Ocho países árabes y musulmanes han condenado las recientes violaciones israelíes de la sacralidad de la mezquita de Al Aqsa, el tercer lugar santo del islam, pero Marruecos ha brillado por su ausencia en las protestas. El silencio del reino alauita, cuyo monarca es formalmente presidente del Comité Al Qods, ha sido calificado de cómplice por el medio argelino TSA.
Los ministros de Asuntos Exteriores de Arabia Saudí, Jordania, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Egipto, Omán, Bahréin y Kuwait emitieron el lunes comunicados censurando la irrupción de fuerzas israelíes en el recinto de la Explanada de las Mezquitas y las restricciones impuestas a los fieles palestinos. Marruecos no se sumó a ninguna de estas declaraciones, a pesar de que su soberano, Mohamed VI, ostenta la presidencia del comité dependiente de la Organización para la Cooperación Islámica encargado de preservar el carácter islámico de Jerusalén Este.
Un giro en la política exterior marroquí
El silencio de Rabat se explica por la prioridad que el reino concede a sus lazos con Israel desde que Estados Unidos reconociera en 2020 la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, a cambio de la normalización diplomática con el Estado judío. Desde entonces, Marruecos ha reducido su perfil de liderazgo en el mundo musulmán sunní para no comprometer el acuerdo, que considera estratégico para su reivindicación territorial.
La ausencia de condena contrasta con el discurso oficial marroquí, que tradicionalmente se ha presentado como defensor de la causa palestina y de los lugares santos de Jerusalén. Varios analistas señalan que el reino ha subordinado su postura sobre Al Aqsa a los intereses de su alianza con Tel Aviv, lo que genera un creciente malestar entre los sectores islamistas y pro palestinos del país.
El medio TSA, crítico con el ejecutivo de Rabat, denuncia que este silencio no es puntual sino que refleja una deriva continuada:
El silencio de Marruecos ante las violaciones israelíes en la mezquita de Al Aqsa no pasa desapercibido, y contradice su pretensión de liderazgo religioso en la región.
Mientras tanto, la Autoridad Palestina ha agradecido las condenas de los ocho países árabes y ha instado a la comunidad internacional a presionar a Israel para que respete el statu quo en el Monte del Templo, como lo denomina la tradición judía.
El caso evidencia las tensiones entre la política exterior pragmática de Marruecos y los principios panárabes e islámicos que aún movilizan a amplias capas de la población en el norte de África y Oriente Próximo.