Un empleado de TI del Gobierno federal de Estados Unidos presentó una queja interna sobre el Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE) y posteriormente decidió hacerla pública. Días después, Elon Musk difundió un mensaje en su red social X calificando las acusaciones de falsas, y al poco tiempo las líneas de freno del vehículo del denunciante aparecieron cortadas. El afectado ha presentado una demanda por difamación contra el magnate.
El incidente, ocurrido a finales de mayo de 2026, ha reavivado el debate sobre la seguridad de los denunciantes y la influencia de las grandes tecnológicas en la Administración. El empleado, cuyo nombre no ha trascendido, trabajaba en sistemas informáticos federales y aseguraba haber detectado irregularidades en la gestión de datos dentro del DOGE, una unidad creada durante la presidencia de Donald Trump para reducir el gasto público.
Según la demanda presentada ante un tribunal de Washington D.C., Musk tuiteó el 28 de mayo un mensaje en el que tachaba al informante de «mentiroso» y lo acusaba de buscar notoriedad. Menos de 48 horas después —prosigue el texto—, el coche del demandante amaneció con los latiguillos de freno seccionados en el aparcamiento de su domicilio en Virginia. La Policía investiga el caso como un posible sabotaje, aunque aún no hay detenidos.
El equipo legal de Musk ha rechazado las acusaciones y califica la demanda de «infundada». En un comunicado remitido a varios medios, alegan que el tuit del empresario está amparado por la libertad de expresión y que no existe ningún vínculo probado entre la publicación y el corte de los frenos. Sin embargo, el sindicato de empleados federales AFGE ha mostrado su preocupación y ha reclamado una investigación independiente. «Atacar a un denunciante desde una cuenta con más de 150 millones de seguidores es una intimidación en toda regla», declaró un portavoz del sindicato.