesoro es tu tierra que ves padecer”.
Le dije mil veces y no me entendía.
El pobre mercader no quería entender,
que la tierra hay que mimarla cada día.

Más y más insecticidas llegó a poseer.
Fungicidas, herbicidas… todos los quería.
Fumigaba y araba sin miedo a perder.
“No quiero plagas”, riéndose decía.

Las plagas llegaron y la tierra se erosionó.
De vergel a desierto y él no se lo esperó.
Yermo, sin nada de vida, como le dije yo.
Tristeza y pobreza, a todos nos asoló.

El rico señor ahora es un pobre, como yo.
Vivimos sin dinero, pero no es un horror.
Plantamos nuestro huerto usando compost.
Al final aprendió que se puede hacer mejor».

Si te ha gustado, sigue leyendo:

  1. Los árboles nos miran y no nos entienden, la poesía de la Madre Tierra… y otras poesías.
  2. Giono y los Árboles (inspiradora historia), también en dibujos animados.
  3. LA CADENA VERDE: Lo que debemos hacer desde nuestro poder personal.
  4. Humanidad Erisictónica: Mitología ecológica, castigado por cortar un árbol.
  5. Carro de Combate, Consumir es un Acto Político: El libro de compras responsables.
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Dos platos vegetarianos de una vez: crema y sopa de verduras, con ingredientes locales y ecológicos

Por: Pepe Galindo
Crema de Verduras con frutos secos
Pincha en la imagen para ir a un blog de cocina vegetariana

Que la dieta influye tanto en la salud de las personas como en la del planeta, no es nada nuevo. Para una buena salud es aconsejable comer muchas frutas y verduras, y para no dañar mucho el medioambiente es recomendable no comer mucha carne, consumir productos de agricultura ecológica, y cercanos a donde vives (no es fácil saber qué es más importante). El transporte es uno de los sectores más contaminantes, y aún estamos lejos de tener una etiqueta kilométrica o carbométrica, que nos permita saber los kilómetros que ha recorrido cada cosa que compramos, o lo que ha contaminado por el camino.

Conscientes de la dificultad de descubrir el origen de lo que comemos, y a su vez, de su importancia, Hermeneus puso en marcha el concurso Reto Origen, para estimular una comida responsable, a través de recetas reales con ingredientes lo más locales posibles.

Para nosotros el reto fue grande, porque queríamos una receta fácil, con productos cercanos, ecológicos, fáciles de conseguir en muchas regiones, y con ingredientes vegetarianos, por las enormes implicaciones que tiene el consumo de carne en el planeta. Además, conseguimos hacer dos platos en uno, o sea, dos platos en la misma receta, para dos días distintos, en un tiempo record. Primero exponemos la receta, y al final comentamos algo de la trazabilidad de sus ingredientes:

◊ Ingredientes (5-6 personas aprox., para cada uno de los dos platos):

  • 1 trozo de calabaza (al gusto).
  • 2 cebollas normales.
  • 3 calabacines.
  • 4 patatas.
  • 5 zanahorias.
  • 3-5 dientes de ajo.
  • 1 chorrito de aceite de oliva.
  • Opcional: Sal, especias (orégano, cúrcuma, pimienta blanca o negra, pimentón, levadura de cerveza…), frutos secos molidos (pipas de calabaza o de girasol, almendras molidas, nueces…), y para la sopa: pasta corta (fideos, macarrones…).

Preparación:

  1. Se ponen todas las hortalizas en trozos grandes, preferentemente en una olla a presión (olla express). El calabacín no es preciso pelarlo (basta con lavarlo y quitarle los extremos).
  2. Cubrir todo de agua hasta unos 2 dedos por encima (máximo 2/3 de la capacidad de la olla.
  3. Cerrar la olla y calentar al máximo, hasta que el indicador de presión aparece, y por la válvula se escapa un flujo de vapor continuo. Entonces, reducir el foco de calor al mínimo, pero aumentando si decae la presión. Mantener la presión 5 minutos, y apagar el calor.
  4. Baje la presión de la olla, sin prisas, hasta que pueda abrirse (cambiar la válvula a la posición de descompresión según las instrucciones de la olla).
    • Sin olla a presión, basta con hervir los ingredientes en una olla tapada, sin demasiado calor, hasta que estén blandas las patatas (que pueden cortarse más para que tarde menos), pero recuerde que la olla a presión ahorra tiempo, dinero, energía, contaminación…
  5. Vierta casi todo el líquido en una cacerola, que será la base de nuestra sopa.
  6. Para la crema de verduras (plato 1): Con una batidora, triturar las verduras que quedaron en la olla, añadiendo sal, el aceite, y especias al gusto. Si está muy espeso, añadir un poco del caldo que retiramos antes. Para espesar, añadir levadura de cerveza, que le da un sabor tan interesante como sus propiedades (tiene proteínas, minerales, sin grasas, y vitaminas del grupo B… todo muy recomendable para todos, especialmente para los vegetarianos). Probar y rectificar de especias y sal.
    • Opcional: Servir la crema con frutos secos molidos por encima.Sopa de verduras con pasta corta: espirales
  7. Para la sopa de verduras (plato 2): Calentar el caldo obtenido cuando vaya a consumirse, y añadir sal y especias al gusto (distintas a las anteriores si queremos cambiar su sabor). Sugerimos pimentón, cúrcuma, y comino. Probar y rectificar de especias y sal.
    • Opcional: Puede mezclarse el caldo con dos o tres cucharones de la crema del plato anterior, para darle más espesor y sabor. Si no tienes pudor en usar huevo a pesar de sus terribles consecuencias, puedes batir un par de huevos hasta que cuajen o echar trocitos de huevo duro.

Trazabilidad de los ingredientes: Ante la dificultad que supone averiguar la procedencia de cada ingrediente, acudimos a una cooperativa de agricultores locales (Málaga, España, en nuestro caso): Guadalhorce Ecológico S.C.A., de Alhaurín el Grande (Málaga). Ellos reparten a domicilio sus alimentos ecológicos certificados de primera calidad, procedentes de producción ecológica basada en el uso racional de los recursos naturales sin emplear productos químicos ni organismos genéticamente modificados (OMG o transgénicos), conservando la fertilidad de la tierra y respetando el medio ambiente. Ellos afirman que intentan producir alimentos de kilometro cero, es decir, alimentos producidos en nuestra tierra, ofreciendo frescura y un precio justo para el agricultor y para el consumidor. Evitando envoltorios, intermediarios, y largas distancias, reducimos gastos y contaminación. La siguiente información nos la ha facilitado esta cooperativa y nos han mostrado los certificados pertinentes, que obran en su poder:

  • Calabaza: Procede de uno de los cooperativistas, de Málaga.
  • Ajos: Son de Repla, empresa sevillana de producción ecológica.
  • Calabacines: Empresa Bio Algarrobo de productos ecológicos de Algarrobo (Málaga).
  • Patatas: En esta ocasión el productor fue M. del Pilar Arranz, de Segovia, bastante lejos, pero la cooperativa nos aclara que intentan “que la procedencia de los productos sea lo más cercana posible, pero en este caso no habrá podido ser así”.
  • Cebollas, y zanahorias: Suelen proceder de cooperativistas de la región, pero si no hay, proceden de la empresa Repla.

Ingredientes que no proceden de dicha cooperativa:

  • Aceite de oliva: Es virgen extra procedente de la cooperativa Los Llanos, de olivos de la variedad principalmente “hojiblanca” de la zona de Cuevas del Becerro (Málaga), y obtenido sólo por procedimientos mecánicos. Un aceite turbio, de sabor intenso, ideal para saborear en crudo. La cooperativa lo distribuye a domicilio por Málaga (Guillermo con su bicicleta: 679 265 771).
  • Pasta: Procedente del Valle del Ebro, de la empresa Riet Vell, fundada por la ONG SEO/BirdLife, para promover la agricultura ecológica y respetuosa con las aves.Nuez malagueña, pecana, o pacana
  • Nueces malagueñas, pecanas, o pacanas: Son curiosas nueces fáciles de encontrar en los mercados de Málaga, pues en las sierras de Málaga hay bastantes nogales de esta especie (Carya illinoinensis), oriunda de México.
  • Otros ingredientes opcionales: Mirando las etiquetas, a veces podemos elegir los ingredientes más cercanos, pero también podemos elegir cómo influye lo que comemos en nuestro entorno. Por ejemplo, los huevos deben tener un código impreso en su cáscara, y el primer dígito indica cómo se ha criado la gallina: 0 para gallinas criadas y alimentadas ecológicamente, 1 para gallinas camperas (criadas con suficiente espacio, pero no ecológicas), 2 para gallinas hacinadas en naves industriales, y 3 para gallinas encerradas en jaulas sin apenas espacio. Los códigos 2 y 3 indican que la gallina ha sufrido durante su vida. Respecto a la sal, hay quien sostiene que la sal sin refinar es más sana, por sus minerales y oligoelementos, pero lo mejor es no abusar de la sal.
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Nota de actualización: Nuestra receta no ganó el concurso indicado pero los organizadores quisieron reconocer nuestra buena propuesta, regalándonos un conjunto de productos de algas de la empresa gaditana Suralgae (sal de algas, lechuga de mar…).

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HERMENEUS: Un proyecto de consumo responsable

Por: Pepe Galindo

Actualmente, el gran volumen de intermediación que existe en el sector de la alimentación hace que los pequeños productores independientes se encuentren en una posición de debilidad. Estos productores ven cómo se agranda cada vez más la brecha entre el precio que ellos cobran por los productos y su precio final en los comercios (aplicando márgenes por encima de un 1000% a alimentos cotidianos). Además, una incorrecta gestión de la logística y el transporte, conlleva un daño medioambiental mayor del que podemos imaginar.

El Consumo Responsable es una forma de consumir pensando en lo que ese consumo conlleva, tanto para la naturaleza como para la humanidad.

Hace más de un año se puso en marcha el proyecto hermeneus.es que fomenta la concienciación hacia la necesidad de cuidar el medioambiente y la economía local, mediante un consumo sostenible. Hermeneus.es, a través de su plataforma web, facilita herramientas de comunicación y comercio electrónico a los profesionales del sector de la alimentación para generar un mercado transparente, en el que productor y consumidor están en contacto directo.

Hermeneus.es pone en contacto a profesionales de la alimentación y consumidores por toda la península. De esta forma el consumidor sabe dónde se han producido los alimentos que consume diariamente, y la trazabilidad de los mismos hasta su origen. Al no haber ningún intermediario ni comisiones por venta en las operaciones, se evita que se incremente el precio final de los productos.

Por otra parte, al incentivar el consumo local, las rutas de los transportistas se acortan, por lo que se reducen las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Hermeneus cuenta con 5 compromisos sociales, que constituyen los pilares sobre los cuales se basa su actividad:

  • Apoyar al comercio local.
  • Generar información transparente y neutral.
  • Minimizar las emisiones de CO2.
  • Mejorar hábitos y costumbres alimentarias.
  • Favorecer el acceso a nuevas tecnologías y potenciar el desarrollo rural.

El proyecto ha tenido muy buena acogida. Cuenta ya con más de 8.000 usuarios registrados, y más de 130 profesionales de la alimentación, cada uno ofreciendo diferentes productos desde verduras, frutas y hortalizas, hasta queso o jamón, pasando por aceite de oliva, o miel. Esperemos que cada vez más personas sean conscientes de la importancia de practicar un consumo que, además de apoyar a los productores locales, fomente unas prácticas más justas para estos profesionales y más beneficiosas para el medioambiente. Podéis encontrar más información en su web: www.hermeneus.es.

Hermeneus no es una ONG, ni cobra comisiones por las ventas. Los profesionales pagan una cuota fija de 25 euros mensuales, para acceder a todas las herramientas de comunicación, promoción y venta. El beneficio que obtenga cada profesional es íntegramente suyo.

Iria González, hermeneus.es

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Convertir tu coche en eléctrico no debería ser caro

Por: invitadoespecial
Conversión de una camioneta a eléctrica en USA
Conversión de una camioneta a eléctrica en EE.UU.

Probablemente, si estás leyendo esto, serás un apasionado de los coches o de la movilidad eléctrica. Si además eres, como yo, un “común mortal”, es decir, una persona que se gana la vida trabajando, te parecerá que el precio de los coches eléctricos es sumamente elevado.

Pero ¿por qué son tan caros? La respuesta es evidente: no interesa a los fabricantes convencionales ni a las petroleras, ergo, no hay voluntad de venderlos. Pero aunque se acaba el tiempo de los coches fósiles, debemos también cambiar el enfoque: Siempre partimos de la base de “comprar”, pero ¿y si partimos del reciclaje?

Esto nos lleva al concepto de “conversión” de un coche convencional en uno eléctrico, que además sirve para reciclar y reutilizar, términos de “moda” (aunque realmente lo que deberíamos hacer es decrecer).

¿Y cómo vamos a hacer eso? Pues con “voluntad política” porque ahora mismo en España, esto es casi inviable, porque resulta que una conversión, por ejemplo, de un Citroën Saxo (poniendo tú el coche) sale por unos 12.000€, igual que uno nuevo con motor de explosión. A eso hay que sumar la homologación a la que te obliga la Ley, que puede costar sobre unos 3.000€ y un par de meses. El precio es excesivo, incluso sin homologación, debido a que en España no hay muchos que lo hagan, mientras que en otros países sale por unos 6.000, homologación incluida.

La homologación está pensada en España para el gran fabricante. Por eso es tan cara. Si un fabricante quiere vender un modelo nuevo de coche, debe homologarlo, es decir, homologar un modelo concreto le permitirá vender infinitos coches de ese modelo con una sola homologación. Evidentemente, esto no está pensado para los particulares que se ven abocados a comprar un coche nuevo.

Hablaba de “voluntad política” porque simplemente cambiando la legislación se podría facilitar que los talleres hicieran las conversiones. Se exigiría un “carnet de instalador autorizado” (ahora debe ser un ingeniero industrial colegiado) que obligue a unos mínimos estándares de seguridad y luego todo ello refrendado por una ITV (50€) que certifique que todo está correcto.

Conversión “casera” de un clásico VW “escarabajo”
Conversión “casera” de un clásico VW “escarabajo”

Por unos 6.000€ podrías re-estrenar tu coche, en lugar de gastarte 15.000€ en uno nuevo diésel o en uno eléctrico de segunda mano (como el Nissan Leaf). Con la crisis actual, ese precio no estaría nada mal. Incluso serviría para dotar de nueva vida a coches clásicos. Esto se hace así de simple en Alemania o EE.UU., es decir, que no es nada “descabellado” y además ofrece las siguientes ventajas:

  • Reducimos la contaminación: el humo del diésel es cancerígeno al mismo nivel que el amianto según la OMS.
  • Reutilizamos los recursos al aprovechar un coche ya existente (todo menos el motor).
  • Aumentamos la eficiencia: un motor eléctrico es mucho más eficiente, además de recuperar la energía en las frenadas.
  • Dinamizamos la economía y creamos empleo con alta cualificación en los talleres ya existentes, animando a más gente a renovar su viejo coche.
  • Daría el impulso definitivo a las energías renovables para la creciente demanda de recargar el coche “gratis” (con tus propios paneles solares).
  • Reduciríamos drásticamente la contaminación acústica en las ciudades, haciéndolas más habitables y reduciendo enfermedades relacionadas con el estrés.

Por último, también podemos decantarnos por comprar uno eléctrico de segunda mano. En ese caso hay que tener en cuenta que las baterías no son nuevas, mientras que si electrificas tu coche las baterías las eliges tú. En conclusión, actualmente en España no sale rentable convertir vehículos en eléctricos por las trabas burocráticas, cosa que no ocurre en Alemania o EE.UU. Esto debe acabar, ya que todo son ventajas, pero sobretodo, porque es el futuro. Sinceramente, no me veo en casa utilizando una aspiradora con petróleo… 😉

 Jorge García, Twitter: @jorgejabali
Diplomado en Ciencias Empresariales por la Universidad de Valencia

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Obsolescencia Programada: Consumir, desechar y destruir

Por: invitadoespecial

Rafael Toro Ruiz (@RToruiz), estudiante de periodismo

La generación de residuos tecnológicos destruye ecosistemas y recursos naturales.

Consumismo y obsolescencia programada: Dos términos que van de la mano. Dos tendencias perjudiciales para los ecosistemas mundiales. La sociedad se está convirtiendo en cómplice de un sistema engañoso que incita al consumo severo de todo tipo de productos, con la intención de ver aumentados los beneficios económicos de las grandes empresas multinacionales, empresas que, de la mano de la globalización, son hoy las encargadas de dictar las reglas del juego.

Un chaval que decide cambiar habitualmente su teléfono móvil, una empresa que decide renovar los ordenadores de sus oficinas, un instituto que decide adquirir nuevas impresoras de mayor calidad o una familia que decide comprar electrodomésticos nuevos para su hogar. Estas situaciones son ejemplos de cómo se producen cada año millones de toneladas de residuos tecnológicos y basura peligrosa. Y nuestro sistema es cómplice de ello.

La “obsolescencia programada” se refiere a adelantar por parte de las empresas el fin de la vida útil de un producto para que el consumidor se vea obligado a comprar otro. La sociedad aún no es plenamente consciente de que el consumismo de tecnología, unido al acortamiento de la vida útil de los productos, conducen a una contaminación cada vez mayor del medio ambiente, incluyendo la destrucción de ecosistemas en los países del tercer mundo, tanto por la extracción masiva de los diferentes recursos naturales necesarios para la fabricación, como por su desecho final.

Nuestro sistema actual, con las grandes empresas y los medios de comunicación como actores destacados, pretende hacer pagar al consumidor muchas veces en su vida por un mismo producto con modificaciones ínfimas o innecesarias. Pero, realmente, ¿este hecho es nuevo? Rotundamente no. Antecedentes de todo tipo explican el nacimiento y la consolidación de esta tendencia tan perjudicial. La obsolescencia programada es fruto de la revolución comercial, la acumulación del capital y los avances tecnológicos, así como, de la aparición del capitalismo financiero y del liberalismo económico. El “American way of life” nacido en EE.UU., poco a poco, se adentró en la sociedad. La felicidad y el bienestar basado en el consumismo eran ya reglas básicas en los años 60.

No te pierdas este breve documental animado sobre la obsolescencia programada y percibidaLa obsolescencia programada es una práctica demasiado habitual en la industria actual y sabemos que las autoridades la toleran: “Son los consumidores los que deberían exigir que se pongan multas a las empresas para evitar esta forma de fabricar productos”, expresa con preocupación el colectivo malagueño Aulaga. Todo esto conlleva un beneficio económico para la industria, aunque tiene un impacto muy negativo sobre los recursos disponibles y los ecosistemas mundiales. “Esto no tiene en cuenta la realidad de nuestro planeta finito en el que ni los recursos ni la energía son infinitos”, afirma Fran Pérez, de Ecologistas en Acción. La obsolescencia programada bebe hoy del sistema capitalista, que usa como pozo sin fondo los recursos de los países empobrecidos. Una vez que el primer mundo disfruta de dichos recursos, estos vuelven al tercer mundo en forma de basura contaminante: “Esto perpetua una gran rueda de miseria, problemas de salud, económicos y ambientales”, expresa Fran Pérez.

Según la ONU, generamos unos 50 millones de toneladas de residuos electrónicos al año, la mayor parte de ellos producidos en Occidente, que van a parar a países en vías de desarrollo, donde se apilan sin control. Esta basura electrónica se reparte entre dos grandes vertederos: Ghana (África) y Guiyu (China). La primera y más impactante consecuencia de esto es la destrucción de los ecosistemas. La basura sustituye a la fauna y a la vegetación. La riqueza ambiental se ve sumergida en millones de residuos apilados sin control, provocando desde la contaminación de aguas subterráneas con metales pesados y otros tóxicos, hasta la contaminación del aire en caso de que estos residuos se quemen, pasando por la extracción severa de recursos y la destrucción de ecosistemas.

Es necesario sumar a lo anterior la generación de residuos no biodegradables. Si bien, muchos de los componentes que se usan para fabricar los diferentes productos electrónicos no son tóxicos cuando el aparato es útil, esto cambia radicalmente cuando el aparato se desecha. Esto pasa principalmente con plásticos, vidrios, baterías o pantallas LCD, elementos perjudiciales tanto para la salud como para el medio ambiente, por contener productos químicos tóxicos cuando se liberan al medio.

Pero, sin duda, la consecuencia número uno de la obsolescencia es el abuso extremo de los recursos naturales. Teniendo en cuenta la baja tasa de reciclado, el sistema de producción se convierte en una “extracción continua y desenfrenada”, definido así por Fran Pérez. La mayoría de productos tecnológicos necesitan para su fabricación la extracción de metales y minerales como cadmio, cromo, mercurio o coltán, entre otros, recursos considerados no renovables.

Cuando se habla de obsolescencia programada, lo que más chirría en la actualidad es la dudosa voluntad de la UE para solventar el problema, así como el desconocimiento generalizado de la sociedad, que toma en muy pocas ocasiones la iniciativa para exigir a sus dirigentes cambios a este respecto. El caldo de cultivo de todo esto es que los gobiernos occidentales, más allá de tomar medidas o no para parar la obsolescencia programada y de velar por el interés general de la ciudadanía, en demasiadas ocasiones “se decantan más por favorecer los intereses de las empresas multinacionales”, afirma Aulaga.

En octubre de 2014 un país europeo mostró sus primeros deseos de luchar contra este fenómeno. El parlamento francés aprobó, dentro de la Ley de Transición Energética, multas de hasta 300.000 euros y penas de cárcel de hasta dos años para todos aquellos fabricantes que programaran de manera consciente el fin de la vida útil de sus productos. Esta normativa se convertiría en la primera legislación europea que reconocería, de manera abierta y sin tapujos, la existencia de la obsolescencia programada. Pero el intento fue en vano. Las medidas asomaron pero, rápidamente, volvieron a esconderse y nadie ha sido condenado aún. Dos años después de la aprobación de esta medida francesa, el resto del continente sigue prácticamente igual, España incluida.

Como afirman diferentes asociaciones ecologistas, en nuestro país hubo un momento en el que la sociedad parecía ser consciente del problema. Todos querían imitar la nueva normativa surgida en Francia pero, pese a que todo indicaba que España sería otro de los países en controlar de manera férrea a las empresas “tramposas”, llegamos a 2016 sin una normativa en este sentido. Hay voces, pequeños colectivos que lo intentan, aunque una vez más queda en evidencia la falta de firmeza de nuestro gobierno en este aspecto. “Para parar la destrucción de ecosistemas debemos comenzar deteniendo la rueda consumista de la obsolescencia programada. «El mejor residuo es el que no se genera» debería ser el eslogan de una humanidad coherente con sus actos y empática con el medio que la rodea”, afirma Fran Pérez.

Teniendo en cuenta el plan llevado a cabo por Francia, en los últimos meses se ha dejado ver alguna intención para fomentar la lucha contra la obsolescencia programada. Recortes Cero–Los Verdes fue una de las pocas candidaturas ecologistas que se presentó a las elecciones generales en España en 2016. En su programa reservó un espacio donde aboga por conseguir una “España ecológica y socialmente justa”. Esta candidatura incorpora la propuesta de legislar para “prohibir por ley la obsolescencia programada”. Pretenden así poner en marcha un nuevo modelo de mercado centrado en la sostenibilidad y el respeto al medio ambiente.

Todavía son pasos insuficientes y voces demasiado débiles. La obsolescencia programada genera innecesariamente cientos de miles de residuos que podrían evitarse. España es uno de los países con mayor protagonismo, pues sus 800.000 toneladas anuales de residuos electrónicos no pasan desapercibidas. Las soluciones no llegan y el reloj corre en contra de la sociedad y del medio ambiente.

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Medios Sociales online: Libertad de Expresión Más que Nunca

Por: Pepe Galindo

Algunas redes socialesHay muchos tipos de medios sociales y mucha gente los usa sin tener muy clara la definición de medio social online (social media) o red social (ni falta que hace). La facilidad de acceso a Internet, y la gratuidad de estos medios cibernéticos ha hecho que cada vez se una más y más gente a este fenómeno de alcance planetario. Cada vez es más frecuente usar los nombres de estos medios en conversaciones coloquiales: Facebook, Tuenti, Google+, Hi5, Bebo, LinkedIn, YouTube, Twitter

Estas redes, inundan la Red de opiniones de todo tipo, difunden noticias (también falsas), establecen relaciones personales (no siempre positivas), colaboraciones (algunas estériles)… y abren un sinfín de posibilidades, y herramientas para cambiar nuestra sociedad mundial (a mejor o peor). Un ejemplo son las ciberactuaciones que, aunque algunos lo dudan, realmente son muy útiles, y se difunden por Internet usando plataformas como Change, AVAAZ, eFIRMAS, FirmasOnline… además de las que promueven algunas ONG como Amnistía Internacional, o GreenPeace, por citar sólo dos.

El Nobel de la Paz chino Liu Xiaobo alabó Internet: «Internet es verdaderamente un regalo del cielo para que la gente china pueda defender sus derechos». Pero no es sólo la gente china. Los ciudadanos de todo el mundo están recibiendo ahora libremente noticias que antes apenas tenían repercusión, y eso pone nerviosos a muchos poderosos que ven que se les va de las manos el control que ejercían con sus medios típicos (televisión, radio, prensa…) alejándose de su deseado control de la sociedad (y de su Nuevo Orden Mundial, NWO, o República Universal). ¿Hubiera sido posible el movimiento 15M sin internet?

Desde estas líneas queremos lanzar un mensaje de agradecimiento sincero a todos aquellos que facilitan que todo esto sea así, y a todos aquellos que ponen su esfuerzo en una difusión de información limpia (sin falsedades, ni manipulaciones). En particular, mi agradecimiento a WordPress, por dar cobertura gratuita a este humilde BlogSOStenible, y también a otras redes donde también estamos, y donde difundimos otras noticias, e ideas: en Twitter somos @blogsostenible, y también estamos en Facebook, con varios miles de seguidores entre estas tres vías.

Todo tiene también su contrapunto… estos servicios son gratuitos pero notamos cada vez más la presencia de publicidad, que nos incita a comprar y comprar… la perfección es complicada. Recordamos las palabras de El Roto, cuando insinuaba que la incitación al consumo debería pagar un impuesto ecológico (y eso de publicidad, un segundo cerebro).

Las nuevas tecnologías nos permiten unirnos en grupos con intereses afines. ¡Vamos a unirnos, para forzar un cambio hacia una sociedad SOStenible! Pero no basta sólo con unirse e informarse en redes sociales, hace falta también pasar a la ACCIÓN, como sugiere Annie Leonard en sus famosos vídeos documentales (por ejemplo, haciendo voluntariado en algún colectivo).

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Caracteres psicológicos comunes en los ecologistas activos

Por: Pepe Galindo

Uno de los artículos más visitados de blogSOStenible trata de responder a la pregunta sobre QUÉ ES SER ECOLOGISTA. En síntesis, el auténtico ecologista (el que siente el ecologismo de verdad) es el que no para de cuestionarse cómo mejorar nuestra relación  con los demás y con lo demás, modificando y refinando su actitud hacia un sentimiento de mayor respeto hacia TODO, examinando hasta donde sea posible de dónde viene y a dónde va todo lo que usamos y las implicaciones que tiene que cada cosa pase por nuestras manos. No dejes de ver el genial y breve documental «La Historia de las Cosas» (te encantará si estás leyendo esto y aún no lo conoces). Esa eco-tarea no es simple pues hay intereses en que no veamos más de lo que sale en la publicidad, y requiere un trabajo personal de investigación que es continuo en este grupo de gente, que intenta ver más allá de lo que la publicidad esconde, o del precio de las cosas, y por eso los llamaremos Ecologistas Activos.

Si bien es cierto que no basta “reciclar” para ser ecologista, tampoco hace falta, por supuesto, ser un activista de GreenPeace (subirse a las centrales nucleares, o encaramarse a la fachada del Ministerio de Medio Ambiente para protestar). Ni siquiera hace falta ser socio o voluntario de ninguna de las variadas ONGs ambientales (Greenpeace, Ecologistas en accion, WWF, SEO/BirdLife, Amigos de la Tierra, Oceana…). Por supuesto, no es raro que los que llamamos Ecologistas Activos decidan unir esfuerzos y apuntarse a algún grupo de voluntarios ambientales, o simplemente ser socio de alguna ONG ambiental, para colaborar al menos económicamente a la realización de campañas ambientales y denuncias, que tanta falta hacen en nuestra sociedad.

Entre estos Ecologistas Activos encontramos al menos unas cuantas características psicológicas bastante comunes:

  • Son idealistas, en el sentido de que “viven por los ideales, aun en perjuicio de consideraciones prácticas” en sentido global, no local (cfr. WordReference). Desean alcanzar un ideal y trabajan por ello, aunque sepan a priori que su objetivo es inalcanzable o, lo que es peor, que ni siquiera puede medirse si hay un avance o retroceso. ♦Ejemplo: Se hacen veganos, vegetarianos o flexitarianos (casi vegetarianos), o reducen su consumo de ciertos pescados por convicción, pero sabiendo que su influencia personal puede ser poco apreciable o apreciada.
  • Son prácticos, porque aunque difundan datos científicos, al final actúan en su vida cotidiana. Su lema suele ser pensar globalmente, pero actuar localmente.
  • Son obstinados (cabezotas), manteniendo su decisión y empeño por encima de argumentos razonables o de las dificultades que se presenten, pero también son flexibles ante opiniones ajenas que tengan algo de razonable. Trabajan por ese “ideal” aunque tengan argumentos que lleven al pesimismo, o tengan claras las dificultades que impedirán alcanzarlo. ♦Ejemplo: Viendo el rumbo de la humanidad, hay muchos datos para el pesimismo y pocos para el optimismo, pero eso no les amedranta y, de hecho, el sentimiento ecologista parece estar creciendo, lo cual es un dato para el optimismo.
  • Son optimistas, y aunque haya argumentos para el pesimismo, se contentan con objetivos más modestos y con la tranquilidad de conciencia de, al menos, haberlo intentado.
  • Son sensibles, y sufren ante la problemática ambiental y social, pues el auténtico ecologismo es humanista y el auténtico humanismo ha de ser ecologista. No es cuestión de anteponer la Naturaleza al ser humano, sino de entender que el hombre necesita la Naturaleza. ♦Ejemplo: Ante las corridas de toros no pueden ver una mera diversión o tradición, sino el sufrimiento de un animal y así, cualquier argumento falsamente ecologista, como la conservación de las dehesas para los toros, además de ser falso carece de valor ante tanta crueldad (y mucho menos otros argumentos más vanos como ser cultura o arte). Las corridas de toros son un problema ético, no ecológico, pero es complicado encontrar un ecologista que no sufra ante este problema.

Entre otros caracteres que posiblemente también son comunes podemos encontrar el ser exigentes consigo mismo (y a veces con los demás), o el tener inteligencia divergente, perciben de manera múltiple la realidad y detectan problemas que se salen del campo de visión normal, proponiendo soluciones también divergentes u originales, que pueden causar extrañeza en sus convecinos y, en demasiadas ocasiones, también rechazo.

Dentro de los ecologistas activos, como en todos los colectivos, hay distintos grados de compromiso (o radicalidad), pero ante un grifo que gotea ninguno verá solo unas míseras gotas de agua, sino la injusticia de desperdiciar agua en un mundo donde escasea, junto con el enorme gasto en energía e infraestructuras que se requiere para conseguir que un grifo pueda “gotear”.

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Cuadro de Mando Integral y RSE (2/2): Una Perspectiva Medioambiental para Mejorar tu Empresa

Por: Pepe Galindo

La sociedad está cambiando. Los consumidores ahora saben que hay cosas que se esconden detrás de los anuncios de publicidad, y las redes sociales amplían nuestras fuentes de información. La gente va sabiendo que hay niños explotados en plantaciones de cacao, o corrupción exagerada en empresas de electricidad, por citar dos graves ejemplos, y muchos no están dispuestos a apoyar ni directa ni indirectamente tales barbaridades. Por eso, la reputación de tales empresas cae, sus inversores se alejan, y sus beneficios o posibilidades de mejorarlos también.

En un artículo anterior dábamos un resumen del Cuadro de Mando Integral (CMI, o BSC), de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), y de su importancia. La utilidad del CMI quedó clara para cualquier organización (y no sólo para empresas, donde hasta ahora tiene más éxito). El CMI ayuda a conseguir los objetivos de una organización, pero no vale hacerlo a cualquier precio, es preciso usar la ética: no sólo porque lo requiere la ley o los intereses financieros, sino porque evitaremos riesgos reputacionales que nos mermarán la capacidad de alcanzar nuestros objetivos (incluyendo ahí, por supuesto, los financieros). También ampliaremos activos tangibles e intangibles, y conseguiremos mayor felicidad personal y corporativa.

Pero es preciso que los directivos entiendan que la RSE no es sólo para quedar bien (greenwashing), sino que ahorra riesgos de gastos (por errores, multas… ), riesgos en la reputación, además de mejorar los intangibles. Si se incorpora como norma en la organización, la RSE evita problemas cada vez que hay que modificar algún proceso (por demandas externas, por leyes, por los inversores, por protestas ciudadanas…). La RSE siempre sale rentable, pero no siempre podemos cuantificarla económicamente.

Un ejemplo: El Banco Santander financia a la papelera APRIL, implicada en la destrucción de la selva tropical de Indonesia. En 2014, el Santander lo supo y no hizo nada. En 2015, cuando la ONG GreenPeace denunció y publicó el caso recogiendo casi 200.000 firmas, decidió actuar y cumplir sus compromisos firmados de RSE. ¿Cuántos clientes u operaciones perdió por esa mala imagen? Sin duda, hubiera sido mejor atajar el problema en cuánto se supo, ya que ahora es un ejemplo que aún mancha su mala imagen. Otro ejemplo lo vimos en la primera parte de este artículo, donde vimos cómo no querer adaptarse a los nuevos tiempos con energía renovable, está acabando con el negocio de algunas empresas de electricidad, pues están perdiendo clientes masivamente a favor de empresas de electricidad renovable.

Entonces, «empresa responsable» no es sólo aquella que paga por un informe de RSE, sino que es la que consigue que la RSE esté en todos los ámbitos de la empresa (ver vídeo). Hay que unir RSE a lo largo de toda la cadena del CMI (o mapa estratégico). Sin ánimo de ser exhaustivos, aquí vamos a dar algunas ideas para cada perspectiva, aunque los detalles concretos dependerá del tipo de organización, y de su sector de trabajo.

Algunos expertos proponen crear una perspectiva ambiental en el CMI, para darle la importancia que, sin duda, merece. Esta perspectiva ambiental estudiaría el impacto de la organización en el planeta, y la influencia del medio ambiente en la organización. Pero también se pueden conservar las 4 perspectivas tradicionales, y estudiar en cada una de ellas el tema ambiental:

  1. Perspectiva VITAL/Financiera: Es preciso aquí clarificar para qué existe la empresa u organización, cuáles son sus objetivos más importantes, y sus valores. Por supuesto, si es una empresa normal, tendrá que ganar dinero y ese será uno de sus objetivos. Eso es bueno. Lo malo es cuando ese es el único objetivo, y no hay otros valores. Por tanto, hay que meter otros objetivos fundamentales y pensar en cómo medir si los logramos o no.
    • Ejemplos de indicadores en esta perspectiva pueden ser: Además de objetivos financieros, es preciso colocar otros objetivos, como por ejemplo que nos permitan medir cómo conecta la organización con las necesidades sociales de la población local, o cómo contribuye a la sociedad en su conjunto (mejoras ambientales, sociales, huella ecológica…). Deben tenerse en cuenta también las inversiones en sectores éticos, y las operaciones en banca ética: una empresa ética no puede trabajar con un banco tradicional. Indicadores que midan la satisfacción de empleados y clientes pueden colocarse aquí o en otras perspectivas, pero es fundamental medirlo de alguna forma.
  2. Perspectiva del Beneficiario (o del cliente): Consiste en ver la organización a través de los ojos de las personas que se benefician de ella. En las posibles encuestas, será preciso medir el interés en temas ambientales de los mismos. Desde un punto de vista práctico, aquí lo más importante es la satisfacción del beneficiario o cliente. Pero tener clientes satisfechos no implica estar haciendo las cosas bien y eso puede suponer un riesgo reputacional que nos genere problemas en el futuro. El objetivo será minimizar los daños ambientales de los clientes, para conseguir la plena sostenibilidad.
    • Ejemplos de indicadores: Se pueden medir las facilidades que la empresa ofrece a los clientes para arreglar sus averías, o para reciclar sus residuos (aparatos antiguos, por ejemplo).
  3. Perspectiva de Procesos Internos: En el apartado quizás más importante hay que evaluar los riesgos: de accidentes laborales a nuestros trabajadores, de contaminación ambiental… Un vertido o el anuncio de una actividad mala para el medioambiente o para la sociedad, podría tener más pérdidas en clientes presentes y futuros que en indemnizaciones. Algunas empresas no valoran su impacto ambiental (huella ecológica) porque piensan que es caro, sin ni siquiera hacer estudios que miren los costes, la calidad final, y sus relaciones con la comunidad (imagen, reputación, intangibles…). Por ejemplo, la empresa Shell reduce sus beneficios, cada vez que se publica algo de su contaminación y abusos en Níger o de su destrucción en el Ártico. La contratación de electricidad de origen renovable es un factor que muchas empresas utilizan para reducir sus huellas (ecológica, hídrica…), y mejorar su reputación. Es obvio que es preciso también ser exigentes con los proveedores, para no externalizar los impactos negativos. La deslocalización es un proceso por el que algunas empresas sitúan sus centros de trabajo (o subcontratan a otras empresas) en países donde la mano de obra es más barata, o la legislación no es tan estricta (laboral, ambiental, de seguridad…). Un grave accidente en Bangladesh destapó el abuso a mujeres por prestigiosas marcas de ropa, como Zara. Entre las muchas ideas de sostenibilidad, podemos encontrar algunos indicadores interesantes.
    • Ejemplos de indicadores: Tasa de reducción en CO2 u otros tóxicos, tasas de reciclaje, eficiencia energética y material, evaluación de calidad y durabilidad de los productos elaborados (evitar obsolescencia), proyectos o iniciativas sociales/ambientales o de eco-innovación, evaluaciones de impacto ambiental efectuadas, informes de RSE, inversiones en sectores no éticos (armas, energías fósiles…), huellas y otras medidas (de la organización, y de sus suministradores), implantación de energías renovables (autoconsumo solar), número de riesgos ambientales/sociales en nuevos/viejos productos o servicios (multas, o incumplimientos de la normativa interna), y a qué población y extensión afectan, proveedores con informe de RSE positivo, desarrollo de la ley de las 3 erres, sustitución de ingredientes o componentes perjudiciales o de producción lejana (transgénicos, aceite de palma, productos de soja, grasas trans…), auditoría energética (consumo en standby)… Como puede verse, la lista de posibles indicadores ambientales es inmensa.
  4. Perspectiva de Aprendizaje y Crecimiento: Aquí hay que estudiar si es preciso hacer cambios para conseguir mejorar los indicadores y objetivos de las anteriores perspectivas. ¿Están los empleados bien formados? ¿Es la maquinaria adecuada? ¿Estamos usando procedimientos correctos? ¿Hay un clima de trabajo agradable? Para todo esto, las encuestas a los empleados son muy importantes, y que ellos sepan que sus opiniones son escuchadas.
    • Ejemplos de indicadores: Medir la satisfacción de los empleados, y su conciencia ambiental, huella ecológica por cada puesto (o por empleado), acceso de los empleados a información sobre sostenibilidad y al informe RSE de la organización… Por otra parte, la reposición de máquinas mejores (menos contaminantes, más eficientes…) puede ser un buen indicador, pero a veces puede ser engañoso.

Los resultados económicos miran parcialmente el pasado de la empresa, pero el CMI y la RSE predicen y conducen el futuro. La RSE no es cosa sólo de directivos, sino que hay que implicar a toda la empresa, y mejorar la comunicación, en todas las direcciones. La Responsabilidad Social Individual, marca la diferencia, y este vídeo seguro que te va a gustar:

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