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India invierte miles de millones en semiconductores para reducir su dependencia de Taiwán

Por: D. Cañellas

El Gobierno de India ha anunciado este viernes una inversión multimillonaria para potenciar su industria de semiconductores, con el objetivo de reducir la elevada dependencia del suministro de Taiwán, el principal proveedor mundial de chips. La iniciativa busca fortalecer la autosuficiencia india en un sector estratégico para la tecnología y la defensa.

El anuncio, realizado el 24 de julio de 2026, forma parte de un plan a largo plazo para posicionar al país como un actor relevante en la cadena global de semiconductores. Aunque el Ejecutivo indio no ha precisado el monto exacto de la inversión, fuentes oficiales han confirmado que se trata de un desembolso de varios miles de millones de dólares, destinados a la construcción de nuevas plantas de fabricación y al desarrollo de centros de investigación.

Un sector crítico para la economía global

Taiwán concentra actualmente la mayor parte de la producción mundial de chips avanzados, lo que convierte a la isla en un eslabón indispensable para industrias que van desde la automoción hasta los dispositivos móviles. La pandemia de covid-19 y las tensiones geopolíticas en el estrecho de Taiwán evidenciaron la vulnerabilidad de las cadenas de suministro, impulsando a países como Estados Unidos, Alemania y ahora India a invertir en capacidad local.

La apuesta india por los semiconductores se enmarca en el programa Make in India y en la estrategia de autosuficiencia tecnológica promovida por el Gobierno de Narendra Modi. Además del componente industrial, el sector tiene implicaciones directas para la defensa: los chips son componentes esenciales en sistemas de armas, comunicaciones militares y equipos de vigilancia.

La iniciativa india llega en un momento en que la demanda global de semiconductores sigue al alza, impulsada por la inteligencia artificial, el 5G y la electrificación del transporte. Con esta inversión, Nueva Delhi espera captar una parte de ese mercado y reducir la dependencia de un único proveedor, fortaleciendo su posición en la geopolítica tecnológica mundial.

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China estabiliza sus acciones tecnológicas con fondos públicos y el empuje de Moonshot AI

Por: B. Ovejero

Las acciones tecnológicas chinas han experimentado un notable repunte durante la semana del 22 de julio, impulsadas por la intervención del gobierno para estabilizar el mercado y las positivas noticias procedentes de la startup de inteligencia artificial Moonshot AI. El nuevo modelo de IA presentado por la compañía ha generado un efecto similar al de DeepSeek en un mercado que se mostraba frágil, recordando a los inversores la rapidez con la que la industria china está cerrando la brecha tecnológica con Silicon Valley, según el reporte desde Tokio.

El rescate del ‘equipo nacional’ de Xi

El repunte se produce después de que el llamado «equipo nacional» —el conjunto de fondos e instituciones controlados por el Estado— interviniera para apuntalar las acciones del sector tecnológico, en una operación que fuentes del mercado citadas por la agencia Asia Times describen como un rescate orquestado por Pekín. La intervención estatal ha sido un factor clave para contrarrestar la volatilidad que afectaba a las empresas del sector.

Mientras la «nueva economía» capta la atención mediática, las dificultades de la «vieja economía» china continúan lastrando el panorama general del país. El mercado refleja así una dualidad: por un lado, el dinamismo de las startups de IA y la apuesta gubernamental por la innovación; por otro, los problemas estructurales que persisten en sectores tradicionales como el inmobiliario o el industrial, que aún lastran la confianza inversora.

El nuevo modelo de Moonshot AI ha recordado a los inversores la velocidad a la que China está cerrando la brecha tecnológica con Silicon Valley.

La noticia de Moonshot AI ha sido especialmente relevante porque, al igual que sucedió con DeepSeek, demuestra la capacidad del ecosistema tecnológico chino para generar avances competitivos a nivel global. La startup ha logrado captar la atención del mercado en un momento en que la confianza en el sector tecnológico chino se tambaleaba por las tensiones geopolíticas y la regulación interna.

El efecto conjunto de la intervención del «equipo nacional» de Xi Jinping y el empuje de la inteligencia artificial ha devuelto cierto optimismo a la bolsa china, aunque los analistas consultados por medios locales advierten de que la recuperación sostenida dependerá de cómo se resuelvan los desequilibrios de la economía real.

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EKOLOT presenta el dron táctico híbrido PX-100, con 30 kg de carga útil y 4 horas de autonomía

Por: A. Pita

La multinacional europea EKOLOT Aerospace & Defense, con sede en Polonia, ha presentado el ZEUS PHOENIX PX-100, un nuevo UAV táctico multirotor de propulsión híbrida diseñado para misiones militares y de seguridad. El dron, presentado el 21 de julio de 2026, destaca por su capacidad de carga útil de 30 kilogramos, una autonomía de 4 horas y un alcance de 140 kilómetros, según informó la compañía.

Prestaciones técnicas del PX-100

El ZEUS PHOENIX PX-100 emplea un sistema de propulsión híbrido (motor de combustión más baterías), lo que le permite superar en autonomía y alcance a los multirotores eléctricos convencionales. Su capacidad de carga útil de 30 kg posibilita el transporte de sensores avanzados, sistemas de comunicaciones o cargas especializadas para operaciones duales (militares y civiles). EKOLOT ha subrayado que el vehículo está concebido para entornos operativos complejos, ofreciendo flexibilidad en misiones de vigilancia, reconocimiento y apoyo táctico.

Contexto en el sector de defensa

El nuevo dron se suma a una oferta creciente de UAV tácticos en el mercado europeo, donde la demanda de sistemas aéreos no tripulados con mayor resistencia y capacidad de carga sigue en aumento. Aunque la sede central de EKOLOT está en Polonia, la compañía tiene presencia en el mercado español y latinoamericano, donde este tipo de plataformas pueden tener aplicación en tareas de seguridad fronteriza, lucha contra incendios o vigilancia de infraestructuras críticas.

El ZEUS PHOENIX PX-100 compite en un segmento donde priman la autonomía y la versatilidad, factores que la empresa espera que le den ventaja frente a otros multirotores del mercado. No se han revelado ni el precio ni los primeros clientes, pero la compañía ha indicado que ya está en conversaciones con potenciales usuarios institucionales.

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Derechos digitales: un debate que ya no podemos aplazar

Por: Guillem Pujol

La Llotja de Mar, símbolo del comercio marítimo barcelonés desde el siglo XIV, albergó durante dos días una conversación sobre los flujos invisibles que mueven el mundo contemporáneo: datos, algoritmos, plataformas, derechos. El I Encuentro Internacional por los Derechos Digitales –organizado en el marco de la Mobile World Capital Barcelona y financiado con fondos europeos de NextGenerationEU– acogió mesas redondas, charlas magistrales y sesiones de participación ciudadana sobre un mismo eje temático abordado desde ángulos muy distintos: el impacto de la inteligencia artificial y las plataformas digitales sobre los derechos fundamentales, la democracia y el trabajo.

Y, sin embargo, uno de los mensajes más repetidos a lo largo de las dos jornadas fue precisamente ese: que el debate llega tarde. Que mientras académicos, juristas y representantes sindicales discuten marcos regulatorios y garantías democráticas, las tecnologías que pretenden regular llevan años operando a escala masiva, moldeando conductas, eliminando empleos y concentrando un poder sin precedentes en manos de unas pocas corporaciones privadas. El congreso no podía resolver esa contradicción, pero al menos la nombraba sin eufemismos.

Buena parte de los asistentes que debatían sobre el empoderamiento de los trabajadores y la necesidad de escuchar voces colectivas lo hacían ataviados con traje. Una contradicción menor, quizás, pero elocuente: la urgencia por democratizar el debate digital convive, todavía, con los códigos y los circuitos de siempre.

El vehículo sin carriles

Geertrui Mieke De Ketelaere, ingeniera e investigadora de inteligencia artificial desde los años noventa y autora de The Chatbot Trap, fue una de las voces más contundentes de la primera jornada. Lleva décadas estudiando cómo las sociedades adoptan tecnología y ha aprendido a reconocer ciertos patrones que se van repitiendo, pero el que ve ahora con el desarrollo de la llamada “Inteligencia Artificial” le inquieta: “Cuando hay un accidente de coche, los daños están a la vista, pero con la IA los daños se esconden”. Su diagnóstico fue claro: el modelo habitual –primero optimizar, luego pensar en el impacto– se está repitiendo con la inteligencia artificial, pero a una velocidad y con una opacidad sin precedentes. “Tenemos que apresurarnos en ponerle carriles al vehículo”, resumió. El coche ya está en marcha, pero la carretera todavía no existe.

De Ketelaere fue más allá de la necesidad de regulación para hablar de algo más estructural, lo que ella llamó “la economía del apego”, es decir, la forma en la que las grandes plataformas explotan mecanismos dopamínicos para generar dependencia emocional, presentándola como mejora de las relaciones sociales cuando los efectos reales apuntan en dirección contraria. La adicción como business model.

Este tipo de análisis, que hace apenas una década habría sonado alarmista en un foro institucional, fue recibido en la Llotja de Mar sin apenas cuestionamiento. Algo ha cambiado en el consenso experto. La pregunta es más qué herramientas disponemos para actuar.

«Estamos entrenando a la máquina para que nos sustituya»

Si la sesión sobre sostenibilidad digital habló del problema en términos sistémicos, la mesa dedicada al impacto de las tecnologías emergentes en el trabajo sirvió para bajarlo a ras de suelo. María Luz Rodríguez, catedrática de Derecho del Trabajo de la Universidad de Castilla-La Mancha, arrancó desmontando una coartada habitual: “No estamos hablando del futuro del trabajo. Estamos hablando del presente”. Puso el ejemplo de los centros de atención telefónica, donde la voz de los trabajadores se graba sistemáticamente para entrenar a los bots que acabarán sustituyéndoles. “Estamos trabajando para que nos acaben desalojando”, resumió. Y aquí paz y después gloria.

Rodríguez reclamó que el debate sobre la propiedad de los datos laborales se sitúe en el centro de la agenda política y sindical. Los datos que generan los trabajadores en su actividad cotidiana tienen un valor económico enorme. Ese valor se captura, se monetiza y raramente revierte sobre quien lo produce. “No podremos transformar la sociedad sin la voz de las personas implicadas”, insistió. La transformación digital, advertía, requiere un diseño plural que vaya más allá de la perspectiva empresarial.

La mesa completó ese diagnóstico con otras voces. José Varela, responsable de IA y digitalización de UGT Confederal, distinguió entre empleo y empleabilidad: perder un trabajo es un drama individual, pero cuando una tecnología elimina categorías enteras de ocupación, lo que se destruye es la posibilidad misma de encontrar empleo en ese sector. “Eso está ocurriendo”, advirtió. Eva Rimbau-Gilabert, profesora de la UOC, añadió que el control tecnológico excesivo sobre los trabajadores siempre genera desafección y rompe el contrato psicológico. “La IA se está usando para sustituir, cuando debería ser utilizada para complementar”, concluyó. Las empresas, dijo, se están buscando un problema a medio plazo.

Democracia, juventud y el espejo iberoamericano

La primera jornada cerró con una mesa que amplió el foco geográfico y generacional. Alexandre Pupo, secretario general del Organismo Internacional de Juventud para Iberoamérica, aportó un dato que debería figurar en cualquier informe sobre el estado de las democracias: si en 2010 una mayoría de jóvenes iberoamericanos declaraba apoyar la democracia, en 2020 ese apoyo había caído al 45%. En el mismo período, las tasas de trastorno emocional y depresión se duplicaron.

Ciertamente, correlación no implica necesariamente causalidad. Pero en este caso, y a falta de que baje un estadista y lo certifique, todo apunta a que ambos conceptos se dan de la mano.

Pupo rechazó la narrativa de los que los jóvenes de hoy son “nativos digitales”, identificándola como una trampa conceptual. “Nos toca vivir en esta realidad, pero no nacemos preparados para ella”, dijo. Y apuntó a un dato que da que pensar. “En 2010 ocurre algo…Facebook crea el botón de me gusta”. Correlación no implica causalidad. Pero haríamos bien en recordar estos datos y atar algunos cabos.

Gustavo Gómez, director ejecutivo de OBSERVACOM, señaló la asimetría regulatoria que subyace a todos estos debates: se regula con más intensidad a los usuarios que a los dueños de las plataformas. En América Latina, ese desequilibrio tiene consecuencias políticas directas que los marcos europeos tienden a subestimar. La cuestión de fondo es quién tiene el poder de definir qué se ve, qué se amplifica y qué se silencia en el espacio público.

Lo que queda pendiente

El I Encuentro Internacional por los Derechos Digitales no pretendía resolver los problemas que ponía sobre la mesa, y no los resolvió. Pero consiguió algo más difícil en el clima actual: reunir en un mismo espacio a personas que habitualmente hablan en registros y foros distintos –el académico, el sindical, el jurídico, el activista, el institucional– y forzarlas a escucharse. En un momento en que la velocidad del cambio tecnológico tiende a dejar obsoletos los marcos de análisis antes de que sean adoptados, esa lentitud deliberativa tiene un valor que no debe subestimarse.

Lo que el congreso dejó en evidencia es que el tiempo del diagnóstico se agota. Durante años, investigadores y activistas han documentado los riesgos de la concentración tecnológica, la explotación de datos, la manipulación algorítmica y la destrucción de empleo. Esa documentación existe. Los marcos regulatorios europeos –el AI Act, el Digital Services Act– existen también, aunque sean insuficientes. Lo que falta es, de algún modo, lo de siempre: voluntad política para actuar a la altura de un problema que ya nos está superando, y hacerlo en clave democrática en contra los intereses del poder tecnofeudal creciente.

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