Cuesta imaginar un acto más revolucionario en tiempos crueles como el actual que reunirse para celebrar la vida de un hombre bueno, para hablar sobre cómo seguir su ejemplo y construir un mundo más pacífico y justo, y terminarlo cantando Blowing in the wind, L’Estaca e Imagine con su hijo, Albert, tocando el piano. Y exactamente así fue como transcurrió el homenaje a Arcadi Oliveres celebrado la mañana del sábado en el salón de actos de La Unió Santcugatenca de Sant Cugat del Vallès (Barcelona).
Una mañana que prometía lluvia y que regaló esperanza a las más de doscientas personas que se reunieron para cumplir uno de los mandatos más reiterados por quien rehusaba los imperativos, enseñaba rebeldía y dedicó su vida a sembrar espíritu crítico: el “Junteu-vos” (Reuníos, en español) con el que solía salpicar sus charlas Arcadi Oliveres.
Durante las pausas del encuentro, activistas de todas las edades y de los movimientos sociales más activos en la actualidad se saludaban y abrazaban con afecto y familiaridad. Algunos, incluso sin conocerse entre sí pero con la fraternidad de saberse parte de una genealogía muy particular: la de los arcadistas. Hombres y mujeres en los que Arcadi Oliveres sembró la defensa de la cultura de paz y que ha fructificado en una pléyade de organizaciones que han convertido Catalunya en el epicentro de la investigación y desarrollo de propuestas de construcción de paz –Unipau, Fundipau, la Escola de Cultura de Pau, Institut de Drets Humans de Catalunya, Institut Català Internacional per la Pau, Novact, Centre Delàs…–. Pero, también, en la incorporación de esta perspectiva en el resto de luchas sociales, como se constató en la mesa redonda dedicada a analizar su legado en el activismo actual.
La clarividencia optimista de Oliveres
Javi Raboso, de Greenpeace España, explicó que conoció a Oliveres en un foro alterglobalización a principios de los 2000. “Por entonces, casi no se hablaba de decrecimiento. Y él ya lo hacía, además con un optimismo que no siempre hemos sido capaces de reproducir”, apuntó ante un aforo tan lleno que parte de los asistentes tuvieron que permanecer de pie durante las cuatro horas de homenaje.
“Arcadi supo ver con clarividencia que la crisis climática era resultado del capitalismo criminal y depredador del que él hablaba. Y la ponía en relación con la justicia global”. Raboso incidió en que el planeta no da para la codicia de todo el mundo, pero sí que surte de lo que necesita a todo el mundo. Por eso, “Arcadi invitaba a decrecer de una manera ordenada y en aquellos ámbitos en los que habíamos crecido irracionalmente”, a la vez que había que crecer “en el tiempo del que disponemos para nosotras mismas, para los cuidados y en todo aquello que reproduce la vida”, añadió.
Pero si en algo quiso poner el acento Raboso es en que la lucha prioritaria en la actualidad es la defensa por la democracia. Y puso como ejemplo, el asedio que está sufriendo Greenpeace en Estados Unidos, condenada a pagar 660 millones de dólares a una petrolera. “Una muerte civil. O los activistas condenados por manchar con remolacha -que se limpia con agua- la fachada del Congreso de los Diputados para poner el foco en la gravedad de lo que está ocurriendo con la crisis climática”, apuntó Raboso.
En sus últimos años de vida, Oliveres estuvo muy vinculado al movimiento juvenil climático. Raboso tiene claro dónde están hoy sus integrantes: “La Greta Thunberg que en 2018 estaba en huelga pidiendo medidas ante el Parlamento sueco, en 2025 estaba en la Flotilla contra el genocidio de Gaza. Esa es la evolución que han hecho esos jóvenes que siguen implicados en luchas emancipatorias. Y esa es la esperanza”.
«Tenemos que seguir»
A su lado, Alys Samson, de la plataforma Prou Complicitat amb Israel, quien explicó que de pequeña tenía colgado en la pared de su habitación el mapa de los conflictos de la Escola Cultura de Pau, recordó que “si el Ajuntament de Barcelona y la Generalitat de Catalunya han cerrado sus respectivas oficinas en Tel Aviv y que si el Gobierno de España ha aprobado un Real Decreto-Ley de ruptura parcial de las relaciones con Israel es porque lo que hacemos funciona. Que los resultados son mínimos, por supuesto, pero por eso mismo tenemos que seguir”. De hecho, apuntó Samson, “Israel está más aislado que nunca. Ya solo cuenta con el apoyo de la extrema derecha”.
Cheikh Drame, presidente de SOS Racisme, en representación del movimiento antirracista, subrayó que para la población que sufre el racismo su problema “no empezó ni es solo con la extrema derecha, sino que es un continuum de la historia colonial europea”. Y añadió que “la racialización no es casual, es la que marca quién trabaja para quién. Un sistema que te da o no papeles para poder trabajar de manera digna”. Y, en representación del movimiento por el derecho a la vivienda, Max Carbonell, del Sindicat d’Habitatge Socialista de Catalunya, quien compartió que se politizó en el 15M, donde, «de las charlas que más me influyeron, estaban las de Arcadi”.
Ahora, Carbonell ve la esperanza que el economista reivindicaba en “que los sindicatos se han multiplicado y en que las nuevas generaciones se están organizando con coordenadas radicales, como quienes se manifestaron el 1 de Mayo”. El moderador, Dani Gómez-Olivé, citó una frase de Oliveres que resume el corazón de su pensamiento: «Hay que abolir el capitalismo porque es un sistema perverso que mata vidas y todo el planeta».
La periodista Mònica Terribas rememoró la faceta docente del economista: «Al menos, 17.000 estudiantes han pasado por las aulas de Arcadi Oliveres y no me cabe ninguna duda de que el momento de máxima transformación que puede ejercer una persona es en las aulas universitarias”. Y recordó la sensación que le causó cada vez que lo entrevistó: “Era de esas personas a las que escuchabas y pensabas que realmente era capaz de transformar”.
Todo comienza con «alguien que sonríe»
A su lado, Xavier Domènech, con quien compartió activismo y la pasión por la enseñanza en la Universitat Autònoma de Barcelona, trazó una trayectoria vital atravesada por todas las luchas sociales importantes de su tiempo: “el antifranquismo, la Caputxinada, la lucha por las libertades, los Onze de Setembre, la lucha por la amnistía, llega el fin de la dictadura y no se acaba la lucha, llega el referendum de la OTAN, la primera guerra del Golfo, el nacimiento de un nuevo orden mundial, recorrió Catalunya explicando cómo hacer un proceso constituyente catalán…”. Y así seguiría hasta su muerte en 2021 gracias a “su capacidad de no parar. No perdía la esperanza y siempre tenía una sonrisa. Y al principio de la esperanza está alguien que sonríe”, relató su amigo Domènech, que, como el resto de ponentes, reivindicó el sentido del humor como una de las grandes fortalezas de Oliveres.
Junto a él, su editora y activista Mar Valldeoriola, quien alabó su coherencia: “Arcadi decía lo que creía y hacía lo que creía”. Además, destacó su capacidad comunicativa y dominio del escenario: “Mantenía un hilo narrativo en el que siempre presentaba alternativas: las fianzas éticas, el consumo responsable… Solía explicar que no se puede ir a una manifestación contra la guerra y tener un plan de pensiones que la financia”. Frente a la impotencia y cansancio que lastra nuestros días, Valldeoriola no tiene duda de que el pacifista anticapitalista habría espoleado a cualquiera que lo quisiera escuchar “a hacer, porque hay mucho por hacer”.
Terribas reivindicó la vigencia y la necesidad de discursos y figuras como la de Arcadi Oliveres para frenar el fascismo que puede llegar a los gobiernos de Catalunya y España en las próximas elecciones. “Sin duda, si estuviera vivo, hoy Oliveres estaría luchando contra el fascismo”, concluyó Domènech.
Un acto que insufló a los asistentes energía, ganas y determinación para juntarse, para hacer, para luchar por la paz, por la justicia, por la solidaridad y por vidas que queramos exprimir como él hizo con la suya.
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