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Suiza registra las oficinas de Gunvor por presuntos sobornos en la compra de Assala Energy en Gabón

Por: A. Goikoetxea

Las autoridades suizas registraron a mediados de mayo las oficinas del gigante helvético del comercio de petróleo Gunvor, en el marco de una investigación penal abierta por sospechas de corrupción de agentes públicos extranjeros. El caso se centra en el financiamiento de la compra del productor independiente Assala Energy por parte de la compañía estatal Gabon Oil Company (GOC), un movimiento que reconfiguró el mapa petrolero en Gabón.

La investigación, abierta contra desconocidos (instrucción penal contra X según la terminología suiza), examina si se pagaron sobornos a funcionarios gaboneses para facilitar la operación. Gunvor, con sede en Ginebra, ha declinado hacer comentarios sobre el registro, aunque fuentes cercanas a la compañía aseguran que colabora plenamente con la justicia.

Una operación clave en el sector energético gabonés

Assala Energy, propiedad del fondo estadounidense Carlyle, era uno de los principales productores independientes de crudo en Gabón, con una producción de unos 40.000 barriles diarios. Su adquisición por parte de la Gabon Oil Company, cerrada en 2024, supuso un hito en la estrategia del Gobierno gabonés por aumentar el control estatal sobre los recursos energéticos del país.

Sin embargo, la operación despertó suspicacias desde el principio. Varios medios locales denunciaron entonces la opacidad del proceso y el posible papel de intermediarios no identificados. Ahora, la investigación suiza pone el foco en Gunvor, que habría participado en la financiación de la compra.

Intensificación de la lucha anticorrupción en Suiza

El registro de las oficinas de Gunvor se produce en un momento de intensa actividad judicial en Suiza contra el blanqueo de capitales y la corrupción en el sector de las materias primas. El país alpino, sede de decenas de grandes comercializadoras de crudo, ha endurecido en los últimos años su legislación para perseguir los flujos ilícitos ligados a los recursos naturales.

Por el momento, las autoridades gabonesas no han emitido declaraciones oficiales sobre el caso. La Gabon Oil Company, controlada directamente por el Estado, tampoco se ha pronunciado sobre el registro suizo.

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La literatura y la clase obrera

Por: José Ovejero

1 de junio

En un festival literario, conversamos durante la cena con la escritora Simona Baldanzi, que nos habla del Festival di Letteratura Working Class, que se celebra en una fábrica okupada por los trabajadores después de que la empresa decidiera cerrarla. Lo dirige Alberto Prunetti, autor, entre otras obras, de la magnífica Amianto, publicada en España por Hoja de Lata. Nos pregunta qué autores españoles han publicado novelas en un entorno fabril. No es difícil pensar en escritores y escritoras actuales que escriben sobre precariedad y sobre barrios marginales y obreros, pero resulta mucho más difícil encontrar ficción centrada en la vida laboral fuera de lo intelectual o del sector servicios. La fábrica, la mina, el taller parecen casi desaparecidos de la literatura contemporánea, quizá porque hay muchos autores que tenemos experiencias de precariedad o de vida en un barrio obrero, pero pocos conocemos bien el trabajo fabril.

Durante la conversación mencionamos Desde la línea, el poema terrible de Joseph Ponthus (Siruela), donde refleja la dureza brutal del trabajo en conserveras de pescado y mataderos, que conoce de primera mano. (Prefiero llamarlo poema, en lugar de prosa poética, como hace la editorial, porque esta clasificación hace pensar en lirismo, metáforas, figuras literarias… y yo diría más bien que se trata de un poema prosaico, de lenguaje sencillo y directo, quitando a lo de «prosaico» la connotación negativa).


Me acuerdo ahora de la escritora que, cuando le dije que iba en metro a no sé dónde, exclamó: «Qué proletario». Qué lejos estamos, y queremos estar, de las experiencias cotidianas de la mayoría de la población. Englobo en este plural al colectivo de escritores, aunque cada uno encaje mejor o peor en la afirmación.

Desde luego, nunca se me habría ocurrido que alguien pudiera considerar proletario usar el transporte público.


2 de junio

Estoy leyendo Figlia di una vestaglia blu, novela en la que Simona Baldanzi se acerca al mundo obrero desde la perspectiva de la hija de una trabajadora de la fábrica de vaqueros Rifle (equivalente a la Lois española) y también rememorando su tesis doctoral, cuando tuvo que estar haciendo cuestionarios entre los obreros que excavan los túneles en su región para el paso del Tren de Alta Velocidad. Me interesa doblemente porque es uno de los pocos ejemplos que he encontrado de literatura de fábrica –la llamo así para diferenciarla de la literatura de clase obrera, concepto mucho más amplio– y porque está escrita por una mujer, con atención, aunque no solo, a la experiencia de las mujeres.

Ayer, media hora después de escribir el último párrafo de la entrada anterior, leo estas frases en la novela de Baldanzi: «Hay quien lo ve [al proletariado] como raza en peligro de extinción, que debe protegerse. Lo he encontrado en la universidad: “Anda, ¿eres hija de obreros? Increíble. Cuéntame cómo es”. Como si llegase de otro planeta».


3 de junio

En el encuentro literario en el que estuvimos en Italia iba a participar Zapatero, que cancela en el último momento, cuando se hace pública la acusación por corrupción. Mucha gente me pregunta entonces qué va a pasar, si creo que las acusaciones son fundadas. No lo sé, claro que no lo sé. Salvo que, sea o no cierto que Zapatero haya cometido algún delito, el solo anuncio de la investigación pasará factura al PSOE. Es sabido que la corrupción en la izquierda tiene un alto coste electoral, la de la derecha apenas se nota en la intención de voto. Y ya es una perogrullada decir que no se persigue con la misma intensidad a unos y a otros. Apenas se investiga el enriquecimiento de familiares de los Aznar-Botella, de Ayuso, de Feijóo, etc. y la repercusión en prensa es mucho menor.

Aún en Italia, en un club de lectura una lectora me pide un análisis de la situación en España. Cuando les trazo una imagen bastante negra del futuro, la mujer me dice: «Al menos ustedes resisten, la gente sale a la calle, protesta. Aquí todo el mundo se ha resignado». Los demás participantes asienten cabizbajos.


Este año, por primera vez en muchos, no vamos a estar en la Feria del Libro de Madrid. Por un lado, tengo la sensación de perderme algo, de no estar presente en una actividad que se había convertido casi en un rito, también porque allí solemos coincidir con gente a la que no vemos a menudo y nos apetece hacerlo. Por otro, siento alivio por no tener que estar horas en las casetas recalentadas, pendientes de si se cierra por enésima vez el Retiro, a menudo con largas esperas entre firma y firma. Pero lo que más me gusta de no ir es no tener que asistir a la invasión de autores que tienen que ver con la literatura, la historia o la filosofía lo mismo que yo con el saxofón… que intenté aprender a tocar pero abandoné cuando me convencí de mi incapacidad absoluta para la práctica musical. Lo malo es que esos autores no solo no son conscientes de sus limitaciones, encima cuentan con un aparato publicitario que los hace pasar por lo que no son. Y a veces incluso cuentan con ayudantes que tocan las teclas por ellos.

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Religión en Libertad alerta: la indiferencia ante la corrupción en España es más peligrosa que los escándalos

Por: P. Aguirre Larrañaga

Un análisis publicado por el portal Religión en Libertad advierte de que la sociedad española está perdiendo la capacidad de escandalizarse ante la corrupción institucional, lo que supone un peligro para la salud democrática del país. El texto, firmado desde una perspectiva del pensamiento social católico, sostiene que el verdadero riesgo no es la aparición de nuevos escándalos, sino la reacción de indiferencia que generan entre los ciudadanos.

El artículo, fechado el 29 de mayo de 2026, describe una situación de repetición casi mecánica de prácticas corruptas en la vida pública española. Según sus autores, esta normalización podría conducir a una desafección crónica hacia el sistema democrático y sus garantes. Sin citar casos concretos ni aportar datos cuantitativos, el texto vincula la falta de reacción social con una erosión de los valores cívicos que, a largo plazo, debilitaría los pilares del Estado de Derecho.

La dimensión ética de la vida pública

El análisis se inscribe en la tradición de la doctrina social de la Iglesia, que subraya la dimensión ética de la vida colectiva. Para los redactores, la corrupción no solo tiene consecuencias jurídicas y económicas, sino que corrompe el alma colectiva al hacer que la mentira y la trampa dejen de provocar rechazo. Aunque el texto no ofrece soluciones concretas, sí llama a una reflexión ciudadana sobre la tolerancia a la falta de integridad.

El artículo aparece en un contexto en que la opinión pública española ha sido testigo de múltiples procesos judiciales relacionados con corrupción política, pero ninguno ha provocado un terremoto electoral equiparable a crisis anteriores. Según los autores, esta apatía es más peligrosa que cualquier escándalo porque anestesia la conciencia necesaria para exigir responsabilidades, una línea de argumentación que, pese a su tono crítico, no ha sido respaldada por encuestas o estudios sociológicos recientes.

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Pujol fuera del juicio: entre el humanismo judicial y la deuda pendiente de Catalunya

Por: Guillem Pujol

Este artículo se publicó originalmente en Catalunya Plural. Puedes leerlo en catalán aquí.

La salida de Jordi Pujol del juicio por la fortuna oculta en Andorra no es solo una decisión procesal: es también un punto de inflexión en una causa que durante años ha funcionado como espejo de una etapa política entera. La Audiencia Nacional ha concluido que, a sus 95 años, el president no se encuentra en condiciones de declarar ni de asumir un proceso penal con garantías. El argumento es médico, humanista y estrictamente legal. El efecto, inevitablemente, es político.

El tribunal llega a esta conclusión después de meses de indefinición. Desde el inicio de la vista oral, los informes periciales coincidían en lo esencial: un deterioro cognitivo suficiente para impedir un interrogatorio en condiciones. Aun así, la sala optó por mantener abierta la posibilidad de su declaración. Solo tras una evaluación directa esta misma semana —con reconocimiento forense y entrevista personal— se ha cerrado definitivamente esa puerta.

El límite del proceso penal ante una figura central del poder

Lo que se cierra ahora no es solo una comparecencia, sino una expectativa. El juicio avanzaba con una anomalía de fondo: la figura que daba sentido al conjunto del caso permanecía fuera de escena, pero no fuera del proceso. Esa ambigüedad permitía sostener la idea de que, en algún momento, el relato judicial podría articularse en torno a su testimonio. Ese escenario ya no existe.

Como apunta Josep Carles Rius, el proceso no se reduce a la responsabilidad individual de un acusado, sino que remite a una época de Catalunya. El pujolismo no operó únicamente como una opción electoral prolongada en el tiempo, sino como una forma de organización del poder, con capacidad para estructurar relaciones institucionales, económicas y sociales durante décadas.

Desde esta perspectiva, la decisión del tribunal plantea un problema difícil de encajar, no tanto en términos jurídicos como históricos, ya que la dilucidación de este entramado pierde ahora la figura simbólica que lo encarnaba.

Una memoria pendiente más allá del juicio

Durante años, Jordi Pujol ha sido una referencia central en la vida política catalana. No solo por su longevidad institucional, sino por la profundidad de su influencia. Como recordaba el periodista Txema Seglers, ha habido generaciones enteras para las que la política tenía un único nombre posible: “Si de pequeño te pedían el nombre de un político, solo sabías decir Jordi Pujol i Soley”.

Ese grado de centralidad explica que su salida del juicio no pueda interpretarse como un cierre. Cuando en 2014 reconoció la existencia de una fortuna no declarada, lo que se abrió fue una crisis de legitimidad que iba más allá de su figura. El caso dejó de ser una cuestión privada para convertirse en un problema estructural. Afectaba a la credibilidad de un modelo político y a la forma en que ese modelo había gestionado sus propios límites.

El juicio ofrecía la posibilidad de ordenar ese debate en términos judiciales, pero la resolución de la Audiencia Nacional interrumpe ese recorrido. Lo hace, ciertamente, por razones que resultan difíciles de discutir desde una perspectiva humanista. Nadie puede ser juzgado sin capacidad de defensa, pero al mismo tiempo introduce una discontinuidad: el principal sujeto del caso deja de formar parte de la escena justo en el momento en que esta podía empezar a producir una explicación más articulada.

La salida de Pujol obliga a formular la pregunta en otros términos. No se trata de su capacidad para declarar, sino de la capacidad colectiva para interpretar una etapa y determinar hasta qué punto se han identificado sus mecanismos y de qué manera se integran en el relato político contemporáneo.

El juicio continúa. Pero la parte más incómoda del caso —la que tiene que ver con la memoria y con la estructura del poder— queda, de momento, fuera de la sala.

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