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Irán golpea Kuwait y Baréin mientras Israel supera los 200 muertos en el sur del Líbano

Por: C. Vasallo

La violencia en Oriente Próximo ha experimentado una escalada significativa este miércoles 3 de junio, con dos frentes abiertos simultáneamente. Por un lado, Israel ha intensificado sus ataques contra el sur del Líbano, matando al menos a nueve personas, entre ellas dos paramédicos que tripulaban una ambulancia. Por otro, Irán ha lanzado misiles y drones contra Kuwait y Baréin, en una represalia por lo que Teherán califica como la guerra ilegal de Estados Unidos contra el país persa.

Los ataques israelíes en el sur del Líbano

Las fuerzas israelíes continuaron este miércoles su campaña de bombardeos contra el sur del Líbano, en una operación que ha dejado al menos nueve fallecidos en distintos puntos de la región. Entre las víctimas se encuentran dos paramédicos que fueron alcanzados mientras atendían a heridos en una ambulancia, según fuentes locales citadas por medios internacionales. Los ataques se producen después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara que Israel había acordado el lunes posponer una ofensiva contra Beirut y que Hizbulá había hecho concesiones, aunque la tregua sigue sin consolidarse.

La respuesta iraní contra el Golfo

En paralelo, Irán ha golpeado directamente a dos monarquías del Golfo, Kuwait y Baréin, con misiles y drones, según confirmaron fuentes oficiales iraníes y reportes de agencias de noticias. El ataque, que se produce en el día 57 del alto el fuego unilateral declarado previamente, responde a la participación de estos países en la coalición liderada por Estados Unidos contra Irán. Teherán ha justificado la acción como una respuesta a lo que considera una guerra ilegal estadounidense que amenaza su soberanía. Los bombardeos elevan el conflicto a un enfrentamiento regional directo, con el potencial de bloquear el estratégico estrecho de Ormuz, por donde transita una parte significativa del petróleo mundial.

Fuentes diplomáticas indicaron que los ataques contra Kuwait y Baréin no han provocado víctimas mortales hasta el momento, aunque sí daños materiales en instalaciones militares. La escalada ha provocado una reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras Washington evalúa su respuesta. La situación en el Líbano sigue siendo crítica, con más de 200 muertos en las últimas dos semanas según datos de la Cruz Roja libanesa.

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El imperio se tambalea

Por: Fabian Scheidler

Este artículo se publicó originalmente en Substack. Puedes leerlo en inglés aquí.


Más de dos semanas después del inicio de la guerra de agresión contra Irán, Estados Unidos e Israel aún no han alcanzado su objetivo bélico de provocar un cambio de régimen, y es poco probable que lo logren por esta vía. La historia muestra que los bombardeos aéreos por sí solos rara vez conducen a la victoria, y mucho menos al derrocamiento de gobiernos. Al contrario, quienes son atacados suelen cerrar filas en torno a sus líderes, especialmente cuando el agresor, como en este caso, bombardea escuelas y hospitales.

Pero la guerra podría resultar ser mucho más que una misión fallida y costosa para Estados Unidos. Los ataques con misiles de Irán contra bases estadounidenses y otros objetivos en los Estados del Golfo están sacudiendo toda la estructura de poder de la región. Por un lado, estos ataques demuestran que Estados Unidos es incapaz de defender a los países del Golfo. Conviene recordarlo: el acuerdo histórico de los años setenta entre Estados Unidos, por un lado, y Arabia Saudí y otros Estados del Golfo, por otro, se sostenía sobre dos pilares. Las monarquías vendían su petróleo exclusivamente en dólares e invertían los excedentes de petrodólares en Estados Unidos. Esto garantizaba un flujo permanente de capital hacia Estados Unidos y, en particular, hacia Wall Street. A cambio, Estados Unidos ofrecía modernización tecnológica y, sobre todo, seguridad.

Ese segundo pilar se está derrumbando ante nuestros ojos. Las bases militares estadounidenses han demostrado no solo ser en gran medida inútiles frente a los misiles iraníes, sino también una carga para los Estados del Golfo, ya que constituyen objetivos evidentes. Además, sectores importantes de la población en algunos de estos países llevan tiempo oponiéndose a dichas bases. En Baréin, por ejemplo, donde el 60% de la población es chií, se produjeron muestras de celebración tras el éxito iraní al infligir graves daños al cuartel general de la Quinta Flota estadounidense. La presencia de Estados Unidos se revela así como un posible factor de inestabilidad política interna.

La magnitud de los ataques contra las bases estadounidenses es considerable. Irán logró, por ejemplo, destruir dos instalaciones clave de radar en Jordania y en los Emiratos Árabes Unidos, esenciales para guiar los misiles THAAD, un componente central de la defensa contra los misiles iraníes. La reconstrucción de estas infraestructuras, valoradas en miles de millones de dólares, podría llevar meses o incluso años. Otras bases importantes también fueron alcanzadas, como la de Erbil, en Irak, la mayor base de la Fuerza Aérea estadounidense en el país.

La situación podría agravarse aún más si Estados Unidos e Israel se enfrentan a una escasez de misiles interceptores. Estos ya eran limitados al final de la guerra de doce días contra Irán en junio de 2025, una de las razones clave por las que ambos países optaron entonces por un alto el fuego. Ahora, según diversos informes, los arsenales podrían acercarse a una escasez más severa, lo que debilitaría decisivamente una defensa ya de por sí incompleta.

Estados Unidos también ha demostrado ser incapaz de mantener abiertos los estrechos de Ormuz, a pesar de la promesa de Donald Trump de escoltar a los buques. Su llamada urgente a la OTAN y a otros aliados para que envíen barcos al Golfo Pérsico subraya la gravedad de la situación. El hecho de que todos sus aliados —desde el Reino Unido y Alemania hasta Australia y Japón— hayan rechazado la petición es una señal humillante del creciente aislamiento e impotencia de Estados Unidos. El estrecho de Ormuz es la arteria vital de las monarquías del Golfo. No solo dependen de él las exportaciones de petróleo y gas, sino también importaciones esenciales. Si permanece cerrado durante un periodo prolongado, las economías y las sociedades del Golfo afrontarán nuevas turbulencias.

Mientras las élites de las monarquías del Golfo empiezan a asumir que Estados Unidos no puede protegerlas e incluso está llevando la guerra a sus territorios, las repercusiones económicas socavan aún más el statu quo. El modelo de negocio de estos países se basa en la estabilidad. Tanto el turismo como la inversión extranjera descansan sobre la promesa de un mundo brillante, protegido de la pobreza y de las guerras constantes de los países vecinos. Pero ese modelo también podría colapsar. ¿Quién compraría islas frente a la costa de Dubái si no hay seguridad frente a los misiles? Y si las grandes fortunas se alejan, ¿quién querrá invertir miles de millones en una región con un futuro incierto?

La guerra también ha puesto de relieve la vulnerabilidad del suministro de agua dulce en la región. Las plantas desalinizadoras, que proporcionan entre el 60 y el 70 por ciento del consumo de agua en los Estados del Golfo, podrían quedar fuera de servicio con unos pocos ataques de misiles iraníes. Sin agua dulce, ni siquiera los más ricos pueden sobrevivir. Además, una evacuación rápida podría resultar imposible. Al inicio del conflicto, los vuelos privados disponibles se redujeron drásticamente en cuestión de horas, ya que pocos proveedores estaban dispuestos a asumir el riesgo. Los enclaves de lujo podrían convertirse en trampas.

Muchas de las monarquías petroleras han diversificado sus economías en los últimos años. Uno de los nuevos pilares son los centros de datos operados por grandes corporaciones estadounidenses como Amazon, Google, Microsoft, Palantir, NVIDIA u Oracle. Sin embargo, Irán ya ha atacado centros de datos de Amazon en Baréin y en los Emiratos, con importantes repercusiones sobre los servicios digitales. Además, el liderazgo iraní ha presentado una lista de 31 centros de datos que considera “objetivos legítimos”, al considerar que son utilizados por el ejército estadounidense. Si algunos de ellos fueran alcanzados, el golpe sería significativo no solo para la economía regional y su infraestructura digital, sino también para un pilar central de la hegemonía estadounidense.

Ante este escenario, Donald Trump busca desesperadamente una salida que le permita declarar la victoria y poner fin a la guerra. Pero lo más probable es que Irán no le facilite un desenlace rápido.

Incluso si el conflicto terminara en un plazo relativamente breve, su impacto sobre la región y el equilibrio geopolítico sería profundo y se desplegaría plenamente en los años siguientes. En cualquier caso, las monarquías del Golfo se verán obligadas a buscar nuevos modelos de supervivencia política y económica. Lo más probable es que giren hacia Asia, y en particular hacia China, que en los últimos años ha construido sólidos vínculos económicos y diplomáticos en la región y se ha posicionado como un actor de estabilidad. Podría ser el inicio del fin de la hegemonía estadounidense en el Golfo.


Fabian Scheidler es autor de ‘El fin de la megamáquina. Breve historia de una civilización en declive’, publicado en numerosos idiomas (www.megamachine.org). Su libro más reciente, publicado en alemán es ‘Bienestar o guerra. Por qué Europa debe elegir entre la razón y la autodestrucción’. Scheidler colabora también con ‘Le Monde Diplomatique’ y otros medios.
www.fabianscheidler.com

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