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Manifestación contra la guerra imperialista

Por: editor

Este miércoles, 20 de mayo, se ha convocado una manifestación contra la guerra imperialista en Burgos. La movilización, que viene impulsada desde el colectivo Burgos contra el imperialismo y pretende protestar contra la reciente ofensiva bélica por parte de las potencias imperialistas, dará comienzo a partir de las 20:00 horas desde la plaza del Cid y recorrerá las principales calles del centro histórico de la ciudad.

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Hacia una economía global de guerra

Por: pegasus

El crecimiento sostenido del gasto militar global, la concentración del mismo en un puñado de potencias, la expansión récord de la industria armamentística y la integración creciente entre economía civil y militar muestran que el capitalismo contemporáneo avanza hacia una forma de economía de guerra permanente, donde la destrucción y su metódica preparación se convierten en mecanismos de reproducción del sistema.

Guerra

La guerra, el fascismo y la lucha de clases

La guerra y el fascismo no son un accidente provocado por líderes enloquecidos e ideologías insolidarias y crueles, sino el producto inevitable del curso histórico del capitalismo. La guerra es la expresión más auténtica de la naturaleza obsoleta, irracional y criminal del capitalismo actual.

El poder político no es de individuos como Donald Trump, Vladimir Putin, Xi Jinping, sino de las gigantescas concentraciones industriales y financieras del capital, que dirigen, controlan y manipulan los distintos aparatos estatales.

La Segunda Guerra Mundial no se produjo porque Hitler estuviera loco, sino porque el nazismo y el fascismo, pero también las democracias y la Unión Soviética, intentaron solucionar el paro masivo y la depresión económica mediante inversiones públicas y en industria bélica. Quien estaba enloquecido era el sistema capitalista, sumido en los años treinta en una fortísima depresión, sin más salida que una economía de guerra global: como hoy.

Hoy, esta dinámica se expresa en una tendencia cada vez más clara hacia una economía de guerra global. El gasto militar mundial ha alcanzado aproximadamente 2,8 billones de dólares anuales, el nivel más alto jamás registrado, tras más de una década de crecimiento continuo. Este gasto representa ya en torno al 2,5 % del PIB mundial, con más de la mitad concentrada en unas pocas potencias.

Los principales presupuestos militares ilustran esta concentración del capital armado: Estados Unidos supera los 900.000 millones de dólares anuales, China los 330.000 millones, Rusia ronda los 190.000 millones, mientras potencias como Alemania e India superan ampliamente los 90.000–100.000 millones. No se trata de cifras aisladas, sino de la expresión de una reorganización estructural de la economía mundial en torno a la guerra.

El aumento de los precios del petróleo dentro de ciertos límites beneficia a las distintas burguesías nacionales: a la estadounidense, convertida en uno de los principales productores y exportadores mundiales; a la rusa; y también a la iraní, que continúa colocando su crudo en el mercado mundial incluso en condiciones de conflicto.

El aumento de la inflación, ligado al encarecimiento energético, no daña esencialmente a las grandes empresas, que trasladan los costes a los precios. Golpea, en cambio, a los proletarios, cuyos salarios reales se reducen. De este modo, la inflación se convierte en un mecanismo indirecto de redistribución favorable al capital.

La guerra no solo responde a intereses geopolíticos, sino que alimenta directamente al aparato industrial y tecnológico. Las 100 mayores empresas armamentísticas del mundo generan ya cerca de 700.000 millones de dólares en ventas anuales, en crecimiento constante. La destrucción y la producción de medios de destrucción se convierten así en un sector clave para la acumulación. Y abre perspectivas para futuros planes de reconstrucción de lo destruido.

Europa ofrece un ejemplo particularmente claro: el gasto militar ha crecido a ritmos de dos dígitos, superando niveles que no se veían desde la Guerra Fría. Las industrias civiles se reconvierten, los planes de rearme se multiplican y los Estados canalizan recursos públicos hacia el complejo militar-industrial. Alemania resuelve la crisis de producción de su industria automovilística, convirtiéndola en industria bélica.

Esta tendencia confirma que la guerra no es una anomalía, sino un componente estructural del capitalismo en su fase actual. La preparación permanente para la guerra, la militarización de la economía y la integración entre Estado e industria bélica configuran una economía de guerra global, donde la producción y la destrucción forman parte del mismo ciclo de valorización del capital.

El incremento de los presupuestos de defensa implica siempre. y en todas partes,  el recorte de los presupuestos de educación, sanidad, servicios sociales y pensiones. Es el conocido dilema entre mantequilla o cañones.

Y esa economía, enferma y criminal, sólo puede conducir  a la guerra; una guerra considerada como motor y fin en sí misma. Orwell ya lo avanzó en su novela 1984.

El entrelazamiento de intereses entre potencias rivales demuestra que las contradicciones entre Estados no son absolutas. Las burguesías compiten, pero también cooperan, comercian y se benefician mutuamente incluso en contextos de conflicto. La rivalidad fundamental y última es la existente entre los capitalismos de Estado chino y estadounidense.

Lo que cuenta para la burguesía internacional no es tanto quién vence, sino que la guerra exista, que destruya excedentes, reactive la producción y discipline a la clase trabajadora. La guerra imperialista es, en última instancia, una guerra contra el proletariado mundial.

Las declaraciones en defensa de la democracia o del antiimperialismo encubren esta realidad. Bajo la máscara democrática, lo que impera es la dictadura del capital. Las libertades se conceden solo en la medida en que no obstaculizan la acumulación; en tiempos de crisis y guerra, son recortadas hasta la caricatura o eliminadas.

Los partidos de la izquierda liberal, al limitarse a gestionar el capitalismo, desarman políticamente a los trabajadores. Incapaces de ofrecer una alternativa real, dejan el terreno abonado para el avance del fascismo, que canaliza el descontento hacia salidas autoritarias y reaccionarias.

La Segunda Guerra Mundial sumó unos ochenta millones de muertos y desaparecidos. Por primera vez en la historia de la humanidad HOY está en riesgo la continuidad de la especie. La revolución no es una utopía, ni una idea quimérica o imposible: es una necesidad material urgente.

Así, pues, la humanidad se enfrenta a una disyuntiva histórica: no entre democracia y fascismo, sino entre guerra o revolución. La única alternativa real es la existente entre revolución o barbarie. Basta con conectar la tele o la radio para comprender que la barbarie ya está aquí: en Gaza, Cisjordania, Líbano, Irán, Ucrania, Minneapolis…

¡Contra la guerra entre los Estados, mediante la lucha de clases!

¡Guerra a la guerra!

Agustín Guillamón

Barcelona, mayo de 2026

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No a la militarización de Europa

Por: Fernando Luengo

Está en la cabecera de todos los medios de comunicación. La decisión de la Administración estadounidense de retirar una parte de las tropas desplegadas en Europa –cuando escribo estas líneas está todavía pendiente el alcance de esta decisión–, empezando por una parte, todavía relativamente reducida, de las situadas en Alemania.

¡Todas las alarmas se activan ante la situación de «desprotección» en que quedaría Europa ante la retirada estratégica del «amigo americano»!

Y como cabía esperar, en esta encrucijada resuenan con más fuerza si cabe –ya disponían de altavoces muy potentes– las voces que, ante la necesidad de enfrentar un entorno geopolítico hostil y crecientemente amenazante (empezando, según este relato, por Rusia), reclaman reforzar el gasto militar europeo: dicho gasto se presenta, pues, como la piedra angular de la supervivencia y de la influencia del denominado «proyecto europeo». Quienes dan esto por descontado, por evidente, sitúan el debate en la dimensión de este gasto militar, dado que, aunque ha aumentado con intensidad en los últimos años, en este escenario, sería claramente insuficiente, y en si debe realizarlo cada gobierno o la Unión Europea; los más «europeístas» se alinean claramente por esta segunda alternativa.

En realidad, nada nuevo bajo el sol. Con el diagnóstico de que esa amenaza, la retirada estratégica de Estados Unidos, es real y creciente, los principales responsables comunitarios y la mayor parte de los gobiernos europeos (también el nuestro) ya están tomando decisiones en la dirección de reforzar el rearme. Con estos mimbres, encargados por la Comisión Europea, se han elaborado los informes Draghi y Letta; en ambos, el gasto militar debería convertirse en un engranaje clave del proyecto de reestructuración y modernización de las economías europeas. En consecuencia, no estaría sólo vinculado ni determinado por la existencia de una amenaza externa. Un planteamiento de gran calado que abre las puertas de par en par a la militarización de las economías europeas y a la justificación de la misma en nombre de más y mejor Europa.

Estamos ante un debate que, sin duda alguna, resulta crucial para el presente y el futuro de la ciudadanía europea (no sólo presenta una dimensión institucional) y que los enunciados que acabo de describir de manera sucinta lo meten en una (interesada) camisa de fuerza… que en modo alguno la gente de izquierdas podemos dar por buena.

Porque, esta es la idea fundamental que quiero trasladar en estas breves notas, ese debate no se puede abordar al margen de las necesidades sociales, productivas y medioambientales existentes, que hay que dimensionar y acometer con urgencia. Porque, reconozcámoslo, no sigamos mareando la perdiz, lejos de los discursos autocomplacientes del estilo «la economía va como un tiro», en realidad, aunque haya mejorado en algunas dimensiones, no va bien en aspectos fundamentales para las clases populares y especialmente para los colectivos situados en las condiciones más precarias: vivienda inaccesible, salarios estancados o en retroceso, indicadores de degradación climática disparados, concentración extrema de la renta y la riqueza, deuda externa imposible de abordar, oligopolización de las estructuras empresariales… y ahora, fuerte aumento de la tasa de inflación, que impactará negativamente sobre las condiciones de vida de la mayor parte de la población y que, como siempre, proporcionará un plus de beneficio a unos pocos.

Si no se cuantifican estas necesidades, si no se diseñan políticas audaces en la dirección de abordarlas y corregirlas, si no se moviliza a las clases populares, si se presupone, erróneamente, que esa agenda es compatible con la estrategia militarista que todo lo contamina (la realidad es que es claramente incompatible)… recorreremos el camino equivocado, el que favorece al complejo militar-industrial y a las corporaciones y oligarquías que se benefician del mismo; estaremos renunciando, de hecho, a la implementación de políticas comprometidas con la igualdad y la lucha contra el cambio climático, que quedarán reducidas a pura palabrería… y, tengámoslo muy en cuenta, abriremos el camino a la extrema derecha y a las derechas extremas.

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Jornadas antimilitarismo anarquista

Por: editor

La Biblioteca La Maldita organiza unas jornadas de antimilitarismo anarquista que se desarrollarán a lo largo del presente mes de mayo y las que se incluyen charlas-debates y presentaciones de libros a cargo de varios ponentes.

Las jornadas darán comienzo el sábado, 9 de mayo, con sesión doble ya que a las 12:00 horas está programada la charla-debate La Guerra está aquí que será dinamizada por el colectivo Prometeo Ediciones a partir del contenido del libro La transición a la guerra en casa y, a partir de las 18:00 horas la Coordinadora Anarquista en Defensa de la Tierra planteará un debate que, bajo el título Guerras y extractivismo, reflexionara acerca de la potencialidad del antimilitarismo de sentido anarquista.

Por último, el sábado 23 de mayo, a las 19:00 horas, se presentará el libro Contra la guerra, contra la paz que correrá a cargo de la editorial Afilando nuestras vidas, y en el que se aborda el actual guerra entre Rusia y Ucrania como un conflicto que beneficia al sistema capitalista y a las clases dominantes de ambos territorios enfrentados.

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¿Los inmigrantes? Que se integren los policías

Por: José Ovejero

3 de abril

Siempre que tengo que referirme a Edurne ante un tercero que no la conoce. Mi reflejo espontáneo es decir «mi mujer», pero me genera incomodidad que no exista el equivalente masculino, «mi hombre», porque sospecho que hay ahí algún machismo agazapado, aunque no acabe de dilucidar en qué consiste. En alemán no existe esa asimetría: Mein Mann, meine Frau, mi hombre, mi mujer, dicen con toda naturalidad. Existe también Gatte/Gattin, cónyuge, pero prácticamente no se usa salvo en los formularios y en plural para referirse a dos personas casadas.

¿Qué decir entonces? «Mi esposa» me resulta rancio porque parece revelar más el estado civil que una relación; «mi compañera» también, pero en la otra dirección, porque da a entender que no hay vínculo administrativo; en ambos casos se añade una información irrelevante o que no tengo por qué dar a la gente con la que hablo. «Mi pareja» parece más neutro, y el término tiene la ventaja de poder ser utilizado independientemente del género al que pertenece cualquiera de los dos, también por personas no binarias.

Me fijaré en qué eligen otras personas y si la palabra que utilizan refleja la idea que me hago de ellas.


En la estación de autobuses de Avenida de América mientras espero al que debe llevarme a Bilbao. Dos policías uniformados y un tercero que supongo policía de paisano, pasean por la estación. Al llegar a la altura de un banco en el que están sentadas varias personas, se dirigen a un joven de aspecto latinoamericano y le piden la identificación. Dos asientos más allá está sentado otro hombre, este de aspecto magrebí –y sé lo subjetivas que son estas apreciaciones–, al que también piden la identificación momentos después.

Ninguno de los dos había hecho nada que pudiera alterar el orden ni dar lugar a sospechas de actividad delictiva. A los demás, ni nos miran.

Estos días hemos leído varias noticias tanto sobre los controles discriminatorios a personas racializadas como de la brutalidad policial que a veces los acompañan. Por un lado se exige a los inmigrantes que se integren en la sociedad española –signifique eso lo que signifique– y por otro se les recuerda una y otra vez que no pertenecen ni pueden pertenecer a ella, humillándolos en público, intimidándolos, tratándolos como criminales potenciales.

Estaría bien que fuesen los policías –y sobre todo sus mandos– quienes se integrasen en la sociedad española entendiendo y apreciando su diversidad.


8 de abril

Semana horrorosa en lo que se refiere a la política internacional; el grado de matonismo despiadado que se está alcanzando es tan ridículo como aterrador. Y resulta repulsivo el servilismo interesado de varios líderes europeos, en especial de Friedrich Merz. Ni conciencia ni vergüenza.

Firmo en la campaña de la Alianza de la Izquierda Europea para que se suspenda el Acuerdo de Asociación UE-Israel. Se necesitan un millón de firmas y van por algo más de setecientas mil. Me llama la atención –y no sabría explicar el motivo– que, mientras algunos países como Austria, República Checa y Luxemburgo tienen una participación bajísima, Francia, Italia, Irlanda y España la tienen muy elevada. En general, los porcentajes más altos se dan en los países con partidos que son miembros de la Alianza, pero hay excepciones: Portugal, con un partido en ella, pero con participación muy baja; y Bélgica e Irlanda, que no lo tienen y sin embargo ha firmado un porcentaje de sus ciudadanos muy por encima de la media.

Seguro que hay una explicación, pero la ignoro.


12 de abril

Me escribe una de mis hijas. Me habla de su miedo a la guerra: como alemana, madre de tres jóvenes alemanes, está espantada por la ley que les obliga a pedir una aprobación previa si desean pasar más de tres meses en el extranjero. Además el canciller ha declarado que su intención es que el Ejército alemán sea el más poderoso de Europa. El rearme militar y mental entran en una nueva etapa en un país destrozado por dos guerras mundiales y con una conciencia –cada vez más débil– de haber sido el mayor responsable de crímenes de guerra de la historia.

Es desolador que estemos otra vez ahí, que el miedo –azuzado convenientemente– pueda llevar a nuestras sociedades a contemplar la autoinmolación y el crimen colectivos como salida. Putin es una amenaza real. Siempre ha habido amenazas reales. Pero la escalada del miedo y del patriotismo también es una amenaza en cualquier país. Y muy particularmente en Alemania. También para los alemanes.


13 de abril

Y aquí estamos, alegrándonos muchísimo porque las elecciones húngaras las ha ganado un conservador que hasta hace poco era miembro destacado de un partido de ultraderecha. Qué tiempos.


Si un día decidiera ser hincha de un equipo de fútbol –cosa no muy probable–, mi equipo sería el Unión Berlín, y no solo por ser el primero de las grandes ligas en nombrar una entrenadora. Hace tiempo que me resulta un equipo simpático por su historial antinazi y su cultura comunitaria. Y que su himno lo cante Nina Hagen es la guinda del pastel.

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Un monstruo te golpea la puerta y misiles por TV

Por: pegasus

«Mi mamá siempre decía que no había monstruos, no hay monstruos reales, pero los hay».

Frase pronunciada en la película Aliens: El regreso, por Rebecca “Newt” Jorden.

Tirando de internet y de textos viejos para arrancar: sí, repetidos… ¿y qué?

Las noticias no solo informan, sino que construyen activamente la realidad social al seleccionar, jerarquizar y enmarcar hechos, actuando como intermediarios entre el acontecimiento y la audiencia. Estas plataformas crean y definen temas relevantes e influyen en la interpretación del mundo, a menudo priorizando enfoques emocionales, sensacionalistas o sesgados por sobre la objetividad. Este aspecto clave en la construcción de la noticia funciona como un proceso dinámico y continuo que, en la era digital, es amplificado por las redes sociales, transformando la percepción de los hechos y la participación: aparecen foros y encuestas.

Hace un tiempo ya que venimos mordiéndonos las uñas con la avalancha de noticias, llamemos “blanqueadas”, que generan cierta irrupción en la gente como masa consumidora: mire, lea y, lo mejor de todo, asómbrese, aterrorícese y entre por el tubo de lo que le venden como “realidad”.

Ese frenesí es de trayectoria corta, por eso el periodismo hace de la noticia un mapa: recorta, amplifica, ensaya hipótesis, convoca a expertos en el tema; algún osado menciona, medio en clave, nombres importantes; muestran imágenes borrosas, surgen nuevos documentos; el periodista, en la primera línea de defensa, se mete en el barro, con calor y lluvia intensa.

Ya es medio al pedo decir que la mayoría de los medios de comunicación son de los grandes capitales, empresarios sin escrúpulos, con amigos y favores hacia el poder y bla, bla… En fin. La cuestión es que, luego de masticar por algunos días, la noticia sale del radar para dar paso a otra bomba o, si la cosa estaba complicada, generar algo que se ponga de moda para tapar lo anterior.

¡Sí! Nos atan a la silla como en La naranja mecánica, gotas en los ojos y enchufan imágenes; estamos manipulados y nos encanta. Una parte nuestra quiere ser el depredador, el que arrasa cuerpos. Si no es así, ¿cómo se explica que tanto hijo de puta ande suelto, sostenido por sistemas verticales entre el poder y el dinero? ¿Cómo soportamos tanta injusticia y tanta violencia? Nos domestican como a las gallinas, nos meten placebos y, lo peor, es que nos gusta. El monstruo vive y es alimentado por nosotros.

Mundo oscuro

Hace poco tiempo se volvió a mencionar el nombre de Jeffrey Epstein. La cosa es que salieron a la luz una andanada de fotos, documentos y videos de gente vinculada y partícipe de fiestas sexuales y demás con Epstein, proporcionados por los paladines de la justicia que presionaron al FBI para que largue prenda. Acá es donde tendríamos que pararnos, separar por un instante todo el paquete que se nos presenta arriba de la mesa y preguntar: ¿cómo llegamos a esto? ¿Quién creó esta red perversa de criaturas? Desde empresarios hasta religiosos, académicos, políticos, deportistas, príncipes: todo un combo de figuras con peso e influencia. ¿Tendremos algo que ver nosotros con estas aberrantes creaciones?

Vamos a mal definir monstruos:

Dicen que proviene del latín monstrum… comenzó con el “desarrollo”, palabra medio de mierda esta. Bueno, con el desarrollo de las culturas, fueron descritos como seres fantásticos, deformes, cargados de mitología, maldad y, en fin, todo lo extraño que los separara de las especies conocidas. Dando un salto —bastante brusco— en el tiempo, el cine y la cultura pop, esa de hacer cosas para divertirnos, popularizó una serie de estos individuos sacados de la literatura… Hasta acá el asunto remite a algo más allá de la comprensión, que escapa a las reglas de convivencia, y entre horror y fascinación se movía la cosa.

El tema es cuando la línea de esa fantasía, ensoñación y demás variantes empieza a golpear lo que podríamos llamar “realidad”, que por ahí necesita cierta definición, pero la dejamos de deberes, y vamos a delimitar lo que todos normalizamos y pactamos para convivir, digamos, de una forma un poco más tranquila de andar en el mundo.

Y hablando un poco más sobre cine, en un momento determinado, y cómo este impulsa la industria a ocupar otro nicho en la producción de personajes, los guionistas comenzaron a darle a los humanos una importancia crucial, directamente vinculada con la crueldad. No por su forma exterior, física si viene al caso; más bien se pone en juego la psique del individuo. Él pasa a ser el protagonista y queda catalogado directamente como monstruo.

…esta vez, esta buena gente del campo produjo un error de la naturaleza, una aberración, un monstruo. ¿Eso soy para ti, un monstruo?”

Diálogo de los personajes principales en la película Best Seller (1987).

El monstruo ya no necesita maquillaje, es más cercano. Ahí es donde, capaz, habría que frenar un poco, no quedarse solo con los nombres y titulares sobre islas y anomalías, sino mirar la estructura.

Por ahí no es una anomalía, es el resultado. El monstruo no aparece de golpe, se fabrica. Sale de dinámicas que no solo dejamos pasar, sino que muchas veces premiamos. Lugares donde el poder compra silencio, donde la plata ordena todo, donde la visibilidad decide qué escándalo dura… y qué se olvida.

…¡Están golpeando la puerta!

Misiles por la TV

…un misil en mi placard, en mi placard

un modelo para armar, pero nunca para desarmar…”

Soda Stereo — Gustavo Adrián Cerati

Ha comenzado otra guerra de esas que ya nos tienen acostumbrados, sobre todo los yanquis, que duermen con un misil en el culo por las dudas y están listos para inmolarse como buenos patriotas. En esta guerra se suma Israel, con su cerebro de mosquito; nada bueno puede salir de esta alianza. La cosa es contra Irán, un país que tiene sus líos internos, sobre todo la represión constante, brutal y violenta hacia las mujeres. ¡Ojo! No es por este motivo que los atacantes quieren liberar al país; los temas son otros, tienen que ver con la geopolítica, presente y futura.

En el medio, la humanidad, esa entidad medio extraña, con un ojo en las bombas y otro en el mundial de fútbol que se viene. Cada día nos invade un nuevo capítulo del conflicto: amenazas, algún asesinato selectivo de los servicios secretos, y no tanto de Israel; daños colaterales que se hacen presentes pero no parecen frenar demasiado la maquinaria, llamados a la paz por conveniencia y reparto de territorios.

Las empresas armamentistas hacen caja; venían de años medio de capa caída, no salían de vender algunos rifles de asalto a grupos rebeldes del mundo, pero de golpe comenzaron a comer con aceite de oliva: Ucrania, Rusia, Pakistán e India tirándose cosas en la frontera; los conflictos africanos, esos que a nadie le importan una mierda; Siria; la supuesta guerra que nos quieren vender entre Israel y Palestina, que en el fondo es exterminio, genocidio y todo lo horrible que implica.

La Unión Europea se hace la distraída, pero también deja caer lágrimas por algunos asesinados que no estaban en los planes. No hay multinacional que no se frote las manos para luego reconstruir lo que se destruye. En este panorama nos atrapan sin dejarnos escapar, mostrando fragmentos, escenas de escombros, luces que surcan cielos y rezongos si nos portamos mal y salimos a plantar cara. El NO a la guerra se hace urgente, igual que el NO al sistema que la sostiene; porque, en definitiva, ese es el fondo de la cuestión: pocos mandan, muchos obedecen.

…¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo la paz del mundo estará en manos de los que hacen el negocio de la guerra?

¿Hasta cuándo seguiremos creyendo que hemos nacido para el exterminio mutuo y que ese es nuestro destino?…

— Eduardo Galeano sobre la guerra

Rosalino Rodríguez

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Estados unidos e Israel cómplices del terror mundial

Por: Kiko Pavonic

COMUNICADO INTERNACIONAL

Estados unidos e Israel cómplices del terror mundial

Guerra

Antes los hechos que observamos en Irán, los ataques dado por estados unidos conjuntamente con Israel hacia Irán nos manifestamos:

Estados Unidos a lo largo del mundo tiene 750 bases militares en al menos 80 países, lo que constituye la red militar más extensa de la historia contemporánea. Su presupuesto de defensa supera los 800 mil millones de dólares anuales, más que la suma de varias potencias juntas. Esto no es defensa pasiva: es capacidad permanente de proyección de fuerza. Desde 2001, las guerras posteriores al 11-S, Afganistán, Irak, Siria, han provocado, según el proyecto Costs of War de la Universidad de Brown, más de 4,5 millones de muertes directas e indirectas asociadas a conflicto, desplazamiento y destrucción de infraestructura. En Irak, estudios epidemiológicos estiman cientos de miles de muertes civiles tras la invasión de 2003. No se trata de errores tácticos. Se trata de una doctrina de supremacía estratégica. Israel posee uno de los ejércitos tecnológicamente más avanzados del mundo y es uno de los mayores receptores de ayuda militar estadounidense (más de 3.000 millones de dólares anuales en asistencia). En el contexto de la guerra en Gaza iniciada en 2023, organismos como la Naciones Unidas han documentado decenas de miles de muertes palestinas y una devastación masiva de infraestructura civil en la Franja de Gaza. Hospitales, escuelas y redes de agua han sido gravemente dañadas.

En 2024, la Corte Internacional de Justicia admitió una causa presentada por Sudáfrica alegando posible violación de la Convención para la Prevención del Genocidio. Independientemente del fallo final, el hecho jurídico refleja la gravedad de las acusaciones y el nivel de preocupación internacional. Organizaciones como Amnistía Internacional y Human Rights Watch han denunciado patrones que podrían constituir crímenes de guerra en distintos episodios del conflicto.

Estamos ante un problema estructural que está dada: El control de rutas energéticas y territorios estratégicos.   La protección de intereses geoeconómicos. La consolidación de alianzas militares como instrumento de orden global. La normalización de la guerra preventiva como política exterior. Esta hegemonía va más allá de lo territorial, es militar, financiera y cultural, la dominación la tienen por todos los frentes.  Dentro de los últimos años de nuestra historia como humanidad condenamos la guerra como modo expansión y de excusa de seguridad nacional, los humanos no somos piezas de un tablero, necesitamos soberanía de nuestros pueblos. El derecho internacional solo se ha vuelto un sirviente de estos grandes poderes y no puedan hallar justicia para todos los muertos producidos por las guerras, y es aberrante la amnistía que hay hacia los involucrados en estos genocidios. La muerte no es un daño colateral. La guerra desestabiliza todas las dimensiones de los pueblos del mundo y sus integrantes. CONDENA TOTAL A LOS PAISES QUE HACEN LA GUERRA.

Como sabemos todo estado tiende a expandir su poder y la guerra es producto de los estados, y no de los pueblos ay que los pueblos quieren paz, justicia y bienestar. Por lo tanto, es urgente:

  • Desmilitarización progresiva global.
  • Reducción radical del gasto en armamento.
  • Autodeterminación real de los pueblos sin intervención hegemónicas o de toda pretensión imperial.
  • Fortalecimiento de redes de apoyo mutuo internacionalistas.
  • Justicia internacional independiente de las potencias.

TODOS ESTAMOS LLAMADOS EVITAR LAS GUERRAS Y BUSCAR JUSTICIA PARA TODOS LOS ASESINADOS POR LAS HEGEMONIAS Y LOS ESTADOS ASESINOS. Estados unidos e Israel son estados criminales y asesinos, no más impunidad para estos.

Arequipa 28 de febrero del 2026

RED DE APOYO MUTUO

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