Desde el 3 de junio de 2026, la capital de Somalia, Mogadiscio, es escenario de enfrentamientos armados entre las fuerzas de seguridad leales al presidente Hassan Cheikh Mohamoud y las milicias de la oposición, hostiles a la prolongación del mandato del jefe de Estado. La crisis política, que venía gestándose desde hace semanas, ha degenerado en combates en varias calles de la ciudad, según fuentes locales.
Una crisis institucional abierta
El detonante de la violencia ha sido la negativa del presidente Mohamoud a convocar elecciones en el plazo previsto, lo que la oposición considera una extralimitación de su mandato. Las milicias antigubernamentales han tomado posiciones en barrios estratégicos de la capital, mientras que las fuerzas leales intentan recuperar el control. No se han difundido cifras oficiales de víctimas, aunque testigos reportan decenas de heridos y al menos cinco muertos en las primeras 24 horas.
La situación es extremadamente tensa. Los disparos se escuchan en toda la ciudad y la población civil permanece refugiada en sus hogares, sin electricidad ni acceso a alimentos frescos.
La comunidad internacional ha mostrado su preocupación. La Misión de la Unión Africana en Somalia (ATMIS) ha condenado los enfrentamientos y ha instado a ambas partes a retomar el diálogo. Estados Unidos, a través de su embajada en Mogadiscio, ha pedido el cese inmediato de las hostilidades y la vuelta a la legalidad constitucional.
Implicaciones regionales
Somalia es un país estratégico en el Cuerno de África, donde opera la fuerza antiterrorista ATMIS y donde la Unión Europea mantiene programas de cooperación. La inestabilidad en Mogadiscio podría afectar a las operaciones contra el grupo Al-Shabaab, que controla amplias zonas rurales. El presidente Mohamoud, en el cargo desde 2022, enfrenta acusaciones de autoritarismo y de haber prorrogado su mandato de forma inconstitucional tras la expiración del plazo electoral en mayo de 2026.